viernes, septiembre 18, 2026

Piti Fernández & Wayra Iglesias

 

Eduardo Galeano

 


Rafa Pons

 


Benjamín Amadeo & Soledad Pastorutti

 

Joaquín Lera

 Recreo.

Escaparate de infancias.
Mágico universo.
Preludio de arrullos.
Refugio sonriendo.
Anhelo.
Melodía descalza.
Manantial de versos.
Suburbio de susurros.
Traje donde me disuelvo.
Consuelo.
Partitura del alma.
Paraíso de ecos.
Nido donde aúllo.
Visillo de alientos.
Desvelo.
Arboleda con alas.
Laberinto con flecos.
Desdén con embrujo.
Cristalino enredo.
Camelo.
Pupila dilatada.
Cubata con hielo.
Alarido desnudo.
Humo del deseo.
Destello.
Pasión desatada.
Sinfonía de lienzos.
Remolino mudo.
Párpado de fuego.
Reflejo.
Semilla con gafas.
Diálogo interno.
Lágrima del mundo.
Paisaje de ensueño.
Misterio.
Intuición solitaria.
Fuente de secretos.
Pálido conjuro.
Recóndito velero.



Luis Quintana

 


Tute

 


jueves, septiembre 17, 2026

Vetusta Morla

 

Rosa Montero

 Bajo los pies pululan

Acabo de leer un libro interesantísimo, ‘Mi niñera de la KGB’. Cuenta la historia de la mayor espía española en la Unión Soviética.

En la terrible y dolorosísima crisis de Ceuta se ha hablado mucho del CNI. Incluso se ha hablado demasiado, porque si la actuación de los servicios de inteligencia ha estado durante días en boca de todos se supone que es porque no han debido de hacerlo muy bien, ¿no? O al menos eso es lo que nos han enseñado las novelas y películas sobre agentes secretos: han de ser tan sigilosos y sutiles como volutas de humo. Siempre me han gustado las historias de espías, una antiquísima actividad clandestina que ha pasado por épocas doradas y por momentos más alicaídos. Recuerdo que John le Carré, que fue espía de verdad y que después se hizo famoso escribiendo maravillosas novelas de espionaje, dijo que la caída del muro de Berlín le liberaba de seguir haciendo obras de ese género, como si el fin de la Guerra Fría fuera a terminar con la actividad de los servicios de inteligencia. Nada más lejos de la realidad, como hemos visto; ahí siguen los espías de todo tipo brujuleando e hirviendo bajo la piel social como afanosas termitas. Con el agravante de que ahora tenemos por doquier un montón de guerras frías entrecruzadas.

No soy nada tendente a las teorías conspiratorias, pero lo de los espías es como lo de las brujas: haberlos haylos. Quiero decir que sin duda existe un estrato subterráneo en el mundo, un sótano turbulento y más bien escaso de luz y taquígrafos. Acabo de leer precisamente un libro interesantísimo, Mi niñera de la KGB, de la escritora argentina Laura Ramos. Cuenta la historia de la mayor espía española en el KGB, África de las Heras, alias Patria, que fue captada por los soviéticos en 1937, en plena Guerra Civil. Es un personaje alucinante del que yo no sabía nada hasta leer este texto, que narra sobre todo las andanzas de Patria en Latino­américa. Murió en Moscú en 1988 a los 78 años, tras haber recibido todas las máximas condecoraciones de la URSS. Incluso tiene un sello con su efigie en el correo ruso.

La obra de Ramos deja entrever ese sustrato clandestino y afanoso al que antes me he referido, ocultos hormigueros de espías acechantes. Pero además ofrece muy de pasada una revelación que me ha dejado bisoja. Para preparar su libro, Laura fue a Cambridge a leer el archivo Mitrojin, nombrado así por un espía ruso que se pasó a Estados Unidos en 1992, junto con seis baúles de notas sobre las actividades secretas del KGB. Y en ese archivo, en la página 407 de la carpeta K-19, Ramos leyó que África de las Heras había logrado reclutar para los servicios soviéticos a la embajadora mexicana en Israel, Rosario Castellanos.

