jueves, noviembre 05, 2026

C. Tangana

 

La Beriso

 


Bar El Estaño

 Nació como fonda para trabajadores del puerto, en 1976 cambió de nombre y hoy conserva una barra única en Buenos Aires

En una esquina de La Boca sobrevive un bodegón centenario que fue almacén y refugio de personajes populares. Su histórica barra de estaño también fue escenario de películas argentinas.

Hay rincones de Buenos Aires donde la historia no permanece encerrada detrás de una vitrina. Se encuentra en las mesas de madera, las botellas antiguas y los pisos desgastados por varias generaciones.

Uno de ellos está en Aristóbulo del Valle 1100, esquina Hernandarias, en el barrio porteño de La Boca. Allí funciona El Estaño 1880, un tradicional café y restaurante que mantiene vivo el espíritu de los antiguos bares-almacén de la Ciudad.

Antes de adoptar su nombre actual, el establecimiento atravesó diferentes etapas. Fue una fonda frecuentada por trabajadores portuarios, se transformó en almacén con despacho de bebidas y quedó en manos de distintas generaciones de una familia.

La fonda que recibía a los trabajadores del puerto

Los orígenes de El Estaño 1880 se encuentran vinculados con una antigua fonda llamada Estrella del Sud, visitada por trabajadores del puerto y obreros de la zona de Casa Amarilla.

Su historia comenzó hacia fines del siglo XIX, cuando La Boca mantenía una relación directa con la actividad portuaria. Estos establecimientos servían para comer y beber, pero también eran puntos de encuentro donde los vecinos intercambiaban noticias, buscaban trabajo o descansaban después de extensas jornadas.

La tradición oral sostiene que Domingo Faustino Sarmiento habría pasado varias veces por el lugar debido a que una de sus últimas parejas vivía en las inmediaciones. El relato se incorporó a la memoria del establecimiento y todavía es recordado entre sus historias más llamativas.

En 1939 comenzó una nueva etapa familiar

El destino del negocio cambió en 1939, cuando el inmigrante español Manuel López y su esposa, Teresa Vicenta Novaro, se hicieron cargo del comercio. Desde entonces comenzó a funcionar como almacén con despacho de bebidas y fue rebautizado como Don Lorenzo.

La modalidad era habitual en los barrios porteños: los clientes podían comprar productos para sus casas y sentarse a compartir una bebida o una comida sencilla. Con el paso del tiempo, aquellos almacenes se convirtieron en verdaderos centros de la vida social.

Por sus mesas habrían pasado personajes con historias muy diferentes. Entre ellos aparecen Segundo David Peralta, conocido como “Mate Cocido”; el futbolista José Manuel “Charro” Moreno, y Jorge E. Villarino, apodado “el rey de la fuga”.

En 1976 adoptó el nombre El Estaño 1880

En 1976, Daniel Lorenzo López Novaro, hijo de Manuel y Teresa, quedó al frente del establecimiento. Durante esa etapa, el café recibió el nombre que conserva hasta la actualidad: El Estaño 1880.

La elección no fue casual. En el centro del salón sobresale una barra de estaño de 3,50 metros, considerada una pieza excepcional dentro del patrimonio gastronómico porteño.

A su alrededor sobreviven estanterías de madera, botellas, vitrinas, porcelanas, objetos de plata, antiguas heladeras y una tradicional fiambrera alemana. No se trata de una decoración incorporada para recrear el pasado: son elementos originales que acompañaron las distintas etapas del negocio.

En 2004, el establecimiento fue incorporado al catálogo de Bares Notables de la Ciudad de Buenos Aires, una distinción que reconoce a los cafés, billares y confiterías relacionados con la identidad cultural porteña.

Un bodegón convertido en escenario cinematográfico

La atmósfera de su salón llamó la atención de directores y productores. Allí se filmaron escenas de películas como Evita, quien quiera oír que oiga, de Edurdo Mignogna; Eva Perón, de Juan Carlos Desanzo, y El sueño de los héroes, dirigida por Sergio Renán.

El café también quedó relacionado con figuras del arte, la literatura, el tango y el fútbol. Entre sus visitantes se recuerda a Benito Quinquela Martín, Astor Piazzolla, Alberto de Mendoza, Martín Caparrós, Beto Márcico y Martín Palermo.

