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domingo, julio 26, 2026

Benjamín Prado

 "Para mí Almudena Grandes siempre reinará en Rota, con la espumadera en la mano, sobre todo el rebaño de sus admiradores"

El poeta y escritor rinde homenaje a sus maestros y amigos en unas memorias que son una auténtica delicia. Se titulan ‘Qué estoy haciendo aquí’ (Alfaguara) y por ellas pasan Alberti, Octavio Paz, Vargas Llosa, Ana María Matute, Almudena Grandes, Sabina, Paul Auster, Bob Dylan... Emocionan, divierten e instruyen, mientras revelan los entresijos del mundillo cultureta con la sabiduría del intelectual y la intimidad que compartió con ellos. Benjamín es el protagonista de nuestra sección de los viernes Club Esquire: la entrevista.

Creo que no hace falta que te recuerde que Benjamín Prado (Madrid, 1961) es un escritor muy especial para mí –si te lo perdiste, revisa aquí la entrevista que le hice por su novela policíaca El anillo del general (Alfaguara) y la siguiente, por su poemario La edad de los fantasmas (Visor)–. Pero en esta ocasión, mi admiración y agradecimiento son mucho más profundos. Primero, porque acaba de publicar unas memorias tituladas Qué estoy haciendo aquí (Alfaguara) que son una auténtica delicia y una clase magistral de literatura, en las que repasa sus vivencias –diurnas y algunas abiertas hasta el amanecer– junto a grandes nombres de las letras, la música y la cultura en general: Alberti, Octavio Paz, Vargas Llosa, Ana María Matute, Almudena Grandes, Javier Marías, Ángel González, Paul Auster, Gil de Biedma, Bob Dylan, Leonard Cohen, Patti Smith… Y segundo, porque el que fuera mi primer jefe en el periódico Diario 16 ha tenido a bien publicar en la faja y en la contraportada de su nuevo libro las palabras que un día le dediqué: “Una de las voces más sensatas, interesantes y entretenidas de nuestra literatura, además de un divulgador empedernido”. Ana Trasobares, Esquire. ¿Se puede ser más generoso? ¡Gracias, querido jefe!

El caso es que Benjamín, por H o por B, siempre me toca la fibra sensible y esta vez muy especialmente en el capítulo El periodista, en el que lógicamente narra una época que bien conocí. El poeta, El dramaturgo, El novelista y El letrista son los otros apartados de unas memorias envidiables que te hacen reír y llorar, que emocionan, que instruyen, que divierten y que te revelan los entresijos del mundillo cultureta con la sabiduría del intelectual y la cercanía y la intimidad que solo poseen los que forman parte de este círculo sagrado.

Hoy pillo al autor de las novelas Raro (1995) y Dónde crees que vas y quién te crees que eres (1996); de la saga detectivesca protagonizada por Juan Urbano y de los libros de poemas El corazón azul del alumbrado (1990), Cobijo contra la tormenta (1995) o Marea humana (2007) recién llegado a Rota, su lugar de vacaciones donde comparte patio desde hace años con vecinos tan ilustres como Joaquín Sabina o Luis García Montero, sus íntimos desde ni se sabe. Y le pillo feliz porque, además, el día anterior ha celebrado su cumpleaños y, aunque sopló 65, la palabra jubilación no aparece en su diccionario. Es más, tiene previstas algunas de sus veladas-concierto donde recita versos al son de la música; está acabando también un “librillo”, dice, sobre la Generación del 27 –él es premio Generación del 27, además de Hiperión de Poesía y otros tantos más–, y, por si todo esto fuera poco, repetirá como actor, después de disfrutarle en la serie de Sorogoyen Los años nuevos. Menos mal que sus colaboraciones en radio y televisión le dejarán descansar unas semanas hasta el nuevo curso, porque relajarse ahora es lo que necesita. Eso dice.

He tenido una suerte biológica extraordinaria. Empecé a escribir en un momento en el que todavía estaban vivos los poetas de la Generación del 27, los autores del Boom latinoamericano y los escritores de la Generación del 50. Y convivíamos todos. Estos recuerdos merecían convertirse en unas memorias

Feliz cumpleaños, Benjamín, espero que disfrutaras mucho de tu día.

Gracias, pero no se enteró casi nadie porque coincidió con el cumpleaños de Lamine Yamal (risas).

¡Ay, qué injusta la fama!

Hombre, yo voy a pasar la tarde sentado con todos los vecinos de Rota viendo su partido y él no va a venir a mi próxima lectura. Pero bueno, qué se le va a hacer (risas)

O sea, que ya estás de vacaciones en tu querida Rota. ¿El plan es pasar allí todo el verano o saldrás de gira con alguna de tus veladas literarias de música y poemas?

En verano intento no hacer prácticamente nada, pero alguna cosa tengo: Alcalá la Real, Santander y Logroño. Necesito descansar. ¿Sabes qué me pasa? Que, con el despiste que llevo encima, nunca meto mis libros en el calendario. Por ejemplo, las memorias que acabo de publicar, previsiblemente, pensé que tendrían cierta repercusión, pero hice como si no. Así es como organizo mi agenda pensando en mis cosas y, de repente, aparecen setenta u ochenta entrevistas, viajes de promoción, presentaciones… Ahí ya me supera todo. Siempre me pasa igual: hasta que llega el momento, hago como si no existieran las promociones de mis libros. Así soy yo: un desastre.

Desastre no, hombre, lo que pasa es que tocas muchos palos: escritor, poeta, letrista, colaborador en radio y televisión, actor principiante…

Sí, luego te cuento otro proyecto interpretativo que me ha surgido (risas)… Es que sigo pensando lo mismo desde que era joven, cuando creía que a nadie le iba a interesar lo que hacía. Luego resulta que le interesa a más gente de la que esperaba y, por tanto, tengo que hacer muchas más cosas de las que imaginaba. Pero bueno, no me quejo. Al revés. Yo feliz. Eso sí, me canso. Así que este verano me lo voy a tomar de relax total. Estoy terminando un librillo sobre la Generación del 27 que publicaré próximamente y poca cosa más: cuatro viajes, playa y los vecinos.

Hablemos ya de esas memorias tan jugosas que titulas Qué estoy haciendo aquí (Alfaguara), una auténtica delicia que he disfrutado de principio a fin porque hacen reír y hacen llorar, enternecen, divierten y, por encima de todo ello, instruyen como una clase magistral de literatura, mientras vas revelando intimidades de vida y de obras, tanto propias como de grandes nombres de la cultura universal con los que te has cruzado. ¿En qué momento vital decides escribir tus vivencias?

Cuando me doy cuenta de que llevo toda la vida guardando esos recuerdos y de que realmente merecían convertirse en unas memorias. Como se decía en el escondite: “Por mí y por todos mis compañeros”. Pero también cuando empecé a notar algunos olvidos, cuando vi que había nombres que ya no recordaba o episodios que empezaban a difuminarse. Entonces pensé: “Es el momento. No vaya a ser que luego sea demasiado tarde”.

Y es que yo he tenido una suerte biológica extraordinaria. Empecé a escribir en un momento en el que todavía estaban vivos los poetas de la Generación del 27, los autores del Boom latinoamericano y los escritores de la Generación del 50. Y convivíamos todos, por lo que mis maestros podían acabar siendo también mis amigos. Podías leer Sobre los ángeles por la mañana y tomarte una copa con Rafael Alberti por la tarde. O leer Sin esperanza, con convencimiento al mediodía y estar comiendo unas horas después con Ángel González. Eso ya no puede pasar, por desgracia. Todos ellos han ido desapareciendo y creo que era importante dejar constancia de aquella experiencia.

¡Que privilegio tan inmenso!, ¿verdad?

