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miércoles, julio 08, 2026

Claudia Piñeiro & Reynaldo Sietecase

 


martes, marzo 24, 2026

Claudia Piñeiro

El capital del miedo

Veo mis piernas, no me veo de cuerpo entero, sólo mis piernas con las medias Ciudadela azules estiradas hasta las rodillas, los zapatos con cordones, el borde del guardapolvo. Y no mucho más. Veo mis piernas desde arriba, como si fuera un plano tomado con una cámara que yo misma llevara colgada del cuello. Avanzando hacia el Instituto San José de Burzaco, el día que se reanudaron las clases después del golpe militar del 76.

Camino por la calle Alsina, pensando qué dirán mis amigas cuando las encuentre. Y en función a qué dirán mis amigas, qué diré yo. Porque unos días atrás, mi abuela, que me despertaba todas las mañanas para ir al colegio, golpeó a mi ventana para avisarme que se habían suspendido las clases: “Los militares echaron a Isabelita”. Mi padre, que se acababa de despertar, se quedó hablando con ella; eso me llamó la atención porque él era de pocas palabras, y, además, no se llevaba bien con mi abuela, aunque los dos trataran de disimularlo. Nunca los había visto conversar tanto a esa hora de la mañana. Mi padre encendió la radio; eso también era extraño porque la que la escuchaba todos los días era mi mamá. Mi papá tenía muy en claro que la peor opción para el país era un golpe de Estado. Su enojo crecía a medida que se enteraba de las noticias. Y los días siguientes hasta que se retomaron las clases me contagió su angustia y su bronca.

Yo intuía que, en algunas casas de mis amigas, no estarían tan enojados como en la mía. En el recreo, los días previos, ellas hablaban de que faltaba papel higiénico o de que ponían bombas en los jardines de infantes con el mismo grado de preocupación. “Mentira”, decía mi papá, y aunque yo le creía, no se lo decía a nadie. Un poco por el temor adolescente a ser rechazada, pero mucho más por un miedo real. Mi tío estudiaba ingeniería y ya nos había avisado que habían “chupado” a alguno de sus compañeros y que todos los que figuraban en su libreta de teléfonos, militantes o no, debían tener cuidado.

No recuerdo que alguna de mis amigas se manifestara preocupada por lo que estaba pasando. Pero hoy me pregunto si varias de ellas no habrán callado por el mismo temor que me callaba a mí. Algunas de las monjas, que eran nuestras profesoras, pensaban lo mismo que mis padres, pero eso también lo supe mucho después. El miedo es el capital con el que cuentan las dictaduras. En aquel momento, sabíamos que para sobrevivir debíamos callar. Y que, quizás, ni con eso alcanzaba. Hoy sabemos que para que no nos vuelvan a pasar atrocidades como las que se cometieron en la dictadura, debemos mantener la memoria viva. Sólo la memoria colectiva nos previene de la repetición de los horrores de la historia. Hay que apostar a eso, incluso aunque vivamos tiempos en los que pareciera que no es suficiente. Nota aquí.



domingo, marzo 22, 2026

Claudia Piñeiro

 La diferencia entre recordar y juzgar

Un país que, como Argentina, enjuicia a sus dictadores no elimina las discusiones sobre el pasado, pero establece un marco de referencia común.

Un hombre señala la tierra. No es un juez, ni un historiador, ni un político, ni un agrimensor. Es un campesino: Juan José Solanille. Lo contó frente a un tribunal: camiones militares entrando y saliendo de Loma del Torito, dentro del predio donde estuvo el centro clandestino de detención La Perla, en Córdoba (Argentina). Movimientos nocturnos, tierra removida, restos humanos que le traían sus perros, tumbas. El campesino dio su testimonio en el juicio a las juntas militares de 1985. A muchos de los presentes se les puso la piel de gallina. El defensor del dictador Roberto Eduardo Viola, en cambio, no bien terminó la declaración, pidió a los jueces que le hicieran pericias a Solanille, para determinar si tenía problemas mentales o de alcoholismo. Los jueces no pidieron ninguna pericia y, en base a cientos de testimonios, probaron los delitos y condenaron a los culpables. Hubo que esperar 41 años para confirmar que el campesino había dicho la verdad.

