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viernes, septiembre 04, 2026

Jorge Valdano

 Messi, el rey que abdica

Leo nos enseñó, en cámara lenta, cómo es la esencia del fútbol. Caminando. Vagando por la cancha como si le perteneciera manejando los tiempos como un reloj y la pelota como un objeto sagrado.

Leo Messi le dice adiós a la Selección Argentina. “Me voy vacío”, dice su nota de despedida. “Nos deja llenos”, digo en representación de todos los que amamos el fútbol. Se despide de la camiseta más sufriente, querida y gloriosa para él. Deja el refugio preferido para mí, el lugar en el que podía disfrutarlo sin culpa. Como madridista fue un amor incómodo. Pero fue imposible no admirar su talento descomunal. Imposible, para mí, no sentirme orgulloso por delegación y por pura argentinidad. Imposible no quererlo.

Talento que asombró desde el primer día, pero que se hizo mayúsculo al final, cuando nos enseñó, en cámara lenta, cómo es la esencia del fútbol. Caminando. Vagando por la cancha como si le perteneciera, manejando los tiempos como un reloj y la pelota como un objeto sagrado.

En este último Mundial encontré un símil que creo que le hacía justicia. Un mago argentino, René Lavand, manco y virtuoso con las cartas, hacía un truco con una sola mano y decía: “No se puede hacer más lento”. Pero entonces, volvía a repetir el truco una y otra vez solo que, efectivamente, más lento en cada ocasión.

También Messi, en cada Mundial, desarrollaba su arte con más lentitud y no había manera de descubrirle el truco. En un fútbol cada vez más físico, más táctico, más sobreanalizado, nadie fue capaz de desactivar su precisión de cirujano.

Prescindía del adorno en beneficio de la concreción. No sobreactuaba. La suya no era una belleza artística, sino práctica. La belleza eficaz que exige el fútbol actual. Llevo 20 años haciendo lo mismo: cada vez que termina una jugada, me digo: “Así se juega”.

Como el fútbol no es cualquier cosa y Messi fue la expresión máxima de este juego durante casi todo el siglo XXI, estamos obligados a hacernos una pregunta: ¿Cómo se despide a un rey que abdica? Un rey por elección popular. Retirar la camiseta, recordar sus demenciales estadísticas, ver en bucle sus principales gestas. Todo me parece poco para un jugador que durante más de 20 años formó parte del paisaje social de nuestras vidas, elevando el fútbol pero, sobre todo, impactando en nuestras emociones. Cada uno a su manera disfrutó o sufrió a Messi y hoy, haciendo recuento, pasando la criba una y otra vez, queda lo único que importa: lo feliz que nos hizo.

No habrá mejor homenaje que recordar su trayectoria en la selección, no exenta de amarguras. Hasta el punto de que hace exactamente 10 años, se retiró aceptando que no había nacido para ganar nada relevante con Argentina. No lograba ser campeón y los subcampeonatos, uno en un Mundial, dos en Copa América, lo responsabilizaban sobre todo a él. Hasta arrastró la acusación de “pecho frío”. Dar vuelta esa carga da muestra de sus dos amores: el que siente por Argentina y el que siente por el fútbol. Volvió, se le calentó el pecho y ganó dos Copas América y un Mundial. Saldó sus deudas una por una, aunque a mí, sinceramente, nunca me debió nada. Pero tan en serio se lo tomó que, si competía con Diego (una especie de Jesucristo futbolístico para la religión argentina), terminó honrando también esa competencia ganándole a Inglaterra en la última curva y a toda épica.

Se va con justa gloria. Se lleva consigo una época y nos quedará la sensación de haber visto algo irrepetible. A alguien que convirtió lo extraordinario en rutina. Quizás sea el momento de entender la dimensión de ese privilegio. El fútbol seguirá, como siempre sigue. Argentina encontrará otro diez y nosotros otros ídolos. Mientras tanto, Leo mirará sentado en la mesa de los que caben en los dedos de una mano y cada vez que lo nombren, yo pensaré: “Así se jugaba”. Nota aquí.



lunes, agosto 31, 2026

Lionel Messi

 Lionel Messi anunció su retiro de la selección argentina

Ganó un Mundial y jugó la final de otros dos. Además, levantó dos veces la Copa América, ganó los Juegos Olímpicos de 2008 y el Mundial sub 20 de 2005. Se termina una era para el fútbol argentino

Lionel Andrés Messi anunció su retiro de la Selección argentina de fútbol. El astro, que ganó el Mundial de 2022 en Qatar y disputó las finales de 2014 y 2026, informó que tomó la decisión el 21 de julio pasado, luego de la derrota ante España en la final, y días antes de la muerte de su papá. Además de la carta que publicó, subió un emotivo video para marcar su despedida. La noticia generó una gran repercusión y sus compañeros lo despidieron con mensajes emocionantes.

“Fue una decisión que dolió y duele en el alma pero entiendo que es el momento. Les juro que siempre dejé todo, no solo los últimos años que se ganó todo antes también y siempre peleé y me dejé todo por esta camiseta, por darles alegrías y hacer que se sientan orgullosos de ser argentinos a través del fútbol”, aseguró el astro rosarino.

El capitán, ganador también de las Copa América 2019 y 2024, aseguró: “Queda poco y se van cerrando etapas y esta es una que me duele mucho. Amo, amé y amaré siempre estar en la Selección. Me vacié, ya no tengo más para dar y aparte vienen chicos muy grandes atrás que merecen estar”.

“Gracias por todo el cariño de estos 20 años. Voy a extrañar mucho escucharlos desde adentro. Ahora voy a ser uno más de ustedes, alentando y bancando siempre desde afuera (en las buenas y en las malas, mucho más)”, agregó.

Messi, que el fin de semana volvió a reivindicar su vigencia al marcar cuatro goles para su equipo Inter de Miami en la MLS, sintetizó: “Gracias a mi familia por estar siempre, por acompañarme en este viaje tan hermoso pero difícil. Gracias a cada uno de entrenadores, compañeros y dirigentes que me tocó compartir. Me llevo recuerdos y momentos inolvidables vividos

“Me voy con la tranquilidad y el orgullo de haberles regalado, junto con mis compañeros, momentos soñados. Fue una locura haberlo vivido con ustedes. ¡Los quiero! Gracias Dios por hacerme argentino. ¡Vamos Argentina!“, cerró. Nota aquí.






domingo, agosto 23, 2026

Xoel López

 Estribillos como goles por la escuadra: el fútbol español renueva sus himnos

‘Voa’, la canción que Xoel López ha grabado para el Dépor, se suma a las aportaciones de C. Tangana, Sabina o El Arrebato para corear en los estadios. La acogida de esta nueva generación de melodías es hasta ahora desigual.

