miércoles, octubre 28, 2026

Félix Maraña

 UN CABALLO Y UN POLLINO

Un caballero español,
camina con su ayudante,
sin reposar un instante,
en trechos de sol a sol.
Ya de noche, ante un farol,
que anunciaba una posada,
coronaron la jornada.
Cenan duelos y quebrantos
y encomiendan a los santos
una buena madrugada.
Rocinante –rucio de antes–
subió de categoría
porque don Miguel quería
darle nobleza, importantes
distinciones, pues Cervantes
sabía que su Señor
es caballero de honor
y de casta mejorada.
Rucio era rucio, sin nada
más que rucio por color.
Pero Rucio y Rocinante
hicieron buena coyunda,
hermandad que poco abunda,
pues el caballero andante,
de porte fino y semblante
digno de abolengo noble
hizo recia como un roble
su unión a caballería
que le hiciera compañía
siempre por partida doble.
Después de andar a destajo,
por caminos sin sendero,
siempre Sancho de primero,
se tomaron un relajo.
Almorzaron sopas de ajo,
sobre un vino peleón,
de las tierras de Aragón,
aunque estaban en La Mancha.
Se tomaron la revancha
tras un hambre del copón.
Estómago satisfecho
y jornada ya vencida,
reanudaron la partida
muy contentos de lo hecho.
En la intemperie y sin techo,
hombres y caballería
encaran un nuevo día
a mando del novelista,
avistando allá a la vista
gigante que no existía.
Y Sancho apenas se fía
pues ve que el señor Quijote
quiere forzar el galope,
como quien lleva a porfía
buscar la geografía
donde su amada le espera.
Y el Caballero quisiera,
encontrar a Dulcinea,
que es obsesión y tarea
que por momento le altera.



El Plan de la Mariposa

 


El Arrebato & Miguel Poveda

 

Rodolfo Serrano

 Pasó la muerte por mi casa

Ha pasado la muerte por mi casa.
Se detuvo un instante. Llamó fiera
en la aldaba invisible de mi puerta.
Mi alma se cerró a su golpe seco.
De aquellos días negros queda el miedo,
relámpago furioso, carne yerta,
esa resurrección de sangre viva,
el recuerdo, imborrable sufrimiento.
Mas la muerte no entró por las alcobas,
no encontró los pasillos y no pudo
derribar estos muros que la vida
levantó ante mi carne malherida.
Hoy miro este día gris que me parece
el más bello de todo el calendario,
los árboles amados, estas nubes
que pronto traerán lluvias y frío.
La muerte se paró frente a mi casa.
Me ha rozado un momento las mejillas.
Se ha marchado, después. Ahora la vida
me lleva de su mano hacia la luz.
Foto de Raul Cancio.



Poncho K


 

72 Kilos

 


martes, octubre 27, 2026

Rafa Mora & Moncho Otero

 


Álvaro Olmos

 

Ramón Serrano

 CAMPANADAS AL ALBA

Lo que no tengo es agua de mar
el Mediterráneo me queda a trasmano
la noche es negra
como los gatos que corren por su asfalto
son como sombras de fantasmas
como antiguos dioses erráticos
por una madrugada impertinente
repleta de lejanos toques de campanas
ding dang ding dang
murmuran las ranas
ding dang ding dang
es la noche serena la que calla.



Jorge Drexler


 

Carlos Ares

 

