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miércoles, mayo 20, 2026

Fernando León de Aranoa

 Resistir y vencer

Los campamentos en mitad del desierto, en que se refugia el pueblo saharaui, llevan los nombres de las ciudades que dejaron atrás, evocándolas.

Los festivales de cine nacidos en contextos de opresión o desarraigo son los más bellos, porque devuelven a las películas su sentido esencial, el de crear comunidad y reforzar la identidad, el de llevar algo de luz a donde más se necesita. El Festival Internacional de Cine del Sáhara, nacido hace 20 años en los campos de refugiados saharauis de Tindouf, es uno de ellos.

Allí se habla un español perfecto, y los más mayores recuerdan a Serrat o a Nino Bravo con la misma vividez con la que recuerdan el mar que les quitaron, porque no hace tanto eran ciudadanos españoles. Te enseñan con orgullo sus DNI de entonces, te preguntan por el Loco de la colina, Pilar Bardem o Julio Anguita, añoran el L&M y quieren que el Cervantes abra una sede en su desierto, para que esta bendita lengua en la que escribo no se pierda allí, como se perdieron tantas otras cosas.

España se retiró de la que había sido su colonia en 1976 incumpliendo sus obligaciones como potencia administradora y dejando a sus ciudadanos sin patria. Por apátridas, hoy les niega expresamente el acceso a una regularización que beneficiará a otras 500.000 personas. El castigo es así doble, alcanza rango de crueldad.

Los campamentos en los que desde entonces se refugian en mitad del desierto llevan los nombres de las ciudades que dejaron atrás, evocándolas. En ellos encontramos gente digna y clara, de una hospitalidad tan grande que a duras penas contiene el desierto inmenso que les acoge. Escuelas de boxeo rebeldes, españoles con sensibilidad y memoria, cooperantes que hablan una misma lengua, la de la solidaridad, en todos los idiomas del mundo, la firme horizontalidad de los que son perseguidos. E incluso una escuelita de cine, la primera creada en un campo de refugiados.

Sus alumnos filman ya cortometrajes que cuentan sus historias cotidianas, las que se escriben en minúsculas, con la letra pequeña de la costumbre. Pero también la del éxodo forzoso de su pueblo, que dura ya 50 años. Rara vez mencionan en ellas el mar, porque los más jóvenes ni siquiera saben que una vez lo tuvieron.

Allí escuchamos, compartimos dudas y experiencias. Y dimos lectura a un cuento que escribí hace ya muchos años, y sigue al pie de la letra los consejos del poeta salvadoreño Roque Dalton: conserva para los que vengan el tiempo que nos toca. Cuenta la historia de Abdel, un ingeniero naval que vive en el desierto. Y no es realismo mágico, es su dura realidad.

Siendo muy joven, sus padres le enviaron al extranjero a hacer sus estudios universitarios. Cuando regresó, Abdel era ingeniero naval, pero su país había perdido el mar. Se lo quedó Marruecos aprovechando la salida de España, que confinó al pueblo saharaui al interior del desierto. Desde entonces todos le llaman Abdel, el de los barcos, porque sabe cómo hacerlos, pero vive en el desierto.

Sentado a la puerta de su jaima, con un cigarro en la mano, Abdel entorna a veces los ojos y en el horizonte infinito de arena, entre las dunas, ve alejarse la silueta de los barcos que nunca hizo, sus bodegas llenas de los sueños no cumplidos de su pueblo. Nota aquí.



miércoles, diciembre 31, 2025

Leiva, homenaje a Robe Iniesta

 

domingo, octubre 19, 2025

Fernando León de Aranoa

Contarle la vida a un camarero cuando el bar va a cerrar: cómo se rodó ‘Un último vals’

El cineasta Fernando León de Aranoa desvela la idea y explica el proceso de grabación de un videoclip concebido para que Joaquín Sabina se despidiese celebrando la vida con sus compañeros de viaje

Se trataba de salir a bailar con él otra vez, la penúltima. Él decía que sería su último videoclip y yo no quería perdérmelo. Así que preparé dos, tres ideas, y nos quedamos con esta, la más sencilla, la más compleja. Recuerdo haberlas compartido antes con Leiva en un restaurante. Leiva hace que las cosas pasen; el ímpetu que tú le transmitas te lo devuelve multiplicado por diez, sin intereses. Es difícil sustraerse a su entusiasmo sin condiciones, su predisposición a embarcarse en empresas de dudoso éxito le convierte en el cómplice ideal de todos los crímenes. Su implicación fue aquí, otra vez, esencial. Tanta, que se vino conmigo a contarle a Joaquín la idea.

Se trata de sentarse a una barra a tu lado, Joaquín; de escucharte cantar este vals, que tanto tiene de confesión, de última vez, de inventario. Y de que, como en tantas películas, te sinceres con un barman aburrido, de chaleco negro y pajarita, con ganas de irse a casa. ¿Cuándo? A esa hora maldita en que los bares a punto están de cerrar. Como los Nighthawks del cuadro de Hopper; con la misma desesperación con la que Stacy Keach busca al final de Fat City a alguien que le escuche detrás de cualquier barra, conjurando la soledad de los bares.

Se trataba por tanto de que le cantara su canción a nadie. De que la escena comenzara como un soliloquio machadiano ante la platea vacía del bar, converso con el hombre que siempre va conmigo, y terminara como una celebración, que eso es también, a fin de cuentas, su canción: un reconocimiento, una declaración de amor. Un homenaje a esa persona que está donde hay que estar, cuando hay que estar.

Se trataba también de visualizarlo, de transformar en imágenes su emoción y su sentido; de estar, de acompañarle. Y eso hicimos: hace caja el camarero, crucigramas la mujer del guardarropa, mientras entran uno a uno, como un goteo, amigos, músicos, familiares; poetas, escritores y un torero, y se acomodan en la barra, a escucharle en silencio. Compañeros de viaje, cómplices necesarios, en muchos casos maestros, que vienen a presentar sus respetos a otro maestro.

Aquí es cuando me acordé de aquella cena en aquel restaurante, con Leiva. Y de por qué esta era la idea más simple y a la vez la más compleja: ¿cuántas posibilidades hay de que consigamos reunir el mismo día, en el mismo bar, a todos ellos? A escasos días del rodaje, las casas de apuestas no daban un euro por mí.

Pero decía Joaquín que este iba a ser su último vals, así que todos quisieron venir a bailar con él. Se aplazaron compromisos, se cambiaron agendas, se adelantaron vuelos. Joan Manuel Serrat, Benjamín Prado, Juan Gabriel Vásquez, Luis García Montero. El propio Leiva y José Tomás, Ricardo Darín, entre función y función de la obra que presentaba en Madrid esos días. Calamaro, Drexler, Ariel Rot, Alejo Stivel. Su banda, claro, con Antonio García de Diego al frente, que se sentó al piano. Y Javier Krahe al fondo de la barra: un momento privado entre ellos, casi secreto. En realidad, un recuerdo.

Y periodistas, amigos, editores. Y su familia. El rodaje registra a menudo la primera reacción a la canción, ese instante de revelación: tratamos de que la escucharan por primera vez con las cámaras ya grabando.

Porque se trataba de bailar, sí, pero de bailar en grupo; de rodearle de gente querida, que ese era en realidad el único requisito, el más importante. Y se nos llenó el bar.

Que es el bar de sus canciones: un bar grande, elegante, un bar de barra ancha y luz baja, de taburetes altos y amores eternos, de un día. Un bar donde se conversa, se bebe, se besa; donde se celebra, al fin, la vida. Esa fue la única consigna para buscar el lugar: rodar en un bar “de canción de Sabina”.

