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domingo, julio 26, 2026

Benjamín Prado

 "Para mí Almudena Grandes siempre reinará en Rota, con la espumadera en la mano, sobre todo el rebaño de sus admiradores"

El poeta y escritor rinde homenaje a sus maestros y amigos en unas memorias que son una auténtica delicia. Se titulan ‘Qué estoy haciendo aquí’ (Alfaguara) y por ellas pasan Alberti, Octavio Paz, Vargas Llosa, Ana María Matute, Almudena Grandes, Sabina, Paul Auster, Bob Dylan... Emocionan, divierten e instruyen, mientras revelan los entresijos del mundillo cultureta con la sabiduría del intelectual y la intimidad que compartió con ellos. Benjamín es el protagonista de nuestra sección de los viernes Club Esquire: la entrevista.

Creo que no hace falta que te recuerde que Benjamín Prado (Madrid, 1961) es un escritor muy especial para mí –si te lo perdiste, revisa aquí la entrevista que le hice por su novela policíaca El anillo del general (Alfaguara) y la siguiente, por su poemario La edad de los fantasmas (Visor)–. Pero en esta ocasión, mi admiración y agradecimiento son mucho más profundos. Primero, porque acaba de publicar unas memorias tituladas Qué estoy haciendo aquí (Alfaguara) que son una auténtica delicia y una clase magistral de literatura, en las que repasa sus vivencias –diurnas y algunas abiertas hasta el amanecer– junto a grandes nombres de las letras, la música y la cultura en general: Alberti, Octavio Paz, Vargas Llosa, Ana María Matute, Almudena Grandes, Javier Marías, Ángel González, Paul Auster, Gil de Biedma, Bob Dylan, Leonard Cohen, Patti Smith… Y segundo, porque el que fuera mi primer jefe en el periódico Diario 16 ha tenido a bien publicar en la faja y en la contraportada de su nuevo libro las palabras que un día le dediqué: “Una de las voces más sensatas, interesantes y entretenidas de nuestra literatura, además de un divulgador empedernido”. Ana Trasobares, Esquire. ¿Se puede ser más generoso? ¡Gracias, querido jefe!

El caso es que Benjamín, por H o por B, siempre me toca la fibra sensible y esta vez muy especialmente en el capítulo El periodista, en el que lógicamente narra una época que bien conocí. El poeta, El dramaturgo, El novelista y El letrista son los otros apartados de unas memorias envidiables que te hacen reír y llorar, que emocionan, que instruyen, que divierten y que te revelan los entresijos del mundillo cultureta con la sabiduría del intelectual y la cercanía y la intimidad que solo poseen los que forman parte de este círculo sagrado.

Hoy pillo al autor de las novelas Raro (1995) y Dónde crees que vas y quién te crees que eres (1996); de la saga detectivesca protagonizada por Juan Urbano y de los libros de poemas El corazón azul del alumbrado (1990), Cobijo contra la tormenta (1995) o Marea humana (2007) recién llegado a Rota, su lugar de vacaciones donde comparte patio desde hace años con vecinos tan ilustres como Joaquín Sabina o Luis García Montero, sus íntimos desde ni se sabe. Y le pillo feliz porque, además, el día anterior ha celebrado su cumpleaños y, aunque sopló 65, la palabra jubilación no aparece en su diccionario. Es más, tiene previstas algunas de sus veladas-concierto donde recita versos al son de la música; está acabando también un “librillo”, dice, sobre la Generación del 27 –él es premio Generación del 27, además de Hiperión de Poesía y otros tantos más–, y, por si todo esto fuera poco, repetirá como actor, después de disfrutarle en la serie de Sorogoyen Los años nuevos. Menos mal que sus colaboraciones en radio y televisión le dejarán descansar unas semanas hasta el nuevo curso, porque relajarse ahora es lo que necesita. Eso dice.

He tenido una suerte biológica extraordinaria. Empecé a escribir en un momento en el que todavía estaban vivos los poetas de la Generación del 27, los autores del Boom latinoamericano y los escritores de la Generación del 50. Y convivíamos todos. Estos recuerdos merecían convertirse en unas memorias

Feliz cumpleaños, Benjamín, espero que disfrutaras mucho de tu día.

Gracias, pero no se enteró casi nadie porque coincidió con el cumpleaños de Lamine Yamal (risas).

¡Ay, qué injusta la fama!

Hombre, yo voy a pasar la tarde sentado con todos los vecinos de Rota viendo su partido y él no va a venir a mi próxima lectura. Pero bueno, qué se le va a hacer (risas)

O sea, que ya estás de vacaciones en tu querida Rota. ¿El plan es pasar allí todo el verano o saldrás de gira con alguna de tus veladas literarias de música y poemas?

En verano intento no hacer prácticamente nada, pero alguna cosa tengo: Alcalá la Real, Santander y Logroño. Necesito descansar. ¿Sabes qué me pasa? Que, con el despiste que llevo encima, nunca meto mis libros en el calendario. Por ejemplo, las memorias que acabo de publicar, previsiblemente, pensé que tendrían cierta repercusión, pero hice como si no. Así es como organizo mi agenda pensando en mis cosas y, de repente, aparecen setenta u ochenta entrevistas, viajes de promoción, presentaciones… Ahí ya me supera todo. Siempre me pasa igual: hasta que llega el momento, hago como si no existieran las promociones de mis libros. Así soy yo: un desastre.

