lunes, febrero 09, 2026

Paco Ibáñez

 Paco Ibáñez sigue galopando: la emoción de un joven de 91 años

El cantautor ofreció un intenso concierto con Atxaga y el bertsolari Amets Arzallus como invitados en homenaje a Iñaki Gorostidi.

Fue emocionante: Paco Ibáñez tiene 91 años, ya no se mueve con fluidez por el escenario y ahora canta sentado, pero bajo su pelazo blanco mantiene la sonrisa picarona, la mirada rebelde y la capacidad de conectar con el público con canciones que son ya leyenda, de 'Soldadito boliviano' a 'Palabras para Julia' o ese 'A galopar' con el que acabó hora y media de concierto con el repleto Victoria Eugenia puesto en pie. La conexión sencilla y sin artificios entre el artista y el público marcó una velada redonda.

Era una cita especial: hace un año murió Iñaki Gorostidi, el harrijasotzaile de Aduna primo de Ibáñez. El músico le dedicó el concierto, contó numerosas anécdotas de su infancia en el caserío Apakintza, donde Paco vivió hasta los 14 años, y usó el euskera que aorendió de su madre. «Yo soy Apakintzako beltza, como me llamaban», recordó. Y ese recuerdo a su primo trajo consigo dos apariciones sorpresas en escena: primero el bertsolari Amets Arzallus, que dedicó unos bertsos a Gorostidi e Ibáñez, y luego Bernardo Atxaga, que leyó el fragmento de una entrevista que hizo al primo hace unos años. Ibañez se abrazó emocionado con los dos (perdón por reiterar la palabra, pero fue el leit motiv de la noche).

En el cantautor laten dos almas, su rebeldía y su poesía. Ayer resolvió lo primero con un texto leído por una voz en off al principio, crítico con el mundo en que vivimos, y luego apenas hubo soflamas, más allá de la mención al «bestia» que rige en La Casa Blanca. El protagonista apostó por una emoción bañada de ironía, con su fiel guitarrista Mario Mas al lado (luego llegarían Pep Pascual con sus efectos especiales y Joxan Goikoetxea con su acordeón). Empezó por 'Es amarga la verdad' o los 'Proverbios y cantares' de Machado y cuando llegó 'Soldadito boliviano' explotó la primera catarsis de emoción. En el público dominaban las canas pero también algunos jóvenes, y hasta una niña que lloró y a la que Ibáñez, con humor, propuso subir a escena, aunque sin éxito.

Tras el tiempo de Arzallus y Atxaga siguió el 'Pello Josepe', un 'Txoria txori' coreado por el público y las 'Palabras para Julia' y el 'A galopar' finales, también cantads por unos espectadores que vivían el concierto como una de las últimas oportunidades de escuchar a una leyenda, aunque el joven Ibáñez aún puede sorprender. Como dice Joxan Goikoetxea, el músico hernaniarra que acompaña a Ibáñez desde hace casi tres décadas, es un lujo disfrutar de Paco, el único superviviente que sigue en pie, y en el mundo, de esa cuadrilla de talentos que nació el mismo año, en 1934, y tanto ha emocionado a tantos: Mikel Laboa, Leonard Cohen, Moustaki y el propio Ibáñez. Es un lujo verle de cerca. Nota aquí.



Frank Delgado

 


Javier Cámara

 

Rafael Amador

 Muere Rafael Amador, revolucionario del flamenco con Pata Negra, a los 66 años

El músico y compositor sevillano se consagró en la década de los ochenta, junto con su hermano, con un estilo que fusionaba el flamenco con el rock y el ‘blues’.

El músico y compositor sevillano Rafael Amador, revolucionario del flamenco con el grupo Pata Negra, que fundó junto a su hermano Raimundo, ha muerto a los 65 años, según ha informado su hijo Rafael en redes sociales. “Nos deja el maestro de maestros. Hoy los ángeles y Dios cantan de alegría porque viene el maestro, el príncipe gitano, el pata negra, el que creó una fusión... Siempre estarás en mi corazón. Te amo viejo mío”, reza el mensaje de Instagram.

Rafael Amador, nacido en Sevilla en 1960, falleció la noche del domingo en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla “en manos de su hermano” Diego Amador, su hijo Rafael “y muchos seres queridos”, según han explicado sus familiares.

Rafael Amador, guitarrista, cantaor y compositor, era descendiente de una familia gitana de honda raigambre y amplia tradición artística. De esos casos en que el flamenco se vive y asume de forma natural. Su padre tocaba la guitarra y no fue extraño que, allá por finales de los setenta del pasado siglo, tanto él como su hermano Raimundo se dejaran ver por las calles y ambientes de una Sevilla que vivía aires de libertad.

El arte y el desparpajo de aquellos hermanos llamaría pronto la atención y no tardarían en hacerse un hueco en los ambientes musicales más progresistas. Quizás Kiko Veneno fuera el primero en ver su potencial y los incorporaría a su primer proyecto, la grabación de Veneno (1977), una rareza en su momento y, con los años, uno de los discos más influyentes de su tiempo. Un caso excepcional de retroalimentación creativa y un festín guitarrero flamenco y underground a un tiempo.

Ricardo Pachón, quien produjo aquella grabación, también se prendó de estos dos hermanos guitarristas y los puso a foguearse en el acompañamiento al cante de uno de sus proyectos, la Familia Montoya, que capitaneaba La Negra, madre de Lole Montoya (del dúo Lole y Manuel), formación con la que giraron y grabaron. Desde entonces, el productor no los perdió de vista y les fue grabando una serie de discos que serían fundamentales en la historia de la fusión, los que componen la discografía de Pata Negra. Como grupo, Rafael se reveló como cantaor y compositor, mientras su hermano, que pronto se compró una Feder Stratocaster, incorporaba la guitarra eléctrica y empezaba a dar muestras de su querencia por el blues y otras músicas que integraron en su repertorio con naturalidad y desenfado.

Fue una etapa gloriosa con discos como el primero, de 1981, que llevó el nombre del grupo e incluía el muy radiado y golfo tema Los managers o el Rock de Cayetano. Seguirían Rock gitano (1983) y Guitarras callejeras que, aunque grabado con anterioridad, se publicó en 1986. Pero, sobre todo, el celebradísimo Blues de la frontera (1987), probablemente su obra más redonda, con perlas como la que da título al disco, una joyita de fusión, que crearía escuela, y temas que pasarían a tener categoría de himnos y los harían unos clásicos populares: Pasa la vida, Yo me quedo en Sevilla o Camarón. Nota aquí.



Esther García Llovet


 

Santero y los Muchachos

 

Silvio Rodríguez

 “Mientras más feo luce el panorama, más ganas tengo de crear belleza”

En esta entrevista, el legendario trovador repasa su profundo vínculo con Chile y reflexiona sobre la tradición poética de la trova, su oficio y el poder de crear cuando "más feo luce el panorama".

Silvio Rodríguez se define como un “trovador del tiempo”, y posiblemente –para algunos admiradores– es un hacedor de canciones que a lo largo de más de seis décadas ha logrado entrelazar emoción y conciencia, con una propuesta musical y poética ligada a ritmos populares, a estructuras versales y estróficas de la tradición hispanoamericana, y al tránsito entre las diversas facetas de las contradicciones humanas, la intimidad del ser, y “las circunstancias que me tocaron vivir”, como señala en una de sus respuestas.

Esa sensibilidad y ese compromiso encontró en Chile un lugar especial en su trayectoria musical y vital. Su primera visita data de septiembre de 1972, cuando junto a Noel Nicola y Pablo Milanés, llegó al país invitado por Isabel Parra, y desde ese primer encuentro —con Víctor Jara esperándolo al llegar a Pudahuel— estableció un vínculo profundo con la memoria cultural y política de nuestro país.

Chile no sólo ha sido escenario de aplausos y cantos, sino también de recuerdos y afectos que a lo largo de los años se han renovado. En 2025, tras siete años de ausencia, Rodríguez regresó a Santiago en el contrexto de una gira latinoamericana que consideró a nuestro país como primer destino, y que posibilitó el reencuentro con antiguos y nuevos públicos. En una serie de emotivos conciertos en el Movistar Arena, interpretó los clásicos de siempre y también sus composiciones más recientes, acompañado de una banda de connotados músicos/as.

Este regreso no fue sólo musical, fue también un encuentro con personas para él significativas. En Santiago, conversó con figuras como el Presidente Gabriel Boric, a quien calificó como “amigo”, y evocó experiencias compartidas con Víctor Jara, en una visita a la Fundación que resguarda el patrimonio cultural del artista asesinado luego del Golpe de Estado y que dirige su hija, Amanda Jara.

La trayectoria de Silvio Rodríguez es un mapa de estaciones difíciles de separar; desde los albores de la Nueva Trova Cubana en 1968 —una corriente que combinó raíz popular, compromiso social y exploración lírica— hasta su presencia actual en escenarios de todo el continente, y discos que se han convertido en referentes absolutos del cancionero latinoamericano.

Trova

La trova, desde sus orígenes, ha integrado la fusión de música y poesía, y esta poesía ha estado ligada a estructuras versales y estróficas propias de una historia, un idioma y una tradición cultural que se desarrolla en el tiempo (verso endecasílabo, copla octosilábica, décima espinela, romance español). Desde tu oficio de trovador y ‘hacedor de canciones’, cubano, ¿Qué relevancia otorgas a estas formas poéticas, muchas de ellas presentes en tu obra?

La trova cubana es fusión de música y poesía, no sólo porque haya musicalizado formas literarias habituales en la poesía y versos de poetas; lo es, sobre todo, porque desde el siglo 19, cuando empezó a cuajar esta expresión, los trovadores cubanos partieron de una identificación con lo poético. Tan es así, que los primeros trovadores fueron llamados poetas por sus admiradores.

¿Qué autores, dentro de esta línea literaria de la tradición, resuenan particularmente en tu obra? ¿Caben aquí, los cultores repentistas del punto guajiro, por ejemplo?

A los 20 años titulé un tema “La canción de la trova”, inspirado en la impresión que me causaba la obra de Sindo Garay, uno de los padres de la trova cubana. Ya la trova había evolucionado cuando yo aparecí, sobre todo armónicamente. La mayoría de los grandes autores de boleros y canciones románticas fueron trovadores como César Portillo de la Luz, Marta Valdés, José Antonio Méndez, Ñico Rojas y otros. Recuerdo que por entonces se puso de moda el término cantautor. Creo que fue por influencia del Festival de San Remo y de autores italianos que por entonces componían e interpretaban sus propias canciones (Doménico Modugno, Sergio Endrigo, Gino Paoli). Sin embargo, prácticamente desde que empecé pedí que me presentaran como trovador. Mi identificación, además de por oficio, tenía también cierta razón de clase. Por entonces los trovadores eran los más mal pagados en la radio y la televisión.

