martes, junio 16, 2026

Colectivo Panamera & Pedro Pastor

 


Ramón Serrano

 EL POEMA ROBADO

Os he hablado del bosque
lo he llamado impenetrable fronda
jardín marino
rumor de los pinos
avenida de begonias y de hibiscos encarnados
reino del hipotálamo subido
corazón de la obsidiana
donde nacemos y donde moramos
os he hablado de la noche aciaga
semillero de fantasmas y lobos
alfombra voladora por los exóticos sueños
de lagartos y serpientes emplumadas
páramo de maullidos interminables
sombras córvidas en marcha
infinita playa de la desesperanza
traje el mar y lo vestí de cobalto
de chocolate y de plata
de estaño y de cementerio de miedos y patrañas
pecio de aguas oscuras
sol suicida en lontananza
mar encendido como un establo de caballos en el infierno
os he pintado toda clase de peces y caracolas de nácar
esmeraldas y rubíes como la mar en llamas del joven poeta del sombrero hongo y paraguas
y cuando tenía ya el poema armado
con su ábside y sus altares y su coro celestial
lleno de luz y de esperanzas
vino el hombre del saco y me robó el verso último que plasmar me faltaba
por los vitrales de la memoria
donde la luz nunca se apaga
lloraban los ángeles de plomo
como una melodía gregoriana.



Lisandro Aristimuño

 


Rosa León & Joaquín Sabina

 

Frida Kahlo

 


Monstriña

 


lunes, junio 15, 2026

Tute

Publican una entrevista inédita al Indio Solari: la historia de amor con Viru y la reflexión sobre la muerte

El humorista Tute difundió la charla realizada al cantante en 2021. Su mirada aguda sobre los dolores, el pasado, su obra y sus temores.

La publicación de un reportaje inédito al Indio Solari, realizado por Tute, provocó un fuerte impacto en el universo cultural argentino. Apenas pasaron unos días de la muerte del legendario músico cuando su entrevista, guardada durante casi cinco años, salió finalmente a la luz. El material no solo revela la voz del mítico cantante en uno de sus momentos más íntimos, sino que también expone sus pensamientos sobre la muerte, el sentido de la existencia y diversas facetas de su vida personal y artística.

Tute, humorista gráfico y escritor, hijo del humorista Caloi, había contactado a Solari en agosto de 2021 con la intención de sumarlo a la segunda temporada de Preguntas Dibujadas, un ciclo de entrevistas para sus redes sociales. El mundo aún estaba marcado por la pandemia y el distanciamiento social. Contra todo pronóstico, el Indio respondió aceptando la propuesta y, a partir de ese momento, mantuvieron una comunicación fluida, cargada de humor y generosidad.

La entrevista nunca se publicó entonces, ya que las grabaciones del ciclo se discontinuaron. Tute conservó el material hasta que, motivado por el consejo de un amigo y el fallecimiento de Solari, decidió editarlo y compartirlo. “Que las respuestas del Indio, del Entusiasta Sereno (como firmó uno de aquellos mensajes), queden sin publicar sería injusto. Acá están. No tienen desperdicio, disfrútenlas”, explicó el propio Tute al anunciar la publicación.

La grabación comienza con un pedido del cantante, que deja entrever su trato cercano y sencillo: “Por favor, Tute, mandame una dirección válida para la gente que mande el correo, porque puse Tute, Tute Humor y qué sé yo, y no me aparece ningún arroba, ningún correo. Así que bueno, fijate. Ya están listas las respuestas. Hice lo que buenamente pude”, explicaba la voz de Patricio Rey.

Uno de los pasajes más comentados del reportaje es la visión del Indio Solari sobre la muerte. Él distingue con claridad entre el hecho de morir y el sufrimiento asociado a la vejez y la enfermedad: “Lo que no me gusta no es la muerte, no me gusta el dolor o todo el sufrimiento de la decrepitud”, afirmaba con total honestidad.

En respuesta directa a la pregunta sobre si le haría alguna pregunta a la muerte, Solari respondió: “No tengo nada que preguntarle. Si va a doler, no sé. No, no tengo nada que preguntarle. Entiendo muy bien que el restaurante de la naturaleza funciona de esa manera y que todos se han muerto los que se han muerto y todos están vivos los que están vivos y se van a morir. Y es así”. Nota aquí.















Belo

 

Rafa Mora & Moncho Otero

 Rafa & Moncho nos cuentan por Facebook

Cerramos otra temporada más en el Ciclo Versos sobre el Pentagrama en el Café Libertad 8. La decimoséptima, casi nada.
Una hermosa temporada que hemos disfrutado con amig@s bien bonit@s como invitad@s.
Y para el broche final tendremos el lujazo de contar como poeta invitada con Lola De Paramo.
Será el sábado 20 de junio a las 18.00 h en el Café Libertad 8.
Entrada: 7€ en taquilla hasta completar aforo.
Os aseguro que será una bonita tarde para despedirnos hasta el curso que viene y brindar por la vida, la poesía, la música y por supuesto por vosotr@s que lo hacéis posible.
Os esperamos.
Versos y abrazos
Que no falten nunca..



Guille Galván

 

Joan Maregarit

 Barcelona

Su nombre es un refugio todavía.
La civil santidad de la codicia
y el exabrupto generoso
de Montjuïc, los muertos frente al mar.
¿Dónde está aquella culta burguesía?
¿Dónde, aquellos obreros que, además de su oficio,
se sabían poemas de memoria?
¿Qué puede unirme aún a una ciudad
que veo con su cara maquillada,
como de madre muerta?
Callo mientras escucho los tranvías de hierro
que cuando yo era joven pasaban por la Rambla:
una sonata de pobreza y rosas.
Pero, en Montjuïc tengo dos hijas,
y ahora me ofende un gentío extraño
que se ciega en la fiesta innecesaria
de gélidos hoteles, de superfluos
escaparates. Suele, en los refugios,
hacer más frío que en ninguna parte,
desolada ciudad que haces de puta.



Los Zigarros

 

Rafa Pons

 


León Gieco

 Adiós Taty, gracias por enseñarnos a luchar.




Ismael Serrano

No puede ser. No puedes haberte ido. Es imposible. Estás en todos lados. En cada lucha. En cada encrucijada. Eres parte de mi. Eres vida pura. Eres indispensable. Taty. Mi querida Taty. Siempre con tu sonrisa, a pesar de la adversidad. Nada te quebró.

Cuántas cosas te debo. Cuánto aprendí de ti.
Tenemos una deuda contigo. Y vivir sin claudicar será nuestra forma de corresponder.
Perdón por el desorden. Pero tengo un hueco en el pecho que no me deja pensa; es una pena que me araña la cara y me nubla la vista.
Pero seguiremos. Levantaremos la mirada. Por ti.
Siempre. Mi Taty. Taty Almeida. No te has ido. Es imposible.



Víctor Heredia

 Taty.

No encuentro las palabras,
te las llevaste todas,
amiga inolvidable.
No encuentro las palabras.
Me aniquiló el domingo
con sus noticias tristes.
Acaban de decirme, querida,
que te fuiste.
No encuentro las palabras,
ya no sé qué decirte.
Vos que luchaste tanto
por los tuyos, los míos
y los de tantos otros,
sabés como amordazan
las voces las ausencias.
Y también la tristeza.
Ésta que me derrumba
hermética y callada
a llorarte en silencio,
sin pronunciar palabra.
Este pájaro mudo
que no canta esta tarde
volará hasta tu cielo
como, seguramente,
lo hará el propio Alejandro
para abrazarte entonces
y entibiar tu regazo.
Tu perfume está en todo,
querida amiga mía,
sigue siendo esperanza.
Y no importa que ahora
yo no encuentre palabras.
También quiero que sepas
que me quedé sin lágrimas.



Eva Baroja

 "No hay que perder nunca el sentido del humor y el optimismo. Hoy más que nunca”, me dijo una vez, con su pañuelo en la cabeza, mientras me agarraba fuerte del brazo. Ella era así. Arrolladora y positiva a pesar del dolor y de las dificultades.

