jueves, agosto 06, 2026

Valeria Castro

 Valeria Castro, conexión entre cuerpo, corazón y cabeza en Cap Roig

La artista canaria intimó con su público en el festival de Cap Roig, ya en el tramo final de su gira que pasará en octubre por el Sant Jordi

Nada suele ser como parece, y en nuestra mirada hay un algo que proyecta los propios anhelos de quien mira. Desde fuera la vida de un artista parece una maravilla que encadena maravillas, aunque cantar sea al fin y a la postre un trabajo más, con sus durezas, con sus compensaciones, con su presión, con sus angustias. Es un trabajo en el que parece que sólo el éxito premia, mientras que en otros, el simple desempeño honesto basta, es suficiente. O debería serlo. Valeria Castro, que lleva encima una larguísima gira de presentación de el cuerpo después de todo, ya pasó por Barcelona en abril y lo volverá a hacer para despedirla en octubre, registró una queja precisamente de su cuerpo, hubo de parar y cuando su cabeza estuvo de nuevo en disposición la volvió a continuar. Sí, su trabajo es maravilloso, pero hay peajes que ella sí quiso mostrar, heridas que lastran y de las que hay que sanarse. En Cap Roig pareció que esas heridas quedaron atrás como aviso de que hasta la más deseada ocupación hay que encararla sabiendo que, después de todo, quien se desgasta es el cuerpo.

Puede que por lo tanto sea la bien intencionada mirada del público la que mostró una Valeria Castro más garbosa, moviéndose suelta por el escenario, tendiendo más puentes que nunca con su público, tejiendo con él una complicidad que tiene el enamoramiento, el desnudarse en cada frase y la pausa de una música calma y dicha con celo sus argumentos principales. No cambió tanto el cancionero, a grandes rasgos el mismo en la gira, como el interpretarlo sabiendo que cada día es un pequeño milagrito, un minúsculo regalo que se habría de disfrutar plenamente pero, ya se sabe, sólo valoramos cuando falta. Como a Valeria ese milagrito le fue hurtado mientras hubo de suspender la gira, desenvolver en cada concierto este ofrecimiento ha vuelto a tener valor. Pequeñas grandes cosas. Canciones que compartir.

Y Valeria las comparte, las compartió en Cap Roig, manteniendo una contención interpretativa que aproxima más si cabe su sentimiento al público. No es la suya una voz pirotécnica, sino vestida en tonos graves que en ocasiones arrastra hasta casi apagarlos. Se imagina la voz que tendrá cuando envejezca, ganará poder y la melancolía del tiempo pasado, al fin y al cabo hoy sólo tiene 27 años, “una chavala” dijo ser, y aún tendrá más materia que evocar, más pequeños momentos a los que la distancia agrandará en el recuerdo. Por ejemplo, en abril del pasado año su abuela, a la que dedicó Guerrera, aún vivía, de forma que en Cap Roig su vista fue al cielo al concluirla. Su madre, la otra mujer a quien dedica una pieza que habla de mujeres, aún está con ella, pero a Valeria la vida ya le ha quitado a alguien importante que ha marchado con un tiempo que da y quita.

Además de la voz y de una forma de interpelar al público que busca complicidad, la delicadeza de los arreglos volvió a ser un elemento diferencial en el concierto. Clarinete y clarinete bajo son esenciales en el vuelo de las canciones, que cuando pierden la batería, siempre matizada, parecen volar aún más, sin sujeción a tierra, apelando a la ingravidez, como ocurrió en Poquito. Las cuerdas, guitarras acústicas, violín –con cuerda frotada y pulsada-, ronroco (una especie de charango) y bajo, son igualmente esenciales en un sonido que bascula entre el folk y cierta melodiosidad pop con acentos también latinoamericanos, una suerte de ranchera en Debe ser y la cumbia final de Sentimentalmente. También hubo temas desnudos, como Devota, una composición emparentada con el folclore canario que interpretó sola en escena, con las cuerdas de la guitarra sobre sus muslos y percutiendo con las manos en su caja de resonancia. Tampoco hay que dejar de lado los teclados y voz con vocoder de Meritxell Neddermann, otro sostén, vaporoso, de unas canciones que tiene las raíces y en el paisaje natal un anclaje sin el que Valeria Castro no sería lo que es. Nota aquí.






Estopa

 

David Moya

 


Félix Maraña

 LOSTALÉ

Quien lee ya vive más,
dice Javier Lostalé,
y quien no lee no ve,
camina sin un compás.
Mas quien lee, por demás,
cura sin más tratamiento,
bebe ideas, pensamiento,
disfruta de algo sensible.
Y puede, porque es posible,
contarlo y vivir del cuento.
[La RAE debería admitir LOSTALÉ como sinónimo de poesía].



Viva Suecia, Rozalén & Las Migas

 

Revolver

 


Éric Cantona

 “Le tenía que haber dado más fuerte”: 

Éric Cantona, el futbolista que convirtió una patada a un racista en un evento social

El futbolista reconvertido en actor sigue en activo en la pantalla con un documental sobre su vida, una comedia como protagonista y la serie ‘El viajero’, que acaba de estrenar en Cosmo.

