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miércoles, agosto 19, 2026

Bob Dylan

 

martes, agosto 04, 2026

Glen Hansard

 

domingo, julio 26, 2026

Benjamín Prado

 "Para mí Almudena Grandes siempre reinará en Rota, con la espumadera en la mano, sobre todo el rebaño de sus admiradores"

El poeta y escritor rinde homenaje a sus maestros y amigos en unas memorias que son una auténtica delicia. Se titulan ‘Qué estoy haciendo aquí’ (Alfaguara) y por ellas pasan Alberti, Octavio Paz, Vargas Llosa, Ana María Matute, Almudena Grandes, Sabina, Paul Auster, Bob Dylan... Emocionan, divierten e instruyen, mientras revelan los entresijos del mundillo cultureta con la sabiduría del intelectual y la intimidad que compartió con ellos. Benjamín es el protagonista de nuestra sección de los viernes Club Esquire: la entrevista.

Creo que no hace falta que te recuerde que Benjamín Prado (Madrid, 1961) es un escritor muy especial para mí –si te lo perdiste, revisa aquí la entrevista que le hice por su novela policíaca El anillo del general (Alfaguara) y la siguiente, por su poemario La edad de los fantasmas (Visor)–. Pero en esta ocasión, mi admiración y agradecimiento son mucho más profundos. Primero, porque acaba de publicar unas memorias tituladas Qué estoy haciendo aquí (Alfaguara) que son una auténtica delicia y una clase magistral de literatura, en las que repasa sus vivencias –diurnas y algunas abiertas hasta el amanecer– junto a grandes nombres de las letras, la música y la cultura en general: Alberti, Octavio Paz, Vargas Llosa, Ana María Matute, Almudena Grandes, Javier Marías, Ángel González, Paul Auster, Gil de Biedma, Bob Dylan, Leonard Cohen, Patti Smith… Y segundo, porque el que fuera mi primer jefe en el periódico Diario 16 ha tenido a bien publicar en la faja y en la contraportada de su nuevo libro las palabras que un día le dediqué: “Una de las voces más sensatas, interesantes y entretenidas de nuestra literatura, además de un divulgador empedernido”. Ana Trasobares, Esquire. ¿Se puede ser más generoso? ¡Gracias, querido jefe!

El caso es que Benjamín, por H o por B, siempre me toca la fibra sensible y esta vez muy especialmente en el capítulo El periodista, en el que lógicamente narra una época que bien conocí. El poeta, El dramaturgo, El novelista y El letrista son los otros apartados de unas memorias envidiables que te hacen reír y llorar, que emocionan, que instruyen, que divierten y que te revelan los entresijos del mundillo cultureta con la sabiduría del intelectual y la cercanía y la intimidad que solo poseen los que forman parte de este círculo sagrado.

Hoy pillo al autor de las novelas Raro (1995) y Dónde crees que vas y quién te crees que eres (1996); de la saga detectivesca protagonizada por Juan Urbano y de los libros de poemas El corazón azul del alumbrado (1990), Cobijo contra la tormenta (1995) o Marea humana (2007) recién llegado a Rota, su lugar de vacaciones donde comparte patio desde hace años con vecinos tan ilustres como Joaquín Sabina o Luis García Montero, sus íntimos desde ni se sabe. Y le pillo feliz porque, además, el día anterior ha celebrado su cumpleaños y, aunque sopló 65, la palabra jubilación no aparece en su diccionario. Es más, tiene previstas algunas de sus veladas-concierto donde recita versos al son de la música; está acabando también un “librillo”, dice, sobre la Generación del 27 –él es premio Generación del 27, además de Hiperión de Poesía y otros tantos más–, y, por si todo esto fuera poco, repetirá como actor, después de disfrutarle en la serie de Sorogoyen Los años nuevos. Menos mal que sus colaboraciones en radio y televisión le dejarán descansar unas semanas hasta el nuevo curso, porque relajarse ahora es lo que necesita. Eso dice.

He tenido una suerte biológica extraordinaria. Empecé a escribir en un momento en el que todavía estaban vivos los poetas de la Generación del 27, los autores del Boom latinoamericano y los escritores de la Generación del 50. Y convivíamos todos. Estos recuerdos merecían convertirse en unas memorias

Feliz cumpleaños, Benjamín, espero que disfrutaras mucho de tu día.

Gracias, pero no se enteró casi nadie porque coincidió con el cumpleaños de Lamine Yamal (risas).

¡Ay, qué injusta la fama!

Hombre, yo voy a pasar la tarde sentado con todos los vecinos de Rota viendo su partido y él no va a venir a mi próxima lectura. Pero bueno, qué se le va a hacer (risas)

O sea, que ya estás de vacaciones en tu querida Rota. ¿El plan es pasar allí todo el verano o saldrás de gira con alguna de tus veladas literarias de música y poemas?

En verano intento no hacer prácticamente nada, pero alguna cosa tengo: Alcalá la Real, Santander y Logroño. Necesito descansar. ¿Sabes qué me pasa? Que, con el despiste que llevo encima, nunca meto mis libros en el calendario. Por ejemplo, las memorias que acabo de publicar, previsiblemente, pensé que tendrían cierta repercusión, pero hice como si no. Así es como organizo mi agenda pensando en mis cosas y, de repente, aparecen setenta u ochenta entrevistas, viajes de promoción, presentaciones… Ahí ya me supera todo. Siempre me pasa igual: hasta que llega el momento, hago como si no existieran las promociones de mis libros. Así soy yo: un desastre.

Desastre no, hombre, lo que pasa es que tocas muchos palos: escritor, poeta, letrista, colaborador en radio y televisión, actor principiante…

Sí, luego te cuento otro proyecto interpretativo que me ha surgido (risas)… Es que sigo pensando lo mismo desde que era joven, cuando creía que a nadie le iba a interesar lo que hacía. Luego resulta que le interesa a más gente de la que esperaba y, por tanto, tengo que hacer muchas más cosas de las que imaginaba. Pero bueno, no me quejo. Al revés. Yo feliz. Eso sí, me canso. Así que este verano me lo voy a tomar de relax total. Estoy terminando un librillo sobre la Generación del 27 que publicaré próximamente y poca cosa más: cuatro viajes, playa y los vecinos.

Hablemos ya de esas memorias tan jugosas que titulas Qué estoy haciendo aquí (Alfaguara), una auténtica delicia que he disfrutado de principio a fin porque hacen reír y hacen llorar, enternecen, divierten y, por encima de todo ello, instruyen como una clase magistral de literatura, mientras vas revelando intimidades de vida y de obras, tanto propias como de grandes nombres de la cultura universal con los que te has cruzado. ¿En qué momento vital decides escribir tus vivencias?

Cuando me doy cuenta de que llevo toda la vida guardando esos recuerdos y de que realmente merecían convertirse en unas memorias. Como se decía en el escondite: “Por mí y por todos mis compañeros”. Pero también cuando empecé a notar algunos olvidos, cuando vi que había nombres que ya no recordaba o episodios que empezaban a difuminarse. Entonces pensé: “Es el momento. No vaya a ser que luego sea demasiado tarde”.

Y es que yo he tenido una suerte biológica extraordinaria. Empecé a escribir en un momento en el que todavía estaban vivos los poetas de la Generación del 27, los autores del Boom latinoamericano y los escritores de la Generación del 50. Y convivíamos todos, por lo que mis maestros podían acabar siendo también mis amigos. Podías leer Sobre los ángeles por la mañana y tomarte una copa con Rafael Alberti por la tarde. O leer Sin esperanza, con convencimiento al mediodía y estar comiendo unas horas después con Ángel González. Eso ya no puede pasar, por desgracia. Todos ellos han ido desapareciendo y creo que era importante dejar constancia de aquella experiencia.

¡Que privilegio tan inmenso!, ¿verdad?

Desde luego. Además, fue un momento histórico muy especial. Los escritores del 27 regresaban del exilio –o del llamado exilio interior–. Unos recuperaban el país que habían perdido durante cuarenta años y otros trataban de explicar por qué se habían quedado. Al mismo tiempo, se produjo una normalización literaria: empezaron a reeditarse todos aquellos libros que habían estado prohibidos durante el franquismo. Creo que ese desfase de cuarenta años explica muchas cosas de mi generación como lectores y como escritores.

Había gente que descubría Poeta en Nueva York en 1977, cuando ese libro se había publicado casi medio siglo antes. Existían ediciones clandestinas o piratas, pero no habían circulado de verdad. Ese retraso condicionó nuestra forma de leer y también de escribir poesía. Los de mi generación –Felipe Benítez Reyes, Luis García Montero y tantos otros– admirábamos a los poetas del 27 como si fueran figuras míticas, pero, al mismo tiempo, nos sentíamos mucho más cerca de los del 50: Jaime Gil de Biedma, Ángel González… Todo eso me parecía que había que contarlo. Nota aquí.



sábado, marzo 22, 2025

Celebrando a Bob Dylan


 

viernes, marzo 07, 2025

Bob Dylan para escritores


 

domingo, marzo 02, 2025

Bob Dylan

 Luis nos cuenta por Facebook.

Bob Dylan en el Festival de Newport de 1965 llamando a las puertas de la electricidad. Ese momento cumbre de la historia de la música pop en el que el mesías Dylan traiciona al folk, pero no a sí mismo, y se convierte en Judas, like a rolling stone, en busca de su libertad creadora y personal, por encima de dogmas, credos y caminos marcados. De eso trata A complete unknown, de ese viaje de Dylan de Woody Guthrie a su propia manera de entender la música. Como seguidor apasionado del señor Zimmerman la película de James Mangold me emociona y me concierne y vuelvo emocionado tras verla en pantalla grande -como debe verse el cine mientras nos dejen- a The freeweelin Bob Dylan, a la biografía de Howard Sounes, a las memorias de Suze Rotolo, a Dylan antes de Dylan, entre el Greenwich Village y Joan Báez, tormentosa relación. En A complete unknown Timothée Chalamet es la reencarnación perfecta del Dylan veinteañero que se cruza con Pete Seeger -excelente Edward Norton- y con Johnny Cash al que Mangold dedicó otra película. Cuando vemos en A complete unknown a Dylan motorizado cuál angel del infierno, cabello al viento, nos damos cuenta que en esa imagen está esa metáfora de la libertad que fue siempre Dylan, buscándose a sí mismo en tantas etapas de su carrera, en reinvención constante y siguiendo sus impulsos en busca de su verdad, la que llevó al misterioso juglar de Duluth al mismísimo Nobel de literatura. La película se basa en Dylan goes electric, el libro de Elijah Wald que falta en mi copiosa biblioteca dylaniana.



miércoles, febrero 26, 2025

Bob Dylan

 El hombre que resucitó a Dylan

El ‘manager’ Jeff Rosen ha inspirado iniciativas que han potenciado el perfil del cantante y complacido a sus muchos fans.

