sábado, noviembre 29, 2025

Mon Laferte

 Mon Laferte, en el club de los amores perros

La cantante chilena publica Femme fatale, un álbum de cadencias jazz e inmerso en el ambiente desprejuiciado del cabaret.

No es casual que Mon Laferte, a dúo con Nathy Peluso, rinda tributo en su nuevo disco a La Lupe (1939-1992), cubana de rompe y rasga emigrada a Nueva York, epítome del despecho y del desgarro. Lo hace en ‘La Tirana’, que comienza a golpe de bolero fatídico y muta luego a sonoro tumbao. Y es que en Femme fatale, salvando todas las distancias salvables, Laferte se muestra transformada en una Lupe del siglo XXI, reina del club de los amores perros, en un personaje de noches y humo con licencia para soñar y decir sin tapujos. Una creación que tuvo otro impulso: Laferte interpretó a Sally Bowles, protagonista de Cabaret, cuando el musical se estrenó en México.

En Autopoiética (2023), que Laferte definió como un disco de renacimiento, la artista usó pocos instrumentos y mucha tecnología para facturar un conjunto de canciones que transitaron por el hip hop, el tango y la cumbia electrónicos, el reguetón y el bolero. Ahora, en Femme fatale, ha echado mano de poca tecnología y de muchos instrumentos: los suficientes para formar una orquesta que pueda proporcionar a las canciones una base de jazz, no tan rotunda como la de su admirada Billie Holiday, pero sí lo suficientemente elaborada para que la voz brille potente, sensual y cadenciosa, y lo bastante abierta para evitar una taxonomía definitiva. De hecho, canciones hay en Femme fatale que participan de la orquestación y arreglos pop que tan bien mostraron las cantantes francesas e italianas de los sesenta (‘Melancolía’, por ejemplo).

El álbum se abre con la pieza que le da nombre, un bolero-jazz en el que la garganta de Mon parece fusionarse en ocasiones con la de Björk, y donde advierte de que lleva el caos como promesa y que quiere que arda el mundo, y se cierra con Vida normal, una composición en clave de comedia musical, cuyo texto, repleto de ironía, cuenta la historia de alguien que se debate entre su adicción al estrés y una vida tranquila y despreocupada. Y en medio de esos dos lados del ilusorio escenario, arrebatos incorrectísimos como ‘Mi hombre’, con un sugerente arreglo de guitarra, y ‘Otra noche de llorar’, donde se incrusta la nostalgia. Esto es amor tiene como invitado a Mateo Sujatovich, del grupo Conociendo Rusia. Aquí, el deseo, a golpe de soul con gozosos coros, rompe las costuras y tal vez los pantalones: “Comerte los labios es religión / Entre tus piernas voy a rezar”. ‘Las flores que dejaste en mi mesa’, que combina las cuerdas con el trip-hop y percusiones latinas, no deja lugar a la confusión: “Seguramente me vas a extrañar cuando la tengas dura”.

‘Hasta que nos despierte la soledad’ huele a despedida y Laferte la comparte con guante de seda con el brasileño Tiago Iorc. En ‘Ocupa mi piel’ afirma que el placer es conocimiento, y en ‘My One And Only Love’, canción coral con Natalia Lafourcade y Silvana Estrada, lucen las armonías vocales y la ambigüedad del texto. Laferte y su mano derecha musical, Manú Jalil, producen este artefacto sonoro explosivamente cautivador. Nota aquí.



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