Se retiró del fútbol a los 31 años, así que, más que un futbolista que se dedica a la actuación, podríamos decir que Éric Cantona (Marsella, 60 años) es un actor que un día fue futbolista. Tras más de tres décadas de carrera actoral a sus espaldas no deja de sumar títulos: presentó tres trabajos en el último festival de Cannes —un documental sobre su figura (Cantona), una película (Las mañanas maravillosas) y un cortometraje (The Sentinel)— y acaba de estrenarse en Cosmo El viajero, una serie protagonizada por él. Dijo adiós a los estadios a una edad en la que un futbolista todavía está en plena forma, pero este francés nada convencional lo tuvo claro a pesar de las ofertas millonarias para continuar en activo. “Cuando me retiré, sentí que ya no podía mejorar más. Y al mismo tiempo perdí la pasión. La pasión viene con la motivación de mejorar. Si pierdes la pasión, pierdes la motivación”, sentenció.

Dejó tras de sí una carrera que incluye cuatro títulos de la Premier League con el Manchester United y una liga francesa con el Marsella. Pero su mayor legado futbolístico es su actitud, su figura inimitable, siempre con la espalda recta, alerta, con el pecho hinchado y los cuellos de la camiseta levantados, una aportación que The New York Times incluyó entre los treinta elementos más icónicos de la Premier League. “¿Cuál es la definición de arrogancia?”, se preguntaban. “¿Cómo se definiría la arrogancia en términos de objetos? ¿Un sombrero de copa? ¿Un abrigo de piel y una corona? Creemos que es un cuello levantado. Concretamente, el cuello levantado de Eric Cantona”.

Él no le da tanta importancia. “Me puse la camiseta. Hacía frío. El cuello se mantuvo levantado, así que lo dejé así. Ganamos, así que se convirtió en una costumbre jugar con el cuello levantado”. Siempre fue más que un futbolista un personaje. Un tipo que adora a Rimbaud y el fauvismo, un hombre solitario que prefiere una vida tranquila en el campo a los lujos que rodean a la mayoría de las estrellas del balón. “El dinero no ha cambiado mi vida”, declaró en la cima de su estrellato en Manchester, “y nunca la cambiará. Quizás les parezca extraño que piense que la felicidad no proviene de poder comprar el coche que uno desea o de tener dinero en una cuenta bancaria. No lo creo. Todo es cuestión de educación”.

Hablando de coches: tuvo un Rolls-Royce Corniche que donó en 2013 en beneficio de las personas sin hogar y tras ser tuneado por el grafitero JonONe alcanzó un precio de 113.000 euros. Son detalles que sorprenderán a quienes solo lo conozcan por un gesto que marcó su carrera hace tres décadas. Su legendaria patada voladora a un hincha del Crystal Palace en 1995 después de que le gritase: “¡Vete a tu país, hijo de puta francés!”. En ese momento Cantona se dirigía al túnel de vestuario tras haber sido expulsado y al escucharlo saltó sobre el espectador y le propinó una patada de kung-fu. Las imágenes dieron la vuelta al mundo. A pesar de las consecuencias –una suspensión de ocho meses, un cargo penal de agresión y 120 horas de servicio comunitario que cumplió entrenando a niños en las instalaciones del Manchester United–, nunca se arrepintió. “Le tenía que haber pateado más fuerte. Lo merecía. Lo hice y no lo lamento”, asegura en el documental sobre su figura presentado en mayo en el certamen francés.

Es el incidente más llamativo, pero no el único de una carrera trufada de expulsiones, incidentes verbales y peleas tanto con jugadores rivales como con sus propios entrenadores o con la prensa. Incluso contra el Comité Disciplinario Francés. Tras lanzar un balón al árbitro durante un partido de la liga fue suspendido durante un mes. Su respuesta fue llamar idiotas a todos los miembros del comité.

Aquella patada causó una controversia monumental en Inglaterra. Hubo quien pidió su deportación e incluso que se le prohibiese jugar al fútbol de por vida. Para quien no hubo debate fue para la afición del Manchester. Su vuelta al equipo fue un acontecimiento. En su retorno marcó de penalti y dio un pase de gol. Sus seguidores se volvieron locos; eran los mismos que no lo habían abandonado tras la suspensión y él, que en ese momento valoraba dejar el fútbol inglés, lo apreció. “Me gustó cuando estaba en el juzgado y los aficionados me apoyaban. Viajaron desde Manchester, a mitad de semana, hasta Croydon. Pude sentir ese apoyo y me ayudó mucho. El club también me apoyó. Así que me quedé”, reconoció. Adoraban al “Rey Éric”; no era el mejor jugador de la Premier, tenía un buen disparo, claridad de pase e iba bien de cabeza, pero no era un virtuoso. Lo que ofrecía era otra cosa: electrificaba a la afición, su energía hacía mejores a sus compañeros; cuando estaba en el campo, pasaban cosas. Era, como escribió en EL PAÍS Julio César Iglesias, “un tipo avinagrado capaz de maldecir como un demonio y de jugar como un ángel”. Nota aquí.









El Roto

 


miércoles, agosto 05, 2026

Felipe Benítez Reyes

FBR y los monstruos

Los llamo autores estantería. Son unos cuantos: ahí está Umbral, desde luego —setenta libros—, Valle-Inclán —sesenta—, Baroja —sesenta y tres—, Cansinos —un montón—, Gómez de la Serna —otro montón—, Azorín —me canso cuando llego a contar cincuenta preguntándome por qué habré leído cincuenta libros de Azorín—, Pla —setenta y dos—, Camba —cuarenta y siete—, Nuria Amat —todo—, Vargas Llosa y algunos otros. El más joven es Felipe Benítez Reyes —ochenta y tres—. Lo empecé a leer de adolescente y su primer libro, Paraíso manuscrito, publicado en la colección Calle del Aire, entró en mi casa de un modo simpático. Había en la calle Larga de Jerez una librería llamada Papel y Tinta que llevaban unas hermanas, saborías a primer golpe de vista pero encantadoras cuando tenías trato. Una mañana, un muchacho sacó de las baldas el delgado volumen blanco con los primeros poemas de FBR y quiso comprarlo, pero no estaba marcado y la hermana de la mañana le dijo que se pasara por la tarde porque ella no sabía el precio. Por la tarde, pasé yo por la librería, vi el volumen de FBR allí, sobre la mesa de la librera, y pregunté por él y, creyendo la hermana de la tarde que yo era el que había pasado por la mañana, me lo vendió. El muchacho de la mañana era Fernando Taboada, Guinness de los récords en la categoría de «seres humanos que más carcajadas han soltado a lo largo de una vida». Me paro a pensarlo y son más de cuarenta años leyendo a un autor. De hecho, lo primero que publiqué en un periódico fue una reseña de su segundo libro de poemas, Los vanos mundos. Pero leerlo mientras producía sus libros —o sea, ser contemporáneo suyo— no puede considerarse de otro modo que como una inmensa suerte.

El último volumen que ha venido a la estantería FBR se titula La gente. Es una novela muy breve que hace saltar las costuras del género —cosa que el género siempre ha agradecido porque desde hace siglos fue su manera de ir ganando territorio—. Corriendo el riesgo de ser considerada una gavilla de estampas en un pueblo costero escogido en 1953 por las autoridades franquistas para instalar una base militar yanqui, propone un retrato fantasmagórico que, por debajo de sus líneas, indaga en el misterio de la identidad. La identidad, o sea, cómo cada cual se interpreta a sí mismo a través de la indulgencia de la voz de la conciencia, que además es juez severo a la hora de evaluar a los otros a partir de los pocos datos, muy a menudo insignificantes, cuando no directamente falaces, que es capaz de acopiar. Así, la novela, como a menudo sucede en algunas de las mejores obras de FBR (pienso en Tratándose de ustedes), tiene una fachada que pudiera ser engañosa: una humilde casa de pueblo que, traspasada la puerta, contuviera dentro una catedral.

Una vez le dije a FBR —cuando estaba haciendo su precioso prontuario de conceptos literarios titulado El intruso honorífico— que novela coral era aquella que tenía más personajes que lectores. Espero que la suya no sea una novela coral, aunque no dejan de aparecer personajes y más personajes, cada cual con sus fantasmas, su manera de amargarse la existencia, sus deliquios y delirios, su ángel y su demonio, elaborando entre todos ese tapiz incomprensible que es la realidad, palabra que ya decía Nabokov que solo debía escribirse entre comillas. La capacidad de FBR para transfigurar la realidad por el aparentemente sencillo método de reflejarla —un vecino que le regala un caballo a Eisenhower para quitárselo de encima (al caballo) y recibe una carta de la embajada norteamericana diciéndole que muy agradecidos y que el presidente acepta el regalo, pero no puede hacerse cargo de él y le agradecería que lo mantuviera cuidado y en buena forma, de manera que Eisenhower queda como dueño de un caballo que nunca verá y el vecino sigue cuidando del caballo que ya no es suyo— siembra cada página de la duda de si el autor se está inventando algunas disparatadas y encantadoras escenas o, dado el humor que la realidad se gasta en la Baja Andalucía, no ha tenido más que hacer cala en periódicos de época o poner el oído para escuchar historias de la gente para alzarlas luego con esa prosa limpia suya, alborotada de relámpagos que son imágenes antológicas. «Mural de espectros» se subtitula, y sirve el subtítulo —el mural se presenta como un manuscrito de un vecino al que no se le conocían veleidades literarias y vivió de 1918 a 1985, dejando esas páginas que vamos a leer— para toda la obra de FBR. El texto va adelantado por un prólogo del sobrino nieto del autor donde leemos: «En los pueblos pequeños se establece una especie de genealogía colectiva: todo el mundo está relacionado con todo el mundo por un vínculo a menudo imprecisable, y ese vínculo tengo la impresión que se establece y se mantiene gracias al rumor, a una narratividad basada más o menos proporcionalmente en las conjeturas infundadas y en los hechos veraces. Esa novela, en suma, que no escribe nadie y escribimos entre todos. Una novela con un planteamiento azaroso y poliédrico, con un nudo extrañamente estático y con un desenlace abierto y bastante incoherente». Crónica aquí.



