domingo, mayo 31, 2026

Ferran Exceso & Fran Mariscal

 

Paco Ramos

 


Natalia Lafourcade

 Natalia Lafourcade en el Gran Rex: celebrar la canción

La excusa era presentar su reciente disco “Cancionera”, pero la cantautora de Veracruz fue más allá con un espectáculo que apuntó a la sensibilidad profunda de las melodías.

Natalia Lafourcade siempre parte desde la raíz. Desde la esencia, lo primordial, lo primigenio. Con sutileza y profundidad, la cantante y compositora mexicana presentó en Buenos Aires su espectáculo Cancionera con dos funciones agotadas -viernes y sábado- en el Gran Rex. Como si se tratara de una obra teatral, el concierto fue transitando por diferentes momentos en la vida del personaje central: la cancionera. Durante dos horas, la artista abordó con su canto tópicos fundamentales como el nacimiento y la muerte, el amor y sus desencuentros, las dichas y los dolores.

“Los invitamos a estar profundamente presentes. Entramos en un tiempo en donde todo se transformará: el universo de la canción”, anunciaba minutos antes del comienzo del show una voz que se presentaba como Radio Cancionera y proponía apagar las pantallas y conectar con lo que sucedería en el escenario. Con una puesta escénica mínima -una mesa, un maletín, un velador, algunos adornos- y una luz tenue que iluminaba a la artista, Lafourcade salió a escena y se sentó al piano. Sin saludos protocolares y vestida con un traje negro y blanco pintado a mano, la cantautora se dispuso a interpretar tres canciones al hilo, todas hilvanadas entre sí: “Vine solita”, “Muerte” y “Pajarito colibrí”.

De fondo se escuchaban el sonido de los pájaros y el susurro de un ambiente rural. Como en un concierto de música clásica, el público tuvo que esperar hasta que la artista hiciera una pausa para aplaudir. Hace tiempo que la mexicana se encuentra en una cruzada no solo para rescatar las raíces de la música folklórica latinoamericana, sino también para conectar con el silencio, la esencia y los misterios de la canción. “Todo va a estar bien, pajarito colibrí/ Ya no tengas miedo de vivir/ Todo va a estar bien, pajarito colibrí/ Tú llegaste al mundo para ser feliz”, cantó con profundidad.

Entonces sí, dio lugar a los aplausos, saludó al público y anticipó lo que iba a pasar. Dijo, por ejemplo, que las canciones fueron brotando de la madera de la guitarra. “En medio jardín ha crecido la música de flor en flor”, confesó frente a 3200 personas. “Estoy aquí para celebrar el camino de la canción. La canción que es una compañera, una cómplice, una amiga. La idea es volver al origen y desnudar la canción. En este concierto podemos desahogarnos; podemos cantarle al amor, al desamor y a lo que pesa y duele. ¡Benditos sean los cancioneros y cancioneras qué me han inspirado! Sé que ustedes son amantes de la música sentida!”, presentó. “Estoy ansiosa y feliz de estar acá parada en el escenario después de tanto tiempo. ¡Vivan todas nuestras banderas latinoamericanas!”, agradeció, con una cámara de mano filmando al público.

Si bien el último disco se titula Cancionera (2025) y también así se denomina la gira que la trajo a Buenos Aires, lo cierto es que se trata más de una búsqueda conceptual que de una presentación de disco. En el espectáculo apenas suenan cuatro canciones del último álbum y es más bien una excusa para brindar un homenaje a la canción a través de un recorrido por las obras más representativas de su trayectoria, como “Nunca es suficiente”, “Lo que construimos”, “Tú si sabes quererme”, “Mi tierra veracruzana” y el ya clásico latinoamericano “Hasta la raíz”.

Luego, en clave guitarrera, se movió hacia otro sector del escenario y al lado de una especie de muñeca roja -un alter ego, quizás-, tocó la yupanquiana “Cancionera” y “Mascaritas de cristal”, dos canciones que reflexionan con espíritu crítico sobre la industria musical y el oficio del cantor. “Cancionera, canta, canta, canta libre al viento/ Cancionera, canta siempre, siempre tu verdad”, entonó y alertó sobre “las delicias de la fama”. Con el bandoneonista argentino Gabriel Merlino, Lafourcade ofreció una versión con arreglos tangueros del tema “De todas las flores” y levantó el pulso del concierto con “María la curandera” y “Soledad y el mar”, con una botella de mezcal en la mano. “Que se vuelvan polvo todos los dolores/ Que los queme el fuego y vengan nuevas flores”, cantó como en un exorcismo.

En un clima de intimidad, entregó una versión lenta y acústica de “El lugar correcto”. Entonces, se permitió nuevamente dialogar con el público y agradecer la calidez y el cariño de siempre. “Me gusta ser una mexicana”, deslizó, orgullosa de su identidad, y recibió de regalo una bandera de Argentina, que acomodó con suavidad sobre sus piernas para seguir cantando. “Quiero mucho a esta tierra. He venido desde muchos años atrás y tengo amistades, experiencias y memorias. Vine desde niña y no entendía un carajo sobre ser cancionera y sobre la industria musical. ¿Qué es la industria musical? Esta canción habla sobre caminar bonito, la compuse en un viaje que hice a Perú. Ahí aprendí a caminar con piedras en el camino. Es una canción de amor y de complicidad a los lugares donde uno quiere volver y Argentina es como mi casa, por eso se las quiero dedicar”, dijo antes de “Caminar bonito”.

Luego de un bloque dedicado al amor y sus desventuras -“el inframundo”, dijo-, que incluyó clásicos de su repertorio como “Cómo quisiera quererte”, “Nunca es suficiente”, “Lo que construimos”, “Para qué sufrir”, “Mi manera de querer” y “Tú si sabes quererme”, llegó el turno de una de sus canciones más sociales y políticas, “Derecho de nacimiento”. “Voy a crear un canto para poder exigir/ Que no le quiten a los pobres lo que tanto les costó construir/ Para que el oro robado no aplaste nuestro porvenir/ Y a los que tienen de sobra nos les cueste tanto repartir”, cantó sin vueltas mientras golpeaba con fuerza su guitarra. Mientras bajaban de las plateas algunos gritos de “Fuera Milei”, Lafourcade remató desde el escenario: “¡Viva el amor, viva la paz!”. Nota aquí.



Edgar Oceransky & Fran Perea

 

Alberto Ballesteros

 


Sole Giménez

 “Defiendo a capa y espada a Palestina, que está sufriendo esta barbarie, esta injusticia”

Hace ya más de 20 años que eligió tener una carrera propia, terminando con Presuntos Implicados. Ahora regresa con nuevo disco ‘Ser humano’

Es una de las grandes voces de la música pop española, y también una de sus más grandes luchadoras. Hace ya más de 20 años que Sole Giménez eligió tener una carrera propia, terminando así su etapa con Presuntos Implicados. Renunció a los privilegios que le venían dados por años de éxitos y emprendió un nuevo camino a través del cual ha transitado por sus géneros favoritos (chanson, jazz latino), y haciendo discos reivindicativos como los fueron los dos volúmenes de Mujeres de música, dedicados a divulgar la importancia de las compositoras. Actualmente goza de la popularidad que proporciona la televisión, como participante en el programa Tu cara me suena. Pero la música sigue siendo su principal ocupación. Hace unas semanas publicaba Ser humano, su duodécimo álbum como solista, y el primero con canciones nuevas después de una década, cuyas presentaciones en directo arrancan el próximo cinco de junio, con un concierto en el Palau de les Arts en Valencia.

Pregunta: ¿Qué le está aportando la experiencia televisiva de Tu cara me suena?

Respuesta: Es un reto. Yo no me había puesto en el papel de imitadora. El abanico de posibilidades es amplio, y eso es divertido también. Todo depende mucho del personaje que te toque imitar, del feeling que tengas con él, si está dentro de tu registro o está muy lejos. La caracterización, curiosamente, ayuda o no. Si te ves mucho en el papel, te parece que lo que haces tiene mucho sentido. Pero es interesante porque vas descubriendo cosas de ti misma que no conocías, tanto tus potenciales como tus limitaciones. Y en mi caso son muchas las limitaciones. Tengo una manera de cantar, de moverme, muy característica y luchar contra eso a veces es más complicado.

P: Uno de los personajes a los que ha imitado fue Annie Lennox, alguien que en fue muy importante para usted durante sus inicios en la música.

R: Eso fue un regalo, porque siempre la admiré y sigo admirándola tanto como artista como como persona. Me gusta su discurso, lo que defiende. Nunca quise seguir el estereotipo femenino que imperaba hace cuarenta y tantos años, cuando empecé con Presuntos Implicados, y ella fue uno de los referentes a seguir. También es cierto que ayudaba mucho el ambiente que había entonces. Estamos hablando de los ochenta, una época en la que, si no transgredías, mal. Yo estaba haciendo Bellas Artes y estaba haciendo también música con Presuntos, me movía en un ambiente en el que el que no se pintaba el pelo del color iba mal. A mí me gustaba mucho la imagen andrógina, yo nunca me veía tan femenina como la gente esperaba que fuera. No me gustaba. Prefería una imagen un poquito menos convencional. Evidentemente, siempre tuve ese punto femenino, pero si podía, lo rompía un poquito con el pelo. En mi época, romper con ese estereotipo era una necesidad vital.

