martes, agosto 04, 2026

Sole Giménez

 

Salvador Amor

 


Anna Possi

 Una abuela de 101 años se levanta a las seis de la mañana, desayuna torta de manzana y mantiene su cafetería abierta desde hace 68 años con la ayuda de su hija y su nieta: cómo vive la barista más longeva del mundo

La mujer, condecorada como Comendadora de la República italiana, abre cada mañana el Bar Centrale de Nebbiuno, el mismo local que fundó junto a su esposo en 1958.

“Les digo a mis nietas: trabajen, ahorren, no dependan de nadie. El mundo se está volviendo más difícil”, cuenta la Nonna.

Anna Possi prepara cafés detrás de la barra del Bar Centrale, en Nebbiuno, un pueblito del Piamonte con vistas al lago Mayor, tal como lo hace desde 1958. A los 101 años, es la barista con más años de servicio en Italia y no muestra señales de detenerse, según relató en una entrevista con Reuters.

Possi empezó a trabajar a los 18 años en el restaurante, el bar y la tabaquería de sus padres, donde también se vendían periódicos. En 1946, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, se mudó a Génova para trabajar con sus tíos y aprendió el oficio desde cero: a servir, a limpiar, a administrar un negocio. Antes de eso, vivió la guerra en Nebbiuno, atrapada, según sus palabras, entre los partisanos de las montañas y las tropas alemanas en las orillas del lago, en un clima de peligro constante.

“Llevo 51 años trabajando sola, como viuda, en este bar. Pero me gusta porque me gusta estar rodeada de gente”

Junto a su esposo, con quien más tarde regentó otro bar y restaurante, Possi ahorró hasta que decidieron volver a su región natal y abrir el Bar Centrale, solo los dos, sin personal ni lujos. Al principio funcionaba únicamente como cafetería porque no tenían licencia para vender alcohol; la ampliaron en 1960, tras la muerte de la tía que había criado a su marido y vivía junto al local.

Cuando su esposo falleció en 1974, Possi continuó sola. “Llevo 51 años trabajando sola, como viuda, en este bar. Pero me gusta porque me gusta estar rodeada de gente”, contó.

La mujer recordó que, en sus primeras décadas de actividad, el bar recibía cada mañana a los trabajadores de cinco fábricas de papel cercanas, que pasaban a tomar un café antes del turno y una grappa al finalizarlo. En los años 60, sumó una pista de baile al aire libre con vistas al lago, una novedad que atrajo clientes de pueblos como Arona y Omegna.

Según describió, entre sus parroquianos de esa época había abogados, médicos e ingenieros. “Este bar es como una familia, ¿sabes? No parece un bar; es un punto de encuentro. La gente viene no solo a consumir, sino a conectar”, resumió.

Un punto de encuentro que resiste al smartphone

Possi explicó que, más allá de servir café, ayuda a sus clientes con trámites y mensajes ante el ayuntamiento o el médico, y que presta el espacio del bar sin cobrar para exposiciones u otros usos comunitarios. Sostuvo que, si los clientes dejan alguna propina, ese dinero siempre termina destinado a causas benéficas. “He visto crecer a generaciones. Algunos abuelos vienen con sus nietos y dicen: ‘Anna, ¿te acuerdas de la máquina de discos?’”, relató.

Según observó, los más jóvenes ya casi no frecuentan el local como antes, cuando existían la pista de baile y la música en vivo. Ahora, dijo, prefieren pasar el tiempo con el teléfono inteligente, al punto de llevarlo incluso a la cama.

Sobre su propia vitalidad, Possi vinculó el trabajo con la independencia: “El trabajo te distrae y, al mismo tiempo, te aporta algo: te hace sentir independiente. No tienes que depender de los demás”.

La barista añadió que, en el Piamonte de su juventud, todas las mujeres trabajaban, ya fuera en el campo, en tareas domésticas o en encargos de empresas externas realizados desde sus casas. “Les digo a mis nietas: trabajen, ahorren, no dependan de nadie. El mundo se está volviendo más difícil”, aconsejó.

El año pasado, Possi recibió el título honorífico de Comendadora de la República italiana en reconocimiento a su trayectoria al frente del bar. Su rutina diaria, según había contado a medios italianos, incluye porciones reducidas de comida —espaguetis al mediodía y puré de legumbres por la noche, sin carne— y el seguimiento de la bolsa de Milán desde su computadora, un hábito que mantiene sin necesitar anteojos para leer. Nota aquí.




Tan Bionica

 

Leire Martínez

 


Ece Temelkuran

 Ece Temelkuran, escritora turca exiliada: “Pronto tendremos que redefinir el concepto de hogar”

La periodista turca acaba de publicar, desde el exilio, ‘La nación de los extraños’, sobre cómo encontrar un hogar cuando el propio deja de sentirse seguro.

Hace 10 años, la periodista y escritora turca Ece Temelkuran (Esmirna, 53 años) le dijo a su madre la fatídica frase que ningún inmigrante quiere pronunciar: “Mamá, no voy a volver a casa”. Llamaba desde Zagreb y desde ese mismo momento sintió que se había convertido en una persona sin hogar. En 2016 abandonó Turquía, un país cada vez más autoritario, para poder vivir, escribir y pensar en paz. Durante todo este tiempo se ha visto abocada a moverse por distintos países europeos con la constante sensación de no pertenecer, de tener las raíces expuestas al aire frío de lo ajeno. Después de publicar Cómo perder un país y Juntos, Temelkuran ha escrito La nación de los extraños (los tres, editados por Anagrama), su libro más personal y en el que repasa el sentimiento de exilio, pero también advierte: esto también te puede pasar a ti, tú también puedes perder tu casa de un día para otro.

Este libro es muy diferente a sus libros anteriores, ¿tenía pensado desde el primer momento escribir algo personal?

No, nunca. Me crie en una familia de izquierdas. Y vengo de una cultura donde empezar una oración con “yo” se considera vergonzoso.

¿Por su familia o por la sociedad?