Mon Laferte

 

Luis Pastor

 


Pedro Pastor

 Pedro Pastor cancela su gira por EEUU: “No me han censurado, pero han puesto trabas para tener la visa a tiempo”

El artista se ha visto obligado a suspender una programación de conciertos que empezaba este mismo jueves en la ciudad de Port Angeles, en Washington.

El cantautor Pedro Pastor ha suspendido la gira de conciertos que tenía programada por Estados Unidos al no recibir a tiempo su visado de trabajo por un requerimiento extraordinario de las autoridades consulares. El artista ha informado de esta cancelación a sus seguidores a través de un vídeo publicado en Instagram apenas tres días antes de tomar el vuelo que tenía reservado hacia Seattle, donde iba a comenzar junto a su equipo el recorrido programado. El inicio de sus actuaciones estaba previsto para este mismo jueves en un teatro de la ciudad de Port Angeles, en Washington.

Tras el anuncio, numerosos fans del artista han atribuido las dificultades consulares a su perfil abiertamente de izquierdas y su discurso crítico. Sin embargo, el músico declina verlo bajo ese prisma al no disponer de una notificación oficial que lo confirme. “No me han censurado la gira, han utilizado trabas administrativas, legales y jurídicas para que yo no pueda tener mi visa a tiempo”, explica el artista a elDiario.es, añadiendo que jamás le han comunicado que la decisión responda a su “discurso propalestino” o a su postura ideológica. A pesar de ello, sostiene que no es normal el problema con el trámite a última hora: “Hay una falta de interés en que vayamos”.

La mera idea de actuar en el país norteamericano ya suponía un dilema moral para el propio cantante, quien afirma que hasta ahora nunca le había interesado viajar allí por su “condición humanista, antiimperialista”. Pedro Pastor asume las dudas que le surgieron antes de aceptar hacer este tour: “Por supuesto que genera contradicciones ir a cantar a Estados Unidos hoy en día, que es el país que desestabiliza la paz mundial”. No obstante, decidió hacer la gira porque cree que no se puede juzgar a toda la gente del país por las decisiones de sus políticos.

Pastor defiende la importancia de llevar su música a los ciudadanos y, en especial, a la población migrante que reside en Norteamérica. “Es absurdo pensar que Estados Unidos es Donald Trump. La mayoría de personas que han ido a ejercer su derecho al voto han votado por él, como pasa en otros tantos países en los que gobierna la extrema derecha, pero es absurdo extrapolar eso a toda una población”, razona el músico. Por ello, reivindica la labor social de sus conciertos: “Hay muchísima comunidad latina que ahora más que nunca necesita escuchar canciones que le den un poquito de aliento, esperanza, de apapacho, de contención”..Nota aquí.




Merino

 

Silvina Moreno

 


Glen Hansard

 Irlanda despide a Glen Hansard arropado por actuaciones musicales de Bono y un poema de Patti Smith

Cientos de personas dan el último adiós en la catedral de San Patricio de Dublín al músico irlandés, fallecido a los 56 años tras un accidente de moto.

Irlanda ha despedido este martes a Glen Hansard. Cientos de personas se congregaron en la catedral de San Patricio de Dublín para rendir homenaje al músico irlandés, fallecido el 29 de julio a los 56 años, tras un accidente de moto. El funeral contó con actuaciones musicales a cargo de amigos, familiares o representantes del mundo de la cultura como Hozier, Eddie Vedder (Pearl Jam), Bono (U2) y el actor Steve Coogan. Mientras, una multitud siguió también la ceremonia en las pantallas gigantes instaladas en los jardines de la catedral y pudo verse en directo en medios locales e internacionales.

El interior de uno de los templos más emblemáticos de la capital acogió esta “celebración de la vida, talento, generosidad y bondad” de Hansard, según describió el servicio religioso el reverendo al comienzo del acto. Desde primera hora de este martes, los alrededores de San Patricio comenzaron a llenarse de seguidores, curiosos y músicos callejeros que interpretaron durante la mañana temas de Hansard, ganador de un Oscar a la mejor canción original en 2008 por Falling Slowly, compuesta con Markéta Irglová para la película Once —protagonizada por ambos—. Durante la ceremonia, la compositora interpretó junto al vocalista de Pearl Jam, Eddie Vedder, el tema The Song of Good Hope, de Hansard.

Entre otros gestos, colegas de profesión pusieron música al oficio: amigos recitaron poemas y allegados depositaron junto al ataúd de mimbre de Hansard una guitarra acústica y una fotografía de su hijo Christy y de su esposa, la poeta finlandesa Maire Saaritsa. La viuda de Hansard comenzó dando las gracias a cada uno de los gardaí (agentes de policía irlandeses) que acudieron en ayuda del cantante tras el accidente de moto: “Gracias por la humanidad que me mostraron en mi momento más desesperado. No encuentro adjetivos para describir el apoyo que se le ha brindado a la familia durante esta última semana”, afirmó Saaritsa. “La palabra se esconde en algún lugar de la mirada de la gente y en la profundidad de sus buenas acciones”.

Desde el púlpito, su hermano Richard recordó que Glen le dijo en una ocasión que “cuando pierdes a alguien, en realidad no lo pierdes, sino que heredas las mejores partes de esa persona”. “Y nosotros lo hemos hecho”, celebró. “Hemos heredado todas las palabras mágicas y llenas de color, los abrazos, las conversaciones, la locura, la tristeza y esa belleza maníaca e iluminadora que un hermano, un marido y un padre pueden llegar a ofrecer”. Después, Gary Hansard, otro de los hermanos, expresó su más sincero agradecimiento a los asistentes en nombre de la familia, antes de interpretar I Can See God junto a The Frames, la aclamada banda de rock de la que Glen fue durante mucho tiempo el líder.

Otro de los momentos más emotivos lo protagonizó el líder de U2. Durante su discurso en el funeral, Bono reveló que la cantante estadounidense Patti Smith le había dejado un mensaje de voz tras enterarse de la muerte de su amigo Hansard. El vocalista explicó que se trataba de una “canción de cuna” para la afligida familia. “Creo que voy a intentar reproducirlo”, dijo.

A continuación, Bono acercó su móvil al micrófono y se escuchó el mensaje de Smith: “Fue un día muy bonito, un día muy bonito / A través del valle, vino hacia mí / Con un libro en la mano y una melodía / Y el sol brillaba con fuerza”. Y continuó: “Era un día muy bonito, un día muy bonito / A través del valle, vino a jugar / Las hojas de los árboles empezaron a girar / Y le oí cantar al viento”. Tras la canción, Bono recitó la letra del clásico de U2 Beautiful Day a modo de poema, y en un momento dado se volvió hacia su compañero de banda, el guitarrista The Edge, para que se uniera a él.

La despedida culminó con una actuación conjunta en la que participaron todos los músicos que habían intervenido a lo largo del servicio. Unidos en un último homenaje, interpretaron Forever Young, de Bob Dylan, una figura clave en la vida de Hansard, a quien admiraba profundamente y con quien incluso llegó a compartir escenario durante una gira. La congregación se sumó entonces en un coro resonante que hizo vibrar la catedral. Al mismo tiempo, el ataúd de mimbre de Hansard, cubierto de follaje y vegetación, fue sacado del templo entre una prolongada ovación en pie, mientras familiares, amigos y admiradores le rendían su último adiós. Nota aquí.





Cuatro Pesos de Propina

 

Alex Ubago

 


Kiran Desai

 Kiran Desai, escritora: "En la India nunca estás solo físicamente"

La novela de más de 700 páginas considerada como una de las mejores del año. Marca el regreso de Kiran Desai, la escritora india más joven galardonada de la historia.

La soledad de Sonia y Sunny es la historia fascinante de dos jóvenes cuyos destinos se cruzan y separan a lo largo de continentes y años: una epopeya sobre el amor y la familia, la India y Estados Unidos, la tradición y la modernidad, que marca el regreso a la gran narrativa de la autora india Kiran Desai, tras El legado de la pérdida. 

Durante su visita a Buenos Aires dialogó con BAE Negocios, con café de por medio y mucha serenidad.

 -¿Por qué 20 años entre una novela y la otra? -Es la pregunta que todos me hacen. Parece un poco loco haber tardado tanto. No me di cuenta. Tengo que decir que casi me he caído en otro mundo y no me di cuenta de que pasaron tantos años. Tenía mucho material.

- Vivís en Estados Unidos, ¿vas seguido a la India?-Eso es interesante porque hasta el 2008 iba a casa, porque mi padre todavía vivía. Iba a casa de mi infancia, volvía a la cocina familiar, al cocinero, que es una gran parte de este libro. Mi padre tenía un poncho que había comprado cuando viajaba a Latinoamérica, tomaba su whisky y ponía la música muy alto. Puede ser la música de guitarra española o de India, todo eso es también es parte grande de este libro. Aún me sentía conectada. Pero después de esa muerte, vuelvo de muy diferente. Aún tengo un hermano que vive allá, pero me di cuenta de que conocí la sensación de la diáspora de India en Nueva York. 

-¿Escribís en inglés?-Sí, crecí en una familia muy occidentalizada, también diversa. En varios idiomas. Papá en los últimos años empezó a hablar mucho en Indi. Mi educación fue en inglés con monjas irlandesas en India. Fue una escuela tipo convento. Muy estricta.

 -¿Eras de una clase privilegiada?-Sí, absolutamente. Hay muchos centros en India con culturas literarias fuertes, con culturas periodísticas fuertes. Sí es cierto que yo no soy de una familia adinera precisamente, pero sí de esta educación occidentalizada que inmediatamente te da cierto privilegio. Esta libro está justamente puesto en ese tipo de personas, en esa clase. Las personas que educan a sus hijos para dejar India y estudiar en Oxford, en Harvard y que esperan que trabajen para la ONU y tienen grandes sueños. 

-¿La soledad es distinta en occidente que en India? -Hay una simple y drástica diferencial. En India nunca estás solo físicamente. No hay esa sensación de comer solo o dormir en un cuarto solo. No tenés esa experiencia. La mayor parte de mi niñez fue tratar de alejarme de las personas. Y en Estados Unidos es lo opuesto, es estar físicamente solo y tratar de conectar con alguien, de conocer personas, de hablar. Cada país y cada lugar tiene sus propias formas de soledad. Tal vez tenés la soledad de no ser comprendido o tener un rol en la sociedad que no querés cumplir. Tal vez una soledad elegida. Alguien puede pensar que dejar a su esposo como hizo la madre de Sonia, fue elegida, que lo toma como algo preciado esa soledad. Especialmente en un país como India, para una mujer que viva sola y tenga esa identidad de sí misma, esa sensación. Entonces es parte del vocabulario del lenguaje occidental de ser un individuo, de la individualidad. Parte del vocabulario de la inmigración también, la soledad en sí. 

