viernes, mayo 22, 2026

Manuel Jabois

 

Silvia Penide


 

Rosalía

 Rosalía, premiada como mejor compositora internacional: “El pensamiento de escribir mi cuarto álbum me aterrorizaba”

La artista española recibe un prestigioso galardón en Londres y recuerda en su discurso a la industria musical, “ese monstruo insaciable”

Rosalía recibió este jueves en Londres el premio Ivor Novello a Compositora Internacional del Año, uno de los más prestigiosos de la industria musical, que la sitúa al nivel de Paul McCartney, Elton John o Adele. La de Sant Esteve Sesrovires (Barcelona), de 33 años, es la primera artista española que consigue este galardón, aunque no la primera hispanohablante: Shakira fue reconocida con un Ivor Novello especial por su trayectoria en 2022.

Al recoger el premio, Rosalía dijo: “Sé que hay compositores excepcionales que nunca recibirán el reconocimiento que se merecen, porque no son europeos blancos de clase media cuya educación haya sido lo suficientemente estable como para convertir un atisbo de talento en una carrera de éxito”, unas palabras que fueron recibidas con aplausos en el auditorio.

“El pensamiento de escribir mi cuarto álbum me aterrorizaba”, añadió la cantante catalana durante su discurso, en referencia al disco Lux, que recordó que le llevó tres años finalizarlo, pese a la presión ejercida por “ese monstruo insaciable, comúnmente conocido como la industria musical”.

“Gracias por darle tanto amor a mi música”, continuó Rosalía, que admitió que el reconocimiento de la Ivors Academy, una de las asociaciones profesionales de compositores más grandes de Europa, fue una “gran sorpresa” que ni siquiera “en sus mejores sueños” podría haber imaginado. El galardón reconoce el talento de Rosalía gracias a su último álbum, escrito en 13 idiomas diferentes, que ha sido alabado globalmente por la crítica. Nota aquí.



Rafa Mora & Moncho Otero

 


Fito Páez

 

Víctor Claudín

 


Alejandro Dolina

 “En el amor no existe el libre albedrío, nadie puede decidir de quién va a enamorarse”

El escritor argentino posee una carrera de más de 50 años, con una audiencia fiel que escucha sus ciclos radiales nocturnos.

Alejandro Dolina cumple 82 años este miércoles 20 de mayo. Este día tan especial conmemora a una de las voces más influyentes de la radio argentina, escritor y músico que construyó una trayectoria atravesada por la literatura, el humor y la filosofía.

Uno de sus éxitos que lo acompañó en su larga vida en los medios de comunicación es La venganza será terrible, el cual, desde hace décadas es su marca registrada, convirtiéndose en un clásico de la cultura popular.

La vida de Alejandro Dolina

Alejandro Ricardo Dolina nació el 20 de mayo de 1944 en Morse, provincia de Buenos Aires. Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional Nicolás Avellaneda y desde temprana edad, mostró interés por la música, la literatura y la historia.

Una vez graduado, cursó la carrera de Derecho pero decidió abandonarla para seguir otros caminos. Hacia la década del 70′ realizó diferentes trabajos junto al guionista Carlos Trillo y empezó a colaborar con la revista Satiricón. Sus publicaciones destacaban por su talento para combinar el actualidad política y la crítica social.

Tiempo después continuaría su labor en Humor, medio donde desarrolló varios de los relatos y personajes que más tarde formarían parte de su universo literario. En 1972 arribó a la radio, donde participó de Mañanitas nocturnas. Su popularidad llegó con Demasiado tarde para lágrimas, en 1980.

En 1983 llegaría el programa que lo consolidó en la cultura popular, La venganza será terrible. Se trata de un ciclo radial nocturno que continúa al aire, que combina humor, música, historias filosóficas y reflexiones culturales. La recepción del público fue positiva y se convirtió en un clásico de los oyentes.

