viernes, agosto 29, 2025

Carlos Salem

 La mano es una araña

con patas de caramelo.
Un árbol libre de raíces.
Un pulpo incompleto.
La mano es un país poblado de recuerdos.
En vano intenta aprender
el arte del olvido.
Existe solo porque ha rozado y quizás roce
el principio que hay
al final de un horizonte.
Lo que la mano toca
se lo queda y te devuelve
el papel de regalo
que protegía su piel
o la encerraba.
Mi mano se escapa cuando duermo,
a tejer con otras manos cierto guante,
un tacto de algodonosos simulacros
que acaricie de verdad
cada mentira.
La mano
es un pentagrama
y el cuerpo un piano.
Lo que escribe en el aire
se borra al pronunciarlo.



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