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domingo, octubre 11, 2026

Ricardo Darín & Diego Peretti

 Ricardo Darín y Diego Peretti: “Aunque no lo parezca, la película defiende el psicoanálisis”

Los experimentados actores se cruzan en una historia de inevitable resonancia en un país altamente psicoanalizado, que va virando de la comedia al thriller.

Dos figuras centrales del cine argentino, como lo son Ricardo Darín y Diego Peretti aseguran que una película no salga malograda. Y si se le suma una tema que atraviesa la cultura nacional, el psicoanálisis, la apuesta se convierte en desafío. En Lo dejamos acá, la nueva película de Hernán Goldfrid que llega a Netflix el viernes 16 de octubre, ambos actores se enfrentan en un duelo psicológico que pone en cuestión el poder y los límites de la relación entre analista y paciente. Darín interpreta a Ulises Verón, un prestigioso psicoanalista que empieza a desconfiar de los métodos tradicionales y decide intervenir cada vez más en la vida de quienes lo consultan. Peretti es Martín Bouchard, un escritor exitoso que atraviesa un bloqueo creativo y cuya llegada al consultorio desata una trama de humor negro, tensiones y zonas oscuras.

Se trata de dos actores que conocen como pocos los pliegues de la condición humana. Y en Lo dejamos acá la dupla invita a pensar qué sucede cuando quien escucha el sufrimiento ajeno pierde sus propias certezas. En un país como la Argentina, donde el psicoanálisis excede el consultorio y forma parte de la discusión cotidiana, el film abre interrogantes sobre la salud mental, la ética profesional y la necesidad -o la ilusión- de encontrar respuestas para aquello que angustia a los seres humanos. Todo logrado con un viraje de la comedia al thriller.

Consultado acerca de aquello que le atrajo de este psicoanalista que empieza a desconfiar de las herramientas tradicionales de su profesión, Darín se explaya sobre lo que le resonó: “Lo primero que me atrajo es que noté que lo que dice que le pasa a él, lo escuché no solo en su persona, sino en muchas otras personas: cierto descreimiento, descontento con respecto a la ortodoxia en el tema de la terapia. Y, por supuesto, a partir de ahí empezó a crecer la idea de hacer algo que tuviera humor y que empujara un poco las líneas y los límites para ver hasta dónde llega y cómo hacer para superar la zona de lo aceptable y lo inaceptable”, señala. “Y, en realidad, me pareció divertido el planteo y sobre todo cuando se ve obligado a encontrarse con una situación extrema, como es la que propone la aparición del personaje de Diego”.

A su lado, Peretti explica aquello que lo sedujo de Martín Bouchard, un escritor exitoso, que tiene dinero, reconocimiento, pero que de pronto queda paralizado frente a la escritura: “El personaje está muy bien escrito, es muy colorido. Me gustaba mucho la dinámica que tiene la película de esta cuestión medio detectivesca donde el terapeuta pone el cuerpo, además de su intelectualidad. El cuerpo y esta cuestión me parece muy original, muy creativo. Y con respecto al personaje me atrajo mucho lo colorido, las diferentes facetas que tiene. Me parecía muy lindo para actuar, para interpretar, muy interesante”, plantea el actor que conoce de cerca el mundo de la terapia por ser médico psiquiatra.

-Ricardo, ¿dónde encontraste la humanidad de un personaje que al mismo tiempo que quiere ayudar empieza a cruzar límites profesionales y éticos bastante peligrosos?

Ricardo Darín: -Sí, la humanidad es un poco comparable a lo que pasa con muchas otras personas que están disconformes con determinadas estructuras, funcionamientos o normativas, y por buscar la forma de escapar de eso empiezan a cometer otros errores. La contradicción está en que tiene una moral, pero es una moral que hay que investigar. Pero lo que me pareció que es loable en el caso es que realmente hay un descontento con respecto a lo que es el resultado de lo que ve en la actualidad. Está disconforme con eso y reacciona. Se puede equivocar o no, pero reacciona. No solo yo, todos sabemos que hay muchas disconformidades, pero que se van naturalizando y se van quedando así estancas y no se hace nada por cambiarlo. Me parece loable en el caso de este tipo que, a pesar de sus equivocaciones, él intenta.

-Justamente la película juega permanentemente con la pregunta acerca de qué puede hacer un terapeuta por un paciente y dónde debería detenerse. ¿Les parece que hay una frontera clara entre acompañar a alguien y pretender modificarle la vida?

Diego Peretti: -Sí, sin duda. La terapia es un trabajo de subjetividad, de intelectualidad, de cognición. Ahora, cuando además del compromiso emocional, empezás a involucrarte trasladando problemas propios al paciente es ahí donde el límite se desdibuja, y la trama de la película un poco advierte sobre eso. Ya lo van a ver, pero empieza a resquebrajarse el camino terapéutico por esta forma. Y como dice el personaje de Ricardo, tener la salud mental en manos de alguien es una gran responsabilidad. Hay que estar con mucho cuidado si se cambia de técnica. Es algo como para tener mucho cuidado.

-Hay algo inquietante en que un paciente entregue parte de su intimidad y de sus decisiones a otra persona. ¿Cómo lo ven eso?

R. D.: -Es absolutamente inquietante. Y riesgoso, vertiginoso, porque ahí depende específicamente de con quién te vas cruzando en el camino. Te podés cruzar con gente de bien o de la otra. O te podés incluso cruzar con gente de bien que está equivocada. Es muy riesgoso, siempre lo fue y lo seguirá siendo. Lo que pasa es que hay una parte de todo este aspecto que es altamente fructífera: el hecho de poder poner fuera lo que nos pasa. Todas nuestras incertidumbres, nuestras zonas oscuras, nuestras preguntas, nuestras inquietudes. El solo hecho de poder verbalizarla frente a alguien en términos profesionales, todos sabemos que hace que, de alguna manera, uno tenga una mirada sobre eso, que no es exactamente la solución, pero es un camino posible. Lo que pasa es que cuando se toman otros caminos dependemos de con quién nos estamos cruzando. Esto es lo que plantea un poco, en términos de humor, la película. Plantea en manos de quién dejás tu salud mental.

-Diego, el bloqueo creativo aparece como un síntoma. ¿Lo pensaste como un problema específicamente artístico o como la manifestación de algo más profundo del personaje?

D. P.: -Es más profundo, sí, desde ya. Un bloqueo creativo de un escritor que hace tiempo que está en el métier y que está teniendo libros de éxito y, de repente, por una cuestión que ya verán en la trama, se bloquea. Y obviamente parte de algo más profundo. Por eso cae en terapia. El advierte que suceden cosas muy extraordinarias en la terapia que está llevando a cabo y eso hace que haya una sutil sospecha de que algo demasiado diferente está ocurriendo. Entonces comienza a haber una suspicacia muy grande con respecto a este terapeuta. Nota aquí.




domingo, agosto 16, 2026

Juan José Campanella

 Juan José Campanella y sus recuerdos de El hijo de la novia, que hoy cumple 25 años de su estreno

Llamamos al director, por el aniversario del filme con Ricardo Darín, Héctor Alterio y Norma Aleandro, que fue candidato al Oscar.

