martes, junio 23, 2026

Rafa Pons

 

Rozalén

 "Necesitaba que me dijeran te quiero y ha venido desde un lugar donde no he nacido"

La cantante albaceteña Rozalén recibirá este jueves 25 de junio la distinción de Hija Adoptiva de Murcia por «por su inquebrantable vínculo con nuestra tierra»

Hay voces que cantan y voces que curan. Y luego está la de Rozalén, que hace las dos cosas a la vez. Ella nació en Albacete, pero su corazón, sus canciones y sus raíces llevan años enredados en la huerta, en el Segura y en el alma de esta tierra. No solo es una de las cantautoras españolas más importantes y queridas; es una vecina de pleno derecho. Rozalén ya es, oficialmente, Hija Adoptiva de Murcia. El Ayuntamiento de la ciudad ha hecho oficial lo que el público y las calles de esta región ya sabían desde hace mucho tiempo: que María Rozalén es de los nuestros. La artista manchega recibirá la distinción el próximo 25 de junio, por su inquebrantable vínculo con nuestra tierra, su cariño demostrado en cada escenario y esa sensibilidad única que conecta con el lado más humano de los murcianos.

Rozalén sorprendió a sus seguidores anunciando un parón por tiempo indefinido ("necesito silencio. Hasta pronto"), pero esta cantautora, referente social que ha hecho de la vulnerabilidad su mayor fortaleza, rompió hace unos días su silencio para cantar ante el papa León XIV, lo que ha generado algunas polémicas. «Sigo de descanso, pero claro, hay cosas a las que no puedes decir que no» . ¡Bienvenida, Mary!

Tengo días de todo. Los primeros meses creo que no bajé de revoluciones, porque me dediqué a dar muchas vueltas, a viajar sin tener que trabajar, pero creo que iba huyendo precisamente de eso, de enfrentarme a parar de verdad, y luego cuando de verdad estuve muchos días seguidos en casa, aquí en mi casa donde vivo en la sierra de Madrid, sí que tuve días un poquito más oscuros, más tristes, pero necesarios, sin drama ninguno. Sobre todo estoy en casa, estoy yendo más a Albacete, a Letur, al País Vasco (mi chico es de allí), pero lo que más necesito es estar en casa y estar con la familia, con los amigos, que no les he dedicado el tiempo que merecían todo este tiempo. Y aun así, claro, estoy escribiendo, leyendo y componiendo ya desde hace tiempo, pero con toda la calma.

Siempre has dicho que Murcia es tu casa, pero ahora es ‘oficial’. ¿Qué se siente al pasar de ser una vecina querida a ser, formalmente, Hija Adoptiva de la ciudad?

¡Buah! Encima me vino en un momento que yo necesitaba ese cariño, ¿sabes?, necesitaba que me dijeran te quiero, porque no hace falta que explique en qué momentos estamos, y ahora parece que la amabilidad, el cariño, o que te digan desde un lugar donde tú no has nacido: "Oye, que esta es tu casa, aquí eres una más". Desde el momento en que lo recibí, lo recibí con más agradecimiento y más amor que nunca, por eso, porque como falta tanta estima, me siento superorgullosa de que lo tuvieran tan claro, y como sabéis de sobra lo que yo siento por Murcia, pues con más razón.

¿Qué rincón de Murcia o qué costumbre de esta tierra ha moldeado más a la Rozalén artista que conocemos hoy?

¡Buuff, madre mía, muchas cosas! Lo primero que se me viene a la cabeza... Es que si pienso, pienso en la Universidad, en el colegio mayor Azarbe, que fue como mi primer hogar allí..., pero inevitablemente me voy a las salas de Murcia, que creo que es una de las cosas que más destaca de la ciudad, que tiene muchísima actividad cultural, se apuesta mucho por la música en directo, y eso creo que es algo que hace que tantos artistas salgan de Murcia.

Yo siempre me pregunto qué hubiera sido de mí si no hubiera ido a estudiar a Murcia. Había, tanto por el CreaJoven como por todo lo que te rodeaba de tanta gente haciendo teatro, música, tantas cuestiones artísticas, que eso inevitablemente te hace a ti también crear y, en el buen sentido, competir. Si no tienes todos esos estímulos, quizá no hubiera pasado nada, no lo sé.

Me acuerdo de la Puerta Falsa, aunque tuve ahí como un sabor agridulce por el antiguo dueño, pero La Puerta Falsa, Ítaca... es casa, y Café de Alba. No sé, esos lugares para mí fueron muy especiales, y es que creo que canté en todas las salas de allí, canté mucho en la calle, en muchísimos actos sociales; creo que me dejé ver mucho y que disfruté mucho de la ciudad.

En cuanto a lo de la costumbre de los murcianos, cuanto más voy a Murcia, más cuenta me doy: aparte de que el murciano es trabajador y tal, creo que los murcianos saben también valorar y darle tiempo al descanso y al disfrute, y por eso tanta gente se va a vivir allí, o por ejemplo, todos los músicos amigos míos, aunque salgan un ‘ratico pa’ Madrid o para donde sea, acaban volviendo a Murcia o a la Región de Murcia, porque creo que hay un estilo de vida que es muy saludable, y que tiene que ver con saber dedicarle tiempo al descanso y al disfrute, sí, sí, las murcianas maneras. Hay mucha felicidad por eso.

Estudiaste en la Facultad de Psicología. Tu último trabajo y la gira han estado marcados por la idea del abrazo y el duelo sanador. ¿Ha sido este disco tu proceso más difícil —y a la vez más necesario— de compartir con el público?