-Los protagonistas están situados en la decáda del 90 ¿Cómo sería su imigración hoy? -Los puse en el pasado porque quería escribir sobre varias generaciones, de ellos, de sus padres, de sus abuelos. Escribir sus recorridos entre India y el mundo occidental a través de varias generaciones. Hablar de sus ideas de amor y de soledad en el pasado hacia el presente. Y también mencionar o hablar de una India que ya no está, que ha desaparecido. Creo que las novelas a veces son como un museo. Quería escribir sobre esos personajes que lucharon mucho y creían en India como un país secular, una democracia secular y con diferentes religiones. Ahora es más nacional, se está deshaciendo eso. Quería capturar la India que era antes, porque a veces es importante, me parece, recordar. Uno tiene que tener la memoria de lo que una vez fue el país. Pero si lo hubiera hecho en la actualidad, en la India actual, se podrían ver como en los comienzos en este libro el personaje que es la mejor amiga de la mamá, es una mujer musulmana. Y creo que hay mucho miedo entre las minorías indias, entre los cristianos y musulmanes.

-¿Cómo le hubiera ido a los personajes con Donald Trump? -Estados Unidos e India están con este auge nacionalismo, primero India, después más recientemente con Trump, Estados Unidos. La aniquilación del periodista, del periodismo, del silencio, de las universidades, libros que se sacan de las estanterías. Creo que Sunny y Sonia se sentirían como si tuvieran hablar en ambos lugares, contar lecciones de su niñez y creo que eso sería muy importante.  Nota aquí.



Supersubmarina

 

La Chirichota

 


Pepe Habichuela

 Muere Pepe Habichuela, titán de la guitarra flamenca

El artista ha fallecido a los 82 años en Madrid. Innovador de las seis cuerdas, fue patriarca involuntario del flamenco moderno, especialmente del grupo Ketama, en el que militó su hijo

El guitarrista flamenco Pepe Habichuela (José Antonio Carmona Carmona) ha fallecido a los 82 años en Madrid, donde residía, tras una enfermedad que lo tenía apartado de los escenarios desde el verano de 2024, cuando acumuló sus últimos reconocimientos: homenajes en las Noches del Botánico de Madrid, en el Festival Flamenco On Fire de Pamplona y Castillete de Oro del Festival de La Unión, entre otros. En ellos recibió de forma unánime el cariño y el respeto que se había granjeado tras una vida plenamente dedicada al arte y al instrumento que representaba, la sonanta, del que era una leyenda viva. Medalla al Mérito en las Bellas Artes en 2018 y Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X El Sabio este mismo año, la trayectoria de Habichuela es rica en experiencias y grabaciones: su toque recorre más de medio siglo y es exponente de la evolución de las seis cuerdas en este tiempo, con relevantes innovaciones técnicas y armónicas.

Nacido en Granada en 1944, era heredero en tercera generación de una saga de guitarristas que había iniciado su abuelo, continuado su padre y habrían de proseguir y ampliar sus hermanos Juan (fallecido en 2016), Luis y Carlos. Curtido en las Cuevas del Sacromonte de su ciudad natal, siempre reconoció que la fuerza de su rasgueo era consecuencia de su afán por hacerse oír entre palmas, cante y baile, pero esa será solo una de las muchas aportaciones que la disciplina le debe. De Granada marchó a Madrid en 1964 convocado por su hermano mayor, Juan, ya instalado en la capital. Ya no dejaría de trabajar, primero en los tablaos del foro y, con el tiempo, en las grabaciones de los cantaores más relevantes del momento, Juanito Valderrama, Fosforito o Fernanda y Bernarda de Utrera, entre otros muchos, tantos que en pocos años había acumulado más de medio centenar de colaboraciones en discos de otros artistas.

El encuentro y la sociedad con su paisano Enrique Morente constituye un auténtico punto de inflexión no solo en su carrera o en la del cantaor, sino en la historia del flamenco contemporáneo. Tras muchas tardes de cómplice y colaborativo estudio, publican dos obras, en el mismo año de 1977, con la novedad, para ese tiempo, de que ambos aparecen firmados por ambos artistas. Homenaje a Don Antonio Chacón y Despegando fueron dos registros arriesgados, en tanto innovaban y no se atenían a la tendencia dominante del momento.

Su carrera en solitario se haría esperar, y no porque no estuviera preparado para ello. El momento llegaría en 1983, coincidiendo con la creación del sello Nuevos Medios (NN.MM) de Mario Pacheco, quien lo invitaría a inaugurar la serie Los jóvenes flamencos. Aunque el guitarrista se resistió, con el paso del tiempo resultó de justicia poética que lo hiciera, porque, de alguna manera, él, con su abierta mentalidad, ejercería de patriarca involuntario del flamenco que habría de venir y que esa discográfica difundiría, especialmente, el grupo Ketama, en el que militaron su hijo, el guitarrista Josemi Carmona, y sus sobrinos Juan y Antonio. Su primera obra, A Mandeli, es un trabajo que, además de mantener su fuerza y frescura pasados los años, recogería, en formato solista, parte de las innovaciones que había ido incorporando a la sonanta. Nota aquí.






