sábado, noviembre 07, 2026

Ron Wood

 Ron Wood en vivo, la sapiencia de un viejo lobo

A falta de The Rolling Stones, el guitarrista y cantante alimentó el fuego de un ya extenso romance en el Arena. Y lo hizo con una lista que balanceó clásicos imperecederos con varias perlas.

El primer Rolling Stone en actuar en la Argentina fue Mick Taylor. El guitarrista, pieza fundamental de la banda desde julio de 1969 hasta diciembre de 1974, ofició de telonero en el debut porteño de Eric Clapton. Durante el concierto –celebrado el 5 de octubre de 1990 en el Estadio River Plate– interpretó apenas un tema del universo stoniano. Se trató de “You gotta move”, canción tradicional afroamericana que el combo recreó en el fabuloso Sticky Fingers.

Para los seguidores del grupo, esa presentación tuvo gusto a poco. Pero el sinsabor quedó atrás con el desembarco de Keith Richards. El 7 de noviembre de 1992, en la cancha de Vélez Sarsfield, el Stone por antonomasia ofrendó un recital magnífico en el cual incluyó seis perlas de la agrupación. Algunas de ellas –como “Time is on my side”– no volverían a sonar en vivo por estos lares. Al año siguiente, Taylor regresó para una serie de actuaciones con Los Ratones Paranoicos. Y al fin, el 9 febrero de 1995, en el Monumental de Nuñez, Sus Majestades Satánicas se corporizaron por primera vez ante la feligresía local. Fueron quince ceremonias a lo largo de cuatro visitas, que consumaron un amor imperecedero. Tuvo que pasar una década para que Ron Wood agregara un nuevo episodio a la saga: lo que sucedió en el Movistar Arena demostró que hay fuegos inextinguibles.

De campera verde con intervenciones en dorado, camisa turquesa, remera de tono naranja, jeans oscuros y zapatillas multicolores, Ronnie pisó las tablas y lo recibió el rugido de una multitud conquistada de antemano. El bramido del público se intensificó con los primeros acordes de la celebratoria “It’s only rock and roll”. El guitarrista, cincuenta y dos años atrás, participó en la concepción de dicho himno, pero solo fue acreditado a la dupla Jagger / Richards. Luego siguió la sensual “Am I grooving you”, popularizada por el cantante Freddie Scott. “Take it easy” –un rocksteady llevado al éxito por Hopeton Lewis– es una de las flamantes grabaciones incluidas en su álbum recopilatorio Fearless: Anthology 1965 – 2025. La versión ofrecida sonó caliente, dinámica y precisa.

“¿Recuerdan a los Faces?”, preguntó el británico a su feligresía. Tras la consulta, regaló una perla para los más fanáticos. La redentora “Flying” -lado A del primer simple del quinteto- con la extraordinaria voz de Chanel Haynes. La voluptuosa “Hey Negrita”, con su mixtura de reggae y funk, desató una fiesta. La inclusión en el repertorio fue todo un acierto, pues los Stones solo la tocaron en vivo en su gira europea del año 1976. Otro rescate fue “Seven days”, pieza de Bob Dylan que propició un pequeño pogo en el campo delantero. Wood devolvió la gentileza y, sonriendo, afirmó: “Son el mejor público del mundo”.

“Remember (Walking in the sand)” marcó el ingreso a escena de Imelda May. La cantante le otorgó a la balada una sensualidad que a la grabación primigenia de The Shangri-Las le faltaba. La irlandesa, junto al anfitrión, se encargó de la entusiasta “You’re so fine” –del grupo The Falcons– registrada por el astro en su flamante antología. La tríada de clásicos del folklore estadounidense se completó con la magnética “Baby what you want me to do”, del indispensable Jimmy Reed, donde Ronnie se lució con su armónica. La atmósfera soulera de “Mystifies me”, iluminada por Ron y sus eximias vocalistas, preparó al auditorio para un plato fuerte: la descomunal “River Deep, Mountain High” donde Haynes reprodujo el magnetismo y la intensidad que Tina Turner le imprimió a la versión original.

La intérprete conoce el paño pues personificó a “La Reina del Ácido” fallecida en 2023 en una exitosa producción teatral. Pero Wood no solo reclutó a magníficas voces. También conformó la sensacional The AMMO Band. El bajista Willie Weeks, el baterista Andy Newmark, el guitarrista Johnny Lee Schell y el tecladista Andy Wallace, prestigiosos músicos de sesión, concibieron un robusto entramado sonoro donde Ronnie desplegó una ejecución intuitiva, fluida y visceral. De hecho, sus fraseos con la guitarra slide fueron impecables.

Al comienzo de la urgente “Show me”, pieza central del álbum Slide on this, el pícaro Ronnie insinuó unos segundos del riff de “(I can’t get no) Satisfaction”. Esa pequeña brisa bastó para encender la hoguera. Miles de celulares filmaron la escena y todo el estadio entonó esa frase musical imperecedera. Junto a la violinista Mera Royle, el combo subió aún más la temperatura con “Country Honk”. La relectura, en clave country, de la portentosa “Honky Tonk Women” posibilitó que el público hiciera suyo aquél estribillo formidable: sin dudas, uno de los momentos más vibrantes de la noche.

A continuación otra recuperación arqueológica, “The Boogie Disease del blusero Doctor Ross. Respaldado por las voces de sus ángeles guardianes, ofreció “Ooh La La”, hito de los Faces impregnado de melancolía, sobre los vaivenes del amor. Luego de la arrolladora “Chain of fools” -inmortalizada por Aretha Franklin- fue el turno de la intensa “Can’t you hear me knocking”. La joya stoniana, de aires jazzeros y toques latinos, fue recibida con un bramido de júbilo y un cántico de guerra: “¡Esta noche toca Ronnie y el año que viene tocan Los Stones!”. A veces, decía Luis Alberto Spinetta, existe un divino presagio.

La despedida formal fue con la ardiente “I can feel the fire” (quizás el tema más popular de su carrera en solitario) y la irresistible “Outlaws”. “Ya no quedan forajidos como antes”, entonó el viejo pirata en ese rock and roll de pura cepa: él, claramente, es uno de ellos.

De regreso al escenario, luciendo una camiseta de la Selección Argentina con su nombre en la espalda, se sumergió en el Delta Blues con un fragmento de la punzante “Dust my broom” de Robert Johnson. Luego obsequió extractos de la vigorosa “Black limousine” (una de las pocas obras donde comparte autoría con los célebres Glimmer Twins) y la nostálgica “Gasoline Alley” que compuso junto a Rod Stewart. El cierre llegó con la arrogante “Stay with me”, el mayor suceso de los Faces. Ronnie, exultante, incitó a los asistentes a sumarse al pegadizo estribillo de la canción. Tras el saludo final junto a la banda, tomó otra casaca del equipo local y comenzó a revolearla por encima de su cabeza. El gesto hizo estallar al estadio con el clásico de clásicos “¡oh, vamos los Stones!”. Nota aquí.






Carlos Ares

 

Marilia

 


Ana Montojo

 INEXISTENCIA

Tú, que no tienes nombre ni rostro ni presencia,
deja que me refugie en tu cuerpo improbable
y acógeme en tus brazos como se acoge a un perro
hambriento de caricias
que ladra sin saber que está llorando.
Escucha junto a mí la voz de Billie Holiday
desgranando derrotas de alcohol y cocaína
y, fingiendo que existes,
investiga mi espalda hasta que encuentres
esa vértebra exacta donde duele la vida,
ese pliegue de piel donde se esconde el miedo
y quítame la ropa.
Arráncame la máscara de acero que me cubre
y deja a la intemperie mis miserias;
quiero volverme blanda entre tus manos,
y que moldees mi cuerpo con la forma de un ave;
luego dirígeme donde no exista el tiempo
ni la edad ni la muerte.
Donde no exista yo, como tú, que no existes.




El Zar

 

Las Pastillas del Abuelo

 


El Gran Wyoming

 El Gran Wyoming comunica su jubilación en ‘El intermedio’: “No vaya a ser que lleguen los de Vox al gobierno y encima me quiten la pensión”

El presentador de 71 años anunció este jueves que se retiraría en unos meses y que Gonzo ocuparía su lugar al frente del programa de La Sexta.

