viernes, agosto 28, 2026
León Gieco & Juan Carlos Baglietto
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Dolly Parton
Dolly Parton: la fraternidad de los Apalaches
La cantante y compositora fue una de las grandes voces del ‘hillbilly’, un estilo campestre que dio forma al country y que recogía las experiencias e historias de comunidades rurales y pobres.
Dolly Parton, fallecida el pasado martes 25 de agosto, solía referirse a su éxito con una imagen muy gráfica de su infancia: “Siempre quise saber qué había más allá de las Grandes Montañas Humeantes”. Conocidas en inglés como Great Smoky Mountains, esta cadena montañosa hace frontera entre Carolina del Norte y Tennessee, estado original de la cantante y compositora que nació en una cabaña a orillas de un río y lugar en el que decidió levantar Dollywood, el parque temático dedicado a su figura.
Al igual que Johnny Cash, quien se pasó toda su vida reivindicando sus raíces en aquellos primeros años en la tierra de Arkansas, Parton siempre valoró su pasado, toda esa historia personal dentro de una familia de 12 hermanos en la que el padre era campesino y la madre una ama de casa que cantaba canciones antiguas de los Apalaches. De ahí, de esas canciones hogareñas, impulsadas por el banjo de su tío Bill Owens -no confundir con la estrella del country Buck Owens-, nació la pasión de la niña Dolly Rebecca Parton por cantar. De la música de los Apalaches.
Las Grandes Montañas Humeantes, un espacio protegido por la Unesco convertido en uno de esos fabulosos parques nacionales estadounidenses, forman parte del sistema montañoso de los Apalaches. La música originada de ese territorio fue etiquetada por la industria en los años 30 del siglo pasado como hillbilly, con una connotación condescendiente hacia el mundo rural y albergando a toda esa población pobre y campesina que tocaba baladas, valses y piezas instrumentales traídas a Norteamérica por inmigrantes de origen anglocelta. Pronto, como en todo el fascinante y rápido desarrollo de la música popular estadounidense, aquellos inmigrantes rurales mezclaron sus saberes con las fuentes nativas afroamericanas e indígenas. La música de los Apalaches pasó a alumbrar, más que en ningún otro territorio en el vasto suelo norteamericano, lo que se terminó por conocer como country.
Cuando se dice que Parton fue una de las grandes voces del country, es bueno recordar que, realmente, ella fue la gran voz femenina del hillbilly, el estilo primario que dio luego todo el género y fermentado durante décadas en el corazón de los Apalaches. Mientras el bluegrass requirió siempre de una formación de varios instrumentos -imprescindible el fiddle (violín)- y de velocidad en su interpretación, debido a ser el estilo preferido para fiestas del ganado o celebraciones comunitarias, el hillbilly era más íntimo y bastaba de un intérprete con su guitarra para poder cantarlo. Era una derivación del sonido campestre hacia aquellas historias y leyendas cantadas con melancolía bajo el espíritu de desarraigo de todos aquellos emigrantes que tuvieron que buscarse la vida lejos de su tierra. De esta forma, se puede entender que Hank Williams, con esas baladas de una tristeza imperecedera, se convirtiera en la gran voz del hillbilly, como Robert Johnson podía serlo del blues afroamericano. Nota aquí.
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Adriana Varela
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Jazmín Stuart & Lorena Vega
“No hay muchos personajes así en la ficción”
En la película de Nicanor Loreti que se estrena este jueves, dos mujeres deben llevar adelante un triple asalto que inevitablemente se complica: “El policial con una dosis de comedia hace una gran receta”, dicen.
Dos mujeres, un auto y un plan tan disparatado como urgente: asaltar tres financieras en un día para conseguir los 30 mil dólares que permitan sacar de prisión a la hermana de Pau. Así arranca Lu & Pau, la nueva película de Nicanor Loreti, que después de su paso por la sección Noches Especiales del 27° Bafici llegará a los cines el jueves 27 de agosto. Protagonizada por Jazmín Stuart y Lorena Vega, la película cruza thriller de atracos, comedia de enredos y una buena dosis de absurdo para contar, en el fondo, una historia sobre la amistad, la lealtad y la capacidad de hacer cualquier cosa por alguien querido.
Filmada íntegramente en Misiones, con la tierra roja, el paisaje y la luz de la provincia funcionando casi como un personaje más, Lu & Pau recupera el espíritu de las buddy movies clásicas, pero lo pone en manos de dos mujeres que avanzan a los tumbos por un mundo de negocios sucios, violencia y decisiones cada vez más delirantes. Lu (Vega) y Pau (Stuart) son muy diferentes entre sí —una impulsiva y desbordada (Pau), la otra más racional y estructurada (Lu), pero encuentran en esa diferencia la fuerza de un vínculo que sostiene toda la película.
