miércoles, febrero 04, 2026

Ismael Serrano

 

El Campo de Carmelo

 El comedor de campo a 100 km de Capital que se llena cada fin de semana

En Tomás Jofré, donde está El Campo de Carmelo, de lunes a viernes viven solo 80 habitantes

“En un pueblo donde todos vienen a buscar una parrilla, nosotros decidimos hacer pastas”, sostiene Carmelo Madonia. Este pueblo es el primer polo gastronómico rural del país, Tomás Jofré, en el Partido de Mercedes en la provincia de Buenos Aires. De lunes a viernes viven 80 habitantes, pero los fines de semana se acercan hasta 7000 turistas a buscar mayoritariamente carne asada. “Las hacemos a mano, con recetas de la familia”, afirma.

El Campo de Carmelo fue el sueño del propio Carmelo -de 83 años-, hijo de sicilianos y carpintero de oficio que mantiene abierto su taller “La Botánica” en la vecina Mercedes. “Quería tener una quinta para pasar los fines de semana con la familia”, dice. Aquello fue la base para algo mayor, junto a Genoveva -su esposa- comenzaron a vender mermeladas y conservas que ellos mismos producían (“cosas de tanos”, anticipa), salames quinteros y huevos a principios de los noventa.

Él mismo construyó una pequeña casa que servía como almacén. Allí estuvieron más de una década.

El 25 de mayo de 2025 abrieron el comedor que está en la entrada a Jofré. “Somos nosotros que atendemos y cocinamos en este paraíso rural”, dice Carmelo. La familia, esa palabra está presente en todos los diálogos, es la base del proyecto. Oriundos de Mercedes, que está 12 kilómetros, hace 35 años que llegaron a Jofré, cuando aún no era uno de los destinos sibaritas más visitados del país. “Era un pueblo de tamberos, muy tranquilo”, sostiene.

“Decidí venirme y cambiar de vida”, dice Gabriela Madonia, licenciada en Comunicación Visual, y docente de la Universidad de La Plata, hija del matrimonio pionero. Dejó el año pasado la capital provincial, sus “ruidos y la violencia” para enfocarse en una vida rural, y acompañar de cerca el sueño familiar de tener un restaurante que en poco tiempo se supo ganar fieles clientes que huyen de las parrillas colapsadas.

“Nuestro sistema es así: no te molestamos, y comes cuando querés”, sostiene Gabriela. Es por lo menos disruptivo desde el punto de vista tradicional. A las 10.30, abren las tranqueras y a las 12.30 la cocina empieza funcionar. El comedor tiene media hectárea de generoso parque, sauces acompasados, producen dos efectos sedativos: el madrigal susurros de las hojas cuando las mueve el viento y sombra. Esta última, la más deseada. En días de calor, la brisa de la campiña se hace notar, es una aliada.

“Sólo 70 cubiertos”, advierte Gabriela. El salón, inmenso, cubre la expectativa de miradas de horizontes ambiciosos. Las mesas bien separadas unas con otras, y muchas bajo los árboles, a merced del canto de las aves y de la sinfonía del coro estival de las chicharras. “No queremos enloquecernos: queremos pasarlo bien y que los clientes también”, dice Gabriela. Su mirada académica se traduce en la estética del salón, y el diseño del interior. Detalles, espacios, la presentación de los platos. “Nuestro lema: disfrutá”, asegura.

Todos buscan a Carmelo y sus historias. Con la vestimenta propia de paisano, se pasea por las mesas contándolas. Es un monumento vivo de una Argentina que aún está vigente en el campo mercedino. Y aún más en pueblos como Tomás Jofré, donde la tradición de los inmigrantes aún es muy pronunciada.

Un desertor

Su padre, también Carmelo, fue desertor de la primera guerra mundial y nadie sabe cómo se las ingenió para escapar de Sicilia y llegar a las costas bonaerenses. Corría 1913 y tenía dieciocho años, entonces muchos italianos del sur iban a la Maltería Quilmes a trabajar. La actividad fabril era intensa. Pero se trasladó hasta Mercedes, en aquellos años un bondadoso y fértil territorio de quintas.

“Había muchos italianos”, cuenta Carmelo. En la mesa familiar se hablaba aquel idioma, y con el correr y los sucesivos nacimientos de sus hermanos, el español comenzó a ganar terreno: se estaba construyendo la Argentina del siglo XX.

Su madre hacía sopas y guisos. “Nunca faltaba comida”, afirma. Lo primero que hacían los italianos era plantar árboles frutales y hacer huerta. Criar gallinas. La hora de la comida era sagrada, pero los domingos se elevaba a liturgia. “Papá amasaba pastas”, recuerda Carmelo. Su padre fue panadero y toda la familia ayudaba. Salía en carreta a vender el pan por las quintas y los pueblos cercanos. Nota aquí.










Mundo Chillón

 


Diego Ojeda & Raquel del Rosario

 

María Guivernau

 


Rebeca Jiménez & Lucía Jiménez

 


Luiso García

 


martes, febrero 03, 2026

Leiva

 

Carlos Hernández

 Muere el periodista y escritor Carlos Hernández a los 56 años

El colaborador de elDiario.es, que fue corresponsal de guerra y arrojó luz sobre los miles de españoles deportados a campos nazis, ha fallecido a unos días de cumplir 57 años.

El periodista y colaborador de elDiario.es Carlos Hernández de Miguel (Madrid, 1969) ha muerto en Huesca a los 56 años. Hernández, que ha fallecido a causa de una enfermedad, era Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y un destacado cronista y escritor que dedicó parte de su vida a investigar sobre los horrores de la dictadura franquista y los miles de españoles republicanos deportados a los campos naziz.

Hernández comenzó su carrera en Antena 3 Televisión como cronista parlamentario en el Congreso de los Diputados y fue también corresponsal de guerra en conflictos clave como Kosovo, Palestina, Afganistán e Irak. Estando allí junto a otros peridistas fue asesinado el reportero español José Couso y desde entonces, Hernández se implicó para pedir justicia y evitar que su muerte cayera en el olvido. Lo hizo en reiteradas ocasiones desde elDiario.es, medio en el que era columnista. En su último artículo, publicado el pasado 15 de septiembre, el periodista denunció la guerra israelí contra Palestina.

Hernández continuó su carrera profesional como redactor jefe del semanario La Clave y trabajó también como asesor de comunicación política y empresarial. El periodista ha fallecido a punto de cumplir 57 años el próximo 11 de febrero. “Disfrutó de la vida hasta el final”, trasladan fuentes de su entorno. Hernández acababa de volver de un viaje familiar a Tanzania.

Comprometido con la memoria histórica y las víctimas del franquismo, el periodista consagró buena parte de su tiempo a rescatar del olvido a los miles de españoles que fueron deportados desde el exilio a los campos de concentración nazis. Investigó esta dimensión de la represión franquista y reveló en su libro Los últimos españoles de Mauthausen (2015) que Franco había colaborado con Adolf Hitler para encerrar a 9.000 republicanos en los campos. Para ello accedió a documentos hasta ese momento inéditos.

Contando con la voz de las víctimas y siguiendo paso a paso y con atención sus recorridos vitales, Hernández dibujó a través de sus artículos e investigaciones la trayectoria de los supervivientes, para los que siempre reclamó la necesidad de que fueran recordados. En mayo de 2025, hace menos de un año, cubrió desde Austria el 80º aniversario de la liberación de Mauthausen con la presencia de los reyes, que acudían allí por primera vez, un lustro después de que fallciera el último deportado español, lamentaba en un artículo. Fue también coautor del cómic Deportado4443. Nota aquí.



Pedro Guerra


 

Antonio Sanz

 

Félix Maraña

 Nieve de enero

Ya llegó la nieve blanca
para indicar a los magos
que a veces por estos pagos
la nieve cuaja y se estanca.
Desde aquí hasta La Barranca
hay un mantel de blancura
que sólo un tiempo perdura
porque con sol se derrite.
Pero la gracia que emite
nos invita a la aventura.
Se derrite cuando llueve,
y vuelve a la liquidez,
haciendo agua otra vez,
ha dejado de ser nieve.
Quiere el agua que releve
y dé paso a la corriente.
La lluvia viene de frente
removiendo el aguacero.
Pero estamos en enero
y la nevada es frecuente.
Los niños en el nevero
juegan a hacer travesuras,
inventando mil figuras,
un muñecos on sombrero,
y Billi Bud, marinero,
y un patito de verdad.
Es blanco por Navidad
y cada año se repite.
Pero luego se derrite
porque no eran de verdad.



Diego Frenkel

 


Silvia Pérez Cruz

 


Rodolfo Serrano

 “A la mañana siguiente, el tercer día, me recogió el Rachel que, en su búsqueda de sus hijos perdidos, encontró a otro huérfano".

