martes, junio 30, 2026

Leiva

 La conexión aragonesa de Leiva que sale a la luz en un concierto en el que batió su récord: "Pensaba que no iba a venir ni Dios"

El artista ha confesado que su madre es "maña" y que parte de su familia también en un directo en el que se ha mostrado muy cómodo.

Desde que ha salido al escenario del Ibercaja Estadio en Zaragoza, a Leiva se le ha notado especialmente emocionado y muy pronto se ha desvelado el porqué, concretamente, cuando el madrileño le ha dirigido las primeras palabras al público: "¿Qué ha pasado hoy aquí?Buenísimas noches a Zaragoza, qué privilegio y que honor", ha dicho el artista.

"Es difícil normalizar esto como si pareciera que lo hacemos cada fin de semana. Hoy es el récord de mi vida de público fuera de Madrid en mi historia", ha clamado ante la algarabía popular del público zaragozano que ha sentido el dato como muy suyo. "Por eso, cuando sea mayor me voy a acordar siempre de este día", ha afirmado con rotundidad antes de desvelar un dato poco conocido hasta ahora: "Mi madre es maña, así que yo soy un poco de aquí y el cariño es de ida y vuelta, por eso creo que hemos podido llenar esto hoy. Estoy superemocionado", ha señalado.

"No iba a venir ni Dios"

"Hace unos meses tocamos en un sitio (el Príncipe Felipe) que ya era muy grande y que por eso mismo nunca se lo propuse yo a la oficina, y lo hicimos. Una semana antes de aquel día decidimos hacer un fin de diez 'shows' y a mí siempre me hace mucha ilusión tocar aquí, pero yo pensé que no lo iba a proponer porque no iba a venir ni Dios si ya me habían visto hace nada", ha confesado.

Y fue, precisamente de Zaragoza, ya que el que dirige la gira es el aragonés Sergio Vinadé el que le hizo cambiar de idea: "Él insistió en que habría gente que querría vernos de nuevo. Un aplauso para él, creador del mítico El fantasma de los ojos azules, y un núcleo de cultura", ha querido remarcar Leiva, que ha querido terminar esta alocución agradeciendo a todo el mundo su presencia: "Sé el esfuerzo que os supone poder estar aquí así que vamos a intentar estar a la altura con pasión, honestidad y amor, lo vamos a intentar". Nota aquí.











Las Pastillas del Abuelo

 


Tanxugueiras

 

Cecilia

 Cecilia, equilibrista de la tercera vía

Entre el modelo cantautoril y el pop comercial, una rara artista que supo evolucionar en el franquismo crepuscular.

Hay libros cuyo contenido supera lo enunciado en su título. La reedición ampliada de Equilibrista. La vida de Cecilia (Efe Eme) pone al día lo sugerido en su primera aparición, a través de la librería Ocho y Medio. Y nos recuerda de pasada el telón de fondo: el polarizado ambiente musical en la España de los primeros setenta, radicalizada entre los practicantes del rock —una tropa tan enfurruñada que tendía a hacer música instrumental o cantada en inglés— y el mainstream del pop nacional, dominado por los melódicos y las canciones-del-verano.

Extranjera hasta cierto punto, Cecilia no detectó lo inusual de su proyecto musical. Fruto de una educación cosmopolita, con un padre diplomático, se presentó en Madrid haciendo un folk internacional, aunque ciertamente fue encaminada por Julio Seijas y Nacho Sainz de Tejada, sus cómplices en el trío Expresión, y brevemente apadrinada por el zamorano Joaquín Díaz. Ella encarnaba una tercera vía, canciones muy personales pero con envolturas digeribles. Seguramente sin saberlo, conectaba con las propuestas de un Joan Baptista Humet o de Cánovas, Adolfo, Rodrigo y Guzmán. Evitó el malditismo de aquel supergrupo gracias a la tutela de Tomás Muñoz, capo de Discos CBS, la compañía más aggiornada del momento. Muñoz era un exquisito, pero no se fíen: hacía lo que fuera por vender, aceptando que Cecilia representara a TVE en un festival de la OTI, papelón que —lo cuenta el libro— ella representó con buen humor.

Y es que ella se debía desenvolver en un medio profesional muy conservador, trabajando incluso con Juan Carlos Calderón, potente compositor pero poco empático con los artistas. Recuerden, Calderón se retrataba como pianista de jazz pero fue degenerando hasta la categoría de músico de salón de hotel para acompañar a la vocalista Myriam Domínguez. Uno sospecha que Cecilia sabía mantener el tipo, incluso en el seno de una discográfica despótica que, sí, torció el morro cuando anunció su propósito de musicar a Ramón María del Valle-Inclán.

No era entonces fácil para una cantante-compositora pilotar su nave. Ni aquí ni fuera: muchas de sus referencias femeninas, como Janis Ian o Melanie, terminaron agostadas, aunque su querida Joni Mitchell sí mantuvo su estándar de investigación. La única competencia que tenía en España era Mari Trini, en una onda más francesa, o las guadianescas Vainica Doble. Alternaba Cecilia entre lo cursi —la historia de Un ramito de violetas hubiera encajado en los folletines de Corín Tellado— y las declaraciones rompedoras, como la crudísima Nada de nada. Con su buena educación, supo sortear las mordeduras de la censura: pudo colar Un millón de sueños como, ejem, su visión de la guerra civil en el Líbano. Al menos, eso explicó en su comparecencia ante el Tribunal de Orden Público. Lo de definirse como “equilibrista” demostraba su poder de previsión. Nota aquí.



Kevin & Liniers

 


Tute

 


lunes, junio 29, 2026

Salón 1923

 Cómo es Salón 1923, el bar de cócteles oculto en la cima del Palacio Barolo que te transporta a los años 20

En uno de los edificios más imponentes y poéticos de Buenos Aires se esconde un rooftop que invita a viajar en el tiempo. Vistas panorámicas hacia el Obelisco y el Congreso, jazz de fondo, coctelería de autor y el privilegio de brindar junto al único faro de la Ciudad. Todos los detalles de esta experiencia imperdible.

Enclavado en la histórica Avenida de Mayo al 1370, a escasos metros del Congreso de la Nación, se erige el icónico Palacio Barolo. Esta joya arquitectónica no es un edificio más en la inmensidad porteña: es una obra que le rinde culto directo a La Divina Comedia de Dante Alighieri y que, al igual que el poema, divide su estructura conceptualmente en Infierno, Purgatorio y Paraíso. Y es en el anhelado Paraíso donde se encuentra Salón 1923.

Este exclusivo bar de cócteles inaugurado en 2019 llegó para completar el sueño original de los creadores del edificio, el arquitecto Mario Palanti y el empresario Luis Barolo, quienes ya en sus planos originales de 1919 habían proyectado instalar un bar en la azotea. Su nombre, 1923, es un homenaje directo al año en que el Palacio abrió sus puertas.

Entrar a Salón 1923 es dejar atrás el bullicio moderno de la ciudad. El Spazio Interiore (el área techada del bar) está meticulosamente ambientado para recrear el glamour de los dorados años 20. Y la inmersión es total: quienes atienden visten elegantes uniformes de época, la decoración evoca los tiempos de la ley seca y la atmósfera se completa con una cuidada selección musical que te transporta en el tiempo.

Para quienes prefieren sentir la brisa y llevarse las mejores postales, el rooftop cuenta con dos sectores al aire libre: el Terrazzo Obelisco con orientación este, y el Terrazzo Congreso al oeste, un escenario imbatible para disfrutar de inolvidables atardeceres.

Además, la experiencia tiene un condimento único: es el único rooftop del mundo que posee un Faro Urbano. Esta luminaria, declarada Faro del Bicentenario Argentino en 2010, corona el edificio y dota al brindis de una mística inigualable. Nota aquí.







Dani Flaco

 


Paula Mattheus

 

Marwán

 Marwán nos cuenta por Facebook.

Aquí tenéis la portada de “Mujer verano”, el primer single de mi nuevo disco que este viernes podréis escuchar por fin. En el enlace que hay en mi BIO podéis pre-guardarlo para que os avisen cuando salga. Sinceramente, es una canción emocionante, con cierta evolución con respecto a lo que siempre he hecho, pero siendo el de siempre y es una vuelta a lo que siempre he hecho: canciones de amor que expresen lo que sentimos en las diferentes etapas de las relaciones. En concreto, “Mujer verano” habla sobre el momento del enamoramiento. Con cada canción del disco iréis viendo que hago un retrato sobre sus diferentes etapas, una cartografía, imagen a imagen, de cada momento de una relación. Estoy deseando que la escuchéis, que la compartáis y que me contéis qué os parece la canción y esta portada. A mí la portada me parece fascinante. Es obra de @oyeme_studio , sobre una idea original de mi manager Christian León .
Por cierto, mañana daré una bonita noticia sobre el disco y sobre mi carrera.




Alberto Alcalá & Joaquín Sánchez

 


Rafa Pons & Pedro Javier Hermosilla

 

Norberto Jansenson

 Norberto Jansenson presenta un homenaje especial a René Lavand: “Es la primera vez que me animo”

En su paso por el estudio de Infobae en Vivo, el mago mostró algunos de sus trucos y contó cómo lo marcó el legado del gran ilusionista argentino.

Desde chico, Norberto Jansenson aprendió que la vida puede ser una aventura y también puede ser mágica. Esa intuición lo guió desde Villa Crespo, donde empezó a jugar con trucos a los siete años, hasta convertirse en uno de los magos más reconocidos del país. Jansenson hizo de la magia una forma de vida, de trabajo y de viaje: animó cumpleaños, eventos, escenarios televisivos y teatrales, y hoy lleva su arte por el mundo, recorriendo cruceros y volviendo, cada tanto, a sorprender al público argentino. En el estudio de Infobae a las 9 (Infobae en Vivo), se sentó a recordar cuatro décadas dedicadas al asombro.

Apenas saluda frente a las cámaras, Jansenson agradece la bienvenida y el clima del estudio, y se detiene en uno de sus viejos dilemas: “Toda la vida cuando alguien me decía: ‘¿Cómo te promocionamos? ¿Cómo te vendemos? ¿Cómo va a ser el póster?’ Yo decía: ‘De la forma que quieras, pero no pongas conejos, ni cartas, ni palomas’”. Pero hoy, sonríe, cambió de opinión: “Cuando lo veo digo: ‘Es encantador’. Qué pena que… bueno, no sé. Hasta las palomas vuelan. Hoy lo haría así porque me parece espectacular. Así que gracias”.

El rechazo a los animales en escena tiene sus motivos. “Ya veía venir algo que hoy es natural en el mundo: no es una muy buena imagen hacer magia con animales. Nosotros sabemos lo cuidados que están. En general los magos trataban a los animales mejor que a los miembros de su familia, pero el público no lo sabe. Ve salir una paloma de un lugar imposible y piensa: ‘Pobrecita, ¿dónde habrá estado?’“, comenta el especialista. Y explaya: ”Es difícil explicar en medio del show que la paloma está bárbara. Mejor sin ella”.

El cambio, cuenta Jansenson, tiene que ver con la nueva sensibilidad de sus seguidores. “El público objetó todo un día, porque hoy la gente es protagonista. Está bueno que la gente pueda responder y ser parte, aunque también hay quienes se dedican a discutir todo lo que sucede. Yo prefiero que se pueda”, comentó.

La charla se vuelve íntima y lúdica cuando Cecilia Boufflet le recuerda un truco que la dejó pensando durante años: aquel en el que cada espectador dejaba una pregunta en un cofre y, de alguna manera, cada una recibía respuesta. Jansenson revela: “Fue una de las cosas más impactantes que hice. No pude volver a hacerlo tan fácilmente, porque era una técnica muy compleja que dependía de muchas cosas que tenían que pasar al mismo tiempo en el lugar. No en todos los lugares, no todas las veces se puede hacer algo así”.

El recorrido por sus inicios incluye Las manos mágicas, un corto de televisión de los años setenta y ochenta. “El primer truco que aprendí fue ahí. No había VHS, así que cuando ibas a buscar los elementos, el programa ya había terminado“, recordó Jansenson. ”Después me regalaron la caja de magia de setenta y cinco trucos con instrucciones que eran grandes como una servilleta. Y un día, un amigo de mi papá me regaló mis dos primeros trucos de verdad: la bolsa y el huevo de madera y un vaso de leche que desaparecía en una revista. Esos fueron mis dos trucos profesionales del bazar yankee”, completó.

Jansenson sostuvo que “todos venimos al mundo enamorados de la magia”, pero que en algún momento “nos educan y nos hacen alejar de la magia y dejar de ejercer nuestros poderes”. Cree que la intuición y la capacidad de asombro siguen ahí, esperando que uno quiera conectar. “Yo creo que nunca desconecté. Mis papás me dejaron seguir jugando. Y en algún momento me empezaron a salir pedidos para cumpleaños y eventos. Nunca fue mi deseo ser mago profesional, se fue dando y acá sigo estando todavía”. Nota aquí.






Alex Ubago


 

Andrés Suárez

 

Luiso García

 Hoy he querido subir una ilustración que nos invitara a recorrer toda una vida, a ser testigos del paso del tiempo, el avance de una sociedad, el miedo, la visibilidad, el amor y, sobre todo, el orgullo frente al odio, el señalamiento y la intolerancia.

Feliz Orgullo LGTBIQ+ a todas, todos y todes.



Juan Luis Guerra

 


El Roto

 


domingo, junio 28, 2026

Joan Manuel Serrat & Joaquín Sabina

 

Antonio López

 Antonio López a los 90 años: 

"Estoy enamorado de mi pueblo, pero no de Madrid. La vida me ha traído aquí, pero son cosas distintas"

El artista manchego, considerada una de las grandes figuras de la pintura contemporánea, siempre ha tenido una vinculación especial con la capital española, la cual ha retratado en multitud de ocasiones a lo largo de su extensa carrera.

o es Madrid el lugar de origen de Antonio López, pero sí aquel en el que aprendió a mirar. En él modeló el pintor parte de su talento además de su sensibilidad artística, ya que se convirtió en un territorio al que ha vuelto una y otra vez con la devoción de quien todavía encuentra algo nuevo interesante en lo que fijarse. "No sé si Madrid lo ha significado todo en mi carrera, pero sí mucho", concedió el pintor a nuestra cabecera en un reportaje en el que habló acerca de su vínculo con esta urbe que es para él fuente de inspiración inagotable.

Llegó a la capital española de adolescente para ingresar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando desde su Tomelloso natal, el rincón de Ciudad Real en el que aprendió a manejar los pinceles y al que no duda en regresar siempre que puede. "Estoy enamorado de mi pueblo, pero no de Madrid. La vida me ha traído aquí, pero son cosas distintas", afirmó.

Madrid ha sido una de las grandes protagonistas de la obra de Antonio López desde sus inicios. No como una ciudad monumental ni turística, sino como un espacio que cambia de piel constantemente. Ha pintado la Gran Vía vacía al amanecer, edificios suspendidos, azoteas en las que el tiempo parece detenerse y vistas panorámicas que convierten el caos urbano en algo sorprendentemente sereno. "Si te gusta lo que tiene que ver con las personas, el lugar donde viven..., eso es un documento excepcional. No sé si retrato rincones maravillosos, son los lugares que a mí me han parecido interesantes", explicó el manchego de ahora 90 años, quien tiene en su mirada una voluntad de fijar algo más profundo que la arquitectura.

"Tú puedes pintar una cosa que es horrible porque, simplemente, está cerca de ti, te parece interesante y quieres transmitir tu visión del mundo. En la historia de la pintura dentro del mundo de la figuración no han ido a las cosas hermosas", argumentó el que está considerado uno de los artistas españoles más admirados de las últimas décadas.

Esa relación íntima que Antonio López mantiene con Madrid le ha llevado a ser una figura inseparable de la identidad visual de la ciudad. Sus vistas urbanas de Gran Vía, Campo del Moro, Vallecas, la Puerta del Sol o Torres Blancas son ya parte de la memoria contemporánea colectiva. "Lo interesante para mí es mi mirada, traducirla desde la pintura, que todo lo cambia. El hecho de pintarlo, en vez de apretar el botón de una cámara fotográfica, estar delante del caballete, que se vaya uniendo la pintura..., todo eso lo aparta de la objetividad. Hay un espacio que ya no es objetivo, que es subjetivo, que tiene que ver conmigo, y la persona que lo contemple y entienda la pintura, lo va a notar", subrayó a Harper's Bazaar. Nota aquí.





Colectivo Panamera

 


Marlena

 

Fernando Aramburu

 Ten mucho cuidado con el éxito, porque te puede volver más tonto de lo que ya eres”

Este no es un año cualquiera para el escritor Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959). Por lo pronto, se cumplen diez años de Patria, novela que se sumerge en el conflicto vasco e indaga en el modo en que la violencia etarra —a lo largo de los años e incluso más allá de los gestos estrictamente políticos— fue erosionando los lazos de toda una comunidad. Aramburu ya era un escritor con trayectoria, pero el lanzamiento de este libro lo catapultó a la escena internacional. Convertido en un éxito de ventas, Patria no solo cruzó las fronteras españolas (fue traducido a unos 30 idiomas), sino que también se prolongó en una serie impulsada por HBO España y hasta fue adaptado a la novela gráfica. Como parte de las celebraciones por el aniversario —le cuenta el escritor a LA NACION, durante una reciente visita a Buenos Aires —, se lanzará una edición especial y, en julio, en la ciudad vasca de Vitoria, habrá una exposición que reconstruirá lo ocurrido en torno al libro. “Ya cedí material, lo típico, cuadernos de anotaciones, algunos objetos”, describe.

Aramburu también aguarda el estreno de El niño, película dirigida por Mariano Barroso y producida por Netflix, que se basa en su novela homónima y que podría llegar a los cines entre septiembre y octubre, antes de subir a la plataforma.

Afable y contenido a un tiempo, el autor no oculta la satisfacción ante la sumatoria de buenas noticias y agrega una: el lanzamiento de Maite, su último trabajo. Aunque se ocupa de aclarar que su escritura no se reduce al caso vasco, lo cierto es que el tema vuelve, una y otra vez. Maite integra la serie Gentes vascas, a la que también pertenecen, entre otros, El niño y Los peces de la amargura. En el caso de la novela más reciente, el foco está puesto en el encuentro de tres mujeres —una madre y sus dos hijas— en julio de 1997, en medio de la conmoción pública por el secuestro y asesinato, a manos de ETA, del concejal Miguel Ángel Blanco.

El tema vasco retorna, y Aramburu acepta que tiene en mente “unos cuantos títulos” que seguramente harán crecer la serie Gentes vascas. El autor narra las tragedias, contradicciones y valores de su tierra con la pizca de distancia que suele dar la extranjería: desde 1985 reside en Hannover, Alemania. Su alejamiento de España no tuvo que ver con la política, sino con el amor. Siendo todavía un estudiante, conoció a Gabriele, una alemana con la que muy pronto se uniría y con la que tuvo dos hijas. En 2016 (el mismo año en que se lanzó Patria), le dedicó una de las columnas que por entonces escribía en El País. El artículo se llama “Carta a la guapa” y culmina con esta frase: “A veces me pregunto qué forma habría tenido mi vida sin ti. No me respondo. ¿Para qué si no me importa nada la respuesta?”.

–¿Queda algún balance por hacer, a diez años de la publicación de su libro más exitoso?
–Hay un balance muy positivo. Afortunadamente, el éxito fue posterior a la escritura de Patria. El libro fue escrito en total tranquilidad. En apariencia, era uno más de los míos: yo no podía prever la repercusión internacional que tuvo. Pronto entendí que debía gestionar la excesiva exposición pública. El libro me procuró muchos lectores en muchos países, me dio una dimensión internacional, me dio algo que yo no tenía hasta entonces, que era estabilidad económica, y por tanto me dio tiempo para escribir con calma otros libros. En líneas generales, estoy muy agradecido.

–En la Argentina fue muy leído.

–El libro me trajo por vez primera aquí. Después vino la serie, pero el libro en sí tuvo mucho impacto; creo que es por las resonancias de las tragedias propias de la historia…

–¿Cómo impactó en su vida personal este salto, hace 10 años, hacia un público mucho más amplio?
–Bueno, yo no tenía 18 años, tenía ya bastantes… Estaba en un momento de madurez personal; el éxito me halagó, pero no me hizo perder contacto con la realidad. Tampoco vivo solo, tengo una vida familiar y tengo amigos que, de haberme convertido en un arrogante, en un divo, en una persona que se cree especial, pues me habrían echado el freno y yo se los habría agradecido. El libro y el éxito me dieron una lección de vida que me pareció valiosa. Una lección en forma de advertencia que podría formularse así: “Ten mucho cuidado con el éxito, porque te puede volver más tonto de lo que ya eres”. Y lo que hice, esto no podía ser de otro modo, fue liberar el escritorio de la repercusión de Patria. Es decir, no permitir que los ecos que estaba causando el libro interfirieran negativamente en mi trabajo literario. Me refiero al escritorio como ese lugar donde solo puede haber un proyecto al cual me dedico con total plenitud. No quería que los constantes viajes relacionados con Patria, las entrevistas, las llamadas telefónicas, perjudicasen mi trabajo de escritor. Demoré cinco años en publicar otra novela y le pedí ayuda a la poesía para poder dedicarme a la escritura sin sentirme mirado por mi libro, por Patria. Ya dije que no escribiría Patria II, que eso podría haber hecho caja, pero creo que habría sido un proyecto fallido, porque no lo habría hecho con convicción.

–¿Qué sería exactamente “pedir ayuda a la poesía”?

–Después de Patria, publiqué Autorretrato sin mí, que por momentos entra en terreno claramente poético. Publiqué otro libro titulado Vetas profundas, que reúne una cata de poemas ajenos desde los clásicos del Siglo de oro hasta el presente; me dediqué al articulismo y también a las recopilaciones; es decir, evité automatizar el trabajo y distanciarme un poco creativamente de Patria hasta la siguiente novela, que transcurre en Madrid y contiene un mundo humano y narrativo muy distinto. Nota aquí.



Benjamín Prado

 


Rolo Sartorio

 

Manuel Vicent

 Cuando todos los rojos eran guapos

La muerte de Pedro Caba se ha llevado todo aquel mundo en el que cada uno en su medida luchábamos por la libertad. Yo lo convertí en protagonista de la novela ‘El jardín de Villa Valeria’ y de aquellas páginas he sacado estos recuerdos.

A primera hora de una mañana de la primavera de 1977 recibí una llamada con un tono muy misterioso, aunque en seguida reconocí que aquella voz era la de Pedro Caba, quien me dijo que ese día debía acudir sin falta a una cita en la casa de la sierra. Villa Valeria estaba situada en los altos de Cercedilla mirando hacia Siete Picos del Guadarrama, en la colonia de Camorritos. Mientras subía esa mañana a la sierra en la radio del coche sonaba la canción Oh, mamy, mamy blue y Adamo cantaba Mis manos en tu cintura y yo iba vestido como un progre de molde, lucía patillas largas, pantalones de campana y jersey blanco de cuello alto.

Mis mejores amigos estaban en el Partido Comunista y yo me sentía un compañero de viaje o tonto útil, pero no un rojo. Por aquellos días sucedían hechos de sangre en Madrid en la lucha callejera contra el franquismo bajo nubes de gases lacrimógenos que dejaban en el aire un olor a almendra amarga.

Antes de llegar a la fuente de Camorritos, doblé a la derecha sobre los raíles del ferrocarril que llevaba a Cotos y entré en una colonia de chalets sombreada por pinos centenarios. Cuando paré el motor, oí las risas que salían del jardín de la casa derruida y entre las risas de aquel alegre conjunto de jóvenes antifranquistas, artistas, profesores y cineastas, también percibí un subyugante aroma a sofrito que transportaba la brisa. Al entrar en el jardín vi enseguida a la gran dama, a Dolores Ibárruri, Pasionaria, que había llegado el día antes a Madrid después de un exilio de 40 años. Estaba sentada en un sillón blanco de mimbre que tenía una pata rota atada con una cuerda y la rejilla del respaldo destrozada. Todo en el jardín era una elegante y estética ruina.

