Adiós Taty, gracias por enseñarnos a luchar.
lunes, junio 15, 2026
León Gieco
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Ismael Serrano
No puede ser. No puedes haberte ido. Es imposible. Estás en todos lados. En cada lucha. En cada encrucijada. Eres parte de mi. Eres vida pura. Eres indispensable. Taty. Mi querida Taty. Siempre con tu sonrisa, a pesar de la adversidad. Nada te quebró.
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Víctor Heredia
Taty.
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Eva Baroja
"No hay que perder nunca el sentido del humor y el optimismo. Hoy más que nunca”, me dijo una vez, con su pañuelo en la cabeza, mientras me agarraba fuerte del brazo. Ella era así. Arrolladora y positiva a pesar del dolor y de las dificultades.
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Taty Almeida
Murió Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo y símbolo de la lucha contra la impunidad
La búsqueda de Lydia Estela Mercedes Miy Uranga comenzó el 17 de junio de 1975, cuando desaparecieron a su hijo Alejandro. Jamás logró dar con sus restos. Referente indiscutida del movimiento de derechos humanos, será recordada como una militante de la vida.
Lo último que le escuchó decir fue “mamá, ya vengo”. Ella miró el reloj y despotricó porque estaba por servir la comida. Alejandro salió. Y ya no regresó. Ese 17 de junio de 1975 empezó una búsqueda desesperada por ese hijo al que le habían arrebatado. Una búsqueda, de casi 51 años, que la llevó a golpear las puertas de los militares más poderosos y a reclamar siempre “justicia legal”, como le gustaba decir. A los 95 años falleció Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora y referente indiscutida del movimiento de derechos humanos. Se fue sin cumplir lo que más deseaba –acariciar los huesos de su hijo– pero sin dejar de militar un solo día por la vida.
Lydia Estela Mercedes Miy Uranga nació el 28 de junio de 1930. La llamaban “Taty”. Su padre, que se retiró con el grado de teniente coronel, integraba el arma de caballería; su madre era ama de casa. La familia, por el destino militar del padre, vivió en varias ciudades del interior hasta que se asentaron en Lacroze y Cabildo, pleno barrio de Belgrano.
En su hogar, no simpatizaban con el peronismo. Las hermanas se casaron con integrantes de la Fuerza Aérea. Su hermano Carlos llegó a ser coronel del Ejército.
En Buenos Aires, Taty se recibió de maestra y, a los 21 años, se casó con Jorge Almeida, que también venía de familia castrense. Un accidente lo dejó fuera de las fuerzas, y se dedicó a trabajar como despachante de aduanas. Con Jorge tuvieron tres hijos: Jorge Martín en 1953; Alejandro Martín en 1955 y María Fabiana en 1956.
El matrimonio duró hasta 1970. Entonces, Taty habló con sus hijos y les dijo que se iba a divorciar. Les pidió que consiguieran un trabajo y que terminaran sus estudios de noche. Ella empezó a trabajar como secretaria en un consultorio. Juntaba otros pesos haciendo encuestas: era una buena opción porque a ella le encantaba conversar con la gente.
Taty le consiguió empleo a Alejandro en Télam. Uno de sus cuñados era el interventor de la dictadura de la Revolución Argentina. Alejandro no dudó en organizar protestas contra su propio tío. Con el carnet de periodista, pudo cumplir un sueño: entrar a un recital de Joan Manuel Serrat, acercarse y regalarle una de las pulseritas que fabricaba.
En 1974, Alejandro ingresó a trabajar al Instituto Geográfico Militar. Para entonces, estudiaba medicina en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP).
–Esta gorilita de mierda… Sin embargo, yo la quiero tanto– le decía a su mamá mientras la abrazaba.
Cuando lo desaparecieron, Taty empezó a peregrinar. Fue a golpear las puertas de militares conocidos: Orlando Ramón Agosti, Leopoldo Fortunato Galtieri, Albano Harguindeguy y Ramón Camps, entre otros.
El 24 de marzo de 1976, ella tuvo cierta esperanza. Pensó que, con la irrupción de los militares –los conocidos de su familia–, iba a tener alguna respuesta. Nada de eso ocurrió. Tardó en sumarse a las Madres de Plaza de Mayo. Temía que la consideraran una espía por su entorno familiar.
Tomó coraje y se acercó a la Casa de las Madres, que estaba en la calle Lavalle. Lo primero que vio fue la pared repleta de los rostros de los desaparecidos. Por primera vez, sintió que la tragedia que estaba viviendo desde junio de 1975 no la afectaba únicamente a ella.
La atendió María Adela Gard de Antokoletz, entonces vicepresidenta de la asociación.
–¿A vos quién te falta?– le preguntó María Adela.
Taty hizo catarsis. Lloró, maldijo y finalmente se enojó con ella misma.
–No, mi hijita –la reprendió con cariño María Adela–. Cada Madre tiene su momento, y este es el tuyo.
En septiembre de 1979, hizo fila en Avenida de Mayo para denunciar la desaparición de Alejandro ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). El 10 de diciembre de 1983, volvió a colgar la bandera argentina en su casa. Estaba esperanzada con la democracia.
A pesar de que las Madres querían una comisión bicameral, no dudó en ir a contar su caso a la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep). “Si me dicen que hay un brujo acá en la esquina con datos de Alejandro, yo voy”, argumentó entonces.
Dentro del movimiento de derechos humanos, Taty fue promotora de entender que la represión estatal no había comenzado el 24 de marzo de 1976. De hecho, a ella la había golpeado nueve meses antes.
“Yo me siento parida por Alejandro. Me bajó de esa burbuja en la que toda la vida había vivido. Y estoy muy orgullosa de que él haya sido quien me parió. Yo era una gorila fatal. Me afeité. Todo eso fue después de lo de mi hijo”, se sinceró en una entrevista para el Archivo Oral de Memoria Abierta.
“Es mentira eso que te dicen que el tiempo cura las heridas –continuó–: yo cada vez lo extraño más. Yo querría tener aunque sea un huesito de Alejandro”.
Una despedida
Taty no sabía que Alejandro escribía poesías. Encontró los textos en una agenda después del secuestro.
“Si la muerte me sorprende lejos de tu vientre, porque para vos los tres seguimos en él, si me sorprende lejos de tus caricias que tanto me hacen falta, si la muerte me abrazara fuerte como recompensa por haber querido la libertad, y tus abrazos entonces sólo envuelven recuerdos, llantos y consejos que no quise seguir, quisiera decirte mamá que parte de lo que fui lo vas a encontrar en mis compañeros. La cita de control, la última, se la llevaron ellos, los caídos, nuestros caídos, mi control, nuestro control está en el cielo, y nos está esperando. Si la muerte me sorprende de esta forma tan amarga, pero honesta, si no me da tiempo a un último grito desesperado y sincero, dejaré el aliento el último aliento, para decir te quiero.”
La conmovió profundamente descubrir que Alejandro, a sus 20 años, sabía que iba a morir y se despedía de ella.
A lo largo de los años, Taty cumplió: fue encontrando parte de lo que fue Alejandro en sus compañeros. A través de ellos, supo de su militancia en el PRT. Ella solía recordar con gracia que una vez vio una estrella de cinco puntas y le preguntó a su hijo si era la estrella de David –totalmente ajena a la militancia por el socialismo que abrazaba su hijo–.
Con más pena, contaba otra anécdota: cuando fue a visitar a su hijo Jorge a España y juntos viajaron a Marruecos, ella les bajaba las chilabas a los hombres que se tapaban la cabeza con la intención de comprobar si alguno de ellos era Alejandro. No perdía las esperanzas de volver a abrazarlo.
No pudo encontrar los huesos de su hijo, como tanto quería. Tampoco pudo saber qué hicieron con él después del secuestro. Durante todas estas décadas, Taty siguió viviendo en el departamento de Palermo desde donde lo vio partir para no volver.
Defender la alegría como trinchera
Desde 2024, Taty presidió Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora. Como tal visitó a Cristina Fernández de Kirchner en su prisión domiciliaria. Fue la cara y el empuje de la mesa de organismos de derechos humanos, que organizó la masiva movilización del 24 de marzo pasado, al cumplirse medio siglo del inicio de la dictadura.
Ni la tristeza ni la derrota estuvieron jamás unidas a su nombre. Ella solía repetir “no nos han vencido” como un mantra. Gozaba de la compañía y las buenas charlas, como lo mostraba en cada emisión de ¿Qué me contás? por la AM750. Compartía el programa con “Charly” Pisoni y Paula Maroni, dos H.I.J.O.S. Para ella, era muy importante saber que las Madres habían pasado la posta de la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia.
En abril pasado, celebró y lloró cuando la Universidad de Buenos Aires (UBA) la distinguió con el honoris causa, que recibió rodeada de su hija Fabiana y sus nietos. “Le demostramos a (Javier) Milei que la resistencia continúa”, se entusiasmó.
Cada vez que recibía un reconocimiento, Taty imaginaba que Alejandro la miraba y se reía: “Mirá en lo que se convirtió la gorilita”. Tenía la tranquilidad de saber que su hijo estaría orgulloso de todo lo que ella hizo –por él y por tantos otros–.
“Quisiera que me recuerden con mi carácter –chinchuda–, con mis discusiones y con esa alegría de vivir. Y esa alegría dársela a la que está caída por algún motivo”, dijo en la entrevista con la que Página/12 inauguró el ciclo de charlas por los 50 años del último golpe de Estado.
