lunes, junio 01, 2026

Homenaje a Pablo Guerrero

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Hay noches que trascienden lo musical y se convierten en memoria compartida. El pasado sábado, la Escuela de Caminos de Madrid acogió un homenaje a Pablo Guerrero que fue mucho más que un concierto: fue un acto de amor, gratitud y reconocimiento hacia uno de los grandes bardos de nuestra tierra.
El patio de butacas, repleto hasta donde alcanzaba la vista, habló por sí solo. Un calor sofocante —aunque finalmente soportable— acompañó la velada, pero nadie parecía dispuesto a ceder un ápice de atención o emoción. Porque lo que allí se celebraba merecía cada minuto, cada aplauso y cada gota de esfuerzo.
Pablo Guerrero, el hombre que amaba los silencios, no era únicamente un cantor. Era poeta, conciencia y delicadeza hecha palabra. Un creador que supo convertir la ternura, la denuncia, la memoria y la esperanza en canciones que forman parte de la educación sentimental de varias generaciones. Su voz y su poesía han caminado siempre lejos del ruido fácil, abrazando la honestidad y la belleza de lo esencial. Hablar de Pablo es hablar de dignidad artística y humana.
Más de treinta intervinientes dieron vida al tributo. Cantantes, músicos, poetas y colaboradores que ofrecieron su tiempo y su talento desde el altruismo más generoso y desde un afecto sincero hacia el poeta pacense. Algunos recorrieron más de 600 kilómetros para estar presentes, un gesto que explica mejor que cualquier discurso la dimensión emocional y humana de este encuentro.
Porque estos homenajes no se sostienen sobre intereses ni comodidades; se levantan gracias al trabajo invisible, a la voluntad compartida y al cariño por quien merece ser celebrado en presencia y en ausencia.
Como ocurre en cualquier empresa colectiva y apasionada, hubo errores y también algún encontronazo organizativo, tanto en los días previos como durante el propio tributo. Sería ingenuo negarlo. Quizá, además, el formato estuvo por momentos algo encorsetado debido a la gran cantidad de intervinientes, lo que inevitablemente limitó espacios para la improvisación y esa naturalidad que tantas veces engrandece los encuentros nacidos desde la emoción y la complicidad artística. También echamos de menos la presencia de algunos cantores que, por trayectoria, afecto o vínculo con la obra de Pablo, muchos pensamos que debieron haber estado. Creemos sinceramente que no hubiera costado nada dejar el tiempo necesario a F.G Lucini para emocionarnos con su semblanza de Pablo, con el que tanto compartió.
Pero quizá ahí reside también una de las enseñanzas de la noche: al final persisten la buena voluntad, el trabajo intenso y el deseo común de construir algo digno.
Y sí, pese a las imperfecciones inevitables, nosotros si creemos que estos homenajes son necesarios.
Necesarios porque recuerdan quiénes somos y de dónde venimos. Porque ponen rostro al compromiso cultural y humano. Porque celebran la poesía en tiempos de prisa y superficialidad. Y porque permiten que una comunidad entera vuelva a abrazarse alrededor de canciones que siguen diciendo verdad. Y más si están en torno al gran Pablo Guerrero.
Tal vez este homenaje no sea el más rotundo —quizá Pablo aún merezca muchos más—, pero fue honesto, emocionado y profundamente humano. Un homenaje digno a Pablo, aunque probablemente no el definitivo.
Y eso, al final, es lo que permanece.
Gracias, Pablo Guerrero, por tanta poesía y tanta canción. Y gracias a quienes hicieron posible que, por unas horas, volviéramos a abrazarnos.





































Los Pérez García

 


Fito Páez

 

Alejandra Pizarnik

 


Lisandro Aristimuño

 


Tute

 


domingo, mayo 31, 2026

Ferran Exceso & Fran Mariscal

 

Paco Ramos

 


Natalia Lafourcade

 Natalia Lafourcade en el Gran Rex: celebrar la canción

La excusa era presentar su reciente disco “Cancionera”, pero la cantautora de Veracruz fue más allá con un espectáculo que apuntó a la sensibilidad profunda de las melodías.

