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viernes, julio 31, 2026

Eduardo Sacheri

 “El deporte es una sublimación de la guerra”

duardo Sacheri (1967) se presenta con puntualidad sajona para la entrevista con LA NACION, en el barrio de San Telmo. Viene de Castelar, la ciudad en la que nació y en la que todavía vive, la ciudad de la infancia, del fútbol en la calle y los amigos del barrio; el lugar en el que viven su madre y sus hermanos; la ciudad en la que escribe ficciones, ensayos y guiones que maravillan al público y la crítica, y lo colocan en el podio de los narradores más leídos.

No se considera escritor por vocación, sino “por accidente”, por lo tanto, nunca imaginó este presente de reconocimiento, premios y libros traducidos a veinte idiomas. “En el fondo, yo escribo para mí. Entonces, no deja de maravillarme y al mismo tiempo de extrañarme que cosas que hago para mí puedan interesarles a otros”, dice Sacheri, como si ese hechizo pudiera romperse de un momento a otro. Probablemente, tampoco imaginó que tres de sus novelas, Papeles en el viento, La noche de la usina y La pregunta de sus ojos, iban a ser llevadas al cine y que una de ellas –El secreto de sus ojos, dirigida por Juan José Campanella y en la que Sacheri participó como guionista–, se iba a alzar con el premio Oscar a la mejor película extranjera en 2010.

Hace poco presentó Demasiado lejos, una de sus dos novelas sobre la Guerra de Malvinas, en la Feria del Libro de Madrid. La reivindicación de Malvinas, el partido de Argentina contra Inglaterra de 1986 con Maradona –“una reparación simbólica en una Argentina que también se estaba reparando”- y este último partido, con Messi, atravesarán inevitablemente esta conversación. “No lo viví como el partido del 86, con ese nivel de ansiedad y hasta, te diría, de angustia, pero tampoco lo viví como cualquiera de los otros partidos del Mundial (…). Me parece bien que la sociedad argentina recuerde a sus veteranos de guerra y a sus caídos y a sus familias. Y también me parece bien que tengamos una aproximación un poco más ‘reparada’. Hacer un duelo también es eso. Un duelo más o menos sano es que las cosas que te duelen te vayan doliendo de un modo diferente y que seas capaz de dejar atrás lo peor o lo más trágico del dolor. Entonces, en ese sentido, me parece que la vivencia de este partido fue muy fuerte, pero no exactamente a la del 86”.

Ahora, en la Argentina, acaba de publicar Los días de la Constitución 1852-1880 (Alfaguara), el tercer libro de una saga de divulgación histórica que comenzó con Los días de la Revolución. 1806-1820, Los días de la violencia. 1820-1852 y culminará con un cuarto texto, Los días del progreso 1880-1916. Estos ensayos pueden leerse, de algún modo, como una extensión o un complemento de las clases de historia que el escritor ya no dará, después de toda una vida dedicada a la docencia.

“Yo estoy de salida de la docencia, no solo por mi edad, sino porque siento que la filosofía del sistema educativo en la provincia de Buenos Aires va en una dirección en la que yo no creo. Un sistema educativo obsesionado por la retención ha perdido de vista todos los otros objetivos”, explica Sacheri, profesor de Historia con treinta años de docencia universitaria y secundaria. Le gustan el aula y el contacto personal con los alumnos, pero considera que se ha cumplido un ciclo y siente que no encaja.

Incondicional hincha de Independiente y apasionado por el fútbol –un amor que atraviesa radicalmente su vida y su obra– Sacheri compartió con su padre, que murió cuando él tenía 10 años, la devoción por el Rojo.

“Los goles de Maradona en el 86 fueron una reparación simbólica en una Argentina que también se estaba reparando”

Las infinitas formas del duelo y la conversación en ausencia con los seres amados que hemos perdido tendrán un espacio en la conversación. “El de mi papá fue mi duelo fundante, pero todos estamos habitados por un montón de duelos, pérdidas y despedidas que no solo tienen que ver con la muerte de nuestros seres queridos. A veces perdés gente a la que quisiste, pero no porque se muere, sino porque te peleás, porque te distanciás. Hay muchos duelos: sueños que uno tuvo y no los tiene más, y uno los extraña, pero ya no los sueña. O deseos que tuviste y ya no deseás. Eso también es un duelo”, reflexiona Sacheri.

Pocos días después de la final del Mundial de Fútbol en la que la Argentina se quedó con el segundo puesto, Sacheri comparte su estado de ánimo, atravesado por sensaciones contradictorias: la inevitable tristeza por la derrota final y, al mismo tiempo, la admiración conmovida y la gratitud eterna a la figura de Messi. “Me parece que no solo ha sido un artista como futbolista, sino que ha sido extremadamente humilde en su manera de trabajar. Siempre mostró no solo una belleza técnica descomunal para jugar, sino una unión emocional con sus compañeros, que también me pareció siempre muy destacable. Y lo que hizo en los últimos años con la Selección argentina fue ponerle un broche de oro a una carrera legendaria (…) Me genera asombro, respeto y gratitud”, dice Sacheri, en días en los que se ha montado y magnificado una campaña de odio a la Argentina, a su seleccionado y al propio Messi. “Han convertido a la Argentina en un villano, en un monstruo”.

–Hace poco presentaste en España Demasiado lejos, una de tus dos novelas sobre la Guerra de Malvinas. ¿Qué preguntas tienen los españoles sobre este tema?