Taty no dejó nada librado al azar. Será despedida en la Federación de Obreros y Empleados Telefónicos de la República Argentina (FOETRA), donde tantas veces festejó sus cumpleaños. El velatorio será el lunes, de 14 a 24, y el martes, 8 a 12, en Hipólito Yrigoyen 3171. No querían que llevaran flores, sino que ayudaran al sostenimiento del organismo que ella presidía.
Taty estaba internada desde hacía casi tres semanas en el Hospital Italiano. El sábado había estado animada. Tanto que se maquilló y posó para unas fotos. También se tomó un rato para enviar un mensaje a este diario para pedir que se publicara una actividad sobre los 71 años de los bombardeos en Plaza de Mayo. Ella, que era una gorila depilada, como bromeaba.
“Luchadora incansable que honraste la vida”, la despidió CFK en X. “Taty querida, donde estés, con tu hijo Alejandro, descansando al fin en paz, queremos decirte que acá las locas seguimos de pie, y somos millones”, la saludaron sus amigas de Abuelas de Plaza de Mayo en un comunicado.
“Gracias por enseñarnos que amar es resistir, que la única lucha que se pierde es la que se abandona y que no existe fuerza más grande que la del amor”, escribieron sus compañeras de la Línea Fundadora en redes sociales.
Su partida deja una herida profunda en el movimiento de derechos humanos y para gran parte de la sociedad que no olvida a sus desaparecidos ni perdona a los criminales. En cada marcha, el vozarrón de Taty seguirá gritando que los 30.000 desaparecidos están presentes. Como ella. Nota aquí.
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Monstriña
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miércoles, marzo 25, 2026
50 años, Memoria, Verdad y Justicia
Miles de personas llenaron la Plaza de Mayo a 50 años del golpe militar: hubo críticas al Gobierno en el acto central
Una multitud asistió a la conmemoración por el 24 de marzo frente a la Casa Rosada. La cronica de un día atravesado por el dolor y el recuerdo del inicio del período más sangriento de la historia argentina
La Plaza de Mayo es el escenario al que miles de ciudadanos llegan para conmemorar el 50° aniversario del inicio del periodo más sangriento de la historia argentina, que comenzó el 24 de marzo de 1976 con el golpe de Estado impulsado por las Fuerzas Armadas. Ya a falta de dos horas para el acto central, quedaba poco espacio en la plaza, y por la Avenida de Mayo, así como por las diagonales Norte y Sur, columnas multitudinarias comenzaban a decir “presente” en esta manifestación callejera.
Cerca de las 18, terminó el acto y empezó a terminar la masiva marcha de este 24 de marzo. La Plaza de Mayo y sus inmediaciones empezaron a desconcentrarse, aunque quedaba todavía un poco de energía para caminar hasta el subte o el colectivo con las pancartas en alto, las fotos de los desaparecidos bien visibles, el ánimo en alza.
El final de la manifestación por los 50 años del Golpe fue con las banderas en alto. Las físicas y las simbólicas. Las que volverán a la calle el año que viene con la misma pregunta: ¿dónde están los desaparecidos? Y la que seguirá exigiendo que se abran los archivos, que el Estado responda las preguntas que hoy todavía son una incógnita, y que el terror no se repita nunca más.
Este 24 de marzo la Plaza y la Avenida de Mayo empezó a colmarse a las 11 de la mañana y no dejó de circular gente. Cualquier foto del momento más colmado de esta manifestación le queda corta a su verdadera concurrencia, porque entraron y salieron miles de personas a lo largo de todo el martes. “Sacame las últimas, ma”, dice Pedro, de 12 años. Lleva una pancarta que le queda bien a su tamaño: él mismo pintó allí un pañuelo blanco y la palabra “Memoria”. Quiere una foto que le atesore el recuerdo de su obra en medio de esta marcha contundente.
Hacia las 15, la Avenida de Mayo es un hormiguero. Suenan tambores, se asoman cartulinas con algún pañuelo blanco pintado, caminan, al lentísimo ritmo que la multitud impone, las miles de personas que siguen llegando a la Plaza de Mayo.
No hay lugar en la vereda ni en los cafés de la Avenida, en los que se arma fila para conseguir alguna mesa o usar algún baño. Un joven levanta sobre su cabeza una silueta de El Eternauta, el héroe creado por Héctor G. Oesterheld. Él y sus cuatro hijas fueron secuestrados y desaparecidos por la dictadura.
De todas las banderas, hay una que, cada año, le sirve de columna a la marcha del 24 de e marzo: es larga, azul, resistente al paso de los años, y en ella están impresas las caras de los desaparecidos de la última dictadura militar.
El paso de esa bandera, que avanza entre la multitud hacia la Plaza, despliega dos efectos casi en simultáneo. Primero, cuando asoma en cada cuadra de la Avenida de Mayo, un silencio estremecedor. Casi inmediatamente después, un aplauso o cientas de voces que cantan “como a los nazis les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar”. Nota aquí.
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martes, marzo 24, 2026
Ismael Serrano
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León Gieco
León Gieco: El pañuelo como faro
La resistencia cultural durante la dictadura fue clave para mantener viva la memoria y la crítica. Como lo fue en los 90, y como lo es hoy. Pienso en Mercedes Sosa, quien fue puesta presa en La Plata, en un lugar peligroso, de Camps, pienso en esas canciones que ella convirtió en himnos porque la gente quería recordar, quería ese acompañamiento. Entre esas canciones convertidos en himnos de la resistencia, como “La maza” y tantas otras, se puede incluir también a “Solo le pido a Dios”, por el que fui citado por el general Montes.
Cualquier cosa que viniera del rock, ya era catalogada de actitud subversiva. Y los recitales les servían a estos tipos para enganchar pibes: yo mismo he ido a un par de conciertos del Luna Park -incluso en uno de Wedding Report- y a la salida he visto a esos estúpidos, fichando a la gente que hacían pasar entre ellos. Una combinación fatal: Gente estúpida y con poder, con poder de decidir la vida y la muerte.
“Te pego un balazo en la cabeza”
Por entonces yo estuve preso un par de veces en Córdoba, en Comodoro Rivadavia, y también fui citado al comando de Palermo por el General Montes, como decía, por “Solo le pido a Dios”. El tipo monologó y me dijo: la próxima vez que cante esta canción, te pego un balazo en la cabeza. Apuntándome con un arma.
Para esa época yo ya estaba recibiendo mensajes telefónicos, pero le daba poca importancia. Pero después de eso recibí uno de una mujer que me dijo: León, tenés que irte, saben dónde tu hija va al jardín de infantes. Ahí reaccioné: ¿qué tiene que ver mi hija con todo esto? Decidí irme a los dos días, regalé todo lo que tenía, los libros, los muebles, todo. Mi compañera Alicia con Lisa, que era chiquita, se fue a la casa de la mamá, dejamos el departamento, y a los dos días nos fuimos buscando dónde vivir. Pasamos por Perú, Colombia, Costa Rica, Venezuela y México. Hasta que hablamos por teléfono con Gabriela Molinari, la primera cantante de rock, que vivía en ese momento con Edelmiro Molinari, el guitarrista de Almendra, y ella, cariñosamente, nos invitó a que vayamos a su casa.
Así fue que terminé exiliado en Estados Unidos, y como no tenía prohibido entrar y salir del país (sí en radio y televisión) volví un par de veces, con mucho cuidado, a tocar en el interior, para pasar más desapercibido digamos, y así ir zafando. Después nos fuimos a Italia. Y ahí, con todos los exiliados que daban testimonio allá, fue que me enteré de las barbaridades que estaba haciendo la dictadura cívico-militar en Argentina, porque nosotros no lo sabíamos cabalmente todavía.
Fueron años en que se produjo una cultura del miedo, se impuso una censura brutal, se prohibieron libros, músicas, películas. Y sin embargo la cultura se abrió paso con obras de resistencia, que todavía tienen plena vigencia.
En medio de tanta noche en la que estuvieron involucrados empresarios, religiosos, jueces, colaboradores, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo emergieron como faros de resistencia, exigiendo justicia y la recuperación de los nietos apropiados. Son los mismos faros que nos siguen guiando hoy.
Días peligrosos
Y así como habían experimentado con Víctor Jara en Chile, acá los tipos tenían como plan matar a algún artista. Y yo creo, por cómo se hilaron las cosas, que al que habían elegido era Piero, que era muy popular y muy peronista. Cuando van a buscarlo, llegaron cuatro o cinco autos de policía, le rompieron toda la casa. Y Selva Aleman y su marido lo salvaron, él ya estaba en Ezeiza, por volar. Fueron dos horas en su caso, la diferencia entre la vida y la muerte.
Por eso yo lo incluí en la canción “Días peligrosos”, con una estrofa que hace referencia directa a este caso:
Cantaba canciones y lo fueron buscar,
mientras le rompían la casa, él ya estaba en Uruguay.
¿Cómo en dos horas pueden traer tanta vida o tanta muerte?
El destino, desde lo alto, decide.
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Georgina Hassan & León Gieco
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Eduardo Galeano
"En Argentina las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria"
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Teresa Parodi
El Nunca Más es hoy
Han pasado cincuenta años de aquella herida que sangra todavía.
De aquel dolor que aún duele cuando, pese a tanto, debe reclamar memoria.
Recuerdo dónde estaba cuando el primer comunicado oficial se escuchó, leído con aquella ominosa voz neutra que tantas veces ya habíamos escuchado, anunciándonos el nuevo orden.
Recuerdo el miedo que atenazaba hasta el aire. El siniestro relato con el que justificaron después la muerte, los secuestros, los centros clandestinos de detención, la tortura, el robo de bebés, las desapariciones, el horror, la vida rota. Recuerdo el terrible “algo habrán hecho”.
