sábado, octubre 03, 2026

El Kanka

 CiberCanción de Autor nos cuenta por Facebook.

𝙀𝙇 𝙆𝘼𝙉𝙆A, 𝙀𝙎𝘼 𝘾𝙊𝙎𝙏𝙐𝙈𝘽𝙍𝙀 𝙏𝘼𝙉 𝘽𝙊𝙉𝙄𝙏𝘼 𝘿𝙀 𝙎𝘼𝙇𝙄𝙍 𝙐𝙉 𝙋𝙊𝘾𝙊 𝙈Á𝙎 𝙁𝙀𝙇𝙄𝘾𝙀𝙎

Hay conciertos a los que uno va a escuchar música y hay otros de los que sale con la sensación de haber pasado un rato entre amigos. El domingo, en la Galileo Sala Galileo Galilei (Galileo Backstage), ocurrió lo segundo.
Dos noches, sábado y domingo, y las dos con la sala repleta. El Kanka, solo, con su guitarra y sus canciones, enfrentándose al escenario sin más escudo que sus acordes, sus letras y ese desparpajo malagueño que parece convertir cualquier concierto en una agradable conversación de sobremesa. De las que perduran y permanecen.
Juan Gómez Canca, malagueño, más conocido como El Kanka, lleva ya muchos años haciendo de la canción de autor un territorio donde caben la ironía, la ternura, la filosofía cotidiana, la rumba, el bolero, el pop y, sobre todo, las ganas de mirar la vida con una sonrisa. Comenzó su carrera en solitario en 2007 y desde entonces han ido llegando: Lo mal que estoy y lo poco que me quejo, El día de suerte de Juan Gómez, De pana y rubí, El arte de saltar, Cosas de los vivientes, Las Canciones y ahora La calma, su séptimo trabajo.
Y precisamente eso parecía perseguir el domingo: que saliéramos de allí un poco más felices. Lo consiguió.
El Kanka"de profesión titiritero", quizá no tenga la voz más poderosa ni más académica del panorama de la canción de autor, pero tiene algo que para mí resulta mucho más difícil de conseguir: una manera propia de cantar y de contar. Y, sobre todo, una guitarra extraordinariamente bien manejada, llena de recursos, capaz de sostener por sí sola canciones que en otras manos necesitarían una banda entera.
Sus letras pueden parecer sencillas a primera escucha, pero debajo de esa aparente facilidad hay mucho trabajo. Son ágiles, ingeniosas, llenas de imágenes y de pequeñas verdades cotidianas. Y cuando a todo eso se suma ese timbre tan suyo, un poco desgarbado, un poco canalla y siempre encantador, aparece un artista difícil de confundir con otro.
Un tipo que parece no haberse enterado de que es una estrella.
O que, sabiéndolo, ha decidido no comportarse como tal.
Durante el concierto hubo también espacio para convertir al público en parte de la banda. Y ahí apareció uno de los grandes momentos de la noche: el coro de silbadores profesionales que intentamos formar entre todos.
La intención era magnífica. El resultado… mejor olvidarlo. «Parecemos jilgueros», vino a decir El Kanka.
Y tenía toda la razón. Pero qué bien nos lo pasamos intentando silbar.
Porque esa es otra de las virtudes de este hombre: consigue que el público deje de ser público y se convierta por un rato en cómplice. Nos enseñó incluso su «unidad mínima de baile», ese tres por cuatro en el que bastaba dejarse llevar suavemente de un lado a otro a ritmo de vals. Y allí volvieron a aparecer los jilgueros. Esta vez, además, bailando.
También hubo «Spam Orgánico». Así llamó, con bastante sorna, al momento de anunciarnos su próximo gran concierto madrileño: el 26 de noviembre de 2027 en el Movistar Arena, dentro de la gira La Calma. Un anuncio publicitario, sí, pero hecho a su manera, sin perder la sonrisa.
Y entre canción y canción, entre risas y silencios, llegó uno de los regalos de la noche: una canción nueva, todavía en primicia, una canción de pérdida y búsqueda, de ausencia y dolor, de dar vueltas alrededor de aquello que ya no está mientras uno espera que algo vuelva a iluminar el camino. Como quien espera abril.
Fue uno de esos momentos en los que la sala se quedó quieta y la guitarra pareció decir más que cualquier explicación.
Y después, como si no quisiera dejarnos demasiado tiempo dentro de la melancolía, El Kanka volvió a tirar de sonrisa, de ritmo y de complicidad.
El concierto terminó con tres "vises anunciados" dejando de fondo pinceladas rumberas de «No estamos locos» de Ketama y hasta un guiño a «Digan lo que digan» de Raphael. Una despedida a su medida: música, humor, memoria, mestizaje y ese punto de alegría despreocupada que parece acompañarle siempre.
El Kanka se fue. Nosotros nos quedamos con las canciones.
Y con la sensación de que, durante un par de horas, una sala llena de gente que no se conocía demasiado había conseguido convertirse en una pequeña comunidad de cómplices, cantantes, bailarines y, sobre todo, jilgueros silbadores.
Quizá ese era el verdadero propósito de la noche.
En un fin de semana dominado por las reivindicaciones en Madrid, desde la Multitudinaria marcha por la Educación a la rebelión en una lucha justa por la vivienda de la acampada de la Puerta del sol ¡Ole por ellos! El Kanka nos remató la tarde con la idea de disfrutar pensando y luchando, y salir un poco más felices.
Y, durante dos horas, por una vez, no hacía falta mucho más
¡MUY GRANDE DON JUAN!
















Tatiana Tibuleac

 


María Ruiz

 

Ismael Serrano

 «Haré una gira festiva por los 30 años»

Ismael Serrano recupera en el Fórum, a solas con la guitarra, la esencia de sus canciones : «Venía de un tour sinfónico y el de 2027 será muy ambicioso, así que me apetecía retomar el formato original»

El año que viene se cumplen tres décadas de Atrapados en azul, el disco con el que Ismael Serrano inició su carrera. Treinta años después el cantautor madrileño se sigue reconociendo en esas canciones que el sábado sonarán en el Fórum, y que continúa interpretando «desde otra perspectiva, pero con orgullo». «El ejemplo más claro -continúa- quizá sea Papá, cuéntame otra vez, que antes la cantaba como un hijo que le reprocha al padre, y ahora la canto como un padre que se pregunta cuál es el relato que le vamos a contar a nuestros hijos cuando nos hagan el reproche pertinente». 

Con los años se ha vuelto, dice, «más flexible» y ha dejado de tomarse tan en serio, aunque en esencia «sigo entendiendo la música como ese ejercicio terapéutico que te ayuda a entender el mundo». Desde la perspectiva de las tres décadas de carrera le diría al Ismael Serrano de dentro de diez años que confía en que «haya disfrutado, que haya sabido seguir, a pesar de los pesares, y que no se haya rendido».

El Ismael Serrano de hoy -y del 3 de octubre en el Fórum- defiende sus canciones con guitarra y voz, tal y como se compusieron. Sin artificios ni producciones espectaculares. «Vengo de hacer una gira sinfónica muy sofisticada, con cerca de 40 músicos. El año que viene me embarco en otra para celebrar mis 30 años, que será con banda y más festiva, así que me apetecía en este impasse recuperar un poco la esencia del formato en el que fueron creadas. Me parece que se establece otro tipo de diálogo, de comunicación, y me apetecía realizar algunos conciertos así». 

