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lunes, mayo 11, 2026

María Eugenia Sampallo Barragán

 Una sangre común

María Eugenia Sampallo Barragán es hija de desaparecidos de la dictadura militar argentina. Al descubrirlo, en una decisión sin precedentes, se querelló contra el matrimonio que la crio, sus apropiadores. Esta es su historia

No sabe dónde nació. No sabe en qué fecha nació. No sabe cuánto tiempo su madre la tuvo con ella. No sabe qué nombre querían darle. No sabe dónde pasó su madre el último año y medio de vida. No sabe dónde pasó su padre el último año y medio de vida. No sabe si al final sufrieron, no sabe si les dolió, no sabe si fue rápido. Sí sabe en qué situación estaban ambos cuando ella misma empezó a desaparecer. Eso es todo. No hay final. Ni triste ni feliz: no hay final.

El primer encuentro es el 16 de septiembre de 2025 en la Cervecería Modelo, un bar y restaurante de la ciudad de La Plata, a 60 kilómetros de Buenos Aires, donde vive desde 2002. Tiene 47 y cumplirá 48 en un momento indeterminado de 2026 (aunque su documento dice que nació el 8 de febrero de 1978, es una fecha escogida más o menos al azar), pero la piel firme conserva una obstinación casi adolescente.

—Parecés mucho más joven.

—Es porque no tengo problemas: no tengo hijos, no tengo marido y no trabajo.

El chiste —expresado con sarcasmo— refleja parte de su vida actual: una parte pequeña de su vida actual.

—¿Cómo te dicen: María Eugenia, Eugenia?

—Mis amigos me dicen Maru.

—Si seguimos adelante, voy a tener que hablar con tus amigos, con tu abogado.

—Ya sé que la gente va a decir cosas que me van a parecer mal, pero está bien.

—No tenés contacto con tu familia biológica…

Corrige suavemente, sin hostilidad:

—Yo quitaría lo de “biológica”. Es mi única familia. No hay otra. Pero no tengo contacto con ellos.

—¿La próxima vez podemos encontrarnos en tu casa?

—Prefiero que no. No me gusta quedarme sola después de hablar de esto.

El 24 de marzo de 1976 los militares tomaron el poder en la Argentina, iniciando una dictadura que terminó en 1983. A lo largo de esos años, miles de ciudadanos —en su mayor parte militantes de agrupaciones de lucha armada, aunque no sólo— fueron secuestrados, torturados y desaparecidos en cientos de centros clandestinos de detención. Algunos de ellos eran mujeres embarazadas que dieron a luz en cautiverio. Muchos de esos niños, unos 300, fueron apropiados por los represores y entregados a familias de militares o de civiles que los criaron como propios, falsificando su identidad, en lo que se conoce como Plan sistemático de apropiación de menores. Desde 1977, la ONG Abuelas de Plaza de Mayo busca a esos niños, hijos de sus hijos e hijas. Han encontrado a 140. María Eugenia Sampallo Barragán fue y no fue una de ellos. En cierta forma, se buscó a sí misma.

—¿Recordás cuántos nietos habían aparecido antes que vos?, ¿qué número te corresponde?

—No, ni idea. En aquel momento no lo supe, ahora menos.

Es la nieta número 71.

Era el mes de febrero de 2008, verano en Buenos Aires. La causa se había iniciado en 2001 y llegaba el momento del juicio en el Tribunal Oral Federal número 5. Ese año hubo otros procesos importantes, pero ninguno generó tantos titulares como este porque, si bien algunos casos de apropiadores —aquellos que criaban a los hijos de los desaparecidos ocultándoles su procedencia— habían llegado a la justicia, nunca la persona apropiada, la misma víctima, se había constituido en querellante, esto es, en alguien que no sólo denuncia sino que es parte activa del proceso penal acusando a los imputados. Después de un peregrinaje por un mundo de procedimientos burocráticos que hasta poco antes le resultaban ajenos, María Eugenia Sampallo Barragán se presentó como querellante y llevó a juicio a sus apropiadores, Cristina Gómez Pinto y Osvaldo Rivas, y al militar Enrique Berthier, integrante de Inteligencia del Ejército Argentino, que fue quien la entregó a esa pareja. “Es el primer caso en llegar a esta instancia en el que una hija de desaparecidos que recuperó su identidad es querellante”, publicó el periódico Página/12. “María Eugenia Sampallo Barragán es la primera nieta recuperada por las Abuelas de Plaza de Mayo que llega a los tribunales en carácter de querellante contra las personas que actuaron como sus ‘padres’, pero que eran en realidad apropiadores”, publicó Infobae. Otros titulares decían: “Hija robada enjuicia a padres”; “El juicio que una hija hizo al matrimonio que la apropió”. Hija. Padres. Ella, que dormía con un candado en la puerta de su cuarto para que Cristina Gómez Pinto no pudiera entrar. Ella, que, siendo niña, cuando las peleas de ese matrimonio escalaban, corría al departamento de su vecina y aporreaba la puerta gritando: “¡Susto, susto, susto!”. Nota aquí.





miércoles, abril 22, 2026

Las Abuelas de Plaza de Mayo

 Emotivo mensaje de Abuelas de Plaza de Mayo para despedir a Luis Puenzo

El organismo de derechos humanos recordó que con su película “La historia oficial” “hizo conocer el drama de los niños y niñas apropiados en el mundo y contribuyó enormemente a la difusión de la búsqueda de Abuelas de Plaza de Mayo”.

Abuelas de Plaza de Mayo despidió “con profundo pesar” al director de cine Luis Puenzo, fallecido ayer a los 80 años. El organismo de derechos humanos recordó que con su película La historia oficial “hizo conocer el drama de los niños y niñas apropiados en el mundo y contribuyó enormemente a la difusión de la búsqueda de Abuelas de Plaza de Mayo”.

En un comunicado, Abuelas señaló que “en aquel tiempo una parte de la sociedad cuestionaba la legitimidad de la restitución de los nietos y nietas y el valor mismo del derecho a la identidad”, y que la película ganadora del Oscar “ayudó a que mucha gente comprendiera lo aberrante del delito de apropiación”.

Abuelas también expresó que, cuando se estrenó el film en 1985, “estaba empezando el Juicio a las Juntas, por lo que la mirada estaba puesta en los militares, no en los civiles, como hizo Puenzo en la película, quien además la pensó como cine político en un formato intimista, otro gran acierto”.

Al respecto, sobre un rodaje que se inició antes de la restauración democrática, y que incluye imágenes de marchas de los jueves en Plaza de Mayo, Abuelas destacó de Puenzo que “mientras escribía la película, junto con la inolvidable Aída Bortnik, mantuvo varios encuentros con las Abuelas, en particular con Estela de Carlotto y Rosa Roisinblit, quienes le entregaron las fotos de sus nietos y nietas para que se vieran en pantalla”.

En 2025, Puenzo fue reconocido con el Premio “Abridores de caminos”, otorgado por Abuelas, y dedicó su galardón a “todos esos chicos y chicas que aparecían en las fotos reales” que le dieron las Abuelas para la película.

Analía Castro interpretó a la pequeña Gaby en La historia oficial. Hoy tiene 46 años. “Era un ser maravilloso. Cuando yo era chiquita, él supo manejarme, hizo que yo fuese la nena feliz. Tenía mis tiempos para jugar, tenía mis tiempos para todo. Para mí fue muy divertido. Siempre tuvo mucho cuidado conmigo, no solo era un buen director, sino muy buena persona”. Así se refirió a Puenzo tras conocerse la noticia de su muerte. Nota aquí.



miércoles, marzo 25, 2026

Estela de Carlotto

 Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo: “Estamos muy viejitas, pero los nietos sabrán continuar la búsqueda”

A sus 95 años, esta referente de los derechos humanos en Argentina reitera el Nunca Más a la dictadura en el 50º aniversario del golpe: “Tengo fuerza, dolor y la responsabilidad asumida de que lo que nos pasó a nosotras no vuelva a ocurrir”

Estela Barnes de Carlotto (Buenos Aires, 95 años) es uno de los grandes símbolos de resistencia a la dictadura argentina. Trabajaba como directora de una escuela en La Plata, 60 kilómetros al sur de la capital argentina, cuando el 26 de noviembre de 1977 un grupo de tareas de la dictadura secuestró a su hija Laura, embarazada de dos meses y medio. Su vida se quebró. Abandonó la rutina burguesa de una persona “común y corriente”, como le gusta definirse, y se sumó a la lucha colosal de un grupo de mujeres que buscaba a los bebés nacidos en cautiverio y robados por los militares: Abuelas de Plaza de Mayo. De Carlotto preside la organización desde 1989 y la búsqueda continúa, con una tenacidad que ha cruzado las fronteras de Argentina y es conocida en todo el mundo.

A 50 años del golpe de Estado, la titular de Abuelas de Plaza de Mayo cuenta a EL PAÍS que solo siguen vivas dos integrantes de esta organización. Han logrado localizar y restituir su verdadera identidad a 140 nietos. Buscan a unos 300 más.

Al principio, la búsqueda fue muy artesanal, con investigaciones de abuelas que simulaban hacer las compras en los barrios donde podían estar sus nietos o merodeaban jardines de infantes. No era suficiente y pidieron ayuda a la ciencia: necesitaban alguna herramienta que les permitiera identificar de forma fehaciente a sus nietos. La respuesta fue el “índice de abuelidad”, una fórmula que permite probar la filiación por vía genética en ausencia de los padres.

El 5 de agosto de 2014, el ADN le confirmó a De Carlotto que había encontrado a su nieto. La restitución de Guido se festejó en Argentina como una causa nacional. “Luego de 36 años de búsqueda se hizo la luz. Apareció mi nieto Guido”, dijo de Carlotto, emocionada, al abrir la conferencia de prensa. “Cuando lo encontré a él, volvió Laura. Sentí que volvía Laura y es cierto, él lleva la sangre de mi hija en sus venas, y ese dolor, esa ausencia, se hizo menos fuerte”, contó después de estrecharlo por primera vez entre sus brazos. El hallazgo le dio nuevas fuerzas para buscar a los demás. “Jamás pensamos que nuestra búsqueda iba a ser para siempre”, responde por escrito a esta entrevista.

¿Cómo la encuentra este 50 aniversario del golpe? ¿Qué sentimientos le despierta?

En estas más de cuatro décadas hemos ido encontrando lentamente a nuestros nietos y nietas. Sentimos la satisfacción del deber cumplido. No tengo odio ni tampoco rencor. Tengo fuerza, dolor y la responsabilidad asumida de que lo que nos pasó a nosotras no vuelva a ocurrir. Mi vida estuvo partida en dos: por un lado, la felicidad de mi familia, mi esposo e hijos, y por otro, el dolor de la pérdida y la búsqueda. Quedamos dos Abuelas de Plaza de Mayo: la vicepresidenta Buscarita Roa y yo.

¿Qué recuerda del golpe y esos primeros días de dictadura, cuando todavía no era claro lo que vendría?

No estaba muy claro lo que vendría, pero sonaba a algo tremendo. Yo era docente, una mujer común, como el resto de las Abuelas, y fueron nuestras hijas e hijos, todos ellos militantes, quienes nos despertaron a lo que estaba sucediendo. Ellos sí sabían lo que se venía. “Todos tenemos un proyecto de vida, pero sabemos que miles de nosotros vamos a morir y nuestra muerte no va a ser en vano”, me dijo mi hija Laura, poco antes de ser secuestrada.

¿Cuándo se dio cuenta de la magnitud de la tarea que tenían por delante y cómo llevarla a cabo?

Al principio, pensamos que nuestros hijos e hijas iban a ser liberados. Pronto nos dimos cuenta de que no, pero pensamos que nos iban a dar a nuestros nietos. Tampoco fue así. Jamás pensamos que nuestra búsqueda iba a ser para siempre. De a poco nos fuimos juntando, escuchando, conteniendo y dándole forma a esta institución que ya lleva 48 años de lucha. Nota aquí.



50 años, Memoria, Verdad y Justicia

 Miles de personas llenaron la Plaza de Mayo a 50 años del golpe militar: hubo críticas al Gobierno en el acto central

Una multitud asistió a la conmemoración por el 24 de marzo frente a la Casa Rosada. La cronica de un día atravesado por el dolor y el recuerdo del inicio del período más sangriento de la historia argentina

La Plaza de Mayo es el escenario al que miles de ciudadanos llegan para conmemorar el 50° aniversario del inicio del periodo más sangriento de la historia argentina, que comenzó el 24 de marzo de 1976 con el golpe de Estado impulsado por las Fuerzas Armadas. Ya a falta de dos horas para el acto central, quedaba poco espacio en la plaza, y por la Avenida de Mayo, así como por las diagonales Norte y Sur, columnas multitudinarias comenzaban a decir “presente” en esta manifestación callejera.

Cerca de las 18, terminó el acto y empezó a terminar la masiva marcha de este 24 de marzo. La Plaza de Mayo y sus inmediaciones empezaron a desconcentrarse, aunque quedaba todavía un poco de energía para caminar hasta el subte o el colectivo con las pancartas en alto, las fotos de los desaparecidos bien visibles, el ánimo en alza.

El final de la manifestación por los 50 años del Golpe fue con las banderas en alto. Las físicas y las simbólicas. Las que volverán a la calle el año que viene con la misma pregunta: ¿dónde están los desaparecidos? Y la que seguirá exigiendo que se abran los archivos, que el Estado responda las preguntas que hoy todavía son una incógnita, y que el terror no se repita nunca más.

Este 24 de marzo la Plaza y la Avenida de Mayo empezó a colmarse a las 11 de la mañana y no dejó de circular gente. Cualquier foto del momento más colmado de esta manifestación le queda corta a su verdadera concurrencia, porque entraron y salieron miles de personas a lo largo de todo el martes. “Sacame las últimas, ma”, dice Pedro, de 12 años. Lleva una pancarta que le queda bien a su tamaño: él mismo pintó allí un pañuelo blanco y la palabra “Memoria”. Quiere una foto que le atesore el recuerdo de su obra en medio de esta marcha contundente.

Hacia las 15, la Avenida de Mayo es un hormiguero. Suenan tambores, se asoman cartulinas con algún pañuelo blanco pintado, caminan, al lentísimo ritmo que la multitud impone, las miles de personas que siguen llegando a la Plaza de Mayo.

No hay lugar en la vereda ni en los cafés de la Avenida, en los que se arma fila para conseguir alguna mesa o usar algún baño. Un joven levanta sobre su cabeza una silueta de El Eternauta, el héroe creado por Héctor G. Oesterheld. Él y sus cuatro hijas fueron secuestrados y desaparecidos por la dictadura.

De todas las banderas, hay una que, cada año, le sirve de columna a la marcha del 24 de e marzo: es larga, azul, resistente al paso de los años, y en ella están impresas las caras de los desaparecidos de la última dictadura militar.

