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jueves, julio 09, 2026

Tim Payne

 Tim Payne, el desconocido defensa neozelandés que se hizo viral y firmó el contrato de su vida

Antes de empezar el Mundial, el ‘youtuber’ argentino Valentín Scarsini animó a seguir en redes a un ignoto defensa neozelandés. Hoy es un fenómeno en internet y acaba de ficharle el club más grande de Paraguay.

Esta es la historia de Tim Payne: un hombre que vive en Wellington, capital de Nueva Zelanda, que no le presta demasiada atención a las redes sociales y que parece contento con un tipo de vida que, por motivos ajenos a su voluntad, de un día para el otro cambiará de manera rotunda. Es defensa del Wellington Phoenix y de la selección de fútbol de Nueva Zelanda y está casado con una fotógrafa costarricense con la que tiene un hijo de dos años.

Del otro lado del Atlántico, unos días antes, el youtuber argentino Valentín Scarsini (22 años) se había hecho una pregunta: “¿Y si hacemos protagonista del Mundial al futbolista menos conocido?”. Luego buscó en las redes y encontró al neozelandés, con pocos seguidores en Instagram y casi ignorado en su país. “¿Qué pasaría si hubiera un jugador que nos uniera a todos? ¿Un futbolista que todos banquemos sin importar nuestra nacionalidad? Hay que alimentar el mito de Tim Payne, antes de que empiece la Copa”, posteó. En ese momento, el defensa tenía 4.715 seguidores en Instagram. En las redes, la idea explotó: los internautas la compartían, hacían chistes, memes y se sumaban a la propuesta. Tres días después, la página oficial de la FIFA subió un carrusel de cinco fotos del jugador con la descripción: “Two words: Tim Payne”, y la bandera de Nueva Zelanda. El furor atravesó la Red y se hizo material: en varios negocios argentinos empezaron a hacer promociones con la figura de Payne. Se escribieron canciones que, con ritmo pegadizo, decían cosas como: “No será la copa de Yamal, como mi abuelo decía / Ojo con Tim Payne en el Mundial: es el nuevo Di María”. En menos de 48 horas, el jugador pasó a tener más de 960.000 seguidores. La repercusión llegó a tal punto que, ya un poco más convencido de la situación, agradeció el apoyo. “Por favor, disculpen mi español, todavía estoy practicando”, dijo en un vídeo en redes sociales.

No era la primera vez que Scarsini lograba levantar una cuenta. En 2005 eligió al FC Balzers, un club de Liechtenstein fundado en 1932 que compite en la quinta división de Suiza. La campaña intentaba convertir al “equipo con menos hinchas del mundo” en el más famoso de internet: la cuenta del club pasó de menos de 1.000 seguidores a más de 270.000. Lo volvió a hacer, a principios de 2025, con el Club Argentino, un equipo de compatriotas radicados en España que compite en el Grupo 4 de la segunda regional de Madrid. En menos de 72 horas, la cuenta pasó de contar con 3.500 seguidores a superar los 120.000 (hoy, suma más de 285.000).

Luego de la campaña, Payne terminó sumando en su Instagram más seguidores (5,9 millones) que los habitantes de su país (5,3 millones), superando incluso a la cuenta oficial del equipo de rugby de los All Blacks (2,8 millones). Si bien en el debut de su selección, que empató 2 a 2 con Irán, se lo vio impreciso, en el segundo partido de Nueva Zelanda ejecutó con máxima hidalguía un córner que, luego de un cabezazo de Suman, terminó en el primer gol ante Egipto. Finalmente, la derrota 3 a 1 deslució la intervención del jugador de las redes. Nota aquí.



jueves, junio 04, 2026

José Luis Llada

 1.800 objetos en 40 años de obsesión por Joaquín Sabina: «Para mí es como el Papa para un cristiano»

El asturiano José Luis Llada expone en su propia casa una enorme colección de parafernalia sabinera que incluye auténticos tesoros.

El gijonés José Luis Llada guarda muchas, muchísimas entradas de conciertos de Joaquín Sabina. Pero hay algunas que son especialmente valiosas para él, «como la del que dio el día del atentado de Hipercor, en 1987», explica al teléfono desde Gijón. «Le dijeron que quizá no era buena idea actuar después de lo que había pasado, pero él respondió que no le iban a callar porque eso era lo que querían hacer con todos nosotros, y siguió adelante».

Aquel año Llada apenas acababa de empezar a coleccionar objetos sabineros, una afición que nació prácticamente a la par que su amor por su música, desencadenado por un flechazo instantáneo en un concierto. «Mi hermano mayor entró de voluntario en Protección Civil, y a veces le mandaban a espectáculos a echar una mano con la vigilancia. Un día vino Sabina con Viceversa a presentar el disco 'Hotel Dulce Hotel', me llevó con él y al verlo, me quedé pilladísimo. Era la primera vez que lo escuchaba, y nada más salir hice lo posible para conseguir una cinta de canciones suyas».

Lo siguiente fue otra cinta, y otra, y otra, hasta que empezó a recopilar todo tipo de objetos relacionados con su ídolo, «sobre todo desde la llegada de internet, que me abrió un mundo», asegura. «Ahí ya entraron los posters, libros, recortes de periódicos, DVDs, camisetas, tazas, muñecos, dibujos, entradas de conciertos, pegatinas y todo lo que me encontrase que tuviera que ver con él».

En el verano de 1997, Sabina fue a Gijón con la gira 'En paños menores' y se hospedó en el hotel Begoña Park, «en la misma habitación donde una vez durmieron los Rolling Stones», y José Luis se presentó allí para conseguir un autógrafo. «Me firmó el disco 'Malas compañías' y se metió en el taxi para irse al concierto. Pero al día siguiente, monté guardia con mi bici de montaña, y cuando salió a comer pregunté en recepción a dónde iba, y me dijeron que al restaurante Las Delicias. Fui para allá detrás de ellos pedaleando como un loco y llegué un poco antes porque conocía un atajo. Le pedí una foto con él, nos la hicimos y cuando le pregunté si me firmaría un disco, se quitó las gafas, y con los ojos más rojos que el demonio, seguro que por haber estado toda la noche de fiesta, me dijo: '¿Y qué pongo? ¿Para Induráin?' (risas) Ese fue mi primer contacto físico con él».

Desde entonces se ha encontrado muchas veces con Joaquín, que nunca se ha olvidado de que su fan número uno vive en Gijón. «Lo sé a ciencia cierta porque una vez hablé con su asistente personal para comentarle lo de mi colección, y me dijo: 'Sí, sí, sabemos quién eres, tenemos recortes de los artículos que se han escrito sobre ti'. Y en otra ocasión, después de hacernos otra foto en Oviedo, me dijo (imita su voz): 'Ya te he visto en el periódico'. Para mí fue un honor, porque si para los monárquicos el Rey es lo más grande, o para los cristianos el Papa, para mí lo es él».

De los 1.800 objetos que acumula en su casa -«para desesperación de mi mujer», dice medio en broma-, uno de los que más aprecia es «un muñeco de cartón, conocido como el botones, que se usó para la promoción del disco 'Hotel dulce hotel'», explica José Luis, que evidentemente tiene muchos otros favoritos: «Una entrada de su primer concierto en Las Ventas, una botella de cerveza personalizada con su cara, discos descatalogados firmados, una edición limitadísima de un libro que se hizo en Cuba que salió gracias a que Joaquín renunció a cobrar sus derechos, un dibujo hecho por él mismo... el valor sentimental de la colección es infinito, y el económico, difícil de calcular».

