domingo, mayo 31, 2026

Natalia Lafourcade

 Natalia Lafourcade en el Gran Rex: celebrar la canción

La excusa era presentar su reciente disco “Cancionera”, pero la cantautora de Veracruz fue más allá con un espectáculo que apuntó a la sensibilidad profunda de las melodías.

Natalia Lafourcade siempre parte desde la raíz. Desde la esencia, lo primordial, lo primigenio. Con sutileza y profundidad, la cantante y compositora mexicana presentó en Buenos Aires su espectáculo Cancionera con dos funciones agotadas -viernes y sábado- en el Gran Rex. Como si se tratara de una obra teatral, el concierto fue transitando por diferentes momentos en la vida del personaje central: la cancionera. Durante dos horas, la artista abordó con su canto tópicos fundamentales como el nacimiento y la muerte, el amor y sus desencuentros, las dichas y los dolores.

“Los invitamos a estar profundamente presentes. Entramos en un tiempo en donde todo se transformará: el universo de la canción”, anunciaba minutos antes del comienzo del show una voz que se presentaba como Radio Cancionera y proponía apagar las pantallas y conectar con lo que sucedería en el escenario. Con una puesta escénica mínima -una mesa, un maletín, un velador, algunos adornos- y una luz tenue que iluminaba a la artista, Lafourcade salió a escena y se sentó al piano. Sin saludos protocolares y vestida con un traje negro y blanco pintado a mano, la cantautora se dispuso a interpretar tres canciones al hilo, todas hilvanadas entre sí: “Vine solita”, “Muerte” y “Pajarito colibrí”.

De fondo se escuchaban el sonido de los pájaros y el susurro de un ambiente rural. Como en un concierto de música clásica, el público tuvo que esperar hasta que la artista hiciera una pausa para aplaudir. Hace tiempo que la mexicana se encuentra en una cruzada no solo para rescatar las raíces de la música folklórica latinoamericana, sino también para conectar con el silencio, la esencia y los misterios de la canción. “Todo va a estar bien, pajarito colibrí/ Ya no tengas miedo de vivir/ Todo va a estar bien, pajarito colibrí/ Tú llegaste al mundo para ser feliz”, cantó con profundidad.

Entonces sí, dio lugar a los aplausos, saludó al público y anticipó lo que iba a pasar. Dijo, por ejemplo, que las canciones fueron brotando de la madera de la guitarra. “En medio jardín ha crecido la música de flor en flor”, confesó frente a 3200 personas. “Estoy aquí para celebrar el camino de la canción. La canción que es una compañera, una cómplice, una amiga. La idea es volver al origen y desnudar la canción. En este concierto podemos desahogarnos; podemos cantarle al amor, al desamor y a lo que pesa y duele. ¡Benditos sean los cancioneros y cancioneras qué me han inspirado! Sé que ustedes son amantes de la música sentida!”, presentó. “Estoy ansiosa y feliz de estar acá parada en el escenario después de tanto tiempo. ¡Vivan todas nuestras banderas latinoamericanas!”, agradeció, con una cámara de mano filmando al público.

Si bien el último disco se titula Cancionera (2025) y también así se denomina la gira que la trajo a Buenos Aires, lo cierto es que se trata más de una búsqueda conceptual que de una presentación de disco. En el espectáculo apenas suenan cuatro canciones del último álbum y es más bien una excusa para brindar un homenaje a la canción a través de un recorrido por las obras más representativas de su trayectoria, como “Nunca es suficiente”, “Lo que construimos”, “Tú si sabes quererme”, “Mi tierra veracruzana” y el ya clásico latinoamericano “Hasta la raíz”.

Luego, en clave guitarrera, se movió hacia otro sector del escenario y al lado de una especie de muñeca roja -un alter ego, quizás-, tocó la yupanquiana “Cancionera” y “Mascaritas de cristal”, dos canciones que reflexionan con espíritu crítico sobre la industria musical y el oficio del cantor. “Cancionera, canta, canta, canta libre al viento/ Cancionera, canta siempre, siempre tu verdad”, entonó y alertó sobre “las delicias de la fama”. Con el bandoneonista argentino Gabriel Merlino, Lafourcade ofreció una versión con arreglos tangueros del tema “De todas las flores” y levantó el pulso del concierto con “María la curandera” y “Soledad y el mar”, con una botella de mezcal en la mano. “Que se vuelvan polvo todos los dolores/ Que los queme el fuego y vengan nuevas flores”, cantó como en un exorcismo.

En un clima de intimidad, entregó una versión lenta y acústica de “El lugar correcto”. Entonces, se permitió nuevamente dialogar con el público y agradecer la calidez y el cariño de siempre. “Me gusta ser una mexicana”, deslizó, orgullosa de su identidad, y recibió de regalo una bandera de Argentina, que acomodó con suavidad sobre sus piernas para seguir cantando. “Quiero mucho a esta tierra. He venido desde muchos años atrás y tengo amistades, experiencias y memorias. Vine desde niña y no entendía un carajo sobre ser cancionera y sobre la industria musical. ¿Qué es la industria musical? Esta canción habla sobre caminar bonito, la compuse en un viaje que hice a Perú. Ahí aprendí a caminar con piedras en el camino. Es una canción de amor y de complicidad a los lugares donde uno quiere volver y Argentina es como mi casa, por eso se las quiero dedicar”, dijo antes de “Caminar bonito”.

Luego de un bloque dedicado al amor y sus desventuras -“el inframundo”, dijo-, que incluyó clásicos de su repertorio como “Cómo quisiera quererte”, “Nunca es suficiente”, “Lo que construimos”, “Para qué sufrir”, “Mi manera de querer” y “Tú si sabes quererme”, llegó el turno de una de sus canciones más sociales y políticas, “Derecho de nacimiento”. “Voy a crear un canto para poder exigir/ Que no le quiten a los pobres lo que tanto les costó construir/ Para que el oro robado no aplaste nuestro porvenir/ Y a los que tienen de sobra nos les cueste tanto repartir”, cantó sin vueltas mientras golpeaba con fuerza su guitarra. Mientras bajaban de las plateas algunos gritos de “Fuera Milei”, Lafourcade remató desde el escenario: “¡Viva el amor, viva la paz!”. Nota aquí.



0 comentarios: