jueves, agosto 27, 2026

Rubén Rada

 


Chambao

 


Rubén Rada

 El último show de Rubén Rada en Buenos Aires

Al frente de una banda espléndida, el músico uruguayo ofreció en febrero en La Trastienda su cóctel de murga, candombe, rock, bossa nova, funk y fusión, levantando al público y divirtiéndose él también.

Incluso con el telón cerrado, ya había arrancado el festejo. Mientras la banda ajustaba detalles, detrás de bambalinas se escuchó la milenaria clave rítmica: ese patrón asimétrico de cinco golpes, propio de la música afro, que el público acompañó con tres palmadas, secundadas por otras dos. Fue lo más parecido al “¡Ábrete, sésamo!”, porque de inmediato se descubrieron de par en par las cortinas del escenario. Sin embargo, antes que con Alí Babá, Rubén Rada seguramente tenga más empatía con los 40 ladrones. Al punto de que algo de eso sugirió en el inicio del espectáculo. “Me preguntaron cómo se iba a llamar el show, y le puse ‘Tocá, Che Negro Rada’ (título tomado del estribillo de su clásico “Blumana”). Mira qué capo que soy”, ironizó. Para luego adelantar que tocaría los temas que hace tiempo la gente no escucha.

Uno de los mejores y más distintivos músicos uruguayos se presentó en La Trastienda en la noche del miércoles como parte de la serie de shows con la que la referencial sala del barrio de San Telmo se encuentra relanzando su nueva imagen, (sonora y estética), así como su cartelera. Asimismo, se trató del reencuentro del artista con un lugar que curte desde su antigua sede, en Thames y Gorriti, según él mismo dijo, y en el que grabó en 2007, luego de la mudanza a Balcarce 460, el disco doble en vivo Varsovia, firmado junto al bajista Javier Malosetti. De los temas que registró en ese álbum, en esta oportunidad revisitó el mentado “Blumana” y el candombe “Ayer te vi”, con el que el cantante, compositor y percusionista inauguró los 105 minutos de recital.

No obstante, en contraste con el tema original y la versión del disco en directo, esta vez Matías Rada, vástago del candombero, articuló un solo de guitarra eléctrica para el clásico de 1981 cuya construcción nació en el arrebato y terminó en el anhelo melancólico. Fue el primer llamado de atención sobre su habilidad para hacer sonar la viola a su antojo, lo que permitió además que su padre desempolvara posteriormente “Heloisa”. Si bien este temazo de Tótem, grupo fundamental de rock uruguayo de los años 70, surgió a partir de un error, porque el título pretendía tributar a la protagonista del film Orfeo negro (en su momento, el artista entendió que se llamaba así, cuando en realidad su nombre es Eurídice), devino en una de las canciones claves del candombe beat.

Nadie la grooveó tan deliciosamente en el rock de ambas orillas del Río de la Plata como él, inclusive hoy, a sus 82 años. Y lo volvió a dejar de manifiesto en la primera de sus dos fechas de esta vuelta a Buenos Aires (la segunda función estuvo pautada para el jueves). Aunque esto fue nada más que un ápice de esa versatilidad musical que marcó a sus 65 años de trayectoria, porque hay Negro Rada para todos los gustos y edades. Lo corroboró a continuación al despachar la bossa nova “¿Quién va a cantar?”, escoltada por “Terapia de murga”, a la que introdujo afirmando que se trataba de la “primera murga que le canta al amor” (a razón del contenido político y social que caracteriza al género). Levantando al público por primera vez de sus mesas.

Entonces despachó su versión candombera de “11 y 6”, clásico de Fito Páez, advirtiendo que la había destrozado, desatando la risa de la gente. Una de las constantes de un recital cargado de anécdotas. Como cuando compuso “Dedos”, otra de las canciones emblemáticas de Tótem, durante última la dictadura militar uruguaya. Si hace un rato la había rockeado de lo lindo, ahora redobló la apuesta al mostrar el lado más salvaje y áspero del funk, convirtiéndolo en uno de los clímax de la noche. Ahí no sólo se lució de vuelta su hijo Mateo, exprimiendo su viola, para luego completar la narrativa performática con su talk box (pedal de efectos que manipula la voz), sino también su hija Julieta, quien desde los coros le inyectó todavía más urgencia al tema.

En el medio apareció “Candombe para Gardel”, donde el veterano candombero Fernando “Lobo” Núñez dejó de lado su tambor para bailar el final de la canción. A pesar de que “Flowers in the Night” no estaba originalmente en los planes, improvisaron un pedacito, mientras solucionaban un detalle técnico. Siguieron adelante con “Mi país”, dedicada a Víctor Hugo Morales, quien se encontraba entre la audiencia, y después hicieron “Don’t Stop candombe”, donde el jazz fusión y el género afroruguayo consumaron uno de sus tantos idilios. Y, tras sugerir lo que se venía, irrumpió finalmente “Blumana”, eyectando al público de sus asientos y poniéndole color a la celebración en la que se tornó lo que parecía un recital más. Es tan adictivo ese funk a lo africano que se hizo demasiado corto.

En ese instante, cobraron fuerza las remeras que se vieron en la sala tributando a Rada, porque su legado tiene el mismo estatus de lo que consiguieron Fela Kuti con el afrobeat o Bob Marley con el reggae. Lo que el músico uruguayo respaldó inmediatamente con “Rock de la calle”, de su supergrupo La Banda y con la que se dio a conocer en la Argentina. La intensidad que desborda el tema se la dejó picando a Mateo para que volviera a sacarle chispas al instrumento, y por supuesto no dudó en clavarla al ángulo. Con el lugar hecho una caldera, no hubiera venido nada mal que el repertorio continuara andando por ese camino. Pero como sabe que se debe a su público, el percusionista y cantante prefirió ponerle paños fríos al asunto y apelar por un remate más popular.

Siempre sentado al frente de sus tres tambores, y apoyado por una banda espléndida, de la que también fue parte su hija Lucila (estuvo en los coros junto a Julieta), el artista tocó “Cha cha, muchacha”, esta vez apuntando al Caribe, y ahí se quedó para despedirse con “Muriendo de plena”, en sintonía con la revolución que provocó el paso de Bad Buny por Buenos Aires (la plena boricua tiene una importante sucursal en Montevideo). No pasaron dos minutos, y ya el artista estaba de vuelta para consumar el bis con la sensiblera “No me queda más tiempo”. A la salida, sobre Paseo Colón, un trío de chicas aún excitadas con lo que vieron celebraron haber estado en el Luna Park con el que este hijo pródigo de Barrio Sur festejó sus 80 años. Y es que el Negro todo lo que toca lo vuelve leyenda. Nota aquí.



Alejandro Lerner

 


Casapueblo

 Hay artistas que se vuelven parte de la vida de un país. Nuestro querido Negro, es uno de ellos.

Está en nuestra música, en nuestra alegría, en el candombe, en tantas generaciones que crecieron escuchándolo, cantándolo, bailándolo.
Y está también acá.
Uno de los miradores de Casapueblo lleva su nombre. Hoy ese lugar frente al mar se vuelve todavía más querido.
Desde esta casa queremos decir gracias.
Gracias adorado Rubén, por tanta música, por tanta alegría compartida, por todo lo que le diste a Uruguay y por todo lo que seguirá viviendo en nosotros.
A toda su familia, les enviamos nuestro abrazo más profundo de amor.
Tu nombre seguirá mirando el mar desde Casapueblo. Y nosotros vamos a recordarte siempre con una sonrisa.
Hasta siempre, querido Negro.





Sole Giménez

 

Jaime Roos

 "Se fue un pedazo del cielo del Uruguay": la despedida de Jaime Roos a su "maestro y héroe" Ruben Rada

Durante años, ambos músicos —emblemáticos para la cultura popular uruguaya— estuvieron distanciados, pero tiempo después se reconciliaron.

El músico Jaime Roos despidió a su "maestro y héroe" Ruben Rada en un mensaje enviado a El Observador tras la muerte del artista, que falleció este miércoles a los 83 años.

"Se fue Rada, mi maestro y héroe, amigo querido. Se fue un pedazo del cielo del Uruguay", afirmó Roos.

Y agregó: "Se hace muy difícil tomar conciencia de que nos hemos quedado sin él. Dolor y angustia. Mis condolencias a su familia y seres queridos".

Ambos músicos estuvieron distanciados durante años, una situación de la que hablaron en su momento. "Con Jaime estuvimos peleados por terceros, por un comentario que hizo un periodista. Un boludo me preguntó en un reportaje '¿tocarías con Jaime?' y dije que no porque tiene una personalidad tremenda y si tocás con Jaime es él el que decide qué es lo que tenés que hacer", recordó años atrás Rada.

