jueves, febrero 05, 2026

Rodolfo Serrano

 Todo en orden

Pongo en orden mis cosas. Mis amores y odios.
Esta absurda manía de buscarte a deshora,
la espera en las tabernas y, en las noches más frías,
tocar ese calor de tu piel y tu boca.
Arreglo mis asuntos y dejo por escrito
mis voluntades últimas y mi primer deseo,
la voluntad de un sueño ya perdido en el tiempo,
cuando las lilas eran el regreso a la infancia.
Sé que el tiempo es un lazo que sujeta los sueños,
un vuelo de vencejos que levanta la tarde,
esa extraña nostalgia por lo que nunca ha sido,
un verso de Pessoa en los días de lluvia.
El presente no es nada: este dolor de ahora,
un instante que muere como un fugaz relámpago,
un pasado continuo que nunca se detiene
y un latido, un momento que pasa sin saberlo.
Por eso he decidido abrir todas mis cartas,
retirar de mi vida los sueños que han vencido
y esperar a la noche, junto al fuego y las sombras,
sabiendo que ya nada va a poder derrotarme.
Hoy me siento a las puertas de la casa y del alma.
Abro vuelo y ventanas y lloro tanta ausencia,
como el hombre que sabe que está solo y que sólo
espera, firme y solo, los trenes de la noche.
La foto, un cuadro surrealista y mágico, es de Raul Cancio.



Homenaje a Pablo Guerrero

 


Zoe Gotusso

 

Carlos Hernández

 Carta desde el más allá

El periodista Carlos Hernández, que ha fallecido este martes a los 56 años, dejó este texto escrito para que fuera publicado en elDiario.es tras su muerte.

Querido lector, querida lectora. Te confieso que, por primera vez desde que soy periodista, desearía que no estuvieras leyendo mi artículo. Estoy seguro de que entiendes el motivo: si lo estás haciendo es que ya no ando por este mundo… ni por ningún otro. Me he muerto. ¡Joder!, qué fuerte resulta escribir esto, pero es así. Me he muerto y no quiero marcharme sin despedirme y compartir unas últimas reflexiones con vosotr@s.

He sido una persona muy afortunada. Lo fui desde que nací, porque lo hice en un país europeo que, aunque aún estaba sometido al yugo franquista, muy pronto comenzó a progresar económica, social y políticamente hasta convertirse en una nación del primer mundo. El azar y solo el azar hizo que mi destino fuera infinitamente más cómodo y fácil que el de cientos de millones de niños y niñas que ven la primera luz en regiones azotadas por el hambre, la pobreza y la guerra. En este momento tan duro por el que estoy pasando, creo que no tengo derecho a quejarme ni a lamentarme. ¿Cómo voy a victimizarme conociendo estas desigualdades e injusticias históricas? ¿Cómo puedo lamentar mi suerte viendo lo que está ocurriendo, ahora mismo, en África, Afganistán, Ucrania, Yemen, Irán o Gaza? Gaza, Cisjordania… Palestina… No te lo puedo asegurar porque no sé qué ocurrirá, pero creo que mi último pensamiento, la última imagen que pasará por mi cerebro antes de apagarse será la de los niños masacrados en Gaza y la de los palestinos supervivientes afrontando un terrible futuro. Lo que sí sé es que me iré sin comprender las razones por las que la comunidad internacional ha decidido permanecer impasible mientras Israel perpetra un genocidio delante de sus narices… transmitido en directo, minuto a minuto, masacre a masacre.

