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lunes, septiembre 14, 2026

Rodolfo Serrano

 Besar la alegría

(Septiembre 2026)
Hoy no va a llover. Por la ventana
pasan nubes grises que, de pronto,
se deshacen ante un sol casi de otoño.
El hospital es un barco a la deriva.
No llega la ciudad a estas paredes.
El mundo es ya ahora esta luz fría,
soledad de pasillos, o las quejas
de voces en la alta madrugada.
El mundo es ahora ya cerrada carne,
suspiro mineral, vida que pugna
por romper este blanco de las camas,
saltar hasta las nubes y abrazarlas.
El cielo me proteja. Yo me acojo
a la piedad de un dios en que no creo.
Soy un niño con miedo en los bolsillos.
Y rezo no sé a quién sin esperanza.
No va a llover hoy. ¿Lloverá un día?
Contemplo el mundo fuera, sólo un patio.
Unos árboles me llaman a los cielos.
Con ellos busco y beso la alegría.
Foto de Raul Cancio.



viernes, septiembre 11, 2026

Rodolfo Serrano

 Hospital UCI

(Agosto 2026)
Confusos los recuerdos. Un chispazo
de luz negra, grito, aquí no ha cielo.
El cuerpo no es tu cuerpo. Ajeno cuerpo.
Suplicar por la muerte, cuando era
el único consuelo deseado..
¿Y dónde están la risa de los niños,
las plazas como astros, las canciones?
¿Esas calles de lluvias y muchachas?
¿Los bares como cuerpos que te abrazan?
¿Los árboles de luz y nubes altas?
Solo queda este mundo que me ahoga
este dolor terrible del delirio.
Pesadilla feroz, cuando no queda
el recuerdo de un sueño de verano
de un verano en la trilla de los primos.
La noche ahora es eterna. El sufrimiento,
el mordisco voraz de vísceras y miedos,
la soledad, la angustia del espasmo,
las manos que rebuscan los demonios
en la piel derrotada, yerta, ardiente.
El dolor, el dolor. Ya no hay consuelo.
No hay final. No hay final. Todo es eterno.
Hasta este ansia de morir, morir. Caer
en el olvido, irremediable, de la nada.
Foto de Raul Cancio



miércoles, septiembre 09, 2026

Rodolfo Serrano

 Julia me lava

Julia me lava. Indefenso, soy un pájaro temblando entre sus dedos.
Sus manos acarician tierra herida,
áspera tierra, sombra larga.
Oscuridad y miedo. sombras. Nuestra carne es dolor.
Dos cuerpos, yo no nuestros,
Recuerdo antiguo, luz difusa.
En silencio me lava. Son sus dedos
de nube.Solo a veces
presiona un poco más, cual si buscará
el latido de la sangre.
Julia me lava.Yo, en silencio, lloro



jueves, septiembre 03, 2026

Rodolfo Serrano

 LA RUTINA

(Habitación 116)
Detrás de mí he dejado algunos males graves.
Y amores y amistades –que yo pensaba eternos–
me dejaron a mí en los días más negros.
Ahora duermo tranquilo, con alguna secuela
y muchas medicinas que matan el recuerdo.
No me quejo de nada. Respiro cada día,
entro y salgo, me queda algún amigo viejo
y otros amigos nuevos me traen nuevos abrazos.
En este bar de pueblo donde estoy retirado
bebo mi vino, escucho y hablo poco y de todo.
De vez en cuando ando bajo un sol de justicia.
Y huelo el heno seco que me huele a la infancia.
Me saludan los perros y miro las cigüeñas
en lo alto del viejo campanario de piedra.
La tarde está bendita por la luz del crepúsculo.
Una mujer reclina su cuerpo junto al mío
cada noche de sueño de este largo verano.
Madrugo. Me despiertan los pájaros del campo,
los mismos que alimenta el Dios del Nazareno.
Y, como ellos, tampoco yo le temo al futuro.
En fin, que, así las cosas, hoy puedo aseguraros
que, razonablemente, soy feliz y no pido
demasiado a la vida. Solo, de tarde en tarde,
me vence la añoranza, este desasosiego
por lo que he malgastado en mis años perdidos.
(Ser feliz es tan sólo un instante de luz).
Foto de Raul Cancio.



lunes, agosto 31, 2026

Rodolfo Serrano

 

domingo, agosto 09, 2026

Rodolfo Serrano

 Rodolfo nos cuenta por Facebook.

Mi amigo, Tito Muñoz ha escrito una canción para mi libro Hotel en las afueras . Como no puedo compartirlo, lo repico aquí para que, como yo, riais y lloréis con estos versos de un viejo pirata y colega del alma como es mi querido Tito.
Canción a la manera de Sabina
para Rodolfo Serrano
Qué vulgar es el lujo de los hoteles,
qué alcoholes liliputienses de minibar,
qué desperdicio de cama si no eres par,
qué remilgado el tacto de muchas pieles.
Prefiero los hoteles de las afueras,
Norman Bates atendiéndome en recepción,
me gusta como cruje cada escalón,
ya conoce mi Jaguar la carretera.
Sacan su lado malo todas las damas,
allí siempre se cumple su perversión.
Qué tálamos malignos para mojama.
Se extiende su deseo en esa pensión.
Me gustan las mujeres de mala fama.
Al modo de Sabina va esta canción.
Y le ponemos una foto de Raul Cancio



lunes, julio 27, 2026

Rodolfo Serrano

 Volver a Villamanta

(Habitaciones 215 y 222)
Siempre quiero volver a aquellos años
felices de la infancia. Cuando el mundo
era una escuela y juegos en la plaza,
era risa de niños en la tarde,
paraíso feliz de cielos limpios.
Los cerros a lo lejos, esos días
de arroyos y de huertas, y la siesta
de agosto bajo el chozo, y el sonido
de cangilones en la noria vieja,
ese frescor del agua en los canteros.
Las meriendas de aceite y pan y azúcar.
Y todo por hacer: andar a nidos,
afilar el rejón de la peonza,
pedir a padre que hiciera aquella espada
perfecta de madera. Los inviernos.
La rebusca de leña en El Vedao,
los cuentos de difuntos a la lumbre,
sabañones curados con orín,
pantalón con culeras, el maestro,
Don Dámaso con su vara de fresno.
Los amigos, mis primos, mis hermanos,
las peleas por nada. El Tío Pavana,
sus cigarros de anís y aquellas bolas
de caramelo, siempre inalcanzables.
El rosario, la iglesia, oscura y fría.
Y ese golpe tan dulce del deseo,
cuando las niñas, de pronto, sin saberlo,
no querían jugar ya con nosotros
y pasaban muy serias con sus madres
camino de la Iglesia los domingos.
Esa Arcadia feliz, la casa y el sobrao,
la estación y aquel tren de carbonilla,
el reloj de la plaza, las moreras,
la ermita, allá, a lo lejos, el cuartel
de la Guardia Civil y de su miedo.
Hoy cuando todo lo he perdido,
y toda mi riqueza es algún verso,
cuando nada hace ya sangrar mi herida,
quiero volver al pueblo y pasearme
como un niño que aún vive por sus calles.
(Y luego detenerme ante mi casa.
Y morirme abrazado a los recuerdos).
Foto, por una vez, que no es de mi querido Raul Cancio
Aquí vivi, de niño, en Villamanta. La casa está muy cambiada y mejorada. Creo que la foto la hizo Juana Vázquez



miércoles, julio 08, 2026

Rodolfo Serrano

 FOTOMATÓN

y a Roberto Santos
(Habitaciones 310 y 311)
Solo de vez en cuando
y muy de tarde en tarde,
busco la foto aquella que te hiciste
en un fotomatón de la Gran Vía.
Es una cartulina amarillenta.
Estás muy seria,
mirando fijamente al objetivo.
Con ese desconcierto que tenemos
siempre en los documentos oficiales.
Pero estás muy hermosa. Con el pelo
cortado como un chico y esa sombra
burlona que adivino
en tus ojos de noche, muy abiertos.
No hay tiempo más hermoso que el vivido
en el amor del otro.
Esos días queridos y esas calles
donde el mundo empezaba. Y tu alegría
en todos los hostales y tabernas.
Tantos años después miro tu foto,
cartulina que guarda todavía
esa dulce caricia, la belleza
de un tiempo ya vencido.
Y sin embargo,
me sigue emocionando esa mirada,
tan lejana y fatal,
tan viva siempre.
Y así, de vez en tarde,
busco tu imagen, sueño con el tiempo,
imparable y fugaz, que me recuerda
que alguna vez me amaste.
(Y yo aún te amo).
Foto de Raul Cancio.



