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viernes, octubre 16, 2026

Eduardo Galeano

 


viernes, septiembre 18, 2026

Eduardo Galeano

 


martes, septiembre 15, 2026

Eduardo Galeano

 


jueves, agosto 13, 2026

Eduardo Galeano

 


domingo, julio 19, 2026

Cerrado por Fútbol

 


domingo, junio 14, 2026

Roberto “El Negro” Fontanarrosa

 La Mesa de los Galanes: el ritual cotidiano que hizo de Fontanarrosa un mito

Durante más de tres décadas, el escritor rosarino convirtió una mesa del bar El Cairo en un espacio de ritual, amistad y observación del que nacieron muchas de sus historias.

“Lo que más extraño del Negro es su silencio”, confiesa Ricardo Centurión desde la histórica y ya legendaria “Mesa de los Galanes”, en el no menos relevante bar El Cairo, en la ciudad de Rosario. Durante más de tres décadas, Roberto “El Negro” Fontanarrosa concurrió todos los días junto a una runfla de amigos a la misma mesa, donde también se sentaron Caloi, Sabina o Joan Manuel Serrat, entre otros notables.

“Nunca dimensionamos su fama; para nosotros era el Negro, nuestro amigo”, confiesa José Vázquez, quien, junto a Centurión, es de los últimos “galanes” que aún frecuentan la misma mesa del bar que recuerda a su más celebrado cliente con frases de sus personajes más idolatrados colgadas en las paredes, su imagen en los altos ventanales y una estatua en un rincón íntimo cerca de la cocina.

“El Negro veía lo que nadie podía ver”, dice Centurión. Primero: la mentada mesa tenía algunos protocolos. No se hablaba de temas profundos, jamás de política ni de religión. El propio Fontanarrosa lo explica en uno de sus cuentos del libro La Mesa de los Galanes, donde condiciona la temática de las conversaciones: “No se hablan de temas personales o importantes; para eso estaban las otras mesas periféricas, para no alterar la grata vaguedad de la tertulia ni introducir un motivo de tensión o profundidad metafísica en la sabia pelotudez de los discursos cotidianos”.

La mesa está ubicada al lado del mostrador, en el eje central del salón y con una visión panorámica de las calles Santa Fe y Sarmiento, en cuya encrucijada se ubica el bar. Hoy, esa esquina lleva el nombre de Serrat y Fontanarrosa. “El Cairo”, fundado en 1943, siempre fue un bar frecuentado por artistas (está a pocas cuadras de la facultad de Humanidades y Arte), intelectuales “y todo el zurdaje que andaba dando vuelta”, recuerda Centurión. “Nunca pensamos que esta mesa iba a ser una leyenda”, reconoce.

Anécdotas hay miles. Algunas muy recordadas. El fútbol fue y será el tema más importante sobre esta mesa. Pero el grupo de amigos fue más allá: hicieron su propio equipo con la camiseta de El Cairo, participaron de un campeonato y llevaron porristas. “Muchos llegaron al partido ebrios”, recuerda Centurión. El propio Fontanarrosa fue un jugador con relevantes habilidades. ¿Las porristas? “Al segundo partido, no vinieron”.

Cuando el Negro ya era una figura reconocida a nivel nacional, llegó un día Eduardo Galeano a Rosario; una de sus razones era ir a la mesa para encontrarse con Fontanarrosa. “Lo acompañé y lo buscamos juntos en el hotel; yo no podía creer que iba a verlo a Galeano; para el Negro era como ir a buscar a un tipo normal”, afirma Centurión. Ya en la mesa, en una pausa en la que Fontanarrosa va al baño, el escritor uruguayo se confiesa.

“Es un monstruo el Negro, te voy a contar algo: cada vez que yo escribo algo, él ya lo escribió”, sentenció Galeano aquella noche inolvidable en la mesa. Otro invitado de lujo fue Joan Manuel Serrat. También Centurión fue protagonista de otra confesión:

“Serrat me dijo: es de las personas que más admiro en el mundo, su obra es profunda, su sentido de la amistad”, recuerda Centurión. Aquello llamó la atención del cantor catalán. También su perfil está grabado en los ventanales del bar.