Dolina produjo también una extensa carrera literaria con obras como Crónicas del Ángel Gris, El libro del fantasma, Bar del Infierno, Cartas marcadas y Notas al pie. Incursionó en la música, a través de espectáculos teatrales y discos de su autoría, con colaboraciones con Mercedes Sosa y Joan Manuel Serrat. El legado de Alejandro Dolina es extenso y diverso, un artista que logró trascender generaciones y continuar en vigencia. Nota aquí.



Tato López

 


Camila Guevara

 

Cucuza Castiello

 


Rafa Mora

 EL TIEMPO

El tiempo como anestesia.
Como afilado bisturí para cauterizar las heridas más profundas.
El tiempo como una alargada sombra de ciprés que cobija las espinas infectadas.
El tiempo
como un rencor de la memoria.
Como un adictivo narcótico.
Como un cobertizo emocional.
El tiempo como un paraguas que repele la ácida lluvia del dolor mal gestionado.
El tiempo.
Ese equilibrio,
que no todo lo cura.





Kike M

 


El Roto

 


jueves, mayo 21, 2026

Lele Cristóbal

 Lele Cristóbal: el outsider que se convirtió en un cocinero popular y enfrenta al fine dining con el “menú de la felicidad”

Su Café San Juan ya es un lugar de culto en la gastronomía porteña; su escuela fueron sus abuelos y sus vecinos del conurbano.

Leandro “Lele” Cristóbal tiene 52 años, es un cocinero outsider y uno de los más reconocidos en el país. Hace 22 años que tiene un éxito, su restaurante Café San Juan y hace 14 que construyó otro: La Cantina. Ambos en San Telmo, con una legión de seguidores en las redes, y leales clientes que llenan sus salones. En un ambiente dominado por el fine dining y la cocina de autor, encontró una fórmula que lo hace popular: “Sigo haciendo lo mismo, comida para que te llene el corazón”.

Es fácil verlo a Lele. “Estoy en La Cantina, cocinando”, dice. Entre las mesas, con una sartén, revolviendo una olla, hablando con sus clientes en el salón y probando diferentes platos. “Hace 22 años que apuesto por la felicidad”, sostiene.

La Cantina está ubicada en Chile 474, en una vieja casona de 1890, en una zona dominada por túneles de la época colonial. Es la parte más antigua de la ciudad de Buenos Aires. Desde acá Lele da señales y oxigena el decaído panorama gastronómico argentino. “Necesitamos volver a la felicidad”, insiste. En la práctica lo hace fácil y se explica por qué su figura se ha vuelto referencial para tantos en el universo foodie.

Su menú es una genealogía del auténtico sabor porteño, en sus restaurantes no existe el menú degustación, ni platos desarrollados como plataformas artísticas. “La felicidad para mí siempre va para atrás”, sostiene. La cocina de su casa fue de inmigrantes. Allí surge una escuela: la de sus abuelos. Su abuela era española y cocinaba tortillas y croquetas. Su abuelo, húngaro. Los Cristóbal son de Quilmes. “Nunca faltaba un ahumado”, recuerda Lele las visitas a la fiambrería del mercado de aquella ciudad del sur del gran Buenos Aires.

La vereda también formó su paladar. Un vecino italiano hacía milanesas de cardo untadas con bagna cauda. “Esa comida nos hace felices”, reitera. Esa es su misión. En su cocina de La Cantina conviven ollas con tablas de skate. Una verdadera rara avis.

De profunda vinculación con la urbanidad y las expresiones callejeras, con un pasado skater que lo enraíza con las veredas, pistas y plazas del conurbano y de la ciudad de Buenos Aires, a los 17 años comenzó a trabajar en Bice, un restaurante icónico de los 90 en Puerto Madero. Fue quien limpió la obra y siguió como bachero. “Me enseñó a levantar un restaurante”, recuerda.

Luego viajó por Europa y aprendió cocinando, especialmente en un restaurante de las Islas Canarias donde hacía cocina gallega. Revela un secreto: su manual de la felicidad gastronómica porteña. “Desde que abrí Café San Juan, me vine a vivir a San Telmo”, cuenta Cristóbal. El sur está en su gen matriz. Ajeno a las modas, se aferra a lo sentimental para sostener un menú que ha tenido muy pocos cambios en más de dos décadas. Sus viajes, abuelos y las veredas le marcaron un guion en su vida que luego trasladó a su cocina y no se ha movido de ahí. Esa diferencia lo hacen un cocinero diferente de la escena gastronómica. “Está muy bueno que un restaurante esté dentro de alguna lista, pero a mí no me mueve nada eso”, confiesa. Nota aquí.