P: Otra artista a la que ha imitado, Edith Piaf, tiene unas connotaciones sentimentales importantes por su infancia en París. Formaba parte de la música que escuchaban sus padres cuando emigraron allí.

R: Siempre digo que ha sido una de las voces que me ha acompañado antes de tener uso de razón. Es como una banda sonora que siempre está en mi cabeza. En Francia, cuando yo nazco, ella ya está sonando. Y cantarla para mí fue precioso, la verdad. Supuso hacerle mi homenaje a una de las voces más auténticas y con más sufrimiento dentro que pueda haber habido. Me puse en su piel y me gustó mucho. Sufrí mucho cantando esa canción porque ella también sufrió cantándola. Je ne regrette rien fue su último gran éxito, que aparece cuando ella ya está enferma. Y está diciendo no me arrepiento de nada, pero arrepintiéndose de tantas cosas. Era evidente que se daba cuenta de todo lo que había perdido. Tengo la sensación de que tuvo en sus manos muchas cosas, pero por la manera que ella era, de donde venía, ese desarraigo y esa infancia totalmente rota, la belleza se le escapó de las manos. Al final me dolía mucho también. Que en un programa de televisión, de prime time, te dejen hacer un homenaje a una cantante como Edith Piaf es un regalo. Nota aquí.



El Kuelgue & El Kanka

 

Lisandro Aristimuño

 


María Guivernau

 NUDOS

Deshaz todos los nudos que me atan
el miedo al estómago,
el lastre a los tobillos,
el vértigo a las alas.
Líame la piel al océano
en un nudo marinero
que me haga bailar con las olas.
Haz un nudo corredizo
entre mis muñecas
para colarte enmedio de un abrazo.
Sujétame la ganas de ti
con un nudo de amarre
entre mis piernas
para que lo deshagas con la boca.
Desnúdame
para unir tu cuerpo al mío
en nudo de mariposa
que nos lleve a alcanzar
todas las cimas que rocen el cielo.
Nudos.
Sin cuerdas.



Andrés Suárez

 

César de Centi

 


Isabel Allende

 


José Sacristán

 

Franco Luciani

 


Ángel Idígoras

 Mi homenaje a #elcabrero . No le conocí personalmente pero tengo amistad con su pareja, Elena, que le adora. Un artista coherente con sus ideales. DEP, maestro.



Raquel del Rosario & Vanessa Garde

 

Caetano Veloso

 


Julio Le Parc

 A los 97 años murió Julio Le Parc, el maestro de la luz, el color, la interacción y el movimiento

Pionero del arte óptico y cinético, uno de los artistas argentinos más reconocidos en el mundo falleció en París, donde se radicó en 1958; siempre optimista, proponía rebelarse contra el orden establecido.

“Optimismo siempre”, decía la frase con la que concluía el video que difundió en plena cuarentena, en 2020. La filmación mostraba a Julio Le Parc trabajando, limpiando y cocinando en su casa-estudio de Cachan, en las afueras de París. La misma donde vivió desde 1958 hasta su muerte ocurrida hoy, a los 97 años, como consecuencia de un progresivo deterioro de su salud que lo obligó en los últimos años a resignar sus viajes por el mundo. El próximo 11 de junio iba a inaugurar una gran retrospectiva en la Tate de Londres.

“Luchó hasta el final, estaba muy ilusionado con esa muestra, que va a abrir para invitados el lunes 8, y quería ir” confirmó a LA NACION su Yamil Le Parc desde un tren que lo llevaba de Londres, donde estaba organizando el montaje, a París, donde su padre estaba internado desde hace dos días en el Hospital Americano. “Murió hace dos horas, de viejo. Hacía un mes que no podía comer. Habrá velorio, pero todavía no sabemos cuándo”.

“No soy fotógrafo ni artista. Solo un experimentador”, había dicho a LA NACION el artista mendocino en noviembre, cuando participó de la feria París Photo. Hacía tiempo que ya no podía viajar a Buenos Aires, la ciudad donde se formó y a la que solía volver con frecuencia. En diciembre de 2024 agradeció desde Francia con un video el Gran Premio a la Trayectoria otorgado por el Fondo Nacional de las Artes. Lo mismo había hecho en abril de ese año, cuando sorprendió además con una videollamada a unos trescientos invitados especiales que lo escuchaban en la nueva terminal de partidas del aeropuerto internacional de Ezeiza. “Espero que este sol sea de todos ustedes”, dijo entonces al inaugurar su obra Sol, una esfera de acero dorado de diez metros de diámetro y el móvil más grande que hizo en más de seis décadas de carrera.