He sido una persona muy afortunada porque mis padres y mi hermano me educaron para ser libre y tener una mentalidad crítica. Crecer en una familia humilde, en un barrio obrero de Madrid, me inculcó unos valores que me marcaron para siempre. Unos valores que se vieron mejorados y reforzados gracias a la personalidad, fortaleza, inteligencia y bondad de mi eterna compañera de vida. Decidí ser periodista porque realmente creía que informando con rigor y honestidad se podía mejorar este mundo. Lo creía y lo sigo creyendo. Soy consciente de que en mi carrera profesional he cometido errores, he tragado con algunas cosas (creo que pocas) que debería haber rechazado y que no he sido, ni mucho menos, un periodista perfecto. Pese a ello, miro hacia atrás y lo que veo no me disgusta. Puedo decir que nunca, nunca he mentido ni he manipulado ni he ocultado información. Siempre que he informado, ya fuera desde Madrid, Bilbao, Sevilla, Kabul, Jerusalén o Bagdad, he intentado ser crítico con el poder, he intentado contar lo que pasaba y he intentado dar voz a quienes no la tenían. Voz a las víctimas, crítica para los verdugos. Sin equidistancias. Sin ambigüedades. Por ello, estoy especialmente orgulloso de no haber ascendido todo lo que habría podido ascender e incluso de haber sido despedido por intentar ser fiel a mis principios. De veteranos colegas de profesión aprendí las, que yo considero, dos máximas del periodismo: Nota aquí.



Cristina Cerezales Laforet

 


Leiva

 


Rafa Mora

 DESANDAR el camino.

Cortar el sibilino hilo que guía nuestros pasos.
Encontrar la salida a cada laberinto,
a cada encrucijada.
Domar al minotauro que rige nuestro sino.
No dejar a los héroes
ni a los dioses que nos salven del miedo.
Ser, descarnadamente, humano.
Criatura imperfecta que sobrevive a su guerra.
Batalla cruel con la duda.
Mitología diaria
de unos ojos pequeños,
que habitan, inocentes,
la inmensidad cegadora
de un olimpo inhumano.



Tute

 


Eneko

 


miércoles, febrero 04, 2026

Vicky Gastelo & Carlos Goñi

 


Rodolfo Serrano

 Ellos y el metro

Se besan suavemente los labios
en la boca del metro.
Luego él baja la escalera
apurando el cigarro. Ella
le mira con ternura
hasta que desaparece entre la gente.
Ni Romeo ni Julieta consiguieron
expresar con tanta fuerza
el amor una mañana de domingo.
Foto de Raul Cancio.



Ismael Serrano

 


Adrián Barilar

 


Joaquín Lera

 “LA SEMILLA DE UN POEMA”

He plantado la semilla de un poema en la terraza,
para ver si este verano florece la esperanza.
Lo he regado con el agua cristalina de tu alma,
cada día y cada noche.
Con paciencia de estatua.
He pintado en la vajilla tu sonrisa enamorada,
y cada vez que la lavo se me enciende la mirada.
La he secado en tus enaguas con caricias de manzanas,
y con ellas hice un postre,
dedicado a tu garganta.
Porque tu te mereces lo mejor de cada esencia,
yo seré tu fogonero el que alivia tus penas,
y pondré un restaurante con tu nombre en la puerta,
y manteles zurcidos con poemas.
Sorprendiendo a tu olfato, compartiendo la mesa…
y una vela de incienso con olor a cerezas.
En un sueño de amantes que descorchan botellas
y te envuelven el pecho de estrellas.
He encontrado en la bahía una sirena de espaldas,
he tocado sus manos he sentido su calma.
Me he bañado con su estela en su morada salada,
recostado en la arena,
por su cuerpo de escamas.
En un lienzo de perlas y acuarelas azuladas,
en océanos plagados de ballenas que bailan,
en un concierto de mareas y de olas que se abrazan,
a flautistas y oboes,
hechos con conchas de nácar.
Porque tu t mereces lo mejor de cada esencia.
Yo seré tu fogonero el que alivie tus penas.
Y pondré un restaurante con tu nombre en la puerta
y manteles zurcidos con poemas.
Sorprendiendo a tu olfato, compartiendo tu mesa,
y una vela de incienso con olor a cerezas.
En un sueño de amantes que descorchan botellas
y te envuelven el pecho de estrellas.



Joan Camps & Raúl Parra


 

Ismael Serrano

 

El Campo de Carmelo

 El comedor de campo a 100 km de Capital que se llena cada fin de semana

En Tomás Jofré, donde está El Campo de Carmelo, de lunes a viernes viven solo 80 habitantes

“En un pueblo donde todos vienen a buscar una parrilla, nosotros decidimos hacer pastas”, sostiene Carmelo Madonia. Este pueblo es el primer polo gastronómico rural del país, Tomás Jofré, en el Partido de Mercedes en la provincia de Buenos Aires. De lunes a viernes viven 80 habitantes, pero los fines de semana se acercan hasta 7000 turistas a buscar mayoritariamente carne asada. “Las hacemos a mano, con recetas de la familia”, afirma.

El Campo de Carmelo fue el sueño del propio Carmelo -de 83 años-, hijo de sicilianos y carpintero de oficio que mantiene abierto su taller “La Botánica” en la vecina Mercedes. “Quería tener una quinta para pasar los fines de semana con la familia”, dice. Aquello fue la base para algo mayor, junto a Genoveva -su esposa- comenzaron a vender mermeladas y conservas que ellos mismos producían (“cosas de tanos”, anticipa), salames quinteros y huevos a principios de los noventa.

Él mismo construyó una pequeña casa que servía como almacén. Allí estuvieron más de una década.

El 25 de mayo de 2025 abrieron el comedor que está en la entrada a Jofré. “Somos nosotros que atendemos y cocinamos en este paraíso rural”, dice Carmelo. La familia, esa palabra está presente en todos los diálogos, es la base del proyecto. Oriundos de Mercedes, que está 12 kilómetros, hace 35 años que llegaron a Jofré, cuando aún no era uno de los destinos sibaritas más visitados del país. “Era un pueblo de tamberos, muy tranquilo”, sostiene.

“Decidí venirme y cambiar de vida”, dice Gabriela Madonia, licenciada en Comunicación Visual, y docente de la Universidad de La Plata, hija del matrimonio pionero. Dejó el año pasado la capital provincial, sus “ruidos y la violencia” para enfocarse en una vida rural, y acompañar de cerca el sueño familiar de tener un restaurante que en poco tiempo se supo ganar fieles clientes que huyen de las parrillas colapsadas.

“Nuestro sistema es así: no te molestamos, y comes cuando querés”, sostiene Gabriela. Es por lo menos disruptivo desde el punto de vista tradicional. A las 10.30, abren las tranqueras y a las 12.30 la cocina empieza funcionar. El comedor tiene media hectárea de generoso parque, sauces acompasados, producen dos efectos sedativos: el madrigal susurros de las hojas cuando las mueve el viento y sombra. Esta última, la más deseada. En días de calor, la brisa de la campiña se hace notar, es una aliada.

“Sólo 70 cubiertos”, advierte Gabriela. El salón, inmenso, cubre la expectativa de miradas de horizontes ambiciosos. Las mesas bien separadas unas con otras, y muchas bajo los árboles, a merced del canto de las aves y de la sinfonía del coro estival de las chicharras. “No queremos enloquecernos: queremos pasarlo bien y que los clientes también”, dice Gabriela. Su mirada académica se traduce en la estética del salón, y el diseño del interior. Detalles, espacios, la presentación de los platos. “Nuestro lema: disfrutá”, asegura.

Todos buscan a Carmelo y sus historias. Con la vestimenta propia de paisano, se pasea por las mesas contándolas. Es un monumento vivo de una Argentina que aún está vigente en el campo mercedino. Y aún más en pueblos como Tomás Jofré, donde la tradición de los inmigrantes aún es muy pronunciada.