Y Campanella nos escribió esta nota.

En realidad, la historia empezó en el año 1999, para mí se cumplen 27 años por estas épocas. Fue una noche de ese año que fui a cenar con mi papá, y tuve la charla que empezó todo.

Los ubico en la situación. Hacía poco habíamos terminado de filmar El mismo amor, la misma lluvia, y sentía que ese tándem que habíamos formado con Ricardo Darín era una especie de Milagro. Ese enorme actor al que le debo tantísimo, además tenía conmigo una serie de coincidencias creativas muy raras. Una película es una sucesión de emociones intangibles y tener como coautor (un gran actor es también coautor) a alguien con quién se acuerda en esas (el sentido del humor, de la emoción, de la comedia, del timing, de la sensibilidad) debe ser cuidado como una orquídea.

Al mismo tiempo con otro de esos coautores/hermanos de la vida, Fernando Castets, buscábamos una historia para contar lo que le pasaba al hombre de 40 y pico en esos años, a ese hombre que estaba solo y esperaba, sin saber qué, mirando un televisor caleidoscópico a las 4 de la mañana sin poder dormir, control remoto en mano. Teníamos el personaje, pero no la historia.

Y esa noche de 1999 fui a cenar con mi papá. “Quiero casarme con Luisa por Iglesia”. Mi madre, que sufría de Alzheimer, estaba en un geriátrico al que mi padre visitaba todos los días, de domingo a domingo. Ellos nunca se habían casado por Iglesia por razones que no vienen al caso. Tratamos de cumplir ese sueño, pero no hubo caso. La Iglesia no lo permitía por la situación de salud de mi madre.

Pero algo salió de ese pedido, y hoy estamos hablando de eso. El personaje del cuarentón sin brújula encontró su historia y ahí fuimos con Fernando Castets a escribirla. Un año y medio de trabajo constante y 27 bocetos después, estaba listo el guion que sin ningún cambio es lo que hoy podemos ver. En el proceso fueron fundamentales los consejos de Aída Bortnik, nuestra gran amiga y maestra de toda la vida. El guion no sería lo que es sin ella. ¡Gracias, Aída!

Las primeras reacciones

No fue fácil. Cuando comenzamos a mostrar el guion la reacción no fue buena. “Deprimente”, “Nadie quiere ver esto”, “Te va a arruinar la carrera”, “Viejos, Alzheimer, ataques al corazón… Esto es veneno”. Solo Jorge Estrada Mora, otro enorme amigo y productor al que le debo tantísimo, creía en la historia. ¡Gracias, Jorge! Y Ricardo Darín también, sin su fe hubiera sido imposible. ¡Gracias, Ricardo!


Y luego de muchas vueltas, el guion paró en la mesa de Adrián Suar. Adrián lo llevó al teatro, en donde estaba hacienda junto con Guillermo Francella “La cena de los tontos” y lo dejó esa noche en su camarín. Al día siguiente, Guillermo preguntó qué era ese libro. Adrián le cuenta. Guillermo, curioso como es, se lo lleva. Al día siguiente le dice a Adrián “Tenés que hacer esta película”. Otro gran enorme amigo de la vida, Guillermo Francella. ¡Gracias, Guillermo! Y Adrián resolvió hacerla, lo que comenzó otra gran amistad que ya lleva 25 años. ¡Gracias, Adrián!

El elenco

¿Alguien se puede imaginar esta película sin Norma y Héctor? Imposible. Quizás el que desconoce los mecanismos de trabajo de un actor no dimensione justamente el trabajo de Norma Aleandro. Un actor trabaja con emociones, recuerdos, objetivos de escena, subtexto y motivación. NADA DE ESO se aplica a una persona con Alzheimer, cuyos estados emocionales responden a caprichosos centelleos del cerebro. Norma tenía dudas al respecto, y fuimos a ver a mi madre.

Pasamos dos horas con ella y fue como un Milagro, mi madre, cuyo sentido del humor estaba intacto aun cuando ya no me reconocía, hizo un paseo por casi toda la película. Recitó la poesía de los cuarenta balcones, hizo gala de su picardía natural, quizás el único rasgo que conservaba intacto de su personalidad, e hizo reír a Norma.

Cuando volvíamos en el auto, Norma pensaba. Yo, callado. En un momento, Norma dice “Es un trabajo muy difícil”. Yo, callado. Segundos después dice “Es MUY riesgoso”. Yo asentí. En efecto, lo era. Y medio minuto después, Norma dice “Pero si sale bien…” . ¡Gracias, Norma!

El proceso

Sin lugar a dudas, y por muy lejos, fue el proyecto más fácil de mi vida. Los actores, en estado de gracia, me daban lo mejor de sí en la primera toma. La película se terminó en tiempo y en forma, y estaba editada una semana después de terminar el rodaje. Cada día era orgásmico.

Dos anécdotas. Cuando filmamos la escena en la que Nino le explica a Rafael lo que era el restaurante cuando trabajaba Norma, yo tenía planeado un recurso cinematográfico, inspirado en Rebecca, de Hitchcock. La idea era que mientras Nino describía el camino de Norma llevando a un cliente hacia la mesa, la cámara recorriera el restaurante vacío, y la teoría era que el espectador combinara en su cabeza el texto en off de Héctor y el recorrido de la cámara, imaginando a Norma.

Cuando filmamos la toma en la que Héctor describe el personaje (el monólogo era apenas un cuarto de página, casi pasaba desapercibido en el guion), nos quedamos todos mudos. Yo, al borde del llanto, no podía ni decir “Corte”. Miro a mi costado al sonidista, viejo veterano del cine, con lágrimas en los ojos. Me acerco a los actores. Natalia Verbeke tenía todo le maquillaje corrido por las lágrimas. Ricardo me dice sonriendo “me robó la película”.

En ese momento decidí agradecerle al recurso cinematográfico, a Rebecca y a Hitchcock por los servicios prestados y los mandé a la casa. La filmación terminó ahí ese día. Cortar esa cara con un “recurso cinematográfico” hubiera sido mala praxis.

Otra. Estábamos filmando la escena en la que Rafael le declara su nueva filosofía y su amor a Nati por el portero eléctrico. Ensayamos desde cámara. Había una cámara chiquita en lo que sería el portero eléctrico, y la cámara grande filmaba desde el costado. Ensayamos (siempre ensayamos sin la actuación a full, no sea cosa de que salga perfecta en el ensayo) y largamos la primera toma. Lo que yo veía de Ricardo en el monitor mío, era tan natural, tan sentido, tan real, que pensaba “se está improvisando todo, qué genio”. Termina la toma, y me acerco.

“Estuvo espectacular, pero hagamos otra con la letra, por las dudas”. Ricardo me mira confundido, y me dice “Era la letra”. Voy a leer el guion y efectivamente, era. El nivel de verdad, espontaneidad, compromiso y sensibilidad, el timing innato que tiene Ricardo es realmente para comprarse una fábrica de sombreros para ir sacándoselos uno a uno. En ninguna de estas dos escenas medió por parte mía ni la más mínima dirección. Fueron ellos. ¡Gracias, Ricardo! ¡Gracias, Héctor!

Y acá estamos

Nadie pensó que estaríamos celebrando y recordando la película 25 años después. Nadie imaginó siquiera el Oscar. Fue Adrián el que primero lo dijo, promediando la filmación luego de ver lo que íbamos filmando, “Me parece que con esta peli vamos a viajar”. Yo nunca lo creí, siempre preparándome para el fracaso.

Poco importa ahora la recepción que tuvo en ese momento. Gran parte de la crítica “especializada” la mató y trató de convertirla en lo peor del cine, pero acá estamos. Todo eso es parte olvidada del pasado.

Hoy, a 25 años de su estreno esta pequeña comedia nos sigue recordando que, en medio del ritmo vertiginoso del día a día, siempre estamos a tiempo de parar, mirar a los ojos a quienes amamos y cumplir esas promesas pendientes que le dan sentido a todo. Rafael encontró su brújula, y nos ganamos el final feliz.

Empecé esta nota sin saber qué escribir, y naturalmente se convirtió en un agradecimiento enorme a todos los que ayudaron a que existiera. Me faltan algunos agradecimientos claves. Al equipo de filmación, sin los cuales nunca nada es posible. Un equipo que puso todo, con enorme eficiencia, entusiasmo y muchísima creatividad. ¡Gracias, gran equipo!

Al público que la sigue viendo y queriendo. A los que se la recomiendan a sus hijos, a sus amigos, a los que hacen que ese esfuerzo de tanta gente siga vigente. ¡GRACIAS!

Y sobre todo, desde lo más profundo de mi corazón… ¡Gracias, papi! ¡Gracias, mami!

Porque como nos enseñó la historia de la familia Belvedere, el verdadero amor no entiende de olvidos: se adapta, resiste y encuentra la manera de volver a casarse todos los días. Nota aquí.









lunes, abril 20, 2026

Luis Brandoni

Santi García nos cuenta por Facebook.

Luis Brandoni (1940-2026). No se puede escribir la historia de la cultura argentina de los últimos sesenta años sin su nombre en ella. El cine , la televisión, el teatro y hasta el streaming lo tuvieron como protagonista. Incluso la política lo tuvo como una de sus figuras. Como cinéfilo y profesor de cine argentino, lo quiero recordar por sus películas. Desde Tute cabrero (1968) hasta Parque Lezama (2026) sus trabajos siempre marcaron la diferencia y estuvo presente en muchos clásicos, algunos lo fueron por su actuación. Películas muy taquilleras en algunos casos y de enorme calidad en otros, y varias, claro, ambas cosas. La Patagonia rebelde (1974), La tregua (1974), Juan que reía (1976), Darse cuenta (1985), Esperando la carroza (1985), Hay unos tipos abajo (1985), Seré cualquier cosa pero te quiero (1986), Made in Argentina (1987), Cine veces no debo (1990), Convivencia (1994), El verso (1995), La furia (1997), El sueño de los héroes (1997) y No sos vos, soy yo (2004) entre muchas otras. Su carrera tuvo un último nuevo esplendor hace pocos años con Mi obra maestra (2018), 4x4 (2019), El cuento de las comadrejas (2019) y La odisea de los giles (2019). Su última actuación fue este año en Parque Lezama, de Juan José Campanella, repitiendo el éxito teatral que hicieron ambos. Su legado es claro y su figura seguirá presente para las siguientes generaciones. Tuve el placer de estrechar su mano y guardo ese momento como un recuerdo especial. Me tomo el atrevimiento de despedirlo como lo harían sus amigos: Hasta siempre, Beto, gracias por todo.



















sábado, noviembre 29, 2025

Nueve Auras

 

domingo, octubre 19, 2025

Fernando León de Aranoa

Contarle la vida a un camarero cuando el bar va a cerrar: cómo se rodó ‘Un último vals’

El cineasta Fernando León de Aranoa desvela la idea y explica el proceso de grabación de un videoclip concebido para que Joaquín Sabina se despidiese celebrando la vida con sus compañeros de viaje

Se trataba de salir a bailar con él otra vez, la penúltima. Él decía que sería su último videoclip y yo no quería perdérmelo. Así que preparé dos, tres ideas, y nos quedamos con esta, la más sencilla, la más compleja. Recuerdo haberlas compartido antes con Leiva en un restaurante. Leiva hace que las cosas pasen; el ímpetu que tú le transmitas te lo devuelve multiplicado por diez, sin intereses. Es difícil sustraerse a su entusiasmo sin condiciones, su predisposición a embarcarse en empresas de dudoso éxito le convierte en el cómplice ideal de todos los crímenes. Su implicación fue aquí, otra vez, esencial. Tanta, que se vino conmigo a contarle a Joaquín la idea.

Se trata de sentarse a una barra a tu lado, Joaquín; de escucharte cantar este vals, que tanto tiene de confesión, de última vez, de inventario. Y de que, como en tantas películas, te sinceres con un barman aburrido, de chaleco negro y pajarita, con ganas de irse a casa. ¿Cuándo? A esa hora maldita en que los bares a punto están de cerrar. Como los Nighthawks del cuadro de Hopper; con la misma desesperación con la que Stacy Keach busca al final de Fat City a alguien que le escuche detrás de cualquier barra, conjurando la soledad de los bares.

Se trataba por tanto de que le cantara su canción a nadie. De que la escena comenzara como un soliloquio machadiano ante la platea vacía del bar, converso con el hombre que siempre va conmigo, y terminara como una celebración, que eso es también, a fin de cuentas, su canción: un reconocimiento, una declaración de amor. Un homenaje a esa persona que está donde hay que estar, cuando hay que estar.

Se trataba también de visualizarlo, de transformar en imágenes su emoción y su sentido; de estar, de acompañarle. Y eso hicimos: hace caja el camarero, crucigramas la mujer del guardarropa, mientras entran uno a uno, como un goteo, amigos, músicos, familiares; poetas, escritores y un torero, y se acomodan en la barra, a escucharle en silencio. Compañeros de viaje, cómplices necesarios, en muchos casos maestros, que vienen a presentar sus respetos a otro maestro.

