sábado, mayo 30, 2026

La Oreja de Van Gogh

 La Oreja de Van Gogh en Madrid: el triunfo de la fragilidad de Amaia Montero

La vocalista saca adelante un recital de alto voltaje anímico con un esfuerzo titánico desarrollado canción a canción.

Existe algo realmente emotivo en presenciar el compromiso con su propia fragilidad con el que afronta estos conciertos Amaia Montero. Después de los dos primeros recitales en Barakaldo de esta gira de regreso de La Oreja de Van Gogh tras su salida del grupo en 2007, Movistar Arena de Madrid vivió un nuevo capítulo de la batalla de la cantante por sentirse artista otra vez. No se encuentra en plenitud la vocalista, pero es precisamente esa valentía en exponerlo la que transforma los conciertos en un asunto de alto voltaje anímico que viene acompañado de una ola innegable de esperanza subyacente. El público lo entendió perfectamente anoche y se dejó la garganta para impulsar a la protagonista, ya fuera coreando absolutamente todas las canciones o alentándola con continuos: “Amaia, Amaia”. Y así, trastabillado, con parones anticlímax entre canciones, con algunos desajustes tonales, pero también con momentos de festiva intensidad, salió adelante un concierto extrañamente exitoso.

Cumplió el grupo donostiarra la primera de sus seis citas en el recinto madrileño. La capital será la ciudad que más recitales acoja de este periplo de 35 espectáculos titulado Tantas cosas que contar: la banda repite en la capital hoy viernes y el domingo, y luego se completa la media docena allá por septiembre para terminar el 30 de diciembre, en el final de la gira. A 15.000 personas por noche, hablamos de 90.000 entradas vendidas solo en Madrid. Ninguna broma este dato.

Salieron los cuatro músicos primero y comenzaron a interpretar una melodía que desembocaría en los nerviosos teclados de la introducción de 20 de enero. Ascendiendo desde el suelo (una metáfora de que dejaba atrás el infierno) apareció, llevada por un elevador, Amaia Montero. Y el escrutinio comenzó.

Su voz, esa que ha servido estos días para que indocumentados con una cuenta en X realicen todo tipo de memes, sonó en algunas fases deshilachada, pero no desafinó de forma escandalosa como se frotaban las manos los agoreros, inflexibles con ella, pero no tanto con otras voces gastadas dentro de un panorama musical que vive en el fervor de la nostalgia por retrotraerse a tiempos donde todos éramos jóvenes vitalistas con unas condiciones físicas indestructibles. El tiempo pasa, las voces cambian: no pasa nada si uno se sabe adaptar con arte a la nueva situación. Y Amaia está en ello. Nota aquí.





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