domingo, marzo 29, 2026

Isabel Allende

 Isabel Allende, a los 83: “Mientras pueda pensar voy a escribir y después... miraré un cuadro”

La autora chilena publica “La palabra mágica”, donde recorre episodios de su vida y da trucos de escritura

“Soy incapaz de contar un chiste”, va a decir dentro de un ratito Isabel Allende. “Pero puedo contar una historia”. Y, sí. Isabel Allende cuenta historias, eso le cambió la vida cuando era una exiliada que trabajaba como administrativa, eso la hizo una de las autoras más leídas en idioma español, eso llevó sus libros al cine y la hizo traducir a más de 40 idiomas. En la entrevista misma -un Zoom de 40 minutos-, Allende cuenta y cuenta. Hace reir, conmueve. No son chistes, claro.

Esta charla ocurre en los días en que Prime Video anuncia cuándo estrenará la serie de La casa de los espíritus, sobre el primer libro de Allende, ese que, en 1982, fue el punto de inflexión: será el 29 de abril. Pero no es por eso que la autora se sienta frente a la cámara sino porque a principios de abril estará en librerías su nuevo libro, que estará en las librerías argentinas desde el próximo 9.. No es una novela: se llama La palabra mágica. Una vida escrita y se trata de un recorrido por su vida y obra -cómo fue que empezó a escribir este libro, qué ocurrió cuando salió aquel- y, lo que no es menor, ofrecer “Trucos para la escritura”. Muchos. Una especie de curso de escritura dirigido por esta best seller.

En esta conversación, Allende dará sus claves principales para escribir, contará la historia íntima de su divorcio de Willie Gordon, que fue su marido durante 28 años -y que murió en 2019-, se reirá, recordará sus comienzos, dirá que todo fue un golpe de suerte.

Sabe, cómo no, que la crítica muchas veces la mira desde arriba. En el nuevo libro, dice que no recuerda el nombre de quien la llamó “escribidora” (fue un autor de culto, Roberto Bolaño). Pero en esas páginas dice que “para mí la escritura no es una opción, es una adicción”. Y dice que su infancia no fue feliz “pero tuve el refugio fabuloso de los libros”. Entonces, “me pregunto cómo se las arreglan para escribir los autores que tuvieron una infancia feliz”.

Esa infancia ocurrió un poco en Chile pero mucho afuera, porque su padre se fue y su madre se casó con el diplomático Ramón Huidobro, que para ella fue un papá inolvidable. Entonces anduvieron por Perú, Chile, Bolivia y El Líbano.

Habla Allende, entonces, desde su casa de San Francisco, donde vive con Roger Cukras, su actual marido.

-Leyéndote, por un lado da la sensación de que es muy fácil escribir, que hay que seguir unas pautas y listo. Pero luego parece todo lo contrario, porque decís que hay algo que se tiene o no se tiene... ¿Vos aprendiste, lo traías, pudiste enseñar?

-Se fue dando de a poco. Yo empecé a escribir muy tarde, pero siempre estuve muy atraída por los libros. Cuando era chica no existía la televisión, no existían las películas para niños tampoco. O sea que lo único que se podía hacer era leer. Yo era la única niña en un ambiente más bien masculino, con mis tíos, mis hermanos. No tenía mucha vida social tampoco. Y me crié leyendo. Después empecé a trabajar como secretaria en las Naciones Unidas, copiando estadísticas forestales, pero rápidamente me trasladaron al Departamento de Información, donde podía escribir algunas cosas para la prensa. Estudié un año en Bélgica y pude empezar a escribir en la revista Paula. Y ahí aprendí a escribir. Me enseñaron mis compañeras, que eran periodistas: yo no era periodista. Me enseñaron a estructurar un artículo, a empezarlo bien, a manejar el idioma: yo había estado en diferentes países, en diferentes colegios, en diferentes idiomas. Ni siquiera escribía bien el castellano. Ese fue el inicio y de ahí ya no paré más. Pero cuando me fui al exilio en Venezuela, no pude escribir como periodista, no pude hacer nada relacionado con la literatura o con la escritura.

-¿Por qué?

-Por falta de conexiones, muy difícil. Mira, cuando uno empieza en otro país, uno no es nadie y todo lo que has hecho antes -yo había hecho teatro, había hecho periodismo, había hecho de todo menos radio- no sirve de nada. O sea, si tú no tienes los pitutos, como decimos en Chile, para conectarte, no consigues nada. Terminé administrando una escuela, que es lo menos adecuado para mi temperamento que te puedas imaginar. Y en eso trabajé cuatro años y medio antes de empezar a escribir. Y empecé a escribir sin ninguna ilusión de que eso fuera un libro, de que se pudiera publicar, ni podía imaginar que me iba a cambiar la vida. Fue un golpe de suerte extraordinario. Nota aquí.




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