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lunes, julio 13, 2026

Felisa Espinosa

 Muere Felisa Espinosa, "la mujer más importante de Bodegas Emilio Moro"

La mujer de Emilio Moro, y madre de los también bodegueros Javier y José, fallece a los 94 años: "Viviste la bodega como nadie"

Felisa Espinosa, considerada por la propia Bodegas Emilio Moro como "la mujer más importante" de la empresa familiar, ha fallecido este domingo a los 92 años. 'La Feli', como la conocían familiares y allegados, fue una figura esencial en el crecimiento de una de las bodegas más emblemáticas de la Ribera del Duero, siempre al lado de Emilio, el segundo Moro de la saga, con quien escribió algunas de las páginas más importantes de la historia de la bodega.

"Con ella comenzó todo", resumían desde Bodegas Emilio Moro al presentar el vino homenaje dedicado a la matriarca. Ahora, tras su fallecimiento, 'La Felisa' trasciende su condición de etiqueta para convertirse, como expresa la propia empresa en un comunicado de despedida, en una manera de seguir llevando su historia y su recuerdo por todo el mundo.

Sobre ese mismo vino, la bodega rescata una anécdota tras el lanzamiento de la botella, con Felisa Espinosa respondiendo con la naturalidad y el carácter que la distinguían: "Ya era hora de que os acordarais de vuestra madre". Una frase que, según reconoce la propia familia, "resume perfectamente quién eras".

¿Cómo era 'Feli'? La familia la recuerda como una mujer "familiar hasta lo más profundo", de "carácter castellano", "firme, directo, auténtico y lleno de verdad". Un temperamento que, según destaca el comunicado, "dejaba huella" y regaló a quienes la rodeaban "los momentos más bonitos" que conservarán "para siempre". "Quien se sentaba a tu lado entendía enseguida que estaba delante de alguien especial", sigue la despedida.

"La familia fue siempre lo más importante para ti. Siempre pendiente de todos. Incluso cuando las fuerzas empezaban a fallar, seguías cuidándonos a tu manera. Escucharte era volver a nuestros orígenes, a Pesquera de Duero, al viñedo, a la bodega, al esfuerzo y a la familia", destaca la bodega. Y es que junto a Emilio Moro, Felisa Espinosa fue uno de los pilares de la segunda generación del proyecto familiar y de su relevo, encabezado por Javier Moro, actual presidente de la bodega, y José Moro, fundador y presidente de Cepa 21.

"Hoy el cielo brilla más fuerte que nunca. Pensamos que brilla así porque ya descansas en paz y allí arriba, donde siempre pusiste tanta fe, Emilio habrá salido a recibirte. Y aunque aquí nos queda un silencio enorme, nos consuela imaginaros juntos de nuevo", se despide la bodega, sin olvidar de 'Feli' que vivió la bodega "como nadie".

"En tus últimos días nos pediste que nos quedáramos con tus virtudes. Y eso haremos. Con tu fe. Con tu fuerza. Con tu amor por la familia. Con tus historias, tus risas y tu forma de cuidar. Gracias por querernos tanto. Por enseñarnos tanto. Por recordarnos que lo importante empieza en casa, que las raíces se respetan, que el trabajo dignifica y que una familia se cuida cada día. Descansa en paz, la mejor abuelita del mundo", concluyen. Nota aquí.



miércoles, junio 24, 2026

David Janer

 "Mi forma de vida sigue siendo la de actor, pero el vino dejó de ser solo una bebida cuando descubrí toda la cultura que encierra"

Le conocimos en Águila Roja pero hay mucho más, antes y después. Licenciado en Filosofía y sorprendente sumiller, rueda segunda temporada de Enológica y desde ahí lo deja claro: no ha abandonado la interpretación; ha sumado otra pasión a su modo de vida.

Durante años, para millones de espectadores, David Janer fue Gonzalo de Montalvo, el héroe discreto, ágil y con katana que convirtió Águila Roja en una de esas series que siguen funcionando en la memoria colectiva mucho después de haber terminado. También pasó por Amar es para siempre, antes por Compañeros, TV3, teatro y cine. Es decir, no hablamos de alguien que se asomó a la televisión por casualidad, sino de un actor con 25 años de oficio, popularidad enorme y una relación bastante poco ruidosa con la fama.

Por eso sorprende, al menos a primera vista, encontrarlo ahora hablando de viñedos, bodegas o variedades recuperadas... y hasta de antiguos dioses. Pero en realidad el salto no es tan raro. Janer estudió Filosofía, se formó como sumiller y ha acabado encontrando en el vino otro territorio narrativo. No un sustituto de la interpretación, insiste, sino una extensión de su curiosidad. Un lugar desde el que seguir aprendiendo, preguntando y contando historias.

Esa es también la idea de Enológica, la serie documental que puedes ver en Prime Video y en la que recorre regiones, proyectos y paisajes vitivinícolas para acercar el vino al espectador casi como a un colega. Si algo se desprende de esta conversación, es que Janer no quiere hablar del vino como quien levanta una barrera, sino como quien abre una puerta. Le interesan las botellas, claro, pero también lo que hay detrás: el territorio, la memoria, la espera, el lenguaje, los pequeños productores, las variedades minoritarias y esa mezcla entre placer inmediato y profundidad cultural.

No ha cambiado la interpretación por el vino, no. Su forma de vida sigue siendo la de actor. Lo que ocurre es que ahora, además, brinda, cata, viaja, pregunta y mira cada copa como una pequeña escena con origen, nudo y desenlace.

¿En qué momento el vino dejó de ser una afición y empezó a convertirse en una forma de vida?

Mi forma de vida sigue siendo la de actor, pero desde siempre me ha gustado y fascinado todo lo que rodea al mundo del vino: su historia, su filosofía, su dualidad… Mi relación con el vino pasó de la afición a la pasión precisamente cuando el vino dejó de ser solo una bebida. Descubrí sus orígenes, sus teorías, sus usos, sus dioses, sus dualidades… En definitiva, toda la cultura que encierra una sola copa de vino.

Has contado alguna vez que la filosofía te ayudó a relativizar los vaivenes de la interpretación. El vino también obliga a mirar el tiempo de otra manera. ¿Qué tienen en común para ti la filosofía, el oficio de actor y una buena botella?

Pues, poniéndome algo filosófico, diría que todas esas cosas persiguen, o deberían perseguir, lo mismo: la búsqueda sincera de la verdad. La filosofía, mediante las ideas; el actor, mediante la interpretación; y la botella, mediante la expresión sincera de su origen y, sobre todo, de su variedad. Las tres fracasan cuando fingen ser lo que no son. Nota aquí.



miércoles, mayo 27, 2026

Alberto Arizu

 El corazón puesto en una colección de vinos. Alberto Arizu y una charla intima sobre el vino, el legado y la familia

En una conversación con su nieta Agustina Arizu, el referente de Luigi Bosca repasó los rituales heredados, la emoción detrás de la colección De Sangre y esos recuerdos familiares que el vino transformó en momentos inolvidables.

ay conversaciones que parecen suspendidas en el tiempo. No tienen apuro, ni necesidad de explicar demasiado. Solo ocurren. Así fue el encuentro entre Agustina Arizu y su abuelo, Alberto Arizu, referente de Luigi Bosca, en una charla atravesada por los recuerdos familiares, los rituales heredados y la emoción de compartir una copa entre generaciones.

Sentados frente a frente, lejos del tono técnico que suele rodear al mundo del vino, ambos se sumergieron en aquello que no siempre se pone en palabras: la conexión con la naturaleza, los momentos inolvidables que guarda una botella y el significado profundo detrás de la colección De Sangre.

“Ya me emociona compartir este momento con vos y escucharte hablar. Cómo transmitís tu pasión hacia el vino y hacia la naturaleza es algo que todos tienen que aprender de vos”, dijo Agustina al inicio de la charla.

La escena despertó un recuerdo en Alberto Arizu. Ante la pregunta sobre la primera vez que sus nietos visitaron la bodega siendo chicos, volvió mentalmente a su propia infancia, caminando detrás de su abuelo entre toneles y cubas gigantes. “Parecía una catedral”, evocó. Y admitió que, al ver a sus nietos recorrer ese mismo espacio, imaginó que aquella fascinación podía repetirse otra vez, generación tras generación.

“Mi abuelo caminaba con las manos atrás y yo iba detrás de él. Pensaba que tal vez ustedes podían sentir lo mismo algún día”, recuerda Arizu.

Para Agustina, esa conexión sigue viva cada vez que observa a su abuelo caminar entre las viñas. Un lugar que describe como refugio, donde él encuentra calma y donde, de alguna manera, todo termina reflejándose en el vino.

Arizu se detuvo en la relación íntima entre el cuidado del viñedo y el resultado final de cada cosecha. Pero lo hizo desde el ritual y no desde la técnica. Recordó una ceremonia familiar que atravesó generaciones: después de identificar cuál había sido el mejor viñedo del año, su abuelo descansaba allí y pisaba la tierra descalzo al atardecer, como una forma silenciosa de agradecimiento.“También lo hizo mi padre y después lo hice yo. Era a la hora de la oración, el momento más lindo del día, el de mayor conexión con la naturaleza.

La conversación avanzó hacia otro de los grandes ejes de la historia familiar: el vino como símbolo de unión. Alberto Arizu reveló que a lo largo de los años guardó botellas especialmente pensadas para distintas personas de su vida. Conserva el vino que su abuelo elaboró para el nacimiento de su padre, además de vinos dedicados a sus hijos, a su esposa Alicia y a cada uno de sus doce nietos.

En ese punto, Agustina recordó las reuniones familiares y esas mesas donde el vino aparece siempre como una presencia inevitable. Arizu describió algo que, según él, sucede casi mágicamente cuando una botella se abre y empieza a circular entre los presentes.

La charla encontró uno de sus momentos más emotivos al llegar a De Sangre, la colección más emblemática de Luigi Bosca. Para la familia Arizu, el nombre excede cualquier definición comercial: remite al legado, la tradición, a los vínculos y a aquello que permanece más allá del tiempo.

“La transmisión más directa está en la sangre: en los genes, en la personalidad, en los pensamientos y en los deseos”, señala Arizu. “De Sangre significa que esa sangre sigue reproduciéndose y multiplicándose hasta la eternidad”.

Antes del cierre, Agustina quiso saber qué le gustaría transmitirle a alguien que abra una botella de esa colección en cualquier parte del mundo. La respuesta fue breve, pero condensó el espíritu entero de la conversación.“Mi corazón puesto al servicio”.

Llegó el brindis final entre abuelo y nieta. Un momento simple, íntimo y profundamente familiar. Exactamente el tipo de instante que, como ellos mismos describen, termina volviéndose inolvidable. Nota aquí.





lunes, mayo 11, 2026

Fabricio Portelli

 Fabricio nos cuenta por Facebook.

Hoy es el 12vo aniversario del fallecimiento de Miguel Brascó, el hombre que cambió la forma de ver, tomar y disfrutar los vinos argentinos. Un visionario que dejó frases tan eternas como actuales, un gran sibarita que nos legó tips para comer bien y beber mejor. En el año del centenario de su nacimiento y solo como anticipo a los homenajes que se vienen, levanto mi copa para brindar por él, porque gracias a él mis brindis nunca volvieron a ser los mismos e imagino que a muchos amantes del vino les pasó lo mismo. Gracias Miguel y que Dios te tenga en la gloria.



miércoles, mayo 06, 2026

Josemi Carmona

 


El Canijo de Jerez

 

viernes, abril 17, 2026

Michel Rolland

 “Paren de arrancar Malbec, por favor”.

Así de visionaria fue la expresión de Michel Rolland cuando llegó a la Argentina. Una convicción que, con el tiempo, ayudó a consolidar el destino de la cepa que hoy representa al vino argentino en el mundo. Michel la defendió, la impulsó, la llevó como bandera.
Su influencia fue decisiva para reconocer ese potencial y proyectarlo internacionalmente. En Clos de los Siete, esa mirada sigue viva en nuestro vino, donde la cepa insignia ocupa el centro del ensamblaje: el blend de Malbec más exportado del país.
Hoy celebramos su día honrando no solo al Malbec, sino también a una de las figuras que más contribuyó a su consolidación y reconocimiento global.
17 de abril — Día Mundial del Malbec



jueves, abril 16, 2026

Sebastián Zuccardi

 

domingo, abril 05, 2026

Alejandro Vigil

 Alejandro nos cuenta por Facebook.

Hay encuentros que no son solo momentos… son parte del camino.
Hoy estuve con hace 25 años con Nicolás Catena, alguien que marcó mi vida mucho más allá del vino. Mentor, guía… y sobre todo, alguien que supo ver antes que yo lo que podía llegar a ser.
Sigo trabajando con él, aprendiendo. Porque hay personas que no se terminan nunca de entender… siempre están un paso más allá, empujando, preguntando, desafiando.
Nicolás no solo construyó una bodega.
Construyó una manera de pensar el vino argentino.
Fue quien empujó a la Argentina hacia la calidad, hacia el mundo, quien se animó a ir más alto cuando nadie creía que era posible. 
Su legado no es solo Catena Zapata… es toda la viticultura argentina que hoy se anima a competir sin pedir permiso.
En lo personal, le debo algo que no se puede medir:
haber creído en mí más de lo que yo creía.
Y eso, cuando pasa… te cambia para siempre.
Gracias Nicolás.
Por el camino, por la confianza… y por enseñarnos que el vino argentino no tenía techo, solo tenía que animarse.



miércoles, marzo 25, 2026

Alejandro Vigil

 Alejandro nos cuenta por Facebook.

