lunes, mayo 25, 2026

Milo J & Nito Mestre

 

Benjamín Prado

 


Juan José Millás

 Lo ‘abscreto’ y lo ‘contracto’

Miro ese suelo y ese carro sobre el que reposan los cubos de pintura y se me ocurre que el estudio de Georg Baselitz no fue tanto un lugar de trabajo como un escenario de guerra, no sé si guerra entre la forma y la negación de la forma o una guerra existencial entre el hombre y sus fantasmas. Ahí están también los lienzos amarillos, erguidos como puertas que ¿adónde darán?, ¿a lo abstracto, a lo concreto o quizá a lo abscreto y lo contracto? Da un poco de miedo abrirlas, en fin. “Lo correcto para mí es lo insensato”, solía decir él, al que vemos en una foto obtenida en septiembre de 2025, apenas unos meses antes de fallecer, con 88 años, en abril de 2026. Se trata, pues, de la fotografía de un premuerto. El cuerpo, si se fijan, ya no le pertenece del todo, el cuerpo está en fuga, lo abandona, pero él sostiene la gorra contra el muslo con el ímpetu con el que la sostendría un garfio, como si la gorra fuera la metáfora de su cabeza. Mi cabeza, parecen decir esos dedos de hierro, se irá cuando me vaya yo. Qué lío, el de la cabeza y el cuerpo, ¿no?, cuando se divorcian, como esos violines decrépitos, pero cuyas cuerdas producen un sonido más hondo y verdadero que el de su juventud.

Pienso también en las figuras boca abajo de Baselitz, en esa decisión que tomó a finales de los setenta de invertir el mundo, quizá no tanto para provocar como para averiguar si la realidad resistía ese cambio, si al colocarla del revés se caía como una fruta madura. Tal vez el arte consista en eso: en sacudir el árbol hasta ver qué permanece. O qué se desprende sin ruido. Nota aquí.



Guille Galván

 


Rafael Soler

 


Julio Cortázar

 


Angels Barceló

 

Claudio Marciello

 


Félix Maraña

 LA SANGRE DE PALESTINA

Tiene el color de la muerte
la sangre de Palestina,
ese pueblo que camina
esperando que despierte
la fuerza que reconvierte
y trae solidaridad,
que combate la maldad
del despiado agresor.
Sangre nueva, otro motor
que se llame libertad.
Está el libro en la calle. Pueden dirigirsse a Huerga Fierro Editores
o a su librería de guardia.



Felipe Pigna

 

La Taberna del Gran Burlón

 


Don Segundo Sombra

La Riqueza... es del Diablo...
La Pobreza... es de Dios"
(...decía Don Segundo)
y... es verdad... hay que evaluar la Vida, por "la riqueza" de las experiencias y no por... "la pobreza" de las pertenencias




La Oreja de Van Gogh


 

Vicky Gastelo & Amigos

 


Canvis Nous

 Canvis Nous, la bodega de Barcelona que reivindica el Born: “Por aquí ya casi no pasan turistas, nuestros clientes son gente local”

Con un menú hecho de platillos de temporada y una decoración inspirada en los sitios favoritos de sus socios, es la prueba de que todavía hay espacio para locales con personalidad en la era del turismo global.

Los vecinos la conocen como la calle de la bomba. En Canvis Nous, una callejuela de apenas 100 metros en un rincón del barcelonés barrio de la Ribera, se produjo una masacre hace ahora siglo y pico. El jueves de Corpus de 1896, una célula anarquista liderada (presuntamente) por un obrero local de origen marsellés arrojó un explosivo de fabricación casera al paso de una procesión matando a una docena de feligreses de la cercana parroquia de Santa Maria del Mar. Hoy, Canvis Nous es una calle de una placidez bovina y parcialmente gentrificada, en la que empiezan a proliferar las galerías de arte contemporáneo y las tiendas de servicios informáticos.

Hace un par de años aterrizó en este lugar de las inmediaciones del Born la nueva bodega Canvis Nous, creación del colectivo Natural Wine Company. Empezaron, según nos explican dos de sus integrantes, Alfredo Lopez y Nacho Alegre, ofreciendo degustaciones de su amplio surtido de vinos naturales, es decir, obtenidos con la mínima intervención posible, sin clarificar, sin filtrar y sin añadir sulfitos. Por entonces eran alrededor de 200 referencias y hoy son ya más de 300.