Además, durante distintas etapas se organizaron encuentros literarios y actividades para alumnos de escuelas del barrio. Una de las propuestas fue el llamado “mate cocido literario”, destinado a acercar a los chicos a la historia y la identidad de La Boca. Nota aquí.






Ferran Exceso

 


Iñaki y Frenchy

 


miércoles, noviembre 04, 2026

El Kanka & Melomans

 

C. Tangana

 C. Tangana publica ‘Milko Freestyle’, una canción biográfica que eleva la expectación sobre su vuelta a la música

Antón Álvarez lleva tres años sin publicar un nuevo disco. Este tema, firmado con su antigua banda Agorazein, sirve de adelanto a sus conciertos en Madrid a partir del 15 de noviembre

En el momento en que el martes se convirtió en miércoles, esta medianoche, C. Tangana volvió a la música al publicar la canción Milko Freestyle, en YouTube. El artista, también conocido El madrileño, lleva tres años sin sacar un disco o un nuevo tema en solitario. Lo hace, dice en su canal, con Agorazein, la banda de rap con la que empezó a inicios de los 2000, que publicó su último disco en 2016, y que ahora vuelve, tras 10 años de ausencia, cuatro noches al Movistar Arena de Madrid, con todo vendido. Pero al escuchar y ver el vídeo, no hay rastro ni en la voz ni en las imágenes de Sticky M.A., Jerv.AGZ, I-Ace y DJ Fabianni, el resto de los miembros de la formación, solo una referencia: “AGZ es mi grupo (AGZ es mi grupo)”. La duda de si Antón Álvarez, nombre real del artista, ha comenzado una estrategia para relanzar su carrera musical a medio plazo, parece que empieza a aclararse.

C. Tangana ha vuelto a sus inicios de rapero en su estética y rimas. No queda nada del flamenco y otros ritmos de sus trabajos anteriores en esta —por ahora— supuesta vuelta a la música después de unos años centrado en el cine con su productora Little Spain que firmado títulos como La guitarra flamenca de Yerai Cortés, el documental con el que el ganó un premio Goya en esa categoría. “Saqué El Madrileño (Madrileño) / La mitad de los rappers de España querían echarme a patadas del gremio / El rap se me que’ó pequeño y las coplas que escribo cumplieron mis sueños”, lo resume al inicio de la canción.

Milko Freestyle es también un repaso personal, biográfico, de abrir diario de lo que le ha sucedido estos últimos años. Ha sido padre con la fotógrafa Rocío Aguirre. “Sin tiempo para asimilarlo mi niño ha nacido y mi vida ha cambiado / y otra vez pensando en el puto legado, en el nombre y el hambre que voy a dejarle”. En el vídeo aparece el bebé y su pareja, en distintos momentos.

También ha visto morir a uno de sus amigos. “Tú y yo no hablamos desde hace meses, resulta que estás en un hospital y perdiendo la apuesta”, cuenta en esta parte del tema dedicada a su también colaborador rapero, productor y artista visual mexicano Óscar Botello, conocido como Milkman, fallecido en febrero.

Desde hace meses, se suceden los rumores en la industria que apuntaban a que C. Tangana había vuelto al estudio de grabación. De alguna manera, esta barra de Milko Freestyle lo confirma: “En Madrid vestido de civil escribiendo otro truco, otro palo, otro disco”, afirma. Y avanza su nueva era. Ya no se hace llamar El madrileño, su referente se eleva. “Resucito, como Cristo”, prosigue y remata una canción breve de apenas dos minutos, con un “a los que dudaban, la duda ha acabado”. Nota aquí.



Alex Ubago


 

Carlos Ares

 

Isabel Allende

 Isabel Allende, premio Planeta 2026: “Cuidado con la extrema derecha y la extrema izquierda, el autoritarismo acentúa los problemas”

El nuevo libro de la autora chilena, continuación de ‘La casa de los espíritus’ 44 años después, tiene menos fantasmas y más fascismo del mundo terrenal.

Las olas de la historia siempre regresan y la atmósfera de la dictadura de Pinochet que Isabel Allende plasmó en La casa de los espíritus vuelve a ser la música de fondo de su nueva novela, que llega mientras la ultraderecha avanza de nuevo en todo el mundo. Es en este contexto en el que la autora chilena firma su continuación, La hora antes del alba, que se ha alzado con el premio Planeta 2026 y que llega hoy a las librerías.

“La idea anduvo rondando en mi cabeza por mucho tiempo”, reflexiona en vísperas de su publicación, cuando se le pregunta por qué la continuación de La casa de los espíritus llega 44 años después. Pero “se hizo más urgente en los últimos años, cuando hay tantas democracias amenazadas por el autoritarismo, una fascinación por los déspotas. En la época de Trump, esta angustia se me ha acentuado”.

Isabel Allende, nacida en Lima en 1942, responde a EL PAÍS por correo electrónico, sin eludir prácticamente ninguna de las preguntas y conectando el espíritu de su escritura con un presente que amenaza las libertades y la igualdad. “La polarización se ha acentuado, las diferencias de conocimiento, recursos y opciones son cada vez más grandes. La IA contribuirá a esa diferencia. Los que se van quedando atrás están furiosos y no es para menos. Los que tienen un poder mesiánico, como los billonarios de hoy, viven en una burbuja que pretenden preservar intacta cuando el resto estalle en llamas”, asegura.

—¿Nuestras democracias están en peligro, entonces?

—Varias democracias están en peligro. Cuidado con la extrema derecha y la extrema izquierda. El autoritarismo no resuelve los problemas, los acentúa. En una democracia, el cambio es posible, en una dictadura puede tardar décadas.

Su pensamiento literario está, por tanto, marcado por el presente, pero miremos el libro, que no se sitúa en este tiempo, sino en el mismo punto en que lo dejó en 1982: La hora antes del alba recupera los personajes que le dieron fama y un éxito mundial de ventas en La casa de los espíritus, y cierra un círculo con eslabones a la vista que auguran más posibles entregas en el futuro. Alba, la protagonista, recupera la libertad tras ser apresada y torturada por el régimen y afronta las pérdidas de su familia, la desaparición de su amado, un embarazo incierto y una persecución que no va a cesar.


La gran escritora chilena desdibuja aquí el aire fantasmagórico de aquella casa y saga familiar para intrincarse en una trama más realista, más terrenal, de retrato contundente del fascismo y los modos de la dictadura. Los espíritus aún existen, pero pesan más las crueldades y represiones terrenales de un tirano y sus secuaces que asolan a la sociedad chilena. Aquí encontraremos amor, abusos, desigualdad entre clases sociales y un embarazo capital porque el padre de la criatura puede ser el opresor que viola o el revolucionario enamorado. La fina línea entre dramas que se superponen en capas captura al lector enfrentado a una genealogía de la diferencia, del poder, pero también de la solidaridad y la superación. ¿La desigualdad es insuperable en nuestra sociedad?, pregunto. “Históricamente, lo es”, responde Allende. “Muy pocos pueblos viven en un régimen igualitario —tal vez un buen ejemplo sean los indígenas americanos antes de la llegada de los blancos y otras tribus—. Incluso en el comunismo más estricto hay clases privilegiadas. Pero el hecho de que no sea posible en el patriarcado no significa que no debamos aspirar a ello”.

Allende ha removido el panorama editorial de la temporada al abandonar el barco de Plaza & Janés, perteneciente al grupo Penguin Random House, donde publicó aquella y todas sus demás obras, y saltar a la competencia planetaria de la mano del premio comercial con mayor dotación en lengua española: un millón de euros y una extensa promoción universal. Lo ha hecho tras dejar la agencia Carmen Balcells y de la mano de su nueva agente, Johanna Castillo, a quien agradece, como también a su hijo y a su nuera, el impulso para abordar este proyecto. ¿Cómo vive ella este giro, esta ruptura y salto a la competencia? “Un cambio como este no es una ruptura con el pasado, sino una exploración del futuro. Me unen muchos lazos a la editorial Plaza & Janés y a las personas que me han acompañado durante décadas”, asegura, mientras advierte que no le toca a ella discutir si todo su catálogo pasará a Planeta. “Yo me dedico a escribir. Mi agente y las editoriales llegarán a los acuerdos necesarios cuando llegue el momento”. Nota aquí.



Vetusta Morla

 


Puño Dragón

 

Rodolfo Serrano

 La vida

Vivir es un camino hacia la noche.
Cuatro pasos perdidos, un instante
de luz que rompe, nada apenas,
la oscuridad de Dios. Fugaz relámpago.
Y, en medio de la vida, nuestros sueños:
el amor infinito que no dura
más allá de la carne hecha ceniza,
la pasión como un golpe contra el pecho.
El grito entre la niebla, una tormenta
de furia que se acaba en un momento.
Y nuestro afán de ser dioses eternos,
en esa eternidad siempre imposible.
Esos sueños que viven en nosotros,
en esa piel amada, que se alzan
como banderas rotas de una guerra
qué creímos hermosa en la derrota.
Vivir, vivir. Abrir caminos, puentes,
hacia una luz que nunca ha sido nuestra,
pero que siempre fue esperanza, fuego
donde calentarse de los fríos.
Hoy vivo, voy camino de la noche.
El hombre —mis hermanos— me acompaña
en el dulce regreso a las estrellas.
(La vida es un edén fugaz y hermoso).
Foto de Raul Cancio.



Rafa Pons

 


Paula Mattheus

 

Félix Maraña

 EL DÍA SEÑALADO

“La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es”.
ANTONIO MACHADO
“Este amor ya sin mí te amará siempre”.
ÁNGEL GONZÁLEZ
En el postrero viaje al cementerio,
que enceniza a perpetua mis despojos,
vienen mis lunas, mis sueños y mis ojos,
mis huesos ya sin pies hacia el misterio.
Más de uno dirá que esto iba en serio,
que el tiempo se ha parado, por antojos,
y trae algún clavel, claveles rojos,
que perfumen mi nuevo cautiverio.
¿Cómo podré leer, sin libro, a oscuras?
¿Cómo saldar las cuentas aún pendientes?
¿Cómo vivir sin vida ni aventuras?
Mis restos son memoria y sementera,
resumen de un vivir ya sin presentes:
¿No podrá milagrear la primavera?

Fotografía: Arco iris en Llamas de En Llamas de Rueda - León



Fran Fernández

 


Ludovico Einaudi

 

Gándara

 Fue un poderoso pueblo lácteo, quedó casi abandonado y ahora renace alrededor de un misterioso monasterio

Gándara llegó a procesar 600.000 litros de leche por día y empleó a más de 500 trabajadores. La caída de su histórica fábrica transformó al pueblo, pero la recuperación de un extraordinario monasterio vuelve a despertar interés.

menos de dos horas de la Ciudad de Buenos Aires se encuentra Gándara, un pequeño paraje rural del partido de Chascomús donde conviven ruinas industriales, construcciones religiosas y recuerdos ferroviarios.

Durante décadas, sus calles estuvieron llenas de trabajadores, trenes y camiones. La fábrica de lácteos impulsaba la economía local y convertía al pueblo en un importante centro productivo bonaerense. Sin embargo, su cierre provocó la partida de numerosas familias y dejó enormes edificios abandonados.

Ahora, Gándara intenta recuperar parte de su antiguo movimiento gracias al turismo rural, nuevos emprendimientos gastronómicos y la restauración del Monasterio San José.

Gándara, el pueblo que creció alrededor del ferrocarril

La historia del lugar quedó profundamente vinculada con el tren. La estación Gándara fue inaugurada el 14 de diciembre de 1865 y perteneció al antiguo Ferrocarril del Sud.

Su funcionamiento permitió conectar la producción de la zona con la Ciudad de Buenos Aires y otras localidades provinciales. Cerca de las vías comenzaron a instalarse familias, almacenes, establecimientos rurales y pequeños comercios.

Años después, el crecimiento del pueblo recibió un impulso definitivo con la llegada de la industria láctea. Los antecedentes productivos se remontan a finales del siglo XIX, cuando una familia de inmigrantes vascos instaló un tambo en los alrededores de Chascomús.

En 1928, una cooperativa integrada por productores de la región contribuyó al nacimiento de la empresa que llevaría el nombre del pueblo.

La fábrica que convirtió a Gándara en una potencia láctea

La fábrica Gándara llegó a ser una de las plantas más importantes de la región. Allí se producían yogures, manteca, helados, leche y dulce de leche, entre otros alimentos.

Durante su época dorada, el establecimiento procesaba aproximadamente 600.000 litros de leche por día y empleaba a más de 500 trabajadores. También habría producido cerca de 50.000 kilos diarios de dulce de leche.

