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domingo, julio 26, 2026

Benjamín Prado

 "Para mí Almudena Grandes siempre reinará en Rota, con la espumadera en la mano, sobre todo el rebaño de sus admiradores"

El poeta y escritor rinde homenaje a sus maestros y amigos en unas memorias que son una auténtica delicia. Se titulan ‘Qué estoy haciendo aquí’ (Alfaguara) y por ellas pasan Alberti, Octavio Paz, Vargas Llosa, Ana María Matute, Almudena Grandes, Sabina, Paul Auster, Bob Dylan... Emocionan, divierten e instruyen, mientras revelan los entresijos del mundillo cultureta con la sabiduría del intelectual y la intimidad que compartió con ellos. Benjamín es el protagonista de nuestra sección de los viernes Club Esquire: la entrevista.

Creo que no hace falta que te recuerde que Benjamín Prado (Madrid, 1961) es un escritor muy especial para mí –si te lo perdiste, revisa aquí la entrevista que le hice por su novela policíaca El anillo del general (Alfaguara) y la siguiente, por su poemario La edad de los fantasmas (Visor)–. Pero en esta ocasión, mi admiración y agradecimiento son mucho más profundos. Primero, porque acaba de publicar unas memorias tituladas Qué estoy haciendo aquí (Alfaguara) que son una auténtica delicia y una clase magistral de literatura, en las que repasa sus vivencias –diurnas y algunas abiertas hasta el amanecer– junto a grandes nombres de las letras, la música y la cultura en general: Alberti, Octavio Paz, Vargas Llosa, Ana María Matute, Almudena Grandes, Javier Marías, Ángel González, Paul Auster, Gil de Biedma, Bob Dylan, Leonard Cohen, Patti Smith… Y segundo, porque el que fuera mi primer jefe en el periódico Diario 16 ha tenido a bien publicar en la faja y en la contraportada de su nuevo libro las palabras que un día le dediqué: “Una de las voces más sensatas, interesantes y entretenidas de nuestra literatura, además de un divulgador empedernido”. Ana Trasobares, Esquire. ¿Se puede ser más generoso? ¡Gracias, querido jefe!

El caso es que Benjamín, por H o por B, siempre me toca la fibra sensible y esta vez muy especialmente en el capítulo El periodista, en el que lógicamente narra una época que bien conocí. El poeta, El dramaturgo, El novelista y El letrista son los otros apartados de unas memorias envidiables que te hacen reír y llorar, que emocionan, que instruyen, que divierten y que te revelan los entresijos del mundillo cultureta con la sabiduría del intelectual y la cercanía y la intimidad que solo poseen los que forman parte de este círculo sagrado.

Hoy pillo al autor de las novelas Raro (1995) y Dónde crees que vas y quién te crees que eres (1996); de la saga detectivesca protagonizada por Juan Urbano y de los libros de poemas El corazón azul del alumbrado (1990), Cobijo contra la tormenta (1995) o Marea humana (2007) recién llegado a Rota, su lugar de vacaciones donde comparte patio desde hace años con vecinos tan ilustres como Joaquín Sabina o Luis García Montero, sus íntimos desde ni se sabe. Y le pillo feliz porque, además, el día anterior ha celebrado su cumpleaños y, aunque sopló 65, la palabra jubilación no aparece en su diccionario. Es más, tiene previstas algunas de sus veladas-concierto donde recita versos al son de la música; está acabando también un “librillo”, dice, sobre la Generación del 27 –él es premio Generación del 27, además de Hiperión de Poesía y otros tantos más–, y, por si todo esto fuera poco, repetirá como actor, después de disfrutarle en la serie de Sorogoyen Los años nuevos. Menos mal que sus colaboraciones en radio y televisión le dejarán descansar unas semanas hasta el nuevo curso, porque relajarse ahora es lo que necesita. Eso dice.

He tenido una suerte biológica extraordinaria. Empecé a escribir en un momento en el que todavía estaban vivos los poetas de la Generación del 27, los autores del Boom latinoamericano y los escritores de la Generación del 50. Y convivíamos todos. Estos recuerdos merecían convertirse en unas memorias

Feliz cumpleaños, Benjamín, espero que disfrutaras mucho de tu día.

Gracias, pero no se enteró casi nadie porque coincidió con el cumpleaños de Lamine Yamal (risas).

¡Ay, qué injusta la fama!

Hombre, yo voy a pasar la tarde sentado con todos los vecinos de Rota viendo su partido y él no va a venir a mi próxima lectura. Pero bueno, qué se le va a hacer (risas)

O sea, que ya estás de vacaciones en tu querida Rota. ¿El plan es pasar allí todo el verano o saldrás de gira con alguna de tus veladas literarias de música y poemas?

En verano intento no hacer prácticamente nada, pero alguna cosa tengo: Alcalá la Real, Santander y Logroño. Necesito descansar. ¿Sabes qué me pasa? Que, con el despiste que llevo encima, nunca meto mis libros en el calendario. Por ejemplo, las memorias que acabo de publicar, previsiblemente, pensé que tendrían cierta repercusión, pero hice como si no. Así es como organizo mi agenda pensando en mis cosas y, de repente, aparecen setenta u ochenta entrevistas, viajes de promoción, presentaciones… Ahí ya me supera todo. Siempre me pasa igual: hasta que llega el momento, hago como si no existieran las promociones de mis libros. Así soy yo: un desastre.

