sábado, abril 25, 2026

José Luis Morante

 José Luis nos cuenta en su Blog.

RODOLFO SERRANO/RAÚL CANCIO: MIRADA Y VERBO


INSTANTES SUSPENDIDOS

   La mirada y el verbo (Kasbah, 2023) marca un hermoso diálogo entre la cosmovisión poética de Rodolfo Serrano (Villamanta, Madrid, 1947), quien realizó los estudios de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, y Raúl Cancio (Madrid, 1943), fotógrafo y uno de los mejores fotoperiodistas de la prensa gráfica de nuestro tiempo. Los dos coincidieron durante muchos años en el periódico El País y allí nació una excelente amistad que se ha prolongado en el transitar de los relojes, más allá del desempeño laboral y de los diferentes quehaceres personales de investigación, docencia y escritura.
   La introducción de Joaquín Estefanía “El tiempo en el que fueron inmortales” arranca de esa complicidad de cercanía que dejan los pasos entrelazados en la redacción. Han pasado los años y el ahora va adquiriendo un matiz crepuscular. Pero persisten las voces emotivas de la evocación, ese anecdotario que traza el perfil del recuerdo compartido y los rasgos singulares de su presencia creadora, más allá de la experiencia solidaria.
   El preámbulo insiste en que imágenes y textos están perfectamente imbricados con la realidad. La palabra y el verbo se dan la mano para recobrar las dispersas teselas del pasado y concretar los vuelos del instante suspendido, de esas vivencias irrepetibles que el tiempo deja entre las manos. Resalta el carácter unitario entre textura visual y el meditado orden poético. Ambos suman pasos para la búsqueda de un sentido orgánico a través de ese lenguaje dual. El emotivo prólogo es un buen umbral. Anticipa la senda verbal de Rodolfo Serrano y la densidad conceptual que guardan las imágenes de Raúl Cancio.
   La palabra poética de Rodolfo Serrano alumbra una voz figurativa, dispuesta a ser testigo de lo que sucede. Pone de relieve un recorrido exploratorio que convierte el entorno en material literario, en territorio de inmersión y búsqueda, de rescate y retorno a la claridad. Ese ámbito, no pocas veces penumbroso y sombrío, ofrece una visión subjetiva y sentimental. Llegan como involuntarias protagonistas del poema la soledad, la desolación y los recuerdos, acaso embellecidos por la memoria para certificar que cualquier tiempo pasado fue mejor. Se cobijan entre los versos mínimas historias que se solapan entre sí y suceden como si la existencia negase la posibilidad de un mundo en calma, ni siquiera en los sueños, aunque el yo poético se empeñe en rescatar una amanecida de luz. El sujeto verbal afronta el respirar como un empeño en recordar las ciudades que amó, ahora vistas como siluetas inmóviles que recorta una puesta de sol.  Llega la oscuridad y un estar triste que rememora un amplio listado de cosas pendientes. Cada vez más, la existencia asume un aleatorio descenso hacia sombra. Abre las manos para dejar en ellas el ébano tenaz de la tiniebla, la oscuridad y el desconcierto. El tedio de la tarde, descrito con versos concisos y lacónicos que dejan la conciencia de ser una presencia frágil, ya instalada en el derrumbe físico y en la vencida arqueología de la soledad. El ser ahora es un tantear pausado, con las asimetrías del fatigoso transitar que permite volver a casa, aunque no haya nadie.
   Todos los poemas de Rodolfo Serrano argumentan una clara disposición enunciativa y emplean una dicción cercana y limpia, en la que cabe una realidad cercana, que deja grietas y hendiduras para el onirismo y la fantasía. Los textos mantienen una serena continuidad visual con las fotografías de Raúl Cancio. En ellas predominan los grises y negros, una estela de secuencias, repletas de emoción, que deja sus picotazos en la retina. La existencia cotidiana es luz y sombra, el despertar sentimental de la esperanza y las débiles señales del camino que lleva hacia el crepúsculo. Las imágenes recuerdan las páginas sueltas de un cuaderno de luz que habla en silencio. Se abren al testigo con un grueso epitelio sentimental. En ellas, persiste en la conciencia la sensación de finitud y soledad, como se plasma, con el intimismo confidencial de su escritura, las composiciones de Rodolfo Serrano.
   La mirada y el verbo dibuja rincones de una realidad signada por un tono existencial. Los poemas nacen desde el fluir de una conciencia que retorna al pasado y pierde el rumbo, que capta secuencias vitales marcadas por la soledad y el desamparo, por un largo recorrido que se demora hasta el fin de la noche, en el que se van sumando indicios de oscuridad y contingencia: “Vivir en paz es fácil. Sobre todo / a estas altas edades en que uno / tiene más añoranza que deseos. / Y el recuerdo es solo niebla del pasado”. La conciencia de ser se va despojando de pretensiones; las manías y rarezas se van borrando y solo se presta atención a un cielo limpio que invita a vivir el ahora sin brújulas ni mapas. Real o simbólica, la noche está ahí, con su laberinto de imágenes, con su tacto oscuro, como un espejo que acogiera en el frío de su superficie las sombras interiores, la desnudez de un corazón a solas que quiere estar en paz con todos. Crónica aquí.



Antonio Flores

 

La Trova Rosarina

 


Frank Delgado

 

Ramón Serrano

 DECLARACION DE TERNURA

No sé adonde poner tanto amor la verdad
me lo llevaré en el pocillo de la eternidad
disuelvo la realidad en las esquinas del verso
Oh sagrada palabra de diamante puro
Oh divina figura con los tobillos en el agua
el mar silencioso se rendía a tu donaire
permaneceré atento a tus pasos en la playa
me llevaré de ti el eco de la Voz
en relicario de esmeralda
¿Cómo llamar a ese sentimiento que me embarga?
eres pura música
y yo tu tata desorientado
perdido en la infinita playa de la infancia
a mí edad tu Voz diamantina
es pócima milagrosa que en mi castillo estalla
cual verdadera rosa roja de envolvente fragancia
a mí edad sólo sirvo ya de cayado para tu caminar por el bosque solitario
la verdad
pura y dura arena en lontananza.



León, Joana & Alejo

 


Antonio Sanz

 

Guillermo Francella

 Guillermo Francella, actor: “Aquí siguen mucho las reglas. El argentino es más flexible”

Unos lo aman, otros no tanto. En cualquier caso, este intérprete bonaerense, auténtico hombre de las mil caras en el cine, el teatro y la televisión, puede jactarse de haber puesto de acuerdo a su país: todos hablan de él por la serie `El encargado’ y la película ‘Homo argentum’, donde interpreta 16 papeles.

Tenemos algún problema con el permiso de las fotos en el hotel Emperador de Madrid. Pero aparece el mismo Guillermo Francella (Buenos Aires, 71 años) y se ocupa. Lo resuelve de inmediato y así entiendes cómo da esa dimensión superpoderosa al personaje que lo ha consagrado como uno de los mejores actores del mundo en la actualidad con una serie como El encargado, de Mariano Cohn y Gastón Duprat. Estrenan la cuarta temporada el 1 de mayo en Disney+, después de haber logrado un impacto global considerable con un auténtico diablo a pie de acera, como es Eliseo: un urdidor maquiavélico, que entra en esta nueva entrega a resolver algo ya de por sí potencialmente condenado, como es Argentina, asesorando al más alto nivel, en la Casa Rosada. Con Eliseo y de la mano de Cohn y Duprat, Francella vive un momento extraordinario en su carrera después de la exhibición que ofreció con 16 papeles distintos en esa joya que es Homo argentum o con otra película en España junto a Dani Rovira, como Playa de Lobos, de Javier Veiga. Con un pie en el teatro también ahora en Buenos Aires, donde ha estrenado en abril Desde el jardín, de Jerzy Kosinski, el actor que lleva triunfando en Argentina cuatro décadas y que ahora lo hace internacionalmente –en septiembre recibirá en México el Premio Platino de Honor– se asusta ante la polarización que nota cuando aborda de manera cruda sus comedias, aunque dice que eso no le quiebra. Le da risa. Así son las armas de su completa polivalencia y un dominio del medio que viene, sobre todo, de haber aprendido a fijarse en el género humano desde la calle.

Me cuesta imaginarlo a usted de niño. ¿Cómo era?

Pasé una infancia muy feliz, éramos una familia muy unida, de esas que si le duele la panza a uno, les duele a todos. Ese Guille era un fresco, un chico normal, me gustaba mucho la pelota, nadaba con mi hermano, estábamos federados. Siempre me gustó el teatro y mis padres me apoyaron, aunque empecé a estudiar Periodismo.

¿Hizo pinitos?

Escribo bien, pero me gustaba el periodismo oral, frente a una cámara o un micrófono, había ahí algo de interpretativo, también. Después empecé a estudiar teatro y trabajé de muchas cosas: vendí casas, seguros, hasta que empecé a tener oportunidades en la televisión. Era muy tenaz, muy constante. Lo sigo siendo.

¿Vendrá del deporte?

No, no. La cabeza… Me propongo algo y sí, voy, voy, voy… Sé que hay escollos, pero me gusta esa constancia. Eso fue todo para mí. No bajar los brazos. Era muy difícil sin alguien conocido detrás, sin un padrino, que te hiciera de trampolín. Entrar en un canal a buscar un bolo. Bolo se dice en Argentina… ¿Acá?

Se entiende, sí.

Aunque sea un cartero que entra, un policía que se lleva a alguien detenido. Costaba mucho. Cuando me lo daban, dejaba la vida en ello. ¿Cómo te llamás? ¿Francola, Franela, Francacela…? Me he manejado siempre solo. No tengo mánager, ni representante.

¿Ah, no?

No, cuando delegué, no me fue muy bien.

Pero eso es mucho trabajo extra, en su caso, cuando vive este momentazo.

Es mucho. Muy fuerte. Y, sí, es un momentazo el que vivo. Divino. Hago lo que amo. Con contenidos heterogéneos, distintos directores, transitando por cabezas diferentes… Trabajé con todos los grandes de mi país. Todavía me entra ese cosquilleo como de adolescente.

En esa época del principio debía de tener usted mucha cara.

Sííí… Un fresco total. Cuando me daban algo de humor, les gustaba. Era mi carta de presentación. Bueno, la comedia… La amé con locura. Toda mi vida. Ahora la austera, la, digamos, económica, la que más amo. Me la jugué y empecé a vivir de ello a los 26 o 27 años. Justo murió mi padre ahí. No sabés lo que fue. Con mamá sola. Me generó mucha responsabilidad aquello. No me podía dejar caer. Y empecé a tener una continuidad que nunca mermó. Hasta que tuve un protagónico en De carne somos, una comedia blanca en el canal 13, y rompió todo. Nota aquí.



John Banville

 


Alin Demirdjian & León Gieco

 

Rafael Cabanillas

 Un retrato universal de las gentes de los Montes de Toledo

Cabanillas da voz a los «ninguneados» de la comarca. Sus novelas llenan la historia de la España vaciada y tienen eco a miles de kilómetros.

El ciclo narrativo de las cuatro principales novelas de Rafael Cabanillas, escritor originario de los Montes de Toledo, es el retrato y memoria de la vida, paisajes y símbolos de unas gentes y un lugar que algunos, tras Sergio del Molino, llaman la España vacía; otros, la España vaciada. El término reconoce la preocupación de una buena parte de la sociedad, escritores e intelectuales por defender la conservación del medio natural y otear un mejor futuro. Son varios los autores que siguen la inspiración de Ramón Margalet, Félix Rodríguez de la Fuente, Miguel Delibes o el joven Jorge Richmann en favor de un entendimiento con la naturaleza que salve a esta y al ser humano con ella. Rafael Cabanillas se acerca al problema con ojos positivos y esperanzadores. Es lo que ven los miles de lectores que acuden con fervor y criterio a los encuentros de sus clubs de lectura. También el crítico Antonio Basanta ha elogiado sus novelas y las compara con el mismo Delibes.

Su novela 'Quercus', publicada como el resto de la serie por la editorial toledana Cuarto Centenario, va por la novena edición y la respuesta de los lectores, propiamente lectoras, hace que el autor dedique ahora más tiempo a comunicarse con ellas que a escribir. Aun así, tiene en mente un nuevo proyecto narrativo.

- ¿Por qué la idea de 'Quercus' y de la saga en sí?

- Estas novelas ('Quercus', 'Enjambre', 'Valhondo' y 'Maquila') son obras de madurez. De joven no podría haberlas escrito. Quizás todas mis obras anteriores eran solo un ensayo preparatorio para llegar hasta aquí. He tenido que esperar toda una vida, empapándome como una esponja, conviviendo con esos personajes, escuchando sus historias, cargándome de experiencias en esos montes, en esas sierras, para que ahora salgan todas de pronto. Con un argumento diferente en cada una de ellas (se leen por separado y sin orden establecido) pero con un protagonista común: la tierra y sus pobladores.

Esas gentes que eran, pues apenas quedan ya, pastores, carboneros y piconeros, leñadores, descorchadores de alcornoques, guardas de fincas y furtivos de ciervos jamás habían aparecido en un libro. Son «los nadies, los ningunos, los ninguneados» de Eduardo Galeano. «Porque jamás tuvieron voz o, de tenerla, nunca los escucharon».

Cabanillas escribe «por los mudos de esas montañas, que me dieron la oportunidad de convertir su silencio, su dolor y su heroísmo en las letras de estas páginas». El tirón de 'Quercus', de la que se va a hacer una película, le llevó a continuar la saga «sin forzar, pues quedaba mucho por contar de ese mundo mágico del que apenas se había escrito. Como esas fichas de dominó que empujan una a la otra, así fueron llegando 'Enjambre', 'Valhondo' y 'Maquila», hasta conformar todo un retrato de esa tierra y sus gentes. «En el fondo es un retrato universal, pues los pastores de yaks del Himalaya o de llamas de Los Andes sufren los mismos problemas. Sus vidas son muy similares. Sus necesidades, sueños y deseos, prácticamente los mismos».

Un día recibió un correo electrónico de un pastor de La Pampa argentina, por la zona de Río Colorado. «Me decía, emocionado, que, a pesar de vivir en una llanura infinita y rodeado de ovejas, se había sentido absolutamente concernido, muy cerca de esos montes que están a 12.000 kilómetros de distancia». «Parecía que hablabas de mí mismo, de mis padres y abuelos», le aseguró. Tampoco olvida a Angelines, una lectora ciega -la ONCE ha hecho audiolibros de sus novelas- que se atrevió a hacer la ruta inspirada en 'Valhondo'. «Fue una experiencia extraordinaria, para ella y para todos nosotros. Me dijo: Rafael, dejé de ver siendo niña. Tengo recuerdos de los colores y las formas, pero se van borrando. Y si he venido a la ruta es para que sepas que con tus libros he vuelto a ver de nuevo». Nota aquí.



Evaristo

 


Arco

 

María Guivernau

 


Pasión Vega


 

Paula Mattheus, Mafalda Cardenal & Yarea

 

Natalio Faingold

Habla el autor de Lamento Boliviano, el primer tema de rock argentino que logró el billón de escuchas en Spotify gracias a los Enanitos Verdes

Natalio Faingold, el creador de la música y la letra del gran hit de la banda mendocina, habló con Clarín.

Empezó como un bolero y fue lanzado en 1986 con su grupo Alcohol Etílico. El viaje en tren al Machu Pichu que lo inspiró y por qué no le gusta su versión.

Subido a una plataforma, en medio de un viñedo en Mendoza, Natalio Faingold mira el horizonte, de cara al sol, tararea los primeros acordes de Lamento Boliviano. El hit que compuso 42 años atrás es la primera canción de rock argentino en alcanzar los mil millones de reproducciones en Spotify.

Considerada un himno del rock latinoamericano, la canción trascendió fronteras con la versión de los Enanitos Verdes (grabada en 1994, en el disco Big Bang), pero la original es de la banda mendocina Alcohol Etílico (escrita en 1984 y lanzada en 1986) con integrantes que transitaron escenarios e historias de vida comunes con los Enanitos, que también eran mendocinos.

El récord de Lamento Boliviano, ocurrió apenas dos semanas antes de la muerte del guitarrista y fundador de Enanitos Verdes, Felipe Staiti, amigo de Faingold, con quien creó otras de las canciones más conocidas de la banda, Cordillera.

Pero, ¿cuál es la historia detrás de Lamento Boliviano? "Tengo muy presente el momento. Estaba en mi habitación, en la casa en la que vivía con mis padres y hermanos (en la ciudad de Mendoza), y agarré una guitarra Fender, porque de repente se vino a mi cabeza la música y el estribillo: "Y yo estoy aquí, borracho y loco...", recuerda Natalio.

El compositor, que en ese momento tenía 24 años, no estaba borracho ni loco, asegura que la melodía y la letra, bajó como una señal de antena en su mente.

En sus cinco décadas de carrera, Natalio Faingold no olvidará jamás el momento en el que recibió por Whatsapp un mensaje que decía "Bienvenido al club del billón". "Me puse muy contento, las canciones son como hijos que toman su vuelo propio, no dependen de nosotros", dice.

Lamento Boliviano tiene más de 70 versiones, la más conocida es la de los Enanitos Verdes, pero también está la de Turf, una de cumbia y versiones en España y Turquía. "En el caso de los Enanitos, fue algo mutuo: ellos la llevaron a otro nivel a esta canción y Lamento... también los hizo trascender a ellos", reflexiona Faingold.

Al autor no le gusta su versión

Acomodado en un sofá de cuero de la quinta de su amigo Mike Tango Bravo, Faingold confiesa algo inesperado: "A mi no me gusta la versión de los Alcoholes (la manera coloquial en la que habla de su grupo Alcohol Etílico), más allá de que la compuse, no fui quien la grabé. En cambio, Los Enanitos Verdes la grabaron en un estudio en Los Ángeles, con un estilo y sonido muy cuidado".

Recuerda que fue una época muy inspiradora, en la que sonaba mucho Clics modernos, de Charly García. "A Lamento Boliviano lo pensé como un bolero, algo lúdico, pero con sentimiento profundo. Esa canción creo que la grabé en un casete para no olvidarme. Me fui a bañar, volví y la completé", dirá Faingold, abrazado a su guitarra acústica.

Después llevó ese tema a la sala de ensayo de Alcohol Etílico. Empezaban a tocar a la medianoche, en la casa de Chacras de Coria de los padres de Dimi Bass, su coautor. Fue allí la primera vez que la tocaron y la grabaron en un casete. Se probó en escenarios locales, en bares, en los clubes, y rápidamente prendió en Mendoza.

A las pocas semanas, Natalio y su hermano iniciaron con un grupo de amigos un viaje hasta el Machu Pichu. "Fue muy especial, donde no estaba desarrollado el turismo y te movías entre la gente del lugar, en los trenes viajábamos en segunda, nos metimos a todos lados", recuerda.

El nombre de la canción apareció a la vera del río Urubamba, cuando Faingold iba subiendo en el tren hacia Aguas Calientes (Cusco, Perú). "Había alguien cantando una canción muy triste, era un colla y le pregunto qué le pasaba, Nos cuenta que había perdido la cosecha, había perdido todo", dice. Nota aquí.