Pronto constataron, tal y como explica Lopez, que la cultura del tapeo y el maridaje tiene mucha fuerza en Barcelona y que el trasiego de buenos vinos apenas se concibe si no es acompañado de comida con sustancia. Así que, en compañía de su nuevo socio, el empresario hostelero británico Frank Boxer, contrataron a un chef, el manchego (de Sonseca, Toledo, tierra de mazapanes) Miguel Rojas. Con él al mando de la minúscula cocina, añadieron a las gildas, olivas, mojamas de atún y tablas de queso un completo surtido de platillos de temporada que se renueva cada par de meses. Nota aquí.









Maggie Cullen

 


Tute

 


domingo, mayo 24, 2026

Destilerías Ovalle

 ¿Escocia o Irlanda? No: Galicia ya quiere jugar en la primera liga del whisky

Destilerías Ovalle, en Meaño (Pontevedra) apuesta por envejecer el destilado en barricas de vino ligadas al Camino de Santiago.

“Sin desmerecer a nadie, Galicia lo tiene todo para ser tierra de whisky, como lo son Escocia o Irlanda. Tenemos los cuatro ingredientes principales: el cereal, la madera, el agua y el clima”, explica Juan Ovalle Rodríguez Marqués (Santiago de Compostela, 58 años), uno de los socios de Destilerías Ovalle, un proyecto que nació en 2011, inicialmente en Sanxenxo (Pontevedra), pero asentado ahora en Meaño (Pontevedra). Pertenece a la cuarta generación de una familia con tradición vinícola desde 1888, tanto en las Rías Baixas como en El Bierzo. Detrás está la familia Rodríguez Ovalle, creadora de la marca de aguardientes y licores elaborados con orujo gallego Ruavieja, que, tras formar parte de la empresa malagueña Larios, pasó a integrarse en 2001 en el grupo francés Pernod Ricard.

“Mi padre, Luis Rodríguez Marqués, fue el gran impulsor de los orujos de Galicia y siempre hemos estado vinculados a los destilados. Yo, aunque estudié Derecho y ejercí la abogacía durante un tiempo, he desarrollado proyectos y asesorado a destilerías en Polonia, Brasil, Francia, México y Estados Unidos, e incluso desarrollé una marca de ginebra gallega”, recuerda sobre sus inicios Rodríguez Marqués, que adoptó como segundo nombre de pila Ovalle “para que no se perdiera nuestro apellido”, además de bautizar así a la destilería, creada junto a un socio, el empresario gallego José Manuel Brandariz, presidente de la Asociación de Empresarios Gallegos en Estados Unidos. Fue precisamente rebuscando en el legado familiar cuando decidió aprovechar 70 barricas que aún conservaba y en las que su progenitor envejecía aguardiente añejo. “Quería probar cómo podía quedar el whisky en esa madera, además de cómo se comportaba el envinado, y no tanto dar prioridad a la cebada, el trigo, el maíz o el centeno, porque lo que hace al whisky diferente es haber pasado tres años en una barrica”.

El siguiente paso lo dio cuando se dio cuenta de que podía crear una marca ambiciosa, dejando a un lado la madera con olor a orujo y teniendo en cuenta que Galicia dispone de una de sus señas más internacionales, con permiso de Zara, como es el Camino de Santiago. Optó por comenzar a envejecer el whisky en barricas de roble vinculadas a la ruta jacobea: de albariño y de la Ribera del Duero. De ahí surgieron los dos primeros destilados: Gold, afinado en barricas de vino blanco, y Ruby, en madera de vino tinto. El precio de cada uno de ellos es de 49,50 euros. Tanto el vidrio como las etiquetas son reciclados, y el corcho es de carbón activo. “Hacemos whiskies frescos, pensados para los nuevos consumidores, como las mujeres, los mileniales y la generación Z, que quieren beber menos y beber mejor. Queremos ser el whisky de entrada a este mundo”, añade. Este año tienen previsto elaborar 20.000 botellas, de las cuales el 80 % se destinarán al mercado nacional y el resto se venderá en Latinoamérica, especialmente en Argentina.

