La M.O.D.A.: héroes de Burgos que reivindican a ‘los nadie’ de la vida
Una pandilla de amigos montaron una banda en 2010 y hoy es la más importante en la historia de la ciudad y una de las más grandes del panorama español. Los chicos de la Maravillosa Orquesta del Alcohol son profetas en su tierra.
Primera mañana de verano en Burgos, con un sol intenso en el cielo azul y las margaritas felices en el campo, cuando se monta la marabunta en la puerta del Cernégula. Se bajan hasta los auxiliares de la ambulancia de Protección Civil. “¡Sois unos artistas!”, exclama un anciano llamado Paco en la puerta de la antigua fonda de la carretera de Arcos, abierta durante 70 años en el actual barrio de San Felices y de la que queda hoy solo el estanco, lugar de peregrinaje de los chicos de la Maravillosa Orquesta del Alcohol (M.O.D.A.) para pillar bocadillos, bebidas y tabaco cuando se escapan de su estudio de grabación a tan solo 200 metros ladera bajo en el parque del Hangar. “Estáis en casa. Venga, pa’ dentro, coged botellas de agua que hace mucho calor”, pide a todos Rosa Melgosa, dueña del Cernégula y citada en la canción de la M.O.D.A. ‘San Felices’: “Y sé que ya hemos vuelto a casa al ver a Rosa en el Cernégula”. Esa casa está ahora repleta de personas que han visto llegar a los miembros de la banda más importante de la ciudad y se han ido directos a por ellos. Algunos estaban en el estanco, otros han salido de un bar cercano, otras han cruzado desde la otra acera, uno se ha bajado de la moto y otros dos de la ambulancia, resuelta la urgencia, se han arrimado también. Incluso un grupo de niños con autismo que sale con sus tutoras “muy fans” del colegio Sagrado Corazón Hermanas Salesianas, justo enfrente del Cernégula, se ha parado para fotografiarse con ellos. Fotos, autógrafos, besos, abrazos y palabras de cariño por todas partes: “sois los mejores”, “gracias por todo”, “no dejéis de tocar”, “Burgos os quiere”… Los seis integrantes de la M.O.D.A. atienden a todos, uno por uno. “Todo esto se monta por las camisetas de tirantes”, asegura David Ruiz, cantante y compositor del grupo. “Si no las llevamos puestas, la gente no nos reconoce. Cuando vamos vestidos de paisanos normales, pasamos desapercibidos en todo Burgos como si fuéramos Clark Kent”, añade. “Al ponernos estas camisetas, es como si fueran el traje y la capa de Superman”, dice el baterista Caleb Melguizo con media sonrisa. “O Superlópez, que nos pega más”, añade Ruiz.
Bien sean Superman o Superlópez, las camisetas de tirantes son un elemento de distinción, pero, lejos de cualquier heroísmo de superioridad, es una declaración de intenciones. “Es una prenda que puede llevar cualquiera. Desde nuestros abuelos hasta un currante”, explica Ruiz. De hecho, el grupo tiene una canción llamada precisamente ‘Héroes del sábado’, todo un himno entre sus seguidores coreado a pleno pulmón en sus multitudinarios conciertos, sobre todo, en el verso: “No te olvides de dónde vienes”. Ellos, burgaleses todos menos el guitarrista y productor Nacho Mur, “aunque ya está adoptado”, no se olvidan de dónde vienen. La ciudad de Burgos, con su bella catedral presidiendo la silueta desde cualquier horizonte, es su casa, como lo podría ser también la provincia repleta de pueblos de la que vienen algunos de ellos y sus familias, toda esa tierra a la que cantan y que reivindican por la población llana, por la gente anónima formada por “los nadie”, tal y como dice, parafraseando al escritor uruguayo Eduardo Galeano, Ruiz, quien lleva un tatuaje de Johnny Cash en el brazo en honor “al cantante de los desfavorecidos”. Así lo han hecho desde que nació la M.O.D.A. en 2010, después de que David Ruiz decidió crear una banda con sus amigos de los parques a su vuelta de tocar por los bares de Dublín, y lo siguen haciendo hoy con su último disco, San Felices (Universal), un homenaje al barrio donde tienen su local de ensayo y oficina.