Por culpa de la sociedad. Como eres de izquierdas, tienes que hablar de otras personas todo el tiempo. Así que nunca pensé en escribir mi historia. Creía que contar mi historia no solo era vergonzoso, sino que también sentía que me estaba poniendo en una situación de víctima, lo cual también es humillante. Así que nunca lo pensé hasta que, primero, tuve un colapso físico y recordé que también soy humana, vulnerable y frágil [ríe]. Y, segundo, vi que hay una fuerte conexión entre mi historia personal y la condición humana, que también es la de no tener hogar.

¿Cuál es su definición de hogar?

Mi hogar está hecho de personas. No es un lugar. Está hecho de amigos y está hecho de palabras, de promesas que nos hacemos el uno al otro. Eso es lo que te mantiene unido, como una red de seguridad, cuando hay incertidumbre. Pero dicho esto, no es fácil sentirlo todos los días, sentirme así todos los días. No es fácil sentirse como en casa cuando no hay un lugar al que puedas llamar hogar.

Un lugar físico, geográfico.

Sí. Tienes que convencerte constantemente de que casa son otras personas. No es fácil, porque esta idea de hogar como un lugar es tan inherente a nuestra humanidad desde el principio de los tiempos… Tal vez tengamos que intentar cambiar eso, no porque vayamos a quedarnos sin hogar o sin techo a causa de las guerras o el fascismo, sino porque el espacio en el planeta está disminuyendo por la crisis climática. Pronto tendremos que redefinir el concepto de hogar.

Escribe que el hogar ya no es seguro. ¿Recuerda el momento exacto en el que sintió que ya no era seguro estar en casa?

Desde 2002, cuando Erdogan llegó al poder, supe que esto no sería un partido político normal, sino un movimiento político y que cambiaría profundamente Turquía. Pero me sentí completamente desamparada después del intento de golpe militar de 2016. Durante la noche, sonó la selah, que es una oración que los musulmanes hacen por los muertos. Fue entonces cuando pensé: “Están fundando una nueva república y este ya no va a ser mi hogar. No voy a sentirme segura”. Y luego, unos días después, vivía en una casa de una planta baja y tenía barrotes de hierro en mis ventanas, y alguien arrancó los barrotes y dejó las ventanas abiertas. No se llevaron nada de la casa, pero yo pensé: “Esto ya no es seguro”.

Fue un mensaje, un “sabemos dónde vives”.

Sí, exactamente. “Podemos hacer este tipo de cosas”. Así que ese fue el momento en que sentí que ahora sí estaba en peligro. Pero incluso entonces, no pensé en irme.

¿Por qué no?

No lo sé. Yo nunca planeé irme de casa, salir del país. Después de ir a Zagreb, decidí tras dormir allí una noche que me iba. Esa fue la primera vez que dormí sin pensar que iban a venir por la mañana a detenerme. Para ser sincera, no sabía que iba estar tanto tiempo fuera. Porque en el fondo siempre piensas: “Oh, claro que voy a volver”. Y ya han pasado 10 años. Parece irreal.

¿Quiere volver?

Quiero poder volver sin sentir terror.

¿Y qué opina de los ciudadanos que apoyan a Erdogan y al régimen?

Cada vez son menos… para empezar. Están los devotos acérrimos del régimen y hay quienes se están enriqueciendo con este régimen. Su sustento depende de la supervivencia política de Erdogan, así que, naturalmente, lo mantienen en el poder. Pero aquellos que votaron por él pensando que este hombre traería a este país prosperidad, democracia y libertad, bla, bla, bla, muchos de ellos ya han abandonado el barco. Nota aquí.



Rolo Sartorio

 

La Chirichota

 


Jorge Luis Borges

 


El Roto

 


lunes, agosto 03, 2026

Robe Iniesta

 

El Drogas

 


María Guivernau

 AGOSTO

Te esperaba, agosto,
como agua de mayo,
con las ganas contenidas
y el sueño de recuperar el norte
en mi brújula desquiciada
por el transcurrir frenético
de la inercia de la rutina.
Te esperaba, agosto,
tachando jornadas eternas
en una cuenta atrás que me lleve
a recuperar la calma,
a vaciar mis pulmones contaminados
y respirar vida junto al mar,
a soltar lastre y contemplarme
desde dentro, hacia fuera,
romperme con las olas,
sanar a golpe de salitre,
dejar de ser faro
y ser solo una mujer.
Sólo María.
Agosto, bienvenido.



Ismael Serrano

 

Mimi Maura

 


Víctor Manuel

  “Sabina quería dejarlo hace tiempo, pero espero que siga componiendo. Serrat estaba estupendo en su gira de despedida y sé que lo echa de menos”

El cantautor asturiano, confía en que Sabina siga componiendo y asegura que Serrat todavía siente nostalgia por los escenarios.

Víctor Manuel acaba de cumplir 79 años y continúa plenamente activo. Mientras Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat han decidido despedirse de las grandes giras, el cantautor asturiano sigue presentando su nuevo disco, Solo a solas conmigo, con una serie de conciertos por España. “Joaquín quería dejarlo hace tiempo, pero espero que siga componiendo. Joan Manuel estaba estupendo en su gira de despedida y sé que echa de menos el escenario”, ha explicado Víctor Manuel en una entrevista concedida a 'Heraldo'.

El autor de 'Solo pienso en ti' considera que la retirada de las grandes giras no tiene por qué significar el final definitivo de la actividad artística. En el caso de Sabina, confía en que continúe escribiendo canciones, aunque haya decidido abandonar los conciertos multitudinarios. Sobre Serrat, sostiene que todavía conserva el deseo de volver a cantar de manera puntual.

Víctor Manuel reconoce que al artista catalán le gustaría regresar algún día a un escenario, ofrecer una actuación y volver después a casa. Sin embargo, también admite que organizar una aparición aislada no siempre resulta sencillo, especialmente cuando un concierto requiere una producción, un equipo técnico y numerosos preparativos.

La despedida de Joaquín Sabina

Joaquín Sabina puso fin a su trayectoria sobre los grandes escenarios el 30 de noviembre de 2025, cuando ofreció su último concierto en el Movistar Arena de Madrid ante cerca de 16.000 espectadores. Su retirada llegó después de una gira de despedida con la que cerró una extensa etapa profesional.

