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viernes, octubre 16, 2026

A Curva

 A Curva, la taberna diminuta de Portonovo con más de 4.000 referencias de vino gallego

Miguel Anxo Besada tomó en 2002 el negocio familiar y convirtió una pequeña tasca marinera en uno de los lugares de referencia para beber vino en Galicia.

Es una taberna diminuta, que prácticamente no ha cambiado en todos estos años. Unas leves reformas y poco más. Sin embargo, no hay gallego vinculado al viñedo que no la conozca. “A Curva es el templo del vino en Galicia”, suelta rápidamente Rodri Méndez, uno de los grandes bodegueros gallegos, detrás de Forjas del Salnés, pionero en la reivindicación de las variedades tintas en este territorio y compañero de fatigas de Raúl Pérez, una de las figuras más influyentes del vino español contemporáneo. “Es una referencia por Miguel, porque es una persona que tiene muchísimo conocimiento de los vinos gallegos, pero también porque el local es emblemático. No hay que olvidarse de que, en los años noventa, toda esta calle estaba llena de pubs, de movida nocturna. De las tabernas que había en su día, que podían ser treinta, se salvaron dos, y esta es una de ellas”, indica, señalando parte del exterior, con una terraza que mira de tú a tú a la ría de Pontevedra.

Miguel es Miguel Anxo Besada (57 años, Poio, Pontevedra), el taberneiro que desde 2002 dirige esta tasca familiar de Portonovo, localidad marinera del municipio de Sanxenxo. A Besada se le ilumina la mirada cuando habla de su infancia, en Raxó, a poco más de ocho kilómetros de donde nos encontramos. “Crecí en bares. Mis dos abuelas tenían un bar, así que yo no podía ser médico”, dice con una media sonrisa. A Curva (Rua Rafael Pico, 56, Portonovo) la abrieron sus padres en 1984, cuando él tenía 15 años. Pero casi no pudo disfrutar de la apertura. Estuvo en el mar, trabajando durante tres años en la costera de la sardina. “Era mal estudiante. Mis padres no querían que anduviera por ahí de golfo. Aquí había mucha presión por la droga”, recuerda de aquellos años, entre los 16 y los 18. “Después empecé a trabajar en Farmacia. Hice Auxiliar de Farmacia. Y luego me interesé por el vino, a buscar vino. Es gracias a Raúl Pérez que también estoy aquí, en este mundo”.

Porque, si A Curva es hoy lo que es, se debe en buena medida a todos aquellos viñadores que, a finales de los noventa y principios de los dosmiles, comenzaron a dignificar el territorio gallego y a mirar más allá del vino a granel que dominaba buena parte del paisaje. “Creo que siempre hay que hablar de gente que, a lo mejor, un sumiller nuevo ya no utiliza tanto porque las modas van cambiando”, comenta. Y suelta una ristra de nombres: José Luis Mateo, de Quinta da Muradella, pionero en Monterrei; Luis Anxo Rodríguez, uno de los referentes del Ribeiro contemporáneo; Fernando González, de Algueira, en Ribeira Sacra, fundamental en la recuperación de brancellao, merenzao y otras variedades; Pedro Rodríguez, de Guímaro, cuyos vinos parcelarios fueron esenciales para demostrar que la Ribeira Sacra podía producir excelentes vinos de guarda; Eulogio Pomares, perteneciente a otra familia histórica del Salnés, con estupendos albariños y un temprano interés por recuperar variedades tintas como espadeiro y caíño. También Pedralonga, de la familia Alfonso, con viñedos plantados en los años ochenta y bodega desde los noventa. Y, un poco después de todos ellos, Alberto Nanclares y Silvia Prieto, con pequeñas parcelas, cultivo ecológico, mínima intervención y vinos muy marcados por el granito y el Atlántico. Además, por supuesto, de los mencionados Rodri Méndez y el berciano Raúl Pérez, cuyo papel fue determinante en toda la evolución del vino gallego.

“Siempre vi a Miguel como un ejemplo”, comenta Méndez. Además, fue su primer distribuidor. Besada tenía A Curva, pero también distribuía vino gallego, muchos nombres que hoy ya son grandes figuras. “Representar un Rías Baixas no era especialmente difícil, pero representar un Rías Baixas tinto sí era muy complicado. Y Miguel lo hizo”, apunta el bodeguero. Méndez recuerda ir con Raúl Pérez cuando comenzó el proyecto de Forjas del Salnés. “Veníamos a A Curva a buscar su opinión. Le decíamos: ‘Oye, ¿qué te parece este caíño?, ¿qué te parece este loureiro?, ¿este espadeiro?, ¿cómo lo ves?, ¿con más acidez?’. Al final participó en nuestro proyecto directa e indirectamente”, recuerda.

Desde el comienzo, A Curva se convirtió en un lugar de peregrinación para todo aquel que quisiera conocer y descubrir la nueva ola de vinos gallegos que se estaba haciendo. “Para tomar vinos diferentes, incluso vinos internacionales, A Curva era el único sitio”, puntualiza Méndez. “Hoy quieres beber vino internacional y tienes más opciones, pero hace veinte años no era así”. Besadas se convirtió en un excelente recomendador desde su pequeño local. Además, fue marcando una especie de hoja de ruta para otros muchos hosteleros que acudían allí como clientes. “Y hay que tener en cuenta que era una época de ‘riojitis’ y de Ribera muy potente en Galicia”, continúa Méndez. Besadas les hacía recomendaciones: “Sigue manteniendo Rioja y Ribera, pero añade esta cosita gallega, este Ribeiro, este albariño o esto de Monterrei”. Al final se convirtió en una referencia para muchísima gente de la restauración y de la sumillería.

