domingo, junio 28, 2026

Antonio López

 Antonio López a los 90 años: 

"Estoy enamorado de mi pueblo, pero no de Madrid. La vida me ha traído aquí, pero son cosas distintas"

El artista manchego, considerada una de las grandes figuras de la pintura contemporánea, siempre ha tenido una vinculación especial con la capital española, la cual ha retratado en multitud de ocasiones a lo largo de su extensa carrera.

o es Madrid el lugar de origen de Antonio López, pero sí aquel en el que aprendió a mirar. En él modeló el pintor parte de su talento además de su sensibilidad artística, ya que se convirtió en un territorio al que ha vuelto una y otra vez con la devoción de quien todavía encuentra algo nuevo interesante en lo que fijarse. "No sé si Madrid lo ha significado todo en mi carrera, pero sí mucho", concedió el pintor a nuestra cabecera en un reportaje en el que habló acerca de su vínculo con esta urbe que es para él fuente de inspiración inagotable.

Llegó a la capital española de adolescente para ingresar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando desde su Tomelloso natal, el rincón de Ciudad Real en el que aprendió a manejar los pinceles y al que no duda en regresar siempre que puede. "Estoy enamorado de mi pueblo, pero no de Madrid. La vida me ha traído aquí, pero son cosas distintas", afirmó.

Madrid ha sido una de las grandes protagonistas de la obra de Antonio López desde sus inicios. No como una ciudad monumental ni turística, sino como un espacio que cambia de piel constantemente. Ha pintado la Gran Vía vacía al amanecer, edificios suspendidos, azoteas en las que el tiempo parece detenerse y vistas panorámicas que convierten el caos urbano en algo sorprendentemente sereno. "Si te gusta lo que tiene que ver con las personas, el lugar donde viven..., eso es un documento excepcional. No sé si retrato rincones maravillosos, son los lugares que a mí me han parecido interesantes", explicó el manchego de ahora 90 años, quien tiene en su mirada una voluntad de fijar algo más profundo que la arquitectura.

"Tú puedes pintar una cosa que es horrible porque, simplemente, está cerca de ti, te parece interesante y quieres transmitir tu visión del mundo. En la historia de la pintura dentro del mundo de la figuración no han ido a las cosas hermosas", argumentó el que está considerado uno de los artistas españoles más admirados de las últimas décadas.

Esa relación íntima que Antonio López mantiene con Madrid le ha llevado a ser una figura inseparable de la identidad visual de la ciudad. Sus vistas urbanas de Gran Vía, Campo del Moro, Vallecas, la Puerta del Sol o Torres Blancas son ya parte de la memoria contemporánea colectiva. "Lo interesante para mí es mi mirada, traducirla desde la pintura, que todo lo cambia. El hecho de pintarlo, en vez de apretar el botón de una cámara fotográfica, estar delante del caballete, que se vaya uniendo la pintura..., todo eso lo aparta de la objetividad. Hay un espacio que ya no es objetivo, que es subjetivo, que tiene que ver conmigo, y la persona que lo contemple y entienda la pintura, lo va a notar", subrayó a Harper's Bazaar. Nota aquí.





Colectivo Panamera

 


Marlena

 

Fernando Aramburu

 Ten mucho cuidado con el éxito, porque te puede volver más tonto de lo que ya eres”

Este no es un año cualquiera para el escritor Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959). Por lo pronto, se cumplen diez años de Patria, novela que se sumerge en el conflicto vasco e indaga en el modo en que la violencia etarra —a lo largo de los años e incluso más allá de los gestos estrictamente políticos— fue erosionando los lazos de toda una comunidad. Aramburu ya era un escritor con trayectoria, pero el lanzamiento de este libro lo catapultó a la escena internacional. Convertido en un éxito de ventas, Patria no solo cruzó las fronteras españolas (fue traducido a unos 30 idiomas), sino que también se prolongó en una serie impulsada por HBO España y hasta fue adaptado a la novela gráfica. Como parte de las celebraciones por el aniversario —le cuenta el escritor a LA NACION, durante una reciente visita a Buenos Aires —, se lanzará una edición especial y, en julio, en la ciudad vasca de Vitoria, habrá una exposición que reconstruirá lo ocurrido en torno al libro. “Ya cedí material, lo típico, cuadernos de anotaciones, algunos objetos”, describe.

Aramburu también aguarda el estreno de El niño, película dirigida por Mariano Barroso y producida por Netflix, que se basa en su novela homónima y que podría llegar a los cines entre septiembre y octubre, antes de subir a la plataforma.

Afable y contenido a un tiempo, el autor no oculta la satisfacción ante la sumatoria de buenas noticias y agrega una: el lanzamiento de Maite, su último trabajo. Aunque se ocupa de aclarar que su escritura no se reduce al caso vasco, lo cierto es que el tema vuelve, una y otra vez. Maite integra la serie Gentes vascas, a la que también pertenecen, entre otros, El niño y Los peces de la amargura. En el caso de la novela más reciente, el foco está puesto en el encuentro de tres mujeres —una madre y sus dos hijas— en julio de 1997, en medio de la conmoción pública por el secuestro y asesinato, a manos de ETA, del concejal Miguel Ángel Blanco.

El tema vasco retorna, y Aramburu acepta que tiene en mente “unos cuantos títulos” que seguramente harán crecer la serie Gentes vascas. El autor narra las tragedias, contradicciones y valores de su tierra con la pizca de distancia que suele dar la extranjería: desde 1985 reside en Hannover, Alemania. Su alejamiento de España no tuvo que ver con la política, sino con el amor. Siendo todavía un estudiante, conoció a Gabriele, una alemana con la que muy pronto se uniría y con la que tuvo dos hijas. En 2016 (el mismo año en que se lanzó Patria), le dedicó una de las columnas que por entonces escribía en El País. El artículo se llama “Carta a la guapa” y culmina con esta frase: “A veces me pregunto qué forma habría tenido mi vida sin ti. No me respondo. ¿Para qué si no me importa nada la respuesta?”.

–¿Queda algún balance por hacer, a diez años de la publicación de su libro más exitoso?
–Hay un balance muy positivo. Afortunadamente, el éxito fue posterior a la escritura de Patria. El libro fue escrito en total tranquilidad. En apariencia, era uno más de los míos: yo no podía prever la repercusión internacional que tuvo. Pronto entendí que debía gestionar la excesiva exposición pública. El libro me procuró muchos lectores en muchos países, me dio una dimensión internacional, me dio algo que yo no tenía hasta entonces, que era estabilidad económica, y por tanto me dio tiempo para escribir con calma otros libros. En líneas generales, estoy muy agradecido.

–En la Argentina fue muy leído.

–El libro me trajo por vez primera aquí. Después vino la serie, pero el libro en sí tuvo mucho impacto; creo que es por las resonancias de las tragedias propias de la historia…

–¿Cómo impactó en su vida personal este salto, hace 10 años, hacia un público mucho más amplio?
–Bueno, yo no tenía 18 años, tenía ya bastantes… Estaba en un momento de madurez personal; el éxito me halagó, pero no me hizo perder contacto con la realidad. Tampoco vivo solo, tengo una vida familiar y tengo amigos que, de haberme convertido en un arrogante, en un divo, en una persona que se cree especial, pues me habrían echado el freno y yo se los habría agradecido. El libro y el éxito me dieron una lección de vida que me pareció valiosa. Una lección en forma de advertencia que podría formularse así: “Ten mucho cuidado con el éxito, porque te puede volver más tonto de lo que ya eres”. Y lo que hice, esto no podía ser de otro modo, fue liberar el escritorio de la repercusión de Patria. Es decir, no permitir que los ecos que estaba causando el libro interfirieran negativamente en mi trabajo literario. Me refiero al escritorio como ese lugar donde solo puede haber un proyecto al cual me dedico con total plenitud. No quería que los constantes viajes relacionados con Patria, las entrevistas, las llamadas telefónicas, perjudicasen mi trabajo de escritor. Demoré cinco años en publicar otra novela y le pedí ayuda a la poesía para poder dedicarme a la escritura sin sentirme mirado por mi libro, por Patria. Ya dije que no escribiría Patria II, que eso podría haber hecho caja, pero creo que habría sido un proyecto fallido, porque no lo habría hecho con convicción.

–¿Qué sería exactamente “pedir ayuda a la poesía”?

–Después de Patria, publiqué Autorretrato sin mí, que por momentos entra en terreno claramente poético. Publiqué otro libro titulado Vetas profundas, que reúne una cata de poemas ajenos desde los clásicos del Siglo de oro hasta el presente; me dediqué al articulismo y también a las recopilaciones; es decir, evité automatizar el trabajo y distanciarme un poco creativamente de Patria hasta la siguiente novela, que transcurre en Madrid y contiene un mundo humano y narrativo muy distinto. Nota aquí.



Benjamín Prado

 


Rolo Sartorio

 

Manuel Vicent

 Cuando todos los rojos eran guapos

La muerte de Pedro Caba se ha llevado todo aquel mundo en el que cada uno en su medida luchábamos por la libertad. Yo lo convertí en protagonista de la novela ‘El jardín de Villa Valeria’ y de aquellas páginas he sacado estos recuerdos.

A primera hora de una mañana de la primavera de 1977 recibí una llamada con un tono muy misterioso, aunque en seguida reconocí que aquella voz era la de Pedro Caba, quien me dijo que ese día debía acudir sin falta a una cita en la casa de la sierra. Villa Valeria estaba situada en los altos de Cercedilla mirando hacia Siete Picos del Guadarrama, en la colonia de Camorritos. Mientras subía esa mañana a la sierra en la radio del coche sonaba la canción Oh, mamy, mamy blue y Adamo cantaba Mis manos en tu cintura y yo iba vestido como un progre de molde, lucía patillas largas, pantalones de campana y jersey blanco de cuello alto.

Mis mejores amigos estaban en el Partido Comunista y yo me sentía un compañero de viaje o tonto útil, pero no un rojo. Por aquellos días sucedían hechos de sangre en Madrid en la lucha callejera contra el franquismo bajo nubes de gases lacrimógenos que dejaban en el aire un olor a almendra amarga.

Antes de llegar a la fuente de Camorritos, doblé a la derecha sobre los raíles del ferrocarril que llevaba a Cotos y entré en una colonia de chalets sombreada por pinos centenarios. Cuando paré el motor, oí las risas que salían del jardín de la casa derruida y entre las risas de aquel alegre conjunto de jóvenes antifranquistas, artistas, profesores y cineastas, también percibí un subyugante aroma a sofrito que transportaba la brisa. Al entrar en el jardín vi enseguida a la gran dama, a Dolores Ibárruri, Pasionaria, que había llegado el día antes a Madrid después de un exilio de 40 años. Estaba sentada en un sillón blanco de mimbre que tenía una pata rota atada con una cuerda y la rejilla del respaldo destrozada. Todo en el jardín era una elegante y estética ruina.

Cerca de Pasionaria ardía el fuego de una paella en el momento en que se estaba sofriendo la carne. Ella me ofreció su mejilla cuando fui a darle un beso. Pedro Caba había montado este acto que suponía la primera presencia visible de Dolores en España. Después, Pedro me hizo el honor de que yo echara el arroz a la paella, una ceremonia sagrada a la que acudió toda la cuadrilla.

El doctor Pedro Caba murió hace unos días. Era un médico muy singular. En aquellos tiempos del mayo francés ibas a su consulta, y, mientras te aplicaba el fonendoscopio en la espalda, te soplaba al oído el próximo salto callejero, te obligaba a decir treinta y tres y al mismo tiempo te pedía dinero para los presos políticos, te tomaba la tensión contando el último chiste de Franco, te palpaba el hígado y a la vez te daba noticias de la huelga de los metalúrgicos, te miraba por rayos y aunque lo negaras, él juraba que veía tus costillas en forma de hoz y martillo. Todo eso en cinco minutos atrabancados en que había tropezado con una papelera, había derribado una lámpara y había tirado un cenicero. Y al recuperar el abrigo que habías colgado en la percha al llegar, lo encontrabas con los bolsillos llenos de panfletos.

Yo tenía entonces un Morris 1100 y en la luna de atrás llevaba una pegatina pacifista formada por un triángulo anarquista con la inscripción de “Haz el amor y no la guerra”. Eso fue suficiente para que intentara captarme para la causa marxista leninista, cosa que no consiguió, pero sí mi amistad, que ha durado hasta su último día.

Me admiraba su rapidez mental, su vitalidad tan compulsiva. Cuando lo conocí, el médico Pedro Caba desarrollaba una actividad frenética. Hubiera sido una hazaña seguirlo en su labor diaria. En la primera parada visitaba a un canceroso desahuciado, en la segunda se entrevistaba con el responsable de una asociación de vecinos, en la tercera entraba en una tienda y compraba pepinillos de Bulgaria para la comida colectiva en la casa derruida de Camorritos, en la cuarta se metía en un convento de clausura y le metía el termómetro bajo la lengua a la madre superiora, en la quinta atendía a un millonario de Puerta de Hierro y en la sexta había que ir a Entrevías a hablar con alguien de comisiones obreras.

Nos hicimos muy amigos en un verano en Denia, donde creaba un torbellino a su alrededor por donde iba. Pronto acaparó todas las iniciativas en su urbanización: fiestas, excursiones, comilonas, verbenas con farolillos. Siempre aprovechaba la ocasión para hacer proselitismo e impartir doctrina marxista en la playa en taparrabos, sin reparar que entre aquellas barrigas desnudas que lo rodeaban alguna podía ser propiedad de algún coronel de la División Azul.

La muerte de Pedro Caba se ha llevado todo aquel mundo en el que cada uno en su medida luchábamos por la libertad. Yo lo convertí en protagonista de la novela El jardín de Villa Valeria y de aquellas páginas he sacado estos recuerdos y el esplendor juvenil bajo los pinos de Guadarrama, de aquel mayo de jaras floridas cuando creíamos que todos los rojos eran guapos y hasta el mismo Dios era un intelectual de izquierdas. Nota aquí.



Marwán

 


Ainda

 

Gracias...!!!

 


Fabián D. Cuesta

 “Lo revolucionario hoy es escuchar”

Como un artista en el alambre, haciendo piruetas imposibles, cual atrevido funambulista, pero dentro de su hogar, en medio del estudio de grabación. Así se nos presenta Fabián D. Cuesta en la portada de “Estar Fuera”, su regreso tras siete años alejado de los focos. Este disco es, como siempre que volvemos sobre los pasos del músico leonés, un abrazo cálido, un suculento manjar que paladeamos unos pocos afortunados, esos pájaros errantes que, como él, encontramos en la sutileza y la palabra precisa el lugar al que siempre volver. Un artesano de la emoción, un cancionista más que un cantautor, que da siempre mucho más de lo que espera a todo aquel que se acerca a su órbita. 

Así, en comunión con estas diez canciones que son diez retazos de una vida que se nos ofrece sin cortapisas, encontramos a Fabián en esta entrevista que, aún con la distancia de por medio, se nos muestra tan cercano como si estuviéramos compartiendo mesa juntos. Ese encuentro cara a cara llegará, seguro, pero mientras tanto, esta familia de El Giradiscos que tanto le aprecia saboreó al calor de sus sinceras palabras un emocionante recorrido por el espíritu que recorre este delicado álbum que, con sus familiares armonías y su cercanía al pop, sin alejarse del paisaje característico del folk que siempre le ha acompañado, ha encontrado un merecido hueco dentro de nuestras vidas para llenar de eternidad cada instante. 

Teníamos muchas ganas de hacerte esta entrevista desde hace mucho tiempo. Por mi parte siempre has sido un referente y tu música me ha acompañado en momentos vitales muy importantes, pero no quiero hablar de mí, quiero empezar preguntándote por cómo te sientes después de estos años de más recogimiento desde que lanzaste tu último álbum. 

Fabián: Muchas gracias. Me alegro mucho de que mis canciones te hagan, por lo menos, algo de compañía.

Estos años han sido extraños. He pasado momentos complicados en lo personal; lo cuento un poquito en la carta que acompaña la descarga del disco. Esta vez me costó algo más retomar las ganas de volver a grabar; aunque suene ya muy lejano, creo que la pospandemia contribuyó bastante, y hasta hace relativamente poco no he logrado estabilizar ciertas cosas. Ahora me encuentro bastante mejor. 

Si echamos la vista atrás son más de veinte años de carrera. ¿Qué balance haces de los mismos? 

Fabián: Yo empecé a tocar y a grabar discos porque me hacía feliz, y durante muchos años, lo he sido haciendo esto. Siete discos de los que me puedo sentir orgulloso son un buen balance de todo este tiempo. Otra cosa es el negocio, la gente que lo lleva y se nutre de él, ver cómo funciona realmente y cómo produce un público totalmente orientado hacia otro sitio.

Ha habido cosas buenas y cosas malas, pero, afortunadamente, todo lo que tiene que ver con mis canciones es positivo. 

“Siete discos de los que me puedo sentir orgulloso son un buen balance de todo este tiempo”

Volviendo al tiempo de espera querría preguntarte por el proyecto “#ExplicarLosPájaros”. Nos quedamos con ganas de que se materializara en un disco o que hubiera habido más colaboraciones para ver crecer tu carrera. ¿Cuál era el principal motivo del proyecto? ¿Realmente quedó truncado o su concepción pasaba por lo que finalmente fue? 

Fabián: La cosa era realmente esa, hacer un single por cada disco editado hasta el momento junto con algún compañero o compañera ilustre de profesión. Barruntamos la posibilidad de fabricar un vinilo y hacer una pequeña tirada con aquellas canciones, pero se quedó en los singles digitales. Aquello fue en plena pandemia; una forma de seguir haciendo cosas en un momento en el que no se podía tocar y tenías que ir al estudio de grabación (cuando se podía), con una mascarilla. 

Las canciones funcionaron bien en las redes, y le agradezco de corazón a mis compañeros y compañeras que se prestasen a hacerlo. 

Tu nuevo disco se llama “Estar Fuera”, muy en la línea de ese retiro en el que se han convertido estos años en los que no te hemos visto tan activo. ¿Responde a este motivo? 

Fabián: Sí, totalmente. El mundo de la industria nunca me ha pertenecido, y ahora mucho menos. Yo soy un señor al que le cuesta hacer los discos deprisa. Me tomo mi tiempo para terminar las canciones, reflexionar sobre ellas, y ofrecer un disco que me haga sentir seguro y orgulloso cuando tenga que cantarlo o me lo encuentre sonando por ahí. Todo este tema de la inmediatez, no es que lo lleve mal, es que no lo llevo. Para mí estar fuera es lo normal. De vez en cuando me encuentro con gente que no lo entiende, que intenta darme consejos así como para petarlo, para “ser más famoso”. Supongo que es difícil de entender, pero no estoy en esa lucha. Nota aquí.



Fernando Navarro

 


Tute

 


sábado, junio 27, 2026

Ismael Serrano

 Ismael Serrano repasa su trayectoria musical en un concierto cargado de reflexión

El cantautor madrileño actuó dentro del ciclo Música a la Luna, compartió con el público detalles de su actualidad artística y anunció que prepara la celebración de sus 30 años en la música.

El cantautor Ismael Serrano ofreció el pasado viernes por la noche un concierto en el recinto amurallado de Melilla La Vieja, donde reunió a un numeroso público dentro del ciclo Música a la Luna, organizado por el Gobierno de Melilla. A lo largo de la actuación, el músico madrileño realizó un recorrido por su trayectoria artística y compartió con los asistentes algunas reflexiones sobre su carrera, el paso del tiempo y los proyectos en los que se encuentra inmerso.

Antes de comenzar el repaso a su repertorio, Serrano explicó que atraviesa una etapa de cambios profesionales. Según trasladó al público, acaba de finalizar su gira sinfónica y, paralelamente, está afrontando una nueva experiencia sobre los escenarios al debutar como actor de teatro. En esta faceta interpreta al poeta andaluz Antonio Machado, una figura con la que aseguró sentir una especial conexión.

Durante su intervención, el artista comentó que ambos comparten "muchas cosas" y aprovechó para recordar, en tono distendido, una anécdota que despertó las risas de los asistentes. Serrano recordó que el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, atribuyó a Antonio Machado un texto escrito por él. "Una de las cosas es que Feijóo le atribuyó a Antonio Machado un texto mío", señaló entre las carcajadas del público, antes de añadir con humor que "a mi padre le gusta mucho también".

El músico explicó además que combina actualmente su trabajo en el teatro con la preparación de un nuevo hito en su carrera. Según indicó, ya trabaja en la celebración de sus tres décadas dedicadas a la música y reconoció que está valorando la forma en la que conmemorará este aniversario.

"En eso estoy, entre el teatro y la preparación de mis 30 años en la música, y estoy dándole vueltas a ver cómo lo celebramos", manifestó ante los asistentes, que siguieron con atención sus palabras antes de que retomara la interpretación de sus canciones.

Con la guitarra al hombro, Ismael Serrano inició entonces un recorrido por las composiciones que han marcado su carrera, recuperando temas de sus primeros discos y repasando distintas etapas de su producción musical. El cantautor presentó este viaje por su repertorio como una oportunidad para mirar atrás y reflexionar sobre el tiempo transcurrido desde el inicio de su trayectoria.

En este sentido, destacó que muchas de las canciones interpretadas durante el concierto contienen una importante carga de reflexión sobre el paso del tiempo. Aprovechó esa idea para compartir otra consideración con el público acerca de la percepción que suelen generar los primeros trabajos de un artista.

