domingo, octubre 18, 2026

Ismael Serrano

 30 años atrapados en azul

“Atrapados en azul” es mi álbum favorito. Ismael Serrano es el cantautor que más me ha acompañado a lo largo de la vida. Lo siento como un amigo por todas las horas que he pasado junto a sus canciones y porque me ha ayudado a creer que otro mundo es posible. A través de las Abuelas de Plaza de Mayo aprendí una frase que todavía me guía: «La única lucha que se pierde es la que se abandona».

Se cumplen treinta años de aquel disco que marcó a quienes lo escuchamos. Cuando vuelvo a ponerlo, me siento tan joven como entonces, cuando nos reuníamos los amigos del instituto en mi casa para compartir canciones que nos transportaban a otros mundos posibles. Yo me había criado escuchando en el coche a Serrat, Sabina, Aute, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Después llegaron Ismael, Tontxu, Javier Álvarez y otros cantautores que nos recordaron que luchar por un mundo mejor era posible y que también estaba en nuestras manos.

«Juventud, divino tesoro». Al ver estos días en las redes las fotografías que conmemoran el aniversario, han vuelto muchos recuerdos. El CD que aún me acompaña está hecho un desastre, roto en pedacitos, pero conserva intacta la emoción de aquel momento. Y no solo la de entonces: sus canciones han estado conmigo durante toda la vida. A veces, una persona puede transformar muchas vidas sin saberlo, simplemente a través de su música.

Ismael dice que crea canciones para sentirse menos solo. Quizá no sepa cuánto acompañadas nos hace sentir a quienes estamos al otro lado. He tenido la suerte de conocerlo y de verlo en sus giras muchas veces. Sí, soy una groupie. Desde que estoy en reposo no había podido asistir a sus conciertos, hasta que este verano Inma Serrano organizó el concierto de cantautores. Fue un honor disfrutarlo allí. Escuché dos canciones y sentí que, de algún modo, estaba oyendo toda su trayectoria y todo lo que he vivido junto a ella.

Me da pena perderme el musical que está haciendo sobre Machado, con canciones de mi querido Serrat, tan admirado por mi madre y tan querido también por mí. Ojalá algún día pueda traerlo a Alicante.

Tus canciones me han impulsado a ser quien soy: a luchar con conciencia, a seguir adelante y a defender a las personas invisibles, especialmente a aquellas con discapacidad, como yo, incluso cuando me falta el impulso. Gracias también por abrirme siempre las puertas para saludarte. Y gracias a Belén, tu mánager, por hacer de puente con tanta naturalidad y amabilidad.

Hoy quizá ya no nos sentimos atrapados en azul como en aquel disco. Sin embargo, después de ver lo ocurrido con esa mujer en silla de ruedas que ha sido desahuciada, comprobamos que hay cosas que no cambian. Treinta años después seguimos atrapados en azul: por unas gaviotas que deciden y otras que se sitúan un poco más a la derecha. Pero conservamos las ganas y la ilusión de cambiar el mundo.

Algunas amigas te llaman «el llorón» por la melancolía de tus canciones. Por mi parte, nunca recibirás una crítica, salvo que no pueda ir a ver tu musical sobre Machado. «Yo vine del norte», «Caperucita» y «La memoria de los peces» me recuerdan la importancia de ser coherentes y luchar por aquello en lo que creemos. Tú lo has hecho con tus canciones y nos lo has transmitido.

Nunca te han dado un Grammy, pero yo creo que merecerías uno por tu música comprometida y coherente, aunque eso no esté de moda. En una sociedad cada vez más líquida, tu entrega a lo que eres y a lo que defiendes es digna de reconocimiento. Por eso tu música permanece y permanecerá.

Gracias, Ismael, por estos treinta años de felicidad. Tu música nos salva. Crónica aquí.



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