Stuart y Vega llegan, además, a este estreno después de compartir otro proyecto muy diferente: Cautiva, la serie dirigida por Paula Hernández y la propia Jazmín Stuart que se estrenará en septiembre por TNT y Flow. Allí Vega interpreta a una Madre Superiora que somete durante años a una joven dentro de un convento de clausura, en una ficción inspirada en un caso real de abusos ocurrido en Nogoyá. El contraste entre ambos trabajos permite pensar también qué nuevos territorios están ocupando las actrices argentinas: mujeres capaces de ser heroínas y delincuentes, víctimas y victimarias, frágiles y violentas, sin quedar atrapadas en personajes ejemplares ni en estereotipos.
En Lu & Pau, esa libertad aparece atravesada por el humor, la acción y la amistad. En Cautiva, por el poder, el abuso y la violencia. Dos universos muy distintos que encuentran un punto de contacto en una misma pregunta: ¿Qué sucede cuando las mujeres dejan de ocupar los lugares secundarios que durante décadas les reservó el cine y pasan a estar en el centro de la historia, con todas sus contradicciones?
Lu & Pau tiene como motor a dos mujeres que deciden salir de cualquier lugar de subordinación y tomar las riendas de una situación límite. Consultada sobre ambos personajes, Stuart señala: “Para ellas es importante garantizar la libertad de Jessi, su amiga (y en mi caso, mi hermana), básicamente porque está embarazada, porque tienen este sentido de lo justo, aparte del amor que le tienen y, además, porque en algún momento descubren quién es el padre de ese hijo y quién fue el que involucró a Jessi en el delito que la terminó llevando a la cárcel. Y se dan cuenta de que nada de lo que le está pasando a ella es justo y que van a tener que hacer justicia ellas de la manera que puedan”, dice la actriz sobre el conflicto del personaje que interpreta Paula Manzone.
“Lu y Pau son dos minas que tienen como uno de los pilares la idea de la amistad, que también es un motivo, en general, de todas las películas del director y guionista, Nicanor. Con esa ética humana por delante, que es la amistad, se defiende y se es fiel por sobre todo a los amigos, a las amigas, y me parece que eso organiza a los personajes, los vínculos y toda la narración, toda la historia”, agrega Vega.
-En la película conviven el thriller de asaltos, la comedia y una mirada desfachatada sobre los vínculos. ¿Qué posibilidades abre el humor para hablar de situaciones que desde un registro tal vez más solemne podrían resultar demasiado previsibles?
Jazmín Stuart:-Es clave el humor, y en este caso me parece que lo interesante es esta mezcla de géneros porque la película podría inscribirse tranquilamente dentro del género policial. Si uno leyera el guion con una mirada muy neutra diría “Esto es un policial, son dos mujeres que están planificando toda una serie de actos delictivos para liberar a otra mujer, pero lo que no saben es que van a terminar siendo cercadas por la policía”. Podría ser un policial, pero lo que hace que sea una película diferente es la comedia. Siempre una dosis de comedia mezclada con cualquier otro género hace una gran receta, es un ingrediente que siempre viene bien; incluso de una manera muchísimo más solapada que, en este caso, es apareciendo pequeños tintes o mezclándose con algo oscuro, incluso. Siempre me parece interesante.
-Hay una tradición cinematográfica de parejas masculinas que atraviesan aventuras, delitos y situaciones absurdas. ¿Sienten que todavía resulta disruptivo poner a dos mujeres en ese lugar?
J. S.: -No sé si disruptivo, pero sí es novedoso y es audaz. La película tiene una audacia que es mostrar a estas mujeres que son queribles y, al mismo tiempo, son fallidas, y que están un poco rotas, son un poco estúpidas, pero al mismo tiempo son, por momentos, brillantes. No hay muchos personajes así en la ficción. Cada vez hay más, pero todavía hay pocos. Y me parece que, en particular, esta película muestra esa cosa de la intimidad, de la amistad entre mujeres, cómo funcionan los diálogos, cómo funciona lo cotidiano. Esta cosa de mientras ella se baña, yo hago pis y estamos charlando en el mismo baño, mientras yo trato de convencerla de no sé qué. Y yo me estoy arrastrando por un tipo que por ahí me está cagando y ella se da cuenta, pero me banca, suspira y me deja hacer cagadas. Hay algo ahí de la intimidad, de la amistad entre mujeres, que está muy crudo. Y, al mismo tiempo, no dejan de ser queribles por eso: por estar tan expuestas. Hay algo que me parece mágico de la peli. Y en ese sentido es audaz que un director como Nicanor diga: “A ver, yo dejo que esto de golpe se transforme en algo que está vivo, en algo orgánico”.
