domingo, septiembre 13, 2026

Jorge Drexler

 “Amar y ser amado a la vez es un milagro”

El “cancionista”, según propia definición, inicia la gira española de su disco, ‘Taracá’, después de haberlo cantado por toda Hispanoamérica: “vivo en un jet-lag permanente”

Esta entrevista se hizo en dos asaltos para cuadrar el sudoku de la agenda del entrevistado con la actualidad de su trabajo. La primera, hace semanas, en la sala Michael Jackson de la sede de su discográfica en Madrid, un ultramoderno espacio poblado de artistas y sus respectivas cortes de asistentes, donde Drexler, coqueto, posó largamente para el fotógrafo. La segunda, hace un par de días, por teléfono, desde la soledad de su habitación de hotel en Ciudad de Guatemala, donde actuaba esa noche antes de volar a Costa Rica y finalizar, el 12 de septiembre, su larguísima gira americana antes de empezar, el 26, en Madrid, la española. Pero empecemos por el principio. Estamos solos, dos sesentones frente a frente, en el estudio Michael Jackson, con sus paredes de satén repujado, sus fotos del gran ídolo del pop caído como hombre, y su bola de discoteca en el techo.

¿Recuerda dónde estaba cuando se estrenó el vídeo de Thriller?

Pues debería, porque tenía 18 años, pero en aquella época de lo que estaba pendiente es de la apertura política en mi país, Uruguay, y de la generación de una identidad uruguaya. Tengo un gap de escucha de música de todos los años 80, que luego recuperé en los 90. Vi en directo la caída de una dictadura desde mi facultad. Las dictaduras generan reacciones no exentas de chovinismo, tu mundo se vuelve el epicentro y tú mismo te vuelves un ser unitario y excluyente. Una dictadura agonizante es un bicho muy malo.

Imagino que también tendría días gloriosos en esa facultad.

Claro. Yo había entrado en Medicina de forma un poco irreflexiva, por la tradición familiar: mis padres y mi tío eran médicos. Pero, como era buen estudiante y sacaba buenas notas sin esforzarme, me parecía mucho más importante lo que pasaba en la calle.

Medicina es una carrera de ciencias. ¿Cuánta ciencia hay en una canción?

Toda la que uno quiera: desde cero, al total. Pero he escondido tanto mi parte de ciencias como la de letras. Me pagué mis dos primeros discos con el sueldo de médico. Estuve diez años ocultando a los músicos mi pasado de médico. En las guardias, me llevaba la guitarra a escondidas porque pensaba que no estaba bien visto, y luego, en el Ludovico, el club donde tocaba, escondía la bata blanca en la funda de la guitarra.

¿Se creía un intruso en ambos mundos?

Sí. Y tuve ese síndrome de intruso hasta mucho después, estando ya en España y habiendo compuesto canciones para Ana Belén y Víctor Manuel. La primera vez que me reconcilié conmigo fue cuando compuse Todo se transforma. Ahí, agarro la ley de la conservación de la energía de Lavoisier y digo: voy a escribir una canción aplicándola a las relaciones humanas. Reconcilié los dos mundos. Fue un acto de autoaceptación y, de repente, todo empezó a fluir más rápido en mi carrera.

¿Dijo ‘Eureka’ cuando sucedió?

Absolutamente. Una persona es como un diapasón. Si no vibra entero, no vibra igual. Estaba ignorando parte de mi realidad que no quería ver. Y fue un grandísimo subidón. Antes preguntabas cuánta ciencia había en una canción. Esa es la pregunta que nos aterroriza a todos los que escribimos, porque a todos nos encantaría que hubiera una fórmula, pero no la hay, y cuando algo funciona, lo sientes con muchísima claridad. Pero también me ha ocurrido con otras, y, al final, la he tenido que sacar del repertorio.

¿Qué es antes, la letra o la melodía?

