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miércoles, mayo 27, 2026

Premios de la Música

 Rosalía arrasa en los premios de la Música, no se presenta a la gala, pero todo se compensa con la inmensa sabiduría de Serrat

La creadora de ‘Lux’ se llevó ocho premios en una noche donde también triunfó Leiva y sonaron las canciones de Robe Iniesta

Rosalía venció en la III edición de los premios de la Academia de la Música de España. Se llevó ocho trofeos de los ocho a los que optaba gracias a su último disco, el alabado Lux, que conquistó las tres categorías importantes: Artista del Año, Álbum del Año y Canción del Año por La Perla. No asistió la artista a la entrega y con su decisión deslució una ceremonia que se quedó sin ver a la triunfadora de una fiesta celebrada anoche en el Palacio de Congresos de Ifema (Madrid). Tampoco envió a nadie a recoger el saco de galardones, así que una de las azafatas del evento subió al escenario a llevarse los trofeos. Cuando la actriz Alba Flores anunció el séptimo premio para la cantante de Motomami, ya había algo de recochineo en el ambiente, y la guasona y talentosa hija de Antonio Flores espetó: “Que venga a recogerlo a mi casa, que la invito a un café y a una tostada con aceite”.

Al octavo y último, por fin, se presentó José María Barbat, presidente de su discográfica, Sony, que excusó a Rosalía: “Hemos hecho todo lo posible para que estuviera aquí, pero su agenda es ingobernable”. La gala echó de menos a la catalana hasta que asomó por el escenario la sonrisa cálida y familiar de ese músico unánimemente admirado llamado Joan Manuel Serrat, premio de Honor de la Academia.

Con una chaqueta gris, una camisa azul y tejanos, cuando comenzó a hablar el autor de Mediterráneo el silencio se apoderó del recinto. “No me lo esperaba”, bromeó al principio para regocijo de la platea. Y continuó: “Este es un premio a la supervivencia, que suele llegar a una edad avanzada. La verdad es que me gustaría que me dieran el premio revelación, pero las cosas han seguido este camino...”. Después, y durante siete minutos, desplegó un delicioso discurso sobre cómo llegó a la música: “No tengo ningún antecedente familiar que me relacione con la música. Soy hijo de obreros y nieto de campesinos. Pero eso sí, era gente cantora. Siempre recuerdo a mi familia cantando. Con mi madre cantaba cuando hacíamos las camas o cuando me tocaba abrir guisantes o separar lentejas y tantas cosas que hacíamos en el sagrado ambiente de la cocina de casa”.

Más tarde admitió que el mundo de ahora pinta raro: “Menos mal que me han dado este premio este año, porque el que viene quién sabe dónde estaremos con este mundo absolutamente demente, cretino y desalmado que se está instaurando a nuestro alrededor”. Y se despidió agradeciendo al público: “Gracias a ustedes he podido tener una vida maravillosa que jamás me hubiera imaginado cuando tenía 20 años”. Lo que vino a continuación fue una ovación larga y jaleosa. Nota aquí.







lunes, marzo 02, 2026

Robe Iniesta

 


domingo, marzo 01, 2026

Belén Aguilera y Dani Fernández

 


sábado, febrero 28, 2026

Aarón Romero & Kutxi Romero

 

jueves, febrero 05, 2026

Leiva

 


domingo, enero 18, 2026

Robe Iniesta

 El legado de Robe Iniesta: por qué es importante escuchar estos discos cuando cunde el desánimo

Un repaso a los álbumes más relevantes de un músico insustituible que nos dejó el 10 de diciembre a los 63 años.

El pasado 14 de diciembre ocurrió algo extraordinario: 50.000 personas pasaron a despedir las cenizas de Robe Iniesta en el Palacio de Congresos y Exposiciones de su ciudad, Plasencia, localidad con una población de unos 40.000 habitantes; la mayoría quiso plasmar por escrito sus sentimientos en las decenas de libros de condolencias que se tuvieron que utilizar. Desde las 10 de la mañana y hasta las dos de la madrugada fueron pasando personas, muchos niños con sus padres, que esperaron hasta siete horas con un frío pelón metiéndose en sus huesos conforme el sol dejaba paso a la luna, esa a la que tanto cantó el artista extremeño. Apenas se vieron caras de famosos. Era gente de todas partes de España que sintió un arrebato de dolor cuando el 10 de diciembre se comunicó la muerte del músico a los 63 años.

El triunfo de Extremoduro, el grupo que Robe fundó a finales de los ochenta, se produjo sin que se enteraran ni la gran industria musical ni las secciones de Cultura de los medios de comunicación. La calle fue la que se dio cuenta primero del talento de un hombre curtido en ambientes duros que supo fusionar con visceralidad los arrabales del rock con una poesía vehemente que el pueblo entendió y quedó conmovido. Ese mismo pueblo sabio fue el que asistió a despedirlo en Plasencia. Todo empezó y terminó de la misma forma para Robe Iniesta: entre el calor de los ciudadanos de a pie. Esos aficionados han sido los que esta Navidad han comprado (o recomprado) sus discos. Tanto la discográfica de Extremoduro como la de Robe informan de que están despachado masivamente sus álbumes en vinilo y compacto. En digital, La vereda de la puerta de atrás, El poder del arte o So Payaso han escalado a los primeros puestos de escuchas.

El músico siempre eludió hablar de su vida íntima, a pesar del morbo que suscitaba su afilada biografía, porque, decía, todo estaba en sus letras. Este repaso a sus discos que ofrece Babelia trata de eso: de canciones y de las emociones que provocan. Como cantó en alguna de ellas, es más importante intentarlo y disfrutar del proceso que conseguir el objetivo: “Quise hacer el mundo más feliz, y quise volar y hacer un mundo nuevo. / Y aunque todo esté por conseguir no me desespero” (Primer movimiento: después de la catarsis). Nota aquí.


miércoles, diciembre 31, 2025

Leiva, homenaje a Robe Iniesta

 

miércoles, diciembre 24, 2025

Miguel Campello

 

Robe Iniesta

 

lunes, diciembre 22, 2025

Robe Iniesta

 

domingo, diciembre 21, 2025

Javier Menéndez Flores

 

viernes, diciembre 19, 2025

Robe Iniesta

 

jueves, diciembre 18, 2025

Diego Manrique

 Jorge, Robe y la autopista al infierno

La necesidad de dinero tras el hundimiento del negocio discográfico y las demandas del ego explican la creciente longevidad de la vida laboral de los artistas

He seguido con fascinación el eco de los fallecimientos consecutivos de Jorge Martínez y Robe Iniesta. Por esta vez, no podemos quejarnos de que “nuestros muertos” hayan pasado desapercibidos: los medios se han volcado, aunque en algunos casos puede que no hayan entendido demasiado sobre su evolución artística (o la falta de evolución, algo especialmente trágico en el caso de Jorge, formidable artista encerrado por su propio mito de Bárbaro del Norte con Guitarra Fender).

En las redes, sin embargo, se han colado otras valoraciones. Algunos malajes sugieren que ellos se lo han buscado, que aceleraron su final por seguir la ruta del rock: reducen esa vía profesional a la caricatura de bacanales ininterrumpidas de alcohol, drogas ilegales y sexo sin protección. Resiste el poder de las leyendas, la inmovilidad de los tópicos, el rencor hacia los audaces. De fondo, susurran que dedicarse al rock y músicas adyacentes es una opción peligrosa.

Enseguida te sacan el comodín del Club de los 27: las desapariciones de Janis Joplin, Jimi Hendrix, Kurt Cobain, Jim Morrison, Brian Jones o Amy Winehouse a esa edad. Una teoría que intentan reforzar con la incorporación al elenco del bluesman Robert Johnson, de cuya muerte no se sabe nada y que ciertamente tenía una ruta laboral muy diferente. Son coincidencias muy llamativas pero estadísticamente banales, que se explican por una concatenación de circunstancias: ascenso rápido a la fama, fácil acceso a sustancias recreativas, relativa ausencia de redes de protección.

Actualmente, los músicos son muy conscientes de los riesgos gremiales. Sus managers, quiero pensar, también cuidan más de los artistas. Y el negocio toma precauciones. A ciertos niveles, por insistencia de las aseguradoras, se exigen chequeos médicos antes de una gira extensa. Keith Richards, no ciertamente el testigo más fiable, presumía que incluso llegó a recorrer Estados Unidos acompañado por unos agentes del FBI, que se aseguraban de que el material que consumía fuera de calidad. Difícil de creer pero sabemos que las tournées de The Rolling Stones movilizan cantidades millonarias.

Un estudio australiano de 2015 aseguraba que dedicarse a la música rock podía suponer una merma de 25 años, en comparación con la duración media de vidas más sedentarias y reguladas. Para algunos, puede resultar un consuelo saber que hay mayor riesgo de suicidios, muertes accidentales y homicidios en el hip-hop, tan marcado por las pandillas y las armas de fuego: recuerden los paralelismos entre las desapariciones de Notorious B.I.G. y Tupac Shakur.

Tengo mis dudas. La metodología del estudio parte de una base de datos extensa pero limitada a decesos llamativos, recogidos en los medios. Tampoco toma en cuenta los contrastes de estilos de vida entre tribus, que explicaría que la modesta ratio de suicidas en el blues se multiplique por ocho en la del universo del infinitamente más nutrido heavy metal.

La duración de las carreras de los artistas responde a las peculiaridades de cada género: el jazz, el folk, el blues toleran mejor la prolongación de la actividad, mientras que aún no tenemos clara la trayectoria de los practicantes de expresiones más recientes, como la música electrónica. ¿Y dónde encontrar los equivalentes de un Willie Nelson? Con 92 años, el tejano sigue grabando y actuando. Hasta Bob Dylan, mero octogenario, le mira con envidia. Nota aquí.




martes, diciembre 16, 2025

Leiva & Robe

 

lunes, diciembre 15, 2025

Robe Iniesta

 “Robe me enseñó a amar y también a quemarlo todo”: miles de personas lloran y despiden al músico en Plasencia

Seguidores llegados de diferentes partes de España realizan cola durante horas para escribir sus emociones ante las cenizas de Robe Iniesta, fundador de Extremoduro

Julia, una niña de 12 años, coloca cuidadosamente una flor a los pies del santuario de Robe Iniesta. “Me transmite cosas que no puedo expresar”, dice la cría. Sus padres, a su lado, asienten y lloran, claro. Han llegado desde Cantabria. Son las 11 de la mañana y miles de personas esperan una larga cola para despedir al músico en el Palacio de Congresos Roberto Iniesta de Plasencia. Quieren decir adiós a aquel que cantó algo que acompasa hoy el deseo de todos los presentes: “Y dejo las canciones sin final, por si un día quiero regresar y nada fuera cierto” (Interludio).

Robe dejó muchas canciones sin terminar la madrugada del miércoles pasado. Tenía 63 años y probablemente estaba en el mejor momento de su carrera, a juzgar por la calidad de su último disco, Se nos lleva el aire, y su gira posterior, que quedó inconclusa en noviembre de 2024 por un trombo pulmonar del cantante. Hoy domingo abrió las puertas a las 10.00. el palacio de congresos de su ciudad, esa donde realizó su primer concierto liderando a los efímeros Dosis Letal en el campo de fútbol del Parque de la Isla, hoy uno de los pulmones verdes de una localidad de 45.000 habitantes. De las cenizas de Dosis Letal nació Extremoduro, el grupo que lleva tatuado en su corazón tanta gente.

Se amontonan los ramos de flores junto a lo que la viuda de Robe, Bibi Vázquez, y sus dos hijos han querido mostrar: las cenizas del artista en una urna de colores, su clásica guitarra de madera anaranjada, la caja abierta de este instrumento y un cuadro, una pintura de Robe, su pareja y sus hijos, desnudos, en una isla mirando al horizonte, al mar, una imagen del arte de Deltoya, disco de Extremoduro, con la incorporación de la ilustración de Mayeútica, su penúltimo álbum en solitario.

La gente, de todas las edades y de muchos puntos de España y también de otros países, firma en unos libros y deja su corazón en forma de mensajes. No son condolencias breves. El público quiere expresar los sentimientos de toda una vida escuchando al músico. Demasiadas cosas que contar: eso no hay libro de condolencias que pueda soportarlo por muy grueso que sea.

Algunos mensajes se emborronan por las lágrimas derramadas mientras se escriben. Suena siempre la música de Robe, bajita, para no romper en ambiente. Quizá esto no le habría gustado al protagonista, que acostumbraba a alentar a escuchar sus discos a todo volumen. Pero en esta ocasión, siendo su música la que lo ha provocado todo, la atmósfera conmovía más con el volumen atenuado. Nota aquí.






domingo, diciembre 14, 2025

Robe Iniesta

 Robe: retrato íntimo del poeta de lo marginal que se transformó en filósofo del alma

Gente que pasó mucho tiempo con el músico, que falleció esta semana, comparte con EL PAÍS cómo era el artista en las distancias cortas y cómo imprimió un vuelo humanista a sus textos en los últimos años

La última vez que Alén Ayerdi habló con Robe fue el martes pasado, el mismo día que al artista extremeño le dejó de latir el corazón. El manager del músico lo cuenta a este periódico con la pena agarrada a la garganta. Sobre lo que trató la conversación, pertenece solo a ellos. Al resto nos queda un cancionero como pocos en la música español.

En la portada del que será el último disco de la carrera de Robe Iniesta, Se nos lleva el aire (diciembre de 2023), el protagonista no aparece; sin embargo, está muy presente. El cuerpo de Robe ha desaparecido y solo queda una estela de sus ropas: su famosa falda larga de los conciertos, un pañuelo, las botas… Los integrantes de su banda intentan amarrarlo a tierra. Alzan los brazos para retener a su líder, pero este ya se ha marchado, volando. Solo quedan sus prendas. “Necesito que vengas tú para sujetarme, necesito que vengas, que se me lleva el aire”, suplica Robe en la canción que abre el disco, El hombre pájaro, una letra y una portada que no pueden ser más descriptivas de lo que sucedió la madrugada del miércoles pasado. Roberto Iniesta (Plasencia, 1962) murió esta semana a la edad de 63 años. Los últimos meses su salud había empeorado. La familia quiso que no se conociera la gravedad de la situación y el anuncio de su fallecimiento fue como una sacudida en todo el país. Ha sido una semana para llorar a Robe y para reivindicar su poesía y su música, con miles de mensajes y sus canciones liderando las listas de las más escuchadas en las plataformas digitales. Siete canciones suyas se han colocado en el top 10 de España en Spotify. El número uno, La vereda de la puerta de atrás.

Robe trató el tema de la muerte en su repertorio. Lo podía contar a las bravas: “Que me entierren con la picha por fuera para que se la coma un ratón” (La vereda de la puerta de atrás); o con vuelo poético: “Harto de esperar a que viniera a verme a cualquier hora, sí, la suerte. / Me quedé esperando a que viniera a verme a cualquier hora, sí, la muerte” (Destrozares). Mucho le cantó también a la pérdida romántica, otra suerte de muerte: “Si te vas me quedo en esta calle sin salida” (Si te vas…). Y hablaba del infierno, pero casi siempre como un espacio de visita con perspectiva de salida rápida: “He llorado tanto y he llorado tan adentro. / He llorado tanto, tanto, que he apagado hasta el infierno” (La canción más triste). La evolución de Robe como letrista resulta vertiginosa: en su primera etapa compatibilizó el retrato de personajes marginales utilizando jerga barriobajera con apasionados tratados de resistencia; más tarde, transformó su escritura en penetrantes y bellas reflexiones sobre el sentido del obrar humano y el fin último que él se aplicaba: ser consciente del momento en que se vive y sentirlo, darse cuenta del sitio en el que uno está y con quien está.

