viernes, abril 04, 2025

Ricardo Darín

 “Lo que más me impacta de ‘El Eternauta’ es la idea de que no se salva uno solo”

El Juan Salvo de la nueva serie de Netflix cuenta cómo fue sumergirse en los cuadritos de una historia tan argentina y vigente

“Te voy a contar algo pero no se lo podés decir a nadie…”.

Es el mediodía de un lunes de septiembre de 2022 y Ricardo Darín fuma en la puerta de un cine de Belgrano. Acaban de estrenar para la prensa Argentina 1985, el film que en poco tiempo sacudirá las boleterías y en el que él es el protagonista descollante. Está expectante por el estreno y se muestra orgulloso, claro, pero, a los pocos minutos, cuando le pregunto qué sigue y cuáles son sus próximos pasos, algo se enciende en él. La ráfaga de una sonrisa allana su rostro y tras un rápido micromovimiento de cuello, como asegurándose de que no lo escuche nadie, se acerca y me dice al oído, con los ojos llenos de celeste optimismo: “Estoy filmando El Eternauta. No digas nada. La dirige Stagnaro. Y es una locura…”.

La noticia era impactante. Al rato, volviendo a casa, comencé a pensar en la idea, y lo primero que apareció fue el enorme desafío al que se enfrentaban. Filmar El Eternauta podía ser como envolver una jirafa: algo imposible. O como escalar el Himalaya, algo tan difícil como único. Desde siempre, desde que en algún momento hace ya mucho tiempo comenzó a circular el rumor de que podía rodarse la obra canónica de Héctor Oesterheld, el comentario inmediato que invariablemente aparecía era ese, que no había forma de que no fuese una proeza, de que técnica y narrativamente debía ser desesperadamente ambiciosa. Pero, además, era un mito, un texto sagrado que solo permite una cosa: estar a la altura.

Treinta meses más tarde, sentado en el jardín de un bar cercano a su casa de Palermo, vestido de jean (campera y pantalón) y con el infaltable Marlboro en los labios, Darín comienza a repasar la larga travesía que fatigaron él y todo el equipo para terminar la primera temporada de la serie basada en la gran historieta argentina, que el 30 de abril se verá por Netflix. A los 68 años (“No sé cómo pasó eso”, ironiza), el gran actor argentino, el protagonista de clásicos como Nueve reinas y El secreto de sus ojos, conserva intactos la elocuencia y el magnetismo que lo hicieron popular. 

“Fue un viaje muy profundo y muy nutritivo –dispara–, porque la esencia misma de esta historia es muy rica. Imaginate lo que habrá significado la aparición de este cómic en el 57, que de casualidad es el año en el que yo nací. Apareció y se fue metiendo en la gente, y yo creo que, básicamente, es porque habla de lo que habla. Le podés encontrar las representatividades y conexiones que quieras, pero, en realidad, de lo que está hablando es de algo que, a todos los que tenemos un poco de sensibilidad, siempre nos ha martillado el cerebro, que es lo contrario a ‘el que cuida su quinta se salva’. Esta historia habla de que no hay forma de salvarse solo, que es codo a codo, interesándote y preocupándote por lo que le pasa al de al lado. Es una historia con la que yo tenía conexión, como creo que la tiene gran parte de mi generación, pero la verdad es que no la había leído toda. Sabía de qué se trataba. Cuando apareció este proyecto y me empecé a enterar de por dónde iba, traerlo a nuestros días, todavía me calenté más. Cuando me junté con Bruno, con la producción, empezamos a planificar y demás, y encima fui invitado a formar parte de la génesis. Eso ya me metió con patas y todo”.

Es una producción con características excepcionales para vos. Nunca habías participado, si no me equivoco, en algo que pusiera un pie en la ciencia ficción, en lo distópico.

Nunca, nunca jamás. Esto es algo muy grande, muy fuerte. Me dio un poco de vértigo la ciencia ficción, tener que convivir con efectos especiales grosos, luchar con monstruos y ese tipo de cosas. Pero cuando empecé a conocerlo a Bruno sentí muy rápidamente que estábamos bastante alineados, que el corazón nos va más o menos para el mismo lado. Es un tipo genial desde muchos puntos de vista, y como profesional ni hablar, es de los que meten los pies en el barro, que no tocan de oído.

Es una historia de ciencia ficción, pero es una historia muy humana.

Muy humana, casi que no tenés permiso de decir que es ciencia ficción. Lo que más me calentó es el hecho de que es una historia recontra argenta, no sabés hasta qué punto, cómo se va desmenuzando y se va claramente identificando con el sentir, no sé si nacional, pero sí con las particularidades de la argentinidad.

Con nuestra idiosincracia.

Sí, y esta fusión entre una historia tan argentina, por sus locaciones, por la forma de hablar y por un sentir, sumado a la ciencia ficción, es un cóctel distinto. No quiero exagerar, pero es distinto. Tengo muchas expectativas con respecto a cómo le llega esto al espectador, porque, además, cuando arrancó esta historia, a los fanáticos acérrimos de El Eternauta no les entraba un alfiler en el culo, porque dijeron: “Esto va a ser una cagada”. Me muero por verle la cara a cada uno de esos, de arranque.

Porque es como una bandera intocable.

Exacto. No me toques esto, no te metas con esto porque me vas a hacer una americaneada. Estoy seguro de que fue por ahí porque, de hecho, lo escribían en las redes. Más allá de que algún que otro boludo puso: “¿Cómo Darín va a hacer de Juan Salvo si Juan Salvo tiene 30 años?”. Se adelantaron. No sabían por dónde iba la bocha. Ese es otro de los aspectos importantes de encarar este proyecto, que es traerlo a nuestros días. A esos también los quiero ver.

¿Cómo fue el proceso de creación de tu personaje?

Fue un laburo codo a codo con Bruno y con los guionistas, que hicieron un trabajo espectacular. Nos juntábamos en casa muchas veces a leer los guiones, los esbozos de guiones, y a tratar de detectar juntos algo que es bastante frecuente: una cosa es la letra escrita y otra cuando pasa por el cuerpo y las voces de los actores. Fue tan intensa y tan larga esa primera etapa, que la disfruté y la padecí casi por partes iguales. La padecí porque, obviamente, no le pude sacar el cuerpo a nada y fue de altísima exigencia, sobre todo para un tipo de mi edad. Fue estar todo el tiempo bajo una nieve inventada. Nota aquí.



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