Es, casi literalmente, el hombre invisible. En la monumental biografía ilustrada oficial, Bob Dylan. Mixing Up The Medicine (Libros Cúpula, 2023) ni se le menciona. Pero el manager de Dylan tiene bastante que ver con el hecho de que sus años otoñales hayan resultado tan triunfales.

Jeff Rosen se hizo cargo de sus asuntos en 1989, tras una mala racha del cantante. Venía de tres discos (Empire Burlesque, Knocked Out Loaded, Down in the Groove) que contenían algunas canciones soberbias, maltratadas en el estudio, tras una nebulosa idea de “sonar moderno”. Había intentado reconectar con el gran público del rock girando con el acompañamiento de The Grateful Dead o Tom Petty & the Heartbreakers; su mayor éxito fue como parte del supergrupo los Traveling Wilburys, que no llegó a actuar.

Rosen no da declaraciones, aunque se muestra cortés cuando responde a correos electrónicos. Sospecho que tiene mentalidad de periodista musical, por su visión panorámica y sentido del legado de los artistas. Imagino que fue suya la idea del acto de pleitesía generacional celebrado en el Madison Square Garden en 1992, treinta años después de su primera grabación, con figuras previsibles (Clapton, Neil Young, Roger McGuinn) y sorpresas (Stevie Wonder, los O’Jays, Pearl Jam). También convenció a Dylan de que su aparición en el programa MTV Unplugged (1994) no se podía limitar a canciones folclóricas, como inicialmente planeaba.

Aunque nuestro artista muestre fobia a indagar en su pasado, Jeff Rosen sabía que había un tesoro en su montaña de cintas inéditas. La apabullante Bootleg Series, iniciada en 1991, ha cubierto hasta el año 1997, con los descartes de las sesiones para el álbum Time Out of Mind. A la vez, ha rescatado numerosas grabaciones en directo: el pasado año salía The 1974 Live Recordings, caja de —atención— 27 cedés, cubriendo sus conciertos con The Band.

Algunos intuyen la mano de Rosen en la venta del inmenso archivo de Dylan a una fundación de Tulsa, ciudad de Oklahoma que tenía entonces 400.000 habitantes y cuya única conexión con el artista era la presencia del Woody Guthrie Center. Muchas urbes mayores pudieron aspirar a alojar el Bob Dylan Center, pero ganó el empuje de George Kaiser, filántropo local que hizo su fortuna con los pozos de petróleo y suficientemente sincero para confesar que, en realidad, prefería a Joan Baez. Nota aquí.



miércoles, febrero 19, 2025

Benjamín Prado

 Benjamín Prado revela cómo fue el inesperado momento en el que conoció Bob Dylan: "Es una de las personas que más me ha impactado conocer en mi vida"

El escritor compartió un rato con el músico en Sevilla y aprovechó para hacerle una petición muy especial: que le dejara utilizar el título de una de sus canciones para un libro de poesía.

Tener ídolos en la vida es algo natural. Si te gusta la literatura, la música, el cine o el fútbol, seguro que alguna vez has fantaseado con conocer a algunos de tus referentes. Si os soy sincero, siempre ha sido algo que me ha dado algo de pudor, porque si me pongo en el lugar de esa persona famosa, a la que no paran de decir lo mucho que lo admiran o lo mucho que ha influido en la vida de sus fans, me agobio solo de pensarlo.

Pero, por supuesto, cuando he tenido la oportunidad de compartir espacio y conversación con alguno de aquellos que de alguna manera han moldeado mi vida con sus canciones, películas, goles o canastas, he sentido algo especial. Al fin y al cabo, los humanos somos así, nos fascina la fama y saber cosas sobre esas personas famosas. Eso sí, sin cruzar la línea roja, que por supuesto tienen derecho a vivir sus vidas con toda la privacidad posible.

Lo curioso es cuando alguien conocido como, por ejemplo, Benjamín Prado, conoce a su vez a uno de sus ídolos. Es decir, cuando alguien que se ha convertido en alguien famoso por su trabajo consigue cruzarse con otra persona aún más célebre que a su vez ha influido en su vida de forma importante.

En una muy interesante entrevista que hicimos a Benjamín Prado hace unas semanas, el poeta y escritor nos habló de muchas cosas y, entre ellas, la vez que conoció nada más y nada menos que a Bob Dylan. Según nos contó, "es una de las personas que más me ha impactado conocer en mi vida".

De hecho, une el nombre del famoso artista estadounidense a otro del mundo del fútbol que marcó a toda una generación de españoles: "Dylan e Iribar, ’El Chopo’ Iribar, mi ídolo futbolero, ese tipo de personas que parecen pertenecer al universo de lo imaginario y cuando un día los tienes delante, te dices: “¿De verdad le estoy dando la mano a este tío?, ¿pero no me los había inventado yo?”.

En el caso de Dylan, Prado lo conoció en Sevilla, ciudad donde cruzó "diez frases con él y le pedí permiso para titular uno de mis libros de poesía, Cobijo contra la tormenta, título en español de su canción Shelter from the Storm".

Y para acabar, nos dejó una reflexión sobre el Premio Nobel que recibió Dylan en 2016: "Ese día viajaba a Almería a un acto. Cuando bajé del avión, vi que tenía ochenta mensajes. Como todo padre, me asusté. Menos mal que eran mensajes de la prensa que, como dylanólogo oficial, pedían mi opinión. ¡Qué maravilla!". Nota aquí.



martes, enero 21, 2025

Bob Dylan

 Medio siglo de ‘Blood on the tracks’: el final del amor según Bob Dylan

En 1975 el cantante regresó con una obra maestra sobre el desamor y la soledad. En plena crisis matrimonial, tras meses de fervor compositivo y muchas dudas sobre la grabación, surgió el que hoy está considerado el mejor disco del Premio Nobel de Literatura.

¿Cómo te sientes cuándo te extraes del corazón la historia de amor de tu vida con un sacacorchos? A esa pregunta respondió Bob Dylan con Blood on the tracks. Hoy hace exactamente medio siglo que aquel álbum mítico llegó a ese lugar arqueológico que fueron las tiendas de discos. 20 de enero, pero de 1975. Dylan tenía treinta y tres años. Como si Verlaine pusiese en verso lo vivido con Rimbaud, aquella meditación sobre el fin del amor fue la confirmación de una pletórica resurrección vital y artística. La imagen del sacacorchos, por cierto, es demasiado buena para que no sea de un Premio Nobel de Literatura: es un verso de You’re a big girl now en la traducción de Letras de Miguel Izquierdo y José Moreno.

“Una mañana temprano brillaba el sol / yo estaba tumbado en la cama / preguntándome si ella habría cambiado / si su pelo aún sería rojo”. La primera canción, Tangled up in blue, es una de las cimas de la lírica de Dylan. Después de 10 segundos de diálogo entre un bajo frondoso, una dulce guitarra y la batería suave, empieza una meditación amorosa de cincuenta minutos con estos cuatro versos. Funciona como un preámbulo. Un hombre solo pensando en presente su relación terminada y su vida.

En Blood on the tracks se encadenan las variaciones imaginativas para saber quién era ella, quién fuiste tú y pensar quien serás tras la ruptura. Da igual si la escena se desarrolla en un ambiente urbano que parece un cuadro de Hooper o en un bar de topless de Nueva Orleans, cruzando la geografía de Estados Unidos de punta a punta o dando nueva vida a recursos de la poesía amorosa clásica o a una retórica de resonancias bíblicas, como en este verso final de Shelter on the storm: “Si pudiera remontarme el tiempo que nacieron Dios y ella”. Son visiones y más visiones sobre la memoria del amor, la conciencia de lo perdido y de la soledad. “Recuerdo bien cada escena, se sucedieron en un soplo”, implora en If you see her, say hello. ¿Quién habla? ¿Quién es? De pocos artistas sabemos tanto como de Dylan, pocos son tan enigmáticos como él. Así, ¿how does it feel?. Nota aquí.



viernes, agosto 02, 2024

Joan Manuel Serrat

 Un Nobel para Joan Manuel Serrat, un Nobel para la lengua española

Ocho años después del premio de la Academia Sueca a Bob Dylan, es justo reconocer en el cantautor catalán lo que el jurado encontró en la obra del estadounidense.

Cuando en el año 2016 la Academia sueca otorgó el Nobel de Literatura a Bob Dylan, se abrió un escenario favorable para que otros trovadores y juglares fueran reconocidos por expresar en sus composiciones musicales, la conjugación de letra, música y canto, como si fuera la última joya del arte verdadero, que en los inicios de la cultura occidental lo fundía todo en una misma tonalidad de género.

En efecto, Bob Dylan es cantante, poeta, compositor prolífico, músico, e influyente personalidad en la lengua y cultura de habla inglesa, y otras lenguas. Como paradigma, encarna el ideal del creador que convoca todo el poder del arte. La justificación del jurado que le otorgó el Nobel en el 2016 lo confirma: “Por haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción americana”. Héroe de la contracultura, estrella indiscutible del folk, figura idílica, a su pesar, de una generación traumada. El Nobel a Bob Dylan fue discutido, pero no regateado.

Ocho años después, es justo reconocer en la figura de Joan Manuel Serrat a ese otro artífice que sintetiza lo que el jurado encontró en la obra artística de Bob Dylan. Juglar, trovador al modo antiguo (con “vicio de cantar”), compositor, poeta, músico, cantante. Cronista, además. Capaz de sintetizar la historia compleja de España, a veces en una sola canción (“Mil años hace, lo están pintando en las paredes”, etcétera). Y, como quien no quiere las cosas, propagador e intérprete de la narrativa poética de otros grandes autores de la lengua española, y catalana; empalmando una épica que da sentido y alberga la identidad, al modo de la juglaresca española, en cualquiera de sus mesteres, sea de clerecía o el del juglar trashumante. Nota aquí.



lunes, abril 15, 2024

Joan Baez

 Joan Baez revela lo que nadie sabía sobre su vida: “Fue devastador contarlo, pero ahora estoy en paz”

La veterana cantante destapa en un documental que sufrió abusos de su padre, que empezó con terapias con 16 años o que estuvo enganchada a los ansiolíticos. “Tengo más de 80 años y quiero dejar algo sincero”, dice a este periódico.

Joan Baez asegura que sufrió abusos por parte de su padre cuando ella era una niña. A Joan Baez la llamaban “mexicana idiota” en el colegio. Joan Baez empezó a ir a terapia con 16 años. Joan Baez estuvo ocho años enganchada a los ansiolíticos. Joan Baez salió horrorizada de su noviazgo con Bob Dylan. Joan Baez tenía una relación con su hermana Mimi, también cantante, basada en el poder y los celos. Joan Baez tuvo una pareja mujer durante dos años. Joan Baez padeció Trastorno de Identidad Disociativo, neurosis y ataques de pánico durante décadas.

Joan Baez (Nueva York, 83 años) sonríe desde su casa de Los Ángeles en una charla por vídeo con este periódico cuando se le pregunta por qué ha decidido abrirse en canal y contar al mundo todo esto que solo sus íntimos (si acaso) conocían. “¿Sabes? Tengo más de 80 años y quería dejar algo sincero. Di las llaves de mi intimidad a Karen [O’Connor, cineasta] y ya no había vuelta atrás. Si quería cambiar algo desesperadamente ya había tomado la decisión y no podía volver atrás”. La cantante habla del documental Joan Baez I Am Noise, un palpitante recorrido por su vida donde la activista se desangra viajando a las oquedades de su alma. La cinta, de casi dos horas, se estrena en el BCN Film Fest el 23 de abril y en salas desde el 26 del mismo mes.

Baez habla sentada en el salón de su hogar, donde se ven cuadros y una chimenea. Lleva gafas, el pelo corto y blanco y exhibe un semblante apacible con momentos en los que estalla la carcajada y otros en los que se pone a cantar en español, aunque ella no lo hable. Se nota que se ha quitado un peso de encima contando su historia más recóndita. “Cuando estuvo terminado el documental lo vi unas 10 veces y no sentí nada. Entonces me di cuenta de que lo veía protegiéndome, porque hay demasiada tristeza y confesión. Entonces, un día, me relajé, cociné unas palomitas y me senté a verlo. Fue devastador, pero ahora estoy en paz”.

Aparte de las crudas confesiones, el documental traza una panorámica de la gigantesca figura cultural de Baez, con una carrera que abarca seis décadas y que la convirtieron en la gran dama del folk social y en figura relevante de la contracultura de los sesenta. Fue ella la primera que dio una oportunidad a Bob Dylan. Sin su olfato para detectar el talento del creador de Blowin’ In The Wind, es muy posible que Dylan hubiese tardado más en explotar. “Estaba en el Gerde’s Folk City, en Nueva York. De pronto, apareció en el escenario un chico andrajoso a más no poder y empezó a soltar sus letras. Me dejó petrificada. Su talento me embriagaba como una droga. Yo le llevaba a los conciertos, le invitaba a subir y la gente le abucheaba. Yo les decía: ‘Por favor, escúchenle’. No tardaron mucho en cambiar de opinión”, cuenta. Formaron un dúo arrebatadoramente atractivo. “Él necesitaba una madre, alguien que le bañara y le cantara canciones. Y yo necesitaba cuidar a alguien”, cuenta. Tuvieron una relación que acabó cuando Dylan, ya subido al éxito, llegó a Londres en 1965 y ella lo acompañó. “Creo que lo que le pasó a Bobby cuando se hizo famoso fue que pasó página y se alejó de todo el mundo. Fue un cambio muy brusco”, cuenta en el documental. Y añade: “Tanta droga y tanta virilidad no iban conmigo. Ellos estaban en otra dimensión, yo era la rarita del folk que los acompañaba. No pintaba nada allí. Fue horrible”. Nota aquí.














miércoles, junio 21, 2023

Bob Dylan

 Ana nos cuenta por Facebook.