Parte de su producción llegó a mercados internacionales como Estados Unidos, Italia, Israel, México y Brasil. Su funcionamiento también generaba empleo para transportistas, productores rurales, comerciantes y proveedores.

Para varias generaciones, Gándara quedó relacionada con los viajes hacia la Costa Atlántica. Muchas familias todavía recuerdan las tradicionales paradas sobre la antigua Ruta 2, donde recibían productos lácteos antes de continuar el recorrido.

El cierre que dejó al pueblo casi vacío

La situación comenzó a cambiar durante la década de 1990. La compañía atravesó problemas económicos y, en 1998, fue adquirida por la multinacional italiana Parmalat.

Luego de varios cambios empresariales y años de dificultades financieras, la planta cerró definitivamente. La desaparición de la principal fuente de trabajo provocó un fuerte éxodo.

Numerosas familias se trasladaron a Chascomús y otras ciudades para buscar nuevas oportunidades. Como consecuencia, Gándara quedó prácticamente detenido en el tiempo, con sus instalaciones industriales vacías y sus calles casi desiertas.

Las estructuras de la fábrica todavía recuerdan aquel pasado productivo. Donde antes ingresaban toneladas de materia prima y trabajaban cientos de personas, actualmente predominan el silencio, la vegetación y los edificios deteriorados.

El misterioso monasterio diseñado por Alejandro Bustillo

Otro de los grandes atractivos de Gándara es el conjunto formado por la Capilla Nuestra Señora del Rosario y el Monasterio San José.

La capilla fue inaugurada el 26 de septiembre de 1938. El complejo fue proyectado por Alejandro Bustillo, el reconocido arquitecto argentino que también participó en obras emblemáticas como el Hotel Llao Llao y el Casino Central de Mar del Plata.

El monasterio comenzó a funcionar en 1940. En su interior hubo un seminario, un noviciado y espacios de formación religiosa administrados por los Padres Agustinos Recoletos. Algunos sectores también fueron utilizados para alojar a niños huérfanos.

La actividad comenzó a declinar durante la década de 1950 y el cierre definitivo se produjo en 1974. Desde entonces, sus pasillos, salones y habitaciones permanecieron abandonados durante años.

El renacimiento de un pueblo cargado de historia

Actualmente, el Monasterio San José atraviesa un proceso de recuperación que incluye trabajos en cubiertas, carpinterías, sanitarios, instalaciones eléctricas y espacios comunitarios.

Al mismo tiempo, nuevos proyectos de alojamiento rural y gastronomía comenzaron a recibir visitantes interesados en conocer la estación, la capilla, el complejo religioso y los vestigios de la antigua fábrica.

Gándara ya no es solamente el pueblo que perdió su principal industria. También es un ejemplo de cómo la preservación del patrimonio puede convertirse en una oportunidad para recuperar la identidad, impulsar el turismo y evitar que una historia centenaria desaparezca. Nota aquí.





Ferran Exceso

 


Eneko

 


martes, noviembre 03, 2026

Divididos & Tano Marciello

 

Rafa Mora

 LEGADO

Si la decepción,
algún día,
brillara en tus ojos, hijo,
escucha al viento para retomar el rumbo.
No vueles en bandadas de pájaros heridos,
ni abandones las alas en orillas desiertas.
Recuerda que la luz construye el horizonte
y que las semillas repueblan la desidia.
Que la vida es hermosa,
a pesar de los pesares,
que es clara la mañana y largo el recorrido.
Pero si algún día, hijo,
la decepción te cosiera la boca con su tóxico rostro y su gris sepultura,
busca, en cualquier rincón del mundo,
una nube tranquila donde reposar el vértigo,
y sin dudarlo un instante,
alza de nuevo el vuelo.
y otorga libertad a tu memoria.



Ismael Serrano

 

Ludovico Einaudi

 

Cristina Fernández Cubas

 Cristina Fernández Cubas, escritora de otra realidad

La escritora catalana, premio Cervantes 2026, ha abierto infinidad de puertas, todas a sus lectores, y lectoras, en especial, a aquellos que se han vuelto escritores y escritoras.

