martes, julio 28, 2026

Silvina Garré

 Silvina Garré vuelve a sus recuerdos y reflexiona sobre su carrera: “Buenos Aires me dio todo”

En una charla íntima con Teleshow, la artista habla de su nuevo disco y repasa una vida ligada a la canción. La compositora que nació casi sin darse cuenta, la psicóloga que fue solo por un rato y la pintora que le hubiera gustado ser. Y por qué eligió regresar a su Rosario natal después de 45 años.

“Sentí la necesidad de volver a Rosario, vivir sola en mi ciudad, estar más cerca de mi hermana y su familia, visitar más a mis amigas. Lo sentí íntimamente. No lo había pensado. Nunca había querido volver a vivir a Rosario desde que me vine acá, en 1981”, confiesa Silvina Garré en charla con Teleshow.

Pasaron 45 años, miles de conciertos y unas cuantas canciones inolvidables para que decidiera regresar a Rosario, donde hoy conviven sus recuerdos, sus cuadernos artesanales y su familia, y desde donde sigue ligada a la música: se presenta en escenarios, comparte su herencia con nuevas generaciones y reafirma su lugar en la historia del rock argentino.

Con la Trova Rosarina como marca indeleble en el corazón de la música popular argentina, Garré hoy sigue girando con su nuevo trabajo Con Nombre de Mujer, donde reversiona clásicos y no tanto con títulos femeninos a los que le aporta su estilo inconfundible. Antes de su concierto del 31 de julio en el Café Berlín de Villa Devoto, aquella sentencia sobre las dos ciudades de su vida es la excusa ideal para repasar este camino que no se detiene.

—¿Cuándo te percibiste cantante?

—De chiquitita, muy chiquita. Más o menos entre los doce, trece años. Y, como autora, me he encontrado en situaciones de estar cantando algo y darme cuenta que no era una canción conocida. Ese es el primer recuerdo que tengo. Me acuerdo la sensación de confusión y felicidad al mismo tiempo de haber inventado una canción.

—¿En tu familia había ambiente musical?

—En casa mi mamá tocaba la guitarra. Ella tenía un cuadernito con los acordes marcados por colores. El do mayor era rojo y así...tenía un repertorio de boleros, cantaba en inglés y en francés. Aún tengo ese cuaderno conmigo.

—¿Grababas tus canciones de alguna manera?

—En casa había unos grabadores y cassettes. Grababa una voz en un grabador y en el otro grababa otra voz, las disparaba juntas y pasaba la canción con los dos. Era un juego, el juego que más me gustaba. Yo era super solitaria en mi infancia, y eran mis momentos para jugar.

—¿Sufrías la soledad o la disfrutabas?

—Era mi forma de ser. Una persona muy introvertida.

—¿Conservás recuerdos materiales de esa época?

—Sí tengo el registro de cassettes y esos cuadernos con canciones, poemas, textos. Eso es lo único que conservo, además de una guitarra que traje de Rosario, que no perdí en las mudanzas. Tengo todos esos cuadernos desde los 14 años hasta hoy.

—¿Te inspira el dolor para escribir canciones?

—No, desde el dolor no. Si yo siento mucho dolor, no toco la guitarra ni el piano ni escribo nada, es un estado de inacción muy grande. Necesito crear un clima.

—¿Cómo surgen tus temas?

—Rápidamente. No porque yo sea muy veloz para escribir canciones, sino porque es sobre algo que se ha venido elaborando inconscientemente. De repente aparece como resuelto, bastante listo, pero tiene que ser un momento de estar muy conectada con lo que siento.

—¿Te cuesta conectar ahora con ese clima?

—Ahora es difícil conectar. Ahora todo es para afuera, todo es hacia afuera. A veces veo que todo el mundo está hablando con todo el mundo. A mí me gusta estar con mis pensamientos. No le escapo a los pensamientos, pero veo que no se puede estar en silencio. Están hablando y hablando. Como que siempre hay que estar hacia fuera de uno mismo. Y para mí el acto de la creación siempre para adentro.

—¿De dónde tomás inspiración?

—Puede ser una película, una conversación, algo que escuchás al pasar. Eso después puede aparecer cuando componés. Pero en el momento de hacerlo hay que estar muy conectado.

—¿Por qué dejaste Buenos Aires?

—Me fui. En realidad no la dejé. Fui a recuperar espacios y momentos de mi ciudad que me perdí, porque me vine para acá hace más de 40 años.

—¿Venías pensando en volver a Rosario?

—No lo había pensado. La idea mía era irme a vivir a Mar del Plata, no a Buenos Aires. La pandemia me agarró en Mar del Plata, me salvó la cabeza. Estoy agradecida porque todos los días salía y caminaba y miraba el mar. Tenía mucho miedo, vivía con mucho terror. La idea era quedarme, y finalmente me volví. Un verano quise pasar las fiestas en Rosario, hacía mucho que no veía a mi familia. Me quedé unos días y sentí íntimamente que tenía que volver a vivir allí. Y eso no me había pasado desde que me vine a Buenos Aires en 1981.

—¿Te dio nostalgia volver a Rosario?

—Me dio mucha felicidad porque no era una extraña. Hay lugares que todavía están, otros se modificaron, pero hay lugares, barcitos, que todavía existen. Vivo cerca del río, de la Costanera. Es muy lindo Rosario y el ritmo de la gente es más lento, más tranquilo. Se puede caminar.

—¿Te hizo mal Buenos Aires en algún momento de esos cuarenta años?

—No, Buenos Aires me dio todo. Casi todo. No me arrepiento para nada de haber venido acá. Acá pude construir una carrera. Era mi sueño. En blanco y negro Buenos Aires, porque fue un sueño en blanco y negro. Siento que uno tiene que estar cómodo en los lugares donde está. Dejé de sentirme cómoda en Buenos Aires, sentí como que era otra ciudad, fue hace cinco o seis años. Lo que pasa es que seguí quedándome. Ya hace tres me mudé a vivir a Rosario. Nota aquí.






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