Historias de nietos y nietas apropiados por la dictadura que restituyeron su identidad: “Sea cual sea, la verdad libera”
Alrededor de 500 bebés nacidos en cautiverio o secuestrados junto con sus padres fueron entregados por los militares como botín de guerra. Abuelas de Plaza de Mayo ya ha encontrado a 140 y busca a los que faltan.
Un nombre, una casa, una determinada estructura familiar: pocas cosas parecen tan inapelables como ese conjunto de elementos que acompañan el inicio de una vida. Sin embargo, para cientos de hombres y mujeres en Argentina, esos datos fueron una construcción falsa o, al menos, fundada en una mentira. Durante la dictadura militar que gobernó el país entre 1976 y 1983 alrededor de 500 bebés nacidos durante el cautiverio de sus madres o secuestrados junto a sus padres fueron apropiados, entregados como botín de guerra y criados bajo identidades adulteradas. Casi cinco décadas después, Abuelas de Plaza de Mayo ha logrado restituir la identidad de 140 y, mermada en recursos por el gobierno de Javier Milei, la organización sigue trabajando para encontrar a los que faltan. “Jamás pensamos que nuestra búsqueda iba a ser para siempre”, dice su presidenta, Estela de Carlotto.
Abuelas de Plaza de Mayo nació dentro de Madres de Plaza de Mayo, ese grupo de mujeres que en 1977 comenzó a reunirse frente a la Casa de Gobierno para organizar la búsqueda de sus hijos e hijas, que habían sido secuestrados de manera clandestina por el régimen militar sin dejar ningún registro de dónde estaban o cuál era su situación. Comenzaron con tareas de investigación muy artesanales: hacían compras en los barrios en que sospechaban que estaban sus nietos para hacer preguntas, merodeaban escuelas, sacaban alguna foto. Ya en democracia desarrollaron métodos y herramientas científicas para avanzar en la identificación de los nietos, como el “índice de abuelidad”, que permitió establecer vínculos genéticos en ausencia de los padres.
Actualmente reciben alrededor de 800 presentaciones espontáneas por año: denuncias de personas que tienen información sobre posibles casos o directamente personas que dudan de su identidad, lo que deriva en investigaciones y puede culminar en un cruce con la información del Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG), donde se almacenan los perfiles de las familias que buscan a sus seres queridos. En años de mayor visibilidad, las presentaciones pueden alcanzar las 1000. En 2025, por ejemplo, se produjo un pico tras el estreno en Argentina de la serie El Eternauta y la renovada difusión de la historia de su autor, Héctor Oesterheld, desaparecido al igual que sus cuatro hijas, dos de ellas embarazadas.
Ese volumen de presentaciones supera ampliamente la cantidad de nietos que aún se buscan. La explicación radica en que la apropiación de niños durante la dictadura se apoyó en una práctica previa en la Argentina: la adopción ilegal y el tráfico de bebés. Gracias a la articulación entre Abuelas y la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi), se resolvieron alrededor de 2000 casos de personas que no eran hijos de desaparecidos, pero que también habían sido privadas de su identidad biológica.
Actualmente, solo dos abuelas continúan activas en la organización: Estela de Carlotto, de 95 años, y Buscarita Roa, vicepresidenta, de 88. Nuevas generaciones se han ido incorporando a la comisión directiva para mantener la tarea de encontrar a los que faltan. El paso del tiempo introduce nuevas variables. Los nietos robados rondan los 50 años y es posible que, si decidieron postergar la pregunta por su identidad hasta ahora, sientan menos motivación para enfrentarlo al pensar en que tal vez ya no estén sus abuelas esperándolos. Pero ahora están sus hijos e hijas. “La apropiación se hereda, así como se hereda la identidad —señala Claudia Poblete, nieta restituida e integrante de la comisión directiva de Abuelas—. Tal vez la motivación ahora puede estar ahí, en que tus hijas o hijos no hereden esa mentira que vos no pudiste resolver”. Nota aquí.






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