Otra esfera similar, de color rojo, puede verse en un espacio cultural lleva su nombre en Mendoza, provincia donde nació el 23 de septiembre de 1928. En 2016 donó la azul que se exhibe en la planta baja del actual Palacio Libertad, dos años después de que una amarilla brillara sobre el hall del Malba en la muestra que le dedicó el museo a sus experiencias realizadas con luz y movimiento. Dos más se exhibieron en Madrid en marzo de 2025, cuando la galería Albarrán Bourdais le dedicó una exposición y lo representó en la feria ARCO, poco después de que lanzara su museo de arte virtual.

Apenas algunas huellas del enorme y polifacético legado que deja este maestro del arte óptico y cinético, uno de los artistas argentinos más reconocidos a nivel internacional, distinguido en 1966 con el Gran Premio Internacional de Pintura de la XXXIII Bienal de Venecia. Así quedó demostrado en 2019, cuando se impulsó en Buenos Aires un múltiple homenaje para celebrar sus 90 años.

Este último abarcó una monumental muestra en el ex-CCK –la más grande que haya hecho, con más de 160 obras de distintas épocas distribuidas en 3000 m2–, otra que repasó sus orígenes en el Museo Nacional de Bellas Artes; una instalación realizada especialmente para ser exhibida en el Centro de Experimentación del Teatro Colón y una espectacular intervención lumínica sobre el Obelisco acompañada por música, durante la Noche de los Museos. En el verano de 2023 volvió a demostrar su gran energía al compartir muestras con dos colegas argentinos: Guillermo Kuitca, en Punta del Este, y Pablo Reinoso, en París. Nota aquí.



Tute

 


sábado, mayo 30, 2026

Guille Galván

 

Andrea Mazas

 


Juanlu Mora

 


Juan y Medio

 

Eduardo Sacheri


 

Ramón Serrano

 DON ANTONIO

Golpe a golpe
verso a verso
se hace camino al andar.
A.M




Alejandro Astola & Antoñito Molina

 

Dani Flaco

 


Rosa Montero

 Deleitarse odiando

Cuando el miedo arrecia, la gente experimenta una patológica necesidad de encontrar culpables

Una querida amiga argentina que vive en nuestro país me llamó angustiada hace algunos días porque había escuchado alguna entrevista radiofónica y ciertos comentarios de compañeros de trabajo en los que se estigmatizaba a los argentinos por el hantavirus. Yo no he percibido nada de esto, por lo menos hasta el momento en que escribo estas líneas, pero no dudo de la existencia de un puñado de bocazas mentecatos dispuestos a culpar de todo a los argentinos o al primero que se les ponga a tiro, porque el ser humano es así de necio y de rastrero. En fin, espero que, para cuando lean esto (repetiré la cansina cantinela de que redacto el artículo 15 días antes de su publicación), la crisis del nuevo virus haya remitido, pero, si no es así, no sólo estoy segura de que aumentará la fobia antiargentina, sino que, además, los españoles también pasaremos a formar parte de la primera línea del pim, pam, pum de los descerebrados. Porque ya saben que, transidos de congoja y de esperanza, intentamos decirnos que las situaciones graves sacan lo mejor de los humanos, y bueno, vale, acepto pulpo como animal de compañía, en parte es posible que sea así, pero por otro lado también emergen las mezquindades como imparables géiseres.

Y es que, cuando el miedo arrecia y la inseguridad te levanta los pies del suelo, cuando el peligro que te acecha es tan grande y difuso que no puedes ponerle cara ni saber cómo defenderte, la gente experimenta una patológica necesidad de encontrar culpables y de entregarse al desahogo de la furia, porque, por desgracia, como dice el gran neurocientífico Robert Sapolsky, el odio consuela tanto como el amor. Sólo que para amar hace falta tener cierta grandeza de ánimo y una empatía que no todos poseen, mientras que el odio es una emoción básica y bajuna al alcance de cualquier energúmeno.

Es una respuesta irracional tan automática que se ha repetido innumerables veces. Recordemos la inquina mundial con la que los pobres chinos fueron mirados (y a veces tratados) a causa de la covid, con el agravante de que nuestro etnocentrismo de blanquitos nos hace meter en el mismo saco a todas las personas de ojos rasgados, de manera que se detestó con igual ahínco a chinos y japoneses, a coreanos y filipinos, a birmanos y vietnamitas, a tirios y troyanos. En fin. Somos lamentables. También sucedió con ese famoso sambenito de la gripe española que nos atizaron cuando la terrible pandemia de 1918, que provocó la muerte de más de 50 millones de personas (según la OMS, con la covid sólo fallecieron 15 millones, aunque la población mundial era cuatro veces más grande que 100 años antes). Como es sabido, se supone que el paciente uno fue en Estados Unidos y que la enfermedad se propagó por Europa a través del puerto francés de Brest, que fue la entrada de las tropas estadounidenses para participar en la Primera Guerra Mundial. Como nuestro país no participaba en la contienda, pudo informar libremente de la gripe, y de ahí que se creara el persistente estigma.

