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jueves, junio 11, 2026

Luis García Montero

 

domingo, junio 07, 2026

Benjamín Prado

 




sábado, mayo 23, 2026

Benjamín Prado

 “Aún puedo fingir que estoy mejor de lo que estoy”

El escritor publica memorias mientras afronta la cuenta atrás de “una enfermedad neurológica incurable”

Benjamín Prado es un hombre tan risueño, conversador y disfrutón que cuesta leerle confesar que está asustado, que ya está en una “cuenta atrás”. Pero es lo que desvela en sus memorias, Qué estoy haciendo aquí, que Alfaguara publicará la próxima semana, en las que recorre su vida y nos confiesa que padece “una enfermedad neurológica hoy incurable” que prefiere no detallar. El escritor madrileño de 64 años, también poeta, letrista, dramaturgo y hasta actor por accidente repasa una vida de grandes amistades, lecturas y una brújula siempre activada para probar y avanzar. Charlamos en el festival Barbitania, en Barbastro (Huesca).

Pregunta. Cuenta que un día le llamó Sorogoyen, le propuso actuar y dijo que sí. ¿Qué supuso?

Respuesta. La confirmación de que soy un tipo que siempre se está probando camisas de once varas y que le quedan bien. Yo pensé que estaba de broma o que quería un guion. Y cuando me dijo que era para actuar respondí que no, pero luego pensé: “¿Por qué no? Algo distinto, nuevo, prueba y ya está“. Lo que hago siempre, meter la cuchara en los platos de los demás, que es mi trabajo.

P. ¿Se hizo poeta por orden de un profesor, como cuenta?

R. Fue así, ese profesor vio algo en mí y me dijo: “Tú vas a escribir poesía. Vete a comprar Sobre los ángeles de Alberti y Poeta en Nueva York de Lorca”. Y así fue. ¿Qué vio en mí? Ni idea. ¿Qué vio Alberti cuando se hizo mi amigo? Ni idea.

P. Al poeta le conoció por casualidad y se hicieron íntimos.

R. Mi padre me mandó al bar de la esquina y allí le vi. Alberti tenía manía a su libro Sobre los ángeles por ser su obra maestra y cuando me lo encontré y le dije que lo había leído se puso a la defensiva: ¿Te ha gustado?, preguntó. Y yo, con la arrogancia de los 17 años, le dije: “No está mal, pero me ha gustado más Sermones y moradas”. Y me dijo: “¿Cuántos años tienes?" “17″. “Venga, te invito a un gin tonic”. Y así empezamos una amistad de 15 años.

P. ¿Todo lo que pone en sus memorias es verdad?

R. “Todo” es una palabra demasiado grande, pero esto sí es verdad (ríe).

P. Su padre era escolta motorizada de Franco.

R. Sí, sí, era el más guapo del mundo, una especie de Clark Gable con los ojos verdes, bigote facha de la época, uniforme de jinete y una Harley. Un día que se le rompió la moto mi madre se asomó, le vio y aquí estoy yo. Luego montó un taller mecánico y de eso vivimos siempre.

P. Poeta, escritor, periodista, letrista con Joaquín Sabina... ¿Qué es usted?

R. Básicamente un farsante que se mete en la vida de los demás (ríe) y hace cosas que parecen más de ellos que tuyas. Lo más divertido de la vida son los disfraces, no lo que somos sino lo que aparentamos, nadie disfrazado se lo está pasando mal si es por gusto. He aprendido muchas cosas, he tenido la suerte de nacer en una generación en la que estaba viva la del 27, la del 36, la del 50… Uno leía fascinado a Alberti y se iba a comer con él. Leía fascinado a Gerardo Diego o Luis Rosales y se iba a hacerles una entrevista. Jaime Gil de Biedma, Ángel González y otros han sido como de la familia a la vez que mitos literarios. Las amistades bonitas empiezan en los bares, así conocí a Rafael, a Sabina, a Luis García Montero… Han pasado 40 años de todo eso y mis amigos, salvo los que se han muerto, siguen siendo Luis, Joaquín, Chus Visor… los mismos.

P. Ha querido convertir el rocanrol en poesía y la poesía en rocanrol.

R. Sí. Me fascinó ver a Allen Ginsberg haciendo una lectura de poemas, era lo más cerca que yo había estado de Bob Dylan, mi héroe, que da nombre a mi hija, y dije: quiero hacer esto, llevar la poesía a otros sitios. Así empecé a hacer giras de 50 o 60 conciertos con Coque Malla, Leiva, Pereza… Al poema le da mucha potencia tener detrás una banda o un músico. La gente no sabe muy bien a lo que va ni lo que ha visto, es un terreno muy bueno para la sorpresa, pero se quedan con una idea, con un verso. Nota aquí.



jueves, mayo 07, 2026

Luis García Montero

 

miércoles, abril 29, 2026

Luis García Montero

 Yo soy poeta

El mundo necesita países que luchen contra la guerra y consideren una prioridad la cultura, la paz, el no al racismo y la dignidad humana.