Desde que comparte su pasión en redes sociales, YouTube y una página web, José Luis se ha convertido en una suerte de 'influencer' y al hacerse conocido recibe muchos mensajes de gente que quiere mandarle objetos para su casa museo, donde tiene incluso clics de Playmobil personalizados por él mismo y hasta alguna cosa inconfesable. Todo «comprimido como en un Tetris», asegura 'el sabinero de Gijón', que tiene la suerte de tener una esposa comprensiva. «La última vez que reorganicé todo tuve que poner muchas cosas en nuestra cama, y se me hizo tan tarde que ella acabó yéndose a dormir a la habitación de nuestra hija». ¿Y qué hay de esa siguiente generación? ¿Querrán hacerse cargo de la colección cuando él ya no esté?

«No tienen mucho interés, y mi mujer dice que cuando me muera, estaré en la sala 1 del tanatorio y las salas 2 y 3 serán el mercadillo sabinero», ríe José Luis, que quizá hable algún día con alguna institución cultural sobre el asunto. Pero eso ya llegará más adelante. Ahora, toca lamerse las heridas por el adiós de su héroe. «El último concierto que vi fue en Santander. A Madrid no quise ni ir, aunque estaba invitado. No hubiera podido soportarlo» Nota aquí.







miércoles, enero 28, 2026

Plus Ultra

 Cien años del ‘Plus Ultra’, la primera travesía trasatlántica en un avión y la gran gesta de la aeronáutica española

Río de Janeiro acoge el espectáculo inicial de acrobacias del Ejército del Aire para conmemorar la hazaña de volar en 1926 de Palos de la Frontera a Brasil, Uruguay y Argentina.

Un dibujo con los retratos de los cuatro aviadores españoles junto al hidroavión y las carabelas de Colón convocaba a los cariocas, con llamativa precisión, un día de principios de 1926: “El Plus Ultra debe llegar a Río entre las cinco y las seis de la tarde. Crece por todas partes el interés por el audaz raid”. Cuando la aeronave asomó sobre la bahía de Guanabara el 4 de febrero con uno de los motores averiado, eran tantos los barcos reunidos para presenciar el espectáculo que el Plus Ultra tuvo enormes dificultades para amerizar, según el relato recopilado por el historiador Rostand Medeiros. Ya en tierra, una multitud aguardaba excitada.

Según publicó Folha de Manhã, la Cámara Española de Comercio había pedido a sus socios que facilitaran a los compatriotas y sus descendientes acudir al recibimiento. A las mujeres, las animaron a colocarse flores en el cabello, “de preferencia claveles”. Miles de cariocas, con banderas y banda de música, recibieron en Río de Janeiro, entonces la capital de Brasil, a los protagonistas de la mayor gesta de la aeronáutica española. Nunca antes una aeronave había completado la travesía transatlántica.

El Plus Ultra, un hidroavión Dornier Wal bimotor con la tecnología punta de hace un siglo, fue modificado para aumentar su potencia con dos motores de 450 caballos. Despegó de Palos de la Frontera —como Colón siglos antes— rumbo suroeste, hacia el Atlántico Sur. Completar los 10.270 kilómetros de la travesía interoceánica requirió siete etapas: Palos-Las Palmas-Porto Praia (Cabo Verde)- Fernando de Noronha (Brasil)-Recife-Río-Montevideo-Buenos Aires. En total, 59 horas y 40 minutos a una velocidad media de 172 kilómetros por hora (en ese trayecto los vuelos comerciales van ahora a 900 kilómetros por hora).

Para conmemorar aquella hazaña, un equipo de militares españoles vuelve, con una exhibición acrobática de los helicópteros colibrí a cargo de la patrulla ASPA, a los cielos de Río (este miércoles sobre la playa de Ipanema), Montevideo (el 1 de febrero) y Buenos Aires (el 4 de febrero). Este martes en el ensayo, los colibrí han dibujado la bandera española ante el Cristo Redentor.

El comandante Ramón Franco Bahamonde, 29 años, el hermano pequeño del futuro dictador, que militó por un tiempo en las filas republicanas, pilotó la misión y el Plus Ultra. Tanto él como el copiloto, el capitán Julio Ruiz de Alda, iban al descubierto, sintiendo el viento en la cara. También a bordo, el teniente de navío Juan Manuel Durán y el mecánico, el soldado Pablo Rada, al que un grupo de obreros quiso acercarse a saludar personalmente en el acto oficial de despedida en Huelva. El interés de la prensa —y de las autoridades españolas— era tal que un veterano periodista, Emilio Herrero, de United Press, se coló en el avión, con el aval del piloto, y compartió la experiencia de volar con ellos hasta las islas Canarias. Gracias al reportero existen fotos de aquel tramo.

La proeza encumbró a sus protagonistas “como arquetipos del héroe moderno, que combinaba audacia y arrojo con dominio técnico” e “inspiró en toda una generación el interés por la ciencia y la ingeniería”, explica en una entrevista por videollamada desde Río el general de división Juan Sanz, jefe del servicio histórico y cultural del Ejército del Aire y del Espacio. La travesía demostró que “el cruce por el Atlántico Sur era viable en términos de seguridad y eficiencia para travesías interoceánicas”. Aquella era una época de feroz competencia entre países en el terreno de la aviación, como muchas décadas después la carrera espacial.

El Plus Ultra completó la compleja y celebrada misión un año antes del vuelo más famoso de aquella época, el Nueva York-París que Charles Lindbergh hizo en solitario y sin escalas. Un trayecto más corto que el de los españoles y con unas condiciones meteorológicas menos adversas que las del Atlántico Sur, por las corrientes tropicales. Nota aquí.







jueves, enero 22, 2026

Bar Raketten

 El bar más pequeño de Noruega es un quiosco de más de 100 años y sirve perritos de reno

Ha sobrevivido a dos guerras mundiales, a un incendio devastador y está protegido como pieza histórica viva de Noruega.

Muy por encima del círculo polar ártico, en el epicentro del turismo boreal, aparece un diminuto quiosco que resalta entre la nieve por dos motivos: su llamativo color amarillo y las colas que se forman a diario para probar lo que se vende en su interior. Esto ocurre desde 1911 en la ciudad de Tromsø, más concretamente en su calle principal, Storgata, donde desde hace 115 años este lugar se ha convertido en un icono cuasi mundial por sus afamados perritos de reno.

Raketten, que así es como se llama este quiosco y que se traduce al castellano como El Cohete, “nació como un puesto callejero clásico en el que se vendía prensa, bolsas de snacks, algunas bebidas, helados —en la temporada estival— y, sobre todo, golosinas y chocolate, ya que en ese momento había dos fábricas de chocolate en la ciudad”, cuenta Victoria Siri, la actual gerente del local. “En aquel momento, tal y como dicen los más mayores, había tres quiscos, pero Raketten siempre se ha mantenido en el mismo lugar”, amplía.

