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sábado, junio 21, 2025

Luis García Montero

 "Para mí fue tan importante pedir libertad como pensar qué decimos cuando decimos te quiero"

El poeta español, director del Instituto Cervantes, Luis García Montero estuvo en Buenos Aires dialogó con Bae Negocios sobre su último libro "Un años y tres meses" y la presentación de un texto editado institución "El Papa Francisco, Borges y la literatura"

-¿Qué puede hacer la poesía en tiempos violentos?

-A mí me parece muy importante la reivindicación de las humanidades. Vivimos en un mundo que está sometido al negocio. Vivimos en un mundo donde la ciencia trabaja para la especulación y para las grandes multinacionales. Vivimos en un mundo en el que la transformación tecnológica puede servir para someter, controlar, manipular. Del mismo modo que es tonto quien niega la importancia de la ciencia o quien niega la importancia de la técnica es también un tonto, peligroso quien niega la importancia de las humanidades y de la poesía. La ciencia y la técnica eso lo dijo García Lorca Poeta en Nueva York se quedan sin raíces y se convierten en agresivas contra el ser humano, si pierden su relación con las humanidades. No es lo mismo investigar científicamente para crear en medicina vacunas que nos salven de una epidemia, que investigar científicamente para crear una bomba atómica y destrozar en un segundo a una población. Creo que además las humanidades nos ayudan a tomar conciencia de nosotras mismas, de nosotros mismos. Una poesía para mí no es sólo la que habla de lo mal que está el mundo, es la que se pregunta ‘qué digo cuando digo te quiero’. Yo empecé a escribir poesía bajo el lema de que quería construir frente a la dictadura, otra sentimentalidad porque había visto como mi madre estaba sometida en una dictadura donde las mujeres, condenadas a cuidar a sus hijos y a su marido y renunciar a su propia vida. Entonces para mí fue tan importante pedir libertad como pensar qué decimos cuando decimos te quiero. Y eso quien lo cumple es la poesía y las humanidades. Reivindico esa manera de hacer el mundo humano habitable haciendo que vayan de la mano la ciencia, la técnica y las humanidades.

-¿Y encontró esa respuesta a' qué digo cuando digo te quiero'?

-Sí, encontré esa respuesta. Decir, te quiero, es decir, quiero formar un nosotros en el que no haya un predominio y una identidad imperante, sino que haya una construcción de complicidad entre dos identidades abiertas, que se basan en el respeto, la necesidad de cuidar sin ser cuidado y no en la necesidad de demandar. Y fíjate cómo el decirte quiero está unido con la historia porque ahora estamos asistiendo a un mundo en el que la libertad ha dejado de ser el respeto al propio pensamiento para convertirse en la ley del más fuerte. Los millonarios quieren establecer una dictadura del dinero donde impongan los que les dé la gana sin ningún estado que pueda limitar su ambición e imponer unos impuestos que generen la igualdad. Y la igualdad se está convirtiendo no en un mundo en el que se respeta la diversidad y nos tratamos con respeto, sino un mundo donde la ley del mas fuerte, se quiere hacer homogeneización que todo el mundo viva como yo impongo en mi identidad. Se está potenciando otra vez el machismo, el supremacismo, el racismo y eso pues fíjate que lo que genera no es la fraternidad lo que genera son discursos de odio. Donde ya no es que las víctimas odien al opresor, sino que las víctimas son invitadas a odiarse entre ellas como minorías que no pueden optar a una ilusión común de convivencia. En vez de la fraternidad lo que se nos están imponiendo son los discursos de odio.

-¿Y la poesía? ¿Puede ser un arma contra eso?

-Ceo que sí. Mira, yo me eduqué en un momento donde la poesía social luchaba por la libertad y hubo un poeta español Gabriel Celaya que escribió un poema, la poesía es un arma cargada de futuro y le puso música a Paco Ibañez y fue como un himno nuestro. Quitándole el significado bélico a arma yo creo que la poesía sí puede ser un instrumento que nos ayude a pensar en nosotras, en nosotros y en la construcción de un nosotros basado en el respeto es la necesidad de cuidarse y de ser cuidados y no en el predominio del más fuerte.

-¿Cuándo supo que querías ser poeta?

-Nací en Granada en el año 58 y con 10, 12 años descubrí la poesía de Federico García Lorca. Mis padres tenían en casa el volumen de sus obras completas y tuve la suerte de abrirlo por un poema sobre los lagartos que era casi un poema infantil. Después a mí me ha marcado mucho Poeta en Nueva York, pero si yo llego abrir con 12 años Poeta en Nueva York me hubiera quedado fuera. Pero entré en el poema de los lagartos y yo que vivía a las orillas del río Genil en Granada, una afluente del Guadalquivir y que me pasaba los días cazando lagartijas, lagartos, de pronto me quedé conmocionado con ese poema. Después pues empecé a leer otros. Ya algo mayor, leí un libro donde se contaba la muerte de García Lorca y lo que había sido la Guerra Civil en Granada. Fui creciendo y busqué todo lo que estaba debajo de los silencios en la ciudad con la muerte de Lorca. Me hice un lector porque yo creo que debajo del escritor lo que hay es un lector. Mi primer libro lo publiqué en 1980 siendo ya alumno de la Universidad pero yo conservaba libretas donde hacía poemas desde el año 70 y poco. Nota aquí.









domingo, junio 15, 2025

Luis García Montero


 

jueves, mayo 22, 2025

Orillas y Naufragios


 

miércoles, mayo 21, 2025

Manuel Jabois

 Yo aún sí

Miguel Rellán le dijo a Fernando Navarro: “Esos que dicen ‘yo ya no’: yo ya no salgo, yo ya no ligo, yo ya no nada. Pues muérete, hombre”. Sabina es el “yo aún sí”

A última hora, Sabina cambió su arranque de concierto el lunes en Madrid. Iba a empezar con Lágrimas de mármol, pero lo hizo con Yo me bajo en Atocha. Yo me bajo en Atocha tiene una fuerza singular en el cancionero de Sabina. Todo el mundo se ha bajado en Atocha alguna vez, aunque sea para coger aire. Madrid es una ciudad que llegó a tener un parecido a la ciudad que inventaba Sabina en sus canciones, pero había que hacer mucho esfuerzo para seguirlas y, en algún punto, Madrid se cansó. Yo me bajo en Atocha, sin embargo, sigue siendo una canción compuesta ayer. Su “vuelva usted mañana” y su “sálvese quién pueda”, su “todo es ahora” y su “nada es eterno”. Al terminar de cantarla se emocionó. Se emocionó varias veces más: cuando recordó a Isabel Oliart, Sara Meret y Mónica Carrillo; cuando recordó a Chus Visor, Luis García Montero y a Benjamín Prado; cuando le cantó a Chavela Vargas; cuando dijo que cantaría Calle Melancolía; cuando se fue del concierto, cuando volvió al concierto. Arrugaba la mirada, mirando al público o al vacío. De camino a casa, pateando piedras, pensé en que quizá no contaba con seguir a estas edades, tanto tabaco y tanto whisky después, el ictus y luego la depresión, la muerte de los amigos, la separación de otros. De repente pasa todo eso y te ves a los 76 años encima de un escenario —ya sin moverte mucho, mirando de reojo el teleprompter— con el amor de tanta gente; es normal el estupor. Lo que le dijo Miguel Rellán a Fer Navarro: “Esos que dicen ‘yo ya no’: yo ya no salgo, yo ya no ligo, yo ya no nada. Pues muérete, hombre”. Hay en los conciertos de Sabina un mensaje político que viene a decir: yo aún sí. Hasta las letras de las canciones significan ya otras cosas, y da igual. Dijo una vez que el éxito había sido La Mandrágora y que lo que vino después fue una cosa más bullanguera, más de la chusma. Pero es que a veces la vida es eso: unos añitos para saber quién eres, y luego ya todo es orquesta y darle a los platillos. Nota aquí.



lunes, mayo 12, 2025

Luis García Montero

 Leonera

La vida pasa por nosotros y nos demuestra una y otra vez que la memoria es más traicionera que la imaginación.

Las ciudades, los relojes, la memoria y el tiempo son una leonera. Lo sabe la buena literatura porque conoce bien a las personas que bajan los escalones, salen a la calle y se ponen a caminar con la ilusión de que todo está regularizado. Pero los ojos, si vamos de extranjeros, se llenan de muchas sorpresas. Y si ejercemos la normalidad en nuestro vecindario, en el camino de todos los días, estamos expuestos a que los latidos desobedientes del corazón empiecen a dialogar con los rumores de un portal, mientras el reloj que llevamos en la muñeca salta del viernes al sábado, del mañana al pasado, de un paseo diario a un beso de despedida que ocurrió hace mucho tiempo, incluso en otra ciudad o en otros labios. La vida pasa por nosotros, contra nosotros, a favor de nosotros, sobre los espejos, las fotografías, los libros, los armarios, las sábanas de una cama, los sueños, y nos demuestra una y otra vez que la memoria es más traicionera que la imaginación, que las manos se mueren poco a poco si vivimos un amor con deshonestidad y que nadie está a salvo del dolor, pero una ruptura a tiempo es menos catastrófica que un adiós aletargado en su retraso.

Salgo a la calle, voy conmigo mismo, aunque mi sombra y yo vamos a sitios distintos. Esta ciudad es una habitación doble de uso individual, procuro buscar cierto orden en mi caminata. En seguida me doy cuenta de que he empezado por el final. No me pongo nervioso al desorientarme. El amor, los hijos, el cine y literatura me han enseñado a convivir con las preguntas que se me escapan del corazón. Mientras discuto el desarreglo de mis tiempos, mis recuerdos, mis alegrías, mis heridas, mis ganas de vivir, veo a través de una ventana que alguien está leyendo un libro. Sonríe. Sonrío. Me acerco, saco un bolígrafo que no funciona, busco en el bolsillo otro, este sí, y apunto los datos. Es de Fernando León de Aranoa, se titula Leonera (Seix Barral, 2025). Nota aquí.



viernes, mayo 09, 2025

Charly García

 El Instituto Cervantes nos cuenta por Facebook.

El padre del rock argentino ya forma parte de nuestra #CajadelasLetras.
#CharlyGarcía ha elegido la letra de la canción #LosDinosaurios, una crítica en forma de metáfora a las desapariciones forzadas de la dictadura argentina, y su último disco, #LaLógicadelEscorpión, como legado simbólico a la #CajadelasLetras del Cervantes, del que ha hecho entrega hoy en #BuenosAires a #LuisGarcíaMontero, director de la institución.. Nota aquí.




jueves, mayo 08, 2025

Luis García Montero

 Pasear contigo

Con una lentitud
de luces y de vientos que nunca conocí,
han crecido los plátanos
y las casas antiguas de estas calles.
Detrás de sus balcones se vivieron
fiestas que no eran mías,
guerras que no sufrí,
ambiciones que no me dominaron,
muertes que no he sentido.
Cruza la gente y habla
en un hermoso idioma que me cuesta
trabajo comprender.
Y sin embargo
esta ciudad es mía,
pertenece a mi vida como un puerto a sus barcos.
Sin duda es la memoria
de algunos novelistas y un poeta.
Y sin duda, también, es la importancia
de pasear contigo,
de tu mano en mi mano, de nuevo adolescente,
tu cabeza en mi hombro,
tu silencio en el mío.



miércoles, mayo 07, 2025

Almudena Grandes

 Almudena Grandes o la lealtad de recordarla con alegría

Un documental de Azucena Rodríguez retrata a la escritora madrileña mediante imágenes inéditas y testimonios propios de la autora y su familia.

Un temblor… Para quienes la conocían de cerca, la poderosa presencia en imagen de Almudena Grandes (Madrid 1960-2021) nada más aparecer en pantalla dentro del documental que le dedica Azucena Rodríguez produce ni más ni menos que eso: un temblor. Inmediatamente, retornan a la vida su voz ronca, la sonrisa partida por los dos dientes incisivos superiores, su carisma visceralmente moreno, el arrastre apasionado que encendía en quien la escuchaba contar lo que había leído o escrito en cualquier momento, sus pertinentes teorías de identificación con héroes como Ulises o con la paciencia de Penélope, con las peripecias galdosianas y su más que pertinente paralelismo entre la literatura y la cocina.

Y, sobre todo, esa alegría contagiosa, esa cabezona autoexigencia a la hora de demandar justicia por nuestros desvaríos, pero nunca desde el rencor, siempre contra el odio, con la bandera luminosa de la alegría.

Es una de las palabras que mejor la definían y a la que sus hijos, Mauro, Irene y Elisa, o su marido, el poeta Luis García Montero, y sus mejores amigos, pese a la tristeza que les produce su ausencia, se han impuesto como una lealtad para recordarla y mantener vivo su legado. Y es la emoción que principalmente despide Almudena, el documental que se estrena el 14 de mayo en cines, producido por Gerardo Herrero y Mariela Besuievsky, quienes solían adaptar sus novelas a la pantalla. “Ni un rastro de tristeza en el recuerdo, eso es lo que sirve para hacerle justicia”, asegura Rodríguez.

“Almudena veía en la alegría una forma de resistencia”, asegura García Montero. Para el poeta, la felicidad es una palabra que encierra cierta soberbia. “El contrato social ilustrado se hace en torno a la felicidad pública. Pero quien tiene ojos para mirar la realidad no puede identificarse mucho con ella porque hay gente que sufre constantemente. Sin embargo, la palabra alegría puede convertirse en ese estado de ánimo pegado a la piel de la gente dispuesta a luchar por la mejora del mundo, aunque veamos grietas en él. Yo creo que Almudena era consciente de eso”.

Y lo aplicaba en casa y en la calle. “Conocía la gravedad de su enfermedad. Pero cuando se mostraba segura de salir adelante mantenía una actitud positiva que era una forma de cuidarnos a nuestros hijos y a mí. Para protegernos. Comprendí entonces que la alegría en ella se convertía en una estrategia vital para seguir resistiendo”. Nota aquí.





lunes, abril 28, 2025

Luis García Montero

 Dios mío

Confieso que he conseguido hacer compatible la razón con la poesía, pero nunca pude unir la razón con la fe.

El poeta Ángel González estaba muy orgulloso de su ateísmo. Tiene mucho mérito no creer en Dios después de haberlo visto. Lloraba en su cama, tapándose con las sábanas para no ver las heridas que la barbarie humana le había provocado, cuando una silueta luminosa se hizo presente encima de su cabeza. Sintió que era Dios, no había duda. Nunca se negó a sí mismo el privilegio de haber visto a Dios, aunque sus mejores amigos mantuvieron después que se trató de un delirio provocado por la tuberculosis, alojada ya en su cuerpo, su hambre y el recuerdo de un hermano fusilado con la bendición de la Iglesia católica. El caso es que Ángel vio a Dios, pero no pudo creer en él.

Darío Jaramillo Agudelo, poeta colombiano, también vio a Dios y mantuvo varias conversaciones con él antes de que desapareciese. La divinidad llegó hasta Darío en forma de serpiente. Todo un detalle presentarse como el demonio delante de Adán. En otras ocasiones Dios no renuncia a su grandeza. Al sentirse agua, se identifica con el río Amazonas para que los elegidos vean su hermoso poder sobre el mundo. El Amazonas tiene mucha autoridad, ya se vea desde un avión o en una barca.

El ser humano pasó de la esclavitud a la servidumbre cristiana y luego a la razón ilustrada. Confieso que yo he conseguido hacer compatible la razón con la poesía, pero nunca pude, ni siquiera en mis momentos más poéticos, unir la razón con la fe. Así que Dios es solo un conocido, un buen amigo de algunos amigos míos. Quedo con ellos para tomar una copa de vino y un poco de pan. Entonces le pregunto a Dios, ¿estás contento de ti mismo? Responde que no, se siente un pecador, no soporta todo lo malo que hay en su creación. Hablan mucho de mí, pero esto es intolerable, dice. Murmuro ¡Dios mío!, y me pongo a pensar con mis amigos creyentes en qué podemos hacer por este mundo. Cada uno en lo suyo, nos ayudamos a no caer en la tentación del clericalismo. Nota aquí.



viernes, abril 11, 2025

Joan Manuel Serrat

Los tesoros que Serrat deposita en la Caja de las Letras: de la partitura original de ‘Mediterráneo’ a la antología de Miguel Hernández

El cantautor catalán, último Premio Princesa de Asturias de las Artes, deja su legado en la bóveda del Instituto Cervantes.

Joan Manuel Serrat, último Premio Princesa de Asturias de las Artes, depositó este jueves su legado en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes en Madrid. El cantautor catalán dejó la partitura original de la primera grabación de Mediterráneo; una copia de su primer álbum, que grabó en 1965; una antología poética de Miguel Hernández que compró en Madrid — y que le sirvió de base para poner música al primer trabajo que dedicó al poeta oriolano— y una máquina de escribir. “No he hecho prácticamente nada en la vida pensando que iba a dejarle algún legado a nadie y a nada, ni cuando mis hijos nacieron”, dijo a la prensa al inicio de su homenaje. Y agradeció: “Gracias por darme el homenaje, que es dejarme en vida entre tan buenos muertos”.

Serrat, emocionado, aprovechó el momento para reivindicar la herencia de Miguel de Cervantes, que “sigue perfectamente vivo” y cuyos personajes “siguen diciendo unas cosas que nos pueden ser hoy en día también muy útiles”. También defendió el ideal quijotesco que, según dijo, “está pasando por un mal trago, un mal momento realmente”. “Don Quijote saldría muy mal parado, mucho peor que lo que salió en su época original, en el siglo XXI”, contó.

Luis García Montero, director del Cervantes, aseguró que la entrada de Serrat en la Caja de las Letras está avalada por el “poder creativo” de sus canciones y su “diálogo” con la poesía de autores como Machado, Rafael Alberti o Joan Margarit. “El noi del Poble-sec supo crear un mundo propio en diálogo con la canción catalana, creó la educación sentimental de los españoles y mostró que el sur también existe: nos ha enseñado a vivir con versos en la boca”, remarcó. En el acto también participaron el presidente de la Asociación de Editores de Madrid, Manuel González; la esposa de Serrat, Candela Tiffón, y la secretaria de Estado para Iberoamérica y el Caribe, Susana Sumelzo.

El depósito del legado coincidió con la entrega del Premio Antonio de Sancha, concedido por la Asociación de Editores de Madrid al propio Serrat, quien lo recibió tras dejar sus objetos en la caja fuerte de la institución. “Los premios, cuando te los dan con cariño y respeto por lo que tú haces, te provocan también a ti ese mismo sentimiento por todos los demás. Todos los premios han sido muy agradecidos, pero seguramente, y lo digo con toda sinceridad, en algunos casos podían haber caído en mejores manos”, dijo. Nota aquí.

martes, marzo 25, 2025

Carmen Martín Gaite

 

domingo, marzo 23, 2025

Ángel González

 

domingo, marzo 16, 2025

Luis García Montero

 La libertad es una librería

Cuando el poeta catalán Joan Margarit quiso definir la libertad, pensó en escenas históricas y situaciones personales que nos permitieran comprender una razón personal de vida y una conciencia política. Recordó su historia, la historia sentimental de un poeta que había aprendido a ser libre en una dictadura. Y después de convocar palabras como república y civil, huelgas generales, exilios, mítines, parques públicos, apuestas por un amor sin represiones y la primera jornada electoral, afirmó que “La llibertat és una llibreria”.

Rafael Alberti y María Teresa León volvieron del exilio en 1977. Los hermanos Lagunero pusieron en marcha dos años antes la Librería Rafael Alberti, una importante referencia cultural de Madrid que conduce Lola Larumbe desde 1979. Me gusta celebrar las librerías de Madrid, su lucha por la libertad democrática en los años difíciles de la dictadura y la Transición, ahora que se extiende por España la imagen de un Madrid convertido en la selva de los negocios privados y las corrupciones. El Madrid oficial considera que la libertad es la ley del más fuerte. Pero Madrid es otra cosa, vamos a no olvidarlo, y los libros ayudan a no olvidar.

La Librería Alberti celebra sus 50 años. Abrió sus puertas cuando las fuerzas del orden eran todavía una represión sin tapujos sobre la vida, el trabajo, la prensa y la cultura. En el escaparate de la Librería Alberti hubo que colocar cristales de seguridad contra las piedras y las balas. El nombre de Visor y el recuerdo de Antonio Machado habían servido antes a los hermanos García Sánchez para enfrentarse al silencio, aunque tuvieron que esconder la palabra prohibida en rincones poco visibles mientras soportaban el ruido de las amenazas y los atentados. 

Había que tomar la palabra. Se abrieron librerías en barrios obreros, como Jarcha, animada en Vicálvaro por Fernando Valverde, o en el barrio de Salamanca, como Miraguano, la librería que fundaron José Javier Fuente del Pilar y Pepa Arteaga en la calle Hermosilla. Luis Sancho recuerda las primeras visitas de Emilio Lledó y Rafael Sánchez Ferlosio a El Buscón, una librería de La Prospe especializada en humanidades y filosofía. Reyes Díaz-Iglesias sonríe al contar la bronca que le cayó al poco de abrir Naos. Una señora pidió Camino y ella buscó en las estanterías El camino de Miguel Delibes. ¿Cómo era posible que aquella librera desconociese la obra maestra de Josemaría Escrivá de Balaguer? Las librerías que recuerdo de aquel tiempo tuvieron mucho más que ver con las parroquias obreras en las que se reunían los movimientos sociales que con el catolicismo del Opus Dei.

Tanto en los años más duros como en las mañanas de la Transición, fue clave el papel de la cultura y las librerías en la lucha por la democracia. Las librerías fueron democracia en toda España, es verdad, y cada ciudad o cada persona tiene su historia. Yo estoy muy agradecido a lo que aprendí en la Librería Teoría de Granada cuando entré a trabajar en 1978 como dependiente y muchacho de los recados. Pero no está de más volver ahora los ojos a aquel Madrid, porque no podemos olvidar que esta ciudad jugó un papel decisivo en la construcción de la democracia y en la lucha contra las falsas banderas del patriotismo que humilló una y otra vez a los españoles. La cultura nos enseñó entonces que la libertad política no era una diversión entretenida, sino un compromiso con los derechos sociales y la dignidad de las personas. 

Celebrar los 50 años de la Librería Rafael Alberti supone comprender la dimensión ética que late en palabras como democracia, realidad y cultura. Hablar con los libreros de entonces ayuda a recordar la mejor cara de Madrid, lo que significó en los años 70 ser la capital de España. Nota aquí.



viernes, febrero 28, 2025

Luis García Montero

 “Hubo un momento en el que estaba mal visto que fueras intelectual y te gustara el fútbol”

El director del Instituto Cervantes comparte una jornada de literatura y balompié con el exfutbolista Jorge Valdano con una pasión en común: letras y deporte.