Desastre no, hombre, lo que pasa es que tocas muchos palos: escritor, poeta, letrista, colaborador en radio y televisión, actor principiante…

Sí, luego te cuento otro proyecto interpretativo que me ha surgido (risas)… Es que sigo pensando lo mismo desde que era joven, cuando creía que a nadie le iba a interesar lo que hacía. Luego resulta que le interesa a más gente de la que esperaba y, por tanto, tengo que hacer muchas más cosas de las que imaginaba. Pero bueno, no me quejo. Al revés. Yo feliz. Eso sí, me canso. Así que este verano me lo voy a tomar de relax total. Estoy terminando un librillo sobre la Generación del 27 que publicaré próximamente y poca cosa más: cuatro viajes, playa y los vecinos.

Hablemos ya de esas memorias tan jugosas que titulas Qué estoy haciendo aquí (Alfaguara), una auténtica delicia que he disfrutado de principio a fin porque hacen reír y hacen llorar, enternecen, divierten y, por encima de todo ello, instruyen como una clase magistral de literatura, mientras vas revelando intimidades de vida y de obras, tanto propias como de grandes nombres de la cultura universal con los que te has cruzado. ¿En qué momento vital decides escribir tus vivencias?

Cuando me doy cuenta de que llevo toda la vida guardando esos recuerdos y de que realmente merecían convertirse en unas memorias. Como se decía en el escondite: “Por mí y por todos mis compañeros”. Pero también cuando empecé a notar algunos olvidos, cuando vi que había nombres que ya no recordaba o episodios que empezaban a difuminarse. Entonces pensé: “Es el momento. No vaya a ser que luego sea demasiado tarde”.

Y es que yo he tenido una suerte biológica extraordinaria. Empecé a escribir en un momento en el que todavía estaban vivos los poetas de la Generación del 27, los autores del Boom latinoamericano y los escritores de la Generación del 50. Y convivíamos todos, por lo que mis maestros podían acabar siendo también mis amigos. Podías leer Sobre los ángeles por la mañana y tomarte una copa con Rafael Alberti por la tarde. O leer Sin esperanza, con convencimiento al mediodía y estar comiendo unas horas después con Ángel González. Eso ya no puede pasar, por desgracia. Todos ellos han ido desapareciendo y creo que era importante dejar constancia de aquella experiencia.

¡Que privilegio tan inmenso!, ¿verdad?

Desde luego. Además, fue un momento histórico muy especial. Los escritores del 27 regresaban del exilio –o del llamado exilio interior–. Unos recuperaban el país que habían perdido durante cuarenta años y otros trataban de explicar por qué se habían quedado. Al mismo tiempo, se produjo una normalización literaria: empezaron a reeditarse todos aquellos libros que habían estado prohibidos durante el franquismo. Creo que ese desfase de cuarenta años explica muchas cosas de mi generación como lectores y como escritores.

Había gente que descubría Poeta en Nueva York en 1977, cuando ese libro se había publicado casi medio siglo antes. Existían ediciones clandestinas o piratas, pero no habían circulado de verdad. Ese retraso condicionó nuestra forma de leer y también de escribir poesía. Los de mi generación –Felipe Benítez Reyes, Luis García Montero y tantos otros– admirábamos a los poetas del 27 como si fueran figuras míticas, pero, al mismo tiempo, nos sentíamos mucho más cerca de los del 50: Jaime Gil de Biedma, Ángel González… Todo eso me parecía que había que contarlo. Nota aquí.



sábado, julio 18, 2026

Joaquín Sabina

 Joaquín Sabina, a los 77 años: “Me arrepiento de haber perdido tanto tiempo en los bares”

Su último álbum, que documenta la gira con la que el músico se despidió de los escenarios, sigue dando que hablar.

En medio de las repercusiones, una de sus reflexiones más personales volvió a tomar fuerza entre sus seguidores..

A lo largo de casi cinco décadas, el cantautor español Joaquín Sabina marcó a varias generaciones con las letras de sus canciones, pero también con sus reflexiones sobre el paso del tiempo, los excesos, las decisiones tomadas y aquello que, al mirar hacia atrás, hubiera hecho de otra manera.

Una de esas confesiones volvió a circular en los últimos días y llamó la atención de sus seguidores. En ella, Sabina reconoció que, si pudiera cambiar algo de su historia, no tendría que ver con su carrera artística, sino con las noches y el tiempo que sintió haber perdido.

La frase volvió a tomar fuerza en medio de las repercusiones que continúa generando "Hola y adiós", el álbum en vivo que documenta la gira con la que el músico se despidió de los escenarios en noviembre del año pasado.

Joaquín Sabina: su reflexión sobre el paso del tiempo, los excesos y las decisiones que marcaron su vida

En una entrevista con la agencia EFE en 2017, mientras presentaba el álbum "Lo niego todo", Sabina hizo un balance de su vida y reconoció que, si hubiera algo que modificar, no tendría que ver con su carrera sino con el tiempo que sintió haber desperdiciado.

"Yo, con mi biografía, no estoy muy en desacuerdo. Tal vez estoy en desacuerdo con haber perdido tantas noches y tanto tiempo haciendo el idiota por los bares en lugar de escribir", confesó en aquel entonces.

Durante la charla, el músico también repasó algunos de los momentos más difíciles que atravesó en su vida, como el ictus que sufrió en 2001 y la diverticulitis que enfrentó una década después. Lejos de mostrarse amargado por esas experiencias, aseguró que terminaron reforzando su manera de mirar el paso del tiempo.

"Superviviente, sí, y nunca me cansaré de celebrarlo", expresó entre risas, al citar una frase de Lágrimas de mármol, una de las canciones de aquel álbum.

En esa misma entrevista, Sabina también habló sobre la generación a la que perteneció y los excesos que marcaron aquella época.