lunes, julio 06, 2026

Rodolfo Serrano

 Confesión de parte

Yo vivo en paz con los hombres
y en guerra con mis entrañas
Antonio Machado
Puestas así las cosas, lo confieso:
Voy a ganarme el cielo.
Yo, a mis años,
—lo mismo que un bendito—aguanto todo.
Incluso a los que dicen
—y se empeñan—
en demostrarme que todos mis dolores
no son nada
cuando se los compara
con la pinta estupenda que aparento.
Es buena gente, lo sé,
gente adorable
que, con bondad, pregunta por mis cosas
sin dejarme decirles que estoy malo
que, igual que don Manuel,
yo ya no bebo
lo que algunos han dicho que bebía.
Así que les atiendo sus llamadas,
contesto a sus mensajes. Les explico
que hago lo que puedo,
que disculpen
estas ganas de nada,
esta manía
de andar entre hospitales y recetas,
que no pueda dar un paso sin que lleve
conmigo a un confesor
o a un médico de urgencias.
En fin, que, así las cosas, uno hace
lo que el cuerpo le deja
por mantener el tipo y la figura:
salgo poco, como sano, leo mucho
y trato de vivir en armonía
con males y dolores.
Y me siento
muy lejos de pavanas y oropeles.
Y espero. Solo espero
un momento de paz, un par de versos,
un mensaje de la niña
que, hace tiempo, me entregó
—como Bergia cantó, tan atinado—
su corazón en un pañuelo.
Y siento, todavía,
que late junto al mío cada noche.
Foto, inmensa, de Raul Cancio.



viernes, julio 03, 2026

Rodolfo Serrano

 Historias de bar

(Habitación 314)
Si usted la hubiera visto, amigo mío…
El perfume que salía de su blusa,
la forma de apoyarse en cualquier sitio,
o, simple y llanamente,
esa manera tan suya de mirarte.
No ha llegado usted a conocerla
en sus años mejores.
Cuando andaba por calles y por bares,
acuchillando noches
y bebiendo la sangre de la vida.
Mirarla, ya le digo, era la gloria:
morena y muy delgada,
y esa piel que parecía —a qué negarlo—
un verso de Neruda.
Como a todos,
a mí también me tenía enamorado.
Y hubiera dado, lo juro, cualquier cosa
por una madrugada los dos juntos,
en cualquiera de esos bares de suburbio
que ella frecuentaba por entonces.
Usted conoce bien, estoy seguro,
lo que ocurre con amores como éstos.
Se van por el lavabo como el agua,
girando, dando vueltas, dulcemente.
No dejan ni un rasguño, ni una huella
en tanto corazón abandonado.
Fueron tiempos felices.
Muchas veces
recuerdo esa humedad en el asfalto,
y las oscuras calles sin un alma,
las madrugadas frías,
la búsqueda apurada
donde tomar la espuela.
Y ella —me parece estarla viendo—,
fumando un cigarrillo
y su tos como un tibio sobresalto.
Ya ve usted, amigo, quién diría
que es la misma mujer, cansada y triste,
que se cruzó hace un rato con nosotros
y, sin ganas,
nos presentó a su nieta.
Le aseguro
que es la misma mujer que hace unos años
nos volvió a todos locos.
Y felices.
Foto de Raul Cancio.



sábado, junio 27, 2026

Rodolfo Serrano

 “Los poetas debemos combatir el fascismo”

“La desesperación no lleva a ningún sitio. Es una cueva sin salida. Por eso mi interés en que siempre haya en mi poesía una ruta de escape, un camino hacia la felicidad”. Poesía social, poesía política, poesía de la vida y del amor, de la niñez, la juventud y el envejecimiento, de la soledad de los hospitales… Poesía que busca la belleza y también el compromiso. “Me acerco a los 80 años, y ante ese final de las cosas, nos queda, o pretendo que me quede, la sensación de eternidad, esa eternidad de la belleza, de la persecución de la belleza”. Y del compromiso hasta el final. “El poeta no puede huir de la realidad. Su obligación es hacer ver con sus palabras las miserias de un mundo injusto, de un dios cruel en cuyo nombre se ampara el dolor del hombre, la injusticia y la desigualdad”. Hablamos con el periodista y escritor Rodolfo Serrano de su nuevo libro de poemas que acompañan las inspiradoras fotografías de Raúl Cancio: ‘La mirada y el verbo’ (editorial Kasban).

Rodolfo, quien conoce su poesía sabe que tiene siempre un ansia de ternura explícita y jugosa. Unas ganas de arreglar la cara oscura de la inercia que deslumbra, pese a la sencilla matriz de su poesía. Su nuevo libro, ‘La mirada del verbo’, no es una excepción, y, sin embargo, hay una rareza muy valiosa en él. Su mirada es más densa, menos sistemática y mucho más política, sin incidir como en otras ocasiones en versos que la nombran. ¿A qué obedece este cambio, a la necesidad de ceñirse a las imágenes de Raúl Cancio o al hartazgo que va produciendo ese olor añejo de la política patria y mundial? 

Lo cierto es que las imágenes de Raúl están cargadas de esa poesía que yo persigo en mis versos, lo cotidiano, el transcurrir de los días, la belleza de lo que nos encontramos en la calle, sin buscarlo casi. Y esas imágenes han influido, sin duda, en el verso. Pero no hay un hartazgo de la política. Para mí la política está en el hombre y su obra. Y todo es política. La poesía también. Lo que ocurre es que, en el caso de este libro, la política adquiere otra dimensión, otras formas. Hablar de las mujeres solas o de la soledad de un mimo es una forma de política, incluso el verso amoroso puede ser una forma de política.

Una vez más, usted se desvincula de metáforas sofisticadas. No juega al suspense que esa elección supondría. Apuesta como siempre por el verso útil y transparente. Reinventa las imágenes de su compañero de viaje y las alza en sus manos hasta buscarles un hogar imposible de abandonar. La primera y excepcional fotografía del libro, esa mujer sentada sobre una piedra de granito, es un símbolo de resistencia, y el primer poema es ya una declaración de intenciones. La resiliencia es sin duda el leitmotiv de todo el poemario. Es su hermoso libro un canto contagioso, una forma de pluralizar aquello que mueve a la sociedad, pero también al hombre. ¿Supo desde el inicio que esa dualidad tan comprometedora sería la columna vertebral del libro? 

Claro. A esa resiliencia me refiero cuando hablo de la política en mi poesía. ¿Hay algo más político que ese afán de recuperación, de resistir, de enfrentarse a la vida? Procuro, además, que haya en mis versos una denuncia social. Y esa mujer a la que usted se refiere es, precisamente, un ejemplo de mi intención. Un ejemplo de resiliencia, efectivamente. Es verdad que no soy un poeta de metáforas deslumbrantes. Quiero pensar que la mejor metáfora es la expresión natural de la realidad. Y en eso ando. Las fotografías de Raúl son también un ejemplo de resistencia ante la vida: esas calles húmedas de lluvia, esas mujeres en su soledad, las nubes altas, el silencio que se adivina en una ciudad extraña.

“He ganado la vida. Y he vencido / al miedo y al desastre, a los dolores, / a la desolación de madrugadas / en fríos hospitales. He burlado / a los amores perros y a su ruina”. Versos como estos ponen de manifiesto que es usted un poeta que quema todas las salidas en cada poema. Sus metáforas son animales quietos que lo apuestan todo a cada instante. ¿Nunca le agota esa sensación de finitud? ¿Cómo consigue que ese peso específico se revierta en el latido infinito que acaban siendo todos y cada uno de sus poemas?