Quedamos a la intemperie, inermes, a merced de todo y la democracia moría derrotada.
Y cuando todo ya parecía irremediablemente perdido aparecieron Ellas para cambiar la historia.
Mujeres simples, mujeres madres de hijos arrancados de la vida. Madres de hijas que soñaban otro mundo. Madres que no callaron y nos enseñaron que el silencio deshonra.
Golpearon puertas, recorrieron cárceles, oficinas oscuras, sombrías catedrales, hospitales helados con sus inclaudicables preguntas.
“Circulen” les ordenaban y ellas circularon, sin detenerse nunca, luminosas, puro corazón y bravura.
Quebraron el silencio y la oscuridad con amorosa bronca, con el ardoroso fuego de su amor interminable. Solo había luz en los blancos pañuelos de esas mujeres “locas”. La única esperanza de que esa pesadilla terminara fueron sus pies marchando en inquebrantable búsqueda.
Les debemos la Patria, sí, y su honra.
Les debemos que la democracia pudiera ponerse de pie nuevamente victoriosa. Nota aquí.
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Chelo Candia
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sábado, marzo 21, 2026
María Takara de Oshiro
Murió María Takara de Oshiro
La madre de Plaza de Mayo tenía 95 y seguía buscando a su hijo
A los 95 años murió la madre de Plaza de Mayo María Takara de Oshiro, quien durante casi 50 años buscó incansablemente a su hijo Jorge Eduardo, uno de los 17 desaparecidos de la comunidad japonesa que fue víctima de la última dictadura cívico militar.
María fue por primera vez a la Plaza de Mayo el 30 de abril de 2016, cuando se cumplían 39 años de la creación de las Madres. Volvió al año siguiente. Una pareja de amigos le ofreció bordar un pañuelo para que ella lo llevara como las otras Madres. María aceptó, y lo estrenó el 30 de abril de 2018.
“Para mí es la primera vez con el pañuelo blanco en la Plaza, frente a ustedes y con el amor de todos ustedes”, dijo a la Revista Sudestada el 30 de abril de ese año, durante la marcha en homenaje por los 41 años de la primera ronda que tuvo lugar en 1977.
Su hijo Jorge había nacido en la Argentina el 2 de enero de 1958 y es recordado como uno de los 17 “nikkei” (primera generación de inmigrantes japoneses nacidos fuera de su país) desaparecidos.
Estudiaba en la Escuela Técnica de Villa Ballester, partido bonaerense de San Martín, y militaba en una de las ramas del Partido Socialista de los Trabajadores.
Sus compañeros sobrevivientes lo recuerdan como el joven que repartía volantes, vendía revistas y tocaba el sanshin, un instrumento musical de cuerdas propio de la cultura nipona.
Su familia y amigos cuentan que fue un joven al que le gustaba la música latinoamericana, el rock nacional y el ajedrez. Así lo describieron en los recordatorios que año a año publicaron en Página/12.
Fue secuestrado el 10 de noviembre de 1976 cuando era un adolescente de 18 años. En 2005, Eduardo Cagnolo, uno de los sobrevivientes del centro clandestino de detención y exterminio de Campo de Mayo declaró haber visto allí a Jorge Eduardo. Desde entonces, su desaparición es parte de la megacausa que investiga los crímenes de lesa humanidad ocurridos en ese lugar.
Con Jorge Eduardo Oshiro son 17 los “nikkei” víctimas del terrorismo de Estado. Ellos y ellas son Norma Inés Matsuyama, Amelia Ana Higa, Katsuya “Cacho” Higa, Juan Carlos Higa, Carlos Alberto Cardozo Higa, Carlos Aníbal Nakandakare, Emilio Yoshimiya, Carlos Eduardo Ishikawa, Luis Esteban Matsuyama, Oscar Takashi Ohshiro, Juan Takara, Juan Alberto Asato, Ricardo Dakuyaku, Carlos Horacio Gushiken, Julio Eduardo Gushiken y Jorge Nakamura. Nota aquí.
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domingo, marzo 01, 2026
Taty Almeida
“Hacer radio es llegar a la gente”
Todos los sábados de 10 a 13 en “¿Qué me contás?”, la gran referente de los derechos humanos en Argentina recurre a jugosas entrevistas para amplificar su labor militante: “Hoy quieren borrar la memoria, pero no lo van a lograr”, se planta.
“Esta es otra manera de hacer militancia, porque es muy interesante lo que uno puede llegar a intercambiar con el invitado”, celebra Taty Almeida. La enorme referente de los derechos humanos de la Argentina transita su segunda temporada en la AM750 con ¿Qué me contás? (y casi recita el título, ella misma, en un tono juguetón único), el programa de entrevistas que lleva junto a Charly Pisoni. Una Madre de Plaza de Mayo junto a un integrante de H.I.J.O.S., proponiendo extenderse en con la vida y obra de sus entrevistados.