Desastre no, hombre, lo que pasa es que tocas muchos palos: escritor, poeta, letrista, colaborador en radio y televisión, actor principiante…

Sí, luego te cuento otro proyecto interpretativo que me ha surgido (risas)… Es que sigo pensando lo mismo desde que era joven, cuando creía que a nadie le iba a interesar lo que hacía. Luego resulta que le interesa a más gente de la que esperaba y, por tanto, tengo que hacer muchas más cosas de las que imaginaba. Pero bueno, no me quejo. Al revés. Yo feliz. Eso sí, me canso. Así que este verano me lo voy a tomar de relax total. Estoy terminando un librillo sobre la Generación del 27 que publicaré próximamente y poca cosa más: cuatro viajes, playa y los vecinos.

Hablemos ya de esas memorias tan jugosas que titulas Qué estoy haciendo aquí (Alfaguara), una auténtica delicia que he disfrutado de principio a fin porque hacen reír y hacen llorar, enternecen, divierten y, por encima de todo ello, instruyen como una clase magistral de literatura, mientras vas revelando intimidades de vida y de obras, tanto propias como de grandes nombres de la cultura universal con los que te has cruzado. ¿En qué momento vital decides escribir tus vivencias?

Cuando me doy cuenta de que llevo toda la vida guardando esos recuerdos y de que realmente merecían convertirse en unas memorias. Como se decía en el escondite: “Por mí y por todos mis compañeros”. Pero también cuando empecé a notar algunos olvidos, cuando vi que había nombres que ya no recordaba o episodios que empezaban a difuminarse. Entonces pensé: “Es el momento. No vaya a ser que luego sea demasiado tarde”.

Y es que yo he tenido una suerte biológica extraordinaria. Empecé a escribir en un momento en el que todavía estaban vivos los poetas de la Generación del 27, los autores del Boom latinoamericano y los escritores de la Generación del 50. Y convivíamos todos, por lo que mis maestros podían acabar siendo también mis amigos. Podías leer Sobre los ángeles por la mañana y tomarte una copa con Rafael Alberti por la tarde. O leer Sin esperanza, con convencimiento al mediodía y estar comiendo unas horas después con Ángel González. Eso ya no puede pasar, por desgracia. Todos ellos han ido desapareciendo y creo que era importante dejar constancia de aquella experiencia.

¡Que privilegio tan inmenso!, ¿verdad?

Desde luego. Además, fue un momento histórico muy especial. Los escritores del 27 regresaban del exilio –o del llamado exilio interior–. Unos recuperaban el país que habían perdido durante cuarenta años y otros trataban de explicar por qué se habían quedado. Al mismo tiempo, se produjo una normalización literaria: empezaron a reeditarse todos aquellos libros que habían estado prohibidos durante el franquismo. Creo que ese desfase de cuarenta años explica muchas cosas de mi generación como lectores y como escritores.

Había gente que descubría Poeta en Nueva York en 1977, cuando ese libro se había publicado casi medio siglo antes. Existían ediciones clandestinas o piratas, pero no habían circulado de verdad. Ese retraso condicionó nuestra forma de leer y también de escribir poesía. Los de mi generación –Felipe Benítez Reyes, Luis García Montero y tantos otros– admirábamos a los poetas del 27 como si fueran figuras míticas, pero, al mismo tiempo, nos sentíamos mucho más cerca de los del 50: Jaime Gil de Biedma, Ángel González… Todo eso me parecía que había que contarlo. Nota aquí.



sábado, abril 11, 2026

Luis García Montero

  “Estoy orgulloso de ser el viudo de Almudena Grandes”

El poeta y director del Instituto Cervantes regresa a la novela con una historia de segundas oportunidades que vuelve a acercarle a la ausencia de su fallecida esposa

Luis García Montero se proponía huir de Almudena Grandes como el tema literario que le ha desbordado desde su fallecimiento, en 2021, y a la que dedicó su poemario Un año y tres meses. Por ello decidió desempolvar una vieja novela aparcada en un cajón con las correcciones que su esposa le había aconsejado, y reescribirla. Pero lo que se encontró de frente fue el mismo universo del que pretendía alejarse y unos personajes que anticipaban lo que a él le ha tocado vivir. El resultado es La mejor edad (Tusquets), un regreso a la novela después de 12 años por parte de este poeta nacido en Granada en 1958, catedrático de Literatura Española, director del Instituto Cervantes y columnista de EL PAÍS.

El círculo sigue, así, cerrándose en torno a la enfermedad y la muerte de su gran amor, cómplice y una de las escritoras más destacadas de la literatura contemporánea española. La ausencia, como explicará, le aporta conciencia.

“Fíjate”, explica García Montero en su piso en el centro de Madrid. “Metí esta historia escrita en 2017 en un cajón por indicación de Almudena, la retomo porque no quiero repetir literariamente los poemas que ya he escrito, y me encuentro con un protagonista que ha quedado viudo y otro que acompaña a una mujer enferma. A veces la literatura imagina la vida y va por delante de ella, nos abre un camino adelantado”.

El poeta está visiblemente mejor de lo que ha estado. Acaba de regresar de Rota y prácticamente vive -cuenta- con su hija Elisa y su nieta de dos meses, rehaciéndose de un tiempo de pérdidas en que a la muerte de su esposa se sumó la de su padre y su primera nieta, de apenas semanas. “Cuando escribía esta novela en 2017 e intentaba imaginar qué me podría pasar a mí para que la vida se me diera la vuelta, solo me salía la viudedad”, narra.

Y es por ello por lo que su protagonista está viudo. Hablamos de un juez jubilado que fue muy autoritario al iniciar su carrera en los setenta y al que la vida hizo girar hacia la defensa de los derechos civiles al modo de Baltasar Garzón. Hoy busca a una de sus víctimas, un hombre al que condenó de forma injusta a la cárcel en 1975, para intentar reparar el daño, y se encuentra al dueño de un bar que está cuidando de su mujer postrada por un derrame cerebral. Ambos inician una amistad particular que les ayuda a repasar sus vidas, a ajustar cuentas, buscar segundas oportunidades y entablar una reflexión sobre las edades y el envejecimiento que incluirá sorpresas.

Pregunta. ¿Quería huir del tema de Almudena Grandes y finalmente regresó a él de otra manera?

Respuesta. Regresé a ella de varias maneras: por un lado, nosotros nos leíamos los manuscritos y teníamos mucha complicidad, podíamos ser muy duros el uno con el otro, y aquí hay muchas correcciones que he hecho según sus indicaciones; por otro lado, está la búsqueda de no repetir el libro de poemas que ya había escrito, que es lo que me vuelve a salir; y además están los temas que, aunque escribí antes, tienen que ver con mi vida: la enfermedad y la viudedad.

Su propósito inicial en la novela, sin embargo, tiene mucho más que ver con el momento de España y la Transición. “Quería hacer una reflexión sobre la historia de España, pero no de la evolución política, sino del diálogo generacional, de qué manera recuerdan el paso de la dictadura a la democracia la gente mayor y qué ideas, sentimientos e ilusiones tienen hoy los más jóvenes”.

P. ¿Y ha averiguado cuál es la mejor edad?

R. Es aquella en la que uno ha vivido un amor fuerte que le da sentido a la vida. Así es para mis dos protagonistas y para mí. Conocí a Almudena en 1992 y vivimos 30 años juntos, compartiendo la vida, y a veces mi hija Elisa me pregunta: “¿cuándo quieres más a mamá, ahora que se ha muerto o cuando estaba viva?" Pues la quería mucho, pero la ausencia grave te lleva a tomar conciencia de lo que fue la mejor edad. Nota aquí.



miércoles, abril 08, 2026

Luis García Montero

 Sus cosas

Las segundas viviendas se convierten con facilidad en las primeras cuando uno tiene tiempo para sí mismo

Las segundas viviendas se convierten con facilidad en las primeras cuando uno tiene tiempo para sí mismo. La vida diaria corre, va con demasiada prisa a la hora de pasar de una página a otra. Somos lectores que pasan con rapidez de la información política a la cultura y de los editoriales a las entrevistas o las últimas columnas. Vivir es un sinvivir, pero llegan unos días de vacaciones y nos esperan muchas cosas en la lentitud cultivada de la segunda vivienda. Por ejemplo, las cosas de ella. En su escritorio, en su estantería, me saludan novelas de John Irving, Sue Grafton, Ramiro Pinilla, Claudia Piñeiro, Coetzee o un ensayo sobre la Guerra Civil y la represión en el pueblo de Rota. En el cajón de su mesa de trabajo, frente a los pinares, la luz de la bahía y el cenicero, hay dos plumas, unos caramelos de menta, una receta del centro de salud a nombre de nuestra hija y un abanico.

En su cocina, están los platos de su vajilla y las fuentes que llenaba con sus croquetas y sus huevos con patatas para recibir a amigos. El murmullo de su fuente entona Pongamos que hablo de Madrid, de Joaquín Sabina, o La estrella, de Enrique Morente. En su salón y en su jardín, preguntan por ella su limonero, sus ipomeas, su televisor, el sofá desamparado, algunos cuadros de pintores amigos y alguna fotografía que conservan escenas de otro tiempo que se esfuerzan por pertenecer a este tiempo. Como el cepillo de dientes y el peine en su lado del cuarto de baño, vigilantes por la posible llegada de las hormigas a través de la ventana. Y la cuchilla para la depilación mira hacia sus cajones del dormitorio, hacia la soledad de su ropa interior, sus bañadores, sus batas y sus bolsos de playa, sus sandalias y sus sombreros para defenderse del sol. Todo en su sitio. Así que la segunda vivienda se convierte en la primera. Ahí están su ventilador, su almohada, su lámpara, su cuaderno de notas, su radio…Nota aquí.

Y yo.



jueves, noviembre 27, 2025

Luis García Montero

 Cuando Almudena Grandes se sentaba a escribir

En el cuarto aniversario del fallecimiento de la escritora, su compañero, el poeta Luis García Montero, la recuerda delante del ordenador, con ‘Negrín’ sobre sus piernas.

Durante años vivió con nosotros un gato que se llamaba Negrín. Se lo habían encontrado recién nacido nuestras hijas en los aparcamientos de la urbanización de Rota donde pasábamos los veranos. Lo habían llevado a nuestra casa, y yo caí en la tentación de ponerle un plato con leche. Cuando Almudena vio la escena, empezó a regañarnos con el sentido común que a nosotros nos faltaba. La verdad es que era una locura responsabilizarnos de un gato porque vivíamos entre dos ciudades y muchos viajes, sometidos a unas costumbres de ida y vuelta que hacían poco aconsejable recibir con dignidad a una mascota en la familia. Al comprender que Almudena no quería que nos quedásemos con el gato, nuestras hijas tuvieron la idea de bautizarlo. Mamá, se llama Negrín, y todo cambió de golpe, no de golpe de Estado, sino de golpe de nombre, porque en las palabras caben muchas cosas, y en aquel animal que ellas habían encontrado en la calle vivió de pronto la historia de España, la memoria que estaban acostumbradas a oír una y otra vez en la mesa de la cocina, en el sofá donde veíamos la televisión o en el coche que cruzaba las ciudades y la memoria de los paisajes. El nombre de Negrín hizo imposible un nuevo exilio, el gato se quedó con nosotros, se quedó para siempre, más allá de los años y la muerte, porque yo recuerdo todavía con mucha frecuencia la imagen de Almudena sentada delante del ordenador, en medio del argumento de una novela o de un artículo para el periódico, con Negrín sobre sus piernas. La memoria histórica de aquel gato con nombre de protagonista de la República Española forma parte de mi memoria más íntima. Ante un ordenador apagado o un sofá solitario, convivo con mis recuerdos y les digo que no, no pasarán.

Sentarse a escribir es sólo una parte del proceso de la escritura, porque en las palabras caben muchas cosas que tienen que ver con la vida, los recuerdos, las conversaciones, las ciudades, los ojos, los oídos, los labios y los zapatos. Se hace camino al andar y se escribe con todo lo que se ha quedado en nosotros a cada paso dentro de nosotros. Hay que sentarse, desde luego, y conviene respetar una disciplina de trabajo con sus horarios y sus días. Pero resulta imprescindible que el trabajo se mezcle de verdad con la vida y que el oficio sea una vocación. Cuando escribía sus novelas, Almudena intentaba meterse en la intimidad de sus personajes para vivir la historia por dentro, pasar de las fechas y de los grandes acontecimientos a la intimidad de un hombre o una mujer que se enamoraban, sentían ilusiones o miedos, compartían ideas, fracasos o esperanzas, en su corazón y en sus miradas. La escritura iba desde los acontecimientos colectivos a la intimidad de los seres humanos. Cuando escribía sus artículos para EL PAÍS, dominaba casi siempre la dirección contraria, se partía de un episodio personal, una escena particular, un acontecimiento íntimo, para trascender y llegar a situaciones que definían la vida colectiva, el aire de una sociedad y un tiempo.

La literatura y la historia son inseparables porque surgen de la vida que hace y deshace a los seres humanos. Almudena se formó en una época en la que estudiar o participar en la movida madrileña suponía afirmar la libertad ante las costumbres de la dictadura franquista que había sometido a España durante muchos años. Y la libertad no suponía sólo votar cada cuatro años. Se trataba de afirmar un modo diferente, más libre, de ser mujer, una manera distinta de vivir la sexualidad o de escribir sobre ella, un deseo de leer los libros prohibidos, de conocer las historias silenciadas, de compartir los pensamientos o de buscar en el quiosco los periódicos. El aire de libertad que supuso la aparición de EL PAÍS hizo posible un nuevo modo de contar las noticias, un deseo hecho realidad de que el periodismo fuese parte decisiva de la democracia, tanto a la hora de informar como a la hora de opinar. Años después, la escritora que había indagado con Las edades de Lulú en los caminos de una nueva educación sentimental o que había habitado la memoria de la clandestinidad y la lucha por la democracia en El corazón helado, se sintió orgullosa de heredar en el periódico la columna de Manuel Vázquez Montalbán para contar, desde sus propios ojos, desde su intimidad, todo aquello que le despertaba opiniones en el día a día de la realidad española. Formó parte de su literatura y de su vida la disciplina de ponerle palabras a la actualidad y de pensarse las cosas dos veces. Nota aquí.



jueves, septiembre 18, 2025

Joaquín Sabina

 “Yo me mudé de mis amigos músicos a mis amigos poetas para cambiar mi mala vida, lo que no sabía es que los poetas eran más borrachos que los roqueros".



jueves, mayo 22, 2025

Rafael Reig


 

jueves, mayo 08, 2025

Luis García Montero

 Pasear contigo

Con una lentitud
de luces y de vientos que nunca conocí,
han crecido los plátanos
y las casas antiguas de estas calles.
Detrás de sus balcones se vivieron
fiestas que no eran mías,
guerras que no sufrí,
ambiciones que no me dominaron,
muertes que no he sentido.
Cruza la gente y habla
en un hermoso idioma que me cuesta
trabajo comprender.
Y sin embargo
esta ciudad es mía,
pertenece a mi vida como un puerto a sus barcos.
Sin duda es la memoria
de algunos novelistas y un poeta.
Y sin duda, también, es la importancia
de pasear contigo,
de tu mano en mi mano, de nuevo adolescente,
tu cabeza en mi hombro,
tu silencio en el mío.



miércoles, mayo 07, 2025

Almudena Grandes

 Almudena Grandes o la lealtad de recordarla con alegría

Un documental de Azucena Rodríguez retrata a la escritora madrileña mediante imágenes inéditas y testimonios propios de la autora y su familia.

Un temblor… Para quienes la conocían de cerca, la poderosa presencia en imagen de Almudena Grandes (Madrid 1960-2021) nada más aparecer en pantalla dentro del documental que le dedica Azucena Rodríguez produce ni más ni menos que eso: un temblor. Inmediatamente, retornan a la vida su voz ronca, la sonrisa partida por los dos dientes incisivos superiores, su carisma visceralmente moreno, el arrastre apasionado que encendía en quien la escuchaba contar lo que había leído o escrito en cualquier momento, sus pertinentes teorías de identificación con héroes como Ulises o con la paciencia de Penélope, con las peripecias galdosianas y su más que pertinente paralelismo entre la literatura y la cocina.