Joaquín Lera

 TRAJECITO DE COLORES

Abanicos de silencios
cierran y abren cerraduras.
Pedacitos de arcoíris
atraviesan sus ranuras.
Las luciérnagas del cielo
coleccionan florituras.
Los párpados se duermen
meditando como Budas.
A lo lejos una luz habla de amor.
La inquietud en su revuelo
sigue haciendo travesuras.
Las mariposas del alma
nos regalan partituras.
El espejo de un reflejo
serpentea en mi columna.
Siento un arpa en el cerebro.
Un remanso de ternura.
A lo lejos una luz habla de amor.
En la frente hay un lucero
que nos da la cobertura…
para remontar el vuelo
si nos quedamos a oscuras.
Lo ve todo. Es muy sincero.
Una plácida aventura.
La caricia del sosiego
donde no hay reja ninguna.
A lo lejos una luz habla de amor.
El crepúsculo no es ciego,
ni el aliento una armadura.
Es el rayo del consuelo.
La caricia que perfuma.
El bálsamo del viajero
que, abrazado a su locura,
encontró en su propio cuerpo
la ventana que lo cura.
A lo lejos una luz habla de amor.
* La foto está hecha en Uruguay por mi querida amiga Maitena.



Cucuza Castiello

 


Paula Mattheus

 

Kike Marcos

LA CIUDAD INCLINADA: 

Primera novela de Kike Marcos.Una muerte, un metrónomo y un código imposible. Ayúdame a convertir LA CIUDAD INCLINADA en un libro y forma parte de su primera edición.

LA CIUDAD INCLINADA

Una muerte. Un metrónomo. Un código.

La ciudad inclinada es una novela de misterio y suspense que transcurre entre Madrid, Granada y Veracruz.

Todo comienza con una muerte que no termina de encajar. Un viejo metrónomo, una serie de pistas y un código aparentemente imposible —3-1-2-2-1— llevarán a Norman a tirar de un hilo que conecta personas, lugares y secretos que alguien lleva mucho tiempo intentando mantener ocultos.

La novela ya está escrita.

Ahora quiero dar el siguiente paso: convertirla en un libro y hacer que llegue a sus lectores.

Para conseguirlo vuelvo a Verkami, una plataforma que ya me ha acompañado en otros proyectos y que me permitió hacer realidad mis dos libros de poemas y la fabricación de mi último disco.

Esta vez el proyecto es diferente.

Esta vez quiero publicar una novela.

Y quiero hacerlo contando contigo.

LA NOVELA

La ciudad inclinada es una novela de misterio y suspense en la que la música forma parte de la propia trama.

La historia combina investigación, secretos, relaciones personales y una conspiración que irá creciendo a medida que Norman y quienes le acompañan descubran que están entrando en un terreno mucho más peligroso de lo que imaginaban.

El libro tendrá aproximadamente 300 páginas.

La edición será realizada junto a la editorial Círculo Rojo.

¿POR QUÉ VERKAMI?

La novela ya está escrita.

Este crowdfunding no pretende financiar la escritura de la historia, sino hacer posible su primera edición física.

Vuelvo a Verkami porque ya conozco de primera mano lo que puede conseguir una comunidad cuando decide apostar por un proyecto.

En anteriores campañas pude publicar mis libros de poemas Hoy no es un día cualquiera y No traes más que poemas, además de hacer posible la fabricación de mi último disco, Haremos del mundo una fiesta.

Ahora quiero repetir aquella experiencia con un proyecto completamente diferente.

Una novela.

Y me gustaría que quienes apoyéis esta campaña forméis parte de su primera edición.

QUIÉN SOY

Soy Kike Marcos.

Músico, poeta, periodista y ahora también novelista.

Llevo años moviéndome entre la música y la escritura. He publicado poesía, he grabado discos y he trabajado como periodista y comunicador dentro del mundo de la música.

También colaboro con medios como Mariskal Rock y La Heavy, y desarrollo mi propio proyecto, Kilómetro Rock.

Durante todos estos años he contado muchas historias de otros.

Ahora me toca contar una mía.

Esa historia es La ciudad inclinada.

Crónica aquí.









El Kanka


 

Burning

 

Andrea Mazas

 LOS NOMBRES, SU FALTA

¿Soy huérfana de un nombre
si nunca lo pronuncié,
si nunca lo tuve?
Si tuviera que inventarlo
y lograra uno propio,
¿sería mío?
Si no fui algo que quise ser,
¿cómo llamarme?
Y si ya no quiero serlo
y no inventé ese nombre,
¿cómo vuelvo a casa?
Si me faltan nombres,
¿cuáles son los cimientos?
Solo pienso esto.
Que las posibilidades
son hilvanes
que el hilo
son los nombres.



