viernes, julio 31, 2026

José Saramago

 ‘Ensayo sobre la ceguera’: tres décadas del “libro más incómodo de José Saramago”

La obra más vendida del Nobel portugués, que escribió en Lanzarote tras exiliarse de Portugal, inauguró su ciclo de escritura alegórica.

“José Saramago empezó varias veces a escribir Ensayo sobre la ceguera, porque no se sentía confortable. Sabía lo que quería decir, quería hablar de un mundo donde estamos ciegos, ciegos que viendo no vemos. Pero no acababa de encontrar el tono. Fue su libro incómodo, el que más le costó”. Lo halló, halló el tono. Y lloró cuando lo estaba terminando. Al acabarlo, en 1995, José Saramago dijo, simplemente: “Acabé”. Se lo dijo a Pilar del Río, su mujer. Era la noche, y él respiró.

“Era su libro de rebeldía”, dice Pilar del Río (escritora, periodista, presidenta de la Fundación José Saramago), sentada en el mismo lugar en que su marido, muerto en Lanzarote en 2010, reposaba cuando recalaba a Madrid desde cualquiera de sus viajes largos, o de Lisboa y de Lanzarote. Se exilió de Lisboa para vivir en la isla con su mujer. El gobierno de derechas de su país le negó en 1993 la presentación a un premio internacional de su libro El Evangelio según Jesucristo. Se instalaron en la isla de César Manrique, que murió en un accidente cuando el escritor y el pintor se iban a conocer.

En aquella casa de Tías, donde vivieron desde entonces, escribió el que luego sería premio Nobel el libro más arriesgado de su vida. “Le dedicó mucho tiempo al Evangelio… Aquello le aturdió, le dejó vacío, de tal forma que solo se podía seguir con un libro de rebeldía, de discrepancia, como Ensayo sobre la ceguera…”, recuerda Del Río.

“No acababa de encontrar el tono. ¿Serán todos ciegos, serán ciegos de varias generaciones? Hubo un momento en el que lo tuvo todo claro. Esas personas se irían cegando… Cuando una mujer finge que se queda ciega para acompañar al marido que ya lo está, a él se le iluminó la novela. ‘Yo voy contigo’, le dijo”. Y aquella mujer fue la que acompañó a todos los ciegos, hasta que acaba el libro. Ella le descubrió a José la novela que él estaba esperando”, recuerda Del Río. Se han cumplido ya tres décadas desde que salió a la calle.

Saramago escribía tres folios al día. “Me los pasaba cuando los imprimía. No me decía qué iba a escribir a continuación, porque ignoraba él mismo lo que ocurría con su imaginación y con su escritura”. Él había escrito ya El Evangelio… Se estaba reponiendo del maltrato recibido por las autoridades entonces conservadoras de su país. “Entró en un bar de Lisboa, me estaba esperando, estaba solo, y de pronto sintió esta pregunta: ‘¿Y si fuéramos todos ciegos? Lo marcaba aún el runrún del Evangelio… Se dijo: `Es que hemos llegado a Marte y no sabemos llegar a nuestros semejantes’. Ahí empezó a crecer este libro que es de un gran humanismo”. Nota aquí.






0 comentarios: