miércoles, mayo 07, 2025

Almudena Grandes

 Almudena Grandes o la lealtad de recordarla con alegría

Un documental de Azucena Rodríguez retrata a la escritora madrileña mediante imágenes inéditas y testimonios propios de la autora y su familia.

Un temblor… Para quienes la conocían de cerca, la poderosa presencia en imagen de Almudena Grandes (Madrid 1960-2021) nada más aparecer en pantalla dentro del documental que le dedica Azucena Rodríguez produce ni más ni menos que eso: un temblor. Inmediatamente, retornan a la vida su voz ronca, la sonrisa partida por los dos dientes incisivos superiores, su carisma visceralmente moreno, el arrastre apasionado que encendía en quien la escuchaba contar lo que había leído o escrito en cualquier momento, sus pertinentes teorías de identificación con héroes como Ulises o con la paciencia de Penélope, con las peripecias galdosianas y su más que pertinente paralelismo entre la literatura y la cocina.

Y, sobre todo, esa alegría contagiosa, esa cabezona autoexigencia a la hora de demandar justicia por nuestros desvaríos, pero nunca desde el rencor, siempre contra el odio, con la bandera luminosa de la alegría.

Es una de las palabras que mejor la definían y a la que sus hijos, Mauro, Irene y Elisa, o su marido, el poeta Luis García Montero, y sus mejores amigos, pese a la tristeza que les produce su ausencia, se han impuesto como una lealtad para recordarla y mantener vivo su legado. Y es la emoción que principalmente despide Almudena, el documental que se estrena el 14 de mayo en cines, producido por Gerardo Herrero y Mariela Besuievsky, quienes solían adaptar sus novelas a la pantalla. “Ni un rastro de tristeza en el recuerdo, eso es lo que sirve para hacerle justicia”, asegura Rodríguez.

“Almudena veía en la alegría una forma de resistencia”, asegura García Montero. Para el poeta, la felicidad es una palabra que encierra cierta soberbia. “El contrato social ilustrado se hace en torno a la felicidad pública. Pero quien tiene ojos para mirar la realidad no puede identificarse mucho con ella porque hay gente que sufre constantemente. Sin embargo, la palabra alegría puede convertirse en ese estado de ánimo pegado a la piel de la gente dispuesta a luchar por la mejora del mundo, aunque veamos grietas en él. Yo creo que Almudena era consciente de eso”.

Y lo aplicaba en casa y en la calle. “Conocía la gravedad de su enfermedad. Pero cuando se mostraba segura de salir adelante mantenía una actitud positiva que era una forma de cuidarnos a nuestros hijos y a mí. Para protegernos. Comprendí entonces que la alegría en ella se convertía en una estrategia vital para seguir resistiendo”. Nota aquí.





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