La respuesta a esa pregunta es lo único que importa en el género de la canción, y es la interface entre las dos. Cuando tengo que poner en algún impreso a qué me dedico, siempre digo que no soy poeta, ni compositor: soy un cancionista: la integración e interacción entre un lenguaje simbólico, que es el texto y otro abstracto, que es la música. Los primeros protoidiomas eran lo que le cantaban las madres a los niños. Empezamos a cantar antes de tener sintaxis.

Que, de todas las especialidades, eligiera otorrinolaringología, y se dedique a cantar no deja de tener su gracia.

Sí, me interesa mucho la audición y la fonación. He trabajado mucho con sordos y puede que, de todo eso, me haya quedado una obsesión por la inteligibilidad. Como las letras tienen a veces localismos, o figuras retóricas curiosas, intento exponerlas lo mejor que puedo. Me gusta ser entendido. Nota aquí.



Mercedes Cañas

 

Alex Ubago

 


Pablo Sciuto

 


Ismael Serrano

 

Javier Bergia

 


Félix Maraña

 Misterio

En una canción de cuna,
si estamos ojo avizor,
entra la luz del color
que presta el sol con la luna.
Son momentos de fortuna
que remueven con prestancia
muebles de toda la estancia,
que lucirá todo el año.
Y no importa su tamaño.
Es recreo de la infancia.



La Mare

 

Fernando Montalbano

 


Ramón Serrano

 LA PRIMERA VEZ

por Ramón Serrano
Como he dicho y escrito muchas veces mi primer recuerdo es un flash de una gran explosion, la oscuridad absoluta y una anciana vestida de negro con una vela prendida en la mano llamando a mi abuela. Era el obús caído a 300 metros lanzado por un barco italiano sobre Barcelona en busca de Elizalde, fabrica de coches que en aquel momento era fábrica de armas. Estamos en 1937, un año despues del inicio de la guerra civil.
FUE LA PRIMERA VEZ QUE SUPE DE LA VIDA.
Mi generación vivió mil atrocidades. 40 años de dictadura, ya no sé cuántas guerras, cuantos genocidios, cuantas revoluciones, cuántas hambrunas.
La primera vez que escuché la radio era una radio de galena. La primera vez que fui a la escuela, era una escuela de la República. La II República Española. La primera vez que fui al cine me pusieron a cantar de pie y brazo en alto el himno nacional, la primera vez que acompañé a mi madre a comprar era con cartilla de racionamiento, la primera vez que mantuve sexo fue una violación de mi jefe de oficina, que duró un mes y yo con 14 años. Cuando me atreví a denunciar la situación violador y violado fuimos despedidos de la fábrica militarizada por maricones.
La primera vez que me manifesté a favor de una huelga fui detenido y apalizado por la policía .
Y no es la Primera Vez que cuento esto en público.
Sí es la Primera Vez que lo escribo así en 93 años .



Gambo

 

Javier Serena

 


Gonzalo Aziz

 Así es hoy la vida Gonzalo Aziz a 9 meses de su salida de TN: “Cuando salgo de laburar, me saco el traje en todo sentido”

El periodista habla de su faceta más íntima: el vínculo con sus padres, su deseo de formar una familia, los años de terapia y las pasiones que lo ayudan a desconectarse.

Gonzalo Aziz aparece cada tarde frente a las cámaras, rodeado de información, análisis y los temas que atraviesan la agenda política y económica de la Argentina. Pero cuando termina su programa en Infobae en vivo, ese personaje queda detrás de escena. El traje, en sus propias palabras, también se lo saca en sentido figurado: lejos del estudio, su vida tiene mucho más que ver con los amigos de siempre, los asados familiares, la música y los viajes en moto.

Después de más de dos décadas de carrera y de atravesar un cambio profesional que marcó un antes y un después tras su salida de TN, también se encontró con el desafío de construir una nueva versión de sí mismo. Pasó de ser columnista a estar al frente de un equipo y un proyecto, pero también tuvo que dejar atrás una "casa" que sentía propia y adaptarse a una dinámica completamente diferente.

En una íntima charla con GENTE, habla de algunas de las piezas que resumen la vida del periodista que hoy se ve en pantalla: la influencia de sus padres, el valor que le dio siempre a la formación, una familia de puertas abiertas y el hecho de haber crecido como hijo único. También aparecen sus propias preguntas sobre el amor, el deseo de formar una familia y una mirada muy personal sobre qué significa estar en pareja hoy.

Además, hay una parte de su vida que funciona casi como refugio frente al ruido: la música y las motos. Toca el piano y la guitarra, canta, disfruta de los encuentros alrededor de un asado y encontró en viajar sobre dos ruedas una manera de desconectarse por completo.

El Gonzalo que aparece cuando termina el programa
—¿Cómo es la vida de un analista político en este momento de Argentina?

—Mirá, mi día a día está muy marcado por mi trabajo. Trabajo en Infobae todas las tardes, con lo cual siempre trato de empezar a meterme y emparparme en los temas de la política, la economía, lo judicial del día. Y también meterme en algunas cuestiones sociales que se resuelven con más política y mejor economía, pensando en un programa que hago todas las tardes a las 6 de la tarde. Mi día arranca temprano, por lo general siempre 8 de la mañana, ya viendo los diarios, me fijo por dónde va la cosa.

—Me imagino toda tu casa llena de diarios.

—Los leo online ahora, no te voy a mentir. Desde hace un tiempo empecé a dejar de leer diario papel y la verdad que está bueno. Le agarré la mano, pensé que me iba a costar más. La verdad que me es mucho más cómodo porque aparte cuando preparo un poco los resúmenes de las cosas de los que de las cuales hablo, tomo cosas de los archivos que ves, digamos, de las plataformas online, de los medios de comunicación.

—Más dinámico.

—Total. Y mi día está siempre marcado por esto. Siempre estoy pensando en el programa que voy a hacer a la tarde y tratando de buscar cuáles son los temas que me importan no solamente a mí, sino los temas que afectan al común de la gente y ver qué es lo que la política está haciendo o no está haciendo para resolver esos temas.

—Conducís, pero aparte estás muy metido en la producción del programa, ¿no?

—Sí, recontra. Cuando vos sos conductor de un programa, sos el casi el productor general de tu programa, estás arriba de todo lo que pasa en el programa. Yo vengo de la vieja escuela del periodismo, en la cual el conductor es un productor más del programa, está en todos los detalles.

—Una labor también demandante.

—Es muy demandante y te come mucho tiempo de vida, te come mucha energía también, te genera nervios y está bien que así sea porque hacer un programa en vivo de tres horas todos los días es un desafío y en un horario tan competitivo como es el de las 6 de la tarde. Soy consciente de que estamos en un horario de mucha competencia y yo quiero siempre ganar.

—¿Sos competitivo?

—Sí, competitivo desde un lugar siempre sano y de lealtad. De no querer jorobar a nadie. Simplemente me gusta que mi programa ande bien. Entonces, me ocupo mucho de eso.

De la exigencia de sus padres a la preparación para este presente
—¿Cómo te sentís en este momento de tu carrera, después de un cambio profesional tan grande?

—Mirá, me hace bien, ¿pero sabes por qué me hace bien?, porque cuando empecé mi carrera hace casi 30 años, fui bien aconsejado por mis papás, por mis amigos, por mi familia y por mis compañeros de trabajo en algo que hoy repito como si fuese un loro y es el hecho de que tenés que elegir siempre subir por escalera y no por escalera mecánica ni por ascensor. Pero todo lo que hoy ocurre positivo con mi carrera es fruto de una de una trayectoria de mucho tiempo, no es que esto pasó de la noche a la mañana. Nota aquí.




Eneko

 

sábado, septiembre 12, 2026

Estopa

 

El Kanka

 


Joaquín Lera

 FESTÍN EN EL BOSQUE

Festín en el bosque.
Un albaricoque aterriza en mi mano.
Metáfora íntima.
Silencio en las hojas.
Delicioso bocado.
Fantasía oculta.
Musa alada de almíbar, patinando.
Inhalación divina.
Flores que se abrazan,
sonriendo a la hierba.
Mística tarea,
coloreando con cautela… serenos espacios.
Sublimes albricias.
Matices en la sombras.
Paisajes descalzos.
Claridad a ciegas,
besándole el rostro a mundos
delicados.
Nubes que se abrigan.
Diccionarios que bailan;
fecundando la tierra.
Kamikazes éxtasis.
Bucólicas pasiones, consuelos milenarios.
Sembrando utopías.
Ecos que enamoran.
Paraísos inspirados.
Espejismos de piedra…
que nos dejan en la arena,
del acantilado.
Con sílabas que anidan,
en páginas nevadas…
que coleccionan huellas.
Soledades salvajes.
Erotismo floral. Inviolable escenario.
Misteriosa cortina.
Emoción que decora;
al imaginario.
Festín en el bosque.
Un albaricoque aterriza en mi mano.



Kevin Johansen

 

Zambayonny

 


El Cabrero

 


Uxía & Silvio Rodríguez

 

Edgar Oceransky

 


Rosa Montero

 Lo aguantamos (casi) todo

Hablo de la porfía misma del cuerpo y de un montón de amenazas invisibles con las que convivimos

Pues ya estamos de vuelta, tras un verano bronco y cruel que se ha empeñado en atormentarnos con los incendios devastadores, la desolación de la tragedia de Ceuta, unos cuantos terremotos para que nada falte y hasta las inundaciones de finales de agosto, como calamitoso remate de temporada. Mucha pena todo y un sabor a ceniza entre los dientes.

Pero la vida sigue. Somos bichos tenaces; a poco que nos den unos días de tranquilidad nos venimos arriba y creemos estar de nuevo a salvo y al mando de nuestro destino. Fuegos, seísmos, pandemias, crisis migratorias, riadas; todo eso se sufre, pero en cuanto podemos lo olvidamos y volvemos a sentirnos los reyes del mambo.

En este tórrido y accidentado verano he pensado muchas veces en eso; en que las catástrofes nos dan la medida de nuestra total fragilidad, pero también la de nuestra increíble capacidad de supervivencia. Ya lo dice el refrán: que Dios no te mande lo que puedas soportar. Porque lo aguantamos todo, o casi todo. Y no hablo sólo de la entereza mental ante las grandes penalidades, sino de la porfía misma del cuerpo y de un montón de amenazas invisibles con las que convivimos. Por ejemplo, acabo de leer dos libros sobre sustancias tóxicas, Puro veneno, de Roberto Pelta Fernández, y El olor de las almendras amargas, de Daniel Torregrosa. Dos textos muy interesantes que me han recordado que vivir es una actividad de alto riesgo. Ya se sabe que a lo largo de la historia las mujeres han abusado de muchos ingredientes peligrosos en pro de un supuesto ideal de belleza. Como carmines con cianuro y arsénico, o el célebre albayalde, carbonato de plomo, que blanqueaba el rostro. Lo usaron las egipcias, las griegas, se lo untaba generosamente la famosa Isabel I de Inglaterra. A resultas de ello, la reina quedó calva, perdió los dientes, sufrió fatiga, temblores y deterioro cognitivo. Pero hay muchos otros envenenamientos además de los cosméticos. Los pobres mineros se intoxicaban a mansalva, muchos pintores enfermaron con sus pigmentos plúmbeos, los sombrereros perdían la razón por el nitrato de mercurio con que curtían sus pieles (de ahí que Lewis Carroll pusiera un Sombrerero Loco en su Alicia, era una profesión llena de gente demenciada). Incluso Isaac Newton se intoxicó con mercurio, lo que podría explicar ciertos trastornos mentales que por lo visto tuvo. Y hay otros riesgos que no recogen estos libros. Citaré sólo uno: tras el descubrimiento del radio por Marie Curie, durante varias décadas añadieron suplementos radioactivos hasta en las papillas de los bebés. Todas estas barbaridades las conocemos, pero nos suenan a un mundo remoto y superado. Ahora no sucede, nos decimos. ¿O sí?