Recuerdo la primera vez que fui a México y la emoción que sentí al visitar la tumba de Luis Cernuda en el Cementerio de San Ángel. Llevé unas violetas como él había hecho al visitar el sepulcro de Larra en uno de sus poemas más emocionantes: “Escribir en España no es llorar, es morir / porque muere la inspiración envuelta en humo”. Volví a esos recuerdos en la entrega del Premio Cervantes con las intervenciones de Gonzalo Celorio y del ministro Ernest Urtasun. Con la fuerza conmovedora de la narrativa, Gonzalo habló de la muerte de su padre para salir después a caminar por el mundo de la literatura, la sociedad y las relaciones insustituibles entre España y México. Con la energía de su sentido político, Urtasun recordó el exilio español, la solidaridad de Lázaro Cárdenas y el encuentro de la escritora Elena Garro con Luis Cernuda en Valencia durante la Guerra Civil. Cuando le comentó que estaba casada con el poeta Octavio Paz, Cernuda respondió que él era también poeta.

Aquel joven Cernuda, orgulloso de la poesía y la libertad, se comprometió con su país en la defensa de la democracia. Para consolidar y dignificar su patria, consideraba que lo prioritario era luchar por la dignidad de los seres humanos. Habitante de su independencia, participó en una causa colectiva. Eso me pasó a mí al escuchar el discurso del ministro Urtasun. Camino ya de los 68 años, al oírlo hablar de la educación pública, la Universidad, la cultura republicana, el exilio, España, México y Cernuda, celebré la suerte de poder identificarme por fin con un Gobierno, algo que nunca había ocurrido en mi vida. Es una suerte. Porque el mundo necesita países que luchen contra la guerra y consideren una prioridad la cultura, la paz, el no al racismo y la dignidad humana. Países que, al hacer sus cuentas y sus programas políticos, digan como Cernuda: yo también soy poeta. Escribir ahora en España no es llorar ni morir. Nota aquí.



sábado, abril 11, 2026

Luis García Montero

  “Estoy orgulloso de ser el viudo de Almudena Grandes”

El poeta y director del Instituto Cervantes regresa a la novela con una historia de segundas oportunidades que vuelve a acercarle a la ausencia de su fallecida esposa

Luis García Montero se proponía huir de Almudena Grandes como el tema literario que le ha desbordado desde su fallecimiento, en 2021, y a la que dedicó su poemario Un año y tres meses. Por ello decidió desempolvar una vieja novela aparcada en un cajón con las correcciones que su esposa le había aconsejado, y reescribirla. Pero lo que se encontró de frente fue el mismo universo del que pretendía alejarse y unos personajes que anticipaban lo que a él le ha tocado vivir. El resultado es La mejor edad (Tusquets), un regreso a la novela después de 12 años por parte de este poeta nacido en Granada en 1958, catedrático de Literatura Española, director del Instituto Cervantes y columnista de EL PAÍS.

El círculo sigue, así, cerrándose en torno a la enfermedad y la muerte de su gran amor, cómplice y una de las escritoras más destacadas de la literatura contemporánea española. La ausencia, como explicará, le aporta conciencia.

“Fíjate”, explica García Montero en su piso en el centro de Madrid. “Metí esta historia escrita en 2017 en un cajón por indicación de Almudena, la retomo porque no quiero repetir literariamente los poemas que ya he escrito, y me encuentro con un protagonista que ha quedado viudo y otro que acompaña a una mujer enferma. A veces la literatura imagina la vida y va por delante de ella, nos abre un camino adelantado”.

El poeta está visiblemente mejor de lo que ha estado. Acaba de regresar de Rota y prácticamente vive -cuenta- con su hija Elisa y su nieta de dos meses, rehaciéndose de un tiempo de pérdidas en que a la muerte de su esposa se sumó la de su padre y su primera nieta, de apenas semanas. “Cuando escribía esta novela en 2017 e intentaba imaginar qué me podría pasar a mí para que la vida se me diera la vuelta, solo me salía la viudedad”, narra.

Y es por ello por lo que su protagonista está viudo. Hablamos de un juez jubilado que fue muy autoritario al iniciar su carrera en los setenta y al que la vida hizo girar hacia la defensa de los derechos civiles al modo de Baltasar Garzón. Hoy busca a una de sus víctimas, un hombre al que condenó de forma injusta a la cárcel en 1975, para intentar reparar el daño, y se encuentra al dueño de un bar que está cuidando de su mujer postrada por un derrame cerebral. Ambos inician una amistad particular que les ayuda a repasar sus vidas, a ajustar cuentas, buscar segundas oportunidades y entablar una reflexión sobre las edades y el envejecimiento que incluirá sorpresas.

Pregunta. ¿Quería huir del tema de Almudena Grandes y finalmente regresó a él de otra manera?

Respuesta. Regresé a ella de varias maneras: por un lado, nosotros nos leíamos los manuscritos y teníamos mucha complicidad, podíamos ser muy duros el uno con el otro, y aquí hay muchas correcciones que he hecho según sus indicaciones; por otro lado, está la búsqueda de no repetir el libro de poemas que ya había escrito, que es lo que me vuelve a salir; y además están los temas que, aunque escribí antes, tienen que ver con mi vida: la enfermedad y la viudedad.

Su propósito inicial en la novela, sin embargo, tiene mucho más que ver con el momento de España y la Transición. “Quería hacer una reflexión sobre la historia de España, pero no de la evolución política, sino del diálogo generacional, de qué manera recuerdan el paso de la dictadura a la democracia la gente mayor y qué ideas, sentimientos e ilusiones tienen hoy los más jóvenes”.