Si bien pasaron un "montón de años" —al decir de Rada entonces— tiempo después se reencontraron y se dieron un abrazo.

Ya en 2012 habían tenido una reconciliación televisiva, en el programa Décadas de Canal 12, durante una edición especial. Allí, la conductora Victoria Rodríguez preguntó directamente si ambos habían estado "peleados".

"Peleados no, distanciados … Hubo un distanciamiento tonto", respondió Roos. Y le dijo a Rada: "Vos nunca me hiciste nada a mí y yo no creo haberte hecho nada a ti; y así es muy fácil reconciliarse". Nota aquí.



Julio Rospir & Santy Pérez

 

Gabriel Tuya

 Gabriel nos cuenta por Facebook.

EL Negro Rada... dirán que es ley de vida... que los grandes como él nunca mueren... pues sí... también los grandes se nos mueren. A mí y a vos... se nos mueren. Estoy muy triste... Con él se va un pedazo grande de nuestra cultura uruguaya y también rioplatense. Basta con ver los posteos de tantos argentinos lamentando su muerte. Pero me detengo a pensar y sí... el Negro hace años que dijo como quería que fuera su funeral... "Cuando yo me muera / No quiero canto mi pena / Prefiero que me velen / bailando una rica plena...//
Pero el país está triste... seguramente saldrán miles de tambores para despedirlo. Se necesitarán millones de litros de medio y medio para soportar tanto dolor. Porque se nos fue un grande verdad... Que San Baltasar te reciba allá arriba y que juntos hagan repicar los cueros para que se escuchen a lo largo y ancho de todo el país. No conocí persona más alegre que el Negro Rada... lo siento, pero hoy estoy muy triste. Vamo'arriba... bó... "Toca che negro Rada / Tocá grita la hinchada / Tocá y cantá tranquilo / Que acá no pasa nada---// Yo prefiero recordarlo así como era... como por ejemplo contando su encuentro con Bob Marley... qué grande Negro querido!!!

Carlos Nuñez

 


Pablo Sciuto

 Se apagó una voz,

pero el cuero sigue hablando:
candombe es memoria
que ningún silencio alcanza
a callar del todo.
Descansa, maestro Rubén Rada gracias por toda tu influencia en mi música. El tambor te lleva.
¡Un abrazo fuerte a su familia!



Merino

 

Javier Bergia

 


Jorge Drexler

 ¡Maestro querido!

¡Qué hueco se nos queda el pecho!
¡Qué privilegio haber compartido este planeta contigo!
Gracias por enseñarnos quienes somos, por abrir puertas, tender puentes y llevarnos de la mano hacia adentro de nosotros mismos.
No sabíamos quienes éramos hasta que nos cantaste.
Un abrazo a la familia querida que sentimos como nuestra.
¡Salve Rubén Rada!




Emmanuel Horvilleur

 

Quique González & Toni Brunet

 


Rubén Rada

 Muere Ruben Rada, ícono de la música popular uruguaya

El músico, de 83 años, llevaba un mes internado por una neumonía

Ruben Rada, uno de los músicos más queridos de la música popular uruguaya, murió este miércoles a los 83 años, en Montevideo. “El más carismático, quizás el más querido de Uruguay, el que hacía bailar al pueblo, el que todos cantamos”, dice la cantante uruguaya Ana Prada, aún en shock, con la muerte del artista. El músico uruguayo estaba internado por una neumonía desde hacía un mes; su muerte fue confirmada por las redes sociales de su familia.

El Negro Rada, como le dicen en Uruguay, nació en Montevideo el 16 de julio de 1943. De origen muy humilde, empezó a cantar desde niño, en comparsas de negros y lubolos. “Desde chico cantaba en el Teatro de Verano —un teatro emblemático de Montevideo—; contaba que lo subían al escenario cuando las murgas demoraban. Le decían zapatito. Era entrañable, gigante”, cuenta Prada.

En las entrevistas que daba, siempre recordaba sus orígenes, la extrema pobreza, la discriminación y su forma de vivir siempre con alegría, con humor. “Negro que vivís cantando, negro que vivís soñando. Negro que cantás desnudo”, dice Negro, una de sus canciones más emblemáticas.

Autodidacta, Rada integró bandas emblemáticas del Río de la Plata, como El Kinto, una banda experimental junto a Eduardo Mateo, entre otros, que a finales de los sesenta fusionó el candombe con la música beat. Después vinieron Tótem y OPA.