–En general, fuera de la Argentina, antes de explicar la Guerra de Malvinas, hay que explicar Malvinas: Malvinas en tanto deseo, causa, reivindicación, sentimiento colectivo. Después uno inscribe la guerra, lo que pasó con la sociedad argentina durante la guerra y esa cosa incómoda de entusiasmo, apoyo, oxígeno y compromiso que le dio la sociedad a la dictadura en el momento casi final. En Hispanoamérica, siendo todos herederos del mismo imperio, con la misma lengua y la misma religión, el nacionalismo tiene más que ver con lo territorial, que es casi el único anclaje profundo de lo nacional. La cuestión territorial sí ha sido motivo de diligencia. Las guerras sudamericanas posindependentistas son territoriales: la Guerra del Pacífico, la Guerra del Chaco, la Guerra del Paraguay. Entonces, primero hay que explicar eso y después hablar de lo que es una guerra en sí misma, la sociedad vinculándose con una guerra, o los soldados viviendo una guerra. Eso les pasó a todos. Los españoles pueden asociarlo a la guerra civil y los colombianos, al tema de la guerrilla, pero todos vivieron guerras. Cada país tiene la suya.

–En las novelas, a diferencia de los libros de historia, el autor puede darse permisos para jugar. ¿Qué temas personales se ponen en juego en las ficciones?

–Vos usás una palabra que me parece clave que es “juego”. Y agregaría otra que asocio al juego que es “libertad”: la libertad del juego. Y agregaría otra dimensión más que es “lo subjetivo”, lo humano en tanto experiencia individual, los sentimientos y las emociones, a diferencia del enfoque de la Historia que, en principio, tiene mucho más que ver con lo colectivo, con lo estructural, con lo general, con las regularidades, no con la excepción. La novela permite contar las excepciones. En el fondo, las personas somos excepciones. Creo que la novela es el lugar para pensar en las excepciones que somos. Sin embargo, me gusta que el telón de fondo de las personas sea la historia real porque ni vos ni yo somos ajenos a la historia colectiva. Nuestras vidas tienen una parte que está completamente condicionada e influida por la historia colectiva, pero también tienen una parte íntima, personal y vincular. Nota aquí.





domingo, julio 19, 2026

Jorge Valdano

 El corazón no se muda

El fútbol tiene la mala costumbre de preguntarle al corazón cuestiones que la razón parecía haber dado por resueltas.

En el fútbol cabe la vida. Existen tantas maneras de sentirlo como maneras de vivir. Las de España y Argentina son auténticas porque representan una larga búsqueda colectiva. Es hora de felicitarlos, porque una final de Copa del Mundo se parece mucho a un puerto de llegada. Eso sí, las dos selecciones saben quiénes son, saben lo que quieren, pero en la meta cabrá una sola. Cuestión apasionante.

El fútbol no nos pide solamente una opinión. A veces nos obliga a explicar quiénes somos. España y Argentina me han colocado delante de esa obligación. Hay partidos que se juegan en una cancha y, también, dentro de uno mismo. Se especula con que será una batalla, no lo creo. La única batalla que espero la libraré por dentro: entre la memoria y la gratitud.

Admiro del fútbol español la construcción de un estilo que el tiempo convirtió en escuela. Llegó brillantemente a la final de la Copa del Mundo, en la misma semana en que fue campeón de Europa sub 19 en hombres y en mujeres. Viene de atrás, apunta lejos.

La tendencia nos está llevando hacia un fútbol cada vez más atlético en el que prevalece la lucha por ocupar los espacios y el culto al individuo sobre la idea de equipo. Pero España mide a los jugadores por el tamaño del talento, no conoce espacio más relevante que la circunferencia del balón y juegan todos para todos. Convicciones que le ayudan a gobernar los partidos de una manera hasta amable.

Se sabe de rivales de España que se han arrepentido de ser futbolistas corriendo detrás de la pelota sin agarrarla. Mientras se juegue con una sola, no es mal plan. Pero a España se la subestima a pesar de llevar 38 partidos sin perder, de jugar como los ángeles y de competir como soldados. De la Fuente fue campeón de Europa sub 19 en 2015 y sub 21 en 2019 con buena parte de la actual plantilla, de modo que esta Final, lejos de ser una casualidad, le da sentido a un proyecto.

Cuanto más admiro a esta España futbolística, más difícil me resulta explicar por qué sigo sufriendo con Argentina. No me resulta cómodo escribir este artículo porque al sentimiento le cuesta hablar, encontrar las palabras. Pero creo que el esfuerzo ayudará a entender cómo trabaja el fútbol sobre nuestra identidad.

Hablemos de Argentina. Esta selección es el producto de un país que hizo del deporte una expresión cabal de su manera de ser. Hay más de 12.000 clubes sociales en Argentina enclavados en cada barrio, en cada pueblo. Son mucho más que un lugar de encuentro entre gente de distinta procedencia. En esos clubes, generalmente polideportivos, se ayuda a construir comunidad porque el deporte, y muy especialmente el fútbol, integra.

Es ahí donde se aprende el oficio, porque hay un conocimiento popular acumulado por años de amor al fútbol. Los jugadores que hoy defienden la camiseta de la selección juegan en clubes de primer nivel europeo. Pero antes de llegar hasta allí pasaron por aquella escuela de convivencia donde recogieron, desde la primera infancia, una pasión que, llegado el caso, se convierte en rabia competitiva. Cuando las cosas no salen, cuando los partidos se complican, el fútbol deja de ser un juego para convertirse en una obligación sentimental que nos representa, de modo que nadie tiene permitido resignarse a riesgo de ser acusado de alta traición.

¿Cuántos partidos es capaz de jugar Argentina dentro del mismo partido? Todos los que hagan falta. Por esa razón, podrán jugar mal, pero no defraudarán. El fútbol está demasiado pegado a nuestra personalidad y por eso lo jugamos, pero también lo gritamos, lo cantamos y lo festejamos como si nos perteneciera. Por argentinear un poco: como si fuéramos su dueño.

Las dos selecciones vienen de ganar partidos que ya son clásicos del fútbol. España pasó por encima de Francia en Semifinales con una exhibición tranquila, como si el fútbol fuera fácil. Argentina le dio vuelta el resultado a Inglaterra, en un partido que empezó guerreado y terminó a puro fútbol, a puro Messi. Porque Messi, a esta altura, ya es sinónimo de fútbol.

¿Dónde me colocó yo, que vivo en España desde hace cincuenta años, en esta gran final? La elección habla de lo que el fútbol es. La gratitud hacia España, que es grande, pertenece al mundo de la razón, pero el fútbol es un territorio emocional.

En España cabe mi vida adulta. Mujer, hijos, amigos, profesión. España no es un país extranjero para mí, sino el lugar que me permitió construirme. Y abrazar su fútbol, con el que siempre me sentí comprometido.

Pero Argentina es mi infancia. Es mi primera camiseta. Es el idioma del fútbol con el que aprendí a emocionarme. Son los primeros héroes, las voces que me enseñaron el juego, es el idioma pasional que está anclado en la memoria para siempre. Es el recuerdo fabuloso del 86. El lugar en el que uno siempre está porque el fútbol, ahora lo sé, nunca termina de aceptar nuestras mudanzas. Nos pide lealtad desde el primer día y ya no te suelta.

Cuando empiece el partido admiraré cosas de España que siento como mías, porque también ayudaron a construir mi vida. Pero sufriré con Argentina. No porque quiera más a un país que a otro, sino porque el fútbol tiene la mala costumbre de preguntarle al corazón cuestiones que la razón parecía haber dado por resueltas.

Me pondré contento si gana Argentina, no me pondré triste si gana España. Es lo máximo que puedo hacer. Nota aquí.



martes, julio 14, 2026

Peter Shilton

 Peter Shilton, 40 años para superar el trauma de la Mano de Dios de Maradona

El portero inglés en el duelo con Argentina del Mundial 86, que siempre reconoció su rencor hacia El Pelusa, asegura en los últimos días que ha pasado página.

Peter Shilton, el portero que recibió el gol de la Mano de Dios de Maradona, también hubiera anulado el otro tanto, “la jugada de todos los tiempos” en la que el Pelusa dejó “en el camino a tanto inglés”, como cantó Víctor Hugo Morales en la narración más famosa de la historia. “En el 2-0”, puntualizaba el meta hace una semana en The Telegraph, “[mi compañero] Glenn Hoddle sufrió una falta justo delante del árbitro antes de que el balón le llegue a Maradona. Habría sido tiro libre y no habría valido ningún gol de los argentinos”, advertía.

El hombre tiene 76 años y construyó una carrera única bajo palos (1.387 partidos), pero su vida quedó atrapada por aquel Argentina-Inglaterra (2-1) de los cuartos del Mundial 86. Ese tanto de la Mano de Dios, tan genial como ilegal, y no haber recibido nunca una disculpa de Diego, provocó en él un trauma muy profundo durante toda su vida que ahora, cuatro décadas después, acaba de superar. O eso, al menos, es lo que ha asegurado en las últimas semanas.

“Llevo años guardando rencor. He estado en Buenos Aires últimamente y la gente fue fantástica conmigo. Estuvieron geniales. En el fondo, pensé que era hora de dejar atrás el asunto. Obviamente, Maradona ya no está con nosotros”, contaba hace 10 días en una entrevista en The Telegraph, con motivo del regreso de la selección inglesa al lugar donde ocurrió todo, el estadio Azteca de Ciudad de México, para los octavos con la anfitriona. En la red social X, escribió recientemente un mensaje similar —“sí, guardé rencor, lo he dejado atrás”—, y ha aprovechado también la ocasión para grabar un anuncio en tono de humor de una marca de desodorante donde insiste en que ha pasado página.

“Sí da la sensación de que empieza a haber alguna sanación dentro de su proceso. Ha contado que está dando algunas conferencias sobre lo que ocurrió y sobre la superación”, apunta Santiago Franco, codirector, junto a Juan Cabral, de El partido. En este documental de 2026, basado en el libro homónimo del periodista de El País Andrés Burgo, se cuenta la historia de este encuentro irreproducible —por sus goles y el trasfondo de la guerra de las Malvinas entre Reino Unido y Argentina—, y en él aparece el testimonio de Peter Shilton. “Es un hecho que lo marco profundamente, eso es una obviedad. Nosotros intentamos mostrar esto con el mayor respeto posible. Los demás jugadores [también participan Gary Lineker, John Barnes, Óscar Ruggeri, Jorge Burruchaga, Ricardo Giusti, Jorge Valdano y Julio Olarticoechea] hablan diferente a él. Ven, además, la picardía y el ingenio de Maradona”, explica Santiago Franco. Nota aquí.



sábado, junio 13, 2026

Jorge Valdano

 La luz épica del estadio Azteca

Pelé y Maradona se consagraron como mitos sobre este césped. Y en sus gradas nació la ola, la coreografía colectiva que une aficiones rivales. Con el partido inaugural del 11 de junio se convertirá en el único estadio en albergar tres mundiales.

Para el mundo es simplemente “el Azteca”, pero el periodista Ángel Fernández lo bautizó con precisión barrial como “El Coloso de Santa Úrsula”, porque se levanta en la colonia de Santa Úrsula Coapa, en la alcaldía de Coyoacán. Fernández tenía talento para las metáforas memorables. En una transmisión llegó a decir que el nombre del futbolista alemán Hans-Peter Brieguel, significaba “Ferrocarriles nacionales alemanes”. Como tuve que perseguir a Brieguel durante todo el partido en la Final del 86, puedo dar fe de la exactitud de la metáfora. Era una locomotora que me hizo trajinar a fondo las dos bandas del campo en un ida y vuelta sufriente que me sirvió para conocer aún mejor el estadio Azteca.

Hay una percepción personal, posiblemente divinizada, que se me impone: los partidos jugados en el Azteca tienen una luz épica. Las dos finales de la Copa del Mundo que albergó se jugaron a las 12 del mediodía, sobre los 2.200 metros de altitud en los que se levanta la Ciudad de México. El sol caía a plomo sobre los jugadores e iluminaba cada brizna de césped. Aquella luz parecía tamizada por una gasa invisible que embellecía y mitificaba el juego. ¿Efecto de la altitud? ¿Del estadio mismo, olla gigantesca que descompone los rayos? ¿O, poniéndonos definitivamente románticos, de la presencia en el escenario de Pelé y Maradona? Los dos, en la cima de sus carreras, requerían una luz a la medida de sus leyendas.

La construcción del estadio comenzó en 1962 y fue inaugurado el 29 de mayo de 1966 con un partido entre el América y el Torino. Fue hijo de un tiempo en que México quería proyectar su aspiración de grandeza mientras la televisión empezaba a descubrir el deporte como espectáculo global. Esperaban los Juegos Olímpicos del 68 y el Mundial del 70. ¿Qué mejor oportunidad?

El edificio fue encargado al arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, responsable de obras que expresaban poder real y simbólico en la Ciudad de México, como la nueva Basílica de Guadalupe, el Palacio Legislativo o el Museo de Antropología. Cuenta Juan Villoro que Ramírez Vázquez otorgó especial relevancia al diseño exterior del estadio, “sostenido por inmensas grecas de concreto cuya geometría aludía a los frisos de las pirámides aztecas”. Por dentro, el diseño es igualmente admirable: desde cualquier rincón de su majestuosa estructura el espectáculo se ve sin interferencias.

El Azteca también refleja las contradicciones del país que lo alberga. En vísperas de este Mundial hubo dudas sobre si la ambiciosa remodelación llegaría a tiempo a la inauguración. Se reabrió en marzo con un partido amistoso entre México-Portugal, siempre imponente, pero con obras todavía inacabadas. Se supone que el Mundial lo verá terminado y tan dispuesto como siempre. Lo que tiene es nuevo nombre: Estadio Banorte, banco responsable del crédito de 2.100 millones de pesos (102,9 millones de euros), coste de la remodelación. La reacción popular fue inmediata: “Pónganle como quieran, siempre seguirá siendo el Azteca”. Hay símbolos que la gente se resiste a perder y los defiende desde la palabra, arma gratuita y a veces invencible. Pero es otra evidencia de que el negocio avanza al galope y el romanticismo lo persigue al paso.

Conocí el Azteca en persona veinte años después de su inauguración y llevo cuarenta viéndolo desde todos los rincones. No me acostumbro.

Como canta Andrés Calamaro en Estadio Azteca, la primera vez que lo vi, “me quedé mudo”. Fue en la inauguración del Mundial 86, como parte de la delegación de Argentina, para ver un anodino Italia-Bulgaria, nuestros rivales de grupo. La organización no tuvo muchas deferencias con nosotros y nos sentaron en localidades altas. Es una manera de decir. Porque el estadio esta excavado por debajo del nivel de la calle. Uno entra descendiendo a ese cráter inmenso que no atenuó mi primera sensación, que fue de vértigo. Sentí la certeza de que, si tropezaba, me recogerían en el césped. La mole de hormigón con gradas verticales intimidaba físicamente.

Aquella fiesta inaugural tuvo un prolegómeno que no supe interpretar. El estadio entero silbó el discurso de apertura de Miguel de la Madrid, presidente de México. Pensé que era la factura que la gente le pasaba por la insuficiente respuesta del gobierno al gran terremoto de 1985 que, entre cosas más trágicas, puso en peligro la organización del Mundial. El tiempo me aclaro que aquello era el principio del fin del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que durante 75 años había gobernado el país. El Azteca operando como ágora y el fútbol, como siempre, enmarcando, cuando no anticipando, los latidos sociales.

La segunda vez que pisé el Azteca, fue el día previo a un partido. Allí estaba esperándonos, con todo su poderío arquitectónico, el gran estadio, vacío como una advertencia. Como éramos futbolistas y no arquitectos, abandonamos las piedras y nos interesamos por la hierba, que desde arriba parecía un billar. Lejos de ser híbrido, como ahora, visto de cerca el césped estaba largo, desigual, más maleza que hierba. Impropio de un Mundial. Así que nos dijimos que en ese campo no se podía jugar al fútbol. Los futbolistas tenemos tendencia a buscar excusas antes de los partidos para colgar las inseguridades. Nota aquí.




domingo, junio 07, 2026

Lionel Messi

 Messi: el mejor artesano

Lo ganó todo con el Barça y tiene el récord de balones de oro. Hace cuatro años, en Qatar, se quitó la espina mundialista. En vísperas de su sexta Copa del Mundo, suma a su lista de galardones el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2026.