Paco Ramos

 


Carlos Sadness

 

Martirio

  “Una se puede hacer mayor, pero no por ello vieja”

En el cuarto episodio de esta temporada de ‘Tercer Acto’, la cantante conversa con Fernando Navarro de las cosas buenas que da hacerse mayor, la preparación a la muerte, el misterio del amor y su vocación artística. Nota aquí.



El Roto

 


lunes, octubre 26, 2026

Kevin Johansen

 

María Guivernau

 


Ale Kurz

 


Fran Fernández

 

Charly García

No hay mejor Charly que García

Era 1990 y Charly estaba por iniciar una de esas series demoledoras en el Gran Rex, presentando Filosofía barata y zapatos de goma. Como era habitual, en la entrevista con Javier Andrade lanzó varias frases “de título”, pero una se llevó todas las palmas, fue la que encabezó el artículo en la revista 13/20: “No hay mejor Charly García que yo”.

Sigue sin haberlo.

En la Argentina hay miles y miles de Carlos y Charlies, pero basta decir “Charly” para que se figure solo uno. En la Argentina hay miles y miles de Garcías, pero García hay uno solo.

Por eso hubo una Semana García que acaba de terminar, y el viernes arreciaron las acciones y los mensajes virtuales dedicados a él, pero en realidad Charly es una presencia permanente, una frase que resume mil, canciones que resuenan una y otra vez en la fonola mental y en los parlantes y auriculares. García cumplió 75 años el viernes, pero García cumple todos los días.

¿Qué hubiera sido de nuestro rock sin él, sin Luis Alberto, sin Litto, sin Gustavo, sin Fito, sin Federico, el Indio, Miguel, Pappo, Andrés, siguen las firmas?

De los himnos hippies de fogón a los intrincados engranajes de La Máquina, a la perfecta síntesis de Serú, a una carrera solista que abrió con diez años tan perfectos que hicieron imposible que Charly pudiera competir con él mismo: quien pretenda considerar a la cultura de estas tierras sin García como presencia estelar estará viviendo en Saturno.

Charly, que cantó pequeñas anécdotas sobre las instituciones, se convirtió en una institución. No es paradoja ni contradicción: la institución-García es mucho más honrosa. Si ellos son la patria yo soy extranjero, etcétera.

A uno que pinta canas hace rato le llama la atención la fascinación hacia Charly de generaciones jóvenes que no pudieron verlo en su esplendor, que no estuvieron en esos -y otros- shows en el Gran Rex o el Luna Park u Obras en los que reclutaba a los mejores músicos del medio, se encerraban dos meses a ensayar horas y horas y salían y arrasaban con el escenario. Pero es que Charly atraviesa los tiempos, y a uno lo conmueve y le duele su estado de salud, sus dificultades, la pesada factura que le ha pasado una existencia a mil. Pero García, como todo grande, no tiene edad. No importa cómo está Charly hoy, importa quién es Charly hoy, ayer, mañana, en todo momento.

¿No ves que el mundo gira al revés?

Cuando se examina en retrospectiva, resulta curioso que en algún momento haya cantado “mientras miro las nuevas olas, yo ya soy parte del mar”. Aún antes de que Calamaro patentara eso del salmón, García hizo de nadar contra la corriente una costumbre. El fin de los ‘60, con Onganía en el poder, no era el ecosistema más apropiado para un hippie pelilargo de canciones que animaron miles de fogones de jóvenes igualmente sospechosos. Cuando todos querían más canciones para mi muerte y piedras rasguñadas -y hubiera sido el camino más fácil-, pateó el tablero y buscó fundirse en una identidad grupal con La Máquina de Hacer Pájaros. No funcionó: Charly siempre se relacionó con músicos talentosos, pero él iba demasiado a menudo con una marcha más.

La historia se repitió con Serú Girán, y hay que remarcar una vez más la profundidad de la huella que dejó junto a David Lebón, Pedro Aznar y Oscar Moro en solo cuatro, fulgurantes años. De 1978 a comienzos de 1982, García perfeccionó ese arte que ya asomaba en Sui Generis y La Máquina (“La paranoia es quizás nuestro peor enemigo...”): retratar la siniestra realidad circundante de modo que su gente lo entendiera de inmediato y los represores de turno lo siguieran considerando un monito inofensivo. Detrás de la belleza de “Seminare”, “Desarma y sangra” o “Cinema Verité” coló pinturas de época horrible como “Los sobrevivientes”, “Canción de Alicia en el país”, “Encuentro con el diablo”, “Viernes 3 AM”.

Pero cuando todos querían que Serú siguiera, aunque fuera sin Pedro, otra vez enfrentó la corriente. Y lo apenas esbozado en Yendo de la cama al living se convirtió en trompazo sonoro con Clics modernos. Ni canciones de fogón ni extensas suites progresivas: de pelo corto y sonido neoyorquino, se rió de las acusaciones de “comercial” y se puso gozosamente a la par de modernos vilipendiados como Virus, Los Abuelos de la Nada, Soda Stereo.

La misma táctica aplicada a la etapa Say No More, tres palabras extraídas de los Beatles clásicos de Help! para lanzarse a un terreno de experimentación incluso excesiva, capas y capas barnizadas de aerosol, vanguardia y collage sonoro cuando el mundo se volcaba al renacimiento del rock áspero y despojado de la mano de Nirvana. Nota aquí.



Dani Flaco

 


Natalia Lacunza

 

Alba Muñoz Carbonell

 DOS MESES PARA 2027

Y juraría que fue ayer
cuando enero entró por la ventana
y todavía teníamos doce meses
para equivocarnos de camino.
No sé en qué momento
dejaron de florecer los árboles,
cuántos atardeceres me perdí
pensando que habría otros.
Siento que cerré los ojos un segundo
y cambiaron todas las estaciones.
Que hubo personas que llegaron en primavera y no alcanzaron el otoño.
Que algunas despedidas
todavía llevan ropa de verano.
Que hay conversaciones de febrero
que siguen doliendo en octubre.
Faltan dos meses para 2027
y yo todavía estoy aquí,
con un pie en enero,
el corazón en algún día de junio
y las manos llenas de octubres.
Qué deprisa pasa la vida
para todo lo que queremos quedarnos.



Paula Mattheus

 


Mr. Kilombo & Rozalén

 

Leonardo Padura

 La isla vaciada

Alrededor de dos millones de personas, un 20% de la población, se han ido de Cuba en cuatro años

En el aeropuerto internacional José Martí de La Habana hay una línea aérea con destino a otros países cuya fila tiene una reveladora peculiaridad: entre los pasajeros que se disponen a chequear, siempre hay varias familias que incluyen niños. Todos los días. Durante muchos días. Un empleado de esa aerolínea me ha dicho: cada semana se va un aula escolar. Cada dos meses sale del país una escuela, concluye. El dato, absolutamente empírico es, sin embargo, tan real que provoca, cuando menos, preocupación. La nación pierde así parte de su futuro y esa es una coyuntura que provocará muchas consecuencias.

Ahora el destino de esos viajeros, que en realidad son migrantes que se van para no volver —al menos sin intenciones de hacerlo— es Guyana, el puerto de llegada de los vuelos de esa aerolínea. Algunos de ellos se quedarán en ese país suramericano, medio perdido de las expectativas migratorias universales, aunque la mayoría seguirá en busca de las fronteras brasileñas, a las que llegarán por diversos medios ya más o menos establecidos. En ese país les espera una legalización de su estatus que resulta bastante expedita y la posibilidad de encontrar trabajo. Para los padres de esos niños, y para ellos mismos, ese es el futuro, y confían en que será mejor que el presente que han estado viviendo por años en su país.