Rada cantó todos los géneros: tango, milonga, murga, plena, cha cha chá, bossa nova. Carlos Dopico, periodista cultural uruguayo, entiende que el artista alcanzó algo que muchos aspiran, pero no siempre logran, “abrazar la élite y alcanzar la masa”. “Fue una usina, una central nuclear de melodías y ritmos”, dice.

Como solista, desarrolló una carrera prolífica, con canciones que forman parte del imaginario popular uruguayo, como Candombe para Gardel, Manos, Quién va a cantar o Mi país. “Rada introdujo los tambores del candombe en la canción, sus melodías son imbatibles, hermosas”, concluyó Prada, que fue su amiga y cantó con él durante varios años.

El Gobierno de Yamandú Orsi declaró duelo nacional y la Cancillería destacó su rol para difundir la música uruguaya en todo el mundo: “Artista, músico, compositor y referente de nuestra identidad, Rada llevó la música uruguaya más allá de nuestras fronteras, construyendo a través de su obra un puente entre Uruguay y el mundo, y entre nuestro país y las comunidades de uruguayos residentes en el exterior”.

Los uruguayos también evocaron su recuerdo con cientos de mensajes en las redes sociales. “El Negro, el Rey de Uruguay, el Rey de nuestro corazón. Uno de los músicos más importantes del mundo, y sin duda el de mejor humor”, lo despidió la cantora y compositora Daniela Mercury. El club Peñarol elogió a uno de sus hinchas más amados: “Icono cultural de nuestro país, El Negro ha sido desde siempre y será eternamente un abanderado de nuestros colores. Dueño de un carisma único y de raíces profundas, multifacético, querido por todos”.

A través de las redes circuló también una convocatoria para despedirlo en el barrio Palermo de Montevideo este miércoles por la noche. “Llevá tu tambor, el parlante, la música que tengas y vamos a despedirlo bailando”, dice la publicación. El jueves continuarán los homenajes. El velatorio será en el Palacio Legislativo, sede del Parlamento uruguayo. Rada mantuvo su optimismo vital incólume, como dijo en una de sus últimas entrevistas televisivas: “La pelea de la vida fue linda”. Nota aquí.



Nik

 


miércoles, agosto 26, 2026

Pedro Pastor

 


La M.O.D.A

 

Iván Ferreiro

 


Silvia Pérez Cruz

 Silvia Pérez Cruz lleva su canto a una Habana en penumbras

La voz de la cantante española provocó un estado de gracia en una audiencia que logró aliviar por unas horas el dolor de una profunda crisis económica.

Cuba parece estancada en su propia zona abisal, sin visos de emerger a la superficie, desde que Trump impuso la asfixia petrolera y las subsecuentes sanciones al país caribeño; la gente, en su mayoría, ha perdido la noción de los días, debatidos entre resolver necesidades básicas como agua, luz y gas, o llevar adelante el trabajo que permita comprar alimentos. Por eso, cada vez menos gente se permite acudir a la poca oferta de ocio, encarecida, que aún hace vibrar ciertos espacios en las ciudades. Por eso, cuando Silvia Pérez Cruz anunció un concierto gratuito en La Habana, como parte de la gira por Latinoamérica de su más reciente disco Oral Abisal, se desató la euforia entre una parte del público habanero, que vio la oportunidad como un soplo de aire fresco para su sofocante realidad.

Y esos vientos soplaron este 23 de agosto, como un hálito redentor, en esa zona de La Habana Vieja donde se cruzan las calles Cuba y Amargura. Allí se levanta la iglesia de estilo renacentista de San Francisco El Nuevo, entre solares donde habitan decenas de familias hacinadas y joyas arquitectónicas del centro histórico. A las afueras del templo, mientras la tarde empezaba a caer, decenas de personas formaban una nutrida y dispersa cola, una alteración del ritmo cotidiano del barrio, entre familias que salen con sillones a tomar el fresco, en las estrechas aceras o directamente en la calle, otros que juegan dominó, mendigos que deambulan constantemente, basura desperdigada por las esquinas, hombres tirando de carretones repletos de bidones con agua, o la abuela que mandó a sus nietos a un recado y van por la calle, dinero en mano, correteando, apenas vestidos con un short para burlar el calor de agosto.

