miércoles, febrero 18, 2026

El Kanka

 

Ramón Serrano

 LLUVIA

,¡Hay que congoja!
las acacias esqueléticas y mudas
resisten ese crudo invierno que se avecina
caen las aguas desde un cielo infinito
se anegan escenario y proscenio
toda una lección a mi indiscutible debilidad
cómo ellas deben resistir a esa pertinaz lluvia
no sé si llegaré para verano
cuando calienta el sol al calendario
vendrán a conocer y visitar a las acacias
con todas sus verdes y brillantes hojas
sus flores amarillas ya apagadas
resistiré si puedo hasta las horas de canícula
les presentaré las retorcidas acacias
supervivientes del crudo invierno
de agua y de nieves
el descomunal frío del Kelvin absoluto
allá donde quiere la lluvia que yo me vaya.



Pez Mago Trío

 


Manza

 

Juan Carlos Desanzo

 Adiós a Juan Carlos Desanzo, un cineasta que hizo época

Entro al mundo de las películas de la mano de Pino Solanas y a través de la violencia extrema logró hacer explícito aquello que, hasta ese momento, la dictadura había ejecutado de forma silenciosa.

Se puede decir que la muerte es un evento al que por lo general se llega de forma inesperada. Con excepción de suicidas y ejecutados, las personas no saben ni pueden elegir cuándo van a morir, aunque algunos casos parecen desmentirlo. El del cineasta argentino Juan Carlos Desanzo, fallecido durante la noche de este lunes, parece ser uno de ellos. Y es que el 16 de febrero de 2026 no fue un día más: ayer también se conmemoraron los 90 años del nacimiento de Fernando “Pino” Solanas, uno de los nombres mayores del cine argentino, a quien Desanzo le debe el haber ingresado en el mundo de las películas. Que la fecha de su muerte coincida con la del nacimiento de Pino es una de esas casualidades que se parecen mucho al destino.

La carrera de Desanzo como director comenzó con el final de la dictadura, con el estreno en 1983 del policial El desquite, que contaba con uno de esos elencos que son un clásico del cine argentino de aquella década: Rodolfo Ranni, Julio De Grazia, Silvia Montanari, Héctor Bidonde y un muy joven Ricardo Darín. Pero para ese momento ya contaba con una larga y sólida filmografía como director de fotografía. Para hablar de sus comienzos hay que remontarse a mediados de la década de 1960, cuando con poco más de 20 años ingresó al mundo de la publicidad gracias a Solanas, que por entonces tenía su propia agencia, Swing Producciones, y era uno de los directores publicitarios más exitosos de la Argentina.

Desanzo, a quién por entonces apodaban “Papucho”, llegó hasta Pino por recomendación de otro nombre histórico del cine argentino, Juan José “Buby” Stagnaro, quien, a pesar de tener la misma edad, había sido su mentor y le había enseñado todo sobre la fotografía cinematográfica. Ocurrió que Solanas quería dedicarse de lleno a la producción de su primera película, pero no quería descuidar el negocio publicitario, al que detestaba pero le permitía financiar su proyecto en el cine. Felipe Celesia cuenta bien esa historia en su libro La hora de los hornos. Arqueología de un país que ya no existe (Editorial Paidós). “Desanzo se convirtió rápido, por mérito propio, en asistente fijo de la productora y Solanas le hizo la oferta usual: todo el trabajo publicitario que llegara a Swing a cambio de colaboraciones para su proyecto de largo”.

Así fue que el joven Desanzo acabo convirtiéndose en el director de fotografía de La hora de los hornos (1968), ópera prima de Solanas y Octavio Getino, y también su primer trabajo en cine. Se trata del documental más importante del cine argentino y uno de los mayores exponentes de cine político en la historia, entre otros muchos méritos. Aunque el prejuicio indica que el cine era y es un oficio de chicos burgueses, el origen de Desanzo no podía ser más modesto y así lo narra Celesia en su libro.

“Cuando niño, en los años ‘40, su familia vivía en Palermo, cuando ahí residían los habitantes más humildes de la Ciudad de Buenos Aires. Según cuenta Papucho, eran tan pobres que su madre le hacía pantalones con bolsas de arpillera que juntaba en los silos de la calle Dorrego. El pequeño Juan Carlos detestaba esa prenda porque lo hacía sentir desnudo. Estuvo condenado a los pantalos caseros hasta el día que la Fundación Evita visitó el barrio y la propia Evita, parada en la caja del camión con un delantal sucio, le tiró unos pantalones luego de calcular, a ojo, si era el talle correcto. Desde ese momento Desanzo no pudo ser otra cosa que peronista”. Nota aquí.



Tute


 

martes, febrero 17, 2026

Pez Mago & Luis Ramiro

 


Juanlu Mora

 


Ariel Prat

 


Alejandro Vigil

 

David Uclés

 "A Lorca le preguntaría cuántas veces tuvo la tentación de irse del país y cuáles fueron los motivos por los que no se marchó"

El escritor más vendido de los últimos tiempos, David Uclés, vuelve, tras la tormenta mediática, para hablar de literatura y de vida. La conversación comienza por su nueva novela, ‘La ciudad de las luces muertas’ (Destino), pero al final acabamos hablando de todo: de su próximo retiro en Praga, de Rosalía, de Lorca, de Miguel Hernández, de Oliver Laxe, de bullying, de redes sociales, de su estilo campestre y hasta de la magdalena de Proust.

Hoy estoy feliz porque vuelvo a encontrarme con un escritor que no solo es el más vendido de los últimos tiempos, sino que además es un hombre –como diría mi padre– que se viste por los pies. Es sensato, coherente, trabajador, inteligente, amable, valiente, y dice siempre lo que piensa sin herir al contrario y asumiendo la repercusión. Vamos, un rara avis en estos tiempos que corren. Quizá por eso en pocos meses se ha convertido en una especie de estrella del rock de la literatura y también en el centro de la diana de algunos pocos, pues brillar en nuestra Iberia –su península del alma– trae consigo pagar el precio de la envidia. Sabes de lo que hablo, ¿verdad? Pero él ni se despeina, y eso que tiene pelazo.

Hoy estoy feliz, sí, porque el autor del exitazo editorial titulado La península de las casas vacías (Siruela) –revisa aquí la entrevista que le hice entonces– acaba de presentar su cuarto trabajo, La ciudad de las luces muertas (Destino), y llega a las librerías no solo avalado por el prestigioso Premio Nadal, sino por su elegante comportamiento frente a la adversidad. A estas alturas, ya sabrás de quién te hablo, ¿no?, pues creo que a nadie en España –perdón, en Iberia– se le escapa que David Uclés (Úbeda, Jaén, 1990) se ha visto envuelto, además de en el éxito y la fama, en una polémica absurda por el simple hecho de no querer participar en un congreso sobre la Guerra Civil española titulado La guerra que perdimos todos.

Pero como en Esquire no nos interesan los ríos de tinta que corren en una y otra dirección, sino la calidad de las obras literarias y las personas que las escriben, prefiero hablar de la carta de amor que Uclés le ha escrito a Barcelona, en la que ha congregado, como en la mejor de las fiestas, a los intelectuales más brillantes de todos los tiempos que por allí pasaron. De Lorca a Carmen Laforet, de Dalí a Mercè Rodoreda, de Ana María Matute a Rosalía y de Vargas Llosa a Freddie Mercury, entres otros, para que todos, y entre todos, nos recuerden que “la palabra y el arte son las mejores herramientas para dispersar la oscuridad”. La de entonces y la de ahora. Como comprenderás, el relato rezuma grandes dosis de realismo mágico –marca de la casa–, pues si no sería imposible reunir en una historia coral a personajes tan dispersos en el tiempo. A continuación, las palabras serenas del autor –amigo querido de nuestra revista y Premio Esquire Hombre del Año 2025– que, tras la tormenta mediática, vuelve a hablar de literatura y de vida, la suya, un ejemplo envidiable a seguir.

David, ¿cómo está tu corazón y qué sentimientos están pasando por él?

Está bien, gracias. Pero me tienen que operar otra vez, probablemente, porque fibrilé hace poco. Pero no pasa nada porque ya me habían avisado de que a lo mejor me tenían que hacer varias ablaciones cardiacas. Y como es un procedimiento muy poco invasivo, estoy tranquilo. Y a nivel emocional estoy muy contento, muy feliz.

¡Me alegro! ¡Te lo mereces! Pero, ¿no será que tantas alegrías y alguna que otra confrontación te hace latir más fuerte?