Durante un tiempo, antes que Guyana, el punto de desembarque de esos emigrantes cubanos, muchos de ellos con sus niños a cuestas, fue Nicaragua. Desde allí, en los más diversos medios —cuya seguridad y rapidez dependían de la tarifa que se pudiera pagar— emprendían el recorrido por parte de Centroamérica y México conocido como “la ruta de los coyotes”. Buscaban la frontera sur de Estados Unidos, país al cual ingresaban con relativa facilidad por su condición de ciudadanos cubanos. Esta vía de escape, a la que muchos recurrieron a partir de 2021 cuando se aliviaron las restricciones de la pandemia del coronavirus, se le ha calculado un costo de unos 10.00 dólares. Hace un par de años, con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y la exigencia nicaragüense de un visado para ingresar en su territorio, semejante opción de escape se clausuró, al mismo tiempo en que se suspendía la otra vertiente migratoria de los programas de visados humanitarios, parole y de reunificación familiar que había establecido el gobierno del demócrata Joe Biden, luego cancelados por Trump quien, además, ha ordenado deportaciones de algunos de los beneficiados con esos programas migratorios.

Una porción importante de los migrantes cubanos llegados a Nicaragua que no lograron pasar a Estados Unidos, hoy permanecen en México y han formado populosas colonias como la de la ciudad de Tapachula, estado de Chiapas, o en Cancún, Quintana Roo. Establecidos en México, luchan por construirse el futuro y muy pocos son los que han optado por regresar a su lugar de origen. Mientras, en la ciudad brasileña de Curitiba existe hoy una “pequeña Cuba” en la donde se han asentado muchos de los salidos de la isla del Caribe.

Además, en todos esos años recientes uno de los sitios más concurridos de La Habana son las oficinas del Consulado General de España, sitio en el que se procura mucho más que una “visa para un sueño”: se aspira al pasaporte europeo que puede haber sido la mejor herencia que les dejó el abuelo español que emigró a Cuba huyendo de la pobreza en que vivía y persiguiendo lo que ahora buscan sus descendientes cubanos: un futuro.

A todas estas personas los empujan más o menos las mismas razones: las carencias de la vida cotidiana en Cuba que no han hecho más que crecer en los últimos años hasta límites que pueden resultar grotescos. Y, sobre todo a los que viajan con esos niños que cada semana suman los integrantes de un aula escolar, los mueve un ansia de concebir un futuro que para ellos está en otra parte. Y a veces ni siquiera importa la parte, solo la distancia. Nota aquí.



Pez Mago

 


Burning

 

José Luis García Sánchez

 Muere a los 85 años el cineasta José Luis García Sánchez, director que usó el humor para filosofar sobre la vida

El ganador de la Berlinale con ‘Las truchas’ y de dos premios Goya en guion fue un agitador intelectual, un analista perspicaz de España y uno de los directores más queridos por sus compañeros.

El cineasta José Luis García Sánchez (Salamanca, 1941) ha fallecido este domingo a los 85 años en Madrid. Se pierde así una figura imprescindible del cine español, un creador dotado de un humor acerado, una capacidad analítica prodigiosa sobre España y una de las mentes más rápidas de la industria audiovisual, un talento que ha heredado su hijo, el también cineasta Víctor García León, fruto de su matrimonio con Rosa León. Tras un tiempo sufriendo una enfermedad neuronal, García Sánchez ha muerto, además, un día después del centenario del nacimiento de Rafael Azcona, su amigo y colaborador.

En su carrera tocó casi todos los palos. Hizo musicales como La corte del faraón (Concha de Plata del festival de San Sebastián a la mejor dirección); crónicas políticas y sociales como La noche más larga o La marcha verde; comedias negras como Las truchas, con la que ganó la Berlinale de 1978; adaptaciones literarias como Tirano Banderas o Divinas palabras, ambas de Valle-Inclán, Tranvía a la Malvarrosa o Los muertos no se tocan, nene, de sus dos íntimos amigos, Manuel Vicent y Rafael Azcona (“Era un literato que escribía para el cine. Fue el inventor del esperpento cinematográfico”, decía García Sánchez sobre el mítico guionista), o sainetas como El vuelo de la paloma y documentales como Dolores.