“A ella le gusta mucho la radio, es una buena forma de que ella pase un buen momento, así nació la idea hace seis años. A ella se le pone un objetivo y lo consigue, hubo entrevistas a Charly García, Fito Páez, Joan Manuel Serrat e Ismael Serrano. Ella los consigue”, explicaba Pisoni hace un año, cuando la dupla ingresaba por primera vez a la señal.
A Taty la radio le encanta. Lo dice, pero no hace falta. Se le nota.
-¿Cómo es la experiencia de hacer este programa de entrevistas?
-No es la primera vez que lo hago, porque antes estábamos en El Destape y además yo en lo personal tenía un programa en Radio Nacional con Roberto Caballero, Anguita, un grupo lindísimo. En lo personal, amo la radio y amo esto que estamos haciendo con Pisoni, Paulita Maroni, en fin. Armamos también un grupo estupendo, para la producción del programa. Y además tenemos una invitados bárbaros. Estoy muy, muy contenta. Me encanta lo que estoy haciendo. Y también es una manera de alternar un poco con tantos problemas que hay. Esto es lindísimo. ¡Uno se entera de tantas cosas! Como se llama ¿Qué me contás?, entonces nos cuentan cosas de su vida.
-A nadie le sorprendería si quisieras hacer un programa de actualidad, de comentar las noticias de la semana. ¿Por qué preferís encarar el formato de programa de entrevistas?
-Es que es totalmente distinto. Esto tiene algo de las charlas que yo doy, dentro de mi militancia, pero a la vez es distinto, esta es otra manera de hacer militancia, porque es muy interesante lo que uno puede intercambiar con el invitado. Eso me encanta, es diferente. Pero siempre tiene un lindo motivo: llegar a la gente.
-Son tiempos difíciles para la libertad de prensa, ¿cómo ves la situación en estos momentos?
-¡Pero mirá lo que han hecho con los camarógrafos estos desgraciados! Mirá a Patricia Bullrich, que no deja de dar orden de que repriman. Es tremendo lo que estamos viviendo con este gobierno de payasos, con perdón de los payasos. Pero lo importante es seguir haciendo lo que las Madres hemos hecho y dicho por años: que la única lucha que se pierde es la que se abandona. Y no vamos a abandonar. Porque demostramos que resistimos y que no nos han vencido. Nota aquí.
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lunes, febrero 02, 2026
Taty Almeida
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sábado, enero 24, 2026
Las Abuelas y las Madres de la Plaza de Mayo
Las abuelas y las madres de la Plaza de Mayo reciben en Madrid el premio Abogados de Atocha: “La memoria tiene que ser fértil”
El colectivo argentino ha sido reconocido por trabajar por la búsqueda y la restitución de la identidad de los hijos y nietos secuestrados o nacidos en cautiverio durante la dictadura en el país sudamericano.
“La memoria tiene que ser fértil y producir hechos importantes”, dice con convicción Sara Mrad, una de las representantes de las abuelas y las madres de Plaza de Mayo. Este colectivo nació en 1977 para buscar a los hijos y nietos apropiados durante la dictadura argentina en los años setenta. Tras casi medio siglo de intenso trabajo en el que han logrado la restitución de 140 identidades, su historia sigue cruzando fronteras para sensibilizar sobre la importancia de defender las causas sociales. Representantes de la asociación han recibido este sábado en Madrid el premio Abogados de Atocha, un reconocimiento por ser símbolo mundial de lucha por la memoria, la justicia y la reparación.
Sara Mrad, de 75 años, y Carmen Arias, de 84, cubren sus cabezas con un pañuelo blanco ―uno de los símbolos más potentes de la historia argentina―. Originalmente era un pañal de tela que representaba a los hijos secuestrados durante la dictadura cívico-militar. Las dos son testigos de aquella época oscura. Ángel, el hermano de Carmen, y Ana, la hermana de Sara, están desaparecidos desde 1977. La asociación estima que alrededor de 500 hijos de personas desaparecidas que nacieron en cautiverio o fueron secuestrados junto a sus padres fueron apropiados entre 1975 y 1980. Algunos niños fueron entregados a familias cercanas a las Fuerzas Armadas o de seguridad; otros, abandonados en institutos como NN. Son cerca de 300 las identidades que todavía faltan por restaurar, personas que han vivido sin conocer de dónde vienen en realidad. Esta historia tuvo lugar en Sudamérica, pero la lucha por los derechos humanos es universal. El Patronato de la Fundación Abogados de Atocha y CC OO otorgan todos los años, cada 24 de enero, un premio y reconocimientos a aquellas personas o entidades caracterizadas por su defensa de la libertad y de la justicia. Un homenaje a los abogados que fueron asesinados en la matanza de Atocha de 1977. “Esta distinción nos acerca al pueblo de España, que también ha sufrido una represión muy grande”, subraya Mrad. Arias agrega que es una “satisfacción y un orgullo” que un país que no es el propio reconozca la labor que han hecho durante tanto tiempo y les permita hacer eco de su trabajo a las nuevas generaciones.