Otro español fue partícipe de la Mesa de los Galanes: Joaquín Sabina. Mucho antes de ser uno de los íconos de la música hispanoparlante, el cantautor español tuvo una relación cercana con Rosario y la visitó muchas veces. “Fui músico y cantaba canciones de él que eran totalmente desconocidas acá”, dice Centurión. Muchas de ellas hoy son himnos. Dos historias lo relacionan con la mesa. Nota aquí.










martes, marzo 24, 2026

Eduardo Galeano

 "En Argentina las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria"




sábado, marzo 07, 2026

Bares de Montevideo

 Comó es el renacer de los bares históricos de Montevideo, del preferido de Benedetti al elegido por los marineros

En la capital uruguaya, emprendedores recuperan edificios del siglo XIX y XX y les suman cocina y música; cuatro paradas con historia.

Montevideo es una ciudad que mira a la costa rioplatense todo lo que puede, donde convive el presente con el pasado, y el ritmo es ameno. No se ve ese acelere caótico de otras capitales, como Buenos Aires. Entre palmeras, monumentos antiguos, callecitas, avenidas, parques inmensos, se erigen diferentes bares y cafés, que después de tener años de esplendor, pasaron décadas olvidados, relegados y hasta un poco marginados, vistos como algo turbio, peligroso.

“Durante décadas, Uruguay fue reconocido por su cultura cafetera y su red de bares tradicionales. Pero la falta de políticas públicas que los protegieran y el avance de otros formatos gastronómicos llevaron a que muchos de esos lugares quedaran estigmatizados”, dice Joaquín Casavalle, actual dueño de Paysandú, Montevideo al Sur y Santa Catalina, tres bares antiguos e históricos del Barrio Sur y Ciudad Vieja.

En los últimos diez años tanto él como otros emprendedores uruguayos apostaron a reimaginar la gastronomía local y el barrio y a revalorizar muchos de estos lugares, emplazados en edificios patrimoniales, no para destruirlos, sino para visibilizarlos y revalorizarlos.

“El problema de los bares patrimoniales de Uruguay es que van desapareciendo, tristemente”, afirma Germán Medina, gerente de Bar Arocena. Hoy se está impulsando un proyecto que busca reconocer y recuperar los cafés y bares patrimoniales de la ciudad, creados entre el siglo XIX y XX, para volver a darle vida a zonas como el Barrio Sur o Ciudad Vieja, que durante años permanecieron olvidadas y marginadas. “Nosotros no queremos que la gastronomía sea moda, sino cultura viva, por fuera de los circuitos gourmet. Creo en el bar de la esquina como lugar de encuentro y de pertenencia”, dice Casavalle.

Abierto desde 1929, en el bar Arocena se autoadjudican una valiosa insignia: “El mejor chivito de Montevideo”. Según Media, es un mote que ha puesto la gente, pero como todo el que va lo dice, aceptan el reconocimiento. Él tiene 30 años y junto con José Luis Mallón, el dueño, actualmente llevan el día a día tanto de la primera sucursal, en Carrasco, como de las nuevas, en Punta Carretas, Montevideo; en Canelones y Punta del Este. También llevan el mismo apellido que Roberto Mallón, un gallego que tomó las riendas del lugar en 1974 junto a Mallón, y se lo compraron a Don Manuel Loureiro y sus socios.

El Arocena nació como un almacén y proveeduría, punto neurálgico y obligado para cualquier habitante de Carrasco. En ese entonces el balneario tenía calles de arena y no había nada, salvo un hotel antiguo, muy pintoresco, con un casino, que hoy es el Sofitel.

En el primer Arocena pasaba de todo: la gente iba a buscar una lata de conservas, se tomaba una copa, fumaba, o tomaba whisky sin parar, durante las 24 horas que permanecía abierto. Nunca cerraba, tenía un kiosco en la puerta, un sector de quiniela y, como la mayoría de bares de Montevideo en ese entonces, solo los hombres lo frecuentaban. “Vos venías acá con tu abuelo a tomarte un whisky, o con tu padre o con tus amigos. Como funcionaba 24 horas también era el remate después del boliche, o de un casamiento. Era el único lugar donde había teléfono. Entonces venían sanitarios, electricistas, a esperar que los llamen”, dice Medina.