La paradoja del tiempo y espacio
Hay vides que producen uva…
y hay vides que producen tiempo.
Esta tiene 100 años.
No crece, recuerda. No empuja, resiste. Cada grieta en ese tronco es una decisión tomada hace décadas, cada raíz es un hilo que baja buscando una verdad que no cambia con las modas.
Acá no hay apuro.
Hay memoria.
El vino que nace de estas plantas no se hace… se escucha. Porque cuando el viñedo ya dijo todo, el enólogo solo tiene que saber no interrumpir.
Viejas vides.
Raíces profundas.
Historias que todavía fermentan.



lunes, marzo 23, 2026

Fabricio Portelli

 Murió Michel Rolland, el enólogo más famoso del mundo

El afamado “flyingwinemaker” tenía 78 años. Fue una de las personas más influyentes de la industria y que más hizo por la evolución del vino argentino. Su reconocimiento a nivel global

“Michel sufrió un infarto anoche en Burdeos y no pudieron reanimarlo. ¡Una tragedia para nuestra familia en Francia y aquí!”, fueron las palabras textuales a Infobae de Dany Rolland, su exmujer, socia, colega, madre de sus hijas y compañera de vida. Ella está en la Argentina, ya que se quedó unos días más, luego de la gira que habían comenzado juntos hace un par de semanas, visitando su bodega en Mendoza, Buenos Aires y Bariloche. Michel se volvió el sábado a Francia, y ella se quedó en el país, para realizar distintos eventos.

“Es un golpe tremendo para todos, estuvimos juntos toda la semana, de acá para allá, Mendoza, Bariloche, Buenos Aires, y encima el viernes a la noche me hizo un comentario sobre cómo había que cuidarse y que de esta vida había que irse rápido y sin sufrir”, dijo compungido Gustavo Paolucci, la persona que trabajó con él en el país desde hace casi veinticinco años.

Michel llegó a la Argentina en los años ochenta, convocado por Arnaldo Etchart. Y, desde entonces, no dejó de venir. Primero asociado a Yacochuya, emprendimiento conjunto con la familia Etchart en las alturas de Cafayate. Y, mientras asesoraba a diferentes bodegas, a fines de los noventa, cumplió uno de sus sueños y creo “El Clos de los Siete”, un emprendimiento de más de 800 hectáreas con viñedos y bodegas con el objetivo de hacer un vino conjunto de U$D20, del cual se pudiera producir un millón de botellas. Hoy, el Clos de los Siete, lleva 25 cosechas, ha alcanzado el millón de botellas, y está a la venta en 70 países.

Michel Rolland fue un trabajador incansable, el pionero de los “flyingwinemakers”, los enólogos que viajaban a distintas regiones del mundo para asesorar en diferentes emprendimientos vitivinícolas.

Llegó a visitar doce países en el mismo año, viajando varias veces a algunos de ellos, pero sus dos lugares preferidos en el mundo fueron Francia y la Argentina. No por casualidad, cuando empezó a bajar un cambio, no por falta de ganas ni pasión sino por elección, decidió que sus viajes por trabajo fuera de Francia, solo serían a la Argentina, donde además de bodegas propias y otros asesoramientos, tiene muchos amigos.

Incluso, posee en Puerto Madero, el único restaurante del mundo con nombre y apellido de un enólogo: Michel Rolland Grill & Wine.

Michel estuvo hasta el viernes por la noche en la Argentina, celebrando alrededor de la mesa, como a él le gustaba, derrochando su simpatía única y sentido del humor. Su castellano afrancesado le quedaba muy bien. Un seductor nato y amante de los placeres gourmet, fue maestro de muchos maestros, e inspiró a generaciones de enólogos, tanto en la Argentina como en el mundo. Y varias veces entrevistado por Infobae durante los últimos años.

Sin dudas, hoy, el mundo entero del vino, está de luto, porque ha perdido una de las personas que más hizo por el vino en general, y por el vino argentino en particular.

Cabe destacar que fue Michel, un “extranjero” quien más creyó y apostó por el Malbec, incluso más que muchos bodegueros y hacedores en la Argentina. Hoy, si el Malbec es reconocido acá y en el mundo, en gran parte se le debe a Michel Rolland, quien vio en esa variedad, originaria de Burdeos como él, la clave que la Argentina se destaque, en un mundo tan competitivo. Nota aquí.







sábado, marzo 21, 2026

Alejandro Vigil

 Alejandro nos cuenta por Facebook.

Murió Michel Rolland.
Y con él, de alguna manera, se va una forma de empujar el vino hacia adelante.
Michel no solo hizo vinos.
Ayudó a darle una voz al vino argentino.
Cuando llegó, esto era otra cosa.
No había relato, no había identidad clara, no había lugar en el mundo.
Él vio algo antes que muchos: que acá había potencial… y que había que animarse.
Fue de los primeros en decir sin dudar que el Malbec era el camino.
Y no solo lo dijo: lo sostuvo, lo empujó, lo llevó al mundo. 
Tenía esa mezcla rara de convicción y simpleza.
Podía hablar de grandes vinos… como si estuviera hablando de algo cotidiano.
A veces discutido, muchas veces imitado, siempre influyente.
Michel no pasó desapercibido.
Y eso, en el vino, ya es muchísimo.
Me queda una imagen:
la de alguien que no tenía miedo de decidir.
De marcar un rumbo.
De bancarlo.
Porque al final, el vino también es eso:
una serie de decisiones sostenidas en el tiempo.
Y Michel las sostuvo.
Se va un personaje enorme.
Pero sobre todo, alguien que creyó cuando todavía no había demasiado para creer.
Y eso… no se olvida.



viernes, marzo 20, 2026

Michel Rolland

 Murió Michel Rolland, el reconocido enólogo francés que adoptó la Argentina como su segunda casa

Así lo confirmó su bodega en redes sociales; tenía 78 años.

Este viernes murió a los 78 años Michel Rolland, el reconocido enólogo francés que tenía un viñedo en la provincia de Mendoza. La noticia la confirmó en las últimas horas la Bodega Rolland, una de las empresas que tenía en el país.

“Michel nos dejó hoy a causa de un infarto fulminante. Aún estaba lleno de energía, proyectos, planes de viaje. Puede ser que su corazón se vio abrumado por esa vida ajetreada que tanto amaba, por sus 55 años de arduo trabajo, sus viajes a todas la latitudes del mundo, su lado pasional y su vida de bon vivant”, indicó la bodega ubicada en el departamento de Tunuyán, a través de las redes sociales.

Y agrega: “A él le hubiera gustado irse rápidamente, sin sufrimiento, sin secuelas; es la última sorpresa que nos dio: partir como una estrella fugaz. Que cada uno lo recuerde por su ingenio, su risa, sus arrebatos, a veces fugaces, su generosidad, su talento, su tenacidad para trabajar; fue un pionero en su profesión”.

“Amaba la vida, vivió varias con mucho entusiasmo. Amaba y se entusiasmaba por tantas cosas que compartía con el prójimo y su familia: cacería, golf, gastronomía, degustaciones, viajes y correr por el mundo. Qué vida magnífica vivió, como una aventura. Extrañaremos su entusiasmo y energía contagiosa, como su amor y su generosidad”, cierra Bodega Rolland.

Por su parte, Dany Rolland, la esposa de Michel, confirmó la noticia a sus amigos más cercanos: “Michel sufrió un infarto anoche en Burdeos y no pudieron reanimarlo. ¡Una tragedia para nuestra familia en Francia!”, fue uno de los mensajes que envió.

“Un hombre que no solo definió una manera de hacer vino, sino también una forma de pensar, de mirar y de proyectar. Su energía, sus proyectos y su forma de vivir están en cada detalle, en cada cosecha, en cada paso que damos”, escribió en las redes su otra emprendimiento, Clos de los Siete.

Rolland eligió la Argentina como su segundo hogar hace casi 40 años.

Su familia paterna era dueña de viñedos en Pomerol, región francesa conocida por la calidad de su merlot. Allí trabajaban su padre, su abuelo y su bisabuelo, de quienes aprendió las cuestiones básicas de elaboración. Cuando tuvo que elegir una carrera, decidió continuar con el legado familiar formándose como enólogo en Burdeos, Francia.

Se convirtió así en uno de los flying winemakers más relevantes de la escena mundial. Esta forma de hacer vino implica que el enólogo trabaje en varias bodegas al mismo tiempo y que, en la mayoría de los casos, estén ubicadas en distintos puntos del mapa. Trabajó en varios países, entre ellos China, India, Marruecos y Portugal.