Cerca de Pasionaria ardía el fuego de una paella en el momento en que se estaba sofriendo la carne. Ella me ofreció su mejilla cuando fui a darle un beso. Pedro Caba había montado este acto que suponía la primera presencia visible de Dolores en España. Después, Pedro me hizo el honor de que yo echara el arroz a la paella, una ceremonia sagrada a la que acudió toda la cuadrilla.

El doctor Pedro Caba murió hace unos días. Era un médico muy singular. En aquellos tiempos del mayo francés ibas a su consulta, y, mientras te aplicaba el fonendoscopio en la espalda, te soplaba al oído el próximo salto callejero, te obligaba a decir treinta y tres y al mismo tiempo te pedía dinero para los presos políticos, te tomaba la tensión contando el último chiste de Franco, te palpaba el hígado y a la vez te daba noticias de la huelga de los metalúrgicos, te miraba por rayos y aunque lo negaras, él juraba que veía tus costillas en forma de hoz y martillo. Todo eso en cinco minutos atrabancados en que había tropezado con una papelera, había derribado una lámpara y había tirado un cenicero. Y al recuperar el abrigo que habías colgado en la percha al llegar, lo encontrabas con los bolsillos llenos de panfletos.

Yo tenía entonces un Morris 1100 y en la luna de atrás llevaba una pegatina pacifista formada por un triángulo anarquista con la inscripción de “Haz el amor y no la guerra”. Eso fue suficiente para que intentara captarme para la causa marxista leninista, cosa que no consiguió, pero sí mi amistad, que ha durado hasta su último día.

Me admiraba su rapidez mental, su vitalidad tan compulsiva. Cuando lo conocí, el médico Pedro Caba desarrollaba una actividad frenética. Hubiera sido una hazaña seguirlo en su labor diaria. En la primera parada visitaba a un canceroso desahuciado, en la segunda se entrevistaba con el responsable de una asociación de vecinos, en la tercera entraba en una tienda y compraba pepinillos de Bulgaria para la comida colectiva en la casa derruida de Camorritos, en la cuarta se metía en un convento de clausura y le metía el termómetro bajo la lengua a la madre superiora, en la quinta atendía a un millonario de Puerta de Hierro y en la sexta había que ir a Entrevías a hablar con alguien de comisiones obreras.

Nos hicimos muy amigos en un verano en Denia, donde creaba un torbellino a su alrededor por donde iba. Pronto acaparó todas las iniciativas en su urbanización: fiestas, excursiones, comilonas, verbenas con farolillos. Siempre aprovechaba la ocasión para hacer proselitismo e impartir doctrina marxista en la playa en taparrabos, sin reparar que entre aquellas barrigas desnudas que lo rodeaban alguna podía ser propiedad de algún coronel de la División Azul.

La muerte de Pedro Caba se ha llevado todo aquel mundo en el que cada uno en su medida luchábamos por la libertad. Yo lo convertí en protagonista de la novela El jardín de Villa Valeria y de aquellas páginas he sacado estos recuerdos y el esplendor juvenil bajo los pinos de Guadarrama, de aquel mayo de jaras floridas cuando creíamos que todos los rojos eran guapos y hasta el mismo Dios era un intelectual de izquierdas. Nota aquí.



Marwán

 


Ainda

 

Gracias...!!!

 


Fabián D. Cuesta

 “Lo revolucionario hoy es escuchar”

Como un artista en el alambre, haciendo piruetas imposibles, cual atrevido funambulista, pero dentro de su hogar, en medio del estudio de grabación. Así se nos presenta Fabián D. Cuesta en la portada de “Estar Fuera”, su regreso tras siete años alejado de los focos. Este disco es, como siempre que volvemos sobre los pasos del músico leonés, un abrazo cálido, un suculento manjar que paladeamos unos pocos afortunados, esos pájaros errantes que, como él, encontramos en la sutileza y la palabra precisa el lugar al que siempre volver. Un artesano de la emoción, un cancionista más que un cantautor, que da siempre mucho más de lo que espera a todo aquel que se acerca a su órbita. 

Así, en comunión con estas diez canciones que son diez retazos de una vida que se nos ofrece sin cortapisas, encontramos a Fabián en esta entrevista que, aún con la distancia de por medio, se nos muestra tan cercano como si estuviéramos compartiendo mesa juntos. Ese encuentro cara a cara llegará, seguro, pero mientras tanto, esta familia de El Giradiscos que tanto le aprecia saboreó al calor de sus sinceras palabras un emocionante recorrido por el espíritu que recorre este delicado álbum que, con sus familiares armonías y su cercanía al pop, sin alejarse del paisaje característico del folk que siempre le ha acompañado, ha encontrado un merecido hueco dentro de nuestras vidas para llenar de eternidad cada instante. 

Teníamos muchas ganas de hacerte esta entrevista desde hace mucho tiempo. Por mi parte siempre has sido un referente y tu música me ha acompañado en momentos vitales muy importantes, pero no quiero hablar de mí, quiero empezar preguntándote por cómo te sientes después de estos años de más recogimiento desde que lanzaste tu último álbum. 

Fabián: Muchas gracias. Me alegro mucho de que mis canciones te hagan, por lo menos, algo de compañía.

Estos años han sido extraños. He pasado momentos complicados en lo personal; lo cuento un poquito en la carta que acompaña la descarga del disco. Esta vez me costó algo más retomar las ganas de volver a grabar; aunque suene ya muy lejano, creo que la pospandemia contribuyó bastante, y hasta hace relativamente poco no he logrado estabilizar ciertas cosas. Ahora me encuentro bastante mejor. 

Si echamos la vista atrás son más de veinte años de carrera. ¿Qué balance haces de los mismos? 

Fabián: Yo empecé a tocar y a grabar discos porque me hacía feliz, y durante muchos años, lo he sido haciendo esto. Siete discos de los que me puedo sentir orgulloso son un buen balance de todo este tiempo. Otra cosa es el negocio, la gente que lo lleva y se nutre de él, ver cómo funciona realmente y cómo produce un público totalmente orientado hacia otro sitio.

Ha habido cosas buenas y cosas malas, pero, afortunadamente, todo lo que tiene que ver con mis canciones es positivo. 

“Siete discos de los que me puedo sentir orgulloso son un buen balance de todo este tiempo”

Volviendo al tiempo de espera querría preguntarte por el proyecto “#ExplicarLosPájaros”. Nos quedamos con ganas de que se materializara en un disco o que hubiera habido más colaboraciones para ver crecer tu carrera. ¿Cuál era el principal motivo del proyecto? ¿Realmente quedó truncado o su concepción pasaba por lo que finalmente fue? 

Fabián: La cosa era realmente esa, hacer un single por cada disco editado hasta el momento junto con algún compañero o compañera ilustre de profesión. Barruntamos la posibilidad de fabricar un vinilo y hacer una pequeña tirada con aquellas canciones, pero se quedó en los singles digitales. Aquello fue en plena pandemia; una forma de seguir haciendo cosas en un momento en el que no se podía tocar y tenías que ir al estudio de grabación (cuando se podía), con una mascarilla. 

Las canciones funcionaron bien en las redes, y le agradezco de corazón a mis compañeros y compañeras que se prestasen a hacerlo. 

Tu nuevo disco se llama “Estar Fuera”, muy en la línea de ese retiro en el que se han convertido estos años en los que no te hemos visto tan activo. ¿Responde a este motivo? 

Fabián: Sí, totalmente. El mundo de la industria nunca me ha pertenecido, y ahora mucho menos. Yo soy un señor al que le cuesta hacer los discos deprisa. Me tomo mi tiempo para terminar las canciones, reflexionar sobre ellas, y ofrecer un disco que me haga sentir seguro y orgulloso cuando tenga que cantarlo o me lo encuentre sonando por ahí. Todo este tema de la inmediatez, no es que lo lleve mal, es que no lo llevo. Para mí estar fuera es lo normal. De vez en cuando me encuentro con gente que no lo entiende, que intenta darme consejos así como para petarlo, para “ser más famoso”. Supongo que es difícil de entender, pero no estoy en esa lucha. Nota aquí.



Fernando Navarro

 


Tute

 


sábado, junio 27, 2026

Ismael Serrano

 Ismael Serrano repasa su trayectoria musical en un concierto cargado de reflexión

El cantautor madrileño actuó dentro del ciclo Música a la Luna, compartió con el público detalles de su actualidad artística y anunció que prepara la celebración de sus 30 años en la música.

El cantautor Ismael Serrano ofreció el pasado viernes por la noche un concierto en el recinto amurallado de Melilla La Vieja, donde reunió a un numeroso público dentro del ciclo Música a la Luna, organizado por el Gobierno de Melilla. A lo largo de la actuación, el músico madrileño realizó un recorrido por su trayectoria artística y compartió con los asistentes algunas reflexiones sobre su carrera, el paso del tiempo y los proyectos en los que se encuentra inmerso.

Antes de comenzar el repaso a su repertorio, Serrano explicó que atraviesa una etapa de cambios profesionales. Según trasladó al público, acaba de finalizar su gira sinfónica y, paralelamente, está afrontando una nueva experiencia sobre los escenarios al debutar como actor de teatro. En esta faceta interpreta al poeta andaluz Antonio Machado, una figura con la que aseguró sentir una especial conexión.

Durante su intervención, el artista comentó que ambos comparten "muchas cosas" y aprovechó para recordar, en tono distendido, una anécdota que despertó las risas de los asistentes. Serrano recordó que el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, atribuyó a Antonio Machado un texto escrito por él. "Una de las cosas es que Feijóo le atribuyó a Antonio Machado un texto mío", señaló entre las carcajadas del público, antes de añadir con humor que "a mi padre le gusta mucho también".

El músico explicó además que combina actualmente su trabajo en el teatro con la preparación de un nuevo hito en su carrera. Según indicó, ya trabaja en la celebración de sus tres décadas dedicadas a la música y reconoció que está valorando la forma en la que conmemorará este aniversario.

"En eso estoy, entre el teatro y la preparación de mis 30 años en la música, y estoy dándole vueltas a ver cómo lo celebramos", manifestó ante los asistentes, que siguieron con atención sus palabras antes de que retomara la interpretación de sus canciones.

Con la guitarra al hombro, Ismael Serrano inició entonces un recorrido por las composiciones que han marcado su carrera, recuperando temas de sus primeros discos y repasando distintas etapas de su producción musical. El cantautor presentó este viaje por su repertorio como una oportunidad para mirar atrás y reflexionar sobre el tiempo transcurrido desde el inicio de su trayectoria.

En este sentido, destacó que muchas de las canciones interpretadas durante el concierto contienen una importante carga de reflexión sobre el paso del tiempo. Aprovechó esa idea para compartir otra consideración con el público acerca de la percepción que suelen generar los primeros trabajos de un artista.

"A veces me da por pensar, cuando uno dice que 'tus primeros discos eran mejores', no echa tanto de menos al autor que fue, sino que, realmente, echa de menos a quienes éramos cuando escuchábamos esas canciones", expresó. A continuación, remató la reflexión con una nueva nota de humor al añadir que "también puede ser que aquellos primeros discos eran buenísimos".

Las palabras del cantante sirvieron de hilo conductor para un concierto en el que alternó la interpretación de sus canciones con comentarios dirigidos al público, creando un ambiente cercano durante toda la actuación. El numeroso grupo de asistentes que acudió al recinto amurallado de Melilla La Vieja disfrutó así de una velada en la que el artista combinó música, recuerdos y reflexiones personales sobre su evolución artística.

La actuación de Ismael Serrano forma parte de la programación del ciclo Música a la Luna, impulsado por el Gobierno de Melilla. El calendario de este programa cultural continuará el próximo 10 de julio con la actuación de la cantante La Bien Querida, que ofrecerá un concierto en formato acústico en la Plaza Pedro de Estopiñán, también situada dentro del recinto amurallado de Melilla La Vieja. Nota aquí.