Su historia es también la historia de Tromsø: ha sobrevivido a dos guerras mundiales, a un incendio devastador y al paso feroz del tiempo ártico. Su fundadora, Margit Løkke, lo abrió en 1911 y lo convirtió en un importante punto de encuentro de la ciudad, convirtiéndose en una de las pocas mujeres emprendedoras de la época. Uno de sus grandes hitos, por el que el Departamento de Patrimonio Cultural del país decidió protegerlo como pieza histórica viva de Noruega, ocurrió en 1969, cuando un gran incendio asoló el centro de Tromsø, reduciendo a cenizas 28 casas de madera de su casco histórico. “Fue un incendio terrible. Todo parecía un paisaje lunar, pero The Rocket Kiosk —así es como se llamaba anteriormente el quiosco—, seguía abierto creando un halo de esperanza entre la población”, explica Victoria Siri, añadiendo que: “Además, fue en el mismo año en el que llegaron a la Luna…”. De esa metáfora nació el apodo: El Cohete. “Por eso ahora lo llaman Raketten”, recalca Victoria con una sonrisa.

Sin embargo, la analogía espacial no terminó ahí: “Bromeo diciendo que a la gente que contrato la llamo astronautas”, cuenta Victoria riendo, y es que su misión de seguir manteniendo el nivel de este lugar desde hace siete años no es nada sencilla. “Cuando empecé, la gente decía: ‘estás loca, no va a funcionar, el quiosco terminará desapareciendo. Mucha gente lo ha intentado antes y ha fracasado’”, recalca. Pero, a pesar de ello, Victoria logró mantener vivo este lugar con la esencia de siempre, empleando a 14 personas —sus “astronautas”—, y devolviendo a la vida un espacio que ya hace un siglo era un emblema de la ciudad.

“Hemos convertido Raketten en el motor social del pueblo, en un lugar alegre, con ambiente y muchas personas en los alrededores”, dice Victoria. Y agrega que el auge no ha sido solo local, sino global: “Lo han publicado en numerosas ocasiones en Instagram y blogs. No somos tan grandes en la vida real, pero en Internet somos gigantes”, cuenta entre risas Victoria recordando que el interior de este quiosco mide 3,6 metros cuadrados, un tamaño que le ha otorgado el título del bar más pequeño de Noruega. Y es que en su interior preparan para su venta vino caliente y su estrella gastronómica: hot dogs de reno, una de las carnes más populares en el norte del país, que sirven junto a dos líneas de kétchup y mostaza. Nota aquí.



domingo, enero 18, 2026

Guillermo Larregui ( El Vasco de la Carretilla )

 Quién fue Guillermo Larregui, el español que recorrió Argentina a pie y con una carretilla tras perder su trabajo

El periodista Bruno Galindo indaga en el viaje de ‘El Vasco de la Carretilla’ y construye un relato sobre la emigración y los secretos familiares.

Bruno Galindo, periodista español, recuerda una expresión que solía usar su abuela: “Ese caminó más que El Vasco de la Carretilla”. La frase, ya en desuso, fue muy popular en la Argentina de mediados del siglo pasado, y se refería a Guillermo Larregui, un emigrante navarro. Tras quedarse sin trabajo en el sur del país a sus 50 años, como resultado de una apuesta con compañeros del trabajo, decidió emprender una caminata de 3.500 kilómetros hasta Buenos Aires, la capital. Con una carretilla y poco más, aquel viaje de 1935 fue el primero de los cuatro que realizó a lo largo de 14 años.

Galindo (Buenos Aires, 57 años) se propuso reconstruir la historia del caminante del que le hablaban durante su infancia. Cuenta: “Me fascinaba un tipo capaz de caminar durante 14 años más de 22.000 kilómetros, de vivir al aire libre, de caminar por caminar. Es un personaje muy contemporáneo, porque a través de él podemos tocar temas como la vida después del trabajo”. La investigación culmina en Nadie nos llamará antepasados (Libros del K.O., 2025). “Camina porque sí. Es parte del contrato moral firmado con su propia existencia”, justifica el autor en el libro. En la carretilla, Larregui llevaba herramientas, una cama plegable, comida y utensilios de cocina. No se guiaba con mapas ni por las estrellas. En aquellos años caminando, se lastimaba los pies, las manos y los tobillos, padecía el frío, el viento, el mal de altura y la pobreza, ya que no mendigaba y solo aceptaba donaciones esporádicas. Dormía en las oficinas de un periódico, en canchas de deportes, plazas, restaurantes, hoteles y en su tienda. Pero muchas veces, en pueblos y ciudades, lo recibían con flores y banquetes.

Casi 100 años después, Galindo renunció a un trabajo de oficina como consecuencia de un burnout (síndrome de desgaste profesional, del que prefiere no contar detalles) y se propuso estudiar más a este viajero. Tras dos años y medio de rei­teradas mudanzas, y con la condición autoimpuesta de llenar una bolsa de basura por día, se deshizo de la mayoría de sus pertenencias, acuñó la máxima periodística de que hay que ir a los sitios y —aunque sin la carretilla y trasladándose en autobús— viajó durante un mes y medio por Argentina siguiendo las huellas del vasco.

Larregui puede asemejarse a un vagabundo que deambula y duerme en una tienda y, a la vez, a un influencer, al filósofo Henry David Thoreau en su cabaña en Concord y a alguien que renuncia a una vida dictada por la productividad. Todas estas caracterizaciones son del autor, quien hasta se mete en su piel y adivina pensamientos: “Es una licencia que me permito. Pero todo está documentado”, aclara.

El navarro fue uno de los cinco millones de españoles que emigraron entre 1880 y 1930, al igual que los padres de Galindo, que de Yugoslavia viajaron a Argentina y luego a España, donde él creció. “El tema de la migración para mí es fundamental. Me quiero alinear muy claramente con el recordatorio de que también los españoles somos exemigrantes”, explica el periodista. Nadie nos llamará antepasados avanza en tres líneas paralelas: la historia de los viajes de Larregui, la pesquisa del autor y una investigación genealógica que alcanza a develar secretos de sus abuelos. Por esto último, en su familia el libro fue bien recibido, aunque, confiesa, con algo de incomodidad: “Cuando vas al encuentro de tus raíces, y en una familia tan extraña como la mía, no sabes hasta dónde vas a llegar”. Nota aquí.



martes, diciembre 30, 2025

Cecilia Giménez

 Muere Cecilia Giménez, la mujer que hizo famoso el Ecce Homo de Borja

Ha fallecido en la residencia donde vivía, según ha confirmado el alcalde de la localidad, Eduardo Arilla

Cecilia Giménez, quien dio a conocer al mundo al Ecce Homo de Borja, ha fallecido este lunes a los 94 años de edad en la residencia de esa localidad donde vivía con su hijo, que tiene discapacidad intelectual, según ha confirmado el alcalde de la localidad, Eduardo Arilla. Cecilia, aficionada a la pintura, quiso restaurar en 2012 la obra de la iglesia de su pueblo sin imaginar que su resultado la haría mundialmente famosa y acabaría atrayendo a miles de visitantes hasta el santuario de la Misericordia de este pueblo zaragozano.