Aquí es cuando me acordé de aquella cena en aquel restaurante, con Leiva. Y de por qué esta era la idea más simple y a la vez la más compleja: ¿cuántas posibilidades hay de que consigamos reunir el mismo día, en el mismo bar, a todos ellos? A escasos días del rodaje, las casas de apuestas no daban un euro por mí.

Pero decía Joaquín que este iba a ser su último vals, así que todos quisieron venir a bailar con él. Se aplazaron compromisos, se cambiaron agendas, se adelantaron vuelos. Joan Manuel Serrat, Benjamín Prado, Juan Gabriel Vásquez, Luis García Montero. El propio Leiva y José Tomás, Ricardo Darín, entre función y función de la obra que presentaba en Madrid esos días. Calamaro, Drexler, Ariel Rot, Alejo Stivel. Su banda, claro, con Antonio García de Diego al frente, que se sentó al piano. Y Javier Krahe al fondo de la barra: un momento privado entre ellos, casi secreto. En realidad, un recuerdo.

Y periodistas, amigos, editores. Y su familia. El rodaje registra a menudo la primera reacción a la canción, ese instante de revelación: tratamos de que la escucharan por primera vez con las cámaras ya grabando.

Porque se trataba de bailar, sí, pero de bailar en grupo; de rodearle de gente querida, que ese era en realidad el único requisito, el más importante. Y se nos llenó el bar.

Que es el bar de sus canciones: un bar grande, elegante, un bar de barra ancha y luz baja, de taburetes altos y amores eternos, de un día. Un bar donde se conversa, se bebe, se besa; donde se celebra, al fin, la vida. Esa fue la única consigna para buscar el lugar: rodar en un bar “de canción de Sabina”.

Abrirlo resultó más fácil que cerrarlo: nadie se quería ir. La reunión se transformó en una celebración de Joaquín, de su amistad, de su arte. De sus buenas compañías. Todos quisieron estar, también mi equipo: nunca me habían dicho tantas veces “yo hubiera matado por participar en ese rodaje”.

Y nos dieron las diez, y las once. Se trataba de que la música siga, de que el cantante no calle, de seguir bailando; de que nos siga reuniendo en los bares, alrededor de la hoguera de sus canciones.

Se trataba, al fin, de ir a un bar.

Solo espero no encontrarme cuando vuelva, en su lugar, una sucursal del Banco Hispano Americano. Nota aquí.





sábado, septiembre 13, 2025

Ricardo Darín

 

jueves, mayo 08, 2025

Ricardo Darín

 

lunes, mayo 05, 2025

Ricardo Darín

 “Viviré el resto de mi vida en duelo por mi hermanita”

El actor, de 68 años, que encarna a un héroe popular en la serie ‘El eternauta’, basada en el clásico de la novela gráfica argentina de los años cincuenta, se confiesa golpeado tras la muerte en enero de su única hermana, Alejandra, a los 62 años.

Madrid, finales de abril. Presentación de El eternauta, una apuesta internacional de Netflix. En un área exclusiva de un exclusivo hotelazo, una corte de asistentes entretiene a los periodistas con el nerviosismo típico de las grandes ocasiones. Al protagonista lo están peinando, literalmente, para las fotos en una sala aparte. Sale, viene directo, saluda cordialísimo y, una, por hacer la gracia y romper el hielo, se presenta con su nombre y su medio añadiendo la mítica coletilla de José Luis López Vázquez en Atraco a las 3: “Una admiradora, una esclava, una amiga, una sierva”. Darín sonríe a toda dentadura y añade: “Ay, don José Luis, ¿cómo olvidarlo? ¿Sabés que le conocí una vez trabajando? Yo era muy jovencito, estábamos sentados, rodilla con rodilla, esperando a entrar en escena, yo ni me atrevía a hablar, y va él y me dice: “A los actores no deberían pagarnos por esperar, deberían in-dem-ni-zar-nos”, canta, clavando el característico tono y silabeo del actor. El hielo, si lo había, se funde a chorro.

Esta es una entrevista que sale publicada corta, pero necesito media hora, porque igual me suelta la perla en el minuto 28.

Lo sé, lo sé. Ningún problema. He visto algún documental de buscadores de perlas y nunca se sabe dónde está la más pura, o siquiera si hay perla dentro de la ostra.

¿Cómo encara un veterano como usted la enésima entrevista de promoción?

Bueno, son parte del acuerdo. Uno encara la promoción con talante distinto según lo contento que esté íntimamente con el resultado. Obviamente, este no es el caso, pero a veces ha tenido uno que remar en el lodo. Bueno, nosotros los argentinos decimos remar en dulce de leche, que todavía es más trabajoso, por muy rico que sepa.

En ‘El eternauta’ encarna a un héroe ciudadano en una situación tan distópica como la pandemia de la covid. ¿Las catástrofes propician las hazañas?

Bueno, en la pandemia nos dimos cuenta de que no tiene sentido intentar salvarse uno solo, porque dependíamos todos de todos. Hasta de que el vecino nos consiguiera unas naranjas. Entonces vimos a héroes anónimos reaccionar con sensibilidad y solidaridad. Sentí una gran esperanza de que aquel estado de ánimo colectivo durara, pero después lo olvidamos con mucha facilidad.

¿La pandemia le afectó directamente?

Y, sí. Mi mujer estuvo muy afectada. Tuvimos una noche de terror en la que pensamos que íbamos a acabar muy mal. Los dos teníamos la covid, pero a ella le pegó la famosa neumonía bilateral, estaba con un respirador casero y, una noche, a las 3 de la mañana, yo estaba en contacto con dos médicos de nuestra confianza al teléfono. Uno me decía que teníamos que internarla ya, y el otro, que duplicara la medicación y hablábamos cada 15 minutos. A las 6 de la mañana, respondió a la medicación, le bajó la temperatura y empezó a ir mejor.

¿No pensó en llevarla del tirón al hospital?

Los dos teníamos la covid, yo también estaba tocado. Si hubiéramos ido, nos hubieran ingresado a los dos del tirón, o a ella sí y a mí no, y nos hubieran separado. Aguanté, y tuvimos suerte.

Su personaje, Juan Salvo, es un hombre corriente, héroe a su pesar. ¿Qué hay que tener para serlo?

Bueno, no sé si héroe. Lo que sí está es habilitado a reaccionar frente a la hostilidad. No le tiembla el pulso en momentos limítrofes, cuando hay que tomar decisiones. Eso es lo más difícil de la vida: tomar decisiones. Él ha visto cara a cara a la muerte, está curtido y no se queda petrificado, que es lo que nos suele ocurrir ante el peligro. Lo malo es que eso no lo sabe uno hasta que le pasa, salvo los profesionales, eso sale en el momento exacto en el que uno se enfrenta al abismo.

¿Y usted tiene eso que hay que tener?

Me pasé toda mi vida diciendo que no, porque tengo a mi alrededor ejemplos de coraje y valentía que admiro. Soy bastante cerebral y la valentía requiere un punto de no medir consecuencias. Pero últimamente estoy empezando a sentir que a lo mejor soy un poco exagerado conmigo mismo, y que el valiente es el que, teniendo miedo, va para adelante y toma decisiones En ese sentido, sí: he tenido miedo y he tenido arrojo, y otros no tanto. Me atrevo a decir que soy un tipo valiente. Nota aquí.



sábado, abril 26, 2025

Ricardo Darín

 "'El Eternauta' elige enaltecer lo colectivo"

El reconocido actor se puso en la piel de Juan Salvo en la adaptación audiovisual de la historieta escrita por Germán Oesterheld e ilustrada por Francisco Solano López a fines de los '50. Antes del estreno de la serie, habló sobre la complejidad de la traslación, las licencias necesarias entre un lenguaje y otro, la esencia humana ante situaciones extremas y cuál es su mirada sobre la actualidad de la cultura argentina.

Se hizo esperar más de la cuenta. Pasaron más de 66 años desde su última publicación en Hora Cero, allá por 1959. Desde entonces, en la Argentina se sucedieron 18 presidentes democráticos y tres golpes de Estado consumados en violentas dictaduras militares. Las crisis económicas, sociales y políticas que sufrió la sociedad fueron muchas e intensas en todo ese tiempo. También fueron numerosos los proyectos audiovisuales que se quedaron con las ganas de llevar a la pantalla grande la obra maestra de la historieta argentina, escrita por Germán Oesterheld e ilustrada por Francisco Solano López. Parecía que su adaptación era un sueño eterno. Pero finalmente, la versión audiovisual de El eternauta llegará a Netflix, cuando el 30 de abril la plataforma estrene la primera temporada completa de un proyecto tan ambicioso como complejo, tanto en su realización como en su recepción. Nunca es fácil trasladar a otro medio obras tan arraigadas a su formato original y a la cultura de un país.

Ricardo Darín está “entusiasmado”. Es consciente que su interpretación de Juan Salvo es uno de los papeles más desafiantes de su trayectoria. Lo percibe, lo sabe, lo celebra. Al fin de cuentas, se trata de un personaje que está en la memoria de varias generaciones de argentinos, lectores apasionados de aquella novela gráfica cuya inquietante nevada mortal cayendo sobre la ciudad de Buenos Aires se convirtió en una huella identitaria que trascendió los límites de las viñetas. Darín define a Salvo como “un idealista, un valiente, un ejemplo”. “Me encantaría que hubiese algo en mí que resuene del personaje, pero en verdad lo que me produce es envidia, porque tiene un coraje y un arrojo que yo no tengo”, reconoce.

La versión dirigida y escrita (junto a Ariel Staltari) por Bruno Stagnaro, el hombre detrás de Pizza, birra, faso, Okupas y Un gallo para Esculapio, tendrá una primera temporada de seis episodios y una segunda pronta a filmarse. Habrá, desde ya, discusiones y polémicas alrededor de la esperada traslación de obra de Oesterheld, desaparecido por la dictadura militar junto a sus cuatro hijas. “La serie habla de solidaridad, pero también de la falta de solidaridad -reflexiona Darín-. Habla de tolerancia, de paciencia, del instinto de supervivencia. Y elige enaltecer lo colectivo, algo que va un poco a contramano de lo que ocurre lamentable en los últimos tiempos, y que a lo mejor es inherente a la especie humana: el individualismo. Esta errónea idea de que uno puede salvarse solo olvidando a los demás”.

El actor recibe a Página/12 con el entusiasmo de un joven ante su primer trabajo importante. Ni el paso del tiempo (nació en 1957, curiosamente el mismo año en que comenzó a publicarse El Eternauta) ni su voluminosa y exitosa carrera como actor calman la ansiedad que siente a días del estreno de la serie en la que comparte elenco junto a Carla Peterson, César Troncoso, Andrea Pietra, Ariel Staltari, Marcelo Subiotto, Claudio Martínez Bel, Orianna Cárdenas y Mora Fisz. Quiere que la obra, que se rodó de mayo a diciembre de 2023, llegue ya mismo al gran público.

“Algunas ansiedades se vieron de alguna manera calmadas porque cuando empezás a tener contacto con lo que se hizo, cómo se editó, cómo se posprodujo y demás, comenzás a tranquilizarte”, reconoce el actor. “De todos modos, no hay nada -absolutamente nada- que haga disminuir un poco la expectativa que te genera el saber cómo lo va a tomar la gente, el espectador. En ese rubro no hay nada que te calme, porque todo trabajo artístico está orientado al receptor final que es el espectador, el participante y demás. Entonces, estoy entusiasmado, sobre todo con las cosas que voy recogiendo en el camino, de gente que ha tenido acceso, ha podido ver algo, con la que he ido conversando y analizando distintas situaciones. Y todo eso es alimento para el espíritu, porque habla ciertamente de que vamos por el camino correcto. Pero igual, insisto, no hay nada como esperar al momento en que la gente se encuentre con eso".

Sin espoilear absolutamente nada, la traslación al audiovisual de El Eternauta contará con algunas decisiones artísticas y narrativas que se alejan -aunque no en lo conceptual- de la obra original. La más elocuente es que la distopía en la versión de Netflix se produce en la actualidad, como una manera de conservar la perturbación que produce en los espectadores ver la ciudad que recorren a diario envuelta en la más absoluta desolación ante la invasión alienígena. También hay licencias narrativas, sobe todo respecto al pasado del grupo de sobrevientes y de Juan Salvo en particular, con la idea de imprimirle comprensión histórica a sus comportamientos.

“A mi juicio, la adaptación tiene algunos giros incorporados en la versión que son bastante atinados -subraya Darín-. Esta cosa de hacerse cargo del pasado de los personajes, inventarles un pasado que tenga más que ver con lo que podemos recordar hoy. Todo lo que le sucede a ese grupo de seres humanos, me parece que es un acierto por parte de Bruno y de los guionistas”.

-¿Hubo una búsqueda de aportarle una dimensión humana a esos sobrevivientes encerrados y desesperados ante una situación que no pueden comprender?

-Ver lo que ocurre entre ellos. Que normalmente en un cómic, en una historieta, estás más sujeto a los intervalos que hay entre una y otra viñeta. Ese espacio de fantasía que hay entre un cuadrito y el que sigue... Hay un límite ahí, hay una frontera que la atravesás vos. La atravesás vos con tu vida, con tu cabeza. Tener la obligación de esfumar esa frontera y decidir qué es lo que va ahí es un acto muy arriesgado. Y creo que ha salido bien en ese sentido. Hay una corporización que le viene bien a la historia.

-¿Cuál fue la mayor dificultad de la adaptación audiovisual? Tanto en lo personal como en lo actoral, donde tuviste que trabajar la interpretación con una máscara puesta y una vestimenta muy particular.