“Vuela, vuela contra el viento, Dépor. Y nosotros, a tu lado”. Así, con este mensaje directo, enfático y de hermanamiento colectivo, solo que en perfecto gallego (“Voa contra o vento, Dépor, e nós ao teu carón”), el Deportivo de A Coruña se propone encarar su regreso a la División de Honor después de ocho inacabables temporadas penando por categorías inferiores. El equipo gallego ha encargado la melodía que debe hermanar a la afición y acompañar las internadas en el área contraria del delantero Aubameyang al músico probablemente más célebre de la ciudad, Xoel López, deportivista confeso. La canción añade al estilo inconfundible del coruñés una vocación de aliento a una sola voz que la emparenta con You’ll Never Walk Alone, el temazo de Gerry & The Pacemakers que en 1963 las gradas de Anfield adoptaron espontáneamente como el himno para el Liverpool. ¿Sucederá algo así en Riazor? De momento, Voa se ha recibido con división de opiniones, como todo lo que tiene que ver con los asuntos de elevado voltaje emocional. Pero su mera existencia apuntala esa tímida tendencia por parte de algunos equipos con pedigrí (Celta de Vigo, Atlético de Madrid, Real Madrid) por actualizar la música que enardece a sus seguidores en el estadio local.

López (49 años), que de joven jugó al fútbol sin llegar a despuntar en esa faceta, nunca ha ocultado su filiación deportivista, inquebrantable incluso en los momentos menos propicios de la historia de un club más acostumbrado a las largas travesías del desierto que a los fogonazos de gloria. Por eso no pudo rechazar la oferta del equipo de sus amores, pese a llegar en un momento particularmente inoportuno. “Cuando me lo propusieron”, revela, “me llegó en pleno lanzamiento y promoción del nuevo disco [Oniria popular, abril de 2026] y en la preparación de su correspondiente gira. Es decir, estaba hasta arriba y mi primera reacción fue: ‘¡Mierda, qué marrón, qué mal momento!’. Pero no podía decir que no. Me hacía una ilusión enorme”.

Aquella misma noche, Xoel se sentó frente al papel y garabateó de un tirón “el 90%” de la letra definitiva. “Hice lo que me salió en ese instante, ¡ras! El resto fueron solo retoques”, recuerda. Con 201 canciones registradas hasta entonces en la SGAE, no le faltaba oficio, pero admite que un tema de encargo implica “una responsabilidad distinta a la que asumes habitualmente”. Y abunda: “Cuando compongo mis canciones, pienso que representan un sentimiento, lo que me emociona en un momento particular. Completas un disco y asumes que sus 10 o 12 cortes no gustarán por igual, que alguno se convertirá en la canción rarita. Pero aquí no hay margen. Voa tiene que gustar. Con un himno te lo juegas todo a una carta”.

Y Voa reúne, en efecto, no pocas características propicias para conjugar la calidad musical —que nadie hasta ahora le ha discutido— con esos elementos de fervor, pasión e identidad balompédica y geográfica que se le supone a una obra de estas características. Por lo pronto, comienza con el propio estribillo, la parte más cantabile de la melodía, para que el aficionado se sume a la causa desde el primer segundo. Aporta redoble de tambores, banda de gaitas, revestimiento sinfónico y eufóricos coros infantiles, en un despliegue de efectivos muy infrecuente para una misma canción de pop. Y, lo más inesperado y sorprendente de todo, un poco después del segundo minuto introduce un interludio folclórico de 30 segundos con forma de xota tradicional y abundantes aturuxos, esos gritos agudos femeninos tan característicos de la música gallega. Nota aquí.






sábado, agosto 08, 2026

Jorge Messi

 Murió Jorge Messi, el papá de Lionel Messi

El deceso ocurrió ayer, a las 22. Estaba internado en una clínica de la ciudad de Rosario, Argentina

Jorge Messi, el padre de Lionel Andrés Messi, murió anoche, a las 22, en un sanatorio de la ciudad de Rosario, en Argentina, según supo Infobae. El empresario y representante del futbolista y capitán de la selección argentina de fútbol tenía 68 años y atravesaba una larga enfermedad.

Marido de Celia Cuccittini, padre de Lionel, Rodrigo, Matías y María Sol, Jorge fue el pilar para la estelar carrera futbolística de su hijo. Fue el líder de familia que se convirtió en guía y se encargó de comandar todas sus obligaciones fuera del campo de juego. Fue el que peleó por conseguir el tratamiento necesario para Leo cuando era apenas un juvenil de Newell’s y el que se quedó con él en Barcelona cuando iniciaron la aventura de probar suerte en Europa, mientras su madre organizaba la otra parte familiar en Rosario.

Su figura era omnipresente alrededor del crack. Estaba custodiando sus espaldas siempre en silencio. Su voz casi no se conoció. Apenas brindó unas pocas entrevistas a lo largo de los años (con El Gráfico, Kicker de Alemania o en el Informe Robinson de España, por ejemplo) y aportó su testimonio para algunos libros que contaron la vida de su hijo. Pero se refugió en el silencio. Su cuenta de Instagram tenía publicaciones esporádicas destacando los logros de Lionel, pero también celebrando con cada uno de sus hijos, nietos o sobrinos.

Era habitual verlo entrar con el grupo familiar a los Mundiales y es por eso que llamó la atención la ausencia de imágenes de los Messi en Estados Unidos durante la Copa del Mundo, más allá de la presencia de Antonella con sus hijos, Ciro, Mateo y Thiago. Nota aquí.






viernes, agosto 07, 2026

George Best

 “Gasté mucho dinero en alcohol, mujeres y autos; el resto lo despilfarré”: la frenética historia de uno de los futbolistas más icónicos

George Best brilló por talento y carisma en el Manchester United, pero su estrella se apagó rápido por los excesos. Murió a los 59 años.

“Gasté mucho dinero en alcohol, mujeres y autos veloces. El resto lo despilfarré”

George Best nació con el talento suficiente para ser el mejor futbolista del mundo y con la personalidad necesaria para destruirlo todo. El extremo norirlandés del Manchester United, que a los 22 años ganó la Copa de Europa y el Balón de Oro, murió a los 59 en una cama de hospital en Londres, con el hígado destrozado y el cuerpo reducido a poco más de 40 kilogramos. Antes de morir, permitió que lo fotografiaran en ese estado. Quería que la imagen circulara. Sus últimas palabras fueron: “No mueran como yo”.

Esa frase condensa una vida que fue, al mismo tiempo, una obra maestra y una catástrofe anunciada. “Nací con un gran don y eso viene a veces con una racha destructiva”, solía decir Best. Pocos hombres en la historia del deporte encarnaron esa contradicción con tanta intensidad.

El niño de Belfast que un ojeador llamó “genio”

George Best nació el 22 de mayo de 1946 en Belfast, en el barrio de Cregagh, al este de la ciudad. Sus padres lo inscribieron cinco días después del parto con el nombre de Ronald Samuel, aunque nadie lo llamó así jamás. Desde pequeño, todos decían lo mismo de él: era “un niño bonito con un juego bonito”. De físico esmirriado, tenía una habilidad poco común para pasar a los defensores como si no existieran, tanto desde la posición de mediapunta como de extremo derecho.

Creció en una familia de seis hermanos y sus primeros pasos en el fútbol los dio en el Cregagh Rangers Boys Club. Era buen estudiante y obtuvo una beca para el Grosvenor Grammar School, pero el plan de estudios solo contemplaba rugby. La obsesión de Best era el fútbol. Empezó a faltar a clases y, por influencia de un amigo de la infancia llamado Dominic Campbell Harris, comenzó a frecuentar el ADN Lounge Club. Tenía menos de quince años y ya bebía.

Sus padres lo trasladaron al Lisnasharragh Secondary School, donde retomó el fútbol. Allí lo conocían como “Bazuka Best”, aunque el club local, el Glentoran, lo rechazó por su físico. La suerte cambió cuando un ojeador del Manchester United en Belfast, Bob Bishop, le envió un telegrama al legendario entrenador Matt Busby: “Creo que te he encontrado un genio”.

Best tenía 15 años. Para que pudiera integrarse a las divisiones inferiores del United, sus padres debieron firmar un permiso especial. La reglamentación impedía incorporar jugadores de Irlanda del Norte siendo menores de edad, así que el club le consiguió un trabajo como cadete en el Canal de Manchester. Eso le permitía, de manera formal, entrenar el resto del tiempo.

El debut, los nervios y el marcador que solo vio su espalda

El 14 de septiembre de 1963, Best debutó en Primera División con una victoria del Manchester United por 1-0 ante el West Bromwich Albion. Antes de anunciarle que sería titular, Busby lo dejó almorzar. “De lo contrario, creo que no habría probado un bocado”, recordó Best años después.

Su marcador ese día fue el galés Graham Williams, quien tuvo que soportar una tarde entera de gambetas sin poder darle la vuelta. Años más tarde, cuando ambos habían dejado el fútbol, se encontraron en un acto de beneficencia. Williams le dio un golpe suave en la espalda. Best giró y le preguntó qué era de su vida. La respuesta fue directa: el golpe era solo para verlo de frente, “porque en aquel partido sólo te conocí la espalda”. Los dos se rieron y se abrazaron.

Esa temporada terminó con seis goles en 26 partidos. El Manchester United fue segundo en la liga y llegó a semifinales de la Copa Inglesa, pero Best ganó la FA Cup juvenil, la primera que lograba el club desde el accidente aéreo de Múnich en 1958. Fue leído como una señal de resurgimiento.

“El Quinto Beatle” y la noche en Lisboa

La consagración definitiva llegó en 1966. Best tenía 19 años cuando convirtió dos goles al Benfica de Eusebio, Coluna y Simoes en el Estadio da Luz, por los cuartos de final de la Copa de Campeones de Europa. Los periodistas portugueses lo bautizaron esa noche como “El Quinto Beatle”: usaba el pelo más largo que cualquier otro jugador y su imagen encajaba con el fenómeno cultural que en ese momento dominaba la música desde la vecina Liverpool. Best era el Beatle de Manchester.

Integraba entonces un trío que los hinchas del Manchester United llamaban “La Santísima Trinidad”: él, Bobby Charlton y Dennis Law. Hoy hay una estatua de los tres en los alrededores de Old Trafford. En la temporada 1966/67 convirtió 10 goles en 45 partidos y el equipo ganó la liga. Fue también el primer partido transmitido por televisión en colores en la historia del fútbol inglés. Nota aquí.






jueves, agosto 06, 2026

Éric Cantona

 “Le tenía que haber dado más fuerte”: 

Éric Cantona, el futbolista que convirtió una patada a un racista en un evento social

El futbolista reconvertido en actor sigue en activo en la pantalla con un documental sobre su vida, una comedia como protagonista y la serie ‘El viajero’, que acaba de estrenar en Cosmo.

Se retiró del fútbol a los 31 años, así que, más que un futbolista que se dedica a la actuación, podríamos decir que Éric Cantona (Marsella, 60 años) es un actor que un día fue futbolista. Tras más de tres décadas de carrera actoral a sus espaldas no deja de sumar títulos: presentó tres trabajos en el último festival de Cannes —un documental sobre su figura (Cantona), una película (Las mañanas maravillosas) y un cortometraje (The Sentinel)— y acaba de estrenarse en Cosmo El viajero, una serie protagonizada por él. Dijo adiós a los estadios a una edad en la que un futbolista todavía está en plena forma, pero este francés nada convencional lo tuvo claro a pesar de las ofertas millonarias para continuar en activo. “Cuando me retiré, sentí que ya no podía mejorar más. Y al mismo tiempo perdí la pasión. La pasión viene con la motivación de mejorar. Si pierdes la pasión, pierdes la motivación”, sentenció.

Dejó tras de sí una carrera que incluye cuatro títulos de la Premier League con el Manchester United y una liga francesa con el Marsella. Pero su mayor legado futbolístico es su actitud, su figura inimitable, siempre con la espalda recta, alerta, con el pecho hinchado y los cuellos de la camiseta levantados, una aportación que The New York Times incluyó entre los treinta elementos más icónicos de la Premier League. “¿Cuál es la definición de arrogancia?”, se preguntaban. “¿Cómo se definiría la arrogancia en términos de objetos? ¿Un sombrero de copa? ¿Un abrigo de piel y una corona? Creemos que es un cuello levantado. Concretamente, el cuello levantado de Eric Cantona”.

Él no le da tanta importancia. “Me puse la camiseta. Hacía frío. El cuello se mantuvo levantado, así que lo dejé así. Ganamos, así que se convirtió en una costumbre jugar con el cuello levantado”. Siempre fue más que un futbolista un personaje. Un tipo que adora a Rimbaud y el fauvismo, un hombre solitario que prefiere una vida tranquila en el campo a los lujos que rodean a la mayoría de las estrellas del balón. “El dinero no ha cambiado mi vida”, declaró en la cima de su estrellato en Manchester, “y nunca la cambiará. Quizás les parezca extraño que piense que la felicidad no proviene de poder comprar el coche que uno desea o de tener dinero en una cuenta bancaria. No lo creo. Todo es cuestión de educación”.

Hablando de coches: tuvo un Rolls-Royce Corniche que donó en 2013 en beneficio de las personas sin hogar y tras ser tuneado por el grafitero JonONe alcanzó un precio de 113.000 euros. Son detalles que sorprenderán a quienes solo lo conozcan por un gesto que marcó su carrera hace tres décadas. Su legendaria patada voladora a un hincha del Crystal Palace en 1995 después de que le gritase: “¡Vete a tu país, hijo de puta francés!”. En ese momento Cantona se dirigía al túnel de vestuario tras haber sido expulsado y al escucharlo saltó sobre el espectador y le propinó una patada de kung-fu. Las imágenes dieron la vuelta al mundo. A pesar de las consecuencias –una suspensión de ocho meses, un cargo penal de agresión y 120 horas de servicio comunitario que cumplió entrenando a niños en las instalaciones del Manchester United–, nunca se arrepintió. “Le tenía que haber pateado más fuerte. Lo merecía. Lo hice y no lo lamento”, asegura en el documental sobre su figura presentado en mayo en el certamen francés.

Es el incidente más llamativo, pero no el único de una carrera trufada de expulsiones, incidentes verbales y peleas tanto con jugadores rivales como con sus propios entrenadores o con la prensa. Incluso contra el Comité Disciplinario Francés. Tras lanzar un balón al árbitro durante un partido de la liga fue suspendido durante un mes. Su respuesta fue llamar idiotas a todos los miembros del comité.

Aquella patada causó una controversia monumental en Inglaterra. Hubo quien pidió su deportación e incluso que se le prohibiese jugar al fútbol de por vida. Para quien no hubo debate fue para la afición del Manchester. Su vuelta al equipo fue un acontecimiento. En su retorno marcó de penalti y dio un pase de gol. Sus seguidores se volvieron locos; eran los mismos que no lo habían abandonado tras la suspensión y él, que en ese momento valoraba dejar el fútbol inglés, lo apreció. “Me gustó cuando estaba en el juzgado y los aficionados me apoyaban. Viajaron desde Manchester, a mitad de semana, hasta Croydon. Pude sentir ese apoyo y me ayudó mucho. El club también me apoyó. Así que me quedé”, reconoció. Adoraban al “Rey Éric”; no era el mejor jugador de la Premier, tenía un buen disparo, claridad de pase e iba bien de cabeza, pero no era un virtuoso. Lo que ofrecía era otra cosa: electrificaba a la afición, su energía hacía mejores a sus compañeros; cuando estaba en el campo, pasaban cosas. Era, como escribió en EL PAÍS Julio César Iglesias, “un tipo avinagrado capaz de maldecir como un demonio y de jugar como un ángel”. Nota aquí.









viernes, julio 31, 2026

Eduardo Sacheri

 “El deporte es una sublimación de la guerra”

duardo Sacheri (1967) se presenta con puntualidad sajona para la entrevista con LA NACION, en el barrio de San Telmo. Viene de Castelar, la ciudad en la que nació y en la que todavía vive, la ciudad de la infancia, del fútbol en la calle y los amigos del barrio; el lugar en el que viven su madre y sus hermanos; la ciudad en la que escribe ficciones, ensayos y guiones que maravillan al público y la crítica, y lo colocan en el podio de los narradores más leídos.

No se considera escritor por vocación, sino “por accidente”, por lo tanto, nunca imaginó este presente de reconocimiento, premios y libros traducidos a veinte idiomas. “En el fondo, yo escribo para mí. Entonces, no deja de maravillarme y al mismo tiempo de extrañarme que cosas que hago para mí puedan interesarles a otros”, dice Sacheri, como si ese hechizo pudiera romperse de un momento a otro. Probablemente, tampoco imaginó que tres de sus novelas, Papeles en el viento, La noche de la usina y La pregunta de sus ojos, iban a ser llevadas al cine y que una de ellas –El secreto de sus ojos, dirigida por Juan José Campanella y en la que Sacheri participó como guionista–, se iba a alzar con el premio Oscar a la mejor película extranjera en 2010.

Hace poco presentó Demasiado lejos, una de sus dos novelas sobre la Guerra de Malvinas, en la Feria del Libro de Madrid. La reivindicación de Malvinas, el partido de Argentina contra Inglaterra de 1986 con Maradona –“una reparación simbólica en una Argentina que también se estaba reparando”- y este último partido, con Messi, atravesarán inevitablemente esta conversación. “No lo viví como el partido del 86, con ese nivel de ansiedad y hasta, te diría, de angustia, pero tampoco lo viví como cualquiera de los otros partidos del Mundial (…). Me parece bien que la sociedad argentina recuerde a sus veteranos de guerra y a sus caídos y a sus familias. Y también me parece bien que tengamos una aproximación un poco más ‘reparada’. Hacer un duelo también es eso. Un duelo más o menos sano es que las cosas que te duelen te vayan doliendo de un modo diferente y que seas capaz de dejar atrás lo peor o lo más trágico del dolor. Entonces, en ese sentido, me parece que la vivencia de este partido fue muy fuerte, pero no exactamente a la del 86”.

Ahora, en la Argentina, acaba de publicar Los días de la Constitución 1852-1880 (Alfaguara), el tercer libro de una saga de divulgación histórica que comenzó con Los días de la Revolución. 1806-1820, Los días de la violencia. 1820-1852 y culminará con un cuarto texto, Los días del progreso 1880-1916. Estos ensayos pueden leerse, de algún modo, como una extensión o un complemento de las clases de historia que el escritor ya no dará, después de toda una vida dedicada a la docencia.

“Yo estoy de salida de la docencia, no solo por mi edad, sino porque siento que la filosofía del sistema educativo en la provincia de Buenos Aires va en una dirección en la que yo no creo. Un sistema educativo obsesionado por la retención ha perdido de vista todos los otros objetivos”, explica Sacheri, profesor de Historia con treinta años de docencia universitaria y secundaria. Le gustan el aula y el contacto personal con los alumnos, pero considera que se ha cumplido un ciclo y siente que no encaja.

Incondicional hincha de Independiente y apasionado por el fútbol –un amor que atraviesa radicalmente su vida y su obra– Sacheri compartió con su padre, que murió cuando él tenía 10 años, la devoción por el Rojo.

“Los goles de Maradona en el 86 fueron una reparación simbólica en una Argentina que también se estaba reparando”

Las infinitas formas del duelo y la conversación en ausencia con los seres amados que hemos perdido tendrán un espacio en la conversación. “El de mi papá fue mi duelo fundante, pero todos estamos habitados por un montón de duelos, pérdidas y despedidas que no solo tienen que ver con la muerte de nuestros seres queridos. A veces perdés gente a la que quisiste, pero no porque se muere, sino porque te peleás, porque te distanciás. Hay muchos duelos: sueños que uno tuvo y no los tiene más, y uno los extraña, pero ya no los sueña. O deseos que tuviste y ya no deseás. Eso también es un duelo”, reflexiona Sacheri.

Pocos días después de la final del Mundial de Fútbol en la que la Argentina se quedó con el segundo puesto, Sacheri comparte su estado de ánimo, atravesado por sensaciones contradictorias: la inevitable tristeza por la derrota final y, al mismo tiempo, la admiración conmovida y la gratitud eterna a la figura de Messi. “Me parece que no solo ha sido un artista como futbolista, sino que ha sido extremadamente humilde en su manera de trabajar. Siempre mostró no solo una belleza técnica descomunal para jugar, sino una unión emocional con sus compañeros, que también me pareció siempre muy destacable. Y lo que hizo en los últimos años con la Selección argentina fue ponerle un broche de oro a una carrera legendaria (…) Me genera asombro, respeto y gratitud”, dice Sacheri, en días en los que se ha montado y magnificado una campaña de odio a la Argentina, a su seleccionado y al propio Messi. “Han convertido a la Argentina en un villano, en un monstruo”.

–Hace poco presentaste en España Demasiado lejos, una de tus dos novelas sobre la Guerra de Malvinas. ¿Qué preguntas tienen los españoles sobre este tema?