Fue el diario Heraldo de Aragón quien catapultó esta historia publicando cómo había quedado esta pintura tras pasar por las manos de Giménez, aunque nadie presagiaba lo que vendría después. Lo que comenzó siendo la “restauración” espontánea de una obra de arte en mal estado que decoraba uno de los muros del Santuario, una pequeña iglesia ubicada en una hospedería del siglo XVI, terminó convirtiéndose en un auténtico destrozo. La pintura había sido creada a principios del siglo XX por el pintor Elías García Martínez, que solía acudir con su familia a este santuario, y se encontraba en mal estado de conservación.

Giménez, octogenaria por aquel entonces, asumió sin pedir permiso la tarea de reparar la obra, que no tenía gran relevancia artística ni formaba parte de ningún conjunto pictórico ni retablo, pero tenía cierto valor sentimental para el pueblo de Borja. La mujer lo hizo con la buena intención de conservar la pieza pintada sobre el muro, pero en cierto punto se dio cuenta de que había ido mucho más lejos de lo que se imaginaba y fue cuando avisó al responsable del patrimonio cultural del municipio para confesar los daños que había causado.

Medios de comunicación de todo el mundo, como Le Monde, Telegraph y la BBC, se hicieron eco del suceso. Lo cierto es que la nueva obra realizada por Giménez se convirtió en un símbolo de la ciudad zaragozana, que ha atraído a miles de turistas a esta localidad de poco más de 5.000 habitantes, prácticamente desde que se conoció aquella noticia.

“El cambio sufrido (no buscado) por el santuario es innegable: hubo un antes y un después del repinte del Ecce Homo”, afirma una web de turismo de Borja. Fue tanta la fama de la obra de Giménez que en la iglesia se abrió un Centro de Interpretación para explicar el contexto en el que se creó la pintura y, de paso, explicar un poco de la historia de Borja.

Desde disfraces hasta documentales y una ópera en Nueva York surgieron inspirados por este fiasco, que acabó saliendo muy rentable al municipio, pero que también sumió en una depresión a la involuntaria artista abrumada por la reacción mundial de su obra. Nota aquí.



miércoles, diciembre 24, 2025

Matthew Renoir

 El Renoir que no conocías tiene un videoclub

Matthew Renoir, descendiente del pintor impresionista y del director de cine, honra el espíritu creativo de la familia abriendo un videoclub en California

La penúltima vez que un Renoir dejó su huella en Hollywood fue en 1946, cuando el cineasta Jean Renoir fue nominado al ­Oscar por El hombre del sur. Mucho antes de que el director apareciera por California, las obras de su padre, el maestro impresionista Pierre-Auguste Renoir, ya colgaban en los muros de los mejores museos de este Estado. El tercer Renoir con presencia en la zona se llama Matthew Renoir, y es tataranieto del pintor impresionista y bisnieto del cineasta, y su aportación a la cultura puede que no sea tan enorme como la de sus antepasados, pero no deja de ser singular: cuando todo el mundo parece vivir en un perpetuo estado de streaming, el Renoir de 2025 ha abierto un videoclub llamado Be Kind Video, en Burbank, cerca de Los Ángeles.

“Toda mi vida he estado enamorado de los videoclubs. Cuando era niño, a finales de los ochenta, había muchísimos. En el instituto iba a un videoclub y me interesaba mucho la historia del cine, ver una película y luego buscar qué la había inspirado, tirar del hilo hacia atrás… Con la pandemia, cuando todo el mundo estaba encerrado y buscaba sentirse seguro, vi que la gente empezó a coleccionar videojuegos, discos, juguetes, VHS. Fue como una tormenta perfecta”, explica.

Renoir empezó con una microbeca de 5.000 dólares ofrecida por un curso de negocio y la ayuda de un par de amigos en un experimento que a ojos de un extraño podría parecer tan solo una ocurrencia: “Lo cierto es que desde el principio fui muy cuidadoso: era un negocio nuevo, algo que mucha gente no se imagina que pueda funcionar, así que no quería gastar de más. Intenté ser listo y me aseguré de conseguir películas que no están disponibles en streaming: Cocoon, Silkwood, Spice World, Matrimonio compulsivo… Hice mucha investigación previa y descubrí que hay un montón de personas que viven este mundo como algo que es —en esencia— pura nostalgia. Mucha gente que vio por primera vez ciertas películas en VHS y quiere rememorar esa sensación… Yo mismo recuerdo ver Jurassic Park en una tele de 13 pulgadas que en aquel momento me parecía enorme [risas]”.

Be Kind Video va camino de cumplir su tercer aniversario y su público, al contrario de lo que podría pensarse, no deja de crecer. “Vienen mileniales, de la generación X y muchos de la Z. Incluso adolescentes. Ayer, por ejemplo, un cliente batió el récord de alquileres y se llevó 21 películas. Luego están los padres que quieren que sus hijos vivan la experiencia que ellos tuvieron: ir al videoclub un viernes, elegir películas, comprar pizza, y otros vienen porque lo han visto en Stranger Things o Yellowjacket y sienten cierta envidia de esa vida analógica”, explica Renoir. Nota aquí.



jueves, agosto 14, 2025

Mondo Duplantis

 Mondo Duplantis bate otro récord del mundo y ya está a las puertas de los 6,30m

El saltador de pértiga sueco logra su decimotercera plusmarca en Budapest, en el mismo estadio donde se proclamó campeón del mundo en 2023.

No por repetitiva, la escena deja de ser apasionante. Mondo Duplantis levanta la pértiga con las dos manos y un estadio entero, esta vez en Budapest, entra en excitación. Luego viene la carrera, veloz, cargada de convicción, sin dudar, clava la pértiga en el cajetín, aprieta las manos y despega hacia el cielo como lanzado por una catapulta. El resto, la elevación, el franqueo del listón y la caída triunfal, ya no tiene secretos. “Es como ir en bicicleta”, dijo hace poco. Un juego para el hombre que ya se ha elevado, al segundo intento, rozando el listón, por encima de los 6,29m.

Duplantis celebró su decimotercer récord del mundo y alzó el dedo índice para recordarle al planeta entero que ya solo le queda un centímetro para superar otra barrera: los 6,30m. Los aficionados fantasean con un salto icónico en el Campeonato del Mundo de Tokio, en la final de pértiga programada para el 15 de septiembre a las 20.10 horas. Allí le esperan los 70.000 dólares para el campeón y un bonus con otros 100.000 para el que logre un récord del mundo. Un cebo apetitoso. Pero quién sabe: en el calendario puede haber tentaciones y quizá esa plusmarca llegue antes en Silesia, Lausana o Bruselas. Su calidad puede explotar en cualquier parte.

Mondo Duplantis, el chico maravilla, sigue con su pespunte de récords del mundo. Pequeños grandes avances, de un centímetro en un centímetro, en constante ascenso hacia la posteridad. No hay otro atleta como él ahora mismo en el firmamento del atletismo, pues no hay otro con esa capacidad para mejorar el tope mundial cada pocos meses. Ya son 13 récords y cuatro años con dos plusmarcas como mínimo (tres en 2022, dos en 2023, tres en 2024 y tres este año).

Desde los Juegos de París, además, parece haber acelerado: cinco récords en 13 meses. Duplantis ha alcanzado el último en Budapest, en el Memorial Gyulai István, en el mismo estadio, a orillas del Danubio, donde se proclamó campeón del mundo en 2023. Un año antes, en Oregón, en el mítico templo de Hayward Field, estableció el récord de los campeonatos con un salto de 6,21m. En Tokio podría irse nueve centímetros más arriba.

