Argentina se levanta de la muerte y remonta a Egipto con tres goles en 15 minutos
La vigente campeona jugará los cuartos contra Suiza tras sobrevivir a una situación límite con una rebelión final liderada por Messi, que antes falló otro penalti ante un buen rival.
A empujones, a la tremenda y con el desfibrilador a cuestas. Así avanza Argentina en el Mundial, puro nervio, con el corazón en la garganta, sobreviviendo a sus muchas penurias y al único rastro terrenal de Leo Messi en el torneo: sus fallos en los penaltis. La campeona andaba como un zombi en Atlanta, 0-2 abajo en el minuto 79, sin fútbol ni nada parecido. Un portero milagrero, Oufa Shobeir, le había amargado en la primera parte y los egipcios le lanzaban dentelladas a la contra.
A la campeona solo le quedaba el orgullo para agarrarse al último madero en el océano y no entregar la corona ante una telonera como Egipto. No tenía más argumentos que la piel y la electricidad para esquivar un siniestro total que parecía inevitable. Y le salió, le volvió a salir. Tres goles en 15 minutos de Cuti Romero, Messi y Enzo Fernández la rescataron de un agujero muy profundo ante una selección que terminó desquiciada con el árbitro. En el origen del 3-2, reclamó un penalti de Julián Alvarez a Salah. Nadie pitó nada, ni durante ni después, y en la contra Argentina liquidó a un equipo africano que nunca había superado una eliminatoria en el torneo hasta los octavos con Australia y que se quedó a un palmo de su gran revolución mundial. Los cuartos de la Albiceleste, contra Suiza.
Después del ataque de nervios con Cabo Verde, a Argentina todavía le quedaba un colapso peor. Se esperaba de ella un paso al frente y, de entrada, ocurrió todo lo contrario: nada más empezar ya había recibido un puñetazo en el mentón, atacada por Egipto y golpeada pronto con el 0-1 de Yasser Ibrahim. El central se elevó por encima de Lisandro Martínez, un central de 1,75, y le propinó un martillazo con la frente que culminó el buen arranque de los africanos. La ventaja no había caído del cielo. Ante otra Argentina fofa y parada, los africanos habían salido a presionar arriba, con más energía y ritmo.
El sistema nervioso de la Albiceleste volvió a entrar en una situación de máximo estrés. Lionel Scaloni le había dado un meneo a la alineación. Regresó a su cinco de cabecera, Leandro Paredes, en lugar de Thiago Almada, un cambio que adelantó la posición de Alexis Mac Allister. Arriba, Julián Alvarez recuperó la titularidad que tenía Lautaro Martínez, y Nicolás Tagliafico volvió al lateral izquierdo por Facundo Medina. Los problemas, sin embargo, no cambiaban. Al equipo le costó una pausa publicitaria meterle un calambrazo al encuentro y salir del paso parsimonioso.
Argentina es Messi y vive por Messi, así que si la luz del genio sufre cortes, el sistema eléctrico general entra en cortocircuito. Volvió a fallar un penalti (Haissem Hassan, del Oviedo, derribó a Tagliafico), el segundo en este Mundial (el primero fue contra Austria), y el cuarto en toda su trayectoria en las Copas del Mundo. Las penas máximas son su gran falla: ha errado tantas como las que ha metido en sus seis participaciones mundialistas. El falló sirvió para que irrumpiera Oufa Shobeir, procedente del Al Ahly, el gran abastecedor de su selección. El chico entró en trance. Al instante, le sacó una a bocajarro a Mac Allister y luego otra mano a Julián Alvarez. Si necesitaba la alianza del palo, también la tenía en una falta de Leo por encima de la barrera. Los egipcios recibieron el descanso por delante en el marcador como una bendición divina y se arrodillaron en el césped para dar gracias a Dios. A Argentina, pese a sus dificultades, no le habían faltado ocasiones para, al menos, igualar. Nota aquí.



