No sé si sabes quién es Rosario Castellanos. Tal vez no, porque en España no tiene el reconocimiento que creo que merece. Nacida en Ciudad de México en 1925, es una de las novelistas y poetas latinoamericanas más importantes del siglo XX. Feminista, indigenista, profesora de filosofía, pensadora formidable. En 1971 fue nombrada embajadora en Israel; se supone que fue allí cuando Patria la captó. Cosa que hay que entender en su contexto: plena Guerra Fría, con montones de personas biempensantes que se dejaron engañar por una realidad que parecía discurrir inevitablemente entre trincheras. Pero ahora viene lo mejor, o más bien lo peor: en 1974, a los 49 años, la todavía embajadora Rosario sufrió un rarísimo accidente doméstico y murió electrocutada en Tel Aviv. Su fallecimiento siempre resultó oscuro; unos dijeron que salía mojada del cuarto de baño y prendió una lámpara defectuosa; otros, que venía de la calle sudando y tocó un cable pelado. Se habló de mesas metálicas y hasta de suicidio (ardientemente negado por su hijo). Fue, en suma, una muerte imprecisa, imposible. Ahora leo la entrada de los archivos Mitrojin y me es inevitable recelar la intervención de una mano criminal (ay, esta cabecita escribidora). Pero quizá no sea sólo mi imaginación febril: ¿no resulta todo raro y sospechoso? También es rarísimo que ese pequeño fragmento del libro de Ramos, tan sólo cuatro líneas, pero explosivas, no haya producido un revuelo muchísimo mayor (Mi niñera de la KGB se publicó en 2025). Espero que los especialistas en Rosario Castellanos, como la genial profesora del Tec de Monterrey Ana Laura Santamaría, puedan seguir el rastro del asunto. En cualquier caso, me ha impactado atisbar todo lo que puede haber en los abismos. Ahí están, agitando los hilos invisibles. Bajo los pies pululan. Nota aquí.



El Plan de la Mariposa

 


Sole Giménez

 

Ramón Serrano

 EL MILAGRO

Bella y sonriente
guitarra en mano
sentada frente a mi sofá de siempre
el milagro en casa
no quise cerrar los ojos
abiertos a la esperanza
volveré en breve me dijiste
¿qué es breve?
pronto
y tomó el vuelo de la noche clara
una Pirekua con su fragancia
sonrisas van y vienen
era la luz iluminada
en lontananza las esmeraldas
el campo verde
la Voz alada
vino laChata como el milagro
sentada en el sofá de enfrente
y me cantó como en su casa.



Joel Reyes

 


Arco

 

Rodolfo Serrano

 Insomnio

(Septiembre)
Tarda el sueño esta noche. Luna oscura.
Una luz muy pequeña, que entra apenas
por la abierta ventana, acaricia las sábanas.
Pienso en los viejos días cuando todo
era grito de amor, trago de vida, bocanada
de besos, paraíso encontrado en cada cuerpo.
El tiempo es ancho. Arrastra con sus sombras
el deseo brillante de los niños perdidos,
al muchacho que quiso estudiar para arcángel,
la gloria que perdimos en ruinas y desastres,
las derrotas amargas de los amores fieros,
la perdida pasión que una noche lloramos.
Tarda el sueño. La noche nos despierta los miedos,
trae los viejos recuerdos que se acuestan al lado
del corazón, nos besan. Acarician —ternura—
esa piel que aún pervive en los dedos que un día
dibujaron estrellas, constelaciones, mundos
en los cuerpos amados. ¿Dónde estarán ahora?
Pasa el dolor, fugaz, por el pasillo. Alguien
suspira —o llora— lejos. Tarda esta noche el sueño.
Las camas de hospital son siempre ajenas.

Manuel Wirzt

 


Sandra Bautista

 

Jorge Luis Borges

 


Rafa Pons

 


Tute

 


miércoles, septiembre 16, 2026

Joaquín Sabina & Fito Páez

 

Vitico y Los Leones

 