El tercer whisky que elaboraron lleva el nombre de Bateeiro, en homenaje a los hombres y mujeres que trabajan en embarcaciones de madera al servicio de las bateas dedicadas al cultivo de mejillones. Está afinado en madera de castaño gallego, con barricas fabricadas en Andalucía y envinadas con vino oloroso y Pedro Ximénez. “Es algo único, que no se hace en ningún otro país, y el resultado es una experiencia sensorial diferente”, agrega Rodríguez Marqués. Para este año tienen previsto sacar al mercado 15.000 botellas, a 39,50 euros cada una. Nota aquí.





Ismael Serrano

 

Luis Quintana

 


Javier Cercas

 Instrucciones para cambiar el mundo

Todo se repite en la historia, la política y la moral, a diario se modifican las formas, pero el fondo es siempre el mismo.

Los periódicos nos engañan, la actualidad miente: cada día, a todas horas, por todas partes parecen ocurrir cosas originales e inesperadas, hechos nunca vistos, acontecimientos insólitos. Tenemos la impresión de que el presente vive en ebullición y el mundo es un lugar en cambio constante, que a todas horas se reinventa a sí mismo, donde la realidad es siempre inédita. Por supuesto, es un espejismo: quien ha vivido un día los ha vivido todos. Que yo sepa, nadie lo entendió mejor que Marco Aurelio, emperador de Roma y uno de los hombres más sabios que en el mundo han sido. “El que ha visto lo presente, lo ha visto todo”, escribió a mediados del segundo siglo de nuestra era: “lo que hubo en el pasado indefinido y lo que habrá en el futuro interminable, pues todo tiene el mismo origen”.

Los antiguos imaginaban el tiempo como un círculo, en el que todo reaparece y cíclicamente se repite; nosotros, marcados por la muerte y resurrección de Cristo, que constituyen hechos irreversibles, lo entendemos como una flecha lanzada por un arco. “Vivir es ver volver”, escribió Azorín recordando a Nietzsche, quien rescató la concepción del tiempo de la Grecia antigua (Eterno Retorno, la llamó). Todo ha ocurrido ya muchas veces, pero olvidamos con facilidad, y de ahí que todo nos parezca novísimo, inaudito; además, leemos poco y mal, así que repetimos una y otra vez los mismos errores. Los periódicos nos engañan, la realidad es una tramoya: no es la primera ocasión en que Rusia invade Ucrania, la guerra de Irán ha estallado muchas veces y el mundo ha caído muchas veces en manos de un ególatra desquiciado y rodeado de una banda de aduladores, maleantes y arribistas. Es verdad que, contra lo que parece, o contra lo que puede sentir quien vive el presente sin el pasado, el mundo de hoy no es peor que el de ayer; al revés: es un hecho que hoy se libran menos guerras que nunca y que existe menos violencia, menos pobreza, menos analfabetismo o menos mortandad infantil que nunca. Pero también es verdad que los seres humanos somos más o menos como siempre hemos sido: jamás han abundado entre nosotros la bondad ni la rectitud ni el altruismo ni el coraje ni la inteligencia; en cambio, convivimos a diario con la maldad, la mentira, la cobardía, la envidia, el odio, la estupidez. Para ser consciente de ello no es preciso ser pesimista: basta con una cierta dosis de realismo. Quienes estamos biológicamente incapacitados para adquirirla sobrevivimos como podemos, inoculándonos a diario los antídotos que suministran los sabios, contravenenos idénticos porque el problema siempre ha sido idéntico e idéntica la forma de solucionarlo, o de intentar protegerse de él. Marco Aurelio urge a refugiarse en el “soberano interior” (el “dios interior”, lo llama también), un reducto íntimo, invulnerable al mal y los vaivenes de la fortuna, al que uno siempre puede retirarse y vivir libre de inquietud y de tormento, alejado del ruido hueco que nos rodea; pero, si bien se mira, ese fortín feliz, recóndito y blindado del emperador pagano no es muy distinto del Dios católico de Teresa de Ávila, al menos tal y como aparece en un poema justamente memorable que es también una oración para desamparados: “Nada te turbe, / nada te espante, / todo se pasa, / Dios no se muda; / la paciencia / todo lo alcanza; / quien a Dios tiene / nada le falta: / solo Dios / basta”. Es muy improbable que la santa castellana leyera al estadista romano, pero su soberano exterior se asemeja al soberano interior de aquél como una gota de agua a otra.