He aquí que hay una niña rara dentro de un cuadro. Es la niña que alguien ha pintado y que la escritora está escudriñando. ¿Que dónde lo hace? En un relato que es una situación, un pequeño mundo —el mundo de esa escritora ante ese cuadro, el mundo de esa escritora, en realidad, dentro, para siempre, de ese cuadro—. La escritora es una de las voces —todo en sus relatos son voces, protagonistas a quienes la realidad se les ha ampliado, o les ha crecido, se les ha vuelto no fiable— irredentamente ingeniosas, incorruptibles, fabulosas —en más de un sentido— de Cristina Fernández Cubas, la mujer, la escritora, la relata-fábulas-fantástico-interiores —oh, sí, su fantástico es un fantástico de interiores, como lo fue, lo será para siempre, el fantástico de Silvina Ocampo—, que nunca jamás ha cejado en su empeño de escapar a su manera de esto, lo que sea, que nos rodea, la realidad, eso tan pequeño aquí fuera pero que, por momentos, en la página, se vuelve algo enorme.

Todo escritor, toda escritora, se detuvo en el tiempo en algún momento. Despertó a esa, su vocación —su forma de vida rara—, y se apartó para siempre de los demás, siguió su camino, y, con el paso del tiempo, ese camino se volvió infinitamente más solitario de lo que lo había sido nunca pero el escritor, la escritora, no lo abandonó, porque ese camino era él, era, en este caso (ELLA). Si algo admiro, y lo hago profundamente, de Cristina Fernández Cubas —que este año coincidirá con su querido Enrique, Enrique Vila-Matas, en la ceremonia de entrega de sus respectivos y esperados, y justísimos galardones (POR FIN) (SÍ)— es que nunca ha tirado la toalla. Si es raro ser, como la niña del cuadro, rara hoy —y cada vez, al parecer, lo es más, inexplicable y lamentablemente—, no puedo imaginar lo que debió ser serlo entonces, en 1980, el año en que publicó Mi hermana Elba. Oh, leánla. Siempre pensé que era una asignatura pendiente de este país. Hasta hoy.

Porque si algo no se entiende en España —o no se entiende lo suficiente— a menudo queda oculto por aquello que, aparentemente, sí lo hace, y el tiempo pasa, y tú, como escritora, sigues tu camino, abriendo puertas —sí, Cristina Fernández Cubas ha abierto infinidad de puertas, todas a sus lectores, y lectoras, en especial, a aquellos que se han vuelto escritores y escritoras, y que tan afortunados se sintieron al encontrarla, una igual, una maestra, en su propia lengua, en su propio universo, una leyenda no lo suficientemente a la vista—, y cavando, avanzando en aquello en que se ha convertido tu Obra, o lo ha sido desde el principio, en aquello que no tienes más remedio que ser, la niña rara del cuadro, que, cuando esté segura de que ya no hay peligro se irá a casa, muy lejos, a ese lugar en el que, como diría la narradora del relato —por cierto, Interno con figura— no existimos, o parece que podríamos pertenecer a otra realidad. Nota aquí.



Alberto Ballesteros

 


Dyango & Ruben Rada

 

Ramón Serrano

 EN TARDE DE PENUMBRA

a Javier García , amigo
Hoy no hablaré de mí
me conozco demasiado
no hablaré de mí
me conozco demasiado poco y eso es malo
este mundo es una nuez podrida y perdida en el espacio
no sabemos adónde vamos
nos discutimos y nos pegamos
somos un campo de amapolas
crecidas entre las ortigas y las cizañas
pasa el viento como pasa el tiempo
como el vuelo del albatros
pasan las ilusiones
como el sonido de los campanarios
vivimos entre vacíos atribulados
no hablaré de mí en esta tarde de penumbra
hoy quiero hablar de los farsantes y los falsarios
de los que inventan y provocan guerras
los que se abren camino a machetazos
ellos cortan cabezas
ellos cortan piernas y manos
ellos no entienden de pétalos
sus flores son bombas margarita
mientras mienten como sepulcros blanqueados
hablan del amor y la justicia
cuando sólo saben amasar dineros y poderes con los ojos vendados
vendados para no ver la sangre de inocentes hermanos
ellos siembran espinos de fuego
y dicen que son fragancias en el páramo
ellos farsantes y falsarios
plantan acacias espinadas
y hablan de jardines perfumados
ellos los que mandan
y envían a sus sicarios
ellos los que no se ensucian las manos
ahora quiero callar
quedarme mudo un buen rato
no sé cómo hacer para dejar mi llanto
soy un anciano que apenas conoce otro vocabulario
que sólo sabe hablar de sí mismo
en una tarde de penumbra y de espanto.