Abrirlo resultó más fácil que cerrarlo: nadie se quería ir. La reunión se transformó en una celebración de Joaquín, de su amistad, de su arte. De sus buenas compañías. Todos quisieron estar, también mi equipo: nunca me habían dicho tantas veces “yo hubiera matado por participar en ese rodaje”.

Y nos dieron las diez, y las once. Se trataba de que la música siga, de que el cantante no calle, de seguir bailando; de que nos siga reuniendo en los bares, alrededor de la hoguera de sus canciones.

Se trataba, al fin, de ir a un bar.

Solo espero no encontrarme cuando vuelva, en su lugar, una sucursal del Banco Hispano Americano. Nota aquí.





sábado, octubre 18, 2025

Joaquín Sabina

 Serrat, Leiva, José Tomás y otras malas compañías eligen su canción favorita de Joaquín Sabina

En su adiós de los escenarios, nombres fundamentales de la literatura y la música popular española y latinoamericana, su mujer Jimena, una de sus hijas y un grupo de amigos eligen su pieza preferida del repertorio del cantante.

El videoclip de la canción Un último vals, dirigido por Fernando León de Aranoa, abre los conciertos de la gira de despedida Hola y Adiós de Joaquín Sabina. Solo quedan dos en Bilbao y los seis últimos en Madrid. Este videoclip elegante es una celebración de la vida en un espacio icónico del imaginario del cantautor: el bar de noche para la última copa. Lo que vemos durante esos cuatro minutos y medio es una fiesta de rencuentro con amigos. A ese grupo lo hemos podido reunir casi al completo en Babelia gracias a la activa complicidad de algunos de ellos. Les hemos pedido que eligiesen y comentasen la pieza que más quieren del repertorio de Sabina. El disco más valorado es 19 días y 500 noches. Son 15 cómplices y 14 canciones. Aparecen por el orden de los créditos del videoclip. Y al final, como bola extra, incluimos la playlist. Nota aquí.



jueves, septiembre 18, 2025

Fernando León de Aranoa

 Madrid, Gaza, Europa

La gente de a pie levanta la voz contra la parálisis moral de sus gobiernos y de una UE que mira hacia otro lado y agacha la cabeza.

Las democracias europeas dan hoy la espalda a Gaza del mismo modo que hace solo 90 años esas mismas democracias dieron la espalda al gobierno legítimo de la República Española, cuando la población civil de Madrid, cercada por las tropas de Franco, era bombardeada a diario por la aviación de los sublevados, generosamente apoyada por las potencias fascistas de entonces. Las razones para esta vergonzante conducta sostenida en el tiempo, se pueden encontrar en el diario de sesiones de la Sociedad de Naciones, organismo precursor de la ONU creado por el Tratado de Versalles con el objeto de sentar las bases de la paz al término de la Primera Guerra Mundial. Desde su tribuna de oradores, Julio Álvarez del Vayo, ministro de Estado, reclamaba el 25 de septiembre de 1936 ante la asamblea amparo para la República Española. Lejos de otorgárselo, Europa respondió con la formación del Comité de No Intervención, impulsado por Reino Unido y Francia, que impediría a lo largo de todo el conflicto el auxilio a la República. La política de no intervención en la guerra de España no fue sino la continuación de la “política de apaciguamiento” liderada por el gobierno británico de Chamberlain, que consistía en hacer concesiones políticas y territoriales a la Alemania nazi para evitar un conflicto armado, con los resultados ya conocidos.

Así las cosas, Madrid, primera ciudad de la historia bombardeada sistemáticamente desde el aire, obtuvo de Europa poco más que el envío de un par de comisiones de higiene y el interés de los directores de las grandes pinacotecas europeas por el tesoro artístico contenido en el Museo del Prado, que había merecido la atención (y las bombas incendiarias) de los aviadores sublevados. Ni siquiera en las horas más desesperadas de la derrota, las decenas de miles de republicanos que aguardaban su evacuación, atrapados entre la espada del fascismo y la pared de Europa, vieron aparecer en el horizonte los barcos que en su auxilio debió haber enviado esta. “Madrid, crucificada”, titulaba en su portada la revista francesa Regards en su número del 10 de diciembre de 1936 sobre una fotografía de Robert Capa que, de haber sido en color, podría haber sido tomada en las ruinas de Gaza; quizá con la diferencia de que el fotógrafo que se hubiera atrevido a hacerla hoy habría sido, con mucha probabilidad, asesinado por un dron del ejército israelí. Nota aquí.



martes, septiembre 16, 2025

18.500 niños asesinados en Gaza

 Artistas españoles ponen su voz para nombrar a 18.500 niños asesinados en Gaza

Luis García Montero, Pedro Almodóvar, Silvia Abascal, Carlos Bardem o Miguel Ríos son algunas de las 300 personalidades del ámbito cultural que participan en el acto en la Puerta del Sol.

Nadie en la Puerta del Sol de Madrid había escuchado el nombre de Abdullah Mohammed Riyad hasta esta mañana. Le conocían únicamente como un número dentro de un total: 18.500. La cifra de niños asesinados en Gaza. Su nombre se ha escuchado junto al de Abdullah Alsayed Kul, Hamed Suleiman Mustafa Abu Khati, Mohameed Amer Yasser Al-Masri y Joud Mohammed Nour Hassenein. Fue el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, quien puso voz a los primeros cinco nombres de una lista leída por más de 300 personalidades del ámbito cultural hasta las 10 de la noche de este lunes. En el acto —convocado por el colectivo Artistas con Palestina— participan figuras como Pedro Almodóvar, Silvia Abascal, Carlos Bardem o Miguel Ríos.

La concentración comenzó al mediodía –arropada por más de una docena de ONG como Médicos del Mundo, Unicef, UNRWA, Médicos Sin Fronteras, entre otras– con una sola intención: “Que la lista de la vergüenza no crezca más”. Así lo ha dicho la portavoz de Artistas con Palestina a este medio. Y ha enfatizado que la lista con 18.500 nombres y apellidos se circunscribe a las muertes de menores registradas hasta el pasado mes de julio. Según los datos difundidos este lunes por el Ministerio de Sanidad de Gaza, que forma parte del Gobierno de Hamás, han sido asesinados 64.229 gazatíes en el conflicto. El 30,2 % (19.423) eran menores de 18 años y 1.009 tenían menos de un año.

El cineasta Pedro Almodóvar considera que “protestar e impedir que todo lo que lleve el nombre de Netanyahu prospere es un acto de conciencia cívico”. Almodóvar ha defendido la protesta “absolutamente legítima” que este domingo impidió que se celebrase la última etapa de la Vuelta ciclista en la capital. “Mirando las imágenes de ayer veías personas de todo tipo y condición. Creo que está siendo muy transversal”, ha dicho. Almodóvar ha participado en la protesta leyendo la carta de un niño gazatí desplazado de su casa: “Soñaba con volver a Gaza y encontrarla tal como estaba, pero la encontré destruida. Cuando regresamos, estaba en ruinas y quemada... Mis seres queridos y mis hermanos fallecieron”.

Miguel Ríos, Jorge Sanz, Fernando León de Aranoa, Silvia Abascal, Abril Zamora, María Botto, Loles León o Luis Miguel Seguí han sido algunos de los artistas que también han leído los nombres y apellidos de niños gazatíes asesinados por la ofensiva de Israel desde los atentados del 7 de octubre. Se espera que se unan más compañeros a lo largo del día.

La tarde avanzaba y los asistentes se movían con la sombra cambiante frente a la sede presidencial de la Comunidad de Madrid. Tras cinco horas de lectura —la mitad del acto— resultaba difícil saber si la lista había llegado siquiera a la mitad. Lo único cierto era que apenas comenzaban a nombrar a los niños asesinados con tres años de edad. La primera víctima leída por el director del Instituto Cervantes, por la mañana, correspondía a un pequeño que no llegó a cumplir un año. Nota aquí.










domingo, junio 01, 2025

Fernando León de Aranoa


 

martes, mayo 27, 2025

Fernando León de Aranoa

 “El hombre representa hoy para sí mismo la mayor amenaza, pero también su única esperanza”

El cineasta publica ‘Leonera’, una serie de relatos y aforismos en los que se adentra en un territorio íntimo mediante su escritura.

Decía Julio Ramón Ribeyro que escribir es prolongar los juegos de la infancia, pero con signos. “También que madurar es cambiar los objetos por esos signos”, añade Fernando León de Aranoa (Madrid, 57 años). Para él, que escribió un prólogo extraordinario a las Prosas apátridas del autor peruano, ha llegado la hora de seguir ese método y poner en orden su Leonera (Seix Barral). Así es como ha titulado el cineasta y escritor su nuevo libro de cuentos, trazado a partir de una visceral obsesión por desentrañar la realidad de manera poética mediante sutiles desnudos que emprenden su viaje de la intimidad y el asombro hacia el lenguaje.

En estos tiempos de desahogos y destemplanzas, León de Aranoa afirma que, a menudo, cuando no tiene formada una opinión, se sienta a escribir para tratar de hallarla. En esa búsqueda, ha querido desentrañar para estos cuentos el paso del tiempo, las fronteras de la madurez, esa primera línea de frente en que te coloca la muerte de tus mayores, el amor con su reparto de recuerdos y la justa correspondencia de un fragmento mutuo, la paternidad, diversas obsesiones e insistentes paradojas.

Querría abolir los paraguas, se declara feroz partidario de la lluvia y amante de los hoteles. Como quien ha conocido el esplendor por haberse convertido en uno de los cineastas españoles más influyentes, exige tener derecho a la decadencia. Pero sigue declarado en rebeldía… “También conmigo mismo. Sobre todo, conmigo mismo”, asegura. De los muchos desencuentros a los que trata de dar explicación este libro, una buena parte son íntimos, confiesa. “El interés por lo que de contradictorio hay en nuestro comportamiento ha estado siempre en mí, también en mi cine. Desconfío de la gente que no duda. Creo que la duda es otra de las herramientas de la ficción, uno de los nombres de la inteligencia. No la que inmoviliza, sino la que impulsa. Ettore Scola, cineasta al que admiro, escribió una vez: ‘La duda de los artistas es la riqueza del mundo”.

En su particular territorio de la creación, León de Aranoa se alimenta para concebir sus obras, tanto en pantalla como en papel, de todo tipo de referencias. La poesía es una. Claudio Rodríguez alimentó buena parte de su película Los lunes al sol. Aparte de Ribeyro y narradores de la talla de Steinbeck o Bioy Casares, poetas como César Vallejo, Roque Dalton, Luis García Montero, Benjamín Prado y Juan Vicente Piqueras le sirven para explicar los cajones de esta leonera.

Cree que la ficción es una sofisticada herramienta de conocimiento y comprensión de la realidad: “Utiliza la representación y la síntesis para generar un modelo”. Hay muchas maneras de abordar la realidad desde ese ámbito, pero él sabe que no es el único. También resulta posible desde la verdad de la poesía: “Con base en desvelar las cosas, renombrarlas. Ver en ellas lo que tienen de síntoma, de amenaza o de hecho cierto. Sucede casi siempre a pesar de uno, todo se convierte en signo, en presagio; las cosas abandonan su aparente inocencia y se transforman en lo que esconden o significan”.

Al fin y al cabo, afirma: “Se trata de entender que la realidad no existe, pero nuestra percepción de la misma, sí. Y últimamente no se trata tanto de adivinar qué hay de falso o de ficticio en lo real, sino al contrario, observar qué hay de real en lo ficticio”. Para eso, el autor recurre tanto al largo aliento del cine como al esprint de la escritura y al pálpito que le obliga a estar atento a ella cuando menos lo esperas. Con una mirada madura, pero directamente conectada con la extrañeza que le producían las cosas en la infancia: “La mirada de un niño no es tanto limpia sino, más bien, una experiencia que aún no acumula hábitos, prejuicios o rutinas. Un gesto que desea comprender, desentrañar, y en eso se parece a la del escritor. El escritor es a veces el chico raro del fondo del patio, ese que no habla con nadie, el que solo mira”.

Esa posición, la de observador, la de intruso, te proporciona la distancia necesaria para entenderlo todo. “O mejor, para entender que no entiendes nada”. Estos cuentos son también, así, hijos de la perplejidad y de la urgencia: “Del desencuentro con algo que sucede, con algo que no sucede, conmigo mismo. Un intento de darle explicación a algunas cosas a través de la escritura y, eso que te repito: de ordenar mi leonera”.

Un revoltijo que anda atravesado por el dolor de las pérdidas. Por la nostalgia que producen las metamorfosis. Sin miedo a los espejos que duplican nuestras propias imágenes en su reflejo y también, a través de los rasgos, el peso de la vida o aquellos sentimientos a los que mejor enfrentarse con nitidez, como cuando ves en ti a un padre ausente. “Puede que se hayan ido, pero quedamos con ese consuelo: el de hacer que nos reencontremos con nuestros padres en los espejos cuando nos miramos en ellos. Hay algo hermoso ahí, también”. Nota aquí.



jueves, mayo 22, 2025

Orillas y Naufragios


 

lunes, mayo 12, 2025

Luis García Montero

 Leonera

La vida pasa por nosotros y nos demuestra una y otra vez que la memoria es más traicionera que la imaginación.

Las ciudades, los relojes, la memoria y el tiempo son una leonera. Lo sabe la buena literatura porque conoce bien a las personas que bajan los escalones, salen a la calle y se ponen a caminar con la ilusión de que todo está regularizado. Pero los ojos, si vamos de extranjeros, se llenan de muchas sorpresas. Y si ejercemos la normalidad en nuestro vecindario, en el camino de todos los días, estamos expuestos a que los latidos desobedientes del corazón empiecen a dialogar con los rumores de un portal, mientras el reloj que llevamos en la muñeca salta del viernes al sábado, del mañana al pasado, de un paseo diario a un beso de despedida que ocurrió hace mucho tiempo, incluso en otra ciudad o en otros labios. La vida pasa por nosotros, contra nosotros, a favor de nosotros, sobre los espejos, las fotografías, los libros, los armarios, las sábanas de una cama, los sueños, y nos demuestra una y otra vez que la memoria es más traicionera que la imaginación, que las manos se mueren poco a poco si vivimos un amor con deshonestidad y que nadie está a salvo del dolor, pero una ruptura a tiempo es menos catastrófica que un adiós aletargado en su retraso.

Salgo a la calle, voy conmigo mismo, aunque mi sombra y yo vamos a sitios distintos. Esta ciudad es una habitación doble de uso individual, procuro buscar cierto orden en mi caminata. En seguida me doy cuenta de que he empezado por el final. No me pongo nervioso al desorientarme. El amor, los hijos, el cine y literatura me han enseñado a convivir con las preguntas que se me escapan del corazón. Mientras discuto el desarreglo de mis tiempos, mis recuerdos, mis alegrías, mis heridas, mis ganas de vivir, veo a través de una ventana que alguien está leyendo un libro. Sonríe. Sonrío. Me acerco, saco un bolígrafo que no funciona, busco en el bolsillo otro, este sí, y apunto los datos. Es de Fernando León de Aranoa, se titula Leonera (Seix Barral, 2025). Nota aquí.



jueves, mayo 08, 2025

Fernando León de Aranoa


 

martes, marzo 11, 2025

Leiva & Travis Birds