Para Jorge Valdano, el fútbol sin la palabra es muy poca cosa. “A mí el fútbol me entraba de pequeño a través de la radio o de una revista, hasta los 16 años no vi mi primer partido”, aseguró este lunes el argentino, campeón del mundo con su país en 1986. El exfutbolista, también exentrenador, desde hace muchos años comentarista televisivo y escritor, se encontró este lunes en el Instituto Cervantes con su director, el poeta, crítico literario y ensayista Luis García Montero. En el primer evento del proyecto Letras Móviles, un nuevo programa de Thinking Heads que trata de fusionar deporte y literatura a través de varios personajes conocidos de ambos mundos, Valdano y García Montero explicaron sus vivencias y llegaron a una conclusión común: el fútbol y la literatura son dos pasiones perfectamente compatibles.

“Hubo un momento en el que estaba mal visto que fueras intelectual y te gustara el fútbol”, subrayó García Montero. “La literatura tiene una experiencia del tiempo, donde la herencia humana se comparte como una experiencia de bien común y a mí me gusta que el fútbol sea un deporte de equipo, donde uno puede tener mucha calidad, pero si te falla la defensa estás poniendo en peligro al conjunto”, relacionó. El fútbol, coincidieron él y Valdano, es además un deporte de identidad, en el que los aficionados desarrollan con el paso de los años una pasión que crearon de niños. Uno se siente identificado con aquel que es de su mismo equipo de fútbol o con el que comparte un ídolo. La personalidad se forja jugando con un balón en la calle desde pequeño. “La calle tenía una gran ventaja: cuidaba al jugador diferente”, rememoraba Valdano de cuando él mismo era un niño de la pequeña localidad de Las Parejas, en la provincia argentina de Santa Fe. “En aquella época, si jugabas mal al fútbol eras criticado. En la calle es muy fácil descubrir el talento original, en la academia hacen mejores a los mediocres”, aseguró.

En la historia del fútbol, recordaron ambos, ha habido deportistas que han unido goles y letras. Un gran ejemplo de ello fue el brasileño Sócrates (Belém, São Paulo, 1954-2011). Fue médico, además de futbolista, conocido por ello como “doctor”. Capitán de Brasil, participó en los Mundiales de 1982 y 1986. Intelectual, fue articulista, escritor e implicado políticamente con la izquierda, autor de Democracia Corintiana: a utopia em jogo, junto al periodista Ricardo Gozzi. El texto no era sino el relato de un movimiento democrático de funcionamiento interno creado en el Corinthians brasileño, el club en el que jugó Sócrates entre 1978 y 1984. Un modo de proceder revolucionario para su época, pues coincidía con los últimos años de la dictadura militar que cayó en 1985 y dio paso a la democracia.

Además de Sócrates, ha habido otros. Pepe Mel, César Luis Menotti, Miguel Pardeza, Óscar de Marcos y el propio Jorge Valdano han escrito libros relacionados con la que es o fue su pasión. “El balón fue mi primer medio de vida y la palabra ha sido el segundo”, subrayó Valdano. García Montero también dedica unos versos al fútbol en su poema Domingos por la tarde, incluido en su libro Vista cansada. Para el granadino, “el fútbol y la literatura son un diálogo con el tiempo”, no solo por el gol que entra en el descuento y da que hablar, sino por los argumentos que se generan con el paso de los días, como cuando algunos dieron por perdida a la selección argentina contra Corea del Sur en la fase de grupos del Mundial 86 y después, la albiceleste consiguió alzarse con el título en la final ante Alemania. “No conviene que demos a estas cosas un valor excesivo. Son noventa minutos en un vaso de agua. Pero a mí me han quitado muchas veces la sed”, concluye García Montero en Domingos por la tarde. Nota aquí.



jueves, diciembre 19, 2024

Luis García Montero

 ‘Tachia’

La actriz Conchita Quintana demuestra que las historias sentimentales pueden acabar bien

Aunque parezca mentira en los tiempos que corren, hay cosas que salen bien, historias que discurren con una naturalidad hermosa. La semana pasada, en la donación al Instituto Cervantes de la biblioteca que la familia del escritor Gabriel García Márquez conservaba en París, tuve la suerte de saludar a la actriz española Conchita Quintana. Se la conoce como Tachia, porque así la bautizó Blas de Otero. El poeta no sólo mantuvo con ella una relación amorosa a principios de los años 50, sino que creó un personaje poético con las sílabas finales de su nombre. Tachia nació de Conchita y de la poesía. “Tachia, los hombres sufren. No tenemos / ni un pedazo de paz con que aplacarles”, escribió Blas en uno de sus poemas de Ancia, mientras caminaba por Bilbao y París en busca de un verso que viviese en medio de la calle. Ser libre fue, entre otras cosas, mirar “a Tachia descaradamente”.