En 1974, los nuevos dueños siguieron la misma tradición del bar, que puede verse desplegada en las mil fotos de diferentes generaciones que pasaron por el lugar, al que fueron y van actores, músicos, políticos, deportistas de todo el mundo, y también un público cautivo que se ha hecho amigo de los mozos, y se ha juntado a festejar años nuevos, navidades, los han invitado a sus casamientos.

En La Sociedad de la Nieve (2023), en una escena se lo menciona: una publicidad que podría haber salido carísima, pero fue espontánea. “¿Sabés lo que me comería yo? Un chivito del Bar Arocena”, dice uno de los personajes, representando al plantel. Los jugadores del Old Christians Club de Uruguay lo frecuentaban, y los sobrevivientes aún siguen yendo. El director de la película, Juan Antonio Bayona, rescató este dato en charlas y relatos y lo sumó en el guión. Tiempo después fue a probar el chivito y quedó encantado. Nota aquí.










jueves, marzo 05, 2026

Eduardo Galeano

 LAS GUERRAS MIENTEN

"Las guerras mienten. Ninguna guerra tiene la honestidad de confesar
yo mato para robar. Las guerras siempre invocan nobles motivos: matan en nombre de la paz, en nombre de la civilización, en nombre del progreso, en nombre de la democracia y por las dudas, si tanta mentira no alcanzara, ahí están los medios de comunicación dispuestos a inventar enemigos imaginarios para justificar la conversión del mundo en un gran manicomio y un inmenso matadero".


sábado, abril 05, 2025

Eduardo Galeano


 

lunes, marzo 24, 2025

Eduardo Galeano


"Y si el mundo sobrevive,
los profesores de historia
explicarán el siglo XX a través de sus símbolos:
mostrarán a sus alumnos
la botella de Coca-Cola,
la pelota de fútbol,
el televisor,
la computadora,
la bomba de neutrones.
Y para explicar la dignidad,
mostrarán el pañuelo blanco
de las rondas de Plaza de Mayo."



viernes, enero 10, 2025

Alexis Díaz Pimienta

 Alexis Díaz Pimienta nos cuenta por Facebook.

Haciendo memoria, al primer uruguayo al que conocí en persona fue al novelista Daniel Chavarría, uruguayo-cubano, quien terminó siendo mi mejor amigo en La Habana de los años 90. Y terminamos compartiendo manuscritos, conferencias, escenarios en Cuba y en Italia. No estuvo nada mal como estreno.
Los segundos uruguayos a los que conocí en persona, y con los que también compartí escenario, se llamaban Mario Benedetti y Daniel Viglietti. Era Almería. Era el año 1995. A Mario no lo vi nunca más, pero recuerdo una larga charla y un largo paseo por las calles almerienses, más algunas fotos que se perdieron para siempre cuando se cayó en algún punto del camino el rollo de mi antigua cámara fotográfica. A Daniel volví a verlo en la sala Zitarrosa de Montevideo, hace exactamente 20 años (en 2005), la primera vez que vine al Uruguay, como repentista. Y luego en La Habana, en la Casa de las Américas, en un encuentro íntimo con Silvio Rodríguez. Era el año 2008.
Al tercer uruguayo que conocí en mi vida se llama José Silvio Curbelo, el gran payador, el maestro de varias generaciones de payadores, uno de los más impresionantes repentistas de América Latina y ya para siempre mi gran amigo.
El cuarto uruguayo al que conocí en mi vida se llama Jorge Drexler. Y con él también compartí escenario desde el minuto cero. Era Madrid. Era el año 2011. Y luego en Granada, en Barcelona, en Sevilla, en La Habana, en Madrid muchas otras veces, convertidos ya en grandes amigos, en casi hermanos, cómplices creativos en el mundo de la canción y la poesía.
La quinta fue Mariela Acevedo, la mejor payadora uruguaya, una de las voces más importantes del repentismo femenino en América, con la que también he compartido escenarios a ambos lados del Atlántico. Era el año 2006, creo.
El sexto fue Daniel Drexler, a quien ya me une una amistad muy sólida. Era Madrid, no recuerdo en qué año y era su buena música y era su bonhomía. Y era, además, el hermano de mi hermano Jorge, por lo tanto, éramos hermanos por carambola afectiva, y luego esa hermandad se ha consolidado sola, con admiración mutua, hasta sellarse con el abrazo que me dio anoche en La Serena, un abrazo-abrazo, de los que no se olvidan.
No está nada mal para mi colección de uruguayos “en persona” estos grandes amigos que me regaló la vida . Chavarria (novela). Benedetti (narrativa y poesía). Viglieti (canción). Curbelo y Mariela (payada, repentismo, décima). Jorge y Daniel Drexler (canción, música).
Pero este año, 2025, he regresado a Uruguay, al festival de La Serena por primera vez, he impartido un curso intensivo de tres días sobre Décima y canción y he conocido y he descubierto a muchos otros uruguayos. Mis uruguayos. Más uruguayos. Mi colección de uruguayos ha crecido. Pero entonces me doy cuenta de que no solo son uruguayos “en persona” quienes han conformado mi relación de amor con Uruguay. Que ya tenía (y tengo) muchos más uruguayos familiares en la música, en la poesía, en la narrativa, en el deporte, hasta en en la política. Uruguay es un pequeño país que parece muy grande. Que es muy grande. Uruguay es un continente en miniatura. Por eso este homenaje en décimas, mi agradecimiento en décimas. Y espero, simplemente, que mi familia uruguaya siga creciendo.
MIS URUGUAYOS
Yo también tengo mi Onetti.
Mi Quiroga. Mi Galeano.
Mi Buscaglia. Mi Liscano.
Mi Darnos. Mi Benedetti.
Mi Cabrera. Mi Viglietti.
Mi Brocha. Mi Eustaquio Sosa.
Mi Vilariño (grandiosa).
Mi grandiosa Tabaré.
Mi Capote. Mi Blanqué.
Mi Appratto. Mi Zitarrosa.
Yo también tengo mi Musso.
Mi Circe Maia (maestra)
Mi Peri Rossi. Mi Riestra.
Mi Bombai. Mi Fattoruso.
Mi Lautreamont Keith al uso.
Mi Mateo. Mi Maslíah.
Mi Bentos. Mi Chavarría.
Mi Nueva Escuela. Mi Rada.
Mi Ibargoyen. Mi Ana Prada.
Mi charrúa cofradía.
Mi Zeballos. Mi Godín.
Mis Iracundos. Mi Roos.
Mi Drexler (¡vale por dos!)
Mi Gavioli. Mi Amorim.
Mi Mano Arriba (sin fin)
Mi Agárrate Catalina.
Mi Agus. Mi Negro Ansina.
Mi Chala Madre (genial)
Mi Algodón (tan musical)
Mi Mariela y mi Molina.
Mi Levrero. Mi Lugano.
Mi Suárez. Mi Vengarán.
Mi Marama. Mi Forlán.
Mi Filisberto (Borgeano)
Mi Muslera. Mi Romano
Mi Ribeiro. Mi Carini.
Mi Nasser. Mi Corbellini.
Mi Mujica. Mi Meretta.
Mi Ibarbourou (gran poeta)
Mi Vitale. Mi Agustini.
Mi Wolf. Mi Chalar. Mi Lena.
Mi Curbelo en Canelones.
Mi Olivera y sus canciones.
Mi Arbeleche a boca llena.
Mi Reissig (vale la pena).
Mi Gabino en Paysandú.
Mi Lago. Mi Yamandú.
Mi finísima garúa.
Mi pasión por lo charrúa.
Yo trato a Uruguay de tú.
Mi Opa. Mi SeIva Casal.
Mi Zampayo. Mi Foglino.
Mi Moratorio (divino).
Mi Umpi. Mi Yábor. Mi Ubal.
Mi Osiris. Mi Carvajal.
Mi Pablo Drexler (van tres).
Mi joven Matias Valdez.
Mi Kalmar y Mi Estramín
Rodó. Berocay. (No hay fin).
Qué docta uruguayeñez.
Mi Murga. Mi chacarera.
Y mi candombe. Y mi rumba.
Mi chamamé. Mi macumba.
Mi milonga lastimera.
Mi fogón la noche entera.
Mi carnaval bien cantado.
Mi choripán, que es sagrado.
Mi pastafrola. Mi grappa.
Mi patria gaucha en el mapa.
Mi yerba mate. Mi asado.
Yo también tengo mi clan
de uruguayos adictivos.
De grandes (idos o vivos).
Los que son y los que están.
Mi Diego Drexler (qué man).
Mi Paula Drexler (qué talle)
En la casa y en la calle:
charrúas al por mayor.
¡Pobre del bardo o cantor
que no tenga “su uruguaye”!
Y ahora tengo muchos más.
Más y mejores que antes:
Compositores, cantantes,
Kamikazes del compás.
Ahora tengo este disfraz
de familia campechana.
Por eso, diré mañana
sin complejos ni desmayos:
Yo colecciono uruguayos.
Y en eso nadie me gana.
Este curso en La Paloma
me ha hecho extender en la playa
mi colección uruguaya
y me ha enseñado otro idioma.
Cuánta gente buena asoma.
Cuánto Uruguay se desea.
Me haces bien, con tu marea
de luz, feliz disparate.
Es más: voy a hacerme un mate
¡y que sea lo que sea!