Herman Melville. Moby Dick
Ismael es rescatado por el Rachel
Sabía, capitán, que moriríamos,
que el Leviatán acabaría con los sueños.
En la locura de Ahab nos embarcamos
y en el Pequod viajamos al desastre.
Un ataúd, patrón, salvó mi vida.
Huérfano soy, lo mismo que los hijos
que busca aún el Rachel. Ojalá pueda
darles algún consuelo mi rescate.
La venganza nunca lleva a la victoria.
El odio, capitán, lleva al infierno
de las profundas aguas donde Ahab
arrastró sin piedad a tantas almas.
No llamadme Ismael. No tengo nombre.
Hoy empieza mi vida. Soy el hijo
que usted perdió en el mar y el mar devuelve.
Escapé, al fin, de Ahab y su locura.
(Moby Dick ha vencido a la soberbia
y ahora espera en los mares de la noche).
Foto de Raul Cancio.



Alapipitone

 


Iván Ferreiro

 

Ramón Serrano

LA NOCHE DE MI SOLEDAD
¡Tras! Un trallazo
sensacion de soledad
me dicen que no estoy solo
como que están solos todos los demás
oigo las voces de los que se fueron
las caricias de quienes amé
de quienes me amaron
y vinieron las sombras el temblor de la soledad
el asfalto vacío
negra oscuridad
opacas las ventanas al aire
farolas inquietas
bocinas de barcos lejanos
las nieblas de la vacuidad
no volveré a visitar la noche
la belleza de los luceros
ese espacio infinito que es mi soledad
¡Zas! el rayo sobre las acacias
es el silencio en los huesos huecos
es el trallazo que viene y no se va.



Manuel Rico

 


El Roto

 


lunes, febrero 02, 2026

Leiva & Natalia Lacunza

 

María Guivernau


 

Dani Flaco

 


Mikel Erentxun

 

Ramón Serrano

 TUS BESOS MI ALMA

Cuando los besos callan
oigo unos chasquidos
en el pozo al fondo del alma
no sé si es el rumor
de los ángeles de la añoranza
o es el croar de las ranas
que habitan en la memoria
las neuronas de la infancia
el silencio de tus besos
seca como la tramontana
el terciopelo solitario
fino hilo de espuma rosada
falto de dulces caricias
vive las horas amargas
salen manchas en el hipocampo
y arrugas en las palabras
este Poeta necesita
las begonias del amor
que perfumen de versos la estancia
donde las metáforas florecen
bellas como la luz del alba
necesita el aliento cálido
besos tiernos de la mañana
que suenen a borbotones
agua fresca de tu vaguada
los besos del silencio
son sombras que se arrastran
por el fango de la cañada
el saunerio del silencio
ahoga toda fragancia.



Daniel Cros


 

Taty Almeida

 


Félix Maraña

 Recuerdo de Guillermo Jiménez en tarde de lluvia

[En el cumpleaños de un amigo].
Dinos, querido Guillermo,
que de ti te has escondido,
si estás curado, si herido,
o tal vez estés enfermo.
Dinos si has ido al infierno
a curarte de este mundo,
dónde tu verbo fecundo
se congeló de repente,
dinos, porque mucha gente
te quiere. Y no me confundo.
Te quiere con sus "me gusta"
a tus lecturas y escritos,
excelentes, no refritos,
siempre la palabra justa.
Dinos si Emérita Augusta
ha puesto nombre a tu calle,
dinos si tuvo el detalle
de alzar tu mombre hasta el cielo,
danos algo de consuelo,
y que Mérida no falle.
[El 27 de abril de 2024, sábado, Guillermo Jiménez paseaba con su familia por la calle Libertad de Madrid. Había venido desde Mérida para pasar el fin de semana con su hija, cuando, de pronto, se apercibió de que un cartel anunciaba un concierto en Libertad 8, que darían esa tarde Rafa Mora y Moncho Otero , dentro del programa "Versos sobre el pentagrama", en el que actuaba como telonero quien esto escribe. Algo mágico había sucedido para que dos desconocidos, amigos que nunca se habían visto, se dieran un abrazo aquella tarde noche. Guillermo Jiménez lo contó luego en Facebook. Desde hace tres meses, el amigo emeritense ha estado en silencio. La misma magia de aquel sábado de abril ha hecho que hoy hayamos podido hablar Guillermo y yo de tú a tú. Y hasta aquí puedo... escribir].



María Negroni

 


Tute

 


domingo, febrero 01, 2026

Bruce Springsteen

 

Silvio Rodríguez

 La música de Silvio Rodríguez en la cámara de Daniel Mordzinski: “Los cancioneros de este gran trovador son poemarios”

El fotógrafo argentino presenta en el Hay Festival de Cartagena su nuevo libro sobre el cantautor cubano, con 149 fotos inéditas del artista de gira por América Latina.