Ha sido superhermoso este disco, porque en realidad era todo como muy amable. Tú estás hablando de las emociones, y eso es algo universal. Bueno, los temas principales eran el amor y la muerte, que es como el resumen quizá de lo vital: todo en la vida es cosas que nacen y cosas que mueren. Era muy amable en este sentido. Las partes duras de la tristeza y el duelo forman parte... Como decía Patti Smith, la vida es el pack completo.

No sé por qué solo nos dicen que son las cosas bellas. Transformarlo en canciones y cantarlo, siendo algo tan universal, ha sido una comunión muy guapa con el público. Quizá me costaron más otros discos, como el tercero, Cuando el río suena: eran historias de mi familia, y con el tiempo me di cuenta de que daban que hablar, porque hablaban también de los conflictos de nuestro país, o estaba también La puerta violeta..., muchas cosas que no eran solo una cosa mía, sino de mi familia, nuestra. Eso fue todo un poquito más fuerte, pero todos los discos tienen tanto esfuerzo, tanta lágrima, tanta sonrisa detrás, que si la gente lo supiera..., ¿eh? Para mí, lo terapéutico está superrelacionado con el arte en mi caso. Nota aquí.



Benjamín Prado

 


Mon Laferte

 

Skay Beilinson

 El conmovedor momento en el que Skay Beilinson le dedicó una simbólica canción al Indio Solari en pleno show

Durante su primer concierto después de la muerte de su amigo, el guitarrista lo homenajeó con una versión especial de un tema de Los Redonditos de Ricota desatando la emoción de miles de fanáticos.

A poco más de dos semanas del fallecimiento del Indio Solari, la tristeza sigue latente tanto entre sus seguidores como en el mundo de la música. El legado de uno de los artistas más emblemáticos del rock argentino continúa generando homenajes, recuerdos y muestras de cariño a lo largo y ancho del país. Entre esas expresiones, una de las más resonantes fue la de Skay Beilinson, histórico guitarrista de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, quien eligió rendir tributo a su excompañero en el primer show que ofreció tras la noticia de su muerte.

El emotivo gesto se vivió este sábado por la noche en el Complejo República de Venezuela, en la ciudad bonaerense de Bolívar, donde Skay subió al escenario junto a su banda Los Fakires. Bajo luces azules y neón, el músico tomó la palabra y, con la voz quebrada por la emoción, dedicó su interpretación de “Todo un palo” a la memoria del Indio. “A la memoria de un amigo y para todos ustedes”, expresó ante una multitud que respondió con aplausos y silencio respetuoso. La canción, uno de los himnos de la mítica banda platense, resonó con una carga especial, sellando un momento que rápidamente quedó registrado en decenas de videos grabados por el público.

Las redes sociales se encargaron de multiplicar esas imágenes, y miles de seguidores compartieron mensajes que pusieron en palabras la conmoción colectiva. “Qué lástima haber estado tantos años distanciados y no poder abrazarse y perdonarse antes de la partida”; “Me destruye”; “Me parte el alma”; “El tipo se tuvo que morir para que lo vuelva a llamar amigo”; “¡El corazón de Patricio Rey!”, fueron apenas algunos de los comentarios que circularon, reflejando la profundidad del vínculo que unió, y separó, a los máximos referentes de Los Redondos.

El homenaje de Skay no fue el primer gesto público tras la muerte de Solari. El pasado viernes 5 de junio, apenas se conoció la noticia, el guitarrista recurrió a su cuenta de Instagram para despedirse de su viejo compañero: “Te llevo en cada recuerdo, en cada canción de ayer. Con un inmenso dolor. Buen viaje, mi querido amigo, hasta siempre. Ahora sos la luz que viaja entre nosotros y para siempre”, escribió, comunicando además que su agenda de conciertos quedaba suspendida “hasta nuevo aviso” en ese entonces. Nota aquí.



Paz Martínez

 


El Roto

 


lunes, junio 22, 2026

Charly García

 Charly García nos mira desde arriba

La obra de Martín Ron se luce en la esquina de Callao y Corrientes y forma parte de la celebración por el aniversario de la disquería-librería.

Charly García mira desde arriba, apoyado contra la pared como en su icónica tapa de Clics modernos. El mural está sobre el emblemático local de Zivals, en la esquina de Callao y Corrientes y forma parte de la celebración por el aniversario de la disquería-librería. “La idea surgió casi como por una epifanía, hablando con el equipo de cosas que hacer en nuestro salón”, rememora Fernando Laviz, responsable de Zivals. “La idea original era poner un jardín vertical, alguna declaración, y en esa charla me bajó la idea de Charly y Clics Modernos y dije ‘listo, ya está’”. El trabajo quedó en manos del muralista Martín Ron, quien tituló Modern streets a la obra, que el propio músico pasó a ver.

La visita de Charly, explica Laviz, fue algo inesperada, ya que el legendario rockero lleva un tiempo limitando sus apariciones públicas. “Era lunes a la noche y nos llamó Tato, su asistente, porque justo había ido al oftalmólogo y aprovechaba para pasar un rato”, detalla. “Llovía, era un día de mierda, y lo terminamos con su visita, los poquitos clientes que había a esa hora no lo podían creer”, agrega. “Aparte, tuvimos la oportunidad de verlo elegir música, así que fue como una especie de lección de música”.

Para la segunda parte del año, anticipa Laviz, desde la disquería están planeando una serie de actividades dentro de la tienda, en un sector que acondicionaron para dar charlas, presentaciones, y también shows, algún dj set y listening parties. “Queremos resaltar un poco más en contenido lo que hacemos dentro del local”.