"A veces me da por pensar, cuando uno dice que 'tus primeros discos eran mejores', no echa tanto de menos al autor que fue, sino que, realmente, echa de menos a quienes éramos cuando escuchábamos esas canciones", expresó. A continuación, remató la reflexión con una nueva nota de humor al añadir que "también puede ser que aquellos primeros discos eran buenísimos".

Las palabras del cantante sirvieron de hilo conductor para un concierto en el que alternó la interpretación de sus canciones con comentarios dirigidos al público, creando un ambiente cercano durante toda la actuación. El numeroso grupo de asistentes que acudió al recinto amurallado de Melilla La Vieja disfrutó así de una velada en la que el artista combinó música, recuerdos y reflexiones personales sobre su evolución artística.

La actuación de Ismael Serrano forma parte de la programación del ciclo Música a la Luna, impulsado por el Gobierno de Melilla. El calendario de este programa cultural continuará el próximo 10 de julio con la actuación de la cantante La Bien Querida, que ofrecerá un concierto en formato acústico en la Plaza Pedro de Estopiñán, también situada dentro del recinto amurallado de Melilla La Vieja. Nota aquí.



Mon Laferte

 

Diego Savoretti & Los Indescriptibles

 


Xoel López

 “Escribí el himno del Dépor la misma noche que me lo propusieron”

El artista gallego ha sido el protagonista del primer encuentro musical del diario en Vigo. Con 17 discos y más de 200 canciones registradas, es uno de los creadores más prolíficos de la escena actual. Ahora también ha compuesto el himno del equipo de fútbol de su ciudad

Xoel López (A Coruña, 48 años) recuerda Vigo con cariño porque fue la ciudad donde ofreció su primer concierto acústico en solitario. Fue en la Casa de Arriba, la mítica sala nocturna de Churruca. Años después, ha sido el artista invitado para inaugurar los Encuentros EL PAÍS en Galicia. Con el auditorio de la Sede Afundación abarrotado, el gallego presentó su último trabajo, Oniria Popular, de la mano del periodista musical de EL PAÍS Fernando Neira. El encuentro ha sido una de las actividades organizadas por EL PAÍS+ en Vigo. Los suscriptores también han disfrutado de una visita guiada por la exposición fotográfica Momentos, que celebra el 50 aniversario del diario —disponible hasta el 30 de junio en la calle del Príncipe—, y de un café con los periodistas de EL PAÍS Xosé Hermida y Sonia Vizoso.

Xoel López se encuentra a pleno rendimiento. Publicó su último trabajo, Oniria Popular, hace apenas mes y medio —lo presentó en los Encuentros EL PAÍS en Madrid el pasado 19 de mayo—. Combina la promoción con los primeros conciertos de la gira de festivales, con la que actuará por el país durante el verano. En este periodo prolífico, ha compuesto el nuevo himno del Real Club Deportivo de A Coruña, que celebra 120 años de historia.

“Hacer un himno es complicado”, explicó. El Celta de Vigo tiene a C. Tangana, que compuso Oliveira dos cen anos por el centenario del club. El Dépor tiene a Xoel López: “Igual que C. Tangana dejó su impronta, yo he juntado muchas de las cosas que suelo hacer en mi música”, argumentó, con partes de pop rock y otras más cercanas al folclore. “Escribí la letra la misma noche que me lo propusieron”, reveló. El resultado final verá la luz en unos meses, pero los asistentes tuvieron la suerte de conocer en primicia algunos versos.

En Madrid, donde reside, la pasión le lleva a jugar al fútbol sala y al baloncesto cada semana: “Me encanta, pero soy el típico mediocre. Se me da excelentemente normal”, reconoció. Lo suyo son las canciones. Tras 17 discos y 201 canciones registradas, el gallego confesó tener “todos los huevos en la misma cesta”. “Confío en que esto dure hasta que me retire, que espero que sea tardísimo. No tengo alternativa”, añadió.

Componer y componer

Para Xoel López, “hacer discos es una forma de vida”. Su extensa discografía permite dibujar un mapa artístico emocional y sentimental. Si Fin de un viaje infinito y Reconstrucción, con Deluxe, marcaron un antes y un después en su carrera, Atlántico establece un patrón en lo estético y lo rítmico. “Cada disco me representa en cada momento. A veces, incluso, me retrata a futuro”, observó. Su proceso de composición está casi ligado a la escritura automática: “Escribo de una manera casi inconsciente, como si la mano no pudiera parar”.

Con Oniria Popular el gallego se ha introducido en un nivel más del inconsciente. “Compuse muy rápido, se abrieron todas las puertas de la percepción. Llegué a escribir hasta tres canciones en una semana”, dijo. Persigue la belleza. Cuando lo consigue, le alcanza una sensación de plenitud: “Es comparable con ir al cine a ver una buena película o terminar una gran novela. Son momentos de felicidad que te regala la vida”, explicó.

Durante el encuentro, hubo tiempo para reflexionar sobre los modelos de masculinidad. La canción Tronco y raíz es un canto a la amistad, un “tema poco trabajado en las conversaciones masculinas”, según explicó Neira. “En mi entorno, entre hombres somos bastante cariñosos. Nos decimos ‘te quiero’ sin mucho problema”, señaló el artista. Su sensibilidad le hizo sufrir, sobre todo durante la juventud. No obstante: “Sin ella, no hubiese podido ser el músico que soy ahora”, aseguró.

Desde hace un par de semanas, Xoel López no recuerda sus sueños. En el último que puede contar, vio a Rosalía, como ya hizo Sílvia Pérez Cruz. “Dicen que en los sueños siempre eres tú. Es decir, que Rosalía no es ella misma, sino lo que representa para mí”, explicó. Lo hilvanó con su relación con la fama y la exposición: “Tengo bastante conflicto con la popularidad. Es algo que intento manejar”. Y aseguró que se encuentra en un lugar cómodo: “Firmaría seguir así, digamos, ya hasta el fin de mis días”, remachó. Nota aquí.





Andrés Suárez

 


Felicidad González, Germán Terrón & César de Centi

 


Rodolfo Serrano

 “Los poetas debemos combatir el fascismo”

“La desesperación no lleva a ningún sitio. Es una cueva sin salida. Por eso mi interés en que siempre haya en mi poesía una ruta de escape, un camino hacia la felicidad”. Poesía social, poesía política, poesía de la vida y del amor, de la niñez, la juventud y el envejecimiento, de la soledad de los hospitales… Poesía que busca la belleza y también el compromiso. “Me acerco a los 80 años, y ante ese final de las cosas, nos queda, o pretendo que me quede, la sensación de eternidad, esa eternidad de la belleza, de la persecución de la belleza”. Y del compromiso hasta el final. “El poeta no puede huir de la realidad. Su obligación es hacer ver con sus palabras las miserias de un mundo injusto, de un dios cruel en cuyo nombre se ampara el dolor del hombre, la injusticia y la desigualdad”. Hablamos con el periodista y escritor Rodolfo Serrano de su nuevo libro de poemas que acompañan las inspiradoras fotografías de Raúl Cancio: ‘La mirada y el verbo’ (editorial Kasban).

Rodolfo, quien conoce su poesía sabe que tiene siempre un ansia de ternura explícita y jugosa. Unas ganas de arreglar la cara oscura de la inercia que deslumbra, pese a la sencilla matriz de su poesía. Su nuevo libro, ‘La mirada del verbo’, no es una excepción, y, sin embargo, hay una rareza muy valiosa en él. Su mirada es más densa, menos sistemática y mucho más política, sin incidir como en otras ocasiones en versos que la nombran. ¿A qué obedece este cambio, a la necesidad de ceñirse a las imágenes de Raúl Cancio o al hartazgo que va produciendo ese olor añejo de la política patria y mundial? 

Lo cierto es que las imágenes de Raúl están cargadas de esa poesía que yo persigo en mis versos, lo cotidiano, el transcurrir de los días, la belleza de lo que nos encontramos en la calle, sin buscarlo casi. Y esas imágenes han influido, sin duda, en el verso. Pero no hay un hartazgo de la política. Para mí la política está en el hombre y su obra. Y todo es política. La poesía también. Lo que ocurre es que, en el caso de este libro, la política adquiere otra dimensión, otras formas. Hablar de las mujeres solas o de la soledad de un mimo es una forma de política, incluso el verso amoroso puede ser una forma de política.

Una vez más, usted se desvincula de metáforas sofisticadas. No juega al suspense que esa elección supondría. Apuesta como siempre por el verso útil y transparente. Reinventa las imágenes de su compañero de viaje y las alza en sus manos hasta buscarles un hogar imposible de abandonar. La primera y excepcional fotografía del libro, esa mujer sentada sobre una piedra de granito, es un símbolo de resistencia, y el primer poema es ya una declaración de intenciones. La resiliencia es sin duda el leitmotiv de todo el poemario. Es su hermoso libro un canto contagioso, una forma de pluralizar aquello que mueve a la sociedad, pero también al hombre. ¿Supo desde el inicio que esa dualidad tan comprometedora sería la columna vertebral del libro? 

Claro. A esa resiliencia me refiero cuando hablo de la política en mi poesía. ¿Hay algo más político que ese afán de recuperación, de resistir, de enfrentarse a la vida? Procuro, además, que haya en mis versos una denuncia social. Y esa mujer a la que usted se refiere es, precisamente, un ejemplo de mi intención. Un ejemplo de resiliencia, efectivamente. Es verdad que no soy un poeta de metáforas deslumbrantes. Quiero pensar que la mejor metáfora es la expresión natural de la realidad. Y en eso ando. Las fotografías de Raúl son también un ejemplo de resistencia ante la vida: esas calles húmedas de lluvia, esas mujeres en su soledad, las nubes altas, el silencio que se adivina en una ciudad extraña.

“He ganado la vida. Y he vencido / al miedo y al desastre, a los dolores, / a la desolación de madrugadas / en fríos hospitales. He burlado / a los amores perros y a su ruina”. Versos como estos ponen de manifiesto que es usted un poeta que quema todas las salidas en cada poema. Sus metáforas son animales quietos que lo apuestan todo a cada instante. ¿Nunca le agota esa sensación de finitud? ¿Cómo consigue que ese peso específico se revierta en el latido infinito que acaban siendo todos y cada uno de sus poemas?

Le decía antes que las metáforas, para mí, son la expresión de la realidad. Y la realidad no siempre es hermosa. Hay fríos hospitales, madrugadas de desolación y amores perros. Es la vida. Inevitable vida que, a pesar de todo, tiene momentos maravillosos. Y sí. Una vida que se nos va escapando entre los dedos. Ante ese final de las cosas, nos queda, o pretendo que me quede, la sensación de eternidad, esa eternidad de la belleza, de la persecución de la belleza.