Según Víctor Manuel, la decisión no fue repentina. Sabina llevaba tiempo pensando en abandonar las giras y el ritmo que supone actuar en grandes recintos. Aun así, el cantautor de Mieres espera que su amigo no deje de componer, una actividad que podría mantenerlo vinculado a la música sin las exigencias físicas y logísticas de una gira.

Tras aquel último concierto, Víctor Manuel y el periodista Javier del Pino comentaron en la 'Cadena SER' una idea que Sabina había trasladado a algunas personas de su entorno: actuar en un pequeño teatro cerca de su casa, en la plaza de Tirso de Molina de Madrid. Víctor Manuel se mostró partidario de ese formato más íntimo. 

Conciertos íntimos y formatos acústicos

El asturiano conoce bien este tipo de actuaciones, ya que durante tres años ofreció conciertos acústicos. Aunque reconoce que los ingresos son inferiores a los de una gran producción, asegura que siguen siendo rentables y, sobre todo, muy satisfactorios para el artista.

Víctor Manuel llegó a trabajar con distintos formatos de concierto para adaptarse a todo tipo de espacios. Esa flexibilidad permitía actuar en recintos pequeños a los que no sería posible acudir con una producción más compleja.

El cantante considera que una fórmula de este tipo podría resultar adecuada para Sabina. Un teatro de menor capacidad, un repertorio acústico y una agenda menos exigente le permitirían mantener el contacto con el público sin recuperar la intensidad de una gira convencional.

Serrat y la nostalgia por los escenarios

Joan Manuel Serrat también decidió cerrar su etapa de conciertos. El artista se despidió en diciembre de 2022 con una actuación en el Palau Sant Jordi de Barcelona, cuando tenía 78 años. Víctor Manuel pudo verlo durante aquella gira y asegura que se encontraba en un gran momento.

“Joan Manuel estaba estupendo en su gira de despedida”, ha afirmado. Por eso, considera comprensible que eche de menos la emoción de actuar ante el público, aunque haya optado por dejar atrás las giras y sus desplazamientos constantes.

El escenario ha ocupado una parte fundamental de la vida de Serrat. Después de décadas de conciertos, viajes y encuentros con sus seguidores, abandonar esa rutina supone un cambio importante. Víctor Manuel cree que su compañero todavía conserva el deseo de cantar ocasionalmente, aunque no necesariamente de recuperar el intenso calendario de años anteriores.

Tanto Sabina como Serrat han dejado abierta, al menos desde el punto de vista artístico, la posibilidad de seguir ligados a la música. Las nuevas canciones, las colaboraciones o las apariciones puntuales en espacios pequeños pueden convertirse en alternativas a las giras convencionales.

Víctor Manuel continúa en plena forma

Frente a las retiradas de sus compañeros, Víctor Manuel no se plantea abandonar los escenarios. El pasado 7 de julio cumplió 79 años y asegura que se encuentra físicamente muy bien, con energía suficiente para ofrecer conciertos de más de dos horas.

“Estoy en plena forma, se me ocurren muchas canciones y puedo estar perfectamente dos horas y media sobre un escenario”, ha señalado. Para el cantante, la edad no determina por sí sola el momento de retirarse. La capacidad física, la creatividad y la respuesta del público son factores mucho más importantes.

El asturiano sostiene que sabrá interpretar el mensaje cuando ponga entradas a la venta y los espectadores dejen de comprarlas. Hasta que llegue ese momento, pretende seguir componiendo, grabando discos y defendiendo sus canciones en directo. Nota aquí.











Joan Manuel Serrat

 

Emiliano del Río

 


Bar Mónaco

 La última comanda de Antonio en el Bar Mónaco: una jubilación alegre y con las puertas abiertas al relevo

Tras más de medio siglo entre barras y fogones, Antonio Rodríguez bajó este viernes la persiana de una etapa que ha marcado la historia del Bar Mónaco. Su jubilación pone fin a 32 años al frente de este negocio vigués. Siete décadas después de abrir sus puertas, el local busca ahora un nuevo relevo para mantener viva su esencia.

Después de medio siglo dedicado a la hostelería, «cincuenta años y cuatro meses» para ser exactos, Antonio Rodríguez González (Toni para los clientes más fieles) atendió este viernes sus últimas comandas en el Bar Mónaco. La jubilación pone punto y final a su etapa como dueño de este establecimiento, ubicado en el número 55 de la calle Ecuador de Vigo, próximo a El Corte Inglés. Sin embargo, lo que no parece que tenga final de momento es la historia del local. Abierto desde hace alrededor de siete décadas, seguirá funcionando, aunque todavía no está decidido quién recogerá el testigo definitivamente.

«Hoy es el último día de mi trabajo. Lo dejo ya, creo que en buenas manos», proclamaba Antonio Rodríguez. «Me siento muy bien, lo vivo con alegría. Aparentemente estoy tranquilo, pero ya veremos por la noche cómo acabo», expresaba el ya exdueño del Bar Mónaco en referencia a su despedida. No le costó tomar la decisión. Admite que tras 32 años al frente del negocio se encuentra «agotado» y ahora es tiempo de disfrutar.

Más que echar de menos el trabajo, es consciente de que lo que realmente cuesta dejar atrás es esa relación diaria y cercana con quienes han convertido el Mónaco en una segunda casa. Aunque se jubile, piensa continuar visitando el bar para saludar a sus amigos.

Natural de As Neves, los inicios de Antonio en la hostelería se remontan a cuando tenía 14 años recién cumplidos. A esa edad comenzó como camarero en Madrid, hasta que 18 años más tarde, en 1994, una oportunidad en Vigo cambió el rumbo de su vida. Hablando con su cuñada, valoró regresar a la comunidad gallega para coger las riendas de su propio bar en la ciudad olívica.

Identidad propia

Los primeros años no estuvieron libres de obstáculos. «Fue un cambio duro porque no me adaptaba. Al principio esto no funcionaba, hasta que poco a poco fui haciendo clientela», recuerda Rodríguez. Finalmente, los ingredientes de la receta secreta eran paciencia, constancia y cercanía. Con el paso de los años, el Mónaco fue cocinando a fuego lento una identidad propia hasta convertirse en uno de esos bares de referencia en los que el menú del día sabe a casa.

