domingo, septiembre 06, 2026
Antonio Orozco
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sábado, septiembre 05, 2026
jueves, septiembre 03, 2026
Fito Páez
Fito Páez ofrece un exorcismo de creación y amor por la música en español
El cantante argentino, acompañado de un noneto de cuerda, emociona en el Teatro Real de Madrid con un concierto de repertorio inédito.
Fito Páez había prometido un exorcismo, pero lo que ayer ofreció en el Teatro Real de Madrid fue un oasis. Aunque tal vez, en estos tiempos, un exorcismo sea un oasis. Y viceversa.
Con 34 grados y la temperatura de la calle aún más caldeada, la gente fue accediendo al teatro con cierta intriga.
—¿Qué repertorio hará? —, decía un chico.
—Es complicado, porque su obra es inabarcable—, le contestó otro que confesó haberse sumado recientemente a la pasión por Páez.
—¿Viste la polémica que hubo cuando tocó entero el último disco? —, planteó otro de acento argentino, en referencia a una actuación en mayo en Buenos Aires en la que interpretó íntegramente Novela, su por aquel entonces última grabación.
Por si hubiera poco intríngulis, el telón audiovisual de fondo con motivos navideños que se activó al apagarse las luces no ayudó a resolver el misterio.
Tampoco las primeras y enigmáticas palabras del cantante al aparecer en el escenario vestido con un traje oscuro a rayas, gafas de pasta y ese aura de hombre de 63 años en plenitud: “Todo en la vida es especialísimo, pero hoy un poco más. Voy a cerrar un círculo y voy a dar vuelta a un partido. Es una noche muy fuerte”.
Y ya, para rematar la gestión de expectativas, presentó a los músicos que lo acompañaban -un noneto de cuerda con cuatro violines, dos violas, dos violonchelos y un contrabajo dirigidos por Víctor Elías- como “la orquesta del doctor Víctor Frankestein Elías y la de los hijos e hijas malditos de la doctora Shelley”. También anunció que interpretaría “algunas gemas del siglo XX y del XXI”. Y con esa sensación de aquello que decía Ortega y Gasset de que sorprenderse es empezar a entender, comenzó el concierto.
El telón de fondo se abrió y apareció la imagen de dos corazones latiendo. Aún de pie, interpretó Dale alegría a mi corazón. Después se sentó al piano y empezó Cadáver exquisito. Cuando la orquesta tocó los primeros y -a priori- difícilmente reconocibles primeros acordes de 11 y 6, un grito de emoción se escapó desde varios puntos del público. Páez tiene himnos que se corean en los estadios, pero este poema urbano es su canción más reproducida en Spotify.
Pasado el inicio, se empezó a resolver el misterio. Cantó el Romance de la pena negra -texto de Lorca al cual puso música hace casi tres décadas para que lo cantara Ana Belén-, Desarma y sangra -de Serú Girán-, y, de pie, Te recuerdo Amanda -de Víctor Jara-. “Uno se acostumbra, pero las palabras y la música hacen una alquimia legendaria. Por eso estas canciones siguen teniendo esa poética y esa carga sentimental que nos emocionan a todos”, dijo Páez. Nota aquí.
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lunes, agosto 31, 2026
Manu Chao
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sábado, agosto 29, 2026
sábado, agosto 15, 2026
Conciertos de la Muralla
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jueves, agosto 06, 2026
Laura Madrueño
Laura Madrueño, periodista española: “Tenemos la tienda de vinos más antigua de Madrid, que abrió mi bisabuelo en 1895”
La conductora contó que su familia es dueña de una de las primeras bodegas de la capital española.
De hecho, hace dos años la empresa lanzó un vino en su honor.
La española Laura Madrueño construyó su carrera en el mundo de la televisión, primero como presentadora meteorológica en Mediaset y, más tarde, al frente de Supervivientes. Sin embargo, detrás de su trayectoria en los medios existe una historia familiar vinculada al sector vinícola.
En conversación con Jesús Calleja, la periodista reveló un dato poco conocido sobre sus orígenes. "Tenemos un negocio familiar. Tenemos la tienda de vinos más antigua de Madrid, que la abrió mi bisabuelo, Mariano Madrueño, en 1895", contó.
La historia de la bodega familiar de Laura Madrueño que lleva más de un siglo en Madrid
La presentadora forma parte de la cuarta generación de los Madrueño, una familia que lleva más de 125 años ligada al mundo del vino.