Benjamín Prado

 


Miguel Campello

 

Pedro Almodóvar

 Pedro Almodóvar, en Cannes: “Estoy harto de mí mismo. Estoy buscando alguien con quien escribir, que me traiga nuevos mundos”

El cineasta anuncia en la rueda de prensa que rodará en primavera “un filme con humor negro” y defiende, ante los problemas actuales, que Europa debe ser “un escudo contra monstruos como Trump, Netanyahu y Putin”

Había expectativas con la rueda de prensa en Cannes de Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar, en la que ha participado el cineasta junto al reparto del filme. Había expectativas porque la noche anterior, tras la ovación que siguió a la proyección de gala en Cannes, Almodóvar confesó: “Nunca he encontrado un público tan cálido como el de aquí. Para mí, venir a Cannes siempre es un sueño: cruzar esas puertas y sentarme en esta sala. Lo echaré mucho de menos cuando ya no esté aquí y lo vea por televisión”. No es una retirada, porque a final de año el cineasta publicará una novela y espera rodar su siguiente filme en la primavera de 2027. Pero, ¿piensa que nunca más volverá al festival francés?

La película había sido premiada en la gala, tras su proyección, con una cálida ovación de cerca de nueve minutos, que no deja de ser la media de los aplausos en esta edición. Sí fue llamativo el discurso posterior de Almodóvar al público de la sala Lumière. Este miércoles por la mañana ha aclarado en la rueda de prensa: “No me despido. Tengo efectivamente escrito el siguiente guion. Pero las siete veces que he traído películas son momentos que se han grabado en mi biografía. No me retiro, pero sí sé que, si por razones de la vida no vuelvo aquí, lo echaré mucho de menos”. Y ha subrayado que siempre le gusta venir a competir: “Es mucho más excitante. Lo que sí sé es que no tiene sentido venir como favorito. A mí me pasó con Todo sobre mi madre y Volver”. Ha recordado cómo David Cronenberg, presidente del jurado cuando no ganó Todo sobre mi madre, dijo que si los premios tienen que ser los que quieren prensa y público, ¿para qué hay un jurado? “Y llevaba razón, los jurados son eclécticos, a veces demasiado”.

Sobre la posibilidad de que Amarga Navidad componga un díptico con Dolor y gloria, Almodóvar ha comentado que él también lo ve así: “Efectivamente, porque nunca he hablado así de mí. Dolor y gloria abordaba dolores físicos que atenazan al protagonista. En esta, el dolor es moral, le paraliza y me siento absolutamente reconocido en ese personaje. Esa crisis creativa le lleva a mirar en su interior. Ese director es una figura egoísta. En mi caso, yo no he herido a nadie, y si hubiera sido así, no habría hecho Amarga Navidad. Pero los creadores somos egoístas, nos alimentamos de lo que nos rodea. Es un debate sobre esa culpa y la responsabilidad moral. Con todo, para mí la creación es un motor poderosísimo”, acompañando la frase con un gesto de agarrar. “Mi pasión creativa está adquiriendo tonos dramáticos. No la entiendo sin eso”.

Preguntado sobre su opinión, como creador, sobre las múltiples amenazas recientes a la libertad de expresión, el cineasta ha reflexionado largamente: “Afecta muy negativamente a la vida actual, desde luego. No quiero juzgar a nadie, aunque me parece un deber moral. El silencio y el miedo son un síntoma de que las cosas están yendo mal, son síntoma de devaluación de la democracia. El creador debe hablar sin sinónimos, a cara descubierta. Nos están pasando cosas terribles cada día como para no hablar de ellas, con gobernantes autoritarios como Trump, Putin y Netanyahu”. Ante esos mandatorios, apuntó: “Los europeos tenemos que hablar más. Porque tenemos leyes. Deben respetar las leyes internacionales, y que sepan que hay un límite a sus delirios. Estamos obligados a convertirnos en un escudo contra monstruos como Trump, Netanyahu y Putin”. El director y Aitana Sánchez-Gijón portaban la chapa con sandía abierta y el lema “Free Palestine”. Nota aquí.




Frank Delgado

 


Rolo Sartorio

 

Luiso García

 Luiso nos cuenta por Facebook.

¿Por qué es tan importante que los ídolos de tanta gente se posicionen ante un gєnσcıdıσ?
Porque por ejemplo, si Lamine Yamal celebra un título con una bandera pαlestınα, muchos empezarán a levantarla después.
Porque cuando tienes un altavoz tan grande, debes ponerlo al servicio de la denuncia y el compromiso social.
Y porque quien te admira, te escucha, te cree y te imita.



Adrián Usero & Ernesto Morales

 


Roberto Musso

 

Bar Santi

 El bar de toda la vida en el barrio: «Está abierto desde 1967 y yo nací aquí, pero de verdad»

Francisco Javier Martínez repasa casi seis décadas de historia familiar en el número 12 de la calle Fernando de Rojas.

En el número 12 de la calle Fernando de Rojas, en pleno corazón de Van Dyck, hay un local que forma parte de la historia cotidiana de Salamanca. El 'Bar Santi' no necesita presentaciones entre generaciones de salmantinos. Lleva abierto desde el año 1967 y, casi seis décadas después, sigue siendo uno de esos bares donde la barra conserva memoria, donde cada tapa cuenta una historia y donde el trato cercano sigue siendo tan importante como la cocina.

A día de hoy, lo regentan Francisco Javier Martínez y su hermano Santi, segunda generación al frente del negocio familiar. De sus padres, heredaron una clientela fiel, recetas de toda la vida y una forma de entender la hostelería basada en la constancia. También algo más difícil de conservar: el vínculo emocional con un barrio entero.

Un negocio que, desde siempre, ha sido hogar

Cuando Francisco Javier recuerda sus inicios, lo hace desde una verdad literal: «Yo nací aquí en el bar». En aquellos años, como ocurría en muchos negocios familiares, el local era también vivienda. Trabajo y vida personal compartían el mismo espacio.

«El bar era la vivienda también. La cocina y todo», rememora. Y es que aquellas paredes no solo vieron servir cafés y pinchos, también presenciaron la infancia de dos hermanos que crecieron entre taburetes, conversaciones de barra y jornadas interminables. Francisco Javier recuerda que no hubo un momento exacto en el que decidieran dedicarse al negocio. La transición llegó casi sola: «Venías del colegio y te metías a echar una mano a tu padre porque, si había jaleo, pues ayudabas». Primero, como ayuda puntual; después, como rutina y, más tarde, como profesión.

La esencia de siempre, en la barra

En una zona donde la competencia hostelera es enorme, el 'Bar Santi' ha sabido mantenerse fiel a sí mismo. Sin artificios, sin modas pasajeras y sin renunciar a lo que siempre funcionó. «La carta que tenemos es prácticamente la misma que tenían mis padres», reconoce Francisco Javier con una frase que resume la filosofía del negocio: conservar lo bueno y no complicar lo sencillo.

Y es que la cocina que llevan haciendo años destaca por una amplia variedad de pinchos recientes, apetecibles y de buena calidad. Entre sus especialidades, sobresalen los rejos de calamar, la jeta frita o asada y unos montaditos de jamón cortado a cuchillo que se han convertido en una referencia para muchos clientes. «La jeta es tradicional de mi madre, de toda la vida», explica con orgullo.

¿Cómo ha cambiado Van Dyck?

La evolución del bar va de la mano con la transformación de Van Dyck. Francisco Javier recuerda una zona mucho más familiar, más vecinal y más cercana. «Antes conocías a toda la gente y toda la gente te conocía», señala. «Ahora, igual te suena la cara de alguien, pero ya no es lo mismo», añade.

Con los años, llegaron nuevos bares, más movimiento, visitantes de fuera y una oferta gastronómica que convirtió el barrio en referencia del tapeo salmantino. Lejos de verlo con nostalgia amarga, lo valora con realismo. «Ha evolucionado mucho. Hay bastantes bares, hay buen servicio y es una zona que está muy bien para tapear», comenta. Y, en ese entorno competitivo, mantenerse durante casi 60 años no se explica solo por la antigüedad. Se explica por la fidelidad que genera el trabajo bien hecho.

Una reforma que abrió una nueva etapa

Hace aproximadamente una década, el local acometió una importante reforma que modernizó su imagen y dio impulso al negocio. «Antes era un bar de barrio, y con el cambio que le hicimos, se ha notado mucho», explica. Ese nuevo aspecto permitió atraer también a otro tipo de público. «Se ha notado en el madrileño, en el turista, en la gente de fuera», comenta.

Sin embargo, la esencia no cambió. El cliente de siempre siguió encontrando el mismo trato, los mismos sabores y la misma cercanía.

Una vida de puro sacrificio

Francisco Javier no idealiza la profesión. Cuando se le pregunta qué es lo más difícil de regentar un bar, responde sin rodeos: «La cantidad de horas que tienes que estar aquí. Prácticamente estás casi todo el día».

Detrás de una barra, hay compras, cocina, limpieza, atención al público y una disponibilidad casi total. Durante décadas, además, los horarios fueron todavía más duros. «Yo me acuerdo de abrir muy pronto y terminar muy tarde. Eso ahora ya no», relata. Con el paso de los años, la hostelería también ha cambiado en ese aspecto. «Ahora se respetan más los horarios y eso es bueno», viene a resumir.

La pandemia, el golpe más duro

Como tantos pequeños negocios, el 'Bar Santi' sufrió especialmente durante la crisis sanitaria. El cierre, los gastos y la incertidumbre pusieron a prueba la resistencia del local. «Lo pasamos muy mal», admite Francisco Javier. «Mantener esto cerrado fue muy duro», añade. Pero, aun así, lograron seguir adelante. La experiencia acumulada y la fortaleza de un negocio familiar fueron decisivas para soportar uno de los periodos más difíciles que recuerda el sector.

Un consejo para los más jóvenes

Después de una vida entera tras la barra, Francisco Javier tiene claro qué le diría a quien sueñe con abrir un negocio hostelero. «Se tiene que tener mucha paciencia y mucho esfuerzo. Se tiene que aguantar».

No promete riqueza rápida ni éxito fácil. Habla desde la experiencia de quien ha visto madrugones, crisis, reformas, cambios de costumbres y generaciones enteras pasar por delante de la barra. «Aquí haces muchas horas», insiste, añadiendo, además: «Y hay que saber mantener a la gente y traer a más gente». Nota aquí.



Jesús Gutiérrez

 


Tanxugueiras

 

Juanlu Mora

 


Frank Delgado

 


Cucuza Castiello

 

Amaia

 Amaia lo consigue otra vez: deslumbra en Cannes al piano cantando ‘Volver’

La artista navarra participa en la última película de Pedro Almodóvar, a quién ha acompañado en su presentación en el festival de cine este martes.

Este martes el Festival de Cannes estuvo protagonizado por Pedro Almódovar, que volvió a darse un baño de masas en Francia al concursar en la sección oficial con su último largometraje, Amarga Navidad. Entre el equipo que lo acompañó estaba la cantante Amaia Romero, que participa en la cinta y que, ya de noche y una vez fuera del Gran Teatro Lumière, se atrevió a interpretar al piano canciones como Volver, tema principal de la obra homónima del manchego, o C’est la vie, tema propio de su disco Si abro los ojos no es real. La cantante, acostumbrada a ofrecer actuaciones que no dejan indiferente como la que ofreció recientemente en el Tiny Desk con su flauta silla, y su comentada interpretación en La revuelta, vuelve a estar en boca de todos.