Su desembarco en la Argentina fue en 1988, de la mano del bodeguero Arnaldo Etchart, que lo convocó a la ciudad de Cafayate, Salta, para que lo asesorara. Allí elaboraron juntos el primer vino considerado premium del país. Con el paso de los años, también entablaron una amistad y se asociaron para inaugurar en 1999 la bodega Yacochuya.

Poco después de su llegada comenzó a buscar un terruño para elaborar sus propios vinos. Así fue como llegó a Valle de Uco, Mendoza, lugar donde encontró las condiciones ideales para asentar su proyecto. Fundó Clos de los Siete, que alberga cuatro bodegas, en 1999.

“Vamos a hacer el mejor vino”

Rolland habló con LA NACION en mayo de 2024 y reflexionó sobre su contribución al vino argentino. A continuación, las frases destacadas de esa entrevista:

“Yo pienso que llegué a la Argentina en un momento en que necesitaba mejorar los vinos y cambiar un poco de fórmula -contaba el propio Rolland sobre su rol en el desarrollo del vino argentino-. Y todos cambiaron o mejoraron, desde Trapiche hasta Catena”.

“Estaba en esta época donde la Argentina necesitaba preguntarse y cambiar algunas cosas en el viñedo. Rehabilitar el Malbec, por ejemplo, porque estaba bajando porque no era rentable producir Malbec en esa época. Y yo decía: ”‘Estúpido, no hay que arrancar Malbec, vamos a hacer mejor vino’”.

“Pienso que el vino, además de ser una bebida, es una cultura”.

“Mis dos hijas están trabajando conmigo. Por ahora no hay más enólogos que yo en la familia. Tal vez alguno de mis nietos lo sea. Por mi edad no sé si podré verlo. Para mí ellos son lo más importante y todo lo que trabajé en estos años fue más por ellos que para mí”.

Para concretar el proyecto, Rolland convenció a bodegueros franceses del futuro del vino argentino. Él mismo relató el nacimiento del Clos: “Durante casi dos años busqué terrenos y terminé por decidirme por uno en Valle de Uco. Quería que tuviera entre 80 y 100 hectáreas pero, cuando hablé con el dueño, me dijo que solo accedería si le compraba 850 hectáreas. Es decir, el total del terreno. Tras enterarme de la noticia me quedé muy triste y volví a Francia para pensar en cómo resolver el problema”.

Y agregó: “En mi país, se me ocurrió contactarme con otros inversores porque, para ese momento, ya estábamos hablando de una financiación distinta a la que había pensado al principio. Conversé con ellos y les conté que tenía un proyecto posible. Eran en su mayoría amigos vinculados con la industria del vino y me dieron la confianza necesaria para seguir. Después de cuatro o cinco meses, encontré a mis seis socios, todos procedentes de Burdeos (Francia). Así creamos Clos de los Siete. Después vinimos a la Argentina y compramos las 850 hectáreas”. Nota aquí.





martes, febrero 17, 2026

Alejandro Vigil

 

martes, febrero 10, 2026

Taberna La Tana

 “Tengo ‘vinógenes’, que es como el síndrome de Diógenes, pero con el vino, o sea, más caro”: Jesús González, de la Taberna La Tana

El hostelero granadino y su hermana Luisa González han convertido el establecimiento familiar, con más de 2.300 referencias de vino, en un lugar de culto.

“Tengo vinógenes, que es como el síndrome de Diógenes, pero con el vino, o sea, más caro”. Así se refiere Jesús González, de la taberna granadina La Tana (Plazeta del Agua, 3, Granada) a aquella afición que le hizo dejar los fogones por las botellas, y que le ha llevado a ofrecer una de las cartas de vino más extensas del país, con un total de 2.380 referencias. Botellas y más botellas que son objeto de devoción para profesionales y amantes del vino, y que han convertido La Tana, con su estética relajada de auténtica taberna antigua, en el lugar de referencia en la provincia de Granada para aquellos que buscan añadas especiales, vinos exclusivos y calidad en cada sorbo.

Y también, en cada mordisco. De su cocina salen platos de confección sencilla que apuestan por la excelencia como el esturión confitado y ahumado con tomate o pimientos asados (media ración 14 euros), el lomo a la sal con tomate seco (media ración 11 euros), los corazones de alcachofa (media ración 6,5 euros), los espárragos blancos cojonudos (5 unidades a 17 euros), las tortillas de patatas con guarnición (18 euros), la calabaza frita con chorizo (10 euros) o los platos de embutido que abren el apetito del más desganado.