En medio de todo ese trasiego, quienes esperaban para entrar a la iglesia —al concierto—, parecían una anomalía, un cúmulo de gentiles a punto de disfrutar de un placer culpable. Pero adentro esperaba la gloria prometida de escuchar una voz que pareciera evocar la paz sobrevenida tras cualquier exaltación del espíritu. Y los cubanos conocen bien esa sensación, y la extrañaban, tras la última presentación de Silvia Pérez Cruz en la capital cubana en 2022. Con ese recuerdo vivo, que auguraba la mejor de las veladas, cientos de personas colmaron el interior del recinto, sentados en los bancos, en el suelo, rodeando un escenario improvisado, sitiado por linternas con forma de cirios —que la artista trajo consigo—, a los pies del altar mayor. En el centro, cuatro sillas, una guitarra lista, un micrófono para la voz, un pequeño amplificador y unas flores. Nada más.

Un calor intenso y pegajoso lo inundaba todo, la gente se abanicaba sin cesar, se secaba las gotas de sudor, tomaba agua. Cuando el público se dio cuenta, Bori Alberto (contrabajo), Marta Roma (violonchelo) y Carlos Monfort (violín) estaban dando rienda suelta a la maravilla y una voz, como venida de una realidad insondable, se escuchaba desde lo alto del templo. Silvia Pérez Cruz, vestida de blanco, abrió así una pausa en el agitado tiempo de los cubanos. Nada más importaba a esa hora, ni la crisis endemoniada sin fin, ni los apagones, ni el alto costo de la vida. La voz de Silvia provocó ese estado de gracia en el espíritu de una audiencia que se sintió conmovida con la alegría y la sensibilidad de unos músicos que lograron traducir su declaración de amor en una auténtica celebración musical, donde el público también acompañó muchos de los coros que Silvia, imaginativa e incombustible, les iba lanzando. Nota aquí.







Diego Ojeda

 


Juan Carlos Baglietto & Nahuel Pennisi

 

Jorge Luis Borges

 


Santiego Roncagliolo

 


Julia Medina

 

Félix Maraña

 AMADO GÓMEZ UGARTE,,

tipo extraño para el mundo,
un pensamiento profundo
y distinto en cualquier parte.
Desde la Tierra hasta Marte,
desde Donostia hasta Llodio,
unidos en monipodio,
con acento libertario.
Por eso brindo a diario,
para huir de tanto odio.
Su prosa libre novela
y retrata al poderoso,
al que manda y al tramposo
y camina y no recela
si debe encender la vela
para espantar al maligno.
La libertad es su signo,
su santo y seña civil.
Su lápiz es un buril
acertado, inciso y digno.




Mundo Chillón

 


El Roto

 


martes, agosto 25, 2026

Andrés Suárez

 

Glen Hansard

 


Sabina por Aquí

 


Puño Dragón

 

Dolly Parton

 Dolly Parton, la leyenda de la música country, fallece a los 80 años

La cantante y compositora estadounidense que “cosechó canciones y felicidad” tuvo una prolífica carrera durante más de seis décadas.

Dolly Parton, la icónica cantante estadounidense que se entregó a la música desde que concibió su primera canción con apenas seis años, falleció este martes a los 80 años. Adorada tanto por lo que lograba en escena como por su carisma, su fallecimiento fue anunciado por su sobrino Bryan Seaver con palabras que resumen el enorme legado que dejó mucho más allá de la música.

“Dolly ha vivido en la luz y está en los brazos de Dios. (...) Dolly abrió las puertas a una generación de cantantes, compositores, músicos y soñadores de todo tipo y a través de todos los continentes. Gracias a su ejemplo tenemos la convicción de que todo es posible. Nunca vio una puerta que no pudiese abrir y, con la puerta que abrió, hizo historia y la cambió”, recordó Seaver.

“Ella siempre ha estado en sus televisores, en sus CD, en sus reproductores de música y en sus playlists en el teléfono celular. Se convirtió en parte de sus familias extendidas”, agregó.

Su sobrino la recordó también como una persona que hizo honor al legado de su padre, un granjero del que heredó la capacidad de “cosechar canciones y felicidad” a pesar del duro entorno en el que creció, sin electricidad ni calefacción en su hogar. Nacida el 19 de enero de 1946 en Tennessee, Parton fue la cuarta de los 12 hijos de Robert Lee y Avie Lee Parton. A pesar de sus orígenes humildes, comenzó a destacar desde muy pequeña por su talento como cantante y compositora. A lo largo de más de seis décadas de carrera, se convirtió en una leyenda de la música country y en una artista reconocida en todo el mundo.

