domingo, marzo 15, 2026

Javier Gurruchaga

 Gurruchaga está cabreado: “Vivimos unos tiempos autoinquisitoriales terribles”

‘Showman’ incansable de la escena, el cine y la televisión, el fundador de la Orquesta Mondragón celebra con una gira los 50 años de la banda. Y aprovecha para insistir en una de las cosas que mejor se le dieron siempre: no callarse.

Al final, no fue ni el empleado de banca que querían sus padres ni el estudiante de Filosofía y Letras que quería él. Pero como ya con cuatro añitos contaba chistes en público, como se ve que el escenario lo quería y como su ama venía de una familia de txistularis y le obligó a estudiar solfeo, Javier Gurruchaga (San Sebastián, 68 años) iba a acabar ganándose la vida algo más que decentemente con la música. Con el show. En 1976 fundó junto con varios amigos la Orquesta Mondragón, un disloque creativo y transgresor a medio camino entre el rock and roll, el circo… y el manicomio. No por casualidad en Mondragón estaba el psiquiátrico de Santa Águeda, célebre en el habla popular de los guipuzcoanos: “¡Tú estás como para que te lleven a Santa Águeda!”.

Gurruchaga, Popotxo Ayestarán, Jaime Stinus y los demás parieron, desde una contrastada calidad musical que bebía de fuentes como Elvis Presley, John Lennon, Lou Reed y la música negra, sucesivos himnos al cachondeo. Sus títulos: Viaje con nosotros, Ellos las prefieren gordas, Corazón de neón, Ponte la peluca, Bésame, tonta… Todo ello, sin olvidar la vis interpretativa en el cine, el teatro y la televisión de un Javier Gurruchaga que marcó un antes y un después en la historia de los programas televisivos de entretenimiento con sus intervenciones en espacios como La bola de cristal, Viaje con nosotros o algún otro como el descacharrante Especial Nochevieja de 1988. La Mondragón celebra este año sus bodas de oro con una gira cuyas próximas citas serán este viernes 20 en el Circo Price de Madrid, el 26 de abril en Bilbao y el 7 de mayo en San Sebastián.

Otra vez en la carretera. Otra vez en el escenario. ¿No puede vivir sin él? ¿Hay un síndrome escenario?

Sí, sí, yo no puedo estar sin subirme a uno. Empecé a hacerlo con 12 años como presentador de un concurso de cuentos infantiles en la Biblioteca Municipal de San Sebastián, así que imagínate. Bueno, con cuatro ya contaba chistes en público en las Escuelas Nacionales del barrio de Amara y enseguida vi que la gente se descojonaba. Además, yo era buen estudiante, y un chaval guapito. Uno se da cuenta muy pronto de si tiene capacidad de seducción. Lo del escenario es adrenalínico. Yo, cuando acabo un concierto, tardo varias horas en bajar, y en coger el tono para poder dormirme, que, por cierto, me gusta dormirme muy tarde.

¿Es como que cuesta incorporarse a la vida normal?

Sí, yo no sé si es la serotonina o qué otra otonina o qué, o el hecho de estar con el público, esa química…, hay como una relación amorosa con el público, hay como unos rayos eléctricos que fluyen, es una ceremonia, ¿cómo no te va a gustar eso? Y es mutuo. Y eso lo ves desde arriba.

¿Porque usted lo ve, ve las caras y los gestos del público?

Lo veo, lo veo, aunque tengo que confesar que me ha ayudado bastante mi astigmatismo miópico, porque así he vencido un poco mi timidez. Si hubiera visto siempre las caras de la gente, probablemente me habría asustado. Como las veo desenfocadas, pues me lanzo más. Nota aquí.



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