La poeta catalana Noemí Trujillo superó una depresión en parte gracias a escuchar sin descanso La ley innata, el álbum de Extremoduro de 2008 donde Robe se entrega a tumba abierta a la filosofía. Antes ya ofreció pinceladas, pero la inmersión llegó con este trabajo dividido en movimientos. “Ese disco me salvó la vida”, señala para este reportaje Trujillo, que utilizó unos versos de aquel trabajo (“la vida es roja si te vas…”) para un poemario suyo. Una vez editado, se lo hizo llegar al cantante a través de su representante. No esperaba respuesta, pero la obtuvo por partida doble: primero, Robe le envió de vuelta un mensaje de agradecimiento y luego le dedicó una canción en un concierto. “Para Noemí, poeta”, dijo antes de interpretar Primer movimiento: El sueño. “Siempre he sido frágil y por ese motivo he escuchado mucho las canciones de Robe. Las primeras, cargadas de rabia, me parecían un grito contra el mundo. También ha cantado mucho al amor, tema preferido de todos los poetas. La ley innata es ese viaje del caos al orden de alguien que no termina de encajar en el mundo que conoce. Robe era el poeta de los excesos, pero también aquel que cantó sus conflictos interiores como nadie”. Nota aquí.



sábado, diciembre 13, 2025

Robe Iniesta

 Plasencia llora la pérdida de Robe, su hijo pródigo: “Se ha ido como los grandes, sin hacer ruido. Era humilde y discreto”

El Ayuntamiento preparaba tres eventos para 2026 junto al líder de Extremoduro

“Hasta siempre Robe. Hasta siempre, siempre, siempre”, dice el diario Hoy de Extremadura. “Se va la rebeldía y el talento de Extremadura”, titula El Periódico de Extremadura. “Parece que el día presagiaba esta tristísima noticia”, cuenta por teléfono el alcalde de Plasencia, Fernando Pizarro, del PP. Los placentinos han sacado esta mañana el paraguas a la hora de sus rutinas. En la Plaza Mayor ondean tres banderas a media asta. La pérdida de su vecino más ilustre, Robe Iniesta, Robe, su Robe, ha dejado desconcertada a esta ciudad de 45.000 habitantes del norte de Cáceres.

Pizarro dice que se enteró de madrugada, a través de un mensaje de WhatsApp de un colaborador del cantante. Que aquí todos sabían que el líder de Extremoduro estaba enfermo. Que se había retirado para recuperarse. Que ansiaban su vuelta a los escenarios. Que su marcha ha sido muy inesperada. Que han colocado un libro de condolencias en el Ayuntamiento junto a un cuadro con el rostro desmelenado de Robe pintado por Isabel, una persona con problemas de salud mental que forma parte de una asociación que hizo trabajos de Bellas Artes sobre el cantante. Y que Plasencia, dice el alcalde, tuvo el privilegio de ser el lugar donde Robe naciera. “Se ha ido como los grandes, sin hacer ruido. Era humilde y discreto”.

No se habla de otra noticia en los bares y comercios de este municipio de 45.000 vecinos. Los stories de Instagram están llenos de canciones de su hijo pródigo, el que nació en este rincón extremeño hace 63 años. Para entender el impacto de Robe en su ciudad basta con preguntar a cualquier vecino. Casi todos tienen una historia cercana con él. Bien porque alguna vez le han visto por sus calles empedradas. Porque conocen a su familia. Porque son amigos de sus hijos, Nahún y Karín. Porque tienen sus discos. Porque han ido a sus conciertos. Porque alguna vez le han visto darse un chapuzón en el río Jerte. E incluso hasta tirarse del puente de la conocida Playa El Benidor, un charco idílico a pocos kilómetros de la ciudad.

O quizá baste también con viajar a 1989, unos meses antes de la publicación de su primer disco, Rock transgresivo, cuando el propio Robe pedía 1.000 pesetas a sus vecinos para poder financiarlo. Seis años después, sin saberlo, los placentinos vivieron un concierto único e irrepetible. Sucedió el 14 de octubre de 1995. “Cubierto de estrellas, el cielo lo arropaba”, decía la crónica del concierto en El Norte de Extremadura. Sin querer, fue una despedida, un adiós inesperado. Varias generaciones de placentinos crecieron sin ver en directo a su ídolo local durante 13 años (1995-2008).

Fue una historia de desencuentros con un alcalde del PP. “No facilitaré que los jóvenes tomen alcohol y otros estupefacientes”, dijo entonces el regidor José Luis Díaz, anunciando la prohibición de conciertos de Extremoduro, Dover y otros grupos. “Este tipo de actuaciones llevan ruido y suciedad antes y después de la función”. EL PAÍS, incluso, llegó a titular: “Al alcalde le asusta el rock”. Dover respondió con “risa y rabia” a la actitud de Díaz. Y anunciaron que le enviarían una cesta de frutas junto a una caja de cerveza sin alcohol.

Robe, sibilino, le contestó a través de una carta con versos de Miguel Hernández: “Hemos de destrozaros en vuestras legaciones, en vuestros escenarios, en vuestras diplomacias. Con ametralladoras cálidas y canciones, os ametrallaremos, prehistóricas desgracias. Porque, sabed: llevamos mucha verdad metida dentro del corazón sangrando por la boca: y os vencerá la férrea juventud de la vida, pues para tanta fuerza tanta maldad es poca”.

Extremoduro, eso sí, siguió de gira por España, pero ya lejos de su ciudad natal. Lo más cerca fue Cáceres, a unos 80 kilómetros de su casa. Cómo olvidar aquel 6 de julio de 2002 cuando, a pocas horas del concierto, Robe conversó con una televisión local. “Aquí estoy", dijo “acercándome al pueblo. Somos violentos y nos gusta follar“. Al terminar, quizá por si no había quedado claro antes, se confesó: “Me cago en el alcalde”.

En 2004 los socialistas retomaron el poder en Plasencia. “La ciudad me gusta más ahora, desde luego”, deslizó Robe a El Periódico de Extremadura. Y cuatro años después regresó de nuevo. Fue un concierto antológico y apoteósico. En vísperas de las ferias de junio, aquel 31 de mayo de 2008 vino con una tormenta endiablada. Con rumores de suspensión por todos los corrillos. No hubo teloneros. El campo de fútbol municipal era todo barro y cervezas. Los vecinos rezaban a la Virgen del Puerto, su patrona, para que cortara el diluvio cuanto antes y, a ser posible, de inmediato. Nota aquí.



viernes, diciembre 12, 2025

Robe Iniesta

 Con Robe se hizo la luz en el infierno

Era un gamberro y a la vez un romántico. Un dinamitero y un filósofo. Un artista de la palabra soez y al mismo tiempo un maestro de la imagen definitiva

Siempre se van demasiado pronto los que nos han ayudado a hacer de la vida una experiencia más plena. También los que nos han llevado a vivirla de un modo más intenso y verdadero. Para muchos Robe Iniesta ha sido la voz propicia de un poeta que abría en la realidad, que nunca es la que nos gustaría y que a veces sabe hacerse aborrecer —empezando por lo que cada uno de nosotros es en lo más profundo—, hendiduras por las que entraba un fulgor que la volvía menos inerte y menos triste. Podía cantarle a la pérdida, a la soledad, a nuestra inagotable capacidad de meter la pata y dañar a otros y a nosotros mismos; pero cuando los versos de Robe apuntaban a esos infiernos, en ellos, parafraseando una de sus canciones, se hacía la luz.

Era un gamberro y a la vez un romántico. Un dinamitero y un filósofo. Un artista de la palabra soez y al mismo tiempo un maestro de la imagen definitiva. “La vida es roja si te vas” y “Mi vida una letra que escribo en hojas en blanco”. Nunca rehuyó el dolor, porque jamás renunció a la libertad ni se apeó, por nada del mundo, de la lealtad a cuanto amaba. Cantó como nadie al arte de perder el tiempo, las batallas, el rumbo y hasta la vida, en ejercicio de esa libertad y esa lealtad innegociables. Y también al de nunca arrepentirse de haber fallado la jugada, cuando es el corazón el que exige tomar el camino desaconsejable y terminar pagando, con intereses y recargos, todos los platos rotos.