Citaré un último caso, y además muy triste: la demonización de las comunidades japonesas en el extranjero durante la Segunda Guerra Mundial. Sucedió sobre todo en Estados Unidos, aunque también en Canadá y en otros lugares como Brasil, Argentina o Perú, que mandó a muchos de sus ciudadanos de origen japonés a los centros de internamiento norteamericanos. La mayoría eran nativos de sus respectivos países, aunque sus padres hubieran sido inmigrantes. Fue una verdadera salvajada, porque les confiscaron sus bienes y las condiciones en los campos de concentración eran muy duras. Pero, sobre todo, porque fueron aborrecidos. Y es que estoy convencida de que en esta medida influyó, claro está, el temor a tener enemigos en la retaguardia, pero fue tan radical y virulenta por ese deleite en el odio del que hablábamos antes y porque la furia irracional alivia mucho en los momentos de angustia. Maltratar a esos pobres conciudadanos consolaba en medio del desconsuelo de la guerra. Sí, así de miserables llegamos a ser, pero esto no es excusa, porque siempre hay una opción. Siempre puedes elegir entre revolcarte como un cerdo en lo peor que eres o sacar la cabeza de la mugre. Reflexionar e intentar entender mejor el mundo es trabajoso y no produce el mismo gustito facilón que el odio visceral, pero créanme, al final compensa. Nota aquí.



Santy Pérez

 


Nia

 


Pablo Sciuto

 Pablo nos cuenta por Facebook.

Con Pablo Guerrero me unió una amistad que duró más de 25 años y que el tiempo fue volviendo raíz. Cuando llegué a vivir a Madrid, me arropó con esa generosidad y calidez que solo tienen los verdaderos sabios. Compartimos escenarios, encuentros literarios, noches donde la palabra y la música eran el único territorio posible. Pablo fue para mí un pilar en el sentido más hondo del término, no el que sostiene desde la distancia, sino el que acompaña desde adentro, el que te ayuda a crecer sin necesidad de decirlo. Mi admiración por él y mi gratitud son de las que no caben en el elogio fácil. Por eso la mejor manera que encontré de honrar su memoria fue llevar al terreno musical algunos de sus poemas maravillosos, porque la música y poesía fueron sus lenguajes y creo que es la forma en que las palabras sigan viajando sin fronteras.



Fran Fernández

 


Julieta Venegas

 

Rodolfo Serrano

 


La Oreja de Van Gogh

 La Oreja de Van Gogh en Madrid: el triunfo de la fragilidad de Amaia Montero

La vocalista saca adelante un recital de alto voltaje anímico con un esfuerzo titánico desarrollado canción a canción.

Existe algo realmente emotivo en presenciar el compromiso con su propia fragilidad con el que afronta estos conciertos Amaia Montero. Después de los dos primeros recitales en Barakaldo de esta gira de regreso de La Oreja de Van Gogh tras su salida del grupo en 2007, Movistar Arena de Madrid vivió un nuevo capítulo de la batalla de la cantante por sentirse artista otra vez. No se encuentra en plenitud la vocalista, pero es precisamente esa valentía en exponerlo la que transforma los conciertos en un asunto de alto voltaje anímico que viene acompañado de una ola innegable de esperanza subyacente. El público lo entendió perfectamente anoche y se dejó la garganta para impulsar a la protagonista, ya fuera coreando absolutamente todas las canciones o alentándola con continuos: “Amaia, Amaia”. Y así, trastabillado, con parones anticlímax entre canciones, con algunos desajustes tonales, pero también con momentos de festiva intensidad, salió adelante un concierto extrañamente exitoso.

Cumplió el grupo donostiarra la primera de sus seis citas en el recinto madrileño. La capital será la ciudad que más recitales acoja de este periplo de 35 espectáculos titulado Tantas cosas que contar: la banda repite en la capital hoy viernes y el domingo, y luego se completa la media docena allá por septiembre para terminar el 30 de diciembre, en el final de la gira. A 15.000 personas por noche, hablamos de 90.000 entradas vendidas solo en Madrid. Ninguna broma este dato.

Salieron los cuatro músicos primero y comenzaron a interpretar una melodía que desembocaría en los nerviosos teclados de la introducción de 20 de enero. Ascendiendo desde el suelo (una metáfora de que dejaba atrás el infierno) apareció, llevada por un elevador, Amaia Montero. Y el escrutinio comenzó.

