A los 97 años murió Julio Le Parc, el maestro de la luz, el color, la interacción y el movimiento
Pionero del arte óptico y cinético, uno de los artistas argentinos más reconocidos en el mundo falleció en París, donde se radicó en 1958; siempre optimista, proponía rebelarse contra el orden establecido.
“Optimismo siempre”, decía la frase con la que concluía el video que difundió en plena cuarentena, en 2020. La filmación mostraba a Julio Le Parc trabajando, limpiando y cocinando en su casa-estudio de Cachan, en las afueras de París. La misma donde vivió desde 1958 hasta su muerte ocurrida hoy, a los 97 años, como consecuencia de un progresivo deterioro de su salud que lo obligó en los últimos años a resignar sus viajes por el mundo. El próximo 11 de junio iba a inaugurar una gran retrospectiva en la Tate de Londres.
“Luchó hasta el final, estaba muy ilusionado con esa muestra, que va a abrir para invitados el lunes 8, y quería ir” confirmó a LA NACION su Yamil Le Parc desde un tren que lo llevaba de Londres, donde estaba organizando el montaje, a París, donde su padre estaba internado desde hace dos días en el Hospital Americano. “Murió hace dos horas, de viejo. Hacía un mes que no podía comer. Habrá velorio, pero todavía no sabemos cuándo”.
“No soy fotógrafo ni artista. Solo un experimentador”, había dicho a LA NACION el artista mendocino en noviembre, cuando participó de la feria París Photo. Hacía tiempo que ya no podía viajar a Buenos Aires, la ciudad donde se formó y a la que solía volver con frecuencia. En diciembre de 2024 agradeció desde Francia con un video el Gran Premio a la Trayectoria otorgado por el Fondo Nacional de las Artes. Lo mismo había hecho en abril de ese año, cuando sorprendió además con una videollamada a unos trescientos invitados especiales que lo escuchaban en la nueva terminal de partidas del aeropuerto internacional de Ezeiza. “Espero que este sol sea de todos ustedes”, dijo entonces al inaugurar su obra Sol, una esfera de acero dorado de diez metros de diámetro y el móvil más grande que hizo en más de seis décadas de carrera.
Otra esfera similar, de color rojo, puede verse en un espacio cultural lleva su nombre en Mendoza, provincia donde nació el 23 de septiembre de 1928. En 2016 donó la azul que se exhibe en la planta baja del actual Palacio Libertad, dos años después de que una amarilla brillara sobre el hall del Malba en la muestra que le dedicó el museo a sus experiencias realizadas con luz y movimiento. Dos más se exhibieron en Madrid en marzo de 2025, cuando la galería Albarrán Bourdais le dedicó una exposición y lo representó en la feria ARCO, poco después de que lanzara su museo de arte virtual.
Apenas algunas huellas del enorme y polifacético legado que deja este maestro del arte óptico y cinético, uno de los artistas argentinos más reconocidos a nivel internacional, distinguido en 1966 con el Gran Premio Internacional de Pintura de la XXXIII Bienal de Venecia. Así quedó demostrado en 2019, cuando se impulsó en Buenos Aires un múltiple homenaje para celebrar sus 90 años.
Este último abarcó una monumental muestra en el ex-CCK –la más grande que haya hecho, con más de 160 obras de distintas épocas distribuidas en 3000 m2–, otra que repasó sus orígenes en el Museo Nacional de Bellas Artes; una instalación realizada especialmente para ser exhibida en el Centro de Experimentación del Teatro Colón y una espectacular intervención lumínica sobre el Obelisco acompañada por música, durante la Noche de los Museos. En el verano de 2023 volvió a demostrar su gran energía al compartir muestras con dos colegas argentinos: Guillermo Kuitca, en Punta del Este, y Pablo Reinoso, en París. Nota aquí.

0 comentarios:
Publicar un comentario