viernes, noviembre 06, 2026

Vetusta Morla

 

Rafa Mora

 DISCULPE LAS MOLESTIAS

Ha llamado al contestador automático de "Poesía sin fronteras".
En estos momentos no podemos atenderle. Todos nuestr@s agentes están ocupad@s publicando en las redes.
Para consultas de plagio pulse 1.
Para préstamos de ritmo y métrica pulse 2.
Para solicitar un Ciclo y/o Festival pulse 3.
Para suplicar una publicación pulse 4.
Para desprestigiar a un/a poeta pulse 5.
Para atentar contra la prosa y derivados pulse 6.
Para comprar un pedestal en el Parnaso pulse 7.
Para asesoramiento de ego y postureo pulse 8, repetidas veces.
Para ganar y/o amañar concursos pulse 9.
Para reclamaciones y/o devoluciones llame al departamento de poetas muertos u olvidados.
Para cobros por recitales poéticos no disponemos aún de extensión.
Gracias por su llamada.
Seguimos trabajando por una poesía digna.
Disculpen las molestias.



Las Pastillas del Abuelo

 


El Roto

 


jueves, noviembre 05, 2026

Rodolfo Serrano

 La casa

Son éstas las paredes de la casa,
es el calor que habita en las alcobas,
es espacio y es mundo, donde el hombre
construye su refugio ante la noche.
Esta casa esperanza donde viven
los sueños que recorren, como estrellas,
los cielos, luz abierta, patria, amparo
frente al miedo a lo oscuro y la tormenta.
¿Quién derriba las puertas y los muros,
quién arroja a la calle los recuerdos,
quién arrastra hasta el frío del invierno
los cuerpos indefensos y vencidos ?
Malditos los maestros de la usura,
los que beben la angustia del hermano,
los que siembran en las tierras baldías
el trigo envenenado y la tristeza.
Malditos, sean malditos para siempre
los que rompen la vida y sus paredes.
Los que llenan la calle y las aceras
con el dolor terrible del desahucio.
Foto de Raul Cancio.



Elefantes

 

Carlos Chaouen

 


Joaquín Lera

 Tal vez la belleza sea un jardín acuático.

El infinito un punto y aparte.
La serenidad una caricia en el cielo.
La lluvia el reflejo… que se estremece mirando el mar.
Tal vez el tiempo se parece a un pájaro.
El placer a un arrullo en la sangre.
La brisa al sabor del consuelo.
La música a un niño que vuela…
con las alas de la fragilidad.
Tal vez el espejo nunca vio su rostro.
La fantasía improvisó paisajes.
La utopía cambió su chaleco.
La nieve desnudó a la niebla…
para que las caretas se quitaran el disfraz.
Tal vez el vacío sea un desahogo.
La lejanía un abrazo en el aire.
La emoción la sombra de un eco.
La soledad una palabra huérfana que no para de hablar.



Pez Mago & Marwán

 

El Kanka

 


Alba Muñoz

 


Ron Wood

 

Fito Mansilla

 


Bob Dylan

 Un ejemplar de ‘Crónicas Vol. 1’ y un rosario: Bob Dylan visitó al papa León XIV en el Vaticano e intercambiaron regalos

El cantautor premio Nobel de Literatura se reunió con el Pontífice en el Palacio Apostólico a horas de su concierto en Roma, dentro de la gira que nunca termina 'Rough and Rowdy Ways'

Bob Dylan se presentó este miércoles ante el papa León XIV en el Palacio Apostólico del Vaticano, en un encuentro breve pero cargado de simbolismo: el Pontífice había citado versos del músico apenas cuatro meses atrás para alertar al mundo sobre el peligro del rearme nuclear.

El cantautor estadounidense premio Nobel de Literatura, de 85 años, llegó ataviado con una campera negra con capucha (su vestimenta habitual en sus últimas apariciones públicas, básicamente sus shows, conocida su elusiva personalidad). El intercambio con el Santo Padre, su compatriota, consistió en “saludos y algunas palabras distendidas” según detalló -apenas- la agencia de noticias Vatican News. León XIV le obsequió un rosario, mientras que Dylan le entregó un ejemplar de Chronicles: Volume One, su autobiografía publicada en 2004, de la cual se espera -así fue anunciado en su momento, al menos- una segunda parte.

El vínculo no es novedoso. En junio de este año, León XIV citó al músico en el prólogo de su primera antología sobre la paz, Disarmed and Disarming: Peace Is a Gift, donde incluyó un verso de “Go Away You Bomb”, una canción inédita de 1963 en la que Dylan se dirige directamente a la bomba atómica: “Te odio porque eres hecha por el hombre, poseída por el hombre y manipulada por el hombre”. El Pontífice utilizó esa referencia para advertir sobre la actual carrera armamentista nuclear y sostener que “no son las armas nucleares las que generan la paz, sino el desarme”.

No fue la primera vez que León XIV expresó públicamente su conocimiento y aprecio por la obra de Dylan: semanas más tarde, durante un encuentro con el obispo estadounidense Robert Barron, elogió su versión del tema “You’re Gonna Make Me Lonesome When You Go”, grabada en homenaje al 85° cumpleaños del músico. El propio Papa, nacido en Chicago, a poca distancia de Duluth, la ciudad natal de Dylan, se ha mostrado en más de una ocasión como un conocedor de su obra, algo que medios como Le Monde describieron como parte de los gustos musicales que el Pontífice exhibió en sus entrevistas.

La visita al Vaticano se produce en el contexto de la etapa europea de la gira (interminable) Rough and Rowdy Ways, que también contempla presentaciones en Milán y Bolonia. Este jueves 5 de noviembre, Dylan subirá al escenario del Palazzo dello Sport de Roma. La serie de conciertos se distingue por una política estricta: está prohibido filmar o fotografiar con teléfonos móviles. Aunque siempre, mágicamente, aparecen grabaciones que sus fans de todo el mundo -una feligresía como pocas- suben religiosamente a YouTube al día siguiente. Es parte de la religión. Nota aquí.




C. Tangana

 

La Beriso

 


Bar El Estaño

 Nació como fonda para trabajadores del puerto, en 1976 cambió de nombre y hoy conserva una barra única en Buenos Aires

En una esquina de La Boca sobrevive un bodegón centenario que fue almacén y refugio de personajes populares. Su histórica barra de estaño también fue escenario de películas argentinas.

Hay rincones de Buenos Aires donde la historia no permanece encerrada detrás de una vitrina. Se encuentra en las mesas de madera, las botellas antiguas y los pisos desgastados por varias generaciones.

Uno de ellos está en Aristóbulo del Valle 1100, esquina Hernandarias, en el barrio porteño de La Boca. Allí funciona El Estaño 1880, un tradicional café y restaurante que mantiene vivo el espíritu de los antiguos bares-almacén de la Ciudad.

Antes de adoptar su nombre actual, el establecimiento atravesó diferentes etapas. Fue una fonda frecuentada por trabajadores portuarios, se transformó en almacén con despacho de bebidas y quedó en manos de distintas generaciones de una familia.

La fonda que recibía a los trabajadores del puerto

Los orígenes de El Estaño 1880 se encuentran vinculados con una antigua fonda llamada Estrella del Sud, visitada por trabajadores del puerto y obreros de la zona de Casa Amarilla.

Su historia comenzó hacia fines del siglo XIX, cuando La Boca mantenía una relación directa con la actividad portuaria. Estos establecimientos servían para comer y beber, pero también eran puntos de encuentro donde los vecinos intercambiaban noticias, buscaban trabajo o descansaban después de extensas jornadas.

La tradición oral sostiene que Domingo Faustino Sarmiento habría pasado varias veces por el lugar debido a que una de sus últimas parejas vivía en las inmediaciones. El relato se incorporó a la memoria del establecimiento y todavía es recordado entre sus historias más llamativas.

En 1939 comenzó una nueva etapa familiar

El destino del negocio cambió en 1939, cuando el inmigrante español Manuel López y su esposa, Teresa Vicenta Novaro, se hicieron cargo del comercio. Desde entonces comenzó a funcionar como almacén con despacho de bebidas y fue rebautizado como Don Lorenzo.

La modalidad era habitual en los barrios porteños: los clientes podían comprar productos para sus casas y sentarse a compartir una bebida o una comida sencilla. Con el paso del tiempo, aquellos almacenes se convirtieron en verdaderos centros de la vida social.

Por sus mesas habrían pasado personajes con historias muy diferentes. Entre ellos aparecen Segundo David Peralta, conocido como “Mate Cocido”; el futbolista José Manuel “Charro” Moreno, y Jorge E. Villarino, apodado “el rey de la fuga”.