Yoani Sánchez

 Vivir entre los restos de lo que fuimos

En La Habana no caminamos por calles, sino por el interior de un naufragio. Los restos están por todas partes: un edificio apuntalado, una tubería rota que nadie arregla, una montaña de basura, el esqueleto de un edificio derrumbado. Nos hemos acostumbrado tanto a los escombros que ya casi no los vemos. Rodeamos el hueco, esquivamos el pedazo de concreto y seguimos adelante.
En la calle Ayestarán, como en tantas otras, hay una gran variedad de ruinas. Bajo un techo de zinc y sobre la hierba reseca, se acumulan varios automóviles desarmados. A uno le falta el frente; de otro apenas queda la carrocería; un tercero conserva algo parecido a su antigua forma. Son cadáveres despojados de puertas, cristales, motores y cuanto tornillo haya podido servir para mantener rodando a otro vehículo.
Resulta difícil imaginar el momento en que fueron nuevos. Quizás alguno trasladó a un reportero de la prensa oficial hasta una aburrida asamblea del Poder Popular. Otro pudo tener como pasajero habitual a un administrador de guayabera ajustada y chofer esperando en la puerta. Hubo un tiempo en que ministerios, empresas y organismos estatales tenían combustible, piezas de repuesto y automóviles suficientes para mover a sus funcionarios y empleados.
De aquel derroche quedan estos cascarones que forman parte del paisaje. Las entidades oficiales parecen haber perdido hasta la energía para retirar los restos, porque deshacerse de una ruina requiere recursos que ya no existen.
Lo peor de vivir entre despojos no es la fealdad, sino la costumbre. Pasamos junto a ellos, los incorporamos a nuestras rutas y terminamos aceptándolos como parte inevitable del decorado.



Merino

 

Rafa Pons

 


Charles Bukowski

 


Funes

 

La Delio Valdez

 


Félix Maraña

 Venturoso Calero

Juntando virtud y vicio,
Fonso González Calero
se dedica por entero,
con vocación de servicio,
a ese venerado oficio
de cultivar la Cultura,
a la historia, a la lectura,
biblioteca y periodismo.
Nada con él es lo mismo.
Una gozosa aventura.
[En Madrid, Alfonso González Calero, Maraña y Víctor Claudín, el día 30 de mayo de 2023, en la presentación del libro sobre la revista OZONO. Fotografía del maestro Bernardo Pérez Tovar ].



Tan Bionica

 

Diego Ojeda

 


Pacho O’Donnell

 “A los viejos nos tienen que tomar en serio”

El escritor, político, historiador y médico decidió poner la lupa en esa etapa de la vida alejándose de los prejuicios, y desde una mirada humana, empática y conciliadora. “Las personas mayores tenemos que tener siempre un propósito”, destaca.

En tiempos en los cuales la juventud eterna es la meta y la productividad es la norma. Y en el marco de un contexto social donde a la discriminación etaria se suma una angustiante crisis económica, los adultos mayores no encuentran un lugar de pertenencia. Sobre esas cuestiones, entre otras, ha decidido investigar Pacho O’Donnell, quien desde los últimos años ha dedicado sus estudios a esta etapa de la vida, dispuesto no solo a reivindicarla sino también a deconstruir todos los estereotipos creados en torno a ella. Y esa búsqueda, precisamente, es la que se profundiza en su más reciente publicación: El arte de envejecer con coraje y dignidad (Editorial Sudamericana).

Reconocido por su extensa obra de divulgación y revisión de la historia argentina, el médico, escritor, político, historiador y dramaturgo decidió poner la lupa en este momento vital por fuera de los prejuicios sociales, y desde una mirada profundamente humana, empática y conciliadora. “La vejez no es una tragedia. Hay que enfrentarla con coraje y con dignidad”, afirma el escritor quien retoma en sus nuevas indagaciones su primer trabajo publicado en 2023: La nueva vejez, ¿la mejor edad de nuestras vidas? (Editorial Sudamericana).

Entre historias personales, filosofía y relatos sufíes, O’Donnell construye un material invaluable en el que recorre diversos aspectos como los cambios corporales, los vínculos que se transforman, el duelo, la jubilación, el amor después de los sesenta, el temor a la dependencia y el deseo sexual. “La vejez es una etapa en general poco considerada, y no hay muchas investigaciones. Inclusive Freud, que habló de la infancia y de la juventud, no habló de ella”, reflexiona el autor a sus 84 años en diálogo con Página/12. “Hay un rechazo social a hablar de esto. Los viejos y las personas mayores somos el sector de la sociedad más discriminado. Solo hay que pensar en la miseria de las jubilaciones para darse cuenta de hasta qué nivel llega el maltrato”.

-¿En algún momento la vejez fue considerada de otro modo?

-En la antigua Roma y en la antigua Grecia los varones mayores ocupaban un lugar de privilegio. Incluso la palabra senado viene de la palabra en latín senex que significa viejo. Uno era sabio porque vivía más años, porque se equivocaba más y así conocía más. Era una especie de sabiduría acumulativa, y por eso los viejos eran consultados y respetados. En los últimos tiempos eso no pasó más, y eso ocurrió, entre otros motivos, por razones económicas, porque los viejos somos muy malos consumidores dada la poca capacidad económica que tenemos. Entonces, frente a una sociedad capitalista de consumo, nos volvemos descartables.

-Se pone en juego, además, el concepto de productividad.

-Exacto. Se supone que los viejos somos improductivos, aburridos, depresivos y enfermos. Y así se construye una visión de la vejez como si esta fuera una tragedia. Y eso hay que modificarlo. La vejez tiene que ser un desafío. De alguna manera, tenemos que saber que es una etapa biológica de la cual debemos aprender a extraer lo mejor que sea posible.

-Y más aún en tiempos en los cuales la población que es mayor de 65 años ya está superando a las generaciones más jóvenes…

-Sí. En este momento, los viejos somos el doce por ciento de la población. Y se calcula que, dentro de la Argentina, en el 2050 vamos a ser el veinte por ciento. O sea que, si a eso le sumamos la baja de natalidad muy notable que hay, podemos ver que esta es una sociedad que va a ir envejeciendo. Por eso a los viejos nos tienen que tomar en serio.

-¿Cómo surgió este libro?

-Yo ya había escrito sobre la vejez, pero me di cuenta de que había temas que eran importantes y que no los había desarrollado en mi primer libro, como el de las mascotas, que es muy significativo, sobre todo en la Argentina, donde el setenta y ocho por ciento de las familias tienen mascota. En la vejez, las mascotas son muy importantes porque son una compañía, dadores de afecto y amor, y además sirven para mantener activa a la persona mayor, así que en este sentido también ejerce un efecto favorable. A su vez, también me pareció importante abordar más francamente el tema de la muerte en la vejez.

-Le dedicaste un capítulo a la eutanasia, un tema sobre el cual la Argentina tiene un debate pendiente.

-Sí. Hay algunos proyectos de ley ya presentados. Todo lo que tiene que ver con la muerte es algo difícil de abordar. Porque, de alguna manera, el pensamiento más profundo y más determinante es que todos estamos convencidos de que no nos vamos a morir nunca. Hay una negación de la muerte y del paso del tiempo, y por eso existen tantas industrias montadas sobre eso: las operaciones plásticas, el bótox, los tratamientos rejuvenecedores, el hecho de teñirse o borrarse las arrugas. Es como una fantasía colectiva de detener el tiempo, que el tiempo no pase y que uno no llegue a morirse. El objetivo final de la ciencia es llegar a la inmortalidad. O sea, que las grandes aventuras humanas están condicionadas por la negación y por la angustia ante la muerte. Pero pienso que es importante aceptar esa condición de mortal que uno tiene. Y eso plantea otro tema muy interesante, y es que la vejez es una etapa de balances, donde es importante pensar si uno ha tenido la vida que le hubiera gustado tener, si ha cumplido con sus propósitos o si ha tenido una vida mucho más condicionada por los deseos ajenos que por su propio deseo.

-¿Qué otros aspectos positivos destacás?

-La vejez es una etapa en la cual uno se da cuenta de la cantidad de tiempo que se pierde a lo largo de la vida en cosas que no tienen importancia, que son vacuas. Y por eso cuando sos viejo, valorás enormemente lo que es el amor, y lo que es estar con la gente que querés. Por otro lado, diría que otro de los aspectos positivos es que es un momento de la vida para corregir aquello que uno no ha hecho, no ha pensado, no ha conocido o no ha estudiado. Es el momento de pagar las deudas con uno mismo. Yo suelo decir que la vida es el cúmulo de decisiones tomadas y no tomadas. Y en la vejez, la prolongación de la vida da tiempo para tomar aquellas decisiones que se han postergado.

-¿Tenés cuentas pendientes?

-Las personas mayores tenemos que tener siempre un propósito. Porque en la falta de deseo aparece la depresión, una enfermedad muy endémica en las personas mayores, ya que estas suelen enfrentarse a muchas pérdidas y duelos. Alguna vez me preguntaron cuál podría ser mi epitafio, y yo dije que podría ser: “Aquí yace alguien que buscó”. Los seres humanos vamos siempre atrás de algo que nos satisfaga plenamente y eso no existe. Pero, a su vez, eso es lo que mantiene el deseo. La sensación de incompletud es lo que nos moviliza. El deseo es lo que nos mueve. En el caso de los libros que escribí, por ejemplo, diría que ninguno me satisfizo plenamente. Y ese es justamente el motivo por el cual siempre escribo otro. Nota aquí.



