España habita la eternidad
La Roja consigue su segundo Mundial con un gol de Ferran Torres en la prórroga después de reducir a la Argentina de Messi, que no tiró ni una vez hasta el minuto 117
Imposible no recordar Sudáfrica, a Iniesta, a Cesc, la prórroga, el abismo, la gloria. Imposible no verlo en este instante de Ferran Torres que sucedió diez minutos antes, el 106 después de años celebrando la leyenda del 116. Porro envió una pelota al área, Nico Williams la dejó atrás con la coronilla y Ferran reventó la red y provocó otro estallido inolvidable, la segunda estrella, el segundo título mundial contra la última campeona, a la que redujo casi a la nada. No tiró ni una vez hasta después del gol de la Roja, algo insólito. Ningún equipo se había pasado los 90 minutos de una final sin intentarlo. Ninguno tampoco hasta el 117. El juego de la selección de Luis de la Fuente desmanteló a la Argentina del mítico 10, la abrasó con el juego, la fue pinchando con una sucesión de tiros blandos y la acabó rematando con un zurdazo. Despidió a Messi de los mundiales con una exhibición coral.
España habita ya la eternidad. Se asomó en Sudáfrica, con la primera versión de un libreto de juego brillante y evolucionó durante algo más de una década a la fórmula prodigiosa con la que ganó la Eurocopa de 2024 y ahora el segundo Mundial. Imposible no recordar Sudáfrica, que llegó también después de un Europeo. La primera estrella es aviso al mundo, sacar la cabeza. La segunda supone instalarse en la eternidad del fútbol.
El entusiasmo por el gol de Ferran, por el juego que parecía inevitable que llevara al título mostró también algo asombroso de un país sumergido en la crispación, pero que ha encontrado algo en lo que consigue ponerse de acuerdo para producir una criatura tan hermosa como este equipo. Para producirlo y para disfrutarlo.
Lo gigantesco de la ocasión, una final de la Copa del Mundo, no desfiguró a España. Todo lo contrario. Se ha construido para citas de este vuelo estratosférico. Salió a tejer su juego y a asfixiar al rival con lo que le saliera puntada a puntada. Argentina, como casi siempre en el Mundial, parecía querer dejarlo para más adelante, hasta los minutos en los que Messi despierta del letargo. Pero no eran ellos. Era el juego apabullante de la Roja, que los redujo como nadie.
Solo les quedaba aguantar y empezaron levantando las barricadas por el centro. Mac Allister, Enzo Fernández, De Paul y Nico González se apretaban en la zona por la que España ha desplegado sus tramos más brillantes. La encontraron sobrepoblada, pero Dani Olmo maniobra en esos callejones como un escapista que negocia con su propia trampa. Se giró, tiró una pared con Lamine y el extremo del Barcelona se vio en el área ante el Dibu Martínez. Lisandro desvió el tiro y el portero reaccionó con solvencia.
España tocaba, Argentina mantenía los equilibrios, un plan de resistencia que le funciona como a nadie. Porque nadie tiene a Messi, claro, de paseo por la hierba recién regada mientras el resto se desgasta, tomando las medidas del rival para confeccionar el traje en su cabeza. Era pronto para el 10, pero a la defensa española se le distrajo un balón y se encontró encarando a Unai Simón, que aceleró para despejar antes de que lo controlara. No reaccionó a tiempo. No era el momento. Nota aquí.

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