Vivir es ver volver, todo se repite en la historia, la política y la moral, a diario se modifican las formas, pero el fondo es siempre el mismo, los seres humanos somos lo que somos y, ya que es muy difícil cambiar el mundo —­no podemos impedir las invasiones ni terminar con las guerras ni mandar al cubo de la basura a los gobernantes tarados—, al menos cambiemos nosotros, que es la única forma que tenemos de cambiar el mundo. No sé cómo dijo esto santa Teresa; Marco Aurelio lo dice así: “Es ri­dícu­lo no protegerse de la propia maldad, lo que es posible, y hacerlo de la de los demás, lo que es imposible”. Nota aquí.



Andrés Suárez

 

Lydia Cacho

 


Bar Jota

 El Bar Jota cumple 90 años de leyenda cervecera entre tanques y tradición

Esta taberna emblemática de Sevilla, que cuenta con la tercera generación familiar tras la barra, se mantiene fiel a su esencia.

En la época de los gastrobares, de los decorados prácticamente calcados, de las plantas replicadas de un local a otro y de las cartas que tienen de todo menos personalidad, se agradece cuando toca volver a alguna taberna emblemática de la ciudad. No es fácil mantener la esencia en estos tiempos que corren. Y mucho menos, ser fieles a la tradición pero, los que lo consiguen, tienen la suerte de celebrar cumpleaños muy elevados, como es el caso del Bar Jota, que está de aniversario por sus 90 años.

Aquí, nada más entrar, uno respira sevillanía. En las paredes, cuadros y fotografías antiguas sin un orden preestablecido. En el suelo, ese serrín tan de las tabernas de nuestra tierra. Y de frente, una barra de chapa con un buen tirador de Cruzcampo. No hace falta más —ni menos, que bastante complicado es tener todo esto— para que un negocio hostelero triunfe. Desde mayo de 1936, cuando abrió las puertas de la mano de José Martín Ruiz, estas son las señas de identidad de uno de los templos cerveceros que ya es leyenda de la ciudad.

El tanque de cerveza frío y bien tirado —para algunos, la mejor de Sevilla—, la idiosincrasia de los clientes y la apuesta firme por mantener la esencia han hecho posible que el Bar Jota no sólo haya llegado a los 90 años de vida, sino que lo haya conseguido prácticamente sin cambiar, como explica Alejandro Martín, tercera generación del negocio y nieto del fundador: «El sevillano sigue buscando esto. Sobre todo, el tradicional. Tengo una clientela que mayoritariamente son parroquianos, ya que vienen todos los días. Tienen una edad más alta, pero no fallan. Pero el sevillano tradicional sigue buscando los bares tradicionales. Eso es costumbrismo. Algunos de los clientes llevan viniendo aquí más que yo, son como amigos, conozco a sus familias. Hay gente que viene desde los tiempos de mi tía Mercedes Martín».

Y es que la familia Martín es fundamental para comprender la historia de este emblemático bar, aunque desde 2018 esté gestionado por los hermanos Giráldez. «Mi abuelo, en gloria esté, era de El Viso y, tras trabajar de capataz en una finca de Lebrija, cogió un dinerillo y abrió el Bar Jota en 1936, ya que su pueblo tiene mucha tradición hostelera y es muy emprendedor. Creo que influye mucho la familia, es algo fundamental en la vida. Mi tía estuvo trabajando con mi abuelo hasta que éste falleció, y yo estuve trabajando con ella hasta que murió, así que los conocimientos que tengo son los que me enseñaron ellos dos. Esto siempre ha sido familiar. Yo llevo trabajando aquí desde el 10 de septiembre de 1989 y, aunque ahora hay otros gerentes de la empresa, la esencia nunca se ha perdido. Las características del establecimiento se han mantenido durante todo este tiempo. Los azulejos, la barra… todo es del año 1936, esto ha cambiado muy poco. Menos el servicio de señoras, que no había hasta 1991 y se puso con motivo de la Expo, el resto apenas ha variado», explica Alejandro desde la barra.

