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Escuché por primera vez estas notas hace meses. Íbamos en el coche, de camino al cine desde el periódico. Y me emocioné. Esta semana, en el estreno de 'Golpe a golpe', me volví a emocionar. A pesar de haberla escuchado unas ¿cien veces?
En la obra, Juan Ramón Jiménez le dice a Antonio Machado que a él le interesa escribir sobre las pequeñas cosas. Y antes de desaparecer, cuando empieza a sonar el piano, le enseña las primeras palabras de algo que anda escribiendo: "Platero es pequeño, peludo, suave...".
Quizás, de eso vaya todo. De las pequeñas cosas. Al menos, es lo que intento transmitir cada día en la radio. Y lo que intento aplicar, no siempre con éxito, a mi vida cotidiana.
Hace unas semanas, a las doce en punto de la noche, en la fiesta postestreno de una película, empezó a sonar la alarma del móvil de un actriz veteranísima con la que estaba hablando. “Uy, es la hora de los agradecimientos", me dijo. Mi cara le debió sorprender. "Es un ritual que hago desde hace muchos años. Agradecer lo bueno que me pasa todos los días a esta hora”, aclaró.
Lejos de parecerme una extravagancia, su rutina me convenció. Quizás porque el ritmo de nuestras vidas nos impide muchas veces ver las cosas con perspectiva. Quizás porque el estrés, las obligaciones o los miedos nos convierten en peores personas de lo que realmente somos.
Me convenció porque quizá pararnos una vez al día, al irnos a la cama, a mirarnos por dentro y a agradecer lo bueno que nos ha pasado las últimas 24 horas sea un antídoto contra el mal rollo. Una medicina interesante.
Porque, aunque aparentemente no tengamos motivos importantes para hacerlo, es gratis y nunca está de más. Yo, por ejemplo, esta noche daré las gracias por estar sana, por tener una familia que me quiere, por dedicarme a un trabajo que me apasiona y por todas aquellas pequeñas cosas que me hacen feliz cada día. ¿Y vosotros? ¿Qué es lo que vais a agradecer cuando acabe el día?.

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