sábado, septiembre 07, 2024

Eduardo Galeano

 Alejandra nos cuenta por Facebook.

Hace ya casi 20 años. Estábamos en el Café Brasilero con mi querida amiga Virginia Torres que había llegado desde Buenos Aires con Juan, un amigo español que quería conocer el lugar donde solía sentarse su ídolo Eduardo Galeano.
Era media tarde. Tomábamos algo fresco. Conversábamos sobre las fotos de Galeano que se veían en las paredes y pensábamos, ¿será esta su mesa?
En el Café Brasilero siempre hay gente. Turistas y locales. Ese día no era la excepción.
En un momento, me levanto al baño y, al regresar, observo a alguien sentado contra una de las paredes… Me pareció conocido.
Al volver a la mesa le digo a Virginia, hay alguien que me parece que es… ella mira y… me lo confirma. ¡Era Eduardo Galeano!
Cuando le comentamos a Juan, se emocionó mucho.
Yo, en aquel momento, vivía en el Centro y mi hermana, Ceci, estaba sola en mi departamento. Así que la llamé al teléfono fijo de mi casa y le dije: “Ceci, busca un libro que hay envuelto para regalo en la estantería y tráelo urgente al Café Brasilero, ¡está Galeano y le voy a pedir que me lo firme”.
El día previo había comprado El libro de los abrazos, para regalarle a quien era mi novio, Alfredo. Pero nunca habia imaginado tener la posibilidad de que el autor lo dedicara.
Mi adorada Ceci tomó el libro y corrió a tomar un taxi. Llegó a tiempo, porque en ese ínterin, Galeano se paró para retirarse y yo lo intercepté, lo saludé y le dije: “estamos con un amigo que llegó de España para conocer tu lugar en Montevideo”.
¿Qué hizo Eduardo Galeano? Tomó una silla de otra mesa y se sentó con nosotros. Converso y, a la llegada de Ceci, autografió el libro para mi novio.
Esos momentos mágicos que está bella Montevideo nos ha regalado a varios.
Yo sigo yendo al Café Brasilero y sigo emocionándome con ese recuerdo y con esa mística que se respira en cada mesa.
Ayer hubiera cumplido años Galeano y mi amiga Virginia me envió hace unos días esta foto que muestra ese momento. Inolvidable.



jueves, abril 13, 2023

Eduardo Galeano

 A 8 años de la muerte de Eduardo Galeano

Se cumplen este jueves ocho años de la muerte de Eduardo Galeano, uno de los grandes escritores y periodistas latinoamericanos de todos los tiempos. En todo este tiempo, más allá de su ausencia física, el autor uruguayo sigue más vigente que nunca, a través de su obra. Aquí van algunos breves extractos de sus libros, que forman parte de la Biblioteca Eduardo Galeano, publicada por el sello Siglo XXI.

*"Yo también fui niño, un angelito de Dios. En la escuela, la maestra nos enseñó que Balboa, el conquistador español, había visto, desde una cumbre de Panamá, a un lado el océano Pacífico, y al otro lado el océano Atlántico. Él había sido, dijo la maestra, el primer hombre que había visto esos dos mares a la vez. Yo levanté la mano:

—Señorita, señorita.

Y pregunté:

—Los indios, ¿eran ciegos?

Fue la primera expulsión de mi vida." (Amares)

*"El fútbol ocupa un lugar importante en la realidad, a veces el más importante de los lugares. Para los intelectuales de derecha, el fútbol suele no ser más que la prueba de que el pueblo piensa con los pies y para los intelectuales de izquierda, el fútbol suele no ser más que el culpable de que el pueblo no piense. Pero a la realidad de carne y hueso, este desprecio ni le va ni le viene. Cuando arraigan en la gente y encarnan en la gente, las emociones colectivas se hacen fiesta compartida o compartido naufragio y existen sin dar explicaciones ni pedir disculpas”. (Cerrado por fútbol).

*"Aquí, el hincha agita el pañuelo, traga saliva, glup, traga veneno, se come la gorra, susurra plegarias y maldiciones y de pronto se rompe la garganta en una ovación y salta como pulga abrazando al desconocido que grita el gol a su lado. Mientras dura la misa pagana, el hincha es muchos. Con miles de devotos comparte la certeza de que somos los mejores, todos los árbitros están vendidos, todos los rivales son tramposos". (El fútbol a sol y sombra)

*"¿Señor o señora? ¿O los dos a la vez? ¿O a veces él es ella, y a veces ella es él? En las profundidades de la mar, nunca se sabe. Los meros, y otros peces, son virtuosos en el arte de cambiar de sexo sin cirugía. Las hembras se vuelven machos y los machos se convierten en hembras con asombrosa facilidad, y nadie es objeto de burla ni acusado de traición a la naturaleza o a la ley de Dios". (Bocas del tiempo). Nota aquí.



martes, abril 06, 2021

Eduardo Galeano

 Lanzan una edición especial de "Las venas abiertas de América Latina" 

El texto, emblemático de la izquierda latinoamericana para varias generaciones, está acompañado por viñetas de Tute. Durante todo el mes, la editorial Siglo XXI acompañará el lanzamiento con videos en los que referentes de la cultura leerán fragmentos de la obra. El primero de estos lectores será Joan Manuel Serrat.

El clásico de la izquierda latinoamericana cumple cincuenta años. “La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder. Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América Latina, fue precoz: se especializó en perder desde los remotos tiempos en que los europeos del Renacimiento se abalanzaron a través del mar y le hundieron los dientes en la garganta”. Así comienza Las venas abiertas de América Latina, libro que Eduardo Galeano publicó en 1971, cuando tenía 31 años. Sabía que podía resultar “sacrílego que este manual de divulgación hable de economía política en el estilo de una novela de amor o de piratas”. Esa irreverencia en la forma quizá sea la clave de la fascinación que fue provocando en los lectores de distintas generaciones. Para celebrar este aniversario, la editorial Siglo XXI lanzó una reedición especial con excepcionales viñetas de Tute. El próximo 13 de abril se cumplirán seis años de la muerte del escritor uruguayo y para acompañar el lanzamiento la editorial compartirá durante todo el mes videos de referentes de la cultura leyendo fragmentos de la obra. El primero de estos famosos lectores es el cantautor catalán Joan Manuel Serrat. Nota aquí.



domingo, octubre 11, 2020

Eduardo Galeano

 Con Eduardo Galeano en la China de Mao

Cuando solo tenía 23 años, el autor de Memoria del Fuego estuvo varios meses en el país asiático. Sus entrevistas y sus observaciones se convirtieron más tarde en un libro, China 1964. Crónica de un desafío, hoy prácticamente inhallable, y que próximamente será reeditado. Galeano se encontró, entre otros, con el primer ministro Zhou Enlai y con "el último emperador" Puyi.  Y escribió una crónica de “una revolución en los suburbios del mundo”. 

Tras un largo periplo que incluyó la URSS y Checoslovaquia, países que ya no existen, el escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano visitó Beijing, Shanghai, Wuhan y otras ciudades chinas a fines de 1963, cuanto tenía apenas 23 años. Cronista notable, entrevistó en “el país cuyo nombre hace vibrar los sismógrafos cuando se pronuncia” a campesinos y obreros, pero también al primer ministro Zhou Enlai, el genio revolucionario que secundaba a Mao Zedong en el Gobierno y en el Partido, y al último emperador Qing, Puyi, quien había dejado el poder en 1911 cuando era un niño y, para el momento de la entrevista, ya era un jardinero de cierta edad convertido al comunismo. Nota aquí.



miércoles, septiembre 02, 2020

Eduardo Galeano

Siempre es bueno volver a leer a Eduardo Galeano

La editorial Siglo XXI lanzará en redes el hashtag #Galeano para invitar a compartir textos y lecturas del autor de Memoria del fuego.