Mon Laferte

 

Diego Savoretti & Los Indescriptibles

 


Xoel López

 “Escribí el himno del Dépor la misma noche que me lo propusieron”

El artista gallego ha sido el protagonista del primer encuentro musical del diario en Vigo. Con 17 discos y más de 200 canciones registradas, es uno de los creadores más prolíficos de la escena actual. Ahora también ha compuesto el himno del equipo de fútbol de su ciudad

Xoel López (A Coruña, 48 años) recuerda Vigo con cariño porque fue la ciudad donde ofreció su primer concierto acústico en solitario. Fue en la Casa de Arriba, la mítica sala nocturna de Churruca. Años después, ha sido el artista invitado para inaugurar los Encuentros EL PAÍS en Galicia. Con el auditorio de la Sede Afundación abarrotado, el gallego presentó su último trabajo, Oniria Popular, de la mano del periodista musical de EL PAÍS Fernando Neira. El encuentro ha sido una de las actividades organizadas por EL PAÍS+ en Vigo. Los suscriptores también han disfrutado de una visita guiada por la exposición fotográfica Momentos, que celebra el 50 aniversario del diario —disponible hasta el 30 de junio en la calle del Príncipe—, y de un café con los periodistas de EL PAÍS Xosé Hermida y Sonia Vizoso.

Xoel López se encuentra a pleno rendimiento. Publicó su último trabajo, Oniria Popular, hace apenas mes y medio —lo presentó en los Encuentros EL PAÍS en Madrid el pasado 19 de mayo—. Combina la promoción con los primeros conciertos de la gira de festivales, con la que actuará por el país durante el verano. En este periodo prolífico, ha compuesto el nuevo himno del Real Club Deportivo de A Coruña, que celebra 120 años de historia.

“Hacer un himno es complicado”, explicó. El Celta de Vigo tiene a C. Tangana, que compuso Oliveira dos cen anos por el centenario del club. El Dépor tiene a Xoel López: “Igual que C. Tangana dejó su impronta, yo he juntado muchas de las cosas que suelo hacer en mi música”, argumentó, con partes de pop rock y otras más cercanas al folclore. “Escribí la letra la misma noche que me lo propusieron”, reveló. El resultado final verá la luz en unos meses, pero los asistentes tuvieron la suerte de conocer en primicia algunos versos.

En Madrid, donde reside, la pasión le lleva a jugar al fútbol sala y al baloncesto cada semana: “Me encanta, pero soy el típico mediocre. Se me da excelentemente normal”, reconoció. Lo suyo son las canciones. Tras 17 discos y 201 canciones registradas, el gallego confesó tener “todos los huevos en la misma cesta”. “Confío en que esto dure hasta que me retire, que espero que sea tardísimo. No tengo alternativa”, añadió.

Componer y componer

Para Xoel López, “hacer discos es una forma de vida”. Su extensa discografía permite dibujar un mapa artístico emocional y sentimental. Si Fin de un viaje infinito y Reconstrucción, con Deluxe, marcaron un antes y un después en su carrera, Atlántico establece un patrón en lo estético y lo rítmico. “Cada disco me representa en cada momento. A veces, incluso, me retrata a futuro”, observó. Su proceso de composición está casi ligado a la escritura automática: “Escribo de una manera casi inconsciente, como si la mano no pudiera parar”.

Con Oniria Popular el gallego se ha introducido en un nivel más del inconsciente. “Compuse muy rápido, se abrieron todas las puertas de la percepción. Llegué a escribir hasta tres canciones en una semana”, dijo. Persigue la belleza. Cuando lo consigue, le alcanza una sensación de plenitud: “Es comparable con ir al cine a ver una buena película o terminar una gran novela. Son momentos de felicidad que te regala la vida”, explicó.

Durante el encuentro, hubo tiempo para reflexionar sobre los modelos de masculinidad. La canción Tronco y raíz es un canto a la amistad, un “tema poco trabajado en las conversaciones masculinas”, según explicó Neira. “En mi entorno, entre hombres somos bastante cariñosos. Nos decimos ‘te quiero’ sin mucho problema”, señaló el artista. Su sensibilidad le hizo sufrir, sobre todo durante la juventud. No obstante: “Sin ella, no hubiese podido ser el músico que soy ahora”, aseguró.

Desde hace un par de semanas, Xoel López no recuerda sus sueños. En el último que puede contar, vio a Rosalía, como ya hizo Sílvia Pérez Cruz. “Dicen que en los sueños siempre eres tú. Es decir, que Rosalía no es ella misma, sino lo que representa para mí”, explicó. Lo hilvanó con su relación con la fama y la exposición: “Tengo bastante conflicto con la popularidad. Es algo que intento manejar”. Y aseguró que se encuentra en un lugar cómodo: “Firmaría seguir así, digamos, ya hasta el fin de mis días”, remachó. Nota aquí.





Andrés Suárez

 


Felicidad González, Germán Terrón & César de Centi

 


Rodolfo Serrano

 “Los poetas debemos combatir el fascismo”

“La desesperación no lleva a ningún sitio. Es una cueva sin salida. Por eso mi interés en que siempre haya en mi poesía una ruta de escape, un camino hacia la felicidad”. Poesía social, poesía política, poesía de la vida y del amor, de la niñez, la juventud y el envejecimiento, de la soledad de los hospitales… Poesía que busca la belleza y también el compromiso. “Me acerco a los 80 años, y ante ese final de las cosas, nos queda, o pretendo que me quede, la sensación de eternidad, esa eternidad de la belleza, de la persecución de la belleza”. Y del compromiso hasta el final. “El poeta no puede huir de la realidad. Su obligación es hacer ver con sus palabras las miserias de un mundo injusto, de un dios cruel en cuyo nombre se ampara el dolor del hombre, la injusticia y la desigualdad”. Hablamos con el periodista y escritor Rodolfo Serrano de su nuevo libro de poemas que acompañan las inspiradoras fotografías de Raúl Cancio: ‘La mirada y el verbo’ (editorial Kasban).