L. V.: -Sí, porque si recorrés la filmografía de Nica, estos lugares los tenían más desarrollados los personajes masculinos, no solo en la filmografía de él, sino en este tipo de películas. El es uno de los realizadores que tenemos, de los mejores que se dedican al género. Y lo sigue investigando, probando, buscando. Ha hecho películas muy grandes, muy mainstream, hasta películas de lo más independiente. Después de hacer Lu & Pau filmamos una serie de cuatro cortos que conforman una película que no tenía apoyo de ningún tipo. Bancamos el costo de ese rodaje y es algo totalmente indie. Y él prueba en todos esos campos, todos los registros en relación al género. Es alguien que ya tiene muchas horas de vuelo haciendo esto y se arrojó a hacer esta prueba poniendo la responsabilidad en estas dos mujeres. Y ese es un cambio, es interesante. Nota aquí.
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Nahuel Pennisi
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Joaquín Pérez Azaústre
Federico García Lorca es
Federico García Lorca es poeta, es hombre por los cuatro costados del duende y es homosexual, pero no se le puede reducir a nada. Federico García Lorca es dramaturgo, es prosista, es conferenciante, es música que habla por el piano y la voz, pero tampoco es posible reducirlo a eso. Federico García Lorca es republicano y es tradicionalista, es revolucionario -poco, aunque esté con los parias de la tierra- y señorito, es conservador, es libertario, pero tampoco es eso solamente. Federico García Lorca, atención, es católico hasta la profundidad, cree en Dios y en la Virgen, o los tiene en el centro de su devoción, pero tampoco podríamos decir que Federico García Lorca es únicamente un hombre de fe, porque con seguridad pasará sus crisis interiores y sus vértigos ante el Cristo yacente. Federico García Lorca es taurino en el rito arenoso de la sangre: sigue el rastro bermejo que el minotauro arrastra desde Creta. Federico García Lorca morirá con dos banderilleros republicanos que serán asesinados con él, Federico García Lorca es amigo de Ignacio Sánchez Mejías, torero mecenas del 27, y escribe Llanto por Ignacio Sánchez Mejías cuando fallece en la plaza, cogido por el toro Granadino, en Manzanares, por donde se persignará siempre Manolete cuando pase, muchos años después, conduciendo su Buick.
Todo eso y mucho más es Federico García Lorca: es hijo de un padre y una madre, es hermano, es amigo. También de Luis Rosales, el poeta falangista que lo protege en su casa cuando Federico vuelve a Granada, porque se siente, equivocadamente, más seguro en su ciudad. Federico García Lorca es un hombre asesinado por el bando fascista durante la guerra civil, como podría haberlo sido también en el primer Madrid republicano, el de las batidas al amanecer, por cualquiera de las causas expuestas antes, porque la guerra civil es eso, no el tuiteo de hoy. Federico García Lorca es una bestia humana y literaria, Federico lo es todo: un poeta telúrico, un Walt Whitman nuestro, una de las razones por las que Leonard Norman Cohen se hace Leonard Cohen. Federico es la música del mundo.
Federico García Lorca es un hombre sin tumba que mantiene su lápida ligera en la mirada de cualquier poeta en todos los idiomas. Lorca es español y no puede vivir sin su tierra de canto y abandono, de ira y fuego, de alegría y pasión, como vemos en el gran documental Lorca en La Habana, de Antonio Manuel y José Antonio Torres, que proyectamos en junio en el Ateneo de Madrid. Es un universo, no un pedazo de vida o de pancarta. Por eso, porque Lorca es todo, no puede dividirnos cincuenta años después de la transición. Y quien busque separarnos con él, miente o nunca lo ha leído, porque no le interesa. Nota aquí.
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Cristina Narea
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Yayoi Kusama
Muere a los 97 años Yayoi Kusama, la artista que convirtió los lunares en exponente de la psicodelia
La japonesa, una de las creadoras plásticas más exitosas de los últimos tiempos, construyó una obra de aspecto colorista que escondía múltiples capas de oscuridad debido sus problemas de salud mental.
El mundo del arte contemporáneo llora este jueves la muerte de la japonesa Yayoi Kusama, una de sus artistas más relevantes del último siglo, que convirtió los lunares que la perseguían en sus alucinaciones en su marca personal y en uno de los máximos exponentes de la psicodelia.
Nacida en la montañosa región de Nagano, al noroeste de Tokio, Kusama falleció a los 97 años de edad el pasado 14 de agosto en un hospital de la capital nipona, según una publicación en su página web, que no dio más información sobre las causas del fallecimiento. Kusama “siguió pintando hasta sus últimos días, sin dejar nunca el pincel, y continuó explorando el amor eterno y el alma inmortal”, aseguró el texto.
Existe la creencia popular de que los topos que pintaba Yayoi Kusama (nacida en Matsumoto, Japón, en 1929) remiten a la psicodelia de los años sesenta que la artista japonesa encontró cuando aterrizó en Nueva York, antes de cumplir 30. El encaje parece casi perfecto con la estética y la filosofía de la contracultura hippie, aunque lo que realmente esconde la repetición y acumulación de esos lunares es algo mucho más sofisticado y profundo, que tiene más que ver con la energía y la vida que le reveló un lugar como Manhattan, que con la fiesta mental. Desde la planta ochenta y seis del Empire State las personas parecían pequeños puntos casi insignificantes, una idea que le fascinó y a la que se entregó. Para ella eran una forma de pensar en el mundo entre las estrellas, como un punto entre millones de puntos más. Una forma de pensar el infinito. Aunque los puntos empezaron en sus cuadernos de la infancia, junto a sus primeras crisis nerviosas que siempre relacionó con la negación de su madre a que fuera artista, que empezó con pequeñas cadenas de células que vislumbraba en las muchas flores y plantas que cultivaba su familia en el campo. Luego pasaron a lienzos y esculturas, y a suaves tubos rellenos que cubrían sofás, sillas y barcas. Pintaba todo el tiempo. Cuando tenía frío, hambre o se sentía sola, porque no todo fue un éxito económico, especialmente en sus inicios.
Ella los llamaba “espacios infinitos”, como los que ha creado alrededor del arte hasta fallecer, dejando una de las carreras más exitosas, inspiradoras, singulares y globales de la historia del arte, tan aplaudida por los grandes museos como las grandes galerías (David Zwirner ha sido clave para consolidar su peso histórico), reclamada por las grandes retrospectivas y los récords en subastas, motivo de fascinación tanto por Louis Vuitton como la primera infancia. Un círculo casi perfecto. Un arte plural y alegre como sus pelucas, donde cada cual podía agarrarse a una idea, fuera la que fuera.
Conseguir manejar ese amplio espectro de público no debía ser fácil, y menos viviendo ingresada desde hace décadas en un hospital psiquiátrico convertido en su hogar. Estaba a cinco minutos de su estudio, donde se reunía con su equipo de asistentes que avivaban todo lo que siempre cultivó desde niña y lo que tanto rechazó su familia: su espíritu utópico y anárquico, su actitud rebelde y celebrativa. No es raro pensar que las clases en la universidad le parecieran conservadoras y decidiera irse. Primero fue Kioto, luego Nueva York, donde llenó de lienzos su primera individual, Infinity Nets. Críticos como Dore Ashton y artistas como Eva Hesse, Donald Judd, Andy Warhol y Claes Oldenburg se volcaron con ella y con la idea de crear un mundo nuevo lejos de conflictos y guerras, como la que entonces azotaba Vietnam. Todos le aconsejaban que hiciera Action Painting para vivir del arte, pero ella hizo todo lo contrario. Empezó a hacer redes a raíz de un discreto movimiento de muñeca y de ahí surgieron también las Accumulation Sculptures. Una de esas redes, Untitled (Nets), de 1959, tiene el récord de subasta en 2022. Nota aquí.
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Álvaro Olmos
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Ruben Rada
Con ritmo, bailes y melodías, Uruguay despide a Ruben Rada, ícono de la música popular
Ruben Rada, uno de los músicos más queridos de la música popular uruguaya, murió este miércoles a los 83 años, en Montevideo. De origen muy humilde, empezó a cantar desde niño, en comparsas de negros y lubolos.
El velorio del músico uruguayo Ruben Rada en el Palacio Legislativo, este jueves. Cientos de personas, jóvenes y adultos, familias con niños, se fueron acercando para llevarle una flor al artista, dejarle un mensaje, incluso para cantar sus canciones.
Matías Rada, hijo de Ruben Rada, en la sala de los pasos perdidos del Palacio Legislativo. También estaban la esposa del músico, Patricia Jodara, y sus hijas Lucila y Julieta.
La actriz y cantante Natalia Oreiro, junto a los músicos León Gieco y Dante Spinetta, familiares y amigos entonan 'Cuando yo me muera' frente al ataúd. No fue un velorio habitual, en el Palacio Legislativo se escuchaban las canciones de Rada. Por momentos la gente cantaba, bailaba, aplaudía.
Ofrendas de los seguidores del músico durante su funeral. El Negro Rada, como le dicen en Uruguay, nació en Montevideo el 16 de julio de 1943. De origen muy humilde, empezó a cantar desde niño, en comparsas de negros y lubolos.
El cantante y compositor León Gieco entona la canción 'Muriendo de plena'.
Matías Rada y el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi. “Siempre con una nota de mucha alegría. Baile, fiesta, no es lo más común de nuestra idiosincrasia uruguaya, pero es lo que transmitía Rada”, dijo Orsi. “Rada era el más uruguayo de todos, pero también el más diferente”. El mandatario contó que fue muchas veces a escuchar a Rada, pero que en los últimos 10 años estuvieron más cerca, por el vínculo que el artista tenía con el expresidente José 'Pepe' Mujica. “Los últimos meses de Pepe, él no faltaba a las reuniones. No hablaban de política, hablaban de la vida. Le levantaba el ánimo al viejo como si fuera 30 años más joven, una maravilla”. Nota aquí.
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Víctor Claudín
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jueves, agosto 27, 2026
Rubén Rada
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Rubén Rada
El último show de Rubén Rada en Buenos Aires
Al frente de una banda espléndida, el músico uruguayo ofreció en febrero en La Trastienda su cóctel de murga, candombe, rock, bossa nova, funk y fusión, levantando al público y divirtiéndose él también.
Incluso con el telón cerrado, ya había arrancado el festejo. Mientras la banda ajustaba detalles, detrás de bambalinas se escuchó la milenaria clave rítmica: ese patrón asimétrico de cinco golpes, propio de la música afro, que el público acompañó con tres palmadas, secundadas por otras dos. Fue lo más parecido al “¡Ábrete, sésamo!”, porque de inmediato se descubrieron de par en par las cortinas del escenario. Sin embargo, antes que con Alí Babá, Rubén Rada seguramente tenga más empatía con los 40 ladrones. Al punto de que algo de eso sugirió en el inicio del espectáculo. “Me preguntaron cómo se iba a llamar el show, y le puse ‘Tocá, Che Negro Rada’ (título tomado del estribillo de su clásico “Blumana”). Mira qué capo que soy”, ironizó. Para luego adelantar que tocaría los temas que hace tiempo la gente no escucha.
Uno de los mejores y más distintivos músicos uruguayos se presentó en La Trastienda en la noche del miércoles como parte de la serie de shows con la que la referencial sala del barrio de San Telmo se encuentra relanzando su nueva imagen, (sonora y estética), así como su cartelera. Asimismo, se trató del reencuentro del artista con un lugar que curte desde su antigua sede, en Thames y Gorriti, según él mismo dijo, y en el que grabó en 2007, luego de la mudanza a Balcarce 460, el disco doble en vivo Varsovia, firmado junto al bajista Javier Malosetti. De los temas que registró en ese álbum, en esta oportunidad revisitó el mentado “Blumana” y el candombe “Ayer te vi”, con el que el cantante, compositor y percusionista inauguró los 105 minutos de recital.
No obstante, en contraste con el tema original y la versión del disco en directo, esta vez Matías Rada, vástago del candombero, articuló un solo de guitarra eléctrica para el clásico de 1981 cuya construcción nació en el arrebato y terminó en el anhelo melancólico. Fue el primer llamado de atención sobre su habilidad para hacer sonar la viola a su antojo, lo que permitió además que su padre desempolvara posteriormente “Heloisa”. Si bien este temazo de Tótem, grupo fundamental de rock uruguayo de los años 70, surgió a partir de un error, porque el título pretendía tributar a la protagonista del film Orfeo negro (en su momento, el artista entendió que se llamaba así, cuando en realidad su nombre es Eurídice), devino en una de las canciones claves del candombe beat.
