martes, marzo 24, 2026

Ismael Serrano

 


León Gieco

 León Gieco: El pañuelo como faro

La resistencia cultural durante la dictadura fue clave para mantener viva la memoria y la crítica. Como lo fue en los 90, y como lo es hoy. Pienso en Mercedes Sosa, quien fue puesta presa en La Plata, en un lugar peligroso, de Camps, pienso en esas canciones que ella convirtió en himnos porque la gente quería recordar, quería ese acompañamiento. Entre esas canciones convertidos en himnos de la resistencia, como “La maza” y tantas otras, se puede incluir también a “Solo le pido a Dios”, por el que fui citado por el general Montes.

Cualquier cosa que viniera del rock, ya era catalogada de actitud subversiva. Y los recitales les servían a estos tipos para enganchar pibes: yo mismo he ido a un par de conciertos del Luna Park -incluso en uno de Wedding Report- y a la salida he visto a esos estúpidos, fichando a la gente que hacían pasar entre ellos. Una combinación fatal: Gente estúpida y con poder, con poder de decidir la vida y la muerte.

“Te pego un balazo en la cabeza”

Por entonces yo estuve preso un par de veces en Córdoba, en Comodoro Rivadavia, y también fui citado al comando de Palermo por el General Montes, como decía, por “Solo le pido a Dios”. El tipo monologó y me dijo: la próxima vez que cante esta canción, te pego un balazo en la cabeza. Apuntándome con un arma.

Para esa época yo ya estaba recibiendo mensajes telefónicos, pero le daba poca importancia. Pero después de eso recibí uno de una mujer que me dijo: León, tenés que irte, saben dónde tu hija va al jardín de infantes. Ahí reaccioné: ¿qué tiene que ver mi hija con todo esto? Decidí irme a los dos días, regalé todo lo que tenía, los libros, los muebles, todo. Mi compañera Alicia con Lisa, que era chiquita, se fue a la casa de la mamá, dejamos el departamento, y a los dos días nos fuimos buscando dónde vivir. Pasamos por Perú, Colombia, Costa Rica, Venezuela y México. Hasta que hablamos por teléfono con Gabriela Molinari, la primera cantante de rock, que vivía en ese momento con Edelmiro Molinari, el guitarrista de Almendra, y ella, cariñosamente, nos invitó a que vayamos a su casa.

Así fue que terminé exiliado en Estados Unidos, y como no tenía prohibido entrar y salir del país (sí en radio y televisión) volví un par de veces, con mucho cuidado, a tocar en el interior, para pasar más desapercibido digamos, y así ir zafando. Después nos fuimos a Italia. Y ahí, con todos los exiliados que daban testimonio allá, fue que me enteré de las barbaridades que estaba haciendo la dictadura cívico-militar en Argentina, porque nosotros no lo sabíamos cabalmente todavía.

Fueron años en que se produjo una cultura del miedo, se impuso una censura brutal, se prohibieron libros, músicas, películas. Y sin embargo la cultura se abrió paso con obras de resistencia, que todavía tienen plena vigencia.

En medio de tanta noche en la que estuvieron involucrados empresarios, religiosos, jueces, colaboradores, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo emergieron como faros de resistencia, exigiendo justicia y la recuperación de los nietos apropiados. Son los mismos faros que nos siguen guiando hoy.

Días peligrosos

Y así como habían experimentado con Víctor Jara en Chile, acá los tipos tenían como plan matar a algún artista. Y yo creo, por cómo se hilaron las cosas, que al que habían elegido era Piero, que era muy popular y muy peronista. Cuando van a buscarlo, llegaron cuatro o cinco autos de policía, le rompieron toda la casa. Y Selva Aleman y su marido lo salvaron, él ya estaba en Ezeiza, por volar. Fueron dos horas en su caso, la diferencia entre la vida y la muerte.

Por eso yo lo incluí en la canción “Días peligrosos”, con una estrofa que hace referencia directa a este caso:

Cantaba canciones y lo fueron buscar,

mientras le rompían la casa, él ya estaba en Uruguay.

¿Cómo en dos horas pueden traer tanta vida o tanta muerte?

El destino, desde lo alto, decide.

Nota aquí.