Su legado es ingente, e incluye un buen puñado de obras maestras. Desde aquel himno arrollador de los lejanos años de Extremoduro, De acero, hasta esas piezas de su última época, como Del tiempo perdido o El poder del arte, que contienen todo un balance existencial. Con Standby acompañó nuestras desesperanzas, con La ley innata nos hizo descubrir nuestra capacidad de sobreponernos a ellas. Supo mirar el lado amargo de la vida, tan de frente como pocos; y ahí está para atestiguarlo, sin ir más lejos, su Nana cruel. Pero lo hizo sin amargarnos: repartiendo alegría, ganas de ser y de vivir. “Qué importa el ayer si he vuelto a nacer anoche de madrugada”. No morirá el poeta, aunque él se haya ido, mientras sigan sonando sus canciones. Nota aquí.



jueves, diciembre 11, 2025

Manuel Jabois

 

Robe Iniesta

 Adiós a Robe Iniesta, la cólera del amor humano ante un mundo irracional

El líder de Extremoduro, fallecido a los 63 años, era un músico que sale cada tres o cuatro generaciones, quizá cada siglo, como los poetas del alma, los genios incomprendidos o los grandes locos lúcidos

A partir de hoy, podrá haber millones de tributos a Robe Iniesta y Extremoduro, pero Robe Iniesta, muerto hoy a los 63 años, sólo hubo y habrá uno. Porque era un músico que, inclasificable en su cólera y su ternura como dos caras de un mismo espejo de destellos impresionantes, sale cada tres o cuatro generaciones, quizá cada siglo, como los poetas del alma, los genios incomprendidos o los grandes locos lúcidos, personas que abren brecha entre los renglones de las sociedades, que van más allá de los márgenes de lo cotidiano para enseñar el valor de lo humano o, como en el caso de Robe, cantarlo con el corazón en la garganta, el alma al aire, a hostias contra los elementos y como que sea que se intenta imponer la luz en el infierno.

“Nada es impensable, nada es imposible, mientras suena esta canción”, cantaba Robe en El poder del arte, tema de su último disco, Se nos lleva el aire, publicado en 2023. Hoy, en un día tan triste como el día de la muerte de Robe ―e imposible de asimilar tras la muerte ayer de otro gigante como Jorge Martínez―, suena casi como un testamento portentoso de lo que significa para la cultura española la figura de Robe Iniesta, un artista sin pretenderlo, un músico transgeneracional, un filósofo de la calle, una voz que cantaba para la gente corriente porque era gente corriente desde que se dio a conocer en la escena musical española con Extremoduro, allá por finales de los años ochenta, cuando en la España multicolor de la movida un grupo de Plasencia, como aquel liderado por él, con tantas ganas de romper decorados, meter el dedo en la llaga y tocar las narices, era lo más parecido a los Sex Pistols que podíamos ver en la tierra del jamón y la bota de vino. Los Sex Pistols españoles podía haber sido una buena etiqueta, pero no hacía falta: eran Extremoduro y a mucha honra, que le diesen a las etiquetas y a las campañas promocionales. Extremoduro o la gran trinchera del rock en España que le debía todo a Leño y Rosendo.

Y si siempre han existido las trincheras, para muchos no hubo una igual como la que simbolizaba Extremoduro. La primera de las trincheras con la que salir a la carga, ya fuera de noche o de madrugada, en el barrio o en el pueblo, con la pandilla o más solo que la una. Ya fuera con nada que perder o con todo perdido. Ya fuera con el campo de batalla a la vista o sin él. Y siempre cuando el deseo puede a toda lógica.

Extremoduro se distinguió del resto por una personalidad poderosa e inquebrantable, combinando rock duro con una afilada lírica existencial. Eran una voz propia. Con un disco de debut como Rock transgresivo, publicado en 1989, iban a la yugular. El desgarro movía canciones como La hoguera, Jesucristo García, Romperás y Emparedado. “Alimento con mi carne buitres negros”, cantaba con rabia Robe en Extremaydura. Buitres negros, los mismos que poblaban la tierra de donde salían. Extremoduro salieron de la nada, literalmente, porque salieron de los páramos de Extremadura, tierra de las bellotas radioactivas y creada por Dios el día que “no había giñado”, donde los trenes tardan en llegar más tiempo que los aviones a Nueva York. El universo de Extremoduro era un universo de marginación. Se soñaba, pero en una atmósfera de pesadilla. Una pesadilla adictiva porque era rompedora, nada complaciente, señalando a fuego todos los desvaríos vitales tan propios de los adolescentes, esos seres que se sienten más marginados que nadie y al mismo tiempo los más importantes del mundo. Los miembros de Extremoduro lo llamaron “rock transgresivo”. Se sentían orgullosos de una etiqueta que además les diferenciaba de los demás, incluidos todos esos grupos como Los Suaves, Barricada, Platero y tú o Reincidentes, con los que tenían nexos de grito subversivo. Una auténtica espada contra los esnobistas que, años más tarde, ya sin Extremoduro, el propio Robe seguiría blandiendo como un jinete solitario durante todo lo que le duró el siglo XXI.

Se ha llegado a asociar el universo de Robe Iniesta con la filosofía irracional de Nietzsche. Más allá de las similitudes de pensamiento entre este filósofo universal y su cancionero, bastaba charlar con Robe, un letrista de raza y autodidacta y a la vez personaje esquivo, para saber que lo suyo era más de andar por casa. Tenía más que ver con Henry Miller y Charles Bukowski, especialmente en ese uso del lenguaje barriobajero y libre poblado de pollas, semen, bragas, rayas y hostias, pero aún más con los poetas a los que cita en sus composiciones como Antonio Machado, Miguel Hernández, Federico García Lorca, Pablo Neruda o incluso el novelista Benito Pérez Galdós. De esta forma, si se concluyó alguna vez que Nietzsche escucharía a Extremoduro, entonces, se puede afirmar que Miguel Hernández cantaría las canciones de Extremoduro. Quizá las berrearía el mismo poeta que escribió en su poema Sentado sobre los muertos: “Aquí estoy para vivir / mientras el alma me suene”.

El alma sonaba en las canciones bastardas de Robe Iniesta, que sentía igual de importante a Camarón como Frank Zappa. Decía Jean-Paul Sartre que “toda emoción es una transformación del mundo”. Robe lo sabía. Robe lo cantaba. Robe parecía jugarse la vida en ello. Robe llegaba más lejos de lo que llegaban muchos porque cantaba desde el corazón mismo de una emoción que no nació con una vocación de distinción social y elitismo cultural, como la de tantos iluminados artísticos que han poblado y pueblan las revistas de tendencias y los programas culturales. Porque Robe era minoría absoluta, el filósofo callejero de la gran trinchera, la misma que se homenajeará hoy más que nunca en medios de comunicación y hasta en la sopa, aunque su gran tributo ha venido haciéndose en vida desde hace lustros en las orquestas de todos los pueblos de España. Porque ese es el gran triunfo de Robe Iniesta: ser el poeta más versionado de las verbenas. Eso es patria, como patria es su música, la cólera del amor humano ante un mundo que aún parece más irracional de lo que ya era cuando él se dio a conocer, triunfó y se volvió casi una leyenda en vida.

“Quiero oír una canción que no hable de sandeces y que diga que no sobra el amor”, cantaba en La vereda de la puerta de atrás. Y tanto, Robe. Aún, todavía. O, como rezaba en Sucede, una canción que ayude a que “en la ruina entre la claridad”. En un mundo en ruinas, como el nuestro, su voz no desaparecerá. No puede ni debería. Cuando le entrevisté la primera vez hace ya unos años, Robe estaba sentado frente a mí, cubierto con una manta de abuela y una taza de té, y dijo: “En 50 o 100 años habrá gente que se preguntará quiénes eran estos tipos que dejaron esto como una puta basura. Qué tipejos, qué gentuza”. Esos tipejos éramos todos nosotros si no hacemos nada por cambiar las injusticias obvias y las cosas que sabemos que van mal. Nota aquí.