Nadie la grooveó tan deliciosamente en el rock de ambas orillas del Río de la Plata como él, inclusive hoy, a sus 82 años. Y lo volvió a dejar de manifiesto en la primera de sus dos fechas de esta vuelta a Buenos Aires (la segunda función estuvo pautada para el jueves). Aunque esto fue nada más que un ápice de esa versatilidad musical que marcó a sus 65 años de trayectoria, porque hay Negro Rada para todos los gustos y edades. Lo corroboró a continuación al despachar la bossa nova “¿Quién va a cantar?”, escoltada por “Terapia de murga”, a la que introdujo afirmando que se trataba de la “primera murga que le canta al amor” (a razón del contenido político y social que caracteriza al género). Levantando al público por primera vez de sus mesas.
Entonces despachó su versión candombera de “11 y 6”, clásico de Fito Páez, advirtiendo que la había destrozado, desatando la risa de la gente. Una de las constantes de un recital cargado de anécdotas. Como cuando compuso “Dedos”, otra de las canciones emblemáticas de Tótem, durante última la dictadura militar uruguaya. Si hace un rato la había rockeado de lo lindo, ahora redobló la apuesta al mostrar el lado más salvaje y áspero del funk, convirtiéndolo en uno de los clímax de la noche. Ahí no sólo se lució de vuelta su hijo Mateo, exprimiendo su viola, para luego completar la narrativa performática con su talk box (pedal de efectos que manipula la voz), sino también su hija Julieta, quien desde los coros le inyectó todavía más urgencia al tema.
En el medio apareció “Candombe para Gardel”, donde el veterano candombero Fernando “Lobo” Núñez dejó de lado su tambor para bailar el final de la canción. A pesar de que “Flowers in the Night” no estaba originalmente en los planes, improvisaron un pedacito, mientras solucionaban un detalle técnico. Siguieron adelante con “Mi país”, dedicada a Víctor Hugo Morales, quien se encontraba entre la audiencia, y después hicieron “Don’t Stop candombe”, donde el jazz fusión y el género afroruguayo consumaron uno de sus tantos idilios. Y, tras sugerir lo que se venía, irrumpió finalmente “Blumana”, eyectando al público de sus asientos y poniéndole color a la celebración en la que se tornó lo que parecía un recital más. Es tan adictivo ese funk a lo africano que se hizo demasiado corto.
En ese instante, cobraron fuerza las remeras que se vieron en la sala tributando a Rada, porque su legado tiene el mismo estatus de lo que consiguieron Fela Kuti con el afrobeat o Bob Marley con el reggae. Lo que el músico uruguayo respaldó inmediatamente con “Rock de la calle”, de su supergrupo La Banda y con la que se dio a conocer en la Argentina. La intensidad que desborda el tema se la dejó picando a Mateo para que volviera a sacarle chispas al instrumento, y por supuesto no dudó en clavarla al ángulo. Con el lugar hecho una caldera, no hubiera venido nada mal que el repertorio continuara andando por ese camino. Pero como sabe que se debe a su público, el percusionista y cantante prefirió ponerle paños fríos al asunto y apelar por un remate más popular.
Siempre sentado al frente de sus tres tambores, y apoyado por una banda espléndida, de la que también fue parte su hija Lucila (estuvo en los coros junto a Julieta), el artista tocó “Cha cha, muchacha”, esta vez apuntando al Caribe, y ahí se quedó para despedirse con “Muriendo de plena”, en sintonía con la revolución que provocó el paso de Bad Buny por Buenos Aires (la plena boricua tiene una importante sucursal en Montevideo). No pasaron dos minutos, y ya el artista estaba de vuelta para consumar el bis con la sensiblera “No me queda más tiempo”. A la salida, sobre Paseo Colón, un trío de chicas aún excitadas con lo que vieron celebraron haber estado en el Luna Park con el que este hijo pródigo de Barrio Sur festejó sus 80 años. Y es que el Negro todo lo que toca lo vuelve leyenda. Nota aquí.
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Alejandro Lerner
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Casapueblo
Hay artistas que se vuelven parte de la vida de un país. Nuestro querido Negro, es uno de ellos.
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Jaime Roos
"Se fue un pedazo del cielo del Uruguay": la despedida de Jaime Roos a su "maestro y héroe" Ruben Rada
Durante años, ambos músicos —emblemáticos para la cultura popular uruguaya— estuvieron distanciados, pero tiempo después se reconciliaron.
El músico Jaime Roos despidió a su "maestro y héroe" Ruben Rada en un mensaje enviado a El Observador tras la muerte del artista, que falleció este miércoles a los 83 años.
"Se fue Rada, mi maestro y héroe, amigo querido. Se fue un pedazo del cielo del Uruguay", afirmó Roos.
Y agregó: "Se hace muy difícil tomar conciencia de que nos hemos quedado sin él. Dolor y angustia. Mis condolencias a su familia y seres queridos".
Ambos músicos estuvieron distanciados durante años, una situación de la que hablaron en su momento. "Con Jaime estuvimos peleados por terceros, por un comentario que hizo un periodista. Un boludo me preguntó en un reportaje '¿tocarías con Jaime?' y dije que no porque tiene una personalidad tremenda y si tocás con Jaime es él el que decide qué es lo que tenés que hacer", recordó años atrás Rada.
Si bien pasaron un "montón de años" —al decir de Rada entonces— tiempo después se reencontraron y se dieron un abrazo.
Ya en 2012 habían tenido una reconciliación televisiva, en el programa Décadas de Canal 12, durante una edición especial. Allí, la conductora Victoria Rodríguez preguntó directamente si ambos habían estado "peleados".
"Peleados no, distanciados … Hubo un distanciamiento tonto", respondió Roos. Y le dijo a Rada: "Vos nunca me hiciste nada a mí y yo no creo haberte hecho nada a ti; y así es muy fácil reconciliarse". Nota aquí.
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Julio Rospir & Santy Pérez
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Gabriel Tuya
Gabriel nos cuenta por Facebook.
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Pablo Sciuto
Se apagó una voz,
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Jorge Drexler
¡Maestro querido!
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Emmanuel Horvilleur
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Quique González & Toni Brunet
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Rubén Rada
Muere Ruben Rada, ícono de la música popular uruguaya
El músico, de 83 años, llevaba un mes internado por una neumonía
Ruben Rada, uno de los músicos más queridos de la música popular uruguaya, murió este miércoles a los 83 años, en Montevideo. “El más carismático, quizás el más querido de Uruguay, el que hacía bailar al pueblo, el que todos cantamos”, dice la cantante uruguaya Ana Prada, aún en shock, con la muerte del artista. El músico uruguayo estaba internado por una neumonía desde hacía un mes; su muerte fue confirmada por las redes sociales de su familia.
El Negro Rada, como le dicen en Uruguay, nació en Montevideo el 16 de julio de 1943. De origen muy humilde, empezó a cantar desde niño, en comparsas de negros y lubolos. “Desde chico cantaba en el Teatro de Verano —un teatro emblemático de Montevideo—; contaba que lo subían al escenario cuando las murgas demoraban. Le decían zapatito. Era entrañable, gigante”, cuenta Prada.
En las entrevistas que daba, siempre recordaba sus orígenes, la extrema pobreza, la discriminación y su forma de vivir siempre con alegría, con humor. “Negro que vivís cantando, negro que vivís soñando. Negro que cantás desnudo”, dice Negro, una de sus canciones más emblemáticas.
Autodidacta, Rada integró bandas emblemáticas del Río de la Plata, como El Kinto, una banda experimental junto a Eduardo Mateo, entre otros, que a finales de los sesenta fusionó el candombe con la música beat. Después vinieron Tótem y OPA.
Rada cantó todos los géneros: tango, milonga, murga, plena, cha cha chá, bossa nova. Carlos Dopico, periodista cultural uruguayo, entiende que el artista alcanzó algo que muchos aspiran, pero no siempre logran, “abrazar la élite y alcanzar la masa”. “Fue una usina, una central nuclear de melodías y ritmos”, dice.
Como solista, desarrolló una carrera prolífica, con canciones que forman parte del imaginario popular uruguayo, como Candombe para Gardel, Manos, Quién va a cantar o Mi país. “Rada introdujo los tambores del candombe en la canción, sus melodías son imbatibles, hermosas”, concluyó Prada, que fue su amiga y cantó con él durante varios años.
El Gobierno de Yamandú Orsi declaró duelo nacional y la Cancillería destacó su rol para difundir la música uruguaya en todo el mundo: “Artista, músico, compositor y referente de nuestra identidad, Rada llevó la música uruguaya más allá de nuestras fronteras, construyendo a través de su obra un puente entre Uruguay y el mundo, y entre nuestro país y las comunidades de uruguayos residentes en el exterior”.
Los uruguayos también evocaron su recuerdo con cientos de mensajes en las redes sociales. “El Negro, el Rey de Uruguay, el Rey de nuestro corazón. Uno de los músicos más importantes del mundo, y sin duda el de mejor humor”, lo despidió la cantora y compositora Daniela Mercury. El club Peñarol elogió a uno de sus hinchas más amados: “Icono cultural de nuestro país, El Negro ha sido desde siempre y será eternamente un abanderado de nuestros colores. Dueño de un carisma único y de raíces profundas, multifacético, querido por todos”.