La cantante alcanzó la fama gracias a canciones como Jolene, 9 to 5 o I Will Always Love You, esta última popularizada internacionalmente por Whitney Houston. Además de su trayectoria musical, también triunfó como actriz en películas como 9 to 5 y Steel Magnolias. También destacó por su labor filantrópica, especialmente a través de iniciativas relacionadas con la educación y la lectura infantil como su Imagination Library con la que ayudó entregó libros para que a pequeños de Tennessee no les pasara lo que a su padre, al que se le complicó aprender a leer porque dejó la escuela para labrar la tierra.

Una artista más grande que la vida misma

Con su humor muchas veces punzante, Parton tuvo una petición final a su familia: reposar sobre una cama de algodón porque “tras haber pasado la vida cargando con rhinestones (unos cristales que asemejan diamantes) pesados, ahora merecía estar cómoda”.

Esa vida en los reflectores arrancó en la iglesia en la que predicaba su abuelo. A los seis años compuso su primera canción, Little Tiny Tasseltop, para su muñeca Tasseltop que tanto amaba. A los 10 ya sabía tocar guitarra y cantó por primera vez en shows de la televisión local. Tres años después estuvo con Johnny Cash en el escenario del Grand Ole Opry en Nashville. Nota aquí.



Paco Luque

 


Mon Laferte

 

Enrique Vila-Matas

 Dígame cuánta verdad hay

La tensión entre literatura y vida logra un magistral equilibrio, evitando así que la existencia y el tedio lleguen a ser abrumadores.

Pienso en aquella extraña fantasía de los escritores de ir en busca de experiencias que les parecieran más intensas que las de la literatura. Algunos seguro que llegaron a creer que la muerte de la escritura les daría acceso a lo estrictamente real. Y, aunque siempre quise que me explicaran qué nos perdemos de la vida cuando escribimos, jamás he pedido esas explicaciones, porque sé que discreparíamos a la hora de matizar la definición de experiencia, y más en un mundo como el actual, tan sórdido, tan idiota, tan literalmente bestial.

Por otra parte, la tan edificante idea de que la vida es, por supuesto, más interesante que la literatura, la demolió para mí Ricardo Piglia en una entrevista en Princeton, en 1998, cuando dijo que para él era más atrayente la literatura que la vida, pues la primera solía tener una forma mucho más elegante y podía ser una actividad más intensa.

No mucho después, John Banville, en un encuentro con Paula Corroto, no dudaba en decir que la literatura era más interesante, pero sobre todo “más importante” que la vida. Y, al señalarle Corroto que, sin embargo, todo lo que venía contándole tenía que ver con la vida, Banville le dijo que, en efecto, pero que eso se debía a que no tenemos otro material para escribir: “Porque si pudiesen, los novelistas no hablarían de nada. Un inglés dijo que la única inspiración que se podía conseguir se limitaba a la música, pero la vida es la vida y es el material que tenemos. Es un caos y puede incluso ser fea, pero es lo que tenemos”.

Desde Cervantes lo que tenemos es esa formidable tensión entre literatura y vida, que viene siendo el tipo de debate que ha desarrollado la novela. De hecho, la novela es ese debate en realidad. Por eso no debería sorprendernos que, cuando alguien presenta nueva novela, la pregunta más standard se interese por saber “cuánto hay de ficción y cuánto de verdad en ella”.

Indirectamente, esa pregunta standard aparecía en La verdad en literatura, reciente artículo de Sara Barquinero, interesante aportación al debate de la tensión entre literatura y vida en las novelas. Por azar supongo, justo después de leerlo, me entraba desde Palermo un correo de Valeria Luiselli relacionado con la pregunta del “cuánto hay de verdad”. En su mensaje siciliano y en plena promoción de su formidable novela Principio, medio, fin me comentaba su inesperada alegría al haber hallado la respuesta a la pregunta standard que le venían formulando en la mayoría de entrevistas. No era la respuesta exacta (porque ésta no existe), pero le parecía la más próxima a la verdad: “De autobiográfica la novela tiene el 27%”.

Tan inesperada alegría, pensé, no habría sido posible de no ser por qué, en mi opinión, la permanente tensión entre literatura y vida logra un magistral equilibrio entre una y otra evitando así que el vértigo de la existencia y el tedio general lleguen a ser demasiado abrumadores.

Pregunta de última hora (utilizable en futuras entrevistas): ¿será el 27% aproximadamente lo que dejamos de escribir para poder vivir?. Nota aquí.



Pez Mago

 


Guille Galván