A Curva probablemente guarde una de las mayores colecciones de vino gallego. “Tengo unas 4.000 referencias, si no tuviera todos estos vinos, tendría un muy buen coche. Pero no es mi objetivo. Tengo una Berlingo”, se ríe. “Porque puedo tener ocho añadas de un loureiro o cinco de un caíño”. Y hace un poco de memoria sobre aquellos comienzos. “Al final, es una cuestión de creencia: de creer en la zona, en los productores y en las variedades. Empezamos todos un poquito a la vez, todos creyendo en el potencial de Galicia”. Nota aquí.





miércoles, octubre 14, 2026

Bodega Marqués de Cáceres

 La bodega señera de Rioja que conquista también en la Ribera del Duero

Marqués de Cáceres figura en el puesto 25 entre las 50 empresas de vino más admiradas del planeta. Sus vinos más singulares han recibido dentro y fuera de España grandes reconocimientos en los últimos meses que consolidan a sus referencias de alta gama en el podio de la viticultura y la gastronomía

Hace poco más de 50 años, un emprendedor en Cenicero (La Rioja) puso la semilla de lo que sería un sello de referencia a partir de sus incursiones en Burdeos. Hoy, la familia Forner sigue siendo referencia más allá de la Denominación de Origen. Los grandes tintos de guarda y blancos con crianza en barrica de Marqués de Cáceres expresan una nueva dimensión de Rioja… y Ribera del Duero, construida desde el viñedo y la identidad de cada origen.

En 2026 Bodegas Marqués de Cáceres ha vuelto a situarse entre las 25 marcas de vino más admiradas del mundo en la edición del ranking anual The World’s Most Admired Wine Brands, elaborado por la revista británica Drinks International, una de las publicaciones más influyentes y respetadas del sector. Y el resto de reconocimientos obtenidos durante los últimos meses por la bodega confirman la solidez de una estrategia enológica que mira al futuro sin renunciar a la personalidad de sus territorios. Una sucesión de premios y altas puntuaciones concedidos en Reino Unido, Estados Unidos y España sitúa a sus gamas Alta Gama y Signature entre las propuestas más relevantes de la bodega.

Uno de los grandes protagonistas ha sido Gaudium 2021, distinguido con 97 puntos y Medalla Platinum en los Decanter World Wine Awards, uno de los certámenes internacionales más exigentes. El vino se posicionó así entre los ocho Riojas reconocidos con esta máxima distinción en la edición de 2026. Elaborado a partir de pequeñas parcelas de viñas viejas —algunas prefiloxéricas, con más de cien años de vida— de Rioja Alta y Rioja Alavesa, Gaudium encarna una interpretación precisa, profunda y elegante de la variedad tempranillo. Su reconocimiento por la publicación estadounidense Wine Spectator refuerza también su proyección entre la crítica internacional.

En 2025 su etiqueta experimentó un restyling con toda la intención y el sentido, para subrayar el prestigio que se encierra en la botella: el símbolo del lujo auténtico en el mundo del vino. Esa añada 2021 ya había obtenido 100 puntos en la Guía Proensa, 98 puntos en la Guía Gourmets y Medalla de Oro en The Rioja Masters 2024 de The Drink Business, galardones que lo mantienen en el podio de los vinos más admirados y coleccionados del mundo. Sus rendimientos son muy bajos, menos de un kilo por planta.

En la Ribera del Duero la casa también cosecha éxitos a la altura de las uvas con las que se elabora el vino. En Roa de Duero (Burgos), donde se erige el Consejo regulador de la DO, ve la luz la gama La Capilla, que logra también excelentes resultados. Finca La Capilla Vendimia Seleccionada 2023, con 96 puntos y Medalla de Oro en Decanter, amplía este reconocimiento a Ribera del Duero y subraya la capacidad del grupo para elaborar vinos con identidad propia en diferentes territorios. Un vino verdaderamente de autor.

Éxitos de puertas adentro

La crítica española también ha respaldado esta evolución. La Guía Peñín ha otorgado 95 puntos a Marqués de Cáceres 50 Aniversario y 92 puntos a La Halconera, dos tintos de guarda que destacan por su expresión, complejidad y singularidad. Son vinos concebidos para evolucionar en botella y mostrar, con el paso del tiempo, la profundidad de sus respectivos orígenes.

A estos reconocimientos se suma los que ha guardado en la vitrina Los Altares Gran Reserva 2016, elegido Mejor Vino Blanco de España 2026 en los Premios Alimentos de España del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Elaborado con viuras viejas y variedades blancas minoritarias de viñedos de altura, y fermentado y criado en barricas de roble francés, representa una reinterpretación contemporánea de los grandes blancos de guarda de Rioja. Nota aquí.




miércoles, septiembre 23, 2026

Gustavo Santaolalla

 “No quería hacer un vino de celebrity”

De paso por Buenos Aires para dar un concierto en el Teatro Colón, el músico ganador de dos premios Oscar, habló sobre su historia como productor de vino.

Copa de Malbec en una mano y en la otra el ronroco (instrumento andino pariente del charango con el que ha recorrido el mundo), Gustavo Santaolalla habla sobre cómo se vinculan en su vida el vino, la comida y la música ante su pequeño auditorio en el restaurante El Mercado del Faena Buenos Aires Hotel. Luego, deja la copa sobre una pequeña tarima y hace sonar su ronroco para regalar a los presentes un par de sus clásicos y una canción nueva.

Días antes de presentarse en el Teatro Colón como culminación de su Ronroco Tour, gira que lo llevó por Europa, Asia y Latinoamérica, el músico ganador de dos premios Oscar ofreció una cena íntima maridada con los vinos de Cielo y Tierra, su propia bodega. Lejos del fenómeno de los “celebrity wines”, Santaolalla lleva haciendo vino en Mendoza hace más de 25 años, proyecto que encara con el mismo enfoque con el que hace música: en busca de lograr un hecho artístico. También, cuenta durante este entrevista, jugando... “pero en serio”, aclara.

–Gustavo, ¿qué te llevó a meterte en el mundo del vino?

–Yo tengo un apetito voraz por la vida. Tengo una gran curiosidad desde chico por todo. ¡Como que no me quiero perder nada! Ahora, por ejemplo, acabo de cumplir otro de mis sueños, que era hacer un perfume. Porque uno de mis tantos intereses tiene que ver con el olfato, que es el único sentido que cuando nos vamos a dormir no se cierra. Todos los otros sentidos se cierran pero el olfato queda abierto por si viene un animal, un incendio o algo. Quería hacer un perfume y logré hacerlo. Pero el interés por el vino está muy relacionado con el interés por la comida que siempre tuve. Mi madre era una gran cocinera, mi mujer es una gran cocinera y a mí también me encanta cocinar. Y de la misma manera en que hago música aunque no sé ni leer ni escribir música, con el vino hice un camino parecido. Fue una cosa de ir aprendiendo a través de distintas experiencias.

–¿Cómo fue ese aprendizaje?

–Experimentando, probando. Yo no pretendo ser el mayor experto de nada y mi acercamiento al vino es como el que tengo con cualquier instrumento que no sé tocar. Como artista, pienso que si me das cualquier cosa tengo que ser capaz de producir con ella un hecho artístico. Si me das un instrumento que no conozco, tengo que sacarle algún sonido. De última, lo que puede pasar es que lo rompa. Pero me pone en una situación de peligro, que es algo que ya de por sí está bueno. Y además me obliga a ser minimalista. Me permite utilizar algo que es una parte importantísima de mi vocabulario, que es el silencio. No un silencio que implica el vacío, sino un silencio elocuente, un silencio que dice muchas cosas. Por otro lado, hacer vino también me permite jugar, y para mí jugar es algo muy importante en la vida. Y lo del vino fue jugar, pero en serio, porque para mi jugar es algo serio.

–¿Cómo surgió la oportunidad de hacerlo?

–Yo estaba en Mendoza produciendo a Orozco Barrientos, entonces dijimos “¿por qué no?“. Y nos metimos en el tema de hacer vino siempre con la búsqueda de la excelencia y siempre con la inocencia, siempre jugando. Lo que tenía en claro es que no quería hacer un vino de celebrity. Todo lo contrario, lo mejor que me puede pasar es que un día alguien diga ”che, ¡qué bueno que es este vino! ¿Quién lo hace?" Y eso me pasó en un par de oportunidades muy lindas. Una fue con Gael García Bernal, que me escribe y me dice “Estoy acá comiendo con Jorge Drexler en un restaurante en Buenos Aires y estoy tomando un vino increíble... Y miro la etiqueta de atrás, pinche Gustavo, ¡y es tu vino!“, me dice. ”Perfecto”, me dije, se cumplió lo que yo quería que pasara.

–¿Sentís que hacer vino es un hecho artístico?

–Bueno, para mí sí. Inclusive el manejo de la viña tiene algo sumamente creativo, ¿viste? Hay que tomar decisiones que son pragmáticas pero también artísticas de alguna manera, y que tienen que ver con qué tipo de vino querés hacer. Cuánto vas a podar, cuando plantás cómo pones la hilera con respecto al sol, cuándo cosechar... En fin, montones de cosas, ¡es fascinante! Porque cada decisión puede modificar lo que vas a encontrar cuando después abras esa botella de vino. El vino, ¿no? Tengo además una gran conexión con Juan Carlos Chavero [el enólogo de Cielo y Tierra]. Él además es músico y entendió que yo quería hacer vinos que tuviera una gran identidad, que no se dejaran llevar por las cosas que están de moda. Es lo mismo que pasa en la música: yo no pertenezco a ninguna clique. De hecho, dentro de lo que es el mundo de Hollywood yo soy un outsider. Y ser un outsider, tanto en la música como en el vino, te da cierta libertad. Nunca me gustó ser parte de la manada. Es cierto que hay manadas más sofisticadas, pero son manadas también.

–Cuando finalmente los vinos salieron a la calle, ¿sentiste que habías logrado lo que buscabas?

–Sí, tardamos como cinco años, con alguna crisis en el medio, pero al final salieron tres vinos. Y lo lindo es que al poco tiempo los tres sacaron medalla de oro en un concurso.

–Contame acerca de tu experiencia de hacer un perfume.

–Fue maravillosa, porque siempre tuve ese interés. Cuando parábamos en el Palacio Duhau, pasábamos por el local de Fuegia 1833, que está enfrente. Y era algo que tenía muy presente porque a mí me llamaban mucho la atención sus perfumes, que vienen envueltos en un mapa antiguo de la Argentina y que como ingredientes usan resinas de la Patagonia y hierbas del litoral, cosas que reafirman nuestra identidad, que es algo que me encanta. Un día le digo a Sergio [su manager]: “¿Por qué no averiguás de quiénes son?”. Ahí me enteró que eran de Julián Bedel, hijo de Jacques Bedel, que fue un arquitecto y artista plástico muy amigo de Clorindo Testa. Y resultó que además Julián es coleccionista de guitarras como yo, y también es luthier: hace guitaras. Entonces pegamos muy buena onda. Nos fuimos a Milán, que es donde está la central de Fueguia, a trabajar juntos en un perfume. Ahí nos metimos en una cámara de vació con el roncoco a trabajar con las esencias. Nota aquí.







lunes, agosto 10, 2026

Bodega Catena Zapata

 Preservacion de vides Antiguas

Malbec del Viñedo Angélica. Plantada en 1924. Esta vid de Malbec ha prosperado durante más de un siglo. Su crecimiento naturalmente equilibrado produce racimos medianos con bayas pequeñas, mientras que sus raíces, que alcanzan hasta 3 metros de profundidad, le permiten acceder al agua y a los minerales más allá del alcance de las vides más jóvenes. El resultado es una vid de extraordinaria resiliencia y una fruta de excepcional concentración.








jueves, agosto 06, 2026

Laura Madrueño

 Laura Madrueño, periodista española: “Tenemos la tienda de vinos más antigua de Madrid, que abrió mi bisabuelo en 1895”

La conductora contó que su familia es dueña de una de las primeras bodegas de la capital española.

De hecho, hace dos años la empresa lanzó un vino en su honor.

La española Laura Madrueño construyó su carrera en el mundo de la televisión, primero como presentadora meteorológica en Mediaset y, más tarde, al frente de Supervivientes. Sin embargo, detrás de su trayectoria en los medios existe una historia familiar vinculada al sector vinícola.

En conversación con Jesús Calleja, la periodista reveló un dato poco conocido sobre sus orígenes. "Tenemos un negocio familiar. Tenemos la tienda de vinos más antigua de Madrid, que la abrió mi bisabuelo, Mariano Madrueño, en 1895", contó.

La historia de la bodega familiar de Laura Madrueño que lleva más de un siglo en Madrid

La presentadora forma parte de la cuarta generación de los Madrueño, una familia que lleva más de 125 años ligada al mundo del vino.