Natalia Lafourcade siempre parte desde la raíz. Desde la esencia, lo primordial, lo primigenio. Con sutileza y profundidad, la cantante y compositora mexicana presentó en Buenos Aires su espectáculo Cancionera con dos funciones agotadas -viernes y sábado- en el Gran Rex. Como si se tratara de una obra teatral, el concierto fue transitando por diferentes momentos en la vida del personaje central: la cancionera. Durante dos horas, la artista abordó con su canto tópicos fundamentales como el nacimiento y la muerte, el amor y sus desencuentros, las dichas y los dolores.

“Los invitamos a estar profundamente presentes. Entramos en un tiempo en donde todo se transformará: el universo de la canción”, anunciaba minutos antes del comienzo del show una voz que se presentaba como Radio Cancionera y proponía apagar las pantallas y conectar con lo que sucedería en el escenario. Con una puesta escénica mínima -una mesa, un maletín, un velador, algunos adornos- y una luz tenue que iluminaba a la artista, Lafourcade salió a escena y se sentó al piano. Sin saludos protocolares y vestida con un traje negro y blanco pintado a mano, la cantautora se dispuso a interpretar tres canciones al hilo, todas hilvanadas entre sí: “Vine solita”, “Muerte” y “Pajarito colibrí”.

De fondo se escuchaban el sonido de los pájaros y el susurro de un ambiente rural. Como en un concierto de música clásica, el público tuvo que esperar hasta que la artista hiciera una pausa para aplaudir. Hace tiempo que la mexicana se encuentra en una cruzada no solo para rescatar las raíces de la música folklórica latinoamericana, sino también para conectar con el silencio, la esencia y los misterios de la canción. “Todo va a estar bien, pajarito colibrí/ Ya no tengas miedo de vivir/ Todo va a estar bien, pajarito colibrí/ Tú llegaste al mundo para ser feliz”, cantó con profundidad.

Entonces sí, dio lugar a los aplausos, saludó al público y anticipó lo que iba a pasar. Dijo, por ejemplo, que las canciones fueron brotando de la madera de la guitarra. “En medio jardín ha crecido la música de flor en flor”, confesó frente a 3200 personas. “Estoy aquí para celebrar el camino de la canción. La canción que es una compañera, una cómplice, una amiga. La idea es volver al origen y desnudar la canción. En este concierto podemos desahogarnos; podemos cantarle al amor, al desamor y a lo que pesa y duele. ¡Benditos sean los cancioneros y cancioneras qué me han inspirado! Sé que ustedes son amantes de la música sentida!”, presentó. “Estoy ansiosa y feliz de estar acá parada en el escenario después de tanto tiempo. ¡Vivan todas nuestras banderas latinoamericanas!”, agradeció, con una cámara de mano filmando al público.

Si bien el último disco se titula Cancionera (2025) y también así se denomina la gira que la trajo a Buenos Aires, lo cierto es que se trata más de una búsqueda conceptual que de una presentación de disco. En el espectáculo apenas suenan cuatro canciones del último álbum y es más bien una excusa para brindar un homenaje a la canción a través de un recorrido por las obras más representativas de su trayectoria, como “Nunca es suficiente”, “Lo que construimos”, “Tú si sabes quererme”, “Mi tierra veracruzana” y el ya clásico latinoamericano “Hasta la raíz”.

Luego, en clave guitarrera, se movió hacia otro sector del escenario y al lado de una especie de muñeca roja -un alter ego, quizás-, tocó la yupanquiana “Cancionera” y “Mascaritas de cristal”, dos canciones que reflexionan con espíritu crítico sobre la industria musical y el oficio del cantor. “Cancionera, canta, canta, canta libre al viento/ Cancionera, canta siempre, siempre tu verdad”, entonó y alertó sobre “las delicias de la fama”. Con el bandoneonista argentino Gabriel Merlino, Lafourcade ofreció una versión con arreglos tangueros del tema “De todas las flores” y levantó el pulso del concierto con “María la curandera” y “Soledad y el mar”, con una botella de mezcal en la mano. “Que se vuelvan polvo todos los dolores/ Que los queme el fuego y vengan nuevas flores”, cantó como en un exorcismo.