Y, sobre todo, esa alegría contagiosa, esa cabezona autoexigencia a la hora de demandar justicia por nuestros desvaríos, pero nunca desde el rencor, siempre contra el odio, con la bandera luminosa de la alegría.

Es una de las palabras que mejor la definían y a la que sus hijos, Mauro, Irene y Elisa, o su marido, el poeta Luis García Montero, y sus mejores amigos, pese a la tristeza que les produce su ausencia, se han impuesto como una lealtad para recordarla y mantener vivo su legado. Y es la emoción que principalmente despide Almudena, el documental que se estrena el 14 de mayo en cines, producido por Gerardo Herrero y Mariela Besuievsky, quienes solían adaptar sus novelas a la pantalla. “Ni un rastro de tristeza en el recuerdo, eso es lo que sirve para hacerle justicia”, asegura Rodríguez.

“Almudena veía en la alegría una forma de resistencia”, asegura García Montero. Para el poeta, la felicidad es una palabra que encierra cierta soberbia. “El contrato social ilustrado se hace en torno a la felicidad pública. Pero quien tiene ojos para mirar la realidad no puede identificarse mucho con ella porque hay gente que sufre constantemente. Sin embargo, la palabra alegría puede convertirse en ese estado de ánimo pegado a la piel de la gente dispuesta a luchar por la mejora del mundo, aunque veamos grietas en él. Yo creo que Almudena era consciente de eso”.

Y lo aplicaba en casa y en la calle. “Conocía la gravedad de su enfermedad. Pero cuando se mostraba segura de salir adelante mantenía una actitud positiva que era una forma de cuidarnos a nuestros hijos y a mí. Para protegernos. Comprendí entonces que la alegría en ella se convertía en una estrategia vital para seguir resistiendo”. Nota aquí.





miércoles, febrero 12, 2025

Almudena Grandes

 En el tren de la izquierda: Almudena Grandes, una mujer columnista

La novelista se sumó con sus columnas a la tradición de pioneras como Maruja Torres, Rosa Montero o Montserrat Roig. ‘Escalera interior’ reúne sus artículos con escenas costumbristas ambientadas en alguno de los temblores provocados por la crisis del 2008.

El domingo 10 de octubre de 1999 fue un día importante para El País Semanal: fue la primera edición tras su remodelación y el cambio de nombre. La novelista Almudena Grandes ya era columnista de la revista. Se había incorporado de manera regular a principios del año anterior junto al lusófilo escritor italiano Antonio Tabucchi, el multifacético militante chileno Luis Sepúlveda y el entonces recién galardonado Premio Cervantes Guillermo Cabrera Infante. En la nueva etapa, que recuperaba a Maruja Torres entre otras firmas, Grandes se mantenía con nombres claves de las letras de la democracia: Antonio Muñoz Molina, Rosa Montero y Manuel Rivas.

“Llegué a la columna desde la literatura,” explicó Grandes en un congreso patrocinado por la Fundación Manuel Alcántara en el año 2014. “El primer sitio al que llegué fueron a los artículos de El País Semanal, que, para mí, fueron un problema muy grande… Cuando mi artículo estaba ilustrado, yo tenía que entregarlo veinte días antes de que se publicara… No podía escribir sobre la actualidad… No sabía qué hacer. Mi jefe en el Semanal, Álex Martínez Roig, me sugirió que por qué no elegía un título, por qué no le daba un marco argumental a la página y escribía relatos sobre vida cotidiana. Me pareció una muy buena idea. Entonces le puse Mercado de Barceló porque era el mercado que estaba en frente de mi casa y empecé a escribir… Como no podía ocuparme de la actualidad y como tenía que entregar muy pronto, yo poco a poco fui haciendo lo que sabía hacer. Entonces esos artículos cada vez eran menos periodísticos y más literarios.”

Los artículos de esa primera etapa, recogidos en el libro Mercado de Barceló (2003), hicieron de un viejo mercado de abastos —que en aquel entonces se encontraba en declive— un acelerador de partículas construido para descubrir, a través de choques entre ideas distintas, los elementos más básicos de la sociedad española. Una cabeza de rape rodando por el suelo “con la imponente autoridad de un viejo monarca guillotinado” inspira una reflexión sobre el exceso ecológico que supone la basura orgánica. Un yogur descremado activa una diatriba contra el marketing del capitalismo tardío, que ha conseguido ejercer tanto control económico, social y psicológico que “hemos vuelto a vivir en nuestro cuerpo como en una cárcel.” Un monólogo disfrazado de conversación en la cola de la carnicería destapa algunos de los problemas, como el del fenómeno de la sobrecargada abuela niñera, obviados por el estado de bienestar.

Lo trataba todo, presentación, nudo y desenlace incluidos. Con sus artículos los domingos pretendió intervenir en el debate público en voz baja. Eludía los debates sobre lo que Nietzsche llamaba la Gran Política y se centraba en lo que la crítica norteamericana Emily Apter llama la política con p minúscula: momentos cotidianos no aparentemente políticos que, aún así, abren la puerta a una política colectiva duradera.

Con su columna, Grandes seguía la estela de las opinadoras totémicas que habían ayudado a marcar la pauta del columnismo español durante la transición y los años posteriores. En aquellos tiempos finiseculares, ni se había cumplido una década del fallecimiento por cáncer de mama de la mítica articulista (y mucho más) Montserrat Roig, que empezó por prestar su pluma a esa bomba rebelde de tinta y papel llamada Tele/eXprés. A Roig la sobrevivieron columnistas como Rosa Montero o Maruja Torres, que habían colocado un calzo en la puerta para las que querían experimentar con tono metódicamente vitriólico. Este grupo también contaba con Carmen Rico Godoy, hija de la gran Josefina Carabias, que, durante la Transición, ayudó colocar a Diario 16 como cabeza de serie del periodismo de opinión, dándole un toque temático irresistible a las firmas habituales como el mismo Diván de Carmen Rico Godoy, en el que sentaba cada lunes y viernes a su paciente, la sociedad española. Nota aquí.



domingo, abril 14, 2024

Luis García Montero

Nos vemos en García Márquez


Esta semana se cumplen 10 años de la muerte de Gabriel García Márquez. El tiempo, desde luego, no va a hacer mudanza en su costumbre y seguirá pasando sobre nuestras vidas de manera obstinada. Pero también es verdad que los lectores tenemos una resistencia pertinaz a la hora de guardar en nosotros los libros que nos han marcado. Sigue vivo en mí el adolescente granadino que en casa de su abuela leyó Cien años de soledad. Sigue conmigo el lector que caminó por la hojarasca, vivió un naufragio, sintió el amor en los tiempos del cólera y conoció la soledad de un coronel o el otoño de un patriarca. La literatura nos hace sentir vivos el amor y los otros demonios del pasado.

Acabo de leerme la novela póstuma de García Márquez, En agosto nos vemos (Random House, 2024). Sus hijos y sus editores han contado que Gabo, ya enfermo, tuvo miedo al escribirla. Los fallos en la memoria le podían afectar a la hora de definir la evolución de los personajes y del argumento. Pero el miedo no le impedía indagar en las palabras, volver a una frase, calcular todo lo que vive en un verbo o un adjetivo. 

A mí me ha encantado En agosto nos vemos. Quizá tienen razón los que dicen que no es comparable a sus grandes obras, pero eso ocurre con la mayoría de las novelas que se publican en el mundo. Admirar a García Márquez, o a Vargas Llosa, o a Ana María Matute, no puede convertirse en una invitación al silencio. Por el contrario, es un compromiso con el deseo de mantener vivo el largo caminar de la literatura. Y Nos vemos en agosto es buena literatura. En mí está ya la historia de la mujer que viajaba todos los años a una isla en busca de sí misma, más allá de la disciplina doméstica del amor, y acabó por encontrarse con la historia de su madre. No llegamos a conocer del todo a los demás porque desconocemos mucho de nosotros mismos. De ahí la utilidad de la literatura y sus preguntas. Conviene ser discretos, pero no tanto.

Una de las llamadas telefónicas más alegres de mi vida sonó en casa un 7 de mayo de 2005. De pronto Joaquín Sabina me dijo que estaba en Madrid García Márquez, que lo había llamado para quedar y él le había dicho que esa noche no podía porque era el cumpleaños de Almudena Grandes. El maestro le contestó: “Si me invitan, me uno a la fiesta”.

Fue el mejor regalo de cumpleaños, porque Almudena y yo estábamos invitados desde hacía mucho tiempo a la fiesta de su literatura. Conservo en mi biblioteca el ejemplar de Memoria de mis putas tristes que nos dedicó. Pero la anécdota de la noche fue el exceso de discreción con el que nos comportamos los amigos cuando Gabriel y Mercedes llegaron a casa. Qué honor, esta es su casa, una copa de vino, un poco de carne, un trozo de tarta, un whisky, unas palabras de tertulia sobre el bien y el mal, sobre los viajes, la política y el curso del mundo… Nota aquí.



viernes, marzo 01, 2024

Almudena Grandes

Almudena Grandes: una vida ilustrada

La escritora Aroa Moreno y la ilustradora Ana Jarén presentan un álbum sobre la autora madrileña fallecida en 2021. ‘Almudena. Una biografía’ rescata las voces de amigos y familiares.

Dice Aroa Moreno (Madrid, 43 años) que es “cero mitómana”, y quizá por eso, reflexiona al teléfono, no conserva ninguna foto con Almudena Grandes (Madrid, 1960-2021). Lo que sí atesoraba era el recuerdo de la llamada que la autora de El corazón helado le hizo en diciembre de 2017 para comunicarle que había ganado el premio Ojo Crítico, del que Grandes formaba parte del jurado. “Me dijo: ‘Lo importante no es el premio, Aroa, es el libro’. Eso me lo repitió muchas veces después. ‘Lo importante son los libros”, escribe en el arranque de Almudena. Una biografía (Lumen). Y aquel consejo que espontánea y generosamente Grandes le dio no cayó ni mucho menos en saco roto: está en el corazón, en el fondo y en la forma, del libro ilustrado que ha hecho Aroa Moreno con Ana Jarén (Sevilla, 38 años). Las autoras presentan el nuevo volumen hoy jueves a las 19 horas en la Librería Alberti de Madrid, acompañadas por Pepa Bueno, directora de EL PAÍS, y la escritora y periodista de este mismo periódico, Berna González Harbour.

“No había dado las gracias a Almudena, ni la había hecho algunas preguntas, y por eso decidí escribir este libro. Cuando publiqué La hija del comunista hace siete años ella lo recomendó mucho y me mandó un mensaje de WhatsApp en el que me decía ‘gracias por tu compañía desde tu juventud”, explica Moreno. No ha tratado de escribir una biografía en profundidad ni al uso, aclara: ”Solo hace dos años de su muerte, no es momento de hacer ese tipo de revisión ni es lo que me propuse. Aún es tiempo de homenaje. Una biografía recorre todos los rincones y yo no soy la persona para hacerlo, se requiere otro trabajo”. El libro Almudena tiene algo de collage vivo, a la vez que ofrece una lectura atenta de la obra de Grandes. Texto, dibujos, historias y voces se van mezclando para crear un tapiz que habla de un mundo creativo y afectivo y de la escritora que lo habitó. “Las mujeres siempre han estado en el centro de su obra”, observa Moreno.

Aroa desde el principio imaginó este perfil como un libro ilustrado. La obra surgió de la amistad que entabló con Almudena en sus últimos años de vida y de la que la une a la artista Ana Jarén. Y los amigos de Almudena recorren las páginas del nuevo libro: Eduardo Mendicutti, su inseparable cómplice desde que ganó en 1989 el premio Sonrisa Vertical; la cineasta Azucena Rodríguez La rubia, Ángeles Aguilera, Rosana Torres, Joaquín Sabina, Benjamín Prado, Felipe Benítez Reyes, Chus Visor, y el conjunto de fieles Almudenos que compartieron los veranos todos juntos en Rota. Nota aquí.



viernes, abril 28, 2023

Luis García Montero

 García Montero reivindica la cultura como “cauce de convivencia” en homenaje a Almudena Grandes

La escritora ha recibido un tributo póstumo en Azuqueca de Henares, en Guadalajara, cuya biblioteca lleva su nombre desde 2006.

La Casa de la Cultura de Azuqueca de Henares se ha llenado de público que ha recibido al escritor Luis García Montero en el homenaje a Almudena Grandes, que ha agradecido el afecto y ha reivindicado “el valor de la cultura en una sociedad democrática” y como cauce para la convivencia.

García Montero ha recordado los vínculos de Almudena Grandes con esta localidad de Guadalajara y ha destacado que “el mayor premio para un escritor son sus lectores, pasar a formar parte de la vida de los lectores, como ella ha hecho”.

Ha leído uno de los poemas de su libro 'Un año y tres meses', escrito “para intentar encontrar un sentido a lo que se había perdido tras la muerte de Almudena”.

El alcalde azudense, José Luis Blanco, ha destacado la importancia de la Cultura para Azuqueca en su paso de pueblo a ciudad.

“Ha sido, es y será referente cultural en Azuqueca”

“Almudena ha sido, es y será referente cultural de Azuqueca”, ha afirmado el regidor, que ha asegurado que poner el nombre de la escritora a la Biblioteca Municipal en el año 2006 fue “una decisión fundamental que transformó y mejoró Azuqueca” y ha reconocido el acierto al alcalde en ese momento, Florentino García Bonilla; a la concejala de Cultura, Oti Sánchez; y a la directora de la Biblioteca, Eva Ortiz.

“Creemos en el poder de los libros como agente transformador de la sociedad”, ha dicho el alcalde, que se ha confesado lector y seguidor de Almudena Grandes y con la que ha asegurado compartir “la forma de entender la vida”. Nota aquí.



domingo, abril 23, 2023

Almudena Grandes


 

miércoles, abril 12, 2023

Homenaje a Almudena Grandes

 


lunes, abril 03, 2023

Almudena Grandes

 La estación Madrid-Puerta de Atocha ya es la estación Almudena Grandes

El PSOE critica la ausencia de Ayuso y de Almeida en el acto del cambio de denominación, lo que “pone de manifiesto la deslealtad” hacia la escritora fallecida, hacia su familia y hacia el Gobierno de España.

La ministra de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, Raquel Sánchez, ha presidido este viernes la presentación de la nueva denominación de la estación Madrid-Puerta de Atocha, a la que se le ha añadido el nombre de Almudena Grandes, en honor a la escritora madrileña, fallecida el 27 de noviembre de 2021 61 años víctima de un cáncer. El anuncio se hizo hace un año con gran polémica, ya que, mientras el Ayuntamiento dijo que respetaba la decisión del Gobierno y que no había “mucho que decir”, la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, se mostró contraria al cambio de nombre. “El Gobierno quiere dar nombre de mujer a otras estaciones y ponerles el nombre de una mujer y yo lo que creo es que la Virgen de Atocha ya era mujer”, replicó Ayuso, entre muecas.

Ni Ayuso ni el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, han acudido al acto, unas ausencias que han sido criticadas por la candidata del PSOE a la Alcaldía y exministra de Turismo, Reyes Maroto. La socialista ha defendido que ahora Grandes tiene “sin duda en Madrid su mejor legado” y ha lamentado que en la cita, donde debían estar todas las instituciones “presentes”, falten el alcalde y la presidenta, lo que “pone de manifiesto una vez más la deslealtad hacia la persona de Almudena Grandes, hacia la familia, pero también hacia la institución que hoy convoca, el Gobierno de España”. Además de no ir al acto, Ayuso lo ha criticado en Twitter. “En lugar de renombrar estaciones, el Gobierno debería estar a solucionar y evitar las averías que se producen en ellas”, ha escrito en relación con los problemas de circulación registrados en Chamartín.