Este momento de la cantante en la fiesta posterior, con un vestido de cuadros y sentada al piano en una terraza, ha sido compartido en redes sociales con comentarios como “no hay nada que haga mal” o “tremendo talento”. La artista navarra ha participado en la última película del cineasta como parte del reparto y cantando una versión de Las simples cosas, interpretada antes por Chavela Vargas. Es curioso que Amaia eligiese Volver, que precisamente ha sido junto a a Amarga Navidad, los dos únicos estrenos del director manchego que han tenido lugar semanas antes de Cannes.

En una entrevista en RAC1, durante la promoción de la cinta, el director explicó cómo tras elegir este tema pensó inmediatamente en Amaia: “Tenía el guion terminado y estábamos a punto de empezar la película y la vi en un concierto en Madrid. Además de tener una voz prodigiosa y un encanto impresionante. Ya tenía escrito que alguien cantara esa canción y al verla cantar en vivo quería que fuese ella. En sus últimas intervenciones, el cineasta también ha alabado los dotes como actriz de la navarra y ha dicho que es un “animal de escena”: “Tiene una espontaneidad que ojalá no pierda nunca. Empieza a cantar y es estremecedor oírla. Hace falta muchísimo talento para hacer esa escena”. Explicó además que una vez dijo sí, ella adaptó la versión de Chavela Vargas y la hizo suya.

Amodóvar y Amaia ya habían protagonizado un momento muy comentado en la presentación de la película en marzo cuando ambos se atrevieron a cantar ante el público la canción de esta cinta. Nota aquí.



Raúl Porchetto

 


Tute

 


miércoles, mayo 20, 2026

Amaral

 

Fernando León de Aranoa

 Resistir y vencer

Los campamentos en mitad del desierto, en que se refugia el pueblo saharaui, llevan los nombres de las ciudades que dejaron atrás, evocándolas.

Los festivales de cine nacidos en contextos de opresión o desarraigo son los más bellos, porque devuelven a las películas su sentido esencial, el de crear comunidad y reforzar la identidad, el de llevar algo de luz a donde más se necesita. El Festival Internacional de Cine del Sáhara, nacido hace 20 años en los campos de refugiados saharauis de Tindouf, es uno de ellos.

Allí se habla un español perfecto, y los más mayores recuerdan a Serrat o a Nino Bravo con la misma vividez con la que recuerdan el mar que les quitaron, porque no hace tanto eran ciudadanos españoles. Te enseñan con orgullo sus DNI de entonces, te preguntan por el Loco de la colina, Pilar Bardem o Julio Anguita, añoran el L&M y quieren que el Cervantes abra una sede en su desierto, para que esta bendita lengua en la que escribo no se pierda allí, como se perdieron tantas otras cosas.

España se retiró de la que había sido su colonia en 1976 incumpliendo sus obligaciones como potencia administradora y dejando a sus ciudadanos sin patria. Por apátridas, hoy les niega expresamente el acceso a una regularización que beneficiará a otras 500.000 personas. El castigo es así doble, alcanza rango de crueldad.

Los campamentos en los que desde entonces se refugian en mitad del desierto llevan los nombres de las ciudades que dejaron atrás, evocándolas. En ellos encontramos gente digna y clara, de una hospitalidad tan grande que a duras penas contiene el desierto inmenso que les acoge. Escuelas de boxeo rebeldes, españoles con sensibilidad y memoria, cooperantes que hablan una misma lengua, la de la solidaridad, en todos los idiomas del mundo, la firme horizontalidad de los que son perseguidos. E incluso una escuelita de cine, la primera creada en un campo de refugiados.

Sus alumnos filman ya cortometrajes que cuentan sus historias cotidianas, las que se escriben en minúsculas, con la letra pequeña de la costumbre. Pero también la del éxodo forzoso de su pueblo, que dura ya 50 años. Rara vez mencionan en ellas el mar, porque los más jóvenes ni siquiera saben que una vez lo tuvieron.

Allí escuchamos, compartimos dudas y experiencias. Y dimos lectura a un cuento que escribí hace ya muchos años, y sigue al pie de la letra los consejos del poeta salvadoreño Roque Dalton: conserva para los que vengan el tiempo que nos toca. Cuenta la historia de Abdel, un ingeniero naval que vive en el desierto. Y no es realismo mágico, es su dura realidad.

Siendo muy joven, sus padres le enviaron al extranjero a hacer sus estudios universitarios. Cuando regresó, Abdel era ingeniero naval, pero su país había perdido el mar. Se lo quedó Marruecos aprovechando la salida de España, que confinó al pueblo saharaui al interior del desierto. Desde entonces todos le llaman Abdel, el de los barcos, porque sabe cómo hacerlos, pero vive en el desierto.

Sentado a la puerta de su jaima, con un cigarro en la mano, Abdel entorna a veces los ojos y en el horizonte infinito de arena, entre las dunas, ve alejarse la silueta de los barcos que nunca hizo, sus bodegas llenas de los sueños no cumplidos de su pueblo. Nota aquí.



Carlos Chaouen

 


Mon Laferte

 

Ismael Serrano

 "A  Antonio Machado lo mató el ver a su hermano hacer loas al caudillo"

El cantautor da un triple salto mortal y abre la puerta a la interpretación teatral con un montaje en el que repasa la vida del autor de 'Campos de Castilla' a través de la obra de otro "gigante": Serrat.

Ismael Serrano vuelve a Antonio Machado porque todos los caminos llevan al poeta. El cantautor revisita la catedralicia figura del padre de 'Campos de Castilla' a través del álbum que le dedicó Serrat en 1969. Una empresa que, con estas cartas sobre la mesa, bien podría presentarse en un disco o un concierto. Pero no. Serrano ha optado esta vez por el teatro para dar un triple salto mortal hacia adelante en su carrera y probar suerte en estas lides con 'Golpe a golpe verso a verso', en el Infanta Isabel, Madrid.

No esconde el músico su vértigo al pisar un nuevo terreno. Sin embargo, es su nueva realidad por mucho que, de vez en cuando, le entre "un arrebato de cordura" y se pregunte "qué estoy haciendo aquí". Lo asegura un hombre que ya en sus últimos conciertos había optado por una fórmula más "teatralizada", indica. "Incluso una de las últimas giras, la anterior al 'Sinfónico', la hacía con una actriz con la que tenía como un diálogo, pero no dejaba de interpretarme a mí mismo". Esto es diferente. Teatro puro y duro. "Aquí tengo que ponerme en la piel de otro personaje. Antes ni estaba a las órdenes de un director ni en un proyecto de esta envergadura, así que se puede decir que es otra cosa, es otro código. Otra forma de estar. Y sí, me da miedo".

Aun así, sonríe. "Me estoy divirtiendo mucho".

El músico define este paso como la "fantasía" de alguien al que le "gusta mucho contar historias", confiesa quien ya se había acercado al teatro con 'El absurdo de los delfines'. Aquella obra, que llegó publicarse y a leerse en la Sala Mirador, la resume ahora su autor como la historia de "una oficina en la que poco a poco va desapareciendo gente. Habla de la incomunicación, de la incapacidad para atender al otro, para escuchar. La sociedad en la que vivíamos...". "Y vivimos", corrige.

–¿Y quién es el culpable de la incomunicación en 2026?

–Podríamos pensar en las redes sociales, que han demostrado no funcionar o no cumplir con aquellas promesas que nos hicieron al respecto de la comunicación. Nos iban a tener más informados, nos iban a unir más... Y lo que hacen es precisamente lo contrario. El algoritmo fomenta nuestros prejuicios. Genera grupos cerrados de gente con intereses afines. Nos deseduca en la idea en la pluralidad, en escuchar a gente que piensa diferente o músicas distintas... El algoritmo te propone cosas que tienen que ver con tus hábitos y tu forma de pensar. Te vuelve dogmático y te lleva a abandonar el hábito de hablar con gente que piensa diferente a ti.