La empresa nació en 1895 como una destilería dedicada a la elaboración de anisados, licores y jarabes. En sus primeros años solo vendía productos de fabricación propia y de terceros, además de vermuts y vinos.
Con el paso del tiempo, la empresa ganó reconocimiento y, en 1978, cuando la tercera generación tomó las riendas, se especializó en la venta y distribución de vinos nacionales y licores de calidad.
La firma cerró sus puertas en 1999, pero la familia decidió reinventar el proyecto. "Nos caracterizamos por ofrecer la mejor calidad poniendo el máximo cariño y dedicación en cada botella que vendemos", aseguran desde la empresa.
En la actualidad, conserva dos locales en Madrid: uno en Callao y otro en el barrio de La Latina.
Aunque la televisión marcó gran parte de su carrera, Laura nunca se alejó del negocio familiar. Durante los años en los que pasó varios meses en Honduras por las grabaciones de Supervivientes, compaginó su trabajo con la empresa.
Sin embargo, siempre contó con el apoyo de su padre, que nunca la obligó a seguir la tradición familiar. "Mi padre siempre me ayudaba a relegar lo del negocio familiar y siempre me ha dicho: 'Tú haz lo que quieras'", recordó.
En febrero de 2022, la bodega lanzó Apnea Barrica, un vino dedicado a la presentadora. El nombre hace referencia a su pasión por el buceo y la apnea, una disciplina que practica desde hace años.
"La apnea te permite viajar hasta la inmensidad del océano y de tu interior en una travesía en la que conectas con los orígenes del ser humano y te sumerges en una nueva dimensión de sensaciones. De ahí el nombre del vino que da sentido a todo este gran proyecto", explicó la marca en redes sociales. Nota aquí.
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domingo, agosto 02, 2026
Ernesto Alterio
El refugio de Ernesto Alterio (55 años) es el barrio al norte de Madrid que le cambió la vida: "Si me dieran un título sería el de marqués de La Latina"
El actor llegó a España en 1974, con cuatro años, cuando su familia huía de las amenazas de muerte de la Triple A. El barrio obrero que los acogió sigue siendo hoy un destino por descubrir.
Ernesto Alterio ha llegado a los 55 años en plena forma y sin vocación de repetirse. Viene de encadenar el aplauso teatral de Viejos tiempos, el texto de Harold Pinter que defendió sobre las tablas de La Abadía, con una agenda de rodajes y estrenos que pocos intérpretes de su generación pueden igualar, y lo hace con dos pasaportes en el cajón y un duelo reciente: el pasado diciembre despidió a su padre, Héctor Alterio, fallecido en la ciudad que los adoptó a todos. Esa madurez serena, sin embargo, se levanta sobre un cimiento que se colocó deprisa y con miedo.
Fue a finales de 1974. Su padre había viajado a San Sebastián para presentar La tregua cuando la Triple A, la organización terrorista de extrema derecha argentina, lo incluyó en sus listas de condenados a muerte. Volver a Buenos Aires dejó de ser una opción. Su madre, la psicoanalista Tita Bacaicoa, embarcó con un niño de cuatro años y una bebé de meses rumbo a una ciudad desconocida, con lo puesto y sin saber por cuánto tiempo. Ernesto recuerda la lluvia en el aeropuerto y, sobre todo, la angustia contenida de los adultos, según ha contado en más de una entrevista.
Aquel refugio improvisado tenía nombre y cuesta: las calles del norte de Madrid donde se tocan Tetuán y Cuatro Caminos, a un lado y otro del eje de Bravo Murillo. Allí, en una pensión de esa misma calle, la familia Alterio Bacaicoa pasó sus primeras noches españolas. En una charla con XLSemanal, el actor rescataba la imagen de aquellas escaleras empinadas que subía agarrado a su padre, que le repetía "des-pa-ci-to, pi-ru-li-to" para que no se cayera. En ese detalle mínimo cabe toda la historia: un barrio de escaleras gastadas y porteras atentas que, sin proponérselo, le dio a una familia perseguida lo que más necesitaba, que era sencillamente estar a salvo.
Un campamento que se quedó para siempre
La biografía de Tetuán empieza con una acampada. En mayo de 1860, las tropas del general O'Donnell regresaron victoriosas de la Guerra de África y plantaron sus tiendas en la Dehesa de Amaniel, a la izquierda de la entonces Carretera de Francia, mientras esperaban su entrada triunfal en la capital. La reina Isabel II y miles de madrileños se acercaron a agasajar a los soldados, y en torno a aquel campamento —bautizado popularmente con el nombre de la ciudad marroquí donde se había librado la batalla decisiva— brotaron puestos de comida, comerciantes y las primeras casas bajas. Nació así Tetuán de las Victorias, que durante décadas perteneció al municipio de Chamartín de la Rosa y no se integró en Madrid hasta 1948, para convertirse en distrito propio en 1955.