El Gran Wyoming anunció este jueves su jubilación y explicó los detalles de la decisión en El intermedio. El comunicador, de 71 años, abandona uno de los programas estrella de La Sexta, que ha presentado desde 2006, y su relevo en el cargo será Gonzo, un histórico del espacio y de la cadena. Fue hacia el final de la emisión cuando José Miguel Monzón comentó “la noticia del día”, en palabras de la copresentadora Sandra Sabatés, desde la habitual mesa que preside de lunes a jueves. “Me refiero a esa noticia que publicaba EL PAÍS y de la que se han hecho eco numerosos medios”, comenzó ella. “Un momento, ¿me jubilo?”, reaccionó él. Su compañera le siguió el juego para terminar diciéndole que le iban a echar “mucho de menos”.

Wyoming tomó la palabra y miró a la cámara para dar más detalles de una retirada que ya había mencionado anteriormente. “Españoles, como líder de masas que soy, os debo una explicación y como es una ocasión especial lo haré desde el pico de la mesa”, sentenció. “Aprovechad para ver este chasis que queda poco”, bromeó al levantarse. Para posteriormente dar más detalles de su salida: “Pues sí, me jubilo. Los que habéis seguido mi trayectoria profesional sabéis que durante toda mi vida, mi mayor aspiración ha sido tumbarme a la bartola sin hacer nada, solo he tardado 71 años en conseguirlo”.

El Gran Wyoming dejó claro al público que desde niño, su sueño había sido jubilarse y que quería cumplirlo pronto. “No vaya a ser que lleguen los de Vox al gobierno y encima me quiten la pensión”, advirtió. En su discurso de poco más de tres minutos, confirmó que se iría “dentro de unos meses”, que no podrían verlo en otro espacio de la parrilla televisiva y que siempre estaría vinculado al programa. “¿Puede significar esto el final de El intermedio? ¡Jamás! Esto lo hacen más de 100 personas y la que se va es solo una”, dejó claro. “Continuará fiel al compromiso con la verdad, el rigor informativo y el humor inteligente”, continuó.

Será Gonzo, hasta ahora al frente de Salvados, quien se encargue de conducir el informativo satírico diario de La Sexta. “Mi hueco lo ocupará un profesional a la altura, Gonzo, aunque lo de la altura es un decir porque es como un pony”, ironizó. El gallego fue parte del equipo del programa entre 2010 y 2019 como reportero de calle y dejó el espacio cuando pasó a Salvados en 2019 para tomar el testigo de Jordi Évole. La estrella del programa insistió en que Gonzo es como una especie de hijo pródigo que vuelve: “No vais a notar el cambio porque es un gran presentador, es incisivo y es un enorme periodista. Todo lo que yo no soy”. Nota aquí.



Puño Dragón

 

Luis Fercán

 


María Guivernau

 


Maribel Verdú

 “A veces miro a la niña que fui con ganas de haberla protegido más”

Fenómeno adolescente en los ochenta, estrella en ascenso en los noventa, artista consagrada y garantía de éxito desde los dos mil…, Maribel Verdú lo ha sido todo y lo ha hecho todo en la industria: cine popular y de autor, televisión, teatro. A sus 55 años y con 40 de carrera a sus espaldas, solo quiere un poco de paz. “A estas alturas sueño con trabajar bien, no con acumular medallas”, dice

Maribel Verdú no lleva la cuenta de las veces que le ha tocado meterse en triángulos amorosos tortuosos. En los noventa y comienzos de los dos mil, protagonizó algunos de los tríos más memorables de la historia del cine en español, incluidos el de Amantes, junto a Jorge Sanz y Victoria Abril; el de La buena estrella, con Antonio Resines y Jordi Mollà, y el de Y tu mamá también, con Gael García Bernal y Diego Luna. También hizo de amor platónico de Fernando Rey y Gonzalo Vega en Al otro lado del túnel y hasta formó parte de un quinteto junto a Jorge Sanz, Penélope Cruz, Arianda Gil y Miriam Díaz-Aroca en Belle époque, filme de Fernando Trueba que ganó el Oscar a la mejor película internacional en 1994.

En la vida real, en cambio, la actriz lleva casi tres décadas junto al actor y productor Pedro Larrañaga. Para ser exactos, hace unas semanas cumplieron 27 años de casados. En el mundo del espectáculo, eso equivale a unas bodas de oro. En estos tiempos de amor líquido, es un récord. “Nuestro secreto es la admiración, el humor y mucho espacio propio. Parece una fórmula sencilla, pero requiere generosidad. Nos admiramos profundamente, nos reímos a carcajadas juntos y somos los mejores amigos del mundo”, explica Verdú (Madrid, 55 años) tras la sesión de fotos para El País Semanal. “Pero a la vez somos dos personas radicalmente independientes que no nos asfixiamos. No hay dependencia ni celos; nos alegramos de verdad de los éxitos del otro”.

La actriz tiene los ojos de color marrón oscuro, pero cuando te habla es como si los encendiera y destellaran. Y luego está su sonrisa cinematográfica. Cuando te sonríe, es como si se prendiera otro gran foco. Tendría que estar agotada porque acaba de volver de Kenia, donde ha pasado todo el verano rodando la película Si los muertos hablaran con Carmen Machi, Hugo Silva e Ingrid García-Jonsson, entre otros. Pero está magnífica. Se ríe fácilmente. No se queda quieta, va y viene. Habla con todo el equipo. Opina sobre todo y pregunta de todo. Y hasta hace un pino puente para el fotógrafo.

En Si los muertos hablaran, filme de Nacho G. Velilla que se estrenará en 2027, interpreta a una famosa escritora de novela negra y madre completamente desnaturalizada. La Verdú de carne y hueso no tiene nada que ver con ese personaje. La Verdú de verdad no se parece en nada a ninguna de las más de 70 mujeres a las que ha dado vida en sus 40 años de carrera cinematográfica. No es la valiente ama de llaves que se juega el pellejo en El laberinto del fauno, el taquillazo de Guillermo del Toro que ganó siete Premios Goya y tres Oscar en 2007. Tampoco es la sensata Miranda de Tetro, el drama de Francis Ford Coppola de 2009. Mucho menos es la malvada madrastra de Blancanieves, la película muda en blanco y negro de Pablo Berger que se llevó 10 Goya en 2013.

“Cada etapa me ha regalado una mujer decisiva. Todas tienen pedazos míos y ninguna soy yo”, aclara. Entonces, ¿cómo es Maribel Verdú? “Es algo que cada vez me da más vergüenza hacer: hablar de mí y de cómo soy yo. Soy de tantas maneras, y cuando pensaba que era de una, llega la vida y te hace ser de otra… Es mucho más interesante que sean otros los que me definan”. Nota aquí.



Pancho Varona

 


Tute


 

viernes, noviembre 06, 2026

Luis Fercán e Iván Ferreiro

 

Joaquín Lera

 Abanicos de anhelos suspiran

extasiando al silencio.
Melancólicos ojos de aire inhalan heliotropos.
Otoñales balcones sonrien a los atardeceres,
deleitando a las hojas que doran las cortezas del alma.
Rompeolas cegadores erizan
las pestañas del viento.
Oleajes vidriosos conspiran
entre nubes y copos.
Obeliscos de fuego se abrazan
para que no se congelen,
las semillas de luz que decoran
los portales del alba.
Soledades lejanas colorean
el mapa de los reencuentros.
Bálsamos que tejen con mimo
los chales del insomnio.
Piruetas en cubitos de hielo
chatean con los supervivientes,
que ingieren cócteles de sueños y guindas de palabras.
Asteriscos fugaces deliran
compartiendo raíces e instintos.
Tinteros de albricias se iluminan
esparciendo señales.
Sedimentos de incienso
atraviesan laberintos que sienten,
dejando estelas de versos y corazonadas.



Bruno Bonacorso

 


Diego Torres

 

Litus & Amigos

 


Bob Dylan

 La capucha negra de Bob Dylan

El músico odia los protocolos y siempre es capaz de llamar la atención con sus escasas apariciones públicas. Las imágenes con el Papa guardan simbolismo, incluso político justo después de la derrota de Trump en EE UU.

Un hombre de negro con capucha y otro de blanco. Una estrella del rock y un Papa. Dos figuras mundialmente conocidas y, para algunos, ambas con halo sagrado, aunque por muy distintos motivos y, como todo en cuestión de fe, obviando que el ser humano es errático por definición y que, en este estropeado mundo, lo único sagrado es la muerte, que nos iguala a todos y contra la que no se puede hacer nada. Ayer, se difundieron imágenes en las que se ve al Papa León XIV con Bob Dylan en el Vaticano. Y el impacto, más por el misterioso artista que por el Sumo Pontífice, ha sido inmediato.

Por las redes sociales han surgido comentarios de todo tipo a la indumentaria de Dylan, vestido con sudadera negra y calzada la capucha. De los que le comparan con uno de los agitadores callejeros de Blocus hasta los que ven en él al emperador Palpatine de la conocida saga de la Guerra de las Galaxias. Esto último tiene especial retranca cuando se trataría de una lucha del bien contra el mal, o de la fuerza contra el lado oscuro, dando a entender que Dylan representaría el lado oscuro como Palpatine y el Papa sería una especie de Obi-Wan Kenobi con su aspecto de blanco impoluto.

Para los que creemos que, si hubo algún representante de Dios -de cualquier dios y religión- en la tierra tuvo que ser Elvis Presley, la indumentaria de Dylan, una simple sudadera, no nos asombra tanto como la que lleva el Papa de la Iglesia católica y noveno soberano de la Ciudad del Vaticano. ¿Acaso no es más anacrónica a día de hoy la vestimenta del Sumo Pontífice cristiano que la de ese hombre con unas sencillas pintas de anciano conjuntado con anarquía, esto es, sudadera negra con camisa blanca, corbata de lunares, pantalones oscuros y guantes de cuero? También lleva paraguas, porque, al parecer se había levantado el cielo gris, pero también podría ser usado de bastón ante los evidentes problemas de cadera del músico.

Intentar descifrar la figura de Bob Dylan, tan escurridiza y enigmática y que se inventó su propia biografía a su llegada a Nueva York cuando era un mocoso veinteañero rodeado de músicos y activistas políticos, siempre ha sido un asunto imposible. Sin embargo, a medida que uno se adentra en este personaje que atraviesa la historia cultural del siglo XX como un forajido sin ley, se entiende que el autor de Like a Rolling Stone nunca ha dejado de querer, a su manera, dejar su huella. Se podría incluso pensar que su indumentaria es una forma de llamar la atención de su inquebrantable lucha, tanto artística como personal, por su independencia y libertad individual. Sería un pensamiento que encaja con una actitud que lleva practicando el músico desde hace décadas y que bien sufrieron los miembros del comité del premio Nobel de Literatura, que se llevaron las manos a la cabeza por sus formas y silencios mediáticos al recibir el mayor galardón de las letras universales y convertirse en el primer y único músico con este reconocimiento. Nota aquí.




Ismael Serrano

 


Elefantes

 

Pancho Varona

 


Enrique Bunbury

 Enrique Bunbury hizo uno de sus mejores shows porteños

El cantante y compositor zaragozano palpitó de entrada que iba a ser una gran noche y se entregó a un público sumamente inspirado.

Pocas veces se vio algo así en esta ciudad. Apenas promediaba la quinta canción, ya Enrique Bunbury se había hecho con uno de los mejores recitales que encaró en Buenos Aires. Será porque esta vez encontró a un público sumamente inspirado. O habrá sido porque él salió a escena sin expectativas. Lo cierto es que el cantante y compositor español se dio cuenta de esa conexión instantánea, al punto de que recogió el guante y osó vaticinar en ese instante: “Ésta será una gran noche”, con “che” incluido en el remate, para luego revolear una botella de agua mineral hacia el público. Reforzado, además, por una mirada golosa, como de quien decidió echarle aún más picante (sobre la marcha) a su plan maquiavélico. Delatado por esas cejas vívidas, sin prurito para cometer la gula.