Alex Ubago

 

Santero y Los Muchachos

 


Sergio Alzola

Muere a los 48 años Sergio Alzola, el cantautor canario que tendió un puente musical entre las islas y el Caribe

Con más de veinte años de trayectoria en la música y la poesía, el cantautor de Las Palmas de Gran Canaria fallece tras haber publicado recientemente su EP "Canaribeando"

La música canaria está de luto. El cantautor isleño Sergio Alzola, originario de Las Palmas de Gran Canaria, ha fallecido a los 48 años, aunque por el momento se desconocen las causas de su muerte, según ha informado Canarias7.

Con más de dos décadas de trayectoria, Alzola fue un cantautor y poeta reconocido por una obra volcada en conectar territorios y tradiciones. Su universo creativo se nutrió siempre de la raíz atlántica: el pulso insular, el mestizaje cultural y la palabra como herramienta de memoria. En su repertorio convivían la lírica contemporánea, la oralidad y una exploración sonora que cruzaba géneros sin perder identidad, concibiendo siempre la canción como relato y el escenario como punto de encuentro.

A través de una carrera independiente y constante, actuó con asiduidad en Canarias y Madrid (destacando su paso por templos de la canción de autor como Libertad 8) y llevó su directo a escenarios de Chile, México, Cuba, República Dominicana, Puerto Rico y Colombia, participando en diversos festivales y ciclos culturales internacionales.

Este mismo año vio la luz su EP "Canaribeando", un trabajo que condensaba su mirada de "ida y vuelta" entre el archipiélago y el Caribe, y que daba nombre a un proyecto cultural más amplio: una travesía artística y humana orientada al diálogo entre ambas orillas. Nota aquí.


El Roto

 


martes, septiembre 15, 2026

Eduardo Galeano

 


Gustavo Santaolalla

 


Gambo

 

Nahuel Pennisi

  “El perfume de Mercedes se siente más fuerte en Tucumán”

Para su nuevo trabajo recibió el aval y acompañamiento de Agustín Matus, uno de los nietos de la cantora tucumana. Cuenta con diez videoclips filmados en la provincia norteña e incluye material de autores del folklore, el tango y el rock.

En el Cerro San Javier, en el kilómetro 5 de la ruta 340, en Tucumán, se encuentra el mirador donde se esparcieron las cenizas de Mercedes Sosa, una de las voces más importantes e influyentes de América latina. Allí mismo fue el intérprete, guitarrista y compositor Nahuel Pennisi para conectar con el silencio, la inmensidad y el espíritu de la gran cantora tucumana. “El perfume de Mercedes se siente más fuerte en Tucumán”, le dice el músico de 35 años a Página/12, quien acaba de publicar con Sony un homenaje titulado Nahuel Pennisi canta a Mercedes Sosa (2026), un disco en el que revisita una parte del repertorio de la artista. Mientras prepara una gira por todo el país, la próxima presentación confirmada en Buenos Aires será en el marco del Festival República Folklore -21 y 22 de noviembre-, en el Parque de la Ciudad.

“Me emocionó muchísimo, no solamente por Mercedes, sino porque mi familia es tucumana: mi mujer y mis hijos”, resalta Pennisi, quien recibió el aval y acompañamiento de Agustín Matus, uno de los nietos de La Negra. “El viaje me acercó más a Mercedes, al igual que este disco. Fue muy lindo ir al mirador, sentir el aire que me llegaba a la cara e imaginarme que ella estaba ahí mirando la ciudad desde arriba”, dice. El disco, que cuenta con diez videoclips filmados en Tucumán, recorre un repertorio integral que incluye autores del folklore, el tango y el rock. Hay versiones de Fito Páez (“Parte del aire”), Charly García (“Promesas sobre el bidet”), León Gieco (“Cinco siglos igual”), Hamlet Lima Quintana (“Zamba para no morir”), César Isella y Armando Tejada Gómez (“Canción con todos”) y hasta de la dupla tanguera Cobián-Cadicamo (“Los Mareados”), entre otros.

Si bien Pennisi ha publicado varios discos con composiciones propias, uno de sus aspectos más sobresalientes es su capacidad para interpretar canciones de otros, como ha hecho, por ejemplo, con la obra de Silvio Rodríguez. Como Mercedes, Pennisi también amplifica canciones populares con su sensibilidad y la fuerza de su voz versátil. “Antes de empezar a escribir hacía canciones que cantaba Mercedes, me gustaba interpretar, sobre todo cuando cantaba en las peatonales, cuando recién empezaba”, recuerda. “Entonces, sentí que este disco era una posibilidad para conectar con esa raíz, que es la de interpretar y versionar. Y en ese sentido Mercedes es la más grande del mundo, porque ella transformaba las canciones. Quería hacer un disco más que nada emocional. Escuché el disco de Mercedes que salió el año pasado en Nueva York, en el ’74, y eso fue lo que más me despertó esta idea de homenajearla”, explica.

“Lo importante de estas canciones es que cada una me llevaba a algún lugar. A mí me desbloqueaban recuerdos o me hacían acordar a cuando las conocí a través de la radio o cuando las escuché por primera vez en alguna peña”, dice sobre la elección del repertorio, que tuvo como premisa conectar con una emoción personal. En líneas generales, el disco transmite una sensación de esperanza y alegría. Algo que ocurre, por ejemplo, con las versiones de “De fiesta en fiesta” (Hermanos Ríos y Carlos Carabajal), “Chacarera del fuego” (Alberto Rojo) o “Soy pan, soy paz, soy más” (Piero y Luis Ramón Igarzábal). “En ‘Soy pan…’ me gustó mucho que diga ‘para que adentro nazcan cosas nuevas’. Es lindo ir ahí, porque también dice ‘hay que sacarlo todo afuera’. Es claro el mensaje: la vida tiene ciclos, vamos cambiando de entornos, y siempre hay cosas que se van y otras nuevas que aparecen. Y eso es un motivo de esperanza. Este disco también me permite confiar más en mí, con ese escudo de Mercedes que está acompañando”.

-¿Y cómo se interpreta a una intérprete? Eso habrá sido un gran desafío…

-El desafío más lindo fue la relectura de las canciones. Primero fui a la fuente original, después a la voz de Mercedes, que es lo que me movía en este disco. Ella dejó la vara extremadamente alta con su manera de interpretar, con la emoción que transmitía. Para mí fue un desafío lindo poder tener una mixtura entre la impronta que ella le dio a cada canción y la que yo podía aportar, sobre todo en el sentido de traerla de nuevo para un montón de generaciones que la van descubriendo, otras que ya la conocen y la quieren. Lo más importante de este disco fue concentrarme a la hora de grabar la voz, porque en definitiva la voz es el instrumento más puro que tenemos y todo lo que uno grabe va a quedar para siempre; es como si fuera una foto que te sacan.

-La voz es algo que se destaca en tu performance como artista y la interpretación es un terreno que has explorado mucho, ¿Te sentís cómodo en el rol de intérprete?

-Una de las cosas que más disfruto es versionar. Quizás porque me siento con mucha libertad, porque ya sé que la canción existe y la gente la conoce; entonces intento concentrarme solamente en buscar algo distinto desde la voz y la guitarra. Cuando uno compone una canción y la graba, además de que uno trabaja para que mejore siempre la canción, no deja de ser un desafío porque es una canción nueva. En este sentido, Mercedes también fue un respaldo para mí, porque ella transformaba tanto las canciones que me terminó dando la confianza para ir por este camino y de alguna forma renovar su legado.

-¿Qué recordás de esa voz que escuchaste por primera vez en la radio a los 7 años?

-En el momento que la descubrí obviamente había cosas que no entendía tanto de las letras o algunas palabras que decía. Pero me llamaba mucho la atención cómo ella con la voz lograba emocionar. No solamente por cantar bien, sino por expresar. En algún momento usaba la voz fuerte para decir una palabra, en otro momento elegía el silencio y decir la palabra despacio, como si fuera un susurro. Me hacía meterme en las canciones y justamente me hacía emocionar. Creo que el motor que nos termina moviendo en definitiva es lo emotivo. Si me emocionaba la voz de Mercedes desde tan chico era porque tenía algo especial. Nota aquí.