Lo que vino después lo explica mejor la economía que la épica. A caballo entre los siglos XIX y XX, los trabajadores que llegaban de todas las provincias de España en busca de jornal no podían pagar los alquileres del ensanche, y fueron levantando su vida en este arrabal de casas de una o dos alturas, tahonas, cines de sesión doble y patios interiores. La glorieta de Cuatro Caminos, donde paraban las diligencias hacia la frontera francesa y desde 1919 el primer metro de la ciudad, hizo de puerta de entrada. Tetuán creció, en definitiva, como un barrio de aluvión: gallegos, extremeños y andaluces primero; dominicanos, filipinos y paquistaníes después. Cuando los Alterio aparecieron por Bravo Murillo con acento porteño y una amenaza de muerte a la espalda, no eran una anomalía. Eran una capa más en un lugar levantado, generación tras generación, por gente que venía de fuera. Quien busque aquí el Madrid palaciego de los Austrias se ha equivocado de parada de metro, y ahí reside precisamente su encanto.
Del Chacarita a los rugidos de la Castellana
El fútbol cuenta esa mudanza vital mejor que ningún documento. En Buenos Aires, el pequeño Ernesto había sido inscrito como socio del Chacarita Juniors —presumen en la familia de que fue el más joven del club— por su tío abuelo Eduardo, "Pibona" Alterio, un portero mítico de la entidad funebrera que pasó a la historia como el primer guardameta en marcar de penalti en la liga argentina. Aquella herencia parecía sellada de por vida. Pero la casa familiar de la zona de Tetuán quedaba a un paseo del Santiago Bernabéu, ese transatlántico blanco varado al otro lado de la Castellana, y las tardes de partido el estruendo del estadio entraba por la ventana sin pedir permiso. "Crecí escuchando esos goles", confesaba hace unas semanas en Marca, donde admitía que fue ahí, gol a gol escuchado desde su cuarto, donde floreció su madridismo.
Esa doble lealtad futbolística dibuja con precisión la geografía del distrito. Tetuán vive orientado a dos escalas: hacia dentro, el bullicio menudo y comercial de Bravo Murillo, la antigua Carretera de Francia, con sus fruterías, sus locutorios, sus bares de barra de aluminio y el recuerdo de la época en que sus cines le valieron el apodo de "pequeño Hollywood"; hacia fuera, los rascacielos de la Castellana y el estadio que marca los sábados con su marea blanca. Entre ambos mundos median diez minutos andando y un siglo de historia social. Para un niño exiliado, aquel territorio intermedio fue una escuela de pertenencia: se podía ser de un club de Buenos Aires y de un equipo de Madrid, hablar con dos acentos y sentir que ninguna de las dos cosas sobraba. Nota aquí.
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sábado, agosto 01, 2026
Rubén Blades
Rubén Blades hace de la salsa una oda a la migración y la memoria en Madrid
La leyenda de la música latinoamericana entrega un concierto altamente reivindicativo, y con mucho baile, en las Noches del Botánico.
Qué ganas tenían de que las tocara. Y qué ganas tenía él de tocarlas. Con un estampado con la bandera de Panamá, las maracas esperaban colgadas de un micrófono en el centro del escenario a que Rubén Blades las zarandeara al ritmo de su salsa. No tardó más de dos minutos en hacerlo, vestido de negro, con su sombrero pork pie y gafas de sol. Era el inicio del concierto del panameño anoche en las Noches del Botánico de Madrid, que entre el ajetreo de maracas y el baile —mucho baile— se convirtió pronto en una oda a Latinoamérica y a su gente; a la migración, las raíces y la cultura compartida.
Lo avisaba el escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez a las puertas del recinto minutos antes del espectáculo: “Rubén Blades ha sido uno de los grandes cronistas de la América Latina del último medio siglo. Su música hoy es más importante que nunca porque el mundo le ha dado un alcance y una urgencia ética, convirtiéndola en un lugar de resistencia a los peores impulsos de la nueva política reaccionaria”. Y hasta ahí llegaron 4.000 personas, que llenaron el lugar, con la misma idea. Si a algunos artistas les reprochan en mitad de un concierto sus reivindicaciones políticas, a Blades se las exigen. “Culturalmente”, explicaba la colombiana afincada en Madrid Irene Arzuaga, “su discurso político irrumpió como un tren. Fue brutal”. “Ha contado nuestras historias y nuestra idiosincrasia. Y sus canciones de los años 70 están más vigentes que nunca”, complementaba la peruana Karen Vázquez, de 44 años.
El músico respondió a esa urgencia con un repertorio lleno de su salsa más comprometida y con su habitual oratoria entre canciones. Apenas al empezar, pasó lista —como hace desde hace décadas, en un gesto que emuló Bad Bunny en la Super Bowl— nombrando a los países latinoamericanos para arrancar un “¡presente!” de su público y dibujar, de paso, su variedad: muchos venezolanos, peruanos y colombianos; menos cantidad de mexicanos, chilenos y puertorriqueños.
En la primera mitad sonaron País portátil, una crítica a la corrupción y a la pérdida de identidad; Prohibido olvidar o la conmovedora Todos vuelven, un canto al desarraigo y al retorno a las raíces. “Soy emigrante” —”¡y yo!”, gritó alguien con orgullo desde el público—, contó Blades. “Me fui de Panamá en el 74 por un problema que tuvo mi papá con la dictadura. Estudié Leyes, yo no iba a ser cantante. Mucha gente piensa que en Latinoamérica pensamos: ‘Ay, Dios mío, cuándo aprendo a caminar para irme de aquí’. No, nos vamos porque los gobiernos nos fuerzan”. Llamó a la participación de la ciudadanía para solventar la situación política —“lo que pasa es culpa nuestra”— y recordó también a los damnificados por los incendios en España y a las víctimas de los terremotos en Venezuela.
Hubo espacio incluso para un homenaje a los grandes artistas fallecidos que lo han inspirado. Con Todos vuelven proyectó, a manera de In memoriam, los rostros de algunos de ellos: desde Celia Cruz hasta Héctor Lavoe, Ismael Rivera, Tito Puente, Paco de Lucía o el propio Willie Colón, con quien nunca se reconcilió públicamente.
La fortísima carga política y social se aligeró en la segunda mitad. Sonaron algunas de sus canciones más recientes, como Fotografías, La belleza del son o Arayué y salió la personalidad más divertida del cantante. U otras más desconocidas, como Ojos De Perro Azul, un homenaje al cuento de Gabriel García Márquez, del disco Agua de luna, inspirado entero en el universo del escritor y que, dijo Blades, “solo compró Gabo” y él.
Bailó casi tanto como la gente, fue cercano con su público, repartió botellines de agua a la primera fila, bromeó con las declaraciones de amor —“me amas porque no vives conmigo”, le soltó a alguien del público— y jugueteó con su grupo: la Roberto Delgado Big Band, a la que cedió constantemente el protagonismo, pidiendo aplausos para sus músicos durante todo el concierto. “No me gusta cuando se piensa que el éxito es cosa de uno solo. Hay muchos más que no han tenido las mismas oportunidades y mucho más talentosos que yo. Como es el caso de esta banda”, contó. Nota aquí.
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sábado, julio 11, 2026
miércoles, julio 08, 2026
Inmensas Camelias en Madrid
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viernes, julio 03, 2026
Joaquín Sorolla
El Museo Sorolla de Madrid está de mudanza: descubrimos su nueva cara
Hemos seguido, paso a paso, su ampliación y remodelación. Los nuevos espacios, ubicados en un antiguo taller de coches, abrirán sus puertas tras el verano, antes de que finalice la rehabilitación de la casa.
“Vivimos hace cuatro días en la casa nueva que, si bien no está arreglado todo, es agradable”, le contaba Joaquín Sorolla a su gran amigo Pedro Gil Moreno en una carta de finales de noviembre de 1911. Aludía el artista a su recién estrenado hogar en el madrileño paseo del Obelisco (actual calle del General Martínez Campos). Seguramente podría suscribirlo hoy, refiriéndose al complejo proceso de ampliación y remodelación de su casa-museo. Sorolla (Valencia, 1863-Cercedilla, Madrid, 1923) lo escribía todo. Se conserva la prolija correspondencia que mantenía con su familia, amigos, colegas de profesión, mecenas…, donde detallaba cualquier asunto que le ocupara o le interesara. También lo pintaba todo, tomaba apuntes de lo que le llamaba la atención hasta en los menús de los restaurantes (se conserva alguno). Por eso, no es disparatado deducir que, si estuviera viviendo este cambio de piel en el que está inmersa su casa-museo, él mismo lo iría plasmando por escrito, en dibujos, lienzos y notas de color, como ya hizo durante la construcción de su casa y su jardín. Pero a falta de Sorolla… intentemos contarlo después de haber asistido durante meses a esta larga y compleja mudanza.
Aunque su acondicionamiento funcional no está acabado del todo y continúa recibiendo los equipamientos necesarios, el nuevo espacio del museo está prácticamente a punto desde el año pasado. Un espacio de generosas dimensiones que va a proporcionar a la casa-museo instalaciones, salas y posibilidades que eran inimaginables en la residencia de la familia Sorolla, que guarda celosamente el legado personal y profesional del artista. El espíritu del pintor debía empapar la ampliación, colarse en las zonas nuevas como se cuelan los rayos del sol a través del cañizo en su obra La bata rosa. El estudio de arquitectura Nieto Sobejano, con amplia experiencia en la construcción, recuperación y rehabilitación de instituciones culturales (del Museo Madinat al Zahra de Córdoba al Arqueológico de Múnich), lo ha logrado y no era fácil. Porque ¿por dónde crece un museo que mantiene el tiempo parado en el primer tercio del siglo XX y que está flanqueado por edificios más modernos, más grandes y más altos? Respuesta: por detrás, como intuía desde hacía mucho tiempo el fallecido Florencio de Santa-Ana, director de la institución entre 1985 y 2008.
La oportunidad llegó sobre ruedas, en forma de un taller y concesionario de coches de la marca Volvo. Concretamente, el situado en el número 68 de la calle de Zurbano. El Ministerio de Cultura compró este local en 2009 por 5,4 millones de euros. Los dos espacios, el establecimiento automovilístico y el palacete, pertenecen a la misma manzana, y ambos dan al interior de esta. Ahí, por detrás, conectan. Ahora suman unos 5.500 metros cuadrados, muchísimos más de los 1.700 del museo antes de la unión. La obra se presupuestó en principio en unos siete millones de euros. ¿La cuantía final? Está por ver.
Si Sorolla viviera, puede que se lo contara más o menos así a su esposa: “Querida Clotilde: han encontrado un espacio con techos altos en el que entra mucha luz por el fondo. Quieren que nuestro museo crezca. Antes, ahí, vendían coches suecos, como mi admirado Anders Zorn”. Nota aquí.
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jueves, julio 02, 2026
Rocío Scharfhausen
Rocío nos cuenta por Facebook.
GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS. Solo puedo agradeceros a todos los que vinisteis, con la peligrosidad que conlleva solo PENSAR en salir de casa en Madrid (37ºc), a Rafa Soler por prestarnos ese lugar mágico y emblemático que es el Comercial, a los amigos/as poetas que siempre están (incluso cuando recitamos otros), a los amigos, no poetas, que seguimos engañando para que vengan, a los amigos a los que ni siquiera les seduce la poesía y a mis hijos, que les seduce su madre (y eso ... es un meritazo mío ;)) y muy, muy, muy especialmente a Rafa Mora, que no duda en embarcarse en cualquier locura que le planteo (incluso siendo martes) y aportar sus locuras propias. "Envejecer bailando, no dejar de bailar, aunque la fiesta esté en otra parte"
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domingo, junio 28, 2026
Antonio López
Antonio López a los 90 años:
"Estoy enamorado de mi pueblo, pero no de Madrid. La vida me ha traído aquí, pero son cosas distintas"
El artista manchego, considerada una de las grandes figuras de la pintura contemporánea, siempre ha tenido una vinculación especial con la capital española, la cual ha retratado en multitud de ocasiones a lo largo de su extensa carrera.
o es Madrid el lugar de origen de Antonio López, pero sí aquel en el que aprendió a mirar. En él modeló el pintor parte de su talento además de su sensibilidad artística, ya que se convirtió en un territorio al que ha vuelto una y otra vez con la devoción de quien todavía encuentra algo nuevo interesante en lo que fijarse. "No sé si Madrid lo ha significado todo en mi carrera, pero sí mucho", concedió el pintor a nuestra cabecera en un reportaje en el que habló acerca de su vínculo con esta urbe que es para él fuente de inspiración inagotable.
Llegó a la capital española de adolescente para ingresar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando desde su Tomelloso natal, el rincón de Ciudad Real en el que aprendió a manejar los pinceles y al que no duda en regresar siempre que puede. "Estoy enamorado de mi pueblo, pero no de Madrid. La vida me ha traído aquí, pero son cosas distintas", afirmó.