Eso sucedió tras cantar la ranchera psicodélica “Infinito”, que había secundado al bolero “Las chingadas ganas de llorar” y a la cumbia con aroma a spaghetti western “Te puedes acostumbrar a todo”. Aunque al principio de todo, amparado por ese sol ardiente irradiando desde la pantalla ubicado al fondo del tablado, el artífice desenvainó el bossa nova (remojado el dramatismo cinematográfico de Nino Rota) “Un brindis al sol”, y la especie de pop melódico italiano “Creer que se puede creer”. Estas dos últimas canciones forman parte del reciente álbum que trajo de vuelta al Movistar Arena, en la noche del miércoles, a “Quique” (tal como lo llama su séquito): el fabuloso De un siglo anterior, publicado en abril pasado y que confirma la prolificidad de el otrora cantante de la banda Héroes del Silencio.

Y es que pasó exactamente un año desde que el músico sacó su anterior LP y lo tocó en estos lares, Cuentas pendientes, que a su vez escoltó a Greta Garbo, lanzado en 2023. No genera sorpresa la compulsión creativa de Bunbury, evidenciada un trienio antes, cuando vieron la luz los discos de estudio Posible y Curso intensivo de levitación. El asunto es que este repunte, lo más parecido al vértigo de un Encierro de San Fermín (con esos seis toros deseos de clavarle los cuernos a ese alud de gente), ocurre después de que el zaragozano casi se retira de la música a causa de una severa afección respiratoria. En tanto desembuchaba toda esa musa vehemente (cristalizada en lo que se ha hecho llamar “El método Bunbury”), este juglar del existencialismo empezó a afinar su estética musical e identidad artística.

Desde la salida del disco Pequeño, en 1999, el cantante y compositor comenzó concienzudamente a perfilarse como un crooner. Primero, en su manera de cantar, y luego en el trabajo performático. Al tiempo que pulía su impronta sonora, tomando prestado de acá y de allá (de la misma forma que hace con la intertextualidad de sus letras). Hasta diseñar un estilo propio que parece una cosa, y termina siendo otra. Afín al mash up de la electrónica y del hip hop, aunque en este caso de manera orgánica. No sólo eso: ese todo que él manufacturó y personificó, al punto de perderse entre sus fauces, es, a su vez, una síntesis de los baladistas españoles de los años ’70: desde Nino Bravo hasta Raphael, pasando por Camilo Sesto. Mimetizados con la fiereza de Johnny Cash y la sofisticación de Nick Cave. Nota aquí.




Diego Ojeda

 


Vetusta Morla

 

Rafa Mora

 DISCULPE LAS MOLESTIAS

Ha llamado al contestador automático de "Poesía sin fronteras".
En estos momentos no podemos atenderle. Todos nuestr@s agentes están ocupad@s publicando en las redes.
Para consultas de plagio pulse 1.
Para préstamos de ritmo y métrica pulse 2.
Para solicitar un Ciclo y/o Festival pulse 3.
Para suplicar una publicación pulse 4.
Para desprestigiar a un/a poeta pulse 5.
Para atentar contra la prosa y derivados pulse 6.
Para comprar un pedestal en el Parnaso pulse 7.
Para asesoramiento de ego y postureo pulse 8, repetidas veces.
Para ganar y/o amañar concursos pulse 9.
Para reclamaciones y/o devoluciones llame al departamento de poetas muertos u olvidados.
Para cobros por recitales poéticos no disponemos aún de extensión.
Gracias por su llamada.
Seguimos trabajando por una poesía digna.
Disculpen las molestias.



Las Pastillas del Abuelo

 


El Roto

 


jueves, noviembre 05, 2026

Rodolfo Serrano

 La casa

Son éstas las paredes de la casa,
es el calor que habita en las alcobas,
es espacio y es mundo, donde el hombre
construye su refugio ante la noche.
Esta casa esperanza donde viven
los sueños que recorren, como estrellas,
los cielos, luz abierta, patria, amparo
frente al miedo a lo oscuro y la tormenta.
¿Quién derriba las puertas y los muros,
quién arroja a la calle los recuerdos,
quién arrastra hasta el frío del invierno
los cuerpos indefensos y vencidos ?
Malditos los maestros de la usura,
los que beben la angustia del hermano,
los que siembran en las tierras baldías
el trigo envenenado y la tristeza.
Malditos, sean malditos para siempre
los que rompen la vida y sus paredes.
Los que llenan la calle y las aceras
con el dolor terrible del desahucio.
Foto de Raul Cancio.



Elefantes

 

Carlos Chaouen

 


Joaquín Lera

 Tal vez la belleza sea un jardín acuático.

El infinito un punto y aparte.
La serenidad una caricia en el cielo.
La lluvia el reflejo… que se estremece mirando el mar.
Tal vez el tiempo se parece a un pájaro.
El placer a un arrullo en la sangre.
La brisa al sabor del consuelo.
La música a un niño que vuela…
con las alas de la fragilidad.
Tal vez el espejo nunca vio su rostro.
La fantasía improvisó paisajes.
La utopía cambió su chaleco.
La nieve desnudó a la niebla…
para que las caretas se quitaran el disfraz.
Tal vez el vacío sea un desahogo.
La lejanía un abrazo en el aire.
La emoción la sombra de un eco.
La soledad una palabra huérfana que no para de hablar.



Pez Mago & Marwán

 

El Kanka

 


Alba Muñoz

 


Ron Wood

 

Fito Mansilla

 


Bob Dylan

 Un ejemplar de ‘Crónicas Vol. 1’ y un rosario: Bob Dylan visitó al papa León XIV en el Vaticano e intercambiaron regalos

El cantautor premio Nobel de Literatura se reunió con el Pontífice en el Palacio Apostólico a horas de su concierto en Roma, dentro de la gira que nunca termina 'Rough and Rowdy Ways'

Bob Dylan se presentó este miércoles ante el papa León XIV en el Palacio Apostólico del Vaticano, en un encuentro breve pero cargado de simbolismo: el Pontífice había citado versos del músico apenas cuatro meses atrás para alertar al mundo sobre el peligro del rearme nuclear.

El cantautor estadounidense premio Nobel de Literatura, de 85 años, llegó ataviado con una campera negra con capucha (su vestimenta habitual en sus últimas apariciones públicas, básicamente sus shows, conocida su elusiva personalidad). El intercambio con el Santo Padre, su compatriota, consistió en “saludos y algunas palabras distendidas” según detalló -apenas- la agencia de noticias Vatican News. León XIV le obsequió un rosario, mientras que Dylan le entregó un ejemplar de Chronicles: Volume One, su autobiografía publicada en 2004, de la cual se espera -así fue anunciado en su momento, al menos- una segunda parte.

El vínculo no es novedoso. En junio de este año, León XIV citó al músico en el prólogo de su primera antología sobre la paz, Disarmed and Disarming: Peace Is a Gift, donde incluyó un verso de “Go Away You Bomb”, una canción inédita de 1963 en la que Dylan se dirige directamente a la bomba atómica: “Te odio porque eres hecha por el hombre, poseída por el hombre y manipulada por el hombre”. El Pontífice utilizó esa referencia para advertir sobre la actual carrera armamentista nuclear y sostener que “no son las armas nucleares las que generan la paz, sino el desarme”.

No fue la primera vez que León XIV expresó públicamente su conocimiento y aprecio por la obra de Dylan: semanas más tarde, durante un encuentro con el obispo estadounidense Robert Barron, elogió su versión del tema “You’re Gonna Make Me Lonesome When You Go”, grabada en homenaje al 85° cumpleaños del músico. El propio Papa, nacido en Chicago, a poca distancia de Duluth, la ciudad natal de Dylan, se ha mostrado en más de una ocasión como un conocedor de su obra, algo que medios como Le Monde describieron como parte de los gustos musicales que el Pontífice exhibió en sus entrevistas.

La visita al Vaticano se produce en el contexto de la etapa europea de la gira (interminable) Rough and Rowdy Ways, que también contempla presentaciones en Milán y Bolonia. Este jueves 5 de noviembre, Dylan subirá al escenario del Palazzo dello Sport de Roma. La serie de conciertos se distingue por una política estricta: está prohibido filmar o fotografiar con teléfonos móviles. Aunque siempre, mágicamente, aparecen grabaciones que sus fans de todo el mundo -una feligresía como pocas- suben religiosamente a YouTube al día siguiente. Es parte de la religión. Nota aquí.




C. Tangana

 

La Beriso