El paso de esa bandera, que avanza entre la multitud hacia la Plaza, despliega dos efectos casi en simultáneo. Primero, cuando asoma en cada cuadra de la Avenida de Mayo, un silencio estremecedor. Casi inmediatamente después, un aplauso o cientas de voces que cantan “como a los nazis les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar”. Nota aquí.











martes, marzo 24, 2026

Ismael Serrano

 


León Gieco

 León Gieco: El pañuelo como faro

La resistencia cultural durante la dictadura fue clave para mantener viva la memoria y la crítica. Como lo fue en los 90, y como lo es hoy. Pienso en Mercedes Sosa, quien fue puesta presa en La Plata, en un lugar peligroso, de Camps, pienso en esas canciones que ella convirtió en himnos porque la gente quería recordar, quería ese acompañamiento. Entre esas canciones convertidos en himnos de la resistencia, como “La maza” y tantas otras, se puede incluir también a “Solo le pido a Dios”, por el que fui citado por el general Montes.

Cualquier cosa que viniera del rock, ya era catalogada de actitud subversiva. Y los recitales les servían a estos tipos para enganchar pibes: yo mismo he ido a un par de conciertos del Luna Park -incluso en uno de Wedding Report- y a la salida he visto a esos estúpidos, fichando a la gente que hacían pasar entre ellos. Una combinación fatal: Gente estúpida y con poder, con poder de decidir la vida y la muerte.

“Te pego un balazo en la cabeza”

Por entonces yo estuve preso un par de veces en Córdoba, en Comodoro Rivadavia, y también fui citado al comando de Palermo por el General Montes, como decía, por “Solo le pido a Dios”. El tipo monologó y me dijo: la próxima vez que cante esta canción, te pego un balazo en la cabeza. Apuntándome con un arma.

Para esa época yo ya estaba recibiendo mensajes telefónicos, pero le daba poca importancia. Pero después de eso recibí uno de una mujer que me dijo: León, tenés que irte, saben dónde tu hija va al jardín de infantes. Ahí reaccioné: ¿qué tiene que ver mi hija con todo esto? Decidí irme a los dos días, regalé todo lo que tenía, los libros, los muebles, todo. Mi compañera Alicia con Lisa, que era chiquita, se fue a la casa de la mamá, dejamos el departamento, y a los dos días nos fuimos buscando dónde vivir. Pasamos por Perú, Colombia, Costa Rica, Venezuela y México. Hasta que hablamos por teléfono con Gabriela Molinari, la primera cantante de rock, que vivía en ese momento con Edelmiro Molinari, el guitarrista de Almendra, y ella, cariñosamente, nos invitó a que vayamos a su casa.

Así fue que terminé exiliado en Estados Unidos, y como no tenía prohibido entrar y salir del país (sí en radio y televisión) volví un par de veces, con mucho cuidado, a tocar en el interior, para pasar más desapercibido digamos, y así ir zafando. Después nos fuimos a Italia. Y ahí, con todos los exiliados que daban testimonio allá, fue que me enteré de las barbaridades que estaba haciendo la dictadura cívico-militar en Argentina, porque nosotros no lo sabíamos cabalmente todavía.

Fueron años en que se produjo una cultura del miedo, se impuso una censura brutal, se prohibieron libros, músicas, películas. Y sin embargo la cultura se abrió paso con obras de resistencia, que todavía tienen plena vigencia.

En medio de tanta noche en la que estuvieron involucrados empresarios, religiosos, jueces, colaboradores, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo emergieron como faros de resistencia, exigiendo justicia y la recuperación de los nietos apropiados. Son los mismos faros que nos siguen guiando hoy.

Días peligrosos

Y así como habían experimentado con Víctor Jara en Chile, acá los tipos tenían como plan matar a algún artista. Y yo creo, por cómo se hilaron las cosas, que al que habían elegido era Piero, que era muy popular y muy peronista. Cuando van a buscarlo, llegaron cuatro o cinco autos de policía, le rompieron toda la casa. Y Selva Aleman y su marido lo salvaron, él ya estaba en Ezeiza, por volar. Fueron dos horas en su caso, la diferencia entre la vida y la muerte.

Por eso yo lo incluí en la canción “Días peligrosos”, con una estrofa que hace referencia directa a este caso:

Cantaba canciones y lo fueron buscar,

mientras le rompían la casa, él ya estaba en Uruguay.

¿Cómo en dos horas pueden traer tanta vida o tanta muerte?

El destino, desde lo alto, decide.

Nota aquí.





Georgina Hassan & León Gieco

 


Nietos & Nietas

 Historias de nietos y nietas apropiados por la dictadura que restituyeron su identidad: “Sea cual sea, la verdad libera”

Alrededor de 500 bebés nacidos en cautiverio o secuestrados junto con sus padres fueron entregados por los militares como botín de guerra. Abuelas de Plaza de Mayo ya ha encontrado a 140 y busca a los que faltan.

Un nombre, una casa, una determinada estructura familiar: pocas cosas parecen tan inapelables como ese conjunto de elementos que acompañan el inicio de una vida. Sin embargo, para cientos de hombres y mujeres en Argentina, esos datos fueron una construcción falsa o, al menos, fundada en una mentira. Durante la dictadura militar que gobernó el país entre 1976 y 1983 alrededor de 500 bebés nacidos durante el cautiverio de sus madres o secuestrados junto a sus padres fueron apropiados, entregados como botín de guerra y criados bajo identidades adulteradas. Casi cinco décadas después, Abuelas de Plaza de Mayo ha logrado restituir la identidad de 140 y, mermada en recursos por el gobierno de Javier Milei, la organización sigue trabajando para encontrar a los que faltan. “Jamás pensamos que nuestra búsqueda iba a ser para siempre”, dice su presidenta, Estela de Carlotto.

Abuelas de Plaza de Mayo nació dentro de Madres de Plaza de Mayo, ese grupo de mujeres que en 1977 comenzó a reunirse frente a la Casa de Gobierno para organizar la búsqueda de sus hijos e hijas, que habían sido secuestrados de manera clandestina por el régimen militar sin dejar ningún registro de dónde estaban o cuál era su situación. Comenzaron con tareas de investigación muy artesanales: hacían compras en los barrios en que sospechaban que estaban sus nietos para hacer preguntas, merodeaban escuelas, sacaban alguna foto. Ya en democracia desarrollaron métodos y herramientas científicas para avanzar en la identificación de los nietos, como el “índice de abuelidad”, que permitió establecer vínculos genéticos en ausencia de los padres.

Actualmente reciben alrededor de 800 presentaciones espontáneas por año: denuncias de personas que tienen información sobre posibles casos o directamente personas que dudan de su identidad, lo que deriva en investigaciones y puede culminar en un cruce con la información del Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG), donde se almacenan los perfiles de las familias que buscan a sus seres queridos. En años de mayor visibilidad, las presentaciones pueden alcanzar las 1000. En 2025, por ejemplo, se produjo un pico tras el estreno en Argentina de la serie El Eternauta y la renovada difusión de la historia de su autor, Héctor Oesterheld, desaparecido al igual que sus cuatro hijas, dos de ellas embarazadas.

Ese volumen de presentaciones supera ampliamente la cantidad de nietos que aún se buscan. La explicación radica en que la apropiación de niños durante la dictadura se apoyó en una práctica previa en la Argentina: la adopción ilegal y el tráfico de bebés. Gracias a la articulación entre Abuelas y la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi), se resolvieron alrededor de 2000 casos de personas que no eran hijos de desaparecidos, pero que también habían sido privadas de su identidad biológica.