Cada sociedad resuelve la transición democrática en base a su historia y a su idiosincrasia. Hay países que prefieren olvidar su pasado y hay países que lo recuerdan. Pero también hay países que además de recordarlo, lo juzgan. Argentina es uno de estos. No hace falta ahondar sobre los efectos negativos de olvidar el pasado. Pero entre recordar y juzgar hay una distancia profunda: la distancia que separa una memoria ética de una verdad judicial.

Cada año, cuando se acerca el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, en mi país resurge la conversación acerca de la dictadura que padecimos. El tema no es nuevo; muchos de nosotros lo recordamos a diario. Lo novedoso hoy es el contexto en el que vuelve a plantearse. Bajo el Gobierno de Javier Milei, desde algunos sectores del poder político y cultural han reaparecido discursos que buscan relativizar el terrorismo de Estado, discutir cifras, reinstalar la idea de una “guerra” o reclamar una llamada “memoria completa”. Nota aquí.



domingo, julio 20, 2025

Claudia Piñeiro

 

martes, junio 17, 2025

Claudia Piñeiro

 "Acá lo que está en discusión es la realidad"

La escritora explora una historia en la que la muerte de una joven escort despliega un entramado de política, trabajo sexual y espionaje, en un contexto en el que todo es susceptible de ser tergiversado, desvirtuado, manipulado. 

¿Intento de suicidio, accidente o femicidio? Juliana Gutiérrez, una joven escort de veintitrés años, cayó al vacío desde el quinto piso de un edificio en el barrio de la Recoleta. La joven que murió había sido invitada a una fiesta privada en la casa del empresario agropecuario Santiago Sánchez Pardo hijo, sobrino de un excomandante que fue juzgado por crímenes de lesa humanidad y murió en prisión. Verónica Balda, periodista que conduce uno de los programas de radio más escuchados de la mañana, es hermana de la víctima. La exitosa periodista nunca perdonó a su padre, que se separó de la madre y decidió formar una nueva familia. Y nunca quiso conocer a esa hermana. En La muerte ajena (Alfaguara), Claudia Piñeiro, siguiendo la estela de Ricardo Piglia, explora dos niveles narrativos: una historia principal en la que se despliega un entramado de política, trabajo sexual y espionaje; y otra en la que mete el dedo en una llaga periodística acuciante porque todo es susceptible de ser tergiversado, desvirtuado, manipulado. O, como dice la protagonista: “los hechos dejaron de ser lo que sucedió para convertirse en lo que nos cuentan que sucedió”.

El personaje de Juliana Gutiérrez tiene muchas similitudes con la modelo brasileña Emmily Rodríguez, que murió después de caer de un sexto piso en Recoleta, el 30 de marzo de 2023. “Mis novelas siempre empiezan con una imagen disparadora, que en este caso es una mujer que cae de una ventana. No tengo dudas de que esa imagen se me instaló a partir de ese caso. Después lo vi al padre, cuando vino a la Argentina, y tenía que lidiar con el hecho de que su hija le dijo que vino a estudiar. Y vino a estudiar, pero también era una trabajadora sexual VIP”, cuenta la escritora, dramaturga y guionista de TV, autora de las novelas Las viudas de los jueves, Tuya, Elena sabe, Las grietas de Jara, Betibú, Un comunista en calzoncillos, Una suerte pequeña, Las maldiciones, Catedrales y El tiempo de las moscas. 

“La muerte ajena no solamente tiene el anclaje real de una chica que cae de una ventana. Verónica Balda, cuando era periodista gráfica, ganó un premio en España con una investigación sobre un prostíbulo VIP, que está tomado de una investigación que hizo Rolando Graña sobre una mujer (Karina Mujica), que presidía ‘Memoria Completa’ y aparecía en los programas de televisión reivindicando a los militares. Con una cámara oculta, Rolando Graña mostró cómo esa chica tan recatada regenteaba un prostíbulo en Mar del Plata. Después el resto de la novela está ficcionalizada”, aclara la autora de los cuentos reunidos en Quién no; las obras de teatro publicadas en un único volumen Cuánto vale una heladera y otros textos de teatro, y Escribir un silencio, donde compiló sus textos de no ficción.

-La muerte ajena es una novela que trabaja la ficción dentro de la ficción. ¿Qué buscaste a través de la estructura?

-La novela tiene tres partes y lo que me interesaba no es trabajar los puntos de vista, mirar la realidad desde distintas perspectivas, algo que ya hice en otras novelas. Acá lo que está en discusión es la realidad. Eso me parece que es muy actual. A partir de las imágenes de la inteligencia artificial, a partir de un montón de campañas de fake news, no sabemos más cuál es la realidad. Ya no se trata de mirar desde distintos puntos de vista, sino que te cambian esa realidad. Eso es lo que pasa en la novela y literariamente aparece el narrador poco confiable, ese que cuando estás leyendo te preguntás: ¿Me está diciendo la verdad? A medida que la novela avanza te das cuenta de que hay pocos narradores confiables. Nota aquí.



domingo, junio 08, 2025

Claudia Piñeiro

 Claudia Piñeiro y una escort en el corazón del poder: hipocresía y doble moral en “La muerte ajena”

La popular escritora habla sobre su nueva novela, en la que explora el mundo de la llamada prostitución VIP, su relación con los servicios de inteligencia, la manipulación de mujeres vulnerables y el tratamiento de los medios. Además, reflexiona sobre el estado actual de la cultura argentina.

Narradora, dramaturga, guionista, colaboradora en diferentes medios gráficos y figura clave de los grandes debates argentinos, Claudia Piñeiro nació en el Gran Buenos Aires en el año 1960. Su obra es reconocida y ha sido premiada en la Argentina y en el mundo y fue traducida a varias lenguas. Las tramas de sus ficciones combinan la narrativa policial con una mirada crítica de la sociedad y la política y su participación activa en la discusión pública fue progresivamente teniendo más lugar en sus ficciones. Varias de sus novelas fueron llevadas al cine. Algunos de los títulos de sus libros son Las viudas de los jueves, Tuya, Elena sabe, Las grietas de Jara, Betibú, Un comunista en calzoncillos, Una suerte pequeña, Las maldiciones, Catedrales, El tiempo de las moscas.

Su nueva novela se llama La muerte ajena (Alfaguara) y ya desde la imagen de tapa nos avisa algo central de lo que será el desarrollo de la historia. Una mujer cae desde un balcón. ¿Se tiró? ¿La empujaron? ¿La obligaron a arrojarse al vacío? Esa mujer que cae desde un quinto piso en Recoleta en el comienzo de la novela es escort y está relacionada con la política. Pronto sabremos también que tiene un vínculo familiar con una periodista de radio e investigadora muy conocida.

Como en otras novelas de Claudia, diferentes voces darán sus versiones de los hechos a través de testimonios orales pero también escritos y en forma de novela. El trabajo sexual y la llamada prostitución VIP, su relación con el poder, los servicios de inteligencia, la hipocresía social, el tratamiento de los medios y las tensiones entre lo público y lo privado son algunos de los temas principales. Otro de los ejes de La muerte ajena tiene que ver con el resentimiento y los vínculos familiares dañados y, también, con el modo en que ese daño original puede perseguirnos toda la vida.

— Uno de los grandes temas de la novela es el de los vínculos dañados, algo que todo adulto conoce y a veces hasta ha vivido, con adultos que no tienen idea de hasta qué punto sus decisiones terminan marcando la vida de los más chicos.

— Sí, tenés razón, porque la historia precisamente es la de dos hermanas que no se conocen y eso es, de alguna manera, por cómo actuaron los adultos. O sea, el padre abandona a la primera mujer y forma una nueva familia: la primera hija es una periodista y la segunda es una escort. Pero, justamente, no se conocen un poco por los fracasos de los adultos, porque podrían haber tenido una relación igual. Y, sin embargo, ahí hay una ruptura que tiene que ver con las acciones de los adultos. Nota aquí.



miércoles, mayo 28, 2025

Claudia Piñeiro


 

domingo, abril 27, 2025

Claudia Piñeiro


 

jueves, marzo 27, 2025

Osvaldo Bayer

 “Igual que los talibanes”: repercusiones por el derribo del monumento de Osvaldo Bayer en Santa Cruz

Martín Caparrós, Claudia Piñeiro, José Emilio Burucúa, Marcelo Gioffré y Felipe Pigna, entre muchos otros, condenaron la demolición de la obra que homenajeaba al autor de “La Patagonia rebelde”; para la historiadora del arte Andrea Giunta, se trata de “un nuevo acto de barbarie”

El derribo del monumento que rendía tributo al periodista, escritor e historiador Osvaldo Bayer (1927-2018), este martes, en el puesto policial de Güer Aike, a pocos kilómetros de la ciudad de Río Gallegos, por parte de la Dirección Nacional de Vialidad, originó una avalancha de repudios entre escritores, historiadores, periodistas y lectores. El escultor Miguel Jerónimo Villalba difundió una carta pública en la que expresó su rechazo a la demolición de la obra con una retroexcavadora y acusó al Gobierno de querer “destruir nuestra historia y nuestros derechos por conocerla y recordarla”. El monumento tenía cuatro metros de altura.

El artista explicó que la escultura, que había sido inaugurada el 24 de marzo de 2023, formaba parte de un proceso de reivindicación de las “Huelgas del 20″, en referencia a las huelgas de trabajadores rurales en la Patagonia, entre 1920 y 1922, que fueron reprimidas por el ejército nacional y concluyeron con el penoso saldo de más de mil quinientos trabajadores y dos conscriptos asesinados. Bayer reconstruyó este episodio en su clásico de no ficción Los vengadores de la Patagonia trágica (conocido luego como La Patagonia rebelde). El director Héctor Olivera estrenó una recordada versión cinematográfica en 1974, con guion de Bayer, Olivera y Fernando Ayala. Al pie del monumento derribado, se podía leer: “Usted está ingresando a la tierra de la Patagonia Rebelde”.

El acto iconoclasta, que algunos compararon con la quema de libros llevada a cabo por regímenes autoritarios en el pasado, fue interpretado como otro avance de la “batalla cultural” del anarcocapitalismo criollo: esta vez, en la efigie de un intelectual anarquista de izquierda apreciado por un gran sector de la sociedad argentina. El hashtag #Bayer se volvió trending topic en redes sociales. A través de un comunicado, autoridades del gobierno de Santa Cruz, que encabeza Claudio Vidal, exigieron al Gobierno nacional la restitución de la obra.

“Osvaldo Bayer fue uno de los intelectuales e historiadores más brillantes e importantes de nuestro país, y la persona más digna que conocí -dice a LA NACION el editor Ignacio Iraola-. Lo traté desde 1993, con visitas asiduas a El Tugurio, nombre con el que Osvaldo Soriano bautizó su casa del barrio de Belgrano, y fui su compañero en viajes al interior y a la costa para presentar sus libros. Siempre dispuesto a apoyar causas justas, a sus ochenta años hacía kilómetros en un micro para ir a defender figuras que no estaban en el radar coyuntural, pero tenían relevancia para él. Por ejemplo el caso del indio Arbolito [el jefe ranquel Nicasio Maciel]. Fue el primero en dar voz a las Madres de Plaza de Mayo en el extranjero, cuando durante su exilio en Alemania, escapando de la dictadura, les organizó una conferencia de prensa. Y fue el ‘descubridor’ de los abusos durante la Semana Trágica en la Patagonia, algo que se enlaza con esta animalada de ayer, como es la destrucción de una obra conmemorativa. Esto habla de la ignorancia en la que se vive y de la ira que se fomenta día a día. Pero Bayer siempre va a estar a través de su obra, sus libros, su compromiso, mientras que a los brutos solo los veremos pasar”. Nota aquí.



lunes, octubre 14, 2024

Claudia Piñeiro

 Han Kang, una Nobel que sí leí

La lectura de ‘La vegetariana’ fue una experiencia extraordinaria, por la prosa, por la historia, por los personajes, por las voces. Contundente y delicada a la vez, su lectura me conmocionó.

En septiembre de este año viajé a Corea del Sur para participar del Festival Internacional de Literatura de Seúl. Nunca había estado en ese país. A pesar de que en Buenos Aires hubo una importante inmigración surcoreana en los años 90 y que somos uno de los pocos países que tenemos en el calendario un “día nacional del Kimchi”, no conocía su cultura. Es cierto que he visto muchas películas y series, pero sabía poco de su literatura. Había leído Conejo maldito, de la destacada escritora Bora Chung; me había impactado y recordaba esos cuentos a la perfección. También había leído una antología de jóvenes autoras publicada por Hwarang, una editorial de Buenos Aires que sólo publica escritores coreanos. Eso era todo. Me sentía analfabeta para emprender ese viaje, así que me puse a buscar más libros y autores.