A través de las redes circuló también una convocatoria para despedirlo en el barrio Palermo de Montevideo este miércoles por la noche. “Llevá tu tambor, el parlante, la música que tengas y vamos a despedirlo bailando”, dice la publicación. El jueves continuarán los homenajes. El velatorio será en el Palacio Legislativo, sede del Parlamento uruguayo. Rada mantuvo su optimismo vital incólume, como dijo en una de sus últimas entrevistas televisivas: “La pelea de la vida fue linda”. Nota aquí.
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miércoles, agosto 26, 2026
Pedro Pastor
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Silvia Pérez Cruz
Silvia Pérez Cruz lleva su canto a una Habana en penumbras
La voz de la cantante española provocó un estado de gracia en una audiencia que logró aliviar por unas horas el dolor de una profunda crisis económica.
Cuba parece estancada en su propia zona abisal, sin visos de emerger a la superficie, desde que Trump impuso la asfixia petrolera y las subsecuentes sanciones al país caribeño; la gente, en su mayoría, ha perdido la noción de los días, debatidos entre resolver necesidades básicas como agua, luz y gas, o llevar adelante el trabajo que permita comprar alimentos. Por eso, cada vez menos gente se permite acudir a la poca oferta de ocio, encarecida, que aún hace vibrar ciertos espacios en las ciudades. Por eso, cuando Silvia Pérez Cruz anunció un concierto gratuito en La Habana, como parte de la gira por Latinoamérica de su más reciente disco Oral Abisal, se desató la euforia entre una parte del público habanero, que vio la oportunidad como un soplo de aire fresco para su sofocante realidad.
Y esos vientos soplaron este 23 de agosto, como un hálito redentor, en esa zona de La Habana Vieja donde se cruzan las calles Cuba y Amargura. Allí se levanta la iglesia de estilo renacentista de San Francisco El Nuevo, entre solares donde habitan decenas de familias hacinadas y joyas arquitectónicas del centro histórico. A las afueras del templo, mientras la tarde empezaba a caer, decenas de personas formaban una nutrida y dispersa cola, una alteración del ritmo cotidiano del barrio, entre familias que salen con sillones a tomar el fresco, en las estrechas aceras o directamente en la calle, otros que juegan dominó, mendigos que deambulan constantemente, basura desperdigada por las esquinas, hombres tirando de carretones repletos de bidones con agua, o la abuela que mandó a sus nietos a un recado y van por la calle, dinero en mano, correteando, apenas vestidos con un short para burlar el calor de agosto.
En medio de todo ese trasiego, quienes esperaban para entrar a la iglesia —al concierto—, parecían una anomalía, un cúmulo de gentiles a punto de disfrutar de un placer culpable. Pero adentro esperaba la gloria prometida de escuchar una voz que pareciera evocar la paz sobrevenida tras cualquier exaltación del espíritu. Y los cubanos conocen bien esa sensación, y la extrañaban, tras la última presentación de Silvia Pérez Cruz en la capital cubana en 2022. Con ese recuerdo vivo, que auguraba la mejor de las veladas, cientos de personas colmaron el interior del recinto, sentados en los bancos, en el suelo, rodeando un escenario improvisado, sitiado por linternas con forma de cirios —que la artista trajo consigo—, a los pies del altar mayor. En el centro, cuatro sillas, una guitarra lista, un micrófono para la voz, un pequeño amplificador y unas flores. Nada más.
Un calor intenso y pegajoso lo inundaba todo, la gente se abanicaba sin cesar, se secaba las gotas de sudor, tomaba agua. Cuando el público se dio cuenta, Bori Alberto (contrabajo), Marta Roma (violonchelo) y Carlos Monfort (violín) estaban dando rienda suelta a la maravilla y una voz, como venida de una realidad insondable, se escuchaba desde lo alto del templo. Silvia Pérez Cruz, vestida de blanco, abrió así una pausa en el agitado tiempo de los cubanos. Nada más importaba a esa hora, ni la crisis endemoniada sin fin, ni los apagones, ni el alto costo de la vida. La voz de Silvia provocó ese estado de gracia en el espíritu de una audiencia que se sintió conmovida con la alegría y la sensibilidad de unos músicos que lograron traducir su declaración de amor en una auténtica celebración musical, donde el público también acompañó muchos de los coros que Silvia, imaginativa e incombustible, les iba lanzando. Nota aquí.
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