No obstante, Serrano no es optimista si de derrotar al algoritmo se trata: "No se ajusta a la realidad. Los dueños de las grandes empresas, de las redes sociales y demás, no van a permitir que hagamos un uso diferente al que se plantea. Las redes podrían ser de otra manera, pero están diseñadas para amplificar el ruido y la crispación; y están pensadas así porque el ser humano es mucho más activo a través de la indignación –desarrolla–. Hay que ponerle coto a ese tecnofederalismo que nos trata como servidores de contenido. Estamos al servicio de esas plataformas. Tienen más poder que los Estados en muchos aspectos. De hecho, se enfrentan de tú a tú a ellos: tratan de influir en elecciones e intentan legislar. Es una pugna que parece simétrica cuando no debiera serlo, el Estado debería estar por encima". Nota aquí.



El Kanka

 


Rozalén

 

Manuel Jabois

 Manuel Jabois, escritor y periodista: “Lo peligroso de las mentiras es que, si son demasiado bellas, nadie las contrasta”

El autor explora las relaciones familiares en ‘La víspera’, su nueva novela

Para conocer la historia de los países basta con ir a las bibliotecas, consultar los libros, mirar la Wikipedia. En cambio, la historia de las familias suele permanecer en un extraño silencio, dispersa en memorias, secretos, gestos inadvertidos, conflictos soterrados. No está escrita en ninguna parte, se contiene en diferentes cerebros: conocerla requiere cierta investigación, hacer preguntas quizás inconvenientes, porque muchas veces el silencio y el olvido son el armazón que mantiene a la familia en pie. ¿Querríamos a nuestra familia si supiéramos toda la verdad?

Manuel Jabois (Sanxenxo, 48 años), escritor y periodista de EL PAÍS, trata de entender estos asuntos en su nueva novela La víspera (Alfaguara). “Aunque a lo mejor”, dice, “no hay que entender nada de esta novela. A lo mejor hay que abolir esta moda de querer entenderlo todo”.

Pregunta. Pero una de sus características, también en sus columnas, es la reflexión sobre el mundo emocional, sobre la comunicación, sobre la relación entre las personas.

R. Igual es que estoy cansado de intentar atrapar las cosas (ríe). En mi anterior novela, Mirafiori, se hablaba de esto en el orden sobrenatural: por qué tenemos que buscarle explicación a todo.

P. Una de esas reflexiones suyas es sobre la mentira.

R. Me fascina ese momento en el que los niños descubren la mentira, cuando saben que pueden engañar. Es un momento fundacional del ser humano. Hay varios: uno es cuando dejamos de señalar las cosas para ponerles nombre, otro es cuando articulamos las palabras y otro cuando sabemos —somos complejos por eso— que podemos engañar. Y que podemos generar otra realidad que hacerle creer a los demás.

P. Eso es la literatura.

R. Es que ese engaño está en el origen de contar historias. Lo peligroso de las mentiras es que, si son demasiado bellas, o si nos dan la razón, nadie las contrasta.

En La víspera se cuenta la historia, claro está, de una familia. Todo en un solo día. Chami, un hijo torrencial, estrella del fútbol retirada y envuelta en un torbellino de drogas y escándalos, regresa a la casa familiar, en Galicia (tiene Jabois querencia por los escenarios de su tierra natal), para el cumpleaños de su madre, Amalia, que llega a los 65 y se afana en despellejar un conejo para la celebración. Unas muy metafóricas ratas hacen ruido en el desván.

En ese momento el pueblo permanece paralizado, entre policías y periodistas, por la misteriosa desaparición de dos niños que coincide con la también desaparición del hermano de Chami, exalcohólico ahora en paradero desconocido. Dicen que se fue a Vigo. Un libro que, dice el autor, no se parece mucho a la idea inicial: “Los libros degeneran de dos maneras: una es cuando los empiezas a escribir y otra cuando empiezas a hablar de ellos, como estamos haciendo ahora”, bromea.

P. En el personaje Amalia se retrata a esa ama de casa plenipotenciaria, atenta a todo, que “no se sienta nunca”.

R. Eso era mi abuelo, y mi madre salió idéntica, no puede estar sentada, porque puede estar pasando algo que no controla. Mi abuelo, por cierto, un día se sentó y le dio un ictus. Amalia descubre a una cierta edad que está harta de ser querida: en realidad, quiere ser admirada. Nota aquí.



Alberto Alcalá