La historia de las Madres de Mayo descansa en las arrugas de su mirada, en su voz rasgada y férrea. Mujer inspiradora, arrolladora, incansable que perdió a su hijo Alejandro, tras ser secuestrado por la Triple A, cuando estudiaba primero de Medicina y militaba en una guerrilla urbana, meses antes del golpe de Estado de Videla.
Taty Almeida, como tantas otras, empezó a buscar a su hijo sola, en hospitales, regimientos, policía… Hasta que unió su fuerza a las demás y se hicieron imparables. En los ochenta, cansadas de que la jerarquía eclesiástica no las recibiera, se presentaron a una procesión en la Basílica de Luján. Y para reconocerse entre ellas decidieron ponerse el pañal de sus hijos en la cabeza. Un trozo de tela blanca que sirvió para cuidarlos cuando eran bebés y que, décadas después, se convirtió en un símbolo de coraje.
Como solo agarra una madre que no se rinde. Unas madres que dieron su vida por los derechos humanos. Muchas eran amas de casa, no tenían nada que ver con política. Pero allí estaban ellas y no sus maridos. Solo querían saber quiénes habían sido los responsables de la desaparición de sus hijos y que se hiciese justicia.
Las locas las llamaban los militares. Gracias a esas madres locas que se levantaron contra la impunidad, que lucharon por la verdad y la memoria, que se convirtieron en un icono de resistencia pacífica y que no se dejaron vencer. Porque el coraje de una madre, a veces, es la fuerza revolucionaria más fuerte. Ahora y siempre. Gracias Taty por tu empeño en que no se vuelva a repetir esta historia de terror. Vuela alto. 🕊
Foto 1: @el_pais
Foto 2: 48 aniversario Madres de Mayo




Taty Almeida

 Murió Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo y símbolo de la lucha contra la impunidad

La búsqueda de Lydia Estela Mercedes Miy Uranga comenzó el 17 de junio de 1975, cuando desaparecieron a su hijo Alejandro. Jamás logró dar con sus restos. Referente indiscutida del movimiento de derechos humanos, será recordada como una militante de la vida.

Lo último que le escuchó decir fue “mamá, ya vengo”. Ella miró el reloj y despotricó porque estaba por servir la comida. Alejandro salió. Y ya no regresó. Ese 17 de junio de 1975 empezó una búsqueda desesperada por ese hijo al que le habían arrebatado. Una búsqueda, de casi 51 años, que la llevó a golpear las puertas de los militares más poderosos y a reclamar siempre “justicia legal”, como le gustaba decir. A los 95 años falleció Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora y referente indiscutida del movimiento de derechos humanos. Se fue sin cumplir lo que más deseaba –acariciar los huesos de su hijo– pero sin dejar de militar un solo día por la vida.

Lydia Estela Mercedes Miy Uranga nació el 28 de junio de 1930. La llamaban “Taty”. Su padre, que se retiró con el grado de teniente coronel, integraba el arma de caballería; su madre era ama de casa. La familia, por el destino militar del padre, vivió en varias ciudades del interior hasta que se asentaron en Lacroze y Cabildo, pleno barrio de Belgrano.

En su hogar, no simpatizaban con el peronismo. Las hermanas se casaron con integrantes de la Fuerza Aérea. Su hermano Carlos llegó a ser coronel del Ejército.

En Buenos Aires, Taty se recibió de maestra y, a los 21 años, se casó con Jorge Almeida, que también venía de familia castrense. Un accidente lo dejó fuera de las fuerzas, y se dedicó a trabajar como despachante de aduanas. Con Jorge tuvieron tres hijos: Jorge Martín en 1953; Alejandro Martín en 1955 y María Fabiana en 1956.

El matrimonio duró hasta 1970. Entonces, Taty habló con sus hijos y les dijo que se iba a divorciar. Les pidió que consiguieran un trabajo y que terminaran sus estudios de noche. Ella empezó a trabajar como secretaria en un consultorio. Juntaba otros pesos haciendo encuestas: era una buena opción porque a ella le encantaba conversar con la gente.

Taty le consiguió empleo a Alejandro en Télam. Uno de sus cuñados era el interventor de la dictadura de la Revolución Argentina. Alejandro no dudó en organizar protestas contra su propio tío. Con el carnet de periodista, pudo cumplir un sueño: entrar a un recital de Joan Manuel Serrat, acercarse y regalarle una de las pulseritas que fabricaba.

En 1974, Alejandro ingresó a trabajar al Instituto Geográfico Militar. Para entonces, estudiaba medicina en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP).

–Esta gorilita de mierda… Sin embargo, yo la quiero tanto– le decía a su mamá mientras la abrazaba.

Cuando lo desaparecieron, Taty empezó a peregrinar. Fue a golpear las puertas de militares conocidos: Orlando Ramón Agosti, Leopoldo Fortunato Galtieri, Albano Harguindeguy y Ramón Camps, entre otros.

El 24 de marzo de 1976, ella tuvo cierta esperanza. Pensó que, con la irrupción de los militares –los conocidos de su familia–, iba a tener alguna respuesta. Nada de eso ocurrió. Tardó en sumarse a las Madres de Plaza de Mayo. Temía que la consideraran una espía por su entorno familiar.