Los callos, los guisos o la lamprea destacan como platos imprescindibles. Todo «comida casera» que ha conquistado durante décadas el paladar de todo tipo de clientes. «Políticos, religiosos, artistas, gente mayor, gente joven... el bar se adapta», asegura el extrabajador.

El cielo del paladar

«No voy a afirmar que los más sabrosos callos y guisos de carne que gozamos en Vigo sean los del Bar Mónaco, pero puedo asegurar que han llegado a tan alto cielo del paladar que no es necesario buscar otros», escribía el periodista Fernando Franco hace unos meses en uno de sus artículos de opinión. Un elogio que sintetiza el prestigio culinario alcanzado.

Su hijo también trabaja en el negocio, pero no continuará la tradición familiar. «Él estudió y no quiere hacer el relevo», explica el padre. El futuro propietario todavía no está confirmado, aunque uno de los nombres que suenan es el de Willy, líder de la cafetería Ecos. Sea quien sea el próximo dueño, Antonio tiene claro cuál es el ingrediente imprescindible para mantener vivo el espíritu del Mónaco: «que lo mantenga igual y que trate a la gente con cariño». Nota aquí.









Enrique Bunbury

 

Tute

 


Juan Minujín

 "Para los argentinos, el humor es una forma de supervivencia"

El rostro del actor que lleva dos décadas en el cine, el teatro y la televisión argentinos se puede ver por estos días en la pantalla grande como parte del elenco del film español Los domingos. De un presidiario inolvidable a un clásico personaje de la picaresca criolla, su versatilidad le permite seguir cambiando de piel en la ficción sin perder la esencia que lo convirtió en una de las figuras más queridas de la escena nacional.

En la multipremiada película española Los domingos, una adolescente plantea que su vocación es convertirse en monja de clausura y ese deseo implosiona su familia. La incredulidad de unos, la resignación de otros, los prejuicios y la soledad de todos decantan en la gran pregunta que un tío argentino le hace al personaje: “¿Cómo hablás con Dios?”. Quizás la respuesta sea una revelación dentro de un grupo familiar donde parece más sencillo dialogar con lo divino que con lo humano. Ese tío agnóstico está encarnado por Juan Minujín, alguien que se llamó Pastor en El marginal. La ironía, a veces, ayuda a sobrevivir.

Juan Minujín, el camaleón que puede ser Guillote en Coppola, mano derecha de un Menem maquiavélico arrastrando erres y ambiciones, o el explorador de arneses en Un año sin amor y División Palermo, tiene la capacidad de ser un frontman sin creerse rockstar, de caminar la gracia sin enamorarse de sus propios recursos y de acercarse a sus criaturas con una sinceridad conmovedora.

–En Los domingos hay una adolescente que quiere ser monja de clausura. Si bien la película plantea varios dilemas morales, el más fuerte parece ser qué pasa si tus hijos eligen un camino con el que vos no estás de acuerdo.

–Sí, me parece que ese es el interrogante que abre la película y plantea con gran complejidad las diferentes posturas que tienen en la familia. La directora, Alauda Ruiz de Azúa, hace un trabajo muy profundo metiéndose dentro de la naturaleza del grupo familiar y viendo cómo repercute algo así. Lo interesante es que la película no da una respuesta y en parte eso explica que haya conectado tanto con el público y generado debate. Salís del cine formulándote otras preguntas, cuestionándote qué harías, replanteando si estás a favor o en contra de determinadas posturas y conversándolo.

–Vos, como padre, ¿dónde te pararías?

–Es dificilísimo responderte, pero me parece que en principio trataría de abrir un canal de diálogo lo más fuerte posible para intentar escuchar y entender antes que opinar. Se dice fácil, pero la escucha siempre es lo más difícil; nos pasa como padres, con las relaciones de pareja, con la amistad y en la vida en general. Creo que empezaría por ahí para ver si hay un punto de entendimiento y, quizás, en otras instancias ese entendimiento inicial pueda convertirse en aceptación... o no.

–Son tiempos de reacciones y opiniones instantáneas. La escucha parece suspendida. En ese sentido, ¿creés que la película refleja el espíritu de esta época?

–Sí, porque refleja esto de que hoy es más difícil escuchar que empezar a bajarle línea al otro. Además, toca algo que tiene que ver con los discursos absolutistas, relatos totalitarios que anidan en cuanto encuentran una fragilidad. Son discursos complicados porque no incluyen al otro; por el contrario, lo excluyen. No hay espacio para que ingrese otra manera de ver las cosas.

–Últimamente coincidieron distintas producciones culturales que se preguntan por la espiritualidad, como Lux, el último disco de Rosalía, la película Sirât o Los domingos. ¿Pensás que esa búsqueda se da como válvula de escape porque hoy el único valor parece ser el dinero?

–Hay algo de eso y es inevitable cuando ves que la época está saturada de desigualdades, de cosas a las cuales solo unos pocos tienen acceso. Necesitamos respuestas que nadie está dando, ni siquiera esbozando, para un montón de situaciones; entonces quizás esas respuestas se buscan en aspectos más espirituales. Hay tantas cosas que son un sinsentido. La exclusión, los desplazados, las guerras… Es imposible no preguntarse cómo puede ser que la humanidad vaya para ese lado, con ese nivel de crueldad y de anulación del otro. Nota aquí.



Daniel Paz

 


domingo, agosto 02, 2026

Glen Hansard

 

Los Cafres

 


Ernesto Alterio

 El refugio de Ernesto Alterio (55 años) es el barrio al norte de Madrid que le cambió la vida: "Si me dieran un título sería el de marqués de La Latina"

El actor llegó a España en 1974, con cuatro años, cuando su familia huía de las amenazas de muerte de la Triple A. El barrio obrero que los acogió sigue siendo hoy un destino por descubrir.