En 1976 adoptó el nombre El Estaño 1880

En 1976, Daniel Lorenzo López Novaro, hijo de Manuel y Teresa, quedó al frente del establecimiento. Durante esa etapa, el café recibió el nombre que conserva hasta la actualidad: El Estaño 1880.

La elección no fue casual. En el centro del salón sobresale una barra de estaño de 3,50 metros, considerada una pieza excepcional dentro del patrimonio gastronómico porteño.

A su alrededor sobreviven estanterías de madera, botellas, vitrinas, porcelanas, objetos de plata, antiguas heladeras y una tradicional fiambrera alemana. No se trata de una decoración incorporada para recrear el pasado: son elementos originales que acompañaron las distintas etapas del negocio.

En 2004, el establecimiento fue incorporado al catálogo de Bares Notables de la Ciudad de Buenos Aires, una distinción que reconoce a los cafés, billares y confiterías relacionados con la identidad cultural porteña.

Un bodegón convertido en escenario cinematográfico

La atmósfera de su salón llamó la atención de directores y productores. Allí se filmaron escenas de películas como Evita, quien quiera oír que oiga, de Edurdo Mignogna; Eva Perón, de Juan Carlos Desanzo, y El sueño de los héroes, dirigida por Sergio Renán.

El café también quedó relacionado con figuras del arte, la literatura, el tango y el fútbol. Entre sus visitantes se recuerda a Benito Quinquela Martín, Astor Piazzolla, Alberto de Mendoza, Martín Caparrós, Beto Márcico y Martín Palermo.

Además, durante distintas etapas se organizaron encuentros literarios y actividades para alumnos de escuelas del barrio. Una de las propuestas fue el llamado “mate cocido literario”, destinado a acercar a los chicos a la historia y la identidad de La Boca. Nota aquí.






Ferran Exceso

 


Iñaki y Frenchy

 


miércoles, noviembre 04, 2026

El Kanka & Melomans

 

C. Tangana

 C. Tangana publica ‘Milko Freestyle’, una canción biográfica que eleva la expectación sobre su vuelta a la música

Antón Álvarez lleva tres años sin publicar un nuevo disco. Este tema, firmado con su antigua banda Agorazein, sirve de adelanto a sus conciertos en Madrid a partir del 15 de noviembre

En el momento en que el martes se convirtió en miércoles, esta medianoche, C. Tangana volvió a la música al publicar la canción Milko Freestyle, en YouTube. El artista, también conocido El madrileño, lleva tres años sin sacar un disco o un nuevo tema en solitario. Lo hace, dice en su canal, con Agorazein, la banda de rap con la que empezó a inicios de los 2000, que publicó su último disco en 2016, y que ahora vuelve, tras 10 años de ausencia, cuatro noches al Movistar Arena de Madrid, con todo vendido. Pero al escuchar y ver el vídeo, no hay rastro ni en la voz ni en las imágenes de Sticky M.A., Jerv.AGZ, I-Ace y DJ Fabianni, el resto de los miembros de la formación, solo una referencia: “AGZ es mi grupo (AGZ es mi grupo)”. La duda de si Antón Álvarez, nombre real del artista, ha comenzado una estrategia para relanzar su carrera musical a medio plazo, parece que empieza a aclararse.

C. Tangana ha vuelto a sus inicios de rapero en su estética y rimas. No queda nada del flamenco y otros ritmos de sus trabajos anteriores en esta —por ahora— supuesta vuelta a la música después de unos años centrado en el cine con su productora Little Spain que firmado títulos como La guitarra flamenca de Yerai Cortés, el documental con el que el ganó un premio Goya en esa categoría. “Saqué El Madrileño (Madrileño) / La mitad de los rappers de España querían echarme a patadas del gremio / El rap se me que’ó pequeño y las coplas que escribo cumplieron mis sueños”, lo resume al inicio de la canción.

Milko Freestyle es también un repaso personal, biográfico, de abrir diario de lo que le ha sucedido estos últimos años. Ha sido padre con la fotógrafa Rocío Aguirre. “Sin tiempo para asimilarlo mi niño ha nacido y mi vida ha cambiado / y otra vez pensando en el puto legado, en el nombre y el hambre que voy a dejarle”. En el vídeo aparece el bebé y su pareja, en distintos momentos.