Verás, el mercurio se ha utilizado en amalgamas dentales. Como a mí me han empastado las muelas desde niña, debo de haberme zampado un montón. Para que te hagas una idea, el uso general de la amalgama de mercurio no se prohibió en la UE hasta el 1 de enero de 2025, con una excepción hasta el 30 de junio de 2026 para pacientes de bajos ingresos (cosa que me alucina). Así que acabamos de librarnos de eso (aunque es posible que lleves algo de mercurio en la boca). En cuanto al resto del mundo, la OMS intenta erradicarlo para 2034. ¿Y qué decir del plomo? El médico griego Galeno ya advirtió a los romanos, que lo usaban en los acueductos, que beber de ahí era pernicioso para la salud, pero eso no ha sido óbice para seguir utilizando las tuberías de plomo. Si vives en un edificio construido antes de los años ochenta, es probable que las conducciones sean de ese metal. De hecho, en España no se prohibieron las cañerías de plomo en construcciones nuevas y en reformas hasta 2003. Y hay más: la ONG Pure Earth hizo un estudio el año pasado analizando 56 muestras de delineadores comerciales de ojos khol, kajal y surma, y más de la mitad tenían niveles preocupantes de plomo. Recuerdo ahora que en mi juventud usé khol marroquí durante años, así que más plomo para mi coleto (madre mía, no sé cómo he llegado hasta aquí). Y todo esto sin tener en cuenta los nuevos peligros de los que aún no sabemos nada, como no supieron los contemporáneos de Curie lo dañina que era la radioactividad. Por ejemplo: estos nuevos fármacos antiobesidad que la gente consume a troche y moche, ¿qué consecuencias tendrán a la larga? En fin, como digo, la buena noticia es que, visto lo visto, somos más resistentes que las cucarachas. Nota aquí.



El Roto


 

viernes, septiembre 11, 2026

Jairo & Ricardo Mollo

 

Javier Ruibal

 


Rosa León

 “Hay gente con conocimiento de causa que es de derechas y les respeto”

La cantautora regresa con una “Carta de amor a Maria Elena Walsh”, su primer disco en 20 años, en el que homenajea a la autora que ella dio a conocer con sus canciones infantiles en los setenta.

Un buen día de mediados de los setenta, Ramón Arcusa llamó a Rosa León (Madrid, 1951) y le dijo: “La poeta argentina Maria Elena Walsh quiere conocerte”. La cantante, que aún estaba empezando, no conocía su obra pero se quedó impresionada con uno de sus versos, que hablaba del horror de Hiroshima. Walsh, sin embargo, quería que hiciese un programa para niños. “No se me había pasado por la cabeza, pero me convenció”. Medio siglo después y cuando justo ha regresado a Madrid desde el Instituto Cervantes de Dublín, vuelve a darle vida musical a la obra de Walsh, esta vez con la ayuda de amigos como Joaquín Reyes, Serrat o Sabina en un disco que es una carta de amor. Hacía 20 años que no entraba en un estudio. Lo estrenará el próximo día 29 en el Teatro de la Zarzuela y no es, ni mucho menos, un recital para niños: “Hablamos de una mujer que ganó el premio de poesía más importante de Argentina con 17 años y después se fue a Maryland con Juan Ramón Jiménez. Todo lo que hace tiene una mirada muy larga. No daba puntada sin hilo”.

Pregunta. ¿Hubo entre ustedes una relación jerárquica, como de obediencia debida?

Respuesta. Para nada, porque sobre todo era amiga y además muy divertida y muy graciosa, con un sentido del humor muy crítico. Y además no era ni de izquierdas ni de derechas, era justiciera. Ella sabía que yo sí era de izquierdas, desde que me conoció, pero cuando alguien tiene talento eso pasa a un término que no afecta. Estuvo un año aquí seguido y en ese año le enseñé España de arriba a abajo. En 1975.

