Cuando Charly García dejó la adolescencia de Sui Generis y se puso progresivo con La máquina de hacer pájaros
Era 1976, plena dictadura militar en la Argentina, cuando Charly decidió cambiar de formato.
Fueron apenas dos discos, quince canciones, pero que dejaron una huella profunda.
Hablan los músicos de aquella banda, que tiene un correlato 2026 con un miembro original y el hijo de otro.
Charly García imaginó una maquinaria capaz de transmutar sonidos sintetizados en melodías complejas y líricas un día de 1976. Cincuenta años después de la publicación del álbum debut de La máquina de hacer pájaros, tres de los músicos de la agrupación, el guitarrista Gustavo Bazterrica, el tecladista Carlos Cutaia y el bajista y guitarrista José Luis Fernández, junto a Juanito Moro, hijo del baterista Oscar Moro, recuerdan y reflexionan sobre aquellos días de efervescencia creativa de un rock nacional que apenas había cumplido la década y que estaba en su momento más progresivo.
Charly García atravesaba un momento de incertidumbre profundo luego de la separación de Sui Generis, tras el mítico concierto en un Luna Park rebalsado. Ya en aquel show y en su tercer y último álbum, Pequeñas anécdotas sobre las instituciones, asomaban retazos del sonido que quería explorar y que las ataduras del folk rock del dúo no le permitían: el más tarde conocido como rock progresivo, un sonido sintetizado, lírico y más sofisticado, mejor interpretado por bandas como Genesis, Yes, King Crimson o Premiata Forneria Marconi.
Su inminente agrupación se escondía en su primer trabajo como productor de una banda que también canalizaba el sonido del momento: Crucis. Como se describe en la minuciosa investigación de Roque Di Pietro, Esta noche toca Charly, el músico de bigote (y en aquel momento, también barba) bicolor frecuentaba sus ensayos, para luego ensayar él mismo ahí.
Pero esa no fue la única semilla que aportó el grupo co-fundado por Gustavo Montesano, sino que Charly tentó a uno de sus exintegrantes para unirse a su siguiente proyecto, el cual ya contaba con un histórico del rock nacional, el baterista Oscar Moro, que había sido parte de Los gatos y Color humano.
“A Charly lo conocía de antes, en Mar del Plata, un verano que yo estaba con un grupito y él estaba con Sui Generis, que todavía no eran conocidos. Cuando se separaron, él me llamó, me dijo que quería armar una banda. Y yo me aluciné, estaba en cuarto año de secundaria”, cuenta José Luis Fernández en diálogo con Clarín.
Al principio compuesta como un trío, Charly, Fernández y Moro giraron por Córdoba en febrero de 1976. Luego, Charly convocó al guitarrista Gustavo Bazterrica, que por entonces tocaba con Raul Porchetto, tenía su propia banda, Celeste, y también había grabado junto a García en Porsuigieco. Lo llamó, y lo invitó a la sala de ensayo.
“Pasé a la vuelta de la Iglesia de Flores en la calle Yerbal y entré en una salita muy pequeña donde estaban Moro, José Luis y Charly zapando Boletos, pases y abonos. Yo enchufé la guitarra, me puse a tocar con ellos por unos 10 minutos, Charly paró y dijo: ‘Compro’. Eso significó mi ingreso a La máquina de hacer pájaros”, recuerda Bazterrica.
Con esa formación se presentaron en el café concert La Bola Loca, una especie de entrenamiento intensivo de dos meses con alrededor de seis presentaciones por cada fin de semana, en el que consolidaron una sinergia y un estilo. “Imagínate tocar 48 veces seguidas, los jueves una función, los viernes dos, los sábados dos y los domingos una, así durante dos meses. Y eso nos sirvió de ensayo”, cuenta José Luis Fernández. Nota aquí.



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