Madrid ha sido una de las grandes protagonistas de la obra de Antonio López desde sus inicios. No como una ciudad monumental ni turística, sino como un espacio que cambia de piel constantemente. Ha pintado la Gran Vía vacía al amanecer, edificios suspendidos, azoteas en las que el tiempo parece detenerse y vistas panorámicas que convierten el caos urbano en algo sorprendentemente sereno. "Si te gusta lo que tiene que ver con las personas, el lugar donde viven..., eso es un documento excepcional. No sé si retrato rincones maravillosos, son los lugares que a mí me han parecido interesantes", explicó el manchego de ahora 90 años, quien tiene en su mirada una voluntad de fijar algo más profundo que la arquitectura.
"Tú puedes pintar una cosa que es horrible porque, simplemente, está cerca de ti, te parece interesante y quieres transmitir tu visión del mundo. En la historia de la pintura dentro del mundo de la figuración no han ido a las cosas hermosas", argumentó el que está considerado uno de los artistas españoles más admirados de las últimas décadas.
Esa relación íntima que Antonio López mantiene con Madrid le ha llevado a ser una figura inseparable de la identidad visual de la ciudad. Sus vistas urbanas de Gran Vía, Campo del Moro, Vallecas, la Puerta del Sol o Torres Blancas son ya parte de la memoria contemporánea colectiva. "Lo interesante para mí es mi mirada, traducirla desde la pintura, que todo lo cambia. El hecho de pintarlo, en vez de apretar el botón de una cámara fotográfica, estar delante del caballete, que se vaya uniendo la pintura..., todo eso lo aparta de la objetividad. Hay un espacio que ya no es objetivo, que es subjetivo, que tiene que ver conmigo, y la persona que lo contemple y entienda la pintura, lo va a notar", subrayó a Harper's Bazaar. Nota aquí.
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viernes, junio 26, 2026
Café Libertad 8
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jueves, junio 25, 2026
Arturo Valls
El refugio de Arturo Valls para comer en Madrid: una castiza taberna de 123 años que llevan los bisnietos del creador
Más de 60 famosos comparten sus sitios favoritos en una nueva edición de Soletes de la Guía Repsol, siendo Madrid la comunidad que más tiene.
Más información: Los nuevos restaurantes de Madrid con un solete Repsol: las pizzerías y kebabs favoritos de los grandes chefs.
Más de 60 famosos comparten sus sitios favoritos con la Guía Repsol para dar la bienvenida al verano con sus Soletes, y muchos se encuentran en la Comunidad de Madrid.
En esta edición, 100 Soletes de los famosos se encuentran en la Comunidad de Madrid (98 novedades y dos de ediciones anteriores). De esta forma, es la comunidad con más Soletes seleccionados por los famosos de nuestro país. Esto se debe a que muchos de ellos residen o trabajan en la capital.
El actor Arturo Valls ha dado a conocer sus dos refugios más castizos para comer en la capital. El conocido humorista se mueve entre Viuda de Vacas y La Copita Asturiana, dos antiguas tabernas y tascas familiares que llevan décadas sirviendo auténtica cocina española.
Viuda de Vacas
El primero de ellos es de esos lugares que custodian la historia de la ciudad entre sus paredes, la taberna Viuda de Vacas de 1903. Ubicada en la calle del Águila, su nombre es un emotivo homenaje a Victoria Sastre, la mujer que sacó adelante el negocio a principios del siglo pasado tras enviudar de Segundo Vacas.
Hoy, 123 años y cuatro generaciones después, son sus bisnietos, los hermanos Juan Carlos y Javier Cánovas Vacas, quienes mantienen encendido el legado familiar, despachando hospitalidad y recetas centenarias a partes iguales.
En su castiza carta brillan con luz propia un rabo de toro, unos callos a la madrileña y la ya casi extinta gallina en pepitoria. Mención especial merecen también sus alcachofas fritas y judiones.
Comer en esta acogedora embajada de la tradición madrileña suele salir por un ticket medio de entre 25 y 35 euros. Nota aquí.
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domingo, junio 21, 2026
Alejandro Sanz
Alejandro Sanz cautiva con la nostalgia en su concierto en Madrid
El cantautor español congrega a 55,000 personas en el estadio Metropolitano en una noche marcada por sus grandes éxitos, que resisten en el presente.
Minutos antes de las 21.00 apareció, guitarra en brazo, vestido de negro, cadenita al cuello y gafas de sol, en lo alto de una escalera. El rugido que salió de las 55.000 almas que abarrotaban el estadio Metropolitano de Madrid es el que consiguen despertar solo las grandes estrellas. Y Alejandro Sanz (Madrid, 57 años) lo conoce perfectamente. Su historia con la capital española es una historia de idilio. Fue ahí donde se disparó su carrera en 2001 con un concierto en el estadio Vicente Calderón abarrotado de público, algo hasta entonces solo al alcance de los Rolling Stones. Y ahí también, en el mismo escenario 16 años después, despidió la historia musical del emblemático campo antes de ser demolido, con un homenaje a su álbum Más, el disco español más vendido de la historia —2,2 millones de copias en España.
Este sábado llegaba a su ciudad de nuevo, pero con 37 años de carrera a cuestas y una pregunta, la que le da nombre a su nuevo disco y a la gira con la que ya recorrió Latinoamérica antes de recaer en España, merodeando: ¿Y ahora qué?
La clave de un éxito tan sostenido la tiene su legión de devotos seguidores que horas antes de su concierto en Madrid ya llenaban la explanada del Metropolitano con música y camisetas dedicadas al cantante. “Hemos envejecido, y él también, pero hemos sentido más sus canciones, nos han pasado las cosas que cuentan. Las entendemos mejor”, explica Katerina, de 40 años y que ha viajado junto con un grupo de amigas desde Gran Canaria —“Porque él nunca va a Canarias, pon ahí que no va nunca”, reclama socarrona— al concierto.
Su grupo, también representado por el de Carmen Ramjo y sus 12 amigas, mujeres de entre 40 y 50 años que han dejado “a los hombres en casa”, encarna perfectamente a la generación que ha acompañado al cantante éxito tras éxito. En el concierto hay una inmensa mayoría de mujeres, casi todas de 40 o cincuenta y pocos años, que se partieron el corazón al mismo tiempo que la canción. Y desde entonces, hasta hoy, la relación sigue firme. “Me ha acompañado en cada etapa de mi vida. Cada canción significa algo”, dice Ramjo.
También hay hombres, desde luego, pero basta acercarse a ellos para entender que, en muchos casos, es la pareja quien más idolatra al madrileño. A Julián de Pinto se le escapa un: “¡Ah! esa sí me gusta", mientras camina de la mano con Yolanda y de los parlantes de uno de los puestos de comida sale Corazón partío. “Bueno, me gusta mucho también, pero la fan fan es ella”, matiza después. Cuesta encontrar, entre 55.000, personas que hayan nacido antes de ese histórico álbum Más (1997), pero hay algunas. Ema y Lucía, de 12 y 18 años, vivieron ambas su primer concierto de Alejandro todavía en la panza de su madre. Desde entonces la acompañan a cada espectáculo en lo que ya se ha convertido en un ritual. “Las tengo un poco machacadas”, reconoce ella ante la risa de sus hijas.
Para la madre, Susana, vivir esta experiencia significa “juventud”. Otras cambiarán la palabra por “nostalgia”. Lo de esta noche en Madrid fue un triunfo de la nostalgia.
Y Sanz lo sabía. Articuló un concierto basado en sus grandes éxitos, clásicos obligatorios, y con algunas muestras de su nuevo disco —solo cinco de 21 canciones interpretadas—. Empezó con Desde cuando, ante el baile de miles de abanicos que recibían la primera ola de calor apabullante del año en la capital española. “Gracias a todos los que habéis venido, de donde sea que hayáis venido. Volver a casa y sentiros así es una cosa increíble. Os quiero mucho. Viva la música, quiéranse sin permiso y a gozar”, dijo el cantante. Siguió con Capitán Tapón y Por bandera, esa oda a la paz que compuso en 1994 y que, dijo, “lo peor de todo es que la letra hoy cada día tiene sentido”. Nota aquí.
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sábado, junio 13, 2026
El Plan de la Mariposa
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viernes, junio 12, 2026
Casa Labra
El secreto de Casa Labra: “Queremos morir con lo que tenemos, tajadas y croquetas de bacalao”
La histórica Taberna Casa Labra, fundada en 1860 y célebre por ser el lugar donde nació el PSOE en 1879, sigue hoy en manos de la misma familia desde 1947 y sobrevive a la especulación y modas gastronómicas.