La empresa nació en 1895 como una destilería dedicada a la elaboración de anisados, licores y jarabes. En sus primeros años solo vendía productos de fabricación propia y de terceros, además de vermuts y vinos.

Con el paso del tiempo, la empresa ganó reconocimiento y, en 1978, cuando la tercera generación tomó las riendas, se especializó en la venta y distribución de vinos nacionales y licores de calidad.

La firma cerró sus puertas en 1999, pero la familia decidió reinventar el proyecto. "Nos caracterizamos por ofrecer la mejor calidad poniendo el máximo cariño y dedicación en cada botella que vendemos", aseguran desde la empresa.

En la actualidad, conserva dos locales en Madrid: uno en Callao y otro en el barrio de La Latina.

Aunque la televisión marcó gran parte de su carrera, Laura nunca se alejó del negocio familiar. Durante los años en los que pasó varios meses en Honduras por las grabaciones de Supervivientes, compaginó su trabajo con la empresa.

Sin embargo, siempre contó con el apoyo de su padre, que nunca la obligó a seguir la tradición familiar. "Mi padre siempre me ayudaba a relegar lo del negocio familiar y siempre me ha dicho: 'Tú haz lo que quieras'", recordó.

En febrero de 2022, la bodega lanzó Apnea Barrica, un vino dedicado a la presentadora. El nombre hace referencia a su pasión por el buceo y la apnea, una disciplina que practica desde hace años.

"La apnea te permite viajar hasta la inmensidad del océano y de tu interior en una travesía en la que conectas con los orígenes del ser humano y te sumerges en una nueva dimensión de sensaciones. De ahí el nombre del vino que da sentido a todo este gran proyecto", explicó la marca en redes sociales. Nota aquí.








lunes, julio 13, 2026

Felisa Espinosa

 Muere Felisa Espinosa, "la mujer más importante de Bodegas Emilio Moro"

La mujer de Emilio Moro, y madre de los también bodegueros Javier y José, fallece a los 94 años: "Viviste la bodega como nadie"

Felisa Espinosa, considerada por la propia Bodegas Emilio Moro como "la mujer más importante" de la empresa familiar, ha fallecido este domingo a los 92 años. 'La Feli', como la conocían familiares y allegados, fue una figura esencial en el crecimiento de una de las bodegas más emblemáticas de la Ribera del Duero, siempre al lado de Emilio, el segundo Moro de la saga, con quien escribió algunas de las páginas más importantes de la historia de la bodega.

"Con ella comenzó todo", resumían desde Bodegas Emilio Moro al presentar el vino homenaje dedicado a la matriarca. Ahora, tras su fallecimiento, 'La Felisa' trasciende su condición de etiqueta para convertirse, como expresa la propia empresa en un comunicado de despedida, en una manera de seguir llevando su historia y su recuerdo por todo el mundo.

Sobre ese mismo vino, la bodega rescata una anécdota tras el lanzamiento de la botella, con Felisa Espinosa respondiendo con la naturalidad y el carácter que la distinguían: "Ya era hora de que os acordarais de vuestra madre". Una frase que, según reconoce la propia familia, "resume perfectamente quién eras".

¿Cómo era 'Feli'? La familia la recuerda como una mujer "familiar hasta lo más profundo", de "carácter castellano", "firme, directo, auténtico y lleno de verdad". Un temperamento que, según destaca el comunicado, "dejaba huella" y regaló a quienes la rodeaban "los momentos más bonitos" que conservarán "para siempre". "Quien se sentaba a tu lado entendía enseguida que estaba delante de alguien especial", sigue la despedida.

"La familia fue siempre lo más importante para ti. Siempre pendiente de todos. Incluso cuando las fuerzas empezaban a fallar, seguías cuidándonos a tu manera. Escucharte era volver a nuestros orígenes, a Pesquera de Duero, al viñedo, a la bodega, al esfuerzo y a la familia", destaca la bodega. Y es que junto a Emilio Moro, Felisa Espinosa fue uno de los pilares de la segunda generación del proyecto familiar y de su relevo, encabezado por Javier Moro, actual presidente de la bodega, y José Moro, fundador y presidente de Cepa 21.

"Hoy el cielo brilla más fuerte que nunca. Pensamos que brilla así porque ya descansas en paz y allí arriba, donde siempre pusiste tanta fe, Emilio habrá salido a recibirte. Y aunque aquí nos queda un silencio enorme, nos consuela imaginaros juntos de nuevo", se despide la bodega, sin olvidar de 'Feli' que vivió la bodega "como nadie".

"En tus últimos días nos pediste que nos quedáramos con tus virtudes. Y eso haremos. Con tu fe. Con tu fuerza. Con tu amor por la familia. Con tus historias, tus risas y tu forma de cuidar. Gracias por querernos tanto. Por enseñarnos tanto. Por recordarnos que lo importante empieza en casa, que las raíces se respetan, que el trabajo dignifica y que una familia se cuida cada día. Descansa en paz, la mejor abuelita del mundo", concluyen. Nota aquí.



miércoles, junio 24, 2026

David Janer

 "Mi forma de vida sigue siendo la de actor, pero el vino dejó de ser solo una bebida cuando descubrí toda la cultura que encierra"

Le conocimos en Águila Roja pero hay mucho más, antes y después. Licenciado en Filosofía y sorprendente sumiller, rueda segunda temporada de Enológica y desde ahí lo deja claro: no ha abandonado la interpretación; ha sumado otra pasión a su modo de vida.

Durante años, para millones de espectadores, David Janer fue Gonzalo de Montalvo, el héroe discreto, ágil y con katana que convirtió Águila Roja en una de esas series que siguen funcionando en la memoria colectiva mucho después de haber terminado. También pasó por Amar es para siempre, antes por Compañeros, TV3, teatro y cine. Es decir, no hablamos de alguien que se asomó a la televisión por casualidad, sino de un actor con 25 años de oficio, popularidad enorme y una relación bastante poco ruidosa con la fama.