P. ¿Y ha averiguado cuál es la mejor edad?

R. Es aquella en la que uno ha vivido un amor fuerte que le da sentido a la vida. Así es para mis dos protagonistas y para mí. Conocí a Almudena en 1992 y vivimos 30 años juntos, compartiendo la vida, y a veces mi hija Elisa me pregunta: “¿cuándo quieres más a mamá, ahora que se ha muerto o cuando estaba viva?" Pues la quería mucho, pero la ausencia grave te lleva a tomar conciencia de lo que fue la mejor edad. Nota aquí.



miércoles, abril 08, 2026

Jaime Sabines

 

Luis García Montero

 Sus cosas

Las segundas viviendas se convierten con facilidad en las primeras cuando uno tiene tiempo para sí mismo

Las segundas viviendas se convierten con facilidad en las primeras cuando uno tiene tiempo para sí mismo. La vida diaria corre, va con demasiada prisa a la hora de pasar de una página a otra. Somos lectores que pasan con rapidez de la información política a la cultura y de los editoriales a las entrevistas o las últimas columnas. Vivir es un sinvivir, pero llegan unos días de vacaciones y nos esperan muchas cosas en la lentitud cultivada de la segunda vivienda. Por ejemplo, las cosas de ella. En su escritorio, en su estantería, me saludan novelas de John Irving, Sue Grafton, Ramiro Pinilla, Claudia Piñeiro, Coetzee o un ensayo sobre la Guerra Civil y la represión en el pueblo de Rota. En el cajón de su mesa de trabajo, frente a los pinares, la luz de la bahía y el cenicero, hay dos plumas, unos caramelos de menta, una receta del centro de salud a nombre de nuestra hija y un abanico.

En su cocina, están los platos de su vajilla y las fuentes que llenaba con sus croquetas y sus huevos con patatas para recibir a amigos. El murmullo de su fuente entona Pongamos que hablo de Madrid, de Joaquín Sabina, o La estrella, de Enrique Morente. En su salón y en su jardín, preguntan por ella su limonero, sus ipomeas, su televisor, el sofá desamparado, algunos cuadros de pintores amigos y alguna fotografía que conservan escenas de otro tiempo que se esfuerzan por pertenecer a este tiempo. Como el cepillo de dientes y el peine en su lado del cuarto de baño, vigilantes por la posible llegada de las hormigas a través de la ventana. Y la cuchilla para la depilación mira hacia sus cajones del dormitorio, hacia la soledad de su ropa interior, sus bañadores, sus batas y sus bolsos de playa, sus sandalias y sus sombreros para defenderse del sol. Todo en su sitio. Así que la segunda vivienda se convierte en la primera. Ahí están su ventilador, su almohada, su lámpara, su cuaderno de notas, su radio…Nota aquí.

Y yo.



sábado, marzo 28, 2026

Manuel López Azorín

 


miércoles, marzo 18, 2026

Luis García Montero

 Alfredo

Esperaremos sus libros en abril o en cualquier mes, porque la inmortalidad literaria de Bryce Echenique está asegurada.

Cuando se nos va un amigo escritor, resulta más difícil despedirse del amigo que del escritor. Y despedirse es necesario, porque conviene no encerrarse en el duelo, aunque resulte complicado entender las costumbres más hirientes de la vida. Son ya muchas las pérdidas. Miro los libros de Alfredo Bryce Echenique en la biblioteca, los ordeno, vuelvo a sentir la infancia conmovedora de un niño solitario en Lima, la exageración sentimental de un peruano en París, las historias de amor que mezclan la risa con las mudanzas y las llamadas de teléfono con un permiso para vivir. Las carcajadas no cierran nunca los ojos, pero los naufragios consiguen darle pena a la tristeza.

Alfredo resumió la energía oral de sus narraciones en la pasión de los locutores deportivos que retransmitían partidos de fútbol en su adolescencia: avanza Perú, avanza Perú, gol de Brasil. Así suele comportarse la vida cuando los planes de futuro se niegan a borrar los latidos del corazón literario de Bryce, encarnado en Julius, Martín Romaña o Felipe Carrillo. El reconocimiento y la admiración permiten repetir que esperaremos sus libros en abril o en cualquier mes del año, porque la inmortalidad literaria está asegurada.

Pero a Alfredo no le basta la inmortalidad literaria. Después de la noticia de su muerte, llama por teléfono para que salgamos a cenar con Chus Visor y Pepe Esteban. La cena se alarga, volvemos a vivir historias en mil ciudades. La última copa abre la puerta a la siguiente, y las conversaciones sobre García Márquez, Vargas Llosa o Carlos Barral dan paso a los secretos del amor. El taxi tendrá que esperar en la calle con más disciplina que las estanterías. Los libros no pueden quedarse quietos, su autor escapa de ellos para cantar boleros, proponer un viaje o repetir el nombre de un bar. Claro que sí, Alfredo, allí nos tomamos el gin-tonic. Y voy, y en la mesa del fondo veo a Alfredo. Está contándole algo a Ángel González y a Almudena. Nota aquí.



martes, marzo 03, 2026

Luis García Montero

 Saber mirar

Baudelaire nos enseñó que el poeta es el que ha aprendido a mirarse mientras está mirando.