Las madres buscan a los hijos; las abuelas, a los nietos. La lucha es compartida. “Nosotras luchamos por todos los desaparecidos, socializamos la maternidad”, apunta Sara. A su lado está Leonardo Fossati, de 48 años, quien ha venido en representación de las abuelas de Plaza de Mayo. Él es uno de los nietos que recuperó su identidad gracias a la asociación. Tenía 27 años cuando se acercó a la filial de La Plata, después de que una amiga le hablara sobre las abuelas. Fossati cuenta que siempre tuvo dudas sobre su identidad: no veía parecido físico con la familia que lo crió, sentía sensaciones “difíciles de explicar con palabras”, pero que no le daban paz. Entonces investigó. Una primera versión fue una historia de abandono, pero un examen de sangre que fue analizado en el Banco Nacional de Datos Genéticos ―donde están alojadas todas las muestras de las familias desaparecidas durante la dictadura―, le dieron la verdad. “No me habían abandonado. A mi mamá y a mi papá los secuestraron el 21 de enero del 77 en Quilmes. Mi mamá tenía un embarazo de siete meses”.
Fossati es ahora miembro de la comisión directiva de Abuelas de Plaza de Mayo, uno de los herederos de la causa. Él ha venido en representación de las abuelas originales. “Ya quedan muy poquitas”, comenta. Sobre el premio Abogados de Atocha, ensalza que es un reconocimiento que le viene muy bien a los organismos de derechos humanos. “En Argentina, donde está habiendo voces de negacionismo, que reivindican esta última dictadura cívico-militar, tener el reconocimiento de otros países y de compañeros que acompañan e impulsan la misma lucha es muy importante para nosotros”.
Ese negacionismo, dice Fossati, se ha fortalecido en el gobierno del presidente Javier Milei. Paula Sansone tiene 48 años y su historia tiene un matiz: creció conociendo la verdad. Sus padres eran trabajadores del Banco Central y militantes de la Juventud Trabajadora Peronista. Ellos fueron secuestrados el 26 de marzo de 1977 y ella quedó al cuidado de unos vecinos, quienes la entregaron a sus abuelos. Actualmente, colabora con la asociación Abuelas de Plaza de Mayo, donde coordina la Casa por la Identidad. “Hoy no solo ya no tenemos los recursos del estado, sino que también nos hostiga”, lamenta. Como ejemplo de este hostigamiento, cita ataques constantes en redes sociales y cuenta que los detractores de la asociación acusan de “terroristas” a las personas secuestradas durante la dictadura. Cuando tuvieron el apoyo estatal, recuerda Sansone, las restituciones de identidad fueron mayores. Como consecuencia del corte de esta ayuda en el gobierno de Milei, la asociación ha tenido que buscar otras fuentes de financiación. En su página web han habilitado un espacio para recibir donaciones de personas o entidades que quieran apoyarlos. Nota aquí.
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martes, diciembre 09, 2025
Los 12 de la Santa Cruz
Actos en la Iglesia donde se infiltró Astiz
A 48 años de los secuestros de la Santa Cruz: “Memoria completa sería conocer el destino de los 30.000″
Familiares y compañeros de los doce secuestrados denunciaron las políticas de olvido y entrega el gobierno de Javier Milei.
La Iglesia de la Santa Cruz, ese lugar que Alfredo Astiz y la patota de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) sumieron en el terror hace 48 años, se llenó de memoria para recordar a las tres Madres de Plaza de Mayo, las dos monjas francesas y los siete militantes que fueron secuestrados entre el 8 y el 10 de diciembre de 1977. No fue solo un ejercicio de recordación. Sus familiares y compañeros denunciaron la decisión de reescribir la historia del gobierno de Javier Milei y respondieron a las provocaciones: “Memoria completa sería conocer el destino de los 30.000, de nuestros hermanos que aún nos falta encontrar. Memoria completa sería que cada uno de los asesinos y sus cómplices civiles estuviera cumpliendo prisión perpetua en una cárcel común”.
Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo, esperaba detrás del escenario que comenzara la conmemoración. Con su pañuelo en la cabeza, se fundió en un abrazo con Ismael Serrano, el cantautor que puso su música al servicio de la memoria. “Siempre que puedo y que me convocan las Madres estoy. En un contexto como el actual hay que reivindicar más que nunca la memoria y gritar fuerte que son 30.000, como un antídoto contra el negacionismo y los discursos de odio”, comenta Serrano con este diario.