Ernesto Alterio ha llegado a los 55 años en plena forma y sin vocación de repetirse. Viene de encadenar el aplauso teatral de Viejos tiempos, el texto de Harold Pinter que defendió sobre las tablas de La Abadía, con una agenda de rodajes y estrenos que pocos intérpretes de su generación pueden igualar, y lo hace con dos pasaportes en el cajón y un duelo reciente: el pasado diciembre despidió a su padre, Héctor Alterio, fallecido en la ciudad que los adoptó a todos. Esa madurez serena, sin embargo, se levanta sobre un cimiento que se colocó deprisa y con miedo.

Fue a finales de 1974. Su padre había viajado a San Sebastián para presentar La tregua cuando la Triple A, la organización terrorista de extrema derecha argentina, lo incluyó en sus listas de condenados a muerte. Volver a Buenos Aires dejó de ser una opción. Su madre, la psicoanalista Tita Bacaicoa, embarcó con un niño de cuatro años y una bebé de meses rumbo a una ciudad desconocida, con lo puesto y sin saber por cuánto tiempo. Ernesto recuerda la lluvia en el aeropuerto y, sobre todo, la angustia contenida de los adultos, según ha contado en más de una entrevista.

Aquel refugio improvisado tenía nombre y cuesta: las calles del norte de Madrid donde se tocan Tetuán y Cuatro Caminos, a un lado y otro del eje de Bravo Murillo. Allí, en una pensión de esa misma calle, la familia Alterio Bacaicoa pasó sus primeras noches españolas. En una charla con XLSemanal, el actor rescataba la imagen de aquellas escaleras empinadas que subía agarrado a su padre, que le repetía "des-pa-ci-to, pi-ru-li-to" para que no se cayera. En ese detalle mínimo cabe toda la historia: un barrio de escaleras gastadas y porteras atentas que, sin proponérselo, le dio a una familia perseguida lo que más necesitaba, que era sencillamente estar a salvo.

Un campamento que se quedó para siempre

La biografía de Tetuán empieza con una acampada. En mayo de 1860, las tropas del general O'Donnell regresaron victoriosas de la Guerra de África y plantaron sus tiendas en la Dehesa de Amaniel, a la izquierda de la entonces Carretera de Francia, mientras esperaban su entrada triunfal en la capital. La reina Isabel II y miles de madrileños se acercaron a agasajar a los soldados, y en torno a aquel campamento —bautizado popularmente con el nombre de la ciudad marroquí donde se había librado la batalla decisiva— brotaron puestos de comida, comerciantes y las primeras casas bajas. Nació así Tetuán de las Victorias, que durante décadas perteneció al municipio de Chamartín de la Rosa y no se integró en Madrid hasta 1948, para convertirse en distrito propio en 1955.

Lo que vino después lo explica mejor la economía que la épica. A caballo entre los siglos XIX y XX, los trabajadores que llegaban de todas las provincias de España en busca de jornal no podían pagar los alquileres del ensanche, y fueron levantando su vida en este arrabal de casas de una o dos alturas, tahonas, cines de sesión doble y patios interiores. La glorieta de Cuatro Caminos, donde paraban las diligencias hacia la frontera francesa y desde 1919 el primer metro de la ciudad, hizo de puerta de entrada. Tetuán creció, en definitiva, como un barrio de aluvión: gallegos, extremeños y andaluces primero; dominicanos, filipinos y paquistaníes después. Cuando los Alterio aparecieron por Bravo Murillo con acento porteño y una amenaza de muerte a la espalda, no eran una anomalía. Eran una capa más en un lugar levantado, generación tras generación, por gente que venía de fuera. Quien busque aquí el Madrid palaciego de los Austrias se ha equivocado de parada de metro, y ahí reside precisamente su encanto.

Del Chacarita a los rugidos de la Castellana

El fútbol cuenta esa mudanza vital mejor que ningún documento. En Buenos Aires, el pequeño Ernesto había sido inscrito como socio del Chacarita Juniors —presumen en la familia de que fue el más joven del club— por su tío abuelo Eduardo, "Pibona" Alterio, un portero mítico de la entidad funebrera que pasó a la historia como el primer guardameta en marcar de penalti en la liga argentina. Aquella herencia parecía sellada de por vida. Pero la casa familiar de la zona de Tetuán quedaba a un paseo del Santiago Bernabéu, ese transatlántico blanco varado al otro lado de la Castellana, y las tardes de partido el estruendo del estadio entraba por la ventana sin pedir permiso. "Crecí escuchando esos goles", confesaba hace unas semanas en Marca, donde admitía que fue ahí, gol a gol escuchado desde su cuarto, donde floreció su madridismo.

Esa doble lealtad futbolística dibuja con precisión la geografía del distrito. Tetuán vive orientado a dos escalas: hacia dentro, el bullicio menudo y comercial de Bravo Murillo, la antigua Carretera de Francia, con sus fruterías, sus locutorios, sus bares de barra de aluminio y el recuerdo de la época en que sus cines le valieron el apodo de "pequeño Hollywood"; hacia fuera, los rascacielos de la Castellana y el estadio que marca los sábados con su marea blanca. Entre ambos mundos median diez minutos andando y un siglo de historia social. Para un niño exiliado, aquel territorio intermedio fue una escuela de pertenencia: se podía ser de un club de Buenos Aires y de un equipo de Madrid, hablar con dos acentos y sentir que ninguna de las dos cosas sobraba. Nota aquí.







Ferran Exceso

 

Paco Ramos

 


Rosalía

 Rosalía pidió disculpas en su primera noche en Buenos Aires: “Argentina es el lugar que me guió adonde estoy”

La española le dedicó unos momentos a su primer show en el Movistar Arena para hablar de la polémica que se generó luego del Mundial 2026. 

Rosalía volvió a disculparse ante Argentina en el Movistar Arena, esta vez en persona y con el recinto colmado: el primer concierto de la cantante española en esa sala arrancó en medio de una polémica que ella misma había generado días antes, cuando reposteó en su cuenta de TikTok un video de Mia Khalifa cantando “La Perla” y burlándose de Argentina tras la final del Mundial 2026. Aunque ya había pedido disculpas públicamente, eligió los primeros minutos de su show para volver a enfrentar el tema frente al público que la esperaba.