Uno de los primeros nombres que aparecieron fue el de Han Kang. La vegetariana era una lectura que tenía pendiente desde hacía tiempo. Traté de conseguir el libro en papel, pero la edición de Random House era inhallable. A través de una plataforma de comercio electrónico encontré un ejemplar de una edición anterior del sello Bajo la luna, una editorial independiente. Fueron adelantados, y Argentina el primer país no asiático que tradujo a Han. Esa excelente traducción es de Sun-Me Yoon, una surcoreana que llegó a la Argentina a los 5 años y estudió en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Buenos Aires. La misma universidad que hoy —permítanme la digresión— se encuentra en riesgo por el recorte presupuestario que ordenó el presidente de mi país, quien también estudia poner restricciones económicas para los extranjeros que, como Sun-Me Yoon, estudian allí.

Recién cuando recibí el ejemplar me di cuenta de que no sólo era un libro usado, sino que además estaba subrayado con tinta azul, escrito profusamente en los márgenes, manchado con café y arrugado por otros líquidos. Aunque era imposible leer un libro en ese estado, no lo devolví. Fui por mi segunda opción, el e book; pero me equivoqué y lo compré en su versión catalana. Por fin, la tercera fue la vencida, y empecé a leer.

La lectura de La vegetariana fue una experiencia extraordinaria, por la prosa, por la historia, por los personajes, por las voces. Contundente y delicada a la vez, su lectura me conmocionó. Le robé horas al sueño y terminé ese mismo día; me sirvió también para conocer la situación de la mujer en Corea del Sur. Que la protagonista se declarara vegetariana no era sólo una cuestión de alimentación, sino que se trataba de romper con los mandatos impuestos por la tradición. La comida es un ritual muy importante para los coreanos, tanto que en lugar de preguntar ¿cómo estás?, preguntan ¿has comido? Y no, Yeonghye, nuestra vegetariana, no ha comido, ni quiere comer, ni comerá por mucho que la fuercen. Nota aquí.



jueves, agosto 29, 2024

Claudia Piñeiro

 Aquel verano de... Claudia Piñeiro: en el Reveillon de Río de Janeiro

La escritora argentina celebró con amigas a sus 23 años, la primera vez que podía pagarse unas vacaciones, el Año Nuevo en la ciudad brasileña.

Alguna vez tuve 23 años, era verano y por primera vez podía pagarme unas vacaciones. A mi amiga María Justa le pasaba lo mismo. Nos habíamos conocido en la universidad y, recién recibidas, nos pareció una gran idea pasar Año Nuevo en Río de Janeiro. Su fiesta de Reveillon, desde hacía algunos años, ganaba tanta fama como su carnaval. María Justa me propuso sumar a otras dos amigas —Carina y Verónica―, a quienes yo no conocía. Estuve de acuerdo. Armamos un encuentro para coordinar aspectos del viaje. Recuerdo la insistencia de Carina, que interrumpía cada propuesta para decir: “Yo lo único que quiero es que lo que alquilemos tenga aire acondicionado”. Es cierto que en Río hace mucho calor, pero a los 23 años el protagonismo del aire acondicionado me parecía un exceso. Carina me cayó pésimo, por supuesto.

Decidimos alquilar un departamento en Copacabana. Por entonces no se trataba de meterse en una app, elegir alojamiento y pagar con tarjeta. Había que buscar en avisos clasificados publicados en algún diario. Se ordenaban por destino turístico: Mar del Plata, Villa Gesell, Río de Janeiro. Elegimos uno acorde a nuestro presupuesto: “Copacabana, 2 dormitorios, aire acondicionado”. La reserva se pagaba en una oficina en Buenos Aires, y el resto en Río, en la dirección del propietario.

