miércoles, julio 29, 2026

Carlos Bardem

 "He procrastinado demasiado: podría haber hecho más y mejor"

Aníbal Malvar habla con Carlos Bardem sobre su carrera artística y literaria.

Tras un rato de charla, es inevitable pensar que el Carlos Bardem escritor está devorando al Carlos Bardem actor. De hecho, varias veces, de manera inconsciente, se refiere a las películas como literatura. Un sabio error, sin duda. Para venir de un linaje de actores y otras gentes de tablas que se remonta a sus abuelos, empezó tarde en el cine, con treinta y dos años, en la película Más que amor, frenesí, de (entre otros directores) su primo Miguel Bardem. Enseguida se fue a la frontera entre México y EEUU para rodar, junto a su hermano Javier, una rareza salvaje titulada Perdita Durango, dirigida por Álex de la Iglesia. Y fraguó su bautismo como escritor allí mismo, caligrafiando un diario de rodaje que a Álex de la Iglesia no le pareció muy bien, pues dice que las pasaron bastante más putas de lo que el cronista cuenta. Desde la subjetividad de este humilde periodista, los libros de Carlos Bardem son cada vez más difíciles de escribir y más fáciles de leer. Lo que no es poco mérito.

Tener más cara de malo y ser más feo que tu hermano Javier, el asesino feroz de No es país para viejos, debe de ser muy duro.

No, yo lo vivo como algo muy divertido, porque yo soy un señor absolutamente encantador, simpatiquísimo, como mi hermano. Lo más divertido de actuar es adentrarte en aquello que está más alejado de ti. Me precio de ser un señor encantador y muy agradable, pero haciendo de malo visito esas partes que todos llevamos dentro y que no sacamos en la vida diaria, afortunadamente. Actuar desde lo más alejado a ti siempre es lo más entretenido, divertido y curioso. No sé si tengo más cara de malo que mi hermano, pero desde luego lo que tengo son más años, soy más viejo y soy más feo.

Tus libros son áridos, complejos, a veces brutales. Parece que escribes para joder, para incordiar.

Exactamente. Es que yo no entiendo la escritura desde otro punto que no sea ese. Estoy con Jean Paul Sartre, que decía que escribir implica una responsabilidad. Me gusta pensar que mis libros son muy distintos entre sí, y siempre escribo para intentar comprender cosas. Me obsesiona intentar comprender el mal: por qué hay gente que vive haciendo el mal a sus semejantes y por qué hay gente que vive aceptando ser víctimas del mal, incluso víctimas cooperadoras del mal. Escribo libros complejos para lectores exigentes que intentan interpelar a quien los lee, no esos libros de los cuales se burlaba Roberto Bolaño diciendo que son previsibles, que la gente ya sabe lo que hay dentro antes de abrir la tapa.

¿Y qué maldad literaria estás perpetrando ahora?

Mi próxima novela se llama Triángulo y sale el 8 de octubre en ADN. Es una novela sobre los hombres, las mujeres, las nuevas feminidades y las antiguas masculinidades, pero también sobre las violencias antiguas que perviven en nuestro presente. También es una novela sobre escribir novelas, porque el protagonista es un escritor que está escribiendo una novela; es una novela metaliteraria.

¿En qué época la ambientas?

En la rabiosa actualidad. Tengo una tendencia natural a alternar épocas. A una novela histórica siempre le sucede una ambientada en la actualidad. Esta habla de nosotros, de nuestro hoy, de los hombres frente a las mujeres y de nuestra España, y de las heridas que nos han traído hasta aquí.

¿Por qué los Bardem sois tan molestos? Esa trama que me has adelantado va a molestar a mucha gente. ¿Qué daños os han hecho los bienpensantes, los cristianos, los piadosos fascistas? Tu hermano Javier todo el tiempo con Palestina; el otro día fue al partido de la selección sin la camiseta de España, para escándalo de los patriotas. Mereció incluso titulares en la prensa de banderita. Tu hermana Mónica escribió un libro de cocina sobre pimientos rojos, precisamente rojos: ¿no podría hacer un libro sobre pimientos de otro color? Tu madre era tan roja que le parecían de derechas Los de la ceja… 

Los Bardem siempre nos hemos situado bastante más a la izquierda que Los de la ceja. Mi madre nos legó un olfato instintivo para las desigualdades y las injusticias, que son consecuencia de preservar los privilegios de unos pocos sobre los derechos de la mayoría. Hemos salido todos muy rojos. Cuando era adolescente era rojo. Cuando llegué a la juventud me hice más rojo. Me licencié en Historia Moderna y Contemporánea y ya me hice extremadamente rojo, y cada vez lo soy más. Me fascinan los virajes de la intelectualidad orgánica que antes eran rojos y ahora son de derechas. No los entiendo. Nota aquí.



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