Messi se va; se va y, durante años, será el espejo de cada novedad: bueno, este sí podría ser el nuevo Messi. Pero muy pronto él dejará de ser quien siempre fue. Muy pronto —unos meses, un año— los medios ya no hablarán de él todos los días, los millones ya no hablaremos de él todos los días: tendrá que sucederle algo importante —ir a la playa con sus hijos, cenar con su señora— para que lo nombremos. Será un cambio brutal: su vida fue que lo miremos y lo comentemos, que lo envidiemos y lo veneremos desde hace más de 20 años, cuando tenía 16 o 17. Va a ser raro para él vivir un poco lejos de nosotros; va a ser raro para nosotros vivir casi sin él. Raro, y nos acostumbraremos. Lo extrañaremos cuando las cosas vayan mal. Miraremos sus goles en YouTube, cada vez menos. Lo iremos olvidando.

Pero falta, todavía, para eso; mientras tanto, en estas semanas de Mundial estará más presente que nunca. Todo lo que haga será chicle mediático. Para muestra, un botón: Messi fue con su equipo de Miami, campeón de USA, a ver al presidente Trump en pleno ataque a Irán. En Argentina algunos se lo reprocharon con vehemencia; otros les gritaron que era Messi y podía hacer lo que se le cantara. La Argentina es tan caprichosa que, con su clásica capacidad de grieta, ha conseguido que el kirchnerismo reivindique a Maradona, el mileísmo a Messi. Se armaron barricadas: Maradona era el sindiós diabólico mientras que Messi era la representación del orden familiar casi cristiano, argentino de bien.

Para creerlo hay que olvidar que Lionel Messi es un producto triste de la Argentina actual. Es, en todo caso, un chico que tuvo que dejar su país a sus 12 años para seguir el tratamiento que necesitaba para crecer esos centímetros que necesitaba para crecer en el mundo del fútbol. La Argentina no pudo o no quiso dárselo y él se fue haciendo así, lejano, extranjero de toda extranjería: no vivía en su sitio pero seguía hablando como si viviera, se armó una especie de barrio rosarino en la cabeza y en ese barrio está instalado desde entonces. Es el migrante tipo de estos tiempos, el que se va y se queda.

Y es, también, el más famoso de estos tiempos. En un mundo que ataca a los migrantes, él y sus compañeros de triunfo lo son —porque se fueron. En los países ricos, otros lo son porque vinieron. Somos tontos: los patriotas más xenófobos gritan los goles de señores que sus gritos intentan deportar —el deporte masivo. Los migrantes son el núcleo de este gran negocio de punta que se llama fútbol; la concentración de la riqueza futbolística en tres o cuatro ligas es otra forma de la desigualdad mundial. La enorme mayoría de sus estrellas no juega en sus países, pero no es lo mismo un Mbappé en España o un Rodri en Inglaterra que la legión sudaca que se vende inevitablemente a clubes europeos porque los suyos no pueden pagarles las vacunas o los Lamborghini. Nota aquí.




sábado, mayo 16, 2026

" The Match "

 Cannes celebra 40 años después el Argentina-Inglaterra: el partido que aunó épica, miserias, odios, política y algo de fútbol

El documental ‘The Match’ analiza el mítico encuentro del Mundial de México 1986, el del “mejor gol del siglo” y el metido con “la mano de dios”

Nunca ha habido, y es probable que nunca vuelva a haber, un partido de fútbol que comprima en sus 90 minutos de juego tanta tensión, pasión, miserias, guerra, talento, anécdotas, personajes míticos, curiosidades, política y afrentas y revanchas históricas como el Argentina-Inglaterra de cuartos de final del Mundial de fútbol de México, en 1986.

Es el enfrentamiento del gol de pillo de “la mano de Dios”, es decir, la de Maradona; el del otro tanto de la leyenda argentina, que es considerado uno de los mejores de la historia. Es el partido probablemente más analizado en el audiovisual y, sin embargo, hay decenas de historias que nunca se habían visto en la pantalla hasta el estreno este viernes en Cannes de The Match, de los argentinos Juan Cabral y Santiago Franco, un excepcional documental que se proyecta en la sección Cannes Premiere y que recorre casi 300 años de historia entre los dos países, incluida la Guerra de las Malvinas, y llega hasta el pitido final con el triunfo sudamericano por 2 a 1.

Cabral y Franco han usado como base el libro El partido, de Andrés Burgo, para, en el 40º aniversario del choque, desmenuzar en poco más de hora y media un enfrentamiento homérico. Como narradores, Gary Lineker y Jorge Valdano, estrellas de sus selecciones y dos exjugadores dotados de gran expresividad verbal. “Ambos tienen un talento para explicar lo que está pasando y lo que sienten proverbial. Poseen una cadencia al hablar que hace que te vayas dejando llevar. Y una enorme capacidad aún de verse años después y de entenderse”, explican en Cannes ambos directores.

Todo eso se condensa en el final, cuando Valdano lee, ante un emocionado Lineker que le abraza, el poema de Borges sobre dos soldados, uno inglés y otro argentino, muertos en la Guerra de las Malvinas: “Les tocó en suerte una época extraña [...] / Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel. / Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen“.