–En general, fuera de la Argentina, antes de explicar la Guerra de Malvinas, hay que explicar Malvinas: Malvinas en tanto deseo, causa, reivindicación, sentimiento colectivo. Después uno inscribe la guerra, lo que pasó con la sociedad argentina durante la guerra y esa cosa incómoda de entusiasmo, apoyo, oxígeno y compromiso que le dio la sociedad a la dictadura en el momento casi final. En Hispanoamérica, siendo todos herederos del mismo imperio, con la misma lengua y la misma religión, el nacionalismo tiene más que ver con lo territorial, que es casi el único anclaje profundo de lo nacional. La cuestión territorial sí ha sido motivo de diligencia. Las guerras sudamericanas posindependentistas son territoriales: la Guerra del Pacífico, la Guerra del Chaco, la Guerra del Paraguay. Entonces, primero hay que explicar eso y después hablar de lo que es una guerra en sí misma, la sociedad vinculándose con una guerra, o los soldados viviendo una guerra. Eso les pasó a todos. Los españoles pueden asociarlo a la guerra civil y los colombianos, al tema de la guerrilla, pero todos vivieron guerras. Cada país tiene la suya.

–En las novelas, a diferencia de los libros de historia, el autor puede darse permisos para jugar. ¿Qué temas personales se ponen en juego en las ficciones?

–Vos usás una palabra que me parece clave que es “juego”. Y agregaría otra que asocio al juego que es “libertad”: la libertad del juego. Y agregaría otra dimensión más que es “lo subjetivo”, lo humano en tanto experiencia individual, los sentimientos y las emociones, a diferencia del enfoque de la Historia que, en principio, tiene mucho más que ver con lo colectivo, con lo estructural, con lo general, con las regularidades, no con la excepción. La novela permite contar las excepciones. En el fondo, las personas somos excepciones. Creo que la novela es el lugar para pensar en las excepciones que somos. Sin embargo, me gusta que el telón de fondo de las personas sea la historia real porque ni vos ni yo somos ajenos a la historia colectiva. Nuestras vidas tienen una parte que está completamente condicionada e influida por la historia colectiva, pero también tienen una parte íntima, personal y vincular. Nota aquí.





Franco Baresi

 Muere Franco Baresi, histórico capitán del Milan y leyenda del fútbol italiano

El mítico jugador, uno de los mejores defensas de la historia, ganó multitud de títulos en el club ‘rossonero’, así como el Mundial de España 82 con la Azzurra

Franco Baresi, leyenda del Milan y de la selección italiana, uno de los mejores defensas de la historia del fútbol mundial, ha muerto este viernes a los 66 años, según ha informado su club, por una enfermedad pulmonar. “La historia del Milan está en lágrimas por el fallecimiento de Franco Baresi. Su ejemplo y su profundidad serán, para siempre, al igual que la camiseta con el número 6, parte integrante y fundamental del ADN y del recorrido de todo el club”, anunció el club rossonero. Y añadió: “Las condolencias que el AC Milan expresa a toda la familia de Franco Baresi son las mismas que cada aficionado rossonero se hace a sí mismo en un momento tan difícil como este”.

Cualquier aficionado con algunos años recuerda su estampa poderosa, su rostro antiguo de gladiador, con la camiseta por fuera, su autoridad robando balones con una prodigiosa capacidad de anticipación y de lectura del juego, su omnipresencia en el área como líbero, término que en la imaginación infantil siempre tenía connotaciones épicas. Ya era un clásico siendo joven. Fue un pilar del histórico Milan de Sacchi y de Capello de los ochenta y noventa —línea de defensa mítica con Tassotti, Costacurta y Maldini—, y de la selección azzurra, hasta colgar las botas nada menos que en 1997, con 37 años. Era aparentemente indestructible, de hierro, y aún se recuerda que 25 días después de operarse del menisco jugó la final de Pasadena del Mundial del 1994 contra Brasil. Neutralizó nada menos que a Romario y Bebeto, pero luego falló el primer tiro en la tanda de penaltis y acabó entre lágrimas, otro episodio de la leyenda.

Baresi (Travagliato, 1960), de familia humilde de campesinos de la llanura padana de la comarca de Brescia, tuvo una infancia dura, pero feliz, y su lucha por salir adelante marcó luego su carácter tenaz e incansable como futbolista. Huérfano de madre a los 13 años y de padre a los 17, pegaba patadas al balón en el campo de fútbol de su parroquia y llamaba la atención, aunque era bajito (luego llegó a 1,76) y en las pruebas de los grandes clubes lo acababan desdeñando. Le llamaban el Piscinin, el pequeñín, en dialecto milanés. También era Franchino, dicho con todo el cariño del mundo, porque para los aficionados del Milan era como de la familia, era el capitano, el mito.

Baresi es uno de esos casos de simbiosis destinadas a ser eternas que a veces produce el fútbol entre un jugador y un equipo, como Totti y la Roma. Al final ha estado en el Milan medio siglo, como jugador y luego con cargos directivos. Fue la única camiseta que vistió en su vida, esa y la de la nazionale. En Italia no hay tantas cosas que se puedan dar por seguras o transmitan confianza, pero Baresi era una de ellas, con él atrás no pasaba nadie, y por eso se convirtió en una institución, mucho más que algunas de las oficiales. Este viernes en Italia se vive un luto nacional. Nota aquí.


lunes, julio 27, 2026

Lionel Scaloni

 La conmovedora carta de Scaloni a una semana de la caída en la final del Mundial: “Lo siento por no haber podido traer otra Copa”

El entrenador habló de la emoción por las muestras de cariño recibidas y también apuntó contra los que criticaron a la Selección y a los argentinos

Una semana después de la derrota de la selección argentina ante España en la final del Mundial 2026, Lionel Scaloni publicó su primer mensaje en redes sociales. El entrenador, que durante la semana recibió el cariño de miles de hinchas en Pujato, su ciudad natal en la provincia de Santa Fe, evitó pronunciarse sobre su continuidad al frente del equipo y optó por un texto emotivo en el que agradeció el apoyo popular y apuntó, con mayúsculas, a quienes criticaron al grupo durante el torneo.

“Lo siento por no haberles podido traer otra Copa”, escribió Scaloni en su cuenta de Instagram, en lo que fue la frase más directa de una publicación que, en pocos minutos, acumuló cientos de miles de “Me Gusta” y una ola de comentarios de respaldo al orientador, de 48 años.

El posteo, más extenso que el habitual en el técnico —quien reconoció no ser afecto a las redes sociales—, describió la semana posterior a la final como un período en el que “se han entrelazado la tristeza con la alegría, el llanto con una sonrisa, la angustia con la tranquilidad”. Scaloni apeló al concepto de esfuerzo colectivo para retratar al plantel y se refirió a los jugadores como “mis guerreros”, según señaló que los definía en conversaciones con su esposa.

El pasaje más llamativo del texto fue el que aludió a las voces críticas que acompañaron la campaña argentina. “El aguantar baldazos de agua fría (DE GENTE QUE NO NOS CONOCE)” fue la frase que el entrenador decidió escribir en mayúsculas, un recurso que, en el contexto del mensaje, funcionó como un énfasis deliberado, en medio de las críticas, sobre todo desde países rivales, por la enjundia albiceleste. Para Scaloni, ese conjunto de actitudes —el esfuerzo, la voluntad, la resistencia— constituye “el verdadero trofeo”.

El entrenador también extendió su agradecimiento al cuerpo técnico, a los jugadores y al personal de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), con mención especial a quienes “de forma silenciosa trabajan para que estemos cómodos”. Cerró la publicación con una frase que rápidamente se viralizó: “Quien tiene un amigo argentino, tiene un tesoro”. Nota aquí.




martes, julio 21, 2026

Eduardo Sacheri

 

lunes, julio 20, 2026

España

 España habita la eternidad

La Roja consigue su segundo Mundial con un gol de Ferran Torres en la prórroga después de reducir a la Argentina de Messi, que no tiró ni una vez hasta el minuto 117

Imposible no recordar Sudáfrica, a Iniesta, a Cesc, la prórroga, el abismo, la gloria. Imposible no verlo en este instante de Ferran Torres que sucedió diez minutos antes, el 106 después de años celebrando la leyenda del 116. Porro envió una pelota al área, Nico Williams la dejó atrás con la coronilla y Ferran reventó la red y provocó otro estallido inolvidable, la segunda estrella, el segundo título mundial contra la última campeona, a la que redujo casi a la nada. No tiró ni una vez hasta después del gol de la Roja, algo insólito. Ningún equipo se había pasado los 90 minutos de una final sin intentarlo. Ninguno tampoco hasta el 117. El juego de la selección de Luis de la Fuente desmanteló a la Argentina del mítico 10, la abrasó con el juego, la fue pinchando con una sucesión de tiros blandos y la acabó rematando con un zurdazo. Despidió a Messi de los mundiales con una exhibición coral.

España habita ya la eternidad. Se asomó en Sudáfrica, con la primera versión de un libreto de juego brillante y evolucionó durante algo más de una década a la fórmula prodigiosa con la que ganó la Eurocopa de 2024 y ahora el segundo Mundial. Imposible no recordar Sudáfrica, que llegó también después de un Europeo. La primera estrella es aviso al mundo, sacar la cabeza. La segunda supone instalarse en la eternidad del fútbol.

El entusiasmo por el gol de Ferran, por el juego que parecía inevitable que llevara al título mostró también algo asombroso de un país sumergido en la crispación, pero que ha encontrado algo en lo que consigue ponerse de acuerdo para producir una criatura tan hermosa como este equipo. Para producirlo y para disfrutarlo.

Lo gigantesco de la ocasión, una final de la Copa del Mundo, no desfiguró a España. Todo lo contrario. Se ha construido para citas de este vuelo estratosférico. Salió a tejer su juego y a asfixiar al rival con lo que le saliera puntada a puntada. Argentina, como casi siempre en el Mundial, parecía querer dejarlo para más adelante, hasta los minutos en los que Messi despierta del letargo. Pero no eran ellos. Era el juego apabullante de la Roja, que los redujo como nadie.

Solo les quedaba aguantar y empezaron levantando las barricadas por el centro. Mac Allister, Enzo Fernández, De Paul y Nico González se apretaban en la zona por la que España ha desplegado sus tramos más brillantes. La encontraron sobrepoblada, pero Dani Olmo maniobra en esos callejones como un escapista que negocia con su propia trampa. Se giró, tiró una pared con Lamine y el extremo del Barcelona se vio en el área ante el Dibu Martínez. Lisandro desvió el tiro y el portero reaccionó con solvencia.

España tocaba, Argentina mantenía los equilibrios, un plan de resistencia que le funciona como a nadie. Porque nadie tiene a Messi, claro, de paseo por la hierba recién regada mientras el resto se desgasta, tomando las medidas del rival para confeccionar el traje en su cabeza. Era pronto para el 10, pero a la defensa española se le distrajo un balón y se encontró encarando a Unai Simón, que aceleró para despejar antes de que lo controlara. No reaccionó a tiempo. No era el momento. Nota aquí.



domingo, julio 19, 2026

Cerrado por Fútbol

 


Lionel Messi

 Leo Messi y su iglesia del fútbol, ante una misión para la historia en la final contra España

El argentino, respaldado por un vestuario entregado a él y una afición movilizada hasta el paroxismo, aspira a superar a Maradona en títulos mundiales.

Leo Messi se vio abocado de manera inevitable en la selección argentina a la eterna comparación con Diego Armando Maradona. A él, “raro como la mierda”, solitario y extremadamente organizado —según se describió recientemente— solo le quedó el fútbol para reivindicarse ante un mito inabarcable que trascendía a la pelota. El Pelusa alumbró un movimiento casi religioso, vigente todavía, que recogía todo, ya fuera lo político o lo social. No se puede decir que detrás de la Pulga haya surgido algo similar, porque las ramificaciones del genio fallecido son inalcanzables, pero sí ha emergido un movimiento que en este Mundial, hasta ahora, se ha revelado imbatible.

En el campo cuenta con una iglesia de jugadores entregados a él que crecieron viéndole ganar en el Barcelona y frustrarse con la Albiceleste, y que no se ahorran ningún gesto de pleitesía al líder. El título mundial de 2022, lejos de aflojar la hermandad por entender que el objetivo ya estaba cumplido, consolidó el vínculo con el diez. Lo repiten cada día de palabra y, como ha explicado el seleccionador, Lionel Scaloni, se organizan en el césped a partir de lo que Messi decide por su cuenta en cada momento. “Que haga lo que quiera”, sentenció el entrenador, gran defensor del ritual del asado previo a cada choque como una forma de tejer complicidades. La vía de las emociones para alcanzar la segunda final mundialista seguida.

En las gradas, una columna de decenas de miles de feligreses ha colonizado en el último mes Estados Unidos movilizada hasta el paroxismo con una selección que levanta el ánimo del país. Los aficionados de base buscaban estos días a la desesperada en cada rincón de Nueva York y en cada avión que llevara a la ciudad entradas para la final con España con presupuestos que partían fácilmente desde los 8.000 euros por pase. “Mi agradecimiento es eterno hacia los jugadores. El camino ha sido un ejemplo para todos y espero que esto sirva para nuestro país”, indicó el viernes el técnico.

El buen fútbol de los muchachos de Luis de la Fuente también se enfrenta por el título a este fenómeno doble, en el vestuario y en los estadios, que ha resistido a todo durante el torneo para defender la corona obtenida en Qatar, también a sus propias grietas futbolísticas, y que ha disparado la tardía ascendencia de Messi en la selección. Tanto que la final lo coloca ante la posibilidad de superar en número de Mundiales a Maradona, que no pudo revalidar el trofeo en Italia 90. De momento, igualará al brasileño Cafú con tres finales (2014, 2022 y este domingo).

