domingo, mayo 24, 2026

Destilerías Ovalle

 ¿Escocia o Irlanda? No: Galicia ya quiere jugar en la primera liga del whisky

Destilerías Ovalle, en Meaño (Pontevedra) apuesta por envejecer el destilado en barricas de vino ligadas al Camino de Santiago.

“Sin desmerecer a nadie, Galicia lo tiene todo para ser tierra de whisky, como lo son Escocia o Irlanda. Tenemos los cuatro ingredientes principales: el cereal, la madera, el agua y el clima”, explica Juan Ovalle Rodríguez Marqués (Santiago de Compostela, 58 años), uno de los socios de Destilerías Ovalle, un proyecto que nació en 2011, inicialmente en Sanxenxo (Pontevedra), pero asentado ahora en Meaño (Pontevedra). Pertenece a la cuarta generación de una familia con tradición vinícola desde 1888, tanto en las Rías Baixas como en El Bierzo. Detrás está la familia Rodríguez Ovalle, creadora de la marca de aguardientes y licores elaborados con orujo gallego Ruavieja, que, tras formar parte de la empresa malagueña Larios, pasó a integrarse en 2001 en el grupo francés Pernod Ricard.

“Mi padre, Luis Rodríguez Marqués, fue el gran impulsor de los orujos de Galicia y siempre hemos estado vinculados a los destilados. Yo, aunque estudié Derecho y ejercí la abogacía durante un tiempo, he desarrollado proyectos y asesorado a destilerías en Polonia, Brasil, Francia, México y Estados Unidos, e incluso desarrollé una marca de ginebra gallega”, recuerda sobre sus inicios Rodríguez Marqués, que adoptó como segundo nombre de pila Ovalle “para que no se perdiera nuestro apellido”, además de bautizar así a la destilería, creada junto a un socio, el empresario gallego José Manuel Brandariz, presidente de la Asociación de Empresarios Gallegos en Estados Unidos. Fue precisamente rebuscando en el legado familiar cuando decidió aprovechar 70 barricas que aún conservaba y en las que su progenitor envejecía aguardiente añejo. “Quería probar cómo podía quedar el whisky en esa madera, además de cómo se comportaba el envinado, y no tanto dar prioridad a la cebada, el trigo, el maíz o el centeno, porque lo que hace al whisky diferente es haber pasado tres años en una barrica”.

El siguiente paso lo dio cuando se dio cuenta de que podía crear una marca ambiciosa, dejando a un lado la madera con olor a orujo y teniendo en cuenta que Galicia dispone de una de sus señas más internacionales, con permiso de Zara, como es el Camino de Santiago. Optó por comenzar a envejecer el whisky en barricas de roble vinculadas a la ruta jacobea: de albariño y de la Ribera del Duero. De ahí surgieron los dos primeros destilados: Gold, afinado en barricas de vino blanco, y Ruby, en madera de vino tinto. El precio de cada uno de ellos es de 49,50 euros. Tanto el vidrio como las etiquetas son reciclados, y el corcho es de carbón activo. “Hacemos whiskies frescos, pensados para los nuevos consumidores, como las mujeres, los mileniales y la generación Z, que quieren beber menos y beber mejor. Queremos ser el whisky de entrada a este mundo”, añade. Este año tienen previsto elaborar 20.000 botellas, de las cuales el 80 % se destinarán al mercado nacional y el resto se venderá en Latinoamérica, especialmente en Argentina.

El tercer whisky que elaboraron lleva el nombre de Bateeiro, en homenaje a los hombres y mujeres que trabajan en embarcaciones de madera al servicio de las bateas dedicadas al cultivo de mejillones. Está afinado en madera de castaño gallego, con barricas fabricadas en Andalucía y envinadas con vino oloroso y Pedro Ximénez. “Es algo único, que no se hace en ningún otro país, y el resultado es una experiencia sensorial diferente”, agrega Rodríguez Marqués. Para este año tienen previsto sacar al mercado 15.000 botellas, a 39,50 euros cada una. Nota aquí.





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