Le decía antes que las metáforas, para mí, son la expresión de la realidad. Y la realidad no siempre es hermosa. Hay fríos hospitales, madrugadas de desolación y amores perros. Es la vida. Inevitable vida que, a pesar de todo, tiene momentos maravillosos. Y sí. Una vida que se nos va escapando entre los dedos. Ante ese final de las cosas, nos queda, o pretendo que me quede, la sensación de eternidad, esa eternidad de la belleza, de la persecución de la belleza.

Sus versos impactan porque conoce el mundo y la tragedia de lo cotidiano. La imposición de lo inevitable, y, aun así, guarda lo mejor de sí mismo y sus mejores intenciones para evitar venganzas, para alejar de la desesperación a todos y cada uno de sus versos. ¿Cómo consigue nombrar lo incómodo sin que resulte incómodo y aleccionador? ¿Cómo huye de la perversidad de algunas verdades? ¿Es el diálogo interno de un hombre tan consciente de la verdad quien obra el milagro? 

No lo sé. De verdad que no lo sé. Procuro mantener abierta la esperanza. Esa es una forma de resistencia ante el dolor propio y ajeno. Y si la verdad es que todo terminará, que el sufrimiento envuelve al hombre, al ser humano, yo intento buscar el ángulo más amable, intento acomodar mi paso al otro para buscar, juntos, refugios contra el miedo y el desastre. La desesperación no lleva a ningún sitio. Es una cueva sin salida. Por eso mi interés en que siempre haya en mi poesía una ruta de escape, un camino hacia la felicidad.

“Ahora que solo tengo mi tristeza, / este dolor antiguo del pasado, / ahora, cuando el mundo me hace daño, / siento por fin, que todo lo he perdido, / pero he ganado la vida y tu recuerdo / para dormir en paz hasta la noche”. Versos así ponen de manifiesto que usted sabe perder las batallas como pocos poetas saben hacerlo. Y, sin embargo, siempre hay una sensación de júbilo en el lector, un latido de agradecimiento porque sus reflexiones son un beso sobre las heridas personales. Usted se relaciona con el lector como si hablase con usted mismo. ¿De qué lugar mana esa naturalidad tan inverosímil teniendo en cuenta el lugar profundo y doliente del que nacen sus versos?

Las batallas perdidas, a veces, son la mejor victoria. En esos versos que cita usted está, en buena medida, mi filosofía poética. Cuando siento que todo lo he perdido, he ganado la vida. No quiero renunciar a ese último refugio que es la propia vida. Mire usted, yo voy camino de los 80 años. Y a esta edad la vida, lo mejor de la vida son las cosas pequeñas, el deslumbramiento de una noche de verano en el pueblo, el olor del jazmín en el patio, el cárabo en la iglesia. Ese dolor que usted cita, es ya, a estos años, un compañero amable de un viaje que está acabando. Y se lo cuento al lector en la idea de que esas experiencias de vida le sirvan para enfrentar su propio camino.Nota aquí.













domingo, junio 21, 2026

Rodolfo Serrano

 EL CORAZÓN DE LOS OTROS

A Manuel, Pablo, Mario,
Julia, Lila y Mateo,
mis nietos
(Habitaciones 318 y 319)
No envidies el triunfo de los otros.
La gloria, si es ajena, nunca quita
la sed de la conquista y la batalla.
No persigas jamás a tu enemigo.
El odio es un camino sin retorno.
Si amas, nunca esperes que te amen
con la misma pasión, pues todo es nada.
Y la vida es un paso entre dos luces
donde el amor nunca iguala a los amantes.
Cuando busques la paz nunca prepares
la guerra, aunque muchos lo aconsejen.
Pues la batalla la ganan las espadas
y la razón siempre cae ante la fuerza.
Recuerda que los vinos emborrachan
en soledad, por eso busca siempre
al amigo que bebe sin preguntas
y al camarero que invite a la penúltima.
Oculta tu saber, nunca presumas
de conocerlo todo, siempre hay alguien
que se puede aprender la enciclopedia.
Los datos nada valen por sí mismos.
Elige con cuidado a tus amigos.
Y llora, sin vergüenza, por su ausencia.
Que el dolor, siempre injusto, de los niños
eterna, eternamente te conmueva.
Y que el recuerdo, el fin de lo que fuimos,
quede en el corazón de nuestro hermano.