La diferencia entre recordar y juzgar
Un país que, como Argentina, enjuicia a sus dictadores no elimina las discusiones sobre el pasado, pero establece un marco de referencia común.
Un hombre señala la tierra. No es un juez, ni un historiador, ni un político, ni un agrimensor. Es un campesino: Juan José Solanille. Lo contó frente a un tribunal: camiones militares entrando y saliendo de Loma del Torito, dentro del predio donde estuvo el centro clandestino de detención La Perla, en Córdoba (Argentina). Movimientos nocturnos, tierra removida, restos humanos que le traían sus perros, tumbas. El campesino dio su testimonio en el juicio a las juntas militares de 1985. A muchos de los presentes se les puso la piel de gallina. El defensor del dictador Roberto Eduardo Viola, en cambio, no bien terminó la declaración, pidió a los jueces que le hicieran pericias a Solanille, para determinar si tenía problemas mentales o de alcoholismo. Los jueces no pidieron ninguna pericia y, en base a cientos de testimonios, probaron los delitos y condenaron a los culpables. Hubo que esperar 41 años para confirmar que el campesino había dicho la verdad.
Cada sociedad resuelve la transición democrática en base a su historia y a su idiosincrasia. Hay países que prefieren olvidar su pasado y hay países que lo recuerdan. Pero también hay países que además de recordarlo, lo juzgan. Argentina es uno de estos. No hace falta ahondar sobre los efectos negativos de olvidar el pasado. Pero entre recordar y juzgar hay una distancia profunda: la distancia que separa una memoria ética de una verdad judicial.
Cada año, cuando se acerca el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, en mi país resurge la conversación acerca de la dictadura que padecimos. El tema no es nuevo; muchos de nosotros lo recordamos a diario. Lo novedoso hoy es el contexto en el que vuelve a plantearse. Bajo el Gobierno de Javier Milei, desde algunos sectores del poder político y cultural han reaparecido discursos que buscan relativizar el terrorismo de Estado, discutir cifras, reinstalar la idea de una “guerra” o reclamar una llamada “memoria completa”. Nota aquí.

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