Aunque a veces en lo que hago asoman referencias del campo, creo que mis derroteros musicales han sido armónica, rítmica y literariamente más urbanos. El punto guajiro, también llamado cubano, es una expresión eminentemente campesina. A menos de 100 metros de mi casa natal, en San Antonio de los Baños, está lo que fue el hogar de Ángel Valiente, uno de los más importantes repentistas cubanos de todos los tiempos. En Cuba es imposible desconocer el repentismo y el punto, porque son expresiones con muchos seguidores; siempre han existido programas de radio y televisión dedicados a esa música.

¿Esas estructuras versales te sugieren ‘una música’ con características propias o especiales?

Las formas clásicas de versificar se destacan por su musicalidad. Las he usado, aunque no mucho, porque yo no compongo desde lo escrito. Más bien hago al revés: estructuro una idea musical y después trato de encontrarle las palabras.

¿Cómo comprendes hoy el concepto “trovador”? ¿Te consideras portador de una tradición que resguarda y a la vez innova en este oficio?

Como toda mi generación, me considero un trovador del tiempo y las circunstancias que me tocaron vivir.

Relación con Chile

Anunciado tu concierto en nuestro país, –septiembre y octubre del 2025–, la respuesta de tus seguidores fue casi inmediata. Se agotaron rápidamente las entradas para la primera fecha anunciada, obligando la apertura de dos nuevas presentaciones. Este hecho denota la profunda admiración y cariño de nuestro pueblo por tu obra. Si pregunto a la inversa, ¿Qué significa, en el plano afectivo y creativo, Chile para ti?

Chile fue el primer país Latinoamericano que visitamos Pablo Milanés, Noel Nicola y yo, gracias a una invitación de Gladys Marín. Fue en septiembre de 1972, durante el gobierno de Salvador Allende, a quien tuvimos la suerte de ver de cerca. Fueron tres o cuatro semanas que calaron muy hondo en mi conciencia. Estuve mucho en la Peña de los Parra. Allí vimos a Inti Illimani, Illapu, Tito Fernández, Pato Manns, Payo Grondona. A Víctor Jara lo recogimos una mañana y fuimos con él hasta Valparaíso, a cantar en una universidad. Por aquellos días el sello Alerce empezaba a gestarse en la cabeza de Ricardo García y estallaba la muralística popular en las paredes de la ciudad. Había combates callejeros a diario. Fue un viaje inolvidable, muy subrayado por lo que sucedió justo un año después.

El año 2004, en Barcelona, participaste en el concierto “Neruda en el corazón”, junto a destacados artistas cubanos y españoles. ¿Qué valor le asignas a la obra de Pablo Neruda? Y ¿Qué otros autores chilenos son significativos para ti?

Neruda es muy Neruda: una obra poética de proporciones universales, premio Nobel incluso. Siempre me atrajo mucho Nicanor Parra, por esa suerte de aspereza declarada en sus antipoemas. En La Habana, en Casa de las Américas, alguna vez coincidí con Enrique Lihn, y allí también hicimos un programa de televisión con Gonzalo Rojas. Una de las trovadoras cubanas que más quiero, Teresita Fernández, fue una gran divulgadora de Gabriela Mistral.

Durante tu camino artístico has colaborado en varias ocasiones con artistas chilenos, últimamente con Manuel García y Patricio Anabalón, entre otros. Según esto, ¿cómo observas el proceso creativo del Chile actual?

No estoy lo suficientemente enterado de lo actual como para atreverme a un criterio. Solo decir que tanto Manuel como el Pato son cantores extraordinarios, ambos con canciones bellísimas, además de muy bien interpretadas. Nota aquí.



Gioconda Belli

 


Tute

 


domingo, febrero 08, 2026

Santy Pérez

 

Félix Maraña

 Miguel Hernández, siempre

Miguel Hernández murió dos veces
Querido poeta, dos puntos: creo que no te perdonan el amor de tus verbos, el calor de tus versos, la mirada de tu sangre que atraviesa toda tu poesía. Creo que en realidad no se perdonan a sí mismos que sus abuelos no te fusilaran en una tapia. Por eso ahora, con las armas que tienen, te arrancan de los muros, para quitar la piel de tu testamento de libertad, vida, conciencia, historia y futuro. Quiero que sepas que yo, que no soy nadie, te quiero, además, porque sé cómo, entonces y ahora, no se perdona que hayas sido pastor. Pronto explicaré todo esto a mi nieta, y le cantaré tus versos, y le diré que eras amor contra el desamor. Bueno, tampoco vamos a ponernos solemnes. Pero quiero que sepas que ya han pasado 85 años, aunque no lo parezca. Quiero que sepas que muchos, muchos te queremos. Y que tus poemas, siempre, nos ayudaron a mejorar las ruinas, a calentar el frío, a celebrar la mirada de los limpios de corazón, a levantar los pies del suelo, a recoger las cosechas, a sembrar la siembra, a cantar, a encarar la lucha contra la injusticia, porque tus poemas nos han ayudado a ser pobres, pero dignos, a vivir y a deshacernos. Eskerrik asko, cabrero de la Libertad, poeta de todas las palabras del Mundo.
© Félix Maraña
[Retrato al lápiz, hecho por Antonio Buero Vallejo, en enero de 1940, en los días en que Miguel iba muriendo de cárcel y de odio, sin odiar a nadie].



Marazu


 

El Kanka

 

Ismael Serrano

 "Ahora la izquierda abronca a quien piensa un poco diferente; exigen una adhesión inquebrantable"

"Uno de los problemas de la izquierda es el sectarismo. Solo le hablan a los suyos" // "No puedes dialogar con un xenófobo o con alguien que te odia y te quiere meter en la cárcel".