Sí, lo sé. De hecho, en verano me retiro, me voy al extranjero. Tengo pensado irme un par de años. La decisión es firme, así que ya me queda poco.

Pues nos vas a dejar un poco huérfanos, porque nos estás dando grandes novelas y mucho salseo.

[Risas], gracias.

David, ¿cómo llevas eso de que todo el mundo hable y opine de ti, cuando hace un año la mayoría de la gente no te conocía? ¿Te gusta la fama, te incomoda, te extraña?

A ver, si soy sincero prefiero que hablen de mis libros a que hablen de mí. Pero bueno, si el precio a pagar para que se hable del libro es que hablen de mí, pues que hablen. Pero mi alegría obviamente es cuando hablan de lo que hago, de la literatura. Lo que se dice o se comenta a parte de mi trabajo solo reporta un ego inmediato que se va igual que viene. Y a mí esto me da igual. Yo quiero lo otro. Pero no me estoy quejando, ¿eh?, que la fama no cansa, cansa más recoger aceitunas, te lo aseguro.

Imagino... Y perderte ahora entre tanto ruido, después de lo que te ha costado llegar hasta aquí, no es el plan, ¿verdad?

Pues no, por eso evito el ruido en la medida de lo posible. Prefiero no entrar en él. Que lo genere quien quiera. Yo me centro en lo literario, que de momento es mi oficio.

Hablemos pues de tu nuevo libro y de la luz que has traído con él. ¿En qué momento se te encendió la bombilla para escribir La ciudad de las luces muertas (Destino) y congregar, como en un aquelarre, a escritores, pintores, médicos, filósofos, poetas, fotógrafos, pensadores, arquitectos y artistas de todas las épocas y condición, empezando por Ruiz Zafón, Carmen Laforet, Vargas Llosa, Ana María Matute, Josep Pla, Roberto Bolaño, Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Freddie Mercury, Rodoreda, Loca, Dalí, Rosalía o Eduardo Mendoza?

Se me encendió en 2021 cuando me presenté a la beca Montserrat Roig. Presenté un proyecto que trataba sobre las estrellas literarias de la ciudad de Barcelona. Me concedieron la beca, me mudé allí, me empapé de Barcelona y me puse a escribir de ello. Entonces, cuando investigaba todo lo que había supuesto la literatura para esa ciudad, me di cuenta de que había un filón muy grande y de que tenía muchas ganas de darle voz a todos esos personajes. También observé que los problemas universales que sufrimos hoy en día, estos artistas, mediante el arte –porque no son políticos, son artistas– lograron sobreponerse a ello. Entonces pensé que era conviene mostrar que en el pasado, ante la oscuridad —oscuridad interna u oscuridad total— todos arrimaron el hombro y, mediante la catarsis del arte, revolucionaron un poco su sociedad y devolvieron la luz al pueblo. Por lo tanto, me pareció un discurso muy actual que se puede aplicar a estos tiempos que estamos un poco entre tiniebla.

O sea, que esta carta de amor a Barcelona podría servirnos de linterna y de recordatorio de que la unión hace la fuerza, por ejemplo.

Exacto, porque además vivimos en una época en la que estamos tan individualizados que tenemos miedo a decir lo que pensamos, porque eso nos podría costar el trabajo. Hay ejemplos en otros tiempos en los que la gente sí daba su opinión y hacía comunidad y se enfrentaba, aunque luego las fuerzas de seguridad pudieran cargar contra ellos. Y yo creo que hay que luchar por lo que uno cree que es mejor para su sociedad y hay que utilizar la palabra como arma y usarla. Eso nos lo demostraron con creces Mercè Rodoreda, Montserrat Roig y tantos artistas que tuvieron que exiliarse y están presentes en el libro. Nota aquí.



Daniel Hare

 


Paris Joel

 

José Larralde

 ...

Mucho tiempo me ha costao'
d'entran donde d'entra el tiempo,
y hace rato estoy sabiendo
que d'entré por proyección,
al transformarme en embrión...
d'entré por fuera y por d'entro.
Por fuera.., pa' los que ven,
por d'entro.., pa' los que sienten,
por fuera pa' los que encuentren
en materia su verda'...
por d'entro en la eternida'
y en la luz más refulgente.



Dani Flaco

 


Salvador Amor

 

Homenaje a Javier Krahe

 Santy nos cuenta por Facebook.