P. El año que murió Franco.

R. Sí, pero cuando ocurrió ella ya se había ido. Yo estaba en Mojácar, con Ana Belén y Victor Manuel.

P. ¿Y qué pasó?

R. Pues nada, pues que se murió Franco. Y entonces, ¿qué pasaba a la gente de la izquierda? Que veíamos que se terminaba un periodo de dictadura pero había intranquilidad con cómo se iba a hacer el cambio. Yo no me alegro de la muerte de nadie, ni siquiera de la de Franco, pero sí me alegré de la muerte de la dictadura.

P. Maria Elena pertenecía a la alta burguesía. ¿Cree que a la gente con buena posición social hoy le cuesta más decir que es de izquierdas aunque lo sea?

R. La gente tiene mucho miedo a definirse porque cree que le va a afectar a su trabajo, y es verdad que puede ocurrir, pero yo creo que hay que ser valiente. También defiendo que cada uno haga lo que quiera.

P. Pero en la Transición había gente de familias de mucho dinero que significaba con la izquierda. Ahora parece más difícil…

R. Todo son ciclos y no sé dónde estamos ahora pero sí que falta memoria. Cuando tú no cultivas la memoria pues es más fácil que los chavales de 15 años se crean las redes sociales que dicen que con Franco era todo maravilloso. Obviamente hay gente con conocimiento de causa que es de derechas y les respeto. Pero también creo que hay mucha gente metida en esa vorágine por falta de conocimiento, y yo creo que esa falta de memoria hace que las fake news circulen en este país sin ningún problema.

P. ¿Tiene todo esto algo que ver con su regreso?

R. En absoluto.

P. Entonces, ¿qué ha pasado?

R. Primero que yo me volví del Instituo Cervantes en Dublín, y estar mirando a la pared es duro. Y luego pasó Alejo Stivel: cuando Maria Elena se volvió a Argentina me dijo: “Te mando a dos amigas”. Una era Dina Roth, la madre de Ariel y la otra Zulema Katz, la madre de Alejo. Alejo tiene libros de su infancia que ponen “Para Alejito de María Elena”. Lo que hemos hecho es cerrar el círculo. Nota aquí.



Paula Mattheus

 


Fito Mansilla

 

Juanlu Mora

 

Yoly Saa

 

Álvaro Ruiz

 


Ramón Serrano

 TOQUE A MUERTO EN CALELLA

El campanario está triste
los badajos están llorando
las campanas a muerto tocaron
¡que llanto por los aires!
a la campana grande repite la chica
la mediana entre aguas canta
el mar de estaño está llorando
por el pueblo calles vacías
ponen perlas en las esquinas
unas viejitas de escapulario
¡Ay ay! ¿Quién será el muerto?
su dolor salió del armario
escondida bajo las sábanas
la palidez del escenario
vestidas de luto
lágrimas vivas
los ojos negros rezan el rosario
¡Ay cómo resuena por los asfaltos
el llanto lento del campanario!



Nya de la Rubia & La Mari

 

Mercedes Morán

 


Rodolfo Serrano

 Hospital UCI

(Agosto 2026)
Confusos los recuerdos. Un chispazo
de luz negra, grito, aquí no ha cielo.
El cuerpo no es tu cuerpo. Ajeno cuerpo.
Suplicar por la muerte, cuando era
el único consuelo deseado..
¿Y dónde están la risa de los niños,
las plazas como astros, las canciones?
¿Esas calles de lluvias y muchachas?
¿Los bares como cuerpos que te abrazan?
¿Los árboles de luz y nubes altas?
Solo queda este mundo que me ahoga
este dolor terrible del delirio.
Pesadilla feroz, cuando no queda
el recuerdo de un sueño de verano
de un verano en la trilla de los primos.
La noche ahora es eterna. El sufrimiento,
el mordisco voraz de vísceras y miedos,
la soledad, la angustia del espasmo,
las manos que rebuscan los demonios
en la piel derrotada, yerta, ardiente.
El dolor, el dolor. Ya no hay consuelo.
No hay final. No hay final. Todo es eterno.
Hasta este ansia de morir, morir. Caer
en el olvido, irremediable, de la nada.
Foto de Raul Cancio



Andrés Suárez

 


Rafa Pons

 

Fernando Pessoa

 

El Roto