Ismael Serrano (Madrid, 1974) habla despacio. Como quien mide el peso de las palabras. Como quien sabe de lejos que una canción también es protesta y reivindicación.

Una figura, la del cantautor "en peligro de extinción", que se encuentra más penalizada que nunca. "Cada vez da más miedo posicionarse. Hay mucha autocensura", expresa en una entrevista con EL ESPAÑOL.

Pero Ismael no tiene miedo. Es uno de los últimos románticos que habla y canta de las derrotas íntimas y de las injusticias colectivas.

Es un cronista de su tiempo. Por eso sigue y seguirá cantando Papá cuéntame otra vez, aunque desde otro lugar.

El del padre que mira el mundo y que admite, con tristeza, que debe "preparar a sus hijos para la hostilidad". Para un futuro "quizá peor que el de sus padres". Para una "crueldad que se ha normalizado".

Serrano desconfía de los dogmas. Del "sectarismo de la izquierda", dice. "Ahora la propia izquierda abronca a la gente que piensa un poco diferente o es crítica con los suyos, y exigen una adhesión inquebrantable".

Sin embargo, no renuncia al voto, aunque conviva con el desencanto político. No renuncia a la política de trincheras, por ello no le ilusiona este gobierno que "solo habla a los suyos".

Cree en la diversidad musical y humana. En escuchar lo que el algoritmo no te sugiere y en generar espacios de encuentro frente al hambre, frente al odio, frente a la intemperie.

"Antes, hacer campañas contra menores inmigrantes era impensable, y ahora es habitual ver cómo se habla con total naturalidad sobre cómo hay que echar a los menas. Hemos normalizado la crueldad", denuncia.

Encuentra esperanzas en aquellos que aún no la han perdido. No quiere ser pesimista. Él seguirá combatiendo desde el escenario.

Su próxima cita, el 11 de marzo en el Teatro Real de Madrid en la tercera edición de Lucha de Gigantes, un concierto solidario impulsado por Acción contra el Hambre que busca visibilizar la urgencia de acabar con el hambre en el mundo y donde compartirá cartel con otros artistas como Ara Malikian y El Kanka.

Además, hace unas semanas vio la luz Grabaciones Insospechadas, un EP de versiones íntimas compuesto por 5 canciones donde el cantautor reinterpreta temas de diferentes artistas que han marcado generaciones y estilos como Joan Manuel Serrat, Extremoduro, Shakira o Silvio Rodríguez.

PREGUNTA.– Grabaciones insospechadas es un EP de versiones de variados artistas. ¿Por qué le interesaba rescatar canciones tan distintas?

RESPUESTA.– Quería desmontar ciertos prejuicios que el algoritmo fomenta. Las plataformas digitales te sugieren música que tiene que ver con tus hábitos de escucha, y eso lo que hace es fomentar los prejuicios. No te educa en la posibilidad de escuchar cosas diferentes. Y desde hace tiempo venía haciendo versiones de otros artistas diferentes a mí y que el algoritmo no relacionaría conmigo. Quería hacer un alegato de la diversidad musical y romper esa barrera.

P.– El próximo 11 de marzo actuará en el Teatro Real, en un proyecto impulsado por Acción contra el Hambre. ¿Por qué decide involucrarse en este proyecto?

R.– En un contexto como este, donde parece que la incivilización avanza, y donde la crueldad se impone como una tendencia política en muchos aspectos, me parecía necesario que se generen espacios de encuentro que nos hagan entender que no estamos solos ante cuestionamientos de una realidad, en este caso, el hambre. Hay que ser conscientes de que tenemos capacidad para paliar el problema del hambre en el mundo, pero el modelo económico imposibilita que eso suceda. Por ello, generar vínculos que combatan esas ideas y esos modelos, desde la solidaridad y la empatía, me parecen muy necesarios.

P.– Lleva casi treinta años dedicado a la música. ¿Qué le ha enseñado el paso del tiempo?

R.– El paso del tiempo es un conflicto permanente para los que hacemos canciones. Escribo canciones porque no sé convivir con la renuncia y la pérdida que implica el paso del tiempo. Y a mí me ha enseñado que crecer no solo implica una renuncia, sino que también ganas experiencias, conocimientos, relaciones… Ha desmontado mis prejuicios. Cuando eres joven ves la vida creyendo que lo sabes todo.

P.– La arrogancia de la juventud…

R.– Exactamente, cuando eres joven eres arrogante y crees conocer todas las respuestas. Y el tiempo te hace más flexible, más permeable. Te enseña a escuchar con más atención y entender que te quedan muchas cosas por aprender. Más importante que tener respuestas contundentes es no dejar de hacerse preguntas.

P.– ¿Y qué es lo que más le preocupa del paso del tiempo?

R.– Que cada vez te queda menos (sonríe). El tiempo no se recupera, y es algo sobre lo que hay que ser consciente para valorar lo que realmente tienes. Y me preocupa precisamente no saber saborear la vida con la rotundidad que merece.

P.– ¿Y qué saborea con total entrega?

R.– Pues a veces he pensado que, al llegar a cierta edad, no me podría enamorar porque estaba de vuelta de todo. Y, de repente, alguien te cambia la vida. Por eso hay que desterrar el pesimismo, el tiempo siempre puede traer cosas buenas.

P.– Habla de la falta de certezas. Pero, ¿qué cree que es fundamental saber de la vida para sobrevivir a ella?

