sábado, marzo 21, 2026

Alejandro Vigil

 Alejandro nos cuenta por Facebook.

Murió Michel Rolland.
Y con él, de alguna manera, se va una forma de empujar el vino hacia adelante.
Michel no solo hizo vinos.
Ayudó a darle una voz al vino argentino.
Cuando llegó, esto era otra cosa.
No había relato, no había identidad clara, no había lugar en el mundo.
Él vio algo antes que muchos: que acá había potencial… y que había que animarse.
Fue de los primeros en decir sin dudar que el Malbec era el camino.
Y no solo lo dijo: lo sostuvo, lo empujó, lo llevó al mundo. 
Tenía esa mezcla rara de convicción y simpleza.
Podía hablar de grandes vinos… como si estuviera hablando de algo cotidiano.
A veces discutido, muchas veces imitado, siempre influyente.
Michel no pasó desapercibido.
Y eso, en el vino, ya es muchísimo.
Me queda una imagen:
la de alguien que no tenía miedo de decidir.
De marcar un rumbo.
De bancarlo.
Porque al final, el vino también es eso:
una serie de decisiones sostenidas en el tiempo.
Y Michel las sostuvo.
Se va un personaje enorme.
Pero sobre todo, alguien que creyó cuando todavía no había demasiado para creer.
Y eso… no se olvida.



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