A pocos pasos de la Puerta del Sol, en la calle Tetuán, de apenas 300 metros, resiste Casa Labra. Una taberna que abrió el asturiano Juan Berdasco en 1860 y donde, el 2 de mayo de 1879, un grupo de 25 personas —16 tipógrafos, entre los que se encontraba su líder, Pablo Iglesias; cuatro médicos; un doctor en Ciencias; dos obreros joyeros, un marmolista y un zapatero— fundaron clandestinamente el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Desde entonces, su nombre permanece vinculado a la historia política española. Pero Casa Labra, con su histórica fachada de madera, es mucho más. Ha sobrevivido a cambios urbanísticos, a guerras y a sucesivos cambios de propiedad —en 1869 el propietario era Antonio Labra, quien dio nombre al local; desde comienzos del siglo XX y hasta 1947 estuvo en manos de Martín Pérez Bermejo; y desde entonces lo gestiona la familia Molina—, así como a pandemias, especulación inmobiliaria y tendencias gastronómicas, y mantiene intacta su especialización: el bacalao, que desde hace décadas traen de las islas Feroe (Dinamarca).
En los inicios se vendía en salazón, accesible, duradero como método de conservación y una manera como otra cualquiera para despachar más vino. Fue Pérez Bermejo quien empezó a hacer la tira de bacalao desalado, rebozada y frita, servida caliente y crujiente, conocida como soldadito de Pavía, ya que el color amarillo dorado del rebozado se parecía al uniforme militar. En el local se servía por aquella época, por la vinculación familiar del propietario con Segovia, carnes y asados. De esto último se desprendió Manuel Molina cuando adquirió, a finales de los años cuarenta, la taberna. Sabía lo que funcionaba: regentaba Casa Molina en la zona de Embajadores, frecuentada por obreros y trabajadores de la zona que comían algo rápido y económico. Por eso, a la tajada de bacalao añadió la croqueta y la banderilla de atún en escabeche.
El retrato de la clientela y del consumo era parecido en Sol: trabajadores de los comercios de la zona. “Seguimos manteniendo la misma filosofía que instauró mi bisabuelo y que mantuvo mi abuelo y mi padre, aunque ahora la mayoría de los clientes que tenemos son turistas”, cuenta Manuel Molina, de 44 años, cuarta generación de la familia al frente del negocio, que gestiona ahora junto a su hermano, Álvaro, de 48 años, que tomaron formalmente el testigo cuando el padre, también de nombre Manuel, se jubiló hace cuatro años.
“El negocio como tal, aunque lo gestionemos nosotros, es de mi abuela, Teresa Hernández, que a sus 95 años sigue viniendo dos o tres veces a la semana para ver si todo está en orden y, si ve que algo no funciona, nos lo dice. Es la que manda”, afirma el nieto, que estudió Administración y Dirección de Empresas y marketing. El hermano cursó Ambientales e hizo un MBA. “Mi padre quiso que nos formáramos en otras áreas. Nos ha dado esa libertad, aunque siempre hemos trabajado aquí. Lo que no quiero es que mi hijo —al que llamó Gonzalo para romper con la cadena de Manueles de la familia— se dedique a esto. Es muy sacrificado. Yo veía a mi padre solo los miércoles, cuando libraba”, afirma, mientras se detiene a observar el escenario en el que trabaja a diario.
Pocos elementos decorativos han cambiado en estos años, salvo una pequeña reforma hecha en los años noventa en este edificio catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC): las mismas mesas de mármol, con el desgaste del paso del tiempo; los mismos asientos; los espejos envejecidos; las paredes forradas de madera de roble; la barra de zinc... “Es un sitio icónico y no puede convertirse en un escaparate, que sea algo igual a lo que se pueda encontrar en otras ciudades. Queremos que la gente que visite Madrid se encuentre con algo único”, explica Molina.
Algo tienen claro: “Queremos morir con lo que tenemos, tajadas de bacalao y croquetas”, confiesa. Porque mantenerse y llegar hasta aquí no ha sido fácil. La familia, reconoce Molina, ha tenido que hacer frente a la especulación inmobiliaria. Lo recuerda así: “Estábamos de alquiler y, con el cambio de renta antigua, mi padre negoció con la propiedad la compra del local. La operación se cerró por 2,8 millones de euros, pero la inmobiliaria entró en concurso de acreedores y entró en juego la Sareb —Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria, encargada de absorber los activos inmobiliarios de las entidades financieras en crisis tras el estallido de la burbuja inmobiliaria de 2008—, y un juez echó para atrás el acuerdo de compra. Recurrimos, resistimos y ganamos. Fue un momento muy duro. No quiero ayudas, pero creo que hay negocios que se deberían proteger”. Nota aquí.
Publicadas por
Romano
a la/s
4:19 a.m.
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