"Como mucha gente cercana a mí, soy de una generación que anduvo con la heroína. No yo, porque no la he probado nunca, pero sí con determinados excesos; es una generación muy loca y mucha gente, a veces la mejor, se quedó por el camino", reflexionó.

Lejos de mostrarse nostálgico, explicó que prefiere hablar de memoria antes que de melancolía. "No soy nostálgico, no tengo nostalgia de nada, pero sí tengo memoria y la memoria a veces se agarra a cosas hermosísimas, a ese minuto que te pasó una vez y a esa felicidad que dura tan poco pero que es inolvidable", aseguró. Nota aquí.









lunes, julio 06, 2026

Joaquín Sabina

 

jueves, julio 02, 2026

Rafa Pons & Jorge Tylki

 

domingo, junio 28, 2026

Joan Manuel Serrat & Joaquín Sabina

 

martes, junio 16, 2026

Rosa León & Joaquín Sabina

 

jueves, junio 04, 2026

José Luis Llada

 1.800 objetos en 40 años de obsesión por Joaquín Sabina: «Para mí es como el Papa para un cristiano»

El asturiano José Luis Llada expone en su propia casa una enorme colección de parafernalia sabinera que incluye auténticos tesoros.

El gijonés José Luis Llada guarda muchas, muchísimas entradas de conciertos de Joaquín Sabina. Pero hay algunas que son especialmente valiosas para él, «como la del que dio el día del atentado de Hipercor, en 1987», explica al teléfono desde Gijón. «Le dijeron que quizá no era buena idea actuar después de lo que había pasado, pero él respondió que no le iban a callar porque eso era lo que querían hacer con todos nosotros, y siguió adelante».

Aquel año Llada apenas acababa de empezar a coleccionar objetos sabineros, una afición que nació prácticamente a la par que su amor por su música, desencadenado por un flechazo instantáneo en un concierto. «Mi hermano mayor entró de voluntario en Protección Civil, y a veces le mandaban a espectáculos a echar una mano con la vigilancia. Un día vino Sabina con Viceversa a presentar el disco 'Hotel Dulce Hotel', me llevó con él y al verlo, me quedé pilladísimo. Era la primera vez que lo escuchaba, y nada más salir hice lo posible para conseguir una cinta de canciones suyas».

Lo siguiente fue otra cinta, y otra, y otra, hasta que empezó a recopilar todo tipo de objetos relacionados con su ídolo, «sobre todo desde la llegada de internet, que me abrió un mundo», asegura. «Ahí ya entraron los posters, libros, recortes de periódicos, DVDs, camisetas, tazas, muñecos, dibujos, entradas de conciertos, pegatinas y todo lo que me encontrase que tuviera que ver con él».

En el verano de 1997, Sabina fue a Gijón con la gira 'En paños menores' y se hospedó en el hotel Begoña Park, «en la misma habitación donde una vez durmieron los Rolling Stones», y José Luis se presentó allí para conseguir un autógrafo. «Me firmó el disco 'Malas compañías' y se metió en el taxi para irse al concierto. Pero al día siguiente, monté guardia con mi bici de montaña, y cuando salió a comer pregunté en recepción a dónde iba, y me dijeron que al restaurante Las Delicias. Fui para allá detrás de ellos pedaleando como un loco y llegué un poco antes porque conocía un atajo. Le pedí una foto con él, nos la hicimos y cuando le pregunté si me firmaría un disco, se quitó las gafas, y con los ojos más rojos que el demonio, seguro que por haber estado toda la noche de fiesta, me dijo: '¿Y qué pongo? ¿Para Induráin?' (risas) Ese fue mi primer contacto físico con él».

Desde entonces se ha encontrado muchas veces con Joaquín, que nunca se ha olvidado de que su fan número uno vive en Gijón. «Lo sé a ciencia cierta porque una vez hablé con su asistente personal para comentarle lo de mi colección, y me dijo: 'Sí, sí, sabemos quién eres, tenemos recortes de los artículos que se han escrito sobre ti'. Y en otra ocasión, después de hacernos otra foto en Oviedo, me dijo (imita su voz): 'Ya te he visto en el periódico'. Para mí fue un honor, porque si para los monárquicos el Rey es lo más grande, o para los cristianos el Papa, para mí lo es él».

De los 1.800 objetos que acumula en su casa -«para desesperación de mi mujer», dice medio en broma-, uno de los que más aprecia es «un muñeco de cartón, conocido como el botones, que se usó para la promoción del disco 'Hotel dulce hotel'», explica José Luis, que evidentemente tiene muchos otros favoritos: «Una entrada de su primer concierto en Las Ventas, una botella de cerveza personalizada con su cara, discos descatalogados firmados, una edición limitadísima de un libro que se hizo en Cuba que salió gracias a que Joaquín renunció a cobrar sus derechos, un dibujo hecho por él mismo... el valor sentimental de la colección es infinito, y el económico, difícil de calcular».

Desde que comparte su pasión en redes sociales, YouTube y una página web, José Luis se ha convertido en una suerte de 'influencer' y al hacerse conocido recibe muchos mensajes de gente que quiere mandarle objetos para su casa museo, donde tiene incluso clics de Playmobil personalizados por él mismo y hasta alguna cosa inconfesable. Todo «comprimido como en un Tetris», asegura 'el sabinero de Gijón', que tiene la suerte de tener una esposa comprensiva. «La última vez que reorganicé todo tuve que poner muchas cosas en nuestra cama, y se me hizo tan tarde que ella acabó yéndose a dormir a la habitación de nuestra hija». ¿Y qué hay de esa siguiente generación? ¿Querrán hacerse cargo de la colección cuando él ya no esté?