-La verdad que todo lo que hay de disfrute en haber hecho esta primera temporada de El Eternauta lo tiene también de esfuerzo, desafío y de un compromiso muy grande. Hay algo que es difícil de explicar. Por ejemplo, comento un solo punto: el vestuario de Salvo, ese traje improvisado por el cual discutimos horas y horas. Porque yo quería algo liviano, impermeable y liviano, o sea, más moderno. Y Bruno, acertadamente, me decía, “No, no, tiene que tener olor a viejo. Tiene que tener olor a algo que estaba tirado ahí en un lugar de la casa y le metieron mano a eso”. Y por eso le gustó la idea de un gamulán. ¿Un gamulán? El gamulán, que además es abrigadísimo. El cuero y el corderito que lleva adentro es grueso. Cuando a eso lo empezó a tocar la humedad de la nieve fabricada, pesaba tres veces lo que pesa el gamulán. Más la mochila, más el arma, más la escafandra... ¡era un Muppet (risas)! Y tener que correr, subir, trepar y tirarse al suelo… Fue muy trabajoso, muy trabajoso. Pero él terminó teniendo razón. Porque no hay nada que esté más anacrónico, extemporáneo, que un gamulán puesto al servicio de un traje de guerra. Es muy argento por donde lo mires. Nota aquí.



miércoles, abril 23, 2025

Ricardo Darín

 

martes, abril 22, 2025

Ricardo Darín

 Ricardo Darín es El eternauta: las exigencias extremas del rodaje y los ecos de la historia en la actualidad argentina.

El actor habló con LA NACION de los desafíos físicos y mentales que debió enfrentar durante la realización de su primera serie, basada en la clásica historieta, que llega a Netflix el 30 de abril

-No estamos acostumbrados a verte apuntando y disparando con una escopeta a un bicho espantoso en medio de una invasión extraterrestre.

-Yo tampoco. Y estoy atento a que no me aparezcan los bichos por acá y me agarren sin arma.

A Ricardo Darín le alcanza con otra muestra de su extraordinario buen humor para lograr que en su caso cualquier esfuerzo pase inadvertido. Estamos lejos de los sets de El eternauta, que en un momento de la charla mano a mano con LA NACIÓN reconocerá como la producción más exigente que le tocó encarar en toda su larga y brillante carrera.

Ahora le toca atravesar otro tipo de compromiso, intenso a su manera. Cumplir con la recargada agenda de difusión que precede a todo gran lanzamiento audiovisual. Darín le pone su mejor sonrisa y la capacidad de análisis que todos le reconocen al operativo dispuesto por las grandes productoras de contenidos, sin excepción, para el encuentro de los medios (sobre todo los tradicionales) con sus principales figuras: tiempos exiguos, límites estrictos y otras inflexibilidades. Mucho más cuando se trata del actor más importante del cine (y ahora del streaming) en nuestro país.

“Estoy bien, muy bien. Entusiasmado y con el vértigo lógico de esperar a ver qué piensa la gente. Más allá de nuestras apreciaciones, eso es lo más importante de todo”, dice Darín, pocos días antes del estreno en Netflix de la primera temporada completa (seis episodios) de El eternauta, previsto para el miércoles 30.

En su primera incursión en el mundo del streaming, Darín personifica a Juan Salvo, el personaje central del relato nacido en 1957 como historieta en las páginas de la revista Hora Cero, con guion de Héctor Germán Oesterheld y dibujos de Francisco Solano López. Convertida con el tiempo en uno de los grandes hitos de la cultura popular argentina, reeditada y publicada desde entonces muchas veces (incluyendo dos secuelas oficiales), vigente hasta nuestros días y hasta presente en algún momento dentro de la currícula educativa del nivel secundario como texto obligatorio, alumbra por fin después de una larguísima espera su primera adaptación para la pantalla.

“Si viajo en el tiempo, voy hacia atrás y trato de pararme en el momento en que me ofrecieron hacer esto, con toda la incertidumbre que eso significaba, y con una historia de esas características y de esta importancia para nosotros, en aquel momento no visualizaba llegar a este punto tan amablemente”, dice Darín, asumiendo inconscientemente el lugar que en definitiva ocupa su personaje.

En la historieta original, Juan Salvo se convierte en un pasajero errante que viaja en el tiempo después de ser el gran protagonista de la resistencia que lleva adelante un grupo de habitantes de Buenos Aires frente a una misteriosa invasión extraterrestre que comienza con una nevada letal.

Dirigida por Bruno Stagnaro (el director de Okupas, Un gallo para Esculapio y Pizza, birra, faso), producida por K&S Films y con un elenco que también integran en roles protagónicos Carla Peterson, César Troncoso, Marcelo Subiotto, Ariel Staltari y Andrea Pietra, entre otros, El eternauta llega al streaming a casi dos años del comienzo de un ambicioso proyecto que incluyó 150 días de rodaje y un complejo trabajo de postproducción con participación local e internacional. Nota aquí.








viernes, abril 04, 2025

Ricardo Darín

 “Lo que más me impacta de ‘El Eternauta’ es la idea de que no se salva uno solo”

El Juan Salvo de la nueva serie de Netflix cuenta cómo fue sumergirse en los cuadritos de una historia tan argentina y vigente

“Te voy a contar algo pero no se lo podés decir a nadie…”.

Es el mediodía de un lunes de septiembre de 2022 y Ricardo Darín fuma en la puerta de un cine de Belgrano. Acaban de estrenar para la prensa Argentina 1985, el film que en poco tiempo sacudirá las boleterías y en el que él es el protagonista descollante. Está expectante por el estreno y se muestra orgulloso, claro, pero, a los pocos minutos, cuando le pregunto qué sigue y cuáles son sus próximos pasos, algo se enciende en él. La ráfaga de una sonrisa allana su rostro y tras un rápido micromovimiento de cuello, como asegurándose de que no lo escuche nadie, se acerca y me dice al oído, con los ojos llenos de celeste optimismo: “Estoy filmando El Eternauta. No digas nada. La dirige Stagnaro. Y es una locura…”.

La noticia era impactante. Al rato, volviendo a casa, comencé a pensar en la idea, y lo primero que apareció fue el enorme desafío al que se enfrentaban. Filmar El Eternauta podía ser como envolver una jirafa: algo imposible. O como escalar el Himalaya, algo tan difícil como único. Desde siempre, desde que en algún momento hace ya mucho tiempo comenzó a circular el rumor de que podía rodarse la obra canónica de Héctor Oesterheld, el comentario inmediato que invariablemente aparecía era ese, que no había forma de que no fuese una proeza, de que técnica y narrativamente debía ser desesperadamente ambiciosa. Pero, además, era un mito, un texto sagrado que solo permite una cosa: estar a la altura.