En París, a la salida de una lectura poética, Tachia conoció a un joven periodista llamado Gabriel. Mantuvieron en 1956 una intensa historia de amor que luchó contra las dificultades económicas y se abrió paso en la literatura y en la vida. Cuando se acabó la relación amorosa, no hubo gritos, sino despedidas y amistad. Casado Gabo con Mercedes Barcha, la familia heredó esa amistad y compartieron nuevos días en París. Gracias al entorno de Tachia y a la familia García Barcha, la biblioteca que tenía el novelista en su casa de París, con muchas traducciones de su obra y una colección de lecturas preferidas, ha llegado al Instituto Cervantes. Lo celebro en esta columna. Celebro haber conocido a Tachia a sus 95 años. Y celebro que las historias sentimentales puedan acabar bien, en amistad, pese a algunos secretos que nos han contado los biógrafos y los amigos de aquel tiempo. Los argumentos de la vida pueden suceder sin crispaciones ni odios. Mejor guardar los libros. No hay por qué tirarse los trastos a la cabeza. Nota aquí.



miércoles, diciembre 11, 2024

Homenaje a Rafael Alberti


 

lunes, diciembre 09, 2024

Luis García Montero

 Sobre la esperanza

"No, que no desemboca. Agua fija en un punto, / respirando con todos sus violines sin cuerdas”. Son dos versos del poema Niña ahogada en el pozo de Federico García Lorca. En la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, el poeta granadino ha estado muy presente. El Instituto Cervantes y la Universidad Nacional Autónoma de México han presentado una edición de Grito hacia Roma, traducido a 27 lenguas indígenas latinoamericanas. Es el gran poema de Lorca contra el autoritarismo, los vientos de odio y los negociantes de la represión y la guerra. Negarse a la violencia supone tomarse en serio los instintos humanos, los juegos, la infancia y la educación de los niños que deben imaginarse el futuro mientras cumplen sus años.

Entre acto y acto en la Fil, me escapo a Zapopan para ver en el MAZ Museo la exposición “Vals en las ramas. Federico García Lorca y Guillermo Kuitca”, un proyecto de Sonia Becce y Laura García Lorca. Las relaciones del poeta de Granada y el pintor argentino son un buen modo de indagar en los vínculos culturales de España y Latinoamérica. Buena exposición. Uno empieza a caminar a través de la poesía en busca del diálogo entre identidades y acaba pensando en la condición del ser humano. Todos los seres humanos nacen libres en dignidad y derechos. El primer artículo de la Declaración Universal de los Derecho Humanos, por desgracia, habla más de un deseo de justicia que de una realidad. Esta apuesta por el derecho natural, que va más allá de la ciudadanía de un pasaporte, porque necesita llegar hasta las personas de carne y hueso, me devuelve a la infancia, a los poemas que observan el origen, a los peligros de la descomposición del futuro cuando el destino nos condenaba desde niños a la oscuridad de los pozos. Nota aquí.


martes, noviembre 19, 2024

Luis García Montero

 Joaquín Machado, un hermano

La verdad hay que buscarla en un inextricable laberinto de mentiras. Es uno de los aforismos de Joaquín Machado que ahora publica Ediciones Micomicona, Dando vueltas al atajo, gracias a Beatriz Lorenzo Gómez de la Serna y Jesucristo Riquelme. La verdad no sólo lucha contra la mentira, también contra el olvido.

La cultura española contemporánea está acostumbrada a comparar a Manuel y Antonio Machado. Hubo una época en los años del Modernismo que Antonio sólo era un hermano de Manuel. Después Manuel fue el hermano de Antonio, don Antonio. Siempre ha supuesto una emoción histórica para sus lectores más devotos que, frente a las rivalidades literarias y las heridas bélicas, la fraternidad entre Manuel y Machado estuviese por encima de las circunstancias. Pero también conviene ahora aprovechar la ocasión y recordar que la verdad lucha contra el olvido. Una catástrofe como el golpe de Estado de 1936 y la Guerra Civil no sólo afectó a los nombres más altos de la cultura, Federico García Lorca, María Lejárraga, Ramiro de Maeztu, Pedro Muñoz Seca o María Teresa León, sino también a autores de menos relieve y, sobre todo, a mucha gente anónima abocada a las armas, las venganzas, la represión, la muerte o el exilio. Maldito golpe de Estado de 1936.

