jueves, octubre 22, 2026

Andrés Rábago

 Rábago, OPS y El Roto conquistan Toledo

El pintor, ilustrador y dibujante satírico madrileño irrumpe con fuerza en el nuevo Museo de Arte Contemporáneo y Diseño de Castilla-La Mancha con la donación de 301 de sus obras.

Como una hidra de tres cabezas dispuesta a cuestionar las innumerables certidumbres que tientan cada mañana a las sociedades contemporáneas se ha colado en el Centro de Arte Moderno y Contemporáneo de Castilla-La Mancha de Toledo un tal Andrés Rábago. Entiéndase por esto la triple presencia, en el renovado museo ubicado en el convento de Santa Fe y en forma de una generosa donación de 301 obras, de los heterónimos puestos en pie por el artista a lo largo del tiempo: el propio Andrés Rábago (Madrid, 1947), pintor simbolista y metafísico de la soledad; OPS, aquel autor de viñetas oscuras, surreales e inquietantes que removieron las oscuras aguas del franquismo en su última fase y también las de la Transición; y El Roto, dibujante y escritor satírico, incansable bisturí cotidiano hurgando en las verdades y mentiras de lo político, lo social y lo cultural en las páginas de Opinión del diario EL PAÍS.

La sala 12, que alberga un total de 65 obras de OPS y El Roto, se convierte así, si no en un legado del artista (no parece la palabra que más le vaya a gustar) sí en un fascinante compendio concentrado en el espacio pero alargado en el tiempo de sus devaneos artísticos y filosóficos. A todo ello se suman las ocho pinturas al óleo y los ocho bocetos que ocuparán en breve la capilla de Santa Fe, construida por los caballeros de la Orden de Calatrava entre 1253 y 1266.

Y decimos que conceptos como “legado” y “posteridad” no parecen obsesionar a Andrés Rábago porque, si lo hicieran, probablemente habría decidido donar sus obras a la Biblioteca Nacional, lo que sin duda le habría asegurado grandes dosis de prestigio y unas estupendas condiciones de conservación. Y le habría privado de la que era una de sus prioridades: que su obra pueda ser contemplada por el público. Así que prefirió inclinarse por el museo de Toledo frente a la oferta de la BN. No en vano dejó escrito en uno de sus libros de aforismos: “Una buena imagen es aquella que mantiene su misterio al exponerla”.

Lo menos que puede decirse es que es un momento de intensa actividad para Andrés Rábago. A este desembarco en Toledo se suma la actual exposición de su obra pictórica en la Lonja del Pescado de Alicante hasta el 1 de noviembre (Un museo imaginario) y la inminente publicación en Galaxia Gutenberg de Cantos rodados, su nuevo libro de aforismos: una suerte de galería de espejos donde los pensamientos del autor surgidos mientras pinta se reflejan en las ilustraciones que ejecuta mientras piensa… y viceversa. “Un territorio interior donde emergen fantasmas e imágenes que yo dejo salir”, según su autor.

Texto e ilustración, la relación entre ambos y el producto final que su mezcla suele ofrecer al público es uno de los temas de conversación con Andrés Rábago esta mañana en las salas del museo de Toledo. El autor de Los tiempos bárbaros y La Edad del silencio explica así la imbricación de la palabra y la forma artística, y sobre todo la relación entre ese cruce de caminos y su caminante, es decir, entre la viñeta y el lector: “Lo verdaderamente importante es que el dibujo sea bueno, eso es lo que de verdad sujeta la viñeta”, defiende Rábago cuando habla de sus poéticas y a la vez cáusticas viñetas diarias. “A mí me gusta decir que por la boca muere el pez… y tengo que decir que mis viñetas de El Roto desde luego aguantan si son buenos dibujos, pero no si son sólo buenos textos”. Nota aquí.





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