En septiembre del año pasado, en medio de una de las peores crisis que ha vivido Cuba, su famoso cantautor Silvio Rodríguez (San Antonio los Baños, 79 años) ofreció un concierto para su pueblo que, según escribió en su diario, “superó por mucho lo esperado”. Reconoció que su pueblo tiene una “necesidad de cohesión”, de encontrar “un punto de reencuento. Varias generaciones unidas por la necesidad, parecieron identificarse”. Rodríguez, famoso por cantarle a las revoluciones de izquierda del siglo XX, encontró en las escalinatas de La Habana esa noche al menos a tres generaciones. Y con eso, “el jueves partimos” termina su nota, antes de arrancar una gira por América Latina. Daniel Mordzinski, conocido por muchos como el fotógrafo de los escritores y artistas icónicos del continente, lo ha acompañado a sus giras y presenta en el Hay Festival de Cartagena un nuevo libro con 143 fotografías inéditas sobre lo que representa el cubano para Hispanoamérica: Silvio Rodríguez: diario de un trovador.

“Que te haga un libro de fotografía un fotógrafo como Daniel, sería bobo decir que no”, dice Rodríguez por Zoom, ante un auditorio que lo escucha y donde están el fotógrafo y el actor y director de cine cubano Jorge Perugorría. Admite que no disfruta mucho estar frente a las cámaras, y que ningún otro fotógrafo profesional había entrado a fotografiar a su familia, sus perros, su casa. “No entró ninguno antes porque me estabas esperando a mí”, le respondió el argentino cuando viajó a La Habana hace nueve años, y pidió arrancar por el lugar más íntimo del trovador.

En un texto que envía a EL PAÍS, el fotógrafo explica su misión. “He querido hacer un recorrido visual, emocional y obligatoriamente sentimental por la vida de uno de los cantautores más importante de la lengua española”, escribe. Es una obra “que revela al trovador en su dimensión más humana y comprometida”, añade el fotógrafo. “Un libro para todos los amantes de la música, la fotografía y la palabra. Un talismán para quienes saben que la poesía, el amor y las utopías son armas cargadas de futuro”.

En el libro están también las giras internacionales y en Cuba, los encuentros de Silvio con los músicos Luis Eduardo Aute, Vicente Feliú, Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina. “Aute fue un defensor de Cuba a capa y espada”, dice el cubano, recordando a su amigo español fallecido en 2020. La conversación en Zoom se enfoca en los músicos y escritores que tocaron el corazón del cantautor, desde Mario Benedetti a Gabriel García Márquez. “No estuvimos muy cerca, pero nos vimos cuantas veces y teníamos una comunicación muy fácil”, cuenta el cubano sobre el escritor del realismo mágico. Una de esas veces fue en un avión en México, en medio de una tormenta, en la que tomaron alcohol para pasar el miedo en medio de una tormenta, contó Rodríguez.

Las letras de Silvio- a secas, como se le conoce-, son en parte las letras de la historia latinoamericana, insiste Mordzinski en su libro. “Esto no está muerto, no me lo mataron, ni con la distancia, ni con el vil soldado”, cantó por ejemplo en Santiago de Chile, donde fue fotografiado por Mordzinski, en 2018, frente al Palacio de la Moneda. El lugar donde murió el presidente Salvador Allende en 1973 en un violento golpe de Estado.

Muchas de las fotos del cantautor se entremezclan en el libro con las letras de sus canciones y cortos textos de su diario. Nota aquí.







Gioconda Belli

 


Ferran Exceso

 

Ramón Serrano

 GESTION DE LA EXISTENCIA AMARGA

a mis Hadas y mis Anjanas
En la mesa de los potingues no está la vida
ni el esplendor de los versos de madrugada
ahí no hay más que polvo del recuerdo
y sucio barro
en la cama de los sueños sólo hay pinchos
arrobas de fatales descubrimientos
ruidos desconchados en las paredes sin límites
y agravios
no quedan sentimientos
en el hipocampo del escenario
por mucho que sobre las tablas griten los baldíos huesos
no hay ni rastro de las begonias de antaño
ella vendrá a cantarme unas Pirekuas
a mí que solo me resta una malla de nervios malogrados
y una poquita fronda por si acaso
me aferro al jardín de la memoria
un banco público
unos besos apasionados
quedó aquel olor a violetas
toda la vida la fragancia era fracaso
Ay de las carnes entumecidas
Ay de las torpes líneas imaginadas
retornarían las aguas primordiales
si me mantuviera en las redes de la Poesía
sobre campo de gules y el castillo al fondo de mi infancia
dadme una mano para asir mis huesos
las huellas del futuro se han borrado
la playa de las espinas y las esmeraldas
señores ha naufragado
los símbolos son gardenias sin el perfume seductor que antes arrebataba
sólo la mesa de los potingues
y un rayo de luz llamado Esperanza
se mantienen a flote
allá lejos tras la línea de la esperanza está la luz
escuchad mi grito de orgullo herido
se acabaron las begonias
los aromas y las metáforas
ahí delante las aguas nauseabundas de la noche
los pecios del amor muertos en mil batallas
mis amigas las hadas y las anjanas
aguardan mi llegada al bosque de las sombras
donde las acacias son tan esqueléticas como mis sombras
y el temblor de los tienblos agita en los ojos la mirada
Ay del páramo sin flores ni memorias
Ay del bosque de árboles muertos en la última tangana
un quilombo de tres al cuarto
en la mota de polvo azul perdida en el inmenso espacio
¡Ay de los ayes sin añoranzas!
Señores
he despertado de los largos insomnios de la terraza
¡Quiero salir del letargo y ver el mar!
¡Quiero atrapar los besos que corretean por las noches de verano!



El Kanka

 


Lichis

 

Jorge Fandermole

 "Va a ser un gusto estar de nuevo ante el público salteño"

Jorge Fandermole se presenta en la Usina Cultural

El domingo 8 de febrero, junto a Fernando Silva, presentará el repertorio que compone su último disco, “Tiempo y lugar”.

Pensar en Jorge Fandermole es pensar en un generoso racimo de canciones que han sido versionadas por artistas de diverso tamaño, desde Mercedes Sosa hasta cualquier anónimo en una guitarreada entre amigxs. Pero también es pensar en un autor, compositor e intérprete que, aún sin vivir exclusivamente de la música, tiene una trayectoria con más de diez discos de estudio, fundamentalmente como solista, aunque también en proyectos colectivos.

El próximo domingo 8 de febrero se presentará en la Usina Cultural, a las 21 horas, en el marco del ciclo La Totora me resuena, en cuyo marco ya se presentaron en este inicio de año Luciana Jury, Nadia Szachniuk y Liliana Herrero. Esta nueva presentación fue excusa para esta charla con el rosarino.

—Jorge, casi un año exacto después de tu última presentación volvés a tocar y cantar en Salta, ¿qué sensaciones te genera este reencuentro con la tierra y la gente?

—Hace ya tiempo que pienso en cada presentación en vivo como una singularidad, y realmente lo es, considerando esa instancia como única –para uno mismo y para todos, ya que el tiempo va haciendo su trabajo-, de modo que el sentimiento más genuino que uno podría expresar es la expectativa, la esperanza, el deseo que el encuentro sea afortunado para nosotros y para todos los que nos están escuchando, y siempre con la ilusión de que haya nuevos escuchas entre el público.

—Hace un par de meses sacaste tu último disco, “Tiempo y lugar”, a diez años del disco precedente (Fander, de 2014), un ritmo que, salvando las distancias tienen algunos proyectos como, por ejemplo, Divididos, ¿te sentiste condicionado por la temporalidad entre un disco y otro, y/o por los ritmos que pueden imponer tanto la industria como la demanda de la audiencia por un material nuevo?

—Diez años entre un disco y otro es un plazo imprudente, por decir poco, para cualquier músico. Por supuesto que fue inquietante todo ese lapso para mí, pero no pasó en vano; en medio hubo muchos trabajos, algunas cuantas creaciones y todo lo demás que ocurre en la vida. Para un artista periférico y que no tiene compromisos editoriales es un riesgo a asumir y aceptarlo con paciencia. Cada cosa al tiempo de cada uno.

—¿Y por dónde va la búsqueda, tanto en lo conceptual de la palabra como en lo musical, en este nuevo trabajo?

—Cualquier respuesta debe ser tomada como provisoria, ya que uno va buscando muchas cosas diferentes, condicionado por la propia historia, las influencias, tradiciones y rupturas; al final uno cae en la cuenta de que forma una pequeña parte de la evolución de un infinito cancionero en el que se inscribe parcialmente toda la cultura de un pueblo diverso, sus peripecias, sus caídas y sus cambios. Lo que uno busca ante todo es quedar conforme frente a sus propias exigencias y capacidad crítica, y en segundo lugar ver si su canto, su palabra, dialoga o no con los demás, teniendo en cuenta que los demás son una infinidad de sensibilidades e ideologías. Nota aquí.



Joaquín Calderón

 


Eneko