El Bar Jota cumple 90 años de leyenda cervecera entre tanques y tradición
Esta taberna emblemática de Sevilla, que cuenta con la tercera generación familiar tras la barra, se mantiene fiel a su esencia.
En la época de los gastrobares, de los decorados prácticamente calcados, de las plantas replicadas de un local a otro y de las cartas que tienen de todo menos personalidad, se agradece cuando toca volver a alguna taberna emblemática de la ciudad. No es fácil mantener la esencia en estos tiempos que corren. Y mucho menos, ser fieles a la tradición pero, los que lo consiguen, tienen la suerte de celebrar cumpleaños muy elevados, como es el caso del Bar Jota, que está de aniversario por sus 90 años.
Aquí, nada más entrar, uno respira sevillanía. En las paredes, cuadros y fotografías antiguas sin un orden preestablecido. En el suelo, ese serrín tan de las tabernas de nuestra tierra. Y de frente, una barra de chapa con un buen tirador de Cruzcampo. No hace falta más —ni menos, que bastante complicado es tener todo esto— para que un negocio hostelero triunfe. Desde mayo de 1936, cuando abrió las puertas de la mano de José Martín Ruiz, estas son las señas de identidad de uno de los templos cerveceros que ya es leyenda de la ciudad.
El tanque de cerveza frío y bien tirado —para algunos, la mejor de Sevilla—, la idiosincrasia de los clientes y la apuesta firme por mantener la esencia han hecho posible que el Bar Jota no sólo haya llegado a los 90 años de vida, sino que lo haya conseguido prácticamente sin cambiar, como explica Alejandro Martín, tercera generación del negocio y nieto del fundador: «El sevillano sigue buscando esto. Sobre todo, el tradicional. Tengo una clientela que mayoritariamente son parroquianos, ya que vienen todos los días. Tienen una edad más alta, pero no fallan. Pero el sevillano tradicional sigue buscando los bares tradicionales. Eso es costumbrismo. Algunos de los clientes llevan viniendo aquí más que yo, son como amigos, conozco a sus familias. Hay gente que viene desde los tiempos de mi tía Mercedes Martín».
Y es que la familia Martín es fundamental para comprender la historia de este emblemático bar, aunque desde 2018 esté gestionado por los hermanos Giráldez. «Mi abuelo, en gloria esté, era de El Viso y, tras trabajar de capataz en una finca de Lebrija, cogió un dinerillo y abrió el Bar Jota en 1936, ya que su pueblo tiene mucha tradición hostelera y es muy emprendedor. Creo que influye mucho la familia, es algo fundamental en la vida. Mi tía estuvo trabajando con mi abuelo hasta que éste falleció, y yo estuve trabajando con ella hasta que murió, así que los conocimientos que tengo son los que me enseñaron ellos dos. Esto siempre ha sido familiar. Yo llevo trabajando aquí desde el 10 de septiembre de 1989 y, aunque ahora hay otros gerentes de la empresa, la esencia nunca se ha perdido. Las características del establecimiento se han mantenido durante todo este tiempo. Los azulejos, la barra… todo es del año 1936, esto ha cambiado muy poco. Menos el servicio de señoras, que no había hasta 1991 y se puso con motivo de la Expo, el resto apenas ha variado», explica Alejandro desde la barra.
Bar Jota: poca comida y mucha cerveza
En el Bar Jota la carta es corta, casi inexistente, aunque algo se puede comer para acompañar, pero la realidad es que el sevillano acude a este local en busca de la cerveza. Aquí la Cruzcampo es una institución y, aunque muchas veces se ha dicho que tienen algún que otro récord de barriles tirados por día, lo cierto es que no les gusta hablar de cantidad, sino de calidad. Priman que esté buena por encima de vender más litros: «Lo que sí digo es que la instalación que tenemos aquí, no la tiene nadie en Sevilla. Y el tiempo que le dedicamos nosotros a la cerveza, pocos se lo dedican. Hay que estar muy pendientes, no es sólo abrir el grifo y se acabó. Hay muchas cosas detrás. ¿El secreto? No se puede contar, yo no sé nada (risas). Tenemos el bacalao y la mojama, que son cosas que se han puesto de toda la vida. Mi abuelo lo puso prácticamente desde que abrió el bar, pero en los años 30 y 40 no lo cobraba. Luego España empezó a mejorar en los años 50, empezó a despegar y el bacalao ya no se podía regalar, ya que subió de precio. Así que mi abuelo empezó a cobrarlo. Aparte tenemos frutos secos, patatas fritas, chacinas, la tapa del día que pueden ser avellanas o aceitunas. La carta es cortita, pero es que aquí el que viene a tomar cerveza. Es como el que va a una bodega de Jerez, que va a tomar vino. Pues aquí vienen a tomar cerveza. Come algo, pero viene a por la cerveza».
Parroquianos, futbolero, toreros y moteros
La familia Martín fundó y mantiene vivo al Bar Jota pero, sin duda, los verdaderos protagonistas son sus parroquianos. Este negocio cuenta con personas que van a diario y que pertenecen a cualquier sector de la sociedad. Aficionados al fútbol —el estadio del Sevilla está muy cerca— y al toreo son habituales. También moteros, de hecho sigue siendo lugar de reunión los jueves para los amantes de las dos ruedas. Y el motivo de esta fidelidad está claro para gente como Paco Gómez y Fernando Cobo, dos clásicos del lugar: «Venimos desde tiempos inmemoriales. Tenemos una edad ya, así que puede hacer perfectamente 30 años. Aquí nos atienden muy bien. Y, además, de siempre. Tanto cuando estaba la tía de Alejandro, como hasta ahora que están los hermanos Giráldez. Estamos aquí como en casa. Con asiduidad, desde la jubilación, venimos todos los viernes, algún día suelto y cuando volvemos de los partidos del Sevilla en el Sánchez-Pizjuán».
Tanto Paco como Fernando tienen claro por qué no fallan al Bar Jota: «Primero, por el material. La cerveza está muy buena. Alejandro no quiere contar el secreto, dice que es cosa de su abuelo. Yo sólo digo que, al darle un buche, se te queda una corona de espuma en el vaso. Eso no lo encuentras en otros lados, yo lo he comprobado y discutido con muchas personas. Y también mantiene la frialdad de la cerveza hasta el último buchito. Eso es fundamental para nosotros. Y luego porque es un centro de reunión de los amigos, porque te tratan bien, está la iglesia de San Benito al lado y por el buen tiempo que tiene Sevilla. Desgraciadamente, ya quedan pocos sitios como este. Estaba la taberna de nuestro querido Pepe Yebra, que era un referente en Sevilla. Siguen El Tremendo, El Coronado y El Vizcaíno. Luego, si te vas al barrio de Santa Cruz ya ves a los guiris invadiéndolo todo y habrá gente a la que le gusten los gastrobares. A nosotros nos gustan más las tabernas como estas». Nota aquí.




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