También ha visto morir a uno de sus amigos. “Tú y yo no hablamos desde hace meses, resulta que estás en un hospital y perdiendo la apuesta”, cuenta en esta parte del tema dedicada a su también colaborador rapero, productor y artista visual mexicano Óscar Botello, conocido como Milkman, fallecido en febrero.

Desde hace meses, se suceden los rumores en la industria que apuntaban a que C. Tangana había vuelto al estudio de grabación. De alguna manera, esta barra de Milko Freestyle lo confirma: “En Madrid vestido de civil escribiendo otro truco, otro palo, otro disco”, afirma. Y avanza su nueva era. Ya no se hace llamar El madrileño, su referente se eleva. “Resucito, como Cristo”, prosigue y remata una canción breve de apenas dos minutos, con un “a los que dudaban, la duda ha acabado”. Nota aquí.



Alex Ubago


 

Carlos Ares

 

Isabel Allende

 Isabel Allende, premio Planeta 2026: “Cuidado con la extrema derecha y la extrema izquierda, el autoritarismo acentúa los problemas”

El nuevo libro de la autora chilena, continuación de ‘La casa de los espíritus’ 44 años después, tiene menos fantasmas y más fascismo del mundo terrenal.

Las olas de la historia siempre regresan y la atmósfera de la dictadura de Pinochet que Isabel Allende plasmó en La casa de los espíritus vuelve a ser la música de fondo de su nueva novela, que llega mientras la ultraderecha avanza de nuevo en todo el mundo. Es en este contexto en el que la autora chilena firma su continuación, La hora antes del alba, que se ha alzado con el premio Planeta 2026 y que llega hoy a las librerías.

“La idea anduvo rondando en mi cabeza por mucho tiempo”, reflexiona en vísperas de su publicación, cuando se le pregunta por qué la continuación de La casa de los espíritus llega 44 años después. Pero “se hizo más urgente en los últimos años, cuando hay tantas democracias amenazadas por el autoritarismo, una fascinación por los déspotas. En la época de Trump, esta angustia se me ha acentuado”.

Isabel Allende, nacida en Lima en 1942, responde a EL PAÍS por correo electrónico, sin eludir prácticamente ninguna de las preguntas y conectando el espíritu de su escritura con un presente que amenaza las libertades y la igualdad. “La polarización se ha acentuado, las diferencias de conocimiento, recursos y opciones son cada vez más grandes. La IA contribuirá a esa diferencia. Los que se van quedando atrás están furiosos y no es para menos. Los que tienen un poder mesiánico, como los billonarios de hoy, viven en una burbuja que pretenden preservar intacta cuando el resto estalle en llamas”, asegura.

—¿Nuestras democracias están en peligro, entonces?

—Varias democracias están en peligro. Cuidado con la extrema derecha y la extrema izquierda. El autoritarismo no resuelve los problemas, los acentúa. En una democracia, el cambio es posible, en una dictadura puede tardar décadas.

Su pensamiento literario está, por tanto, marcado por el presente, pero miremos el libro, que no se sitúa en este tiempo, sino en el mismo punto en que lo dejó en 1982: La hora antes del alba recupera los personajes que le dieron fama y un éxito mundial de ventas en La casa de los espíritus, y cierra un círculo con eslabones a la vista que auguran más posibles entregas en el futuro. Alba, la protagonista, recupera la libertad tras ser apresada y torturada por el régimen y afronta las pérdidas de su familia, la desaparición de su amado, un embarazo incierto y una persecución que no va a cesar.


La gran escritora chilena desdibuja aquí el aire fantasmagórico de aquella casa y saga familiar para intrincarse en una trama más realista, más terrenal, de retrato contundente del fascismo y los modos de la dictadura. Los espíritus aún existen, pero pesan más las crueldades y represiones terrenales de un tirano y sus secuaces que asolan a la sociedad chilena. Aquí encontraremos amor, abusos, desigualdad entre clases sociales y un embarazo capital porque el padre de la criatura puede ser el opresor que viola o el revolucionario enamorado. La fina línea entre dramas que se superponen en capas captura al lector enfrentado a una genealogía de la diferencia, del poder, pero también de la solidaridad y la superación. ¿La desigualdad es insuperable en nuestra sociedad?, pregunto. “Históricamente, lo es”, responde Allende. “Muy pocos pueblos viven en un régimen igualitario —tal vez un buen ejemplo sean los indígenas americanos antes de la llegada de los blancos y otras tribus—. Incluso en el comunismo más estricto hay clases privilegiadas. Pero el hecho de que no sea posible en el patriarcado no significa que no debamos aspirar a ello”.

Allende ha removido el panorama editorial de la temporada al abandonar el barco de Plaza & Janés, perteneciente al grupo Penguin Random House, donde publicó aquella y todas sus demás obras, y saltar a la competencia planetaria de la mano del premio comercial con mayor dotación en lengua española: un millón de euros y una extensa promoción universal. Lo ha hecho tras dejar la agencia Carmen Balcells y de la mano de su nueva agente, Johanna Castillo, a quien agradece, como también a su hijo y a su nuera, el impulso para abordar este proyecto. ¿Cómo vive ella este giro, esta ruptura y salto a la competencia? “Un cambio como este no es una ruptura con el pasado, sino una exploración del futuro. Me unen muchos lazos a la editorial Plaza & Janés y a las personas que me han acompañado durante décadas”, asegura, mientras advierte que no le toca a ella discutir si todo su catálogo pasará a Planeta. “Yo me dedico a escribir. Mi agente y las editoriales llegarán a los acuerdos necesarios cuando llegue el momento”. Nota aquí.



Vetusta Morla

 


Puño Dragón

 

Rodolfo Serrano

 La vida

Vivir es un camino hacia la noche.
Cuatro pasos perdidos, un instante
de luz que rompe, nada apenas,
la oscuridad de Dios. Fugaz relámpago.
Y, en medio de la vida, nuestros sueños:
el amor infinito que no dura
más allá de la carne hecha ceniza,
la pasión como un golpe contra el pecho.
El grito entre la niebla, una tormenta
de furia que se acaba en un momento.
Y nuestro afán de ser dioses eternos,
en esa eternidad siempre imposible.
Esos sueños que viven en nosotros,
en esa piel amada, que se alzan
como banderas rotas de una guerra
qué creímos hermosa en la derrota.
Vivir, vivir. Abrir caminos, puentes,
hacia una luz que nunca ha sido nuestra,
pero que siempre fue esperanza, fuego
donde calentarse de los fríos.
Hoy vivo, voy camino de la noche.
El hombre —mis hermanos— me acompaña
en el dulce regreso a las estrellas.
(La vida es un edén fugaz y hermoso).
Foto de Raul Cancio.



Rafa Pons

 


Paula Mattheus

 

Félix Maraña

 EL DÍA SEÑALADO

“La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es”.
ANTONIO MACHADO
“Este amor ya sin mí te amará siempre”.
ÁNGEL GONZÁLEZ
En el postrero viaje al cementerio,
que enceniza a perpetua mis despojos,
vienen mis lunas, mis sueños y mis ojos,
mis huesos ya sin pies hacia el misterio.
Más de uno dirá que esto iba en serio,
que el tiempo se ha parado, por antojos,
y trae algún clavel, claveles rojos,
que perfumen mi nuevo cautiverio.
¿Cómo podré leer, sin libro, a oscuras?
¿Cómo saldar las cuentas aún pendientes?
¿Cómo vivir sin vida ni aventuras?
Mis restos son memoria y sementera,
resumen de un vivir ya sin presentes:
¿No podrá milagrear la primavera?

Fotografía: Arco iris en Llamas de En Llamas de Rueda - León



Fran Fernández

 


Ludovico Einaudi

 

Gándara

 Fue un poderoso pueblo lácteo, quedó casi abandonado y ahora renace alrededor de un misterioso monasterio

Gándara llegó a procesar 600.000 litros de leche por día y empleó a más de 500 trabajadores. La caída de su histórica fábrica transformó al pueblo, pero la recuperación de un extraordinario monasterio vuelve a despertar interés.

menos de dos horas de la Ciudad de Buenos Aires se encuentra Gándara, un pequeño paraje rural del partido de Chascomús donde conviven ruinas industriales, construcciones religiosas y recuerdos ferroviarios.

Durante décadas, sus calles estuvieron llenas de trabajadores, trenes y camiones. La fábrica de lácteos impulsaba la economía local y convertía al pueblo en un importante centro productivo bonaerense. Sin embargo, su cierre provocó la partida de numerosas familias y dejó enormes edificios abandonados.

