jueves, marzo 05, 2026

Gregorio Morán

 Rodolfo nos cuenta por Facebook.

Escribo con tristeza. Y con serenidad. En estos días han muerto dos periodistas. Muy distintos. Gregorio Morán y Fernando Ónega. No criticaré a la Reina ni al presidente de Gobierno por acudir a mostrar sus respetos a la familia de Fernando Ónega. San Lenin me libre. Siempre es de agradecer el consuelo ante una pérdida.
Cada uno tiene, sobre todo los periodistas, su pasado escrito. Ónega lo tiene —y lo escribió de propia mano— y, por muchas palabras de compromiso o de elogio fúnebre que se le haga, nada lo cambiará. Hizo lo que hizo, escribió lo que escribió, aplaudió a un dictador y lloró su muerte. Después nos dio a todos lecciones de democracia. No importa ahora. Ahora, paz a los muertos. Y memoria.
Porque memoria hay que tener para recordar que Gregorio Morán, fallecido también hace unos días, dedicó toda su vida profesional a denunciar los excesos del Gobierno, fuera cual fuese su ideología y a desentrañar los más oscuros episodios del franquismo y la Transición. Se dedicó a defender un periodismo riguroso y serio, tanto en el franquismo como en la democracia.
No han hablado mucho de su memoria los medios. Ni la Reina ni el Presidente han dedicado una palabra a su recuerdo. Tal vez no sabían ni quién era. Pobres. No sabían que él sí era un referente moral y profesional.
Gregorio Morán. (Ignoro la autoría de la foto. Se publicó en elDiario)



0 comentarios: