En San Telmo, la reapertura de un café histórico: la elegancia de la Buenos Aires de los años 60 y un Revuelto Gramajo imperdible
Café Rivas volvió renovado pero manteniendo la estética y esencia del local.
Acaba de inaugurar los almuerzos y ya es un éxito de convocatoria.
Cuatro amigos unidos por el amor a los antiguos cafetines decidieron emprender. Buscaron locales pero la idea de alquilar un salón moderno y ambientarlo en estilo retro, no los cautivaba. Hasta que un día, mientras caminaban por San Telmo, con las cabezas en alto buscando carteles de alquiler, encontraron a una joyita que no esperaban: se alquilaba el mítico Café Rivas.
Era mucho más de lo que soñaban aunque el interior estaba en mal estado y requería manos especiales para restaurarlo sin que pierda la belleza de la madera oscura y sus curvas. Transcurrieron varios meses de obra y el local volvió a brillar.
Con una estética que transporta a viejos tiempos, la esquina que se distingue por estar cubierta parcialmente por una Santa Rita y por un gran reloj es un rincón lleno de magia, custodiado por calles angostas y empedradas en estilo colonial.
La historia del Café Rivas y su renovación
Guadalupe Unamuno y Juan Martin “Beto” Garrido son los nuevos dueños “del Rivas” junto a otros dos socios. Durante año y medio estuvieron dándole forma al proyecto que ocupaba sus días. “Queríamos armar un lugar que recree las condiciones de lo que solían ser los bares y cafés de los años 50 y 60 donde había una vida nocturna muy profusa. Había mucho movimiento cultural, se sentaban en un café a tener charlas eternas”, cuenta Beto.
"Cuando encontramos Café Rivas había cerrado hacía muy poco. Se había fundido con la administración anterior y había perdido un poco el eje en los últimos tiempos”, dice Guadalupe.
El sueño se estaba haciendo realidad. No sólo habían encontrado un local que reunía todas las cualidades sino que era un bar notable. En cuatro meses se puso en valor al café. “El esqueleto del lugar era espectacular, la fachada y todo lo que es exterior no se podía tocar”, explica Guadalupe y Beto continúa: “En las últimas gestiones fueron agregando cosas y cuando uno entraba lo veía muy sobrecargado. Eso lo alejaba de lo que había sido históricamente esta esquina”.
Bajo la premisa menos es más, lo llevaron a una estética similar a lo que supo tener a fines de los 60. Ambos socios se declaran enamorados de la de la vieja Buenos Aires y su tradición. Es así que mantuvieron la presencia de la madera como elemento predominante, en pisos y aberturas. Todo lo que se pudo conservar y restaurar, se hizo. Nota aquí.




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