Mientras paseaba por la ciudad y por sus rencores, Baudelaire nos enseñó que el poeta es el que ha aprendido a mirarse mientras está mirando. Mirarse mirar, pedir explicaciones a nuestras miradas, un buen consejo en tiempo apremiantes que nos invitan a olvidarnos de nosotros mismos, sobre todo cuando defendemos ideas que pensamos propias. Es la paradoja de la crispación que pasa de la política a la amistad y del amor a las relaciones sociales. El deseo se convierte en batalla violenta cuando deja de hacerse preguntas. Así que parece oportuno seguir defendiendo la poesía como raíz cultural entre personas que necesitan mirar y mirarse. El corazón y las razones pasan por los ojos, y los ojos nos preguntan quién eres tú mientras nos vemos, qué recuerdas y hasta dónde quieres llegar. Pienso en la poesía como vacuna contra la cursilería irresponsable de los dogmas y el utilitarismo inhumano de las multiplicaciones tecnológicas. Resulta que somos personas.

Acabo de oír el timbre de la calle. Dejo sobre la mesa el libro que estoy leyendo, me acerco a la ventana y descorro un poco la cortina para mirar hacia abajo. Junto a los coches que cruzan, los árboles invernales y la iluminación de los escaparates, veo en el portal a un hombre muy parecido a mí que espera nervioso a que le abran la puerta con un libro en las manos. Parece que quiere entrar en mi casa. De pronto sube los ojos hacia arriba, examina las ventanas de la fachada, y soy yo el que ve la silueta del hombre que mira desde lo alto, detrás de una cortina. El libro que lleva en la mano es el mismo que está sobre la mesa: Duermevela (Pie de página, 2026), un libro de poemas de Abelardo Linares. Editor, librero de viejo, bibliófilo, polemista, pero sobre todo poeta. En tiempo confusos, agradezco la poesía como una invitación a mirarnos mientras estamos mirando. No nos olvidemos de nosotros mismos mientras discutimos con el mundo. Nota aquí.



jueves, febrero 19, 2026

Joan Margarit

 Un recital entre amigos: Serrat, Ana Belén y Poveda recuerdan los versos de Joan Margarit, “el poeta musical”

Amigos y conocidos recitan y recuerdan los versos del poeta catalán fallecido hace cinco años, en un acto en el Instituto Cervantes. “Leo la poesía Margarit y la estoy cantando”, confiesa Serrat.

Atardece en Madrid, tras demasiados días de oscuridad, con su luz anaranjada de siempre. Y a la misma hora a la que a varias manzanas de distancia Gabriel Rufián y Emilio Delgado debaten sobre el futuro de la izquierda, Joan Manuel Serrat entra ajeno y sonriente en la sede del Instituto Cervantes. El motivo es quizás más importante: celebrar la vida de su amigo Joan Margarit, cinco años después de su muerte. Y hacerlo, además, recitando y cantando su poesía.

“Esto le encantaría”, confiesa el cantautor catalán, pero este no es un homenaje al uso. Es una velada entre amigos para intentar arreglar el mundo. O al menos, hacerlo más bello. “El homenaje verdadero a un poeta es que se le lea”, reivindica Ana Belén.

Una opinión que comparte Mónica Margarit, hija del poeta y la organizadora de este acto al que ha acudido el ministro de Cultura Ernest Urtasun. “No es fácil mantener el recuerdo, a no ser que seas Gabriel García Márquez y estés en los programas de literatura de los institutos. Estoy feliz de que se haya hecho una edición de su obra completa, con tapa dura”, explica.

Y así, esta tarde de finales de febrero, un amigo tras otro (el periodista Juan Cruz, los poetas Ramón Andrés y Luis García Montero, el crítico literario Jordi Gracia, el editor Emili Rosales y la librera Lola Larumbe, entre otros) dibujan con retales compartidos quién fue Joan Margarit. El arquitecto que nació en la Guerra Civil. El profesor de Cálculo de estructuras que narraba más que explicaba. El poeta desgarrado que disparaba directamente corazón. Y el amante de la música.

Porque Margarit era, ante todo, como recuerda Serrat, “un poeta extraordinariamente musical”. Y confiesa: “Leo su poesía y la estoy cantando”. El cantautor conoció a su tocayo con “un libro maravilloso, Estació de França [Hiperion, 1999]. La admiración era mutua. Puede que por eso discutieran tanto. ”Era un hombre muy apasionando con respeto a lo que sucedía a su alrededor. Muy crítico con todo lo que tenía que ver con el maltrato, con el desprecio y con la soberbia. Muy preocupado por la sociedad“.

Y también, un hombre que amaba la libertad. La libertad, ya saben, “es una librería”. Una forma de amor. Por eso, no perteneció a ninguna corriente poética, cultivó el verso libre y reinterpretó sus poemas del catalán al español. Una “virtud insólita”, según su editor Emili Rosales. “La poesía le nacía de muy adentro, que es donde está la lengua materna. A veces, cuando escribía la versión en castellano mejoraba la versión en catalán”, recuerda su hija.

Es noche cerrada y empieza a llover. Ana Belén y Serrat recitan sus poemas, frente al silencio del resto de amigos, conocidos, periodistas, escritores y lectores de un salón de actos del Cervantes abarrotado. Él recita en catalán. Ella en español. Un diálogo entre los idiomas, como le gustaba a Margarit. Mujer de primera, Autorretrato, Cerrando el apartamento de la playa, Querrán que te mueras y La montaña más alta.