«No tienen mucho interés, y mi mujer dice que cuando me muera, estaré en la sala 1 del tanatorio y las salas 2 y 3 serán el mercadillo sabinero», ríe José Luis, que quizá hable algún día con alguna institución cultural sobre el asunto. Pero eso ya llegará más adelante. Ahora, toca lamerse las heridas por el adiós de su héroe. «El último concierto que vi fue en Santander. A Madrid no quise ni ir, aunque estaba invitado. No hubiera podido soportarlo» Nota aquí.







sábado, mayo 23, 2026

Benjamín Prado

 “Aún puedo fingir que estoy mejor de lo que estoy”

El escritor publica memorias mientras afronta la cuenta atrás de “una enfermedad neurológica incurable”

Benjamín Prado es un hombre tan risueño, conversador y disfrutón que cuesta leerle confesar que está asustado, que ya está en una “cuenta atrás”. Pero es lo que desvela en sus memorias, Qué estoy haciendo aquí, que Alfaguara publicará la próxima semana, en las que recorre su vida y nos confiesa que padece “una enfermedad neurológica hoy incurable” que prefiere no detallar. El escritor madrileño de 64 años, también poeta, letrista, dramaturgo y hasta actor por accidente repasa una vida de grandes amistades, lecturas y una brújula siempre activada para probar y avanzar. Charlamos en el festival Barbitania, en Barbastro (Huesca).

Pregunta. Cuenta que un día le llamó Sorogoyen, le propuso actuar y dijo que sí. ¿Qué supuso?

Respuesta. La confirmación de que soy un tipo que siempre se está probando camisas de once varas y que le quedan bien. Yo pensé que estaba de broma o que quería un guion. Y cuando me dijo que era para actuar respondí que no, pero luego pensé: “¿Por qué no? Algo distinto, nuevo, prueba y ya está“. Lo que hago siempre, meter la cuchara en los platos de los demás, que es mi trabajo.

P. ¿Se hizo poeta por orden de un profesor, como cuenta?

R. Fue así, ese profesor vio algo en mí y me dijo: “Tú vas a escribir poesía. Vete a comprar Sobre los ángeles de Alberti y Poeta en Nueva York de Lorca”. Y así fue. ¿Qué vio en mí? Ni idea. ¿Qué vio Alberti cuando se hizo mi amigo? Ni idea.

P. Al poeta le conoció por casualidad y se hicieron íntimos.

R. Mi padre me mandó al bar de la esquina y allí le vi. Alberti tenía manía a su libro Sobre los ángeles por ser su obra maestra y cuando me lo encontré y le dije que lo había leído se puso a la defensiva: ¿Te ha gustado?, preguntó. Y yo, con la arrogancia de los 17 años, le dije: “No está mal, pero me ha gustado más Sermones y moradas”. Y me dijo: “¿Cuántos años tienes?" “17″. “Venga, te invito a un gin tonic”. Y así empezamos una amistad de 15 años.

P. ¿Todo lo que pone en sus memorias es verdad?

R. “Todo” es una palabra demasiado grande, pero esto sí es verdad (ríe).

P. Su padre era escolta motorizada de Franco.

R. Sí, sí, era el más guapo del mundo, una especie de Clark Gable con los ojos verdes, bigote facha de la época, uniforme de jinete y una Harley. Un día que se le rompió la moto mi madre se asomó, le vio y aquí estoy yo. Luego montó un taller mecánico y de eso vivimos siempre.

P. Poeta, escritor, periodista, letrista con Joaquín Sabina... ¿Qué es usted?

R. Básicamente un farsante que se mete en la vida de los demás (ríe) y hace cosas que parecen más de ellos que tuyas. Lo más divertido de la vida son los disfraces, no lo que somos sino lo que aparentamos, nadie disfrazado se lo está pasando mal si es por gusto. He aprendido muchas cosas, he tenido la suerte de nacer en una generación en la que estaba viva la del 27, la del 36, la del 50… Uno leía fascinado a Alberti y se iba a comer con él. Leía fascinado a Gerardo Diego o Luis Rosales y se iba a hacerles una entrevista. Jaime Gil de Biedma, Ángel González y otros han sido como de la familia a la vez que mitos literarios. Las amistades bonitas empiezan en los bares, así conocí a Rafael, a Sabina, a Luis García Montero… Han pasado 40 años de todo eso y mis amigos, salvo los que se han muerto, siguen siendo Luis, Joaquín, Chus Visor… los mismos.

P. Ha querido convertir el rocanrol en poesía y la poesía en rocanrol.

R. Sí. Me fascinó ver a Allen Ginsberg haciendo una lectura de poemas, era lo más cerca que yo había estado de Bob Dylan, mi héroe, que da nombre a mi hija, y dije: quiero hacer esto, llevar la poesía a otros sitios. Así empecé a hacer giras de 50 o 60 conciertos con Coque Malla, Leiva, Pereza… Al poema le da mucha potencia tener detrás una banda o un músico. La gente no sabe muy bien a lo que va ni lo que ha visto, es un terreno muy bueno para la sorpresa, pero se quedan con una idea, con un verso. Nota aquí.



jueves, mayo 14, 2026

Berry Navarro

 

sábado, mayo 02, 2026

Frank Delgado

 

sábado, abril 25, 2026

Frank Delgado

 

jueves, abril 23, 2026

Joaquín Sabina

 


miércoles, abril 08, 2026

Laura Gómez Palma

 La maravillosa historia de la bajista argentina de Joaquín Sabina: “Ha sido el mejor jefe que tuve en mi vida”

Se llama Laura Gómez Palma y tiene 55 años. Tres meses y medio luego del retiro del cantautor español de los escenarios masivos, volvió a nuestro -su- país para acompañar el tour de La Banda Sabinera, que hoy se despide en La Trastienda. Con más de media vida radicada en Europa, así le cuenta a Revista GENTE su derrotero previo y junto “al maestro”.

“Empecé de manera casual, siendo adolescente y siguiendo a una amiga con ganas de tocar el bajo. Yo tenía un poquito de plata para comprarme algo, y finalmente compré un bajo eléctrico con la idea de que estudiáramos las dos. Ella nunca lo hizo, pero me dejó ese camino abierto y así empecé”, memora la porteña Laura Gómez Palma (55), quien comenzó su carrera musical antes de cumplir los dieciocho años, integrando la banda Man Ray, formó parte de los grupos Las Chicas y Suéter, realizó giras nacionales e internacionales acompañando a artistas como Fabián Gallardo y Pimpinela, y hace casi nueve temporadas -y he aquí el quid de la cuestión que nos trajo hasta aquí- se convirtió en la bajista de Joaquín Sabina.

-Nada menos.

-… Y ahora acaba de volver a su tierra natal, luego de que Joaquín se despidiera definitivamente de los escenarios a fines de noviembre último.
-Tal cual.

-¿Qué les dijo cuando le comentaron la idea de seguir adelante girando por el mundo, pero ya ahora sin él? ¿Hubo alguna bendición especial o alguna advertencia de esas que solo Sabina sabe dar?

-Joaquín está repleto de gestos humanos y cercanos. Es una persona muy entrañable. En las giras siempre se preocupaba por que estemos a gusto. Particularmente, cuando entré a su mundo se enteró de que yo había escrito algunos libritos de poesía y quiso acercarse para verlos, con una generosidad y una humildad no habituales para alguien tan grande. Eso no cambió nunca, estemos o no en tour con él.

¿En serio en los inicios se acercó a sus versos?

-En serio.

-¿Y le cercó alguna devolución sobre sus líneas?

-Claro. Yo publiqué cuatro libros (Llamarse abril -2005-, Desde el agua -2008-, Fin de gira -2011- y Animal de paisaje -2019-) y para ese entonces le acerqué unos versos que escribí. La verdad, te aseguro que jamás olvidaré y siempre agradeceré sus comentarios tan puntuales y lindos.

Cuenta Gómez Palma que decidió viajar a la Madre Patria “en el ’97, gracias a la invitación de dos amigos muy queridos, el baterista Marcelo Novati y el tecladista Adrián Schinoff, con quien en ese momento estábamos ensayando en Rosario para un show de Fabián Gallardo. Justo el otro día, en la misma ciudad -memora-, me acordaba de esta historia, ¡mirá vos!, porque prácticamente ahí empezó toda mi historia en España -continúa-. Adrián estaba muy entusiasmado porque ya tenía programado, tras el recital, irse a vivir con su familia a España. Hablaba maravillas del país. A mí, que si alguna vez había pensado en irme no sería para allá, el tema me quedó picando en la cabeza. Hasta que meses después…”, abre el interrogante.

-¿Meses después?

-Vislumbrando laboralmente un horizonte algo oscuro, lo llamé y le pregunté: “¿Esa invitación sigue en pie?”. Apenas me contestó que sí, vendí cuatro cosas que tenía, saqué un pasaje y me fui a ver qué onda. Ya de entrada me gustó, aunque debí volver por circunstancias personales. Pasados unos meses, regresé para quedarme. Si bien hubo intentos de volver y vivir acá, por diferentes cuestiones finalmente terminé yéndome otra vez. No sé si será para siempre -eso nunca se sabe-, pero ya transcurrí más tiempo en España que acá. Si bien me siento absolutamente argentina, la realidad indica que llevo veintinueve años allá y estoy muy feliz.

-Tras casi tres décadas radicada en la Madre Patria, ¿qué parte de su forma de tocar sigue siendo cien por ciento rioplatense?

-No sé si hay una cosa muy representativa en mi forma, aunque, por supuesto, todo lo que he mamado en mi vida, seguro, sigue estando en mi forma de tocar, que quizá se note un poquito más cuando hay ritmos ternarios -en Joaquín abundan-: ahí es como que me doy cuenta de que surge un dejo del folclore nuestro que llevo en la sangre y lo meto en algunas canciones.

"En los últimos años, visité Argentina casi siempre por trabajo en medio de una gira que me dejaba pocos días libres. Así que cuando tengo la oportunidad lo que valoro a estas edades es el tiempo en familia, tanto para salir como para quedarme en casa comiendo lo que sea entre los míos”, admite Laura. “Respecto a los amigos, antes iba a visitarlos de a uno, pero ahora más que nada trato de hacer alguna juntada mayor en lo de una de esas amigas divinas que tienen casa grande y siempre me la ofrecen. En uno u otro caso suelen ser encuentros en los que el tiempo pareciera que no hubiese pasado”, reconoce Gómez Palma. Nota aquí.









lunes, abril 06, 2026

La Mandrágora

 La Mandrágora, la cueva cultural que estrenó a Sabina y a Almodóvar cuya memoria se desvanece en un mural

En el sótano de lo que hoy es un bar de pinchos en la Cava Baja estuvo un epicentro de la cultura nocturna de la Transición. Abierta por los artistas Manuel Paniagua y Enrique Cavestany, se recuerda por el disco de Sabina, Krahe y Alberto Pérez, pero pasaron por allí cineastas, magos, actores e intelectuales. El mural de Cascorro que lo recuerda lleva años esperando ser rehabilitado.