Cuando asentaron su centro de operaciones en este barrio en 2011, todo era campo. Los miembros de la M.O.D.A. fueron de sus primeros pobladores. San Felices se levantó en la antigua barriada de los ferroviarios y, por eso, al pasear entre sus amplias calles de edificios residenciales nuevos, se ven, a modo decorativo con sus hierbajos, las viejas vías de tren. El local de ensayo y la oficina descansan en El Hangar, que fue una estación y que hoy alberga además un centro cultural y una sala de conciertos dentro de un parque con un antiguo vagón de mercancías. “En Burgos, se dice que antes había solo dos estaciones: el invierno y la de la Renfe”, cuenta el saxofonista Alvar de Pablo. Eso era cuando no había cambio climático ni tampoco existía la M.O.D.A., una banda que se puede decir que, tras su éxito de público en toda España, se ha convertido en la más importante en la historia de Burgos. Hay hechos que lo confirman: el año pasado, tocaron en una noche memorable ante 50.000 personas en las Fiestas de San Pedro y San Pablo de Burgos; y este año, son cabeza de cartel del festival Sonorama Ribera donde volverán a tocar ante cerca 30.000 personas en Aranda de Duero. Ese día festivalero, compartirán escenario principal con Leiva, otro cabeza de cartel que colabora en el disco San Felices, en la canción ‘Subiendo como El Chava Jiménez’.
Este lunes por la mañana acaban de llegar, precisamente, las cajas con las nuevas camisetas del merchandising inspirada en la canción dedicada al ciclista Chava Jiménez. Tiene un aire muy noventero. La oficina de la M.O.D.A. está en la planta de arriba de la sala Hangar por lo que huele todavía a la fiesta del fin de semana de los conciertos. En los pasillos para llegar al local de ensayo, se ven carteles de The Cure o Jimi Hendrix. Choli, el dueño del Hangar, aparece y da abrazos a todos. “A ver si quedamos para hacer una comida antes de las vacaciones”, dice. Hasta este álbum en el que ficharon por la major Universal, el grupo se editaba sus discos y controlaba todo: contratación, merchandising, comunicación, redes sociales… “Nosotros siempre hemos ido arando todo con la mano, pero ya veíamos que nos pasaban con la cosechadora a toda hostia”, explica el acordeonista José Ángel Hortigüela, Joselito, en referencia a otros grupos que trabajan desde hace años con grandes discográficas. “Queríamos probarlo para poder dejar de dedicar tantas horas a lo extramusical”, añade Ruiz.
Más allá de este fichaje, la esencia de la M.O.D.A. es la misma desde que en 2010 dieron su primer concierto para colegas en Estudio 27, un bar que ya no existe que estaba ubicado en los bajos del plantío. La esencia de una pandilla de amigos que representa la llaneza de la gente común burgalesa. Nacho Mur, que también toca la mandolina, llegó el último desde Madrid en 2017 y pronto pudo comprobarlo. “El día que me incorporé oficialmente al grupo pensé que las camisetas de tirantes blancas venían dadas por contrato o algo así. Fue una equivocación. Aquí cada uno se compra las suyas y se encarga de ellas”, recuerda con una sonrisa. Eso ha llevado a que alguna vez hayan tenido que ir a por otras de urgencia porque alguno se la dejó en casa o, en un despiste, alguno pilló una de color gris y eso no se permite. También los ha llevado a rechazar “una buena pasta” por tenerlas bajo patrocinio. La independencia de la banda sigue intacta como el primer día. “No hacemos nada con instituciones ni queremos ser usados en política”, explica Ruiz. “Hace unos años nos ofrecieron 50.000 euros para un apoyo institucional y dijimos que no. Entonces, era un dineral que nos ayudaba a mucho, pero ya tomamos esa decisión y seguimos con ella a rajatabla”. En los últimos años, encima, han tenido que hacer frente al impago de la plataforma de venta de entradas Wegow, que entró en concurso de acreedores y dejó a muchos artistas sin su dinero. La M.O.D.A. fue la banda más afectada con decenas de miles de euros perdidos. “Hemos decidido centrarnos en lo que nos llevó un día a meternos en un garaje, que son las canciones, los conciertos y el público”, dice Ruiz. Ellos, aparte de demandar colectivamente a la plataforma, siguen currando. Nota aquí.







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