Este miércoles, el maestro Andreas Prittwitz me ha invitado a cantarme unas cuantas coplas del Krahe junto a él en el Ateneo De Madrid. Un lujo y un honor. Además no será el único homenaje que le daremos a nuestro Dios, pronto daremos señas de uno muy pero que muy especial.




Iñaki y Frenchy

 


lunes, febrero 16, 2026

Rafa Mora & Moncho Otero

 


Aimar Bretos

 

Luis Miguel Malo Macaya

 NOCTURNO de FEBRERO

La noche de febrero me aconseja
un no sé qué que... va a quedarse en nada.
Busco en mi biblioteca un libro y pierdo
el tiempo en encontrarlo: ¿dónde estaba
aquél poeta? Escribo mientras pienso
que no lo tengo aquí: busco palabras
en las que me recuerde quién un día
leí con interés y se llamaba...
Ahora , no sé por quién, caigo en la cuenta:
estoy llorando nombres que me faltan



Joan Camps & Raúl Parra

 


Rosalía

 

Robert Duvall

 Muere el actor Robert Duvall, la leyenda de ‘Apocalypse Now’ y ‘El padrino’, a los 95 años

El intérprete, ganador del Oscar por ‘Gracias y favores’ y que empezó en el cine en ‘Matar a un ruiseñor’, falleció el domingo en su rancho de Virginia.

“Para el mundo, era un actor ganador del Oscar, un director, un narrador. Para mí, lo era todo”. Con estas palabras, Luciana Duvall anunciaba en redes sociales que su marido, la leyenda de la interpretación Robert Duvall, había fallecido el domingo a los 95 años en su rancho de Virginia.

Duvall será por siempre el consigliere Tom Hagen en El padrino, donde hacía ofertas irrechazables como consejero de la familia Corleone, y el coronel Kilgore, al que le encantaba el olor a napalm por la mañana, en Apocalypse Now, ambas de Francis Ford Coppola. Pero gracias a su talento, trabajó durante siete décadas en el cine. El premio Oscar lo ganó por Gracias y favores, aunque logró otras nominaciones con las dos películas mencionadas por Coppola, El don del coraje, Camino al cielo, Acción civil y El juez. Nada mal para alguien en cuya primera película no decía ni una palabra (dio vida al callado y solitario Boo Radley en Matar a un ruiseñor en 1962), aunque ya venía curtido del teatro y la televisión.

“Su pasión por su oficio solo era comparable a su profundo amor por los personajes, una comida exquisita y su capacidad para conquistar el corazón. En cada uno de sus muchos papeles, Bob lo dio todo por sus personajes y por la auténtica esencia humana que representaban. Al hacerlo, nos deja algo duradero e inolvidable. Gracias por los años de apoyo que le brindaron a Bob y por brindarnos este tiempo y privacidad para celebrar los recuerdos que nos deja”, contaba en el comunicado su esposa Luciana, actriz y directora argentina, con la que compartía su pasión por el tango.

Duvall fue un estajanovista de la interpretación, experto jinete y digno cantante, especialmente de temas country. En su rancho pudo disfrutar de todos esos amores, a los que añadió su interés por la historia: con el tiempo coleccionó numerosos objetos de la guerra civil estadounidense que encontró en sus terrenos. Y cerró su carrera por todo lo alto en 2022, con dos títulos muy interesantes: Los crímenes de la academia, de Scott Cooper, con el que ya había trabajado en Corazón rebelde, y Garra, la película de baloncesto protagonizada por Adam Sandler. En una de sus visitas al festival de San Sebastián, donde recibió el premio Donostia, aseguró: “Estoy abierto a las sorpresas, a todo lo que pueda aparecer por cualquier esquina, mucho mejor que las cosas tan planificadas”. En la interpretación y en la vida: conoció a su esposa Luciana en 1996 en Buenos Aires, donde él rodaba una película. Duvall iba a comprar flores y, tras encontrarse la floristería cerrada, anduvo hasta una pastelería cercana. Ahí se cruzó con Luciana, que le invitó —sin saber quién era— a la inauguración de un salón de tango.