Monstriña

 


martes, agosto 04, 2026

Glen Hansard

 

Rafa Mora

 


José Saramago

 


Leiva

 


Emiliano del Río

 


Juanlu Mora

 


Sole Giménez

 

Salvador Amor

 


Anna Possi

 Una abuela de 101 años se levanta a las seis de la mañana, desayuna torta de manzana y mantiene su cafetería abierta desde hace 68 años con la ayuda de su hija y su nieta: cómo vive la barista más longeva del mundo

La mujer, condecorada como Comendadora de la República italiana, abre cada mañana el Bar Centrale de Nebbiuno, el mismo local que fundó junto a su esposo en 1958.

“Les digo a mis nietas: trabajen, ahorren, no dependan de nadie. El mundo se está volviendo más difícil”, cuenta la Nonna.

Anna Possi prepara cafés detrás de la barra del Bar Centrale, en Nebbiuno, un pueblito del Piamonte con vistas al lago Mayor, tal como lo hace desde 1958. A los 101 años, es la barista con más años de servicio en Italia y no muestra señales de detenerse, según relató en una entrevista con Reuters.

Possi empezó a trabajar a los 18 años en el restaurante, el bar y la tabaquería de sus padres, donde también se vendían periódicos. En 1946, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, se mudó a Génova para trabajar con sus tíos y aprendió el oficio desde cero: a servir, a limpiar, a administrar un negocio. Antes de eso, vivió la guerra en Nebbiuno, atrapada, según sus palabras, entre los partisanos de las montañas y las tropas alemanas en las orillas del lago, en un clima de peligro constante.

“Llevo 51 años trabajando sola, como viuda, en este bar. Pero me gusta porque me gusta estar rodeada de gente”

Junto a su esposo, con quien más tarde regentó otro bar y restaurante, Possi ahorró hasta que decidieron volver a su región natal y abrir el Bar Centrale, solo los dos, sin personal ni lujos. Al principio funcionaba únicamente como cafetería porque no tenían licencia para vender alcohol; la ampliaron en 1960, tras la muerte de la tía que había criado a su marido y vivía junto al local.

Cuando su esposo falleció en 1974, Possi continuó sola. “Llevo 51 años trabajando sola, como viuda, en este bar. Pero me gusta porque me gusta estar rodeada de gente”, contó.

La mujer recordó que, en sus primeras décadas de actividad, el bar recibía cada mañana a los trabajadores de cinco fábricas de papel cercanas, que pasaban a tomar un café antes del turno y una grappa al finalizarlo. En los años 60, sumó una pista de baile al aire libre con vistas al lago, una novedad que atrajo clientes de pueblos como Arona y Omegna.

Según describió, entre sus parroquianos de esa época había abogados, médicos e ingenieros. “Este bar es como una familia, ¿sabes? No parece un bar; es un punto de encuentro. La gente viene no solo a consumir, sino a conectar”, resumió.

Un punto de encuentro que resiste al smartphone

Possi explicó que, más allá de servir café, ayuda a sus clientes con trámites y mensajes ante el ayuntamiento o el médico, y que presta el espacio del bar sin cobrar para exposiciones u otros usos comunitarios. Sostuvo que, si los clientes dejan alguna propina, ese dinero siempre termina destinado a causas benéficas. “He visto crecer a generaciones. Algunos abuelos vienen con sus nietos y dicen: ‘Anna, ¿te acuerdas de la máquina de discos?’”, relató.

Según observó, los más jóvenes ya casi no frecuentan el local como antes, cuando existían la pista de baile y la música en vivo. Ahora, dijo, prefieren pasar el tiempo con el teléfono inteligente, al punto de llevarlo incluso a la cama.

Sobre su propia vitalidad, Possi vinculó el trabajo con la independencia: “El trabajo te distrae y, al mismo tiempo, te aporta algo: te hace sentir independiente. No tienes que depender de los demás”.

La barista añadió que, en el Piamonte de su juventud, todas las mujeres trabajaban, ya fuera en el campo, en tareas domésticas o en encargos de empresas externas realizados desde sus casas. “Les digo a mis nietas: trabajen, ahorren, no dependan de nadie. El mundo se está volviendo más difícil”, aconsejó.

El año pasado, Possi recibió el título honorífico de Comendadora de la República italiana en reconocimiento a su trayectoria al frente del bar. Su rutina diaria, según había contado a medios italianos, incluye porciones reducidas de comida —espaguetis al mediodía y puré de legumbres por la noche, sin carne— y el seguimiento de la bolsa de Milán desde su computadora, un hábito que mantiene sin necesitar anteojos para leer. Nota aquí.