DYLAN, TAN JOVEN Y TAN VIEJO
He estado unos días fuera de facebook porque me fui de viaje y no me llevé el ordenador –necesitaba desconectar–, así que solo me he asomado en algún momento con el móvil para ver cómo iban las noticias poéticas y políticas. El motivo de mi viaje era asistir al concierto de Bob Dylan en Alicante, ya que mis hijos me habían regalado unas entradas. Formaba parte de la gira mundial que desde hace casi dos años está llevando a cabo el viejo Bob para promocionar su último trabajo hasta la fecha, Rough and Rowdy Ways, su álbum número treinta y nueve.
Dylan llegó, miró a la plaza de toros atestada y venció. Como él es muy suyo había prohibido los móviles. Nos los precintaron metiéndolos en un estuche que solo se abría con un aparato como los que utilizan para quitar las alarmas en el súper. O sea, a la entrada precintar los teléfonos de todos los asistentes y a la salida desprecintarlos. Pues aunque parezca difícil, la cosa transcurrió con fluidez y el concierto comenzó con puntualidad británica.
Con la luz apagada empezó a sonar un temazo instrumental con el típico sonido folk-rock que llenó de energía al respetable y cuando se encendió Bob ya estaba sentado al piano. En esta posición permaneció todo el concierto, ni rastro de su guitarra ni de su mítica armónica, oiga, que el viejo Dylan ha cumplido ochenta y dos primaveras y no es cosa de pasarse dos horas de pie con una guitarra eléctrica a cuestas. Pero como llevaba un grupazo alucinante de dos guitarras, un bajo, un contrabajo y la batería, que arropaban sus solos de piano y su voz rota, recitando más que cantando, el resultado fue espectacular. Un disfrute total.
Eso sí, no hizo ni una concesión al enfervorizado populacho, no cantó ni una de las clásicas, no hubo respuesta en el viento ni ningún hombre puso nombre a ningún animal ni cayó ninguna lluvia fuerte. Tampoco los tiempos empezaron a cambiar. Se trataba de promocionar el nuevo álbum y punto. Y eso hizo: cantó/recitó las diez canciones del disco –algunas duran más de quince minutos–, se levantó, se acercó al borde del escenario, se llevó la mano al corazón, dijo thank you y hala, que os den, querido público. Eso no lo dijo, pero se le notaba en la cara.
La sorpresa fue a la salida. Mucha gente arremolinada junto a la tapia de la plaza. Un clon del Bob Dylan de hace cincuenta años, armado de la armónica y la guitarra reglamentarias, cantaba, muy bien por cierto, "La respuesta está en el viento" y otras clásicas. Ojalá tenga suerte en la vida y, si no le dan el Nobel, que al menos pueda vivir de su música.
Antes Joaquín y yo comimos con María y Raul, que ya tocaba vernos después de tanto tiempo y con todas las cosas que nos están pasando. Fue emocionante abrazarlos.



jueves, junio 08, 2023

Bob Dylan

 Bob Dylan en Madrid: huraño, resiliente y único

La leyenda de la música, de 82 años, ofreció un soberbio concierto aunque torturara a sus fans al no interpretar ninguno de sus temas clásicos.

Salió al escenario a las 21.45 horas y se marchó a las 23.30. En total, 105 minutos en los que no dijo ni hola ni adiós. Masculló tres o cuatro “gracias” aquí y allá. No interpretó ni Like a Rolling Stone, ni Knockin’ On Heaven’s Door, ni Blowin’ in the Wind, ni Hurricane. En definitiva: no sonaron ninguno de sus clásicos. Tampoco sopló su emblemática armónica. Exigió que le pusieran el piano (el único instrumento que tocó) a cuatro metros de distancia del borde del escenario, donde se refugió durante toda la noche. ¿Era Bob Dylan o su reflejo? Quién lo sabe. Y, a pesar de todo lo dicho, fue un concierto de peso, con mucho que contar y destellos de brillantez. Ocurrió anoche en el inicio del ciclo musical Noches del Botánico, en Madrid, y fue el primer concierto de una gira que tendrá 11 fechas más en España (la siguiente hoy mismo de nuevo en este escenario). Llovió mucho justo antes de empezar. Pero el agua cesó en cuanto la leyenda de Duluth comenzó a cantar. 2.200 personas, todas sentadas, agotaron las entradas.

Hay que comentar que esta crónica se ha escrito de extranjis, porque el maestro no permitió las acreditaciones de prensa ni para fotógrafos ni para cronistas. De ahí que la imagen con la que ilustramos la pieza date de 2019, de su concierto en el Hyde Park londinense. No queda otra. También se prohibieron los móviles, que todos los espectadores introdujeron en unas bolsas precintadas que solo se abrieron al cesar la música.

No desea Dylan que se cuente lo que ocurre en sus recitales en una actitud esquizoide que proporciona más excentricidad al personaje. Pero aunque él no quiera, hay que narrar a este Dylan crepuscular, nada complaciente, íntimo, bluesero, avejentado (82 años), en alguna fase incluso juguetón. Ofreció un concierto básicamente de blues basado en su último trabajo (el jugoso Rough and Rowdy Ways, 2020) y sin apenas mirar hacia atrás. Y resultó cálido y hasta divertido. Se hizo acompañar de una buena banda (batería, dos guitarras, bajo y otro músico que tocaba la steel guitar y el violín) que rodeó al protagonista y permaneció casi siempre estática, sin quitar ojo a las manos del jefe. En algunas fases se vivió un desarrollo instrumental destartalado, un alivio en una época donde los conciertos ya vienen del estudio con un sonido tan perfecto como poco natural. Anoche fue al revés: surgían desajustes, fallitos, improvisación. Cosas normales que pasan cuando hay humanos al mando. Él, siempre al piano, de pie, cantando, aunque cuando no tenía que utilizar la voz aprovechaba para sentarse unos segundos y descansar. Pero se le vio en forma a sus 82 años. Todos firmaríamos sus cifras: toca una media de 100 conciertos anuales. Nota aquí.



lunes, marzo 13, 2023

Bob Dylan

 


lunes, julio 04, 2022

Juan Luis Guerra

 "¿El reguetón? Solo te puedo decir que hoy sigo celebrando a Serrat y a Bob Dylan"

El artista dominicano vuelve a Europa para subir la alegría, la esperanza y la bilirrubina de sus fans españoles. "Espero transformar cada noche en una gran fiesta", comenta.

Tras tres años sin visitar España, el cantante Juan Luis Guerra (65) -el responsable de hits como La bilirrubina y Ojalá que llueva café- volverá a cruzar el charco, este julio, y se presentará en seis ciudades: Cádiz, Valencia, Murcia, Bilbao, Barcelona y Madrid, donde promete montar inmensos carnavales. "La gira que he preparado, en esta ocasión, se llama Entre mar y palmeras. Es un recorrido por todos mis clásicos más populares, pero también cantaré temas de Literal y Privé, mis álbumes más recientes. Y la verdad, con mi banda, estamos con muchas expectativas y con deseos de dar lo mejor en cada concierto. Porque, para nosotros, los fans españoles son muy especiales ", explica a LOC.

De acuerdo con el apodado "rey del merengue", España ha sido elemental en su carrera. Es más, el dominicano afirma que iconos como Serrat, Sanz, Sabina y Paco de Lucía han influido en su manera de componer, mientras que el público ibérico le ha entregado una gran seguridad artística. "Puedo decirte que uno de los momentos más importantes de mi carrera fue una gira que hicimos en los 90 en España. Cada concierto era una celebración, en la que se coreaba y se bailaba cada canción. Y eso es lo mismo que esperamos en esta nueva visita: ¡que cada noche se transforme en una gran fiesta!", comenta el intérprete de Burbujas de amor. Nota aquí.



sábado, marzo 19, 2022

Bob Dylan

 El primer disco de Bob Dylan, sesenta años después

Sólo dos de las canciones incluidas en el trabajo estaban firmadas por el trovador de Minnesota: “Talkin' New York” y “Song to Woody”. “Lo que hacía entonces era mirar la tradición y trabajar sobre ella”, dijo sobre las versiones que registró, muchas en una sola toma, hasta conformar un racimo de piezas poco radiables, nada comerciales, que le sacaban edulcorante al soft folk de la era.

Los rubios surfistas de California y sus chicas playeras se rendían a los pies de “Surfin' Safari”, de los Beach Boys, o de “Baby Talk”, de Jan and Dean. El sonido Mersey hacía estragos entre los demás jóvenes, al igual que las resonancias persistentes de “Runaway”, hit de Del Shannon, y la maravillosa “Green Onions”, a cargo de Booker T and the MG's. Los primeros temitas de Herman's Hermits, el quinteto rubio de Manchester, junto al alba de The Beatles al tranco pop de “Love Me Do”, el disco debut de Stevie Wonder y aquí Astor Piazzolla grabando el enorme Nuestro tiempo configuraban el marco, el contexto, los tiempos en que un personaje hermético e irascible vino a ponerle los puntos a todo eso. Bob Dylan, por supuesto. Nota aquí.



martes, mayo 25, 2021

Bob Dylan

 Cumple 80 años Bob Dylan, un artista inigualable

Contradictorio y cambiante, tanto en términos musicales como político y religioso, el artista de Minnesota generó una obra que reflejó a la vez que creó un mundo. Más allá de los reconocimientos -entre ellos el Nobel de literatura-sus últimos discos están a la altura de lo mejor de su producción.

Dos minutos puede durar una eternidad; y mil años, nada. Depende. Todo depende. Ochenta años podría parecer –o ser—también un toque, tanto como un tendal de tiempo. Tales son exactamente los que cumple Bob Dylan hoy, desde que su madre lo parió como Robert Allen Zimmerman en Duluth, el 24 de mayo de 1941. Caso ideal el suyo para refrendar eso de la subjetividad del tiempo, porque cualquier intención de objetivar su duración –la de la vida de Dylan-- colapsa antes de empezar. Él puede estar cumpliendo ochenta, doscientos, quinientos años. Y si se quiere ir hasta los setecientos, también puede ser. No porque se lo pueda imaginar naciendo en pleno renacimiento italiano –aunque algo de renacentista tenga, y de barroco, y de romántico— sino porque cuesta pensar que haya sido tanto, hecho tanto, curtido tantos soles, roles y puestas. Tantas lunas, mujeres y canciones, en apenas ocho décadas.

Porque Dylan, solamente Dylan, puede concentrar en su ser lo mismo que diez, veinte artistas que hayan marcado a fuego la música occidental moderna. O la poesía. O la rebeldía. O todo eso junto. Un Lennon, más un Roger Waters, más un Cohen no dan un Bob. Ni de lejos dan un Bob. Tampoco una Janis mixturada con Jagger, Lou Reed y el revirado Page. No porque sus canciones sean mejores, o más bellas que las de aquellos… Cualquiera de los nombrados hizo mejores que él, seguro. Más bien es por la completud. Por el contexto, la historia, la sinergia entre música y política; entre poesía e ideología; entre locura y realidad, pero sobre todo entre mito y cimentación del mito. Porque Dylan es un mito. Nota aquí.



lunes, mayo 24, 2021

Bob Dylan

 Bob Dylan cumple 80 años: retrato de un artista, juglar y poeta inoxidable

El misterio alrededor de su vida y su singular voz nasal suman fans de todas las edades. En él se conjugaron el ritmo ruidoso del rock and roll, la imagen de una estrella del pop y la sensibilidad histórica y política del folk. El poder de atracción de sus letras trasciende el tiempo y su talento en ese campo fue premiado con el Nobel de Literatura en 2016.

¿Quién es Bob Dylan? Van 80 años y nadie parece tener la respuesta. Tal es la compleja personalidad de uno los mayores artistas del siglo XX, premio Nobel de literatura, leyenda viva de la cultura rock occidental. El hombre que fue ungido -todo indica que a su pesar- como “la voz de una generación” en los turbulentos años 60 y, desde ese momento, atravesó décadas de sinuosos movimientos artísticos, conversiones religiosas de ida y vuelta y un permanente velo de misterio sobre su vida pública y privada, cumple 8 décadas de vida. Robert Allen Zimmerman (24 de mayo de 1941), Bob Dylan para todos los tiempos, tiene una obra tan inabarcable como el rastro de su influencia en generaciones de músicos y poetas. En la justificación de su Nobel de Literatura 2016, el texto de la academia sueca resulta explícito. “Dylan tiene el estado de un icono. Su influencia en la cultura contemporánea es profunda y es objeto de un flujo constante de análisis literario y musical”. Tan canónico como esquivo.

Ese mito, por cierto, se alimenta del misterio que él fomenta a cada paso y que, aquí debajo, en la tierra de los mortales, nada ni nadie puede saciar. Ahí están los millones de obsesivos fans en todo el mundo que ahora, Internet mediante, se retroalimentan en una deep web donde se intercambian grabaciones piratas, especulaciones sobre el más mínimo de sus gestos y milimétricos análisis semánticos de sus asociaciones de vocales y consonantes. El culto dylanita es tan extenso como inagotable: si existiese una app con geolocalización, una especie de Tinder para fans del esquivo cantautor de la voz nasal, los smartphones elevarían su temperatura de tanto match. Eso es lo que genera este hombre cuyo cumpleaños provoca hoy, y ya desde hace varios días, una catarata de palabras a las que se suma este texto. Nota aquí.



domingo, junio 21, 2020

Manolo García

«Sigo la estela de Bob Dylan en los primeros discos, que son mágicos»

El que fuera cantante de El Último de la Fila vuelve al candelero con su nuevo libro de poemas y dibujos, «El fin del principio» (Verso&Cuento), y el lanzamiento de «Somos levedad», un disco doble en directo. Aquí nos habla de arte, música y vida.

Entre los poemas incluidos en El fin del principio, impacta uno en el que Manolo García (Barcelona, 1955) habla de un niño que lee tebeos en un sofá. «Ese niño pervive en mí», comenta. «La curiosidad va pegada desde que tengo uso de razón, empiezo a disparatarme y a hacerme preguntas. Y pronto me doy cuenta de que respuestas no va a haber. Además, da igual: el entretenimiento está en coger la sartén por el mango. Ese inicio de entrar en mundos ajenos, ficticios o no tan ficticios, viene en forma de tebeos, antes de los cómics. Tengo la suerte de tener un mercadillo debajo de casa que todos los domingos abre sus puertas a un público ávido de literatura de segunda mano. Todo muy barato. Yo descubro la sopa de ajo con doce años en este mercado de San Antón. Siento la llamada de la calle, en mi manzana había dos radios y no había televisión, te hablo de 1967. Comienzas con el Jabato y el Capitán Trueno y esto te lleva a indagar más, a leer a Salgari, alguien te habla de Jack London... Ahí ya estás pillado». Nota aquí.


lunes, mayo 11, 2020

Bob Dylan

Bob Dylan estrena canción y anuncia nuevo disco

El tema “False Prophet” integrará Rough and Rowdy Ways, que será su primer álbum con canciones inéditas desde 2012.
Cerca de cumplir 79 años, Bob Dylan se mantiene creativamente activo: anunció que el próximo 19 de junio publicará un nuevo disco, titulado Rough and Rowdy Ways, que será su primer álbum con canciones inéditas desde 2012 (Tempest), y aprovechó la noticia para dar a conocer el flamante tema “False Prophet”, informó la agencia de noticias EFE. Esta es la tercera canción que el artista estadounidense lanza en el último mes y medio, y se trata de un blues de 6 minutos en el que lamenta “otro día que no termina, otro barco que se va, otro día de ira, amargura y duda”.
“False Prophet” llega después de “Murder Most Foul”, una canción de casi 17 minutos que repasaba gran parte de la historia de EEUU en el siglo XX; y de “I Contain Multitudes”, que tomaba su título de un verso del poema “Song of Myself” de Walt Whitman. Las tres pueden escucharse de forma gratuita en el canal de YouTube de Dylan y en otras plataformas de streaming. Aunque hasta el momento no hay información oficial, los medios especializados suponen que las tres canciones formarán parte de la decena de temas que integrarán Rough and Rowdy Ways. Nota aquí.