A los pocos minutos, el acto empezó a rodar. Mabel Careaga se encargó de reconocer a Serrano por acompañar con su música al movimiento de derechos humanos. “Antes de conocer este país –al que llevo acudiendo desde 1997–, gran parte de mis referentes estaban aquí”, contestó él y contó que, en sus años de estudiante en la Universidad de Madrid, solía participar de los homenajes a las Madres.
Con su guitarra, tocó siete temas. El último fue Papá, cuéntame otra vez. Esta vez cantó que los muertos siguen podridos de crueldad y que ahora mueren en Gaza los que morían en Vietnam. A pocos metros, una mujer extendía una bandera de Palestina.
–Hola, hola –lo sorprendió Taty desde el público con un micrófono–. Cuando vos hablás, ahí está Alejandro, están los 30.000 –le dijo.
El cantante se emocionó desde el escenario, y Taty continuó: “A vos, querida Mabel, yo sé que desde algún lugar tu vieja te está aplaudiendo”.
Mabel es una de las hijas de Esther Ballestrino de Careaga, una de las dos Madres de Plaza de Mayo que fueron secuestradas en la Iglesia de la Santa Cruz. La otra fue María Ponce de Bianco. Su hija Ana estaba sentada entre el público.
El 8 de diciembre de 1977, las Madres de Plaza de Mayo y otros familiares de desaparecidos estaban recaudando fondos para publicar una solicitada en el diario La Nación. En el texto decían: “Por una Navidad en Paz, solo pedimos la Verdad”.
En la parroquia también estaban Ángela Auad, Patricia Oviedo, Eduardo Gabriel Horane, Raquel Bulit y la monja francesa Alice Domon. Todos ellos fueron secuestrados por un grupo de tareas y llevados a la ESMA.
Ese mismo día, la patota llevó a cabo otros dos operativos. Uno en el atelier de Remo Berardo en la calle Magallanes del barrio de La Boca. El otro, en el Bar Comet, del bajo porteño, donde estaban Julio Fondovila y Horacio Aníbal Elbert.
La cacería todavía estaba incompleta. Dos días después, un grupo de represores fue hasta la parroquia San Pablo, de Ramos Mejía, donde vivía la religiosa francesa Leonie Duquet. Azucena Villaflor de De Vincenti, fundadora del movimiento de las Madres de Plaza de Mayo, fue secuestrada a metros de su casa en Sarandí, Avellaneda, cuando salió a comprar un segundo diario para comprobar que la solicitada se había publicado correctamente.
Todos ellos fueron arrojados a las aguas del Mar Argentino en un vuelo de la muerte. En 2005, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) logró recuperar los restos de las tres Madres de Plaza de Mayo, de Duquet y de Auad.Nota aquí.
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sábado, octubre 04, 2025
Vera Jarach
Murió Vera Jarach, un emblema de la lucha por los derechos humanos
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miércoles, agosto 06, 2025
Enriqueta Maroni
Murió Enriqueta Maroni, expresidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora
"A nuestros hijos nos han robado, nunca jamás supimos más nada de ellos. El Ejército lo ha hecho. ¡El Ejército!", denunció en su recordado testimonio durante una ronda frente a la Casa Rosada en plena dictadura. Su hija María Beatriz y su hijo Juan Patricio continúan desaparecidos.
A los 98 años de edad murió Enriqueta Rodríguez de Maroni, expresidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, organización en la que militó por la memoria, verdad y justicia de las víctimas de la última dictadura cívico militar, entre las que se cuentan sus hijos María Beatriz y Juan Patricio.
La noticia fue confirmada esta mañana a través de un comunicado de esa organización de derechos humanos que ella encabezó entre 2022 y 2024. El texto informó que la despedida tendrá lugar esta tarde: “Te daremos la caricia postrera y nos iremos más huérfanxs, pero consoladxs por tu memoria luminosa”, dice la declaración.
Enriqueta fue docente y su figura trascendió por ser una de las Madres de Plaza de Mayo entrevistadas por la televisión holandesa en una de las marchas que tuvo lugar frente a la Casa Rosada mientras se disputaba el Mundial de Fútbol Argentina ‘78.
“Han venido a nuestras casas, las han allanado y robado cuanto han querido. Han destrozado nuestras casas y nos han robado todo lo que tenemos. Y además a nuestros hijos nos han robado, nunca jamás supimos más nada de ellos. El Ejército lo ha hecho. ¡El Ejército!”, denunció aquella vez.
Su hija María Beatriz, de 23 años, y su hijo Juan Patricio, de 21, fueron secuestrados el 5 de abril de 1977 junto a sus parejas por un grupo de tareas del Primer Cuerpo del Ejército, al mando del general Suárez Mason. Estuvieron cautivos en el centro clandestino de detención “Club Atlético”.
La esposa de Juan Patricio fue liberada días después, pero él, su hermana y su esposo, Carlos Alberto Rincón, permanecen desaparecidos. Nota aquí.
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