Puede que también pudieran haber sido amigos los jugadores que se enfrentaron aquel día en el estadio Azteca. Para el documental se reunieron en Madrid Óscar Ruggeri, Julio Olarticoechea, Jorge Burruchaga y el mencionado Valdano, por el lado argentino; el portero Peter Shilton, la entonces efervescente estrella John Barnes y Lineker, por el inglés. Aparecen filmados en blanco y negro, viendo las imágenes en color del pasado. “En su momento todos dijeron: ‘Solo es fútbol, no política’. Sabían que era mentira”, apuntan los directores.

“Lo más fascinante es la cantidad de anécdotas, de intrahistorias que rodean el encuentro”, recuerdan Cabral y Franco. “En eso, el libro, que pecaba de contar más de la parte argentina, es una radiografía”. El intento de conquista de Argentina por parte de Inglaterra hace dos siglos, la infame Guerra de las Malvinas (“Nosotros vivíamos en una dictadura y ellos, en democracia con Margaret Thatcher como primera ministra, pero es obvio que a ambos gobiernos les interesaba el conflicto bélico”), partidos en mundiales previos con malas formas y mancillamientos de banderas...

En 1986, se cumplió el mandato de Liberty Valance: “Cuando la leyenda se convierte en un hecho, imprime la leyenda”. “Lo que no era necesario”, aducen los cineastas, “porque la realidad fue más fascinante”. Mucha parte del metraje echa por tierra esos cuentos y saca la verdad. Pero en aquel partido jugaba el mito de los mitos, Diego Armando Maradona, y realizó su gol con “la mano de Dios” ante un alucinado Peter Shilton, que en pantalla insiste en que el árbitro y el juez de línea tuvieron que verlo. Para que pase ese tanto, el balón botó mal ante el inglés Steve Hodge. ¿Por qué? Porque el césped estaba en mal estado... Y porque el seleccionador argentino, Carlos Bilardo, era el gran científico y también el mayor maniático del fútbol. Ejemplo: daba caramelos a sus jugadores para superar el calor, y algunos de ellos no los querían. Así que los enterraban en el campo, y cuando Bilardo lo supo, lo convirtió en un ritual: en uno de esos montículos bota el balón. Curiosamente, fue Hodge quien se quedó con la camiseta de Maradona, en un tiempo en que no se intercambiaban las remeras. Nota aquí.







domingo, noviembre 16, 2025

Oasis

 Oasis brilló en el estadio Monumental ante 85.000 personas: del abrazo de los hermanos Gallagher al guiño a Diego Maradona

Después de 16 años, la banda británica regresó a Buenos Aires y deslumbró a sus fans con un setlist que repasó sus mayores hits.

Ansias, lágrimas, emoción, con la cuenta regresiva activada, 85.000 personas esperaban la hora señalada para vivir un hecho que, meses atrás, parecía inimaginable: el regreso de Oasis. Tras 16 años de espera, el día llegó: Liam y Noel Gallagher desataron una euforia contenida que explotó en un pogo inolvidable en el Estadio Monumental.

Desde temprano, miles de fans colmaron el estadio de River Plate para presenciar el primer show de la banda británica en el marco de su gira Live ’25, una cita que combinó nostalgia, euforia y momentos inolvidables desde el primer acorde.

La expectativa por el reencuentro con los hermanos Liam y Noel Gallagher se sintió desde las horas previas. El público, que ya ocupaba cada rincón del estadio, recibió primero a Richard Ashcroft, encargado de abrir la noche como telonero, y luego estalló en ovaciones cuando Oasis irrumpió con “Hello”, marcando el inicio de una velada cargada de energía.

El arranque del show desató una ola de entusiasmo: miles de fanáticos saltaron, corearon y celebraron el regreso de la banda, mientras las redes sociales se llenaban de videos y mensajes que reflejaban la magnitud del evento. La conexión entre Oasis y el público argentino se hizo evidente desde el primer tema, con el estadio vibrando al ritmo de los clásicos.

Así también lo evidenció Liam Gallagher durante una interacción con la gente. Fiel a su estilo, el músico elogió a los presentes y se refirió con humor a la prohibición de venta de alcohol en el estadio: “Son los número uno, incluso sin el alcohol”, expresó, desatando risas y aplausos entre los asistentes. Nota aquí.






jueves, octubre 30, 2025

Christian Masello

 Maradona y su conexión con el sur: Diego también es Bariloche

Sentimientos que afloran a sesenta y cinco años del nacimiento del Diez.

Diego Armando Maradona nació hace sesenta y cinco años. Porque no le pegaba a la pelotita, sino que la acariciaba y conseguía magia con ella, su nombre trascendió de una manera insospechada. Se transformó en ícono, en emblema, en una de las personas más conocidas del mundo.

Aquella frase de remera: “Algún día tus hijos y los hijos de tus hijos te preguntarán por él”, evocándola con una estampa de Diego, parece ser cierta. Yo todavía no tengo nietos, pero mi hijo, cada tanto, me consulta por Maradona. Para colmo, en la biblioteca hogareña, hay una foto en la que estoy con el Diez, tomada una noche inolvidable, hace veintitantos años. Aquel registro fotográfico marca su “presencia” en la casa, reflejo de lo que mi memoria atesora. La vez de la captura de la imagen, lo entrevisté. Más allá del tiempo que me concedió, de las características que envolvieron al reportaje y demás (materia de, seguramente, otra nota futura), recuerdo a un joven que, en aquel lugar (un boliche), le expresó su admiración, lo saludó y, cuando ya se iba, volvió sobre sus pasos para preguntarle con timidez: “Diego, ¿me dejás tocarte la zurda?”. Maradona lo observó, sonrió, soltó una ocurrencia jocosa (“Me comprometés, pibe”) y se levantó un poco el pantalón, para dejar al descubierto el tobillo zurdo. El muchacho se agachó, estiró su mano, cerró los ojos y dijo: “Gracias”. Luego partió, con el rostro extasiado, como si hubiese tocado a un santo.