En un clima de intimidad, entregó una versión lenta y acústica de “El lugar correcto”. Entonces, se permitió nuevamente dialogar con el público y agradecer la calidez y el cariño de siempre. “Me gusta ser una mexicana”, deslizó, orgullosa de su identidad, y recibió de regalo una bandera de Argentina, que acomodó con suavidad sobre sus piernas para seguir cantando. “Quiero mucho a esta tierra. He venido desde muchos años atrás y tengo amistades, experiencias y memorias. Vine desde niña y no entendía un carajo sobre ser cancionera y sobre la industria musical. ¿Qué es la industria musical? Esta canción habla sobre caminar bonito, la compuse en un viaje que hice a Perú. Ahí aprendí a caminar con piedras en el camino. Es una canción de amor y de complicidad a los lugares donde uno quiere volver y Argentina es como mi casa, por eso se las quiero dedicar”, dijo antes de “Caminar bonito”.

Luego de un bloque dedicado al amor y sus desventuras -“el inframundo”, dijo-, que incluyó clásicos de su repertorio como “Cómo quisiera quererte”, “Nunca es suficiente”, “Lo que construimos”, “Para qué sufrir”, “Mi manera de querer” y “Tú si sabes quererme”, llegó el turno de una de sus canciones más sociales y políticas, “Derecho de nacimiento”. “Voy a crear un canto para poder exigir/ Que no le quiten a los pobres lo que tanto les costó construir/ Para que el oro robado no aplaste nuestro porvenir/ Y a los que tienen de sobra nos les cueste tanto repartir”, cantó sin vueltas mientras golpeaba con fuerza su guitarra. Mientras bajaban de las plateas algunos gritos de “Fuera Milei”, Lafourcade remató desde el escenario: “¡Viva el amor, viva la paz!”. Nota aquí.



Edgar Oceransky & Fran Perea

 

Alberto Ballesteros

 


Sole Giménez

 “Defiendo a capa y espada a Palestina, que está sufriendo esta barbarie, esta injusticia”

Hace ya más de 20 años que eligió tener una carrera propia, terminando con Presuntos Implicados. Ahora regresa con nuevo disco ‘Ser humano’

Es una de las grandes voces de la música pop española, y también una de sus más grandes luchadoras. Hace ya más de 20 años que Sole Giménez eligió tener una carrera propia, terminando así su etapa con Presuntos Implicados. Renunció a los privilegios que le venían dados por años de éxitos y emprendió un nuevo camino a través del cual ha transitado por sus géneros favoritos (chanson, jazz latino), y haciendo discos reivindicativos como los fueron los dos volúmenes de Mujeres de música, dedicados a divulgar la importancia de las compositoras. Actualmente goza de la popularidad que proporciona la televisión, como participante en el programa Tu cara me suena. Pero la música sigue siendo su principal ocupación. Hace unas semanas publicaba Ser humano, su duodécimo álbum como solista, y el primero con canciones nuevas después de una década, cuyas presentaciones en directo arrancan el próximo cinco de junio, con un concierto en el Palau de les Arts en Valencia.

Pregunta: ¿Qué le está aportando la experiencia televisiva de Tu cara me suena?

Respuesta: Es un reto. Yo no me había puesto en el papel de imitadora. El abanico de posibilidades es amplio, y eso es divertido también. Todo depende mucho del personaje que te toque imitar, del feeling que tengas con él, si está dentro de tu registro o está muy lejos. La caracterización, curiosamente, ayuda o no. Si te ves mucho en el papel, te parece que lo que haces tiene mucho sentido. Pero es interesante porque vas descubriendo cosas de ti misma que no conocías, tanto tus potenciales como tus limitaciones. Y en mi caso son muchas las limitaciones. Tengo una manera de cantar, de moverme, muy característica y luchar contra eso a veces es más complicado.