Actualmente, solo dos abuelas continúan activas en la organización: Estela de Carlotto, de 95 años, y Buscarita Roa, vicepresidenta, de 88. Nuevas generaciones se han ido incorporando a la comisión directiva para mantener la tarea de encontrar a los que faltan. El paso del tiempo introduce nuevas variables. Los nietos robados rondan los 50 años y es posible que, si decidieron postergar la pregunta por su identidad hasta ahora, sientan menos motivación para enfrentarlo al pensar en que tal vez ya no estén sus abuelas esperándolos. Pero ahora están sus hijos e hijas. “La apropiación se hereda, así como se hereda la identidad —señala Claudia Poblete, nieta restituida e integrante de la comisión directiva de Abuelas—. Tal vez la motivación ahora puede estar ahí, en que tus hijas o hijos no hereden esa mentira que vos no pudiste resolver”. Nota aquí.








León Gieco & Estela de Carlotto

 León Gieco cantó “La Memoria”, acompañado por Estela de Carlotto

En el marco de las actividades por los 50 años del golpe de Estado, León Gieco interpretó su emblemática canción “La Memoria” junto a Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, reforzando el compromiso con la verdad y la justicia.

En un encuentro que quedará para la historia, el cantautor interpretó “La Memoria”, un himno que reclama justicia contra la impunidad y mantiene vivo el recuerdo de las víctimas, ante la atenta mirada de Estela, que lo acompañó en algunas estrofas.

En el video, que se difundió en distintas plataformas, se los puede ver sentados frente a frente, y con la emoción a flor de piel, Gieco entona las estrofas del tema que se convirtió en una insignia de la historia argentina.

“Mucha emoción cantar para vos, Estelita”, le dice el artista al final su interpretación. A lo que la referente de Abuelas responde: “No sabes lo que yo siento en este momento, de tenerte acá, en mi sencillísima casa. Una casa de lucha, porque la quisieron romper toda, la bombardearon y nos salvamos”.

Pese a todas las fatalidades que le tocó vivenciar y con la constancia, valentía y determinación que la caracterizan, Estela destacó que “la vida es linda y hay que vivirla sin odio”.

La unión de Gieco y Carlotto resalta la resistencia a través del arte y la memoria colectiva, un tema central en la lucha de los organismos de Derechos Humanos. Nota aquí.




sábado, enero 24, 2026

Las Abuelas y las Madres de la Plaza de Mayo

 Las abuelas y las madres de la Plaza de Mayo reciben en Madrid el premio Abogados de Atocha: “La memoria tiene que ser fértil”

El colectivo argentino ha sido reconocido por trabajar por la búsqueda y la restitución de la identidad de los hijos y nietos secuestrados o nacidos en cautiverio durante la dictadura en el país sudamericano.

“La memoria tiene que ser fértil y producir hechos importantes”, dice con convicción Sara Mrad, una de las representantes de las abuelas y las madres de Plaza de Mayo. Este colectivo nació en 1977 para buscar a los hijos y nietos apropiados durante la dictadura argentina en los años setenta. Tras casi medio siglo de intenso trabajo en el que han logrado la restitución de 140 identidades, su historia sigue cruzando fronteras para sensibilizar sobre la importancia de defender las causas sociales. Representantes de la asociación han recibido este sábado en Madrid el premio Abogados de Atocha, un reconocimiento por ser símbolo mundial de lucha por la memoria, la justicia y la reparación.

Sara Mrad, de 75 años, y Carmen Arias, de 84, cubren sus cabezas con un pañuelo blanco ―uno de los símbolos más potentes de la historia argentina―. Originalmente era un pañal de tela que representaba a los hijos secuestrados durante la dictadura cívico-militar. Las dos son testigos de aquella época oscura. Ángel, el hermano de Carmen, y Ana, la hermana de Sara, están desaparecidos desde 1977. La asociación estima que alrededor de 500 hijos de personas desaparecidas que nacieron en cautiverio o fueron secuestrados junto a sus padres fueron apropiados entre 1975 y 1980. Algunos niños fueron entregados a familias cercanas a las Fuerzas Armadas o de seguridad; otros, abandonados en institutos como NN. Son cerca de 300 las identidades que todavía faltan por restaurar, personas que han vivido sin conocer de dónde vienen en realidad. Esta historia tuvo lugar en Sudamérica, pero la lucha por los derechos humanos es universal. El Patronato de la Fundación Abogados de Atocha y CC OO otorgan todos los años, cada 24 de enero, un premio y reconocimientos a aquellas personas o entidades caracterizadas por su defensa de la libertad y de la justicia. Un homenaje a los abogados que fueron asesinados en la matanza de Atocha de 1977. “Esta distinción nos acerca al pueblo de España, que también ha sufrido una represión muy grande”, subraya Mrad. Arias agrega que es una “satisfacción y un orgullo” que un país que no es el propio reconozca la labor que han hecho durante tanto tiempo y les permita hacer eco de su trabajo a las nuevas generaciones.

Las madres buscan a los hijos; las abuelas, a los nietos. La lucha es compartida. “Nosotras luchamos por todos los desaparecidos, socializamos la maternidad”, apunta Sara. A su lado está Leonardo Fossati, de 48 años, quien ha venido en representación de las abuelas de Plaza de Mayo. Él es uno de los nietos que recuperó su identidad gracias a la asociación. Tenía 27 años cuando se acercó a la filial de La Plata, después de que una amiga le hablara sobre las abuelas. Fossati cuenta que siempre tuvo dudas sobre su identidad: no veía parecido físico con la familia que lo crió, sentía sensaciones “difíciles de explicar con palabras”, pero que no le daban paz. Entonces investigó. Una primera versión fue una historia de abandono, pero un examen de sangre que fue analizado en el Banco Nacional de Datos Genéticos ―donde están alojadas todas las muestras de las familias desaparecidas durante la dictadura―, le dieron la verdad. “No me habían abandonado. A mi mamá y a mi papá los secuestraron el 21 de enero del 77 en Quilmes. Mi mamá tenía un embarazo de siete meses”.

Fossati es ahora miembro de la comisión directiva de Abuelas de Plaza de Mayo, uno de los herederos de la causa. Él ha venido en representación de las abuelas originales. “Ya quedan muy poquitas”, comenta. Sobre el premio Abogados de Atocha, ensalza que es un reconocimiento que le viene muy bien a los organismos de derechos humanos. “En Argentina, donde está habiendo voces de negacionismo, que reivindican esta última dictadura cívico-militar, tener el reconocimiento de otros países y de compañeros que acompañan e impulsan la misma lucha es muy importante para nosotros”.

Ese negacionismo, dice Fossati, se ha fortalecido en el gobierno del presidente Javier Milei. Paula Sansone tiene 48 años y su historia tiene un matiz: creció conociendo la verdad. Sus padres eran trabajadores del Banco Central y militantes de la Juventud Trabajadora Peronista. Ellos fueron secuestrados el 26 de marzo de 1977 y ella quedó al cuidado de unos vecinos, quienes la entregaron a sus abuelos. Actualmente, colabora con la asociación Abuelas de Plaza de Mayo, donde coordina la Casa por la Identidad. “Hoy no solo ya no tenemos los recursos del estado, sino que también nos hostiga”, lamenta. Como ejemplo de este hostigamiento, cita ataques constantes en redes sociales y cuenta que los detractores de la asociación acusan de “terroristas” a las personas secuestradas durante la dictadura. Cuando tuvieron el apoyo estatal, recuerda Sansone, las restituciones de identidad fueron mayores. Como consecuencia del corte de esta ayuda en el gobierno de Milei, la asociación ha tenido que buscar otras fuentes de financiación. En su página web han habilitado un espacio para recibir donaciones de personas o entidades que quieran apoyarlos. Nota aquí.





domingo, octubre 12, 2025

Rep

 


viernes, octubre 10, 2025

Silvio Rodríguez

 Silvio Rodríguez, reconocido en Moreno

Silvio Rodríguez está en la Argentina y antes de los conciertos agotadísimos que dará en el Movistar Arena (este sábado y domingo, y el próximo 21 de octubre) ayer se hizo un tiempo para una visita especial a Moreno, donde fue recibido por la intendenta Mariel Fernández, y a su vez recibió dos reconocimientos: el pañuelo de Abuelas de Plaza de Mayo, y el guardapolvo de "Maestro del pueblo" del gremio docente Ctera. 

Todo sucedió en el centro cultural La Chicharra, ubicado en el barrio San Norberto de la localidad de Cuartel V, el barrio donde creció la intendenta y aprendió "a construir y militar comunitariamente", según contó conmovida. Entre las muestras de cariño y emoción se recordó que el acto "significa un homenaje a la memoria, la cultura, la educación, la organización popular y la promoción de la cultura solidaria que caracterizan al pueblo morenense". El momento más esperado de la jornada, claro, llegó cuando Silvio Rodríguez ofreció un mini recital para los presentes. 

Por Abuelas, la "tía" Gladys Salazar -integrante de la comisión directiva de Abuelas de Plaza de Mayo- entregó a Silvio una remera de la campaña #SoyDeAbuelas y un pañuelo que le corresponde, dijo, "por sostener con tu poesía nuestra lucha". Silvio recibió también un libro sobre de la historia del gremio docente y otro sobre la histórica dirigente Stella Maldonado. 

Antes de interpretar “El colibrí y la flor”, el artista compartió una anécdota personal: “La primera canción que yo me aprendí la cantaba mi abuela, que nació en el siglo 19, y después la cantaba mi madre”. Para el cierre llegó “Rabo de nube”, todo un himno del cantautor cubano. 

Mostraron lo suyo también los chicos y chicas de la orquesta y el ballet municipal, sostenidos por un programa que busca garantizamos el acceso a formación artística bienes culturales como instrumentos musicales, como un apolítica pública. Nota aquí.



lunes, septiembre 15, 2025

Paula Inama

 "Quise agradecerles a las Abuelas por buscarme"

En enero, restituyó su identidad. Se encontró con una hermana y un hermano que siempre la habían buscado. Quiso ir a agradecerles a las Abuelas por haberla encontrado y destaca el rol que jugaron la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) y el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG), dos de los organismos atacados por el Gobierno de Javier Milei.

En octubre del año pasado, Paula recibió un correo de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi). Le decían que tenían información que querían compartir con ella. Sintió que algo le estrujaba el pecho. Tenía 46 años y dos hijos. En todo ese tiempo, no se le había cruzado que podría ser hija de personas desaparecidas.

Llamó y acordó un encuentro. El 1 de noviembre estuvo en la Conadi y, de allí, se fue al Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG) a dejar una muestra de su sangre. Aunque nunca había sospechado que podía ser una de las tantas víctimas del terrorismo de Estado, ese día Paula pensó: “Ojalá dé positivo y pueda saber quién soy y quiénes fueron mis padres”.

El 20 de enero pasado le llegó un mensaje. Querían hablarle desde la Conadi. Ella estaba de vacaciones en Brasil. Así se enteró de su “positivo”. Era la hija de Daniel Inama y Noemí Macedo, militantes del Partido Comunista Marxista Leninista (PCML) secuestrados en noviembre de 1977. Ambos fueron vistos en el centro clandestino de detención conocido como Club Atlético.

Desde entonces, la vida de Paula dio un vuelco. Se encontró con dos hermanos, Paula y Ramón, y varios sobrinos. Quiso ir a la casa de las Abuelas para agradecerles en persona por haberla buscado.

En una charla con Página/12, Paula cuenta su historia. “Estoy focalizada en que siga creciendo la relación con mis hermanos biológicos. De mis padres lamentablemente no puedo tener nada nuevo, pero de ellos sí”, dice.

–¿Cómo llevás estos meses?

–La verdad que a veces bien, a veces mal. Es como un sube y baja de emociones porque yo nunca imaginé mi realidad de hoy en día. No sospechaba o tenía dudas de algo. Nunca. Jamás. Cuando me llega el mail de la Conadi diciendo que tenían información confidencial para mí, no entendía nada. Lo primero que hice fue mandárselo a mis amigas. Todas somos del mismo año. Una me decía: “¿Pero nunca se te cruzó, Pau? Porque yo alguna vez pensé que podía ser (hija de personas desaparecidas)”. No. A mí nunca se me cruzó, ni por haber nacido dentro de estos años. Entonces, fue todo más duro. No sé cuánto tiempo lleva, pero el proceso es difícil. Nota aquí.



domingo, septiembre 07, 2025

Rosa Roisinblit

 Murió Rosa Roisinblit, presidenta honoraria de Abuelas de Plaza de Mayo

Logró encontrar a su nieto nacido en el campo de concentración de la ESMA; buscó a otros cientos. Es ejemplo de la lucha por los derechos humanos en el mundo.

Todo se derrumbó una mañana de octubre de 1978. Rosa Tarlovsky de Roisinblit recibió el llamado de su consuegra. “Vení rápido que se llevaron a los chicos”. Rosa no entendía bien qué pasaba. Cuando llegó, se encontró con su nietita de quince meses, Mariana Eva, hamacándose en la plaza mientras lloraba y pedía por su mamá. Rosa empezó a golpear puertas con la confusión a cuestas, pero con la certeza de que debía apurarse porque su hija pronto daría a luz a su segundo nieto. El terrorismo de Estado demoró ese encuentro 21 años. Los privó a ambos de juegos y meriendas compartidas. Durante todo ese tiempo, ella buscó. Lo buscó a él y a otros cientos de niños y niñas robados por la dictadura. A los 106 años, falleció Rosa Roisinblit, presidenta honoraria de Abuelas de Plaza de Mayo y referente en el mundo de los derechos humanos. Se fue con la tranquilidad que da el deber cumplido.

Rosita o Site, como la llamaba la familia, nació el 15 de agosto de 1919 en Moisés Ville, provincia de Santa Fe. Era hija de colonos judíos. Fue una excelente alumna y quería seguir estudiando cuando terminó la secundaria –algo poco común en aquellos años.

La única oportunidad que se le presentó fue ser partera. Se recibió de obstetra en la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y fue partera jefa de la Maternidad Escuela de Obstetricia de Rosario.

En 1949, decidió mudarse a la Ciudad de Buenos Aires. Pidió vivir en el sanatorio donde trabajaba. Conoció a Benjamín Roisinblit cuando ella ya rondaba los 30 años. Se casaron en 1951. Fueron los años más felices de su vida, le contó Rosa a Marcela Bublik, autora del libro Abuela.

En 1952, nació Patricia Julia, única hija de la pareja. Fue, como su mamá, una estudiante aplicada. Cuando llegó la hora de anotarse en la universidad, Patricia también se inclinó por la salud y empezó a estudiar Medicina. Le quedaron unas pocas materias para recibirse. Debió dejar sus estudios por la persecución que ya había comenzado.

Patricia militaba en Montoneros junto con su pareja, José Manuel Pérez Rojo. En junio de 1977 nació su primera hija, Mariana. Rosa estaba feliz. No quería separarse de Patricia ni de la beba. En varias entrevistas, contó que la chiquita llenaba su vida. Ella ya estaba jubilada y hacía cinco años que había enviudado.