Cada una sacó billete de avión según su conveniencia. María Justa y yo viajamos juntas, llegamos a la media noche del 30. Carina ya estaba allí desde esa mañana. Verónica recién vendría al día siguiente. Me demoraron en el aeropuerto de Río donde tenían un sistema de luces que indicaba si el pasajero podía pasar o debía mostrar qué llevaba en la valija. A Roly —un chico argentino que aún no conocía— y a mí nos detuvo luz roja. Su primo y María Justa nos esperaron del otro lado del control. Compartimos un taxi a Copacabana. Nosotras nos quedamos frente al departamento, esperando que Carina nos abriera. Ellos se fueron a buscar dónde dormir. Era cerca de la una de la mañana y Carina no aparecía. Roly y su primo pasaban caminando cada tanto, sin encontrar dónde alojarse. Los motivos por los que Carina no atendía podían ser múltiples: desde que el timbre no funcionara o que ella durmiera profundamente, a que le hubiera pasado algo. El enojo iba mutando a preocupación. En aquel tiempo de mis 23, no existían tampoco los teléfonos móviles. De pronto recordé que teníamos la dirección del dueño, a quien Carina debió haber visto esa mañana para pagarle y recibir las llaves. Fuimos hasta su casa; Roly y su primo se ofrecieron a acompañarnos. Tocamos el timbre. Después de unos minutos, el hombre nos abrió la puerta: estaba totalmente desnudo y no hizo esfuerzos por cubrirse. En un colchón dormía una mujer, también desnuda. Tenían derecho, en Río hace mucho calor, como bien nos había advertido Carina. Le contamos el inconveniente, le pedimos otra llave para entrar y ver qué pasaba. El hombre, entre dormido y asombrado, nos preguntó: “¿Su amiga no les avisó que cambió de departamento?”. No, nos había avisado. “Es que en el otro el aire acondicionado enfriaba poco”. Maldije a Carina. El hombre nos dio la nueva dirección y nos deseó suerte. Tocamos timbre, ella nos abrió contenta: “Las estaba esperando. ¡Cuánta demora!”. Apenas le respondí. Me acosté pensando si iba a ser posible remontar ese primer desencuentro. A Roly y su primo los dejamos dormir en el living, se lo merecían. Nota aquí.



sábado, mayo 11, 2024

Rosa Montero & Claudia Piñeiro


 

jueves, abril 25, 2024

Claudia Piñeiro


 

lunes, noviembre 27, 2023

Claudia Piñeiro

 


lunes, noviembre 20, 2023

Claudia Piñeiro

 “Siento la responsabilidad de escribir sobre determinadas causas”

"Escribir un silencio" reúne la obra de no ficción publicada en medios y ponencias.

Involucrada de un modo activo con la agenda política, la autora se volvió referente y voz de temas controversiales.

Hace un tiempo, escribe Claudia Piñeiro, tuvo una suerte de epifanía: en vez de lidiar con la finitud de la vida, se dedicaría a multiplicar mundos y vidas posibles. “¿Cómo? Viajando y leyendo, casi compulsivamente”. No sorprende que, en la actualidad, su agenda la mantenga con una maleta siempre a mano, y que los libros desborden el living (y cada rincón) de su casa. En definitiva, como ella misma cree, leer es también viajar.

Así la encontramos el día de la entrevista con Clarín Cultura, lista para embarcar y pese a ello con una agenda mediática agitada, para presentar su más reciente libro. En Escribir un silencio, reúne por primera vez su obra de no ficción: un gran corpus de artículos, ensayos, ponencias que reflexionan sobre una variedad de cuestiones que van desde su biografía, la lectura y la escritura, el cuerpo, la memoria, la maternidad, la pandemia, los viajes, hasta los discursos leídos en la Cámara de Diputados, durante el debate por la ley de Interrupción voluntaria del embarazo, las aperturas de Ferias del Libro (Buenos Aires y Rosario), el Congreso de la Lengua española, entre otros.

–¿Cuál dirías es el común denominador de los textos reunidos en Escribir un silencio?

–En todos estos textos hay una cierta urgencia en la escritura, que uno no la tiene en la literatura. Fueron escritos para periódicos y revistas, y solían tener que ver con una cuestión coyuntural. Nota aquí.



martes, noviembre 07, 2023

Claudia Piñeiro

Adelanto exclusivo: empezá a leer el nuevo libro de Claudia Piñeiro, “Escribir un silencio”

Distinto a todo el resto de su obra, el último título de la autora de “Las viudas de los jueves” estará disponible a partir de noviembre.

Escribir un silencio, el nuevo libro de la exitosa escritora argentina Claudia Piñeiro, saldrá a la venta en librerías y portales digitales el 1 de noviembre. Pero para los y las fanáticas de la autora de libros como Catedrales, Tuya y Las viudas de los jueves, Infobae Leamos les trae un adelanto exclusivo de este título, que se distingue de todo el resto de su obra.

Este es el primer libro de no ficción publicado por Piñeiro, en el que reúne textos personales, familiares, de infancia y de amigos, así como capítulos dedicados a la escritura a la lectura y, además, a los discursos que la autora dio en ferias, festivales, universidades y en el Congreso de la Nación.

Editado por Alfaguara, Escribir un silencio invita a lectoras y lectoras a adentrarse en la otra cara de la escritura de Piñeiro, una en la que coexisten su intimidad y su compromiso con la realidad.

En el texto compartido a continuación, Piñeiro explica cómo pasó de ser contadora a una de las escritoras argentinas más leídas. “Todo empezó por temor a que mis palabras hicieran daño”, escribe después de contar su primera experiencia con la terapia, en la que un silencio que parecía no llevar a ningún lado la llevó a la escritura. Nota aquí.




martes, octubre 03, 2023

Claudia Piñeiro


 

jueves, septiembre 14, 2023

Claudia Piñeiro

 “La novela negra refleja el mundo en el que vivimos, porque las sociedades también se cuentan a partir de los crímenes”

Netflix presente una miniserie sobre ‘Las viudas de los jueves’, una de las novelas más aclamadas de la escritora argentina.

La aparición de tres cadáveres en una piscina altera la vida de las personas en uno de esos paraísos urbanos construidos para que los ricos estén alejados de las miserias del mundo. En ese apacible complejo residencial para privilegiados se desatan las más sórdidas acciones y es el escenario de la nueva serie de Netflix, Las viudas de los jueves, basada en la novela homónima de la escritora argentina Claudia Piñeiro. La miniserie, que estrena la compañía de streaming este viernes, es una radiografía de una sociedad aparentemente perfecta, pero sumida en el materialismo, el miedo a perder lo logrado, el egoísmo, las intrigas y la hipocresía. “¿Cómo te desarmas como individuo cuando estás constituido solamente sobre los bienes que tenés?”, se pregunta Piñeiro.

La escritora contextualizó su novela en la Argentina de inicios de los 2000. Era un país en crisis, pero que algunos aprovecharon para sacar ventajas que les permitieron hacer riquezas a manos llenas y vivían como reyes en lujosos complejos residenciales “sin tener ninguna percepción sobre que esto iba a terminar mal, que en algún momento esto iba a explotar. Eso fue lo que a mí me llevó a escribir en ese momento la novela, esa falta de percepción de todo este grupo de personas sobre sobre lo que estaba pasando”, explica Piñeiro en entrevista por Zoom.

La miniserie ahora se basa en México y está protagonizada Irene Azuela, Alfonso Bassave, Omar Chaparro, Cassandra Ciangherotti, Pablo Cruz Guerrero, Mayra Hermosillo, Juan Pablo Medina, Gerardo Trejoluna y Sofía Sisniega. Ellos conforman las aparentemente felices familias de Los Altos de la Cascada, ese complejo exclusivo que poco a poco va demostrando que es un mundo oscuro de hipocresía. Piñeiro cuenta aunque no tuvo participación directa en la escritura de los guiones sí le fueron mostrando los avances “y me fui quedando muy conforme y muy tranquila y muy contenta”. La escritora afirma que “cuando empecé a ver los primeros cortes que me mandaron de algunos de los capítulos, me quedé muy contenta realmente”.

Una de las características de las historias de Piñera son la participación de personas femeninos muy fuertes. Ella misma ha estado muy involucrada en los movimientos por los derechos de las mujeres. “Yo siempre tengo una mirada muy profunda sobre la situación de la mujer en el mundo y en el aso de esta novela hay un inconformismo porque a estas mujeres las relegaron a en un lugar para vivir como amas de casa ricas, mientras sus maridos tienen otro tipo de vida. En aquel entonces yo tenía siempre una mirada crítica sobre el rol que se le asigna a la mujer en el mundo”, explica Piñeiro. Nota aquí.



miércoles, agosto 02, 2023

Claudia Piñeiro

 


martes, julio 04, 2023

Claudia Piñeiro