Por eso sorprende, al menos a primera vista, encontrarlo ahora hablando de viñedos, bodegas o variedades recuperadas... y hasta de antiguos dioses. Pero en realidad el salto no es tan raro. Janer estudió Filosofía, se formó como sumiller y ha acabado encontrando en el vino otro territorio narrativo. No un sustituto de la interpretación, insiste, sino una extensión de su curiosidad. Un lugar desde el que seguir aprendiendo, preguntando y contando historias.

Esa es también la idea de Enológica, la serie documental que puedes ver en Prime Video y en la que recorre regiones, proyectos y paisajes vitivinícolas para acercar el vino al espectador casi como a un colega. Si algo se desprende de esta conversación, es que Janer no quiere hablar del vino como quien levanta una barrera, sino como quien abre una puerta. Le interesan las botellas, claro, pero también lo que hay detrás: el territorio, la memoria, la espera, el lenguaje, los pequeños productores, las variedades minoritarias y esa mezcla entre placer inmediato y profundidad cultural.

No ha cambiado la interpretación por el vino, no. Su forma de vida sigue siendo la de actor. Lo que ocurre es que ahora, además, brinda, cata, viaja, pregunta y mira cada copa como una pequeña escena con origen, nudo y desenlace.

¿En qué momento el vino dejó de ser una afición y empezó a convertirse en una forma de vida?

Mi forma de vida sigue siendo la de actor, pero desde siempre me ha gustado y fascinado todo lo que rodea al mundo del vino: su historia, su filosofía, su dualidad… Mi relación con el vino pasó de la afición a la pasión precisamente cuando el vino dejó de ser solo una bebida. Descubrí sus orígenes, sus teorías, sus usos, sus dioses, sus dualidades… En definitiva, toda la cultura que encierra una sola copa de vino.

Has contado alguna vez que la filosofía te ayudó a relativizar los vaivenes de la interpretación. El vino también obliga a mirar el tiempo de otra manera. ¿Qué tienen en común para ti la filosofía, el oficio de actor y una buena botella?

Pues, poniéndome algo filosófico, diría que todas esas cosas persiguen, o deberían perseguir, lo mismo: la búsqueda sincera de la verdad. La filosofía, mediante las ideas; el actor, mediante la interpretación; y la botella, mediante la expresión sincera de su origen y, sobre todo, de su variedad. Las tres fracasan cuando fingen ser lo que no son. Nota aquí.



miércoles, mayo 27, 2026

Alberto Arizu

 El corazón puesto en una colección de vinos. Alberto Arizu y una charla intima sobre el vino, el legado y la familia

En una conversación con su nieta Agustina Arizu, el referente de Luigi Bosca repasó los rituales heredados, la emoción detrás de la colección De Sangre y esos recuerdos familiares que el vino transformó en momentos inolvidables.

ay conversaciones que parecen suspendidas en el tiempo. No tienen apuro, ni necesidad de explicar demasiado. Solo ocurren. Así fue el encuentro entre Agustina Arizu y su abuelo, Alberto Arizu, referente de Luigi Bosca, en una charla atravesada por los recuerdos familiares, los rituales heredados y la emoción de compartir una copa entre generaciones.

Sentados frente a frente, lejos del tono técnico que suele rodear al mundo del vino, ambos se sumergieron en aquello que no siempre se pone en palabras: la conexión con la naturaleza, los momentos inolvidables que guarda una botella y el significado profundo detrás de la colección De Sangre.

“Ya me emociona compartir este momento con vos y escucharte hablar. Cómo transmitís tu pasión hacia el vino y hacia la naturaleza es algo que todos tienen que aprender de vos”, dijo Agustina al inicio de la charla.

La escena despertó un recuerdo en Alberto Arizu. Ante la pregunta sobre la primera vez que sus nietos visitaron la bodega siendo chicos, volvió mentalmente a su propia infancia, caminando detrás de su abuelo entre toneles y cubas gigantes. “Parecía una catedral”, evocó. Y admitió que, al ver a sus nietos recorrer ese mismo espacio, imaginó que aquella fascinación podía repetirse otra vez, generación tras generación.

“Mi abuelo caminaba con las manos atrás y yo iba detrás de él. Pensaba que tal vez ustedes podían sentir lo mismo algún día”, recuerda Arizu.

Para Agustina, esa conexión sigue viva cada vez que observa a su abuelo caminar entre las viñas. Un lugar que describe como refugio, donde él encuentra calma y donde, de alguna manera, todo termina reflejándose en el vino.

Arizu se detuvo en la relación íntima entre el cuidado del viñedo y el resultado final de cada cosecha. Pero lo hizo desde el ritual y no desde la técnica. Recordó una ceremonia familiar que atravesó generaciones: después de identificar cuál había sido el mejor viñedo del año, su abuelo descansaba allí y pisaba la tierra descalzo al atardecer, como una forma silenciosa de agradecimiento.“También lo hizo mi padre y después lo hice yo. Era a la hora de la oración, el momento más lindo del día, el de mayor conexión con la naturaleza.

La conversación avanzó hacia otro de los grandes ejes de la historia familiar: el vino como símbolo de unión. Alberto Arizu reveló que a lo largo de los años guardó botellas especialmente pensadas para distintas personas de su vida. Conserva el vino que su abuelo elaboró para el nacimiento de su padre, además de vinos dedicados a sus hijos, a su esposa Alicia y a cada uno de sus doce nietos.

En ese punto, Agustina recordó las reuniones familiares y esas mesas donde el vino aparece siempre como una presencia inevitable. Arizu describió algo que, según él, sucede casi mágicamente cuando una botella se abre y empieza a circular entre los presentes.

La charla encontró uno de sus momentos más emotivos al llegar a De Sangre, la colección más emblemática de Luigi Bosca. Para la familia Arizu, el nombre excede cualquier definición comercial: remite al legado, la tradición, a los vínculos y a aquello que permanece más allá del tiempo.

“La transmisión más directa está en la sangre: en los genes, en la personalidad, en los pensamientos y en los deseos”, señala Arizu. “De Sangre significa que esa sangre sigue reproduciéndose y multiplicándose hasta la eternidad”.

Antes del cierre, Agustina quiso saber qué le gustaría transmitirle a alguien que abra una botella de esa colección en cualquier parte del mundo. La respuesta fue breve, pero condensó el espíritu entero de la conversación.“Mi corazón puesto al servicio”.