Un desertor

Su padre, también Carmelo, fue desertor de la primera guerra mundial y nadie sabe cómo se las ingenió para escapar de Sicilia y llegar a las costas bonaerenses. Corría 1913 y tenía dieciocho años, entonces muchos italianos del sur iban a la Maltería Quilmes a trabajar. La actividad fabril era intensa. Pero se trasladó hasta Mercedes, en aquellos años un bondadoso y fértil territorio de quintas.

“Había muchos italianos”, cuenta Carmelo. En la mesa familiar se hablaba aquel idioma, y con el correr y los sucesivos nacimientos de sus hermanos, el español comenzó a ganar terreno: se estaba construyendo la Argentina del siglo XX.

Su madre hacía sopas y guisos. “Nunca faltaba comida”, afirma. Lo primero que hacían los italianos era plantar árboles frutales y hacer huerta. Criar gallinas. La hora de la comida era sagrada, pero los domingos se elevaba a liturgia. “Papá amasaba pastas”, recuerda Carmelo. Su padre fue panadero y toda la familia ayudaba. Salía en carreta a vender el pan por las quintas y los pueblos cercanos. Nota aquí.










Mundo Chillón

 


Diego Ojeda & Raquel del Rosario

 

María Guivernau

 


Rebeca Jiménez & Lucía Jiménez

 


Luiso García

 


martes, febrero 03, 2026

Leiva

 

Carlos Hernández

 Muere el periodista y escritor Carlos Hernández a los 56 años

El colaborador de elDiario.es, que fue corresponsal de guerra y arrojó luz sobre los miles de españoles deportados a campos nazis, ha fallecido a unos días de cumplir 57 años.

El periodista y colaborador de elDiario.es Carlos Hernández de Miguel (Madrid, 1969) ha muerto en Huesca a los 56 años. Hernández, que ha fallecido a causa de una enfermedad, era Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y un destacado cronista y escritor que dedicó parte de su vida a investigar sobre los horrores de la dictadura franquista y los miles de españoles republicanos deportados a los campos naziz.

Hernández comenzó su carrera en Antena 3 Televisión como cronista parlamentario en el Congreso de los Diputados y fue también corresponsal de guerra en conflictos clave como Kosovo, Palestina, Afganistán e Irak. Estando allí junto a otros peridistas fue asesinado el reportero español José Couso y desde entonces, Hernández se implicó para pedir justicia y evitar que su muerte cayera en el olvido. Lo hizo en reiteradas ocasiones desde elDiario.es, medio en el que era columnista. En su último artículo, publicado el pasado 15 de septiembre, el periodista denunció la guerra israelí contra Palestina.

Hernández continuó su carrera profesional como redactor jefe del semanario La Clave y trabajó también como asesor de comunicación política y empresarial. El periodista ha fallecido a punto de cumplir 57 años el próximo 11 de febrero. “Disfrutó de la vida hasta el final”, trasladan fuentes de su entorno. Hernández acababa de volver de un viaje familiar a Tanzania.

Comprometido con la memoria histórica y las víctimas del franquismo, el periodista consagró buena parte de su tiempo a rescatar del olvido a los miles de españoles que fueron deportados desde el exilio a los campos de concentración nazis. Investigó esta dimensión de la represión franquista y reveló en su libro Los últimos españoles de Mauthausen (2015) que Franco había colaborado con Adolf Hitler para encerrar a 9.000 republicanos en los campos. Para ello accedió a documentos hasta ese momento inéditos.

Contando con la voz de las víctimas y siguiendo paso a paso y con atención sus recorridos vitales, Hernández dibujó a través de sus artículos e investigaciones la trayectoria de los supervivientes, para los que siempre reclamó la necesidad de que fueran recordados. En mayo de 2025, hace menos de un año, cubrió desde Austria el 80º aniversario de la liberación de Mauthausen con la presencia de los reyes, que acudían allí por primera vez, un lustro después de que fallciera el último deportado español, lamentaba en un artículo. Fue también coautor del cómic Deportado4443. Nota aquí.