La recurrente pregunta de si Messi o Maradona se ha convertido ya en un asunto espinoso, e incluso algo incómodo, entre las generaciones de argentinos que fueron coetáneos del Diego. Quizá, una parte de la respuesta (solo futbolística) se encuentre en lo que ocurra este domingo. De momento, durante esta Copa del Mundo, el fútbol ha tratado de entender el impacto de un jugador que cumplió 39 años y hace tres desapareció del primer nivel en el día a día con su marcha a la Liga estadounidense. “El mejor Messi es el último”, resolvió hace un tiempo Pablo Aimar, ayudante de Lionel Scaloni e ídolo de la estrella.

Leo ha participado en 12 goles en el torneo (ocho tantos y cuatro asistencias), una cifra solo superada desde 1966 por el alemán Gerd Müller (13, en 1970). Ha realizado la mayor cantidad de remates (34) y ha generado el mayor número de ocasiones (25), el registro combinado más alto (59) desde Maradona en 1986 (29 y 30). Y sus 25 regates suponen el mayor guarismo de un jugador de 30 o más años en un Mundial desde 1966, según Opta.

Si hasta las semanas previas al Mundial no quedó confirmada su participación —antes hubo que analizar sus clásicos silencios después de que deslizara tras el título de 2022 que sería difícil disputar otra edición—, ahora la pregunta que se ha extendido es si continuará en la selección. Sus compañeros, en plena adoración al líder, han desvelado algunas de las maniobras de cortejo para que siga. “Si la ganamos, te quedás un par de años más, ¿no?”, le pidió Cuti Romero al terminar la semifinal con Inglaterra. “Le dijimos que era temprano para irse a casa”, contó Enzo Fernández el día de la remontada en octavos a Egipto. Después de todas las eliminatorias, han manteado o levantado en hombros a su estrella, en una imagen más propia de un campeón, frente a una hinchada que ha extendido la celebración en las gradas hasta casi una hora después de los encuentros. Nota aquí.





Palmito

 


sábado, julio 18, 2026

Lionel Scaloni

 El liderazgo de Scaloni: cómo la psicología y la neurociencia explican el éxito del DT argentino

La Albiceleste superó a Inglaterra y buscará el título ante España. El estilo del DT se destaca por la empatía, la cercanía y la transparencia, alejándose del mando tradicional, en un entorno donde las individualidades se subordinan al objetivo colectivo

La Selección Argentina remontó otro partido épico, venció a Inglaterra y se clasificó para la final del Mundial 2026, que va a disputar el domingo contra España.

Tras un nueva contienda para el infarto, el foco se vuelve a poner en el DT de la Selección, Lionel Scaloni y en la Albiceleste que consiguieron la “Triple Corona” consecutiva, bicampeones de América, ganadores de la Finalissima y Campeones del Mundo, y se preparan para una nueva final.

Más allá de los nombres propios en el plantel, la base de los logros alcanzados se encuentra en un liderazgo de trabajo, discreto y positivo, que ha resultado clave para consolidar un equipo con grandes figuras, según explican los expertos en managment, psicología y neurociencias.

¿Qué es lo que Scaloni hace diferente?

En diálogo con Infobae, el doctor Claudio Waisburg, médico neurólogo y neurocientífico, director del Instituto Soma (MN 98.128), afirmó que Scaloni hace cosas que “casi ningún líder hace. No grita, no impone miedo. Cuando Argentina perdió contra Arabia Saudita en el Mundial de Qatar, Scaloni no entró al vestuario a explotar, sino a contener, a generar seguridad, a sostener emocionalmente a sus jugadores antes de pedirles algo. Eso no es debilidad. Eso es neurociencia aplicada al liderazgo", detalló el experto.

Por su parte, el doctor José Eduardo Abadi, médico psiquiatra, psicoanalista y escritor, explicó a Infobae que Lionel Scaloni representa un nuevo concepto de liderazgo que se aleja del modelo autoritario y cerrado, todavía presente en algunas estructuras.

El liderazgo tradicional se basaba en “un autoritarismo, en un cierto blindaje, en el que la opinión, refutación o agregado que el otro tenga para hacer no son escuchados”. En la actualidad, el liderazgo efectivo se caracteriza por la apertura y la transversalidad, detalló.

“Son liderazgos donde aquel que forma parte del equipo que coordina y que dirige ese líder es no solo oído, sino escuchado, al que se le pregunta, al que se le permite dudar, con el que podemos debatir una determinada idea", dijo Abadi.

Y completó: “No hay el ‘obedecé’ como una forma de sometimiento que garantiza la seguridad del líder, como era antes, sino que existe una libertad para crear y aceptar el movimiento creativo, sin perder la conciencia de los roles que se tienen en el grupo, en el que quien tiene la última palabra es el líder coordinador, pero sí con la permeabilidad para escuchar y cambiar de acuerdo a lo que le digan los otros. El nuevo líder de hoy crea pequeños líderes alrededor, no sometidos". Nota aquí.








jueves, julio 16, 2026

Lionel Scaloni

 “Estos jugadores son como indios, se han criado en las situaciones más extremas, no temen a nada”

El seleccionador argentino, que se cruzará en la final con su profesor Luis de la Fuente en el curso de entrenadores, concede todo el mérito a sus futbolistas. “Yo no soy un mago”

“Se me quiebra la voz”, dijo Lionel Scaloni nada más sentarse ante los periodistas. Sus jugadores le llaman “la llorona”, como confesó él mismo hace unos días, y el seleccionador argentino no tardó en admitir su emoción después de alcanzar su segunda final consecutiva del Mundial. “El fútbol y la vida es esto: dar todo hasta el final. Este equipo es una demostración de muchas cosas: de grupo, hermandad... Estos jugadores son como indios, que se me entienda la palabra. Se han criado en situaciones extremas, donde no tenían miedo a nada. No les pesa la responsabilidad, juegan como si tuvieran siete u ocho años”, explicó Scaloni.

“Cuando mejor juegan es cuando están en dificultades. Si el rival duda, vemos la sangre y vamos”, describió con mucha elocuencia. Después de la agonía imprevista con Cabo Verde, la remontada al límite a Egipto y la supervivencia a sus propias precariedades ante Suiza, quedaba otra más. “Pensábamos que lo de Egipto era lo máximo, pero lo de hoy lo superó”, afirmó.

En esta ocasión, eso sí, lo logró con una ventolera de juego que se llevó por delante a Inglaterra. “El fútbol es lo que hemos hecho en los últimos 40 minutos. Una demostración de todo lo que es el juego. ¿Y qué hubiera pasado si no llega a entrar ninguna oportunidad? Pues contentos a casa porque no podíamos hacer más", expuso Scaloni, que concedió todo el mérito a los jugadores. “Sin ellos no vamos a ningún sitio. Yo no soy un mago. Vamos a intentar ganar la final, pero a mí estos chicos ya me han emocionado. Los que han entrado desde el banquillo han sido clave”, destacó.