Martín Ron fue el elegido para encarar la pared. Según cuenta a Página/12, en Modern streets le interesó sostener la idea de puente. “La foto original pertenece a Nueva York, pero al mismo tiempo es una imagen que ya sentimos propia. Es un álbum icónico, uno de los más importantes de nuestra cultura, entonces la pregunta fue qué pasa si esa esquina de Manhattan la recreamos acá, en plena Corrientes y Callao y que pasa si Charly posa en una esquina casual de nuestra querida Buenos Aires”, desarrolla. “Por eso el mural no busca copiar la tapa. Busca generar un puente entre épocas. Aparecen guiños a la ciudad, al Obelisco, al Congreso, a esa atmósfera medio cinematográfica que tiene el centro porteño cuando cae la noche y que de alguna manera recrea el clima de los ’80. Me interesaba que la gente no sintiera que estaba viendo una imagen colgada en una pared. Quería que sintiera que estaba entrando en esa escena.

-¿Qué significa Charly García para vos?

-Charly para mí es una especie de prócer de la música argentina. De esos personajes que ya dejaron de pertenecer solamente a una disciplina para transformarse en patrimonio cultural. Es un ícono pop, pero también mucho más que eso. Forma parte del universo de la cultura argentina, de esos nombres que ayudan a explicar quiénes somos. A mí siempre me impresionó su capacidad para entender la época que le tocó vivir. Cada etapa de su carrera parece dialogar con su tiempo. Supo leer e interpretar muy bien su época y convertir todo eso en canciones. Muchas veces no solamente retrató una época, sino que ayudó a definirla. Y lo más notable es que gran parte de esa música sigue vigente. Escuchás discos que hizo hace cuarenta años y siguen sonando modernos. Siguen teniendo algo para decir. Eso pasa porque detrás de las canciones había una mirada muy profunda sobre la sociedad y sobre las personas. También me gusta que nunca fue un artista cómodo. Siempre desafió, incomodó, rompió estructuras. Fue un transgresor Y creo que esa libertad es una de las cosas más valiosas que dejó.

-¿Dónde creés que radica la potencia iconográfica de la tapa de Clics Modernos a la que hacés referencia en el mural?

-En que parece una imagen sencilla, pero tiene una profundidad enorme. Está Charly sentado en una esquina cualquiera de Nueva York y, sin embargo, cuando empezás a mirar aparecen un montón de capas. Está la música, está la ciudad, está la modernidad, hay una época que estaba cambiando. Y hay algo que a mí me toca especialmente porque vengo del arte urbano. Detrás de Charly aparece una intervención de Richard Hambleton, uno de los pioneros del street art contemporáneo. Mucho antes de que el arte urbano ocupara el lugar que tiene hoy, Hambleton ya estaba interviniendo las calles de Nueva York con sus famosas siluetas cuando Charly poso para esa tapa. Entonces para mí esa foto tiene algo muy especial porque une dos mundos que marcaron mi vida. De alguna manera Charly termina parado justo en el punto donde esos dos universos se cruzan. Conecta dos ciudades y conecta dos lenguajes, dos movimientos culturales que estaban revolucionando su tiempo desde lugares distintos pero con el mismo espíritu. Lo que me fascina es que, probablemente sin buscarlo, Charly terminó siendo parte de una imagen donde conviven dos formas de arte que iban a marcar las décadas siguientes. La revolución musical y la revolución visual de las calles. Y hay algo más que me gusta pensar. Esa pared intervenida que aparece detrás de Charly nació como una expresión callejera, efímera, casi clandestina. Décadas después termina convertida en un mural monumental en Buenos Aires. Hay algo muy poético en ese recorrido. Y se convierte en un legado. Nota aquí.



Fede Comín

 


KASE.O, Nach & Zatu

 

David Lebón & Pedro Aznar

 Pedro Aznar, David Lebón y Serú Girán: no es solo nostalgia

El dúo abrió en el Movistar Arena una serie de presentaciones por todo el país con canciones inoxidables y una performance impecable, pura emoción y verdad.

Una célebre anécdota recuerda una muestra de música en la que un jovencísimo Charly García, en medio de la interpretación de una pieza clásica, coló un par de giros que tenían más que ver con sus incipientes pasiones rockeras que con Beethoven. La única que lo percibió fue su maestra, pero ese germen explica unas cuantas cosas de la historia posterior.

El viernes por la noche, en el Movistar Arena, a los tecladistas Federico Arreysegor y Fermín Ferraris les basta con reproducir exactamente las mismas notas y progresiones de “Desarma y sangra” para generar un pasaje de belleza absoluta. Queda claro una vez más: García dio el giro completo, coló en su obra rockera un clacisismo inoxidable.

Pedro Aznar y David Lebon tienen toda la autoridad para llevar adelante su versión 2026 de Serú Girán. No hace falta explicar por qué. Pero además el tiempo no les ha restado condiciones e incluso, cosa curiosa, ha añejado bien las canciones de un disco en su momento algo discutible como Seru 92. Pero lo que electriza la piel del público que atestó el lugar (repite el 21 de junio, 10 de julio, 9 de agosto y 12 de septiembre; habrá fechas en Córdoba, Rosario, Mendoza, Mar del Plata, San Juan, La Plata, Neuquén, Tucumán, Salta, Bahía Blanca y Uruguay) es el material clásico de una banda que duró apenas 4 años y dejó una huella profundísima.

Y entonces, sí, no está Charly, pero en casi dos horas el dúo desgrana buena parte de Grasa de las capitales, y canciones perfectas de Serú Girán, Bicicleta y Peperina. Y en sus voces, en ese bajo y esa guitarra inconfundibles, en esas letras que siempre se reactualizan, el cuarteto nacido en Búzios late en puro presente. Y García es Mozart.

Y hay una emoción especial cuando Juanito Moro, tan parecido a su padre en aspecto y en el toque, reemplaza a Matías Sabagh para una demoledora andanada final con “Cuánto tiempo más llevará?” y “No llores por mí, Argentina”. Pero en rigor todo es un viaje en el tiempo y sin embargo no es mera nostalgia: casi de arranque suena “Canción de Alicia en el país”, y está “Perro andaluz”, y el Arena se tiñe de rojo para “Encuentro con el diablo”, y el Ruso la vuelve a descoser en “Esperando nacer”, y hay un final apoteósico con “Peperina” y el estadio en llamas al grito de “¡Te amo, te odio, dame más!” y la seguidilla de “Cinema verité”, “Desarma y sangra”, “Noche de perros”, “San Francisco y el lobo” y “Viernes 3AM” pone a casi 15 mil almas a flotar en el cielo.

Entonces no hay ninguna crueldad en el contraste entre esos señores músicos en el escenario y los jóvenes de ayer que aparecen en las pantallas. Si esas canciones son indiscutibles, también lo son los punteos de uno de los mejores guitarristas que dio este país, y los dedos mágicos de Pedro en el fretless, y la palpable emoción y verdad en sus voces. Serú Girán forma parte inseparable del acervo cultural rockero de la Argentina, y su obra puede interpretarse como se interpretan en el Colón pentagramas de hace siglos. Lo que define a los clásicos.

El plus, claro, es que estén ellos dos. Y no, no hay Charly ni holograma de Charly. Se lo extraña, claro, pero nada inhabilita una noche de disfrute y sanación en tiempos horribles, en la tierra de nadie, un río de cabezas que se resisten a ser aplastadas por el mismo pie. Como antes. Como ahora. Nota aquí.




Carlota Visier

 


Mercedes Cañas

 

Pablo Neruda

 POEMA 18

Aquí te amo.
En los oscuros pinos se desenreda el viento.
Fosforece la luna sobre las aguas errantes.
Andan días iguales persiguiéndose.
Se desciñe la niebla en danzantes figuras.
Una gaviota de plata se descuelga del ocaso.
A veces una vela. Altas, altas estrellas.
O la cruz negra de un barco.
Solo.
A veces amanezco, y hasta mi alma esta húmeda.
Suena, resuena el mar lejano.
Este es un puerto.
Aquí te amo.
Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.
Te estoy amando aún entre estas frías cosas.
A veces van mis besos en esos barcos graves,
que corren por el mar hacia donde no llegan.
Ya me veo olvidado como estas viejas anclas.
son más tristes los muelles cuando atraca la tarde.
Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta.
Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante.
Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos.
Pero la noche llega y comienza a cantarme.
La luna hace girar su rodaje de sueño.
Me miran con tus ojos las estrellas más grandes.
Y como yo te amo, los pinos en el viento,
quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.



Lisandro Aristimuño

 


Colectivo Panamera & Luis Fercán

 


Ariel Prat

 “Necesitaba un disco pleno de vitalidad”

El juglar porteño, radicado en España, publicó un trabajo que ratifica su capacidad para mixturar murga, milonga, tango y rock. Juan Subirá, Miguel Ángel Tallarita, Teresa Perodi, Cucuza Castiello y Nahuel Pennisi, entre otros, participan como invitados.

Ariel Prat hace un alto en la huella y vierte sentidas palabras. Acaba de morir el “Indio” Solari: “Estoy lejos físicamente, pero puedo oler y comer el dolor popular argentino por tu partida, Indio indómito”, escribe compungido desde España, porque allí vive desde hace tiempo. El epicentro de la charla con PáginaI12 no era, por cierto, ese fallecimiento que toma a él y al país por sorpresa, sino la edición de un nuevo disco. Un variopinto trabajo que lleva por nombre Es una emoción. Que tiene nueve piezas e invitados que van de Juan Subirá y Miguel Ángel Tallarita hasta Teresa Perodi, pasando por Cucuza Castiello y Nahuel Pennisi, entre otros. Todos orbitando en torno a ese mundo de murga, tango, carnaval, milonga y rock and roll que este cantante, compositor y juglar supo construir en casi 40 años de devenir musical. “Si no existiera la emoción al cantar, no habría nada más que hacer”, vuelve el tipo al cauce, tras sus urgentes palabras de amor hacia el “Indio”. “Quiero decir, ya no es por plata ni por fama, ni por agradar a nadie en especial que canto”.

-¿Cuándo, cómo, por qué y para qué nació este disco, Ariel?

-Necesitaba un disco enterito y pleno de vitalidad sentida. Reuní grandes temas, incluyendo propios como “Historia de una gil” que compuse como reggae cuando aquella Houseman René Band, hace 40 años en Villa Soldati y que pedía tango. Una emoción era a lo que me sometía siempre cuando cantaba entre amistades en fuegos carnales y etílicos “De cartón piedra” o presentir que “Carnaval” tenía hilo tela aún para cortar y bailar...

-No es casualidad pues que el disco arranque con “Carnaval”. ¿Por qué la voz de Pennisi en él?

-Hace tiempo que veníamos cruzando mensajes con Nahuel, a quién admiro desde hace tiempo. Y “Carnaval” es un tema que tengo en parrilla desde hace mucho, del repertorio de Julio Sosa, y resolvimos que sea el sencillo que dé pie al disco. A él le encantó, y además le metió una onda increíble. Es un tema que simboliza mi trabajo con lo negro, y además está inspirado en el carnaval del norte con rítmica afroporteña. Es una síntesis.

-¿Por qué Cucuza en “Vieja calesita”? A propósito ¿cuál es la historia de la canción?... se nota que hay mucho por contar del “detrás” de ella.

-La habíamos compuesto allá por el 2004 con Juan Carlos Cáceres. Me inspiró la letra la calesita en la que mis viejos se juntaban, él con 19 y ella con 13. Al viejo maestro –Cáceres- le encantó y le puso esa música tremenda, que recién pude recuperar años después porque estaba en casete y ya la cinta había muerto. Luego, con Manu Sacco la trabajamos desde un cifrado y mi memoria, y al final Julián Peralta le puso impronta de aire de triunfo con tango ¿qué más se puede pedir? (risas). Después, sumamos a Cucuza, que ya conocía el tema de quemarle yo la bocha y, como es de una calesita que había en viyurca, le cerraba total. Genial el mestizaje que logramos.

-No podía faltar un cierre a lo grande con “Los retornados de Madrid”. ¿Es la fusión que mejor te expresa la que encierra este tema?

-Bueno, es un tema que escribí hace unos seis años, y entró como bala en este trabajo para darle la guinda. Murga, emoción y ese tango salvaje ¿no? Con Miguel –Tallarita- es la primera vez, un capo y además un personaje tremendo y adorable. Y con Juan Subirá, bueno, me une toda una historia.

Prat acaba de ganar un Gardel al mejor álbum de tango por Pratanguero 4º Esquina Final, su disco anterior. Lo tiene fresquito, pues, y aborda el lauro bajo la misma emocionalidad que le imprime a sus músicas. “Cuando fue mi primer Gardel, nuestro, yo no estaba en Buenos Aires. Estaba en Zaragoza. Pero subió mi vieja, mirando arriba con su puño cerrado sabía a quién ella le dedicaba el momento: a mi viejo. Este, el segundo, me lo esperaba menos que el primero y estaba en París. La emoción fue tremenda.

-No solo una vez estabas en Zaragoza y otra es París. Andás, vivís, casi siempre por Europa. ¿Qué pasa allá que no pase acá?

-En Europa está la curiosidad, más allá de la comunidad argenta. Me pasa que a una milonga en París venga gente a escucharme sin bailar o a pedirme el disco tal o cual, mostrando en el celular. O que en Stuttgart me de vuelta en el escenario y vea que está toda la monada bailando o intentando pasos de murga en “La Retirada” imitándome. Esa es la satisfacción. La misma que tengo en Buenos Aires cuando veo gente tirando pasos de murga que no son. No soy endogámico. Lo que sí diferencia todo, es tener a mi vieja que deja el bastón y se larga a bailar murgueando y la gente se le suma. No hay color en eso.

-¿Cuál es la ciudad donde más encontrás a Buenos Aires?

-París primero, después Barcelona. Cuando escribí “Emocional, París” (tango de Pratanguero IV, ganador del Gardel) lo hice con esa sensación tremenda de estar conmovido en una ciudad que no te vende su luz. Más bien es como es, llena de mierda en las calles, gente en carpas como villas, negros y árabes sin perfume francés y, a la vez, esa cosa bohemia que la preserva más allá de la globalización. Hay mala onda como piola. Hay glamour latente, pero olor a chivo batiente. Y eso me encanta… Pompeya o Constitución en otro envase de estado de bienestar muy peleado. Nota aquí.



Luis Ramiro

 


Andrés Suárez

 

Malena Alterio

 “Mi gran herencia es el cariño de la gente, que amaba a mi padre”

MADRID.- Malena Alterio vive un gran momento. La avalan más de 30 años de trayectoria en los que más de una vez ha disfrutado de calurosos elogios y ha podido jactarse de sus muchas ofertas de trabajo, sí. Pero hoy se la nota especialmente consolidada, segura, con el aplomo que da elegir bien y lucirse en cada papel.

Nacida en Buenos Aires en un período convulsionado de la historia argentina —el 21 de enero de 1974, apenas unos meses antes de la muerte de Juan Domingo Perón, un detonante clave de la crisis política que desembocaría en la irrupción de la última dictadura militar en el país —, tiene ahora mismo una agenda cargada de compromisos profesionales que es una prueba concreta de la valoración de la que puede hacer gala.

Tras su exitoso estreno en Madrid, la obra escrita y dirigida por el argentino Mariano Tenconi Blanco que protagoniza junto con la española Carmen Ruiz, saldrá de gira por España este septiembre, apenas terminado el verano europeo. También aparece en carpeta el rodaje de la segunda parte de Odio el verano, una comedia de Fer García-Ruiz que alcanzó en 2024 una cifra inusitada de espectadores para los tiempos que corren (más de 800 mil entradas vendidas). Y un viaje a Uruguay para estrenar en Montevideo Los que hablan, obra de Pablo Rosal que protagoniza con su exmarido, Luis Bermejo.

Los que hablan se estrenó en 2020 en el Teatro del Barrio, en Lavapiés, y desde entonces ha girado por toda España y regresa de tanto en tanto a la cartelera de esa muy activa sala independiente madrileña, porque cada vez que la programan, se llena. Por otra parte, Amazon Prime Video acaba de lanzar Cochinas, una serie enfocada en la liberación sexual, en la que Alterio interpreta a una señora bien de Valladolid que encuentra en el porno una tabla de salvación para salvar un videoclub familiar.

El trabajo de Malena Alterio en La vida extraordinaria es fabuloso. Tanto ella como su compañera en escena se comprometen a fondo en lo que el diario español ABC definió ocurrentemente como “un decatlón olímpico sobre un escenario”. Es que realmente asombra el despliegue de las actrices en esta pieza de Tenconi Blanco que, en su versión original argentina, protagonizaron Valeria Lois y Lorena Vega. Es admirable por la exigencia física de una obra de dos horas muy intensas (vale la pena destacar el trabajo de la coreógrafa argentina Josefina Gorostiza, que aportó mucha organicidad al movimiento de Alterio y Ruiz en el espacio) y por la multiplicidad de recursos a los que echan mano para interpretar a esas dos mujeres entrañables que susurran y gritan, sufren y se divierten mientras repasan sus historias de vida desde la más rabiosa subjetividad, en un reencuentro atravesado por una catarata de emociones.

La vida extraordinaria estuvo dos semanas en cartel en el Teatro del Canal y agotó todas sus funciones. Es indiscutible que Alterio acertó al aceptar este papel. Lo hizo respondiendo a la intuición que tuvo cuando vio en Buenos Aires Las cautivas, otra obra de Tenconi Blanco protagonizada por Laura Paredes y Lorena Vega: “Me dije: ‘Quiero hacer este tipo de teatro, tengo que hacerlo’”, recuerda ahora. “Esa obra me pareció fascinante por el humor, la poética, la inteligencia, la estructura… Y cuando me llegó el ofrecimiento para hacer La vida extraordinaria y la leí, también quedé maravillada. Confirmé que Mariano es un gran dramaturgo y un gran director”, agrega.

En simetría, Tenconi Blanco también quedó maravillado. “Malena es una estrella en España”, dice. “Pero además de popularidad, tiene reputación. No es solamente alguien muy conocido. Es una actriz realmente prestigiosa. Creo que llegó hasta acá porque es muy responsable y dedicada. Malena trabaja con mucha sutileza, va encontrando en cada ensayo algo que te sorprende. Siempre aporta algo más. Como tiene un catálogo de habilidades muy amplio, entonces va sumando algo nuevo todo el tiempo. Con ella pasa lo que pasa con las grandes actrices: le pedís algo y eso te vuelve transformado en algo muy potente, ya sea un signo, un gesto, un movimiento o una pausa. Y además escucha muchísimo y va a fondo. Como persona es inteligente, cálida, generosa y muy humilde. Disfruté mucho de las conversaciones que tuve con ella. Me gustó que me contara cosas de su padre”, agrega.

Como el público bien sabe, Malena Alterio es hija de Héctor Alterio, el gran actor argentino fallecido en diciembre pasado. Su madre, Ángela Bacaicoa, es una prestigiosa psicoanalista. Y su hermano, Ernesto, también es un popular actor. La vida de esta familia estuvo marcada por el exilio: se mudaron de Buenos Aires a Madrid después de que Héctor fuera incluido en una lista negra por la Triple A.

En España, Malena Alterio se formó en la escuela de Cristina Rota, otra argentina que sufrió de manera directa la violencia en la que quedó involucrada la sociedad argentina en los años 70. Fundadora de la reconocida Escuela de Interpretación en Madrid, Rota abandonó la Argentina después de que los militares secuestraran (en 1977) a Diego Fernando Botto, actor, igual que sus dos hijos María y Juan Diego Botto. Rota estaba embarazada de Nur Al Levi (también actriz) cuando decidió marcharse a España, donde formó a varias generaciones de actores, entre ellos Malena y Ernesto Alterio.

Los primeros pasos de Malena Alterio en el teatro, a mediados de los años 90, pueden ser considerados como la necesaria etapa de acumulación de experiencia previa antes de pegar el gran salto con Aquí no hay quien viva, una popular serie del canal Antena 3 de la que se habló muchísimo en España entre 2003 y 2006. Pero toda su carrera está jalonada por grandes hitos: fue nominada para un Goya en la categoría Mejor Actriz Revelación ya con su debut cinematográfico, en la comedia El Palo (2000); fue muy elogiada por su labor teatral —en Tío Vania (2008), en Madre Coraje (2010), en Los hijos se han dormido (2012)—; y fue también gran protagonista de otro suceso, Vergüenza (2018), serie de Movistar+ por la que ganó los premios Feroz y Fotogramas de Plata. En 2024, finalmente, llegó el esperado Goya como Mejor Actriz Protagónica por Que nadie duerma (2023), película dirigida por Antonio Méndez Esparza y basada en la novela homónima de Juan José Millás. En ese largometraje interpreta a Lucía, una programadora informática que, tras perder su empleo, decide convertirse en taxista en Madrid. Y su desempeño justifica plenamente el reconocimiento.

“Fue una alegría inmensa —rememora Alterio dos años después de aquel alegrón—. Y fue buenísimo que lo hayan podido vivir mi padre y mi madre. Me hizo sentir un gran abrazo de mis compañeros, mis amigos, mi familia. Toda la felicidad que hubo a mi alrededor en aquel momento me llenó durante mucho tiempo. Y me sigue llenando...”.

—Se suele preguntar a los actores y las actrices si es más difícil la comedia o el drama, ¿vos qué opinás?

—No separo tanto entre géneros, no entiendo el drama sin comedia ni la comedia sin drama. La comedia, que es con lo que generalmente se me identifica, debe estar muy bien escrita y debe tener ritmo. Tienes que saber reírte de ti mismo, además. Pasar vergüenza delante de todos sin tener pudor. Yo no tengo pudor, pero también soy bastante dramática; tengo una veta melancólica. Dicen que los cómicos siempre tienen algo de payaso triste. Yo me reconozco mucho en eso. Nota aquí.






Julia Medina

 


Tute

 


domingo, junio 21, 2026

Hilda Lizarazu

 

El Montero

 90 años de El Montero, el mítico bar gallego de Brooklyn

En 1939 una pareja coruñesa abrió en Brooklyn Heights un local que es historia viva de Nueva York. Sanó la morriña de los marineros que arribaban desde el otro lado del Atlántico y luego regó las noches de la diáspora cultural española. Pepe, octogenario hijo de los fundadores, acaba de vender este museo de la memoria de España en la ciudad y… karaoke

Hace años, desde el puerto de Brooklyn se intuía Galicia. Los muchachos de los muelles la buscaban al acabar la jornada para calentarse los huesos con whisky, compañía y caldo gallego. Había que ponerse de espaldas a la bahía y la silueta de Manhattan, caminar por la avenida Atlantic arriba tras tripulaciones recién desembarcadas, y dejarse llevar por la sucesión de neones de la esquina española de Brooklyn Heights: el barrio rojo donde se buscaban la vida gentes llegadas de las costas españolas atendiendo a estibadores, marineros que atracaban por unos días y los que varaban indefinidamente. Una decena de bares, muchos de apellido español, flanqueaban la calle como la puerta de entrada al continente. La colonia vivió y murió dentro de sus fronteras no escritas en la gran ciudad, a medio camino entre el desarraigo y la morriña. La agonía llegó con el cierre de los muelles en los setenta. Los marineros se fueron, los alquileres se estiraron, los gallegos buscaron nuevos puertos: algunos de vuelta en su orilla del océano, algunos tierra adentro, algunos bajo tierra. Solo dos bares, el Long Island y el Montero, regentados por dos hermanos que pasaron 50 años en aceras enfrentadas sin dirigirse la palabra, resistieron a los años y el dinero por la consigna familiar de comprar en vez de alquilar, y esa noción grabada en el subconsciente de los viejos emigrantes de asegurar un sitio en el que caerse muerto. El Long Island fue traspasado hace años. El Montero va a cumplir nueve décadas al lado del puerto. Todavía se habla español, pero no por mucho tiempo. El último reducto gallego de la avenida Atlantic acaba de cambiar de manos.

Llegas atraído por el neón rojo. Cruzas la puerta en el muro de pavés y entras a una postal de lo que fue Brooklyn. Es estrecho, profundo y oscuro. Las paredes son de madera, pero no hay un palmo al descubierto: salvavidas naranjas colgados del techo; retratos de marineros de nombre olvidado, parroquianos hace tiempo desaparecidos y la familia Montero; timones, escotillas, nudos, remos; maquetas de barcos que los marineros construían en altamar para matar el aburrimiento. A la izquierda está la barra, formica roja sobre ladrillos de vidrio. A la derecha, dos cabinas telefónicas que hace medio siglo ya eran viejas. Una mesa de billar. Sobre las seis de la tarde de un viernes cualquiera beben cinco personas; en unas horas el karaoke que rejuvenece el antro de jueves a domingo estará atestado. Al fondo del bar, sentado en su taburete, suele estar Pepe.

El último gallego de la avenida Atlantic —pelo blanco, gorra del bar, camisa, vaqueros, nada del otro mundo— habla español con acento de Brooklyn. Enfatiza las frases con oh yeah’s, allright’s, you know’s. Va a cumplir 80 años; al pensar en ellos sonríe a medias, enseña los dientes y sugiere más que cuenta. Su padre, Joseph Montero, llegó desde Meirás. Su madre, Pilar Montero, una neoyorquina de Sada de Arriba, nació en el Little Spain de Manhattan cuando 30.000 españoles habitaban Nueva York. Los Montero abrieron el bar en el 56 de la avenida Atlantic en 1939. La construcción de la Brooklyn-Queens Expressway, la autopista que une la isla con el continente, tumbó el local original y convirtió aquella esquina del barrio en arcén y direcciones fantasma. Tras la demolición, Joseph Montero se endeudó dos veces sin pasar por el banco, compró un edificio en el número 73 de la acera de enfrente y construyó otra taberna.

Pepe nació en el último piso sobre el nuevo Montero en 1947, el año que el bar cruzó la calle. Lo trajeron al mundo dos hermanas inglesas “que eran casi un hospital”. En la escuela pensaban que era “¿cómo se dice?, bobo”, hasta que descubrieron que solo era español. Creció dentro de los límites de aquel mundo entre dos aguas rodeado de acentos de paso, paisajes enmarcados de Galicia y memorias heredadas de la patria desconocida. Joseph y Pilar atendían la barra desde las ocho de la mañana, cuando terminaba el turno de noche de los estibadores, hasta las cuatro de la madrugada, cuando los últimos marineros amenazaban con desplomarse. Pepe jugaba en la calle con niños gallegos. No aprendió la lengua de su país natal hasta que con seis años empezó el colegio y avistó el horizonte más allá de la avenida Atlantic.

Dice que eran tiempos más simples. Tal vez lo fueran. Los muelles eran el hábitat natural de tipos con su propia idea del honor y la moralidad. En las noches del puerto había violencia, drogas y sexo por dinero. Tras la Segunda Guerra Mundial, también hambre. Nota aquí.








Santiago Alonso & Manu Clavijo

 


Ismael Serrano

 

Alejandro Sanz

 Alejandro Sanz cautiva con la nostalgia en su concierto en Madrid

El cantautor español congrega a 55,000 personas en el estadio Metropolitano en una noche marcada por sus grandes éxitos, que resisten en el presente.

Minutos antes de las 21.00 apareció, guitarra en brazo, vestido de negro, cadenita al cuello y gafas de sol, en lo alto de una escalera. El rugido que salió de las 55.000 almas que abarrotaban el estadio Metropolitano de Madrid es el que consiguen despertar solo las grandes estrellas. Y Alejandro Sanz (Madrid, 57 años) lo conoce perfectamente. Su historia con la capital española es una historia de idilio. Fue ahí donde se disparó su carrera en 2001 con un concierto en el estadio Vicente Calderón abarrotado de público, algo hasta entonces solo al alcance de los Rolling Stones. Y ahí también, en el mismo escenario 16 años después, despidió la historia musical del emblemático campo antes de ser demolido, con un homenaje a su álbum Más, el disco español más vendido de la historia —2,2 millones de copias en España.

Este sábado llegaba a su ciudad de nuevo, pero con 37 años de carrera a cuestas y una pregunta, la que le da nombre a su nuevo disco y a la gira con la que ya recorrió Latinoamérica antes de recaer en España, merodeando: ¿Y ahora qué?