Llegó el brindis final entre abuelo y nieta. Un momento simple, íntimo y profundamente familiar. Exactamente el tipo de instante que, como ellos mismos describen, termina volviéndose inolvidable. Nota aquí.





lunes, mayo 11, 2026

Fabricio Portelli

 Fabricio nos cuenta por Facebook.

Hoy es el 12vo aniversario del fallecimiento de Miguel Brascó, el hombre que cambió la forma de ver, tomar y disfrutar los vinos argentinos. Un visionario que dejó frases tan eternas como actuales, un gran sibarita que nos legó tips para comer bien y beber mejor. En el año del centenario de su nacimiento y solo como anticipo a los homenajes que se vienen, levanto mi copa para brindar por él, porque gracias a él mis brindis nunca volvieron a ser los mismos e imagino que a muchos amantes del vino les pasó lo mismo. Gracias Miguel y que Dios te tenga en la gloria.



miércoles, mayo 06, 2026

Josemi Carmona

 


El Canijo de Jerez

 

viernes, abril 17, 2026

Michel Rolland

 “Paren de arrancar Malbec, por favor”.

Así de visionaria fue la expresión de Michel Rolland cuando llegó a la Argentina. Una convicción que, con el tiempo, ayudó a consolidar el destino de la cepa que hoy representa al vino argentino en el mundo. Michel la defendió, la impulsó, la llevó como bandera.
Su influencia fue decisiva para reconocer ese potencial y proyectarlo internacionalmente. En Clos de los Siete, esa mirada sigue viva en nuestro vino, donde la cepa insignia ocupa el centro del ensamblaje: el blend de Malbec más exportado del país.
Hoy celebramos su día honrando no solo al Malbec, sino también a una de las figuras que más contribuyó a su consolidación y reconocimiento global.
17 de abril — Día Mundial del Malbec



jueves, abril 16, 2026

Sebastián Zuccardi

 

domingo, abril 05, 2026

Alejandro Vigil

 Alejandro nos cuenta por Facebook.

Hay encuentros que no son solo momentos… son parte del camino.
Hoy estuve con hace 25 años con Nicolás Catena, alguien que marcó mi vida mucho más allá del vino. Mentor, guía… y sobre todo, alguien que supo ver antes que yo lo que podía llegar a ser.
Sigo trabajando con él, aprendiendo. Porque hay personas que no se terminan nunca de entender… siempre están un paso más allá, empujando, preguntando, desafiando.
Nicolás no solo construyó una bodega.
Construyó una manera de pensar el vino argentino.
Fue quien empujó a la Argentina hacia la calidad, hacia el mundo, quien se animó a ir más alto cuando nadie creía que era posible. 
Su legado no es solo Catena Zapata… es toda la viticultura argentina que hoy se anima a competir sin pedir permiso.
En lo personal, le debo algo que no se puede medir:
haber creído en mí más de lo que yo creía.
Y eso, cuando pasa… te cambia para siempre.
Gracias Nicolás.
Por el camino, por la confianza… y por enseñarnos que el vino argentino no tenía techo, solo tenía que animarse.



miércoles, marzo 25, 2026

Alejandro Vigil

 Alejandro nos cuenta por Facebook.

La paradoja del tiempo y espacio
Hay vides que producen uva…
y hay vides que producen tiempo.
Esta tiene 100 años.
No crece, recuerda. No empuja, resiste. Cada grieta en ese tronco es una decisión tomada hace décadas, cada raíz es un hilo que baja buscando una verdad que no cambia con las modas.
Acá no hay apuro.
Hay memoria.
El vino que nace de estas plantas no se hace… se escucha. Porque cuando el viñedo ya dijo todo, el enólogo solo tiene que saber no interrumpir.
Viejas vides.
Raíces profundas.
Historias que todavía fermentan.



lunes, marzo 23, 2026

Fabricio Portelli

 Murió Michel Rolland, el enólogo más famoso del mundo

El afamado “flyingwinemaker” tenía 78 años. Fue una de las personas más influyentes de la industria y que más hizo por la evolución del vino argentino. Su reconocimiento a nivel global

“Michel sufrió un infarto anoche en Burdeos y no pudieron reanimarlo. ¡Una tragedia para nuestra familia en Francia y aquí!”, fueron las palabras textuales a Infobae de Dany Rolland, su exmujer, socia, colega, madre de sus hijas y compañera de vida. Ella está en la Argentina, ya que se quedó unos días más, luego de la gira que habían comenzado juntos hace un par de semanas, visitando su bodega en Mendoza, Buenos Aires y Bariloche. Michel se volvió el sábado a Francia, y ella se quedó en el país, para realizar distintos eventos.

“Es un golpe tremendo para todos, estuvimos juntos toda la semana, de acá para allá, Mendoza, Bariloche, Buenos Aires, y encima el viernes a la noche me hizo un comentario sobre cómo había que cuidarse y que de esta vida había que irse rápido y sin sufrir”, dijo compungido Gustavo Paolucci, la persona que trabajó con él en el país desde hace casi veinticinco años.

Michel llegó a la Argentina en los años ochenta, convocado por Arnaldo Etchart. Y, desde entonces, no dejó de venir. Primero asociado a Yacochuya, emprendimiento conjunto con la familia Etchart en las alturas de Cafayate. Y, mientras asesoraba a diferentes bodegas, a fines de los noventa, cumplió uno de sus sueños y creo “El Clos de los Siete”, un emprendimiento de más de 800 hectáreas con viñedos y bodegas con el objetivo de hacer un vino conjunto de U$D20, del cual se pudiera producir un millón de botellas. Hoy, el Clos de los Siete, lleva 25 cosechas, ha alcanzado el millón de botellas, y está a la venta en 70 países.

Michel Rolland fue un trabajador incansable, el pionero de los “flyingwinemakers”, los enólogos que viajaban a distintas regiones del mundo para asesorar en diferentes emprendimientos vitivinícolas.

Llegó a visitar doce países en el mismo año, viajando varias veces a algunos de ellos, pero sus dos lugares preferidos en el mundo fueron Francia y la Argentina. No por casualidad, cuando empezó a bajar un cambio, no por falta de ganas ni pasión sino por elección, decidió que sus viajes por trabajo fuera de Francia, solo serían a la Argentina, donde además de bodegas propias y otros asesoramientos, tiene muchos amigos.

Incluso, posee en Puerto Madero, el único restaurante del mundo con nombre y apellido de un enólogo: Michel Rolland Grill & Wine.

Michel estuvo hasta el viernes por la noche en la Argentina, celebrando alrededor de la mesa, como a él le gustaba, derrochando su simpatía única y sentido del humor. Su castellano afrancesado le quedaba muy bien. Un seductor nato y amante de los placeres gourmet, fue maestro de muchos maestros, e inspiró a generaciones de enólogos, tanto en la Argentina como en el mundo. Y varias veces entrevistado por Infobae durante los últimos años.

Sin dudas, hoy, el mundo entero del vino, está de luto, porque ha perdido una de las personas que más hizo por el vino en general, y por el vino argentino en particular.

Cabe destacar que fue Michel, un “extranjero” quien más creyó y apostó por el Malbec, incluso más que muchos bodegueros y hacedores en la Argentina. Hoy, si el Malbec es reconocido acá y en el mundo, en gran parte se le debe a Michel Rolland, quien vio en esa variedad, originaria de Burdeos como él, la clave que la Argentina se destaque, en un mundo tan competitivo. Nota aquí.







sábado, marzo 21, 2026

Alejandro Vigil

 Alejandro nos cuenta por Facebook.

Murió Michel Rolland.
Y con él, de alguna manera, se va una forma de empujar el vino hacia adelante.
Michel no solo hizo vinos.
Ayudó a darle una voz al vino argentino.
Cuando llegó, esto era otra cosa.
No había relato, no había identidad clara, no había lugar en el mundo.
Él vio algo antes que muchos: que acá había potencial… y que había que animarse.
Fue de los primeros en decir sin dudar que el Malbec era el camino.
Y no solo lo dijo: lo sostuvo, lo empujó, lo llevó al mundo. 
Tenía esa mezcla rara de convicción y simpleza.
Podía hablar de grandes vinos… como si estuviera hablando de algo cotidiano.
A veces discutido, muchas veces imitado, siempre influyente.
Michel no pasó desapercibido.
Y eso, en el vino, ya es muchísimo.
Me queda una imagen:
la de alguien que no tenía miedo de decidir.
De marcar un rumbo.
De bancarlo.
Porque al final, el vino también es eso:
una serie de decisiones sostenidas en el tiempo.
Y Michel las sostuvo.
Se va un personaje enorme.
Pero sobre todo, alguien que creyó cuando todavía no había demasiado para creer.
Y eso… no se olvida.



viernes, marzo 20, 2026

Michel Rolland

 Murió Michel Rolland, el reconocido enólogo francés que adoptó la Argentina como su segunda casa

Así lo confirmó su bodega en redes sociales; tenía 78 años.

Este viernes murió a los 78 años Michel Rolland, el reconocido enólogo francés que tenía un viñedo en la provincia de Mendoza. La noticia la confirmó en las últimas horas la Bodega Rolland, una de las empresas que tenía en el país.

“Michel nos dejó hoy a causa de un infarto fulminante. Aún estaba lleno de energía, proyectos, planes de viaje. Puede ser que su corazón se vio abrumado por esa vida ajetreada que tanto amaba, por sus 55 años de arduo trabajo, sus viajes a todas la latitudes del mundo, su lado pasional y su vida de bon vivant”, indicó la bodega ubicada en el departamento de Tunuyán, a través de las redes sociales.

Y agrega: “A él le hubiera gustado irse rápidamente, sin sufrimiento, sin secuelas; es la última sorpresa que nos dio: partir como una estrella fugaz. Que cada uno lo recuerde por su ingenio, su risa, sus arrebatos, a veces fugaces, su generosidad, su talento, su tenacidad para trabajar; fue un pionero en su profesión”.

“Amaba la vida, vivió varias con mucho entusiasmo. Amaba y se entusiasmaba por tantas cosas que compartía con el prójimo y su familia: cacería, golf, gastronomía, degustaciones, viajes y correr por el mundo. Qué vida magnífica vivió, como una aventura. Extrañaremos su entusiasmo y energía contagiosa, como su amor y su generosidad”, cierra Bodega Rolland.

Por su parte, Dany Rolland, la esposa de Michel, confirmó la noticia a sus amigos más cercanos: “Michel sufrió un infarto anoche en Burdeos y no pudieron reanimarlo. ¡Una tragedia para nuestra familia en Francia!”, fue uno de los mensajes que envió.

“Un hombre que no solo definió una manera de hacer vino, sino también una forma de pensar, de mirar y de proyectar. Su energía, sus proyectos y su forma de vivir están en cada detalle, en cada cosecha, en cada paso que damos”, escribió en las redes su otra emprendimiento, Clos de los Siete.

Rolland eligió la Argentina como su segundo hogar hace casi 40 años.

Su familia paterna era dueña de viñedos en Pomerol, región francesa conocida por la calidad de su merlot. Allí trabajaban su padre, su abuelo y su bisabuelo, de quienes aprendió las cuestiones básicas de elaboración. Cuando tuvo que elegir una carrera, decidió continuar con el legado familiar formándose como enólogo en Burdeos, Francia.

Se convirtió así en uno de los flying winemakers más relevantes de la escena mundial. Esta forma de hacer vino implica que el enólogo trabaje en varias bodegas al mismo tiempo y que, en la mayoría de los casos, estén ubicadas en distintos puntos del mapa. Trabajó en varios países, entre ellos China, India, Marruecos y Portugal.

Su desembarco en la Argentina fue en 1988, de la mano del bodeguero Arnaldo Etchart, que lo convocó a la ciudad de Cafayate, Salta, para que lo asesorara. Allí elaboraron juntos el primer vino considerado premium del país. Con el paso de los años, también entablaron una amistad y se asociaron para inaugurar en 1999 la bodega Yacochuya.

Poco después de su llegada comenzó a buscar un terruño para elaborar sus propios vinos. Así fue como llegó a Valle de Uco, Mendoza, lugar donde encontró las condiciones ideales para asentar su proyecto. Fundó Clos de los Siete, que alberga cuatro bodegas, en 1999.