Su voz, esa que ha servido estos días para que indocumentados con una cuenta en X realicen todo tipo de memes, sonó en algunas fases deshilachada, pero no desafinó de forma escandalosa como se frotaban las manos los agoreros, inflexibles con ella, pero no tanto con otras voces gastadas dentro de un panorama musical que vive en el fervor de la nostalgia por retrotraerse a tiempos donde todos éramos jóvenes vitalistas con unas condiciones físicas indestructibles. El tiempo pasa, las voces cambian: no pasa nada si uno se sabe adaptar con arte a la nueva situación. Y Amaia está en ello. Nota aquí.





Víctor Claudín

 


Ismael Serrano

 

Luis Carrillo

 


Félix Maraña

 Historia de un hidalgo de figura triste

Un ingenioso fidalgo,
caballero de los de antes,
un tal Miguel de Cervantes,
inventó un tipo, un algo,
delgado como si galgo,
y le dio triste figura,
pretexto de la escritura
del ingenioso Quijote,
famélico, con bigote
y aquejado de locura.
Su escudero, regordete,
pequeño, terco y muy ancho,
responde al nombre de Sancho,
preocupado, algo zoquete,
y no comprende el sainete,
pues dice son disparate
los sueños de tanto vate,
que aparecen en las ventas,
como teme las afrentas
y algún malvado lo mate.
Sancho no asimila el cuento
de su señor don Quijote
y sufre aunque no se note,
pues con engolado acento,
en los molinos de viento
ve gigantes de armadura,
asunto que le tortura,
le da insomnio y paranoia,
y también algo de anoia,
una especie de locura.
El sueño es una impostura,
que debilita la mente,
embriaga tu subconsciente
e incomoda la sadura.
De por sí la vida es dura,
dice el caballero andante,
seguido por Rocinante,
otra invención de los sueños.
Tiene unos ojos pequeños
y porte también gigante.
Inclinado hacia adelante
vaga el señor don Quijote,
cavila sin que se note,
pero como hombre elegante
sigue en su lucha constante,
buscando amor verdadero.
Nada dice a su escudero,
pero sueña con la boda
donde brindará una oda,
recitada con esmero.
Dedico este mi escritorio
a mis amigos poetas,
a mis manías secretas,
escribir es sanatorio
que demarca el territorio
donde el escribano vive.
Duda y duda en lo que escribe
y dudando se deprime.
Y escribiendo se define,
gana el pan y sobrevive.
© Félix Maraña
[Dos amigos y poetas, Manuel López Azorin y Miguel Ángel Yusta, me dijeron rl pasafo año que yo podría escribir "El Ingenioso Hidalgo don Quijote de La Mancha" en décimas. Lo tomé como un reto e indiqué a ambos que eso no es mérito alguno de mi parte, pues mérito es el de Cervantes, quien escribió esa novela de novelas, ese monumento catedral de nuestra lengua. Así pues, voy a escribir el monumental libro en espinelas. Componiendo un promedio de diez por día, calculo que en un par de meses habré reescrito el gran libro, libro de libros, a mi manera.
Con que logre exprimir un diez por ciento del humor que la novela contiene, me daré por satisfecho. Ya he hablado hoy con los parientes de don Miguel y mo me pedirán nada por derechos de autor.
Humildemente, será un libro y ya estoy pensando en el artista que cree a partir de mi guión un cómic. Y pediré un prólogo a José Manuel Lucía Megías. Nos vamos a divertir].



Esther Zecco

 


El Roto

 


viernes, mayo 29, 2026

Rolo Sartorio

 

Feria del Libro de Madrid

 Feria del Libro de Madrid: casetas, fechas, horarios y firmas destacadas

El evento literario se celebra del 29 de mayo al 14 de junio

Autores, editores, libreros y lectores volverán a encontrarse a partir del viernes 29 de mayo hasta el 14 de junio en la 85 edición de la Feria del Libro de Madrid, que este año tendrá como eje temático el humor. Como ya es tradición, la reina Letizia inaugurará la feria, a las once de la mañana del viernes, y recorrerá varias casetas donde previsiblemente le harán algunas recomendaciones y le regalarán libros. Sin duda, el mundo editorial estrá concentrado durante estas dos semanas a lo largo del Paseo de Coches del Retiro.

Horario de las casetas

Este año habrá 366 casetas —una más que el año pasado—, de librerías (118), editoriales (220), distribuidoras (16) y organismos oficiales (16). Estarán abiertas de lunes a viernes desde las 10:30 a las 14:00 y de 17:00 a 21:00. Y los sábados y domingos el horario de mañana se prolonga hasta las 15 horas.

Firmas destacadas

La posibilidad para los lectores de conversar con sus autores favoritos y llevarse un ejemplar firmado sigue siendo uno de los principales atractivos de la feria. Hasta el momento hay previstas más de 6.600 convocatorias de firmas de 231 escritores españoles e internacionales.