Ahora, Gándara intenta recuperar parte de su antiguo movimiento gracias al turismo rural, nuevos emprendimientos gastronómicos y la restauración del Monasterio San José.

Gándara, el pueblo que creció alrededor del ferrocarril

La historia del lugar quedó profundamente vinculada con el tren. La estación Gándara fue inaugurada el 14 de diciembre de 1865 y perteneció al antiguo Ferrocarril del Sud.

Su funcionamiento permitió conectar la producción de la zona con la Ciudad de Buenos Aires y otras localidades provinciales. Cerca de las vías comenzaron a instalarse familias, almacenes, establecimientos rurales y pequeños comercios.

Años después, el crecimiento del pueblo recibió un impulso definitivo con la llegada de la industria láctea. Los antecedentes productivos se remontan a finales del siglo XIX, cuando una familia de inmigrantes vascos instaló un tambo en los alrededores de Chascomús.

En 1928, una cooperativa integrada por productores de la región contribuyó al nacimiento de la empresa que llevaría el nombre del pueblo.

La fábrica que convirtió a Gándara en una potencia láctea

La fábrica Gándara llegó a ser una de las plantas más importantes de la región. Allí se producían yogures, manteca, helados, leche y dulce de leche, entre otros alimentos.

Durante su época dorada, el establecimiento procesaba aproximadamente 600.000 litros de leche por día y empleaba a más de 500 trabajadores. También habría producido cerca de 50.000 kilos diarios de dulce de leche.

Parte de su producción llegó a mercados internacionales como Estados Unidos, Italia, Israel, México y Brasil. Su funcionamiento también generaba empleo para transportistas, productores rurales, comerciantes y proveedores.

Para varias generaciones, Gándara quedó relacionada con los viajes hacia la Costa Atlántica. Muchas familias todavía recuerdan las tradicionales paradas sobre la antigua Ruta 2, donde recibían productos lácteos antes de continuar el recorrido.

El cierre que dejó al pueblo casi vacío

La situación comenzó a cambiar durante la década de 1990. La compañía atravesó problemas económicos y, en 1998, fue adquirida por la multinacional italiana Parmalat.

Luego de varios cambios empresariales y años de dificultades financieras, la planta cerró definitivamente. La desaparición de la principal fuente de trabajo provocó un fuerte éxodo.

Numerosas familias se trasladaron a Chascomús y otras ciudades para buscar nuevas oportunidades. Como consecuencia, Gándara quedó prácticamente detenido en el tiempo, con sus instalaciones industriales vacías y sus calles casi desiertas.

Las estructuras de la fábrica todavía recuerdan aquel pasado productivo. Donde antes ingresaban toneladas de materia prima y trabajaban cientos de personas, actualmente predominan el silencio, la vegetación y los edificios deteriorados.

El misterioso monasterio diseñado por Alejandro Bustillo

Otro de los grandes atractivos de Gándara es el conjunto formado por la Capilla Nuestra Señora del Rosario y el Monasterio San José.

La capilla fue inaugurada el 26 de septiembre de 1938. El complejo fue proyectado por Alejandro Bustillo, el reconocido arquitecto argentino que también participó en obras emblemáticas como el Hotel Llao Llao y el Casino Central de Mar del Plata.

El monasterio comenzó a funcionar en 1940. En su interior hubo un seminario, un noviciado y espacios de formación religiosa administrados por los Padres Agustinos Recoletos. Algunos sectores también fueron utilizados para alojar a niños huérfanos.

La actividad comenzó a declinar durante la década de 1950 y el cierre definitivo se produjo en 1974. Desde entonces, sus pasillos, salones y habitaciones permanecieron abandonados durante años.

El renacimiento de un pueblo cargado de historia

Actualmente, el Monasterio San José atraviesa un proceso de recuperación que incluye trabajos en cubiertas, carpinterías, sanitarios, instalaciones eléctricas y espacios comunitarios.

Al mismo tiempo, nuevos proyectos de alojamiento rural y gastronomía comenzaron a recibir visitantes interesados en conocer la estación, la capilla, el complejo religioso y los vestigios de la antigua fábrica.

Gándara ya no es solamente el pueblo que perdió su principal industria. También es un ejemplo de cómo la preservación del patrimonio puede convertirse en una oportunidad para recuperar la identidad, impulsar el turismo y evitar que una historia centenaria desaparezca. Nota aquí.





Ferran Exceso

 


Eneko

 


martes, noviembre 03, 2026

Divididos & Tano Marciello

 

Rafa Mora

 LEGADO

Si la decepción,
algún día,
brillara en tus ojos, hijo,
escucha al viento para retomar el rumbo.
No vueles en bandadas de pájaros heridos,
ni abandones las alas en orillas desiertas.
Recuerda que la luz construye el horizonte
y que las semillas repueblan la desidia.
Que la vida es hermosa,
a pesar de los pesares,
que es clara la mañana y largo el recorrido.
Pero si algún día, hijo,
la decepción te cosiera la boca con su tóxico rostro y su gris sepultura,
busca, en cualquier rincón del mundo,
una nube tranquila donde reposar el vértigo,
y sin dudarlo un instante,
alza de nuevo el vuelo.
y otorga libertad a tu memoria.



Ismael Serrano

 

Ludovico Einaudi

 

Cristina Fernández Cubas

 Cristina Fernández Cubas, escritora de otra realidad

La escritora catalana, premio Cervantes 2026, ha abierto infinidad de puertas, todas a sus lectores, y lectoras, en especial, a aquellos que se han vuelto escritores y escritoras.

He aquí que hay una niña rara dentro de un cuadro. Es la niña que alguien ha pintado y que la escritora está escudriñando. ¿Que dónde lo hace? En un relato que es una situación, un pequeño mundo —el mundo de esa escritora ante ese cuadro, el mundo de esa escritora, en realidad, dentro, para siempre, de ese cuadro—. La escritora es una de las voces —todo en sus relatos son voces, protagonistas a quienes la realidad se les ha ampliado, o les ha crecido, se les ha vuelto no fiable— irredentamente ingeniosas, incorruptibles, fabulosas —en más de un sentido— de Cristina Fernández Cubas, la mujer, la escritora, la relata-fábulas-fantástico-interiores —oh, sí, su fantástico es un fantástico de interiores, como lo fue, lo será para siempre, el fantástico de Silvina Ocampo—, que nunca jamás ha cejado en su empeño de escapar a su manera de esto, lo que sea, que nos rodea, la realidad, eso tan pequeño aquí fuera pero que, por momentos, en la página, se vuelve algo enorme.

Todo escritor, toda escritora, se detuvo en el tiempo en algún momento. Despertó a esa, su vocación —su forma de vida rara—, y se apartó para siempre de los demás, siguió su camino, y, con el paso del tiempo, ese camino se volvió infinitamente más solitario de lo que lo había sido nunca pero el escritor, la escritora, no lo abandonó, porque ese camino era él, era, en este caso (ELLA). Si algo admiro, y lo hago profundamente, de Cristina Fernández Cubas —que este año coincidirá con su querido Enrique, Enrique Vila-Matas, en la ceremonia de entrega de sus respectivos y esperados, y justísimos galardones (POR FIN) (SÍ)— es que nunca ha tirado la toalla. Si es raro ser, como la niña del cuadro, rara hoy —y cada vez, al parecer, lo es más, inexplicable y lamentablemente—, no puedo imaginar lo que debió ser serlo entonces, en 1980, el año en que publicó Mi hermana Elba. Oh, leánla. Siempre pensé que era una asignatura pendiente de este país. Hasta hoy.

Porque si algo no se entiende en España —o no se entiende lo suficiente— a menudo queda oculto por aquello que, aparentemente, sí lo hace, y el tiempo pasa, y tú, como escritora, sigues tu camino, abriendo puertas —sí, Cristina Fernández Cubas ha abierto infinidad de puertas, todas a sus lectores, y lectoras, en especial, a aquellos que se han vuelto escritores y escritoras, y que tan afortunados se sintieron al encontrarla, una igual, una maestra, en su propia lengua, en su propio universo, una leyenda no lo suficientemente a la vista—, y cavando, avanzando en aquello en que se ha convertido tu Obra, o lo ha sido desde el principio, en aquello que no tienes más remedio que ser, la niña rara del cuadro, que, cuando esté segura de que ya no hay peligro se irá a casa, muy lejos, a ese lugar en el que, como diría la narradora del relato —por cierto, Interno con figura— no existimos, o parece que podríamos pertenecer a otra realidad. Nota aquí.