A pesar de que los cantautores vivieron épocas mejores, no ha variado su modo de entender la música: «Se ha impuesto de manera hegemónica otro tipo de sensibilidades que han desplazado al cantautor en muchos aspectos. Ahora quizá la música es más superficial y el mensaje más encapsulado. Se ha perdido el hábito de cantar al nosotros más allá de la enésima canción de amor», reflexiona, vinculando con el déficit de atención propiciado por las redes. «Somos víctimas de una tendencia hacia la frivolización, hacia contenidos que apuestan más por el escapismo y no tanto por la reflexión», añade confiando en que, en ese ir y venir, al péndulo le toque regresar al otro lado si «el debate político vuelve a ser recuperado por la gente joven».

Hablando de recuperar, el músico ha rescatado y llevado a su terreno canciones de Rocío Dúrcal, Extremoduro, Shakira o Juan Luis Guerra en su disco Grabaciones insospechadas para «romper un poco los prejuicios que existen en torno a la música en general». Y en el musical Golpe a golpe, verso a verso, que estrena segunda temporada en Madrid, lo hace con la figura de Antonio Machado: «Me parece urgente en estos tiempos recuperar a un hombre de paz, un intelectual de los que quizá ahora haría falta escuchar». Se perderá, sin embargo, la gira de 2027 porque estará con la de su aniversario, una cita «muy especial y ambiciosa» con la que «reivindicar la vigencia de todas esas canciones y celebrar el tiempo compartido». Nota aquí.



Frank Delgado




Arde Bogotá

 

Pez Mago

 


Fernando G. Lucini

  Fernando nos cuenta en su Blog 

HOY POR FIN ME DECIDO A ANUNCIAR Y COMPARTIR UNA MUY BUENA NOTICIA:

HOY POR FIN ME HE DECIDO A ANUNCIAR Y COMPARTIR UNA MUY BUENA NOTICIA para mi largo, tiempo esperada:

En el próximo mes de ENERO, por fin, voy a echar a volar un GRAN PROYECTO en el que vengo trabajando hace más de OCHO AÑOS proyecto al que voy a llamar: "Universo Musical de la Generación del 27 y otros Universos PoÉticos"

Ocho años de trabajo en libertad y en silencio, miles de horas de investigación, más de 60.000 canciones en el camino, y una pasión: "Y LA PALABRA SE HIZO MUSICA".

En este momento estoy por fin decidido a lanzar el proyecto contando con la colaboración de tres personas que van a acompañarme en el que, si duda, va a ser el  mejor y el más importante proyecto que he hecho en mi vida: JUANLU MORA con su joven empresa "Navélica Estudio Creativo", GINES PITALUGA GORRIZ –con el que comparto pensamiento, complicidad y locura– y ENCARNA PITALUGA que nos va abriendo caminos, horizontes y posibilidades, a la vez que nos "fortalece las alas" en este nuevo vuelo musical, poÉtico y cultural.

De aquí a Enero, en que lanzaremos oficialmente el proyecto, seguiré ampliando la información de hoy y os iré invitando a algunos encuentros que organizaremos para realizar "presentaciones entre amigos" para recibir "bien venidas" valoraciones, sugerencias y aportaciones. ¡GRACIAS POR ESTAR AHÍ! .Crónica aquí.





Fede Comín

 


Hugo Mujica

 

León Gieco

 


Woody Allen

 




El Plan de la Mariposa

 


El Roto

 


viernes, octubre 02, 2026

Rocambole

 Rocambole, a 40 años de Oktubre: “La historia de la humanidad es una lucha que se repite”

El artista que dibujó la tapa de Oktubre repasa cómo se pensó el universo visual de Los Redondos y qué significa festejarlo por primera vez sin el Indio Solari. “Yo perdí un amigo, pero la sociedad argentina perdió a uno de los más importantes poetas populares”.

“Con todos los galardones que recibe podría largarse como candidato a presidente”, le comentaron a Rocambole en los pasillos de la Legislatura Porteña, que este jueves distinguió a él y a su libro “Arte, Diseño y Contracultura”. Y desde el fondo de una de las oficinas le regalaron el slogan de campaña: “República Rocambole”.

Pero Ricardo Cohen —Rocambole— solo se ríe y se acomoda los lentes que son parte de su imagen hace varias décadas. Mientras, sostiene con una mano el LP de Oktubre, segundo disco de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, publicado el 4 de octubre de 1986. “Diablos, ya pasaron 40 años. ¡Todavía puedo verlo!”, dice el artista en diálogo con Página/12.

La unidad de la obra

El país llevaba apenas tres años de una democracia que todavía tenía vestigios de la violencia de la dictadura y Los Redondos eligieron responder a ese contexto con un material de 9 canciones épicas y revolucionarias. Lo presentaron en vivo por primera vez en octubre de 1986 en Paladium, ante unas 1200 personas y con mucha gente afuera.

“No existía seguridad alguna de que no volviese el quilombo del que habíamos zafado recién. De ahí viene la sensación de estar atrapado en libertad”, detalla Solari en Recuerdos que mienten un poco, su biografía, sobre el contexto en el que se pensó y armó el disco. “La imagen de la Plaza de Mayo llena, aplaudiendo al borracho de Galtieri durante Malvinas, me había quedado grabada de modo traumático”, agrega.

De la muchachada que incluye al “Che” Guevara en el frente de la portada y la Catedral de La Plata en llamas en el dorso, al mítico esclavo con cadenas que nace de un aviso para un diario, ninguna obra del rock argentino logró una identidad estética tan robusta como este segundo trabajo.

“Jamás en la vida, ni yo ni los músicos que formaron parte de Los Redondos hubiésemos imaginado estar hablando de este disco tantos años después”, confiesa “Mono” Cohen, encargado de dar con su mano a la coherencia ricotera.

De la nada a la gloria me voy

En la previa del lanzamiento de Oktubre, Rocambole, Carlos “Indio” Solari, Skay Beilinson y el resto de la banda asistieron a la presentación del Coro del Ejército Rojo de Moscú, en el Luna Park. Las voces graves y esos temas que sonaban a marchas medievales los dejaron impresionados y pensativos en las imágenes que les sugerían los demos del disco.

Por eso, para trabajar el universo visual de Oktubre, el artista plástico fue a buscar en el umbral de la historia del arte político. Se nutrió de afiches de todas las revoluciones, desde la Guerra Civil española hasta la Revolución Mexicana, y tomó como inspiración hasta volantes de grabadores argentinos de la época de la Semana Trágica, de 1919.

“Y le debo al pintor argentino Ricardo Carpani muchos puños en alto. Al famoso esclavo con cadenas aún se lo tatúan”, admite.

–¿Hay alguna forma de explicar qué buscó la banda con este disco?

Los grupos con los que me vinculé en La Plata, como la Cofradía de la Flor Solar, buscaban intensamente hacer una obra que sea una ópera, que reúna música, poesía y textos. Eso fue lo que pasó realmente en Oktubre. Cuando pregunto: “¿Qué entendiste del disco?” Me dicen: “Mirá, cuando escucho la música se me vienen a la cabeza las imágenes del disco”. Y otros me dicen: “Cuando veo las imágenes se me viene a la cabeza la música y la poesía del disco”. Ahí la pegamos, porque la idea era esa, que hubiera un relato y que en ese relato intervinieran la poesía y las ideas visuales. Que tuvieran tanto trabajo entre sí que no se pudiera prescindir de ninguna.

–¿Cómo fueron esas reuniones para debatir la idea de la tapa?

Lo se pretendía era en principio hacer alguna reunión para ponerse de acuerdo en la idea general del concepto. Solari lo llamaba “el guión”. En este caso hubo reuniones previas para decir: “Vamos a hacer un homenaje a las revoluciones”. Había una idea común que, aunque no estuviera discutida, estaba más o menos presente y todos estaban de acuerdo. Yo por ahí a veces me metía en la grabación del disco y le decía a Skay: “¿No te parece que el bajo está demasiado fuerte?“. Y Skay me sacaba corriendo .

– ¿Qué recuerda de aquellos días del grupo?

A Oktubre se lo hizo en un momento de realización bastante precario. El estudio de grabación era un estudio prestado por amigos, como Lito Vitale. La gente no conocía demasiado a Los Redondos, que no había firmado con ningún sello ni tenía el apoyo de algún productor importante. Por eso es una cosa increíble hablar del disco 40 años después. Todo ahí se hizo artesanal, incluso su envase. La primera tanda (que rondaba en las 7.000 copias) se hizo impresa a mano en serigrafía, como hoy día se imprimen las remeras. A pulmón.

– La obra refleja la lucha de los oprimidos, ¿cree que cambió esa imagen 40 años después?

La historia de la humanidad es una reiteración eterna de la lucha del oprimido contra sus opresores. Y, al parecer, es un círculo de nunca acabar. Cuando era chico había leído en mis novelas de ciencia ficción que los seres humanos en el futuro iban a ser mejores, perfectos, etcétera, etcétera. En otras decían todo lo contrario, y me parece que estas últimas eran las que tenían razón. Nota aquí.






Rupatrupa

 

Ferran Exceso

 


Charly García

 ‘Alguien en el mundo’: Un retrato de la década más caótica de Charly García

El fotógrafo Maximiliano Vernazza estuvo cerca del músico durante los años Say No More y acaba de publicar un libro que refleja una época que marcó a fuego a Charly. Aquí un adelanto exclusivo.

A fines de los 90 yo tenía cierto apego por la estética y filosofía del punk-rock. Sin embargo, la encarnación más genuina del imaginario punk lo encontré en Charly García, alguien en apariencia ajeno a toda esa cultura”. El fotógrafo Maximiliano Vernazza acaba de publicar el libro Alguien en el mundo (editorial Vademécum/RGS Music) con fotografías que le tomó a Charly a lo largo de una década, entre 1998 y 2008. Los años Say No More más puros, en los que luego de una primera sesión para la revista Gente, en donde trabajaba a fines de los 90, forjó una estrecha relación con el músico.

El libro construye un relato visual de una temporada en llamas en la que el concepto Say No More tomó por asalto al artista antes conocido como Charly García, a través de 260 fotografías en su departamento/grafiti de Coronel Díaz, en limusinas, en camarines, en las playas de Pinamar en donde solía veranear, en estudios de grabación, en conciertos y giras caóticas. Así lo define el mismo García, que dio la venia al proyecto: “Son fotos de mi época Say No More más rabiosa. Era otra etapa mía, pero lo que me gusta es que quedó documentada. Digamos que en aquel momento mi locura se volvió arte. Así que, por un lado, no quiero volver a esa etapa, pero por otro lado estoy orgulloso”.

Vernazza asegura haber compartido “mucho con Charly todos esos años y yo siempre estaba con la cámara en la mano. Siempre fue así, era algo que estaba permitido, un pacto que teníamos, y entonces lo fotografiaba todo el tiempo. Podía estar nueve horas en su departamento, como me pasó una vez cuando volvió de Mendoza después de haberse tirado desde el balcón, que terminaba con un dolor de cabeza y por ahí decía: ‘Esta es la última vez que hago esto’. Pero después siempre volvía. O también podía estar quince mintuos, hacer dos tomas y listo. Siempre me llamó la atención que por más que estuviera cinco minutos, alguna foto increíble me llevaba. Yo fotografié mucho también a [Diego] Maradona y en eso eran como muy parecidos. Personas con ángel y, además, muy auténticas. No armaban un personaje, eran muy reales y eso se refleja en las fotos”. Nota aquí.