Tan asombrosa como sus marcas es su edad. Duplantis solo tiene 25 años. Eso permite fantasear con marcas inimaginables: ¿6,40? Por qué no. Serguei Bubka, el zar de la pértiga, logró 35 récords mundiales. Duplantis lleva 13. Ya es él solo contra la historia. Él es su gran desafío. Aunque también se inventa otros para motivar su carrera, como batir el récord de todos los mítines de la Diamond League. Aunque, en realidad, ya solo le quedan dos: Rabat y Londres. Nota aquí.



domingo, julio 13, 2025

Erno Rubik

 Es uno de los juegos más influyentes de la historia y se convirtió en un objeto de culto: la mente de creador del “cubo mágico”

Nacido el 13 de julio de 1944, Erno Rubik diseñó un rompecabezas para enseñar a sus alumnos geometría. Lo llamó “cubo mágico”. Sin saberlo, había creado un juego con más de 43 trillones de combinaciones y una sola solución.

13 de julio de 1944. En medio de los estallidos de la Segunda Guerra Mundial, nació en Budapest, Hungría, un niño que décadas después revolucionaría el mundo con algo más que un simple juego: un desafío mental, una herramienta de entretenimiento, una puerta al pensamiento lógico y al diseño tridimensional. Ernő Rubik creó un cubo que cabe en la palma de una mano y pone a prueba la mente de millones de personas en todo el mundo.

El Rubik —o Cubo Mágico— es un rompecabezas tan sencillo como desconcertante que, apenas fue concebido en 1974, se convirtió en un ícono de la cultura pop, de la matemática y del ingenio humano. Su objetivo original era funcionar como una herramienta didáctica para ayudar a los estudiantes a comprender conceptos espaciales tridimensionales. Sin embargo, Rubik pronto advirtió su potencial como rompecabezas.

En 1975 patentó el diseño en Hungría y, en 1977, comenzó a comercializarse localmente. Para 1980, el cubo fue licenciado internacionalmente y distribuido por Ideal Toy Corporation, convirtiéndose en un fenómeno global del entretenimiento y la lógica. En su pico de popularidad durante los años 80, se vendieron cientos de millones de unidades.

De joven arquitecto a creador de un enigma

“Si pierdes la curiosidad es una tragedia. En mi opinión, es el fin de tu vida. La curiosidad por lo que sucederá mañana es lo que necesitas para llegar a mañana”, dijo Ernő Rubik durante una entrevista para el programa Aprendemos Juntos de BBVA.

Su historia comienza en una casa donde la creatividad era parte de lo cotidiano: su padre, Ernő Rubik Sr., era un prestigioso ingeniero aeronáutico; su madre, Magdolna Szántó, poeta, licenciada en Literatura y artista. Entre planos de aviones y versos manuscritos, el pequeño Ernő creció alimentado por dos fuerzas que rara vez conviven en armonía: la precisión de la técnica y la libertad de la imaginación. Esa tensión fecunda marcaría su destino profesional, dándole forma a su legado: una carrera entre la arquitectura, el diseño y el asombro.

Esa doble influencia lo llevó primero a estudiar arquitectura en la Universidad Técnica de Budapest y, más adelante, a especializarse en escultura y diseño en la Academia de Artes Aplicadas, donde encontró un espacio fértil para explorar la relación entre la forma y el movimiento. Ya en los años setenta, como docente, Rubik enseñaba diseño tridimensional: un campo donde las ideas debían adquirir volumen y donde las manos, tanto como la mente, eran clave para comprender el espacio. Nota aquí.






lunes, diciembre 09, 2024

Lennon de Lanús

 

sábado, octubre 12, 2024

La Estación

 La estación de servicio recuperada

El hospedaje de pueblo que fascina a viajeros en busca de experiencias diferentes

Huanguelén.- “Quiero cambiar la historia de mi pueblo”, cuenta Alejandrina Pérez Bravo en la exestación de servicio YPF de Huanguelén, un pueblo que se disputan cuatro distritos en el oeste de la provincia de Buenos Aires. Decidió reciclarla y convertirla en un hospedaje. La Torre llamó a su proyecto y en poco tiempo transformó la dinámica de la pequeña localidad. “Todos sueñan con poder dormir en una estación de servicio”, dice.

La Torre está frente a la plaza donde se desarrolla toda la actividad de Huanguelén, de 6000 habitantes. Data de 1913 y fue la primera estación de servicio del pueblo. Por allí pasó gran parte de la historia de la comunidad. Durante muchos años estuvo abandonada hasta que, en 2022, Pérez Bravo -que vive en Colorado, Estados Unidos- decidió darle una nueva oportunidad. Es que el lugar es propiedad de su familia y pasó su infancia allí. Viajera y andariega, tuvo la visión: “Poder darle al visitante la posibilidad de vivir en el corazón de una pequeña localidad”.

“Fue siempre mi casa”, confiesa. Mientras otras niñas jugaban con muñecas después de salir de la escuela, ella pasaba sus días entre cubiertas, lubricantes y compresores. La estación de servicio, que tenía taller y gomería, fue el punto de encuentro por excelencia, pero el paso del tiempo y algunos factores que contribuyeron a aislar al pueblo -como el cierre del tren, la clausura de una fábrica aceitera y la falta de mantenimiento de la ruta de acceso- horadaron alternativas de desarrollo.

Hace 50 años, la estación YPF dejó de prestar servicio. A partir de ese momento, tuvo distintos destinos comerciales y pareció que sus días terminarían con su demolición.

Pérez Bravo buscó conocer el mundo, mucho más allá de su pueblo. “Quise saber qué había del otro lado”, cuenta sobre su vida, que continuó en Alemania. Llegó a aquel país sin saber nada del idioma y a los cuatro meses hablaba fluido. “Nosotros estamos lejos de todo, es difícil salir del pueblo”, reconoce. Europa cumplió un ciclo y se fue a Brasil. “Quise expandir mi horizonte”, reafirma. El pago chico la llamó y volvió. La vieja estación de servicio familiar estaba de pie, pero con el signo del paso del tiempo.

Con sus conocimientos de hotelería, comenzó a trabajar con la Asociación de Corredores de Turismo Carretera (ACCT) en la organización del hospedaje para corredores en todo el país. Mientras, en su cabeza nacía una idea: convertir a la estación en un hospedaje.

Viajeros fascinados

En 2020, puso manos a la obra. La restauración, que le llevó dos años, fue autogestiva. “Hice todo sola”, cuenta Pérez Bravo. Para llevar a cabo su plan tenía en claro que no quería modificar nada del diseño exterior. “Es un edificio que nos da identidad”, aclara. Tiene dos plantas, la baja estaba destinada a oficinas y la alta, a las dependencias. En la versión actual, ella ubicó abajo el living, con un sofá, un televisor, un juego de comedor y una cocina.

El efecto es especial: mientras el pueblo despliega su natural movimiento, el huésped cocina en una platea preferencial, solo los vidrios y las cortinas separan la intimidad de la exposición. Arriba están las dos habitaciones y una terraza con una panorámica a la plaza principal y, a un costado, un rincón deseado: una parrilla con una pila de leña. “Podés comer un asado en el centro del pueblo”, dice Pérez Bravo.

Terminó con las obras en 2022, pero también fue el año en que decidió irse nuevamente, esta vez el destino fue un pueblo en el estado de Larimer, en Colorado, con un nombre llamativo: Loveland, también conocido como The Sweetheart City. Allí trabaja como recepcionista de un hotel y su pareja, en una empresa de IT. Este año regresó al pueblo para estar más cerca de La Torre.

“Entran fascinados”, describe Pérez Bravo sobre la impresión que los visitantes tienen cuando la conocen. “Muchos me mandan videos de la entrada al pueblo, llegando a La Torre”, relata. Lentamente, desde su puesta en marcha, La Torre fue emergiendo como un destino de culto entre los viajeros que están a la pesca de experiencias inolvidables. El boca en boca fue tejiendo una red en estas tierras yermas del oeste bonaerense. Nota aquí.





miércoles, octubre 02, 2024

Postre Balcarce

 La curiosa historia del postre que nació en una confitería bonaerense en 1955 y se volvió un ícono para los argentinos

Adorado y disputado, inspirado en el Chajá uruguayo, el postre Balcarce trasciende generaciones y sigue vigente.

“Es el postre más rico del mundo”, dice Natalia Cerezuela, desde su confitería Jockey Club de Balcarce. En la década del 50 su abuelo fue el primer pastelero que hizo el famoso postre que es sinónimo de esta ciudad serrana de la provincia de Buenos Aires. Miles de turistas al año lo buscan y los propios vecinos lo consumen a diario. “Es una ciudad golosa, acá se come postre”, cuenta Cerezuela.

¿Quién creó el postre Balcarce? Adorado y disputado, la historia comienza en 1955 cuando el dueño de la confitería Paris, de esta localidad, Guillermo Talou, viajó a ver un amigo a Entre Ríos, allí conoció el popular postre Chajá con una base de pionono, crema chantilly, duraznos y merengue francés. “Adoró ese postre”, cuenta Cerezuela. A su regreso a Balcarce comenzó a pensar en una reversión. Llamó a su pastelero y comenzaron a experimentar.

Aquel pastelero era el abuelo de Natalia, Ángel Cerezuela. “El postre Balcarce nace por el descarte del alfajor serrano”, dice su nieta. Este alfajor lleva tapas hechas solo con yemas y quedaban muchas claras sin uso. Allí nació la idea: para aprovecharlas hicieron discos de merengue. La historia de la pastelería estaba a punto de cambiar en la confitería París. Corría el año 1955 y Cerezuela junto a Talou crearon lo que pare ellos fue el postre perfecto.

“Lo llamaron Balcarce”, dice Cerezuela. Gue una reversión del postre Chajá; el balcarceño combinó discos de merengue con base de pionono, nueces, castañas en almíbar, coco, dulce de leche y azúcar impalpable. Rápidamente fue aceptado y se convirtió en un postre popular. Tanto fue así que Talou decidió llevarlo a Mar del Plata, a 73 kilómetros y en la ciudad balnearia fue donde tuvo la consagración. Se ofrecía en hoteles y en confiterías. Fue un furor en temporada alta. Nota aquí.




miércoles, septiembre 25, 2024

Marito Laurens

El carnicero que da consejos y los siguen millones: “No te duermas, bichito de luz”

Marito Laurens tiene 1.4M de seguidores en Instagram y 1.3M en TikTok.

Desde allí da recomienda sobre los mejores cortes y cómo evitar que le vendan carne "para atrás".

Marito Laurens es el "carnicero amigo" de más de dos millones de personas que están atentos a todos los tips que sube a través de 1.4M de seguidores en Instagram y 1.3M en TikTok. El comerciante del oeste aconseja sobre los mejores cortes de carne para comprar y advierte sobre cómo evitar ser estafado bajo el lema: “No te duermas, bichito de luz”.

Luego de 20 años trabajando en el rubro, logró abrir su carnicería en el barrio de El Palomar, en mayo del año pasado. Marito trabaja de lunes a lunes y le pone el cuerpo todos los días a lo que hace, pero además de carnicero es padre. “Cuando no estoy laburando estoy con mi familia.Tengo tres hijos: una nena de 11, un nene de 8 y otro de 3; así que me la paso jugando o salimos a pasear a algún lado”, cuenta.

“Arranqué en el rubro por mi viejo, que era carnicero. A mis 17 años se enferma y entonces empiezo a ayudarlo haciendo hamburguesas, atendiendo, limpiando...”, relata Marito sobre sus primeros pasos de la mano de su papá, que falleció en 2022, a quien define como su amigo, compañero y confidente, y le agradece por haber sido el primero en apoyarlo en su proyecto. Nota aquí.


martes, mayo 28, 2024

El Vino

 SABÍAS POR QUÉ LAS BOTELLAS DE VINO SON DE 750 ml...?

Las botellas de vino son generalmente de 750 ml (75 cl) y no de un litro (1.000 ml). ¿De dónde viene esta especificación?
La capacidad de una botella de vino se normalizó en el siglo XIX y surgieron las explicaciones más locas de este hecho, que correspondían a:
- La capacidad pulmonar de un vidriero;
- Consumo medio en una comida;
- La mejor capacidad para conservar el vino;
- Facilidad de transporte ...
- Nada de esto.
En realidad se trata simplemente de una organización práctica con una base histórica:
En ese momento los principales clientes de los productores de vino franceses eran los ingleses. Pero ellos nunca adoptaron el mismo sistema de medidas que los franceses.
La unidad de volumen de los ingleses era el “galón imperial” que era equivalente a 4.54609 litros.
Para simplificar las cuentas de conversión, transportaron vino de Burdeos en barriles de 225 litros, es decir, exactamente 50 galones, correspondientes a 300 botellas de 750 ml. (75 centilitros).
Siendo más fácil el cálculo, adoptaron que un barril = 50 galones = 300 botellas.
De esta forma un galón correspondía a 6 botellas.
De hecho, por eso aún hoy las cajas de vino suelen tener 6 o 12 botellas ”.
¡El vino también es cultura!



miércoles, mayo 22, 2024

Porcelana Tsuji

Llegó desde Japón. Abrió la primera fábrica de porcelana argentina y su apellido se convirtió en sinónimo de lujo y regalos de bodas

Saijiro Tsuji fundó su empresa cuando Argentina le declaró la guerra a Japón; su fábrica de porcelana fina recibió dos visitas imperiales y, hoy es la más requerida por los principales chefs

principios del siglo XX, en Japón -como en gran parte del mundo- pensaban que había dos destinos “con futuro”: Estados Unidos y Argentina. Los dos extremos del mismo continente recibían con brazos abiertos a los inmigrantes que soñaban con “hacer la América”. ¿Adónde ir? Ante semejante encrucijada, los hermanos Tsuji resolvieron dividirse y multiplicar sus chances de éxito: el mayor fue hacia el Norte, mientras que el menor eligió el Sur.

Saijiro Tsuji llegó a Buenos Aires en 1921. Tenía 36 años y una misión precisa: instalar una oficina comercial para la importadora ToJo Tayo Trading Company. No hablaba el español. Vino con su esposa, Sei Ogawa (31), y sus tres hijas: Shigeko (7), Chiyoko (4) y Mitsuko (2 años, “tan chiquita que no tenía pasaporte”).

Se radicaron en Buenos Aires, en la calle Ayacucho. Aunque poco más tarde se mudaron ‘al campo’, a Olivos. Fue allí donde, en 1922, nació su cuarta hija, Takeko Rosa. Eligieron ese nombre español porque en esa época su jardín estaba lleno de rosas. Al mismo tiempo, como la mayoría de los vecinos eran de familias italianas y tenían muchos hijos con quienes jugar, para facilitar las cosas ‘rebautizaron’ a sus tres hijas mayores con nombres “occidentales”. Así, Shigeko se convirtió en Emilia; a Chiyoko la llamaron Margarita y a Mitsuko le pusieron María.

En su tercer domicilio argentino, en el barrio de Belgrano, el 13 de abril de 1924 nació el tan esperado hijo varón. Saijiro lo bautizó con dos nombres: el primero fue Alberto, bien español; pero también le puso Buichiro, que fue una creación propia: “‘Bu’ por Buenos Aires e ‘Ichiro’, por ‘ichi’, que quiere decir primero en japonés”, solía decir.

Los Tsuji siempre fueron agradecidos con la tierra que los cobijó. Tras una nueva mudanza, se radicaron en Banfield. Aun sabiendo muy poco el idioma -algo que dejaron para la segunda generación- Saijiro se encargó de que todos sus hijos estudiaran. Mitsuko, por ejemplo, cursó primaria y secundaria en la Inmaculada Concepción, luego se dedicó al piano y se casó con Nobuo Ikeda. El varón, Alberto Buichiro, fue al Nacional Buenos Aires y luego a la universidad donde se recibió de ingeniero civil e ingeniero industrial, así se convirtió en el primer profesional de la familia. Chiyoko se convirtió en maestra de la escuela japonesa bilingüe Nichia Gakuin. Nota aquí.










martes, octubre 17, 2023

Antonio Vizintín

 El recuerdo de un sobreviviente de Los Andes: “Parecía el Purgatorio, y nosotros los que sufríamos para morir después”

Antonio Vizintín es uno de los 16 uruguayos que soportaron 72 días en la cordillera después del accidente del avión de la Fuerza Aérea de su país que los transportaba a Chile. La decisión de comer carne humana que fue “un golpe brutal”. El alud y las pruebas de Dios. Y sus misiones como explorador antes del rescate.

“Quedate tranquilo que vuelvo”

Pasaron 51 años y Antonio José Vizintin todavía no sabe por qué se despidió con esa frase de su papá, que lo había llevado hasta el aeropuerto de Carrasco en Montevideo el 12 de octubre de 1972. “Fue algo que se me ocurrió en el momento. Después tomó otro significado”, cuenta.

Tintín, como lo apodan, era uno de los dos hijos de Román, un rematador, y Josefina, una médica y hermano de Álvaro, un año y medio menor. Tenía una vida tranquila, acomodada, en el barrio de Carrasco. Vivía a cinco cuadras del colegio Stella Maris. “Iba en bicicleta, y después caminando”, recuerda. Cuando terminó el secundario comenzó a estudiar abogacía y jugaba al rugby en el Old Christians, el club de ex alumnos del colegio. Con ellos se embarcó en el Fairchild de la Fuerza Aérea Uruguaya que los llevaría a Chile para jugar un partido frente al Old Boys de Santiago. Una buena excusa para viajar y conocer chicas. Salieron 45 personas, entre tripulantes y pasajeros. En el medio existió una tragedia o un milagro: el avión se estrelló en la cordillera de Los Andes. Pero 16 sobrevivieron.

“Antes de tomar el vuelo me fui a comprar un saco azul, porque no tenía. Subí al avión y me senté en uno de los asientos del fondo”, relata. Todos los que iban en las ubicaciones traseras murieron cuando el avión golpeó contra las rocas y se partió. La cola quedó lejos de donde terminó el fuselaje. Pero antes hubo una mano del destino, y Antonio, que hoy tiene 70 años, se salvó.

El mal tiempo obligó a una parada técnica en Mendoza. Todos bajaron para conseguir alojamiento. A dedo, o en una camioneta, llegaron al centro. Tomaron un café en el Automóvil Club Argentino. La sucursal (le escribió alguna vez un mendocino a Vizintín) lleva casualmente el número 16. El resto del tiempo fue descansar, salir a dar una vuelta, y conocer a tres chicas, con quienes fueron a cenar a La Taberna de Padovani. Era usual firmar las paredes. Los jóvenes uruguayos estamparon sus nombres y una frase: amigos para siempre. Nota aquí.






domingo, octubre 15, 2023

Rubén Arnal

 Dejarlo todo para viajar: Una aventura de 193 países y 10 años

Rubén Arnal es el primer valenciano que ha estado en los 193 estados del mundo reconocidos por la ONU

Dice que no es “de quedarse con una sola cosa” y que lo destacaría “todo”. Se revuelve contra los rankings. Por eso, cuando se le insiste y se le pide que elija una escena, una sola, de sus viajes por todos los países del mundo, Rubén Arnal menciona, en vez de uno, tres momentos: una puesta de sol vista desde los templos piramidales de Camboya, una ruta en bici por algunos de los 4.000 templos de la ciudad birmana de Bagan y, sobre todo, una carretera que atraviesa Mozambique. En este país africano, tardó cuatro días en cruzar de norte a sur por zonas atacadas por la guerrilla, en las que los camiones como el suyo tenían que ir con escolta militar. En su blog, escribió: “Sin cinturones de seguridad, siete personas donde debería haber tres, cocinando con un camping gas dentro del camión, tirando basura a través de ventanas rotas, conduciendo con un pinchazo, un pasajero meando por la puerta sin parar y el chófer bebiendo más de una cerveza”. No lo decía como algo malo. “Lo vives y dices ‘ostras, esto es viaje y aventura’, no es el turismo de ‘me voy a Tailandia a la playa’, esto es más viaje”, reconoce. Y cuando lo dice se nota que, si tuviera que quedarse con una sola escena que definiera su manera de viajar, con una sola y no con tres, este valenciano que ha estado en los 193 países del mundo reconocidos por la ONU, el segundo español más joven en conseguir este reto, elegiría esta.

Europa

Ha acabado visitando los cinco continentes pero todo empezó en casa. En 2012, Rubén Arnal, economista, trabajaba en un banco. “No lo elegí por vocación, sino porque pensaba en un buen sueldo y un horario de ocho a tres”, asegura. Visto desde el presente, cree que estaba “programado” y se dirigía hacia una vida cómoda: “estudiar una carrera, comprarse una casa, tener el mejor trabajo posible, formar una familia, jubilarse y luego ya, si eso, viajar”. Pero en 2009, aún trabajando, hizo un voluntariado de un año en un hogar de niños en Perú y la experiencia le abrió los ojos a nuevas formas de vivir. Por eso, en 2012, con la crisis de la banca, se acogió a una suspensión de contrato remunerada de cinco años, un tiempo durante el que cobró el 20 % de su sueldo, dejó de ir a la oficina y se dedicó a viajar.