Y estas son solo algunas de sus películas. También hizo Suspiros de España (y Portugal), El love feroz, Pasodoble, El vuelo de la paloma, Siempre hay un camino a la derecha, Adiós con el corazón o María querida. Cinco veces candidato al Goya al mejor guion, tanto en categoría de original como adaptado, lo ganó en dos ocasiones: como uno de los guionistas de Belle Époque y, junto a Azcona, como adaptador de Tirano Banderas.

También escribió relatos y dirigió teatro: “A mí me gusta más el teatro que el cine. El teatro es sagrado. De ninguna cosa que he hecho en cine estoy más satisfecho que del montaje teatral de El beso de la mujer araña, de Manuel Puig. Ahí hice un trabajo bueno, en cine no tanto… Aun así, estoy contentísimo de haber hecho todo lo que he podido de Valle-Inclán. Los chicos de los colegios no lo conocen, sí a Azorín porque es de párrafo corto. A mí ningún profesor me animó nunca a la lectura, o te hacían leer a Pereda. ¿Por qué coño en el colegio no me enseñaron más cosas del teatro español? ¿Cómo ahora no se está explicando quién fue Rafael Azcona? No va a pasar mucho tiempo sin que se descubra que ha sido uno de los mejores narradores del siglo XX en España. Ese no reconocimiento nuestro es la leche“, le contaba a Diego Galán en 2016, en un artículo en el que el crítico le calificaba, de manera acertadamente precisa, como ”agitador imparable".

Hijo de militar de alta graduación, aunque nació en Salamanca, desde niño vivió en el barrio madrileño de Cuatro Caminos, y en los cines de aquellas calles, cuando había varias salas en cada barrio de cada gran ciudad, se le despertó a García Sánchez el ansia por hacer aquello que veía. “Es el oficio más bonito del mundo. No es un trabajo fijo, los compañeros cambian, no son siempre los mismos; y, a veces, te pagan”, aseguraba décadas más tarde. Licenciado en Derecho y Sociología en la Complutense, entró en la Escuela de Cine, donde sus maestros fueron Carlos Saura y otro salmantino, Basilio Martín Patino.

Y el éxito le llegó pronto. Tras El love feroz o cuando los hijos juegan al amor (1975) —película que llamó la atención de Azcona y por eso le llamó para conocerse; así nació su colaboración— y Colorín colorado (1976), en 1978 ganó el Oso de Oro de la Berlinale con Las truchas, uno de sus brutales y correosos retratos de España: medio centenar de miembros de una asociación de pesca deportiva se reúnen en un restaurante a las afueras para celebrar su comida anual y repartir premios. El banquete va realmente mal, entre la entrada de gorrones al salón, la huelga de los cocineros y el remate final: las truchas del ganador del concurso están en mal estado, porque no proceden precisamente de la pesca. Todo, espejo de la España de la época. Nota aquí.






Juan Ramírez de Lucas

 


Monstriña

 


domingo, octubre 25, 2026

Ceci Boeta

 

Rafa Mora

 Es el metal de los días.

El óxido adherido a los respiraderos.
La nube despiadada de la tristeza que no cicatriza en este mundo que se derrumba por momentos.
Es la esencia etérea de la felicidad.
La hipérbole que sobrevuela los limoneros y los robles de septiembre.
Es esta deflagración sin oxígeno.
Sin aspavientos en los atardeceres.
Sin naufragios que al menos otorguen silencio y soledad.
Es esta verdad velada como las fotografías que nos miran reincidentes entre bambalinas.
Soy yo caminando a través del sendero soleado y caluroso.
Soy yo con las preguntas vacías de interrogación.
Con el vaivén incierto de los horizontes.
Dejo atrás la madrugada desvelada.
Estas ojeras de luz.
Está contienda de vida.
Soy yo.
Punto ínfimo en un universo cromático y hermoso.