Y entonces el cantaor flamenco Miguel Poveda, vestido completamente de negro, canta el poema No et veuré més [No te veré más], acompañado al piano por su arreglista Joan Albert Amargós. Le puso música en 2005, en su álbum Desglaç. “A él no le gustaba mucho el flamenco. Yo era joven y me daba pudor, pero me encontré a un hombre muy afable y muy agradecido”. El último en poner música a sus poemas ha sido el portugués Salvador Sobral con Amor i temps.

Margarit concibió gran parte de su obra en los bares de albañiles. Escribía en pequeñas libretas, que le acompañaron en el bolsillo de la camisa hasta el último día. En ellos, encontró refugio al morir de su hija Joana a los 30 años, debido a una discapacidad, a la que dedicó algunos de sus versos más hermosos, como Los ojos del retrovisor. “La paz que me da tu lentitud”, escribió sobre ella, “que está dentro de mí”.

Pero quizás los grandes reconocimientos le llegaron demasiado tarde. Recibió el Premio Nacional de Poesía Nacional y el de la Generalitat de Cataluña en 2008 y el Premio Reina Sofía de Poesía y el Premio Cervantes en 2019. El mismo año que el poeta depositó su legado en la Caja de las Letras.

“Me iré amándoos y algo mío intentará volver”, termina Ana Belén, con el último verso del penúltimo poema de su libro póstumo Animal de bosque [Visor Poesía, 2021]. La muerte estuvo presente durante toda su obra. Y eso que decía que “hacer un poema es mucho más difícil que morirse”. Aunque, curiosamente, según su hija, escribió sus mejores versos al ver que la oscuridad estaba ya cerca. Nota aquí.






sábado, enero 24, 2026

Luis García Montero

 La portera

La vida nos educa y hay gente sin reconocimiento público que nos regala sus lecciones, su manera de ser, al cruzarse en la vida con nosotros.

Uno se acostumbra a agradecer las enseñanzas de los grandes maestros. Artistas, escritores, periodistas decentes o catedráticos universitarios son parte decisiva de nuestra formación. Pero no conviene olvidar que la vida nos educa y que hay gente sin reconocimiento público que nos regala sus lecciones, su manera de ser, al cruzarse en la vida con nosotros. Aprendemos de un vecino del barrio, una compañera de estudios, el camarero del bar de siempre o la señora que lleva la tienda de la esquina. Según pasan los años, me acuerdo mucho de Enriqueta, la portera del edificio en el Paseo de la Bomba al que mis padres se mudaron cuando yo acababa de cumplir 11 años. La recuerdo en el portal, sentada con la costura en sus manos y con una paciencia amable para soportar las travesuras de los niños del edificio y de los amigos del barrio. La bomba del Paseo se relacionaba con una antigua bomba de agua, pero los niños éramos un bombardeo muy ruidoso, una crispación que subía o bajaba las escaleras con los zapatos sucios y los gritos en la boca.

Enriqueta tenía mucha paciencia. Mientras llegábamos en tromba o desaparecíamos, nos miraba con tranquilidad y nos pedía que tuviésemos cuidado para no hacernos daño. Luego se levantaba, buscaba una escoba, una fregona, y procuraba limpiar la crispación para que la convivencia de los vecinos volviese a la normalidad. Me enseñó poco a poco a respetar los suelos y a respetarme a mí. Cuando entro en algún sitio intento no ensuciar y cuando los rencores se ponen a llover sobre mi país, mis ideas, mi mundo, intento que los zapatos no se manchen de barro, me esfuerzo en saber dónde piso. Enriqueta fue una buena lección de vida. Con ella subí una tarde a la azotea, me vi envuelto por las sábanas blancas tendidas bajo el cielo y amé los paisajes de Granada, una ciudad en la que los edificios mantienen conversaciones estrechas con los campos, la nieve y el Sur. Nota aquí.



martes, enero 20, 2026

Manuel López Azorín

 Manuel nos cuenta por Facebook.

Como recuerdo de Ángel González
Angel González, Luis García Montero y Moncho Otero.
Invité a Ángel González, a participar en Tertulias de Autor para leernos y explicar su poesía.
Ángel era muy amigo de Claudio Rodríguez, cuando le invité a venir me pidió que si podía convenciera a Claudio para que le presentase; pero como yo sabía que Claudio estaba mal, lo comenté con Ángel y decidimos que yo hablaría con Luis García Montero para la presentación.
Llamé a Luis y éste aceptó encantado por la amistad y admiración que sentía por Ángel.
Fue una noche mágica. Luis hizo, tras mi apertura de la Tertulia y presentar biográfica mente a Ángel,una gran presentación del poeta.
Moncho Otero puso música a dos poemas de Ángel y se los cantó recibiendo los aplausos del público y de nosotros tres.
Todo esto me llega como un hermoso recuerdo ahora que se cumplen 18 años ya que se nos fue Ángel González.
Se nos fue pero sigue con nosotros porque su poesía sigue viva y vigente ya que
fue uno de los grandes poetas de la generación de los años 50 del siglo XX.
Vaya aquí como recuerdo este poema suyo:
CUMPLEAÑOS
Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños.
Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!
Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.
Ángel González



martes, enero 13, 2026

Luis García Montero

 Sexo y bendición

Sería bueno que la Iglesia comprendiese que la castidad, entendida como un sacrificio divino, es un mandato antihumano.

¿Qué será Lázaro de mayor? Lo que haya sido Lazarillo. La literatura nos enseña el respeto que merecen los niños y el valor de la educación a la hora de valorar nuestros destinos. Debemos recibir con entusiasmo los acuerdos del Gobierno con la Iglesia para hacerle justicia a las víctimas de la pederastia sacerdotal. Reconocer que somos vulnerables es la mejor manera de defender la convivencia y de recuperar la fe en el futuro. Quizá convendría aprovechar estos debates para defender también la importancia de la sexualidad. Sería bueno que la Iglesia Católica comprendiese que la castidad, entendida como un sacrificio divino, es un mandato antihumano y que la represión sexual tiene consecuencias muy negativas. Significaría un paso adelante que los católicos aceptaran que se puede unir la vocación sacerdotal con el valor humano del sexo, algo inseparable del pan, el vino y los peces.

Yo no puedo estar en contra de la sexualidad de los curas. A ella le debemos algunos de los grandes milagros de la poesía contemporánea. España, en este sentido, es también una nación muy adelantada. Un cura de origen español llamado José Rufo estableció relaciones humanas y mestizas en Perú con una mujer llamada Justa. Tuvieron un hijo llamado Francisco de Paula. Otro cura español, Baltazar Joaquín, interesado por el mundo indígena, se unió con Natividad para hermanar la carne y la vocación. Fue padre de una niña llamada María de los Santos. Entre comentarios torpes sobre el bien y el mal, Francisco y María crecieron, se enamoraron, se casaron y tuvieron 11 hijos. El último de ellos, nacido en Santiago de Chuco en 1892, fue bautizado con el nombre César Abraham Vallejo Mendoza. Hubiera sido una gran tragedia para la cultura en español que la castidad sacerdotal nos hubiese dejado sin César Vallejo, grandísimo poeta de nuestra lengua. Autor de Poemas humanos, una palabra suya bastará para sanarnos. Nota aquí.



lunes, enero 05, 2026

Luis García Montero

 Una carta

Me gustaría que cuando se levante y vaya al salón familiar encuentre lo que se merece: a ser posible nada de nada, o un desastre

Queridos Reyes Magos, espero que comprendáis el sentido de mi carta, porque necesito poner las cosas en su sitio y estoy cansado de que mi hermano Pedro se haya convertido en el hijo predilecto de papá y mamá. Creo que es justo pediros que acomodéis vuestra justicia a mi irritación y que no le traigáis ninguno de los regalos que os ha pedido. Me gustaría que cuando se levante y vaya al salón familiar encuentre lo que se merece, a ser posible nada de nada, o un desastre, un secuestro, un bombardeo, juguetes rotos, caramelos chupados y ropa que le quede mal, demasiado grande o más pequeña de la cuenta. Una cabalgata no deja de ser un acto familiar hipócrita y la verdadera realidad tiene que ver con los dulces pasados de fecha, el balón pinchado y el teléfono con las teclas envenenadas. Sólo así, queridos Reyes Magos, conseguiréis que esta familia sea justa y viva feliz. Porque él se ríe de nosotros, y el humor es muy malo en este mundo sin valores.

Mejor. Os propongo una cosa. Estoy pensando en dejar abiertos esta noche los grifos de la cocina y el baño. Dejaré abierto también el cuarto de nuestro hermano pequeño. Que empiece a salir agua, que se inunden los suelos, que se aneguen los armarios y todo quede sumergido. Cuando vengáis a casa a dejar los regalos, no podréis entrar, pero sí podréis dejar un aviso a mis padres de que no habéis conseguido cumplir vuestro deseo porque alguien, seguro que mi hermano Pedro, quién si no, dejó los grifos abiertos. Él tiene la culpa de todo, de las protestas de los vecinos por las goteras y de los gastos que va a ocasionar este desastre. Se le ve venir y conviene repetirlo. Es un niño mentiroso, imprudente, ladrón, se merece todo lo peor. Y no lo digo por maldad, sino porque quiero lo más hermoso para esta familia, nuestra familia, de la que él no merece formar parte. Espero que se puedan cumplir mis deseos en 2026. Moitos bicos, voso amigo Alberto. Nota aquí.



lunes, diciembre 08, 2025

Editorial Losada

 La editorial Losada entregó su legado a la Caja de las Letras del Instituto Cervantes de España

Se trata de una donación de material histórico que será custodiada por la institución española hasta su entrada en la Caja de las Letras. Entre los libros donados, figuran Cara de plata y Águila de blasón, de Ramón del Valle-Inclán; A la pintura, de Rafael Alberti, y La agonía del cristianismo (primera publicación de la editorial) y Cancionero de Miguel de Unamuno, ambos en su primera edición.

La editorial argentina Losada entregó su legado a la Caja de las Letras del Instituto Cervantes, en un acto en el que estuvieron presentes Luis García Montero, director del Instituto Cervantes; José Juan Fernández Reguera, presidente de Losada; José María Ridao, cónsul general de España en Buenos Aires y Roberto Varela, consejero cultural de la Embajada de España. García Montero recibió, de manos de Fernández Reguera una donación de material histórico que será custodiada por la institución española hasta su entrada en la Caja de las Letras.