Rodolfo, quien conoce su poesía sabe que tiene siempre un ansia de ternura explícita y jugosa. Unas ganas de arreglar la cara oscura de la inercia que deslumbra, pese a la sencilla matriz de su poesía. Su nuevo libro, ‘La mirada del verbo’, no es una excepción, y, sin embargo, hay una rareza muy valiosa en él. Su mirada es más densa, menos sistemática y mucho más política, sin incidir como en otras ocasiones en versos que la nombran. ¿A qué obedece este cambio, a la necesidad de ceñirse a las imágenes de Raúl Cancio o al hartazgo que va produciendo ese olor añejo de la política patria y mundial? 

Lo cierto es que las imágenes de Raúl están cargadas de esa poesía que yo persigo en mis versos, lo cotidiano, el transcurrir de los días, la belleza de lo que nos encontramos en la calle, sin buscarlo casi. Y esas imágenes han influido, sin duda, en el verso. Pero no hay un hartazgo de la política. Para mí la política está en el hombre y su obra. Y todo es política. La poesía también. Lo que ocurre es que, en el caso de este libro, la política adquiere otra dimensión, otras formas. Hablar de las mujeres solas o de la soledad de un mimo es una forma de política, incluso el verso amoroso puede ser una forma de política.

Una vez más, usted se desvincula de metáforas sofisticadas. No juega al suspense que esa elección supondría. Apuesta como siempre por el verso útil y transparente. Reinventa las imágenes de su compañero de viaje y las alza en sus manos hasta buscarles un hogar imposible de abandonar. La primera y excepcional fotografía del libro, esa mujer sentada sobre una piedra de granito, es un símbolo de resistencia, y el primer poema es ya una declaración de intenciones. La resiliencia es sin duda el leitmotiv de todo el poemario. Es su hermoso libro un canto contagioso, una forma de pluralizar aquello que mueve a la sociedad, pero también al hombre. ¿Supo desde el inicio que esa dualidad tan comprometedora sería la columna vertebral del libro? 

Claro. A esa resiliencia me refiero cuando hablo de la política en mi poesía. ¿Hay algo más político que ese afán de recuperación, de resistir, de enfrentarse a la vida? Procuro, además, que haya en mis versos una denuncia social. Y esa mujer a la que usted se refiere es, precisamente, un ejemplo de mi intención. Un ejemplo de resiliencia, efectivamente. Es verdad que no soy un poeta de metáforas deslumbrantes. Quiero pensar que la mejor metáfora es la expresión natural de la realidad. Y en eso ando. Las fotografías de Raúl son también un ejemplo de resistencia ante la vida: esas calles húmedas de lluvia, esas mujeres en su soledad, las nubes altas, el silencio que se adivina en una ciudad extraña.

“He ganado la vida. Y he vencido / al miedo y al desastre, a los dolores, / a la desolación de madrugadas / en fríos hospitales. He burlado / a los amores perros y a su ruina”. Versos como estos ponen de manifiesto que es usted un poeta que quema todas las salidas en cada poema. Sus metáforas son animales quietos que lo apuestan todo a cada instante. ¿Nunca le agota esa sensación de finitud? ¿Cómo consigue que ese peso específico se revierta en el latido infinito que acaban siendo todos y cada uno de sus poemas?

Le decía antes que las metáforas, para mí, son la expresión de la realidad. Y la realidad no siempre es hermosa. Hay fríos hospitales, madrugadas de desolación y amores perros. Es la vida. Inevitable vida que, a pesar de todo, tiene momentos maravillosos. Y sí. Una vida que se nos va escapando entre los dedos. Ante ese final de las cosas, nos queda, o pretendo que me quede, la sensación de eternidad, esa eternidad de la belleza, de la persecución de la belleza.

Sus versos impactan porque conoce el mundo y la tragedia de lo cotidiano. La imposición de lo inevitable, y, aun así, guarda lo mejor de sí mismo y sus mejores intenciones para evitar venganzas, para alejar de la desesperación a todos y cada uno de sus versos. ¿Cómo consigue nombrar lo incómodo sin que resulte incómodo y aleccionador? ¿Cómo huye de la perversidad de algunas verdades? ¿Es el diálogo interno de un hombre tan consciente de la verdad quien obra el milagro? 

No lo sé. De verdad que no lo sé. Procuro mantener abierta la esperanza. Esa es una forma de resistencia ante el dolor propio y ajeno. Y si la verdad es que todo terminará, que el sufrimiento envuelve al hombre, al ser humano, yo intento buscar el ángulo más amable, intento acomodar mi paso al otro para buscar, juntos, refugios contra el miedo y el desastre. La desesperación no lleva a ningún sitio. Es una cueva sin salida. Por eso mi interés en que siempre haya en mi poesía una ruta de escape, un camino hacia la felicidad.

“Ahora que solo tengo mi tristeza, / este dolor antiguo del pasado, / ahora, cuando el mundo me hace daño, / siento por fin, que todo lo he perdido, / pero he ganado la vida y tu recuerdo / para dormir en paz hasta la noche”. Versos así ponen de manifiesto que usted sabe perder las batallas como pocos poetas saben hacerlo. Y, sin embargo, siempre hay una sensación de júbilo en el lector, un latido de agradecimiento porque sus reflexiones son un beso sobre las heridas personales. Usted se relaciona con el lector como si hablase con usted mismo. ¿De qué lugar mana esa naturalidad tan inverosímil teniendo en cuenta el lugar profundo y doliente del que nacen sus versos?

Las batallas perdidas, a veces, son la mejor victoria. En esos versos que cita usted está, en buena medida, mi filosofía poética. Cuando siento que todo lo he perdido, he ganado la vida. No quiero renunciar a ese último refugio que es la propia vida. Mire usted, yo voy camino de los 80 años. Y a esta edad la vida, lo mejor de la vida son las cosas pequeñas, el deslumbramiento de una noche de verano en el pueblo, el olor del jazmín en el patio, el cárabo en la iglesia. Ese dolor que usted cita, es ya, a estos años, un compañero amable de un viaje que está acabando. Y se lo cuento al lector en la idea de que esas experiencias de vida le sirvan para enfrentar su propio camino.Nota aquí.













Rafa Pons & Xavi "Lobo" Aparici