Entre los años 1978 y 1982, una de las cuevas habituales en los edificios de la Cava Baja se convirtió en un secreto que corría de boca en boca por los ambientes de un Madrid que inauguraba con ahínco el tópico 'ciudad que no duerme'. Eran los años de la hoy tan manoseada Movida. Pero los chavales más jóvenes de la Nueva Ola, con estilismo de SEPU y pelos de color tropical, no eran los únicos que estrenaban país. La Mandrágora, en el número 42 de la calle, fue el local que aglutinaba a una generación un poco más mayor –sus fundadores estaban en la treintena–, acaso de perfil más intelectual.

Aunque la experiencia no duró mucho, su recuerdo fue rebotando en las paredes del tiempo gracias a La Mandrágora, un disco publicado en 1981 con canciones grabadas en el sótano de la Cava Baja por los cantautores Joaquín Sabina, Alberto Pérez y Javier Krahe. En el aire de grabación casual del disco, se cuelan las risas de la noche 'mandragorera' y el tintineo de los vasos. Casi se puede oler el humo de los cigarrillos de Krahe.

Sin embargo, el viaje a través de un puñado de canciones desternillantes oculta el resto de las actividades que, durante años, convirtieron el local en centro neurálgico de la movida cultural. La Mandrágora fue el proyecto de los artistas Manuel Paniagua y Enrique Cavestany, Enrius, que le dedicó un libro llamado Una cueva diluvial en la Cava Baja.

Cavestany rememora cómo conoció a Paniagua y a su pareja, Piluca Pascual –también pionera en la aventura–, en el obituario que los dedicó después de que ambos fallecieran en un desgraciado accidente de tráfico en 2005: “Nos conocimos hace 30 años y Begoña me los presentó como unos padres del Colegio Siglo XXI, de Moratalaz, lo que en aquella época formaba parte de nuestras señas de identidad”.

En su libro, narra también el primer encuentro con Joaquín Sabina, que se produjo al poco tiempo de abrir las puertas del local: “Serían las once y media cuando Manolo me dijo que un tipo quería hablar con el baranda. Salí de la cocina donde estaba terminando de fabricar un gazpacho y junto a la barra me encontré con un individuo carniseco, pero flamenco, con un voluminoso álbum de fotos bajo el brazo. Se presentó como vecino del barrio y confesó de manera desenfadada que su mujer le había informado acerca de la reciente apertura de nuestro pequeño local, al tiempo que le hacía ver la urgente necesidad de procurarse algunos ingresos para afrontar los apremios alimenticios de las próximas horas”. Nota aquí.





domingo, marzo 29, 2026

Taberna Calle Melancolía

 CiberCanción de Autor nos cuenta por Facebook.

Visitar la taberna Calle Melancolía en Úbeda es como entrar en una canción de Sabina sin necesidad de cerrar los ojos. Al cruzar la puerta, el tiempo se vuelve guitarra y nostalgia, y cada pared parece susurrar versos que se quedaron flotando entre discos, casetes, fotografías y recuerdos. Hay tazas, imanes, cómics, camisetas, manuscritos y hasta exámenes de colegio que recuerdan que el poeta de las noches largas también fue un niño de pupitre y cuaderno. La música ambiente de sus canciones acompaña cada momento, como si el “flaco ubetense” estuviera sentado en un velador cercano, esperando una copa y una conversación sin prisa.
La Taberna Calle Melancolía se presenta como un pequeño y recoleto rincón único en el corazón de Úbeda, donde la música, la poesía y el legado del cantautor se encuentran. Es un tributo a la emblemática canción que le da nombre, un espacio lleno de bohemia vintage que respira Sabina en cada rincón. No es solo un lugar para disfrutar de buenas tapas y reponer líquidos; es un viaje sensorial que transporta a esa calle melancólica imaginada por Joaquín.
Desde la admiración personal a Sabina, la visita se siente casi como una peregrinación musical: un lugar emocionante, íntimo y cargado de recuerdos, una visita obligada para cualquier amante del cantautor o para quien pase por Úbeda y quiera conocer su universo. La ciudad, de hecho, respira Sabina en varios rincones: un par de murales dedicados al artista decoran sus calles y su casa natal sigue siendo un punto simbólico que, según parece, podría convertirse próximamente en un museo en su honor, reforzando aún más el vínculo entre Úbeda y su poeta más universal.
Sin embargo, también aparece la cara menos romántica de la historia. Entre tantos souvenirs y objetos, se percibe que la melancolía también se ha convertido en negocio: un proyecto llamativo y rentable, donde la figura de Sabina se transforma en atractivo turístico. La abundancia de merchandising puede restar en algunos momentos parte de la intimidad del homenaje, dejando ver que la poesía comparte espacio con la lógica comercial.
Aun así, la taberna mantiene su encanto. Se sale de allí con la sensación de haber hablado con Sabina sin haberlo visto, con la nostalgia bien servida en una cerveza y una canción pegada al corazón. Porque hay lugares que no solo se visitan: se escuchan, se sienten y se tararean mientras uno se pierde por las calles de Úbeda, entre murales, recuerdos y la promesa de que la casa del poeta algún día será museo, como si la ciudad entera fuese, poco a poco, una eterna Calle Melancolía.

















jueves, marzo 12, 2026

La Banda Sabinera

 De gira por Argentina, los músicos de Joaquín Sabina revelan cómo mantendrán vivo su legado: “Él nos dio su bendición”.

Tres meses y medio luego del retiro del cantautor español de los escenarios masivos, La Banda Sabinera -el grupo conformado por sus laderos artísticos- inició una tour internacional que los trajo aquí casi por casi un mes. En un mano a mano con Revista GENTE recorren su historia “junto al maestro” y, entre anécdotas imperdibles de ayer y de siempre, cuentan que le dijo él a cada uno ante el nuevo desafío.

Falta alguien y algo allí, alrededor de ellos cinco, en el ambiente, iluminándolos sin robarse los reflectores, como una brújula que no indica el camino y, sin embargo, lo acompaña y hasta lo custodia. Una presencia que en otras giras de La Banda Sabinera (nacida dos décadas atrás bajo el nombre de Noche sabinera) permanecía etérea aunque latente, distante pero de manera momentánea "hasta que el jefe decidía volver a subirse al escenario con nosotros y todos saliéramos de nuevo de gira con él". Una presencia fulgurante que, desde que "el jefe" anunció su retiro de los escenarios a fines de 2025, se convirtió en ausencia definitiva, ya no solo para las incursiones del grupo sin él, sino para siempre...

Y sí, falta alguien y algo allí, alrededor de ellos cinco. Alguien y algo que a partir de ahora siempre faltarán: Joaquín Sabina (76) y su bombín.

-¿Qué les dijo cuando le comentaron la idea de seguir adelante girando por el mundo, pero ya ahora sin él? ¿Hubo alguna bendición especial o alguna advertencia de esas que solo Joaquín sabe dar?

Mara Barros (voz): La nuestra siempre fue una formación paralela a las giras de Joaquín, cuando él descansaba, y así continuará. La novedad es que es la primera que hacemos desde que anunció su jubilación, pero es algo que venimos experimentando hace años. Por lo tanto, contamos con su bendición y su más sincera aprobación. Nosotros seguiremos manteniendo viva su obra.

Paco Beneyto (batería): Generoso siempre él, sólo nos pidió que disfrutáramos del momento.

Laura Gómez Palma (bajo): Joaquín está repleto de gestos humanos y cercanos. Es una persona muy entrañable. En las giras siempre se preocupaba por que estemos a gusto. Particularmente, cuando entré a su mundo se enteró de que yo había escrito algunos libritos de poesía y quiso acercarse para verlos, con una generosidad y una humildad no habituales. Eso no cambió nunca, estemos o no en tour con él.

Antonio García Diego (teclados y voz): Pues nada, Joaquín no sólo nos apoya, sino que dice que mientras él está descansando, pintando y leyendo tranquila y cómodamente en su casa, "mis muchachos van por ahí refrescando las canciones por el mundo". E incluso, con cierta sorna suele añadir: "... y así a la vez me generan un poquito de platita". También suele rematar que le da mucha envidia.

Nacho Ruíz (guitarra y voz): Ojalá a mí me hubiese dicho algo... Ya me lo cruzaré en persona (inspira las risas de sus colegas, el más novato del grupo).

“Todos sabemos el vínculo especial que hay con Argentina: ustedes escuchan los temas de Sabina, no sé si más emocionada pero sí más apasionadamente que ningún otro público”, admite quien ha puesto música a varios de los versos más sagrados del poeta de Úbeda cuando le consultamos sobre nuestro fervor ante canciones que acá se transitan como himnos. “Guardamos una devoción especial por tu pueblo a partir de cómo se vuelca y entrega con el artista, sobre todo hacia Joaquín que es el motor de todo esto. Y ello también nos hace sentir halagados y reconocidos en nuestro trabajo. Argentina es un país que valora mucho al músico, al profesional, en definitiva al artista”, redondea su percepción Antonio García de Diego (76), el líder, por derecho, de La Banda Sabinera.

-Ahora que usted es el capitán del barco sobre el escenario, ¿qué fue lo que más le costó ‘re-arreglar’ para que la ausencia de Sabina no se sintiera como un vacío, sino como un homenaje?

-Es cierto que soy el mayor del grupo, el que más tiempo lleva con Joaquín y el que de alguna manera más ha trabajado directamente con él haciendo arreglos, componiendo canciones y produciendo discos, pero aquí existe una dinámica sencilla basada en que tenemos sus canciones muy arraigadas en el corazón y en el alma. Así que no hace falta replantear nada-nada: somos las mismas personas en escenarios más chicos, livianos e intimistas. Es cierto que el hecho de tocar con Joaquín le daba otra grandiosidad. Cuando ensayábamos para alguna de sus giras, quizá había una cierta, llamémoslo profesionalidad rutinaria, hasta que llegaba él, se ponía a cantar y todo tomaba un tono más exquisito, cierto, real. Aunque nosotros también lo hacemos más o menos bien, Sabina simplemente ponía las canciones en otro lugar. 

-¿Siente que el público argentino les exige una entrega distinta, en base al conocimiento casi enciclopédico que registran de su obra?

-Argentina siempre ha sido un refugio, con un vínculo especial para Joaquín y también para nosotros, y no creo que eso cambie la actitud en el escenario exceptuando alguna señal puntual con algún gesto. Porque mientras vas cantando sabiendo el público que tienes delante, el público también sabe a quiénes tiene enfrente. La comunión es intrínseca: el artista busca transmitir emoción sabiendo a quién va dirigida.

-Si debiera elegir un solo tema del repertorio que defina su conexión creativa con Sabina, ¿cuál sería y por qué?

-Con la que más identificado estoy es con Peces de ciudad, sobre todo por lo que está contando y andado. En la segunda parte entro en una especie de éxtasis musical y emocional. Creo que es la canción que elegiría para morirme, pero de placer, obviamente. Nota aquí.











miércoles, marzo 11, 2026

Joaquín Sabina

 Joaquín Sabina despide con dos poemas a su amigo Alfredo Bryce Echenique: “Pluma traviesa, amígdalas inglesas”

EL PAÍS reproduce dos piezas inéditas del músico dedicadas al escritor, que ha fallecido a los 87 años

Joaquín Sabina y Alfredo Bryce Echenique, que ha fallecido este martes a los 87 años, vivieron una relación muy estrecha. Fueron amigos que compartieron mesa, cuitas de la vida y charlas sobre poesía. El músico, abatido tras saber la noticia del fallecimiento, ha escrito estos dos poemas a la memoria del escritor peruano.

In memoriam

Puntos y comas, verbena del idioma, buzón del aire,

balas de goma, renglones con aroma a sillón Voltaire,

luna de día, lágrimas de alegría sin telarañas,

chabulerías, Inés del alma mía, Martín Romaña.

Pluma traviesa, amígdalas inglesas, pluma con peros,

vino de mesa, tu Tarzán es mi César sin aguacero,

tuya es mi casa, cholita satanaza tan pituquita,

hielo que abrasa, lagrimón que se casa con doña Anita.

Habana loca, Cádiz en carnavales, barrio latino

Lima que enroca los puntos cardinales de mi destino

Lope, Quevedo y el manco de Lepanto no se me piquen

curen de espanto con el canto de Alfredo Bryce Echenique.

Soneto con Alfredo en la memoria

El country Club sin Bryce y sin Alfredo

portandísimo pésimo conmigo

multiplica la ausencia del amigo

que ve tan doble como mis quevedos.

Chabuco de los húmeros mal quedos

que ponen a Vallejo por testigo

del huayno, de las quenas, del ombligo

de mis amaneceres, de tus miedos.

Le falta sal a Lima cuando bajo

al bar y no me esperas en tu silla

y el cielo es una mancha del carajo.

Y el corazón en solfa bastardilla

y dos pájaros tristes sin trabajo

y un manco de Lepanto en cada orilla.

Nota aquí.



viernes, marzo 06, 2026

Joaquín Sabina

 

lunes, marzo 02, 2026

Joaquín Sabina & Fito Páez

 

miércoles, febrero 18, 2026

Joaquín Sabina

 Sabina recibe la Medalla de Honor

El cantautor Joaquín Sabina recibió ayer, martes, día 17 de febrero, en su casa madrileña, la Medalla de Honor 2025 con la que la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) ha querido reconocer su larga y exitosa trayectoria artística. Ausente por compromisos profesionales en la gala de entrega de estos galardones, que tuvo lugar el pasado 21 de mayo de 2025 en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, el jienense solicitó entonces que recogiera en su nombre la distinción su amigo y colaborador Leiva, quien ahora ha tenido ocasión de entregársela en mano en un acto íntimo y muy emotivo en el que también han estado presentes Santiago Menéndez Pidal, en representación de Warner; la secretaria general de SGAE, Marta Beca; el vicepresidente del Colegio de Pequeño Derecho de SGAE, David Santisteban; y  el presidente de SGAE, Antonio Onetti.

La Medalla de Honor es la máxima distinción con la que SGAE rinde tributo a autoras y autores de largo recorrido en los ámbitos de la música, el audiovisual, las artes escénicas y la edición musical, creadoras y creadores que, con su talento y sus obras, han contribuido a enriquecer el fértil patrimonio cultural español.

A propósito de Joaquín Sabina

Cantautor y poeta, elevado popularmente a la categoría de figura de referencia de la música contemporánea en español, Joaquín Sabina nació en Úbeda (Jaén) en 1949. Dio sus primeros pasos en la música y en la poesía siendo todavía un adolescente, y tras una época de autoexilio en Londres, donde empezó a escribir sus propias canciones, en 1977 aterrizó en Madrid, donde ya definitivamente se instaló. El 14 de febrero de 1979 ingresó como socio en SGAE. Para entonces había publicado ya su primer álbum, Inventario, al que siguieron otros catorce títulos en solitario en estudio (entre ellos, Mentiras piadosas, Física y química o un 19 días y 500 noches que es considerado uno de los álbumes más importantes de la música española), además de varios directos, recopilatorios y discos compartidos con otros artistas, como Joan Manuel Serrat y Fito Páez. En cifras: Sabina suma más de 400 canciones registradas en SGAE, supera los diez millones de álbumes físicos vendidos y más de dos mil millones de escuchas digitales durante una larga trayectoria de casi medio siglo.

Sus canciones, cargadas de ironía, melancolía y lucidez, han retratado como pocas el amor, el desengaño y la vida urbana. Hablamos de piezas inmortales y que forman parte de la educación sonora y sentimental de varias generaciones como Pacto entre caballeros, ¿Quién me ha robado el mes de abril?, Y nos dieron las diez o Pongamos que hablo de Madrid, entre tantas y tantas otras. Un repertorio con el que ha conquistado, además, a aficionados de ambos lados del Atlántico. Ha publicado también diversos libros de poesía, dibujos y canciones, como Ciento volando de catorce o Garagatos. Además de la Medalla de Honor de SGAE, Sabina ha sido reconocido con numerosos premios y distinciones como las Medallas de Oro al Mérito en Bellas Artes y la de la Ciudad de Madrid, el título de Huésped de Honor de la Ciudad de Buenos Aires (Argentina) y el Grammy Latino a la Excelencia Musical, por citar algunos. Nota aquí.