Por cierto, en aquel festival de 2009, aseguró: “Los realizadores independientes actuales habrían aguantado el tipo entonces [en el Nuevo Hollywood]. El problema es que el cine independiente se está marchitando por culpa de la situación económica, pero lo que está claro es que en cualquier país, en cualquier lugar que haya alguien con una cámara en la mano con ganas de contar una historia, habrá material para realizar una película. Lo que a mí me supera es el dinero que se ve alrededor de las grandes producciones. Todas son películas de 100 millones de dólares. Preferiría que se hicieran diez de 10 millones de dólares. No es difícil encontrar buenas historias y papeles; lo complicado es levantar los proyectos desde el punto de vista financiero. Estamos peor que nunca en este aspecto”. Lo decía como actor de aquel Nuevo Hollywood y como director él mismo de cinco largos en cuatro décadas. Un ejemplo de esta brega es Camino al cielo (The Apostle) (1997), que escribió, dirigió, protagonizó, cantó en ella y puso de su bolsillo cinco millones de dólares cuando ningún estudio quiso respaldarla financieramente. Nota aquí.





Gioconda Belli

 


Silvio Rodríguez

 

Juan José Campanella

 Juan José Campanella estrena Parque Lezama en cines: su relación con Netflix y por qué es secreto quién le pone la voz a Mafalda

Cuenta por qué, tras realizar 1.170 funciones en teatro, filmó la película con Luis Brandoni y Eduardo Blanco.

Adelanta cuánto estrenará la serie sobre el personaje de Quino y habla de la crisis del cine argentino.

Hace unos años Juan José Campanella me revelaba que se había quedado sin ganas de hacer cine. Los problemas de financiación, por un lado, y la baja de espectadores en las salas en todo el mundo lo sumía en una duda, nada menos al último argentino ganador de un Oscar para la Argentina por El secreto de sus ojos.

La verdad es que el director de El hijo de la novia y El hombre de tu vida está trabajando mucho más en los Estados Unidos que en su propio país. Algo que cambiará cuando el jueves que viene estrene Parque Lezama, la película que realizó y que se basa en la obra de teatro homónima, y en la que volvió a dirigir, como en el teatro, a Luis Brandoni y Eduardo Blanco.

Campanella ahora está en Nueva York, haciendo frente a un frío gélido -ya contará cómo las tormentas de nieve afectan o no la grabación de la serie que está dirigiendo-. Y se hizo un espacio para atender a Clarín vía Zoom, desde su departamento en Manhattan para hablar de Parque Lezama, sí, pero también de Mafalda, la serie animada, de su relación con Netflix y de la problemática crucial que afronta hoy el cine argentino.

Campanella no dirigía una película para cine desde 2019, cuando estrenó aquí El cuento de las comadrejas. Sí realizó mucha TV, más que nada en los Estados Unidos, como varios episodios de La ley y el orden: Unidad de Víctimas especiales.

-¿Cómo viene “La ley y el orden”?

-Estoy haciendo el cuarto de los cinco capítulos que tengo esta temporada, así que viene bastante bien. Nos estamos concentrando en menos directores, pero que conozcan realmente el programa, no solo para eficientizar, porque cada vez que hay que cambiar, cuando queremos cambiar algo, o ir por una dirección distinta para mantener el programa fresco, es mejor los que ya conocen lo que se hizo. Trabajamos todos con mucha confianza. La verdad que es muy lindo, es muy buen ambiente de trabajo.

-¿Y las tormentas? ¿Tuvieron problemas para filmar?

-Sí, sí, sí, es complicado. Pero como La ley y el orden transcurre en Nueva York, y se filma de acuerdo a la temperatura y a la estación que estamos viviendo... Hay una escena en la que tengo una corrida de los protagonistas por casi 60 metros, que estoy pidiendo por favor que nadie toque la nieve, así van dejando las huellas a medida que van corriendo. Sí, hay una profundidad de nieve así (hace señas con los brazos), así que sí, va a estar lindo, va a estar lindo.

Campanella y el récord de "Parque Lezama"

-Juan, ¿cuántas funciones hiciste de “Parque Lezama” en total?

-Armé una base de datos de teatro desde el 2010 hasta ahora. Te digo una cosa: es la obra que más espectadores tuvo después de Toc Toc, desde el 2010 hasta ahora. Y si le agrego las 100 funciones de España, tuvo 1.170 funciones, y la vio un total de 383.188 espectadores. Nota aquí.