Servando Rocha

 


Roberto Fontanarrosa

 


viernes, abril 24, 2026

Bar Dueñas

 El bar de Sevilla que sobrevive al turismo masivo: nació como ultramarinos hace un siglo y es famoso por sus albóndigas y espinacas con garbanzos

Este negocio familiar situado en el Centro de la capital hispalense ofrece una cocina tradicional andaluza con recetas que han pasado de generación en generación

En pleno Centro de Sevilla se esconde un rincón gastronómico que ha conseguido mantenerse intacto a pesar del paso de los años y continuar sirviendo los mejores guisos a precios de antes sin la masificación que presenta gran parte de los negocios de esta zona. Se trata del bar Dueñas, un negocio familiar en el que los platos de siempre y los sabores de antaño son su mayor emblema.

El bar Dueñas abrió sus puertas por primera vez en el año 1973 de la mano de la familia Boa en su actual ubicación, en la calle Gerona, muy cerca del Palacio de Dueñas.

Un negocio con origen en un antiguo ultramarinos

Sin embargo, los orígenes de este establecimiento se remontan mucho atrás, sobre el año 1929, cuando este local era una tienda de ultramarinos y un almacén en el que se vendían bebidas, conservas y demás productos.

Sin embargo, en 1973 fue adquirido por José Boa, quien lo convirtió en un bar y empezó a servir tapas y guisos elaborados por su esposa, Conchita Limón.

Unas recetas que han pasado de generación en generación hasta mantenerse en la actualidad y en la que brillan platos como sus famosas y contundentes albóndigas de la casa, las espinacas con garbanzos o el cocido.

Un local que mantiene la estética sevillana de antaño

Pero este negocio no solo ha mantenido su recetario durante décadas, sino también su estética, pues aún se puede encontrar en su local el mismo mostrador de manera de caobilla, el techo alto y la distribución que presentaba cuando era una tienda de ultramarinos.

Además, este entorno sevillano es un ejemplo perfecto de la estética más tradicional de los negocios sevillanos de antaño, con paredes llenas de cuadros de Semana Santa, fotos antiguas y azulejos.

Tapas y guisos tradicionales desde 3 euros

Un negocio que aún recibe a parroquianos y vecinos, además de algún visitante curioso que busca probar la comida sevillana de verdad, y que sigue en manos de la familia Boa.

Además, este entorno sevillano es un ejemplo perfecto de la estética más tradicional de los negocios sevillanos de antaño, con paredes llenas de cuadros de Semana Santa, fotos antiguas y azulejos.

Del pescaíto frito al secreto ibérico en su carta

Un refugio gastronómico que recibió en innumerables ocasiones a la duquesa de Alba para probar algunos de sus platos de la cocina tradicional andaluza, como sus boquerones, gambas rebozadas, croquetas caseras, pescaíto frito y chocos de Huelva, así como el secreto ibérico, los chipirones o el lomo de atún.

"Es la típica taberna sevillana muy bien decorada, con gente muy agradable, comida típica y bien elaborada", recalcan sus propios clientes a través de las reseñas del bar. Además, indican: "Nos ha gustado tanto todo que hemos pedido de más y nos lo hemos llevado a casa".

Un bar sin agobios turísticos en pleno centro

De igual modo, entre los comentarios se puede leer: "Es un buen bar para tapear sin los agobios del turisteo que ha acaparado otros bares de Sevilla". Nota aquí.




Antonio de Pinto

 


El Chojin e Ismael Serrano

 

Alberto Alcalá

 


Juanlu Mora

 


Luis Pastor

 


Rolo Sartorio

 

Frank Delgado

 


Ramón Serrano

 DONDE EL VERBO CANTA

Es el misterio
el ritmo y la melodía
el diapasón y el sahumerio
recitan ángeles en el trono del Parnaso
al pie de la morada del dios Apolo con sus Musas y sus Anjanas
es el misterio del aire donde el verso vibra
y quedamente canta
es el misterio de la mar en el cenit de la esperanza
es el misterio de la música por el aire
el tiempo de las luces y los trinos
luciérnagas y jilgueros por el bosque de los rumores y las brumas
es el misterio de los cánticos en lontananza
cual escala hacia los cielos
altas nubes sobre las esmeraldas
por dónde navegan con harmonia las palabras
la luz del sol
el brillo esplendoroso de las dos acacias
es el misterio del abecedario con su arpa
recitad la música cuando despunta el alba
recitad palabra sobre palabra.



Caballeros de la Quema

 

Carlos Chaouen

 


Enrique Breccia

“El desarraigo me está secando el alma”: a sus 80, Enrique Breccia, maestro argentino de la historieta, anuncia su decisión de abandonar Roma

En un encuentro con Infobae en su casa del barrio histórico de Tiburtino, rodeado por las murallas aurelianas, el legendario ilustrador reflexiona sobre sus catorce años en Italia, critica la degradación del arte contemporáneo y explica por qué necesita regresar a la llanura bonaerense para salvar su creatividad

El ilustrador e historietista argentino Enrique Breccia anunció su decisión de abandonar Roma tras catorce años y regresar de manera definitiva a Mar del Sur, el pueblo costero donde se forjó su vínculo con la llanura bonaerense. La trayectoria internacional lo convierte en uno de los referentes de la historieta contemporánea. Su carrera destaca por la consistencia de su identidad artística a pesar de las exigencias de las grandes editoriales globales.

En 2011, su trayectoria fue reconocida con el premio Gran Guinigi como Maestro de la Historieta. En 2012, recibió el Diploma al Mérito de los Premios Konex como uno de los mejores ilustradores de la década en Argentina.

Durante el encuentro con Infobae en su casa del barrio Tiburtino, uno de los sitios históricos del este de Roma, ubicado junto a las murallas aurelianas y atravesado por la vía Tiburtina, que conecta la ciudad con la antigua Tivoli, Breccia rechaza la categoría amplificada de “artista” y denuncia la pérdida del “viejo concepto griego de belleza, verdad y bien”.

Breccia nació en Buenos Aires en 1945, hijo del legendario dibujante Alberto Breccia. Comenzó su carrera profesional a fines de la década del sesenta ilustrando novelas para la editorial Difusión. Su primer trabajo relevante fue la colaboración en La vida del Che (1968).

Durante los años setenta y ochenta, su labor atraviesa distintas publicaciones: la serie Spy 13 para la editorial británica Fleetway (bajo seudónimo y durante ocho años), aportes a la revista Linus en Italia y la publicación de El buen Dios y Alvar Mayor junto a Carlos Trillo en la revista Skorpio. En la Editorial Récord colaboró con guionistas como Guillermo Saccomano, Ricardo Barreiro y Walter Slavich, consolidando su presencia en el circuito argentino e internacional. Nota aquí.



Víctor Manuel

 


Erlich

 


jueves, abril 23, 2026

Jorge Luis Borges

 


La Banda Sabinera

 


Los Pérez García

 

Narea & Puche

 


Paris Joel

 Y llovieron violines

El primero se hizo añicos de sorpresa,
Sin aliento se despedazó el segundo,
Y llovieron violines
En el patio de luces
Negando la sobremesa.
Maullidos de quebrantos,
La alquimia de la madera,
Rompiendo ataudes,
Cuerdas,
Arcos,
Lacera que lacera.
La música liberada,
Dodecafónica,
Estridente
En la colmena de vecinos
Callados con sus Redes.
La incredulidad cristalizada
Era hilera de ventanas,
Y mientras arreciaba,
No pensé en otra cosa
Que en secar lágrima
Tras
Lágrima.



Iván Noble

 


Miguel Ángel Solá