Sus versos impactan porque conoce el mundo y la tragedia de lo cotidiano. La imposición de lo inevitable, y, aun así, guarda lo mejor de sí mismo y sus mejores intenciones para evitar venganzas, para alejar de la desesperación a todos y cada uno de sus versos. ¿Cómo consigue nombrar lo incómodo sin que resulte incómodo y aleccionador? ¿Cómo huye de la perversidad de algunas verdades? ¿Es el diálogo interno de un hombre tan consciente de la verdad quien obra el milagro? 

No lo sé. De verdad que no lo sé. Procuro mantener abierta la esperanza. Esa es una forma de resistencia ante el dolor propio y ajeno. Y si la verdad es que todo terminará, que el sufrimiento envuelve al hombre, al ser humano, yo intento buscar el ángulo más amable, intento acomodar mi paso al otro para buscar, juntos, refugios contra el miedo y el desastre. La desesperación no lleva a ningún sitio. Es una cueva sin salida. Por eso mi interés en que siempre haya en mi poesía una ruta de escape, un camino hacia la felicidad.

“Ahora que solo tengo mi tristeza, / este dolor antiguo del pasado, / ahora, cuando el mundo me hace daño, / siento por fin, que todo lo he perdido, / pero he ganado la vida y tu recuerdo / para dormir en paz hasta la noche”. Versos así ponen de manifiesto que usted sabe perder las batallas como pocos poetas saben hacerlo. Y, sin embargo, siempre hay una sensación de júbilo en el lector, un latido de agradecimiento porque sus reflexiones son un beso sobre las heridas personales. Usted se relaciona con el lector como si hablase con usted mismo. ¿De qué lugar mana esa naturalidad tan inverosímil teniendo en cuenta el lugar profundo y doliente del que nacen sus versos?

Las batallas perdidas, a veces, son la mejor victoria. En esos versos que cita usted está, en buena medida, mi filosofía poética. Cuando siento que todo lo he perdido, he ganado la vida. No quiero renunciar a ese último refugio que es la propia vida. Mire usted, yo voy camino de los 80 años. Y a esta edad la vida, lo mejor de la vida son las cosas pequeñas, el deslumbramiento de una noche de verano en el pueblo, el olor del jazmín en el patio, el cárabo en la iglesia. Ese dolor que usted cita, es ya, a estos años, un compañero amable de un viaje que está acabando. Y se lo cuento al lector en la idea de que esas experiencias de vida le sirvan para enfrentar su propio camino.Nota aquí.













Rafa Pons & Xavi "Lobo" Aparici

 


Enrique Andrés Ruiz

 


José Saramago

 


Miguel Campello

 


Kevin Johansen

 


Ernestina Pais

 Murió Ernestina Pais en un accidente ferroviario

La reconocida conductora falleció en un paso a nivel de Martínez, al ser embestido el automóvil que conducía por una formación del Tren de la Costa.

La conductora televisiva Ernestina Pais murió este viernes a los 54 años al ser embestido el automóvil que conducía por una formación del Tren de la Costa, en un paso a nivel ubicado en la intersección de las calles Sáenz Peña y El Cano, en la localidad bonaerense de Martínez, partido de San Isidro. Falleció en el acto como consecuencia del fuerte impacto.

Pais manejaba un Honda Civic negro cuando intentó atravesar el cruce ferroviario y fue arrollada por la formación de la línea Mitre. De acuerdo con las primeras averiguaciones, una de las principales hipótesis es que la conductora habría cruzado el paso a nivel con las barreras bajas, aunque esa circunstancia deberá ser corroborada mediante el análisis de las cámaras de seguridad y las pericias ordenadas por la fiscal María Paula Hertrig, del departamento judicial de San Isidro.

Los investigadores también determinaron que Pais viajaba sola al momento del accidente. Según las primeras informaciones, se dirigía al Multiteatro, sobre la avenida Corrientes, donde formaba parte del elenco de la obra “El divorcio del año”, junto a Fabián Vena, Juan Palomino y Guillermina Valdés. Nota aquí.



Tute



viernes, junio 26, 2026

Merino

 

Ramón Serrano

 ÁLGEBRA PARA MUERTOS

No fueron unas cuantas preguntas
era un riguroso examen
de la floresta al desierto
del páramo al fondo del valle
para traspasar el dintel
de la puerta opaca tras el espejo
el cristal de vaporosa materia
donde el jardín se extiende
desde los cerros a la playa
y sigue por los azules de mar y cielo
respondí todas las preguntas
resolví las ecuaciones del tiempo
hasta el infinito problema
del surgimiento de los pétalos
y la savia de la tierra
me pareció que el tribunal era de humo
llevaba mis números a cuestas
al final aquí estoy ciego y mudo y trémulo
a merced de las olas revueltas
más que paraíso es desierto
dunas de dudas y guads inciertos
en la pizarra oscura
los dígitos figuran gatos negros
que nacen igual vivos y a un tiempo muertos
la orilla es original
caminas por la espuma del agua
y sales con los pies secos
cubiertos de margaritas
y silencios que nacieron muertos
Ay a qué desierto me han llevado las matemáticas del miedo!



Dani Martín

 


Kase.O

 

Nathy Peluso

 “Mi vida ha estado marcada por los desplazamientos, por empezar de nuevo, por adaptarme”

La argentina se ha lanzado a organizar sus propias fiestas para dar a conocer el talento local. En Madrid inauguró Heineken House, pero ya planea llevar a medio mundo Club Grasa, una juerga en la que cabe todo: salsa, hip hop y Borges.

Será porque sonaba el Indestructible de Ray Baretto, pero en ese momento todo parecía sacado de una salsa. El sudor corría a raudales, se bailaba, se jaleaba, apenas se respiraba. La pista no podía hacerse ya más pequeña. Hasta que se abrió uno de los cortinones. Detrás, un pasillo, una puerta que se abría, una luz que encendía y un tacón que ardía. Escoltada por tres moles, apareció la Malportada, la Mafiosa, la Sandunguera. Nathy Peluso. “Cú-Cu-Cú”, irrumpió con su ya mítico grito de combate. Segundos después, estaba subida a la barra, entregada al público y haciendo honor a cada uno de sus apodos. Cantó himnos propios como Sana Sana, coreó sobre los vinilos de maestros tan dispares como Dr. Dre o Willie Collon, y, sobre todo, se desvivió por infiltrar la salsa hasta en las caderas de la última alma del local.

“En un mundo donde cada vez estamos más aislados, más acelerados y más encerrados en nuestras propias burbujas, el baile sigue siendo un lugar de encuentro”, explica la artista días después a ICON por escrito. En esta ocasión el despliegue se debía a la inauguración de Heineken House, una experiencia de la cervecera que recorrerá los principales festivales del verano promocionando distintos artistas y talleres. Pero el club El internacional de Madrid, donde se celebró, es solo una de las muchas paradas que Peluso tiene preparadas con su nuevo proyecto: el Club Grasa. Es decir, una serie de fiestas, organizadas desde Roma a Los Ángeles, en las que mezcla su propia música con la de sus ídolos de la mano de los DJ y productores locales.

En esta juega eterna, con la que busca volver a poner a bailar a medio mundo, caben todos y todo: de la salsa al hip hop pasando por el mismísimo Jorge Luis Borges. Ficciones, el compendio de cuentos del escritor argentino, es uno de los libros que está acompañando a Peluso este verano y, en realidad, sirve también para explicar el fenómeno en el que se ha convertido. “Intento leerlo porque mi padre es fanático de Borges y yo admiro mucho a mi padre. Quiero entenderlo pero este libro todavía me resulta increíblemente difícil de entender. Lo utilizo como ejercicio de lectura, me saca de lo fácil y me obliga a estudiar”, explica. Como el universo laberíntico de Borges, Peluso también está llena de personajes, ficciones, distintas versiones de sí misma. Es, en definitiva, una estrella que te saca de lo fácil y te obliga a estudiarla con detenimiento. Este año se ha centrado en su papel de curadora de distintas escenas musicales con el Club Grasa, pero antes había sido ya las mil mujeres distintas que va plasmando en sus letras. Desde la businesswoman a esa perra sorprendente, curvilínea y elocuente y, por supuesto, la Sandunguera, la verdadera. Nota aquí.



David Moya

 


Rolo Sartorio

 


Benjamín Prado

 Invocación de Benjamín Prado, por sus memorias

Largo y flaco, como una pintura de El Greco; rápido en la conversación y demorado en el paso. Alto, además. Muy alto. Y con el faldón de la camisa más veces por fuera. Algunas tardes de lunes aparece por el bar El Papelón a bordo de unas gafas redondas, entre el John Lennon de Nueva York y el Liam Gallagher (Oasis) de cualquier bronca. Fue un joven poeta en el Madrid de después de la Movida. Un narrador y detective en la hoguera desengañada y buena de los años 90. Un escritor de canciones en todas sus épocas. Un periodista de oficio y desoficio: de redacción y de bares con muchos amigos dentro. Nació en Las Rozas (Madrid).

Benjamín Prado ha cruzado el check point de los 60 años y dijo "voy a poner letra a la memoria". Hace unas semanas publicó un volumen con la mercancía de lo que recuerda, de lo que cree que recuerda, de lo que es mejor no recordar pero lo escribe, de lo vivido y lo cantado y lo viajado; y con todo aquello ha dado cuerda a la reyerta que es recordar y hacerse sitio en uno mismo. El título de estas memorias es estupendo: Qué estoy haciendo aquí. Publica Alfaguara.

Por esta vida impresa cruzan muchas: Rafael Alberti, Julio Cortázar, Ángel González, Almudena Grandes, Gabriel García Márquez en el cumpleaños de Almudena Grandes, Mario Vargas Llosa, Felipe Benítez Reyes, Joaquín Sabina, Juan Marsé, Ray Loriga... El mítico editor Chus Visor sobre todas las cosas. Y Bob Dylan. Y Octavio Paz y Dereck Walcott (dos premios Nobel que añadir a los dos ya citados). Pasa tanta gente que parece una vida hecha sobre todo para conocer gente. Leer tiene algo de verbena ancha, de convocatoria a lo Gran Gatsby de tan animado y populoso como es casi todo. Benjamín Prado da mecha a unas memorias que lees con diversión, menos cuando no la hay. Es un trozo de vida literaria estupendo, escrito con la gracia exacta de la literatura bien desplegada. Una novela casi. Algunas probables ensoñaciones le caen muy bien a esta buena historia de sí mismo, donde los hijos son la alegría.

Y tampoco oculta el daño: los divorcios, las tristezas, las ausencias, alguna traición encubierta, la enfermedad. El proceso de escritura o la fascinación primera y última por la poesía va punteando bien el arranque, hasta que la vida se va haciendo severa. Aun así no existe la derrota, quizá un puntico de cansancio. O será desengaño. Un escritor que se cuenta bien es un lector haciéndose sitio en su propia biografía. Esto ocurre con Qué estoy haciendo aquí: un hombre se habla del hombre que es y los demás estamos contentos de escucharlo. Nota aquí.



Café Libertad 8

 


María Ruiz

 

Pablo Neruda

 


Marilia

 


El Roto