"Hubo un momento en que ni la música, ni las películas, ni los libros funcionaban ya como escudo"
Siete años después de su último disco, el cantautor leonés regresa con ‘Estar fuera’ (La Viejita Música, 2026), un álbum grabado junto a Juan Marigorta que nació en el peor momento y llegó al mundo en el mejor. Una conversación sobre el silencio, los pájaros, Baltimore y la decisión de no competir en el streaming.
Para entender lo que significa 'Estar fuera' hay que aceptar primero el peso de los siete años. No como cifra, sino como materia: siete años en los que Fabián D. Cuesta siguió produciendo música para otros en el estudio de Juan Marigorta, siguió escuchando o dejando de escuchar, siguió viviendo —y en algún momento dejó de poder hacerlo del modo habitual. Hay una frase en la carta que acompaña al disco, subrayada con signos de exclamación como si incluso a él le sorprendiera reconocerlo: ¡siete años! No es nostalgia lo que transmite, sino algo más cercano a la incredulidad.
El resultado de ese paréntesis forzado —y luego elegido, y luego superado— es un disco de diez canciones que suenan inconfundiblemente a él. Pájaros observadores, estibadores en Baltimore que sueñan con mujeres desde las grúas del puerto, rayos que atraviesan tardes sin resolver. Juan Marigorta firma la producción y coescribe una de las canciones, y hay en el sonido esa comodidad de quienes llevan años creciendo juntos sin necesidad de explicarse demasiado.
Estar fuera llega completo desde el primer día en vinilo y descarga digital. En Spotify, sin embargo, aparecerá canción a canción durante meses: una cada cinco semanas. Es una postura clara, casi un manifiesto, de alguien que volvió a la música cuando por fin volvió a ser suya.
¿Hubo un momento concreto en que supiste que se había acabado el paréntesis, o fue algo que simplemente ocurrió sin que te diera tiempo a darte cuenta?
Tuvo mucho que ver la gente que me rodea y me quiere, que está conmigo en el día a día. Juan me animaba constantemente a grabar... De vez en cuando voy a su estudio a producir canciones de otros artistas, y él siempre acababa diciéndome que ya era hora de retomar las mías. El resto de mi banda también me lo comentaba. Mi familia, mi pareja... compañeros de profesión que me escribían para preguntarme por esas nuevas canciones. Durante mucho tiempo sentí que no tenía nada más que aportar, pero poco a poco me fui ilusionando con las grabaciones, y al final nos ha quedado un disco muy bonito que merece la pena compartir.
Escribes en la carta que llegó un momento en que ni las películas, ni los libros, ni la música funcionaron como escudo, y que tuviste que buscar ayuda. ¿Cómo se escribe una canción cuando ya no puedes usarla para refugiarte en ella?
Es complicado. Las canciones son una parte importantísima de mi vida desde siempre. Me han servido de refugio, de bálsamo, de acicate... pero hubo un momento en el que ya ni siquiera escuchaba música. Me provocaba rechazo ponerme un disco o hablar de tal o cual artista. Creo que todo eso tuvo que ver con la industria, con saber cómo funciona y sentirte un extraterrestre en medio de todo ese lío. Me llevó un tiempo apartarme y volver a disfrutar de la música desde otro sitio.
Empiezas el disco con una canción que lleva tu propio nombre en el título. ¿Por qué tantos pájaros, Fabián? Es casi como si alguien desde fuera te estuviera haciendo una pregunta incómoda.
Es que es una pregunta que me suelen hacer habitualmente y con razón, porque en mis canciones hay mirlos, gorriones, pájaros que despegan entre las flores, aves del sur... de todo. Me hacía gracia responderla en una canción y darle al pájaro el papel de observador e identificarme con él. Un animalillo que lo observa todo desde fuera y lo apunta en su libretina.
Estibadores en Baltimore es la canción que más sorprende del disco, la que más se sale del registro íntimo del resto. Un tipo en una cabina de plástico soñando con una mujer desde el puerto. Es una imagen muy cinematográfica, muy americana. ¿De dónde sale Baltimore?
Esa canción es, probablemente, la más antigua del disco. La empecé cuando vi The Wire hace un montón de años. Creo que era la trama de la segunda temporada la que transcurría en los muelles de Baltimore, con Frank Sobotka, que era el líder sindical del puerto, y que, obligado por las circunstancias, toma unas decisiones terribles. El protagonista de mi canción no llega a tanto, pero por ahí se mueve. Nota aquí.

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