R.– Creo que es vital entender que cada elección en la vida conlleva una renuncia. Hay que entender que no podemos llegar a todo, y tampoco podemos gustar a todo el mundo. Muchos músicos persiguen eso, y no pasa nada si no le gustas a todo el mundo. Hay que saber soltar y saber que en esta vida hay muy pocas cosas definitivas. Y también creo que hay que ser benevolente con los demás pero también con uno mismo. Cada uno hace lo que puede.

P– El tiempo también ofrece otra mirada sobre Papá, cuéntame otra vez, esa eterna canción que ahora canta desde otro lugar. ¿Qué le cuenta a sus hijos del mundo en el que vivimos?

R.– Hay algo que me entristece, y es que como padre me veo en la necesidad de prepararles para la hostilidad del mundo en el que viven. En el caso de mi hija más aún, para una mujer creo que todo es más difícil. Y también a veces da la sensación de que nuestros hijos van a vivir en un contexto histórico y en una realidad peor que la de sus padres.

El llamado estado del bienestar se ha detenido, aunque, por suerte, mis hijos viven y vivirán en un contexto privilegiado. A mí me va bien en la música y crecerán con esa herencia y ese capital social. Sin embargo, los tienes que preparar para enfrentarse a la hostilidad. Cuando uno piensa en el futuro, a veces se vislumbra un contexto de guerra. Podría ocurrir que lo de Groenlandia desembocara en un conflicto armado. Es algo lejano, pero sobrevuela.

P.– ¿Y qué le han enseñado sus hijos sobre el mundo?

R.– A desprejuiciarme. A mí la paternidad me cambió. Cuando eres padre dejas de ser el centro del relato. Se renueva tu mirada. Vives cosas con ellos por primera vez. Y tu mirada cambia porque relativizas muchas cosas. Y uno quiere ser el protagonista de todas la historias que se cuentan y cuando tienes hijos entiendes que tú no eres el centro y sí lo son ellos.

P.– ¿Se considera un superviviente de la canción de autor? ¿El último romántico?

R.– Bueno, creo que debo ser de los pocos que siguen reivindicando con orgullo el término cantautor. Creo que hay cierta claudicación de gente con la que comparto oficio que entiende que el término está estigmatizado y renuncian a ello. Y me consta que hay muchos artistas que se podrían considerar cantautores casi canónicos; y no porque compongan sus canciones, sino por la tradición; que reniegan de ese término.

P.– ¿Y por qué? ¿Por el tinte político que puede conllevar?

R.– No solo por eso, sino porque la figura del cantautor ya es anacrónica. Pero sí que creo que nace de una cuestión política. Lo primero que te viene a la mente cuando piensas en un cantautor es aquel que te da sermones y que está comprometido ideológicamente. Y todo esto se mira con cierto recelo porque se nos ha dado a entender que todo aquel que se posiciona políticamente lo hace de forma impostada.

Aparte, los festivales no quieren cantautores porque se ha impuesto otra tendencia diferente. El algoritmo tiene un carácter excluyente del que no somos conscientes. Cuando el algoritmo coloca de forma hegemónica un género musical como el urbano, es muy difícil desplazarlo. Entonces, es muy difícil salir de ahí porque los buscadores y las tendencias no te van a dirigir nunca a otro lugar. Y eso hace que la gente renuncie a la canción de autor porque no está dentro de esas tendencias. Nota aquí.




Vaquero


 

Teresa Parodi & Maggie Cullen

 


Leire Martínez

 Leire Martínez prepara su gira por la Argentina tras su salida de La Oreja de Van Gogh: “Pensé que no lo volvería a vivir”

En charla exclusiva con Teleshow, la cantante española habló del vínculo con el país y su primer disco solista, atravesado por la memoria y la resiliencia.

Hay regresos que no se anuncian: se sienten. Y el de Leire Martínez a la Argentina tiene algo de destino cumplido, de promesa que parecía lejana y hoy se vuelve tangible. En mayo, la artista vasca volverá a cruzar el Atlántico para ofrecer sus primeros conciertos en el país como solista, dentro de la gira internacional que acompaña el lanzamiento de su esperado álbum debut, Historias de aquella niña, que verá la luz el próximo 20 de febrero.

Será un reencuentro cargado de simbolismo. Neuquén, Buenos Aires, Rosario y Córdoba serán las ciudades que recibirán a una voz que durante casi dos décadas fue sinónimo de emoción, estadios colmados y canciones que marcaron generaciones. Pero esta vez, el nombre en lo alto del cartel será el suyo, sin necesidad de compartirlo. Con su historia a cuestas y su identidad reafirmada.

Leire Martínez Ochoa nació el 22 de junio de 1979 en Rentería, País Vasco. En la Ikastola la apodaban de muchas maneras —“la leona”, “la gata”—, pero hubo uno que sobrevivió al paso del tiempo: “Laser”, en honor a sus enormes y expresivos ojos, capaces de iluminar cualquier escenario. Esa niña creativa, apasionada, aventurera y sin miedo a los desafíos es la que hoy vuelve a asomar con fuerza en este nuevo capítulo.

Antes de los estadios y las giras internacionales, estuvo el salto a la televisión. En 2007 participó en Factor X (Cuatro), donde deslumbró con interpretaciones de Julieta Venegas, Anastacia, Vanessa Paradis o incluso Lisa Stansfield. Fue eliminada en la sexta gala, pero su camino recién empezaba.