Bar Jota: poca comida y mucha cerveza

En el Bar Jota la carta es corta, casi inexistente, aunque algo se puede comer para acompañar, pero la realidad es que el sevillano acude a este local en busca de la cerveza. Aquí la Cruzcampo es una institución y, aunque muchas veces se ha dicho que tienen algún que otro récord de barriles tirados por día, lo cierto es que no les gusta hablar de cantidad, sino de calidad. Priman que esté buena por encima de vender más litros: «Lo que sí digo es que la instalación que tenemos aquí, no la tiene nadie en Sevilla. Y el tiempo que le dedicamos nosotros a la cerveza, pocos se lo dedican. Hay que estar muy pendientes, no es sólo abrir el grifo y se acabó. Hay muchas cosas detrás. ¿El secreto? No se puede contar, yo no sé nada (risas). Tenemos el bacalao y la mojama, que son cosas que se han puesto de toda la vida. Mi abuelo lo puso prácticamente desde que abrió el bar, pero en los años 30 y 40 no lo cobraba. Luego España empezó a mejorar en los años 50, empezó a despegar y el bacalao ya no se podía regalar, ya que subió de precio. Así que mi abuelo empezó a cobrarlo. Aparte tenemos frutos secos, patatas fritas, chacinas, la tapa del día que pueden ser avellanas o aceitunas. La carta es cortita, pero es que aquí el que viene a tomar cerveza. Es como el que va a una bodega de Jerez, que va a tomar vino. Pues aquí vienen a tomar cerveza. Come algo, pero viene a por la cerveza».

Parroquianos, futbolero, toreros y moteros

La familia Martín fundó y mantiene vivo al Bar Jota pero, sin duda, los verdaderos protagonistas son sus parroquianos. Este negocio cuenta con personas que van a diario y que pertenecen a cualquier sector de la sociedad. Aficionados al fútbol —el estadio del Sevilla está muy cerca— y al toreo son habituales. También moteros, de hecho sigue siendo lugar de reunión los jueves para los amantes de las dos ruedas. Y el motivo de esta fidelidad está claro para gente como Paco Gómez y Fernando Cobo, dos clásicos del lugar: «Venimos desde tiempos inmemoriales. Tenemos una edad ya, así que puede hacer perfectamente 30 años. Aquí nos atienden muy bien. Y, además, de siempre. Tanto cuando estaba la tía de Alejandro, como hasta ahora que están los hermanos Giráldez. Estamos aquí como en casa. Con asiduidad, desde la jubilación, venimos todos los viernes, algún día suelto y cuando volvemos de los partidos del Sevilla en el Sánchez-Pizjuán».

Tanto Paco como Fernando tienen claro por qué no fallan al Bar Jota: «Primero, por el material. La cerveza está muy buena. Alejandro no quiere contar el secreto, dice que es cosa de su abuelo. Yo sólo digo que, al darle un buche, se te queda una corona de espuma en el vaso. Eso no lo encuentras en otros lados, yo lo he comprobado y discutido con muchas personas. Y también mantiene la frialdad de la cerveza hasta el último buchito. Eso es fundamental para nosotros. Y luego porque es un centro de reunión de los amigos, porque te tratan bien, está la iglesia de San Benito al lado y por el buen tiempo que tiene Sevilla. Desgraciadamente, ya quedan pocos sitios como este. Estaba la taberna de nuestro querido Pepe Yebra, que era un referente en Sevilla. Siguen El Tremendo, El Coronado y El Vizcaíno. Luego, si te vas al barrio de Santa Cruz ya ves a los guiris invadiéndolo todo y habrá gente a la que le gusten los gastrobares. A nosotros nos gustan más las tabernas como estas». Nota aquí.






Rosa León & Ana Belén

 

David Uclés

 


Xoel López

 Xoel López en los conciertos de EL PAÍS: “Una parte de mí escucha a Bob Dylan por enésima vez y otra se compra el último disco de Rusowsky”

El gallego presentó su último trabajo, ‘Oniria Popular’, en un encuentro exclusivo ante más de 300 lectores del diario

Cuando tenía 18 años, Xoel López (A Coruña, 48 años) despertó con una melodía y una letra en la cabeza. Fue la primera vez que soñó con una canción, que después compuso y grabó. Luego llegaron más. Componer ha sido para él siempre un proceso misterioso. Lleva haciéndolo tanto tiempo —más de 30 años— que, como reconoce, “no hacerlo supondría un esfuerzo”.