En el primer fin de semana estarán las estadounidenses Siri Hustvedt y Kathryn Stockett —autora del superventas Criadas y señoras—, el dibujante escocés Tom Gauld, el búlgaro Gueorgui Gospodinov o la argentina Maitena, además de los españoles Julia Navarro, Javier Cercas, David Uclés, Lucía Solla Sobral, Sonsoles Ónega, Luis Landero, Marta Jiménez Serrano, Carolina Yuste o Paz Padilla, entre otros.

El sábado 30 de mayo a mediodía también coincidirán firmando varios políticos, como Mariano Rajoy, Nadia Calviño, Alberto Garzón y Miguel Ángel Revilla.

Y si el año pasado fue Nueva York el eje temático de la feria, este año sus responsables han elegido el humor. Tendrán especial protagonismo figuras como Jonathan Coe, uno de los principales representantes de la sátira británica contemporánea, David Safier, autor algunas de las novelas humorísticas más leídas de las últimas décadas o Maitena, referente del humor gráfico argentino. Pero también humoristas como Pantomima Full, Bob Pop, Eva Hache o Ignatius Farray. Nota aquí.



Homenaje a Pablo Guerrero

 


Alejandro Dolina

 

Luis Salinas

 “Los músicos estamos en el mundo para sentir y hacer sentir”

El músico pelea contra la crisis a su modo: guitarra en mano, prepara tres shows que incluyen una presentación en La Trastienda el día de su cumpleaños.

Mesita cerca de la ventana. Café con espuma. Teléfono en mano. Luis Salinas eligió el bar de enfrente de su casa para parlamentar de la música y la vida con Página/12. Poco le cuesta hacerlo, por cierto. Le gusta la expresión. Las palabras. Disfruta del desarrollo, como cuando toca. Sutilmente, elige por dónde empezar. Por algo que él mismo denomina “mezcla de sensaciones”. “Acabo de llegar de Francia, una experiencia hermosísima”, cuenta, y contrasta aquello con el paupérrimo panorama cultural que atraviesa la Argentina de hoy. “Está difícil acá, che, hay que pelearla todo el tiempo. Mi viejo me decía 'ustedes viven de lo que les sobra a la gente’. Y claro, porque cuando a la gente le sobra, va al teatro, va a escuchar música, etcétera. Pero cuando hay crisis como ahora, eso desaparece y hay que pelearla el doble”.

Justamente con esa pelea diaria tienen que ver los tres recitales que el eximio guitarrista nacido en Monte Grande y criado en Villa Diamante tiene previsto ofrecer en Buenos Aires, tras la experiencia en Francia, donde participó –entre otros encuentros- en el Jazz Festival Forbach. El primer show de la trifecta a guitarrera será este viernes 29 de mayo a las 21 en el Teatro Devoto (Lincoln 3815). El segundo, el viernes 5 de junio a las 20 en “La Moreno de Bernal”, biblioteca ubicada en Belgrano 450 de esa localidad. Y el tercero en La Trastienda, el miércoles 24 de junio, día en que Salinas cumple 69 años. Cumple y dignifica.

“Se trata de tocar con mi gente un poco de nuestra música. Estos conciertos son como un reencuentro con la Argentina. Yo luché mucho por la libertad artística, y eso es lo que se va a escuchar, más allá del repertorio que elija”, que mechará piezas de Hay que seguir, su más reciente disco, con otras de su frondoso acervo, junto a Javier Lozano, Juancho Farías Gómez y Alejandro Tula. “Una vez alguien me dijo `mirá que la música es un sonido que después le empezaron a poner nombres, como los colores’. Por eso, me llevo mejor con los que sienten la música que con las que los que la entienden. Y trato de tocar para esa gente, porque los músicos estamos en el mundo para sentir y hacer sentir. Si logramos eso, comunicar con la verdad, podemos dormir tranquilos”

¿Pasó eso en Francia? ¿Pudiste dormir tranquilo allá?

-Sí, porque fue una experiencia maravillosa desde lo guitarrístico. Junto con España, Francia es uno de los lugares más difíciles para tocar, porque todos son como émulos de Django Reinhardt ¿viste? Dejó un tremendo legado, el tipo. Vayas donde vayas aparecen pibes que se tocan todo. Es como era antiguamente con nosotros, que nos juntábamos en algún lado para guitarrear y se daban cosas mágicas.

-¿Qué elegiste tocar en ese territorio difícil, como decís? Vos manejás un repertorio ecléctico. Tenés tango, folklore, latin jazz, bossa, fusión… ¿elegís por dónde ir según el contexto?