P: Uno de los personajes a los que ha imitado fue Annie Lennox, alguien que en fue muy importante para usted durante sus inicios en la música.

R: Eso fue un regalo, porque siempre la admiré y sigo admirándola tanto como artista como como persona. Me gusta su discurso, lo que defiende. Nunca quise seguir el estereotipo femenino que imperaba hace cuarenta y tantos años, cuando empecé con Presuntos Implicados, y ella fue uno de los referentes a seguir. También es cierto que ayudaba mucho el ambiente que había entonces. Estamos hablando de los ochenta, una época en la que, si no transgredías, mal. Yo estaba haciendo Bellas Artes y estaba haciendo también música con Presuntos, me movía en un ambiente en el que el que no se pintaba el pelo del color iba mal. A mí me gustaba mucho la imagen andrógina, yo nunca me veía tan femenina como la gente esperaba que fuera. No me gustaba. Prefería una imagen un poquito menos convencional. Evidentemente, siempre tuve ese punto femenino, pero si podía, lo rompía un poquito con el pelo. En mi época, romper con ese estereotipo era una necesidad vital.

P: Otra artista a la que ha imitado, Edith Piaf, tiene unas connotaciones sentimentales importantes por su infancia en París. Formaba parte de la música que escuchaban sus padres cuando emigraron allí.

R: Siempre digo que ha sido una de las voces que me ha acompañado antes de tener uso de razón. Es como una banda sonora que siempre está en mi cabeza. En Francia, cuando yo nazco, ella ya está sonando. Y cantarla para mí fue precioso, la verdad. Supuso hacerle mi homenaje a una de las voces más auténticas y con más sufrimiento dentro que pueda haber habido. Me puse en su piel y me gustó mucho. Sufrí mucho cantando esa canción porque ella también sufrió cantándola. Je ne regrette rien fue su último gran éxito, que aparece cuando ella ya está enferma. Y está diciendo no me arrepiento de nada, pero arrepintiéndose de tantas cosas. Era evidente que se daba cuenta de todo lo que había perdido. Tengo la sensación de que tuvo en sus manos muchas cosas, pero por la manera que ella era, de donde venía, ese desarraigo y esa infancia totalmente rota, la belleza se le escapó de las manos. Al final me dolía mucho también. Que en un programa de televisión, de prime time, te dejen hacer un homenaje a una cantante como Edith Piaf es un regalo. Nota aquí.



El Kuelgue & El Kanka

 

Lisandro Aristimuño

 


María Guivernau

 NUDOS

Deshaz todos los nudos que me atan
el miedo al estómago,
el lastre a los tobillos,
el vértigo a las alas.
Líame la piel al océano
en un nudo marinero
que me haga bailar con las olas.
Haz un nudo corredizo
entre mis muñecas
para colarte enmedio de un abrazo.
Sujétame la ganas de ti
con un nudo de amarre
entre mis piernas
para que lo deshagas con la boca.
Desnúdame
para unir tu cuerpo al mío
en nudo de mariposa
que nos lleve a alcanzar
todas las cimas que rocen el cielo.
Nudos.
Sin cuerdas.



Andrés Suárez

 

César de Centi

 


Isabel Allende

 


José Sacristán

 

Franco Luciani

 


Ángel Idígoras

 Mi homenaje a #elcabrero . No le conocí personalmente pero tengo amistad con su pareja, Elena, que le adora. Un artista coherente con sus ideales. DEP, maestro.



Raquel del Rosario & Vanessa Garde

 

Caetano Veloso

 


Julio Le Parc

 A los 97 años murió Julio Le Parc, el maestro de la luz, el color, la interacción y el movimiento

Pionero del arte óptico y cinético, uno de los artistas argentinos más reconocidos en el mundo falleció en París, donde se radicó en 1958; siempre optimista, proponía rebelarse contra el orden establecido.