Dani Flaco

 


Liuba María Hevia

 

John Lennon

 


Miguel Campello

 

Hombres G

 

Víctor Heredia

 


Ricardo Soulé

 Murió Ricardo Soulé, líder de Vox Dei y pionero del rock argentino

Ricardo Soulé, líder Vox Dei y pionero del rock argentino, murió este viernes. Tenía 76 años y se había retirado de los escenarios por problemas de salud.

El músico falleció a primera hora de esta mañana. La intención de su familia es que el velatorio sea en la Municipalidad de Quilmes, desde las 17 hasta el mediodía de mañana.

Soulé formó parte del grupo de pioneros del rock nacional. Cantante y compositor, tocaba la guitarra y el violín.

Guitarrista, violinista, cantante y compositor, Soulé es una figura central del rock argentino. Fue parte fundamental en La Biblia, la primera ópera rock argentina hace 55 años y autor de Presente, entre muchos otros temas que dejaron huella en la cultura argentina.

La muerte de Soulé fue comunicada por sus hijos. “Con un inconmensurable dolor tenemos que comunicar la partida física de Ricardo Soulé, nuestro padre”, escribieron en su cuenta oficial de Instagram. Nota aquí.



Tute

 


jueves, octubre 01, 2026

Joaquín Lera

 SABINA 23 puertos.