La Tana, que nació en 1993 gracias al empeño de su madre y su tía, Ana y María Ángeles Martín, apuntaba maneras desde el día que levantó la persiana. “Era una taberna de vinos, con unas 50 opciones, algo que por aquel entonces ya era una barbaridad. Además, mi madre, que llevaba toda la vida en la hostelería, tenía muy buena mano en la cocina, y siempre había tenido interés tanto por el vino como por la comida”, explica González, que con 16 años ayudaba en los días más fuertes “fregando platillos y recogiendo vasos”.

Con 21 estudió cocina en la escuela de hostelería. “Pero me desmotivé absolutamente y me puse a trabajar”, recuerda. Cuando su madre enfermó y su hermana Luisa (que sustituyó a su tía en la taberna) estaba a punto de dar a luz, González volvió al negocio familiar. Dice que diferenciaba el blanco del tinto de milagro cuando, de un día para otro, se metió de lleno en el mundo del vino. “Empecé cuando en Granada todavía era muy difícil aprender de enología y cata. Había una pequeña asociación de sumilleres y nos reuníamos una vez al mes, pero sobre todo eran catas comerciales. Empecé a estudiar por mi cuenta, como podía, porque debía atender La Tana. He corrido mucha calle y me he formado a base de ensayo y error. Tenía más ganas que idea”.

Su hermana le solía decir que era el maestro de llaves de las ferias de vino: “Las abría y las cerraba”, dice González. En ellas tuvo oportunidad de catar y descubrir otras variedades y regiones distintas a Rioja y Ribera del Duero, que dominaban el panorama español por aquel entonces. “Me movía lo diferente, por eso desde hace 20 años que trabajo con regiones como Campo de Borja o Jumilla, con ejemplos como Casa Castillo, y viajaba para conocer más sobre el vino, que era a lo que dedicaba todo mi tiempo libre”. Profesionalizó su pasión y lo hizo muy en serio, invirtiendo por tecnificar al máximo La Tana con un sistema de climatización inusitado para el momento. “Hemos sido unos precursores. Fuimos un oasis en el desierto y apostamos por especializarnos y diferenciarnos, y eso ha hecho que La Tana sea grande”, dice González, que también ha sabido dar su buen tino a dos negocios familiares más: La Botillería, Petra Vinos y El Asador de la Reina, recomendado por la Guía Michelin. Nota aquí.










viernes, enero 30, 2026

Fabricio Portelli

 

lunes, enero 19, 2026

Alejandro Vigil

 Alejandro Vigil, el "Messi" del vino: entre el sueño de destronar a Borgoña y su fanatismo por los Pumas tucumanos.

Considerado un fuera de serie, Vigil rechaza el elitismo europeo y defiende los vinos de $100 dólares frente a los de $3.000. Una charla sobre el éxito colectivo, la música y la literatura.

"Hacer vino tiene que ver con una filosofía o una forma de vida. No importa exactamente el lugar físico donde hacés vino. Hacer vino tiene que ver con plantar un viñedo y cuidarlo. Hacer vino es saber respetar un ciclo anual, que cada año va a ser distinto. Es una forma en la que uno ha elegido vivir y sentir. Cualquiera puede hacer vino, pero vivir el vino solo unos pocos: aquellos dispuestos a adaptar su vida a un ciclo que se repite, pero que siempre sorprende", dice Alejandro Vigil en el libro "Malbec Mon Amour", que escribió junto a Laura Catena. El enólogo más reconocido del país condensa con naturalidad un proceso que suele presentarse como algo intrincado.

Cuando Nicolás Catena lo interrogó sobre el secreto de aquel vino ganador en una cata a ciegas, el winemaker le respondió con la transparencia de un niño: "Jugando". Aquel momento reveló una enseñanza sobre el propio temor que no solo titularía a su icónico proyecto, El Enemigo Wines, sino que trazaría su destino para siempre. Hoy, convertido en una figura de impacto mundial, el viticultor persiste en el juego, aunque con el rigor de quien encabeza la elite de la industria.

Su mirada laboral trasciende los límites del laboratorio. El enólogo jefe de la bodega Catena Zapata es un melómano que piensa sus vinos como solos de jazz, un ávido lector que cita a Cortázar frente a un Malbec y, sobre todo, un formador de equipos. Su paso por el rugby constituyó su esencia: comprende que el éxito es colectivo. Tal vez por eso valora tanto la entrega. Como fanático de la ovalada, destaca la trayectoria del tucumano Nicolás Sánchez y afirma convencido que Mateo Carreras es, ciertamente, un "top 5" del mundo en su puesto.

-Hablando de deporte, ¿cómo es convivir con eso de que te consideren el "Messi del vino"?