Desde luego. Además, fue un momento histórico muy especial. Los escritores del 27 regresaban del exilio –o del llamado exilio interior–. Unos recuperaban el país que habían perdido durante cuarenta años y otros trataban de explicar por qué se habían quedado. Al mismo tiempo, se produjo una normalización literaria: empezaron a reeditarse todos aquellos libros que habían estado prohibidos durante el franquismo. Creo que ese desfase de cuarenta años explica muchas cosas de mi generación como lectores y como escritores.

Había gente que descubría Poeta en Nueva York en 1977, cuando ese libro se había publicado casi medio siglo antes. Existían ediciones clandestinas o piratas, pero no habían circulado de verdad. Ese retraso condicionó nuestra forma de leer y también de escribir poesía. Los de mi generación –Felipe Benítez Reyes, Luis García Montero y tantos otros– admirábamos a los poetas del 27 como si fueran figuras míticas, pero, al mismo tiempo, nos sentíamos mucho más cerca de los del 50: Jaime Gil de Biedma, Ángel González… Todo eso me parecía que había que contarlo. Nota aquí.



jueves, julio 23, 2026

Ángel González

 Camposanto en Colliure

Aquí paz,
y después gloria.
Aquí,
a orillas de Francia,
en donde Cataluña no muere todavía
y prolonga en carteles de «Toros à Ceret»
y de «Flamenco’s Show»
esa curiosa España de las ganaderías
de reses bravas y de juergas sórdidas,
reposa un español bajo una losa:
paz
y después gloria.
Dramático destino,
triste suerte
morir aquí
paz
y después…
perdido,
abandonado
y liberado a un tiempo
(ya sin tiempo)
de una patria sombría e inclemente.
Sí; después gloria.
Al final del verano,
por las proximidades
pasan trenes nocturnos, subrepticios,
rebosantes de humana mercancía:
manos de obra barata, ejército
vencido por el hambre
paz…,
otra vez desbandada de españoles
cruzando la frontera, derrotados
…sin gloria.
Se paga con la muerte
o con la vida,
pero se paga siempre una derrota.
¿Qué precio es el peor?
Me lo pregunto
y no sé qué pensar
ante esta tumba,
ante esta paz
«Casino
de Canet: spanish gipsy dancers»,
rumor de trenes, hojas…,
ante la gloria ésta
…de reseco laurel
que yace aquí, abatida
bajo el ciprés erguido,
igual que una bandera al pie de un mástil.
Quisiera,
a veces,
que borrase el tiempo
los nombres y los hechos de esta historia
como borrará un día mis palabras
que la repiten siempre tercas, roncas.
Esto no es nada
Si tuviésemos la fuerza suficiente
para apretar como es debido un trozo de madera,
sólo nos quedaría entre las manos
un poco de tierra.
Y si tuviésemos más fuerza todavía
para presionar con toda la dureza
esa tierra, sólo nos quedaría
entre las manos un poco de agua.
Y si fuese posible aún
oprimir el agua,
ya no nos quedaría entre las manos
nada.



martes, enero 20, 2026

Manuel López Azorín

 Manuel nos cuenta por Facebook.

Como recuerdo de Ángel González
Angel González, Luis García Montero y Moncho Otero.
Invité a Ángel González, a participar en Tertulias de Autor para leernos y explicar su poesía.
Ángel era muy amigo de Claudio Rodríguez, cuando le invité a venir me pidió que si podía convenciera a Claudio para que le presentase; pero como yo sabía que Claudio estaba mal, lo comenté con Ángel y decidimos que yo hablaría con Luis García Montero para la presentación.
Llamé a Luis y éste aceptó encantado por la amistad y admiración que sentía por Ángel.
Fue una noche mágica. Luis hizo, tras mi apertura de la Tertulia y presentar biográfica mente a Ángel,una gran presentación del poeta.
Moncho Otero puso música a dos poemas de Ángel y se los cantó recibiendo los aplausos del público y de nosotros tres.
Todo esto me llega como un hermoso recuerdo ahora que se cumplen 18 años ya que se nos fue Ángel González.
Se nos fue pero sigue con nosotros porque su poesía sigue viva y vigente ya que
fue uno de los grandes poetas de la generación de los años 50 del siglo XX.
Vaya aquí como recuerdo este poema suyo:
CUMPLEAÑOS
Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños.
Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!
Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.
Ángel González



lunes, octubre 13, 2025

Poetas con Ángel


 

sábado, octubre 11, 2025

Ramón Serrano

 VIAJE CON DON ÁNGEL A LA NADA RULFIANA

a Ángel Gonzàlez
In Memoriam
En el viaje hacia la nada
divisé entre la bruma
más acá de lontananza
una acacia navegando
-alegoria de la soledad digo yo-
sobre un mar de aguas baldías
como metáfora de la nada angelgonzaliana
paciente sumiso del oleaje del tiempo
no encontré obstáculos a mi incredulidad
cierro la agnóstica ventana
tras emprender el vuelo al siempre y nunca
que se halla mucho más allá de la Ítaca
de mi primera juventud
no creáis que apaciento corderos sobre las baldías aguas
ando descalzo y desnudo
sobre el barro de la nada
pasto el tiempo curvo
y mi badajo suena como esplendor del escenario
el espino de la chumbera duele y mata
sus muertos no pierden el habla
la tenue luz del agave
ilumina el espíritu de Comala
por las tierras vacías la tristeza campaa sus anchas
no me canso ni arrastro los pies
soy un cadaver al estilo comaliano
he heredado el mal caràcter de don páramo
y la timidez rulfiana de la buena imagen en blanco y negro
el perfecto pecio en el desierto de la oquedad
¡Vaya escenario ese de la nada!

Foto de Juan Rufo



jueves, septiembre 18, 2025

Joaquín Sabina

 “Yo me mudé de mis amigos músicos a mis amigos poetas para cambiar mi mala vida, lo que no sabía es que los poetas eran más borrachos que los roqueros".



lunes, septiembre 08, 2025

Luis García Montero

 Ángel

Pronuncio la palabra centenario y veo a Ángel González sentado en la butaca de la palabra hoy con el whisky sobre la mesa.

Ángel González nació en Oviedo hace 100 años. Cumplir años puede suponer abrir grietas en el tiempo, observar las distancias que hay entre un padre y sus hijos. Pero otras veces significa entender que el tiempo mantiene vínculos más allá de lo que parece. Cosas de la edad, la palabra centenario pierde sus distancias. Cuando iba a entrar como estudiante en la Universidad de Granada, asistí en 1975 a los actos de homenaje a Machado en el centenario de su nacimiento. Ya de profesor, participé en las celebraciones dedicadas a Federico García Lorca en 1998. Por mucho que citásemos entonces a don Antonio, por mucho que habláramos de Federico, por mucho que sus historias estuviesen presentes en las herencias de un joven, don Antonio y Federico pertenecían a otra época. Ahora, pronuncio la palabra centenario y veo a Ángel sentado en la butaca de la palabra hoy con el whisky sobre la mesa.

Fue un maestro de la poesía. El título de su segundo libro es todavía una lección de vida: Sin esperanza, con convencimiento. Después de una infancia castigada por la Guerra Civil, bajo la factura de las ejecuciones y la tuberculosis, descubrió la poesía. Configuró verso a verso una mirada ética de la realidad, un compromiso humano, pero sin ingenuidades ni falsas promesas. Le bastó la determinación clara de defender contra viento y marea los valores que dignifican un modo de sentir. La profunda sencillez de sus versos encontró un mundo propio, un mundo áspero, en el que las ilusiones fueron compartidas con alegría y los fracasos dejaron de ser vividos como un asunto grave. Escribía precisamente por eso.

Los amigos le buscamos una muchacha para que le arreglara su casa en Madrid de vez en cuando. Al terminar una noche larga de copas, mientras nos despedíamos, Ángel se puso a arreglar el salón y la cocina. Yo caí en el error de avisar: Ángel, que mañana viene la chica. Y él me respondió: precisamente por eso. Nota aquí.



sábado, septiembre 06, 2025

Ángel González & Joaquín Sabina



Ángel González

 Cien años de Ángel González, poeta y “santo por lo civil”

En el centenario de su nacimiento, diversos homenajes y publicaciones recuerdan al autor ovetense, conocido por su compromiso cívico, el humor, el amor y la amarga ironía.

Ángel González fue un “ciudadano normal” que algunas veces escribía poesía. Él mismo lo dijo, y lo confirma su viuda: “Creo que su natural modestia no permitió jamás que el poeta eclipsara a la persona. Le molestaban aquellos que iban por la vida con la máscara de poeta creyéndose superiores a los demás mortales”, dice Susana Rivera, profesora de Literatura en la Universidad de Nuevo México, donde González enseñaba y ambos se conocieron. Tal vez por eso tuvo el cuidado de escribir una poesía cercana pero comprometida, atravesada por la dificultad de la sencillez (“Es muy difícil escribir claro”, decía), de una profundidad accesible, donde se mezcla la conciencia cívica, el humor, el amor, la ternura y una amarga ironía marca de la casa. Ángel González es uno de esos autores que (como, por ejemplo, Julio Cortázar) generan gran complicidad con el lector. Que caen bien. Que te quieres llevar a casa.

A Ángel González, que pensaba que al porvenir le llamaban así porque no venía nunca, un día se le empezó a “adelgazar el futuro”, como se nos adelgaza a todos. Y tanto se le adelgazó que le llegó la muerte, en 2008, a los 82 años. Pero su futuro continuó, aun sin él: este 6 de septiembre se cumplen cien años de su nacimiento, en aquel Oviedo de 1925, y su figura sigue muy viva, como se demuestra en los numerosos actos y publicaciones por su centenario. Su memoria es como se describió en otros versos: “Un escombro tenaz, que se resiste / a su ruina, que lucha contra el viento”.

Un centenario lleno de cosas. El pasado 22 de marzo, en los alrededores del Día de la Poesía, el Instituto Cervantes homenajeó a González; también lo hizo en julio la Semana Negra de Gijón (donde el poeta instauró una sesión poética a medianoche, que sigue celebrándose, y de la que se conserva un famoso vídeo de González cantando con su amigo Joaquín Sabina), y entre el 14 y el 16 de octubre lo hará la Universidad de Oviedo en un congreso internacional. Publicaciones varias: la antología Eso era amor (Nórdica), con prólogo de Javier Rioyo e ilustraciones de Pablo Auladell, así como la que prepara la editorial Huerga & Fierro, a cargo José Manuel Lucía Mejías. Papeles del Náufrago publicará Soy un fingidor, una colección de sus “autorretratos” poéticos entre 1956 y 2008. Para los más pequeños una antología preparada por Ester Sánchez en el sello asturiano Pintar-Pintar, en colaboración con María Rosa Serdio, especialista en la difusión de la poesía entre los jóvenes, con audios del poeta e ilustraciones de Marina Buxó.

El premio Príncipe de Asturias de las Letras, en 1985, o el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, en 1996, laurearon su carrera ya en el siglo pasado, como el ingreso en la Real Academia en 1997, pero “su obra sigue muy vigente”, apunta Rivera, “Ángel nunca pasó por tinieblas del purgatorio a donde se dice que son arrojados los escritores esperando la mano de la posteridad. Su poesía siempre permaneció iluminada por sus lectores”. Si bien Rivera recibe constante feedback de los lectores, también se nota en la academia: acaba de publicarse en la Universidad de Alcalá la tesis La métrica de Ángel González: variaciones rítmicas y discursivas de Jesús Aguilar Fernández Gallego, cuyo título, raro en una tesis, describe exactamente el contenido. Nota aquí.








miércoles, septiembre 03, 2025

Ángel González

 PARA QUE YO ME LLAME ÁNGEL GONZÁLEZ

Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento...



miércoles, mayo 28, 2025

Homenaje a Ángel González


 

lunes, abril 28, 2025

Luis García Montero

 Dios mío

Confieso que he conseguido hacer compatible la razón con la poesía, pero nunca pude unir la razón con la fe.

El poeta Ángel González estaba muy orgulloso de su ateísmo. Tiene mucho mérito no creer en Dios después de haberlo visto. Lloraba en su cama, tapándose con las sábanas para no ver las heridas que la barbarie humana le había provocado, cuando una silueta luminosa se hizo presente encima de su cabeza. Sintió que era Dios, no había duda. Nunca se negó a sí mismo el privilegio de haber visto a Dios, aunque sus mejores amigos mantuvieron después que se trató de un delirio provocado por la tuberculosis, alojada ya en su cuerpo, su hambre y el recuerdo de un hermano fusilado con la bendición de la Iglesia católica. El caso es que Ángel vio a Dios, pero no pudo creer en él.

Darío Jaramillo Agudelo, poeta colombiano, también vio a Dios y mantuvo varias conversaciones con él antes de que desapareciese. La divinidad llegó hasta Darío en forma de serpiente. Todo un detalle presentarse como el demonio delante de Adán. En otras ocasiones Dios no renuncia a su grandeza. Al sentirse agua, se identifica con el río Amazonas para que los elegidos vean su hermoso poder sobre el mundo. El Amazonas tiene mucha autoridad, ya se vea desde un avión o en una barca.

El ser humano pasó de la esclavitud a la servidumbre cristiana y luego a la razón ilustrada. Confieso que yo he conseguido hacer compatible la razón con la poesía, pero nunca pude, ni siquiera en mis momentos más poéticos, unir la razón con la fe. Así que Dios es solo un conocido, un buen amigo de algunos amigos míos. Quedo con ellos para tomar una copa de vino y un poco de pan. Entonces le pregunto a Dios, ¿estás contento de ti mismo? Responde que no, se siente un pecador, no soporta todo lo malo que hay en su creación. Hablan mucho de mí, pero esto es intolerable, dice. Murmuro ¡Dios mío!, y me pongo a pensar con mis amigos creyentes en qué podemos hacer por este mundo. Cada uno en lo suyo, nos ayudamos a no caer en la tentación del clericalismo. Nota aquí.



domingo, marzo 23, 2025

Ángel González

 

jueves, enero 02, 2025

Ángel González

 

jueves, diciembre 05, 2024

Ángel González

 OTRO TIEMPO VENDRÁ

Otro tiempo vendrá distinto a éste.
Y alguien dirá:
«Hablaste mal. Debiste haber contado
otras historias:
violines estirándose indolentes
en una noche densa de perfumes,
bellas palabras calificativas
para expresar amor ilimitado,
amor al fin sobre las cosas
todas».
Pero hoy,
cuando es la luz del alba
como la espuma sucia
de un día anticipadamente inútil,
estoy aquí,
insomne, fatigado, velando
mis armas derrotadas,
y canto
todo lo que perdí: por lo que muero.



jueves, noviembre 07, 2024

Ángel González

 Esperanza

Esperanza,
araña negra del atardecer.
Tu paras
no lejos de mi cuerpo
abandonado, andas
en torno a mí,
tejiendo, rápida,
inconsistentes hilos invisibles,
te acercas, obstinada,
y me acaricias casi con tu sombra
pesada
y leve a un tiempo.
Agazapada
bajo las piedras y las horas,
esperaste, paciente, la llegada
de esta tarde
en la que nada
es ya posible...
Mi corazón:
tu nido.
Muerde en él, esperanza.



lunes, octubre 28, 2024

Ángel González

 Aquí no pasa nada

Aquí no pasa nada,
salvo el tiempo:
irrepetible
música que resuena,
ya extinguida,
en un corazón hueco, abandonado,
que alguien toma un momento,
escucha
y tira.



domingo, enero 14, 2024

Ramón Serrano

 Ramón nos cuenta por Facebook.