China, Macao, Hong Kong, Vietnam, Camboya, Laos, Myanmar, Malasia, Singapur, Indonesia, India, Nepal, Japón, Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Canadá, Bahamas y República Dominicana. Rubén Arnal dio su primera vuelta al mundo durante esos años, además de hacer otros viajes a América del Sur, Asia, África y un gran viaje por Europa, en los que trataba de “estar en el máximo número de países posible pero no para tacharlos de la lista, sino para ver cosas realmente”. 143 países después, habían pasado cinco años, era la hora de la verdad y Rubén Arnal no estaba ni de lejos preparado para volver a su trabajo en el banco. Así que comunicó a la empresa que no se reincorporaría, recibió su indemnización, rescató su plan de pensiones, puso su casa en alquiler y decidió dedicarse a viajar por el mundo a tiempo completo. Le quedaban 50 de 193 países del mundo por visitar y mucho por hacer. Nota aquí.



lunes, octubre 09, 2023

Dorita

 Son argentinos, viven hace un año y medio en una combi y quieren llegar a Estados Unidos

Ornella y Cristian compraron una Combi Volkswagen modelo 88 en junio de 2020, la bautizaron “Dorita” y hace un año y medio viven viajando; tras recorrer toda la Argentina, están por cruzar a Brasil y quieren recorrer toda América.

Al reparo del techo de una estación de servicio en Jardín América, provincia de Misiones, Dorita espera a que pase el azote de la lluvia que el efecto Niño ha traído sobre toda la Mesopotamia. No tiene apuro. Ha recorrido ya 13.200 kilómetros desde que salió de Los Antiguos, Santa Cruz, y en sus vidrios lleva pegadas las marcas de los lugares visitados: Ruta 40, Ushuaia, Puerto Madryn, Buenos Aires, Entre Ríos, Uruguay, Misiones, Corrientes.

Con la carrocería marrón perlada por las gotas de lluvia y sus elegantes cubiertas cara blanca, Dorita, una combi Volkswagen T2 modelo 1988, aguarda a que escampe. Esa máquina es la materialidad de un sueño, la realización del proyecto de Ornella y Cristian, que han decidido vivir viajando por el continente americano.

La aventura empezó en junio de 2020, cuando arreciaba la pandemia. Ornella, psicóloga y bahiense de nacimiento, y Cristian, maestro oriundo de Los Antiguos, trazaron con punta fina su proyecto y fueron tras el vehículo que les permitiera hacer realidad su ilusión. Después de mucho buscar lo encontraron en Bariloche.

“Somos los terceros dueños de Dorita. Los primeros la usaron bastante, en cambio los segundos no. La combi estaba en excelentes condiciones. De chapa y pintura estaba muy bien. Después con el tiempo nos dimos cuenta de que había que hacerle el tren delantero y el trasero, y el motor había que chusmearlo un poco también”, explica Cristian.

Sentarse en la butaca del conductor fue como atravesar un portal en el tiempo, ingresar en otro universo. Cristian, que estaba acostumbrado a manejar su camioneta Ford Ecosport, se encontró con un vehículo que tenía “dirección mecánica, durísima. El volante es duro, la palanca de cambios está lejos, los pedales están más cerca. Todo era diferente. Tenía un cebador, la calefacción de la combi es totalmente distinta. Fue un giro rotundo”. Nota aquí.






jueves, octubre 05, 2023

Amunches

 Son argentinos, viven hace 20 años en un autobús recorriendo el mundo y se arrepienten de no haber empezado antes

Una pareja de argentinos dejó todo para empezar una aventura sobre ruedas con el fin de conocer el continente a fondo; hoy llevan 20 años viajando en un autobus escolar y se arrepienten de no haber empezado antes

“Imaginate empezar un viaje de 12 meses y que ese viaje se convierta en tu vida”, eso es lo primero que dice Patricia Fehr cuando se le pregunta cuál fue la génesis de su travesía. La mujer y su familia llevan 20 años en el ruedo y siete sin pisar su país natal. El viaje comenzó formalmente el 10 de marzo de 2003, cuando se despidieron de sus padres en San Nicolás, en provincia de Buenos Aires y se subieron a una Land Rover Defender equipada con lo básico. Sin embargo, ella y Germán de Cordova, su pareja, están convencidos de que el verdadero origen se remonta a cuando se conocieron en 1991 en el club de regatas.

Ella tenía 17 y daba clases en la escuela primaria; él casi 24 y trabajaba en el área de ventas de las jubilaciones privadas. “Éramos agua y aceite, pero coincidíamos en algunas cosas. Una de ellas era el sueño de salir a conocer el mundo más allá del lugar donde habíamos nacido”, relata Patricia y admite que tuvieron que pasar más de 10 años de planificación esperando el momento ideal para animarse a dar el primer paso. “Cuando creímos que estábamos cerca de arrancar nos sacudió, como a tantos argentinos, el corralito. Perdimos todos nuestros ahorros y entendimos crudamente que habíamos perdido demasiado tiempo esperando el momento perfecto”. Fue en ese momento en el que decidieron que no querían perder ni un segundo más y, ni bien recuperaron lo justo y necesario para dar el envión, se mandaron.

“La idea era viajar un año para después volver a lo que conocíamos”, cuenta Patricia pero ambos se miran con complicidad. El retorno nunca se concretó y, con el tiempo, la camioneta se transformó en un autobús escolar que tunearon y transformaron en un verdadero hogar sobre ruedas, en el que le dieron la bienvenida a Inti, su primera y única hija que hoy tiene 15 años; y lo que era un itinerario de viaje cronometrado se transformó en un estilo de vida sin fecha de vencimiento. En ese orden, recorrieron Argentina, Bolivia, Perú, Uruguay, Brasil, Chile, Ecuador, Colombia, Venezuela, Belice, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, Cuba, México, Estados Unidos, Canadá y Alaska. Les gusta presentarse como Amunches, viajeros en lengua mapuche.

No hay días estándar
Desde que se levantan hasta que se acuestan, para los Amunches cada día es una hoja en blanco. Como el 99% de los argentinos que viven en el extranjero, conservan el ritual de los mates mañaneros. Eso, revisar correos y leer las noticias son los únicos componentes que forman parte de la rutina; el resto varía.

Tanto Patricia como Germán dan conferencias motivacionales en empresas, instituciones académicas y cárceles; también participan de eventos culturales donde hacen muestras en donde venden fotografías y su libro, Amunches bajo un nuevo sol; y forjan alianzas comerciales con marcas “alineadas con sus valores”. Una parte de estos ingresos va al financiamiento de la aventura, y otra la destinan a dar talleres en comunidades con pocos recursos económicos, como parte de un proyecto social. Todo lo documentan en su cuenta de Instagram (@amunches).

“No hay un día estándar. En todos hay un componente de desplazamiento, llegada, reinstalación, recorrido, documentación e intercambio cultural”, explica Germán. El hombre remarca que esta libertad supone también un compromiso y que, en ese sentido “somos los únicos responsables de elegir quiénes queremos ser y cada día es una oportunidad nueva para volver a empezar”.

Los tres coinciden en que el mayor aprendizaje de este tipo de vida proviene de la gente con la que cruzan camino. “Todos los lugares tienen su atractivo, pero lo cierto es que muchas veces añoramos volver a un lado porque queremos revivir un momento que no tiene nada que ver con un paisaje, sino con la gente”, reflexiona Patricia. “Conocer otras formas de vivir nos muestra constantemente que nuestros puntos de vista no son verdades únicas y que existen muchos mundos dentro de este”. Nota aquí.