Es un privilegio ser uno de los puertos de este libro de Christian Masello con prólogo de Luis Garcia Gil.
Aquí os dejo alguno de los fragmentos:
*JOAQUÍN LERA, cantante y poeta.
El músico es oriundo de Corcubión, provincia de A Coruña, Galicia.
Lera ha viajado por medio mundo... tal vez un poco más.
Y en su recorrido se cruzó con Sabina, lo que parece haberle dejado
una marca indeleble.
Así lo demuestra la misiva, repleta de imágenes que hablan de
recuerdos:
Son las cuatro de la mañana, o quizás las seis.
Llega un momento en que uno no sabe, dadas las zancadas, qué hora es, ni le interesa.
Es tanto el regocijo, el aprendizaje y la gratitud al humo del antro donde hemos pasado las últimas horas, entre cuerdas, copas, damas y papeles de fumar, que a la luna no podemos decirle más que «gracias por flotar a nuestro lado».
LUNA Y COMPANÍA...
DISFRUTANDO.
.
Todo empezó como empiezan las novelas: contando historias de nunca acabar.
El cuento de la buena pipa. Relájate...
Las ganas, la ilusión, una guitarra con balas de cristal y escalas en el traste del desastre que haría rico a más de uno;
tiempos de transición y revolución erótico-musical.
Las endorfinas dentro y fuera del pentagrama... adoquinadas al son del son que se llamaba «mi sofá es Madrid» (nadie sabía dónde estaba la casa).
Así era... porque en aquellos días el salón y el dormitorio eran barrios enteros y dormirse era perder el tranvía de la utopía hecha realidad.
Dicen, y doy fe, que algunos sueños se cumplen;
cuando los deseas y te
pones las pilas alcalinas, simplemente se cumplen.
¡Quién iba a decir, por ejemplo, que Bob Dylan tenía un hermano gemelo que hablaba en castellano y componía igual o incluso mejor que él…!
Fue entonces cuando nos hicimos hermanos, además de amigos, allá por el 79 o el 80, más o menos.
Lera describe aquellos tiempos:
Hablo de cuando el humo era de contrabando.
Cuando componer una canción era el mayor de los tesoros...
Y añade:
Sabina empezaba a despuntar en los ambientes intelectuales madrileños, mientras yo lo hacía en los soportales de la Plaza Mayor y la calle Preciados, pero las noches eran largas y siempre acabábamos encontrándonos en algún tugurio para estrenar nuevas canciones que almacenábamos en el desván de nuestro cerebro: vivencias, estribillos, egos, caricias…
Así llegaron las colaboraciones:
Mi tocayo siempre fue un tipo generoso, y a mí me lo demostró... Yo traté de recompensarlo (no sé si lo conseguí) cuando me invitó a hacer coros en su disco
Ruleta rusa, concretamente en las canciones «Pisa el acelerador» y «Eh, Sabina»... sin pedirle a cambio ni un solo centavo.
Faltaría más.
Compartimos escenario en varias ocasiones, y tuve el placer de componer junto a él, en su casa de La Latina, una bella canción sobre una letra que me puso encima de la mesa.
Tema que yo canto porque me gusta y me lo piden desde entonces:
«De Madrid a Granada».
(LA SENSIBILIDAD EN LAS LETRAS ES EL MÁXIMO Y SUTIL DE LOS ORGASMOS...)
La epístola incluye una anécdota de camaradería y trenes casi perdidos:
Una tarde me llamó Sabina por teléfono me y dijo:
-Joaquinito, ¿quieres venir a cantar conmigo a Vigo?
-Eso está hecho...
-Pues acelera que el tren sale en una hora...
Llegué a la estación del Norte con la lengua fuera y el tren echando humo...
Mi tocayo, descojonado de risa, me daba ánimos desde una de las ventanas del vagón litera...
-Vamos, campeón...
Me había confundido de andén, como tantas veces, y casi lo pierdo.
Cuando conseguí recuperar mi presencia de espíritu, cenamos en el vagón-restaurante y charlamos hasta las montañas del alba, donde el color verde renueva los sentidos, antes de que nuestros ojos bajaran las persianas...
Para el acontecimiento me regaló una corbata de seda de un color indescifrable, que en un principio estrené y enseguida tuve que quitar porque me apretaba tanto la nuez que no podía respirar, y con los nervios, que inundaban mis adentros, no digo más...
Creo que sigue en el armario de los recuerdos, con el mismo nudo. La corbata no se hizo para mi cuello cantarín.
Otra historia de la época:
Una vez Sabina fue jurado en un concurso de cantautores en una sala de Madrid.
Long Play se llamaba.
Concurso que gané con unas de mis primeras composiciones: Amo la música.
Algo en lo que, seguro, él tuvo que ver.
—Vas a ganar, eres el mejor.
-Si tú lo dices.
Y así fue...
La correspondencia revela más detalles:
La verdad es que nos teníamos y nos tenemos un gran cariño.
Sigue siendo un geniecillo travieso.
Con o sin lámpara.
Lástima que, por circunstancias de la vida (su creciente fama, mis miedos; yo no estaba preparado para tanto barullo... el gentío que lo rodeaba me daba sarpullidos), dejamos de vernos con tanta frecuencia.
Yo aún tenía mucho que aprender y él, de la noche a la mañana, se había convertido en una estrella mediática.
Mientras tanto, seguí buscándome la vida en pequeños garitos.
En aquel tiempo, Panchiño, Pancho Varona, fue mi guitarrista o compañero de viaje durante una pequeña temporada, hasta que un día me dijo:
—Me ha llamado otra vez Sabina para que entre en su banda. ¿Qué hago?
-¡Pues decirle que sí! Inmediatamente.
Y se convirtió en su mano derecha.
Un gran tipo Pancho, y pedazo de músico.
Hoy por hoy, con Sabina nos vemos poco, pero seguimos siendo coleguitas.
Cada uno en su casita y los recuerdos en Calle Melancolía.
Lera, en su libro La fragilidad de los espejos, incluye, bajo el título «El espejo de la cajita de música», unos versos dedicados a Sabina en los que,entre otras cosas, dice:
“La resaca me llevó a la orilla.
Escuché su melodía.
Hablé con el silencio.
Como un jinete solitario salí airoso del cráter donde muchos se quemaron”.
En su carta, el músico gallego habla del afecto mutuo entre los Joaquínes:
Sé que me quiere como se quiere a un hermano pequeño con pantalón corto. Y yo siempre le estaré agradecido por dejarme entrar en su casa, en su mundo y en algún que otro escenario, como cuando me dedicó unas bellas palabras cuando fui su artista invitado en la Praza da Quintana, allá en Santiago de Compostela, en su gira 19 días y 500 noches:
«Este es el tipo que me enseñó a hacer canciones».
Cómo te pasas, tocayo.
En todo caso, fue al revés.
Podría escribir un montón de anécdotas, de noches y días interminables,
pero esto es todo lo que quiero contar sobre mi amistad con mi tocayo.
Al que quiero, admiro y, a veces, incluso, echo de menos...
Y a modo de posdata:
Ya no hay Elígemes, ni Mandrágoras, ni Song Parnass allá en Lavapiés, con Hans, ese pintor que llegó de Berlín como anfitrión... pero nos quedan los olivos, el mar y el abrazo cómplice, cariñoso y largo de siempre.
Y tu voz, que llena estadios, plazas, teatros y el espacio que habito.
Tal vez mañana vuelva a ser tu telonero...
¡Que no pare la música!