Los que sí han acudido han sido su familia, amigos, representantes del Gobierno central y sindicales, artistas y lectores, que se han congregado en la estación de Atocha para rendirle homenaje. A la cabeza estaba su viudo, el poeta Luis García Montero, que en su día celebró el anuncio de este reconocimiento en Twitter con un conmovedor mensaje dirigido a la propia escritora: “Querida Almudena, oigo a la ministra de Transportes decir que la estación de Atocha se llamará Puerta de Atocha Almudena Grandes. Es una emoción que los trenes, como nuestros recuerdos, sepan cuál es su punto de partida y de llegada”. Nota aquí.




miércoles, marzo 29, 2023

Homenaje a Almudena Grandes

 Malasaña homenajea a Almudena Grandes con tango, literatura y versos de Lorca

Este jueves, 30 de marzo, la Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla de la Universidad Complutense acogerá un acto en recuerdo de la escritora madrileña con la lectura de algunos fragmentos de sus escritos, en los que retrató la vida del barrio del que fue vecina desde que nació.

Pocas defensoras ha tenido Madrid como Almudena Grandes. En todos sus libros hay algo de reivindicación sobre la ciudad que la vio nacer y en la que vivió hasta el último de sus días. Era madrileña y de Malasaña (o de Maravillas, como ella prefería llamarlo), el barrio del que fue vecina gran parte de su vida. Compró su casa de la calle Larra en 1997 junto a su marido, el poeta Luis García Montero, y la convirtió en un lugar de creación. 

La escritora fue una enamorada de Madrid y así lo dejó ver en todas sus obras. La Asociación Esto Es Pez ha querido homenajear esa parte tan arraigada a Malasaña de Almudena Grandes con un acto en el que se podrán escuchar fragmentos de Defensa de Madrid, una recopilación de sus escritos en los que el barrio fue protagonista. Nota aquí.




lunes, marzo 06, 2023

Homenaje a Almudena Grandes


 

viernes, enero 27, 2023

Homenaje a Almudena Grandes

 


viernes, diciembre 02, 2022

Luis García Montero

 En la biblioteca de Almudena Grandes: “Está tal y como la dejó, así parece que la vida sigue igual”

En el primer aniversario del fallecimiento de la escritora madrileña, descubrimos los secretos de su biblioteca a través de los ojos del amor de su vida, el poeta Luis García Montero.

Cuando se apagan las cámaras, Luis García Montero (Granada, 1958) camina cabizbajo como si tuviese una losa entre los hombros. Es el peso de la pérdida que le acompaña desde hace un año. Sin Almudena, la casa que le trae los mejores recuerdos de su vida se le cae encima. Para huir, estos 365 días ha intentado llenarlos de trabajo, compromisos, entrevistas y todos los viajes que tenía pendientes tras la pandemia como director del Instituto Cervantes. “Cuando uno se queda solo y está parado, empieza a darle vueltas a la cabeza. La verdadera melancolía tiene que ver con perder el futuro, no con el pasado”, explica frente al escritorio, intacto, de su mujer.

Sobre una de las estanterías, el cristal de un marco quebrado por la mitad separa simbólicamente a la pareja en una foto de jóvenes. Él apoya la cabeza sobre el hombro de ella. Son felices. “Nuestra relación era muy alegre, casi de broma, de estar en el mundo apostando por la alegría”, explica en este episodio especial de En la biblioteca de. Sus despachos están conectados, pero son mundos completamente distintos. En el de Almudena todo está en su sitio. En el de Luis reina el caos. Sobre su mesa no hay ni un hueco sin papeles, sobres, cartas, libros: “Se quejaba mucho de mi desorden. Ella era muy ordenada y muy disciplinada para escribir. Sin embargo, quien escribe un poema puede tener la idea rondando en su cabeza y de pronto esperar a que un día le sorprenda la necesidad de escribirlo”. Nota aquí.



sábado, octubre 22, 2022

Almudena Grandes

 La asombrosa aventura literaria de Almudena Grandes: modelos de escritura y de pasión

Coincidiendo con la edición de su novela póstuma, recorremos la trayectoria de la autora, que comenzó en 1989 con 'Las edades de Lulú'

Casi un año después de la muerte de Almudena Grandes (Madrid, 1960-27 de noviembre de 2021), cuesta asumir que ya no volveremos a escuchar su voz grave, rota de tanta vida. Pero al menos, como decía el poeta Blas de Otero (y cantaba Paco Ibáñez), nos queda la palabra, sus libros y su novela póstuma Todo va a mejorar, que lanza estos días Tusquets.

Con más de cinco millones de ejemplares vendidos de sus obras y traducida a treinta idiomas, lo cierto es que en vida Grandes fue un verdadero fenómeno editorial desde que a los veintinueve años conquistase el premio de novela erótica La sonrisa vertical con Las edades de Lulú. Muy controvertida en su momento, recibió críticas feroces mientras un público ávido de nuevas voces devoraba el libro gracias al boca a boca, hasta superar el millón de ejemplares. Su éxito fue tal que al año siguiente Bigas Luna rodó una versión cinematográfica con guion coescrito con la autora por el que ambos fueron nominados a los premios Goya en 1991.

El libro tuvo también una consecuencia inesperada: la literatura erótica dejó de ser considerada un subgénero vergonzante, lo que acabó condenando al premio y a la colección que lo albergaba a su desaparición. Nota aquí.