Lisandro Aristimuño

 


Kany García

 

Serú Girán

 El regreso de Serú Girán: claves de un fenómeno que une a varias generaciones y marca un récord de convocatoria

Con fuerte presencia juvenil, la banda liderada por David Lebón y Pedro Aznar reunió a más de 116 mil espectadores en 15 recitales en Buenos Aires y el interior. Se confirmaron 10 shows más hasta fines de año.

¿Por qué mueve multitudes hoy un grupo de rock nacional que surgió hace 48 años y que tuvo apenas cuatro años de trayectoria? La nueva versión de Serú Girán, con David Lebón y Pedro Aznar como protagonistas excluyentes, se convirtió en un fenómeno de público que agotó entradas en todo el país: desde el 19 de junio, más de 116 mil espectadores asistieron en total a una maratón de 15 shows en Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Mendoza, Tucumán, Neuquén, Mar del Plata y Bahía Blanca, y seguirá hasta fines de año con 7 conciertos más.

Sólo en sus 7 presentaciones porteñas hasta ahora hubo 80.471 personas que, sumadas a las 35.641 que fueron a las del interior del país, dan una dimensión cuantitativa al récord de esta propuesta que llevan adelante Lebón y Aznar sin Charly García ni Oscar Moro. Pero también hay que sumar la repercusión intergeneracional: entre los concurrentes no sólo hay fans de entre 40 y 60 años sino también muchos adolescentes y jóvenes sub-30 que se emocionan con las canciones de Serú como si las hubieran conocido cuando se lanzaron, entre los años 70 y 90.

La tanda de recitales que viene promete seguir rompiendo marcas entre los espectáculos musicales de nuestro país: el 12 de noviembre se presentarán en Mendoza; el 14 y 15, en San Juan; el 22, en el Movistar Arena de Buenos Aires; el 5 de diciembre, en el Hipódromo de La Plata; dos días después, en Rosario, y, como broche final del año, el 17 de diciembre en el Antel Arena de Montevideo, Uruguay. Incluso ya hay fechas programadas para 2027: el 23 de enero en Mar del Plata y el 6 de abril, de nuevo en Córdoba, pero seguramente habrá más. Nota aquí.








Susana Ballesteros

 


Sole Giménez

 

Karl Bushby

 Caminó 50.000 kilómetros durante 28 años: el británico que llegó a su casa tras cruzar tres continentes sin usar transporte

Karl Bushby inició su expedición en Punta Arenas en 1998 y atravesó América, Asia y Europa sin utilizar transportes motorizados para avanzar.

Durante casi tres décadas, Karl Bushby avanzó por continentes, selvas, hielo y mar con una regla que convirtió el regreso en una empresa fuera de escala: no usar ningún transporte motorizado para acercarse a su destino. El lunes 2 de noviembre de 2026, el explorador británico completó en Hull una travesía de 28 años a pie desde Punta Arenas, en Chile, hasta la casa de su madre en Inglaterra.

La llegada cerró una expedición que comenzó en noviembre de 1998, cuando Bushby tenía 29 años. Había viajado hasta el extremo sur de Chile para iniciar el camino de vuelta al Reino Unido y dejó en Inglaterra a su hijo, que entonces tenía 12 años. Desde el primer día, la meta fue precisa: volver por sus propios medios, sin tomar aviones, trenes, automóviles ni barcos para avanzar en la ruta.

El recorrido pasó por América, Asia y Europa, y obligó al británico a enfrentar el tapón del Darién, los hielos del estrecho de Bering, un prolongado freno en Siberia, el mar Caspio y, ya cerca del final, el canal de la Mancha. Cada obstáculo alteró los plazos de una marcha que terminó por extenderse durante casi tres décadas.

Bushby recibió apoyos económicos en diferentes momentos del viaje, una ayuda necesaria para sostener una travesía que se prolongó mucho más de lo previsto.