“Optimismo siempre”, decía la frase con la que concluía el video que difundió en plena cuarentena, en 2020. La filmación mostraba a Julio Le Parc trabajando, limpiando y cocinando en su casa-estudio de Cachan, en las afueras de París. La misma donde vivió desde 1958 hasta su muerte ocurrida hoy, a los 97 años, como consecuencia de un progresivo deterioro de su salud que lo obligó en los últimos años a resignar sus viajes por el mundo. El próximo 11 de junio iba a inaugurar una gran retrospectiva en la Tate de Londres.

“Luchó hasta el final, estaba muy ilusionado con esa muestra, que va a abrir para invitados el lunes 8, y quería ir” confirmó a LA NACION su Yamil Le Parc desde un tren que lo llevaba de Londres, donde estaba organizando el montaje, a París, donde su padre estaba internado desde hace dos días en el Hospital Americano. “Murió hace dos horas, de viejo. Hacía un mes que no podía comer. Habrá velorio, pero todavía no sabemos cuándo”.

“No soy fotógrafo ni artista. Solo un experimentador”, había dicho a LA NACION el artista mendocino en noviembre, cuando participó de la feria París Photo. Hacía tiempo que ya no podía viajar a Buenos Aires, la ciudad donde se formó y a la que solía volver con frecuencia. En diciembre de 2024 agradeció desde Francia con un video el Gran Premio a la Trayectoria otorgado por el Fondo Nacional de las Artes. Lo mismo había hecho en abril de ese año, cuando sorprendió además con una videollamada a unos trescientos invitados especiales que lo escuchaban en la nueva terminal de partidas del aeropuerto internacional de Ezeiza. “Espero que este sol sea de todos ustedes”, dijo entonces al inaugurar su obra Sol, una esfera de acero dorado de diez metros de diámetro y el móvil más grande que hizo en más de seis décadas de carrera.

Otra esfera similar, de color rojo, puede verse en un espacio cultural lleva su nombre en Mendoza, provincia donde nació el 23 de septiembre de 1928. En 2016 donó la azul que se exhibe en la planta baja del actual Palacio Libertad, dos años después de que una amarilla brillara sobre el hall del Malba en la muestra que le dedicó el museo a sus experiencias realizadas con luz y movimiento. Dos más se exhibieron en Madrid en marzo de 2025, cuando la galería Albarrán Bourdais le dedicó una exposición y lo representó en la feria ARCO, poco después de que lanzara su museo de arte virtual.

Apenas algunas huellas del enorme y polifacético legado que deja este maestro del arte óptico y cinético, uno de los artistas argentinos más reconocidos a nivel internacional, distinguido en 1966 con el Gran Premio Internacional de Pintura de la XXXIII Bienal de Venecia. Así quedó demostrado en 2019, cuando se impulsó en Buenos Aires un múltiple homenaje para celebrar sus 90 años.

Este último abarcó una monumental muestra en el ex-CCK –la más grande que haya hecho, con más de 160 obras de distintas épocas distribuidas en 3000 m2–, otra que repasó sus orígenes en el Museo Nacional de Bellas Artes; una instalación realizada especialmente para ser exhibida en el Centro de Experimentación del Teatro Colón y una espectacular intervención lumínica sobre el Obelisco acompañada por música, durante la Noche de los Museos. En el verano de 2023 volvió a demostrar su gran energía al compartir muestras con dos colegas argentinos: Guillermo Kuitca, en Punta del Este, y Pablo Reinoso, en París. Nota aquí.



Tute

 


sábado, mayo 30, 2026

Guille Galván

 

Andrea Mazas

 


Juanlu Mora

 


Juan y Medio

 

Eduardo Sacheri


 

Ramón Serrano

 DON ANTONIO

Golpe a golpe
verso a verso
se hace camino al andar.
A.M




Alejandro Astola & Antoñito Molina

 

Dani Flaco