Lo hizo con una mezcla de humor y emoción. Antes de adentrarse en el repertorio, se dirigió a la platea y dijo: “Madre mía que lío el otro día, yo scroleando, sin mirármelo mucho, y rápido le doy un reposteo ahí”. El público vitoreó. Luego agregó: “Tremenda cagada. Nunca fue mi intención, la verdad, me hizo fatal lo ocurrido”.

Rosalía es una de las artistas españolas con mayor convocatoria en América Latina. Su vínculo con Argentina arranca en 2019, cuando visitó el país por primera vez para actuar en el Lollapalooza. Ese antecedente fue el que eligió traer al centro de su discurso ante el Movistar Arena lleno.

“Y por eso hoy más que nunca quisiera compartir un recuerdo”, dijo ante el público. “Fue en, si no me equivoco, 2019, que vine a actuar aquí a Argentina, fue la primera vez y eran los inicios de mi carrera. Y fue aquí en Lollapalooza.”

Recordó con detalle aquel debut: “Me acuerdo que abrí el show del McKeller con la canción de Piensa en tu mirada. Me acuerdo de ver toda, toda esa multitud cantando.” En ese punto, entonó unos versos de la canción —“Me río cuando lloras”— y el público completó la letra. Una voz desde el escenario siguió: “Sigues a mi lado en calle. Porque no puedo verte. Como me dijo que te calle.”

Fue en ese Lollapalooza, según sus propias palabras, donde sintió por primera vez que había logrado algo fuera de España. “Nunca me olvidaré la, la sensación de, de alguna manera, de you made it, ¿sabes? De la primera vez que me la dieron fuera de mi país”, dijo ante los vitores del Movistar Arena.

Esa memoria fue el puente hacia el centro de su mensaje: “¿Cómo yo podía tener un sentimiento negativo o algo por el estilo hacia un lugar que me ha hecho lo que soy?. En verdad es el lugar que me ha guiado donde estoy hoy.”

La cantante fue directa al hablar del público argentino y de lo que representa para ella: “Los que estáis aquí no tengo más que agradecimiento por este lugar y por este público que siempre he dicho, siempre, siempre he dicho que sois el mejor público que hay en la Tierra. Siempre cantáis todas las canciones, siempre os implicáis, además no poder le ponéis todo, todo.”

Luego, en el momento de mayor carga emocional del discurso, buscó despejar cualquier duda que hubiera quedado tras la polémica: “Nadie lo daría más que por pensar que no me importáis igual de vuelta. Porque quiero que sepáis que mi amor por Argentina, mi amor por este país sigue igual, intacto como el primer día.”

El cierre de su intervención fue una declaración de intenciones para la noche: “Hoy yo vengo con muchísimo cariño, con mis, mis canciones y con unas ganas inmensas de entregaros todo, de daros todo. Y nada, quiero agradeceros muchísimo a todos por estar aquí esta noche, por estar aquí conmigo, por recordarme hace tantos años y por no dejarme caer nunca. Os quiero muchísimo, muchísimo, muchísimo. Muchas gracias por estar aquí esta noche y por compartir este conmigo.”

El público respondió con una ovación y arrancó de inmediato con un cántico: “Rosi, Rosi. Olé, olé, olé, olé. Rosi, Rosi. Olé, olé, olé, olé.”. Nota aquí.



Miguel Vigil

 

Víctor Manuel

 


Nirmal Purja

 Murió Nirmal Purja: la historia del montañista que conquistó los ’14 ochomiles’ en Netflix y buscaba un nuevo récord

Antes de sus hitos en el Himalaya, Nimsdai Purja fue un soldado Gurkha y especialista en condiciones extremas. Su vida terminó este fin de semana durante una expedición en Pakistán.

Nirmal Purja había construido su carrera alrededor de una idea que repetía con frecuencia: que los límites podían ser superados. El alpinista nepalí, conocido mundialmente como “Nimsdai”, falleció el 31 de julio de 2026 después de quedar atrapado junto a otros nueve escaladores en una avalancha en el Broad Peak, una montaña de 8.051 metros ubicada en la cordillera del Karakórum, en Pakistán.

El accidente ocurrió cuando la expedición liderada por Purja intentaba avanzar por la montaña. Según los reportes iniciales, el grupo perdió comunicación tras la avalancha y las labores de rescate se complicaron por las condiciones extremas del terreno. Algunos cuerpos fueron recuperados durante la búsqueda, entre ellos los de la alpinista omaní Nadhira Al-Harthy, la estadounidense Mallory Geis y el nepalí Pur Bahadur Gurung.

Purja inicialmente no tenía contemplado ascender Broad Peak esta semana. Según reveló el propio montañista en una publicación previa en redes sociales, el objetivo original era escalar únicamente el Gasherbrum II. Nimsdai cambió sus planes porque una cumbre en Broad Peak lo dejaría cerca de otro récord histórico: convertirse en la primera persona en conquistar los 14 ochomiles dos veces sin oxígeno suplementario.

“Broad Peak, solo pido un paso seguro hacia arriba y de regreso. No tomo a la ligera ninguna montaña”, escribió antes del ascenso.

De una infancia humilde en Nepal a los récords mundiales

Purja nació en 1983 en Dana, una pequeña localidad del oeste de Nepal ubicada cerca del macizo del Dhaulagiri. Su infancia estuvo marcada por las dificultades económicas. En entrevistas recordó que hubo momentos en los que incluso tener un par de sandalias era considerado un lujo.

Su familia tenía una fuerte relación con los Gurkhas, la histórica unidad de soldados nepalíes integrada al Ejército británico. Siguiendo esa tradición, Purja ingresó a los 18 años al Ejército británico en 2003. Primero formó parte de los Queen’s Gurkha Engineers y posteriormente dio un salto dentro de las fuerzas especiales: en 2009 ingresó al Special Boat Service, convirtiéndose en el primer Gurkha en formar parte de esa unidad.

Durante 16 años de servicio militar se especializó en guerra en condiciones de frío extremo y participó en operaciones, incluida una misión en Afganistán. Su disciplina y resistencia física serían elementos fundamentales para su posterior carrera en las montañas.