Eso lo dice alguien y lo nombran, pero uno no se frena ahí. Si sirve para dar imagen al vino argentino, que se use. Lo importante es que uno entienda que hace vinos y que es parte de una cadena enorme de gente. Tengo mayor visibilidad por la posición que ocupo, pero es solo eso, no pasa nada.

-Pero sos un referente de Catena Zapata. ¿Qué implica estar en una bodega tan considerada a nivel mundial?

Catena Zapata es una universidad para mí; es como estar en Davis. Tenés la posibilidad de tener tecnología, viñedos, investigar y contar con el Catena Institute, que Laura Catena ha pensado durante muchos años y del cual ya tenemos publicaciones internacionales. Trabajar en Catena es una gran responsabilidad, pero también es como un gran juego, un parque de diversiones para cualquiera a quien le guste hacer vino. Tenés la posibilidad de jugar en todos los sentidos y formas. Lo tomé con la responsabilidad necesaria; era muy joven cuando empecé como jefe. Por suerte, hemos logrado un nivel de convivencia y generosidad de parte de ellos, permitiéndome tener El Enemigo y mis proyectos personales. Ya llevamos casi 27 años juntos.

-Vi que tenés un perfil muy rockero. ¿Cuánta de esa rebeldía se aplica a la hora de hacer un vino?

El vino básicamente depende del lugar donde esté plantado el viñedo. A partir de ahí, yo puedo "rockear" lo que quiera, pero hay que ser respetuoso con la identidad del sitio. Yo, más que rockero, te diría que soy melómano. Me gusta mucho la música en general. Por supuesto que el rock me ha marcado fuerte, soy de los 70, donde ya existían las grandes bandas, pero escucho de todo. Tengo mucha afinidad con el folclore y con el jazz. Creo que ahí tenemos una visión sobre el terroir que ayuda a elaborar buenos vinos: si uno es transparente a esa música propia nuestra, si la siente y es parte suya como la tierra, es mucho más fácil hacer vino en cada lugar. Nota aquí.



domingo, enero 11, 2026

Alejandro Vigil

Alejandro nos cuenta por Facebook.

Un amigo me manda este dibujo
y me dio hasta pudor.
Porque hay gestos que te dejan sin palabras
y dibujos que dicen más que mil discursos.
Gracias @wesleymir.
No se me ocurre otra forma de agradecerte que hacerlo acá,
compartiéndolo.
Y gracias también a @leomessi,
que en dos segundos dijo lo que muchos intentamos explicar durante años:
que el vino no es exceso,
es encuentro.
No es ruido,
es pausa.
No es protagonista,
acompaña.
Nuestro verdadero traductor de la simpleza.
🍷⚽️ aparte nunca el mejor momento !!!!!



domingo, noviembre 30, 2025

Alejandro Vigil

 Alejandro nos cuenta por Facebook.

A veces pienso que el vino me encontró antes de que yo lo eligiera.
Como esas cosas que uno no explica, pero siente en el pecho, en la piel, en la memoria.
No fue una decisión: fue un pulso.
El vino me enseñó a mirar distinto.
A detenerme en lo pequeño: una piedra, un olor que vuelve, un racimo que te habla bajito como si contara un secreto que solo vos podés entender.
Me enseñó que cada viñedo es una geografía emocional:
no un mapa, sino una forma de sentir.
Que trabajar la tierra es entrar en un territorio que también te habita.
En cada copa hay algo mío que no sé si puse o si el vino me robó sin pedirme permiso.
Un recuerdo, una duda, una alegría que se quedó anclada en algún sarmiento.
Es raro, pero siento que cada vino que hago me ordena un poco.
Me acomoda el alma, como quien gira una foto vieja y la vuelve a poner derecha.
El vino me dio una forma de vivir:
ser simple cuando todo se complica,
ser honesto cuando nadie mira,
ser cercano cuando la vida empuja lejos.
Y también me dio una certeza:
que no es solo una bebida:
es un territorio entero que se abre en una copa.
Una manera de volver a casa,
aunque esté lejos.
Una manera de recordar quién soy.
Al final, si digo que el vino es mi vida,
es porque me sostuvo cuando dudé, me acompañó cuando soñé,
y me enseñó que ninguna historia es solo de uno:
siempre es de muchos.
De la tierra, de la familia, de la gente que camina con vos.
Y de esa parte tuya que —aunque no se vea—
queda guardada para siempre en cada botella.
Una hermosa foto de la @chachingowinefair



viernes, noviembre 07, 2025

Fabricio Portelli