En febrero de 2008 recibió una llamada que cambiaría su vida. El baterista Haritz Garde la invitaba a audicionar para La Oreja de Van Gogh. Poco después, el grupo la confirmó como su nueva vocalista. El 20 de marzo de ese año se oficializó su incorporación. Durante 17 años, su voz acompañó una etapa fundamental de la banda, consolidando una conexión profunda con el público latinoamericano, especialmente con la Argentina y México.

El 14 de octubre de 2024 se anunció la separación entre Leire y el grupo. La noticia sorprendió a los fanes y desató una ola de apoyo masivo en redes sociales hacia la cantante. Fue un punto de inflexión. Un cierre y, al mismo tiempo, una puerta.

“Lo que durante una época fue algo que daba por sentado, ahora supone uno de los retos más grandes de mi carrera en solitario. Volver con mi directo a EEUU y Latinoamérica”, reveló Leire en diálogo exclusivo con Infobae. Y agregó, conmovida: “Son lugares que han acabado siendo hogar para mí, tan lejos del mío propio, y que durante años me han hecho sentir tan querida. Pensé que eran una etapa y una suerte que no volvería a vivir”.

Respecto del presente y lo vivido desde su salida dle grupo, destacó que “a lo largo de este último año habéis seguido estando ahí y mandándome vuestro cariño más fuerte que nunca, así pues poder reencontrarme con vosotros, volver a mirarnos a los ojos y cantar juntos será un inmenso placer”.Nota aquí.






Alberto Alcalá

 


Edgar Oceransky

 


Paula Mattheus

 Paula nos cuenta por Facebook.

2 días desde que salió Todo lo alto que quiero el jueves por la noche tuve la oportunidad de tocar algunos temas del disco antes de que saliera con algunos de vosotros. Tuve la oportunidad de saldar mi deuda con tocar en la sala Galileo que la pandemia me quitó hace 5 años. Tuve la oportunidad de emocionarme celebrar y llorar.
Muy emocionada con todo lo que ya me está trayendo este disco, y con todo lo que me queda por vivir con el. Gracias a todos por el amor y por compartir. Y gracias por atreveros a hablar todo lo alto que queráis.
Nos vemos en 1 mes en la gira!!! Ahhhhh!!!
@mvalderramac gracias por presentarme el disco y hablar tan bonito y por el video que me montasteis que casi me desmontáis . Te quiero .








Alba Muñoz Carbonell

 


Nacho Vegas

 

Gaby, Fofó y Miliki

 “Hace mucho tiempo que somos ricos”: la historia del trío de payasos que huyó de la España de Franco y conquistó América desde Cuba

Un 8 de febrero de 1923 nació en Madrid Alfonso Aragón Bermúdez, Fofó, el hermano mediano de una dinastía que llevaba el circo en la sangre. El debut del trío en la España de posguerra, su salto a Cuba y la consagración en la televisión latinoamericana y argentina antes de volver a Madrid como hijos pródigos. La inesperada admiración de Franco por “los payasos de la tele” y el triste día en que los payasos tuvieron que comunicar a los niños que Fofó había muerto.

Corrían tiempos de sangre y de tristeza en España cuando tres chicos, dos adolescentes y un niño, se presentaron en público sin imaginar que harían historia. Fue el 24 de abril de 1939 en el legendario Circo Price de Madrid. Apenas tres semanas antes, Francisco Franco había declarado la victoria de las “tropas nacionales” en la Guerra Civil. “En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”, había comunicado “el generalísimo” a todo el país en el parte de guerra firmado de puño y letra el 1° de abril de ese año. En ese clima de violenta posguerra, Gaby, Fofó y Emilín (que luego cambiaría su apodo por Miliki) Aragón Bermúdez se presentaron con los roles que el trío de payasos conservaría durante toda su trayectoria: “Gaby” como clown – hablador y autoritario - y maestro de ceremonias, Alfonso "Fofó" como payaso augusto – bromista y extravagante – y Emilio “Miliki” en el rol de trombo o contra-augusto – el tercero en discordia que desbarata las intenciones de los otros dos para ponerlos en ridículo -, un papel que asumió cuando era todavía un niño.

Gaby, nacido el 8 de febrero de 1920, tenía 19 años, Fofó acababa de cumplir 16 y Miliki era un niño de solo diez. Los tres llevaban el circo en la sangre: el linaje circense de los Aragón se remontaba al siglo XIX, porque Gaby, Fofó y Miliki eran hijos y sobrinos de payasos. Su padre era Emilio Aragón Foureaux, más conocido como Emig. Sus tíos, José María y Teodoro Aragón Foureaux, también eran payasos, conocidos por los nombres artísticos de Pompoff y Thedy. Esos hermanos también conformaban un trío de características parecidas al que, años más tarde, consagraría a sus famosos descendientes.

La tradición no acababa allí. Los primos de Gaby, Fofó y Miliki también eran payasos: uno de ellos, José Aragón Hipkins, era conocido como Nabucodonosorcito, y el otro, llamado Emilio como Miliki, utilizaba el nombre artístico de Zampabollos. Los abuelos tampoco eran ajenos al mundo del circo: Gabriel Aragón Gómez, conocido como el Gran Pepino, habían trabajado en distintos espectáculos circenses acompañado por su mujer, Virginia Foureaux, e incluso el tatarabuelo del trío, un ex militar francés llamado Jean Philippe Foureaux, había incursionado en ese tipo de espectáculos, pero no como payaso sino como domador de caballos. Para completar el cuadro, la hermana de los tres payasos casi niños era bailaora de flamenco y en aquellos primeros tiempos más de una vez se presentó con ellos.