Pedro Guerra


 

Antonio Sanz

 

Félix Maraña

 Nieve de enero

Ya llegó la nieve blanca
para indicar a los magos
que a veces por estos pagos
la nieve cuaja y se estanca.
Desde aquí hasta La Barranca
hay un mantel de blancura
que sólo un tiempo perdura
porque con sol se derrite.
Pero la gracia que emite
nos invita a la aventura.
Se derrite cuando llueve,
y vuelve a la liquidez,
haciendo agua otra vez,
ha dejado de ser nieve.
Quiere el agua que releve
y dé paso a la corriente.
La lluvia viene de frente
removiendo el aguacero.
Pero estamos en enero
y la nevada es frecuente.
Los niños en el nevero
juegan a hacer travesuras,
inventando mil figuras,
un muñecos on sombrero,
y Billi Bud, marinero,
y un patito de verdad.
Es blanco por Navidad
y cada año se repite.
Pero luego se derrite
porque no eran de verdad.



Diego Frenkel

 


Silvia Pérez Cruz

 


Rodolfo Serrano

 “A la mañana siguiente, el tercer día, me recogió el Rachel que, en su búsqueda de sus hijos perdidos, encontró a otro huérfano".

Herman Melville. Moby Dick
Ismael es rescatado por el Rachel
Sabía, capitán, que moriríamos,
que el Leviatán acabaría con los sueños.
En la locura de Ahab nos embarcamos
y en el Pequod viajamos al desastre.
Un ataúd, patrón, salvó mi vida.
Huérfano soy, lo mismo que los hijos
que busca aún el Rachel. Ojalá pueda
darles algún consuelo mi rescate.
La venganza nunca lleva a la victoria.
El odio, capitán, lleva al infierno
de las profundas aguas donde Ahab
arrastró sin piedad a tantas almas.
No llamadme Ismael. No tengo nombre.
Hoy empieza mi vida. Soy el hijo
que usted perdió en el mar y el mar devuelve.
Escapé, al fin, de Ahab y su locura.
(Moby Dick ha vencido a la soberbia
y ahora espera en los mares de la noche).
Foto de Raul Cancio.



Alapipitone

 


Iván Ferreiro

 

Ramón Serrano

LA NOCHE DE MI SOLEDAD
¡Tras! Un trallazo
sensacion de soledad
me dicen que no estoy solo
como que están solos todos los demás
oigo las voces de los que se fueron
las caricias de quienes amé
de quienes me amaron
y vinieron las sombras el temblor de la soledad
el asfalto vacío
negra oscuridad
opacas las ventanas al aire
farolas inquietas
bocinas de barcos lejanos
las nieblas de la vacuidad
no volveré a visitar la noche
la belleza de los luceros
ese espacio infinito que es mi soledad
¡Zas! el rayo sobre las acacias
es el silencio en los huesos huecos
es el trallazo que viene y no se va.



Manuel Rico

 


El Roto

 


lunes, febrero 02, 2026

Leiva & Natalia Lacunza

 

María Guivernau


 

Dani Flaco

 


Mikel Erentxun

 

Ramón Serrano

 TUS BESOS MI ALMA

Cuando los besos callan
oigo unos chasquidos
en el pozo al fondo del alma
no sé si es el rumor
de los ángeles de la añoranza
o es el croar de las ranas
que habitan en la memoria
las neuronas de la infancia
el silencio de tus besos
seca como la tramontana
el terciopelo solitario
fino hilo de espuma rosada
falto de dulces caricias
vive las horas amargas
salen manchas en el hipocampo
y arrugas en las palabras
este Poeta necesita
las begonias del amor
que perfumen de versos la estancia
donde las metáforas florecen
bellas como la luz del alba
necesita el aliento cálido
besos tiernos de la mañana
que suenen a borbotones
agua fresca de tu vaguada
los besos del silencio
son sombras que se arrastran
por el fango de la cañada
el saunerio del silencio
ahoga toda fragancia.