“Vamos a hacer el mejor vino”

Rolland habló con LA NACION en mayo de 2024 y reflexionó sobre su contribución al vino argentino. A continuación, las frases destacadas de esa entrevista:

“Yo pienso que llegué a la Argentina en un momento en que necesitaba mejorar los vinos y cambiar un poco de fórmula -contaba el propio Rolland sobre su rol en el desarrollo del vino argentino-. Y todos cambiaron o mejoraron, desde Trapiche hasta Catena”.

“Estaba en esta época donde la Argentina necesitaba preguntarse y cambiar algunas cosas en el viñedo. Rehabilitar el Malbec, por ejemplo, porque estaba bajando porque no era rentable producir Malbec en esa época. Y yo decía: ”‘Estúpido, no hay que arrancar Malbec, vamos a hacer mejor vino’”.

“Pienso que el vino, además de ser una bebida, es una cultura”.

“Mis dos hijas están trabajando conmigo. Por ahora no hay más enólogos que yo en la familia. Tal vez alguno de mis nietos lo sea. Por mi edad no sé si podré verlo. Para mí ellos son lo más importante y todo lo que trabajé en estos años fue más por ellos que para mí”.

Para concretar el proyecto, Rolland convenció a bodegueros franceses del futuro del vino argentino. Él mismo relató el nacimiento del Clos: “Durante casi dos años busqué terrenos y terminé por decidirme por uno en Valle de Uco. Quería que tuviera entre 80 y 100 hectáreas pero, cuando hablé con el dueño, me dijo que solo accedería si le compraba 850 hectáreas. Es decir, el total del terreno. Tras enterarme de la noticia me quedé muy triste y volví a Francia para pensar en cómo resolver el problema”.

Y agregó: “En mi país, se me ocurrió contactarme con otros inversores porque, para ese momento, ya estábamos hablando de una financiación distinta a la que había pensado al principio. Conversé con ellos y les conté que tenía un proyecto posible. Eran en su mayoría amigos vinculados con la industria del vino y me dieron la confianza necesaria para seguir. Después de cuatro o cinco meses, encontré a mis seis socios, todos procedentes de Burdeos (Francia). Así creamos Clos de los Siete. Después vinimos a la Argentina y compramos las 850 hectáreas”. Nota aquí.





martes, febrero 17, 2026

Alejandro Vigil

 

martes, febrero 10, 2026

Taberna La Tana

 “Tengo ‘vinógenes’, que es como el síndrome de Diógenes, pero con el vino, o sea, más caro”: Jesús González, de la Taberna La Tana

El hostelero granadino y su hermana Luisa González han convertido el establecimiento familiar, con más de 2.300 referencias de vino, en un lugar de culto.

“Tengo vinógenes, que es como el síndrome de Diógenes, pero con el vino, o sea, más caro”. Así se refiere Jesús González, de la taberna granadina La Tana (Plazeta del Agua, 3, Granada) a aquella afición que le hizo dejar los fogones por las botellas, y que le ha llevado a ofrecer una de las cartas de vino más extensas del país, con un total de 2.380 referencias. Botellas y más botellas que son objeto de devoción para profesionales y amantes del vino, y que han convertido La Tana, con su estética relajada de auténtica taberna antigua, en el lugar de referencia en la provincia de Granada para aquellos que buscan añadas especiales, vinos exclusivos y calidad en cada sorbo.

Y también, en cada mordisco. De su cocina salen platos de confección sencilla que apuestan por la excelencia como el esturión confitado y ahumado con tomate o pimientos asados (media ración 14 euros), el lomo a la sal con tomate seco (media ración 11 euros), los corazones de alcachofa (media ración 6,5 euros), los espárragos blancos cojonudos (5 unidades a 17 euros), las tortillas de patatas con guarnición (18 euros), la calabaza frita con chorizo (10 euros) o los platos de embutido que abren el apetito del más desganado.

La Tana, que nació en 1993 gracias al empeño de su madre y su tía, Ana y María Ángeles Martín, apuntaba maneras desde el día que levantó la persiana. “Era una taberna de vinos, con unas 50 opciones, algo que por aquel entonces ya era una barbaridad. Además, mi madre, que llevaba toda la vida en la hostelería, tenía muy buena mano en la cocina, y siempre había tenido interés tanto por el vino como por la comida”, explica González, que con 16 años ayudaba en los días más fuertes “fregando platillos y recogiendo vasos”.

Con 21 estudió cocina en la escuela de hostelería. “Pero me desmotivé absolutamente y me puse a trabajar”, recuerda. Cuando su madre enfermó y su hermana Luisa (que sustituyó a su tía en la taberna) estaba a punto de dar a luz, González volvió al negocio familiar. Dice que diferenciaba el blanco del tinto de milagro cuando, de un día para otro, se metió de lleno en el mundo del vino. “Empecé cuando en Granada todavía era muy difícil aprender de enología y cata. Había una pequeña asociación de sumilleres y nos reuníamos una vez al mes, pero sobre todo eran catas comerciales. Empecé a estudiar por mi cuenta, como podía, porque debía atender La Tana. He corrido mucha calle y me he formado a base de ensayo y error. Tenía más ganas que idea”.

Su hermana le solía decir que era el maestro de llaves de las ferias de vino: “Las abría y las cerraba”, dice González. En ellas tuvo oportunidad de catar y descubrir otras variedades y regiones distintas a Rioja y Ribera del Duero, que dominaban el panorama español por aquel entonces. “Me movía lo diferente, por eso desde hace 20 años que trabajo con regiones como Campo de Borja o Jumilla, con ejemplos como Casa Castillo, y viajaba para conocer más sobre el vino, que era a lo que dedicaba todo mi tiempo libre”. Profesionalizó su pasión y lo hizo muy en serio, invirtiendo por tecnificar al máximo La Tana con un sistema de climatización inusitado para el momento. “Hemos sido unos precursores. Fuimos un oasis en el desierto y apostamos por especializarnos y diferenciarnos, y eso ha hecho que La Tana sea grande”, dice González, que también ha sabido dar su buen tino a dos negocios familiares más: La Botillería, Petra Vinos y El Asador de la Reina, recomendado por la Guía Michelin. Nota aquí.