Rafa Pons

 


Arde Bogotá

 

Fernando Trueba

 Gracias, Gonzalo

El cineasta Fernando Trueba recuerda a su compañero de profesión Suárez como un genio desenfadado que no se montó al tren de ninguna moda.

Soy fan de Gonzalo Suárez desde que leí sus libros y vi sus primeras películas de adolescente en mi barrio de Estrecho. Regalaba a mis amigos ejemplares de De cuerpo presente, que se saldaban en la Cuesta de Moyano. Rocabruno bate a Ditirambo era libro de cabecera. Luego le conocí, le hablé en el estreno de La Regenta; más tarde, en Canet-sur-Plage, viendo películas prohibidas. Luego le entrevisté. Y nos hicimos amigos. Y eso hemos sido durante casi medio siglo y vamos a seguir siéndolo. Me enamoré de él, como ya lo estaba de sus libros, y de Hélène, y pasaron a ser miembros de la familia.

Cuando hice mi primera película, fue al único que se la enseñé y me sugirió cambiar una escena de lugar. Tenía toda la razón, y ese cambio, nada pequeño, mejoró significativamente la película.

Porque Gonzalo era inteligente, de una inteligencia nada común ni convencional. Una inteligencia única, brillante, deslumbrante. Gonzalo era dos cosas que nunca van juntas, o rara vez: era divertido y era profundo. Siempre he pensado que hubiera sido un filósofo excepcional, de esos que no abundan, en ningún lugar ni en ninguna época. Y la verdad es que lo fue. Aunque solo lo sabemos los que tuvimos el privilegio de conocerle.

Podía convertir una ceremonia solemne en un vodevil o en una escena de los hermanos Marx. Sobre cualquier tema podía hacer reflexiones, divagar y siempre llegar a hallazgos, y también a carcajadas. Escribiendo un guion con mi hermano David, nos invitó a ir a Asturias, a su casa, donde él estaba escribiendo otro. Nunca me he reído más en mi vida. Y confieso que otra cosa no habré hecho en mi vida, pero reír... Llegué a amenazarle, porque me dolía todo el cuerpo: la cabeza, los huesos, el estómago. Su humor nunca era chusco ni banal, pero podía ser desternillante.

El genio pertenece a la personalidad. Gonzalo era un genio. Era genial. No repetía lo que otros habían dicho antes. Pensaba por sí mismo. Era único. No había nadie como él.

Tenía algo de Stevenson, Melville y Mark Twain, mezclado con Bergson, Brassens y Groucho Marx. No tenía fecha. No era de ninguna época, de ninguna moda, de ningún grupo, de ninguna tendencia, de ningún partido. Era de siempre o de nunca.

No puedo pensar que no voy a hablar más con él, que no vamos a cenar más los cuatro, con Hélène y Cris. Sonrío pensando en él cuando debería estar triste. Nota aquí.