Si caía en semifinales, según contó, hubiera llamado a Luis de la Fuente, su profesor en el curso de entrenadores para tratar de ayudarlo con Inglaterra. Ahora, se impone el silencio hasta el abrazo sobre el césped de Nueva Jersey un minuto antes de la final. “Yo tenía una relación especial con él. España fue justa ganadora en la semifinal ante un equipo [Francia] que todos pensaban, y yo también, que era difícil de vencer”, analizó.

La final la alcanzó tras el tanto en el minuto 92 de Lautaro Martínez, que había salido poco antes por Nicolás Tagliafico. “Lo soñé, te lo juro. Se lo dije a Alexis [Mac Allister], que iba a hacer un gol”, exclamó. “Este equipo sigue demostrando de qué está hecho. Ellos se cansaron. Presionaron 60 minutos y ya no daban más. Con el gol se metieron atrás y eso nos generó más tranquilidad. Hicimos ancho el campo”, indicó.

“No estuvimos al nivel”

“¿Qué más tiene que hacer Messi para ser el mejor futbolista de la historia?“, preguntó al aire Scaloni. “Ha sido increíble lo que ha venido haciendo este grupo”, afirmó el aludido. “Fue otra demostración más de carácter, de fútbol, de fe, otra vez en la final del Mundial. Fue un día increíble. Era solo un partido de fútbol, pero especial jugarlo ante Inglaterra y en una semifinal de la Copa del Mundo”, contó la estrella, que disputará su tercera final del Mundial. La primera la perdió con Alemania en 2014, la segunda se la ganó a Francia en Qatar 2022 y la tercera se la competirá a España el próximo domingo. “Es una selección enorme, con juego, grandísimos jugadores y muchos años jugando de una manera. Varios están en el Barcelona, equipo al que quiero y sigo. Un partido especial, será muy bonito”, añadió la Pulga.

En la otra orilla, Thomas Tuchel asumió sin dramatismos a la vista una derrota que también lo deja a él señalado por los cambios y la condensación en vano de defensas en el tramo final. “Hemos concedido demasiadas ocasiones tras marcar. No mantuvimos la posesión, permitimos muchos centros y no estuvimos al nivel. Tras el 1-0, sabíamos que íbamos a recibir muchos centros y queríamos ser fuertes por arriba. La responsabilidad de la derrota es mía. Es fácil decir si las cosas no van bien que el problema es del entrenador. No tengo la sensación de que con cambios ofensivos íbamos a ganar. Pero no hay problema, puedo entenderlo. Hemos estado bien, pero no pudimos aguantar”, cerró el técnico alemán de Inglaterra. Nota aquí.



Argentina

 Argentina impone respeto y tiene lo que las otras selecciones no tienen: las claves que llevaron a la Selección a una nueva final del Mundial

En otra demostración de valentía, coraje y amor propio, el plantel que dirige Lionel Scaloni venció 2-1 a Inglaterra para llegar a la definición de la Copa del Mundo. Juegue o no juegue bien, el corazón es un arma letal de esta generación que encabeza el capitán Messi

(Desde Estados Unidos) El mundo del fútbol quedó atónito luego de la recuperación de la selección argentina. Una más. Cómo cuando se repuso de los dos empates tras ir ganando frente a la sorprendente Cabo Verde en Miami. O aquella épica jornada ante Egipto, cuando pasó de estar con un pie afuera del Mundial y en 13 minutos se recuperó de un 0-2. Y lo de este miércoles ante Inglaterra ya quedó guardado como uno de los capítulos más ilustres en una de las rivalidades con mayor historia en la Copa del Mundo.

Mientras todos daban a Francia como candidata número 1 a quedarse con este Mundial en Norteamérica, o ahora pondrán el foco en una España que lleva 37 partidos invicta, acá hay un seleccionado que tiene todo lo que hay que tener para triunfar e impone un respeto que, con el paso del tiempo, se hace más grande. Como ya lo había hecho en los partidos previos, el equipo que dirige Lionel Scaloni mostró mística, garra y valentía. Conceptos que se pueden escribir en los libros, pero primero hay que demostrarlos en el campo de juego. Y si hay algo que esta Selección ha hecho es presentarlo en sociedad a todo el planeta.

“Llegábamos cuestionados, con mucha duda, pero yo sabía que este grupo siempre compite, siempre da más. Cuando está junto saca de donde no tiene. Estaba seguro que íbamos a estar entre los cuatro y hoy gracias a Dios nos metimos entre los dos mejores. Venimos de ser campeones del mundo, venimos de ser los mejores del mundo durante los últimos cuatro años. Duela a quien duela, digan lo que digan. Y hoy lo demostramos una vez más en la cancha. Nadie nos regala nada y nos volvemos a meter entre los mejores del mundo, así que es una alegría muy grande”, dijo Lionel Messi durante su paso por la zona mixta en la que participó Infobae.

Después de un primer tiempo parejo, Argentina parecía que iba a ser dueño del juego en el complemento, pero el gol de Anthony Gordon a los 10 minutos fue un golpe. O al menos lo pareció hasta que rápidamente este combinado volvió a sacar ese plus que lo define. Tomó el rumbo del juego y fue de manera incansable hasta que logró doblegar al arquero Pickford con un disparo espectacular de Enzo Fernández.

“Sabemos todo el sentimiento que viene detrás, de todo lo que pasó con nuestro héroes de Malvinas. Hoy salió todo eso a flote. La verdad que el equipo pudo representar a Argentina de la mejor manera y nos llevamos la victoria”, expresó el volante surgido en River Plate en la charla con los medios. También mencionó que en su habitación, que comparte con Julián Álvarez, estuvieron viendo el partido contra los ingleses y los goles de Maradona en México 86. Un ejemplo más de alimentarse de la emoción pasada para ponerla al servicio del presente.

La actuación del seleccionado fue tan contundente que después de estar 0-1, Inglaterra sólo tuvo un 12% de posesión de la pelota. Eso significó que la Albiceleste se adueñó del balón y no le tuvo miedo al escenario adverso. Es más, volvió a convertir dos goles en el epílogo del encuentro. En relación a eso, hay una estadística que marca la resistencia física y aún más la emocional de este plantel: de los 19 tantos que anotó la Selección en los siete partidos de Copa del Mundo, 12 fueron anotados más allá del minuto 76 de juego. Clarito, no.

Como sucedió en el cruce por las semifinales o hace algunos días contra los egipcios en los octavos, este grupo impone respeto. Dentro y fuera de la cancha. El que lo describió de una manera perfecta fue Nicolás Tagliafico. Frente a la pregunta de cómo se entiende esto que sucede con el equipo, el lateral izquierdo fue contundente: “No se explica, se siente, se vive y se disfruta. Se disfruta porque no es normal lo que está pasando y hay que disfrutarlo. No sabemos cuántos años más van a pasar para que se logre esto. Entonces, disfrutémoslo hoy. Hagamos todo lo posible para vivir este sueño y después darlo todo para lo que viene”, dijo a corazón abierto el número 3 de Argentina. Nota aquí.




Tute, Caloi, Max Aguirre, Liniers & Alejandra Lunik