En tiempos en que se cae el alma al piso, tironeados por el aliento o el desaliento, según las horas del día, volver a leer a Eduardo Galeano es recuperar un mar de fueguitos que pueden iluminar algunas certezas en momentos de tanta zozobra en la historia de la Humanidad. A 80 años de su nacimiento, el 3 de septiembre de 1940 en Montevideo, la editorial Siglo XXI, que ha publicado todos los libros del autor de Las venas abiertas de América Latina, lanzará en redes sociales el hashtag #Galeano para invitar a compartir sus textos y lecturas.

Hay muchas puertas de entrada para regresar a Galeano por los más de veinte libros que publicó: Bocas del tiempo, El fútbol a sol y sombra, El libro de los abrazos, Espejos, los tres tomos de Memoria del fuego, Días y noches de amor y guerra, El cazador de historias y Los hijos de los días, entre otros. “Me parece admirable la capacidad que han tenido los indígenas de las Américas en perpetuar una memoria que fue quemada, castigada, ahorcada, despreciada durante cinco siglos. Y la humanidad entera tiene que estarle muy agradecida, porque gracias a esa porfiada memoria sabemos que la tierra puede ser sagrada, que somos parte de la naturaleza, que la naturaleza no termina en nosotros. Que hay posibilidades de organizar la vida colectiva, formas comunitarias que no están basadas en el dinero. Que la competencia contra el prójimo no es inevitable y que el prójimo puede ser algo mucho más que un competidor”, escribió en Memoria del fuego. Nota aquí.




lunes, abril 13, 2020

Eduardo Galeano

A 5 años de la muerte de Eduardo Galeano

Con cada uno de sus libros, el escritor y periodista, autor de Las venas abiertas de América Latina y Memoria del fuego, logró transfigurar las conciencias hermanadas de la región.
El hombre de los abrazos era un “testigo de ojos abiertos y oídos atentos” que ayudaba a mirar. El pretérito imperfecto no anula la electricidad de una escritura que enciende los fueguitos de la memoria; historias que indagan en el sufrimiento y la esperanza de quienes han sido despojados de sus riquezas por obra y desgracia de la explotación y el saqueo sistemático de las potencias capitalistas. Si se puede ser desobediente cada vez que se reciben órdenes que humillan la conciencia y violan el sentido común, también vale ser insumiso con los tiempos verbales. A cinco años de su muerte, Eduardo Galeano es uruguayo y argentino, pero también podría ser chileno, colombiano, guatemalteco, mexicano, boliviano o paraguayo; un curioso fenómeno de ciudadanía múltiple porque con cada uno de sus libros logró transfigurar las conciencias hermanadas de América Latina. Nota aquí.


viernes, marzo 20, 2020

Eduardo Galeano

El joven Eduardo Galeano: ojos abiertos y oídos atentos

El libro recopila crónicas escritas por el escritor en 1967, tras convivir con las guerrillas que desafiaban a la élite guatemalteca.
Cuando Eduardo Galeano visitó Guatemala tenía tan sólo 26 años aunque, paradójicamente, ya contaba con amplia experiencia en el mundo periodístico: a los 14 años había vendido su primera caricatura política a El Sol, una publicación del Partido Socialista guiada por Guillermo Chifflet, en 1960 ya era secretario de redacción del semanario Marcha dirigido por Carlos Quijano (a quien reconocería luego como su padre periodístico), y en 1964 se convirtió en director del diario Época de Montevideo. Además, era colaborador asiduo en publicaciones de prestigio internacional como Revista de Política Internacional (Yugoslavia), Monthly Review. An Independent Socialist Magazine y Ramparts (Estados Unidos) o Mondo Nuovo y Problemi del Socialismo (Italia). Nota aquí.


martes, enero 29, 2019

Eduardo Galeano