Junto con un amigo, José había montado una juguetería y cotillón en la galería Saint George de Martínez. De allí se los llevó el 6 de octubre de 1978 una patota de de la Regional de Inteligencia de Buenos Aires (RIBA) de la Fuerza Aérea. La caravana siguió hasta el departamento de la calle Gurruchaga donde vivían José, Patricia y Mariana. Secuestraron a Patricia, que estaba embarazada de ocho meses, y a la nena la dejaron en la casa de unos familiares. Nota aquí.



lunes, septiembre 01, 2025

"Teatro x la Identidad"

 "Teatro x la Identidad" celebra 25 años de lucha junto a las Abuelas

Dramaturgos, directores, actores y actrices participarán este año del ya clásico ciclo que incluirá once monólogos. "Hubo un recambio necesario y vital porque hoy son lxs nietxs quienes aparecen al final de cada función para dar su testimonio", señala Cristina Fridman, una de las fundadoras de esta iniciativa. 

Once monólogos. Once historias. Once personajes. Un grupo de dramaturgxs, directorxs, actores y actrices se juntan una vez más a celebrar un rito que viene sucediendo de manera milagrosa y convencida desde el 2000. Un cuarto de siglo no es poca cosa. Se trata del ciclo Teatro x la Identidad, que este año se desarrollará los lunes de septiembre a las 20 en el ND Teatro (Paraguay 918). Las entradas gratuitas se entregarán en la boletería del teatro, los días de función, desde las 18.30 hasta agotar el aforo disponible.

Cristina Fridman es una de las fundadoras de este hecho cultural y, en diálogo con Página/12, asegura que "todos los recuerdos son hermosos" aunque en aquel momento "no teníamos idea de lo que íbamos a hacer". La semilla fue A propósito de la duda, un semimontado escrito por Patricia Zangaro y dirigido por Daniel Fanego (a quien está dedicada la edición 2025). "A partir de ese suceso pensamos que había que continuar porque venía mucha gente joven. Eso fue a fines de los 90 y era impresionante porque prácticamente no hacíamos publicidad, funcionaba con el boca a boca. Había filas larguísimas para ver la obra. Teníamos programada una única función y terminó prolongándose todo el año", cuenta la productora.

Después de ese acontecimiento inédito que podría asemejarse a los orígenes de la gesta de Teatro Abierto, los organizadores convocaron a otros artistas y empezaron a juntarse para pensar nuevos cruces creativos. "Había mucha avidez por hacer este tipo de cosas. Después del menemismo todo era muy bien recibido", comenta. El productor Miguel Rottenberg había ofrecido su espacio, Entrecasa del Espectáculo, para hacer las reuniones y así se gestó el primer ciclo oficial. Cristina recuerda que en esa época no había tantos celulares entonces tenían que ser muy creativos a la hora de pensar las estrategias de comunicación: "Armamos una comisión de difusión: pedimos poner un puestito en el Teatro San Martín, volanteábamos en las plazas, hacíamos afiches y performances. Había mucha polenta y mucha gente joven".

Muy pronto se dio el cruce entre aquel grupo de artistas y las Abuelas de Plaza de Mayo. Consultada por ese vínculo inspirador, Fridman subraya: "Las Abuelas fueron, son y serán un faro para todos los que estamos en TxI. Son un ejemplo de lucha y coherencia. Creo que cualquier persona de bien, con sentido común, va a coincidir en que es una lucha genuina. Más allá de todo lo que puedan discutir, esta es una verdad irrefutable: los militares se robaron a esos bebés, entregaron sus nietos a otras familias y hoy no conocen su identidad". Además, la actriz señala que las Abuelas "siempre se manejaron de manera pacífica, pidiendo justicia con respeto; nunca hubo agresiones ni odio" y "siempre sumaron a otros sectores como la ciencia o la cultura, porque la búsqueda no es solo de ellas sino de toda la sociedad". Nota aquí.



miércoles, agosto 06, 2025

Estela de Carlotto

 El día que Estela de Carlotto recuperó a su nieto tras 36 años de búsqueda: “No quería morirme sin abrazarlo”

El 5 de agosto de 2014, hace hoy 11 años, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo supo que su nieto, Ignacio Montoya Carlotto, estaba vivo. Tras una lucha incansable, descubrió que entre los hombres que buscaban su identidad estaba la persona que ella había buscado toda la vida.

En 1978, la celebración del primer campeonato mundial ganado por Argentina dejó una imagen épica: el abrazo entre los flamantes campeones Alberto Tarantini y Ubaldo “el Pato” Fillol, junto a un hincha sin brazos que se unía al festejo. El fotógrafo Ricardo Alfieri inmortalizó ese momento en el Estadio Monumental el 25 de junio y lo llamó “el abrazo del alma”.

Un día después, el 26 de junio, Ignacio (Guido) Montoya Carlotto nacía en cautiverio, en un centro clandestino de detención. Su madre, Laura Carlotto, había sido secuestrada siete meses antes en su casa de la ciudad de Buenos Aires, estando embarazada. Su padre, Walmir Montoya, había sido secuestrado en noviembre de 1977.

Treinta y seis años después, el 5 de agosto de 2014, Estela de Carlotto, fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, dio al mundo la noticia más esperada:“¡Él me buscó! Vino a Abuelas, lo he recibido. Fue a la Conadi, fue recibido y escuchado. Y hoy me dicen: ‘¡Es tu nieto!’”, contó emocionada. Al día siguiente, se encontraron en La Plata. La nueva “foto del alma” fue la del abrazo entre esa abuela de ojos llorosos y el nieto que no dejaba de sonreír.

El abrazo

Durante más de tres décadas, Estela de Carlotto imaginó ese momento mil veces. Imaginó la cara, la voz, los gestos de su nieto. Imaginó qué le diría, si se dejaría abrazar, si la reconocería como su abuela. Lo imaginó dormido en los brazos de Laura, su hija, cuando apenas era un bebé. Pero el 6 de agosto de 2014, todo lo que había sido sueño, dolor y esperanza se convirtió en realidad. Por fin, lo tuvo frente a ella.

Aquel joven alto, de andar tranquilo y mirada serena, había vivido 36 años con otro nombre, Ignacio Hurban, en Olavarría. Criado por una familia del campo, era músico, componía, tocaba el piano. Y aunque su vida parecía completa, había una duda silenciosa que lo rondaba desde hacía tiempo. Fue esa duda la que lo empujó a hacerse el análisis de ADN. Simplemente porque algo no cerraba en su historia. Cuando lo pensó, lo dijo con calma: “Si soy hijo de desaparecidos, que mi abuela sea la abuela máxima”. Lo dijo como si fuera una broma. Pero no lo era. Y se lo admitió a su abuela, mirándola a los ojos.

El 5 de agosto, un día antes de aquel abrazo, la jueza María Romilda Servini de Cubría llamó a Estela para decirle que debía contarle algo. Estela llegó sola. No sospechaba nada de lo que sucedería. Sin rodeos, la magistrada le dio la noticia que llevaba 36 años esperando: le dijo que había encontrado a su nieto. A Guido, como lo llamó durante 37 años, desde que Laura Carlotto le puso ese nombre en el vientre. Dicen que Estela casi se cae de la silla al escucharla y que un secretario tuvo que sostenerla para que no se derrumbara. Había ocurrido. El milagro por el que tanto había esperado, y que le dio motivo a su vida, era una realidad. Supo también quién era el padre de su nieto, cuyo nombre le resultaba desconocido. Nota aquí.







jueves, julio 31, 2025

Risas y Abrazos

 Las Abuelas de Plaza de Mayo invitan al festival "Risas y abrazos"

El encuentro multidisciplinario incluirá música, teatro, cine y arte, y se desarrollará este jueves y viernes. Una buena salida para cerrar las vacaciones de invierno. 