Ana Milán

 


Fernando Kabusacki

 


Gonzalo Aziz

 Gonzalo Aziz: el día que conoció a Sabina, su pasión por las motos y el motivo por el que “jamás” abriría una cuenta en Tinder

El periodista al frente de “La Tarde de Infobae”, recorre en esta entrevista su historia personal, desde su vocación musical postergada hasta sus aventuras en moto por la Argentina. También, cuenta que su máximo deseo es formar una familia aunque nadie lo encontrará en una app de citas.

Mucho antes de convertirse en uno de los analistas políticos más reconocidos de la televisión argentina, Gonzalo Aziz era un chico de Adrogué que encontraba su refugio en el piano y la guitarra. “Viví en una casa con muchos amigos”, recuerda el hijo único de una familia de clase media, sostenida por dos padres con vocación de servicio: un papá, ingeniero, que le enseñó a tocar sus primeros acordes a los nueve años; y una mamá educadora y directora de escuela, que marcó a fuego su sensibilidad y su forma de mirar al otro.

Durante años soñó con ser músico profesional. Los tests vocacionales en la secundaria le daban “99,9 % música”. Sin embargo, el temor de sus padres ante la incertidumbre de esa carrera y una conversación clave con una psicopedagoga del colegio, lo llevaron a anotarse en Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires. “Lo tuyo es comunicar. No importa qué, comunicar”, le recomendó la especialista. Allí descubrió una pasión inesperada por el periodismo y, más tarde, por la política. Ese recorrido lo llevó también por una maestría en Política en la Universidad Austral y un posgrado en Ciencias Políticas en la Complutense de Madrid.

Hoy, tras 23 años en la señal de noticias TN Aziz desembarcó en Infobae en vivo, en lo que él define como “el mejor momento de su vida profesional”. Al frente de La Tarde de Infobae, de 18 a 21 y acompañado por Diego Iglesias, Malena de los Ríos, Matías Barbería, Gustavo Grabia y un equipo de expertos en política, economía y policiales, aportará lecturas especializadas y miradas diversas sobre la agenda del día.

De traje y corbata en pantalla, pero con alma de músico y alas de motoquero –un legado de su tío-, repasa el camino que lo trajo a este presente que considera bisagra: la infancia en la parroquia de barrio, su primera banda de rock, el día que tocó con los músicos de Joaquín Sabina en Madrid, la libertad que le dan los viajes sobre dos ruedas, el cable a tierra que representa su familia y el deseo cada vez más latente de enamorarse y de formar la suya propia. Pero advierte: “Jamás me van a ver en Tinder”.

—¿Entendiste que querías ser periodista cuándo?

—Uf, te tengo que contar una historia larga pero lo voy a hacer corto. Toco el piano y la guitarra desde los nueve años y mi sueño siempre fue ser músico. Los tests vocacionales de la secundaria daban 99,9 % música. Hasta que un día se lo dije a mi viejo que es el que me enseñó a tocar la guitarra y me dijo: “¿Músico?”

—Él es ingeniero.

—Mi papá es ingeniero. Y mi mamá es educadora, es directora general de escuela. Y ahí como que el susto de mis viejos en esa época, en ese momento de nuestra historia, me generó cierto temor a mí también, así que hablé con la psicopedagoga del colegio al que iba y me dijo que estudiara comunicación que lo mío es comunicar. No importa qué, comunicar. Así que me fui a la UBA y me anoté y ahí empezó una pasión desconocida para mí por el periodismo y después por la política, que hoy me tiene en este lugar súper feliz.

—Hiciste Ciencias de la Comunicación en la UBA.

—Sí. Y después hice una maestría en Política en la Universidad Austral. Y un posgrado en Ciencias Políticas en la Universidad Complutense, en Madrid.

—Decidiste que te gustaba estudiar además.

—Sí, me encanta. Porque además creo que los que hablamos de política o de economía tenemos una responsabilidad con la gente que nos ve. Porque a veces nos escuchan, nos ven o nos leen, y no digo que determinamos su conducta, pero de repente, si confían en vos, quizás toman una decisión de inversión o de vida —o de lo que sea— porque vos estás diciendo: “che, al país le pasa tal cosa”. Entonces, la mejor manera que tengo de ser responsable con ese compromiso que nuestras audiencias ponen sobre nosotros es estudiando. Decir: “mirá, hice lo mejor que pude”.

—¿Cómo era esa infancia, cómo era esa casa?

—En Adrogué. Una familia de clase media que se hizo muy de abajo. Mi mamá era directora de la escuela a la que yo iba en la primaria. Cuando pasé a la secundaria, mi vieja dijo: no voy a ser la directora de la escuela a la que va mi hijo porque es una tragedia para él. Así que se puso un jardín de infantes que hoy es un tremendo colegio de avanzada para la Argentina, en el cual mi papá, ingeniero, ya trabaja desde hace mucho tiempo. Una casa con muchos amigos, con mucha familia. Nota aquí.



Alfonso del Valle

 


Lila Downs

 

Ramón Serrano

 HAIKUS DE LA MEMORIA

Con este mi afán
la existencia vagando
el infinito
Por el asfalto
corren las emociones
el hipocampo.
Los girasoles
esplendor en el valle
aquella infancia.



Manuel Vilas

 


Tute


 

domingo, febrero 15, 2026

Liuba María Hevia

 


Magdalena Ruiz Guiñazú

 Magdalena Ruiz Guiñazú: sus inicios como movilera, el momento más difícil de su vida y su compromiso con los derechos humanos

“Quería hacer cosas heroicas, como sueñan todos los jóvenes”, dijo en una una entrevista con Infobae. Hija de un diplomático, los comienzos de la periodista estuvieron marcados por sus coberturas en la calle. Abrazó su profesión hasta sus últimos días. Nació el 15 de febrero de 1931.

María Magdalena Teresita Ruiz Guiñazú Cantilo nació el 15 de febrero de 1931 en Buenos Aires. Era la novena hija de dos padres “añosos” para la época: María Celina Cantilo Ortiz Basualdo, de 44 años, y Enrique Ruiz Guiñazú, de 52. Y por eso, ella contaba que había sido criada por sus hermanos mayores, ya que sus progenitores estaban en edad de ser sus “abuelos”. Otros tiempos.

Se crio en una familia acomodada. Su padre, jurista, escritor y político, había sido Ministro de relaciones exteriores y culto y embajador ante la Santa Sede y España. De chica, comenzó a estudiar música dispuesta a convertirse en pianista. Pero, después, se dio cuenta de que no era demasiado buena para ese metié y decidió dedicarse al periodismo. “Quería hacer cosas heroicas, como sueñan todos los jóvenes”, dijo en una oportunidad durante una entrevista con Infobae.

Comenzó su carrera en la década del ´50. Sus primeros pasos fueron como redactora en revistas como Gente Joven, Leoplan, Damas y Damitas, Vosotras y Maribel. Luego se convirtió en movilera de Antonio Carrizo, quien conducía el noticiero Primera Noche en Canal 7. Más tarde llegó a la radio de la mano de Cacho Fontana y su Fontana Show, de Radio Rivadavia. Y finalmente desembarcó en Teleonce con Videoshow, un ciclo re recorría el mundo con filmadoras y videocassetteras que formaban “la máquina de mirar”.

El 3 de diciembre de 1956, a los 22 años, Magdalena se casó con César Alberto Doretti Seppilli en la Basílica Nuestra Señora de la Merced de Recoleta. Con él, su único esposo legal, tuvo a sus cinco hijos: Edmundo, Alejandra, Mercedes, Paula y César. Durante un buen tiempo, tuvo que ingeniárselas como para poder compatibilizar su trabajo con su rol de madre. Se separó en 1967. Y, recién cuando sus chicos crecieron, pudo dedicarse al ciento por ciento a su carrera.

Lo cierto es que, después de haber vuelto a formar pareja con Sergio Dellacha, con quien convivió hasta cuando éste falleció en 2006, le tocó vivir el momento más duro de su vida. Su hijo mayor, murió a los 28 años a raíz de un infarto. Ya había sufrido uno a los 18, después de jugar un partido de rugby. Y, desde entonces, la periodista estuvo pendiente de su delicada salud. Hasta que ocurrió lo peor. Y, según reconoció, si no hubiera sido por la contención de su compañero, nunca habría podido superar semejante duelo.