La clave de un éxito tan sostenido la tiene su legión de devotos seguidores que horas antes de su concierto en Madrid ya llenaban la explanada del Metropolitano con música y camisetas dedicadas al cantante. “Hemos envejecido, y él también, pero hemos sentido más sus canciones, nos han pasado las cosas que cuentan. Las entendemos mejor”, explica Katerina, de 40 años y que ha viajado junto con un grupo de amigas desde Gran Canaria —“Porque él nunca va a Canarias, pon ahí que no va nunca”, reclama socarrona— al concierto.

Su grupo, también representado por el de Carmen Ramjo y sus 12 amigas, mujeres de entre 40 y 50 años que han dejado “a los hombres en casa”, encarna perfectamente a la generación que ha acompañado al cantante éxito tras éxito. En el concierto hay una inmensa mayoría de mujeres, casi todas de 40 o cincuenta y pocos años, que se partieron el corazón al mismo tiempo que la canción. Y desde entonces, hasta hoy, la relación sigue firme. “Me ha acompañado en cada etapa de mi vida. Cada canción significa algo”, dice Ramjo.

También hay hombres, desde luego, pero basta acercarse a ellos para entender que, en muchos casos, es la pareja quien más idolatra al madrileño. A Julián de Pinto se le escapa un: “¡Ah! esa sí me gusta", mientras camina de la mano con Yolanda y de los parlantes de uno de los puestos de comida sale Corazón partío. “Bueno, me gusta mucho también, pero la fan fan es ella”, matiza después. Cuesta encontrar, entre 55.000, personas que hayan nacido antes de ese histórico álbum Más (1997), pero hay algunas. Ema y Lucía, de 12 y 18 años, vivieron ambas su primer concierto de Alejandro todavía en la panza de su madre. Desde entonces la acompañan a cada espectáculo en lo que ya se ha convertido en un ritual. “Las tengo un poco machacadas”, reconoce ella ante la risa de sus hijas.

Para la madre, Susana, vivir esta experiencia significa “juventud”. Otras cambiarán la palabra por “nostalgia”. Lo de esta noche en Madrid fue un triunfo de la nostalgia.

Y Sanz lo sabía. Articuló un concierto basado en sus grandes éxitos, clásicos obligatorios, y con algunas muestras de su nuevo disco —solo cinco de 21 canciones interpretadas—. Empezó con Desde cuando, ante el baile de miles de abanicos que recibían la primera ola de calor apabullante del año en la capital española. “Gracias a todos los que habéis venido, de donde sea que hayáis venido. Volver a casa y sentiros así es una cosa increíble. Os quiero mucho. Viva la música, quiéranse sin permiso y a gozar”, dijo el cantante. Siguió con Capitán Tapón y Por bandera, esa oda a la paz que compuso en 1994 y que, dijo, “lo peor de todo es que la letra hoy cada día tiene sentido”. Nota aquí.






Ciro y Los Persas

 


David Uclés

 

Félix Maraña

 República popular

La República Española,
construida con fervor,
fue aplastada con furor
y aarrasada por la ola,
niña huérfana y muy sola,
por culpa de gobernantes
europeos y tunantes,
que oregurieron a Franco,
el inglés, también el franco,
con alianzas repugnantes.
Dignos, los trabajadores,
las mujeres, los mineros,
los estudiantes y obreros,
los niños y sus mayores.
Querían días mejores,
pan, trabajo y libertad,
una historia de igualdad
y modernos diccionarios,
cultura, escuelas, salarios,
un plus de modernidad.
Y los poetas y el pueblo,
y el pueblo con sus poetas
propusieron nuevas metas,
en concubino tinieblo,
unidos, sólido reblo,
pusieron la historia en marcha,
canciones, coplas y jarcha
para uncir el compromiso.
Pero el fascio dio el aviso
y aplicó la contramarcha.
Pero le esperaba a España,
para darle un tajo fuerte
que se pintara de muerte
la tierra, que una guadaña,
muy afilada, con saña,
aventara la venganza
cortara toda esperanza
y liquidase el futuro.
Luego vino un tiempo oscuro,
de prisiones y matanza.
Sacristías y misales,
rezos y más rogativas,
Falange y las fuerzas vivas
culpaban de muchos males
a unos intelectuales
que soñaron el progreso.
Algunos, de mucho peso,
serían asesinados,
como Lorca, o rematados,
y Miguel aún sigue preso.



María Tena

 


Hernán Casciari

 

Rodolfo Serrano

 EL CORAZÓN DE LOS OTROS

A Manuel, Pablo, Mario,
Julia, Lila y Mateo,
mis nietos
(Habitaciones 318 y 319)
No envidies el triunfo de los otros.
La gloria, si es ajena, nunca quita
la sed de la conquista y la batalla.
No persigas jamás a tu enemigo.
El odio es un camino sin retorno.
Si amas, nunca esperes que te amen
con la misma pasión, pues todo es nada.
Y la vida es un paso entre dos luces
donde el amor nunca iguala a los amantes.
Cuando busques la paz nunca prepares
la guerra, aunque muchos lo aconsejen.
Pues la batalla la ganan las espadas
y la razón siempre cae ante la fuerza.
Recuerda que los vinos emborrachan
en soledad, por eso busca siempre
al amigo que bebe sin preguntas
y al camarero que invite a la penúltima.
Oculta tu saber, nunca presumas
de conocerlo todo, siempre hay alguien
que se puede aprender la enciclopedia.
Los datos nada valen por sí mismos.
Elige con cuidado a tus amigos.
Y llora, sin vergüenza, por su ausencia.
Que el dolor, siempre injusto, de los niños
eterna, eternamente te conmueva.
Y que el recuerdo, el fin de lo que fuimos,
quede en el corazón de nuestro hermano.


María Vittoria Calvi

 


Zambayonny

 

Juan Rulfo

 


Javier Ruibal

 


Tute