Esa afición llegó a su vida casi por casualidad. En 2012 realizó un viaje al campamento base del Everest y decidió intentar la cima del Lobuche East, una montaña de 6.119 metros. Aquella experiencia cambió su trayectoria. En 2014 alcanzó su primer “ochomil” al conquistar el Dhaulagiri, la montaña que domina la región donde nació. Dos años después llegó a la cima del Everest por primera vez.

El récord de los 14 ochomiles que llegó a Netflix

La hazaña que transformó a Purja en una figura internacional ocurrió en 2019 con su proyecto “Project Possible”, un desafío para escalar las 14 montañas más altas del mundo en menos de siete meses.

Antes de su intento, el récord vigente estaba cerca de los ocho años. Purja completó la misión en solo 189 días, seis meses y seis días, entre abril y octubre de 2019. Inició con el Annapurna el 23 de abril y terminó en el Shishapangma el 29 de octubre.

El logro fue registrado en el documental de Netflix 14 Peaks: Nothing Is Impossible, estrenado en 2021, una producción que llevó su historia a millones de espectadores fuera del mundo del alpinismo. La película mostró la planificación militar detrás de la expedición, los riesgos de escalar en la llamada “zona de la muerte” y la participación de un equipo de montañistas nepaleses.

El documental convirtió a Purja en una figura conocida fuera del reducido círculo del montañismo. Su historia llegó a millones de espectadores y lo transformó en uno de los rostros más populares de la escalada de alta montaña.

Récords, críticas y una nueva visión del alpinismo

Tras su récord de 2019, algunos especialistas cuestionaron su método debido al uso de oxígeno suplementario, cuerdas fijas y una amplia estructura logística. Sus críticos consideraban que sus ascensos no podían compararse directamente con expediciones más autosuficientes de generaciones anteriores.

Purja defendía una visión diferente: argumentaba que su objetivo era demostrar nuevas posibilidades y, especialmente, dar mayor reconocimiento a los sherpas nepaleses que históricamente habían quedado en segundo plano frente a los alpinistas extranjeros.

Uno de sus mayores logros posteriores llegó en enero de 2021, cuando formó parte del primer equipo en conquistar el K2 durante el invierno. Los diez integrantes nepalíes llegaron juntos a la cima y cantaron el himno nacional de Nepal. En esa expedición, Purja alcanzó la cumbre sin oxígeno suplementario.

También impulsó actividades de impacto social a través de la Fundación Nimsdai, con iniciativas relacionadas con educación, limpieza de montañas y apoyo para trabajadores de altura. Además, construyó una casa de descanso para porteadores en la ruta del Everest. Nota aquí.





Monstriña

 


sábado, agosto 01, 2026

Juan Carlos Baglietto

 

Adriana Varela

 


Rubén Blades

 Rubén Blades hace de la salsa una oda a la migración y la memoria en Madrid

La leyenda de la música latinoamericana entrega un concierto altamente reivindicativo, y con mucho baile, en las Noches del Botánico.

Qué ganas tenían de que las tocara. Y qué ganas tenía él de tocarlas. Con un estampado con la bandera de Panamá, las maracas esperaban colgadas de un micrófono en el centro del escenario a que Rubén Blades las zarandeara al ritmo de su salsa. No tardó más de dos minutos en hacerlo, vestido de negro, con su sombrero pork pie y gafas de sol. Era el inicio del concierto del panameño anoche en las Noches del Botánico de Madrid, que entre el ajetreo de maracas y el baile —mucho baile— se convirtió pronto en una oda a Latinoamérica y a su gente; a la migración, las raíces y la cultura compartida.

Lo avisaba el escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez a las puertas del recinto minutos antes del espectáculo: “Rubén Blades ha sido uno de los grandes cronistas de la América Latina del último medio siglo. Su música hoy es más importante que nunca porque el mundo le ha dado un alcance y una urgencia ética, convirtiéndola en un lugar de resistencia a los peores impulsos de la nueva política reaccionaria”. Y hasta ahí llegaron 4.000 personas, que llenaron el lugar, con la misma idea. Si a algunos artistas les reprochan en mitad de un concierto sus reivindicaciones políticas, a Blades se las exigen. “Culturalmente”, explicaba la colombiana afincada en Madrid Irene Arzuaga, “su discurso político irrumpió como un tren. Fue brutal”. “Ha contado nuestras historias y nuestra idiosincrasia. Y sus canciones de los años 70 están más vigentes que nunca”, complementaba la peruana Karen Vázquez, de 44 años.

El músico respondió a esa urgencia con un repertorio lleno de su salsa más comprometida y con su habitual oratoria entre canciones. Apenas al empezar, pasó lista —como hace desde hace décadas, en un gesto que emuló Bad Bunny en la Super Bowl— nombrando a los países latinoamericanos para arrancar un “¡presente!” de su público y dibujar, de paso, su variedad: muchos venezolanos, peruanos y colombianos; menos cantidad de mexicanos, chilenos y puertorriqueños.

En la primera mitad sonaron País portátil, una crítica a la corrupción y a la pérdida de identidad; Prohibido olvidar o la conmovedora Todos vuelven, un canto al desarraigo y al retorno a las raíces. “Soy emigrante” —”¡y yo!”, gritó alguien con orgullo desde el público—, contó Blades. “Me fui de Panamá en el 74 por un problema que tuvo mi papá con la dictadura. Estudié Leyes, yo no iba a ser cantante. Mucha gente piensa que en Latinoamérica pensamos: ‘Ay, Dios mío, cuándo aprendo a caminar para irme de aquí’. No, nos vamos porque los gobiernos nos fuerzan”. Llamó a la participación de la ciudadanía para solventar la situación política —“lo que pasa es culpa nuestra”— y recordó también a los damnificados por los incendios en España y a las víctimas de los terremotos en Venezuela.

Hubo espacio incluso para un homenaje a los grandes artistas fallecidos que lo han inspirado. Con Todos vuelven proyectó, a manera de In memoriam, los rostros de algunos de ellos: desde Celia Cruz hasta Héctor Lavoe, Ismael Rivera, Tito Puente, Paco de Lucía o el propio Willie Colón, con quien nunca se reconcilió públicamente.

La fortísima carga política y social se aligeró en la segunda mitad. Sonaron algunas de sus canciones más recientes, como Fotografías, La belleza del son o Arayué y salió la personalidad más divertida del cantante. U otras más desconocidas, como Ojos De Perro Azul, un homenaje al cuento de Gabriel García Márquez, del disco Agua de luna, inspirado entero en el universo del escritor y que, dijo Blades, “solo compró Gabo” y él.

Bailó casi tanto como la gente, fue cercano con su público, repartió botellines de agua a la primera fila, bromeó con las declaraciones de amor —“me amas porque no vives conmigo”, le soltó a alguien del público— y jugueteó con su grupo: la Roberto Delgado Big Band, a la que cedió constantemente el protagonismo, pidiendo aplausos para sus músicos durante todo el concierto. “No me gusta cuando se piensa que el éxito es cosa de uno solo. Hay muchos más que no han tenido las mismas oportunidades y mucho más talentosos que yo. Como es el caso de esta banda”, contó. Nota aquí.



José Mercé

 

Beatriz Bernabé

 


Dolores Solá

 “Están presentes las inquietudes de siempre”

En su nuevo disco combina músicas que la formaron, desde Violeta Parra hasta Silvio Rodríguez, pasando por el Tata Cedrón y canciones de la Guerra Civil española, con composiciones propias que hablan principalmente de la vida de otras mujeres.

Pasaron quince años desde que Dolores Solá hizo su Salto mortal y este sábado a las 21, por fin, presentará en el Torquato Tasso (Defensa 1575) un nuevo disco solista: Corazón de perro y su decena de canciones –propias y ajenas-. También revelará allí el videoclip que realizó junto a Tute y la Untref para “El jardín de atrás”, un tema dedicado a una prisionera de la ESMA durante la última dictadura cívico-militar.

En Corazón de perro es Diego Rolón quien se pone al frente de la dirección musical y, con producción de Acho Estol, suma las participaciones de Teresa Parodi, Daniel Melingo y el emergente Mocchi. El repertorio cruza músicas que la formaron –Violeta Parra, Silvio Rodríguez, el Tata Cedrón, canciones de la Guerra Civil española- con composiciones propias que –todavía se sorprende a sí misma- hablan principalmente de la vida de otras mujeres. En el medio, la naturaleza, que para Solá es “casi la única cantera que encuentra para rescatar alegría en esta realidad que hemos construido”. Salvo por un track del disco, quedan a un lado los tangos que consagraron a Sola como cantora y parte fundamental de La Chicana junto a Acho Estol.

-El nuevo disco parece un mapa de tus últimas inquietudes (y de algunas de siempre), ¿cómo lo pensaste?

-Bueno, las inquietudes de siempre, sí, están presentes: la naturaleza, los perros, las historias de las condenadas. Condenadas por un destino, por un origen, por una lucha. Pero surgen naturalmente, no es que las pienso ni las articulo. Es lógico que uno se sienta atraído y, además, estimulado por esas cosas. me revolotean. A (Acho) Estol también lo revolotean esas historias. En eso compartimos.

-Hay apenas un tango. Se te suele preguntar al respecto, pero hace rato que el tango no es tan central en tu obra. ¿Cómo te pensás a vos misma como cantante en esta etapa?

- Trato de que el tango sea una música más en mi música. Tengo otro tango que compuse, que lo voy a sacar seguramente dentro de un tiempo, que no llegué a meterlo en el disco. Creo que con La Chicana logramos mucho en ese sentido, porque hay muchísimos grupos de tango jóvenes que hacen convivir el tango con otros géneros, así como hace La Chicana. Y debo decir: también como hizo Gardel, ¿no? Entonces, yo a la hora de componer, no pienso “tengo que componer un tango”. Quizá por la temática o cómo me sale la letra, digo, “¿y esto es más un tango que otra cosa?”

-En la construcción del repertorio aparecen fuerte los temas de tu autoría. ¿Cómo avanza este camino de compositora y letrista?

-Mirá, relajadamente. También me ayuda mucho Rolón, porque yo escribo a veces las letras, y me aventuro en las músicas, pero él es el que termina de darle forma a esas músicas y a esas estructuras, que por ahí descubro que son muy largas. Entonces saco pedazos de letra, cosa que me cuesta muchísimo porque no hay relleno en mis letras. Esto parece que hablara bien de ellas, y no necesariamente es así, porque a veces son unas letras largas, con demasiado contenido, demasiada información, y tiene que haber un equilibrio justo en las canciones. No tienen que ser ni muy pavotas, ni con mucho relleno, ni tampoco que cada cosa que uno ponga sea fundamental. Todavía tengo que aprender ese equilibrio.

-“Canción de cuna para Santos Godino”, dedicada al Petiso Orejudo, viene con el agregado de ser un tema a dúo con Melingo, que se fue hace poquito. ¿Cómo recordás a Daniel? ¿Cómo pensaron la interpretación de ese tema?

-El Petiso Orejudo por supuesto que fue un criminal, un asesino. Pero yo creo que era un tontito, un falto, que tenía problemas psiquiátricos severos, y no era una época muy psicoanalizada esa y, bueno, fue abordado desde lo criminal puramente. Creo que los padres también lo maltrataban bastante. Fue a parar a la cárcel de Ushuaia y mató al gatito, que era la mascota de la cárcel, entonces lo odiaron todos. Tenía como un vértigo así a hacer algo horrible. Yo me imagino que para llamar la atención. Pero no me despierta rabia o condena, me despierta curiosidad y lástima. Lo invité a Melingo porque mi idea sobre esa canción era que yo fuera la voz de una madre, y Dani, con esa voz, la voz del destino al que es difícil sacarle el cuerpo. Y fue muy fuerte porque la saqué, la publiqué cuatro días antes de la muerte de Melingo, así que fue medio impresionante. Si bien ya la habíamos grabado hace como tres o cuatro años. No me unía una amistad con él pero sí lo valoraba muchísimo. Él había participado en un disco de Acho y era un contemporáneo, ¿no? Contemporáneo total en la búsqueda dentro del tango también. Creo que con los años nos reconocimos en eso mutuamente. Nota aquí.