CLAROOSCURO
Con prisa nos movemos por los recovecos del mundo.
Llevamos, en los ojos, la inercia de la muerte.
Y el azul oscuro del mar,
cuando los párpados de dios se cierran y dejan vislumbrar, al fin, las hermosas montañas, los verdes valles y las transitadas ciudades.
Llevamos la señal de Caín marcada en carne viva.
Y el victimismo de Abel, enrocado y destructivo,
como un ADN programado para el sufrimiento y la tristeza.
Vagamos en el interrogante, anclamos la duda en el fondo abisal y lloramos sobre la calavera del tiempo, que ríe, siempre, con irónica vehemencia.

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