Al recordar aquel momento, esbozo en la mente mi conversación con el Diez también como si hubiese hablado no con Dios, pero sí con un dios. Un dios terrenal. Un dios que se cayó y se levantó varias veces. Un dios al que, en ocasiones, ser una deidad le pesó mucho. Un dios que alguna vez aseguró (y nadie lo rebatió) que “la pelota no se mancha”. Un dios con pies de barro, es cierto, pero, en su caso, ese barro, además de la debilidad de sus flaquezas, significaba apego al origen, al barro de los potreros donde se crio, en Villa Fiorito, en la zona sur del área metropolitana de Buenos Aires.

Y ahí aparece un factor relevante, el sur. Diego siempre fue sur. Lo es aún hoy, muerto… o casi muerto, porque un dios, en realidad, no puede morir, pese a lo que diga un acta de defunción en la que, a muchos, se nos dificulta creer. Por eso, Maradona por siempre será sur, en su inmortalidad mitológica.

Entonces, es el sur de Fiorito. También, claro, el de La Boca y el de Nápoles, con los clubs de las camisetas por las que más se lo recuerda, además de la albiceleste, perteneciente a la selección de este país ubicado al sur del sur del mundo.

Y Bariloche también es sur. Nota aquí.




Piti Fernández

 

lunes, noviembre 25, 2024

La Guardia Hereje

 


lunes, noviembre 11, 2024

Manu Chao

En casa de Diego. Fiorito en el corazon! Inolvidable!!! Cuanta emocion ! Gracias a todo el barrio. Cuanto cariño.
Especialmente a mi hermano Rayo a.k.a Big Buda y a @nachito.rock .
Nacho ! Eres el futuro
Gracias @eltintero_producciones por las imágenes !!!




viernes, noviembre 01, 2024

Tute

 A mí se me hace cuento que murió Maradona

Siempre creí que lo conocería. Me parecía que en algún momento me lo iba a cruzar como uno se cruza con algo que siempre estuvo y siempre estará. No sé, era una sensación no un pensamiento. Porque uno sabía que era la persona más conocida del planeta, y, sin embargo, lo sentía cercano, vecino. Una vecindad que inventó él, esa que inspiran los grandes artistas populares, que se meten en nuestra casa desde la radio, la tele, los discos y la habitan. Se vuelven cotidianos, familiares. Diego lo hizo con arte desde el fútbol pero también desde sus luchas. Una vecindad sentimental e ideológica. Porque aquel héroe del mundial del 86 que nos reivindicó simbólicamente frente a Inglaterra, siguió toda su vida peleando con los nortes. Su vereda siempre fue el sur. Estuviera donde estuviera, Diego jugaba siempre en la misma vereda, haciendo patria con la pelota. Quijote rebelde de los sures contra molinos del norte. Un poco loco, potente y débil, un Dios sucio –como dijo Galeano- con barro en los botines, que inflaba el pecho y arremetía con el corazón.
Clemente dijo que Maradona estaba ligado a un asunto fundamental: la felicidad de la gente. Lo dijo hace 40 años. Y sigue ligado a ese asunto. Porque cada vez que un pibe o una piba pone play y ve el segundo gol a los ingleses, Maradona vuelve a reivindicarnos, vuelve a hacer ese gol imposible, a ser ese barrilete cósmico, vuelve a hacernos felices.



miércoles, octubre 30, 2024

Las Pastillas del Abuelo

 

sábado, octubre 05, 2024

Andrés Ciro

 En medio de su gira europea y para homenajear a Maradona, Andrés Ciro tocó el Himno Nacional Argentino en el estadio del Napoli

Mientras sigue en la ruta con Ciro y Los Persas, el cantante de Los Piojos homenajeó al Diez con su armónica en la ciudad italiana en la que se convirtió en una deidad

Por estos días, Andrés Ciro Martínez sigue al frente de su proyecto Ciro y Los Persas, banda con la que está haciendo su primera gira europea: en total son once shows en distintas ciudades de Italia, España, Dinamarca e Irlanda. Este viernes 4 se presentan en la ciudad de Nápoles, pero en la previa al recital, el cantante salió a recorrer distintos puntos de la urbe del sur italiano y también el Estadio Diego Armando Maradona, casa del S. S. C. Napoli, equipo en el que el Diez se convirtió en toda una deidad.

En esa recorrida, Ciro tomó su armónica y decidió homenajear al Diego entonando el “Himno Nacional Argentino” e hilándolo a los versos de la “Intro Maradó” (”Dicen que escapó de un sueño / en casi su mejor gambeta / que ni los sueños respeta, tan lleno va de coraje / sin demasiado ropaje y sin ninguna careta / Dicen que escapó este mozo del sueño de los sin jeta / que a los poderosos reta y ataca a los más villanos / sin más armas en la mano que un ‘10’ en la camiseta”), tal como quedó registrado en el primer disco en vivo de Los Piojos, Ritual (1999).