La marcha empezó en Punta Arenas y siguió hacia el norte

Bushby inició la expedición en Punta Arenas, en el sur chileno, y comenzó a subir por el continente. Recorrió territorio de Chile antes de continuar hacia Colombia, América Central y Estados Unidos, siempre bajo las mismas condiciones que se había impuesto al partir.

La prohibición de usar transportes para progresar definió cada decisión del trayecto. No podía subirse a un barco, un tren, un avión o un automóvil para ganar distancia, ni regresar al Reino Unido antes de completar el itinerario. Sus pertenencias viajaron durante buena parte de la marcha en un carrito, que se volvió una presencia constante en caminos, pueblos y zonas despobladas. Nota aquí.





Paco Ramos Torrejón

 


El Roto

 


lunes, noviembre 02, 2026

Guada & Kevin Johansen

 

Antonio Vega

 Antonio Vega, nuestro consentido

El hombre de Nacha Pop sigue en proceso de beatificación. Pero en algún momento habrá que hacerle un retrato de cuerpo entero.

En Latinoamérica, he oído hablar mucho del “consentido”, el artista tan amado al que se le toleran hasta sus más insignes errores. Ese mecanismo, claro, también funciona por aquí. El ejemplo más palmario en el pop español podría ser Antonio Vega (1957-2009).

Vega todavía sigue difuminado entre cierto misterio, a pesar de la considerable bibliografía sobre su persona. En Muzikalia acaba de salir Antonio Vega. Entre el espacio y el tiempo, obra de Jordi Tormo. Un libro que cuenta con la bendición de la familia Vega: se incluyen páginas de diarios, poemas, anotaciones, bagatelas inéditas en un totum revolutum que fascinará a los seguidores del “chico triste y solitario” (descripción simplona que el propio Antonio rechazaba indignado).

El tomo incluye testimonios de una docena larga de colegas en tono ditirámbico. Pero, cuidado, se supone que ya no necesita más mitificación. El problema reside en que Antonio estaba, y todavía está, protegido por varios perímetros de seguridad: los disqueros podían enfurecerse por sus evasivas, pero no abandonan el discurso de genio por aquí, genio por allá. Sus instrumentistas tienden a cerrar filas alrededor del compañero caído. Y los fans atesoran una visión romántica del personaje, que no se compadece con la realidad.

Antonio llevaba una existencia itinerante. Tormo detalla sus abundantes casas en campo y en ciudad, sin olvidar los hoteles que le acogieron durante temporadas. No le duraban mucho: a los consumidores de ciertas substancias, les acompañan los incendios, por su tendencia al desmayo. Antonio disimulaba esa vida de canto rodado con su pose de afable perplejidad, aprovechándose de que éramos demasiado respetuosos para mencionar el elefante en la habitación. Mentía si era necesario y mentía bien. Empujado a hacer duetos, Antonio tragaba pero, fuera de micro, echaba pestes de algunos de esos supuestos colaboradores: tenía una idea nítida de su propio valor. Se quedó impávido al saber que su Lucha de gigantes sonaba en Amores perros, el debut de González Iñárritu. No hizo nada por ver la película: su única preocupación era cuándo le llegarían los derechos de autor.

Su evolución musical revela una notable capacidad para el reciclaje: un fanático del rock progresivo que encontró acomodo en la new wave. Pero no se engañen: en su salón de estar, con la guitarra acústica en la mano, era más probable que tocara Roundabout, de Yes, que el Alison de Elvis Costello. Su primo, Nacho García Vega, revela aquí que Chica de ayer nació como una suite instrumental de más de 12 minutos.

Antonio solía justificar su dedicación a tocar en pequeñas salas por la búsqueda de intimidad con sus seguidores pero luego, en algún rapto de sinceridad, reconocía que se trataba de hacer caja fuera de la mirada de Hacienda. Oiga, que no se enfade nadie. Hasta que no has caminado una milla en los zapatos de alguien, como decía la canción de Joe South, mejor no apresurarse con juicios de valor.

Resumiendo: Vega era un superviviente nato, que adaptaba su modus vivendi a las exigencias de sus hábitos. Eso explica que, según avanzaban los años ochenta, renunciara a la noche madrileña. Por concesión municipal, ahora cuenta con una plazuela Antonio Vega en la frontera del barrio de Malasaña. Se hubiera descojonado. Nota aquí.




Iván Noble