Treinta meses más tarde, sentado en el jardín de un bar cercano a su casa de Palermo, vestido de jean (campera y pantalón) y con el infaltable Marlboro en los labios, Darín comienza a repasar la larga travesía que fatigaron él y todo el equipo para terminar la primera temporada de la serie basada en la gran historieta argentina, que el 30 de abril se verá por Netflix. A los 68 años (“No sé cómo pasó eso”, ironiza), el gran actor argentino, el protagonista de clásicos como Nueve reinas y El secreto de sus ojos, conserva intactos la elocuencia y el magnetismo que lo hicieron popular. 

“Fue un viaje muy profundo y muy nutritivo –dispara–, porque la esencia misma de esta historia es muy rica. Imaginate lo que habrá significado la aparición de este cómic en el 57, que de casualidad es el año en el que yo nací. Apareció y se fue metiendo en la gente, y yo creo que, básicamente, es porque habla de lo que habla. Le podés encontrar las representatividades y conexiones que quieras, pero, en realidad, de lo que está hablando es de algo que, a todos los que tenemos un poco de sensibilidad, siempre nos ha martillado el cerebro, que es lo contrario a ‘el que cuida su quinta se salva’. Esta historia habla de que no hay forma de salvarse solo, que es codo a codo, interesándote y preocupándote por lo que le pasa al de al lado. Es una historia con la que yo tenía conexión, como creo que la tiene gran parte de mi generación, pero la verdad es que no la había leído toda. Sabía de qué se trataba. Cuando apareció este proyecto y me empecé a enterar de por dónde iba, traerlo a nuestros días, todavía me calenté más. Cuando me junté con Bruno, con la producción, empezamos a planificar y demás, y encima fui invitado a formar parte de la génesis. Eso ya me metió con patas y todo”.

Es una producción con características excepcionales para vos. Nunca habías participado, si no me equivoco, en algo que pusiera un pie en la ciencia ficción, en lo distópico.

Nunca, nunca jamás. Esto es algo muy grande, muy fuerte. Me dio un poco de vértigo la ciencia ficción, tener que convivir con efectos especiales grosos, luchar con monstruos y ese tipo de cosas. Pero cuando empecé a conocerlo a Bruno sentí muy rápidamente que estábamos bastante alineados, que el corazón nos va más o menos para el mismo lado. Es un tipo genial desde muchos puntos de vista, y como profesional ni hablar, es de los que meten los pies en el barro, que no tocan de oído.

Es una historia de ciencia ficción, pero es una historia muy humana.

Muy humana, casi que no tenés permiso de decir que es ciencia ficción. Lo que más me calentó es el hecho de que es una historia recontra argenta, no sabés hasta qué punto, cómo se va desmenuzando y se va claramente identificando con el sentir, no sé si nacional, pero sí con las particularidades de la argentinidad.

Con nuestra idiosincracia.

Sí, y esta fusión entre una historia tan argentina, por sus locaciones, por la forma de hablar y por un sentir, sumado a la ciencia ficción, es un cóctel distinto. No quiero exagerar, pero es distinto. Tengo muchas expectativas con respecto a cómo le llega esto al espectador, porque, además, cuando arrancó esta historia, a los fanáticos acérrimos de El Eternauta no les entraba un alfiler en el culo, porque dijeron: “Esto va a ser una cagada”. Me muero por verle la cara a cada uno de esos, de arranque.

Porque es como una bandera intocable.

Exacto. No me toques esto, no te metas con esto porque me vas a hacer una americaneada. Estoy seguro de que fue por ahí porque, de hecho, lo escribían en las redes. Más allá de que algún que otro boludo puso: “¿Cómo Darín va a hacer de Juan Salvo si Juan Salvo tiene 30 años?”. Se adelantaron. No sabían por dónde iba la bocha. Ese es otro de los aspectos importantes de encarar este proyecto, que es traerlo a nuestros días. A esos también los quiero ver.

¿Cómo fue el proceso de creación de tu personaje?

Fue un laburo codo a codo con Bruno y con los guionistas, que hicieron un trabajo espectacular. Nos juntábamos en casa muchas veces a leer los guiones, los esbozos de guiones, y a tratar de detectar juntos algo que es bastante frecuente: una cosa es la letra escrita y otra cuando pasa por el cuerpo y las voces de los actores. Fue tan intensa y tan larga esa primera etapa, que la disfruté y la padecí casi por partes iguales. La padecí porque, obviamente, no le pude sacar el cuerpo a nada y fue de altísima exigencia, sobre todo para un tipo de mi edad. Fue estar todo el tiempo bajo una nieve inventada. Nota aquí.



jueves, diciembre 05, 2024

Bar El Colonial

 Cafetines de Buenos Aires: el Bar El Colonial y la historia de su dueño que se enlaza con la de un pequeño Ricardo Darín

Por sus mesas pasaron desde Jorge Luis Borges hasta Tomás Eloy Martínez. Un café de gallegos que existe al menos desde 1930 y conserva el espíritu del casco histórico de la ciudad.

Son casi nulas las huellas que quedan en pie del período colonial en la ciudad. El reducido listado incluye al Cabildo más algunos templos religiosos. Las pocas viviendas privadas que podrían sumar a la nómina han sufrido severas transformaciones. Cafés, almacenes o pulperías que alcanzaron fama, no queda ninguno. Los establecimientos comerciales más viejos que continúan funcionando son posteriores a la caída de Juan Manuel de Rosas y más cercanos, constructivamente hablando, a la transformación que se produjo en la ciudad a partir de su capitalización. Sin embargo existe uno en particular que, por diferentes motivos, remite al pasado más pasado de Buenos Aires. Esta singularidad se recuesta en su localización, pero mucho más por su sugestivo nombre. Se trata del Bar El Colonial.

El Bar El Colonial está ubicado en la esquina noreste de la Avenida Belgrano y Perú, a unas pocas cuadras de la Plaza de Mayo. Ocupa la ochava de un edificio que sufrió un recorte estructural a partir del ensanchamiento de la Avenida Belgrano. Este cambio obligado dio lugar a un hueco, una especie de patio urbano, que se forma con la medianera del edificio lindero sobre la calle Perú: la Dirección de Enseñanza Artística del GCBA.

La puesta estética de El Colonial, por lo demás, responde al inconsciente colectivo. Mesas y sillas de madera, barra con banquetas redondas y fijas, piso granítico y ventanas guillotinas fileteadas por Gustavo Ferrari, fileteador de muchos bares notables de la Ciudad. Completan la liturgia los consabidos banderines de fútbol. En este caso del Club Deportivo Español y del Club Atlético Independiente. Huelga explicar el origen de sus dueños.