En aquel show, grabado en el estadio Obras Sanitarias en mayo de 1999, se hizo presente el propio Maradona. Quien, además de regalarle a Ciro los últimos botines que usó siendo futbolista profesional, dejó para el recuerdo una frase que todavía resuena en los corazones piojosos y rockeros, a modo de agradecimiento por la canción que el grupo le escribió: “Todos necesitamos cariño”. Nota aquí.




miércoles, octubre 02, 2024

Patricia Malanca

 "¿Cómo no íbamos a traducir a Silvio Rodríguez al tango?"

El décimo aniversario de ese disco habilita a una nueva recorrida en vivo de ese "atropello insolente", y el estreno de un tema que recuerda el encuentro de la cantante con Silvio y Maradona.

Hace diez años Patricia Malanca lanzó Aunque nadie te vea nunca conmigo y eso significó un punto de inflexión en su carrera artística. El disco, un homenaje “tangueado” a Silvio Rodríguez, no sólo la acercó al cantautor cubano sino que también le dio una notoriedad inesperada. Aun con muchos otros proyectos entre manos –desde entonces acercó sus tangos al universo de la música griega, convirtió en canciones grandes novelas argentinas y armó un disco enteramente de dúos con otras cantantes-, el disco dedicado a Silvio siempre está ahí, pidiéndole que le abra la puerta para salir a jugar. 

Por eso, en ocasión de este aniversario de su lanzamiento, volverá a presentarlo en el Centro Cultural de la Cooperación (Av. Corrientes 1543) los miércoles 2 y 9 de octubre, y el miércoles 6 de noviembre, siempre a las 20.30. La acompañará un quinteto dirigido por Alejandro Montaldo. También serán de la partida varios colegas invitados, como Cucuza Castiello, Dolores Solá, Denisse Sciamarella y Walter “el Chino” Laborde, entre otros. Y de yapa, presentará “El serio”, un tema que rememora el día que conoció –al mismo tiempo- a Diego Armando Maradona y a Silvio Rodríguez-, y los homenajea a ambos.

-¿Qué balance hacés de estos 10 años del disco de Silvio?

-Fue un proyecto que no valoré inicialmente como un acontecimiento. La música de Silvio había sido trasladada a diferentes rítmicas mundiales: rock, pop, indie latino, cumbia, rumba, hasta en hard rock se hizo, ¿cómo no íbamos a traducirlo al tango argentino? Además era una manera de narrar de dónde venimos algunas de las generaciones de tangueras y los tangueros que producimos el tango hoy: el tango impuro que producimos porque nos formamos en partes iguales con tango, rock y otras músicas del mundo.

-¿Qué significó Aunque nadie te vea nunca conmigo en tu carrera?

-Este disco en particular me habilitó a otros proyectos vinculados a la fusión del tango y a un perfil experimental que jamás abandoné en mi trayectoria. Luego vendría la experiencia de fusionar tango y rembétiko, la música del folklore nacional griego, por ejemplo. Además, navegué las aguas de la fusion junto al inolvidable Martín Elizalde que produjo este disco, y a otros músicos que estuvieron aliados a esta historia como Rafael Varela y Acho Estol.Nota aquí.









domingo, agosto 04, 2024

Gustavo Cordera

 

jueves, abril 11, 2024

Diego Armando Maradona

 


miércoles, marzo 20, 2024

Café de García

 La historia y las mejores anécdotas del bar donde iba Maradona y reabrió sus puertas a casi un siglo de su fundación

El Café de García fue fundado en 1927 por el matrimonio de Metodio García y Carolina Urbina en Villa Devoto. Con el tiempo, sus hijos Rubén y Hugo se hicieron cargo. Por allí pasaron Diego Maradona, Francis Ford Cóppola, Ricardo Darín, Mariano Mores, Graciela Borges y muchas figuras más. Hoy, remozado por su actual propietario, vuelve a servir sus famosas picadas. El ex dueño y un antiguo mozo cuentan las anécdotas de este Bar Notable de Buenos Aires

Algunos días de la semana, Hugo García, de 73 años, se sienta en las mesas de madera con tapa de mármol del Café de García, en Villa Devoto. Ya no es el dueño del lugar, pero sigue yendo. Y no es porque le invitan el café -que lo hacen-: ese piso de mosaico en damero, esas paredes llenas de fotos y objetos históricos, uno de los mozos, muchos de los parroquianos, todo eso es parte de su vida. O quizás sea su vida entera. Hoy lo mira con nostalgia, pero le alegra el cambio de rumbo que tomó el local. Decidió cerrarlo luego de una tragedia personal a mediados del 2022, vinculada con la pandemia. Poco después le vendió el establecimiento al Grupo Los Notables, que como su nombre lo indica posee varios de los catalogados como“Bares Notables de Buenos Aires”. Hace dos meses, el icónico café reabrió sus puertas.

El lugar cumplirá un siglo dentro de poco: se inauguró en 1927. Luego de una importante refacción, hoy muestra cambios: se modernizó pero no perdió su esencia. Sobre la calle sigue la glorieta que perfuman las glicinas que se abrazan a sus columnas, lo que llaman el “Paseo Metodio y Carolina”, en honor al matrimonio que lo fundó. También está la formidable puerta de doble hoja, una réplica de la original, que Hugo y su hermano Rubén encargaron a un carpintero que trabajó en la Basílica de Luján. Y las típicas ventanas guillotina. Nota aquí.








domingo, marzo 03, 2024

Manu Chao & Rayo Aka

 

martes, febrero 27, 2024

Cucuza Castiello