Por eso conviene recordar que, bajo las cifras y las estadísticas de víctimas, exiliados o presos, hay nombres y apellidos, experiencias personales de desolación. Mientras no se considera el carácter humano individual en el que actúa cada tragedia, no podemos valorar los efectos reales de un acontecimiento. Allí donde termina la mentira, allí está la verdad… si es que la mentira termina en alguna parte. Es otro de los aforismos de Joaquín Machado. En la historia de la familia, la guerra civil cayó, por ejemplo, sobre los grandes poetas Antonio y Manuel, pero también sobre Ana, José, Carmen, Mateo, Eulalia, otra Carmen, Francisco, Mercedes, otra Ana, Miranda, Leonor… y Joaquín (1881-1955), el hermano de Antonio y Manuel que vivió un exilio difícil en Chile, escribió artículos en La Verdad de España y coleccionó una serie de aforismos en un cuaderno para dejar testimonio de su realidad más íntima en medio de las nostalgias españolas y de los grandes conflictos internacionales. Nota aquí.





martes, noviembre 12, 2024

Luis García Montero

 Nélida Piñón

Tras su postrera despedida, la escritora quería seguir hablando con los lectores de su identidad, de sus experiencias como mujer y de literatura.

Acabo de leer el libro póstumo de la escritora brasileña Nélida Piñón, Los rostros que tengo (Alfaguara, 2024). Llamarla escritora brasileña es correcto, pero insuficiente, porque ella siempre supo que llevaba muchas cosas dentro de sí y tenía muchos rostros. Cuando un médico le dijo que su enfermedad era irremediable, empezó a ordenar su memoria y se puso a escribir un libro para despedirse. No quería que la vida se agotara con su entierro. Después de la postrera despedida, iba a seguir hablando con los lectores de su identidad, de sus experiencias como mujer y de literatura. Nacida en Brasil y escritora en portugués, sus orígenes mestizos de abuelos emigrantes le conformaron también un alma en gallego y español. Sentirse española no era una traición a Brasil. Esa certeza le ayudo a mantener el sentido crítico de una pregunta: ¿Quiénes somos nosotros, además de griegos, latinos, visigodos, celtas, íberos, árabes, africanos, asiáticos, antes que indígenas brasileños, de una misma carne mestiza?

Admiro, después de la despedida, a mi amiga Nélida Piñón no sólo por novelas como La república de los sueños o Un día llegaré a Sagres. La admiro también por haberme invitado a asumir los conflictos, negándome al mismo tiempo a la indiferencia ante el mal y a la creación populista de paraísos sin grietas. Y le agradezco que en una de sus anotaciones declarara que Brasil era su testigo, pero su casa estaba en su alma. Ante tanta consigna que invita al paraíso o al odio, las palabras de Nélida nacen del compromiso con la propia conciencia, la voluntad de comprender que las historias comunes forman parte del yo, pero el yo no puede someterse a ningún discurso totalitario. Somos brasileños, españoles, visigodos, árabes o africanos. No podemos saber de nosotros si nos negamos a reconocernos en los demás. Y seguimos hablando. Otro maestro, Luis Rosales, me enseñó que la muerte no interrumpe nada. Nota aquí.



miércoles, octubre 30, 2024

Luis García Montero

 La metamorfosis de España

Despierto y mi país no es un escarabajo, como había sentido en el sueño intranquilo de la crispación

El tiempo del ayer se empeña en hacerse presente por mucho que pasen los años. 20 años, 100 años no son nada. Recordamos con disciplinada melancolía cultural que Franz Kafka murió hace 100 años, y el mundo vuelve a despertarse como Gregorio Samsa, el protagonista de La metamorfosis, en su cama, pero convertido en un escarabajo después de un sueño intranquilo. Al pensar en sí mismo no encuentra consuelo. El bicho es muy feo por dentro y por fuera. Los atentados, las invasiones, los bombardeos, los genocidios y las complicidades definen bien el argumento de una realidad monstruosa. Las posibilidades de la metáfora kafkiana aluden también a los autoritarismos despóticos, los fanatismos religiosos, los odios militantes y las democracias que traicionan sus valores al servicio de un capitalismo sin escrúpulos, simbolizado hoy por las fábricas de armas y los misiles que cruzan las sociedades en forma de bulo.

Pero el amor a la literatura sirve para darle la vuelta a la realidad y a sus mejores ficciones. La imaginación supone un diálogo con la esperanza. Pienso en España y le doy la vuelta al despertar de Franz Kafka o de su protagonista en La metamorfosis. El sueño intranquilo de la crispación me había hecho vivir en una realidad mediática llena de insultos, catástrofes, corrupciones, fanatismos, monstruos, bichos, escarabajos y traidores. Me dolía España como a Unamuno. Intentaba sobrevivir en un Estado policial, una dictadura parecida a la de Venezuela, un nido de migrantes malísimos, un infierno en el que ardían los pecadores más infames del mundo según pregonaban los pseudoperiodistas y los depredadores en las redes sociales. Pero de pronto me despierto y España no es un escarabajo, las cifras del empleo y la economía son buenas y su presencia en el mundo es más envidiable que nunca. Así que no quiero volver a dormirme. En las viviendas quedan todavía muchas cosas por arreglar. Nota aquí.