Los parroquianos famosos que lo frecuentaron fueron: Jacobo Timerman —tenía la redacción de la Revista Primera Plana en el edificio Otto Wulff—, Ramiro de Casasbellas y Tomás Eloy Martínez —redactores de Primera Plana—, Jorge Luis Borges —de paso hacia su lugar de trabajo en la Biblioteca Nacional de la calle México—, el ex-canciller Dante Caputo y otros correligionarios del vecino Comité de la UCR. El diario Página/12 funcionó a media cuadra durante más de una década y sus periodistas ocuparon sus mesas. Pero fueron despachantes de aduana —integrantes del listado de trabajadores esenciales— los que ayudaron a sostenerlo abierto durante los duros meses de la pandemia de Covid. Nota aquí.








lunes, noviembre 18, 2024

Ricardo Darín

 

jueves, octubre 17, 2024

Joaquín Sabina

 

miércoles, marzo 20, 2024

Café de García

 La historia y las mejores anécdotas del bar donde iba Maradona y reabrió sus puertas a casi un siglo de su fundación

El Café de García fue fundado en 1927 por el matrimonio de Metodio García y Carolina Urbina en Villa Devoto. Con el tiempo, sus hijos Rubén y Hugo se hicieron cargo. Por allí pasaron Diego Maradona, Francis Ford Cóppola, Ricardo Darín, Mariano Mores, Graciela Borges y muchas figuras más. Hoy, remozado por su actual propietario, vuelve a servir sus famosas picadas. El ex dueño y un antiguo mozo cuentan las anécdotas de este Bar Notable de Buenos Aires

Algunos días de la semana, Hugo García, de 73 años, se sienta en las mesas de madera con tapa de mármol del Café de García, en Villa Devoto. Ya no es el dueño del lugar, pero sigue yendo. Y no es porque le invitan el café -que lo hacen-: ese piso de mosaico en damero, esas paredes llenas de fotos y objetos históricos, uno de los mozos, muchos de los parroquianos, todo eso es parte de su vida. O quizás sea su vida entera. Hoy lo mira con nostalgia, pero le alegra el cambio de rumbo que tomó el local. Decidió cerrarlo luego de una tragedia personal a mediados del 2022, vinculada con la pandemia. Poco después le vendió el establecimiento al Grupo Los Notables, que como su nombre lo indica posee varios de los catalogados como“Bares Notables de Buenos Aires”. Hace dos meses, el icónico café reabrió sus puertas.

El lugar cumplirá un siglo dentro de poco: se inauguró en 1927. Luego de una importante refacción, hoy muestra cambios: se modernizó pero no perdió su esencia. Sobre la calle sigue la glorieta que perfuman las glicinas que se abrazan a sus columnas, lo que llaman el “Paseo Metodio y Carolina”, en honor al matrimonio que lo fundó. También está la formidable puerta de doble hoja, una réplica de la original, que Hugo y su hermano Rubén encargaron a un carpintero que trabajó en la Basílica de Luján. Y las típicas ventanas guillotina. Nota aquí.








martes, diciembre 05, 2023

Ricardo Darín

 Ricardo Darín estrena Elijo Creer: “Es muy difícil encontrar algo que unifique tanto a una comunidad como el fútbol”

En diálogo con Teleshow, el actor habló desde Valencia sobre su participación en la película que se presenta el jueves y rememora el Mundial. Además, cómo ve a la sociedad a un año de esa gesta, su relación con Messi y la posible partida de Scaloni de la selección.

 casi 365 días, el recuerdo del mundial de Qatar aflora en cada esquina, en cada charla de café, en cada potrero, en cada camiseta de la selección que lleva un chico con orgullo hasta debajo del guardapolvos para ir al colegio. La fiebre mundialista no cesa, como tampoco la emoción y el deseo de revivir a cada instante ese lapso infinito de alegría sin límites. Y con el espíritu de rememorar y de homenajear a la selección, la AFA (Asociación de Fútbol Argentino) preparó un documental que reconstruye el camino y las experiencias del conjunto que ganó su tercera copa con figuras estelares como Lionel Scaloni, Lionel Messi y Emiliano Dibu Martínez, entre otros.

Así nació el eje central de Elijo Creer, la cinta que estrena el 7 de diciembre en todos los cines del país. Solo faltaba un detalle: el hilo conductor de todo el relato. Entonces, los productores Gonzalo Arias y Mariano Suez no dudaron a la hora de elegir al narrador de la historia: alguien que también represente a nuestro ADN, que sea sinónimo de identidad argenta en todo el mundo, y ese no era otro que Ricardo Darín. Nota aquí.




sábado, diciembre 02, 2023

Ricardo Darín

 


martes, mayo 02, 2023

Ricardo Darín

 


martes, abril 25, 2023

Ricardo Darín

  Recibió el Premio Platino por su actuación en Argentina, 1985: su emotivo discurso

El actor que interpreta al fiscal Julio César Strassera se mostró emocionado al recibir su galardón en la ceremonia realizada en Madrid.

En la previa a la X edición de los Premios Platino celebrada en Madrid, había unos cuantos títulos que marcaban la preferencia entre el jurado y el público. En esa lista sobresalía Argentina, 1985, avalada por su largo recorrido en los diferentes festivales y premiaciones -Venecia, Goya, San Sebastián, Globo de Oro- y el sabor agridulce de quedarse en la antesala del Oscar a la mejor película internacional.

Con estos antecedentes, el filme de Santiago Mitre se alzó con cinco estatuillas, entre ellas la de mejor película. Y uno de sus protagonistas, Ricardo Darín, obtuvo el premio a mejor intérprete por su destacada labor como el fiscal Julio Strassera, que llevó adelante el juicio contras las juntas militares de la última dictadura militar. Y a la hora de subir al escenario, conmovió a todos con su discurso.

“Muchas gracias, no sé si esto es un doble premio, haberlo recibido con Laia con quien trabajé y a quien admiro”, señaló en referencia a Laia Costa, que acababa de ganar el premio por su labor en Cinco lobitos.

“Gracias por este reconocimiento, quiero compartirlo con mis compañeros, en especial con Peter Lanzani, nominado también”, continuó, mencionando a su compañero que aplaudía desde la primera fila. “Sin él no lo hubiera podido hacer”, agregó, antes de saludar a otros compañeros de elenco, como Alejandra Flechner, Norman Briski y Félix Santamaría.

El listado siguió con el director, Santiago Mitre, a quien agradeció “por haberme contado este proyecto y atrevido a ir para adelante”. Y con Amazon, la plataforma de streaming que proyectó el filme. “Sin ellos hubiera sido imposible. Fue la primera película argentina hecha en pandemia”, aseguró.

A continuación, el protagonista de El secreto de sus ojos tuvo unas palabras para los Premios Platino y destacar su importancia en el audiovisual iberoamericano. “Es una maravilla estar en esta décima edición de los premios, un lugar que adoro y que necesita todo nuestro apoyo. Es la trinchera, la resistencia, tenemos que estar siempre para protegerlos pero no a nosotros, a los proyectos futuros”, enfatizó. Nota aquí.