El debut fue un éxito de público y tuvo algunas buenas críticas en los diarios. Fueron pocas en realidad, porque hay muy pocos registros periodísticos de esos primeros años de Gaby, Fofó y Miliki y sus espectáculos. Esa España autoritaria y empobrecida de la posguerra civil no les resultó propicia y siete años después de su debut decidieron emigrar en busca de un mejor destino. Creyeron que sería por poco tiempo, pero demoraron 27 años en volver, cuando el régimen del dictador Franco ya agonizaba.

Quizás conscientes de que no podrían ser profetas en su tierra, en 1946 se embarcaron tras otro sueño: hacer la América. La primera escala latinoamericana fue Cuba, donde se presentaron con un número en el que ya incluían instrumentos musicales, como el saxofón y el acordeón. Allí, en 1949 se presentaron por primera vez en televisión, con un programa semanal de corte circense que pronto fue exportado a otros países de habla hispana, como México, Argentina y Venezuela. Nota aquí.




María Tena

 


El Roto

 


sábado, febrero 07, 2026

Luis Fercán

 


Rodolfo Serrano

 El tiempo

Si usted la hubiera visto, amigo mío,
el perfume que salía de su blusa,
la forma de apoyarse en cualquier sitio,
o, simple y llanamente,
esa manera tan suya de mirarte.
No ha llegado usted a conocerla
en sus años mejores.
Cuando andaba por calles y por bares,
acuchillando noches y bebiendo
la sangre de la vida.
Mirarla, ya le digo, era la gloria:
morena y muy delgada,
y esa piel que parecía -a qué negarlo-
un verso de Neruda.
Como a todos,
a mí también me tenía enamorado.
Y hubiera dado, lo juro, cualquier cosa
por una madrugada,
los dos juntos,
en cualquiera de esos bares de suburbio
que ella frecuentaba por entonces.
Usted conoce bien, estoy seguro,
lo que ocurre con amores como éstos.
Se van por el lavabo como el agua,
girando, dando vueltas, dulcemente.
No dejan ni un rasguño, ni una huella
en tanto corazón abandonado.
Fueron tiempos felices.
Muchas veces
recuerdo esa humedad en el asfalto,
y las oscuras calles sin un alma,
las madrugadas frías,
la búsqueda apurada
donde tomar la espuela.
Y ella —me parece estarla viendo—,
fumando un cigarrillo
y su tos como un tibio sobresalto.
Ya ve usted, amigo, quién diría
que es la misma mujer, cansada y triste,
que se cruzó hace un rato con nosotros
y, sin ganas,
nos presentó a su nieta.
Yo le juro
que es la misma mujer que hace unos años
nos volvió a todos locos.
Y felices.
(Es mentira que el tiempo
dulcifique los recuerdos)
La foto es de Raul Cancio.



Víctor Alfaro


 

Alba Flores & Guillermo Furiase

 


Carlos Cuevas

 “No entiendo que se tache de reivindicativo a quien se posiciona a favor de la vivienda o contra el racismo”

El catalán interpreta en la película ‘La fiera’ su primer papel protagonista en el cine.

“Es la historia del héroe: el héroe es, por definición, alguien que va a un sitio sabiendo que puede morir. Si no existe la posibilidad de muerte, no es un héroe”. Carlos Cuevas está hablando de la pelícu­la La fiera, desde hoy en salas, en la que interpreta su primer papel protagonista en el cine. En concreto, está explicando la pulsión que mueve a los protagonistas a escalar montañas o saltar una y otra vez en paracaídas y wingsuits desde avionetas, cimas o rascacielos. Pero lo que dice también sirve para entenderle a él. Aquí tenemos a un hombre poco dado a la épica y mucho a llamar las cosas por su nombre.

Carlos Cuevas (Montcada i Reixac, Barcelona, 30 años) es actor. Sus trabajos más populares han sido en televisión: Ventdelplà (2005-2010), la gran serie diaria catalana, en la que él trabajó entre los 9 y los 15 años; Merlí (2015-2018), que también se emitió en TV3 y que al pasar a Netflix levantó pasiones en tantos países que fue resucitada por Movistar+ como Merlí: Sapere aude (2019-2022); y Smiley (2022), en Netflix, en la que la presencia de Cuevas ya era un reclamo para fabricar un fenómeno internacional, cosa que fue. Sus trabajos más prometedores están en cine (El 47, Esto también pasará, La ternura), y los mejores, posiblemente en teatro: empezó a los 16, con Els nostres tigres beuen llet, de Albert Espinosa, y desde entonces ha protagonizado no pocos hitos de las tablas catalanas recientes: Barcelona (2013), Jauría (2024), de Miguel de Arco, donde encarnó a un miembro de La Manada, o la monumental La herencia (2025), escrita por Matthew Lopez y ganadora del Tony en Broadway y del Olivier en Londres, que le obligaba a pasar seis horas en el escenario cada día.

O sea que Carlos Cuevas es actor; no canta, no vende ropa ni promociona coches, apenas postea, es actor y solo actor, o sea que es un poco raro en ese sentido; su vida entera ha sido actuar, en rachas largas y graníticas de trabajo, y él aún quiere hacerlo más y ser mejor después de 23 años haciéndolo ya, lo que no es exactamente fácil de entender desde fuera. “Tengo un oficio, como lo tiene un carpintero o un pintor. Hay algo que sé hacer y que intento hacer mejor cada día. Todas mis decisiones pasan por ser mejor en ese oficio. No sería el actor audiovisual que soy si no hubiera debutado en teatro y no sería el actor de teatro que soy si no tuviera tanto rodaje a la espalda”, explica él una tarde en el teatro Lliure de Barcelona, y podría sonar a ecos de una ambición mal trabajada pero sus acciones también hablan. Con todo el trabajo que ha hecho, muy poco de su tiempo y su esfuerzo han ido a demostrar ante otros cuánto ha progresado y sacrificado: de ser así, su trayectoria tendría un aspecto muy distinto. Habría más cine comercial, series streaming de consumo inmediato y masivo, más sobreacutaciones, más exhibirse con gente inaccesible y menos funciones de seis horas en catalán. Lo que ha hecho, lo ha hecho para sí mismo.

“No tiene las tonterías que suelen acompañar a otros actores, la popularidad, el dinero, y es raro que un chaval de 30 años venga con las cosas tan claras”, pondera Salvador Calvo, director de La fiera. “Uno espera que a esa edad se sea un poco infantil. Carlos, sin embargo, sabe lo que quiere y lo que cuesta”. En esta historia, el premio por actuar mucho y bien es actuar más y mejor.

Lo otro, la fama, al final quema, deforma y demanda sacrificios. Todo famoso es alguien empeñado en serlo, alguien capaz de, en ocasiones, anteponer la celebridad a lo demás. Objetivamente, Cuevas ha dedicado el tiempo justo a las redes y las modas y otros despliegues de capital social: a la gente la definen sus contradicciones y la suya quizá sea que es un chico guapo, querido por la cámara, con fans en todo el mundo y, a la vez, un famoso bastante mejorable.

“Es que yo…”, baja el mentón. “Yo quiero trabajar en esto toda la vida. La gente que trabaja en esto toda la vida ha hecho unas cosas y no ha hecho otras. Entonces intento seguir esos ejemplos. Ahora, paseando por el Lliure, veíamos carteles con las caras de Anna Lizaran, Eduard Fernández, gente que admiro, y veo qué camino han seguido, con más o menos suerte, con más o menos continuidad. Ha habido muchas cosas a las que he renunciado por desinterés. No me acercan hacia donde quiero ir. Tengo el foco puesto en un lugar que no es el de ser famoso”. Una pausa, como intentando ordenar su discurso. “Hay actores que prefieren hacer una película y una publi y el resto del año, descansar. Yo prefiero estar nueve meses haciendo teatro y luego algo audiovisual, porque en ese tiempo haciendo teatro estás aprendiendo, estás mejorando. Si tú paras 10 meses de hacer cualquier cosa, pierdes agilidad. Pasa con todo, como si no hablas un idioma en 10 meses. Intento que mi carrera pivote alrededor de lo que me hace estar más entrenado pese a que a veces no son las que más te retribuyen económicamente”. Nota aquí.



Julieta Rada


 

El Kanka

 


Ramón Serrano

 DEL VERBO SIN TIEMPOS

Con frenesí enloquecido
brotan del suelo las aguas
en las minas del tiempo
túneles largos y oscuros nos aguardan
esa lluvia enfermiza de rabia
ese océano calenturiento
son presagio doliente
de un futuro que no existe
de un pluscuamperfecto indefinido
que es asco y náuseas
una existencia azarosa
el vasto imperio de la nada
no habrá nadie en los entornos
no contarán horas oxidadas
sin ventanas ni madrugadas
vacío el andén de la noche
los raíles que llevan a los suburbios de una infancia malograda.



Fran Mariscal

 


Rodrigo Cuevas

 


María Guivernau

 


Santy Pérez

 


72 Kilos

 


viernes, febrero 06, 2026

Paula Mattheus

 

Gabriel Tuya

 Gabriel nos cuenta por Facebook.

CHICHO SÁNCHEZ FERLOSIO... LOS DOS GALLOS.

Hace apenas unos meses atrás que descubrí que una canción llamada "Los dos gallos" no pertenecía al cancionero de la Guerra Civil Española. Esa canción que fue grabada por Los Olimareños y por tantos otros, es una creación de Chicho Sánchez Ferlosio en tiempos del franquismo. Y entonces me puse a investigar sobre el autor... me encontré con un músico y más aún... con un ser humano irrepetible. Debido a la censura que había en España, Chicho se encerró en el baño de su casa, porque decía que tenía buena acústica y allí grabó su disco, el que fuera editado en Suecia, pero bajo el nombre de "cantor anónimo"... "Cuando canta el gallo negro / Es que ya se acaba el día / Si cantara el gallo rojo / Otro gallo cantaría / Ay, si es que yo miento / Que el cantar que yo canto / Lo borre el viento / Ay, que desencanto / Si me borrara el viento / Lo que yo canto." Chicho formó parte primero del Partido Comunista Español y luego abrazó las más puras banderas del anarquismo. Cosa complicada la de la música de protesta... muchas veces quedan en la nada por ser solo panfletos pero en el caso de Chicho, sus canciones hoy se siguen cantando... a más de 40 años, Chicho sigue vivo en sus canciones. Hoy, frente al avance del fascismo tanto en Europa como en España, nos hacen falta más cantautores capaces de escribir canciones que sean la banda sonora de este pueblo que ya dice basta... o tal vez sea yo el que quiere que digan basta... porque vamos directo al burladero y como buen toro, todos sabemos que luego vendrá la espada. Y si tenemos que morir en una plaza de toros, al menos que sea cantando, joder!!! Por eso este video de Silvia Pérez Cruz... cantando "Los dos gallos"... que viva el Chicho! Que vivan los cantautores! Nosotros apenas podamos cantar sus canciones, para que aquella frase de La Pasionaria se vuelva verdad... NO PASARÁN!