“La mejor manera de comprometerse con el futuro es saber heredar los mejores legados del pasado. Y en ese sentido, en la Caja de las Letras queremos darle una importancia especial a las editoriales. Porque en todo el vértigo de la transformación tecnológica que existe, hay que defender el libro como referencia de una cultura que nos forma como ciudadanos y que nos invita a pensar y a tener conciencia crítica y a no estar a merced de la manipulación y de las falsas consignas”, expresó García Montero al inicio de la ceremonia.

“Estoy muy agradecido con la decisión del Instituto de acoger a Losada en su Caja de las Letras”, señaló por su parte Fernández Reguera. “Con 87 años, la editorial sigue adelante y prácticamente es la única que ha quedado como propietaria en la Argentina, porque las multinacionales han absorbido prácticamente todo”, agregó antes de detallar los libros donados, dispuestos cuidadosamente dentro de una caja de felpa roja: Cara de plata y Águila de blasón, de Ramón del Valle-Inclán; A la pintura, de Rafael Alberti, y La agonía del cristianismo (primera publicación de la editorial) y Cancionero de Miguel de Unamuno, ambos en su primera edición. Además, el legado incluyó una ilustración original del artista italiano Atilio Rossi, que formó parte del libro de Sartre El aplazamiento, y una carta del año 38 escrita por la viuda de Valle-Inclán, en la cual solicitaba que sus libros fuesen publicados en el país.

A continuación, en el cierre del encuentro, García Montero hizo entrega a Fernández Reguera de la llave dorada de la caja 1150. “Hay dos llaves. Una se la queda la institución y otra se la queda el propietario para disponer de la caja”, aclaró. “Todos estos documentos están inventariados en la Biblioteca Patrimonial para que los puedan utilizar los investigadores. Además, también hacemos exposiciones itinerantes por la red del Instituto en otras partes del mundo. Estos recuerdos son estupendos”.

Un poco de historia

El Instituto Cervantes, con sede central en Madrid, cuenta en su sótano con la Caja de las Letras, una histórica cámara acorazada que antiguamente sirvió de caja fuerte para el Banco Español del Río de la Plata y el Banco Central. En la actualidad, dispone de más de 1.800 cajas de seguridad y algunas de ellas contienen legados literarios, artísticos y científicos de la cultura hispanohablante.

Desde 2007, artistas, intelectuales y escritores (entre ellos todos los premios Cervantes desde ese año) han donado parte de su patrimonio cultural a la Caja de las Letras. Juan Gelman, Mario Benedetti, Gioconda Belli, José Saramago, Rosa Montero y, más recientemente en 2025, artistas como Joan Manuel Serrat y Charly García son algunos de los nombres que integran esa lista.

En este marco, el legado de Losada tiene un significado especial para la institución española. Fundada en Buenos Aires en 1938 por el editor madrileño de origen gallego Gonzalo Losada (1894-1981), supo ser conocida como la “editorial de los exiliados”, ya que albergó a republicanos e intelectuales españoles residentes en la Argentina antes de la Guerra Civil, como Francisco Ayala, Lorenzo Luzuriaga o Manuel Lamana. Así, se convirtió en un espacio de expresión para el pensamiento republicano español, en el cual se editó toda la obra literaria de la Generación del 27. Autores como William Faulkner, Antonio Machado, Albert Camus, Pablo Neruda, Miguel Ángel Asturias y Harold Pinter, entre muchos otros, integraron su catálogo que, durante un tiempo, estuvo prohibido en España. Nota aquí.



jueves, noviembre 27, 2025

Joaquín Sabina

Si digo Rafael

Si digo Rafael digo Picasso,
cabello de ángel, gorro marinero,
Ignacio, Federico, Garcilaso,
Aitana, Benjamín, García Montero.

Si escribo cal y canto, ¡qué osadía!,
si Trastévere... casa de las flores,
no pasarán quiere decir Dolores,
si náufrago pernocto en tu bahía.

Si te falla mi hombro es porque muero,
si nombro a Juan abrazo al panadero
del pan de anís de la melancolía.

Si te desvives culpo a tu asesino,
si calla Alberti se avinagra el vino
del bar del Puerto de Santa María.



Luis García Montero

 Cuando Almudena Grandes se sentaba a escribir

En el cuarto aniversario del fallecimiento de la escritora, su compañero, el poeta Luis García Montero, la recuerda delante del ordenador, con ‘Negrín’ sobre sus piernas.

Durante años vivió con nosotros un gato que se llamaba Negrín. Se lo habían encontrado recién nacido nuestras hijas en los aparcamientos de la urbanización de Rota donde pasábamos los veranos. Lo habían llevado a nuestra casa, y yo caí en la tentación de ponerle un plato con leche. Cuando Almudena vio la escena, empezó a regañarnos con el sentido común que a nosotros nos faltaba. La verdad es que era una locura responsabilizarnos de un gato porque vivíamos entre dos ciudades y muchos viajes, sometidos a unas costumbres de ida y vuelta que hacían poco aconsejable recibir con dignidad a una mascota en la familia. Al comprender que Almudena no quería que nos quedásemos con el gato, nuestras hijas tuvieron la idea de bautizarlo. Mamá, se llama Negrín, y todo cambió de golpe, no de golpe de Estado, sino de golpe de nombre, porque en las palabras caben muchas cosas, y en aquel animal que ellas habían encontrado en la calle vivió de pronto la historia de España, la memoria que estaban acostumbradas a oír una y otra vez en la mesa de la cocina, en el sofá donde veíamos la televisión o en el coche que cruzaba las ciudades y la memoria de los paisajes. El nombre de Negrín hizo imposible un nuevo exilio, el gato se quedó con nosotros, se quedó para siempre, más allá de los años y la muerte, porque yo recuerdo todavía con mucha frecuencia la imagen de Almudena sentada delante del ordenador, en medio del argumento de una novela o de un artículo para el periódico, con Negrín sobre sus piernas. La memoria histórica de aquel gato con nombre de protagonista de la República Española forma parte de mi memoria más íntima. Ante un ordenador apagado o un sofá solitario, convivo con mis recuerdos y les digo que no, no pasarán.

Sentarse a escribir es sólo una parte del proceso de la escritura, porque en las palabras caben muchas cosas que tienen que ver con la vida, los recuerdos, las conversaciones, las ciudades, los ojos, los oídos, los labios y los zapatos. Se hace camino al andar y se escribe con todo lo que se ha quedado en nosotros a cada paso dentro de nosotros. Hay que sentarse, desde luego, y conviene respetar una disciplina de trabajo con sus horarios y sus días. Pero resulta imprescindible que el trabajo se mezcle de verdad con la vida y que el oficio sea una vocación. Cuando escribía sus novelas, Almudena intentaba meterse en la intimidad de sus personajes para vivir la historia por dentro, pasar de las fechas y de los grandes acontecimientos a la intimidad de un hombre o una mujer que se enamoraban, sentían ilusiones o miedos, compartían ideas, fracasos o esperanzas, en su corazón y en sus miradas. La escritura iba desde los acontecimientos colectivos a la intimidad de los seres humanos. Cuando escribía sus artículos para EL PAÍS, dominaba casi siempre la dirección contraria, se partía de un episodio personal, una escena particular, un acontecimiento íntimo, para trascender y llegar a situaciones que definían la vida colectiva, el aire de una sociedad y un tiempo.

La literatura y la historia son inseparables porque surgen de la vida que hace y deshace a los seres humanos. Almudena se formó en una época en la que estudiar o participar en la movida madrileña suponía afirmar la libertad ante las costumbres de la dictadura franquista que había sometido a España durante muchos años. Y la libertad no suponía sólo votar cada cuatro años. Se trataba de afirmar un modo diferente, más libre, de ser mujer, una manera distinta de vivir la sexualidad o de escribir sobre ella, un deseo de leer los libros prohibidos, de conocer las historias silenciadas, de compartir los pensamientos o de buscar en el quiosco los periódicos. El aire de libertad que supuso la aparición de EL PAÍS hizo posible un nuevo modo de contar las noticias, un deseo hecho realidad de que el periodismo fuese parte decisiva de la democracia, tanto a la hora de informar como a la hora de opinar. Años después, la escritora que había indagado con Las edades de Lulú en los caminos de una nueva educación sentimental o que había habitado la memoria de la clandestinidad y la lucha por la democracia en El corazón helado, se sintió orgullosa de heredar en el periódico la columna de Manuel Vázquez Montalbán para contar, desde sus propios ojos, desde su intimidad, todo aquello que le despertaba opiniones en el día a día de la realidad española. Formó parte de su literatura y de su vida la disciplina de ponerle palabras a la actualidad y de pensarse las cosas dos veces. Nota aquí.



lunes, noviembre 24, 2025

Luis García Montero

 Me pido perdón

Voy a perderme el último concierto de Joaquín Sabina y lo siento

El próximo domingo, día 30 de noviembre, estaré en México y pediré perdón. Me pediré perdón a mí mismo por no compartir con Joaquín Sabina el último concierto en su gira de despedida. La Feria del Libro de Guadalajara, la más importante de la lengua española, se dedicará en esta ocasión a Barcelona para destacar la importancia de la ciudad y de España en la cultura contemporánea. Me hará ilusión estar allí, en el país hermano, pero confieso que sería más feliz compartiendo con Joaquín su último concierto. Y no es que no sepa lo que va a ocurrir, porque ya he tenido la oportunidad de asistir a tres en esta gira. Cuando fui a uno de ellos, Joaquín preguntó: ¿qué número hace? Y como le respondieron, con intención sabinera, que el 69, afirmó con una sonrisa: entonces todo va a salir bien. Poco después, miles de personas coreaban sus canciones.

La poesía tiene mucho que ver con la soledad. Uno intenta ser honesto, precisar el adjetivo o el verbo, comprometerse en cada palabra con la propia conciencia. Y cuando la amistad se hace íntima, llega a parecer que las canciones, los poemas y las historias del otro forman parte de la propia soledad en un círculo reducido. Después de su exilio londinense, tuve la suerte de conocer a Joaquín hace más de 40 años, cuando volvió a Granada, la ciudad en la que había estudiado y se había hecho poeta. Desde entonces hemos compartido libros, naufragios, amores, veranos en la Bahía de Cádiz y también inviernos fríos en cada uno de nuestros corazones. Así que puedo caer en la tentación de confundir a Joaquín con un tesoro personal. Por eso, cuando veo que se llena el Movistar Arena y miles de personas corean emocionadas sus canciones, siento la convicción de que detrás de las soledades hay un nosotros que mantiene todavía el derecho a la melancolía y a la esperanza compartida. En México me pediré perdón a mí mismo para mudarme después al barrio de la alegría. Nota aquí.