ESCRITORES AMIGOS
Una vez me preguntaron cuál de los escritores del siglo XX fallecidos que he conocido me gusta más. Titubeé en la respuesta. No sabría decir cuál. Porque ahí se mezclan la calidad literaria con la calidez humana. También, la opinión de la crítica seria con el éxito editorial. Y todos los peldaños de lo comercial y de los intereses extra literarios, como el político, por ejemplo.
Hablaría muy bien de Carlos Barral, el amigo, también de Ángel González, el humano, o del Gabo, García Márquez, tres veces generoso conmigo. Indudable que fueron buenos escritores, al menos de mi gusto entre los reconocidos. Pero fueron los tres buena gente para conmigo. Otros, a los que respeto, pero con quienes la química no funcionó demasiado y, muchas veces, habrá sido por culpa mía. Aqui podría poner dos nombres como ejemplo: José Agustín Goytisolo y Montserrat Roig.
Hay muchos otros escritores de éxito editorial y de calidad literaria que pasaron por mi lado y apenas si me vieron. Algunos de ellos incluso fui su editor. Otros, la vida no me dió oportunidad de intimar o tratarlos en profundidad, como Octavio Paz, al que admiré como poeta y como ser humano, al entrañable Cortázar, siempre tan niño grande, o a Gabriel Ferrater, genial y siempre un poco distante. Lo mismo digo de su amigo Juan García Hortelano.
Al igual que José Donoso y el lejano Jaime Gil de Biedma. Hablando de entrañables quiero hacer especial mención de Joan Vinyoli y, entre las mujeres escritoras, de María Aurelia Capmany. Y aquí pongo otro amigo y muy apreciado Manolo Vázquez Montalbán.
Aquí me gustaría añadir qué escritores de mi tiempo me habría gustado conocer y no conocí. Seguramente a muchos. Poner aquí la lista que se me ocurre sería un juego malévolo. Porque siempre ni son todos los que están ni están todos los que son. Entre las escritoras hay una en especial y de la que siempre que la leo me enamora, y es Alejandra Pizarnik. Entre los escritores, qué duda cabe, destacan Jorge Luis Borges y Juan Rulfo. Habrá muchos más pero esos tres nombres destacan y yo los resucitaría, si supiese hacerlo, tan solo para conocerlos y ser su amigo.
No hablo de los y las que he conocido y, como antes dije, pasaron por mi lado y apenas me vieron. Como no están, no pueden contradecirme, y eso no es justo. Y, a buen seguro, tampoco hablo, es evidente, de los que me olvido. A lo peor me olvido hoy y mañana me preguntaré¿Cómo pude olvidar citar a fulano o mengano? Seguro.
De los vivos no me preguntaron, de lo cual me felicito. ¡Vaya compromiso!



domingo, diciembre 31, 2023

Ángel González

 Quédate quieto

Deja para mañana
lo que podrías haber hecho hoy
(y comenzaste ayer sin saber cómo).
Y que mañana sea mañana siempre;
que la pereza deje inacabado
lo destinado a ser perecedero;
que no intervenga el tiempo,
que no tenga materia en que ensañarse.
Evita que mañana te deshaga
todo lo que tú mismo
pudiste no haber hecho ayer.



martes, abril 04, 2023

Ángel González

 Mientras tú existas

Mientras tú existas,
mientras mi mirada
te busque más allá de las colinas,
mientras nada
me llene el corazón,
si no es tu imagen, y haya
una remota posibilidad de que estés viva
en algún sitio, iluminada
por una luz cualquiera...
Mientras
yo presienta que eres y te llamas
así, con ese nombre tuyo
tan pequeño,
seguiré como ahora, amada
mía,
transido de distancia,
bajo ese amor que crece y no se muere,
bajo ese amor que sigue y nunca acaba.