Tan Bionica

 

Leire Martínez

 


Ece Temelkuran

 Ece Temelkuran, escritora turca exiliada: “Pronto tendremos que redefinir el concepto de hogar”

La periodista turca acaba de publicar, desde el exilio, ‘La nación de los extraños’, sobre cómo encontrar un hogar cuando el propio deja de sentirse seguro.

Hace 10 años, la periodista y escritora turca Ece Temelkuran (Esmirna, 53 años) le dijo a su madre la fatídica frase que ningún inmigrante quiere pronunciar: “Mamá, no voy a volver a casa”. Llamaba desde Zagreb y desde ese mismo momento sintió que se había convertido en una persona sin hogar. En 2016 abandonó Turquía, un país cada vez más autoritario, para poder vivir, escribir y pensar en paz. Durante todo este tiempo se ha visto abocada a moverse por distintos países europeos con la constante sensación de no pertenecer, de tener las raíces expuestas al aire frío de lo ajeno. Después de publicar Cómo perder un país y Juntos, Temelkuran ha escrito La nación de los extraños (los tres, editados por Anagrama), su libro más personal y en el que repasa el sentimiento de exilio, pero también advierte: esto también te puede pasar a ti, tú también puedes perder tu casa de un día para otro.

Este libro es muy diferente a sus libros anteriores, ¿tenía pensado desde el primer momento escribir algo personal?

No, nunca. Me crie en una familia de izquierdas. Y vengo de una cultura donde empezar una oración con “yo” se considera vergonzoso.

¿Por su familia o por la sociedad?

Por culpa de la sociedad. Como eres de izquierdas, tienes que hablar de otras personas todo el tiempo. Así que nunca pensé en escribir mi historia. Creía que contar mi historia no solo era vergonzoso, sino que también sentía que me estaba poniendo en una situación de víctima, lo cual también es humillante. Así que nunca lo pensé hasta que, primero, tuve un colapso físico y recordé que también soy humana, vulnerable y frágil [ríe]. Y, segundo, vi que hay una fuerte conexión entre mi historia personal y la condición humana, que también es la de no tener hogar.

¿Cuál es su definición de hogar?

Mi hogar está hecho de personas. No es un lugar. Está hecho de amigos y está hecho de palabras, de promesas que nos hacemos el uno al otro. Eso es lo que te mantiene unido, como una red de seguridad, cuando hay incertidumbre. Pero dicho esto, no es fácil sentirlo todos los días, sentirme así todos los días. No es fácil sentirse como en casa cuando no hay un lugar al que puedas llamar hogar.

Un lugar físico, geográfico.

Sí. Tienes que convencerte constantemente de que casa son otras personas. No es fácil, porque esta idea de hogar como un lugar es tan inherente a nuestra humanidad desde el principio de los tiempos… Tal vez tengamos que intentar cambiar eso, no porque vayamos a quedarnos sin hogar o sin techo a causa de las guerras o el fascismo, sino porque el espacio en el planeta está disminuyendo por la crisis climática. Pronto tendremos que redefinir el concepto de hogar.

Escribe que el hogar ya no es seguro. ¿Recuerda el momento exacto en el que sintió que ya no era seguro estar en casa?

Desde 2002, cuando Erdogan llegó al poder, supe que esto no sería un partido político normal, sino un movimiento político y que cambiaría profundamente Turquía. Pero me sentí completamente desamparada después del intento de golpe militar de 2016. Durante la noche, sonó la selah, que es una oración que los musulmanes hacen por los muertos. Fue entonces cuando pensé: “Están fundando una nueva república y este ya no va a ser mi hogar. No voy a sentirme segura”. Y luego, unos días después, vivía en una casa de una planta baja y tenía barrotes de hierro en mis ventanas, y alguien arrancó los barrotes y dejó las ventanas abiertas. No se llevaron nada de la casa, pero yo pensé: “Esto ya no es seguro”.

Fue un mensaje, un “sabemos dónde vives”.

Sí, exactamente. “Podemos hacer este tipo de cosas”. Así que ese fue el momento en que sentí que ahora sí estaba en peligro. Pero incluso entonces, no pensé en irme.

¿Por qué no?

No lo sé. Yo nunca planeé irme de casa, salir del país. Después de ir a Zagreb, decidí tras dormir allí una noche que me iba. Esa fue la primera vez que dormí sin pensar que iban a venir por la mañana a detenerme. Para ser sincera, no sabía que iba estar tanto tiempo fuera. Porque en el fondo siempre piensas: “Oh, claro que voy a volver”. Y ya han pasado 10 años. Parece irreal.

¿Quiere volver?

Quiero poder volver sin sentir terror.

¿Y qué opina de los ciudadanos que apoyan a Erdogan y al régimen?

Cada vez son menos… para empezar. Están los devotos acérrimos del régimen y hay quienes se están enriqueciendo con este régimen. Su sustento depende de la supervivencia política de Erdogan, así que, naturalmente, lo mantienen en el poder. Pero aquellos que votaron por él pensando que este hombre traería a este país prosperidad, democracia y libertad, bla, bla, bla, muchos de ellos ya han abandonado el barco. Nota aquí.



Rolo Sartorio

 

La Chirichota

 


Jorge Luis Borges

 


El Roto

 


lunes, agosto 03, 2026

Robe Iniesta

 

El Drogas