Las Abuelas de Plaza de Mayo invitan a cerrar las vacaciones de invierno con la novena edición del festival multidiscipliario "Risas y abrazos". Serán dos jornadas (jueves y viernes) de arte, música, teatro y cine con entrada gratuita en la Casa por la Identidad del Espacio Memoria y Derechos Humanos (exEsma). La actividad es parte de una nutrida agenda que distintos organismos ofrecen por el receso invernal en el predio (ver aparte), en un momento en que se siente el desmantelamiento del Conti.

"El festival fue una forma que encontramos de difundir la Casa por la Identidad en las vacaciones de invierno. Es un lugar donde se cuenta la historia de Abuelas y el derecho a la identidad, y nuestra principal fuente de difusión son los visitantes que vienen sueltos y las escuelas, tanto primarias como secundarias. En vacaciones de invierno empezamos a tener un flujo distinto de público, de otras provincias y, en otros momentos, extranjero. El festival es para difundir la temática de Abuelas a los niños que vengan acompañados por sus padres", explica a Página/12 Paula Sansone, coordinadora de la Casa.

Sobre el contexto, expresa: "Estamos en una época adversa, pero hay una gran cantidad de la población que apoya las políticas de memoria, verdad y justicia, que quiere que continúen, que las considera logros que nos atañen a todos los ciudadanos. Creo que eso es importante y es algo que tenemos que sostener". El encuentro permite "transmitir la búsqueda de Abuelas" en un marco muy difícil, también, para los organismos de derechos humanos que funcionan en el excentro clandestino de detención. "El Espacio Memoria tiene menos trabajadores, menos público, menos oferta cultural. Estamos tratando de sostenerlo gracias al compromiso de los trabajadores del Ente Público y de los que estamos en los organismos de derechos humanos, y por supuesto de los artistas y de la sociedad que nos acompaña", agrega Sansone.

"Risas y abrazos" comienza este jueves a las 14.30 con un espectáculo musical y teatral de Las hermanas misterio, Canciones para perder el tiempo, una aventura sobre un juego de azar que las llevará "por agujeros negros, desconocidas dimensiones y laberintos musicales", dice la sinopsis. A las 15.30, la artista plástica Estrellita Caracol ofrecerá un taller de collage colectivo titulado "Abuelas que vuelan". Es una invitación a armar un mural de papel para homenajear la lucha y visibilizar la búsqueda de los Nietos y Nietas. Para cerrar la jornada, a las 17.30, habrá una función de cine por la identidad para niños y niñas, con la proyección de Anina, de Alfredo Soderguit Barboza, película uruguaya multipremiada. 

El viernes las actividades estarán enfocadas en las y los más pequeños. A las 15 Anda Calabaza presentará su taller lúdico musical “Entre las hojas que cantan”, pensado para niños y niñas de cero a siete años acompañados por sus familias. Se trata de un espacio de encuentro para compartir canciones, bailes, orquestas de instrumentos y cuentos; "una invitación a compartir la escucha, la exploración y el juego a través del intercambio". Luego, a las 17, Los Rockan presentarán En el mundo de la ternura, show con canciones de María Elena Walsh y temas propios que convoca a "pasear por paisajes llenos de naturaleza, números, animales, encuentros y barriletes de colores".

Con "acompañamiento" del Banco Provincia, todo ocurrirá en Avenida del Libertador 8151. Durante ambas jornadas habrá, además, un puesto con remeras de Abuelas para niños, niñas y adultos, y con otras ofertas que contribuyen a sostener las tareas de la institución. Además, quienes quieran sumarse como donantes de la asociación podrán hacerlo ahí mismo.

"Las Abuelas siempre han utilizado herramientas culturales para difundir su lucha. Las usamos para poder llegar a la mayor cantidad de personas posible", dice Sansone, quien agradece la "solidaridad de los artistas", sin cuyo "compromiso" el evento no podría realizarse. "Es un festival que hacemos sin recursos económicos y en estos momentos es una forma para que Abuelas pueda, aparte de difundir su lucha, contarle a la sociedad la situación que estamos atravesando con un gobierno que le cortó todos los recursos a la asociación. También es una forma de seguir difundiendo la búsqueda porque otra de las cosas que pasó con los recortes es que no hay canales oficiales donde difundir que en Argentina aún faltan por encontrar 300 Nietos y Nietas.". Nota aquí.



martes, julio 22, 2025

Alicia Partnoy

 Conmovedor relato de la sobreviviente de La Escuelita, clave para la recuperación del nieto 140

Alicia Partnoy habló con La Brújula 24 desde los Estados Unidos, donde reside desde su obligado exilio.

La escritora bahiense Alicia Mabel Partnoy, sobreviviente de La Escuelita, tuvo un rol protagónico en la recuperación del nieto 140. Su relato sobre el horror de lo vivido en el centro clandestino de detención que funcionó en terrenos de la Guarnición V Cuerpo de Ejército, sirvió para guiar la investigación de Abuelas de Plaza de Mayo. Esa búsqueda tuvo un final feliz y en las últimas horas se hizo el anuncio del hallazgo del hijo de Graciela Alicia Romero y Raúl Eugenio Metz, también bahienses. Este martes, en La Brújula Televisión, Adriana Metz Romero, hermana de Raúl, celebró lo que consideró una alegría "colectiva".

Esta mañana, en diálogo con el periodista Germán Sasso en "Bahía Hoy", Partnoy, actualmente radicada en los Estados Unidos después de ser obligada al exilio, resaltó la labor de los medios de comunicación, así como de Abuelas y de Hijos, en la búsqueda de los nacidos en cautiverio.

“La sociedad nos ayuda a que alguien diga que no conoce su historia, o que no sabe dónde está su partida de nacimiento, o a que advierta que su familia elude información. Todo eso hizo que se juntara un rompecabezas”, dijo. La mujer, que estuvo dos meses privada de la libertad en la cárcel de Villa Floresta y dos años en Villa Devoto, recordó: “estábamos considerados un peligro para la sociedad". "Cuando en enero de 1977 llegó la Cruz Roja a Villa Devoto, yo intento denunciar esto porque sabía el nombre de la madre (Graciela Romero) y que había dado a luz”.

Partnoy recordó -tal como lo relató en 1999, al declarar en la primera etapa de los Juicios por la Verdad- haber visto a Graciela Romero, con quien compartían habitación, “caminando con los ojos vendados alrededor de una mesa para acelerar el parto”.

“Me identifico mucho con las madres porque mi hija tenía un año y medio cuando me secuestran. Por eso pedí que me dejaran asistir a Graciela en el parto. Cuando me hacen lavar los platos, incluyen una ensaladera verde grande que, según me dijeron, iban a utilizar durante el parto. No me permitieron ayudarla y después ella me alcanzó a contar que había dado a luz a un varón y que estaba bien", rememoró.

Partnoy señló que, en diciembre de 1981, cuando Estela de Carlotto y otra integrante de Abuelas de Plaza de Mayo la visitan en los Estados Unidos, comenzó la investigación que permitió localizar a Raúl. “Lloré mucho cuando recibí la noticia”, dijo Alicia. Nota aquí.









martes, julio 08, 2025

Nieto No140

Abuelas de Plaza de Mayo anunció la restitución del Nieto 140

Se trata del hijo de Graciela Alicia Romero y Raúl Eugenio Metz, nacido en un centro clandestino en Bahía Blanca. Estela de Carlotto realizó la confirmación en conferencia de prensa.

Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, anunció la restitución de la identidad del nieto 140. El anuncio se realizó durante una conferencia en la sede de la organización en Buenos Aires, donde la referente del organismo de derechos humanos enfatizó la importancia de esta nueva restitución para la lucha por la memoria y la identidad en la Argentina.

Carlotto expresó: “Esto es un bálsamo a seguir a pesar de las circunstancias. Hay alguien que nos ayuda desde arriba, que son nuestras queridas madres que no están. Están los nietos al lado, dándonos fuerza para seguir hasta esta edad que tengo yo. Todavía estoy lúcida y eso es felicidad”.

El caso del nieto 140 corresponde al hijo de Graciela Alicia Romero y Raúl Eugenio Metz. De acuerdo con los datos brindados por la organización, ambos padres nacieron en Bahía Blanca, ciudad en la que también nació su hijo el 17 de abril de 1977. Según testimonios de sobrevivientes, Graciela dio a luz mientras se encontraba detenida en el centro clandestino conocido como “La Escuelita” de Bahía Blanca.

egún comunicaron en la conferencia, hasta el viernes pasado, el hombre desconocía su verdadera identidad. “Hoy le damos la bienvenida al hijo de Graciela Alicia Romero y Raúl Eugenio Metz. El nieto 140 nació el 17 de abril de 1977, en el centro clandestino ‘La Escuelita’ de Bahía Blanca, como se supo a través de compañeros de cautiverio de Graciela. Su hermana, Adriana, lo buscó desde siempre junto a sus abuelos”, señaló Carlotto en la conferencia.

De acuerdo a lo que explicaron, la familia Metz era “integrada por diez hermanos y originaria de un ambiente politizado por la militancia comunista del abuelo”. Los hechos ocurrieron después del secuestro y desaparición de Graciela, quien tenía 24 años en el momento de su detención y parto. La búsqueda de este nieto fue constante, especialmente por parte de su hermana Adriana, junto a los abuelos.

Con respecto a la importancia de estos hallazgos, Carlotto afirmó: “Con la restitución del nieto 140, confirmamos que nuestros nietos y nietas están entre nosotros. Y gracias a este trabajo, seguirán apareciendo. La búsqueda no puede ser en soledad”.

Abuelas de Plaza de Mayo renovó el llamado a la sociedad a acompañar estas búsquedas colectivas. Según Carlotto, “los nietos y nietas que faltan, están entre nosotros. Están cerca. Necesitan ser acompañados para animarse a conocer su verdadero origen. Cualquier sospecha, por mínima que parezca, es motivo para acercarse a Abuelas”.

La conferencia de prensa se llevó a auditorio de la Casa por la Identidad del Espacio Memoria, en Av. Del Libertador 8151, Ciudad de Buenos Aires.

En enero de este año, Abuelas había anunciado la restitución de la Nieta número 139 y se confirmó que es hija de Noemí Beatriz Macedo y Daniel Alfredo Inama, desaparecidos en 1977.

En aquella conferencia de prensa, Carlotto detalló: “La joven estaba embarazada de seis o siete meses. Los dos fueron vistos por sobrevivientes en el centro clandestino Club Atlético. En el mismo operativo en el que secuestraron a Daniel, también se llevaron a otros compañeros del Partido (Comunista Marxista Leninista): Teresa Galeano, Jorge Georgiev, Beatriz Longhi y Oscar Rios. Todos permanecen desaparecidos”. Nota aquí.




sábado, mayo 10, 2025

Las Abuelas de la Plaza de Mayo

 “Efecto Eternauta”: en Abuelas de Plaza de Mayo se sextuplicaron las consultas de los argentinos que dudan sobre su identidad

En los días posteriores al estreno de la serie crecieron también las denuncias sobre posibles apropiaciones de bebés durante la última dictadura.

“¿Estás mirando la serie El Eternauta? Si es así y naciste en noviembre de 1976 o entre noviembre de 1977 y enero de 1978 y tenés dudas sobre tu identidad o la de alguien que nació en esas fechas, contactate con Abuelas de Plaza de Mayo”. La publicación en redes fue compartida por esa organización y también por H.I.J.O.S. Capital. La imagen que eligieron es contundente.

Al afiche callejero de la serie producida por Netflix y protagonizada por Ricardo Darín se le superponen, en blanco y negro, las fotos de Héctor Germán Oesterheld, el hombre al que se le ocurrió la historia de El Eternauta en los años cincuenta, y de sus cuatro hijas: los cinco fueron desaparecidos por la última dictadura. Nunca más se supo de ellos.

Las Abuelas siguen buscando a las nietas o nietos de Oesterheld y Elsa Sánchez, su compañera de vida. Son dos de los alrededor de trescientos nietos a los que aún buscan para que conozcan su verdadera identidad e historia. Y el estreno de El Eternauta, que se convirtió en la serie de habla no inglesa de mayor audiencia unos días después de ser lanzada, no sólo reavivó la atención sobre esas dos búsquedas sino sobre todas las que hace la organización de derechos humanos.

Las consultas a Abuelas por parte de personas que dudan sobre su identidad y que nacieron entre 1975 y 1983, que es el período en el que concentra su búsqueda la organización, se sextuplicaron después de que la serie, una adaptación de Bruno Stagnaro a la historieta guionada por Oesterheld y dibujada por Francisco Solano López, llegara a la plataforma de streaming.

Según pudo averiguar Infobae, en 2024, entre el 1º y el 7 de mayo, Abuelas recibió 18 de esas consultas. Pero este año, en ese mismo período de tiempo y con la serie estrenada el 30 de abril, las consultas fueron 106 en menos de una semana. Para dimensionar el fenómeno alcanza con pensar que en lo que va de este año se acercaron a Abuelas 902 personas para consultar sobre su identidad y, de ese total, una de cada diez ocurrió en la semana posterior al lanzamiento de la serie.

“Nos da esperanza y alegría ver que a partir de la serie se reactivan los mecanismos creados por las Abuelas, que son que las personas que dudan sobre su verdadera identidad o que tienen información sobre posibles casos de apropiación se acerquen y cuenten sus historias”, le dice Manuel Gonçalves Granada a Infobae. Nieto de Matilde Pérez de Gonçalves, restituido en 1997, es secretario de Abuelas de Plaza de Mayo. “La multiplicación de consultas abre la enorme expectativa de encontrar al próximo nieto o nieta, que es por lo que trabajamos y las Abuelas luchan día a día”, destaca.

La organización no sólo recibe consultas sobre identidad, sino también denuncias de quienes sospechan de alguna presunta historia de apropiación de bebés ocurrida durante la dictadura. Esas denuncias también se dispararon en medio del “efecto Eternauta”. Entre el 7 y el 14 de abril hubo 21, mientras que del 30 de abril al 9 de mayo, ya con la serie estrenada, fueron 62: prácticamente se triplicaron esos acercamientos.

En los seis capítulos de esta primera temporada de la serie, que transcurre en nuestra actualidad y no en la del cómic, se empieza sabiendo de a poco, con sutileza, que Juan Salvo es ex combatiente de la Guerra de Malvinas. Y que esa, claro, experiencia lo dejó herido: sabe cómo moverse en medio del apocalipsis porque estuvo en uno, y el estrés postraumático le pasa factura décadas después. Esa capa de la serie, constitutiva de su personaje principal es una forma de hablar de la dictadura. Una forma de decir qué les pasó a los soldados que fueron enviados a las islas por la Junta encabezada por Leopoldo Fortunato Galtieri. Nota aquí.