La dictadura fue y es muchas cosas. Ninguna de todas esas cosas que la definen nos hizo mejores. El tránsito de ese tiempo oscuro nos saturó de dolores, heridas, deudas, terrores subconscientes y orgullos errados. Todo eso nos persigue como una sombra persistente hasta hoy.
Mucho más allá de los ingentes esfuerzos y de los grandes logros que, en esta parte del mundo, se han dado, aún descubrimos en muchos rincones de nuestra sociedad, una y otra vez, calamidades que provienen de esos días.
No solo las víctimas directas son y fueron las víctimas: todos lo somos de alguna forma, incluso aquellos que festejan el horror y reivindican el momento.

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