-Exactamente. Una vez yo estaba haciendo una nota tratando de explicar mi libertad artística, y pasó Rubén Juárez por al lado me dijo “no expliques tanto, tocá“ (risas). Yo soy la consecuencia de todo eso que escuché y viví y después salió mi forma de tocar y de componer. También de ir a la esencia de cada música, porque yo tocaba el carnavalito de una manera antes de ir a Tilcara y de otra después. Lo mismo con el chamamé. Entonces, sí, volviendo a la pregunta, toco teniendo en cuenta el contexto.

Algo más dice Salinas sobre su reciente viaje al país galo. Que lo custodiaban dos tipos “como si fuera Mick Jagger” mientras caminaba por las calles es lo más gracioso. “Yo no necesito ninguna custodia, no estoy acostumbrado. Si alguien me viene a saludar, lo quiero saludar y ya está”, ríe. Luego vuelve la memoria hacia sus pagos y recala en el viejo y querido Oliverio, donde se hizo entre zapadas, amigos y copas. “Voy a contar una cosa de Oliverio que nunca conté. Fue cuando jugaron Argentina y Brasil por el mundial `90”, tira. “Luego de tocar durante toda la noche anterior nos fuimos a desayunar, después alguien sugirió hacer un asado el día del partido y, tras todo eso y sin dormir, volví a tocar en Oliverio ¡hasta la mañana del otro día! Tremendo”. Nota aquí.



Rafa Pons

 


Cruzando el Charco

 

Bodega Española

 Después de 33 años, este camarero gallego sigue atendiendo a su primer cliente en la misma bodega suiza: “Es el mejor que puedas desear”

Mario Villanueva lleva trabajando en la Bodega Española de Zúrich desde 1993, y se ha convertido en todo un icono del local.

En pleno corazón de su casco antiguo, el distrito de Niederdorf es visita obligada para cualquiera que pise la ciudad suiza de Zúrich. Es fácil perderse en el encanto de sus estrechas calles de piedra, llenas de establecimientos históricos y pintorescos, hasta que un local llama inevitablemente la atención, la Bodega Española. Un emblemático restaurante cuyo camarero más veterano llegó un día desde Galicia hace más de 30 años y ya es toda una institución en el barrio.

Fundada en 1874 por el catalán Pedro Gorgot con el nombre original de «Casa Gorgot», lo que empezó más como una tienda de vinos y comestibles españoles pasaría en la generación siguiente a convertirse en uno de los restaurantes más icónicos de la ciudad. A mediados del siglo pasado pasó a manos de la familia Winistörfer manteniendo la defensa de la tradición culinaria española, ligeramente adaptada al gusto helvético y extranjero, hasta que en 2023 asumió la dirección la familia Segmüller.

Un rasgo que ha procurado conservar esta taberna y restaurante es conservar el contacto con la propia cultura española a través de sus empleados, desde la cocina hasta la sala. Después de 33 años trabajando aquí como camarero, el gallego Mario Villanueva es toda una institución del local y de la propia ciudad vieja, infatigable conquistando tanto a los turistas que están de paso como a los vecinos del barrio y clientes más fieles que llevan años frecuentando la Bodega.

Villanueva, de 63 años, lleva sirviendo a los clientes de la Bodega Española desde 1993, y seguirá haciéndolo hasta su jubilación, en apenas dos años. Serán muchos los clientes que echarán en falta su diligencia atendiendo la sala del espacio de la taberna, de la pequeña terraza o del restaurante, en la histórica Sala Morisca. Entre ellos,  Herrn Christoph, el que fuera su primer cliente hace tres décadas y que sigue siendo uno de los parroquianos habituales, mezclándose entre los turistas de todas las nacionalidades.

Mario Villanueva es natural de Lalín (Pontevedra), pero apenas contaba con 18 años cuando se marchó a Suiza para trabajar en una panadería como ayudante de su tío. Poco después dejó los hornos para empezar a labrarse una carrera en la hostelería, pasando por varios restaurantes de la ciudad suiza hasta que, de la mano de unos compañeros, aterrizó en la Bodega a principios de los 90. Y desde entonces no se ha movido de allí.

Según asegura en un reportaje que le ha dedicado el diario suizo Tages Anzeiger, no ha faltado ni un solo día a su puesto de trabajo ni por enfermedad, y no necesita hacer deporte porque recorre “unos 30 kilómetros al día” mientras atiende a los clientes a lo largo de su jornada. Afirma mantener la misma ilusión por su trabajo que desde el primer día, y disfruta más el turno de tarde-noche cuando acude al local un público más joven, que suele crear una atmósfera más alegre y distendida, recordándole al ambiente de los bares de tapas y tabernas de España. Nota aquí.




Daniel Hare