Es el metal de los días.
El óxido adherido a los respiraderos.
La nube despiadada de la tristeza que no cicatriza en este mundo que se derrumba por momentos.
Es la esencia etérea de la felicidad.
La hipérbole que sobrevuela los limoneros y los robles de septiembre.
Es esta deflagración sin oxígeno.
Sin aspavientos en los atardeceres.
Sin naufragios que al menos otorguen silencio y soledad.
Es esta verdad velada como las fotografías que nos miran reincidentes entre bambalinas.
Soy yo caminando a través del sendero soleado y caluroso.
Soy yo con las preguntas vacías de interrogación.
Con el vaivén incierto de los horizontes.
Dejo atrás la madrugada desvelada.
Estas ojeras de luz.
Está contienda de vida.
Soy yo.

0 comentarios:
Publicar un comentario