Tomó coraje y se acercó a la Casa de las Madres, que estaba en la calle Lavalle. Lo primero que vio fue la pared repleta de los rostros de los desaparecidos. Por primera vez, sintió que la tragedia que estaba viviendo desde junio de 1975 no la afectaba únicamente a ella.

La atendió María Adela Gard de Antokoletz, entonces vicepresidenta de la asociación.

–¿A vos quién te falta?– le preguntó María Adela.

Taty hizo catarsis. Lloró, maldijo y finalmente se enojó con ella misma.

–No, mi hijita –la reprendió con cariño María Adela–. Cada Madre tiene su momento, y este es el tuyo.

En septiembre de 1979, hizo fila en Avenida de Mayo para denunciar la desaparición de Alejandro ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). El 10 de diciembre de 1983, volvió a colgar la bandera argentina en su casa. Estaba esperanzada con la democracia.

A pesar de que las Madres querían una comisión bicameral, no dudó en ir a contar su caso a la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep). “Si me dicen que hay un brujo acá en la esquina con datos de Alejandro, yo voy”, argumentó entonces.

Dentro del movimiento de derechos humanos, Taty fue promotora de entender que la represión estatal no había comenzado el 24 de marzo de 1976. De hecho, a ella la había golpeado nueve meses antes.

“Yo me siento parida por Alejandro. Me bajó de esa burbuja en la que toda la vida había vivido. Y estoy muy orgullosa de que él haya sido quien me parió. Yo era una gorila fatal. Me afeité. Todo eso fue después de lo de mi hijo”, se sinceró en una entrevista para el Archivo Oral de Memoria Abierta.

“Es mentira eso que te dicen que el tiempo cura las heridas –continuó–: yo cada vez lo extraño más. Yo querría tener aunque sea un huesito de Alejandro”.

Una despedida

Taty no sabía que Alejandro escribía poesías. Encontró los textos en una agenda después del secuestro.

“Si la muerte me sorprende lejos de tu vientre, porque para vos los tres seguimos en él, si me sorprende lejos de tus caricias que tanto me hacen falta, si la muerte me abrazara fuerte como recompensa por haber querido la libertad, y tus abrazos entonces sólo envuelven recuerdos, llantos y consejos que no quise seguir, quisiera decirte mamá que parte de lo que fui lo vas a encontrar en mis compañeros. La cita de control, la última, se la llevaron ellos, los caídos, nuestros caídos, mi control, nuestro control está en el cielo, y nos está esperando. Si la muerte me sorprende de esta forma tan amarga, pero honesta, si no me da tiempo a un último grito desesperado y sincero, dejaré el aliento el último aliento, para decir te quiero.”

La conmovió profundamente descubrir que Alejandro, a sus 20 años, sabía que iba a morir y se despedía de ella.

A lo largo de los años, Taty cumplió: fue encontrando parte de lo que fue Alejandro en sus compañeros. A través de ellos, supo de su militancia en el PRT. Ella solía recordar con gracia que una vez vio una estrella de cinco puntas y le preguntó a su hijo si era la estrella de David –totalmente ajena a la militancia por el socialismo que abrazaba su hijo–.

Con más pena, contaba otra anécdota: cuando fue a visitar a su hijo Jorge a España y juntos viajaron a Marruecos, ella les bajaba las chilabas a los hombres que se tapaban la cabeza con la intención de comprobar si alguno de ellos era Alejandro. No perdía las esperanzas de volver a abrazarlo.

No pudo encontrar los huesos de su hijo, como tanto quería. Tampoco pudo saber qué hicieron con él después del secuestro. Durante todas estas décadas, Taty siguió viviendo en el departamento de Palermo desde donde lo vio partir para no volver.

Defender la alegría como trinchera

Desde 2024, Taty presidió Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora. Como tal visitó a Cristina Fernández de Kirchner en su prisión domiciliaria. Fue la cara y el empuje de la mesa de organismos de derechos humanos, que organizó la masiva movilización del 24 de marzo pasado, al cumplirse medio siglo del inicio de la dictadura.

Ni la tristeza ni la derrota estuvieron jamás unidas a su nombre. Ella solía repetir “no nos han vencido” como un mantra. Gozaba de la compañía y las buenas charlas, como lo mostraba en cada emisión de ¿Qué me contás? por la AM750. Compartía el programa con “Charly” Pisoni y Paula Maroni, dos H.I.J.O.S. Para ella, era muy importante saber que las Madres habían pasado la posta de la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia.

En abril pasado, celebró y lloró cuando la Universidad de Buenos Aires (UBA) la distinguió con el honoris causa, que recibió rodeada de su hija Fabiana y sus nietos. “Le demostramos a (Javier) Milei que la resistencia continúa”, se entusiasmó.

Cada vez que recibía un reconocimiento, Taty imaginaba que Alejandro la miraba y se reía: “Mirá en lo que se convirtió la gorilita”. Tenía la tranquilidad de saber que su hijo estaría orgulloso de todo lo que ella hizo –por él y por tantos otros–.

“Quisiera que me recuerden con mi carácter –chinchuda–, con mis discusiones y con esa alegría de vivir. Y esa alegría dársela a la que está caída por algún motivo”, dijo en la entrevista con la que Página/12 inauguró el ciclo de charlas por los 50 años del último golpe de Estado.

Taty no dejó nada librado al azar. Será despedida en la Federación de Obreros y Empleados Telefónicos de la República Argentina (FOETRA), donde tantas veces festejó sus cumpleaños. El velatorio será el lunes, de 14 a 24, y el martes, 8 a 12, en Hipólito Yrigoyen 3171. No querían que llevaran flores, sino que ayudaran al sostenimiento del organismo que ella presidía.

Taty estaba internada desde hacía casi tres semanas en el Hospital Italiano. El sábado había estado animada. Tanto que se maquilló y posó para unas fotos. También se tomó un rato para enviar un mensaje a este diario para pedir que se publicara una actividad sobre los 71 años de los bombardeos en Plaza de Mayo. Ella, que era una gorila depilada, como bromeaba.

“Luchadora incansable que honraste la vida”, la despidió CFK en X. “Taty querida, donde estés, con tu hijo Alejandro, descansando al fin en paz, queremos decirte que acá las locas seguimos de pie, y somos millones”, la saludaron sus amigas de Abuelas de Plaza de Mayo en un comunicado.

“Gracias por enseñarnos que amar es resistir, que la única lucha que se pierde es la que se abandona y que no existe fuerza más grande que la del amor”, escribieron sus compañeras de la Línea Fundadora en redes sociales.

Su partida deja una herida profunda en el movimiento de derechos humanos y para gran parte de la sociedad que no olvida a sus desaparecidos ni perdona a los criminales. En cada marcha, el vozarrón de Taty seguirá gritando que los 30.000 desaparecidos están presentes. Como ella. Nota aquí.



Monstriña




59

 59 cosechas, de las mejores dicen..

Gracias por acompañarme en tantas añadas, salud por las que vendrán.






domingo, junio 14, 2026

Roberto “El Negro” Fontanarrosa

 La Mesa de los Galanes: el ritual cotidiano que hizo de Fontanarrosa un mito

Durante más de tres décadas, el escritor rosarino convirtió una mesa del bar El Cairo en un espacio de ritual, amistad y observación del que nacieron muchas de sus historias.

“Lo que más extraño del Negro es su silencio”, confiesa Ricardo Centurión desde la histórica y ya legendaria “Mesa de los Galanes”, en el no menos relevante bar El Cairo, en la ciudad de Rosario. Durante más de tres décadas, Roberto “El Negro” Fontanarrosa concurrió todos los días junto a una runfla de amigos a la misma mesa, donde también se sentaron Caloi, Sabina o Joan Manuel Serrat, entre otros notables.

“Nunca dimensionamos su fama; para nosotros era el Negro, nuestro amigo”, confiesa José Vázquez, quien, junto a Centurión, es de los últimos “galanes” que aún frecuentan la misma mesa del bar que recuerda a su más celebrado cliente con frases de sus personajes más idolatrados colgadas en las paredes, su imagen en los altos ventanales y una estatua en un rincón íntimo cerca de la cocina.

“El Negro veía lo que nadie podía ver”, dice Centurión. Primero: la mentada mesa tenía algunos protocolos. No se hablaba de temas profundos, jamás de política ni de religión. El propio Fontanarrosa lo explica en uno de sus cuentos del libro La Mesa de los Galanes, donde condiciona la temática de las conversaciones: “No se hablan de temas personales o importantes; para eso estaban las otras mesas periféricas, para no alterar la grata vaguedad de la tertulia ni introducir un motivo de tensión o profundidad metafísica en la sabia pelotudez de los discursos cotidianos”.

La mesa está ubicada al lado del mostrador, en el eje central del salón y con una visión panorámica de las calles Santa Fe y Sarmiento, en cuya encrucijada se ubica el bar. Hoy, esa esquina lleva el nombre de Serrat y Fontanarrosa. “El Cairo”, fundado en 1943, siempre fue un bar frecuentado por artistas (está a pocas cuadras de la facultad de Humanidades y Arte), intelectuales “y todo el zurdaje que andaba dando vuelta”, recuerda Centurión. “Nunca pensamos que esta mesa iba a ser una leyenda”, reconoce.

Anécdotas hay miles. Algunas muy recordadas. El fútbol fue y será el tema más importante sobre esta mesa. Pero el grupo de amigos fue más allá: hicieron su propio equipo con la camiseta de El Cairo, participaron de un campeonato y llevaron porristas. “Muchos llegaron al partido ebrios”, recuerda Centurión. El propio Fontanarrosa fue un jugador con relevantes habilidades. ¿Las porristas? “Al segundo partido, no vinieron”.

Cuando el Negro ya era una figura reconocida a nivel nacional, llegó un día Eduardo Galeano a Rosario; una de sus razones era ir a la mesa para encontrarse con Fontanarrosa. “Lo acompañé y lo buscamos juntos en el hotel; yo no podía creer que iba a verlo a Galeano; para el Negro era como ir a buscar a un tipo normal”, afirma Centurión. Ya en la mesa, en una pausa en la que Fontanarrosa va al baño, el escritor uruguayo se confiesa.

“Es un monstruo el Negro, te voy a contar algo: cada vez que yo escribo algo, él ya lo escribió”, sentenció Galeano aquella noche inolvidable en la mesa. Otro invitado de lujo fue Joan Manuel Serrat. También Centurión fue protagonista de otra confesión:

“Serrat me dijo: es de las personas que más admiro en el mundo, su obra es profunda, su sentido de la amistad”, recuerda Centurión. Aquello llamó la atención del cantor catalán. También su perfil está grabado en los ventanales del bar.

Otro español fue partícipe de la Mesa de los Galanes: Joaquín Sabina. Mucho antes de ser uno de los íconos de la música hispanoparlante, el cantautor español tuvo una relación cercana con Rosario y la visitó muchas veces. “Fui músico y cantaba canciones de él que eran totalmente desconocidas acá”, dice Centurión. Muchas de ellas hoy son himnos. Dos historias lo relacionan con la mesa. Nota aquí.










Pasión Vega


 

Àngels Barceló

 

Félix Maraña

 NO PODRÁN

“Podrán cortar todas las flores,
pero no podrán detener la primavera”.
Neruda
No podrán detener la primavera,
aunque invoquen mandatos de la historia,
ni podrán enterrar tanta memoria
como la tierra esconde en sementera.
No podrán imponer nueva frontera
que ahonde en otra zanja divisoria,
ni obtendrán perdón ni absolutoria,
si insisten en cavar nueva trinchera.
La paz del mundo necesita obreros
dispuestos a entregarse por la causa
de los niños que son desheredados.
Como en las catedrales los canteros,
trabajen sin medida, techo o pausa,
llevando a los más débiles cuidados.



Joe Fernández

 


Rocambole

 

Leila Guerreiro

 Indio

El rockero argentino transformó la desesperación en canciones que nos hicieron mal de tanto bien que nos hicieron.

Se ha muerto un hombre. Era fino y peligroso. De aspecto seco, desértico, y una voz de diablo. En el escenario —con su banda, Los Redonditos de Ricota, en sitios lúgubres durante los ochenta, en predios a los que arrastraba a cientos de miles de personas tiempo después— tenía el aspecto de un obrero metalúrgico o de un monje. No hacía falta que impostara glamour con quienes íbamos a verlo. Era un dios hecho de aceite de motor y pavimento, y nos arrastró a su territorio desde que lo vimos por primera vez. A los tristes, los fundidos, los rabiosos, a los que siempre crujíamos, nos llevó más lejos. Hizo que a los 30, a los 40, a los 50, estuviéramos tan encendidos como a los 20. Yo estaba en Berna cuando se murió. Volví de una reunión de trabajo y, cuando llegué al hotel, encontré un mensaje del hombre con quien vivo que me daba aviso. Era viernes, 5 de junio de 2026. Habían pasado unos 40 años desde que lo vi por primera vez en un tugurio oscuro del barrio de Flores, Buenos Aires. Fue la banda de sonido de buena parte de mi vida. Si no sé qué hacer, ni cómo hacerlo, lo escucho cantar Había una vez, y esa parte que dice “los espíritus soplan si quieren, y vos que recién te enterás, tarde otra vez, mi amor” me recuerda que, a veces, no se puede hacer nada, que sólo hay que esperar. Cuando supe de su muerte —tenía párkinson, sufrió un accidente cerebrovascular hemorrágico en la madrugada—, caminé hasta un puente y me quedé mirando el río Aar. El mundo seguía andando, pero ese día anduvo menos. En Buenos Aires, sus fans se reunieron espontáneamente en la Plaza de Mayo. Desde el domingo, se inició un velorio público. Se formó una fila de siete kilómetros para despedirlo. Él le dio sentido a lo que no tenía sentido. Transformó la desesperación en canciones que nos hicieron mal de tanto bien que nos hicieron. Se llamaba —se llama— Carlos Alberto Solari. Nosotros, la tribu de su calle, le decíamos Indio. Le diremos siempre. Nota aquí.



Jorge Luis Borges

 “Vamos a repatriar a Borges”: la promesa hecha en Ginebra a 40 años de su muerte

En la presentación de “Borges, la colección”, Alejandro Roemmers, Alejandro Vaccaro y Roberto Alifano hablaron del proyecto para que el autor descanse en la Argentina. Y de abrir un museo. El autor “revivió” con IA.

(Desde Ginebra) “Tenemos una fuerte tradición de repatriar a los argentinos que murieron en el exterior y Borges no va a ser una excepción. Lo vamos a conseguir”, dice el coleccionista Alejandro Vaccaro en la Maison Rousseau, una librería y centro cultural en la Ciudad Vieja de Ginebra. A su lado, Alejandro Roemmers asiente: en 2019, el empresario le compró a Vaccaro un conjunto de 30.000 piezas vinculadas con el escritor argentino y, desde entonces, juntos generan proyectos vinculados a él.

El evento en que se habla de llevar el cuerpo de Borges desde aquí a Buenos Aires es la presentación de Borges, la colección, el libro que documenta esas piezas y se hace en este local, que se marca como la casa natal de Jean-Jacques Rousseau, filósofo, escritor y compositor ginebrino del siglo XVIII. El acto es en castellano, en el publico hay varios argentinos, algún colombiano, algún portugués.

Jorge Luis Borges, el más universal de los escritores argentinos, murió hace 40 años en esta ciudad que Julio César tomó en el siglo I antes de Cristo. Había llegado, con su esposa María Kodama, el 28 de noviembre 1985. Había estado enfermo, internado. Sabía que no iba a volver a pisar Buenos Aires.

En Ginebra, entonces, en un cementario exclusivo llamado “De Plainpalais” o también “De los reyes”, en el cementerio donde también está enterrado Alberto Ginastera descansa Borges. Marcos Liyo, un argentino que conduce un tour sobre el escritor aquí en Suiza, dice que es la tumba más visitada, que le dejan flores, cartas, libros, poemas. Pero ¿no es muy lejos para el autor que escribió aquello de “yo estaba siempre (y estaré) en Buenos Aires”?

Mucho se especula en estos días sobre por qué Borges fue a morir a Ginebra, la ciudad donde había vivido algunos años cuando era adolescente. No falta quien recuerde ese poema, La Recoleta, que el escritor le compuso al cementerio porteño y en el que se involucra: “Estas cosas pensé en la Recoleta,/en el lugar de mi ceniza”. Pero, claro, eso se publicó en 1923. Y las cosas cambian.

Cómo hacer que Borges vuelva

No es la primera vez que se habla de llevar el cuerpo de Borges a Buenos Aires. En 2022, los nietos de Norah, la hermana del escritor, contaron de su voluntad de hacerlo y de las gestiones que alguna vez se habían realizado.

En la charla, la declaración de Vaccaro aparece por una pregunta del público. Vaccaro, entonces, habla de sus intenciones y refiere a Roberto Alifano, que fue el amanuense de Borges: cuando el autor ya estaba ciego, se reunía con él para escribir. Borges dictaba, Alifano escribía. Alifano está aquí, sentado junto a Vaccaro y Roemmers.

“Yo lo acompañaba una vez por semana al cementerio de la Recoleta -dice Alifano- y entonces íbamos a ver la tumba familiar. Y él me decía: ‘Alfano, usted va a ser el encargado de cumplir mi deseo de que yo descanse aquí con mis parientes’”.

Roemmers agrega: “Que los argentinos, sobre todo los ciudadanos de Buenos Aires, que era su ciudad, puedan rendir un homenaje”

¿Es posible, legalmente, económicamente, en la práctica, tener a Borges en Buenos Aires? Por ahora no hay nada firme pero algunas gestiones ya están en marcha y podrían avanzar, especialmente si interviene el gobierno argentino.

Este deseo, repatriar a Borges, está en línea con el que tal vez sea el proyecto más grande de Vaccaro y Roemmers: abrir un Museo Borges para las cerca de 30.000 piezas de la colección. Que hoy, contó Roemmers, están en la casa de Alejandro Vaccaro. Y quieren que sea un museo público. Como le dijo Roemmers a Infobae, una idea sería ponerlo en el Palais de Glace, que actualmente está en refacciones. Si no se puede hacer público, dirá en un rato Roemmers, podrían pensar en abrir uno privado. Nota aquí.





Luis Pastor

 


Haydée Milanés & Pablo Milanés

 


Ana Montojo

LO DE LA FERIA
Bueno, pues que las ventas han superado las predicciones más optimistas, tanto que a las ocho nos habíamos quedado sin libros. Siento muchísimo los que habeis hecho la visita en vano y no puedo estar más agradecida.
Gracias, gracias, gracias.





Dani Martín

 


Mateo Sujatovich & Migue Granados

 

Luiso García

 Viva la educación pública.



Frank Delgado

 


Yami Safdie

 

Miguel Rep

 “Aprendí de Charly que la vida es una performance y que hay un presente absoluto”

El dibujante presentó en Infobae al Regreso su libro “Charlie absoluto”, donde reconstruye la trayectoria de Charly García a través de ilustraciones y relatos.

En una entrevista en Infobae al Regreso, Miguel Repiso compartió su proceso para reinterpretar visualmente la vida y obra de Charly García, desafiando los límites entre música y dibujo, y reflexionó sobre el rol del arte gráfico en la cultura.

En la charla, Rep abrió su libro “Charlie absoluto” y explicó: “Quise contar la vida de este muchachito que nos sigue iluminando”. El dibujante reconoció que la obra le permitió comprender y ordenar la magnitud del legado del artista: “No me daba cuenta hasta que no me lo ordené, de todo lo que significa para nuestras vidas y para la Argentina y el prócer de música que va a ser de acá en más”.

Rep y el desafío de dibujar la música de Charly García

Rep repasó el proceso creativo detrás de “Charlie absoluto”, una obra que busca capturar la esencia de Charly García a través del arte gráfico. “Siempre pensé: ‘¿Cómo cuernos voy a traducir la música que tanto disfruto en los dibujos?’ No le encontraba la vuelta”.

Confesó que solo logró resolverlo al sumergirse por completo en la figura del músico: “Hoy siento que puedo hacer música con mi pincel. Es como vibrando y bailando, pero no tocando un instrumento ni cantando. Aprendí de Charly que la vida es una performance y que hay un presente absoluto”.

El ilustrador admitió que el libro fue una oportunidad para ordenar su propio “caos Charly”. “La vida de Charly la tenía desordenada. Los discos, no sabía cuál estaba primero, el tema, no sabía a qué pertenecía. Esto me ordenó, el libro me ordenó. Ahora puedo, he ordenado el caos, por lo menos mi caos Charly”.

Durante el programa, se mostraron y analizaron varias ilustraciones originales, como la interpretación de Charly como el quinto Beatle cruzando Abbey Road, y se debatió sobre los elementos que definen visualmente al músico: “El cuerpito de Charly todo el tiempo era el de Quijote. Ahora, la cara es una cara milimétrica, a pesar de que tiene dos grandes signos, los anteojos y el bigote bicolor. Pero también va cambiando”.

El arte, la bohemia y el cambio tecnológico en la música argentina

El diálogo abordó cómo el ecosistema artístico que rodeaba a la música ha cambiado con la llegada de formatos digitales y redes sociales. Rep recordó: “Antes una banda o un solista era un grupo de gente que incluía a un fotógrafo, un dibujante. Siempre había un fotógrafo, un artista. Spinetta también tenía lo suyo”.

Sin embargo, advirtió que hoy ese entorno se ha transformado: “No vas a consumir vinilos, tapas. Hoy todo es tan autogestivo... Ellos mismos, hoy todo es tan autogestivo, tan... no necesito un ilustrador, no necesito un fotógrafo”. Nota aquí.