Ignacio Guido Montoya Carlotto

 La dictadura fue y es muchas cosas. Ninguna de todas esas cosas que la definen nos hizo mejores. El tránsito de ese tiempo oscuro nos saturó de dolores, heridas, deudas, terrores subconscientes y orgullos errados. Todo eso nos persigue como una sombra persistente hasta hoy.

Mucho más allá de los ingentes esfuerzos y de los grandes logros que, en esta parte del mundo, se han dado, aún descubrimos en muchos rincones de nuestra sociedad, una y otra vez, calamidades que provienen de esos días.
No solo las víctimas directas son y fueron las víctimas: todos lo somos de alguna forma, incluso aquellos que festejan el horror y reivindican el momento.
En la vida, como en la música, nada se repite dos veces igual. Por eso, gritar “¡Nunca más!” es también decir: nunca más eso ni nada que se le parezca, ni siquiera un poco.



Julio César Strassera

 Café contado nos cuenta por Facebook.

Quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria. Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: Nunca más.
Fiscal Julio César Strassera

Horacio Altuna


 

Georgina Hassan & León Gieco

 


Graciela Fernández Meijide

 “Solo podía dormirme cuando les metía un balazo a los miembros de la Junta, era mi rivotril”

La ex dirigente política y activista por los derechos humanos recuerda la noche en que se llevaron a Pablo, su hijo mayor, y los días que siguieron a esa desaparición. Integró la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y la Comisión Nacional de Desaparición de Personas y no se detuvo en la búsqueda de respuestas. La vida de una mujer que luchó por una fantasía: “Los voy a meter presos”

Graciela Fernández Meijide tiene hoy 95 años. Tenía 45 la madrugada del 23 de octubre de 1976, cuando un grupo de tareas que se identificó como policías tocaron a su puerta. Eran cinco. Vivían en los pisos superiores de un edificio ubicado en la calle Virrey del Pino, del barrio de Belgrano. Estaba Enrique, su esposo, sus tres hijos -Pablo, el mayor, Martín y Alejandra- y dos amigos de Pablo que se habían quedado a dormir. No hablaron mucho. Pero ella sintió miedo real cuando vieron los dientes del ovejero alemán y le dijeron “tenga a ese perro, señora, o lo matamos”. Preguntaron quién era Pablo y le ordenaron que se vistiera: “venga con nosotros”. Y se fue con ellos. Nunca más volvió.

Pasaron cincuenta años años y Graciela confiesa que aún lo sueña. “Tenía unos ojos impresionantes, muy lindos. Y yo soñaba con sus ojos. Soñaba con un Pablo vivo, divertido como era, caprichoso como podía ser”, dice. El testimonio de una mujer que recorrió comisarías, ministerios, iglesias, que integró la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y la Comisión Nacional de Desaparición de Personas, que hizo lo que hizo porque quería saber. Saber de su hijo Pablo y de los otros Pablos que no se llamaban Pablo ni eran sus hijos pero que tenían su mismo condición: estaban desaparecidos. Y a sus 95 años, dice que si hay algo que todavía quiere es saber.

-El 75% de la población argentina nació después de 1983. El 27% de la población tiene menos de 18 años. Contale a esa gente, específicamente a los más jóvenes, ¿qué fue la última de las dictaduras militares que padeció la Argentina?

-Decís bien, la última. Porque lo primero que tienen que saber quienes quieran mirar un poco su propia historia, que la de todos nosotros, es que desde el año 30 para adelante y hasta el del ’76 hubo seis golpes. En todos los casos era porque los partidos políticos no se ponían de acuerdo y recurrían a los cuarteles, y generalmente eran temas económicos y los militares aceptaban gobernar sabiendo que iba a ser un tiempo y que después iba a haber amnistía. Siempre en los golpes anteriores, después hubo amnistía, no importa qué es lo que se hiciera. Esto provocaba que la gente tomara los golpes militares casi con naturalidad. Lo que en otros países hubiera parecido una aberración, acá parecía natural. Tanto es así que este golpe, el del año 1976, fue, yo diría, el golpe más anunciado que hubo. Todo el mundo hablaba de ese golpe que iba a venir. Inclusive hubo un golpe que lo precedió en el aeropuerto, que lo sofocaron enseguida y la diferencia también -y no es poca- es que por primera vez, en lugar de intervenir solamente el ejército, intervinieron las tres Fuerzas Armadas, que se repartieron las responsabilidades.

-La sensación que uno tiene, Graciela, es que, a diferencia de los cinco golpes anteriores, acá había una suerte de proyecto político autoritario de las tres fuerzas militares que querían gobernar la Argentina fuera de la democracia.

-Así es. Es decir, no es que quisieran gobernarlo, sí influenciar su gobierno porque después permitían una elección. Duraba dos años el golpe de Onganía. Por ejemplo.

-Pero en este último, pareciera como que vinieron con un proyecto político los militares.

-Y económico con Martínez de Hoz, que cuando les llegaban noticias de las desapariciones, en un momento dado dicen que se dirigió a los militares y les dijo “ustedes hagan lo que tengan que hacer, yo hago lo mío”. Como diciendo “no me voy a meter en cualquier pedido que me venga de indulgencia para algunos de los detenidos”. Nota aquí.




Tute

 


Charly García

 


Claudia Piñeiro

El capital del miedo

Veo mis piernas, no me veo de cuerpo entero, sólo mis piernas con las medias Ciudadela azules estiradas hasta las rodillas, los zapatos con cordones, el borde del guardapolvo. Y no mucho más. Veo mis piernas desde arriba, como si fuera un plano tomado con una cámara que yo misma llevara colgada del cuello. Avanzando hacia el Instituto San José de Burzaco, el día que se reanudaron las clases después del golpe militar del 76.

Camino por la calle Alsina, pensando qué dirán mis amigas cuando las encuentre. Y en función a qué dirán mis amigas, qué diré yo. Porque unos días atrás, mi abuela, que me despertaba todas las mañanas para ir al colegio, golpeó a mi ventana para avisarme que se habían suspendido las clases: “Los militares echaron a Isabelita”. Mi padre, que se acababa de despertar, se quedó hablando con ella; eso me llamó la atención porque él era de pocas palabras, y, además, no se llevaba bien con mi abuela, aunque los dos trataran de disimularlo. Nunca los había visto conversar tanto a esa hora de la mañana. Mi padre encendió la radio; eso también era extraño porque la que la escuchaba todos los días era mi mamá. Mi papá tenía muy en claro que la peor opción para el país era un golpe de Estado. Su enojo crecía a medida que se enteraba de las noticias. Y los días siguientes hasta que se retomaron las clases me contagió su angustia y su bronca.

Yo intuía que, en algunas casas de mis amigas, no estarían tan enojados como en la mía. En el recreo, los días previos, ellas hablaban de que faltaba papel higiénico o de que ponían bombas en los jardines de infantes con el mismo grado de preocupación. “Mentira”, decía mi papá, y aunque yo le creía, no se lo decía a nadie. Un poco por el temor adolescente a ser rechazada, pero mucho más por un miedo real. Mi tío estudiaba ingeniería y ya nos había avisado que habían “chupado” a alguno de sus compañeros y que todos los que figuraban en su libreta de teléfonos, militantes o no, debían tener cuidado.

No recuerdo que alguna de mis amigas se manifestara preocupada por lo que estaba pasando. Pero hoy me pregunto si varias de ellas no habrán callado por el mismo temor que me callaba a mí. Algunas de las monjas, que eran nuestras profesoras, pensaban lo mismo que mis padres, pero eso también lo supe mucho después. El miedo es el capital con el que cuentan las dictaduras. En aquel momento, sabíamos que para sobrevivir debíamos callar. Y que, quizás, ni con eso alcanzaba. Hoy sabemos que para que no nos vuelvan a pasar atrocidades como las que se cometieron en la dictadura, debemos mantener la memoria viva. Sólo la memoria colectiva nos previene de la repetición de los horrores de la historia. Hay que apostar a eso, incluso aunque vivamos tiempos en los que pareciera que no es suficiente. Nota aquí.



León Gieco

 

Nietos & Nietas

 Historias de nietos y nietas apropiados por la dictadura que restituyeron su identidad: “Sea cual sea, la verdad libera”

Alrededor de 500 bebés nacidos en cautiverio o secuestrados junto con sus padres fueron entregados por los militares como botín de guerra. Abuelas de Plaza de Mayo ya ha encontrado a 140 y busca a los que faltan.

Un nombre, una casa, una determinada estructura familiar: pocas cosas parecen tan inapelables como ese conjunto de elementos que acompañan el inicio de una vida. Sin embargo, para cientos de hombres y mujeres en Argentina, esos datos fueron una construcción falsa o, al menos, fundada en una mentira. Durante la dictadura militar que gobernó el país entre 1976 y 1983 alrededor de 500 bebés nacidos durante el cautiverio de sus madres o secuestrados junto a sus padres fueron apropiados, entregados como botín de guerra y criados bajo identidades adulteradas. Casi cinco décadas después, Abuelas de Plaza de Mayo ha logrado restituir la identidad de 140 y, mermada en recursos por el gobierno de Javier Milei, la organización sigue trabajando para encontrar a los que faltan. “Jamás pensamos que nuestra búsqueda iba a ser para siempre”, dice su presidenta, Estela de Carlotto.

Abuelas de Plaza de Mayo nació dentro de Madres de Plaza de Mayo, ese grupo de mujeres que en 1977 comenzó a reunirse frente a la Casa de Gobierno para organizar la búsqueda de sus hijos e hijas, que habían sido secuestrados de manera clandestina por el régimen militar sin dejar ningún registro de dónde estaban o cuál era su situación. Comenzaron con tareas de investigación muy artesanales: hacían compras en los barrios en que sospechaban que estaban sus nietos para hacer preguntas, merodeaban escuelas, sacaban alguna foto. Ya en democracia desarrollaron métodos y herramientas científicas para avanzar en la identificación de los nietos, como el “índice de abuelidad”, que permitió establecer vínculos genéticos en ausencia de los padres.

Actualmente reciben alrededor de 800 presentaciones espontáneas por año: denuncias de personas que tienen información sobre posibles casos o directamente personas que dudan de su identidad, lo que deriva en investigaciones y puede culminar en un cruce con la información del Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG), donde se almacenan los perfiles de las familias que buscan a sus seres queridos. En años de mayor visibilidad, las presentaciones pueden alcanzar las 1000. En 2025, por ejemplo, se produjo un pico tras el estreno en Argentina de la serie El Eternauta y la renovada difusión de la historia de su autor, Héctor Oesterheld, desaparecido al igual que sus cuatro hijas, dos de ellas embarazadas.

Ese volumen de presentaciones supera ampliamente la cantidad de nietos que aún se buscan. La explicación radica en que la apropiación de niños durante la dictadura se apoyó en una práctica previa en la Argentina: la adopción ilegal y el tráfico de bebés. Gracias a la articulación entre Abuelas y la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi), se resolvieron alrededor de 2000 casos de personas que no eran hijos de desaparecidos, pero que también habían sido privadas de su identidad biológica.

Actualmente, solo dos abuelas continúan activas en la organización: Estela de Carlotto, de 95 años, y Buscarita Roa, vicepresidenta, de 88. Nuevas generaciones se han ido incorporando a la comisión directiva para mantener la tarea de encontrar a los que faltan. El paso del tiempo introduce nuevas variables. Los nietos robados rondan los 50 años y es posible que, si decidieron postergar la pregunta por su identidad hasta ahora, sientan menos motivación para enfrentarlo al pensar en que tal vez ya no estén sus abuelas esperándolos. Pero ahora están sus hijos e hijas. “La apropiación se hereda, así como se hereda la identidad —señala Claudia Poblete, nieta restituida e integrante de la comisión directiva de Abuelas—. Tal vez la motivación ahora puede estar ahí, en que tus hijas o hijos no hereden esa mentira que vos no pudiste resolver”. Nota aquí.








Diego Savoretti y Los Indescriptibles

 


Eduardo Galeano

 "En Argentina las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria"




Felipe Pigna

 

León Gieco & Estela de Carlotto

 León Gieco cantó “La Memoria”, acompañado por Estela de Carlotto

En el marco de las actividades por los 50 años del golpe de Estado, León Gieco interpretó su emblemática canción “La Memoria” junto a Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, reforzando el compromiso con la verdad y la justicia.

En un encuentro que quedará para la historia, el cantautor interpretó “La Memoria”, un himno que reclama justicia contra la impunidad y mantiene vivo el recuerdo de las víctimas, ante la atenta mirada de Estela, que lo acompañó en algunas estrofas.

En el video, que se difundió en distintas plataformas, se los puede ver sentados frente a frente, y con la emoción a flor de piel, Gieco entona las estrofas del tema que se convirtió en una insignia de la historia argentina.

“Mucha emoción cantar para vos, Estelita”, le dice el artista al final su interpretación. A lo que la referente de Abuelas responde: “No sabes lo que yo siento en este momento, de tenerte acá, en mi sencillísima casa. Una casa de lucha, porque la quisieron romper toda, la bombardearon y nos salvamos”.

Pese a todas las fatalidades que le tocó vivenciar y con la constancia, valentía y determinación que la caracterizan, Estela destacó que “la vida es linda y hay que vivirla sin odio”.

La unión de Gieco y Carlotto resalta la resistencia a través del arte y la memoria colectiva, un tema central en la lucha de los organismos de Derechos Humanos. Nota aquí.




Víctor Heredia

Víctor Heredia: Pensar el futuro

El escalofrío de la dictadura cayó sobre nuestra familia llevándose a cuatro de los nuestros. Mi hermana María Cristina, al niño/a que llevaba en su vientre, a su marido Claudio Nicolás Grandi y a los pocos meses derrumbó definitivamente a mi padre, quien no pudo soportar semejante tragedia.

Esta fecha trae aquellos recuerdos después de exactos cincuenta años. También susurra sus inolvidables fantasmas: el miedo, la angustia de la búsqueda, la tristeza de mi madre que se fue sin saber dónde enterraron a su hija, sin abrazar a su nieto/a, mis exilios, mi culpa de sobreviviente, la espantosa sensación de no haber podido hacer nada para rescatarlos.

Quienes hoy aceptan, sin decir palabra, los posibles indultos y la reducción de penas a quienes fueron considerados Criminales de Lesa Humanidad, no tienen idea del impacto emocional que produce en un ser humano semejante abuso. Los invito a reflexionar sobre nuestro futuro. La memoria lo es, aunque parezca una perogrullada, nuestros pasos son guiados por nuestras experiencias. No perdamos esa guía sustancial que nos unió en una consigna social que enorgullece a esta sociedad entera y le dio contenido y razón a nuestra democracia.

¡Nunca más! Con todo lo que hoy implica. ¡Nunca más!

Nota aquí.



Los Caballeros de la Quema

 


Teresa Parodi

 El Nunca Más es hoy

Han pasado cincuenta años de aquella herida que sangra todavía.

De aquel dolor que aún duele cuando, pese a tanto, debe reclamar memoria.

Recuerdo dónde estaba cuando el primer comunicado oficial se escuchó, leído con aquella ominosa voz neutra que tantas veces ya habíamos escuchado, anunciándonos el nuevo orden.

Recuerdo el miedo que atenazaba hasta el aire. El siniestro relato con el que justificaron después la muerte, los secuestros, los centros clandestinos de detención, la tortura, el robo de bebés, las desapariciones, el horror, la vida rota. Recuerdo el terrible “algo habrán hecho”.

Quedamos a la intemperie, inermes, a merced de todo y la democracia moría derrotada.

Y cuando todo ya parecía irremediablemente perdido aparecieron Ellas para cambiar la historia.

Mujeres simples, mujeres madres de hijos arrancados de la vida. Madres de hijas que soñaban otro mundo. Madres que no callaron y nos enseñaron que el silencio deshonra.

Golpearon puertas, recorrieron cárceles, oficinas oscuras, sombrías catedrales, hospitales helados con sus inclaudicables preguntas.

“Circulen” les ordenaban y ellas circularon, sin detenerse nunca, luminosas, puro corazón y bravura.

Quebraron el silencio y la oscuridad con amorosa bronca, con el ardoroso fuego de su amor interminable. Solo había luz en los blancos pañuelos de esas mujeres “locas”. La única esperanza de que esa pesadilla terminara fueron sus pies marchando en inquebrantable búsqueda.

Les debemos la Patria, sí, y su honra.

Les debemos que la democracia pudiera ponerse de pie nuevamente victoriosa. Nota aquí.



Chelo Candia

 


lunes, marzo 23, 2026

Iván Noble

 


James Rhodes

 


Fabricio Portelli

 Murió Michel Rolland, el enólogo más famoso del mundo

El afamado “flyingwinemaker” tenía 78 años. Fue una de las personas más influyentes de la industria y que más hizo por la evolución del vino argentino. Su reconocimiento a nivel global

“Michel sufrió un infarto anoche en Burdeos y no pudieron reanimarlo. ¡Una tragedia para nuestra familia en Francia y aquí!”, fueron las palabras textuales a Infobae de Dany Rolland, su exmujer, socia, colega, madre de sus hijas y compañera de vida. Ella está en la Argentina, ya que se quedó unos días más, luego de la gira que habían comenzado juntos hace un par de semanas, visitando su bodega en Mendoza, Buenos Aires y Bariloche. Michel se volvió el sábado a Francia, y ella se quedó en el país, para realizar distintos eventos.

“Es un golpe tremendo para todos, estuvimos juntos toda la semana, de acá para allá, Mendoza, Bariloche, Buenos Aires, y encima el viernes a la noche me hizo un comentario sobre cómo había que cuidarse y que de esta vida había que irse rápido y sin sufrir”, dijo compungido Gustavo Paolucci, la persona que trabajó con él en el país desde hace casi veinticinco años.

Michel llegó a la Argentina en los años ochenta, convocado por Arnaldo Etchart. Y, desde entonces, no dejó de venir. Primero asociado a Yacochuya, emprendimiento conjunto con la familia Etchart en las alturas de Cafayate. Y, mientras asesoraba a diferentes bodegas, a fines de los noventa, cumplió uno de sus sueños y creo “El Clos de los Siete”, un emprendimiento de más de 800 hectáreas con viñedos y bodegas con el objetivo de hacer un vino conjunto de U$D20, del cual se pudiera producir un millón de botellas. Hoy, el Clos de los Siete, lleva 25 cosechas, ha alcanzado el millón de botellas, y está a la venta en 70 países.

Michel Rolland fue un trabajador incansable, el pionero de los “flyingwinemakers”, los enólogos que viajaban a distintas regiones del mundo para asesorar en diferentes emprendimientos vitivinícolas.

Llegó a visitar doce países en el mismo año, viajando varias veces a algunos de ellos, pero sus dos lugares preferidos en el mundo fueron Francia y la Argentina. No por casualidad, cuando empezó a bajar un cambio, no por falta de ganas ni pasión sino por elección, decidió que sus viajes por trabajo fuera de Francia, solo serían a la Argentina, donde además de bodegas propias y otros asesoramientos, tiene muchos amigos.

Incluso, posee en Puerto Madero, el único restaurante del mundo con nombre y apellido de un enólogo: Michel Rolland Grill & Wine.

Michel estuvo hasta el viernes por la noche en la Argentina, celebrando alrededor de la mesa, como a él le gustaba, derrochando su simpatía única y sentido del humor. Su castellano afrancesado le quedaba muy bien. Un seductor nato y amante de los placeres gourmet, fue maestro de muchos maestros, e inspiró a generaciones de enólogos, tanto en la Argentina como en el mundo. Y varias veces entrevistado por Infobae durante los últimos años.

Sin dudas, hoy, el mundo entero del vino, está de luto, porque ha perdido una de las personas que más hizo por el vino en general, y por el vino argentino en particular.

Cabe destacar que fue Michel, un “extranjero” quien más creyó y apostó por el Malbec, incluso más que muchos bodegueros y hacedores en la Argentina. Hoy, si el Malbec es reconocido acá y en el mundo, en gran parte se le debe a Michel Rolland, quien vio en esa variedad, originaria de Burdeos como él, la clave que la Argentina se destaque, en un mundo tan competitivo. Nota aquí.







Chambao & Alejandro Sanz

 


La Banda Sabinera

 


Rafa Mora

 VERSOS ANTOLÓGICOS PARA POESÍA VIRTUAL

"Me gusta cuando te etiqueto porque estás como ausente."
"Poesía eres tururú."
'Podría añadirte a los grupos más tristes esta noche.'
"Con cien "me gustas" por banda."
"Retuiteo sin vivir en mí."
"Por un me gusta, un mundo"
"Que las redes, redes son."
"En Instagram, su red y la mía, se me ha muerto como del rayo, mi yo analógico, al que tanto quería."
"Mi infancia son recuerdos de un muro de poesía."



Siloé

 

Pedro Pastor


 

Antonio Carmona

 “Soy viejo, me quedará un 20% de pila, pero miro atrás y qué buena vida he tenido”

El cantante celebra 20 años de carrera en solitario con una gira y nuevo álbum, ‘Baro Drom (Éxodo)’, un reconocimiento al pueblo gitano y un homenaje a todos los amigos que ha hecho en su camino musical. “Me gustaría terminar como mi padre, cantando con mi guitarra y haciendo que la gente se una”, asegura

“¿Quieres ver mis notas?”, pregunta divertido Antonio Carmona (Granada, 60 años) frente a un cuadro donde se exponen su partida de nacimiento, su foto de la comunión y sus calificaciones del curso académico de 1979/1980, cuando tenía 14 años. Hay poco de lo que presumir: insuficiente en Lenguaje, Ciencias Sociales, Idioma, Dibujo, Matemáticas, Educación Física, Ciencias Naturales y Religión. Insuficiente en todo menos en Pretecnología. “Su actitud ha sido muy negativa durante todo el curso”, advertía la tutora en una nota al margen, justo debajo de la firma resignada de la madre del cantante, Matilde Amaya. “Los profesores eran tan crueles que te decían por la cara: ‘Yo que usted no lo traería más al colegio’. Si me los encontrase ahora, les diría: ‘¡Mira dónde ha llegado el que no estudiaba!”, comenta riéndose el artista.

De estar incluida la asignatura de Música, puede que esa sí la hubiese aprobado, o puede que no, porque lo que ha llevado al exvocalista de Ketama a recorrer escenarios de todo el mundo, vender millones de discos y recoger todo tipo de premios —el último este marzo, el premio Dial a la trayectoria— no se aprende en las aulas. “Yo no estudié nada, estudié en la universidad de la calle y me espabilé rápido”, asegura. La parte de abajo de la UMusic Shop de Madrid se ha convertido temporalmente en una exposición que repasa todo ese aprendizaje de la vida Carmona, desde su infancia cantando en las fiestas familiares hasta el lanzamiento este 20 de marzo de su último disco, Baro Drom (Éxodo). “En la lengua nuestra, gitana, significa gran camino. Es un reconocimiento al pueblo gitano y a mi éxodo musical, que ha sido muy importante para mí en el sentido de poder trabajar en tantos estudios, con tantos productores y tanta gente que se ha sentado conmigo cada noche a componer, a intentar hacer canciones que quedaran como un traje a medida”, explica.

El nuevo álbum, que incluye experimentos tan originales y característicos de Carmona como un flamenco fusión con el colombiano Chabuco o un rap con los franceses Bigflo & Oli, coincide con el 20º aniversario del inicio de su carrera en solitario, dos años después de la disolución de Ketama en 2004. Lo celebrará con una gira de conciertos que arranca el 10 de abril en Valencia y termina el 15 de diciembre en Madrid, tras pasar por Sevilla, Salamanca, Bilbao, Barcelona, Murcia, San Sebastián, Granada, Mérida, Badajoz y Valladolid. “Va a estar muy bonito porque viene Sole Giménez, viene José Manuel, de Seguridad Social... y también voy a hacer alguna colaboración con algún músico de Berklee [el campus valenciano del prestigioso Berklee College of Music de Boston]. Creo que es bueno y me interesa mucho sacar a la gente que está allí estudiando”, anticipa sobre lo que podrá verse en la primera parada. Nota aquí.



Alejandro Astola

 


Paula Mattheus


 

Sara Luján

 Murió Sara Luján, referente de DDHH en Catamarca

Falleció a días de cumplirse 50 años del último golpe de Estado. Era una de las impulsoras de la querella para encontrar a los desaparecidos de La Perla.

Sara “Coca” Luján de Molina, histórica referente de los derechos humanos en Catamarca, falleció a pocos días de haber celebrado su cumpleaños número 100 y también a pocos días de cumplirse 50 años del golpe de Estado de 1976. Como Madre, impulsaba la búsqueda de los desaparecidos de La Perla.

El 24 de marzo de 1976, “Coca” fue secuestrada. La llevaron a la cárcel del Buen Pastor. Después la trasladaron a la Unidad Penitenciaria 1 y finalmente al Campo de la Ribera. Estuvo un año privada de su libertad. Mientras tanto, sus captores le seguían preguntando por su hijo Raúl Mateo Molina. Ella les contestaba que él era presidente del centro de estudiantes de Arquitectura de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

Al muchacho lo secuestraron el 5 de octubre de 1976. Una patota lo levantó en la calle y lo llevó a La Perla. Según los testimonios de los sobrevivientes, el represor Hugo Raúl Romero –conocido como “Palito”— lo mató de un golpe ese mismo día. El cuerpo nunca apareció.

“Acá hay desaparecidos y queremos sus cuerpos. Nuestro duelo no terminará hasta que no nos entreguen los cuerpos. Es un deber del Estado. Como pueblo, debemos exigir que hagan esa búsqueda”, remarcaba “Coca” en diálogo con Página/12 en septiembre del año pasado, cuando el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) informó que había hallado restos óseos en los terrenos que circundan a lo que fue el campo de concentración de La Perla. Días atrás, el juez Miguel Hugo Vaca Narvaja anunció la identificación de doce desaparecidos, pero no estaba el hijo de “Coca” entre ellos.

Sus compañeros de la querella de La Perla la despidieron con cariño y admiración. “También vos fuiste secuestrada y estuviste cautiva por un año. Al salir, fuiste parte de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas. Te sumaste a cuanto esfuerzo conociste”.

Desde la querella contaron que “Coca” participaba hasta hace pocos días de las reuniones del grupo de familiares. “Vamos a encontrar a Raúl Mateo”, le prometieron.

“Me acaba de llegar la triste noticia que hoy en Catamarca partió Sara “Coca” Luján, ex presa política y madre de Mateo Molina, desaparecido en la última dictadura cívico-militar. Abrazamos a su familia, compañeros y compañeras. Más que nunca seguiremos luchando por más Memoria, más Verdad y más justicia“, publicó en X el exsecretario de Derechos Humanos Horacio Pietragalla Corti. Nota aquí.



Idígoras y Pachi

 


domingo, marzo 22, 2026

Marea

 

Ramón Serrano

 EN LOS MARES DE LA UTOPÍA

La Primavera ha llegado junto a la Poesía
con un ramo de esmeraldas
en un barco de astromelias
navegando noche y día
las begonias en el mar
escribieron al Amor
sonetos de melancolía
sus flores en el halda
en rima de ambrosía.



Luis Quintana

 


Jorge Drexler

 


Gabriel Plaul

 Gabriel nos cuenta por Facebook.

Anoche tuve un sueño.
En la pared de la habitación del hospital, casi frente a mis ojos, hay un reloj enorme. Me despierto de madrugada, lo miro: tres. Vuelvo a dormirme. Más tarde despierto otra vez: cuatro.
Entre el cansancio y el sueño volví a quedarme dormido.
Soñé que estaba en Buenos Aires con un amigo, tomando un café al costado del Puente Pueyrredón, del lado de Barracas. En la mesa había un reloj grande.
De repente mi amigo dijo:
—Mirá el cielo… ¿qué es eso?
Una nave lanzó dos proyectiles que caen del lado del riachuelo. En el instante de la explosión, el reloj estalló en mil pedazos.
Me desperté agitado. Miré el reloj de la pared, marcaba las seis.
Pensé en la guerra. En las decenas de guerras que hay en el mundo. En los millones gastados en misiles, en bombas, en poder.
¿Por qué no gastar todo eso en aprender a vivir en paz?
Esta noche elegí dormirme pensando en esta imagen y deseando que algún día esa paz llegue para quedarse y que estos HDP dejen, de una vez por todas, de jugar a la guerra.



Dani Flaco

 


Sole Giménez