“A través de Coppola podemos reírnos un poco de nosotros mismos”
El actor que interpreta al representante de Maradona en sus años de Nápoles y su posterior caída en desgracia habla de una serie que se propone entretener, más que revisitar con precisión histórica aquellos años de excesos.
Juan Minujín interpretó a docenas de personajes de todo tipo en el cine, la televisión y el teatro. En su prolífico recorrido, entre muchos papeles, se puso en la piel y mente de un profesor de literatura en una escuela pública secundaria del conurbano (El suplente), hizo de un ex policía extorsionado que se infiltra en una cárcel con una identidad falsa para resolver un delito (El marginal), incluso de un exitoso polista y padre de familia que ocultó su homosexualidad (Viudas e hijos del rock and roll) y hasta se vistió de Papa en la juventud de Jorge Bergoglio (Los dos papas). Siempre lidió con personajes que libran batallas internas. Sin embargo, ninguno de los personajes a los que dio vida en la ficción tiene los colores y la posibilidad de divertimento que alcanzó con su protagónico en Coppola, el representante, la serie sobre el hombre que acompañó a Diego Armando Maradona durante su ascenso al estrellato futbolístico mundial y también en sus años de caída, y que el viernes 23estrenó su segunda temporada en Disney+.
Minujín se toma unos segundos, repasa en su Google mental su pasado, compara lo que significó hacer a Guillermo Esteban Coppola con otros personajes ficticios y reales, y no duda. “Este tiene un abanico muy florido. Muchas aventuras. Es un personaje que podría ser de un comic. Es un tipo que estuvo con reyes, que a la vez se pelea con la mafia, que le maneja la carrera al futbolista más famoso del mundo, que cae en desgracia, que vuelve a resurgir y así al infinito. Tiene algo de eso que es muy divertido”, reconoce el actor en la entrevista con Página/12. “Pensé mucho en tratar de atrapar la energía del personaje, de tomar algunas cosas de su forma, como de algo más de la imitación, pero en donde en la interpretación tiene mucha presencia la energía que destila Coppola”.
Si la primera temporada de Coppola, el representante había sido un auténtico producto pop y lúdico alrededor de la figura de Guillote, la segunda redobla la apuesta con una puesta y una narración que rompe con todos los géneros y moldes. Con animaciones, diferentes texturas de imagen y hasta algún que otro musical, esta nueva temporada de seis episodios le hace honor a los excesos propios de la figura que retrata con más finalidad recreativa que histórica. Sátira y parodia a la vez, despojada de cualquier tipo de cronología, esta segunda parte es puro anecdotario inflamable, para empacharse de pochoclo sin culpa y a puro disfrute.
Un casamiento apócrifo. Un robo bancario que termina siendo un negoción para el clan Maradona pero también un dolor de cabeza. Un viaje a Arabia que casi culmina entre barrotes. Un balón de oro robado y la camorra haciendo de las suyas. El multitudinario casamiento en el Luna Park (y el caótico y desenfrenado viaje en avión desde Europa de los “afectos” de Diego). La despedida de Diego y la acusación a Coppola de haberse robado la plata “de las hijas”. La debacle del representante y la patética gira con su monólogo por desvencijados y vacíos teatros del conurbano. La muerte de Diego. Sólo algunas de las situaciones que la segunda temporada abordará sin temor a lo desmesurado. Nota aquí.

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