El artista participó en los Encuentros EL PAÍS para presentar su nuevo álbum, Oniria Popular, en una conversación moderada por la periodista de Cadena SER Laura Piñero. Durante el evento, López estrenó un nuevo formato a trío, acompañado por Adrián Seijas y Alejandro Ovejero, que los lectores de EL PAÍS pudieron disfrutar en exclusiva. Ya puedes ver en vídeo la entrevista y el concierto que ofrecieron los músicos. Los Encuentros EL PAÍS forman parte del programa de fidelización para suscriptores EL PAÍS+.

El decimoséptimo álbum de estudio de Xoel López ha llegado casi sin buscarlo. Oniria Popular vio la luz el pasado 17 de abril y el artista confesó que aún “sigue descubriéndolo”. Surgió como un rayo mientras trabajaba en un proyecto especial de aniversario. Su mánager, Joaquín Martínez Silva —con quien trabaja desde 2001—, le propuso crear un par de temas nuevos. Cuando López se quiso dar cuenta, había compuesto un disco entero: “Después de tantos discos y canciones, ya no tengo miedo al folio en blanco”, reveló.

Su nuevo trabajo parte de una ensoñación. “Creo que todas mis canciones beben del inconsciente, soy muy freudiano”, explicó. “Mi mundo emocional adulto es onírico. Cuando sale en forma de canción me doy cuenta de que se convierte en algo colectivo”. Aquí el origen del título del disco. Sobre el proceso creativo, añadió que “te permite llegar a rincones de tu ser a los que no accederías en lo cotidiano”. Confesó que “componer es el sentimiento más bonito” de su carrera. Lo comparó con la pesca, una actividad que practicaba con su tío cuando era pequeño: “No sabes cuándo va a venir ni dónde está esa canción. Es algo que persigues. Yo estoy siempre, digamos, con la caña puesta”, señaló. Nota aquí.





Nadia Álvarez

 

ética y poética

 


Fabián D. Cuesta

  "Hubo un momento en que ni la música, ni las películas, ni los libros funcionaban ya como escudo"

Siete años después de su último disco, el cantautor leonés regresa con ‘Estar fuera’ (La Viejita Música, 2026), un álbum grabado junto a Juan Marigorta que nació en el peor momento y llegó al mundo en el mejor. Una conversación sobre el silencio, los pájaros, Baltimore y la decisión de no competir en el streaming.

Para entender lo que significa 'Estar fuera' hay que aceptar primero el peso de los siete años. No como cifra, sino como materia: siete años en los que Fabián D. Cuesta siguió produciendo música para otros en el estudio de Juan Marigorta, siguió escuchando o dejando de escuchar, siguió viviendo —y en algún momento dejó de poder hacerlo del modo habitual. Hay una frase en la carta que acompaña al disco, subrayada con signos de exclamación como si incluso a él le sorprendiera reconocerlo: ¡siete años! No es nostalgia lo que transmite, sino algo más cercano a la incredulidad.

El resultado de ese paréntesis forzado —y luego elegido, y luego superado— es un disco de diez canciones que suenan inconfundiblemente a él. Pájaros observadores, estibadores en Baltimore que sueñan con mujeres desde las grúas del puerto, rayos que atraviesan tardes sin resolver. Juan Marigorta firma la producción y coescribe una de las canciones, y hay en el sonido esa comodidad de quienes llevan años creciendo juntos sin necesidad de explicarse demasiado.

Estar fuera llega completo desde el primer día en vinilo y descarga digital. En Spotify, sin embargo, aparecerá canción a canción durante meses: una cada cinco semanas. Es una postura clara, casi un manifiesto, de alguien que volvió a la música cuando por fin volvió a ser suya.

¿Hubo un momento concreto en que supiste que se había acabado el paréntesis, o fue algo que simplemente ocurrió sin que te diera tiempo a darte cuenta?

Tuvo mucho que ver la gente que me rodea y me quiere, que está conmigo en el día a día. Juan me animaba constantemente a grabar... De vez en cuando voy a su estudio a producir canciones de otros artistas, y él siempre acababa diciéndome que ya era hora de retomar las mías. El resto de mi banda también me lo comentaba. Mi familia, mi pareja... compañeros de profesión que me escribían para preguntarme por esas nuevas canciones. Durante mucho tiempo sentí que no tenía nada más que aportar, pero poco a poco me fui ilusionando con las grabaciones, y al final nos ha quedado un disco muy bonito que merece la pena compartir.

Escribes en la carta que llegó un momento en que ni las películas, ni los libros, ni la música funcionaron como escudo, y que tuviste que buscar ayuda. ¿Cómo se escribe una canción cuando ya no puedes usarla para refugiarte en ella?

Es complicado. Las canciones son una parte importantísima de mi vida desde siempre. Me han servido de refugio, de bálsamo, de acicate... pero hubo un momento en el que ya ni siquiera escuchaba música. Me provocaba rechazo ponerme un disco o hablar de tal o cual artista. Creo que todo eso tuvo que ver con la industria, con saber cómo funciona y sentirte un extraterrestre en medio de todo ese lío. Me llevó un tiempo apartarme y volver a disfrutar de la música desde otro sitio.

Empiezas el disco con una canción que lleva tu propio nombre en el título. ¿Por qué tantos pájaros, Fabián? Es casi como si alguien desde fuera te estuviera haciendo una pregunta incómoda.

Es que es una pregunta que me suelen hacer habitualmente y con razón, porque en mis canciones hay mirlos, gorriones, pájaros que despegan entre las flores, aves del sur... de todo. Me hacía gracia responderla en una canción y darle al pájaro el papel de observador e identificarme con él. Un animalillo que lo observa todo desde fuera y lo apunta en su libretina.

Estibadores en Baltimore es la canción que más sorprende del disco, la que más se sale del registro íntimo del resto. Un tipo en una cabina de plástico soñando con una mujer desde el puerto. Es una imagen muy cinematográfica, muy americana. ¿De dónde sale Baltimore?

Esa canción es, probablemente, la más antigua del disco. La empecé cuando vi The Wire hace un montón de años. Creo que era la trama de la segunda temporada la que transcurría en los muelles de Baltimore, con Frank Sobotka, que era el líder sindical del puerto, y que, obligado por las circunstancias, toma unas decisiones terribles. El protagonista de mi canción no llega a tanto, pero por ahí se mueve. Nota aquí.



Guille Galván

 

Marta Kayser

 


Ramón Serrano

 HIBISCO

Hace unos 25 años mi hijo Juan regaló a su madre Carol un arbusto Hibisco que da flores muy vistosas denominadas Rosas de China. Entre toda la familia lo cuidamos.
Al dejar yo Calella de Palafrugell por razones de edad Juan se llevó el Hibisco a su pueblo, en las estribaciones de la España vaciada, a unos 360 kilómetros de su hábitat natural. Enfermó y estuvo en las puertas dela muerte. La vida venció en esa lucha
Ahí está, hermoso de hoja verde. Pronto llegarán las rosas de China, de un rojo reluciente. Son preciosas , brillantes y esplendorosas ,de vida corta, un día, pero muy abundantes. Ya llegaran. Paciencia.



Chambao

 


Silvina Moreno

 

Alejandra Pizarnik

 


Fede Comín

 


El Roto

 


sábado, mayo 23, 2026

Rodolfo Serrano

 Estaremos también en la derrota

A Juan Barranco
y a Esther
(Habitación 205)
Si acaso, cuando todo se derrumbe
y el polvo cubra el tiempo y lo que fuimos
y quede en el recuerdo oscura sombra,
estaremos ahí, ya en la derrota,
pero siempre en el lado de la vida.
Dispuestos todavía, aunque la lucha
dejara piel y carne en los escombros.
De gloria solo fuimos un relámpago,
mas soñamos que aún nos enfrentamos
al último combate de la vida.
No importa lo que somos. Lo que importa,
en esta hora de sombra, es lo que fuimos.
Que nos juzguen, si acaso, por los pasos
que, al final, se llevaron a la nada
nuestras ansias de ser luz en la noche.
Es verdad que aceptamos mansamente
el yugo del vencido y, resignados,
dejamos que murieran nuestros sueños.
Pero siempre guardamos en el pecho
la esperanza de volver al paraíso.
Y aquí estamos ahora. Ya sabemos
que lo perdimos todo en los rincones
más sórdidos y oscuros, en el miedo
al olvido y la derrota. Ahora lloramos
la pena del exilio y el fracaso.
(Pero la vida sigue a nuestro lado)
Foto de Raul Cancio.



Agustín Lombardini