El dolor, sin embargo, siempre permaneció en su corazón. “La pérdida de un hijo es algo difícil de hablar y tiene una presencia constante. No te vas a olvidar nunca de ese hecho terrible. Es lo más desgarrador que le puede pasar a un ser humano. Sus hermanos también lo recuerdan y sus amigos con una cariño tan grande que de algún modo es como si estuviera presente”, le confesó a Graciela Fernández Meijide en una entrevista para Cada Noche, ciclo de la TV Pública.

Edmundo era médico y estaba a punto de casarse cuando falleció. En ese momento, Magdalena se cuestionó el hecho de haberse dedicado demasiado a su profesión y, según dijo, se convirtió en mejor madre y abuela. Sin embargo, nunca dejó de abrazar el periodismo. Entre los muchos éxitos de su carrera, hay que destacar Magdalena Tempranísimo, el programa radial que se convirtió en su marca registrada y estuvo al aire entre 1987 y 2006 por Radio Mitre. Pero también condujo Dos en la noticia junto a Joaquín Morales Solá por Canal 9, entre 1996 y 1997. Y en 2002 fue la conductora de Aventura National Geographic, por Canal 13, entre otros tantos trabajos.

Fue muy activa en su defensa de los Derechos Humanos. En junio de 1979 visitó Auschwitz, el campo de concentración donde fueron asesinadas más de 4.000.000 de personas, junto al Papa Juan Pablo II. Y recordó la experiencia como “el viaje más importante” de su vida. Años más tarde, en tanto, formó parte de la CONADEP (Comisión Nacional por la Desaparición de Personas) y formó parte de la investigación en el centro clandestino que funcionaba la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), trabajo que fue reflejado en el documental Nunca Más. Nota aquí.



Elvira Sastre


 

Chambao

 

Karra Elejalde

 Karra Elejalde, actor, 65 años: "El trabajo más duro de mi vida fue trabajar de niño en un negocio familiar sin horario ni sueldo"

El actor de 'Ocho apellidos vascos', pero también de películas de Amenábar, Almodóvar, Álex de la Iglesia e Iñárritu sorprende eligiendo el trabajo más duro de su vida.

Muchos pensarían que ser el centro cómico de la película más taquillera de la historia del cine español, Ocho apellidos vascos, es una bendición para cualquier actor. No sabemos si fue así para Karra Elejalde.

Antes de ese megabombazo de 2014, el actor vasco había trabajado en las tres películas más míticas de Julio Medem (Vacas -1992-, La ardilla roja -1993- y Tierra -1996-), con Álex de la Iglesia (Acción mutante -1993-), con Nacho Vigalondo (Los cronocrímenes -2007-), con Juanma Bajo Ulloa (Airbag -1997-), con Imanol Uribe (Días contados -1994-), con Pedro Almodóvar (Kika -1993-), con Jaume Balagueró (Los sin nombre -1999-), con Alejandro González Iñárritu (Biutiful -2010-) o con Icíar Bollaín (También la lluvia -2010-). Un currículum al alcance de pocos, poquísimos actores de nuestro país. Por eso nos da algo de rabia que Ocho apellidos vascos y Ocho apellidos catalanes sea lo primero, y casi lo único, que internet escupe de él como presentación.

Después de esos dos éxitos populares, aunque vinieron otras comedias en la línea, más o menos olvidables, lo cierto es que Elejalde también ha trabajado con cineastas de la talla de Alejandro Amenábar (Mientras dure la guerra -2019-) o televisión tan notable como El día del mañana (Mariano Barroso, 2018). Famoso, a su pesar o no, nos queda claro que Elejalde cumple su objetivo de trabajar mucho, pero sobre todo bien. Por eso, la última vez que hablamos con él nos sorprendió el trabajo que recordaba con menos cariño de su dilatada y prolífica carrera.

El trabajo más duro de mi vida fue trabajar de niño en un negocio familiar sin horario ni sueldo “porque ya te pago los estudios y las zapatillas”. Eran otros tiempos.... Mis padres tenían un bar en Salinas de Leániz donde daban comidas, meriendas, cenas, bodas, bautizos... Yo, con 9 años, pelaba patatas, subía y bajaba cajas con bebidas y refrescos, cocinaba salsas...

Puede sonar a broma pero lo cierto es que este trabajo tan intenso a esa edad le llevó incluso al médico.

Por suerte, parece que la interpretación le sienta mucho mejor y no tiene pinta de que vaya a disminuir la carga de trabajo a sus 65 años. Nota aquí.